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ArribaAbajoActo II

 

Campo delante de la casa de GARCI-HERNÁNDEZ.

 

Escena I

 

DOMINGA, CALDEIRA.

 
CALDEIRA
Yo pasaba a Santiago
desde Francia, peregrino;
robáronme en el camino
los vestidos y un cuartago
en que un compañero y yo 5
descansábamos a ratos,
llevando sobre él los hatos
y alforjas; él se quedó
en la posada desnudo;
yo de medio arriba Adán, 10
sobre el puro cordobán
un calzón de lino crudo.
Hallé sin dueño este sayo
aquí, y dije, no tan triste:
«También a los pobres viste, 15
como a los campos, el mayo».
Caminaba, hecho un cacique,
por entre matas y tojos;
escondiéronse los ojos,
cada cual tras el tabique 20
de los párpados; tendime,
por dormir más a mi salvo,
al pie de un peñasco calvo,
casa de monte sublime;
y soñando en mis pecados, 25
me pareció que llegaban,
y en volandas me llevaban
dos demonios corcovados.
Desperté, haciéndome cruces,
cuando en su cama encarnada, 30
la última boqueada
daba el día entre dos luces;
vite encima desa loma
decir, alzando la voz:
«Henc, henc, arrangoroz»; 35
y no entendiendo el idioma
de gallegos desaliños,
vi acercarse en escuadrones,
gruñendo, suegras lechones,
que aquí llaman vacoriños. 40
No supe yo que juntaban
los cochinos deste modo
en Galicia; temblé todo,
pensando que me agarraban;
quise huir; no supo el miedo; 45
desmayeme, y tú piadosa,
entre rolliza y hermosa,
a medio engullir un credo,
fuiste mi segundo cura,
bautizándome otra vez. 50
Volví en mí, miré la tez
desa gallega hermosura;
y aunque nunca tuve cuyo,
como el alma te rendí,
por andar siempre tras ti, 55
quisiera ser puerco tuyo.
DOMINGA
Si vos, el hechizador,
lo sentís como lo habráis,
a buen puerto vos llegáis;
que a la fe que os tengo amor. 60
No lo saben sermonear
los de acá tan a lo miel;
quizá lo hace el buriel,
o el carrasqueño manjar.
Mas vos, aunque carichato, 65
en cada ojo socarrón,
tenedes, si hechizos son,
dos varas de garabato;
yo sirvo al mejor serrano
que toda la Limia tien; 70
es rico, y home de bien,
y cinco ducados gano.
Siete da a cada vaquero;
si él os recibe y conoce,
siete y cinco serán doce. 75
Juntaremos el dinero;
haremos hucha yo y vos;
diez años le serviremos;
la alcancía quebraremos
a los diez años los dos. 80
A doce ducados, son
diez años, si bien lo cuento...
diez a doce... veinti ciento;
que será lindo pellón.
Compraremos vacoriños 85
(que los gallegos son bravos),
un prado en que sembrar nabos,
diez cabras y dos rociños;
cogeremos ya el centeno,
ya la boroa, ya el millo, 90
buen pan éste, aunque amarillo,
sano el otro, aunque moreno;
gallinas, que con su gallo
mos saquen cada año pollos;
manteca de vaca en rollos, 95
seis castaños, un carvallo,
una becerra y un buey;
y los diez años pasados,
podrá envidiarnos, casados,
el conde de Monterrey. 100
CALDEIRA
¡Diez años!
DOMINGA
Pues ¿por qué no?
CALDEIRA
¡Diez años, y sin rascar!
¡Diez años! Será rabiar.
DOMINGA
¿Mondaré nísperos yo?
CALDEIRA
¿Cómo te llamas?
DOMINGA
Dominga.
105
CALDEIRA
Mi fiesta de guardar eres.
Si a lo prestado me quieres,
tu esclavo soy; ata y pringa.
Ya estarás golosmeada...
Mas dudar en esto es yerro. 110
¿Pasaste la cruz del Ferro?
Que vendrás deshojaldrada.
¿No has querido a nadie?
DOMINGA
¿Yo?
Soy, por vida de mi padre,
tan virgen como mi madre 115
me parió.
CALDEIRA
Deja el «parió»,
y a lo primero te llega;
pues ya sé yo, aunque porfías,
que son muchas gollorías
pedir doncellez gallega. 120
DOMINGA
¿Cómo es tu nombre?
CALDEIRA
Godiño.
DOMINGA
¡Ay mi Godiño pachón!

 (Dale en la barba). 

Encaja.
CALDEIRA
¿Soy tu lechón?
DOMINGA
No eres si mi vacoriño.
 

(Suena música.)

