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La gallega Mari-Hernández


Tirso de Molina



[Nota preliminar: presentamos una edición fonética de La gallega Mari-Hernández de Fray Gabriel Téllez (Tirso de Molina), Valencia, en casa de Pedro Patricio Mey, 1631, basándonos en la edición de Juan Eugenio Hartzenbusch (Tirso de Molina, Comedias escogidas de Fray Gabriel Téllez (el Maestro Tirso de Molina), Madrid, Atlas, Biblioteca de Autores Españoles, 1944, pp. 109-127).]



PERSONAS
 

 
DON JUAN II DE PORTUGAL.
DON ÁLVARO DE ATAÍDE.
DOÑA BEATRIZ DE NOROÑA.
MARI-HERNÁNDEZ,   gallega.
GARCI-HERNÁNDEZ,   viejo.
EL CONDE DE MONTERREY.
DON EGAS.
CALDEIRA.
DOMINGA.
CARRASCO,   serrano.
OTERO,   serrano.
MARTÍN,   serrano.
BENITO,   serrano.
CORBATO,   serrano.
GILOTE,   serrano.
VASCO.
UN CAZADOR.
DOS SOLDADOS PORTUGUESES.
DOS CRIADOS DEL CONDE.
Soldados castellanos.
Soldados portugueses.
Acompañamiento del Rey y del Conde.
 

La escena es en Chaves (en Portugal), en el valle de Limia, y en Monterrey.

 




ArribaAbajoActo I

 

Sala en casa de DOÑA BEATRIZ en la villa de Chaves. -Es de noche.

 

Escena I

 

DON ÁLVARO, DOÑA BEATRIZ.

