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La industriosa madrileña y el fabricante de Olot, o Los efectos de la aplicación : comedia en tres actos / por Don Francisco Durán

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La industriosa madrileña y el fabricante de Olot, o los efectos de la aplicación

Comedia en tres actos

Francisco Durán



Representada por la compañía de Eusebio Ribera.



PERSONAJES

ACTORES
   
                DOÑA CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA, joven madrileña, industriosa en imitar telas extranjeras de hilo, seda y algodón. LA SRA. JUANA GARCÍA.
D. ESTEBAN VILABELLA, fabricante de medias de todas clases, muselinas, paños, estameñas, etc. EL SR. MANUEL GARCÍA.
D. PRUDENCIO DE VERGA, Ministro de la Real Audiencia de Barcelona y Juez Conservador de la fábrica de D. Esteban. EL SR. MANUEL DE LA TORRE.
D. SILVESTRE, medio hermano de D. Esteban, mayorazgo y estudiantón ocioso. EL SR. MARIANO QUEROL.
D. PABLO, padre de D. Esteban y D. Silvestre. EL SR. JOAQUÍN DE LUNA.
SIMÓN, camarada de D. Silvestre, vago, embrollón y falsificador de firmas. EL SR. RAFAEL RAMOS.           
BLAS, aprendiz de D. Esteban, hombre de unos treinta años. EL SR. JUAN ANTOLÍN MIGUEL.
UN PAJE, UN MOZO y SOLDADOS. PERSONAJES MUDOS.



Decoración

El teatro ha de representar una sala con tres puertas, la del foro es para ir a los cuartos de D. PABLO, D. ESTEBAN y D. SILVESTRE; la de la derecha guía a la fábrica y a la calle; y la de la izquierda, que estará cerrada, es la habitación de DOÑA CECILIA.

En las entrepuertas habrá sillas y un vestido decente encima de una de ellas. A la derecha del tablado una mesa de cajón con recado de escribir y un armario, que se ha de abrir y cerrar.



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Acto primero

Sale BLAS por la puerta del medio, vestido con una casaca vieja de librea, el pelo colgando en trenza y un gorro catalán en la cabeza, y SIMÓN por la puerta de la derecha con vestido negro, peluquín sin peinar y guantes.