 
CALDEIRA
¿Qué es esto?
DOMINGA
Hay fiesta en el valle.
125
CALDEIRA
Pues ¿por qué?
DOMINGA
Cumpre años hoy
la serrana de quien soy
criada, el más lindo talle
que toda Galicia tien;
y su padre que la adora, 130
convida a la sierra ahora.
Vamos... -Mas nueso amo vien
con sus serranos.
CALDEIRA
En fin,
¿hay hoy fiesta?
DOMINGA
Y colación.
¿Bailas?
CALDEIRA
Como un Salomón.
135
Digo, como un matachín.
DOMINGA
Todo es uno.
CALDEIRA
¿Y tú?
DOMINGA
En el aire
doy mil vueltas.
CALDEIRA
¡Ay chancera!
DOMINGA

 (Aparte.) 

¡Qué en tan mala cara viera
tan quillotrador donaire! 140


Escena II

 

MARÍA, GARCI-HERNÁNDEZ, DON ÁLVARO. -DOMINGA, CALDEIRA.

 
GARCÍA
En casa, garzón, estáis.
María pide por vos.
DON ÁLVARO
Viváis mil años los dos.
GARCÍA
Consuelo en veros me dais.
¿Sabréis arar?
DON ÁLVARO
En la huebra
145
no doy a nadie ventaja,
y por agosto la paja
que el trillo empedrado quiebra,
del grano aparto amarillo.
GARCÍA
Los gallegos al limpiallo, 150
robustos juegan el mallo
y menosprecian el trillo.
DON ÁLVARO
De todo sé lo que basta.
GARCÍA
¿Cómo os llamáis?
DON ÁLVARO
Yo, Vireno.
GARCÍA
Para vaquero sois bueno. 155
DON ÁLVARO
Eso me viene de casta.
GARCÍA
Vaquero seréis.
MARÍA
Ya llega
el baile.
GARCÍA
Asentémonos.
DON ÁLVARO
¿Qué no seré yo por vos,
Mari-Hernández la gallega? 160


Escena III

 

CARRASCO, MARTÍN, BENITO, CORBATO, GILOTE, y otros serranos y serranas por un lado; por el opuesto el CONDE DE MONTERREY y acompañamiento. -Dichos.

 
CONDE
Razón, García, fuera
que en vuestra fiesta yo parte tuviera,
si no por conde vuestro
por vecino a lo menos.
GARCÍA
Señor nuestro,
regocijos serranos 165
no son para tan grandes cortesanos.
La mano vitoriosa
nos dad.
CONDE
Alzad, alzad. ¿Quién se desposa?
GARCÍA
Nadie, señor; María
mi hija, y vuestra esclava, aqueste día 170
cumpre años, y festejo
la sierra, remozándome, aunque viejo.
Amor en fin de padre,
que en ella ve la imagen de su madre.
CONDE
Hermosa estáis, María. 175
No sé qué aguarda en darnos un buen día
vuestro padre espacioso;
que ya vuestra belleza pide esposo.
¿Cuándo os casáis?
MARÍA
¿Qué manda?
CONDE
Que es bien daros marido.
MARÍA
Ya se me anda.
180
GARCÍA
Pues, señor, ¿qué venida
es esta? Mas quien sabe vuestra vida,
o en guerras ocupada
o en cazas de la paz ejercitada,
no pregunta discreto. 185
CONDE
A negocios me envían de respeto
nuestros Reyes, García,
que concluir con Portugal querría.
Por esto me he pasado
tan cerca de vosotros, que olvidado 190
mi Monterrey, habito
a Portela, castillo del distrito
desta sierra.
GARCÍA
Debemos
gracias al rey Fernando, pues tenemos
tal señor por vecino 195
a causa suya.
DON ÁLVARO
Pues el Conde vino,
Caldeira, a coyuntura
que pueda conocerme, no asegura
mi peligro este traje.
Quiérome retirar, que será ultraje 200
el verme desta suerte.
CALDEIRA
El Conde es noble: no importara el verte,
como no se siguiera
que el rey don Juan de ti nuevas tuviera.
DON ÁLVARO
En esto me resuelvo. 205
MARÍA
¿Vaisos?
DON ÁLVARO
Sí.
MARÍA
¿Pues el baile?
DON ÁLVARO
Luego vuelvo.

 (Vase.) 



Escena IV

 

Los mismos, menos DON ÁLVARO.

 
CONDE
No sea yo, García,
estorbo en vuestra fiesta y alegría.
Prosígase, si es justo
que participe yo de vuestro gusto. 210
GARCÍA
Alto; pues quiere honrarnos
su señoría, no hay por qué excursarnos.
Siéntese en este escaño,
que a falta de nogal, es de castaño.
 

(Siéntase el CONDE.)

 
CONDE
Y vosotros y todo. 215
GARCÍA
No, señor; bien estamos de este modo.
CONDE
Esta es voluntad mía.
GARCÍA
Obedecer.
 

(Siéntanse GARCÍA y MARÍA.)

