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ArribaAbajoEl sétimo aucto

ARGUMENTO DEL SÉTIMO AUTO

Celestina habla con Pármeno, induziéndole a concordia e amistad de Sempronio. Tráele Pármeno a memoria la promessa, que le hiziera, de le fazer auer a Areusa, qu' él mucho amaua. Vanse a casa de Areusa. Queda ay la noche Pármeno. Celestina va para su casa. Llama a la puerta. Elicia le viene a abrir, increpándole su tardança.


 

PÁRMENO, CELESTINA, AREUSA, ELICIA.

 

CELESTINA.-  Pármeno hijo, después de las passadas razones, no he hauido oportuno tiempo para te dezir e mostrar el mucho amor, que te tengo e asimismo cómo de mi hoca todo el mundo ha oydo hasta agora en absencia bien de ti. La razón no es menester repetirla, porque yo te tenía por hijo, a lo menos quasi adotiuo, e assí que imitavas a natural; e tú dasme el pago en mi presencia, paresciéndote mal quanto digo, susurrando e murmurando contra mí en presencia de Calisto. Bien pensaua yo que, después   -232-   que concediste en mi buen consejo, que no hauías de tornarte atrás. Todavía me parece que te quedan reliquias vanas, hablando por antojo, más que por razón. Desechas el prouecho por contentar la lengua. Óyeme, si no me has oydo, e mira que soy vieja e el buen consejo mora en los viejos e de los mancebos es propio el deleyte. Bien creo que de tu yerro sola la edad tiene culpa. Espero en Dios638 que serás mejor para mí de aquí adelante, e mudarás el ruyn propósito con la tierna edad. Que, como disen, múdanse costumbres con la mudança del cabello e variación; digo, hijo, cresciendo e viendo cosas nueuas cada día. Porque la mocedad en solo lo presente se impide e ocupa a mirar; mas la madura edad no dexa presente ni passado ni por venir. Si tú touieras memoria, hijo Pármeno, del pasado amor, que te tuue, la primera posada, que tomaste venido nueuamente en esta cibdad, auía de ser la mía. Pero los moços curays poco de los viejos. Regísvos a sabor de paladar. Nunca pensays que teneys ni haueys de tener necessidad dellos. Nunca pensays en enfermedades. Nunca pensays que os puede faltar esta florezilla de juuentud. Pues mira, amigo, que para tales necessidades, como   -233-   estas, buen acorro639 es vna vieja conoscida, amiga, madre e más que madre, buen mesón para descansar sano, buen hospital para sanar enfermo, buena bolsa para necessidad, buena arca para guardar dinero en prosperidad, buen fuego de inuierno rodeado de asadores, buena sombra de verano, buena tauerna para comer e beuer. ¿Qué dirás, loquillo, a todo esto? Bien sé que estás confuso por lo que oy has hablado. Pues no quiero más de ti. Que Dios no pide más del pecador, de arrepentirse e emendarse. Mira a Sempronio. Yo le fize hombre, de Dios en ayuso640. Querría que fuesedes como hermanos, porque, estando bien con él, con tu amo e con todo el mundo lo estarías. Mira que es bienquisto, diligente, palanciano641, buen seruidor, gracioso. Quiere tu amistad. Crecería vuestro prouecho, dandoos el vno al otro la mano642 ni aun havría más privados con vuestro amo, que vosotros. E pues sabe que es menester que ames, si quieres ser amado, que no se tornan truchas643,   -234-   etc., ni te lo deue Sempronio de fuero, simpleza es no querer amar e esperar de ser amado, locura es pagar el amistad con odio.

PÁRMENO.-  Madre644, para contigo digo que mi segundo yerro te confiesso e, con perdón de lo passado, quiero que ordenes lo por venir. Pero con Sempronio me paresce que es impossible sostenerse mi amistad. El es desuariado, yo malsufrido: conciértame essos amigos645.

CELESTINA.-  Pues no era essa tu condición.

PÁRMENO.-  A la mi fe, mientra más fue creciendo, mas la primera paciencia me oluidaua. No soy el que solía e assímismo Sempronio no ay ni tiene en que me aproueche.

CELESTINA.-  El cierto amigo en la cosa incierta se   -235-   conosce, en las aduersidades se prueua646. Entonces se allega e con más desseo visita la casa, que la fortuna próspera desamparó. ¿Qué te diré, fijo, de las virtudes del buen amigo647? No ay cosa más amada ni más rara. Ninguna carga rehusa. Vosotros soys yguales. La paridad de las costumbres e la semejança de los coraçones es la que más la sostiene. Cata, hijo, que, si algo tienes, guardado se te está. Sabe tú ganar más, que aquello ganado lo fallaste. Buen siglo aya aquel padre, que lo trabajó. No se te puede dar hasta que viuas más reposado e vengas en edad complida.

PÁRMENO.-  ¿A qué llamas reposado, tía?

CELESTINA.-  Hijo, a viuir por ti, a no andar por casas agenas, lo qual siempre andarás, mientra no te supieres aprouechar de tu seruicio. Que de lástima, que houe de verte roto, pedí oy manto, como viste, a Calisto. No por mi manto; pero porque, estando el sastre en casa e tú delante sin sayo, te le diesse. Assí que, no por mi prouecho, como yo sentí que dixiste; más por el tuyo. Que si esperas al ordinario galardón destos galanes, es tal, que lo que en diez años sacarás atarás en la manga648. Goza tu   -236-   mocedad, el buen día, la buena noche, el buen comer o beuer. Quando pudieres hauerlo, no lo dexes. Piérdase lo que se perdiere. No llores tú la fazienda, que tu amo heredó, que esto te lleuarás deste mundo, pues no le tenemos más de por nuestra vida. ¡O hijo mío Pármeno! Que bien te puedo dezir fijo, pues tanto tiempo te crié. Toma mi consejo, pues sale con limpio deseo de verte en alguna honrra. ¡O quan dichosa me hallaría en que tú e Sempronio estuuiesedes muy conformes, muy amigos, hermanos en todo, viéndoos venir a mi pobre casa a holgar, a verme e avn a desenojaros con sendas mochachas!

PÁRMENO.-  ¿Mochachas, madre mía?

CELESTINA.-  ¡Alahé! Mochachas digo; que viejas, harto me soy yo. Qual se la tiene Sempronio e avn sin hauer tanta razón ni tenerle tanta afición como a ti. Que de las entrañas me sale quanto te digo.

PÁRMENO.-  Señora, ¿no viues engañada?