 
DON ÁLVARO
De dos peligros, Beatriz,
por excusar el más grave,
se ha de escoger el menor.
¿Qué importa que el Rey me mate?
Ya sé que a voz de pregones 5
me busca, y por desleales
condena a cuantos supieren
de mí, sin manifestarme.
El rey don Juan el Segundo
de Portugal y el Algarbe 10
(que aunque airado contra mí,
mil años el cielo guarde),
dando a traidores orejas,
que persiguiendo leales,
quieren de bajos principios 15
subir a cargos gigantes,
ha cortado la cabeza
a don Fernando Alencastre
(primo suyo, y duque ilustre
de Berganza y Guimaranes) 20
por unas cartas fingidas,
que su secretario infame
contrahizo y entregó,
en que da muestras de alzarse
con la corona, escribiendo 25
a los Reyes que, ignorantes
deste insulto, las reliquias
destierran del nombre alarbe.
A Fernando e Isabel
digo, que a Castilla añaden 30
un nuevo mundo, blasón
de sus hechos alejandres.
Verosímiles indicios
no admiten en pechos reales,
cuando la pasión los ciega, 35
argumentos disculpables.
Andaba el Rey receloso
del Duque, porque al jurarle
en las Cortes, cuando en Cintra
llevó Dios al rey su padre, 40
reparando en ceremonias,
por usadas, excusables,
quiso según las antiguas
hacerle el pleito homenaje.
Valiéronse deste enojo 45
lisonjeros, y parciales
le indignaron, que en los reyes
son crímenes los achaques.
Siguiéronse cartas luego
contrahechas, que a indiciarle 50
bastaron con tanta fuerza,
que aunque el Duque era su sangre,
en Évora le justicia,
sin que lágrimas le aplaquen
de la Reina, hermana suya, 55
de sus privados y grandes.
Huyen parientes y amigos;
porque a enojos majestades
en los ímpetus primeros,
no hay inocencias que basten. 60
Dos hermanos y tres hijos
van a Castilla a ampararse
de Fernando e Isabel:
¡quiera el cielo que en él le hallen!
Al conde de Montemor 65
su hermano, y gran condestable
de Portugal, aunque ausente,
ha mandado el Rey sacarle
en estatua, y en la villa
y plaza mayor de Abrantes 70
la espada y banda le quita
cuadrada, que es degradarle
de condestable y marqués,
y luego degollar hace
el simulacro funesto, 75
saliendo (¡rigor notable!)
sangre fingida del cuello
de la inanimada imagen.
Yo, que como primo suyo,
soy también participante, 80
si no en la culpa, en la pena,
para que también me alcance,
estoy dado por traidor;
y por la lealtad de un paje,
que despreciando promesas, 85
no temió las crueldades
con que amenazan los jueces,
dos meses pude ocultarme
en un sepulcro, que antiguo
en vida las honras me hace. 90
Pero ahora que estoy cierto
que el Rey, declarado amante
de tu hermosura, ha venido
a esta villa a visitarte,
atropellando consejos, 95
perdiendo al temor cobarde
el respeto que la vida
y la honra es bien que guarde,
si desesperado no,
celoso mi agravio sale 100
de sí y del sepulcro triste,
asilo hasta aquí, ya cárcel.
Celos, Beatriz, poderosos
han bastado a levantarme
del sepulcro: muerto estoy; 105
bien puedo decir verdades.
Dos años ha que te sirvo,
sin que haya, por adorarte,
estorbos que no atropelle,
imposibles que no pase. 110
Con palabras y promesas
esperanzas alentaste,
que dudosas que las niegues,
hoy vienen a ejecutarte.
Ser mi esposa has prometido; 115
pero ya que ciega y fácil
la fortuna (en fin mujer,
firme sólo en ser mudable)
levanta tus pensamientos
cuando mis dichas abate: 120
tú igualándote a coronas,
yo indigno, ya que me iguale
al más rústico pastor;
tú, marquesa respetable,
yo, sin estados, ni hacienda; 125
¡ay Beatriz! no hay que culparte
que me aborrezcas y olvides.
Gócete el Rey; muera, inhábil
de merecer tu belleza,
un conde ayer, hoy imagen 130
y sombra de lo que ha sido;
que cuando el Rey aquí me halle,
porque de mí quedes libre
yo gustaré que me mate.
DOÑA BEATRIZ
Tan desacordado vienes, 135
que a no ocasionar tus males
a llorar desdichas tuyas,
riyera tus disparates.
Para salir del sepulcro,
donde viven las verdades 140
entre huesos, desengaños,
que no admitieron en carne,
no sales con la cordura
que pudieran enseñarte
escuelas del otro siglo, 145
donde no hay ciencias que engañen.
La historia del malogrado
duque vienes a contarme,
como si yo la ignorara,
cabiéndote tanta parte 150
a ti en ella como a mí
de lágrimas; que a enseñarte
reliquias que en lienzos viven,
bastaran a acreditarme.
Antes de haber delinquido, 155
en mi ofensa sentenciaste
olvidos sólo en potencia.
¡Ay don Álvaro de Ataíde!
Necios jueces son los celos,
pues sus ciegos tribunales, 160
sin interrogar testigos,
condenan lo que no saben.
Aunque de lo que te imputan
enemigos criminales
inocente estés (que es cierto, 165
pues en ti traición no cabe),
sólo la mala sospecha
que contra el amor constante
de mi pecho has hoy tenido,
basta para condenarte; 170
porque donde el valor vive,
tal vez delitos amantes
son de más ponderación
que las lesas majestades.
De la triste compañía 175
donde vivo te enterraste,
la desazón se te pega
que muestras: no es bien me espante.
Sin Estado, perseguido,
sin amigos que te amparen, 180
sin parientes que te ayuden,
sin vasallos que te guarden,
te quiero más que primero;
que porque al fino diamante
le desguarnezcan del oro, 185
no desdicen sus quilates.
Déjame pelear primero,
y cuando el contrario cante
la victoria, entonces dime
vituperios que me agravien; 190
que si por ser mujer yo,
temes de mi sexo frágil
banderizados empleos,
soy portuguesa, y bien sabes
que no ha habido en mi nación 195
ninguna a quien los anales,
que afrentas inmortalizan,
puedan notar de inconstante.
Amabas presuntüoso;
pretendías arrogante; 200
pudo ser por las riquezas,
siempre soberbias y graves:
y yo también pudo ser
que por ellas te estimase,
repartiendo en ti y en ellas 205
deseos interesables.
Ya podrás amarme humilde,
y yo en amor mejorarme,
queriéndote por ti solo,
si tú pobre, yo constante. 210
Estado, hacienda y honor
la Fortuna, diosa frágil,
te quitó: guarda la vida;
que como esta no te falte,
sin Estado, honor y hacienda 215
te estimo en más que los reales
blasones que me persiguen,
y no han de poder mudarme.
Noroña soy, si él es rey;
esposa tiene a quien ame, 220
y ilegítimos empleos
no han de ofender mi linaje.
Raya es ésta de Galicia:
si encubiertamente sales
con el favor de la noche, 225
amparo de adversidades;
cuando tú seguro estés,
y des orden de avisarme,
te seguiré firme yo;
que empeñando mis lugares, 230
y recogiendo mis joyas,
castellanas majestades,
de rigores portugueses
tiene España que nos guarden.
Dame los brazos, y adiós. 235
DON ÁLVARO
Tu nombre en mármoles graben.


Escena II

 

CALDEIRA. -DON ÁLVARO, DOÑA BEATRIZ.

 
CALDEIRA
Deja agora grabaduras
para escultores y jaspes,
¡cuerpo de Dios!, y prevén
o escondrijos o gaznates, 240
que el rey don Juan entra aquí.
DOÑA BEATRIZ
¡Ay, mi bien!
CALDEIRA
¿No habrá desvanes,
chimeneas, gallineros,
o un cofre en que agazaparme?
DON ÁLVARO
Ya, Beatriz, vuelven sospechas 245
de nuevo a martirizarme.
¡El Rey de noche, y a verte,
sin tu permisión!
DOÑA BEATRIZ
No te halle
aquí: tras ese tapiz
te pon; que si has de escuchalle, 250
y lo que respondo adviertes,
yo sé que de los pesares
que me das, perdón me pidas.
CALDEIRA
Que viene, que entra, que sale.
DOÑA BEATRIZ
Mi bien, ¿quieres esconderte? 255
DON ÁLVARO
¡Ay, quién pudiera feriarte
la firmeza de los montes!
CALDEIRA
¡Ay, quién pudiera tornarse
o chapín o bacinilla,
mono, papagayo o fraile! 260
 

(Ocúltanse detrás de un tapiz DON ÁLVARO y CALDEIRA.)