 
CONDE
¿No ha de bailar María?
MARÍA
¿Quién duda, si él lo manda?
CONDE
Ruégooslo yo.
MARÍA
Pues llegará mi tanda.
220

 (Aparte con su padre y DOMINGA.) 

¡Qué apacible!
GARCÍA
¡Qué llano!
MARÍA
Es conde.
GARCÍA
Es Acebedo.
DOMINGA
Es castellano.
 

(Bailan los serranos y serranas.)

 
DOMINGA

 (Canta.) 

«Cando o crego andaba no forno,
ardéra lo bonetiño e toudo.
Vos si me habés de levar, mancebo, 225
¡ay! non me habedes de pedir celos.
Hum galan traye da cinta na gorra;
diz que lla deu la sua señora.
Quérole bem á lo fillo do crego;
quérole bem por lo bem que le quero. 230
¡Ay miña mai!, passaime no río;
que se levam as agoas os lirios.
Assenteime em hum formigueiro;
docho á o demo los assentadeiro.»
 

(Óyense tiros de armas de fuego.)

 


Escena V

 

OTERO. -Dichos. Después DOÑA BEATRIZ y DON EGAS, dentro.

 
OTERO
¡Nueso amo! ¡Aquí de la sierra! 235
¡Aquí del valle de Limia!
¡Aquí de Dios y del Rey!
GARCÍA
Otero, ¿qué es esto?
OTERO
Aprisa;
que vienen contra nosotros
los portugueses que habitan, 240
desde Chaves a Braganza,
las comarcas fronterizas.
Una mujer huye dellos
(mejor diré rayo) encima
de un caballo, que en los aires 245
estampa huellas que pisa.
Socórrala, señor conde;
que las balas que le tiran,
entre nubes de humo y fuego
llueven, si no es que granizan. 250
DOÑA BEATRIZ

 (Desde adentro, como que está lejos.) 

¡Serranos destas montañas!
¡Favor, ayuda!
DON EGAS
La vida
te ha de quitar esta bala.
OTERO
¡Aquí de la serranía!
Que se pasa Portugal 255
a las sierras de Galicia.
GARCÍA
A ellos, pues, mis serranos.
CARRASCO
Traigan chuzos, mallos, vigas.
CONDE
¡Hay igual atrevimiento!
GARCÍA
Esto es, señor, cada día. 260
DOÑA BEATRIZ

 (Dentro, ya más cerca.) 

¡Favor, montañeses nobles!
GARCÍA
Ligera dejó la silla
la animosa portuguesa,
y a nosotros se avecina.
CONDE
Bajemos a darle ayuda. 265
GARCÍA
El celo que trae, la libra
de tanto arcabuz.
DOMINGA
Ya llega
al pie de nuesa montiña.


Escena VI

 

DOÑA BEATRIZ, de corto, una espada desnuda en la mano, un tahalí, y en él una pistola, mucha pluma en el sombrero y un gabán de tela. -Dichos, menos DON EGAS.

 
DOÑA BEATRIZ
Serranos desta aspereza,
conservación de la antigua 270
nobleza, de quien descienden
tantas casas de Castilla...
¡Ilustre conde...!
CONDE
¡Marquesa!
¿Qué desgracias os obligan
a que honrando nuestros montes, 275
crezcáis con ellos mis dichas?
DOÑA BEATRIZ
Ya no las tendré por tales,
pues en vuestro amparo olvidan
injustas persecuciones
de la ambición y la envidia. 280
Desleales que disfrazan
con apariencias fingidas,
que al Rey venden por verdades,
testimonios y mentiras,
cómplice, señor, me han hecho 285
de inocentes, que castigan
a persuasión de traidores,
autores de falsas firmas.
Mandome prender el Rey,
y a un don Egas, en quien cifra 290
el poder de su privanza,
a darle me necesita
palabra y mano de esposa:
yo, que por no ver cautiva
la prenda mejor del alma, 295
menospreciaré la vida;
con favor de la lealtad
de vasallos, que en mí estiman
el valor que el Rey desprecia,
me dieron la noche misma 300
de mi prisión un caballo;
y hechas las sábanas tiras,
quiebran rejas y ventanas,
y generosos me libran.
Discurrí toda la noche 305
a su sombra que encamina
los pasos a mi inocencia,
hasta que publicó el día,
revelador de secretos,
mi fuga, y forzó a la ira 310
de un traidor, que priva, amante,
a que con otros me sigan.
Alcanzáronme a la raya
deste reino; y a la vista
la traición de mi lealtad; 315
viendo que el cielo la libra,
para que el paso me atajen,
ministros de plomo envían,
que en tribunal de venganzas
son varas de su injusticia. 320
Desvaneciolas mi suerte,
y de las sierras de Limia,
viendo mi sagrado cerca,
vergonzosos se retiran.
Esta es, gran conde, mi historia, 325
si desdichada por mía,
ya tan dichosa por vos,
que mis agravios olvida.
CONDE
A vuestros sucesos queda
nuestra tierra agradecida, 330
y yo más, que me ocasiona,
señora, a que en ella os sirva.
No echéis menos vuestro Estado,
mientras el tiempo averigua
verdades que permanecen 335
eternas, si perseguidas.
Haced cuenta que trocáis
a Portugal por Castilla,
y a Chaves por Monterrey,
pues desde ahora en su silla 340
sois absoluta señora;
y ella, estimando esta dicha,
amorosa os obedece
como a la Condesa misma.
Los reyes Fernando y Juan 345
quieren renovar antiguas
amistades, ya cansados
de que castillos y quinas
desconformes se maltraten;
y yo, porque se consigan, 350
vengo, marquesa, a tratallas.
Entre tanto que se firman,
la Condesa os servirá,
y regalaraos Galicia,
ya en Monterrey, ya en Portela, 355
esa fuerza que a la vista
tenéis, llave deste reino,
que coronando la cima
de aquel apacible monte,
entrambas rayas registra. 360
DOÑA BEATRIZ
Sois conde, al fin, Acebedo.
Con razón Fernando os fía
el peso de su privanza.


