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La emigración republicana española: una victoria de México

Maurico Fresco



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ArribaAbajoDedicatoria

A tres Presidentes de la República Mexicana


Al general LÁZARO CÁRDENAS, que sin apartarse un ápice de las normas de la política internacional, puso en práctica su firme resolución de cooperar con el pueblo español en su lucha para defender la República Española; y, así presento a México como la nación abanderada de aquella noble causa;

al general MANUEL ÁVILA CAMACHO, que sosteniendo los mismos principios que invocara gallardamente su antecesor, siguió los lineamientos de la política internacional y continuó prestando la ayuda generosa del pueblo y del Gobierno de México a los emigrantes republicanos españoles;

al licenciado MIGUEL ALEMÁN, que como Secretario de Gobernación en el Gabinete del Presidente general M. Ávila Camacho, encauzó con gran acierto la emigración de los republicanos españoles; y luego, como Jefe de Estado, sostiene la política de sus antecesores, reafirmando su fe en los destinos de los regímenes democráticos.   —8→  



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ArribaAbajoPrefacio

Emprendo la tarea de hacer este libro, por tres razones: a) porque como miembro del Cuerpo Diplomático y Consular de México acreditado en el extranjero, me tocó actuar en los días aciagos de la guerra mundial y de la revuelta militar española, como uno entre muchos funcionarios mexicanos, para resolver las solicitudes de extranjeros que pedían asilo en México para salvar sus vidas; b) porque de tiempo en tiempo han aparecido en algunos diarios y revistas de México, críticas a los que estuvimos encargados de otorgar los permisos necesarios a los extranjeros aludidos, afirmándose que procedimos sin cuidar la selección de los inmigrantes; c) porque, 11 años más tarde de aquellos días, podemos valorar si nuestra misión, que entonces estaba inspirada sólo en el noble propósito de salvar vidas de refugiados, fue o no benéfica.

Desde luego, tengo que declarar que no me considero el más capacitado para realizar la labor que emprendo. Muchos compañeros míos, y entre ellos diplomáticos que ocupaban puestos de mayor preponderancia que el que yo tenía designado, desempeñarían más eficientemente esta tarea. Puedo citar, entre muchos, a Gilberto Bosques, a Fernando Alatorre, al general F. Aguilar, a Pedro Inzunza, al licenciado Narciso Bassols, a José M. Zapata, al querido doctor Lara Pardo, al estimado licenciado Ernesto Arnoux y a Fernando Torres Vivanco. Todos ellos vivimos en aquella época ante el cuadro trágico que presentaban Cientos de miles de extranjeros solicitantes que esperaban con angustia, horas, días, semanas, meses y aun años, frente a las puertas de nuestros consulados, en espera de que nuestras Secretarías de Gobernación y de Relaciones les dieran la oportunidad de salvar sus vidas abriéndoles las puertas de México.

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Durante cuatro años procuramos aliviar, dentro de nuestras posibilidades y atendiendo las circunstancias que solían variar todos los días, a todos los seres humanos que llegaban a las puertas de las casas de México en el extranjero. Y nunca, ni por un instante, nos movió el partidismo de razas o de ideas. Nunca, en ninguna ocasión, torcimos nuestro criterio humano, pues nos hallábamos inspirados en el nobilísimo sentimiento humanitario de que México estaba resuelto a salvar aquellas vidas en peligro.

En realidad, independientemente de nuestro deseo de realizar tal proposito, nosotros no hacíamos otra cosa que cumplir con el deber que nos señalaba nuestro Gobierno: era de él la obra directriz; era del pueblo mexicano el gesto generoso que otorgaba la libertad y salvaba la vida a decenas de millares de extranjeros solicitantes de asilo en México.

Los que no conocieron esa tragedia, no podrán valorar jamás el esfuerzo desplegado en aquellos días por el Cuerpo Diplomático Mexicano. Nunca podrán entender cómo los que estábamos al frente de la tarea de dar tales auxilios, emprendimos nuestra misión con un entusiasmo apasionado, sin tomar descanso, sin escatimar un solo minuto, un solo esfuerzo, a veces por días y noches consecutivas, en un anhelo de lograr la salvación de aquellos seres humanos.

No hubo nunca discriminaciones odiosas en estas tareas. Hubo, sí, simpatía a grupos humanos; pero no por ideas políticas, no por influencias raciales. Recuerdo que mi predilección se concentraba en dos grupos: los vascos y los catalanes, el primero; y, el segundo, los universitarios, los sabios, los investigadores que honraban a sus países y cuyos gobiernos los arrojaban de sus patrias. Me atraía más esta inmigración; pero sin descuidar de cumplir con mi deber cuando aquellos a los que se otorgaba el permiso de venir a México no pertenecían a estos grupos.

Como yo, es posible que hayan tenido predilección por determinados refugiados algunos de mis colegas. Pero no nos desviamos del cumplimiento de nuestro deber. Además, todos los que pedían refugio en México eran igualmente perseguidos, todos eran de las mismas ideas políticas, ya que quienes los expulsaban de sus patrias eran dueños de la fuerza y de cuantos bienes había en Europa.

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Son injustas, por tanto, las críticas que se hacen en los periódicos y revistas. Carecen de fundamento. Nadie altero las órdenes emanadas de las Secretarías de Gobernación y Relaciones exteriores de nuestro país, cumplidas por nosotros con rigurosa exactitud. Nadie seleccionó a su antojo a los inmigrantes. Nadie, inspirado por ideas políticas, dio preferencia a personas o a grupos de refugiados.

Ahora bien: once años después de realizada aquella tarea, nosotros sentimos honda satisfacción por la parte que tomamos en ella, ya que la inmigración de aquellos días ha acarreado grandes bienes a México. Nos dolería que hubiera sido lo contrario, así no pudiera culparse, en tal cosa, a nadie, pues el sentimiento humanitario que animó a nuestro Gobierno, de abrir las puertas del país a los perseguidos, no puede ser motivo de crítica; pero resulta que el gesto generoso de México ha dado esplendidos resultados: los que entraron un día en calidad de vencidos, sin fortuna, sin conocimiento de los hombres ni de las cosas de México, ahora están profundamente arraigados en nuestro país, ahora forman parte de la colectividad mexicana, ahora han creado fuentes de riqueza y de bienestar a decenas de millares de trabajadores mexicanos.

Ante este resultado magnífico, emprendo la tarea que muchos de mis compañeros, más capacitados que yo, podrían realizar. Y creo que, al escribir este libro, mi pensamiento sobre el problema que presento es su propio pensamiento.

M. F.





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ArribaAbajoPrimera parte

Orígenes de la emigración de españoles republicanos


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El lunes 20 de febrero del corriente año, a eso de las trece horas, cuando salía del edificio de la Latino-Americana, ubicado en el Paseo de la Reforma, para dirigirse al bar, o mejor dicho, cantina, «Pennsylvania» un señor fue detenido por otro: se trabó una discusión y a los pocos minutos sonaban los disparos de una pistola; un hombre caía muerto en el pavimento y otro era detenido por la policía.

No es aventurado afirmar que en los momentos en que se cometía este asesinato, se consumaban otros, aquí, en México; otros, en los Estados Unidos; muchos, en diversos lugares del mundo. Se trataba de un crimen vulgar en el que un hombre arrebataba la vida a otro. Y esto sucede todos los días, a todas horas. Uno de tantos crímenes cuyos detalles consigna la prensa de México y la del extranjero, y que tienen su origen unas veces en el abuso de las bebidas espirituosas, otras en los instintos homicidas que mueven a los delincuentes; ya por las pasiones políticas, por los celos, por la desesperación, por la miseria...

Se trataba en esta ocasión de uno más de esos delitos de sangre. Pero al día siguiente al del trágico suceso, el 20 de febrero, toda la prensa de México apareció dando enorme importancia al crimen que había tenido lugar horas antes. Y esto porque se mencionaba el nombre del señor José Gallostra y Coello de Portugal, la víctima, como un representante del generalísimo Francisco Franco. Posiblemente desde el día en que estalló la bomba atómica sobre Hiroshima, anunciando al mundo una nueva era, la prensa mexicana no había prestado a un suceso tamaña importancia.

Algunos periódicos dieron a la víctima el título de «Embajador del Gobierno de España», otros el de «Representante personal del Generalísimo Francisco Franco ante el Gobierno de México», y otros el de «Agente Comercial del Gobierno Español».

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La Secretaria de Relaciones Exteriores de México hizo breves y contundentes declaraciones: a) que el señor Gallostra y Coello de Portugal estaba en México, hasta el día de su muerte, en calidad de «turista»; b) que el Gobierno del Presidente Alemán lamentaba el trágico suceso, la aclaración del cual se hallaba en manos de las autoridades competentes, y c) «que hace tiempo que la política de México para España ha sido definida».

Sabido es que en México la Secretaría de Relaciones Exteriores es el órgano del Ejecutivo para tratar todos los asuntos que atañen a la política internacional. De ahí que las declaraciones emitidas en tal ocasión vinieron a fijar, nuevamente, la postura de México ante el actual Gobierno Español: el no reconocimiento del régimen del Generalísimo Francisco Franco.

Se daba todavía enorme publicidad al crimen perpetrado por Fleitas en la persona del señor Coello de Portugal, cuando varios diarios de México publicaron un documento redactado por el extinto señor Coello de Portugal denigrando al pueblo y Gobierno de México. El tono del documento, que se presenta como un informe confidencial al Gobierno español, es tan violento, tan injurioso y tan injusto, que hubo quien dudara de su autenticidad.

El Ministro de Negocios Extranjeros del régimen del Generalísimo Francisco Franco, señor Martín Artajo, hizo declaraciones en Madrid, sobre tal documento, expresando que las notas atribuidas al señor Gallostra y Coello de Portugal eran «su opinión personal».

Al mismo tiempo el Ministro español protestó por la «violación» del departamento de la casa donde vivió sus últimos días el señor Gallostra.

El Gobierno de México explicó que no hubo tal violación, pues de acuerdo con las practicas legales se habían incautado las autoridades judiciales de los papeles que llevaba consigo al ser muerto el señor Coello de Portugal; y entre ellos estaba el citado documento.

Textualmente, la Procuraduría de Justicia del Distrito y Territorios Federales, a cargo del honorable señor licenciado Franco Sodi, hizo esta declaración sobre el particular:

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Los agentes de la Policía judicial del Distrito Federal no penetraron en ningún momento en el departamento del señor Gallostra. La puerta de sus habitaciones fue sellada. Nos concretamos a conocer los documentos que llevaba en los bolsillos, con el propósito de esclarecer el asunto.

Se había procedido, pues, con toda honestidad, de acuerdo con prácticas legales que están en vigor no sólo en México, sino en muchos otros países.

El contenido del documento, juzgado como injurioso e injusto por los mexicanos, y por cuantos lo leyeron, fue objeto de un artículo que apareció en «Excelsior» en su edición del 13 de marzo, titulado «Pausas del Camino -Gallostra y los Mexicanos-» y firmado por el señor Fernando Díez de Urdanivia, quien duda de la autenticidad del escrito hallado en poder del extinto Gallostra, sólo por una causa: porque no puede creer el escritor que una persona a quien México le brinda hospitalidad, pueda insultar a su pueblo.

La respetabilidad del escritor Díez de Urdanivia, por una parte, y por otra el acopio de datos que presenta al recordar a los extranjeros que formaron falsos juicios sobre nuestro país, que desconocen su idiosincrasia y que en ocasiones denigran a México, nos sugiere la idea de reproducir tal artículo. También, la necesidad de dar a conocer párrafos del documento de Gallostra, que provocó un sentimiento de disgusto en México.

Dice así el señor Diez de Urdanivia:

Sería interesante coleccionar las opiniones extranjeras sobre México y los mexicanos. Porque desde las notas de la marquesa Calderón de la Barca, en que contabiliza la mugre de los miserables que halló al paso, hasta el extenso artículo de «Life» publicado el mes pasado, con abundancia de fotografías artificiosas en torno al Drama de México, mucho es lo que se ha publicado en revistas y libros desfigurándonos con la ligereza de los juicios turísticos.

Algo semejante se ha hecho con otros países. Desde luego, con España. Viajeros inconsistentes han «descubierto» una España de pandereta, que si sólo por sus versiones fuese conocida, resultaría una truculenta amalgama de chulos, manolas y toreros. El mismo Teófilo, Gautier, que recorrió parajes españoles, con su fina sutileza literaria, ironiza cuanto puede y no respeta ni   —[18]→   lo monumental proverbial. Dícenos, por ejemplo, que El Escorial le obsesionó con la idea de la fuga, y que su arquitecto debió haber sido nombrado constructor oficial de las cárceles, según le pareció muy hábil para levantar espesos muros que abaten el espíritu y ensombrecen el corazón.

Durante nuestros años tormentosos una profusión de folletos y libros se escribieron con el socorrido tema de «la verdad sobre México», que, por lo general, eran graciosas colecciones de mentiras.

Alguna vez presenciamos en las tierras de California, que fueron nuestras, la filmación de una película de argumento mexicano, para el que se requería el concurso de ciertas multitudes. Acudieron al llamado numerosos compatriotas de ese «México de afuera» que se vuelve híbrido en las fangosidades del pochismo fronterizo. Y a todos se les exigía que se presentaran, como condición para ser contratados, con indumentarias «típicas», según Hollywood, completamente desusadas en México.

Había la costumbre -y es probable que la siga habiendo- de lanzar al mercado en la temporada de Navidad, tarjetas con «motivos mexicanos». ¿Cuáles eran estos motivos? Pues un indio con un burro, sobre un paisaje pobre, cuya única vegetación era un maguey simbólico. Y al calce, leyendas hirientes: «recuerdo del país de mañana». Con lo que se quería dar refrendo a aquello de que mañana es una palabra que en México significa nunca.

Caricatura, deformación, embuste. Otros temas y otras sugestiones, muchas de ellas grandiosas, ofrece México. ¿Por que captar sólo las miserias, de que ningún pueblo esta exento?

Papeles de un muerto

Se ha dado a la publicidad, con sospechosa tardanza, un documento que ha sido atribuido a don José Gallostra y Coello de Portugal. «Excelsior», por razones de ética periodística, no quiso publicarlo.

Se trata de una severa auscultación de México, cuya autenticidad parece increíble. Puede explicarse que un turista, que escribe notas palurdas en el cuarto de su hotel, incurra en opiniones estúpidas. Pero ¿cómo admitir que un diplomático de carrera, en el que hay que suponer un mínimum de cultura, haya tomado instantáneas de México con la cretina ingenuidad que flota en el documento?

Gallostra había vivido entre nosotros largamente y tuvo tiempo para mirarnos de cerca. El panorama social que traza en su «informe» es un torpe acopio de inexactitudes. ¿Qué objeto perseguía este aferramiento en la mentira?

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La tumultuosa clasificación de sectores es de una irritante necedad. Habla de los «abarroteros» con un absoluto desconocimiento de la verdad. ¿Cómo pudo hallar el diplomático esa profusión de peninsulares que sólo piensan en comprarse un «cadillac» y cuya ilusión es fumar buenos puros? Que sobreviven tipos de esta fisonomía, ¡quién lo duda! Pero no es honrada semejante generalización. ¿Por qué no descubrió Gallostra a los buenos españoles residentes en México, bien identificados con el pueblo, profundamente enraizados en nuestro medio, muchos de los cuales han destinado gran parte de su fortuna a obras eminentemente benéficas?

Hay en esta denigrante descripción de los españoles una mal disfrazada intención de malquistarse con ellos. Demasiado tosca es la tendencia de atraer con este documento la ira para quien lo escribió.

No es menos ruda la clasificación que se atribuye a Gallostra de los grupos sociales mexicanos. Señala como arquetipo del aristócrata al hampón de frac. Y esto, ademas de ser injusto, es completamente falso. Porque es inconcebible que el diplomático, que estuvo en constante roce con la sociedad mexicana, no haya advertido la dignidad, la decencia, la altura moral de extensos sectores nuestros.

Estilo de novato

Hay -por si todo lo anterior no bastase- algo más que hace dudosa la autenticidad del documento: el pésimo estilo con que está redactado. Impropio no digamos de un diplomático, pero aun de un hombre medianamente culto.

Va un párrafo de muestra: «El campo, muy religioso y católico, es indiferente a lo que ocurre en las capitales de los Estados, únicamente dedicado a mal vivir con lo que obtiene, ir a misa los domingos, por la tarde emborracharse con tequila hasta perder el conocimiento y luego largarle una puñalada al mejor pintado. Entre esta capa social es indispensable al sacerdote vivir, que goza de su cariño y su respeto...»

Recargado alud de incongruencias y desatinos, incluso gramaticales. ¡Y la relación, según se dice, estaba destinada nada menos que al Ministerio de Relaciones de España!

Todo el deshilvanado documento revela incoherencia, por lo mucho que brinca de un tema a otro, y se repite y se enreda, recayendo en tópicos que era necesario manosear una y otra vez como para hacerlos más sobresalientes, más dañosamente destacados.

Valdría la pena hacer un concienzudo estudio sobre la autenticidad del informe, pues sería muy lamentable que con toda la ventaja de hacer hablar   —[20]→   a un muerto, de un instrumento apócrifo partiese un giro hostil en nuestra actitud con España.

Pero donde la torpeza se acentúa es en la parte relativa a las opiniones de Gallostra acerca de los hombres del Gobierno. Salen a lucir exageradas lacras y agudizados defectos, sin dejar margen alguno para mínimas excepciones. De gangsters, pistoleros y mordelones no pasan los funcionarios mexicanos. Como para despertar un sentimiento de enérgica repulsa y cerrar cualesquiera posibilidad de buen entendimiento.

Se presenta en el artículo del señor Díez de Urdanivia la duda de que el documento encontrado en el cuerpo del señor Gallostra y Coello de Portugal haya sido redactado por el extinto. No quiere creer el escritor mexicano que un español que recibió hospitalidad de México, haya correspondido de ese modo.

El esfuerzo desplegado por este escritor para dudar sobre la autenticidad de tal documento no lo ha hecho la mayoría de las personas que lo han leído y que si creen que el tal informe fue dictado por el extinto para mostrar la situación en que, a su juicio, se encuentra México. Los hombres del credo de la víctima de Fleitas pensaron así de México desde hace muchos años; siguen pensando así; y para afirmar que están dentro de la razón, toman de aquí y de allá defectos mexicanos, los amplifican y los presentan como un todo imperfecto y digno de ser renovado por un grupo que tuviera la misma idea que ellos de México.