CELESTINA.-  E avnque lo viua649, no me pena mucho, que también lo hago por amor de Dios e por verte solo en tierra agena e más por aquellos huessos de quien te me encomendó. Que tú serás   -237-   hombre e vernás en buen conocimiento e verdadero e dirás: la vieja Celestina bien me consejaua.

PÁRMENO.-  E avn agora lo siento650; avnque soy moço. Que, avnque oy veyas que aquello dezía, no era porque me paresciesse mal lo que tú fazías; pero porque veya que le consejaua yo lo cierto e me daua malas gracias. Pero de aquí adelante demos tras él. Faz de las tuyas, que yo callaré. Que ya tropecé en no te creer cerca deste negocio con él.

CELESTINA.-  Cerca deste e de otros tropeçarás e caerás, mientra no tomares mis consejos, que son de amiga verdadera.

PÁRMENO.-  Agora doy por bienempleado el tiempo, que siendo niño te seruí, pues tanto fruto trae para la mayor edad. E rogaré a Dios por el anima de mi padre, que tal tutriz651 me dexó e de mi madre, que a tal muger me encomendó.

CELESTINA.-  No me la nombres, fijo, por Dios, que se me hinchen los ojos de agua. ¿E tuue yo en este mundo otra tal amiga? ¿Otra tal compañera? ¿Tal aliuiadora de mis trabajos e fatigas? ¿Quién suplía mis faltas? ¿Quién sabía   -238-   mis secretos? ¿A quién descubría mi coraçón? ¿Quién era todo mi bien e descanso, sino tu madre, más que mi hermana e comadre? ¡O qué graciosa era! ¡O qué desembuelta, limpia, varonil! Tan sin pena ni temor se andaua a media noche de cimenterio en cimenterio652, buscando aparejos para nuestro oficio, como de día. Ni dexava christianos ni moros ni judíos, cuyos enterramientos no visitaua. De día los acechaua, de noche los desterraua. Assí se holgaua cola la noche escura, como tú con el día claro; dezía que aquella era capa de pecadores653. ¿Pues   -239-   maña no tenía con todas las otras gracias? Una cosa te diré, porque veas qué madre perdiste; avnque era para callar. Pero contigo todo passa. Siete dientes quitó a vn ahorcado654 con vnas tenazicas de pelacejas655, mientra yo le descalcé los çapatos. Pues entrava en vn cerco656 mejor que   -240-   yo e con más esfuerço; avnque yo tenía farto buena fama, más que agora, que por mis pecados todo se oluidó con su muerte. ¿Qué más quieres, sino que los mesmos diablos la hauían miedo? Atemorizados e espantados los tenía con las crudas bozes, que les daua657. Assí era ella dellos conoscida, como tú en tu casa. Tumbando658 venían vnos sobre otros a su llamado. No le osauan dezir mentira659, según la fuerça con que los apremiaua. Después que la perdí, jamás les oy verdad.

PÁRMENO.-  No la medre Dios más a esta vieja, que ella me da plazer con estos loores de sus palabras.

CELESTINA.-  ¿Qué dizes, mi honrrado Pármeno mi hijo e más que hijo?

PÁRMENO.-  Digo que ¿cómo tenía esa ventaja mi madre, pues las palabras que ella e tú dezíades eran todas vnas?

CELESTINA.-  ¿Cómo? ¿E deso te marauillas? ¿No sabes que dize el refrán que mucho va de Pedro   -241-   a Pedro660? Aquella gracia de mi comadre no la alcançáuamos todas. ¿No as visto en los oficios vnos buenos e otros mejores? Assí era tu madre, que Dios aya, la prima661 de nuestro oficio e por tal era de todo el mundo conocida e querida, assí de caualleros como clérigos, casados, viejos, moços e niños. ¿Pues moças e donzellas? Assí rogauan a Dios por su vida, como de sus mismos padres. Con todos tenía quehazer, con todos fablaua. Si salíamos por la calle, quantos topauamos eran sus ahijados. Que fue su principal oficio partera662 diez e seys años. Así que, avnque tú no sabías sus secretos, por la tierna edad que auías, agora es razón que los sepas, pues ella es finada e tú hombre.

PÁRMENO.-  Dime, señora, quando la justicia te mandó prender, estando yo en tu casa, ¿teníades mucho conocimiento?

CELESTINA.-  ¿Si teníamos me dizes? ¡Cómo por burla!663 Juntas lo hizimos, juntas nos sintieron,   -242-   juntas nos prendieron e acusaron, juntas nos dieron la pena essa vez, que creo que fue la primera. Pero muy pequeño eras tú. Yo me espanto cómo te acuerdas, que es la cosa, que más oluidada está en la cibdad. Cosas son que pasan por el mundo. Cada día verás quien peque e pague664, si sales a esse mercado.

PÁRMENO.-  Verdad es; pero del pecado lo peor es la perseuerancia. Que assí como el primer mouimiento665 no es en mano del hombre, assí el primer yerro; donde dizen que quien yerra e se emienda666 etc.

CELESTINA.-  Lastimásteme, don loquillo. A las verdades nos andamos667. Pues espera, que yo te tocaré donde te duela.

PÁRMENO.-  ¿Qué dizes, madre?

CELESTINA.-  Hijo, digo que, sin aquella, prendieron quatro veces a tu madre, que Dios aya, sola.   -243-   E avn la vna le leuantaron que era bruxa, porque la hallaron de noche con vnas candelillas, cogiendo tierra668 de vna encruzijada, e la touieron medio día en vna escalera en la plaça, puesto vno como rocadero669 pintado en la cabeça. Pero cosas son que passan670. Algo han de sofrir los hombres en este triste mundo para sustentar sus vidas e honrras. E mira en qué poco lo tuuo con su buen seso, que ni por esso dexó dende en adelante de vsar mejor su oficio. Esto ha venido por lo que dezías del perseuerar en lo que vna vez se yerra. En todo tenía gracia. Que en Dios e en mi conciencia, avn en aquella escalera estaua e parecía que a todos los debaxo no tenía en vna blanca, según su meneo e presencia. Assí que los que algo son como ella e saben e valen, son los que más presto yerran. Verás quien fue Virgilio e qué tanto supo671; mas   -244-   ya haurás oydo cómo estouo en vn cesto colgado de vna torre, mirándole toda Roma. Pero por eso no dejó de ser honrrado ni perdió el nombre de Virgilio.

PÁRMENO.-  Verdad es lo que dizes; pero esso no fue por justicia.