Escena VII

 

Un CAZADOR. -Dichos.

 
CAZADOR
Señor, si la caza estimas,
ponte a caballo y verás 365
la más apacible riña
que entre brutos desconformes
vieron estas sierras frías.
Abrazado a una colmena
un oso, que de su almíbar 370
enamorado, escaló
la custodia de una encina,
se defiende de tres perros,
que por más que le persigan,
sin que el robo dulce suelte, 375
sus ardides desatina.
Guarda el hurto con un brazo,
y con el otro, a la esgrima
dando lición, ensangrienta
colmillos que en carne afila. 380
Es cosa hermosa de ver
las abejas que a cuadrillas,
en defensa de su alcázar,
le asaltan, cercan y pican;
y el desenfado con que 385
con los dientes les fatiga,
trasladando a sus entrañas
sus golosas oficinas.
CONDE
No es presa de perder esta.
Si os servís, señora mía, 390
esperadme aquí entre tanto
que vuelvo.
CAZADOR
Has de darte prisa,
si quieres llegar a tiempo.
GARCÍA
Vamos todos allá.
CAZADOR
Encima
desta loma se verá. 395


Escena VIII

 

DOÑA BEATRIZ, MARÍA, DOMINGA, CALDEIRA.

 
DOMINGA
Cosa será entretenida.
¿No vas a verlo, serrana?
MARÍA
No estó para golosinas
de miel robada.
DOMINGA
¿Por qué?
MARÍA
Porque estó hecha un acíbar. 400
DOMINGA
¿Qué te ha dado?
MARÍA
¿Qué sé yo?
DOMINGA
El mal que se comunica,
dice el cura que se aplaca.
MARÍA
Ven y sabraslo, Dominga.
 

(Vanse las dos.)

 


Escena IX

 

DOÑA BEATRIZ, CALDEIRA.

 
CALDEIRA
Vuelva los ojos acá, 405
y hable Vuestra Señoría
a un diptongo portugués,
y gallego hermafrodita.
DOÑA BEATRIZ
¡Caldeira!
CALDEIRA
Dame a besar
dos dedos de zapatilla. 410
DOÑA BEATRIZ
¿Y mi conde?
CALDEIRA
Ha renegado.
DOÑA BEATRIZ
Acaba.
CALDEIRA
La verdad limpia
te digo. Moro es el Conde,
y aun peor, si el refrán miras
de «Antes moro que gallego». 415
Pero si me das albricias,
sígueme y verasle.
DOÑA BEATRIZ
Vamos.
¡Ay dichosa fuga!
CALDEIRA
Imita
al vaquero que en Moraina
calza abarca, y viste frisa. 420
DOÑA BEATRIZ
¿A qué no obligan traidores?
CALDEIRA
Y el amor ¿a qué no obliga,
pues me hace sábado?
DOÑA BEATRIZ
¿Cómo?
CALDEIRA
Porque vaya tras Dominga.
 

(Vanse.)

 


Escena X

 

Bosque.

 
 

DOMINGA, MARÍA, muy triste.