El temor del señor Díez de Urdanivia de que «tome un giro hostil nuestra actitud hacia España», por la publicación de tal informe, es pueril.

México ama a España. México no guarda hostilidad alguna contra España. Nuestra guerra de independencia liquidó los lazos políticos que nos unían con la que llamamos Madre Patria. Pero resentimiento por el trato que sufrimos durante la Conquista y luego en la Colonia, no lo abrigan los mexicanos de esta época. El tiempo ha ido sanando viejas heridas; tan viejas, que sus cicatrices ya se borraron. El concepto de que nuestra sangre es mitad india y mitad española lo tienen los mexicanos de esta generación.

Es contra el régimen del Generalísimo Francisco Franco contra el   —21→   que se vuelve la opinión del pueblo de México; sin duda porque se aparta de las ideas liberales que informan nuestra Constitución, nuestro modo de ver la vida, nuestro sistema político. Hemos separado a España de Francisco Franco. Tierra de hombres libres, México no puede aceptar trato alguno con país gobernado por un régimen totalitario.

El Gobierno de México, a partir del Presidente General Lázaro Cárdenas, que conservaba cordiales relaciones con España, no acepto reconocer el régimen que derrocó a la República Española. Ateniéndose a las normas de política internacional que informa la Doctrina Estrada, México no reconoce a ningún Gobierno emanado de la violencia. Y el régimen actual de España fue producto de la violencia, de un movimiento militar que reunió todas las características de movimientos semejantes que han ocurrido en México y que han conmovido profundamente, y causado inmensos males, al pueblo mexicano: un cuartelazo.

A este respecto, México ha sido secundado por la inmensa mayoría de los países de regímenes liberales y democráticos del mundo: ninguno de ellos acepta reconocer a un Gobierno totalitario, emanado de la violencia.

Los Presidentes que han sucedido al Presidente Cárdenas, han continuado la misma política internacional, que es la que está en todo de acuerdo con el sentir del pueblo: no se han establecido relaciones entre México y el régimen del Generalísimo.

De un folleto titulado México en la contienda mundial, y firmado por el Ministro de México, señor Armando C. Amador, actualmente jefe del Departamento del Comercio Exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores, tomamos este juicio que interpreta los motivos que tuvo México para no reconocer al actual Gobierno español.

Dice así el folleto en la pagina 14:

Conflicto español

El 18 de julio de 1936 estalló la rebelión encabezada por el general Francisco Franco, la que convirtió a la noble España en enorme campo de carnicería y llenó de duelo y horror cientos de miles de hogares.

  —[22]→  

Los tentáculos del monstruo totalitario se extendieron sobre el suelo español; la fuerza bruta del poderío italo-germano convirtió a España en campo de experimentación militar a la vez que de preparación para la expansión futura que ya se planeaba contra el resto de Europa y el mundo en general.

Pero si de los escombros humeantes de Guernica la hidra del totalitarismo surgió hasta para hundir a la humanidad en la tragedia que ahora la desola, también surgió de ellos -como el ave fénix- la fortaleza espiritual que anima a todos los pueblos democráticos para defender, con la última gota de sangre, el último reducto de su libertad.

Guiado por su constante anhelo de paz y de justicia universales, así como inspirado por su clara visión del futuro, México hizo esfuerzos indecibles -prácticamente solo- por ayudar al Gobierno legítimo de España y por aliviar los sufrimientos del abnegado y heroico pueblo español, no solamente sin apartarse de sus compromisos internacionales, sino mostrando absoluto respeto de su libertad.

En la sesión plenaria de la XVIII Asamblea de la Liga de las Naciones, el Delegado de México fijo claramente la posición de nuestro Gobierno.

«Respecto al conflicto español -dijo-, mi Gobierno, basándose en la experiencia de este año, considera como peligrosa la política de sustraer a la jurisdicción de la Liga los problemas fundamentales de la paz, tratando de ocultar la realidad en vez de afrontarla valientemente. Queremos creer que el espíritu que guió la creación de organismos extraños a la Sociedad de las Naciones fue inspirado en el deseo de evitar una conflagración mundial que pudo haberse desencadenado, según se afirma, si se hubiera aplicado rigurosamente el Pacto. Esa preocupación de salvaguardar la paz es perfectamente comprensible y merece nuestro más alto respeto.

»Planteado así el problema, la solución parecería irrefutable, sobre todo si se considera que los países que iniciaron esta política sacrificaron durante la Guerra Mundial millones de vidas humanas. La solución parecería irrefutable, repetimos, si no tuviésemos que hacer dos reservas importantes: en primer lugar, creemos que si al iniciarse la intervención extranjera en España, en vez de ignorarse las realidades, se hubiesen aceptado y se les hubiese aplicado el Pacto rigurosamente, esa intervención habría cesado, y la Sociedad de las Naciones, defendiendo los principios del Derecho de Gentes, habría alcanzado un resonante triunfo. En segundo lugar, en vez de decir   —[23]→   que se ha evitado la guerra, ¿no sería más justo decir que se prolongó en España y se aplazó en Europa?»

¡Y cuanta verdad encerraban, desgraciadamente para el mundo, estas palabras!

Así termina el Ministro de México, señor Armando C. Amador, en su folleto, la parte que corresponde al conflicto español.

¡Cuánta verdad! Fracasó la Liga de las Naciones. Han muerto en la última contienda más de 40 millones de víctimas. Nacieron las Naciones Unidas. Y en tanto que se sigue discutiendo entre las grandes potencias si les es conveniente establecer relaciones con la España de Franco, México sostiene su misma tesis y la confirman los Gobiernos que sucedieron al del Presidente Cárdenas: el no reconocimiento.

Ahora bien, los elementos interesados en lograr que México reanude relaciones con la España de Franco aprovecharon el asesinato del señor Gallostra y Coello de Portugal para atacar a los españoles que desde hace once años fueron acogidos por México. Sin pruebas, sin un estudio sereno, alocadamente, los partidarios del régimen actual de España acusaron a los refugiados españoles de ser elementos indeseables; y a nosotros, a los que tuvimos a nuestro cargo encauzar esa inmigración, se nos considera inconscientes instrumentos de grupos disolventes. Los artículos periodísticos en que se hacían cargos contra los refugiados, generalizando hasta a los convertidos en ciudadanos mexicanos, dieron motivo a que un grupo de ellos, todos destacados, todos de antecedentes honorabilísimos; y entre ellos algunos prominentes hombres de ciencia, redactaran el siguiente manifiesto que hicieron publicar en los diarios de México:

Los republicanos españoles a la opinión mexicana

Como españoles de convicciones y conducta republicanas que, desde hace diez años, compartimos la vida de México, queremos expresar serenamente ante la opinión mexicana la preocupación que entre nosotros existe por ciertos hechos recientemente producidos y por las consecuencias que determinados elementos, servidos por poderosos instrumentos de propaganda, se obstinan en sacar de ellos.

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No somos nosotros los llamados a juzgar la obra de nuestra emigración. Sabemos que sería siempre pequeña en correspondencia a la generosidad con que este país hermano nos abrió las fronteras, cuando el entronizamiento del fascismo por el triunfo de la barbarie y la traición nos cerró las de nuestra patria.

Pero nada nos enorgullece tanto, en el balance de estos diez años de destierro, como nuestra fidelidad inquebrantable a España, a sus libertades, a su democracia y a su República, unida a nuestra decisión de seguir luchando hasta ver a nuestra patria libre y dueña de sí misma. En nada creemos mostrarnos más dignos de la fraternal hospitalidad que México nos ha brindado al acogernos en su seno como a leales hijos del pueblo español.

Este sagrado derecho de asilo, que ha abierto para nosotros las puertas de México, es el que ciertas fuerzas oscuras, tomando pie de hechos tan oscuros como ellas y cubriendo de insultos y calumnias a la emigración republicana española, quisieran ver conculcado. La presteza perfectamente sincronizada con que se afanan en capitalizar aquellos sucesos, tratando de lucrarse impúdicamente con ellos, hace pensar, en consonancia con los demás antecedentes del caso, que tal vez su inspiración y su mano no andan muy lejos de la provocación misma de los hechos con que ahora se pretenden beneficiar. La emigración republicana nada tiene que ver, en todo caso, con la acción de ciertos turbios elementos, entregados al asiduo contacto con las representaciones franquistas y sostenidos por ellas.

Los hilos y los centros motores de esta vasta provocación deben ser buscados en los medios conspiradores de la Falange y el franquismo que, actuando fuera de la ley, se mueven con descaro, insolencia agresora y gran lujo de recursos, no en las filas de los republicanos, respetuosos de las leyes de México y fieles a sus postulados democráticos.

Estamos seguros de que el Gobierno español y el pueblo mexicano mantendrán el derecho de asilo para los republicanos españoles acogidos a él. Confiamos, asimismo, en que México, paladín en América de la justicia a la República Española, no desmentirá su limpia ejecutoria para sumarse a la acción -anunciada ya, sin recato, en la carta de Mr. Acheson- de quienes tratan de descargar nuevos golpes contra el pueblo español, maniatado, y de apuntalar al franquismo, como instrumento y servidor de planes enderezados contra los intereses de los pueblos, la independencia de las naciones y los avances de la democracia.

Por lo que toca a nosotros, españoles republicanos, queremos hacer aquí la solemne promesa de unirnos más estrechamente entre nosotros mismos, a la   —[25]→   luz de las grandes enseñanzas de la hora presente y de los indeclinables deberes que ésta nos impone a todos, para contribuir eficazmente, con nuestra unión y nuestra lucha, a la liberación de nuestra patria y a la recuperación de su República, como garantía única de libertad, de paz y democracia para el pueblo español.

México, D. F., 17 de marzo de 1950.

Doctor José GIRAL, Catedrático de la Universidad, ex Presidente del Consejo de Ministros; doctor HONORATO DE CASTRO, Diputado; doctor WENCESLAO ROCES, Catedrático de la Universidad, ex Subsecretario; doctor MARIANO RUIZ-FUNES, Catedrático de la Universidad, ex Ministro; doctor MANUEL MÁRQUEZ, Decano de la Facultad de Medicina de Madrid; FELIPE MORASCONADA; doctor JOSÉ PUCHE, Catedrático de la Universidad, ex Director General; RICARDO CASTELLOTE, Secretario Ejecutivo de la FOARE; JUAN REJANO, escritor; JOSÉ RENAU, pintor, ex Director General de Bellas Artes; ingeniero ADOLFO VÁZQUEZ HUMASQUÉ, ex Subsecretario; MARIANO JOVEN, Diputado, ex Gobernador; ingeniero MOISÉS BARRIO DUQUE, Diputado; profesora VENERANDA G. MANZANO, ex Diputada; profesor Luis GARCÍA LAGO; doctor MANUEL M. PEDROSO, Catedrático de la Universidad, ex Embajador; PEDRO GARFIAS, escritor; MIGUEL PRIETO, pintor; ENRIQUE LERMA; BENJAMÍN BALBOA, ex Subsecretario; JOSÉ DIÉGUEZ; JOSÉ MUNI; profesora AMELIA MARTÍN DE GUEREA; RAFAEL GUERRA, periodista; doctor FRANCISCO GIRAL, Catedrático de la Universidad; doctor VICENTE SARMIENTO, Diputado; ARTURO SOUTO, pintor; doctor ENRIQUE VEGA TRÁPAGA; doctor MANUEL DE RIVAS CHERIF, profesor de Universidad; doctor JOAQUÍN D'HARCOURT, Teniente Coronel Médico; RAMÓN RUIZ REBOLLO, Diputado; doctor JOAQUÍN MORÍ; doctor RICARDO FANDIÑO; FÉLIX GALARZA, abogado; ROBERTO F. BALBUENA, Arquitecto; profesor RICARDO VINÓS, Catedrático; JULIÁN CALVO, abogado; ingeniero ODÓN DE BUEN; profesora EMILIA ELÍAS, de la Escuela Normal Superior; doctor JUAN VICENS, bibliotecario; FÉLIX TEMPRANO, Diputado; MARTÍ ROURET, Diputado del Parlamento Catalán; JOSÉ I FOLC, Diputado al Parlamento Catalán; MIGUEL RENGEL; GABRIEL MORÓN, ex Diputado; doctor JOSÉ I. MANTECÓN, bibliotecario; doctor MARIANO CAJAL PEIRONA; profesor ANTONIO BALLESTEROS, de la Escuela Normal Superior; doctor ANTONIO RALLO; JOSÉ FERNÁNDEZ PANERO; PEREGRÍN GURREA; JESÚS DE LA VALLINA; JESÚS BUSTAMANTE; MARCIAL FRIGORET; profesor EUGENIO MORENO (siguen más firmas).

Diáfano, limpio, está expresado el pensamiento de los republicanos españoles exiliados; pero nosotros podemos afirmar que los demás exiliados, los que no firmaron el manifiesto, cuando menos la inmensa mayoría de ellos, están animados por el mismo sentimiento de adhesión a México, de gratitud a este país que les dio asilo y que ya los considera como hijos de su suelo y de su propia familia.

Millares de hombres y de mujeres españoles que formaron la emigración española, hoy laboran en México con toda honestidad, ya en las   —26→   cátedras universitarias, ya en colegios particulares, ya en las escuelas, en universidades, en el periodismo, en la industria, en la agricultura y en muchas otras actividades que producen bienestar al país y que amplían sus fuentes de riqueza.

Haremos un somero análisis de las emigraciones de españoles a México, para dar a conocer la calidad humana de las mismas, y de ello deducir los bienes que nos ha proporcionado la corriente de esa clase de extranjeros.

Desde luego tenemos que referirnos a los conquistadores que con Hernán Cortes vinieron a poblar la Nueva España. Hombres ambiciosos de riqueza y de imponer su fe a los pobladores de estas tierras, no repararon en los medios para lograr sus propósitos. A cambio de la libertad que quitaban a los indígenas y del despojo que hicieron de sus bienes, les daban el idioma, la religión y algunas de las costumbres de España.

Estos emigrantes fueron mezclando su sangre a la de los aborígenes. A través de siglos, formaron una unidad racial, nueva en el mundo: el mestizo de español e indio mexicano. Esa unidad racial, discutida por muchos, es ahora la que forma la mayoría de la población de la República Mexicana.

Dejemos a los sociólogos e historiadores que digan cuáles fueron las virtudes y cuáles los vicios que los mestizos heredaron de sus antepasados. Ha de ser tarea muy ardua el llegar a conclusiones; y, tal vez, de imposible comprobación.

Terminada la dominación española por la guerra de independencia, se inició una emigración que duró hasta el año de 1939. Esa emigración ha sido juzgada como escasa de valor para México.

Nosotros no la consideramos así. No podemos subestimar a los emigrantes iberos de la época de la Reforma y de la Dictadura de Porfirio Díaz por la única razón de que entre ellos no vinieran intelectuales. El grupo selecto que forman los sabios y los artistas no encontraba ningún estímulo en estas tierras. Se componía la emigración de hombres de trabajo, en su mayoría jóvenes campesinos que eran enviados por sus familiares   —27→   a que hicieran fortuna en México. El medio que empleaban los emigrantes para triunfar en nuestro país era el rudo trabajo del mostrador en las tiendas de abarrotes y en las cantinas; los más audaces hallaban colocación en las haciendas, como capataces de peones, o en los ingenios de azúcar, que los mismos españoles conquistadores habían fundado en las tierras pródigas del Sur de México.

Simples empleados de tiendas y cantinas, o simples capataces, los iberos radicados aquí acumulaban sus ahorros, durante años, para poner una tienda, o una cantina, o adquirir un pequeño rancho. Logrado esto, solían regresar a su terruño, a mostrar con orgullo a sus coterráneos la opulencia que disfrutaban.

Esa era la vida, esa la única actividad de aquellos españoles.

Naturalmente, esos hombres no influyeron en los destinos de México. Su pensamiento no desvió, ni fortaleciendo ni debilitando, el pensamiento de México. No se aumento con su aportación de trabajo manual la riqueza del país. Dentro de aquella turba de emigrantes que venían en las calas de los buques españoles y desembarcaban en Veracruz para ser conducidos a diversos lugares de la República, sólo unos cuantos se destacaron por su capacidad extraordinaria de agricultores, como los hermanos Remigio e Íñigo Noriega, que llegaron a figurar como personajes entre los más conspicuos extranjeros adictos al régimen. Y, como ellos, otros estimabilísimos españoles que fundaron grandes factorías textiles, bancos, cervecerías e industrias de otro género. Todos estos hombres, progresistas y buenos elementos sociales, formaron la pequeña élite de prohombres de la Colonia Española.

De esos españoles destacados, los hubo que fundaron casinos regionales de cierta importancia, como el Centro Gallego, el Centro Asturiano, el Centro Vasco, el Orfeón Catalán y el Casino Español, centro que reunía a los hombres más opulentos de la Colonia Española.

Con óbolos de los españoles que formaban la inmensa mayoría de la Colonia se fundó y sostuvo la benemérita Beneficencia Española, institución de auxilios médicos que ha prestado enormes servicios a los enfermos de la Colonia Española.

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Los directores de esos grupos, hijos de humildes emigrantes campesinos que habían venido a México hacia muchos años, no pudieron presentar a México, en pago de la hospitalidad que habían recibido, un centro de cultura. Pero, eso sí, su conducta y sus merecimientos dentro del mundo social, es decir, en el grupo de los dirigentes mexicanos, fueron muy apreciados.

«El Correo Español» y «El Diario Español», los dos periódicos editados por un reducido grupo de intelectuales de la Colonia Española, no señalaron nuevos rumbos a los mexicanos; ni a los hombres de ciencia, ni a los industriales, ni a los propios comerciantes que los sostenían.

A eso se redujo la acción de la Colonia Española en México, en los años de la dictadura porfirista. Para ellos, en México, lo mismo que para aquellos de sus compañeros que iban a los Estados Unidos, Argentina, Cuba y otros países del Continente Americano, no había otro objetivo que ganar mucho dinero para regresar un día a Europa, donde recibían el título de «ricos indianos».

Esta emigración no tuvo nunca obstáculo de parte del Gobierno del Presidente Díaz; y si las simpatías del dictador, que contaba entre sus buenos amigos a todos los hombres acomodados de la Colonia. Pero ni pasaportes, ni documentos, ni requisitos de fortuna les eran reclamados a los emigrantes.

La emigración española, a partir del año de 1939, fue totalmente diferente a la anterior. Ya no era el rudo hombre del campo; ya no el ambicioso de hacer fortuna a través de años de sacrificios tras el mostrador de una tienda de abarrotes o manejando brutalmente a los peones indígenas de las haciendas; ya no los jovencitos, casi niños, que en las calas de los buques españoles venían a estas tierras y eran desembarcados en Veracruz como bestias.