 


Escena III

 

El REY, DON EGAS, acompañamiento. -DOÑA BEATRIZ, DON ÁLVARO y CALDEIRA, ocultos.

 
REY
Para divertir, marquesa,
penas de razón de Estado,
que desleales me han dado,
porque de mi bien les pesa,
a vuestra villa he venido, 265
y esta noche a vuestra casa.
DOÑA BEATRIZ
No sabéis honrar con tasa;
pródigo habéis, señor, sido,
ilustrando estas paredes,
donde, como vos decís, 270
penas tan bien divertís,
que en vos es hacer mercedes.
REY
Para que verifiquéis
aquesa proposición,
traigo, Beatriz, intención 275
de que mañana os caséis.
DOÑA BEATRIZ
¡Cómo, gran señor!
REY
Yo he sido
vuestro amante; que las leyes
de amor no exceptúan reyes:
constante habéis resistido 280
mi poder y voluntad,
porque mienta la experiencia
que afirma no hay resistencia
contra un gusto majestad;
y yo también, vuelto en mí, 285
cuerdo he juzgado a vergüenza
que una mujer reyes venza,
y un rey no se venza a sí.
soy casado, y vos doncella:
heredad que está sin dueño, 290
no corre riesgo pequeño,
y más heredad tan bella.
Dueño os prevengo, en efeto;
que un marido puede tanto,
que al vasallo pone espanto, 295
y al Rey obliga a respeto.
El conde don Egas es
en quien los ojos he puesto,
noble, leal, y sobre esto
mi privanza. El interés 300
de ser este el gusto mío,
pienso yo que bastará
a que os obligue quien da
muerte así a su desvarío.
DONA BEATRIZ
Quien de sus propias pasiones 305
sabe salir vencedor,
bien merece, gran señor,
hipérboles por blasones;
que, en fin, no reinaba bien
cautiva la voluntad. 310
Doyle a vuestra majestad
mil veces el parabién
del discreto desempeño
con que el alma ha libertado,
y yo se le hubiera dado 315
a mi dicha por el dueño
que su mano me ha ofrecido,
si no sintiera bajar
de más a menos, y dar
pena a un amor ofendido. 320
Que puesto que fue el honor
resistencia poderosa
contra el alma que piadosa
estimaba vuestro amor,
ya en mí se habían engendrado 325
de vuestros reales empleos,
reales también los deseos,
y dentro en mí un real estado;
que negándoos exteriores
permisiones el honor, 330
estimaban vuestro amor
pensamientos interiores;
y con afecto amoroso,
cuando el amor resistía,
dentro del alma os tenía 335
por mi legítimo esposo;
pues con tales fundamentos,
no era mucho conservar
el cuerpo libre, y gozar
casados sus pensamientos. 340
Mas pues burlados los hallo,
no será conforme a ley
que quien fue esposa de un rey,
lo venga a ser de un vasallo.
Ni a vos os puede estar bien 345
que en ofensa de los dos,
hombre que es menos que vos,
goce a quien quisistes bien.
REY
¿Vos me habéis querido a mí?
DOÑA BEATRIZ
Dentro del alma os llamaba 350
esposo, y os adoraba.
REY
Creyera yo ser así,
a no venir advertido
de que es mi competidor,
marquesa, un conde traidor, 355
por vos a un rey preferido.
Mirad cómo haré caudal
del amor que me tenéis
interior, si posponéis
a un rey por un desleal. 360
Que yo de nuevo agraviado
deslealmente por los dos
(si como confesáis vos,
de esposo nombre me han dado
pensamientos ya violentos, 365
pues a un traidor dan lugar),
bien podré en vos castigar
adúlteros pensamientos,
y en él la injuria que pide
quien dueño vuestro se llama, 370
pues me ofende en reino y dama
don Álvaro de Ataíde.
DOÑA BEATRIZ
Señor...
REY
Esta es la verdad.
A informaciones ya hechas
y probadas, no hay sospechas 375
que ofusquen su claridad.
Don Álvaro huyó a Castilla
con los demás desleales,
cuyas ambiciones reales
aspiraban a mi silla. 380
Correspóndese con vos,
y en la raya de Galicia,
Beatriz, vuestro Estado, indicia
muchos cargos contra vos.
Para que dellos quedéis 385
libre, y Portugal seguro,
hoy desposaros procuro.
Conde os doy, si le perdéis.
DOÑA BEATRIZ
Que un amante celos pida,
con buena o mala ocasión, 390
por ser la mejor sazón
de amor, cosa es permitida;
pero un marido a su esposa,
en culpa no averiguada,
y menos que con la espada, 395
siempre fue acción afrentosa.
Sabiendo pues que le llama
esposo mi voluntad,
no hace Vuestra Majestad
bien en ofender su fama; 400
pues culpando mis intentos,
ya el ser mi esposo ha acetado,
cuando me atribuye airado
adúlteros pensamientos;
y siendo así, mis cuidados 405
que en tan mal crédito están,
desde agora llorarán
pensamientos mal casados;
que yo en fe de que tenía
dentro el alma un dueño rey, 410
por ser esposa de ley,
con tal presunción vivía,
que no a don Álvaro que es
(aun cuando fuera leal)
a mi altivez desigual; 415
al príncipe portugués,
que es sucesor vuestro, en fin,
juzgara, cuando me amase,
indigno de que aun besase
la suela de mi chapín. 420
Perdone este atrevimiento
Vuestra Majestad, señor;
que pierde el respeto amor
cuando está con sentimiento.
Yo tengo el alma empleada 425
en un rey, de quien mujer
se llama, y no puede ser
con dos a un tiempo casada.
Ponga en Chaves guarnición,
por ser de Galicia raya, 430
si es justo que de mí haya
tan poca satisfacción;
y excuse así sus combates,
dándome licencia a mí;
que dirá, si estoy aquí, 435
mi agravio mil disparates.
 