 
DOMINGA
Mal segura zagaleja, 425
la de los lindos ojuelos,
grave honor de los azules,
dulce afrenta de los negros.
¿Qué tienes de ayer acá,
que a lo que colijo dellos, 430
desveladas inquietudes
les tiranizan el sueño?
Ojeras se les atreven,
si es, serrana, atrevimiento
que patenas de cristal 435
guarnezca el amor de acero.
Risueñas y alegres niñas
daban risa al prado, y celos
a la flor de aquestos lirios,
al turquí de aquellos cielos. 440
Aojado te han, mi serrana:
mucho lloras; mal te han hecho.
¡Pregue a Dios que no te opilen
pensamientos indigestos!
Callan lenguas y hablan ojos; 445
que a fe cuando sale el huego,
serrana, por las ventanas,
que no huelgan allá dentro.
¿Qué tienes, la mi querida?
Dímelo a mí, y apostemos 450
que te curo por ensalmo.
MARÍA
¡Ay, Dominga, que me muero!
DOMINGA
¿Hásete antojado algo?
Que diz que en aquestos tiempos
hay doncellas con antojos. 455
¿Has comido barro, o yeso?
MARÍA
No, Dominga.
DOMINGA
¿Dónde sientes
el dolor?
MARÍA
Aquí so el pecho
más de dos mil aradores
ell alma me están royendo. 460
Son, mi serrana, agridulces,
y entre pesar y contento,
causan lágrimas con risa;
hártanse de puro hambrientos.
Ven acá: ¿qué es cosicosa, 465
que lo que adoro aborrezco,
lo que me pesa hallar busco,
lo que me abrasa es de yelo?
Sin querer, ando acechando
de ayer acá.
DOMINGA
Serán celos,
470
medio nieve y medio brasas,
calosfríos del enfermo.
MARÍA
¿Celos se llama este mal?
DOMINGA
Sí, amiga.
MARÍA
¿Y por qué no infiernos?
DOMINGA
Si allá hay frío con calor, 475
el nombre le viene a pelo.
MARÍA
Y este mal ¿tiénenle muchos?
DOMINGA
¿Quién hay que se libre dellos?
Más que flores el verano,
más que escarchas el invierno. 480
¿Ves esas yedras y parras,
desos álamos enredos?
Pues celosas de sus hojas,
tienen ya sus troncos secos.
Celos que del prado tiene, 485
hacen que aquel arroyuelo,
hechos labios sus cristales,
se coma aquel lirio a besos.
No hay criatura sin amor,
ni amor sin celos perfeto, 490
ni celos libres de engaños,
ni engaños sin fundamento.
El ave, la planta, el bruto,
cuanto hay padece tormentos
celosos, en fe de que ama; 495
soldemente escapa el necio
de su daño, porque dicen
que es sólo mal de discretos.
Hasta el cielo les hurtó
el nombre, si no el efeto. 500
MARÍA
Pues si eso celos se llaman,
mi Dominga, celos tengo.
DOMINGA
¿Luego amor?
MARÍA
¿Qué me sé yo?
Mal me pagan, y bien quiero;
sola, estoy acompañada, 505
como poco, menos duermo.
DOMINGA
¿Enamorada y celosa?
¡Buen guisado habemos hecho!
Convida a la voluntad,
que ese es su mejor sustento; 510
mas carga poco la mano
de celos, que son pimientos,
y pocos le dan sabor;
muchos echan a perdello.
Mas ¿qué va, que es esta dicha 515
del polido forastero?
MARÍA
¡Ay prima! No me lo nombres.
DOMINGA
¿Le aborreces?
MARÍA
Le aborrezco,
pero es de puro adoralle.
DOMINGA
Pues ¿cómo puede ser eso? 520
MARÍA
Ámole por ser tan lindo,
tan sabio y tan hechicero;
y aborrézcole, Dominga,
por ver el mal que me ha hecho,
porque ell alma me ha robado, 525
porque me mata de celos.
DOMINGA
¿De celos? ¿Pues sabes tú
que quiere bien?
MARÍA
A saberlo,
Dominga, ahí fuera el diabro;
mas si no lo sé, lo temo. 530
DOMINGA
Ya eres maesa de amar;
mas pues descubres secretos;
sábete que yo también...
MARÍA
¿Amas?
DOMINGA
Estó dada a perros.
MARÍA
¿Por quién?
DOMINGA
Por un bellacón,
535
que enamora por lo feo,
por lo socarrón hechiza,
por lo gracioso me ha muerto.
MARÍA
¿Y quién es?
DOMINGA
Es un Godiño,
que si no es sol, por ser negro, 540
si cual dicen anda en carro,
puede ser su carretero.


Escena XI

 

DON ÁLVARO. -MARÍA, DOMINGA.