CELESTINA.-  ¡Calla, bouo! Poco sabes de achaque de yglesia672 e quánto es mejor por mano de justicia, que de otra manera. Sabíalo mejor el cura, que Dios aya, que, viniéndole a consolar, dixo que la sancta Escriptura673 tenía que bienauenturados eran los que padescían persecución por la justicia, que aquellos posseerían el reyno de los cielos. Mira si es mucho passar algo en este mundo por gozar de la gloria del otro. E mas que, según todos dezían, a tuerto e sin razón e   -245-   con falsos testigos e rezios tormentos la hizieron aquella vez confessar lo que no era. Pero con su buen esfuerço. E como el coraçón abezado a sofrir haze las cosas más leues de lo que son, todo lo tuuo en nada. Que mill vezes le oya dezir: si me quebré el pie, fue por mi bien674, porque soy más conoscida que antes. Assí que todo esto pasó tu buena madre acá, deuemos creer que le dará Dios buen pago allá, si es verdad lo que nuestro cura nos dixo e con esto me consuelo. Pues seme tú, como ella, amigo verdadero e trabaja por ser bueno, pues tienes a quien parezcas. Que lo que tu padre te dexó a buen seguro lo tienes.

PÁRMENO.-  Bien lo creo, madre; pero querría saber qué tanto es.

CELESTINA.-  No puede ser agora; verná tiempo, como te dixe, para que lo sepas e lo oyas.675

PÁRMENO.-  Agora dexemos los muertos e las herencias; que si poco me dexaron, poco hallaré; hablemos en676 los presentes negocios, que nos va más que en traer los passados a la memoria. Bien se te acordará, no ha mucho que me prometiste que me harías hauer a Areusa   -246-   quando en mi casa te dixe cómo moría por sus amores.

CELESTINA.-  Si te lo prometí, no lo he oluidado ni creas que he perdido con los años la memoria. Que más de tres xaques677 he rescebido de mí sobre ello en tu absencia. Ya creo que estará bien madura. Vamos de camino por casa, que no se podrá escapar de mate. Que esto es lo menos, que yo por ti tengo de hazer.

PÁRMENO.-  Yo ya desconfiaua de la poder alcançar, porque jamás podía acabar con ella que me esperasse a poderle dezir vna palabra. E como dizen, mala señal es de amor huyr e boluer la cara. Sentía en mí gran desfuzia678 desto.

CELESTINA.-  No tengo en mucho tu desconfiança, no me conosciendo ni sabiendo, como agora, que tienes tan de tu mano la maestra destas labores. Pues agora verás quánto por mi causa vales, quánto con las tales puedo, quánto sé en casos de amor. Anda passo679. ¿Ves aquí su puerta? Entremos quedo, no nos sientan sus   -247-   vezinas. Atiende e espera debaxo desta escalera. Sobiré yo a uer qué se podrá fazer sobre lo hablado e por ventura haremos más que tú ni yo traemos pensado.

AREUSA.-  ¿Quién anda ay? ¿Quién sube a tal hora en mi cámara?

CELESTINA.-  Quien no te quiere mal, cierto; quien nunca da passo, que no piense en tu prouecho; quien tiene más memoria de ti, que de sí mesma: vna enamorada tuya, avnque vieja.

AREUSA.-  ¡Válala el diablo a esta vieja, con qué viene como huestantigua680 a tal hora! Tía, señora, ¿qué buena venida es esta tan tarde? Ya me desnudaua para acostar.

CELESTINA.-  ¿Con las gallinas, hija? Así se hará la hazienda. ¡Andar!681, ¡passe! Otro es el que ha   -248-   de llorar las necessidades, que no tú. Yerua682 pasce quien lo cumple. Tal vida quienquiera se la quería.

AREUSA.-  ¡Jesú! Quiérome tornar a vestir, que he frío.

CELESTINA.-  No harás, por mi vida; si no éntrate en la cama, que desde allí hablaremos.

AREUSA.-  Assí goze de mí, pues que lo he bien menester, que me siento mala oy todo el día. Assí que necessidad, más que vicio, me fizo tomar con tiempo las sáuanas por faldetas683.

CELESTINA.-  Pues no estés asentada; acuéstate e métete debaxo de la ropa, que paresces serena684.

AREUSA.-  Bien me dizes, señora tía.

CELESTINA.-  ¡Ay como huele toda la ropa en bulléndote! ¡A osadas, que está todo a punto! Siempre me pagué de tus cosas e hechos, de tu limpieza e atauío. ¡Fresca que estás685! ¡Bendígate   -249-   Dios! ¡Qué sáuanas e colcha! ¡Qué almohadas! ¡E qué blancura! Tal sea mi vejez, quál todo me parece perla de oro686. Verás si te quiere bien quien te visita a tales horas. Déxame mirarte toda, a mi voluntad, que me huelgo.

AREUSA.-  ¡Passo, madre, no llegues a mí, que me fazes coxquillas e prouócasme a reyr e la risa acreciéntame el dolor.

CELESTINA.-  ¿Qué dolor, mis amores? ¿Búrlaste, por mi vida, comigo?

AREUSA.-  Mal gozo vea de mí, si burlo; sino que ha quatro horas, que muero de la madre, que la tengo sobida en los pechos, que me quiere sacar deste mundo. Que no soy tan vieja como piensas.

CELESTINA.-  Pues dame lugar, tentaré. Que avn algo sé yo deste mal por mi pecado, que cada vna se tiene o ha tenido su madre e sus çoçobras della687.

AREUSA.-  Más arriba la siento, sobre el estómago688.

CELESTINA.-  ¡Bendígate Dios e señor Sant Miguel, ángel! ¡E qué gorda e fresca que estás! ¡Qué   -250-   pechos e qué gentileza! Por hermosa te tenía hasta agora, viendo lo que todos podían ver; pero agora te digo que no ay en la cibdad tres cuerpos tales como el tuyo, en quanto yo conozco. No paresce que hayas quinze años. ¡O quién fuera hombre e tanta parte alcançara de ti para gozar tal vista! Por Dios, pecado ganas en no dar parte destas gracias a todos los que bien te quieren689. Que no te las dio Dios para que pasasen en balde por la frescor690 de tu juuentud debaxo de seys dobles de paño e lienço. Cata que no seas auarienta de lo que poco te costó. No atesores tu gentileza. Pues es de su natura tan comunicable como el dinero. No seas el perro del ortolano691. E pues tú no puedes de ti propia gozar, goze quien puede. Que no creas que en balde fueste criada. Que, cuando nasce   -251-   ella, nasce él e, quando él, ella. Ninguna cosa ay criada al mundo superflua ni que con acordada razón no proueyesse della natura. Mira que es pecado fatigar e dar pena a los hombres, podiéndolos remediar.