                                                                  
SIMÓN Amigo, ¿es usted de casa?
BLAS Aprendiendo estoy en ella
a ser hombre de provecho.
SIMÓN Conque en resumidas cuentas
¿es usted?
BLAS                  Un aprendiz. 5
SIMÓN Tarde empezó esa carrera.
BLAS Más vale tarde que nunca.
SIMÓN Tiene usted buenas respuestas;
por fin natural de Olot.
BLAS Pluguiera a Dios que lo fuera. 10
SIMÓN Pues ¿de dónde lo es usted?
BLAS De Asturias, y harto me pesa.
SIMÓN ¿Por qué?
BLAS                 Porque dijo un día
el maestro una sentencia,
que de medio a medio coge 15
a los pueblos de mi tierra;
y fue que mientras la industria
en Olot los campos puebla,
deja el ocio en otras partes
las poblaciones desiertas. 20
SIMÓN Verdades de Perogrullo.
BLAS Esas son las que hacen fuerza:
el fabricante procura
que todo el mundo se adquiera
el sustento con sus manos. 25
SIMÓN ¿Y no es eso una simpleza?
¿A qué fin se ha de afanar
un hombre que tiene renta
y puede echarse a dormir?
BLAS Al de que no le suceda 30
lo que al Sr. D. Silvestre.
SIMÓN ¿Qué le sucede?
BLAS                             ¡Friolera!
Que viene muy confitado
a divertirse en la feria
revestido de que es dueño 35
de casa y sus pertenencias,
y al pobre Doctor naranjo
la diversión, que le espera
es, que su hermano le llama
para entregarle sus cuentas; 40
y cuando habiendo seguido
del maestro las ideas,
sería en Olot la suya
la casa más opulenta,
por sus gastos excesivos 45
ha de quedarse por puertas.
Pero, señor, ya llevamos
mucho tiempo de parleta;
¿qué viene usted a buscar?,
¿algún paquete de medias? 50
¿muselinas?, ¿paños?, ¿gorros?
Esta es fábrica perfecta,
el género es superior,
y se da con conveniencia.
SIMÓN Lo que quiero es verlos amos. 55
BLAS Están durmiendola siesta.
SIMÓN Pues mientras que se levantan
vamos a otra diligencia:
yo soy miembro de justicia.
BLAS ¡De justicia!
SIMÓN                       Sí, y es fuerza 60
(Forma la cruz con los dedos),
que jure usted a esta cruz
de decirme con certeza
cuanto en esta casa pasa.
BLAS Señor, ¿y si tal supiera
el maestro?
SIMÓN                     No sabrá: 65
a la justicia obedezca.
¿Quién es el que suministra
la moneda a don Esteban?
BLAS Un mercader de Gerona
y el gran don Prudencio Verga. 70
SIMÓN ¿Quién es ese?
BLAS                          Es un Ministro
del número de la Audiencia
de Barcelona, encargado
del fomento que dispensa
aquel recto tribunal 75
a esta fábrica y la escuela
de dibujo.
SIMÓN                   ¿Y es grande hombre?
BLAS ¿Aquí por tal le veneran:
desde que viene a esta Villa
no hay casi pobres en ella, 80
y es porque persigue y trata
los ociosos a baqueta.
SIMÓN ¿Se halla en Olot?, (Sobresaltado.)
BLAS                                 No señor.
SIMÓN ¿Y qué obliga a don Esteban
a querer hoy liquidar 85
con don Silvestre las cuentas?
BLAS Aprovechar la ocasión,
porque después de la feria
se volverá ese estudiante
a las Aulas de Cervera, 90
y quiere que aquí y allí
públicamente se sepa
cómo por sus desvaríos
ha quedado en gran miseria.
Puede ser que así se aplique 95
a aprender un arte o ciencia,
dejando de acompañarse
con otro mala cabeza
como el perverso Simón.
SIMÓN ¿Qué Simón?
BLAS                         Un calavera, 100
que hace ya más de dos meses
que está bogando en galeras
por haber falsificado
algunas firmas y letras.
SIMÓN Será aquel que graduaba 105
de Doctor a cualesquiera,
en dándole unos doblones
para mozas y botellas.
BLAS El mismo.
SIMÓN                   ¡Gran perillán!
¿No escapó de la cadena? 110
BLAS Aunque corrió que se había
lisiado la mano izquierda
para sacarse la esposa,
salió la noticia incierta;
mas volviendo a nuestro asunto, 115
si el fabricante desea
salir luego de su hermano,
es porque tiene dispuesta
compañía de comercio
con un tal don Juan de Illescas. 120
SIMÓN ¿Y quién es ese don Juan?
BLAS Un muñeco, un pichichuelas,
que desde que aquí llegamos
no sale de esa huronera.
(Señala la puerta de la izquierda.)
Dentro come, bebe y duerme, 125
y de nadie ver se deja:
él mismo se lava y plancha,
nunca gasta costurera,
y endilga tan bien tejidos
de algodón, de hilo o seda, 130
que todos cuantos los ven
se admiran y se embelesan.
SIMÓN ¿Nació en Madrid?
BLAS                                   No lo sé.
SIMÓN ¿Es aficionado a hembras?
BLAS Aunque cuando le servía 135
no dio de ello alguna muestra,
esta semana pasada
me encargó que le trajera
unas medias y zapatos
de mujer, y otras frioleras, 140
señal bastante segura
de que a galantear empieza,
o de que (según sospecho)
pasa por macho y es hembra.
(Mira hacia la puerta del medio.)¡Ay que don Silvestre sale!
SIMÓN Sí; pues váyase usted fuera. 145
BLAS Señor, por Dios el secreto.
SIMÓN Bien está.
BLAS                   Voime a la tienda.
 