Ahora eran intelectuales de fuste, profesores, sabios, industriales, obreros especializados, militares: todos ellos combatientes de una jornada sangrienta que se libraba en España: la lucha de la República contra la fuerza militar que había vuelto las armas que el Gobierno les había confiado contra el mismo Gobierno. Los nuevos emigrantes se parecían   —29→   a los antiguos en una sola cosa: en que no venían con bienes de fortuna. Si los segundos no la traían sino en la fuerza de sus brazos y en la esperanza de hacerla en México, los nuevos venían vencidos, desorientados, despojados de cuanto tenían y con el recuerdo de que sus vidas habían sido amenazadas y sus ideales de libertad pisoteados por una turba de militares ambiciosos.

Como tantos otros emigrantes que han fundado en América pueblos y hasta naciones, los emigrantes republicanos venían perseguidos por sus ideas. Eran, por tanto, dignos de ser recibidos con los brazos abiertos. Y quienes deberían haberles tendido los brazos, quienes deberían haberlos acogido como a hermanos en desgracia, eran sus paisanos, los antiguos residentes españoles que vivían una vida holgada en México.

México presenció, en aquellos días -y presencia todavía-, algo verdaderamente inusitado: los antiguos residentes españoles rechazaban y rechazan a los que forman la emigración de 1939, a los defensores de la República, a sus hermanos de sangre.

Es inexplicable esta actitud porque el bienestar de que disfrutaban los españoles de la antigua colonia en México se debía a la libertad, al régimen republicano, a las mismas ideas por las cuales hablan luchado los nuevos emigrantes.

El régimen que iba triunfando en España no reconocería el valor intrínseco del trabajador español que luchaba por la vida en América; ni siquiera sus hombres alternarían con los que se enriquecieran: era hostil a los humildes, era negativo para los que no ostentaban títulos de nobleza.

¿Por que, entonces, defenderlo ideológicamente, atacando a los republicanos?

La falta de lógica de esta actitud salta a las claras y descubre poca comprensión de parte de los que deberían haber recibido a sus hermanos, dándoles ayuda moral y material, ya que pertenecían -salvando las distancias de la cultura y de la inteligencia- a la misma clase de españoles.

Queremos hacer hincapié en esto porque, para nuestro pequeño estudio de las dos emigraciones, lo juzgamos de capital importancia.

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El documento del señor Gallostra, publicado en «El Universal» y en otros periódicos de importancia en México, es un fiel reflejo de la ideología española que norma el Gobierno actual de España. Por él se descubre que los aristócratas, los terratenientes y los burgueses que dominan en el régimen de Francisco Franco son extraños -hostiles, mejor dicho- a las clases humildes de trabajadores de la ciudad y del campo. Los «señoritos» franquistas, nunca tenderán la mano a los hombres pertenecientes a las clases más necesitadas. Ellos saben que los componentes de esta colonia -y las de muchos otros países hispanoamericanos- proceden de las capas más humildes de la sociedad: campesinos desposeídos a través de un proceso histórico que arranca de la época feudal y que subsistió en regímenes aristocráticos donde los latifundistas eran dueños únicos de la tierra y de sus bienes.

Saben muy bien los franquistas, y por eso desdeñan a sus compatriotas, los españoles de la antigua colonia en México, que estos vinieron en las peores condiciones económicas; y saben muy bien que los gobiernos pasados, como el presente, nada hicieron por ellos. La monarquía ignoró a los españoles en México. Esfuerzo, perseverancia y sacrificios sin cuento fueron desconocidos por la monarquía.

Y, sin embargo, estos hombres de trabajo que no presentaron ningún problema a los Gobiernos hispanoamericanos y que colaboraron, en su humilde esfera, en el progreso del comercio, no recibieron jamás ayuda alguna, ni estímulo, ni consideraciones, nada que significara que el Gobierno de su patria se mostraba satisfecho de sus actividades.

Y eso, por una razón que todo lo explica: en España existieron siempre dos clases: la aristocrática, la de los nobles y «señoritos» orgullosos de su cuna; ociosos, ricos por los privilegios de que disfruta su sector, y el humilde, el campesino, el burgués que carece de títulos y que ni cuando logra hacer fortuna, es apreciado por los que tienen en sus manos las riendas del Gobierno.

La antigua Colonia Española de México no se dio cuenta de este hecho que se presentaba con claridad meridiana ante el mundo. No comprendió que los que luchaban por la República, luchaban por el bienestar   —31→   de todos los españoles; que el régimen que derrocó a la Monarquía y que ahora apuñalaba el franquismo, era para procurar la felicidad de todos los hijos de España.

Nunca comprendieron los españoles radicados en México hasta 1939, que España estaba haciendo la revolución necesaria para salvar sus destinos; al igual que la habían hecho Inglaterra, Francia y Alemania en los últimos siglos. Ni comprendieron que esa revolución sólo podía realizarla la pequeña burguesía intelectual española, sacrificando todo para romper para siempre el sistema feudal-terrateniente-clerical que impedía el desarrollo de las fuerzas productivas de España y cuyos últimos desastres habían sido el Tratado de París de 1898 y la absurda guerra de Marruecos, que acabó con el Pacto de Algeciras.

Y no comprendieron -no estaban capacitados para ello- los españoles de la Colonia de España en México, que con sacrificios enormes, los intelectuales revolucionarios de España realizaron el máximo, supremo esfuerzo para abatir aquel Régimen. Y que ahora, cuando se iniciaba una era de grandeza en España; ahora, cuando surgía una nueva España, más acogedora para todos los españoles, las castas militares, aristocráticas y latifundistas asesinaban a la República.

Volvía a caer todo el territorio de España en manos de sus antiguos detentadores; de los que obligaban a emigrar a los campesinos; de los que no entendían el esfuerzo de los de abajo; de los que venían con los más viejos prejuicios a aplastar las libertades y el desenvolvimiento intelectual y económico de España. Tornarían a salir para América, en busca de trabajo, los campesinos y los obreros. Volvería a pesar sobre el pueblo español, como la losa de una tumba, la noche del obscurantismo con todos los horrores que impone la brutal fuerza de los militares.

Favoreció la emigración de los republicanos, en primer término y en la hora más angustiosa para aquellos que habían luchado por el sostenimiento de la República, el Gobierno de México. Era lógico que un país informado en las doctrinas liberales, de régimen democrático y representativo, que por muchos años lucho para lograr libertarse de las fuerzas regresivas que pesaban sobre su pueblo, viera con simpatía a los republicanos   —32→   españoles, hijos de una patria semejante a la nuestra y soldados de una misma causa.

El fragor de la lucha de los republicanos españoles lo escuchaba el corazón de los mexicanos. País amante de la libertad, México sentía el dolor de ver que la soldadesca de Francisco Franco trataba de arrebatar a España sus libertades, su propia vida de nación libre. Y de ahí que las simpatías del pueblo de México hacia el pueblo español, se manifestaran desde el primer día en que se encendió la lucha en España; y que se conservaran, como hasta hoy, vivas.

En aquellos días estaba al frente del Gobierno de la República Mexicana el Presidente General Lázaro Cárdenas, revolucionario, hijo del pueblo, hombre lleno de fe en los destinos de su país; liberal y fiel guardián de la Constitución Política de México -informada totalmente en las ideas más avanzadas. El Gobierno Mexicano tenía su representante ante la República Española y esta a su vez tenía su Embajador en México. Las mejores relaciones existían entre los dos países porque los dos pueblos, el español y el mexicano, siempre fueron amigos.

De ahí que a medida que el criminal movimiento franquista iba avanzando, ayudado por todos los gobiernos de régimen totalitario, el pueblo mexicano manifestara su más firme adhesión al pueblo español; y que el Gobierno diera los pasos para atender a la emigración española, compuesta, en su totalidad, de refugiados republicanos que pedían asilo a nuestros representantes diplomáticos en Francia.

De ese modo se inicio la emigración española. La forma en que se prestó auxilio a los refugiados en Francia, la daremos a conocer en las paginas siguientes.

Antes de hacerlo, tenemos que referirnos a la política que desarrollaron dos gobiernos de México, sucesores del Presidente Cárdenas, los del general Manuel Ávila Camacho y del licenciado Miguel Alemán.

Como el Gobierno que al principio de la lucha de la República resolvió abrir las puertas de México a los republicanos españoles, el del Presidente Cárdenas, los de los Presidentes Ávila Camacho y Alemán ayudaron a los refugiados republicanos españoles. La misma política de prestar   —33→   auxilios inmediatos y más tarde el asilo de la tierra mexicana, fue la del Presidente anterior al actual que la del presente, licenciado Alemán.

Sin duda que estos tres Gobiernos respondían a las aspiraciones del pueblo mexicano. Sin duda que obraron de acuerdo con el pueblo, pues no hubo un sólo ataque a esa política de parte de los mexicanos de ideas liberales, que forman la inmensa mayoría de la nación; y sólo se escucharon voces de protesta de antiguos residentes españoles.

Que procedieron los Gobiernos de los Presidentes Cárdenas y Ávila Camacho interpretando fielmente los sentimientos del pueblo, y que la actitud del Presidente Alemán, igual en todo a la de sus antecesores, es la que corresponde a la hidalguía y nobleza del pueblo mexicano, quedó demostrado. No podía México proceder de otra manera: su vida ha sido, desde el día en que estalló el grito de independencia, un fervoroso anhelo por conseguir la libertad, por alejar del poder a las fuerzas regresivas que lo abrumaban en la época de la Colonia y que lo han amenazado siempre. México, ayudando a los luchadores de la República Española, fue fiel a sus ideales, consecuente con su historia.

Defender la causa de la República era defender la suya propia. Era volver a alzar la bandera de las reivindicaciones sociales; proclamar la igualdad de los hombres, la abolición de los privilegios, la libertad de expresión, el disfrute de los bienes de la tierra por todas las clases sociales.

Fue, pues, el pueblo de México el que recibió a la emigración española más valiosa de cuantas ha tenido hasta la fecha este país; formada por una brillante generación de sabios, de investigadores, de artistas, de profesores, de hombres de empresa, de idealistas, de filósofos, de obreros especializados.

Creemos que nunca en la historia del mundo tuvo un país, sólo en once años, una emigración como la que representa la de los republicanos españoles a México. Los Gobiernos de los tres Presidentes ya mencionados abrieron las puertas a elementos que eran la prez y honra de España. Sólo la ceguera provocada por las ambiciones de los hombres de Francisco Franco estaba impedida para valorar lo que expulsaba de España y que iba a honrar a otro país: México. Los grandes valores literarios, algunos   —34→   científicos de reputación mundial, hombres capaces de emprender grandes, gigantescas tareas de mejoramiento económico de grupos sociales, fueron arrojados del suelo de su patria, para venir a convivir con los mexicanos, que los acogieron y conviven con ellos como hermanos, que miden y aprecian sus grandes méritos, que reconocen sus excepcionales cualidades humanas.

Tratamos de hacer un balance, en forma muy breve, pues de hacerlo a fondo se necesitarían muchos volúmenes, de los principales valores que nos trajo la emigración de 1939. Apuntaremos algunos de sus hechos y parte de sus obras.

Antes, hemos de señalar el camino doloroso que recorrieron desde la caída de la República Española, cuando cruzaron la línea divisoria de su patria para internarse en Francia, donde los recibimos salvándolos de los campos de concentración, de las cárceles, de mil sufrimientos, de la miseria, del frío, del hambre, de la misma muerte.

En ese relato que haremos, y que es poco conocido de nuestros compatriotas, podrá verse cómo cumplimos los miembros del Cuerpo Diplomático y Consular Mexicano acreditado en Francia la misión que tan grata nos fue, y que nos encomendó el Gobierno de México, de ordenar el cauce de la última emigración española a nuestra patria.

Adelantamos estos datos:

Desde 1939, México atendió al problema de salvar vidas de los republicanos españoles expulsados de su país por las tropas franquistas.

Antes de pisar tierra mexicana, los refugiados españoles ya habían ido asimilando algunas de nuestras costumbres, y ya estaban dispuestos a poner todo su esfuerzo en el mejoramiento económico e intelectual de México, como un acto primo de gratitud por la ayuda que les habíamos prestado salvándolos de la miseria y de la muerte.

Hablaremos de la vida de los refugiados desde que cruzaron los Pirineos, el penoso camino que se presentó a su paso: de los castillos de la Reynarde y de Montgrand, de los barcos «Mexique», «Ipanema», «Sinaia», «Winnipeg», «Serpa Pinto» y «Quanza».

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En todo ese trayecto, de los Pirineos a México, los refugiados fueron tratados con todas las consideraciones que se merecían; recibieron repetidas pruebas de que el pueblo de México los acogería con cariño. Sólo al llegar a estas tierras, ya establecidos, algunos de sus hermanos de raza y de sangre, los viejos residentes de la Colonia Española, les lanzaron denuestos.

Pero nos toca decir lo que en once años de labor, esos cuantos hombres han realizado. Once años, desde aquellos días en que abandonaron, ya llevando en el alma un hondo cariño por México, el viejo «Castillo de la Reynarde» y las costas de Francia.



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ArribaAbajoSegunda parte

Cómo se encauzó la emigración hacia México


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Cómo se encauzo la emigración de los republicanos españoles; la forma como fueron recibidos en Francia por las autoridades consulares; a qué puntos ideológicos tendió la labor de los funcionarios mexicanos encargados de dar asilo a los que lo solicitaban, para crear en su ánimo un sentimiento de adhesión a México; una exposición precisa de las condiciones físicas en que se hallaban los refugiados en los campos de concentración; el gesto generoso de México para aquellos desventurados seres a los que se les había arrebatado la libertad y sus bienes materiales. Todo eso está comprendido en el relato que damos a continuación.

Los refugiados españoles podrán atestiguar que esto que asentamos es rigurosamente exacto. Nuestros compatriotas que lean estas líneas y que por ellas conozcan lo que hizo su Gobierno por millares de expatriados de España, sin duda que no se explicarán por qué nosotros, humildes funcionarios del Cuerpo Diplomático Mexicano, que pusimos nuestro empeño en obedecer los mandatos del Gobierno de México, no dimos hasta ahora a conocer una actitud y una labor que honran a México.

De este relato se desprende que todos los emigrantes de aquellos tiempos, todos, sin exceptuar uno sólo, deben tener un vivo afecto para México; tan grande como el que sintieron de repulsión por los sufrimientos que pasaron antes de que los brazos de nuestra patria los acogiera generosamente.

Cerca de Marsella, Francia, a unas cuantas horas de camino, se encontraban los campos de concentración de Gurs, Agde, Septfrond, St. Cyprien, Argelis sur Mer y Vernet de Ariège. En este ultimo lugar parecía reconcentrado todo el horror de la Gestapo: cadena de dramas, infierno, horrores sin límite.

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En aquellos campos de concentración se hallaban refugiados más de trescientos mil españoles: hombres, mujeres, niños. Entre ellos había seres de otras nacionalidades y de otros países; pero todos ellos víctimas del movimiento nazi-fascista-franquista.

Aquellos campos eran una trampa en la que habían caído y de la que no esperaban salir sino cuando la muerte se apiadara de ellos. De un lado tenían la frontera española, ocupada ya por tropas de Francisco Franco; del otro, el territorio francés, invadido pronto por las tropas de Hitler.

No son narrables los padecimientos que sufrían aquellos desventurados en los campos de concentración. Para aumentar sus padecimientos, sufrían maltratos de los soldados y policías que los guardaban tras las alambradas. Vivían a la intemperie, dentro de una promiscuidad horrible, mal alimentados, sin servicios sanitarios, peor que bestias.

A unos cuantos kilómetros de aquellos lugares donde se extinguían centenares de vidas dentro de las privaciones y los horrores más grandes de cuanto puede sufrir un ser humano, se alzaba, sobre el pintoresco camino que va hacia el pueblecillo de Le Menet, en la jurisdicción de Marsella, un vetusto y enorme edificio, el Castillo de la Reynarde. En lo más alto del torreón del Castillo, ondeaba una bandera al viento, extraña para los hombres de la región, pero bella porque simbolizaba a una patria distante de los horrores que se registraban en la vieja Europa: México. En la puerta de la mansión, se veía este titulo: «Residencia de los Estados Unidos Mexicanos».

A cinco kilómetros de este refugio, otro viejo castillo ostentaba el mismo título y se cobijaba bajo la misma bandera, el Castillo de Montgrand.

Cuando llegó a los campos de concentración la noticia de que México abría sus fronteras a los refugiados en aquellos antros, todas las miradas de hombres, mujeres y niños se volvieron hacia los dos Castillos, que eran como puertos de salvación en el tremendo naufragio de la República Española.

Puestas las manos en la obra de salvar vidas humanas, los funcionarios diplomáticos y todo el personal de los consulados mexicanos se dedicaron con todo empeño a realizar la tarea de salvación. Empezaron a   —41→   llegar los refugiados, a sentirse libres, a volver a gozar de la libertad, en las tierras de México.

La pesadilla de la guerra, más horrible cuando los agitaba en los campos de concentración, ahora iba desapareciendo. Sí, podían vivir nuevamente: México les abría los brazos.

Los nombres de nuestros diplomáticos empeñados en la noble misión, eran pronunciados con cariño por los que entraban al Castillo de la Reynarde: Gilberto Bosques, Fernando Alatorre, Pedro Inzunza, José M. Zapata, González Roa, Eduardo Prado y los de todos los que servíamos en el Cuerpo Consular.

Las órdenes que nos eran transmitidas a diario por nuestro Gobierno podrían condensarse así: salvar de la muerte a los amenazados; ayudarles moral y económicamente; trasladarlos a México.

Y aquellas órdenes las cumplíamos, todos, con entusiasmo, porque satisfacían un anhelo de nuestro corazón de mexicanos y por simple sentido humanitario al descubrir la triste condición de los que llamaban a nuestras puertas sin pan, sin abrigo, amenazados de muerte.

El Castillo de la Reynarde fue escogido para dar asilo temporal a los refugiados hombres. El de Montgrand, para las mujeres y los niños.

El primero poseía unas cuantas hectáreas de tierras abandonadas. En ellas dimos trabajo a los refugiados que pudieran desempeñar tareas de hombres de campo; y pronto las convirtieron en productivas huertas.

En el Castillo de Montgrand fueron establecidos dos centros escolares, uno con el nombre de «Presidente Lázaro Cárdenas» y el otro con el de «Presidente Manuel Ávila Camacho». En estos centros recibían instrucción los niños de los republicanos durante el tiempo que permanecían allí antes de ser embarcados para tierras de América.