AREUSA.-  Alábame692 agora, madre, e no me quiere ninguno. Dame algún remedio para mi mal e no estés burlando de mí.

CELESTINA.-  Deste tan común dolor todas somos, ¡mal pecado!, maestras. Lo que he visto a muchas fazer e lo que a mí siempre aprouecha, te diré. Porque como las calidades de las personas son diuersas, assí las melezinas hazen diuersas sus operaciones e diferentes. Todo olor fuerte es bueno693, assí como poleo, ruda, axiensos, humo de plumas de perdiz, de romero, de moxquete, de encienso694. Recebido con mucha diligencia, aprouecha e afloxa el dolor e buelue peco a poco la madre a su lugar. Pero otra cosa hallaua yo siempre mejor que todas e ésta no te quiero dezir, pues tan santa te me hazes.

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AREUSA.-  ¿Qué, por mi vida, madre? Vesme penada ¿e encúbresme la salud?

CELESTINA.-  ¡Anda, que bien me entiendes, no te hagas boua!

AREUSA.-  ¡Ya!, ¡ya! Mala landre me mate, si te entendía. ¿Pero qué quieres que haga? Sabes que se partió ayer aquel mi amigo con su capitán a la guerra. ¿Hauía de fazerle ruyndad?695

CELESTINA.-  ¡Verás e qué daño e qué gran ruyndad!

AREUSA.-  Por cierto, sí sería. Que me da todo lo que he menester, tiéneme honrrada, fauoréceme e trátame como si fuesse su señora.

CELESTINA.-  Pero avnque todo esso sea, mientra no parieres, nunca te faltará este mal e dolor que696 agora, de lo qual él deue ser causa. E si no crees en dolor, cree en color697, e verás lo que viene de su sola compañía.

AREUSA.-  No es sino mi mala dicha. Maldición mala, que mis padres me echaron. ¿Qué, no está ya por prouar todo esso? Pero dexemos esso, que es tarde e dime a qué fue tu buena venida.

CELESTINA.-  Ya sabes lo que de Pármeno te oue dicho.   -253-   Quéxasseme que avn verle no le quieres. No sé porqué, sino porque sabes que le quiero yo bien e le tengo por hijo. Pues por cierto, de otra manera miro yo tus cosas, que hasta tus vezinas me parescen bien e se me alegra el coraçón cada vez que las veo, porque se que hablan contigo.

AREUSA.-  ¿No viues, tía señora, engañada?

CELESTINA.-  No lo sé. A las obras creo; que las palabras, de balde las venden dondequiera. Pero el amor nunca se paga sino con puro amor e a las obras con obras. Ya sabes el debdo, que ay entre ti e Elicia, la qual tiene Sempronio en mi casa. Pármeno e él son compañeros, siruen a este señor, que tú conoces e por quien tanto fauor podrás tener. No niegues lo que tan poco fazer te cuesta. Vosotras, parientas; ellos, compañeros: mira cómo viene mejor medido, que lo queremos. Aquí viene comigo. Verás si quieres que suba.

AREUSA.-  ¡Amarga de mí, si nos ha oydo!

CELESTINA.-  No, que abaxo queda. Quiérole hazer subir. Resciba tanta gracia, que le conozcas e hables e muestres buena cara. E si tal te paresciere, goze él de ti e tú dél. Que, avnque él gane mucho, tú no pierdes nada.

AREUSA.-  Bien tengo, señora, conoscimiento cómo todas tus razones, estas e las passadas, se endereçan en mi prouecho; pero, ¿cómo quieres   -254-   que haga tal cosa, que tengo a quien dar cuenta, como has oydo e, si soy sentida, matarme ha? Tengo vezinas embidiosas. Luego lo dirán. Assí que, avnque no aya más mal de perderle, será más que ganaré en agradar al que me mandas.

CELESTINA.-  Esso, que temes, yo lo provey primero, que muy passo entramos.

AREUSA.-  No lo digo por esta noche, sino por otras muchas.

CELESTINA.-  ¿Cómo? ¿E dessas eres? ¿Dessa manera te tratas? Nunca tú harás casa con sobrado. Absente le has miedo; ¿qué harías, si estouiesse en la cibdad? En dicha me cabe, que jamás cesso de dar consejo a bouos e todavía ay quien yerre; pero no me marauillo, que es grande el mundo e pocos los esperimentados. ¡Ay!, ¡ay!, hija, si viesses el saber de tu prima e qué tanto le ha aprouechado mi criança e consejos e qué gran maestra está. E avn ¡que no se halla ella mal con mis castigos698! Que vno en la cama e otro en la puerta e otro, que sospira por ella en su casa, se precia de tener. E con todos cumple e a todos muestra buena cara e todos piensan   -255-   que son muy queridos e cada vno piensa que no ay otro e que él solo es priuado e él solo es el que le da lo que ha menester. ¿E tú piensas699 que con dos, que tengas, que las tablas de la cama lo han de descobrir? ¿De vna sola gotera te mantienes? ¡No te sobrarán muchos manjares! ¡No quiero arrendar tus excamochos700! Nunca vno me agradó, nunca en vno puse toda mi afición701. Más pueden dos e más quatro e más dan e más tienen e más ay en qué escoger. No ay cosa más perdida, hija, que el mur, que no sabe sino vn horado702. Si aquel le tapan, no haurá donde se esconda del gato. Quien no tiene sino vn ojo, ¡mira a quanto peligro anda! Vna alma sola ni canta ni llora703; vn   -256-   solo acto no haze hábito704; vn frayle solo pocas vezes lo encontrarás por la calle; vna perdiz sola por marauilla buela mayormente en verano705; vn manjar solo continuo presto pone hastío; vna golondrina no haze verano; vn testigo solo no es entera fe; quien sola vna ropa tiene, presto la enuegece. ¿Qué quieres, hija, deste número de vno? Más inconuenientes te diré dél, que años tengo acuestas. Ten siquiera dos, que es compañía loable e tal qual es éste706: como tienes dos orejas, dos pies e dos manos, dos sáuanas en la cama; como dos camisas para remudar. E si más quisieres, mejor te yrá, que mientra más moros, más ganancia707; que honrra sin prouecho, no es sino como anillo en el dedo708. E pues entrambos no caben en vn saco709, acoge la ganancia. -Sube, hijo Pármeno.