 
DON ÁLVARO
Preguntando yo a las flores,
adónde, serrana mía,
mi deseo te hallaría, 545
dijeron que en sus colores:
tus cabellos robadores
la yerba del sol pintaban;
azucenas retrataban
en tu frente su candor; 550
las niñas del niño Amor
flores al lirio robaban.
Rosas fueron los pinceles
de tus mejillas hermosas;
mas no envidiaron sus rosas 555
de tus labios los claveles.
Como Amor era el Apeles,
supo en tu boca copiar
dientes y aliento de azahar,
pasándose satisfechos 560
los jazmines a tus pechos,
y envidiando yo el lugar;
el todo de tu belleza,
las maravillas; de modo
que eres maravilla en todo 565
de nuestra naturaleza.
Realce su sutileza
el campo, sabio pintor
de tanta agregada flor;
que pues en ti se ve junto, 570
serás siendo él tu trasunto,
ramillete del amor.
MARÍA
¡Qué arrumaquero venís!
¡Qué de juncia derramáis!
¿Haciendo halagos llegáis? 575
Culpado, a la he, os sentís.
En las flores que fingís
que en mí emplea el campo verde,
os escondéis; mas recuerde
vuestro engaño mis temores; 580
que la culebra en las flores
vende rosas, cuando muerde.
DON ÁLVARO
¿Culpado yo?, ¿pues por qué?
MARÍA
¿Es poco haberme quitado
el sueño anoche, y llorado 585
hasta que me levanté?
DON ÁLVARO
¿Llorado vos?
MARÍA
Sí, a la he.
DON ÁLVARO
¿Tanto mal la vista os hizo?
MARÍA
Mal y bien.
DON ÁLVARO
¡Ay bello hechizo!
590
MARÍA
Estáis en amar muy ducho,
engañáis y sabéis mucho;
quisiéraos yo primerizo.
Dejaréis en vuesa tierra
la memoria y voluntá; 595
trairéis las sobras acá
para que a mí me hagan guerra.
Pues también las de la sierra
son personas, lisonjero.
DOMINGA
Coger aquel nido quiero; 600
que en juegos de amor, ya es llano
que se juega mano a mano
mejor que cuando hay tercero.

 (Vase.) 



Escena XII

 

MARÍA, DON ÁLVARO.

 
MARÍA
¿Habéis tenido allá amor
en vuestra tierra?
DON ÁLVARO
Tenía.
605
Mas viéndoos a vos, María,
luego se olvidó.
MARÍA
¡Ay traidor!
DON ÁLVARO
Por la hermosura mayor,
no es maravilla olvidar
la menor.
MARÍA
Ni en mí el dudar
610
que quien se olvida y ausenta,
haciendo de su amor venta,
querrá comer y picar.
DON ÁLVARO
¿Hay donaire, hay gracia, hay gusto,
que con esto se compare? 615
No haya más, mi bien; repare
mi buen crédito ese susto.
Si tiene mi amor más gusto
del que en tu hermosura veo,
si contigo el sol no es feo, 620
mi esperanza y afición,
sin llegar a posesión,
se queden en el deseo.
MARÍA
En fin, ¿no la queréis bien?
DON ÁLVARO
Tú sola eres mi querida. 625
MARÍA
¿Por mi vida?
DON ÁLVARO
Por tu vida.
MARÍA
¿Y por la vuestra?
DON ÁLVARO
También.
MARÍA
¿Era hermosa?
DON ÁLVARO
Los que ven
ese hechizo, aunque serrano,
todo otro amor juzgan vano. 630
MARÍA
Pues jurad, si sentís eso,
sobre esta cruz.
DON ÁLVARO
Juro y beso.
 

(Tómale la mano, y bésasela. Sale DOÑA BEATRIZ.)

 
MARÍA
Sí, por besarme la mano.


Escena XIII

 

DOÑA BEATRIZ. -MARÍA, DON ÁLVARO.

 
DOÑA BEATRIZ

 (Antes de ver a los dos.) 

Aquí dicen que quedaba.
DON ÁLVARO
Marquesa...
DOÑA BEATRIZ
Marquesa soy,
635
que a marcar agravios vengo,
en vez de marcos de amor.
Quien tan bien penas divierte,
y con tanta prevención
a enfermedades de ausencia 640
tan presto antídoto halló,
no morirá malogrado.
¡Qué cortesano que sois!
Besamanos dais cumplidos;
que hasta aquí pensaba yo 645
que se daban de palabra,
mas puestos por obra no;
si no es que le dais el pulso,
vos enfermo, ella dotor.
¡Bien pagáis obligaciones 650
de quien desprecia por vos
créditos, que ya fallidos
pone el vulgo en opinión!
Mas quien a palabras de hombre
deudas de fama empeñó, 655
cobre en crédito de injurias
desengaño de su amor.
No sin causa el rey don Juan...
DON ÁLVARO
Basta, marquesa.
DOÑA BEATRIZ
No soy
sino infierno de mis celos. 660
DON ÁLVARO
Basta; templad el rigor,
y admitid satisfacciones.
MARÍA
No hay que dar satisfacción
a quien en preitos ajenos
se mete. Aqueste garzón 665
ha de ser mi esposo.
DOÑA BEATRIZ
¿Cómo?
MARÍA
Comiendo.
DOÑA BEATRIZ
Y matándoos yo.
MARÍA
¿Matar? ¡Verá la sebosa!
DOÑA BEATRIZ
¡Oh rústica! Vive Dios,
que mis celos y tu vida 670
han de acabar juntos hoy.
 

(Saca una daga, y MARÍA se desciñe una honda y toma una piedra.)