(Vase BLAS por la puerta de la derecha y sale por la del medio D. SILVESTRE vestido de estudiantón en cuerpo de chupa, con gorro negro; al ver a SIMÓN corre aceleradamente a sus brazos, y hablan los dos en voz baja.)

 
DON SILVESTRE ¡Tú aquí, en Olot, Simón mío!
SIMÓN Silvestre, no el tiempo pierdas,
aprovéchale, y tomemos 150
los dos al punto soleta.
DON SILVESTRE ¿Por qué causa? ¿Se murió
Catalina?
SIMÓN                 Tu parienta
ya está fuera de peligro:
¡Nos pasa mayor tragedia! 155
¡Caros nos salen los gustos
y tus pretensiones necias!
DON SILVESTRE Acaba de despenarme;
no así suspenso me tengas.
SIMÓN El haber ido a Madrid 160
ha de ser la ruina nuestra.
DON SILVESTRE ¿Por qué?
SIMÓN                  Porque se han pedido
informes de ti a Cervera,
con lo cual se ha divulgado
mi falsaria reincidencia, 165
y tu borla doctoral
voló ya, y cayó por tierra.
DON SILVESTRE ¡Pobre de mí!, ¡lo que temo
es que en sabiéndolo Esteban
hará de mí más rechifla 170
que los niños de las viejas!
SIMÓN Y más hoy que va a ajustarte
muy por menudo las cuentas.
DON SILVESTRE ¡Qué dices!
SIMÓN                   Que es menester
no dormirnos.
(Siéntase junto a la mesa, y se pone escribir.)
DON SILVESTRE                          Si me viera 175
con dinero...
SIMÓN                          Muy en breve
tendremos la bolsa llena.
Anda y engaña a tu padre
sacándole lo que puedas;
mientras hago yo lo mismo 180
con tu hermano don Esteban.
DON SILVESTRE ¿Y si acaso hace la trampa
que te conozca?
SIMÓN                             No temas;
pues jamás me ha visto el pelo.
DON SILVESTRE ¿Y si la empresa se yerra? 185
SIMÓN Toma cuanto halles a mano,
ensilla tu jaca inglesa,
y pásate luego a Francia.
DON SILVESTRE ¿Y tú?
SIMÓN             Eso no te dé pena,
porque en viéndose en apuros 190
cada pobrete se ingenia.
DON SILVESTRE Pues voy a ver de ingeniarme.
 

(Suena adentro ruido como de abrir alguna puerta.)

 
SIMÓN ¿Qué ruido es ese que suena?
DON SILVESTRE Que ya sale mi hermanito.
 

(Levántase SIMÓN, y recoge el papel que ha escrito.)

 
SIMÓN Pues no conmigo te vea, 195
vístete, y pasa a buscarme
al mesón.
DON SILVESTRE                   En él me espera.
 

(Vase D. SILVESTRE por la puerta del medio.)

 
SIMÓN Audaces fortuna juvat:
ánimo, que de esta hecha,
si no consigo mis fines 200
en Barcelona me cuelgan.
 

Sale D. ESTEBAN por la puerta del medio con una casaca y chupa regular y buen calzón negro. SIMÓN se reviste de gravedad, y dice:

 
SIMÓN ¿Es usted el fabricante
D. Esteban Vilabella?
D. ESTEBAN VILABELLA Servidor de usted.
SIMÓN                                Yo soy
procurador de Cervera, 205
y habiendo allí contraído
su hermano de usted mil deudas,
hizo fuga habrá ocho días,
de lo cual se ha dado queja
por todos los acreedores, 210
y ha concedido la Audiencia
de Barcelona permiso
para embargarle la hacienda:
yo vengo a esta comisión;
(Enseña un Decreto supuesto de la Audiencia) y antes de dar parte de ella
a la justicia he querido 215
ver si acaso usted encuentra
un medio con que se aplaque
el furor de la querella,
porque si no D. Silvestre
sin remedio irá a la trena. 220
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Qué arbitrio puedo hallar yo?
SIMÓN El de aflojar las pesetas.
D. ESTEBAN VILABELLA Si usted aguarda a mañana...
SIMÓN No gasto yo tanta flema:
si al instante no se aprontan, 225
a lo menos, ochocientas
libras, a roso y belloso
embargo hasta las tachuelas.
D. ESTEBAN VILABELLA Amigo, no tengo un cuarto.
SIMÓN ¡Sale usted con buena fresca! 230
D. ESTEBAN VILABELLA Mientras mi hermano Silvestre
malgasta a trompa y talega,
mucho más de lo que rinden
sus casas y sus haciendas,
distribuyo yo el producto 235
que saco de mis faenas
en ver si conseguir puedo
que aquí en Olot se establezca
un número prodigioso
de personas extranjeras, 240
que he recogido en mi casa
y trabajan de mi cuenta
esto supuesto, si usted
puede darme alguna espera,
saldré luego por la Villa 245
a ver si alguno me presta
la cantidad que usted pide.
SIMÓN Bien: daré luego la vuelta.
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Puede usted darme una copia
del Decreto de la Audiencia? 250
SIMÓN Dejaré el original.
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Conmigo tanta franqueza?
SIMÓN Hago mucha confianza
de usted, señor Vilabella:
ahí está con los papeles 255
que certifican las deudas.
(Deja unos papeles sobre la mesa, y se va por la puerta de la derecha.)
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Ah ociosidad!, ¡cuántos daños
(Mirando los papeles)
a los hombres acarreas!
Esta es la resolución
que se ha tomado en la Audiencia. 260
(Deja un papel, y toma otro.)
¿Y esto qué será?, veamos:
(Lee.) «Recibí para una urgencia
»la cantidad de mil libras,
»que pagaré en vista de ésta,
»cumplidos cuarenta días, 265
»contados desde la fecha.»
Más de cuatro meses hace
que está pendiente esta deuda.
 

(Sale D. PABLO por la puerta del medio con gambeto (o capote catalán) metidos los brazos en las mangas, cabellera blanca sin rizos, un gorro fino de colores encima; y trae en la mano el sombrero, que deja sobre una silla. D. ESTEBAN abre el cajón de la mesa, saca unos papeles, y escribe en uno de ellos, mirando los que ha dejado SIMÓN.)

 
DON PABLO Hijo, ¿no he de poder nunca
conseguir que me obedezcas? 270
¿Ni en los días de descanso
has de dejar las faenas?
¿Qué haces ahora?
D. ESTEBAN VILABELLA                                Repasar
unas quintas deudas nuevas
que ha contraído Silvestre 275
en la ciudad de Cervera.
Con darle usted barro a mano,
y dejarle a rienda suelta,
hemos logrado que siga
en sus costumbres perversas. 280
DON PABLO Porque veas que tu hermano
piensa ya de otra manera,
ahora en mi misma alcoba
le acabo de dar licencia
para entrarse religioso 285
y dejarte a ti su hacienda.
D. ESTEBAN VILABELLA Como él sepa que ha de holgar,
tendrá vocación perfecta.
Sírvase usted de decirle
que hoy quiero darle mis cuentas; 290
que sus cosas me dan muchos
quebraderos de cabeza,
y no quiero de sus bienes
ni el valor de una lenteja.
DON PABLO ¿Pues no ves que de ese modo 295
te indispones y te estrellas
con tu hermano?, ¿acaso ignoras
que yo debo mis riquezas
a su madre, y que la tuya
te ha criado a ti con ellas? 300
D. ESTEBAN VILABELLA Sé, padre que hemos nacido
los dos de madres diversas,
rica la suya, y la mía
constituida en pobreza;
pero las dos nos han dado 305
educación tan opuesta,
que yo de pobre soy rico,
y él de rico está en miseria.
DON PABLO ¡Miseria Silvestre!
D. ESTEBAN VILABELLA                                Sí:
luego verá usted las cuentas, 310
y también verá un ministro
que ha llegado de Cervera,
para ponerle en la cárcel.
DON PABLO ¿Qué dices?
D. ESTEBAN VILABELLA                      Dando ochocientas
libras antes de la noche, 315
quedará la cosa quieta.
DON PABLO Eso no será difícil,
lo que importa es que tú cedas
de tu genio, que recibas
hoy de tu hermano la herencia; 320
y que vivas como viven
las personas de tu esfera,
dejándote de labores
propias de gente plebeya.
D. ESTEBAN VILABELLA Hasta ahora, padre mío, 325
las debo mi subsistencia,
y tengo por imposible
dejarlas hasta que muera,
que es muy pícaro o muy necio,
el hombre que vive a expensas 330
del trabajo de los otros.
DON PABLO Para que no te suceda
eso a ti, tengo resuelto
darte una esposa muy bella,
muy noble y muy poderosa. 335
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Quién es esa?
DON PABLO                           La Vicenta;
ya sabes que no hay en Vique
hermosura más perfecta;
yo he sabido que te ama:
su viuda madre desea 340
que elija novio a su gusto,
conque la cosa está hecha.
D. ESTEBAN VILABELLA Yo, padre, a esa señorita,
aunque es de elevadas prendas,
no la he tratado bastante 345
para que así me resuelva
a formar con ella un lazo
que sólo la muerte suelta.
DON PABLO ¿Ignoras la educación
que se ha dado a la Vicenta? 350
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Y usted sabe por ventura
si se aprovechará de ella?
Si con ella he de casarme
disponga usted que se venga
a vivir a Olot, y entonces 355
viéndola con más frecuencia
puede ser que el trato incline
mi corazón a quererla.
DON PABLO Voy a enviar una posta
con la mayor diligencia 360
a Vique; oye, con tu hermano
tengamos en paz la fiesta,
ya ves que siendo él mayor
es fuerza que le obedezcas.
(Toma el sombrero, y se va por la puerta de la derecha.)
D. ESTEBAN VILABELLA Será así, como no piense 365
en que deje mis faenas.
 