Recordamos en estos momentos el aspecto físico que tenían los refugiados republicanos al llegar de los campos de concentración: demacrados, cubiertos de andrajos, con tardo paso, se presentaban a las puertas de la casa de México: alzaban los ojos a la bandera que ondeaba sobre el viejo castillo y permanecían allí, frente a la puerta, inmóviles. Tal vez por su mente pasaba el temor de que su calvario se prolongaría en aquel lugar.   —42→   ¿Qué les esperaba en la casa donde iban a refugiarse? ¿Sería por su bien? ¿O nuevos males, otros más en la cadena iniciada en su lucha contra los sublevados de Francisco Franco, iban a salirles al encuentro?

A la puerta del viejo Castillo de la Reynarde eran recibidos por uno de sus compañeros que tenía el carácter de «policía» y que les mostraba su placa con los colores de la bandera mexicana. Escuchaban la recomendación de no detenerse ni por un instante, ni desviarse del camino que tenían que seguir hasta el fondo de la propiedad, donde se encontraban las oficinas administrativas; el tramo era franqueable en unos diez minutos.

En el camino iban descubriendo rostros conocidos, ya de amigos, ya de familiares, ya de compañeros de armas. A los azorados recién llegados los recibían con gritos de entusiasmo; sus allegados les daban cita para cuando pasaran el examen médico a que eran sometidos invariablemente.

El azoro de los recién llegados no pasaba aun cuando aparecían frente al médico. Flacos, algunos cubiertos de llagas, todos sucios y cansados, aquellos hombres empezaban a sentir alivio cuando los examinaba el doctor Lara Pardo, que tenía a su cargo la dirección de servicios médicos, y les recetaba para curar sus males y para fortalecerlos, pues algunos daban alarmantes muestras de debilidad por los largos meses de miseria que habían sufrido en los campos de concentración.

Del servicio médico pasaban a la dirección, donde se les instruía de las obligaciones que deberían cumplir durante su permanencia en la Casa de México.

Ropa, cama limpia, buena comida y consuelo moral era lo que recibían los refugiados españoles desde el primer día de su estancia en la residencia de los Estados Unidos Mexicanos.

El cambio que se operaba en ellos a los pocos días de estar entre nosotros era grandísimo: físicamente se transformaban en otros hombres, tornaban a ser lo que habían sido antes; y algunos de ellos lloraban lágrimas de gratitud por el asilo que les brindaba México; moralmente desechaban todos sus temores de parecer victimas de sus enemigos; ahora veían la posibilidad de rehacer sus vidas en un país libre; tal vez hasta de continuar su lucha interrumpida por la traición de Francisco Franco.

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Cuando la noticia de la forma en que eran recibidos y salvados los primeros refugiados llegó a los campos de concentración, el Consulado General de México en Marsella se vio invadido por una lluvia de solicitudes, pidiendo auxilio. Las cartas y los telegramas estaban llenos de frases angustiosas y en todos ellos se pedía auxilio inmediato.

Llegaron a recibirse en el Consulado hasta dos mil cartas diariamente, y más de trescientos telegramas.

Los trabajos se organizaron bajo la dirección de Gilberto Bosques, Cónsul General en Marsella, y del jefe de la misión en Vichy, General Francisco Aguilar.

Disponían cada uno de estos jefes, de un pequeño grupo de colaboradores empleados en el Servicio Exterior Mexicano y de refugiados, que se mostraban muy solícitos en prestarnos sus servicios.

La documentación para enviar a los refugiados a México tenía que seguir un trámite muy complicado, pues era preciso someterla a la aprobación del Gobierno de Vichy. Encargado de lograr tal tramitación lo era nuestro jefe de misión, el General Francisco Aguilar, quien una vez obtenida la enviaba al Consulado General en Marsella.

Mientras se lograba la aprobación de documentos, transcurrían largos días, semanas, hasta meses. Vimos en aquellos días lo que significaba la larga espera, pues fuimos comisionados para visitar los campos de concentración y las ciudades de Perpignan, Toulouse y Montauban. Los desventurados que esperaban ayuda, estaban allí, durmiendo sobre la tierra, en barracas sin ventanas, sin ropa que cambiarse, sin agua para asearse, desfallecientes de hambre. Catedráticos de avanzada edad, intelectuales, artistas, filósofos, sabios investigadores, campesinos, obreros, militares..., todos recibían el mismo trato que les iba arrebatando la vida.

Pero al hablar con ellos, al escucharlos, descubríamos que a todos los animaba la misma idea que los llevara al triste estado en que se encontraban: todos anhelaban el triunfo de la República. Férreas voluntades, energías titánicas, les daban valor y fuerza para soportar aquellos martirios.

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Nuestra visita a Montauban nos dejó un recuerdo imborrable. Recordamos que durante 18 horas consecutivas permanecimos de pie, estrechando las manos que se nos tendían para saludar en nuestras personas a México, donde los vencidos querían hallar refugio. Sólo por breves momentos nos inclinábamos sobre la mesa donde anotamos los datos necesarios para iniciar la repatriación de los desventurados republicanos. He dicho que estrechamos las manos de todos. Es un error: muchos de ellos, guerreros en la gran contienda y en defensa de la República, carecían de manos.

Nuestra emoción era muy honda porque en aquel desfile vimos pasar a los recios luchadores que durante tres años consecutivos defendieron Madrid; a los heroicos soldados que derrotaron a los italianos en Guadalajara; a los valientes que escribieron páginas de gloria en la batalla del Ebro.

Allí, en Montauban, oí relatos crispantes de los horrores que sufrían los condenados a vivir en los campos de concentración. Tragedias espantosas. Una pobre mujer, viuda de un soldado republicano, angustiada por la espantosa miseria en que vivía, enloqueció y arrojó a su tierna hija de dos años de edad al río que atraviesa la ciudad, y tras de ella se lanzó al torrente, donde se ahogó.

Para regir los destinos de la pequeña comunidad, de más de dos mil quinientos habitantes, de los Castillos de la Reynarde y de Montgrand se había redactado y puesto en vigor un reglamento. A él tenían que someterse todos los refugiados que encontraban asilo en aquellas tierras cobijadas por la bandera de México. Desde luego se impuso el trabajo obligatorio para todos; pero esto con la mira de darles ocupación, más que de aligerar el peso de su sostenimiento, pues el Gobierno de México situaba periódicamente las cantidades que representaban los gastos, bien crecidos por cierto, pero necesarios para realizar la gran obra humanitaria.

De acuerdo con las aptitudes de cada uno, era su trabajo. Quiénes, hacían sillas y mesas; quiénes, trabajaban en las hortalizas; otros hacían pan; los carpinteros, muebles; los músicos organizaron una orquesta sinfónica que alegraba las horas de descanso; los maestros impartían sus   —45→   conocimientos. Todo esto se realizaba con alegría, sin que capataces ni hombres rudos obligaran a nadie al trabajo.

Había servicios de policía; hasta jueces que aplicaban penas a los infractores de los reglamentos, cosa que ocurría muy de tiempo en tiempo.

La calidad de un grupo de los refugiados era tal, que con sus trabajos artísticos se organizó una exposición que fue muy visitada por la gente de los contornos, la que quedó verdaderamente sorprendida de la capacidad de los artistas expositores.

Se otorgaron premios a los que más se distinguieron en la realización de obras de arte, y en un pequeño teatro se representaron piezas folklóricas españolas, dramas y comedias.

Al mismo tiempo se instruía a los refugiados sobre la historia de México. La vida de los grandes revolucionarios mexicanos les fue presentada en conferencias que escuchaban con un gran interés. Los nombres de don Benito Juárez, de don Francisco I. Madero, de Emiliano Zapata; la epopeya de la Revolución Mexicana; la personalidad de los presidentes generales Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho; y los esfuerzos para encauzar la emigración del entonces Secretario de Gobernación, licenciado Miguel Alemán, les eran familiares cuando arribaban a playas mexicanas.

Aquella obra de México había creado dos «poblaciones», la del Castillo de la Reynarde y la del Castillo de Montgrand. «Les villages mexicains» como les denominaban los franceses de la región de Marsella.

En el primero se encontraba la residencia de los hombres; en el segundo, la de las mujeres y niños. Los domingos se reunían en el Castillo de la Reynarde, unos y otros, en una gran fiesta que duraba todo el día. A veces eran matrimonios los que celebraban aquellas reuniones y se entretenían en charlar y en jugar con sus hijos, si los tenían. En otras, hallaban los hombres a sus amigos o vecinos del pueblo allá en España; o bien formaban tertulias con simples conocidos. A todos los unía la adversidad. A todos los animaba la misma esperanza de encontrar su liberación definitiva cruzando el mar y estableciéndose en tierras de México.

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La amenidad de aquellas fiestas domingueras aumentaba con la presencia de los funcionarios diplomáticos mexicanos, que asistían a ellas acompañados de sus familiares: el Cónsul General, Gilberto Bosques, con su esposa y sus hijos, concurría a los campos donde se jugaban los deportes, y después al teatro donde se cantaba y se reía. El General Francisco Aguilar, nuestro jefe de misión, alentaba con su charla festiva a los refugiados, y con los altos funcionarios estábamos todos nosotros los componentes del Cuerpo Consular, Edmundo González Roa, nombrado administrador en jefe de los Castillos, Pedro Inzunza Zapata, Prado, Carlos Serrano, Fernando Torres Vivanco, y otros. Solla acompañarnos en nuestras visitas domingueras a los Castillos, el Cónsul Fernando Alatorre, muy querido de los refugiados, que se conmovía profundamente al ver aquella muchedumbre de seres anhelantes de paz después de haber librado las grandes batallas de la República.

Los dos Castillos eran, para los republicanos refugiados, una extensión de la tierra de México que les permitía pensar en rehacer sus vidas.

Desde los primeros embarques de refugiados, ocurridos antes de la declaración de guerra de las potencias que entraron al conflicto mundial, a los siguientes, ya en plena guerra, pasaron tres años. Los primeros refugiados habían salido para México a bordo de los barcos «Sinaia», «Méxique», «Winnipeg» e «Ipanema».

Falta de barcos que tocaran los puertos de México y retardo en las negociaciones con las autoridades de Vichy motivaron que se aplazara la fecha en que nuevos grupos de refugiados españoles fueran enviados a México.

Mientras tanto, todos los funcionarios mexicanos de la región de Marsella seguían trabajando de acuerdo con las instrucciones que recibían sus jefes del Gobierno de México. Las labores eran tan arduas para cada uno de nosotros, que significaban grandes esfuerzos para su realización. Noches en vela; tensión nerviosa; vivas emociones por los cuadros de angustia y de dolor que pasaban ante nuestros ojos: era lo que teníamos que afrontar para cumplir con nuestra misión. Pero nos causaba verdadera dicha saber que todo ello tenía como fruto la salvación de millares de   —47→   vidas humanas, y el incorporar a México nuevos y valiosos elementos que cooperarían en múltiples actividades productivas de la patria mexicana.

Por Casablanca, África del Norte, el Havre, Burdeos, Saint-Nazaire, por Marsella y a través de Santo Domingo, Cuba, vía Nueva York y Veracruz, fuimos enviando más y más refugiados.

Al embarcar los refugiados republicanos españoles, en Casablanca, África del Norte, recibían a bordo del barco unas hojas en las que les recomendaba asimilarse a nuestro país, cumplir con sus leyes y emprender la tarea de rehacer sus vidas en nuestra patria.

Esas hojas presentaban brevísimos datos sobre los colores y significado de la bandera de México; de geografía; de los elementos étnicos, que lo pueblan; de los idiomas que en él se hablan; de las religiones que profesan sus habitantes; de su agricultura, su fauna, minería, comercio, industria, comunicaciones, educación, etc.

Textualmente, era ésta la introducción de dicha literatura que comprendía los propósitos que he señalado:

Refugiado

Este boletín que he preparado para ser distribuido a bordo del barco que te lleva hacia México, te dará una pequeña idea de lo que es nuestro país.

Deseo que cumplas con tu primera obligación hacia el país que te abre los brazos, mientras el tuyo y otros te rechazan: conocer y asimilarte a México.

A muchos de ustedes, miles, he tenido el gusto de conocerlos en pueblos y ciudades; y a muchos otros en los campos de concentración de Francia. A todos me permito darles un consejo como amigo, como hermano de sangre, como persona que desea el bien de ustedes y de todos los demás refugiados que aún están en espera de ser enviados a México.

Cuando se encuentren en México, sepan que tienen muchas obligaciones: interesarse por el país donde viven, trabajar honradamente y cumplir con las leyes de México; evitar inmiscuirse en política y en partidos políticos extranjeros; olvidar los errores del pasado y enterrar para siempre ese odio que nace en el destierro. Olvídense de todo ello.

Estimado amigo, debes comprender una cosa: de tu futura actuación depende que tus hermanos, familiares y amigos que están sufriendo aquí puedan   —[48]→   ser salvados para entrar libremente en México. Si tu presencia es causa de desorden, entonces el pueblo mexicano tendrá que dar fin a esta inmigración colectiva y restringirá su entrada.

Cuando vean al indio, no olviden ustedes que están en su casa, pues él es quien les abre las puertas, debiéndole por lo tanto todo respeto y gratitud.

Organicen una nueva vida; formen un hogar; dedíquense con todo corazón a forjarse un brillante porvenir; sean dignos de la confianza y el cariño que les ofrece y con el que los recibirá y acogerá el pueblo mexicano.

A todos ustedes les deseo un buen viaje y un próspero futuro. -Mauricio Fresco.

Documento histórico

Deseosos de que nuestros compatriotas mexicanos conozcan la forma cómo México daba auxilio a los republicanos refugiados en Marsella, Francia, publicamos este informe oficial, escogido al azar entre tantos otros rendidos por nuestros Cónsules Gilberto Bosques y Fernando Alatorre.

Este documento, de gran valor histórico, muestra todo el proceso de la ayuda que impartió México a los refugiados en los Castillos donde fueron alojados mientras se cumplía con los trámites de su envío a México.

Dice así:

(Sello)NUM. 2796
Consulado General de México. EXP- 44-11/524.9.
Asunto: Informe sobre protección correspondiente al mes de Marzo de 1941.
Marsella, 31 de marzo de 1941
C. Secretario de Relaciones Exteriores.
Dirección General del Comercio Exterior
y del Servicio Consular.
México, D. F.

Durante el mes que hoy termina, así como en los precedentes, la labor de protección que se avocó este Consulado General es tan amplia, dentro de   —[49]→   las diversas características que presenta la ayuda impartida a nuestros connacionales, extranjeros no españoles y refugiados políticos españoles, que por su variedad y para mejor detalle, me permito rendir el presente informe en forma de oficio, y con los apartados que siguen:

Situación general de la colonia mexicana

Nada de particular hay que añadir a lo informado en meses anteriores acerca de la situación general de la Colonia Mexicana en este País.

Continúan tramitándose los casos que se presentan de nuestros connacionales que residen en zona ocupada, por nuestra Oficina de París y nuestro Consulado de Burdeos.

Los que residen en zona libre, de cuya situación se encarga directamente esta Oficina, son atendidos con diligencia y eficacia, cuando solicitan nuestros buenos oficios, pudiéndose considerar como rutinarios los casos tratados.

Siguen pendientes de repatriación 39 compatriotas, de quienes he informado a la Superioridad en diferentes ocasiones.

Buenos oficios en general

Mexicanos. -En el transcurso del presente mes se impartieron buenos oficios a nuestros connacionales haciendo las gestiones del caso y atestaciones oportunas que les eran necesarias, bien ante las autoridades francesas, bien ante otras autoridades consulares, para regularizar su situación en este País o con el fin de obtener visas de tránsito y de salida del territorio francés para aquellos que deseaban regresar a México, por sus propios medios. Fueron tramitados 39 de estos casos.

Extranjeros. -Continuamos prestando nuestros buenos oficios a los extranjeros no españoles que, teniendo permisos de internación en nuestro país, solicitaron la intervención de este Consulado General para salir de los campos de concentración y obtener los permisos necesarios para venir a este Puerto a documentarse; o haciendo las constancias del caso para que pudieran residir libremente en Francia hasta que embarcasen. También se intervino en su favor para que consiguieran el permiso de salida del territorio francés y la visa de transito para algún país suramericano, imprescindible para dirigirse a México, a causa de no existir buques que hagan la travesía directamente. Se extendieron 12 hojas de filiación a favor de los apátridas. 210 buenos oficios fueron registrados este mes a favor de extranjeros.

  —[50]→  

Refugiados políticos españoles. -Continuamos en este mes la labor de protección a favor de los refugiados políticos españoles, impartiéndoles nuestra ayuda moral y material en todo orden de acuerdo con el Convenio Franco Mexicano de 22 de agosto último y en íntima colaboración con nuestra representación diplomática en Vichy.

Como informábamos en el mes anterior, quedó liquidado el procedimiento de facilitar bonos de comida y alojamiento, procurándose el ingreso en las residencias establecidas, château de La Reynarde, para hombres, y de «Montgrand» para mujeres y niños, a todos aquellos refugiados españoles que se encontraban en completo estado de indigencia y que cumplían los requisitos establecidos para estos casos. Por otra parte, se continuó prestando auxilio económico para comida y alojamiento a gran número de familias cuando la capacidad de nuestras residencias no bastaba a cubrir el volumen de refugiados a atender en este sentido.

Toda esta labor es tanto más difícil de realizar en proporción a las dificultades cada vez mayores que existen para el suministro de víveres, debido a la guerra que impera en este Continente.

Continuamos con todo empeño las gestiones encaminadas a facilitar la documentación, en este País necesaria, para que pudieran trabajar libremente los refugiados políticos españoles, consiguiéndose para buen número de ellos, aunque pocos en relación con el volumen de la emigración española, y con las dificultades existentes para el empleo de mano de obra extranjera.

En el informe estadístico que detallo al final del presente, se notará una disminución en cuanto se refiere al número de personas atendidas en los capítulos de comida y alojamiento, debido a lo que informo en el párrafo anterior y a que, en los meses de diciembre y enero último, afluyeron a este puerto una cantidad crecida de refugiados provenientes de otros Departamentos con la esperanza de un próximo embarque, y a algunos de los cuales las autoridades francesas han negado la estancia en esta ciudad, obligándoles a partir a los Departamentos de su anterior residencia.