 
MARÍA
Téngase, ahuera, la digo.
DON ÁLVARO
¿Estáis sin seso?
DOÑA BEATRIZ
Sí estoy.
MARÍA
Yo también, pues tiro piedras.
DOÑA BEATRIZ
Pasarele el corazón. 675
MARÍA
Pues pasad y no me erréis;
que si erráis, a fe de Dios,
que al primer morro que os tire,
no me habéis de esperar dos.
 

(Andan una tras otra y metiéndose en medio DON ÁLVARO.)

 
DON ÁLVARO
¡María, marquesa, basta! 680
DOÑA BEATRIZ
Quita de en medio, traidor.
MARÍA
Déjenmos a mí y a ella.
DON ÁLVARO
¿Hay más ciega confusión?
DOÑA BEATRIZ
Ya yo sé matar ingratos.
MARÍA
Ya yo sé, si vuelta doy 685
al cáñamo, dar en tierra
con el toro más feroz.
DON ÁLVARO
Marquesa, serrana mía...
DOÑA BEATRIZ
¿Mía, villano? Eso no.
MARÍA
¿No, sebosa? Aunque os repese. 690


Escena XIV

 

DOMINGA. -MARÍA, DOÑA BEATRIZ, DON ÁLVARO.

 
DOMINGA
María, padre y señor
llama.
MARÍA
No hay padre que tenga.
DOMINGA
Que da voces.
MARÍA
Venid vos
conmigo, e iré, Vireno;
porque en quedándoos, me estoy. 695
DON ÁLVARO
Id, serrana; que entre tanto
que dais la vuelta, los dos
averiguaremos pleitos,
que en provecho vuestro son.
MARÍA
Dad al diablo esos provechos; 700
que no quiere más amor,
para echar a un lado enojos,
sin que haya averiguación.


Escena XV

 

OTERO. -Dichos.

 
OTERO
Nueso amo llama, María.
MARÍA
Mal llamado le dé Dios. 705
OTERO
¡María!
MARÍA
Sebosa, para esta.
¡Ay Dominga! ¡Muerta voy!
 

(Vanse MARÍA, DOMINGA y OTERO.)

 


Escena XVI

 

DOÑA BEATRIZ, DON ÁLVARO.

 
DOÑA BEATRIZ
Estoy tan arrepentida
de los extremos que he hecho,
Conde, cuanto satisfecho 710
vos de vuestra fe rompida.
Una injuria conocida
¿a quién no saca de sí?
Y más siendo frenesí
cualquier ímpetu de amor; 715
ya ha cesado su rigor:
gloria a Dios, ya he vuelto en mí.
Quien con tal facilidad
quiebra a quien ama, la ley,
mal probará que a su rey 720
no ha quebrado la lealtad.
La duda desta verdad
tan a mi costa ha salido,
que, estado y honor perdido.
Vienen a cobrar mis daños, 725
a plazos de desengaños,
deudas de amor en olvido.
Pero, pues así sucede,
restaurará su caudal
el alma, que no es gran mal 730
el que remediar se puede.
Aquí sepultada quede
mi memoria dedichada
en vos tan mal empleada,
porque después se mejore. 735
No os espante que la llore,
pues muere, en fin, malograda.
DON ÁLVARO
Sintiera ser su homicida,
si escondido no supiera
que cuando para mí muera, 740
para el Rey la daréis vida.
Memoria tan prevenida,
que a costa de su firmeza,
quiere a un conde en la corteza,
y ama a un rey en lo interior, 745
siendo de dos este amor,
no es razón que os dé tristeza.
¿Por qué llamáis malograda
la memoria y voluntad
de un cuerpo con libertad, 750
que encierra un alma casada?
Si está en un rey empleada,
no culpéis mis escarmientos;
no desechéis fundamentos
de quien puede conservar 755
el cuerpo libre, y gozar
casados los pensamientos.
DOÑA BEATRIZ
De culpas que me argüís,
conde, excusas no esperéis;
que bien sé que lo entendéis 760
al revés que lo sentís.
Cauteloso os prevenís;
que ya yo sé que es traición
de tan sutil discreción,
que cuando amor deudas forma, 765
cartas de pago transforma
en cartas de obligación.
Negad, puesto que discreto,
desleal la que os obliga;
y de vuestras quejas diga 770
la causa, conde, este efeto.
Por guardar al Rey respeto,
y engañar vuestro enemigo,
fingiendo amarle, le obligo.
¡Ved cuán recto juez hacéis 775
pues por gracias que debéis,
me dais sin culpa el castigo!
Que para que sea mayor
en mí, si en esto os agrado,
restituida en mi Estado, 780
haré pechero mi amor.
A vuestro competidor
daré, aunque muera, la mano,
pues la gracia del Rey gano;
y vos con igual mujer, 785
villano en el proceder,
seréis del todo villano.
DON ÁLVARO
Marquesa, Beatriz, mi bien,
celos necios e impacientes,
fiscales impertinentes 790
de amor, disculpa me den.
Llámanse Argos, y no ven;
son necios por presumidos;
y dividiendo sentidos,
por dar a su dueño enojos, 795
viendo al amor en los ojos,
viven siempre en los oídos.
Oí lo que, a no ser loco,
diera paz a mis desvelos,
que son lógicos los celos, 800
mi bien, y discurren poco.
Sus pareceres revoco;
castiga tú mi impaciencia;
y si das a la prudencia
más lugar que a la venganza, 805
disculpen esa mudanza
celos, ocasión y ausencia.
DOÑA BEATRIZ
¿Paréceos a vos bastante
ese descargo?
DON ÁLVARO
Mi bien,
perdón tus brazos me den, 810
y no pases adelante.
Si no basta el ser tu amante,
daga tienes homicida:
sácame el alma rendida.
DOÑA BEATRIZ
Será, ingrato, porque así, 815
si tu alma vive en mí,
me de a mí misma la herida.
Mucho tiene de rapaz
Amor: ¡qué presto se enoja!
¡Qué presto que el arco arroja, 820
ya de guerra, ya de paz!
No eres de perdón capaz;
pero ¿cuándo le negó
quien tierno y constante amó?
Pues cuando lo dilataras, 825
y a pedirle no llegaras,
era fuerza el llegar yo.