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AREUSA.-  ¡No suba! ¡Landre710 me mate!, que me fino de empacho, que no le conozco. Siempre houe vergüença dél.

CELESTINA.-  Aquí estoy yo que te la quitaré e cobriré e hablaré por entramos: que otro tan empachado es él.

PÁRMENO.-  Señora, Dios salue tu graciosa presencia.

AREUSA.-  Gentilhombre, buena sea tu venida.

CELESTINA.-  Llégate acá, asno. ¿Adónde te vas allá assentar al rincón? No seas empachado, que al hombre vergonçoso el diablo le traxo a palacio711. Oydme entrambos lo que digo. Ya sabes tú, Pármeno amigo, lo que te prometí, e tú, hija mía, lo que te tengo rogado. Dexada aparte la dificultad con que me lo has concedido, pocas razones son necessarias, porque el tiempo no lo padece. Él ha siempre viuido penado por ti. Pues. viendo su pena, sé que no le querrás matar e avn conozco que él te paresce tal, que no será malo para quedarse acá esta noche en casa.

AREUSA.-  Por mi vida, madre, que tal no se haga; ¡Jesú!, no me lo mandes.

PÁRMENO.-  Madre mía, por amor de Dios, que no salga yo de aquí sin buen concierto. Que me ha muerto de amores su vista. Ofréscele   -258-   quanto mi padre te dexó para mí. Dile que le daré quanto tengo. ¡Ea!, díselo, que me parece que no me quiere mirar.

AREUSA.-  ¿Qué te dize esse señor a la oreja? ¿Piensa que tengo de fazer nada de lo que pides?

CELESTINA.-  No dize, hija, sino que se huelga mucho con tu amistad, porque eres persona tan honrrada e en quien qualquier beneficio cabrá bien. E assimismo712 que, pues que esto por mi intercessión se hace, que el me promete d'aquí adelante ser muy amigo de Sempronio e venir en todo lo que quisiere contra su amo en un negocio, que traemos entre manos. ¿Es verdad, Pármeno? ¿Prometeslo assí como digo?

PÁRMENO.-  Sí prometo, sin dubda.

CELESTINA.-  ¡Ha, don ruyn!, palabra te tengo, a buen tiempo te así. Llégate acá, negligente, vergonçoso, que quiero ver para quánto eres, ante que me vaya. Retóçala en esta cama.

AREUSA.-  No será él tan descortés, que entre en lo vedado sin licencia.

CELESTINA.-  ¿En cortesías e licencias estás? No espero más aquí yo, fiadora que tú amanezcas sin dolor e él sin color. Mas como es vn putillo, gallillo713, barbiponiente, entiendo que en tres noches   -259-   no se le demude la cresta. Destos me mandauan a mí comer en mi tiempo los médicos de mi tierra, quando tenía mejores dientes.

AREUSA.-  Ay, señor mío, no me trates de tal manera714; ten mesura por cortesía; mira las canas de aquella vieja honrrada, que están presentes; quítate allá, que no soy de aquellas que piensas; no soy de las que públicamente están a vender sus cuerpos por dinero. Assí goze de mí, de casa me salga, si fasta que Celestina mi tía sea yda a mi ropa tocas.

CELESTINA.-  ¿Qué es eso, Areusa? ¿Qué son estas estrañezas y esquiuedad, estas nouedades e retraymiento? Paresce, hija, que no sé yo qué cosa es esto, que nunca vi estar mi hombre con vna muger juntos e que jamás passé por ello ni gozé de lo que gozas e que no sé lo que passan e lo que dizen e hazen. ¡Guay de quien tal oye como yo! Pues auísote, de tanto, que fuy errada como tú e tuue amigos; pero nunca el viejo ni la vieja echaua de mi lado ni su consejo en público ni en mis secretos. Para la muerte que a Dios deuo, más quisiera vna gran bofetada en mitad de mi cara. Paresce que ayer nascí, según tu encubrimiento. Por hazerte a ti honesta, me hazes a mí necia e vergonçosa e de poco secreto   -260-   e sin esperiencia o me amenguas en mi officio por alçar a ti en el tuyo. Pues de cossario a cossario no se pierden sino los barriles715. Más te alabo yo detrás, que tú te estimas delante.

AREUSA.-  Madre, si erré aya perdón e llégate mas acá y él haga lo que quisiere. Que más quiero tener a ti contenta, que no a mí; antes me quebraré vn ojo que enojarte.

CELESTINA.-  No tengo ya enojo; pero dígotelo para adelante. Quedaos adiós, que voyme solo porque me hazés dentera con vuestro besar e retojar. Que avn el sabor en las enzías me quedó: no le perdí con las muelas.

AREUSA.-  Dios vaya contigo.

PÁRMENO.-  Madre,¿mandas que te acompañe?

CELESTINA.-  Sería quitar a vn sancto para poner en otro716. Acompáñeos Dios; que yo vieja soy, que no he temor que me fuercen en la calle.

ELICIA.-  El perro ladra. ¿Si viene este diablo de vieja?

CELESTINA.-  Tha, tha, tha.

ELICIA.-  ¿Quién es? ¿Quién llama?

CELESTINA.-  Báxame abrir, fija.

  -261-  

ELICIA.-  ¿Estas son tus venidas? Andar de noche es tu plazer. ¿Por qué lo hazes? ¿Qué larga estada fue ésta, madre? Nunca sales para boluer a casa. Por costumbre lo tienes. Cumpliendo con vno, dexas ciento descontertos. Que has sido oy buscada del padre de la desposada, que leuaste el día de pasqua al racionero717; que la quiere casar d'aquí a tres días e es menester que la remedies, pues que se lo prometiste, para que no sienta su marido la falta de la virginidad.

CELESTINA.-  No me acuerdo, hija, por quien dizes.

ELICIA.-  ¿Cómo no te acuerdas? Desacordada eres, cierto. ¡O como caduca la memoria! Pues, por cierto, tú me dixiste, quando la leuauas, que la auías renouado siete vezes.

CELESTINA.-  No te marauilles, hija, que quien en muchas partes derrama su memoria, en ninguna la puede tener. Pero, dime si tornará.

ELICIA.-  ¡Mirá si tornará! Tiénete dada vna manilla de oro en prendas de tu trabajo ¿e no hauía de venir?