Continuamos prestando nuestros buenos oficios a los refugiados españoles que podían emigrar por sus propios medios, haciendo las gestiones y constancias del caso para obtener las visas de salida del territorio francés, y de tránsito para algunos países sud-americanos, o que les eran necesarios, a falta de línea directa para México. De esta forma, ya en meses anteriores lograron emigrar bastantes refugiados, preparándose por nuestro Servicio de Migración Española, la documentación para un número crecido de los mismos.

Dichas gestiones se extendían a todos los refugiados políticos españoles   —[51]→   que lo solicitaban, de conformidad con el acuerdo Presidencial y las cláusulas del Convenio, y cualquiera que fuese la situación de los mismos en Francia, bien residiendo libremente, en los campos de concentración o para los que se encuentran encuadrados en las compañías de trabajadores que constituyeron las Autoridades francesas a tenor de la Ley de 1º de octubre de 1940, cuyo texto original acompaño al presente informe, y que en cuanto se refiere a los beneficios de emigración, taxativamente dice: «A reserva de las formalidades reglamentarias, conservan la facultad de emigrar a un país extranjero.»

Con todo, el 24 del presente mes, salió de este Puerto rumbo a Fort de France, Martinica, el vapor cargo «Capitaine Paul Lemerle», y para cuyo viaje tenían reservadas sus plazas 385 ciudadanos españoles. Todo ello, después de laboriosísimas gestiones para lograr la documentación completa para su viaje, salida de Francia, y tránsitos obligados. En forma particular, el domingo 23 de marzo, fue enterado el suscrito de una orden circular dirigida por el Ministerio del Interior a los Prefectos, impidiendo la salida de Francia, a los españoles comprendidos entre los 18 y 48 años de edad. Inmediatamente, y en forma personal puse el hecho en conocimiento de nuestro Ministro, señor General Francisco J. Aguilar, sin que a pesar de las gestiones efectuadas el mismo día, pudiera conseguirse la rectificación de dicha orden, sobre todo y de momento para aquellos refugiados que habían de embarcar al día siguiente y que tenían en su poder firmada legalmente por el mismo Ministerio, la autorización de salida correspondiente.

Efectivamente, al efectuarse el embarque, y ante la natural sorpresa de los interesados, fueron rechazados los varones al subir a bordo, y solamente pudieron hacerlo sus familiares, mujeres y niños, dándose el triste caso de salir en viaje las esposas e hijos de refugiados políticos españoles, cuyos cabezas de familia quedaron en este Puerto en espera de una resolución. A este respecto, acompaño un comentario aparecido en la «Tribune de Genève», el 27 del presente mes, sobre dicho caso.

Continuamos en este mes la tramitación de documentaciones trípticas y tarjetas individuales de identidad y viaje, con el fin de preparar la documentación necesaria a los futuros emigrantes.

El servicio facultativo continuó desarrollando su actividad en forma creciente, con un resultado muy satisfactorio, como lo demuestra el hecho de que durante el mes se despacharon en el dispensario 519 consultas, se efectuaron 67 curaciones por afecciones quirúrgicas; 8 debridaciones, se aplicaron 84 inyecciones, y se hicieron 168 visitas a domicilio. Además se procedió a reconocer a los refugiados que habían de ingresar en las residencias.

  —[52]→  

Después de los lineamientos generales que acabo de exponer en forma concreta, a continuación detallo y resumo los buenos oficios impartidos a los refugiados políticos españoles, subdivididos en la forma que a continuación se expresa:

A) Se impartieron 1151 buenos oficios en aquellos casos en que fue necesaria nuestra intervención para que los interesados pudieran regularizar su situación y residir en Francia; para obtener carta de trabajador extranjero; para liberar a los que eran detenidos para revisión de su situación; para obtener la exención del impuesto de morada, «taxe de séjour» para el desbloqueo de mercancías con destino a nuestras residencias, etc.

B) Se preparó documentación migratoria para 381 refugiados políticos españoles; y se extendieron visados 94, para 157 personas, cuyo detalle se expresa en la relación correspondiente al presente mes titulada «Noticia de pasaportes españoles visados».

C) El alojamiento de refugiados españoles alcanza la cifra de 3607 personas durante el transcurso del mes.

D) En lo que hace referencia a la alimentación, y a pesar de las dificultades expresadas al principio de este informe, también el resultado fue satisfactorio durante el mes, alcanzando la cifra de 223634 comidas facilitadas para 3607 personas.

E) El Servicio facultativo atendió a 792 casos, cuya composición se detalla en la parte correspondiente de los lineamientos generales de este informe.

El resumen, queda establecido por tanto en la forma siguiente:

MEXICANOS 39
EXTRANJEROS 210
REFUGIADOS POLÍTICOS ESPAÑOLES:
a)1,151
b)538
d)3,607
e)792 9,695
Total9,944

Muy atentamente

Sufragio efectivo. -No reelección

El Cónsul General,

(firmado) Gilberto Bosques.



  —53→  

En once años, la emigración española sumó diez y seis mil hombres, entre casados y solteros; cuatro mil mujeres y cerca de ocho mil niños. Ese grupo, disminuido por las defunciones de algunos refugiados que llegaron ya en edad provecta a México, y otros enfermos que desaparecieron, ha sido aumentado con ocho mil setecientos y cincuenta infantes nacidos en nuestra patria y registrados, todos ellos, como mexicanos por nacimiento.

Insistimos en este punto: la presencia de los emigrantes republicanos en México provocó ataques de dos grupos bien definidos: los miembros de la antigua colonia española y los mexicanos de ideas adversas a la República Española. Los dos grupos afirmaron que la corriente de los emigrados republicanos acarrearía daños a la sociedad, pues señalaban a los recién llegados como elementos indeseables. Naturalmente, se involucraba en el ataque a los miembros del Grupo Diplomático y Consular acreditado en Francia, acusándolo de que había seleccionado a los emigrantes entre aquellos que tenían sus mismas ideas avanzadas.

Los miembros del Servicio Exterior Mexicano acreditado en Francia podemos responder a esos ataques demostrando, como vamos a hacerlo en las siguientes paginas, que la corriente migratoria que encauzamos hacia México fue verdaderamente selecta, preciosa por cuanto se refiere a la ciencia, a la cultura y a la industria de nuestro país.

Ella significó una victoria de   —54→     —55→   México.






ArribaAbajoTercera parte

Frutos de la emigración en México


  —56→     —57→  

Desde los primeros días en que, debido a la fatalidad de un injusto destino, empezaron a emigrar los republicanos españoles a México y a otros países de América (a principios del año de 1939), alentó en el ánimo de los emigrados universitarios la idea de congregarse para desarrollar sus actividades específicas dentro de medios propicios. El organismo Servicio de Emigración de los Republicanos Españoles (SERE) imprimió un folleto en inglés en que presentaba tal proyecto, y lo sometió a la consideración de los centros culturales de Norteamérica. Estaba allí claramente delineado el plan de la creación en México de un Centro de Estudios de Culturas de todos los países del Continente Americano.

Los autores del vasto plan solicitaban de las instituciones culturales norteamericanas el apoyo material para realizar su magna y benemérita empresa.

De haberse llevado a cabo tal proyecto, México hubiera salido beneficiado, pues se le colocaba en un lugar preeminente en el campo de las investigaciones científicas.

Entre los emigrantes venían biólogos, filósofos, químicos, matemáticos, artistas y muchos otros intelectuales de sólida preparación científica; elementos suficientes para emprender con probabilidades de éxito la tarea de organizar el citado Centro de Estudios.

Al terminar la guerra en 1939, el total de los Catedráticos titulares de España era de 305. Hoy, más de la mitad del profesorado universitario español se encuentran en la emigración o dentro de España, pero desposeído de sus cátedras. Hay, pues, cerca de 150 Catedráticos de Universidad, otros tantos Profesores de Institutos y de Escuelas Normales, un centenar de Escuelas especiales e Institutos técnicos, y algunos millares de maestros de Primera Enseñanza que están fuera de España, gran parte de ellos en   —58→   nuestro país. Tan sólo entre nosotros viven cinco antiguos Rectores de las Universidades Españolas.

México es, sin duda, el país del Continente Americano que ofrecía a todos estos hombres prominentes las mejores perspectivas para el desarrollo de sus empresas culturales.

La base de sus antiguas civilizaciones autóctonas pone un sello peculiar en la cultura hispánica, añadiendo matices, inflexiones y sentimientos que son para ellos del más grande valor espiritual.

Además, la situación geográfica de nuestro país es la más apropiada para establecer relaciones fraternales entre las culturas hispano-americanas y la de los países anglo-sajones del Norte.

Por otra parte, la emigración de la República Española adicta a los principios de libertad y democracia que sustentan nuestros Gobiernos ha reunido en México, en una proporción mucho más elevada que en otros países americanos, a destacados intelectuales.

En este grupo nació la idea de fundar un Centro de Estudios que funcionaría en el corazón de la República Mexicana, el que no ha llegado a tener realización.

Se pensó en dar, provisionalmente, al gran centro científico, la designación de Instituto de Estudios. La designación definitiva del Centro se haría cuando terminada su organización se encontrase la más apropiada. La idea era darle un carácter similar al de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, fundada en el año de 1907 en España, bajo la dirección de don Santiago Ramón y Cajal, y que dio excelentes resultados.

El propósito del Instituto habría sido organizar y poner en contacto a los académicos y universitarios españoles exiliados, en dondequiera que se encuentren; alentarlos en sus trabajos; proveerlos de libros y útiles para sus experimentos, aparte de los que hayan obtenido en diferentes instituciones científicas o educacionales en México; estimular la colaboración de los sabios de todos los países de América con sus colegas de México; facilitarles su acceso a Bibliotecas y Laboratorios, y, en general, apoyar el trabajo que lleven a cabo.

  —59→  

La institución que se proponían organizar en México, no tendría ningún carácter político y estaría desprovista de prejuicios raciales o de cualquier naturaleza. La institución que pensaban crear los intelectuales hubiera emprendido exploraciones de carácter científico y ayudado a lograr éxito de las que se emprendan, tendiendo a adelantar en el conocimiento de las ciencias naturales, la arqueología, la historia, el arte, etc. Se proyectó agrupar las actividades de los catedráticos republicanos españoles, dentro del Instituto, en cuatro secciones principales:

A. Humanidades.

B. Ciencias Sociales y jurídicas.

C. Sección Biológica.

D. Ciencia.

La Sección «A» podría comprender enseñanza e investigación de:

Filosofía,

Pedagogía,

Historia de América,

Literatura Española,

Paleografía, y

Lenguajes clásicos.

Organización de:

Seminarios de Investigación,

Cursos de Lengua Española y Literatura para Americanos de habla inglesa,

Publicación de los Clásicos Españoles,

Publicación de trabajos de naturaleza didáctica,

Publicación de trabajos de carácter literario, y

Bibliografía de las Fuentes de Información Pan-Americanas.

B. Sección de Ciencias Sociales y Jurídicas. -Esta Sección abarcaría tres subsecciones:

  —60→  

1. Sociología,

2. Economía y

3. Leyes.

La organización y distribución dentro de cada una de las subsecciones dependería de los elementos y de los trabajos científicos disponibles en un momento dado.

Habría suficientes juristas, preparados en tal forma que la Sección Jurídica podría emprender lo siguiente:

1. Publicar originales y traducciones de libros y organizar cursos y lecturas para dar a conocer a los países de habla española la Ley Anglo-Americana.

2. Estudios comparativos de la Ley Española e Ibero-Americana y de estas con la Ley Anglo-Americana.

3. Formular proyectos de unificación internacional de la Ley Privada, de acuerdo con las aspiraciones de la Conferencia Pan-Americana.

4. Publicar en español una Revista de Información y Coordinación para desarrollar los trabajos arriba mencionados.

Con objeto de llevar a cabo los mencionados proyectos, sería indispensable una biblioteca bien surtida.

C. Sección Biológica. -Esta Sección podría llevar a cabo las siguientes actividades:

Ciencias Naturales:

a) Un estudio zoológico-botánico y, si es posible, geológico, del territorio mexicano.

) Investigaciones geológicas y palenteológicas en Colombia.

c) Estudios de la ecología animal de México.

d) Estudios de la formación vegetal en las montañas de Colombia.

e) Investigaciones de la Fisiología de los insectos.

f) Estudios monográficos de animales de Centroamérica.

  —61→  

Se reunirían especímenes zoológicos y botánicos para formar una colección mexicana. Se obtendrían varios especímenes de cada especie para enviarlos a los Museos de los Estados Unidos y de Madrid.

Se formaría un herbario colombiano, del cual quedaría una copia en Colombia, otra en Washington y otra en Madrid.

Empezaría la formación de un Catálogo de la Fauna Mexicana.

Un estudio de la Orthoptera de la fauna de México en relación con el señor H. R. Roberts, de la Academia de Ciencias de Filadelfia.

Fisiología:

Esta Subsección, debidamente ampliada y dotada podría:

a) Dar cursos monográficos de temas de:

Fisiología General,

Química Fisiológica,

Funciones Especiales,

Correlaciones.

b) Estudios bioquímicos de los diferentes alimentos de México.

c) Características fisiológicas de los aborígenes de América.

d) Investigaciones de Fisiología General y Especial.

Morfología:

Esta Subsección se dedicaría al estudio de estructuras biológicas normales y patológicas.

Cultivo de tejidos.

Histofisiología.

Bacteriología.

Publicaciones. -Publicaciones de los resultados del trabajo llevado a efecto en los Laboratorios de estas Secciones, podrían aparecer en parte en las revistas científicas de cada país.

Una revista científica con carácter de información general, que aparecería regularmente cada mes, conteniendo, además, artículos originales   —62→   cortos, asuntos de interés general para el momento, información de Universidades, Academias, Congresos y Asambleas Internacionales, de expediciones científicas, últimos descubrimientos y un amplio repertorio de libros y artículos que habiendo sido publicados en revistas, podrían interesar a las personas que trabajen en los diversos laboratorios científicos de América.

Desde 1940 viene publicándose en México una revista de ese tipo bajo el nombre de Ciencia, que goza ya de gran prestigio en todo el Continente. La dirigió primero don Ignacio Bolívar, y después don Blas Cabrera, ambos sabios de renombre mundial, que han hallado su eterno reposo en tierra mexicana. Actualmente su director es el Doctor don Cándido Bolívar y con él forman el consejo de redacción los Doctores don Honorato de Castro, don Francisco Giral y don Federico Bonet. Los números de la revista son ampliamente distribuidos por todo el mundo y aunque cuentan con notables asistencias de españoles y mexicanos, sus animadores mantienen una constante lucha para vencer las dificultades económicas con que tropiezan y lograr que no se interrumpa tan importante empresa científica.

Sección de Ciencia.

Esta Sección abarcaría dos subsecciones: Ciencias Puras y Ciencias Aplicadas.

Ciencias Puras: Estudios e investigación en

Astronomía,

Física,

Matemáticas,

Química, podrían organizarse.

Ciencias Aplicadas: Cursos de

Arquitectura,

Minería,

Agricultura,

Estadística, podrían impartirse.

  —63→  

Este plan parece comprender un campo demasiado amplio para su realización, pero la verdad es que se cuenta con suficientes profesores y especialistas técnicos; unos y otros en número más que suficiente para formar Facultades completas para más de una Universidad.

Pensó el grupo de intelectuales que proyectaba emprender la noble tarea, en la publicación de una Revista de Entomología de carácter internacional, cuyos artículos no solamente aparezcan en español, sino también en inglés y en otros idiomas aceptados por los Congresos Internacionales de Entomología.

Libros y panfletos sobre asuntos conectados con Biología, Fisiología, Bioquímica, Histología, Zoología, Botánica y Geografía.

Trabajos relacionados con las Ciencias Naturales, de carácter didáctico, propios para la enseñanza en colegios o universidades.

No hay duda de que la Unión de Profesores Universitarios Españoles y muchos otros elementos intelectuales de la emigración republicana española contaban en aquellos días con la buena voluntad de las autoridades y de los intelectuales mexicanos universitarios. Ellas y estos, por tanto, hubieran podido llevar adelante el desarrollo del gran organismo de cultura española que hubiera redundado en beneficio para México y afianzado el prestigio de los autores del proyecto.

Pero ocurrió que la guerra encendida en España por la coalición de los elementos de Franco, Hitler y Mussolini, y que había concluido con la derrota de los republicanos, tuvo su segunda fase en la guerra que encendió a toda Europa. Y los mismos causantes de aquella conmoción europea, aliados con el Japón, dieron motivo para que entraran a la guerra los Estados Unidos, por el artero golpe sobre Pearl Harbor.

Ya dentro de la conflagración mundial los Estados Unidos, el proyecto de los intelectuales españoles no pudo realizarse con la concurrencia de los intelectuales de Norteamérica.

Toca a nosotros, después de diez años transcurridos desde el día en que se presentó tal proyecto, presentarlo nuevamente. Lo hacemos con el propósito de que sea conocido por el señor Presidente de la República, licenciado Alemán, quien ha puesto siempre un gran interés en el desarrollo   —64→   de la cultura, ya que, como universitario, sabe muy bien la importancia que tienen todos los trabajos de investigación científica y los beneficios que ellos acarrean a los pueblos cuyos gobiernos los fomentan.

Sin duda que el señor Presidente licenciado Alemán, puede poner en vías de realización el proyecto de los republicanos españoles intelectuales en lo que tenga de interesante, máxime ahora que muchos de ellos son ya mexicanos naturalizados, es decir, miembros de la gran familia mexicana.

El programa de los intelectuales refugiados, es todavía oportuno. Con la cooperación del Gobierno, puede realizarse. Y en tal caso, México recibirá grandes beneficios, y su Gobierno añadirá una afirmación más a su prestigio.

  —65→  

ArribaAbajoUnión de profesores universitarios españoles en el extranjero

Mientras tanto, los elementos que forman la «Unión de Profesores Universitarios Españoles en México», constituida en París en 1939 y que después estableció en México la sede de su junta central, han procurado continuar su labor docente y de investigación que ha sido el eje de sus vidas. Y lo han logrado, aunque transitoriamente varios de ellos han tenido que iniciar la vida de exilio en los más humildes y modestos menesteres. Muchos de ellos han podido encontrar el clima espiritual y el sosiego necesario para sus tareas. Muchos otros están impartiendo enseñanzas y cursos en Universidades, Institutos, Escuelas y Centros diversos de México; han publicado centenares de libros, docenas de Revistas, importantes trabajos de investigación. Algunos se han desplazado para acudir a Congresos Internacionales, para dictar conferencias, para estudiar problemas de educación o de cultura, para interesarse en asuntos técnicos o industriales, para sostener relaciones de buena amistad con colegas mexicanos. Han creado centros docentes y de investigación, Ateneos, Bibliotecas, etc., venciendo grandes dificultades de índole económica.