Escena XVII

 

El CONDE, GARCÍA, acompañamiento. -DOÑA BEATRIZ, DON ÁLVARO.

 
CONDE
No he tenido yo, García,
mayor entretenimiento
después que la caza curso. 830
GARCÍA
¡Valiente defensa ha hecho
el oso!
CONDE
¡Oh marquesa ilustre!
La vuelta a Monterrey demos,
porque la Condesa goce
brazos de huésped tan bello. 835
DOÑA BEATRIZ
Otro, gran conde, tenéis,
que ocasiona mi destierro
y a vuestra sombra se ampara.
CONDE
¡Don Álvaro! ¿Qué es aquesto?
DON ÁLVARO
Disfraces de la lealtad, 840
que traidores persiguieron,
y en vuestro valor confían.
CONDE
Infinito debo al cielo,
pues me ocasiona a serviros.
García, vuestro vaquero 845
fue don Álvaro Ataíde.
GARCÍA
Gran señor, los pies os beso.
¿Hay suceso semejante?


Escena XVIII

 

MARÍA, DOMINGA, CALDEIRA. -Dichos.

 
MARÍA
En fin, Dominga, Vireno
y la portuguesa... Aguarda... 850
CONDE
Mi rey Fernando y el vuestro
quieren perpetüar paces,
y espero de sus conciertos,
conde, vuestra libertad.
CALDEIRA

 (Hablando aparte con su amo.) 

¿Luego ya te conocieron? 855
DON ÁLVARO
Sí, Caldeira; a ser dichoso
desde este punto comienzo,
pues está Beatriz conmigo.
CONDE
Vamos, señores, que quiero
dar a mi Estado un buen día. 860
DON ÁLVARO

 (A MARÍA.) 

De la voluntad que os debo,
y es imposible pagaros,
servirá de desempeño,
serrana, aquesta sortija.
MARÍA
Si es señal de matrimeño, 865
y conmigo heis de casaros,
espetádmela en el dedo.
DON ÁLVARO
Yo, María, soy el conde
de Silveira, y es mi dueño
Beatriz, marquesa de Chaves. 870
MARÍA
Pues echalda con mal huego.
DON ÁLVARO
Adiós, graciosa serrana.
MARÍA
¿Y qué, sois conde, de vero?
DON ÁLVARO
Y la Marquesa mi esposa.
MARÍA
¡Ay padre!, desmayos tengo. 875
CALDEIRA

 (Aparte con DOMINGA.) 

Dominga, a Dios; que me acojo.
DOMINGA
¿Te vas? ¿Cuándo nos veremos?
CALDEIRA
Los domingos, si es que gustas
ser mi sayo dominguero.
DOMINGA
¿Pescudaré por Godiño? 880
CALDEIRA
Caldeira por nombre tengo.
DOMINGA
Seguirete, porque vaya
la soga tras el caldeiro.
 

(Vanse todos, menos MARÍA.)

 


Escena XIX

 

MARÍA.

 
¡Cielos!, ¡que es Vireno conde!
¡Que tiene esposa Vireno, 885
y llevándose allá ell alma
a escuras me deja el cuerpo!
¡Aquí de Dios y del reye!
¿Él casado y yo en tormento?
¿Ella alegre, yo llorando? 890
¿Los dos vivos, yo muriendo?
No lo sufrirá mi injuria,
no lo admitirán mis celos.
Donde hay agravio, hay venganza;
donde hay amor, hay ingenio. 895
Uno y otro han de mostrar
cómo castiga desprecios
la gallega Mari-Hernández.
¡Ay portugués feiticeiro!



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