(Éntrase por el tapiz detrás del cual están ocultos DON ÁLVARO y CALDEIRA: va el REY a detener a la Marquesa, y tirando del tapiz, quedan descubiertos los dos escondidos.)

 
REY
Esperad. ¡Traidor!, ¿qué es esto?
CALDEIRA

 (Aparte.) 

Tramoya que salió mal.
REY
Matadme ese desleal.
DON ÁLVARO
Quien ese nombre me ha puesto, 440
es el que tienes al lado,
falseador de firmas fieles,
que como mata en papeles,
y no viene acostumbrado
al acero en quien se suma 445
el valor no lisonjero,
cobarde por el acero,
sólo es valiente por pluma.
Con ella sí que hará alarde
de hazañas que un rey premió; 450
pero con la espada no;
que el traidor siempre es cobarde.
DON EGAS
Mi lealtad, que es conocida,
cual tu traición confirmada,
confirmará aquesta espada. 455
 

(Echan mano los tres.)

 
DON ÁLVARO
La color tienes perdida,
y ella quién eres declara;
que para que te convenza,
tuvo tu sangre vergüenza
de desmentirte en la cara. 460
No es bien que mi acero afrente,
cuando en ti mancharse duda;
que el leal no le desnuda,
teniendo a su rey presente.
Para ti de aqueste modo 465
basta y sobra.

 (Dale un golpe con la espada envainada, y vase.) 

CALDEIRA

 (Aparte.) 

¡Oh, cómo pegas!
Por esto, hermano don Egas,
se dijo: «Con vaina y todo».

 (Vase.) 



Escena IV

 

El REY, DON EGAS, DOÑA BEATRIZ, acompañamiento.

 
REY
Seguilde, matalde. ¡Ah cielos!
Pero no le alcanzarán 470
cobardes, si no es que van
volando tras él mis celos.
Quede en prisión la Marquesa,

 (A DON EGAS y otro caballero.) 

y en guarda suya los dos.

 (Vase.) 

DOÑA BEATRIZ

 (Aparte.) 

Álvaro, si os libráis vos, 475
¿qué importa morir yo presa?
 

(Vanse.)

 


Escena V

 

Campo en el valle de Limia, con unas peñas en el fondo.

 
 

CARRASCO y OTERO, encima de las peñas y mirando adentro.

 
CARRASCO
¡Aquí de la serranía!
¡A la hoya, ahao a la hoya!
OTERO
Serranos, aquí fue Troya:
no quede lobo este día. 480
CARRASCO
¡Ah cuerpo de non de Dios!
¡Habíades de caer!
OTERO
No hay son matar y comer.
CARRASCO
Como burros son los dos.
OTERO
Viva la gala, serranos, 485
del valle de Limia.
VOCES

 (Dentro.) 

Viva.


Escena VI

 

MARTÍN, BENITO, CORBATO y GILOTE, saliendo por el proscenio. -Dichos.

 
CARRASCO
¡Ah del valle!
BENITO
¡Ah de allá arriba!
OTERO
A los llanos.
TODOS
A los llanos.
MARTÍN
¡Eso sí: gritar y dalle!
La voz tenéis de codicia. 490
CARRASCO
Al paraíso de Galicia,
serranos, al valle.
TODOS
Al valle.
 

(Bajan de las peñas CARRASCO y OTERO.)