Puede ser interesante presentar, como lo hacemos a continuación, una relación de los profesores que forman dicho organismo. Lo han presidido, sucesivamente, don Ignacio Bolívar, don Rafael Altamira y don José Giral. La central reside en México y cuenta con grupos locales o secciones en Francia, Argentina, Puerto Rico y otros países de América.

De la calidad de la obra cultural realizada por los republicanos españoles fuera de su Patria, pero en tierra hermana de México, responde el hecho significativo y elocuente de que la Fundación Hispánica de la Biblioteca del Congreso, de Washington, haya creído necesario recoger en un volumen el índice de la producción bibliográfica debida a españoles a   —66→   partir del año de 1937. Ese volumen está ya en prensa y recoge la labor de más de quinientos autores y traductores, en su gran mayoría desterrados de España por motivos políticos.

Para darse cuenta del valor intelectual de estos hombres de ciencia, me permito pasar lista de los que han tenido que salir fuera de España a causa del movimiento de Francisco Franco; gran parte de estos hombres se encuentran en México:

A continuación de sus miembros agrupados por Facultades universitarias, relacionamos también los profesores de Institutos de segunda enseñanza y los de Escuelas Normales e Inspectores de primera enseñanza.


ArribaAbajo-I-

Filosofía y Letras


Almendros (Herminio), Profesor encargado de Pedagogía en la Universidad de Barcelona.

Artiles (Jenaro), Profesor Auxiliar en la Universidad de Madrid.

Bosch Gimpera (Pedro), Catedrático de Prehistoria y Rector de la Universidad de Barcelona. Director del Museo Arqueológico de Cataluña.

Casanovas Pujadas (Domingo), Profesor Ayudante de Filosofía en la Universidad de Barcelona.

Castro Quesada (Américo), Catedrático de Historia de la Lengua Española en la Universidad de Madrid.

Comas (Margarita), Profesor agregado de Pedagogía en la Universidad de Barcelona. Profesor de la Escuela Normal de la Generalidad.

Corominas (Pedro), Profesor agregado de Filología Románica de la Universidad de Barcelona.

Chevalier (Marcel), Profesor Encargado de Curso de Geografía en la Universidad de Barcelona.

Fernández Montesinos (José), Profesor Auxiliar de Lengua y Literatura Españolas en la Universidad de Madrid.

Gaos González Pola (José), Catedrático de Introducción a la Filosofía en la Universidad de Madrid. Ex-Rector de la misma.

Gallegos Rocafull (José Manuel), Profesor Auxiliar de Sociología en la Universidad de Madrid.

  —67→  

García Bacca (Juan David), Catedrático de Lógica de la Universidad de Santiago, Profesor agregado de Logística y Filosofía de las Ciencias en la Universidad de Barcelona.

González (Sebastián), Profesor Auxiliar de Paleografía en la Universidad de Santiago de Compostela.

González de la Calle (Urbano), Catedrático de Latín, Estilística y Métrica y de Lengua Sánscrita en la Universidad de Madrid.

Gil Arantegui (Malaquías), Profesor Ayudante en la Universidad de Zaragoza.

Grases (Pedro), Profesor encargado de Literatura en la Universidad de Barcelona.

Guillén (Jorge), Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Sevilla.

Jaén Morente (Antonio), Catedrático de Historia de la Universidad de Sevilla.

Landsberg (J. P.), Profesor agregado de Filosofía de la Universidad de Barcelona.

Lloréns Castillo (Vicente), Profesor de Literatura en el Centro de Estudios Históricos de Madrid.

Luzuriaga (Lorenzo), Profesor de Pedagogía en la Universidad de Madrid.

Mantecón Navasal (José Ignacio), Profesor Auxiliar de Paleografía en la Universidad de Zaragoza.

Mascaró (Juan), Profesor Ayudante de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona.

Millares Carlo (Agustín), Catedrático de Paleografía de la Universidad de Madrid.

Muedra Benedito (Concepción), Profesor Auxiliar de Historia medieval de la Universidad de Madrid.

Navarro Tomás (Tomás), Profesor de Fonética en la Universidad de Madrid.

Nicol Francisca (Eduardo), Profesor Ayudante de Psicología en la Universidad de Barcelona.

Nicolau D'Olwer (Luis), Profesor agregado de Lengua y Literatura Latinas de la Edad Media en la Universidad de Barcelona.

Obermaier (Hugo), Catedrático de Prehistoria de la Universidad de Madrid.

Onis (Federico de), Catedrático de Literatura (excedente). Reside desde 1916 en New York como Profesor de la Columbia University.

Petit (Juan), Ayudante de las clases de Latín de la Universidad de Barcelona.

Quiroga Plá (José María).

Riba (Carlos), Profesor agregado de Lengua y Literatura griegas en la Universidad de Barcelona.

  —68→  

Roura Parella (Juan), Profesor agregado de Pedagogía de la Universidad de Barcelona.

Salinas (Pedro), Catedrático de Lengua y Literatura Españolas en la Universidad de Madrid.

Sánchez Albornoz (Claudio), Catedrático de Historia medieval de la Universidad de Madrid.

Sánchez Ventura (Rafael), Profesor Auxiliar de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza.

Santaló Parvorell (Miguel), Profesor encargado de Geografía en la Universidad de Barcelona.

Santullano (Luis A.), Profesor Auxiliar de Pedagogía en la Universidad de Madrid. Vicepresidente de la Junta de Ampliación de Estudios.

Serra Baldó (Alfonso), Profesor encargado de Literatura en la Universidad de Barcelona.

Soldevila (Fernando), Profesor agregado de Historia en la Universidad de Barcelona.

Sugrañes de Franch (Ramón), Profesor Ayudante de Filología clásica en la Universidad de Barcelona.

Viñas (Aurelio), Catedrático de Historia de la Universidad de Sevilla. Profesor agregado en la Faculté de Lettres de Paris y Director adjunto del Institut d'Etudes Hispaniques.

Zambrano (María), Profesor Ayudante de Filosofía en la Universidad de Madrid.

Zulucta (Luis de), Catedrático de Pedagogía en la Universidad de Madrid.




ArribaAbajo-II-

Ciencias


Abramson (Leone), Profesor Ayudante de Química Orgánica en la Universidad de Valencia.

Barnés (Adela), Profesor Auxiliar de Química Inorgánica en la Universidad de Madrid.

Boix Vallicrosa (Alfonso), Profesor Ayudante de Química Orgánica en la Universidad de Barcelona.

Bolívar Pieltáin (Cándido), Catedrático de Entomología de la Universidad de Madrid. Jefe de Sección del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Bonet Marco (Federico), Profesor Auxiliar de Entomología en la Universidad de Madrid.

Cabrera (Nicolás), Profesor Ayudante de Electricidad y Magnetismo en la Universidad de Madrid.

Candel Vila (Rafael), Profesor Ayudante de Cristalografía en la Universidad de Madrid.

  —69→  

Carrasco Garrorena (Pedro), Catedrático de Física Matemática de la Universidad de Madrid y Decano de la Facultad de Ciencias.

Castro (Honorato de), Catedrático de Astronomía esférica y Geodesia de la Universidad de Madrid y Secretario de la Facultad de Ciencias. Astrónomo del Observatorio de Madrid.

Collado (Germán), Profesor Ayudante de Física en la Universidad de Madrid.

Couceiro (Pedro), Profesor Auxiliar de Química de la Universidad de Santiago.

Crespi Jaume (Luis), Catedrático de Química Física de la Universidad de Madrid.

De Buen (Fernando), Profesor Auxiliar de Biología de la Universidad de Madrid.

De Buen (Rafael), Catedrático de Complementos de Biología de la Universidad de Cádiz.

Duperier Valiesa (Arturo), Catedrático de Geofísica de la Universidad de Madrid.

Fernández Osorio Tafall (Bibiano), Profesor del Museo de Historia Natural de Pontevedra.

García Banus (Antonio), Catedrático de Química orgánica de la Universidad de Barcelona.

Gómez Ibáñez (José), Profesor Ayudante de Química técnica en la Universidad de Madrid.

Martínez Risco (Manuel), Catedrático de Acústica y Óptica de la Universidad de Madrid. Presidente del Comité de Coordinación de los Servicios de Óptica.

Masriera Rubio (Miguel), Profesor agregado de Físico-Química de la Universidad de Barcelona.

Miranda González (Faustino), Profesor del Jardín Botánico de Madrid.

Moles Ormella (Enrique), Catedrático de Química inorgánica de la Universidad de Madrid. Director del Instituto de Química Inorgánica.

Muñoz Mena (Eugenio), Profesor Ayudante de Química Orgánica en la Universidad de Valladolid.

Ortega Feliú (Enriqueta), Profesor Auxiliar de Biología en la Universidad de Barcelona.

Peláez Fernández (Dionisio), Profesor Ayudante de Entomología en la Universidad de Madrid.

Ortega (Antonio), Profesor Auxiliar de Biología general en la Universidad de Oviedo.

Pérez Victoria (Augusto), Catedrático de Química de la Universidad de Murcia.

Pi y Calleja (Pedro), Profesor encargado de Curso de Matemáticas en la Universidad de Barcelona.

Rioja lo Bianco (Enrique), Profesor de Biología de la Universidad de Madrid y del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Profesor de la Escuela Normal Superior.

  —70→  

Roquero Sanz (César), Profesor Ayudante de Química General en la Universidad de Madrid.

Royo Gómez (José), Profesor Auxiliar de Paleontología de la Universidad de Madrid y del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Ruiz Ponsetti (Estanislao), Profesor Auxiliar de Matemáticas en la Universidad de Barcelona.

Santaló Sors (Luis), Profesor Auxiliar de Análisis matemático en la Universidad de Madrid.

Santaló Sors (Marcelo), Profesor Ayudante de Astronomía en la Universidad de Madrid.

Seijo (Ernesto), Profesor Ayudante de Química Orgánica en la Universidad de Santiago.

Velo Cobelas (Carlos), Profesor del Museo de Historia Natural de Madrid.




ArribaAbajo-III-

Derecho


Alcalá-Zamora y Castillo (Niceto), Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Valencia.

Altamira y Crevea (Rafael), Catedrático de Instituciones Políticas y Civiles de América de la Universidad de Madrid. Juez del Tribunal de Justicia Internacional de La Haya desde antes de 1936.

Ayala (Francisco), Catedrático de Derecho Político en la Universidad de Santiago.

Azcárate (Justino de), Profesor Ayudante de Derecho Político en la Universidad de Madrid.

Azcárate Flores (Pablo), Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Granada.

Benito Mampel (José de), Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Zaragoza.

Blasco Fernández de Moreda (Francisco), Profesor Ayudante de Derecho Penal en la Universidad de Madrid.

Bonilla Marín (Gabriel), Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Granada.

Calvo Blanco (Julián), Profesor Ayudante de Derecho Penal en la Universidad de Murcia.

Cifuentes Sáenz (Francisco), Profesor Auxiliar de Derecho Civil de la Universidad de Madrid.

  —71→  

Cuevas (Miguel), Profesor Auxiliar de Derecho Administrativo de la Universidad de Madrid.

Franco y López (Gabriel), Catedrático de Economía y Hacienda pública de la Universidad de Salamanca.

Fuente (Ángel de la), Profesor Ayudante de Derecho Penal en la Universidad de Madrid.

Galíndez Suárez (Jesús), Profesor Ayudante de la Universidad de Madrid.

García Miranda (Manuel), Profesor Ayudante de Derecho Político en la Universidad de Madrid.

Gómez González (Mariano), Catedrático de Derecho Político de la Universidad de Valencia.

González López (Emilio), Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Santiago.

González Vicén (José), Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada.

Hernando Solana (Manuel), Profesor Auxiliar de Derecho Político de la Universidad de Valencia.

Herrero Ayllón (Vicente), Profesor Ayudante de Derecho Político en la Universidad de Madrid.

Jiménez de Asúa (Luis), Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Madrid.

Jiménez Huerta (Mariano), Profesor Ayudante de Derecho Penal de la Universidad de Madrid.

López Rey (Manuel), Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de La Laguna.

Malagón Barceló (Javier), Profesor Ayudante de Derecho Procesal en la Universidad de Madrid.

Marín Luna (Miguel Angle), Profesor Ayudante de Derecho Internacional en la Universidad de Barcelona.

Martínez Pedroso (Manuel), Catedrático de Derecho Político de la Universidad de Sevilla.

Matilla Jimeno (Alfredo), Profesor Auxiliar de Derecho Internacional de la Universidad de Madrid.

Medina Echavarría (José), Catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Murcia.

Mendizábal Villalba (Alfredo), Catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Oviado.

Miranda González (José), Profesor Auxiliar de Derecho Político en la Universidad de Madrid.

Moles Caubet (Antonio), Profesor agregado de Derecho Público y Ciencia Política de la Universidad de Barcelona.

  —72→  

Moliner Gimeno (Ángel), Profesor Auxiliar de Derecho Penal de la Universidad de Valencia.

Montiel (Francisco Félix), Profesor Auxiliar de Derecho Administrativo en la Universidad de Murcia.

Moreno (Laudelino), Profesor Auxiliar de Historia de las Instituciones de América en la Universidad de Madrid.

Ots Capdequí (José María), Catedrático de Historia del Derecho de la Universidad de Valencia.

Pina (Rafael de), Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Sevilla.

Portillo (Luis), Profesor Auxiliar de Derecho Civil en la Universidad de Salamanca.

Prados Arrarte (Jesús), Catedrático de Economía Política de la Universidad de Santiago.

Quero Molares (José), Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad de Sevilla. Profesor agregado de la de Barcelona.

Ramos Sobrino (Blas), Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valladolid.

Ramos Ramos (Enrique), Profesor Auxiliar de Derecho Romano de la Universidad de Madrid.

Recaséns Siches (Luis), Catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Madrid.

Roces (Wenceslao), Catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Salamanca.

Rodríguez Mata (Enrique), Catedrático de Economía de la Universidad de Zaragoza.

Ruiz-Funes (Mariano), Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Murcia.

Sacristán y Colás (Antonio), Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Santiago.

Sánchez Román (Felipe), Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Madrid.

Sánchez Sarto (Manuel), Profesor agregado de Economía de la Universidad de Barcelona. Director del Seminario de Economía de la misma.

Semprún Gurrea (José María de), Profesor Auxiliar de Filosofía del Derecho de la Universidad de Madrid.

Tobío Fernández (Luis), Profesor Auxiliar en la Universidad de Santiago.

Torino (Fernando), Profesor Ayudante de Derecho Penal en la Universidad de Madrid.

Vandellos (José Antonio), Profesor encargado de Economía en la Universidad de Barcelona.

  —73→  

Vázquez Gayoso (Jesús), Profesor Ayudante de Historia del Derecho en la Universidad de Madrid.

Vázquez Gayoso (Juan), Profesor Ayudante en la Universidad de Madrid.

Xirau Palau (José), Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Barcelona.




ArribaAbajo-IV-

Medicina


Acosta (Victoriano M. de), Profesor Auxiliar de Otorrinolaringología en la Universidad de Madrid.

Agustí Planell (Pablo), Profesor Auxiliar de Terapéutica en la Universidad de Barcelona.

Angulo (Guillermo), Profesor de la Escuela Nacional de Pediatría de Madrid.

Arroyo de Márquez (Trinidad), Profesor Auxiliar de Oftalmología en la Universidad de Madrid.

Barnés González (Urbano), Profesor Auxiliar de Ginecología y Obstetricia en la Universidad de Madrid.

Bejarano (Julio), Profesor Auxiliar de Dermatología en la Universidad de Madrid.

Bellido Goljerichs (Jesús María), Catedrático de Terapéutica de la Universidad de Barcelona. Profesor del Instituto de Fisiología.

Benaiges (José), Profesor Ayudante de Fisiología en la Universidad de Barcelona.

Bergos Ribalta (Francisco), Profesor Ayudante de Anatomía en la Universidad de Barcelona.

Bofill (Juan), Profesor Encargado de Curso de Histología y Anatomía Patológica de la Universidad de Barcelona.

Cabrera Sánchez (Blas), Profesor Auxiliar de Fisiología de la Universidad de Madrid y Profesor de Fisiología de la Educación Física de la misma.

Capó Valle (Gabriel), Profesor Ayudante de Psiquiatría en la Universidad de Barcelona.

Carrasco Formiguera (Rosendo), Profesor agregado de Enfermedades de la Nutrición de la Universidad de Barcelona y del Instituto de Fisiología.

Cortés Lladó (Cristián), Profesor Ayudante de Cardiología en la Universidad de Barcelona.

Cortés Lladó (Mario), Profesor Ayudante de Clínica Quirúrgica en la Universidad de Barcelona.

Costero (Isaac), Catedrático de Histología y Histoquímica normales y Anatomía Patológica de la Universidad de Valladolid.

  —74→  

Cuatrecasas Arumi (Juan), Catedrático de Patología de la Universidad de Sevilla.

D'Harcourt Got (Joaquín), Profesor Ayudante de Patología Quirúrgica en la Universidad de Barcelona.

Díaz Sánchez (Diego), Profesor Ayudante de Fisiología en la Universidad de Madrid.

Domingo Sanjuán (Pedro), Profesor agregado de Microbiología y Parasitología de la Universidad de Barcelona.

Fanjul (Luis), Profesor Auxiliar de Parasitología de la Universidad de Madrid.

Folch (J.), Profesor Ayudante de Fisiología en la Universidad de Barcelona.

Folch y Pi (Alberto), Profesor Encargado de Curso de Endocrinología y Nutrición en la Universidad de Barcelona.

Fraile (Rafael), Profesor Auxiliar de Medicina Legal de la Universidad de Madrid.

Fumagallo (Luis), Profesor agregado de Otorrinolaringología en la Universidad de Madrid.

García García (Germán), Profesor Auxiliar de Fisiología en la Universidad de Madrid.

García Valdecasas (José), Catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada.

Garreta (José), Profesor encargado de Farmacología en la Universidad de Barcelona.

Griño (Antonio), Profesor Encargado de Curso de Neurocirugía de la Universidad de Barcelona.

Herraiz Serrano (Francisco), Profesor Auxiliar de Anatomía descriptiva de la Universidad de Madrid.

Herrera Bollo (Juan Manuel), Catedrático de Histología en la Universidad de Cádiz.

Jaso Roldán (Leoncio), Profesor Ayudante de Patología General en la Universidad de Madrid.