CELESTINA.-  ¿La de la manilla es? Ya sé por quien dizes. ¿Por qué tú no tomauas el aparejo, e començauas a hazer algo? Pues en aquellas tales te hauías de abezar e prouar, de quantas vezes me lo as visto fazer. Si no, ay te estarás toda   -262-   tu vida, fecha bestia sin oficio ni renta. E quando seas de mi edad, llorarás la folgura de agora. Que la mocedad ociosa acarrea la vejez arrepentida e trabajosa718. Hazíalo yo mejor, quando tu abuela, que Dios aya, me mostraua este oficio: que a cabo de vn año, sabía más que ella.

ELICIA.-  No me marauillo, que muchas vezes, como dizen, al maestro sobrepuja el buen discípulo. E no va esto, sino en la gana con que se aprende. Ninguna sciencia es bienempleada en el que no le tiene afición. Yo le tengo a este oficio odio; tú mueres tras ello.

CELESTINA.-  Tú te lo dirás todo. Pobre vejez quieres. ¿Piensas que nunca has de salir de mi lado?

ELICIA.-  Por Dios, dexemos enojo e al tiempo el consejo719. Ayamos mucho plazer. Mientra oy touiéremos de comer, no pensemos en mañana. También se muere el que mucho allega como el que pobremente viue e el doctor como el pastor e el papa como el sacristán e el señor como el sieruo e el de alto linaje como el baxo e tú con oficio como yo sin ninguno. No hauemos de viuir para siempre. Gozemos e holguemos, que la vejez pocos la veen e de los que la veen ninguno murió de hambre. No quiero en este mundo,   -263-   sino día e victo e parte en parayso720. Avnque los ricos tienen mejor aparejo para ganar la gloria, que quien poco tiene. No ay ninguno contento, no ay quien diga: harto tengo; no ay ninguno, que no trocasse mi plazer por sus dineros. Dexemos cuydados agenos e acostémonos, que es hora. Que más me engordará vn buen sueño sin temor, que quanto thesoro ay en Venecia721.


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ArribaAbajoEl octauo aucto

ARGUMENTO DEL OCTAUO AUTO

La mañana viene. Despierta Pármeno. Despedido de Areusa, va para casa de Calisto su señor. Falla a la puerta a Sempronio. Conciertan su amistad. Van juntos a la cámara de Calisto. Hállanle hablando consigo mismo. Leuantado, va a la yglesia.


 

SEMPRONIO, PÁRMENO, AREUSA, CALISTO.

 

PÁRMENO.-  ¿Amanesce o qué es esto, que tanta claridad está en esta cámara?

AREUSA.-  ¿Qué amanecer? Duerme, señor, que avn agora nos acostamos. No he yo pegado bien los ojos, ¿ya hauía de ser de día? Abre, por Dios, essa ventana de tu cabecera e verlo has.

PÁRMENO.-  En mi seso estó yo, señora, que es de día claro, en ver entrar luz entre las puertas. ¡O traydor de mí! ¡En qué gran falta he caydo con mi amo! De mucha pena soy digno. ¡O qué tarde que es!

AREUSA.-  ¿Tarde?

  -8-  

PÁRMENO.-  E muy tarde.

AREUSA.-  Pues así goze de mi alma, no se me ha quitado el mal de la madre. No sé cómo pueda ser.

PÁRMENO.-  ¿Pues qué quieres, mi vida?

AREUSA.-  Que hablemos en mi mal.

PÁRMENO.-  Señora mía, si lo hablado no basta, lo que más es necessario me perdona, porque es ya mediodía. Si voy más tarde, no seré bien recebido de mi amo. Yo verné mañana e quantas vezes después mandares. Que por esso hizo Dios vn día tras otro, porque lo que el vno no bastasse, se cumpliesse en otro. E avn porque más nos veamos, reciba de ti esta gracia, que te vayas oy a las doze del día a comer con nosotros a su casa de Celestina.

AREUSA.-  Que me plaze722, de buen grado. Ve con Dios, junta tras ti la puerta.

PÁRMENO.-  Adiós te quedes.

PÁRMENO.-  ¡O plazer singular! ¡O singular alegría! ¿Quál hombre es ni ha sido más bienauenturado que yo? ¿Quál más dichoso e bienandante? ¡Qué vn tan excelente don sea por mí posseído e quan presto pedido tan presto alcançado! Por cierto, si las trayciones desta vieja con mi   -9-   coraçón yo pudiesse sofrir, de rodillas hauía de andar a la complazer. ¿Con qué pagaré yo esto? ¡O alto Dios! ¿A quién contaría yo este gozo? ¿A quién descubriría tan gran secreto? ¿A quién daré parte de mi gloria? Bien me dezía la vieja que de ninguna prosperidad es buena la posesión sin compañía723. El plazer no comunicado no es plazer. ¿Quién sentiría esta mi dicha, como yo la siento? A Sempronio veo a la puerta de casa. Mucho ha madrugado. Trabajo tengo con mi amo, si es salido fuera. No será, que no es acostumbrado; pero, como agora no anda en su seso, no me marauillo que aya peruertido su costumbre.

SEMPRONIO.-  Pármeno hermano, si yo supiesse aquella tierra, donde se gana el sueldo dormiendo, mucho haría por yr allá, que no daría ventaja724 a ninguno: tanto ganaría como otro qualquiera. ¿E cómo, holgazán, descuydado, fueste para no tornar? No sé qué crea de tu tardança, sino que te quedaste a escallentar725   -10-   la vieja esta noche o a rascarle los pies726, como quando chiquito.

PÁRMENO.-  ¡O Sempronio, amigo e más que hermano! Por Dios, no corrompas mi plazer, no mezcles tu yra con mi sofrimiento, no rebueluas tu descontentamiento con mi descanso, no agües con tan turbia agua el claro liquor del pensamiento, que traygo, no enturuies con tus embidiosos castigos e odiosas reprehensiones mi plazer. Recíbeme con alegría e contarte he marauillas727 de mi buena andança passada.

SEMPRONIO.-  Dilo, dilo. ¿Es algo de Melibea? ¿Hasla visto?

PÁRMENO.-  ¿Qué de Melibea? Es de otra, que yo más quiero e avn tal que, si no estoy engañado, puede viuir con ella en gracia e hermosura. Sí, que728 no se encerró el mundo e todas sus gracias en ella.

SEMPRONIO.-  ¿Qué es esto, desuariado? Reyrme quería, sino que no puedo. ¿Ya todos amamos? El mundo se va a perder. Calisto a Melibea, yo a Elicia, tú de embidia has buscado con quien perder esse poco de seso, que tienes.

PÁRMENO.-  ¿Luego locura es amar e yo soy loco   -11-   e sin seso? Pues si la locura fuesse dolores, en cada casa auría bozes729.