 
GILOTE
¡Famosa presa, Carrasco!
CARRASCO
Cuál de pies, cuál de cogote,
cayeron lobos, Gilote, 495
que es contento.
OTERO
Del peñasco
se despeñó un jabalín.
BENITO
Salve y guarde.
OTERO
Bien venido.
BENITO
Catorce diz que han caído.
CARRASCO
Llegoles su San Martín. 500
BENITO
Diez jabalís, seis venados,
tres zorras y tres garduñas.
GILOTE
No les valieron sus uñas.
BENITO
Vengáronse los ganados.
OTERO
¡Ojalá que en esta sierra 505
hiciéramos otro tanto
de los jodíos que el santo
reye de España destierra!
CARRASCO
Sí, Fernando e Isabel
rayos de jodíos son. 510
OTERO
De la santa esquinación
huye esta canalla infiel
y se nos acoge acá.
GILOTE
De la Inquisición diréis.
OTERO
Sí, vos que leer sabéis, 515
acertaréis.
BENITO
Gil sí hará.
OTERO
Un comisón ha venido
en su busca...
GILOTE
Comisario
se llama.
OTERO
Y un calendario
de los reyes ha traído, 520
que le nombran procesión...
GILOTE
Provisión.
OTERO
Para prendellos,
y andamos a caza dellos,
Carrasco, que es bendición.
BENITO
Disfrázanse entre nosotros, 525
que ni los conocerá
un zahoril.
OTERO
Yo topé ya,
aunque se metan entre otros
una famosa invención
con que conocerlos luego. 530
GILOTE
¿Y es?
OTERO
A la nariz les llegó
un pedazo de jamón;
y el que es cristiano echa el diente,
y el que no, las tripas echa.
CARRASCO
¡Oh, qué maldita cosecha! 535
¿Qué no cree en Dios esta gente?
GILOTE
No.
CARRASCO
Yo en la romana igreja
creo.
BENITO
Con ella me avengo.
OTERO
Serranos, a eso me atengo;
que es, en fin, cristiana vieja. 540
BENITO
Como tien Castilla guerra
con Portugal tanto ha,
los fronterizos de acá
habitamos en la sierra.
Ni hay tiempo para prendellos. 545
GILOTE
Todos, poquito a poquito,
se mos van allá bonito.
OTERO
Allá se lo hayan con ellos;
que acá haremos entre tanto
lo que nueso amo nos manda, 550
que es andar en su demanda.
MARTÍN
Es buen cristiano.
GILOTE
Es un santo.
OTERO
¿Garci-Fernández? No hay viejo,
desde Limia a Monterrey,
de más virtú ni más ley. 555
BENITO
¿Y su hija?
CARRASCO
Esa es espejo
de Galicia.
CORBATO
Dele Dios
un marido del tamaño
de aquel nogal, o el castaño
que tenéis a par de vos. 560
CARRASCO
Hoy cumple años.
GILOTE
Y hoy festeja
de su padre el alegría
a toda la serranía.
BENITO
Viva un sigro, y nunca vieja.
OTERO
Par Dios, que cuando la veo, 565
de manera me emberrincho,
que como rocín relincho.
CARRASCO
¡Mas arre allá!
MARTÍN
Yo babeo
siempre que la llego a habrar.
CARRASCO
Todo un sol tiene en la cara. 570
OTERO
A fe si ella se pagara
de tirar, correr, luchar,
que ella huera presto mía.
BENITO
Eso no, donde estoy yo.
OTERO
¿Vos conmigo?
BENITO
Yo, que só
575
gala desta serranía.
OTERO
Mas ¡nonada!
BENITO
Para vos.
OTERO
Benito, callá, os digo.
BENITO
¿Pues lucharéis vos conmigo?
OTERO
Con vos y con otros dos. 580
BENITO
¿Qué ha de ir?
OTERO
Vaya una cabra.
BENITO
Par Dios, vayan dos y aun tres.
OTERO
Idas son.
BENITO
Desnudaos, pues.
GILOTE
Teneos.
OTERO
Nadie habre palabra,
porque un hombre con colera 585
derriba un toro, Gilote.
BENITO
Quitaos el sayo y capote.
OTERO
Ya le quitan.
CORBATO
Ropa huera;
 

(Quítanse los sayos, y déjanselos a un lado.)

 
que todos seremos jueces.
CARRASCO
Este soto es buen lugar. 590
OTERO
Par Dios, que habéis de llevar
hoy un pan como unas nueces.
 

(Luchando BENITO y OTERO van retirándose hasta salir del teatro, siguiéndolos los otros serranos.)

 


Escena VII

 

DON ÁLVARO, CALDEIRA.