Jiménez de Asúa (Felipe), Catedrático de Histología e Histoquímica en la Universidad de Zaragoza.

Luchsinger (José), Profesor de Obstetricia de la Universidad de Madrid.

Márquez (Manuel), Catedrático de Oftalmología de la Universidad de Madrid y Decano de la Facultad de Medicina de la misma.

Martín Serra (Ricardo), Profesor Ayudante de Farmacología en la Universidad de Barcelona.

Méndez (Rafael), Catedrático de Farmacología de la Universidad de Cádiz.

Mira López (Emilio), Profesor agregado de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona.

Negrín (Juan), Catedrático de Fisiología de la Universidad de Madrid.

  —75→  

Nieto (Dionisio), Profesor del Instituto Ramón y Cajal de Madrid.

Núñez Maza (Mariano), Profesor Auxiliar en la Escuela de Odontología de Madrid.

Ochoa Albornoz (Severo), Profesor Auxiliar de Fisiología General y Especial de la Universidad de Madrid.

Otero (Alejandro), Catedrático de Ginecología de la Universidad de Granada y Rector en la misma.

Pascua (Marcelino), Profesor encargado de Higiene en la Universidad de Madrid.

Pérez Cirera (Ramón), Catedrático de Farmacología en la Universidad de Valladolid.

Peyri (Antonio), Profesor Encargado de Curso de Dermatología de la Universidad de Barcelona.

Prados (Miguel), Profesor de Anatomía Patológica del Instituto Cajal.

Pi y Suñer (Augusto), Catedrático de Fisiología de la Universidad de Barcelona. Director del Instituto de Fisiología.

Pi y Suñer (Jaime), Catedrático de Fisiología de la Universidad de Santiago.

Pi y Suñer (Santiago), Catedrático de Fisiología de la Universidad de Zaragoza.

Pittaluga (Gustavo), Catedrático de Parasitología en la Universidad de Madrid.

Puche Álvarez (José), Catedrático de Fisiología de la Universidad de Valencia y Rector de la misma.

Raventós (Jaime), Profesor Ayudante de Fisiología en la Universidad de Barcelona.

Rivas Cherif (Manuel de), Profesor Auxiliar de Oftalmología en la Universidad de Madrid.

Rodríguez de Mata (Ramón), Profesor de Clínica en la Universidad de Madrid.

Rodríguez Olleros (Ángel), Profesor Ayudante de Terapéutica en la Universidad de Madrid.

Sánchez Covisa (José), Catedrático de Dermatología de la Universidad de Madrid.

Sánchez Guisande (Gumersindo), Catedrático de Anatomía descriptiva y Embriología de la Universidad de Zaragoza.

Saye (Luis), Profesor agregado de Tisiología de la Universidad de Barcelona.

Segovia (Jacinto), Profesor Ayudante de Patología Quirúrgica en la Universidad de Madrid.

Somolinos D'Ardois (Germán), Profesor Ayudante de Anatomía Patológica en la Universidad de Madrid.

Suárez (Paulino), Profesor Ayudante de Microbiología en la Universidad de Madrid.

  —76→  

Téllez Plasencia (Heliodoro), Profesor Encargado de Curso de Terapéutica Física de la Universidad de Barcelona.

Torre Blanco (José), Profesor Auxiliar de Obstetricia de la Universidad de Madrid.

Trías Pujol (Antonio), Catedrático de Patología Quirúrgica en la Universidad de Barcelona.

Trueta Raspall (José), Profesor Ayudante de Cirugía en la Universidad de Barcelona.

Usano (Manuel), Profesor Ayudante de Fisiología en la Universidad de Valencia.

Vázquez López (Enrique), Profesor en la Universidad de Madrid.

Zozaya (Carlos), Profesor Auxiliar de Parasitología en la Universidad de Madrid.




ArribaAbajo-V-

Farmacia


Carabot de Porras (Alfredo), Profesor Ayudante de Materia Farmacéutica Vegetal en la Universidad de Madrid.

Cuatrecasas Arumi (José), Catedrático de Botánica de la Universidad de Madrid.

García Fernández (Enrique), Profesor Ayudante de Química Orgánica en la Universidad de Madrid.

Garganta (J.), Profesor Auxiliar de Botánica de la Universidad de Madrid.

Giral (José), Catedrático de Bioquímica de la Universidad de Madrid, ex Rector de la misma.

Giral González (Francisco), Catedrático de Química Orgánica en la Universidad de Santiago de Compostela.

Gómez Ibáñez (Olimpio), Profesor Ayudante de Química Biológica en la Universidad de Madrid.

López Figueiras (Manuel), Profesor Ayudante de Botánica en la Universidad de Madrid.

Madinaveitia Jungerson (Juan), Profesor Ayudante de Química Orgánica en la Universidad de Madrid.

Madinaveitia Tabuyo (Antonio), Catedrático de Química Orgánica y Decano de la Facultad de Farmacia de Madrid. Jefe de Sección del Instituto Nacional de Física y Química.

Pi Suñer (César), Profesor Ayudante de Bioquímica en la Universidad de Barcelona.

Vázquez Sánchez (José), Profesor Ayudante de Farmacología práctica en la Universidad de Madrid.





  —77→  

ArribaAbajoCatedráticos de Instituto

Abad Carretero (Luis), Filosofía y Ciencias Sociales.

Alomar Villalonga (Gabriel), Literatura.

Andrés Cabezas (Felipe), Filosofía.

Balari Gali (Alberto), Agricultura y Técnica Industrial.

Boix Ballicrosa (Alfonso), Ciencias Naturales.

Bonet Bonell (Juan), Filosofía.

Candel Vila (Rafael), Historia Natural.

Castillo Quijada (Manuel), Francés.

Díaz Delgado Iviana (Ramón), Filosofía.

Gómez Vinuesa (Leoncio), Historia Natural.

González del Valle (Juan), Literatura.

Huici Miranda (Julio), Literatura.

Landa Vaz (Rubén), Filosofía.

Martín Echevarría (Leonardo), Geografía e Historia.

Martínez López (Ramón), Lengua y Literatura.

Navarro Flores (Martín), Derecho y Filosofía.

Núñez de Arenas (Manuel), Francés.

Orellana Moreno (Daniel), Francés.

Ortega (Antonio), Agricultura.

Paniagua Sánchez (Simón), Agricultura.

Puig Villena (Juan), Física y Química.

Rás Claravalls (Juan), Matemáticas.

Regalado González (Antonio), Lengua y Literatura.

Río Guinea (Miguel del), Matemáticas.

Roca Lletios, Geografía e Historia.

Romo Aldama (Aurelio), Lengua y Literatura.

  —78→  

Ruiz Lecina (Amós), Geografía e Historia.

Ruiz Romero (Mariano), Historia Natural.

Sabrás (Amós), Matemáticas.

Sánchez Gómez (Julio), Geografía e Historia.

Santaló Sors (Marcelo), Matemáticas.

Sapiña Camaro (Juan), Latín.

Vicén Vila (Aurelio), Dibujo.




ArribaAbajoProfesores encargados de curso incorporados al escalafón de Catedráticos de Instituto

Aguilo (Francisco de Sales), Ciencias Naturales.

Albornoz Salas (Concepción), Literatura.

Amo Morales (Julián), Francés.

Ángeles Ortiz (Manuel), Dibujante.

Campos Arteaga (Ángela), Literatura.

Carnicero Prieto (Ernestina), Francés.

Carrión (Ambrosio), Filosofía y Letras.

Castañeda Agulló (Manuel), Agricultura.

Castillo Iglesias (Luis), Geografía e Historia.

Clariana Pascual (Bernardo), Latín.

Climent Palau (Enrique), Dibujo.

Cluet (Manuel J.), Filosofía e Historia.

Comas Ros (Joaquina), Geografía e Historia.

Chicharro de León (Jerónimo), Latín.

Chinchilla Aledo (Enrique), Matemáticas.

Devis Samper (Manuel), Francés.

Fernández López (Guillermo), Ciencias Naturales.

Flores García (Pedro), Dibujo.

García Zurdo (Simón), Latín.

  —79→  

Hernández Ibáñez (Julio), Filosofía y Letras.

Hortelano Martínez (Enrique), Dibujo.

López Rendueles (Julio), Física y Química.

Martínez lborra (Ana).

Mateo Sousa (Eligio de), Matemáticas.

Muñoz Bicart (Eduardo), Literatura.

Pontones Hidalgo (Ramón), Dibujo.

Pérez Contel (Rafael), Dibujo.

Rodríguez de la Lastra (Luis), Francés.

Rodríguez Luna (Antonio), Dibujo.

Rodríguez Mata (Manuel), Química.

Sánchez Pérez (Alberto), Dibujo.

Sancho Granados (Romualdo), Matemáticas.

Santaló Sors (Luis Antonio), Matemáticas.

Tabuenca (Juan Luis), Francés.

Tapia Bolívar (Luis de), Matemáticas.


ArribaAbajoCursillistas asimilados a catedráticos de Instituto

Abizanza Ballariga (José María), Filosofía.

Abril Peláez (Esteban).

Andreu Settier (José), Física y Química.

Ballesteros Criado (Alfonso).

Bañón (Mauricio).

Benítez Mellado (Francisco), Dibujo.

Blanco Martínez Tejerina (María Gudelia), Historia y Geografía.

Cano Pelli (Eugenio), Dibujo.

Carreras Palet (Juan).

Carretero Martínez (Abel).

  —80→  

Casassas Canto (José María), Geografía e Historia.

Colchero, y Grande (Virgilio), Filosofía y Letras.

Colmenar Solís (D. Javier), Dibujo.

Cuartero Ortega (Domingo Horacio).

Chambo Soler (Juan).

Díaz Quijano (Fernando G.).

Ferrer y Guardia (Sol), Francés.

González Bruguera (Francisco).

Granell Muñíz (Manuel), Filosofía.

Guillamón Reyes (Higinio).

Hernández Millares (Jorge).

López Cantón (Guillermo).

Mayor Colóm (María), Francés.

Medina (Ramón), Literatura y Francés.

Miñana Albert (Jesús), Francés.

Navarro Esparcia (Enrique), Ciencias Naturales.

Oliva Teixelle (Josefina), Filosofía y Letras.

Ovejero Ballano (Jaime).

Pajevalinsky Ferrer (Olga), Filosofía y Letras.

Pérez Abascal (Cesáreo).

Petit Monserrat (Juan), Latín.

Poza Juncal (Laureano), Química y Física.

Ríus Zunón (Carlos), Geografía.

Rodríguez Sánz (César), Física y Química.

Sánchez Bellido (María Luisa).

Sánchez Lucena (Julio).

Sánz y Sáinz (Jenaro), Taquígrafo.

Save Mestré (José).

Serra-Baldo (Alfonso), Derecho y Letras.

  —81→  

Souto Campos (Eugenio).

Tur Fuget (Justo).

Valenzuela Otero (Ramón).

Valero Serrano (Juan), Física y Química.

Vela Zanetti (José),

Verdes Montenegro y Martín (Elena), Dibujo.




ArribaAbajoProfesores de escuelas normales e inspectores de enseñanza

Alaminos Peña (Luis), Ins.

Aliseda Olivares (José), Ins.

Almendros Ibáñez (Herminio), Ins.

Álvarez Santullano (Luis), Ins.

Ballester Gozalvo (José), Prof.

Ballesteros Usano (Antonio), Ins.

Bargalló Ardevol (Miguel), Prof.

Bargalló Ardevol (Modesto), Prof.

Caballero Núñez (Dolores). Prof.

Comas Camps (Juan), Ins,

Comas Camps (Margarita), Prof.

Elías Herrando (Emilia), Prof.

Folch y Pi (María Nuria), Prof.

Gales y Martínez (Manuel), Prof.

González y González (Sandalio), Ins.

González Sicilia de la Coste (Ramón), Prof.

Hernández Ruiz (Santiago), Ins.

Leal Crespo (Luis), Prof.

Luzuriaga Medina (Lorenzo), Ins.

Llopis Ferrándiz (Rodollo), Prof.

  —82→  

Llorca (Juan Bautista), Prof.

Martínez Torner (Florentino), Prof.

Munárriz Sánchez (Pilar), Ins.

Muñoz López (Francisco Orencio), Ins.

Ontañón Valiente (Juana), Prof.

Pasagali Lobo, Prof.

Peinado Altable (José), Ins.

Pérez Mota (Adolfo), Ins.

Piñol Miranda (José), Prof.

Rodríguez Álvarez (Alejandro [Casona]), Ins.

Sáinz Ruiz (Fernando), Ins.

Sánchez-Trincado Campos (Luis), Ins.

Santaló Parvorell (Miguel), Prof.

Tarazana Colomer (Concepción), Prof.

Tirado Benedí (Domingo), Ins.

Uriz Pi (Josefa), Prof.

Vila (Pablo), Prof.





  —83→  

ArribaAbajoCENTROS CULTURALES

El dinamismo de los hombres que en España impulsan la cultura no podía detenerse: las energías, la actividad de los refugiados, eran motores en marcha, acción en pleno desarrollo. Así, no obstante que muchos de ellos no habían logrado atender a sus problemas más urgentes de vida, empezaron a organizar centros culturales que, desde luego, reunieron a los dispersos elementos intelectuales.

En poco tiempo se fundaron: la «Unión de Intelectuales Españoles», donde hombres de alta cultura se congregaban para discutir los problemas filosóficos y sociales; el «Centro Republicano Andaluz», agrupación regional que reúne a los nativos de aquella región de España; la «Agrupación de Universitarios Españoles», organización de los hombres y mujeres de profesiones liberales de la generación de 1929 a quienes en buena parte se debe el poderoso movimiento estudiantil de la F. U. E., que encabezó la lucha contra la dictadura de Primo de Rivera; la «Agrupación de Escritores y Periodistas en el Exilio»; el «Orfeó Catalá», el «Instituto de Cultura Catalana», el «Ateneo Libertad», la «Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero» y algunos más que no recordamos.

Para conocer la labor que desarrolla uno de estos centros culturales, fuimos al Ateneo Español de México, que se encuentra en la calle de Morelos, número 26 de esta ciudad de México.

De nuestra inquisición sobre la labor desarrollada por este centro, que reúne muchas de las características de algunos otros de los fundados por los refugiados republicanos españoles y que es el más moderno de todos, obtuvimos el siguiente resultado:

El día 4 de enero del año de 1949 se constituyó el organismo. Sus fundadores lo fueron el doctor Joaquín d'Harcourt, estimado por su   —84→   caballerosidad y considerado por su ciencia como uno de los mejores cirujanos de cuantos practican su profesión en México; Ceferino Palencia, José Luis de la Loma, Jesús Ruiz del Río y Francisco Giner de los Ríos, también estimabilísimos intelectuales.

En total eran ciento veinticuatro los miembros fundadores del Ateneo Español de México, al principio de su fundación. Hoy llegan a más de ochocientos cincuenta. Entre ellos hay mexicanos por nacimiento; otros, por naturalización, y todos se sienten unidos por el mismo afán de estudiar los grandes problemas filosóficos; de buscar en sus investigaciones los progresos de las ciencias químicas, de las matemáticas, de la biología, de las ciencias económicas, de la filosofía, de la literatura, de las ciencias físico-químicas, de la historia, de la música, del arte en sus diversas manifestaciones, del teatro, del radio, de las artes plásticas.

A la misma mesa se sientan hoy hombres de ciencia, artistas, poetas, literatos españoles y mexicanos. Así podemos ver en el Ateneo Español de México, entre los españoles ya mencionados, a mexicanos ilustres como Alfonso Reyes, el más grande de los valores literarios de México; al gran poeta Enrique González Martínez, al novelista José Rubén Romero, al profesor Rafael Altamira, al doctor Manuel Márquez y a muchos otros intelectuales.

El exponente que da la inestimable unidad cultural y científica de este grupo honraría a la nación más culta y civilizada del mundo.

En el lapso transcurrido desde el 16 de marzo, fecha de inauguración del domicilio social y el 31 de diciembre de 1949, es decir, en nueve meses y medio, ha realizado el Ateneo 106 actos culturales, que brevemente se describen en lo que sigue:

Artes plásticas. La Sección de Artes Plásticas ha celebrado seis exposiciones: del 31 de marzo al 10 de abril, Exposición Homenaje a los pintores Aurelio Arteta, Aurelio, García Lesmes y Mariano Rodríguez Orgaz, fallecidos en el exilio; del 28 de abril al 2o de mayo, Exposición de Pinturas de Antonio Rodríguez Luna; del 17 de agosto al 27 de agosto, Exposición de Paisajes Mexicanos de la Época Romántica; del 19 de septiembre   —85→   al 8 de octubre, Exposición de Arte Humorístico; del 21 al 27 de noviembre, Exposición de Óleos, Acuarelas y Gouaches de Juan Estellés, y del 6 al 20 de diciembre, Exposición de Pinturas de Enrique Climent.

Esta misma Sección organizó cinco conferencias sobre Arte, cuyos temas y autores fueron: «Homenaje a Mariano Orgaz», por Ramón Gaya; «Dos pintores españoles contemporáneos» por Enrique F. Gual; «Los tránsitos del artista» por Ceferino Palencia; «De lo vivo a lo pintado», por Daniel Tapia; y «La desesperación en el Arte», por Ramón Gaya.

Ciencias. Diecisiete conferencias organizó la Sección de Ciencias. Tres de ellas se dedicaron al estudio de eminentes figuras médicas: «La significación del Doctor José de Letamendi en la medicina española», por el Doctor José Puche Álvarez; «Encuentro con Gimbernat», por el Doctor Germán Somolinos, y «Una austera figura médica de fines del siglo XIX y comienzos del XX. El doctor Benito Hernando y Espinosa», por el Doctor Manuel Márquez.

Cuatro sesiones se destinaron al estudio de problemas médicos, ilustrados con proyecciones cinematográficas: «La prostigmina y el tratamiento de la miastenia»; «Diagnóstico del embarazo»; «Trombosis y embolias», y «Cirugía del simpático», con exposición especial en esta última del Doctor Jeréz Mesa.

Se completó la actividad de la Sección en el aspecto médico con la conferencia titulada «Métodos actuales para la determinación de la personalidad», a cargo del Doctor Federico Pascual del Roncal.

En el campo de la Biología se dedicaron dos sesiones a la presentación de libros de actualidad interesante: «¿Qué es la vida?», de Schrodinger, presentado y comentado por don Juan Oyarzábal, y «Conducta Sexual del varón», de Kinsey, presentado y comentado por el Doctor Alberto Folch y Pi. El ingeniero José Luis de la Loma desarrollo en un ciclo de tres conferencias el tema «Ideas nuevas e ideas viejas sobre la evolución y la herencia». Por ultimo, el Doctor Enrique Rioja trató en una conferencia el tema «Aportación de literatos y poetas a la biología. Goethe».