SEMPRONIO.-  Según tu opinión, sí es. Que yo te he oydo dar consejos vanos a Calisto e contradezir a Celestina en quanto habla e, por impedir mi prouecho e el suyo, huelgas de no gozar tu parte. Pues a las manos me has venido, donde te podré dañar e lo haré.

PÁRMENO.-  No es, Sempronio, verdadera fuerça ni poderío dañar e empecer; mas aprouechar e guarecer e muy mayor, quererlo hazer. Yo siempre te tuue por hermano. No se cumpla, por Dios, en ti lo que se dize, que pequeña causa desparte conformes amigos. Muy mal me tratas. No sé donde730 nazca este rencor. No me indignes, Sempronio, con tan lastimeras razones731. Cata que es muy rara la paciencia, que agudo baldón no penetre e traspasse.

SEMPRONIO.-  No digo mal en esto; si no que se eche otra sardina732 para el moço de cauallos, pues tú tienes amiga.

PÁRMENO.-  Estás enojado. Quiérote sofrir, avnque   -12-   más mal me trates733, pues dizen que ninguna humana passión es perpetua ni durable.

SEMPRONIO.-  Más maltratas tu a Calisto, aconsejando a él lo que para ti huyes, diziendo que se aparte de amar a Melibea, hecho tablilla de mesón734, que para sí no tiene abrigo e dale a todos. ¡O Pármeno! Agora podrás ver quán facile cosa es reprehender vida agena e quán duro guardar cada qual la suya. No digas más, pues tú eres testigo. E d'aquí adelante veremos cómo te has, pues ya tienes tu escudilla735 como cada qual. Si tú mi amigo fueras, en la necessidad, que de ti tuue, me hauías de fauorecer e ayudar a Celestina en mi prouecho; que no fincar vn clauo736 de malicia a cada palabra. Sabe que, como la hez737 de la tauerna despide a los borrachos,   -13-   así la aduersidad o necessidad al fingido amigo: luego se descubre el falso metal, dorado por encima.

PÁRMENO.-  Oydo lo hauía dezir e por esperiencia lo veo738, nunca venir plazer sin contraria çoçobra en esta triste vida. A los alegres, serenos e claros soles, nublados escuros e pluuias vemos suceder; a los solazes e plazeres, dolores e muertes los ocupan; a las risas e deleytes, llantos e lloros e passiones mortales los siguen; finalmente, a mucho descanso e sosiego, mucho pesar e tristeza. ¿Quién pudiera tan alegre venir, como yo agora? ¿Quién tan triste recebimiento padescer? ¿Quién verse, como yo me vi, con tanta gloria, alcançada con mi querida Areusa? ¿Quién caer della, siendo tan maltratado   -14-   tan presto, como yo de ti? Que no me has dado lugar a poderte dezir quánto soy tuyo, quánto te he de fauorecer en todo, quánto soy arepiso739 de lo passado, quántos consejos e castigos buenos he recebido de Celestina en tu fauor e prouecho e de todos. Como, pues, este juego de nuestro amo e Melibea está entre las manos, podemos agora medrar o nunca.

SEMPRONIO.-  Bien me agradan tus palabras, si tales touiesses las obras, a las quales espero para auerte de creer. Pero, por Dios, me digas qué es esso, que dixiste de Areusa. ¡Paresce que conozcas tú a Areusa, su prima de Elicia!

PÁRMENO.-  ¿Pues qué es todo el plazer que traygo, sino hauerla alcançado?

SEMPRONIO.-  ¡Cómo se lo dice el bouo! ¡De risa no puede hablar! ¿A qué llamas hauerla alcançado? ¿Estaua a alguna ventana o qué es esso?

PÁRMENO.-  A ponerla en duda si queda preñada o no.

SEMPRONIO.-  Espantado me tienes. Mucho puede el continuo trabajo: vna continua gotera horaca vna piedra740.

PÁRMENO.-  Verás qué tan continuo, que ayer lo pensé: ya la tengo por mía.

SEMPRONIO.-  ¡La vieja anda por ay!

  -15-  

PÁRMENO.-  ¿En qué lo vees?

SEMPRONIO.-  Que ella me hauía dicho que te quería mucho e que te la haría hauer. Dichoso fuiste: no hiziste sino llegar e recabdar741. Por esto dizen: más vale a quien Dios ayuda, que quien mucho madruga742. Pero tal padrino touiste.

PÁRMENO.-  Di madrina, que es más cierto. Así que, quien a buen árbol se arrima743... Tarde fuy; pero temprano recabdé. ¡O hermano!, ¿qué te contaría de sus gracias de aquella muger, de su habla e hermosura de cuerpo? Pero quede para más oportunidad.

SEMPRONIO.-  ¿Puede ser sino prima de Elicia? No me dirás tanto, quanto estotra no tenga más. Todo te creo. Pero ¿qué te cuesta? ¿Hasle dado algo?

PÁRMENO.-  No, cierto. Mas, avnque houiera, era bienempleado: de todo bien es capaz. En tanto son las tales tenidas, quanto caras son compradas; tanto valen, quanto cuestan. Nunca   -16-   mucho costó poco744, sino a mí esta señora. A comer la combidé para casa de Celestina e, si te plaze, vamos todos allá.

SEMPRONIO.-  ¿Quién, hermano?

PÁRMENO.-  Tú e ella e allá está la vieja e Elicia. Aueremos plazer.

SEMPRONIO.-  ¡O Dios!, e cómo me has alegrado. Franco eres, nunca te faltaré. Como te tengo por hombre, como creo que Dios te ha de hazer bien, todo el enojo, que de tus passadas fablas tenía, se me ha tornado en amor. No dudo ya tu confederación con nosotros ser la que deue. Abraçarte quiero. Seamos como hermanos, ¡vaya el diablo para ruyn745! Sea lo passado questión de Sant Juan e assí paz para todo el año746. Que las yras de los amigos siempre suelen ser reintegración del amor747. Comamos e holguemos, que nuestro amo ayunará por todos.

PÁRMENO.-  ¿E qué haze el desesperado?

  -17-  

SEMPRONIO.-  Allí está tendido en el estrado cabo748 la cama, donde le dexaste anoche. Que ni ha dormido ni está despierto. Si allá entro, ronca; si me salgo, canta o deuanea. No le tomo tiento, si con aquello pena o descansa.

PÁRMENO.-  ¿Qué dizes? ¿E nunca me ha llamado ni ha tenido memoria de mí?

SEMPRONIO.-  No se acuerda de sí, ¿acordarse ha de ti?