(Recoge los papeles que le dio SIMÓN, guarda uno en un bolsillo de la chupa, metiendo los otros en el cajón, y sale por la puerta de la derecha BLAS con una pieza de estameña.)

 
BLAS Señor maestro.
D. ESTEBAN VILABELLA                           ¿Qué hay, Blas?
BLAS Aquí traigo la estameña;
pero con muchos defectos.
(La echa en un rincón del teatro.)
D. ESTEBAN VILABELLA Amigo, aunque muchos tenga, 370
es la primera que haces,
y merecen indulgencia;
sigue trabajando, y toma (Le da una moneda)
un doblón en recompensa
del honrado proceder
y la aplicación que muestras, 375
pues del telar no te apartas
hoy que están todos de huelga.
BLAS Sólo usted puede haber hecho
que yo perdone la ofensa
del capón que aquí me trajo 380
a dejarme a la inclemencia.
D. ESTEBAN VILABELLA En eso te hizo don Juan
más favor del que tú piensas.
BLAS ¡Favor!
D. ESTEBAN VILABELLA               Y de los mayores.
BLAS Si querrá usted que agradezca 385
al tal niño el encajarme
unas ciento y nueve leguas
lejos de Madrid, y el verme
expuesto a tomar la hortera
en esta Villa, sabiendo 390
que los naturales de ella
cuando un sano va a la sopa
le tiran tronchos de berza.
D. ESTEBAN VILABELLA Al resolverse don Juan
a quedarse en esta tierra, 395
(Saca un bolsillo del cajón de la mesa)
quiso darte este bolsillo
para que a Madrid volvieras,
y viendo la proporción
que hay aquí de que ser puedas
hombre útil, me pidió 400
te inclinase a mis tareas,
fingiendo te abandonaba
por tu propia conveniencia.
BLAS Ya sabe el tal madrileño
donde el zapato le aprieta, 405
si entonces pillo el bolsillo
la fábrica no me pesca.
D. ESTEBAN VILABELLA No puede ignorar don Juan
lo que la experiencia enseña.
BLAS ¿Qué enseña?
D. ESTEBAN VILABELLA                         Que los ociosos 410
muy rara vez se sujetan
sino a la necesidad.
BLAS Tal aguijonea ella.
D. ESTEBAN VILABELLA Pues hasta que tejas bien
no te entrego esta moneda. 415
(Encierra el bolsillo en el cajón, y se guarda la llave en la faltriquera.)
BLAS Señor, no sea algún chasco.
D. ESTEBAN VILABELLA No: tres onzas de oro encierra.
BLAS ¡Yo con oficio y dinero!,
vaya al diantre la librea.
(Quítase la casaca y la chupa, y las arroja en el rincón en que está la estameña.)
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Por qué haces esa locura? 420
BLAS Porque quiero ropa nueva
más honrada ya que tengo
con el doblón para ella;
y porque voy a aplicarme
día y noche cuanto pueda, 425
para que antes que se rompa
sepan tejer mis muñecas
todo cuanto necesito.
D. ESTEBAN VILABELLA Mereces, Blas, que te ofrezca
mi mejor vestido: toma. 430
BLAS Señor, yo...
 

