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Ver VI, 17: «Habían salido de La Florida casi trecientos españoles de mil que en ella habían entrado con el adelantado Hernando de Soto». Fidalgo de Elvas ajusta más la cifra: «Aportaron allí, de los que salieron de La Florida, trescientos once cristianos» (Expedición, p. 158).

 

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Ya la primera noche que pasaron algunos castellanos en La Florida (el 2 de junio de 1539, tras el solemne acto de tomar posesión de la tierra en nombre del emperador Carlos V) fueron acometidos de improviso por los indios: «Anduvieron todo el día por la costa sin ver indio alguno y a la noche se quedaron a dormir en tierra. Al cuarto del alba dieron los indios en ellos con tanto ímpetu y denuedo que los retiraron hasta el agua» (IIa, 1).

 

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Más citas al caso se hallarán en III, 35; III, 36; III, 38; IV, 1; Vb, 5 y Vb, 8.

 

44

Ver Moreno Báez 1954; De Mora 1994: 231.

 

45

En esto de las perlas, como en muchas otras cosas, hay coincidencia entre el Inca, Hernández de Biedma y Fidalgo de Elvas; he aquí algunos pasajes paralelos: «Sacamos de allí cantidad de perlas, que serían hasta seis arrobas y media o siete dellas, aunque no eran buenas, que estaban dañadas» (Hernández de Biedma, Relación, fol. 227r-v); «Allí se hallaron algunas perlas de poco valor, dañadas por el fuego, que las taladran así los indios para enfilarlas como cuentas»; «Las [perlas] que tenían, por taladrarlas con fuego, las hacían perder su color» (Fidalgo de Elvas, Expedición, pp. 48 y 74).

 

46

En términos afines se expresa Oviedo-Ranjel: «A mi parescer, en un cacique de tanta discreción como Casqui, bien paresciera baptizarle e hacerle cristiano a él e a su gente» (Historia general, p. 180).

 

47

Aquí hay una nueva coincidencia del Inca Garcilaso con Fidalgo de Elvas, Expedición, pp. 73-74: «Requirió que le bautizasen, que quería ser cristiano; fue hecho cristiano y llamado Pedro. Y le mandó el gobernador soltar de una cadena en que hasta entonces había andado». Pero la versión de Oviedo-Ranjel difiere bastante: «El jueves, quince de aquel mes, comenzó a desatinar aquel Perico, que era el indio muchacho que llevaban por guía desde Apalache, porque no sabía ya más de la tierra, e hízose endemoniado, e súpolo hacer tan bien que los cristianos pensaron que era verdad; e díjole un religioso que llevaban, llamado fray Joan, el Evangelio» (Historia general, p. 165).

 

48

Ver Fidalgo de Elvas, Expedición, p. 129: «De allí para adelante, los más tuvieron puercos y los criaban y comían. Y guardaban los viernes y sábados y vísperas de fiestas, lo que antes no hacían, porque pasaban dos o tres meses que no comían carne y la comían en cualquier día que la podían tener».

 

49

Oviedo-Ranjel corrobora este dato: «Se quemaron las nueve arrobas de perlas que traían, e toda la ropa y ornamentos y cálices y formas de hostias, y el vino para decir misa, y quedaron como alárabes, desnudos y con harto trabajo» (Historia general, p. 175).

 

50

Véase además Fidalgo de Elvas, Expedición, pp. 67 y 104; Hernández de Biedma, Relación, fol. 233r; Oviedo-Ranjel, Historia general, pp. 164-165 y 178.

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