PÁRMENO.-  Avn hasta en esto me ha corrido buen tiempo. Pues assí es, mientra recuerda749, quiero embiar la comida, que la adrecen750.

SEMPRONIO.-  ¿Qué has pensado embiar, para que aquellas loquillas te tengan por hombre complido, biencriado e franco?

PÁRMENO.-  En casa llena presto se adereça cena751. De lo que ay en la despensa basta para no caer en falta. Pan blanco, vino de Monuiedro, vn pernil de toçino. E más seys pares de pollos, que traxeron estotro día los renteros de nuestro amo. Que si los pidiere, harele creer   -18-   que los ha comido. E las tórtolas, que mandó para oy guardar, diré que hedían. Tú serás testigo. Ternemos manera cómo a él no haga mal lo que dellas comiere e nuestra mesa esté como es razón. E allá hablaremos largamente en su daño e nuestro prouecho con la vieja cerca destos amores.

SEMPRONIO.-  ¡Más, dolores!752 Que por fe tengo que de muerto o loco no escapa desta vez. Pues que assí es, despacha, subamos a ver qué faze.

CALISTO
   En gran peligro me veo:
En mi muerte no ay tardança,
Pues que me pide el deseo
Lo que me niega esperança.

PÁRMENO.-  Escucha, escucha, Sempronio. Trobando está nuestro amo.

SEMPRONIO.-  ¡O hideputa753, el trobador! El gran Antipater Sidonio754, el gran poeta Ouidio, los   -19-   quales de improuiso se les venían las razones metrificadas a la boca. ¡Sí, sí, desos es! ¡Trobará el diablo! Está deuaneando entre sueños.

CALISTO
   Coraçón, bien se te emplea  5
Que penes e viuas triste,
Pues tan presto te venciste
Del amor de Melibea.

PÁRMENO.-  ¿No digo yo que troba?

CALISTO.-  ¿Quién fabla en la sala? ¡Moços!

PÁRMENO.-  Señor.

CALISTO.-  ¿Es muy noche? ¿Es hora de acostar?

PÁRMENO.-  ¡Mas ya es, señor, tarde para leuantar!

CALISTO.-  ¿Qué dizes loco? ¿Toda la noche es passada?

PÁRMENO.-  E avn harta parte del día.

CALISTO.-  Di, Sempronio, ¿miente este desuariado, que me haze creer que es de día?

SEMPRONIO.-  Oluida, señor, vn poco a Melibea e verás la claridad. Que con la mucha, que en su gesto contemplas, no puedes ver de encandelado755, como perdiz con la calderuela.

CALISTO.-  Agora lo creo, que tañen a missa. Daca756 mis ropas, yré a la Madalena757. Rogaré a   -20-   Dios aderece e Celestina e ponga en coraçón a Melibea mi remedio o dé fin en breue a mis tristes días.

SEMPRONIO.-  No te fatigues tanto, no lo quieras todo en vna hora. Que no es de discretos desear con grande eficacia lo que se puede tristemente acabar. Si tú pides que se concluya en vn día lo que en vn año sería harto, no es mucha tu vida.

CALISTO.-  ¿Quieres dezir que soy como el moço del escudero gallego758?

SEMPRONIO.-  No mande Dios que tal cosa yo diga, que eres mi señor. E demás desto, sé que, como me galardonas el buen consejo, me castigarías759 lo malhablado. Verdad es que nunca es ygual la alabança del seruicio o buena habla, que la reprehensión e pena de lo malhecho o hablado.

CALISTO.-  No sé quién te abezó760 tanta filosofía, Sempronio.

SEMPRONIO.-  Señor, no es todo blanco aquello, que de negro no tiene semejança ni es todo oro761   -21-   quanto amarillo reluze. Tus acelerados deseos, no medidos por razón, hazen parecer claros mis consejos. Quisieras tú ayer que te traxeran a la primera habla amanojada762 e embuelta en su cordón a Melibea, como si houieras embiado por otra qualquiera mercaduría a la plaça, en que no houiera más trabajo de llegar e pagalla. Da, señor, aliuio al coraçón, que en poco espacio de tiempo no cabe gran bienauenturança. Vn solo golpe no derriba vn roble763. Apercíbete con sofrimiento, porque la providencia es cosa loable e el apercibimiento resiste el fuerte combate.

CALISTO.-  Bien has dicho, si la qualidad de mi mal lo consintiesse.

SEMPRONIO.-  ¿Para qué, señor, es el seso, si la voluntad priua a la razón?

CALISTO.-  ¡O loco, loco! Dize el sano al doliente764: Dios te dé salud. No quiero consejo ni esperarte más razones, que más aviuas e enciendes las flamas765, que me consumen. Yo me voy solo a missa e no tornaré a casa fasta que me llameys, pidiéndome las albricias de mi gozo con la buena venida de Celestina. Ni comeré hasta   -22-   entonce766; avnque primero sean los cauallos de Febo767 apacentados en aquellos verdes prados, que suelen, quando han dado fin a su jornada.

SEMPRONIO.-  Dexa, señor, essos rodeos, dexa essas poesías, que no es habla conueniente la que a todos no es común, la que todos no participan, la que pocos entienden. Di: avnque se ponga el sol, e sabrán todos lo que dizes. E come alguna conserua, con que tanto espacio de tiempo te sostengas.

CALISTO.-  Sempronio, mi fiel criado, mi buen consejero, mi leal seruidor, sea como a ti te paresce. Porque cierto tengo, según tu limpieça de seruicio, quieres tanto mi vida como la tuya.

SEMPRONIO.-  ¿Créeslo tú, Pármeno? Bien sé que no lo jurarías. Acuérdate, si fueres por conserua, apañes768 vn bote para aquella gentezilla,   -23-   que nos va más e a buen entendedor769... En la bragueta cabrá.

CALISTO.-  ¿Qué dizes, Sempronio?

SEMPRONIO.-  Dixe, señor, a Pármeno que fuesse por vna tajada de diacitrón770.

PÁRMENO.-  Héla aquí, señor.

CALISTO.-  Daca.

SEMPRONIO.-  Verás qué engullir haze el diablo. Entero lo quería tragar por más apriesa hazer.

CALISTO.-  El alma me ha tornado. Quedaos con Dios, hijos. Esperad la vieja e yd por buenas albricias.

PÁRMENO.-  ¡Allá yrás con el diablo, tú e malos años!, ¡e en tal hora comiesses el diacitrón, como Apuleyo el veneno, que le conuertió en asno771!


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