(Sirve DON ESTEBAN el vestido que está sobre la silla a BLAS, y le abraza, al mismo tiempo va a salir por la puerta del medio DON SILVESTRE con sotana, manteo y sombrero de tres picos, y se queda suspenso.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA                         No te detengas,
vístete, y dame los brazos.
BLAS Agradezco...
 

(Sale DON SILVESTRE.)

   
                      Bueno; aprieta. (Gritando con seriedad.)
D. ESTEBAN VILABELLA Hermano...
DON. SILVESTRE                    No soy hermano (con enfado)
de quien tan ruinmente piensa. 435
¡Un noble empañar el lustre
de su preclara ascendencia
con los inmundos rezagos
que las viles artes dejan!
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Quién te ha llenado, Silvestre, 440
de tan silvestres ideas?
¿Viles llamas a las artes?
¿A la industria menosprecias,
cuando no hay sin ella Estado
que tener pueda opulencia? 445
DON SILVESTRE ¡Vaya, este hombre tiene ya
los cascos a la gineta.
La opulencia de un Estado
se cifra sólo en que tenga
mucha plata y mucho oro, 450
para que en las concurrencias
se presenten los señores
con bordaduras de piedras,
con primorosas alhajas
y plumas en las guedejas. 455
D. ESTEBAN VILABELLA Y que en un capricho de esos
disipen todas las rentas,
que les rindan los afanes
de una población entera,
para que el jugo español 460
vaya a manos extranjeras.
DON SILVESTRE Acabemos; si al instante
no me despojas la tienda,
no me ha de quedar persona
ni títere con cabeza. 465
D. ESTEBAN VILABELLA Voy a obedecer a usted.
Anda, Blas, y di que vengan
a desarmar los telares.
BLAS ¿Conque esto va ya de veras?
Don Esteban, yo no sé 470
cómo usted tiene paciencia.
(Vase por la derecha.)
DON SILVESTRE Ni yo como no te arranco
todos los dientes y muelas.
(Vase tras de BLAS.)
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Vaya que del religioso
edifica la modestia! 475
Cada día extraño más
la notable diferencia
que hay de mi hermano a don Juan,
siendo este de edad tan tierna,
y criado allá en Madrid, 480
donde la distracción reina,
siempre está tan ocupado
que no sé cuando sosiega.
(Llamando a la puerta de la izquierda.)
¿Don Juan, llegará la hora
de dar fin a la tarea? 485
 

(Abre DOÑA CECILIA la puerta de la izquierda, y se deja ver vestida y peinada honestamente al uso de Madrid; pero la tela del vestido debe ser nueva, extraña y de buen gusto.)

 
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Sí señor; aquí estoy ya.
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Qué transformación es esta?
(Muy sorprendido.)
¡Tal traje dentro mi casa!
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA No extraño que se sorprenda
usted.
D. ESTEBAN VILABELLA           ¡Él es!..., sí..., su voz... 490
(Mirándola con mucha atención.)
Don Juan, qué rara extrañeza...
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA No soy don Juan, soy mujer.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Mujer!
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                Así no lo fuera.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Usted mujer!
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                          Sí; y la más
desdichada de la tierra. 495
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Por qué?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                   Porque el cruel hado
su rigor todo en mi emplea.
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Puede usted ser desgraciada
con tal virtud y belleza?
Sáqueme usted ya de dudas. 500
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Hay quien escucharnos pueda?
D. ESTEBAN VILABELLA Por aquí todo está solo.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Asegure usted la puerta.
 