 
DON ÁLVARO
Caldeira, esta es Galicia.
No vive en estas sierras la malicia
de envidias y traiciones, 595
de lisonjas, engaños y ambiciones.
Los que en mi busca vienen,
aquí jurisdicción ni ayuda tienen.
CALDEIRA
Asperilla es la tierra.
DON ÁLVARO
Es de Laroco esta empinada sierra, 600
y Limia este florido
valle (que es guarnición de su vestido),
por fértil estimado:
el de Laza, que yace a esotro lado,
ameno se avecina 605
al val de Monterrey, con quien confina.
Cinco leguas de Chaves
dista este monte.
CALDEIRA
Bien la tierra sabes.
DON ÁLVARO
Fue el Conde gran mi amigo,
de Monterrey, y discurrió conmigo, 610
cazando, varias veces
su aspereza, ya a costa de los peces
de sus aguas, que hay muchas,
habitación de celebradas truchas;
ya en jabalíes cerdosos 615
ensayando venablos, y ya en osos.
CALDEIRA
Si es tan tu amigo el Conde,
vamos a Monterrey.
DON ÁLVARO
No corresponde
con la amistad pasada
la presente.
CALDEIRA
¿Por qué?
DON ÁLVARO
La guerra airada
620
lo descompuso todo.
Sirvió a su rey, y yo del mismo modo,
leal sirviendo al mío,
paró nuestra amistad en desafío.
En la infeliz batalla 625
de Toro, que si quiere celebralla,
como es razón, Castilla,
puede con mil ventajas preferilla
a la de Aljubarrota,
quedamos enemigos.
CALDEIRA
Pues acota
630
rancho en que descansemos;
que cinco leguas caminado habemos
a pata, huyendo espías,
y a Bercebú se dan las tripas mías.
DON ÁLVARO
Si aquestos montañeses 635
alcanzan a saber que portugueses
somos los dos, no estamos
seguros de sus manos.
CALDEIRA
Pues huyamos.
DON ÁLVARO
¿Dónde? Hasta ver si es cierto
que la Marquesa mi esperanza ha muerto, 640
y al rey don Juan adora,
como dijo...
CALDEIRA
Por Dios, que estás agora
con linda sorna: acaba.
DON ÁLVARO
¿No dijo al Rey la ingrata que le amaba
gozando sus cuidados 645
pensamientos de amor, con él casados?
CALDEIRA
No sé, por Dios; yo vengo
con más hambre que amor, y te prevengo
que socorras desmayos.

 (Reparando en la ropa de OTERO y BENITO.) 

Dos capotes son estos y dos sayos. 650
DON ÁLVARO
Espera; que con ellos
temores excusamos.
CALDEIRA
Si a traellos
te aplicas, con su traje
no dice mal el portugués lenguaje,
pues se distingue poco 655
de la lengua gallega.
DON ÁLVARO
De Laroco
las sierras, que son estas,
entre antiparas pobres, mal compuestas,
habitaré entre tanto
que salgo del celoso y ciego encanto 660
en que el amor me puso.
De aquí a mi ingrata avisaré confuso.
Disfrázate tú y todo.
CALDEIRA
Entre aquellos castaños me acomodo;
que si su dueño sale 665
por su ropa, querrá lo que no vale.
DON ÁLVARO
¿Por qué se habrán dejado
los vestidos aquí?
CALDEIRA
Si se han picado,
con el calor molesto,
querrán echar al agua todo el resto. 670
DON ÁLVARO
Aquí el Tamaga baña
apacible los pies desta montaña.
No dices mal.
CALDEIRA
Addío:
esconderé en aquel lugar sombrío
los trajes cortesanos, 675
porque pasemos plaza de villanos.
DON ÁLVARO
Caldeira, vuelvo luego.
CALDEIRA
Par Dios, que de esta vez quedas gallego.

 (Vase.) 



Escena VIII

 

DON ÁLVARO.

 
Cansancios y pesadumbres
alientan la fuerza al sueño. 680
Entre tanto que risueño
guarnece el sol estas cumbres,
quiero dar treguas a enojos,
y desmentir mis cuidados;
que si atormentan soñados, 685
no es a costa de los ojos.
 

(Échase a dormir. Salen arriba, por las peñas, DOMINGA y MARI-HERNÁNDEZ, con vestido y tocado a lo gallego.)

 


Escena IX

 

MARI-HERNÁNDEZ, DOMINGA. -DON ÁLVARO, dormido.

 
MARÍA
Hoy, Dominga, que cumpro años,
padre os quiere festejar.
DOMINGA
Tantos llegues a contar,
como hojas estos castaños; 690
al sol te saquen tus nietos
en una espuerta.
MARÍA
¡Merá!
Y ¿qué her de hacer con tanta edá,
si enfadar a los discretos?
DOMINGA
Deseo que a sigros llegues. 695
MARÍA
¿Hay más aborrible cosa
que una vieja que hue hermosa,
la cara llena de priegues
y aojando con la vista?
Dominga, morir me agrada 700
moza, y de todos llorada,
mejor que vieja y malquista.
DOMINGA
Discreta eres hasta en eso.
Baja con tiento; no cayas.
MARÍA
Mientras que del valle trayas 705
juncia, retama y cantueso,
para enramar el portal
donde la cena ha de ser,
claveles quiero coger,
con madreselva.
DOMINGA
¡Y qué tal
710
la hallarás par de la huente
dell olmo!
MARÍA
Por ella bajo.
DOMINGA
Yo, echando por este atajo,
vo a ver si vuelve la gente
que hue a traernos despojos 715
de lobos, pues que los has
convidado.
MARÍA
Y ¿dó podrás
hallarlos?
DOMINGA
Hacia los tojos.
 