  —86→  

Finalmente en el aspecto físico-matemático, organizó la Sección dos intervenciones: «Cosmología relativista», a cargo de don Juan Oyarzábal, y «La liberación de la energía nuclear», al del eminente profesor mexicano Doctor Carlos Graef Fernández.

Filosofía, Economía e Historia. Esta Sección tiene en su haber la organización de dieciocho conferencias, distribuidas en diversos ciclos de gran interés. Fue el primero el desarrollo en tres conferencias por el profesor Eduardo Nicol, sobre el tema «El pensamiento político español». El segundo ciclo, sobre «La crisis de Occidente», constó de una primera conferencia titulada «Precisiones y testimonios sobre la crisis de Occidente» a cargo del Doctor José M. Gallegos Rocafull, de una sesión en que aportaron sus comentarios y opiniones sobre el tema los señores Mariano Granados, Santiago Hernández Ruiz, Doctor Herce y Manuel Andújar, y de una sesión final en que nuevamente trató el tema el Doctor Gallegos Rocafull, para hacer el resumen y las conclusiones de lo expuesto.

El tercer ciclo, de dos conferencias sobre el tema «La situación económica y financiera de la España franquista», fue desarrollado por don Félix Gordón Ordás.

El cuarto ciclo estuvo a cargo del profesor Sánchez Sarto, que expuso en cuatro conferencias el tema «La solvencia económica de España».

Don Mariano Granados tuvo a su cargo el desarrollo del quinto ciclo organizado por la Sección, exponiendo en cuatro conferencias el tema «España y las Españas», refiriéndose respectivamente a España como posibilidad, a España y los pueblos españoles, a España y los pueblos ibéricos y a España y los españoles.

Por ultimo, la Sección a que nos venimos refiriendo organizó una conferencia del Doctor Emilio Uranga Uranga, Catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de México, sobre el tema «Mexicanos y Españoles de mi generación».

Las actividades de la Sección tercera se han completado con los trabajos del Grupo de Estudios Económicos Españoles, que se ha venido reuniendo semanalmente bajo la dirección del profesor Sánchez Sarto.

  —87→  

Sección de Literatura. Las actividades de la Sección de literatura han sido sumamente variadas, alcanzando a cuarenta y tres el número de conferencias y actos por ella celebrados. Ocho de ellas se dedicaron al estudio de figuras preeminentes del siglo XIX español: «La vida atormentada de Mariano José Larra», por Ceferino Palencia; «Toreros liberales del siglo XIX», por Daniel Tapia; «Mendizábal, una etapa del liberalismo español», por Mariano Granados; «Clarín, hombre de dos siglos», por Florentino M. Torner; «Miguel de Unamuno», por Manuel del Castillo; «Castelar, orador y hombre de Estado», por Álvaro de Albornoz; «Doña Concepción Arenal, una viuda romántica», por Juana Ontañón; «Balmes, pensador y político», por Luis Nicolau D'Olwer.

Tres conferencias versaron sobre el estudio de regiones españolas en el ciclo titulado «Viaje por España»: «El tren para Madrid pasa a las diez», por Antonio Robles; «Sevilla, luz del sonido», por Isabel de Palencia; «Breve historia de Yuste», por Luis Romero Solano.

La sección organizó un ciclo de cuatro conferencias como homenaje a Goethe, fueron estas: «El apasionado del arte», por Ceferino Palencia; «El mito fáustico del hombre», por Eduardo Nicol; «Goethe y las mujeres», por Margarita Nelken, y «Las disyuntivas de Goethe», por el licenciado Alfonso Reyes.

Tres lecturas de autores consagrados permitieron conocer parte de la obra de estos: don Paulino Masip leyó su obra teatral «El emplazado»; don José Moreno Villa leyó y comentó varios de sus poemas, bajo el título de «Comentarios a mis poesías», y el Doctor Enrique González Martínez, inspirado y famoso poeta mexicano, leyó para los socios del Ateneo su poema «Babel».

De igual modo, la Sección de Literatura, respondiendo a uno de los fines primordiales de la entidad, organizó una serie de sesiones para que los poetas españoles jóvenes dieran a conocer sus obras. Dieron lectura a estas en otras tantas actuaciones los poetas, Inocencio Burgos, Manuel Durán, Luis Rius, Enrique de Rivas, José Miguel García Ascot, José Alberto Gironella y Tomas Segovia.

  —88→  

Complementó toda la actividad reseñada la celebración de tres importantes conferencias: «La literatura catalana en el destierro», a cargo de Manuel Andújar; «El Canto del Hombre», por el poeta León Felipe; y «La varia poesía de Gabriela Mistral», por la escritora mexicana Palma Guillén.

Dentro de las actividades de la Sección de Literatura puede incluirse el interesante Ciclo de Humor, organizado y dirigido preferentemente por Eduardo Robles, en el que intervinieron además de este, Felix Herce, Tomás Perrín, Carlos de la Torre, José Martínez de la Vega, Daniel Tapia, Francisco Rivero Gil, Álvaro Custodio, Salvador Bartolozzi, Ernesto García Cabral, Ernesto Guasp, Pepe Peña, Antoniorrobles, José Rubén Romero y el Doctor Alfonso Millán, haciendo gala cada uno de ellos de su ingenio dentro de su peculiar modalidad literaria o artística.

Representó parte importante, por ultimo, en las intensas actividades de esta Sección, el Concurso de Cuentos abierto por el Ateneo, en el que el Jurado, integrado por el licenciado Alejandro Quijano, Luis Santullano, Florentino M. Torner, Antonio Espina y José Luis de la Loma, otorgó el premio de 500 pesos ofrecido por la entidad al escritor mexicano Alfonso Granguillhome, por su cuento «Pepa Martínez», concediendo menciones especiales a los cuentos «Xangó, Pasión y muerte del negro Blas», de José Ramón Arana; «El leproso», de Daniel Sala y «0-4 Cruz Verde», de Cecilia G. de Guilarte.

Sección de Música, Teatro, Cinematografía y Radio. Celebró esta Sección en lo que a música se refiere cinco actos: un concierto de piano por Esperanza Pulido, un recital de canto del Coro de Madrigalistas bajo la dirección del maestro Luis Sandi, un concierto de piano por Alicia Urreta, un concierto de guitarra por Nuria Pares y un acto conmemorativo dedicado a Chopin con intervención de Esperanza Pulido y la Excelentísima señora Natalia Drohojowska, y actuación al piano del concertista Francisco Méndez de Gyves.

La subsección de Cinematografía organizó tres sesiones en las que se exhibieron las películas «Iván el Terrible», «El gabinete del Doctor Caligari»   —89→   y «El perro andaluz», y «El abanico de Lady Windermere», en su primera versión muda. Las tres exhibiciones fueron precedidas de sendas conferencias del crítico cinematográfico don Álvaro Custodio.

La subsección de Radio ha organizado un Concurso de Teatro Radiofónico, con el que el Ateneo espera estimular este nuevo aspecto de la producción literaria.

Por ultimo, dentro de las actividades propias de la Sección Quinta puede incluirse la función infantil celebrada el día 28 de diciembre, en la que se exhibieron películas para niños, habló a estos Antonio Robles y el Teatro Guignol «Periquito» representó varias obras de su repertorio.

Actividades culturales de carácter general. El Ateneo ha celebrado, además de los actos citados, varios de carácter general; aparte del correspondiente a la inauguración del domicilio social, en el que intervinieron el Doctor D'Harcourt, don Ceferino Palencia, el licenciado Alfonso Reyes y señor don Luis Nicolau D'Olwer, presentó la entidad en sendos actos a dos ilustres conferenciantes sudamericanos: don Mariano Picón-Salas, que desarrolló el tema «Venezuela, paisaje y problemática de un país», y el profesor Ricardo Latcham, que trató el tema «Fundamentos hispánicos de la nacionalidad chilena». Además se dieron tres conferencias de tipo general: «Valor estratégico de España ante una futura guerra», por don Vicente Guarner; «Apuntes de un desterrado», por don Francisco Piña Brotons; y «Las Naciones Unidas esperanza de Paz», por don Julio Álvarez del Vayo.

Se completaron estas actividades de carácter general con el acto celebrado el día 25 de octubre para hacer entrega solemne del premio otorgado en el Concurso de Cuentos.

Actividades antifranquistas. Atento al Ateneo a su significación republicana y a sus fundamentales fines de lucha por la implantación de la libertad y la democracia en España, se dirigió a la Organización de las Naciones Unidas, con fecha 19 de abril de 1949 en un razonable escrito requiriendo a la Asamblea General de la ONU para que en su reunión   —90→   iniciada el día 5 del mismo mes hiciera honor a sus acuerdos de diciembre de 1946, adoptando en el problema de España resoluciones congruentes con dichos acuerdos, que condenan el régimen franquista, para dar así satisfacción debida a la conciencia democrática del mundo entero.

Más tarde, ante los rumores de que se planeaba la entrega de los tesoros del Museo del Prado de Madrid, como garantía de un préstamo al Gobierno que usurpa el poder en España, el Ateneo se dirigió telegráficamente al Director del Museo Metropolitano de Nueva York, elevando su protesta y solicitando informes concretos sobre tales rumores. Antes de las veinticuatro horas, dicho Director manifestaba al Ateneo por vía telegráfica que los mencionados rumores carecían de fundamento.

No obstante, la actuación del Ateneo en defensa de la libertad, la democracia y la República, ha tenido mucha mayor significación, a juicio de la Junta Directiva, dentro de gran parte de los actos culturales celebrados y en especial, en el desarrollo de varios de los ciclos de conferencias relativos a los problemas de España.

Actividades de Relación Internacional. El Ateneo se ha solidarizado con los pueblos de Guatemala y el Ecuador, con motivo de las catástrofes que han aquejado a sus países, y ha propagado entre sus asociados la necesidad de cooperar con los Comités creados en México para ayudar a los damnificados de una y otra nación.

Igualmente colaboró el Ateneo en la organización del homenaje rendido al Excelentísimo señor Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, don Rómulo Gallegos, actualmente en exilio en México. Por otra parte, hizo una invitación cordial a los intelectuales venezolanos refugiados en México, para que concurrieran a su domicilio social, considerándose como asociados de la entidad, durante su permanencia en este país.

Homenaje a México. Al cumplirse el décimo aniversario de la llegada de los primeros refugiados republicanos españoles a México, ha creído el Ateneo oportuno que la emigración española rinda homenaje al país que abrió generosamente sus puertas en los días amargos de la derrota,   —91→   acogiéndolos con hospitalidad sin par y dándoles amplia base para rehacer sus vidas y encauzar la de sus hijos, que en muchos casos podrán llamarse mexicanos con orgullo. Para tal fin, ha lanzado la idea de erigir un monumento por suscripción pública entre todos los emigrados, recogiendo una antigua iniciativa que por diversas razones no había cristalizado aún. Se ha solicitado del señor jefe del Departamento Central del Distrito Federal la autorización correspondiente y la designación del lugar donde el monumento en cuestión pudiera emplazarse, y tan pronto como se obtenga respuesta de dicho funcionario, se iniciarán las gestiones para dar cima a este proyecto que perpetuara el agradecimiento de los españoles republicanos a la que ha venido a ser su segunda patria.

Manifestaciones semejantes a éstas del Ateneo, se registraron en todos los centros culturales creados por los republicanos españoles y que vinieron a enriquecer la cultura y la ciencia mexicanas. La premura de tiempo y la escasez de espacio no nos permiten extender a todos ellos nuestra información.



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ArribaAbajoEditoriales, imprentas, librerías

De la obra cultural realizada por los españoles republicanos exiliados en México, la fundación de las casas editoriales nos parece importantísima. No obstante que se creyera que los largos años de cárcel, de campos de concentración, de angustiosa espera de ser trasladados a México, había quebrantado a aquellos hombres, dieron muestras al llegar a nuestro país de que sus energías estaban intactas; de que escritores, catedráticos, músicos y poetas, sabios investigadores y médicos ilustres, estaban dispuestos a continuar la obra que habían iniciado algunos hacía muchos años en España; labor que se había suspendido a partir del día 18 de julio del año de 1936.

El grupo de laboriosos intelectuales que se dio a tal tarea, se enfrentó a los grandes problemas que tenía que resolver para realizarla; desde luego, fundar imprentas y librerías. A la ciencia y al arte, esas casas editoriales han dado una aportación muy valiosa.

Por su parte, México no puso obstáculo a que la emigración española expresara con toda libertad su pensamiento: libros, panfletos y revistas salieron a luz; y siguen publicándose otros nuevos, sin que jamás hayan escuchado sus autores ni sus editores la odiosa palabra «censura». Fundándose en nuestras leyes liberales, los refugiados han podido editar sus periódicos y sus libros señalando a México y al resto del mundo sus pensamientos.

El acervo de libros editados por los refugiados españoles en once años es revelador de la calidad de la emigración a que nos referimos: mas de dos mil doscientos cincuenta libros han aparecido, como fruto de la intelectualidad española. Y, en su mayoría, esos libros tratan asuntos filosóficos, médicos, de artes plásticas, de música, de historia.

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El mismo grupo ha traducido de diversos idiomas al español, más de mil seiscientos libros, clásicos, en su totalidad, del francés, del inglés, del alemán. Han aparecido libros en vasco y en catalán. Y, también, se han editado libros en inglés de copiosísimas ediciones, para circular en Estados Unidos de Norteamérica.

Las casas editoriales e imprentas creadas por los refugiados españoles suman más de cincuenta. La casi totalidad de sus trabajadores son mexicanos por nacimiento; esto significa que es grande el número de obreros mexicanos que prestan sus servicios a estas negociaciones.

Las principales editoriales creadas por los refugiados son: Editorial B. Costa-Amic, que edita libros en lengua española, catalana, inglés y francés; Editorial Arcos, Editorial Proa, Editorial Vasca Ekin, S.R.L., en castellano y vasco; Ediciones Xóchitl, Ediciones Centauro, S.A., Ediciones Educación, Editorial Leyenda, S.A., cuya especialidad son sus colecciones de Arte, Historia e Historiadores de México; Editorial Séneca, cuya especialidad son libros sobre ciencia, medicina, escolares, arte, filosofía y clásicos españoles; Ediciones Rex, sobre vidas españolas e hispanoamericanas; Ediciones Atlántida: enciclopedias y obras de gran valor; Ediciones España, Ediciones Minerva, Ediciones Jurídicas Hispanoamericanas, Ediciones Lex, Ediciones Magister, Editorial Cima, Editorial Lemuria, Editorial Moderna, Editorial Norte, Editorial Esculapio, Editorial Continental, Ediciones Orión, Ediciones Quetzal, Ediciones España Nueva, y las editoriales en catalán: Biblioteca Catalana, Club del Llibre Catalá, Comunitat Catalana de Méxic, etc., etc.

Hay que hacer mención especial del Fondo de Cultura Económica, la más importante editorial de habla hispánica, y que fundada por un grupo de intelectuales mexicanos ofreció cordial oportunidad a un núcleo importante de refugiados españoles para continuar en su exilio una labor intelectual digna y brillante. Profesores y universitarios distinguidos, directores de institutos superiores, filósofos, sociólogos, economistas, juristas, escritores, hombres de ciencia, pertenecientes al grupo más destacado de la intelectualidad española de nuestro tiempo, tuvo así oportunidad de brindar una colaboración efectiva y valiosa a una de las empresas culturales   —94→   que más prestigian el nombre de México en el mundo. Merecen citarse entre los más destacados de tales colaboradores los nombres de José Medina Echavarría, Javier Márquez, Vicente Herrero, Eugenio Imaz, Joaquín Díez-Canedo, Julián Calvo, Luis Alaminos y Sindulfo de la Fuente. Pudo así esta editorial, con su acogida generosa, contribuir a que se hicieran más sólidos los vínculos espirituales entre la España de la República y nuestra América. Allí se están editando libros sobre economía, sociología, política, historia, filosofía, antropología, ciencia y tecnología. Allí se publica la «Biblioteca Americana», con libros de gran valor histórico sobre literatura indígena, sobre cronistas de Indias, Literatura Colonial, Poesía y Teatro, Viajeros, etc; la importante colección «Tierra Firme», que merece los elogios de las más grandes autoridades intelectuales de Hispanoamérica y del país del Norte; la popular y acreditada serie de Breviarios; las obras literarias Tezontle, etc., etc.

Los más grandes escritores, Balzac, Barlett, Bala, Abt, Sir Norman Angell, Benes, Brinton, Burnet, Cannan, Cicerón, Colette, Cuvillier, Dumas, Durkheim, Queiroz, Elliot, Fulton, Andrés Gide, Gunther, Hamilton, Heller, Jennings, Kant, Federico List, Marx, Masaryk Neuman, Ozanam, André Rousseau, Stendhal, Stern, Tucídides, Weber, Víctor Von Hagen, y muchos cientos de otros escritores extranjeros han sido traducidos al español por los refugiados republicanos que aclaran sus obras con notas explicativas, y que para la mayoría de los libros traducidos han escrito prólogos. Del inglés, francés, alemán, italiano, portugués y otros idiomas extraños al castellano, los refugiados: Doctor R. Carrasco Formiguera, Fernando Valera, Ernestina de Chapourcin, F. Giner de los Ríos, José Carner, Pedro Bosch Gimpera, Luis Delgado de Vargas, Doctor Ramón Bertrán, Luis Jiménez de Asúa, Luis Recasens, Teodoro, Ortiz, Ignacio del Castillo, Vicente Herrero, Ángel Samblancat, Mariano Ruiz Funes, Daniel Tapia Bolívar, Aurelio Camnio, J. Pi Suñer, Javier Márquez, José Rovira, Eugenio Imaz, Wenceslao Roces y muchos otros escritores, han traducido libros más importantes. Sería imposible dar los títulos de todos ellos.

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A partir de la fecha en que estas casas editoriales trabajan, casi todos los libros nuevos de autores extranjeros a las pocas semanas de aparecidos están en las librerías, traducidos al castellano.

Expresamos nuestra pena porque vamos a omitir muchas obras y nombres de sus autores; y declaramos que lo hacemos sólo por la falta de tiempo para formar este pequeño libro en el plazo que nos hemos señalado para ello. Pero damos una lista que comprende a muchos de los valores que se dedican a esta actividad.



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