(Vase DOMINGA, y salta MARI-HERNÁNDEZ de las peñas abajo.)

 


Escena X

 

MARÍA, DON ÁLVARO, dormido.

 
MARÍA
Ya yo la cuesta he bajado.
Carcajadas da de risa 720
la huente que bulle aprisa.
¡San Gil!, ¿qué hombre está aquí echado?
Desde la cintura arriba
es pastor, y lo que queda,
está vestido de seda. 725
A sabor duerme. ¡Y que viva
un hombre, y parezca muerto!
No tenéis vos mucho amor,
pues dormís tan a sabor,
ni os penan deudas despierto. 730
Éste será algún jodío
de los que andan a prender,
porque no quieren comer
tocino: ¡qué desvarío!
Yo quiero dar hoy venganzas 735
a la igreja y sus denuestos;
que quien mata alguno destos
diz que gana perdonanzas.
Esta media lancha tomo,

 (Toma una piedra y súbese en una peña bajo la cual está echado DON ÁLVARO.) 

y desde aqueste repecho, 740
a dos manos se la echo
sobre la cabeza a plomo;
y de un golpe, si no yerro,
a nuestra ley doy socorro,
y a nuestro jodío ahorro 745
de dotor, cura y entierro.
Allá va. -Manos, teneos:
que en tan buena catadura
no puede haber judaizura;
que los jodíos son feos. 750
¡Válgate Dios por dormido!
¿Qué has hecho en mi corazón?
En mi vida vi garzón
más apuesto y más garrido;
en sueños me ha quillotrado 755
el pecho. ¡Ay sosiego mío!
Sotil ladrón sois, jodío,
pues ell alma me heis robado,
mas ¿para qué llamo robo
lo que yo le di primero 760
de grado? Llamarle quiero.

 (A voces.) 

¡Guarda el lobo! ¡guarda el lobo!
DON ÁLVARO

 (Despertando alborotado.) 

Lobos ¿qué mal me han de hacer,
si soy portugués?
MARÍA
Tente, hombre;
que me ha espantado ese nombre. 765

 (Coge una piedra.) 

DON ÁLVARO
¿Qué es de los lobos, mujer?
MARÍA
Téngase allá.
DON ÁLVARO
Una cordera
he visto en vez de los lobos.
MARÍA
Así engañan a los bobos.
DON ÁLVARO
¡Ay cielos!
MARÍA
Téngase ahuera.
770
DON ÁLVARO
¡Qué peregrina hermosura!
MARÍA
A fe que dormís de espacio.
DON ÁLVARO
A ser la sierra el palacio,
donde no hay quietud segura,
con menos gusto durmiera. 775
MARÍA
¿Tiene enemigos allá?
DON ÁLVARO
Nadie sin ellos está.
MARÍA
¿Y duerme desa manera?
DON ÁLVARO
En esta montaña yerma,
¿qué temor no se asegura? 780
MARÍA
Pues acá nos dice el cura
que quien los tiene, no duerma.
DON ÁLVARO
Sentencia de sabio es esa.
MARÍA
Yo, de un golpe, a no llamalle,
con la muerte pude dalle 785
la losa para la huesa.
DON ÁLVARO
¿Pues heos ofendido yo?
MARÍA
Si es jodío, claro está.
DON ÁLVARO
Fijodalgo soy.
MARÍA
¡Verá!
¿Que no es judaicero?
DON ÁLVARO
No.
790
MARÍA
¿Cree en la igreja romana?
DON ÁLVARO
Su culto obedezco santo.
MARÍA
Pues si es ansí, suelto el canto.

 (Arrójale). 

DON ÁLVARO

 (Aparte.) 

¿Hay más donosa serrana?
MARÍA
Hombre parece de bien: 795
ya le voy perdiendo el miedo.
¿Sabe el credo?
DON ÁLVARO
Bien sé el credo.
MARÍA
¿Y el padre nueso?
DON ÁLVARO
También.
MARÍA
¿Y persinarse?
DON ÁLVARO
¿Pues no?
MARÍA
A ver: veamos.
DON ÁLVARO
¡Qué extraña
800
sencillez!
MARÍA
¡Mas que me engaña!
DON ÁLVARO
Mi sangre no permitió
ningún error ni herejía,
porque es limpia, ilustre y clara.
MARÍA
Ansí lo dice su cara; 805
mas yo, mientras él dormía,
por matar un renegado,
tomé la lancha que enseño;
que para matar, el sueño
ya se tien lo más andado. 810
DON ÁLVARO
¿No bastaban vuestros ojos?
MARÍA
Barbinegro es el garzón,
y fidalgo; que acá son
los jodíos barbirrojos.
DON ÁLVARO
¿Vos quisistes darme muerte? 815
MARÍA
A ser jodío, sí hiciera.
DON ÁLVARO
Pues si gustáis que yo muera,
no os arméis de aquesa suerte;
en los ojos tenéis flechas,
que los corazones pasan: 820
palabras decís que abrasan
de amores y de sospechas.
¿Para qué venís cargada
de piedras, si me mató
el veros?
MARÍA
Por sí o por no,
825
no era mala una pedrada.
DON ÁLVARO
Vos dais muerte; ese sol ciega
el alma, a quien vida dais
matando. ¿Cómo os llamáis?
MARÍA
Mari-Hernández, la gallega. 830
DON ÁLVARO
Bien haya aquesta aspereza,
que os puede ver cada día,
este arroyo y fuente fría,
cristal de vuestra belleza.
Las aves que os lisonjean, 835
el prado que os rinde flores,
el pastor que os dice amores,
las almas que en vos se emplean,
el gusto que en vos se hechiza,
la libertad presa en vos, 840
y yo que he visto...
MARÍA
¡Ay Dios!
¡Qué bien que lo sermoniza!

  (Aparte.) 

Ya no quedo de provecho
después que vi este garzón:
saltos me da el corazón; 845
cosquillas tengo en el pecho.
¡Válgame Dios! ¿Qué será
lo que siento?
DON ÁLVARO
En esta mano

 (Tómasela y la besa.) 

pierdo el seso, el gusto gano.
MARÍA
El diabro le trujo acá. 850
Pues ¿bésala?
DON ÁLVARO
Si me quemo,
¿qué he de hacer por sosegar?
MARÍA
¿No hay son llegar y besar?
Paso: dochovos a o demo.
¿Es mi mano la del cura? 855
DON ÁLVARO
Sí, pues cura es de mi mal.
¿Tiene tal tez el cristal,
ni la nieve tal blancura?
Cortesanos artificios,
cuyas manos blancas son 860
o mártires del jabón,
o del sebo sacrificios,
aprended en la belleza
que aquí el descuido reparte,
la ventaja que hace al arte 865
la pura naturaleza.
Dime, ¿con qué se repara
la pura luz que me das?
MARÍA
Lleve el dimuño lo más
que una poca de agua clara. 870
Mas ¿dó vais vos por aquí,
desa manera perdido?
DON ÁLVARO
A ver mi muerte he venido.
MARÍA
¿Buscáis a quién servir?
DON ÁLVARO
Sí.
MARÍA
¿Sabréis her carbón?
DON ÁLVARO
Si el fuego,
875
serrana, ese oficio enseña,
abrasado estoy.
MARÍA
De leña
digo.
DON ÁLVARO
Cuando a vos me llego,
leña soy. ¡Ay manos mías!
Vosotras ¿no me encendéis? 880
MARÍA
¡Ah hi de pucha!, ¡qué sabéis
de chanzas y roncerías!
¿Queréis servir a mi padre?
DON ÁLVARO
Y daros el alma a vos.
MARÍA
No hay mandones si los dos; 885
que ya se murió mi madre.
¿Cuánto ganáis de soldada?
DON ÁLVARO
De soldada gano un sol
que adoro, en cuyo arrebol
está mi alma a soldada; 890
mas ¿qué ganará un perdido
que por vos sin seso está?
MARÍA
Al que más, le dan acá
seis ducados y un vestido.
Si queréis, vamos a casa; 895
que yo con mi padre haré
que os reciba.
DON ÁLVARO
No podré,
María, con tanta tasa
vivir, si algo no añadís.
MARÍA
¿Y será?
DON ÁLVARO
Serrana mía,
900
una mano cada día.
MARÍA
¡Mas matalla!
DON ÁLVARO
¿Qué decís?
MARÍA
Que mi padre os la dará.
DON ÁLVARO
No ha de ser, serrana bella,
sino esta.

 (Tomándosela). 

MARÍA
¿Y qué heis de her con ella?
905
DON ÁLVARO
Besalla.
MARÍA
¿Pues dónde habrá
manos para cada día?
DON ÁLVARO
Dos que remudar tenéis.
MARÍA
Caro servís.
DON ÁLVARO
¡Qué queréis!
MARÍA
Soltad.
DON ÁLVARO
¡Ay gallega mía!
910

 (Aparte.) 

Beatriz, si de mis desvelos
fuiste causa y te has mudado,
ya en estas sierras he hallado
contrayerba de tus celos.
MARÍA
Ya sois de casa.
DON ÁLVARO
Soy vuestro.
915
MARÍA
Hablemos a padre.
DON ÁLVARO
Vamos.
MARÍA

 (Aparte.) 

Alma, en que entender llevamos.
DON ÁLVARO

 (Aparte.) 

Amor, sed vos mi maestro:
enseñadme a hacer carbón.

 (Toma la mano a MARÍA, y bésasela.) 

MARÍA
¿Qué hacéis?
DON ÁLVARO
Cobro mi soldada.
920
MARÍA
¿Tan presto?
DON ÁLVARO
Va adelantada.
MARÍA
¿Con beso?
DON ÁLVARO
Sí.
MARÍA
¡Ay besucón!



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