(Cierra DON ESTEBAN la puerta de la derecha.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA Ya, señora, asegurada
está, y mi atención suspensa. 505
 

Sale DOÑA CECILIA.

 
Amigo, yo soy Cecilia
de Aragón y Palenzuela:
mi patria es Madrid: crieme
al lado de una maestra,
cuyo conato era darme 510
la educación más perfecta;
pero al cumplir doce años
me dejó la muerte fiera
huérfana de padre y madre,
bajo el poder o tutela 515
de una tía, cuya casa
se veía siempre llena
de mozuelos disolutos
y perjudiciales grescas.
Roguela sumisamente 520
me señalase una pieza
donde poder retirada
hilar y tejer mis telas;
y esto la irritó de modo
que me subió con violencia 525
a una guardilla, diciendo
que allí me daba vivienda:
que trabajase, y jamás
pensase en volver a verla.
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Y era esa mujer cristiana? 530
No he oído acción más perversa:
siga usted.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                    Como tenía
yo toda mi atención puesta
en imitar las labores
de las ropas extranjeras, 535
di al olvido sus enconos
y tomé la lazandera.
De modo que en cinco años
adquirí una buena renta
y el apreciable renombre 540
de Industriosa Madrileña;
pero como la fortuna
jamás estable se muestra,
hizo que pusiese en mí
los ojos un marqués, que era 545
el ídolo en quien mi tía
tenía sus complacencias,
cosa que ignoraba yo
hasta una noche funesta,
en que furiosa de celos, 550
poniéndole en mi presencia,
me dijo: el señor marqués
pretende hacerte marquesa,
y le traigo para que
tan alto honor le agradezcas, 555
que yo también voy a darle
la debida recompensa
del infiel procedimiento
con que paga mis finezas,
y levantando un puñal 560
le asesinó.
D. ESTEBAN VILABELLA                    Consecuencias
de la ociosidad; no puede
guiar nunca a cosa buena.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Cayó el marqués a mis plantas
y la homicida sangrienta, 565
haciendo fuga, me dijo:
pues tú eres de esta tragedia
la causa, justo es, Cecilia,
que pagues toda la pena.
Quedé sola, y recelando 570
que una mujer tan violenta
atribuyese quizá
su delito a mi inocencia,
tomé la resolución
de mudar de vestimenta, 575
y buscar seguro asilo
en el confín de la tierra.
El ama que me dio el pecho,
que es en Madrid posadera
me ajustó cuché y criado 580
con la mayor ligereza,
dándome aquel pasaporte,
que era de un D. Juan de Illescas.
Llegué al mesón de esta Villa,
y sabiendo las ideas 585
patrióticas de usted
quise admirarlas de cerca:
tres meses ha que entré en casa;
y apenas puse el pie en ella
empecé a experimentar 590
los rasgos de su franqueza.
D. ESTEBAN VILABELLA Señora, esas digresiones
son superfluas y molestas;
al caso.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA               Como después
han sido nuestras ideas 595
tan conformes, pensó usted
en hacerlas duraderas
formando la compañía
conmigo, y esta gran prueba
de amistad produjo en mí 600
una sensación tan tierna,
que me animó a descubrirme:
concluí luego esta tela:
(Mostrando la del vestido)
me oculté en ese aposento,
(Señalando la puerta de la izquierda)
y con increíble priesa, 605
he cortado y he cosido
todas estas vagatelas,
para presentarme a usted
vestida a la madrileña,
y suplicarle que me otorgue 610
la mayor de sus finezas.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Amable, infeliz señora,
me ha hecho usted muy grande ofensa!,
¡ocultar cosa tan grave
tanto tiempo!...
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                            ¡Ah!, ¡la vergüenza!... 615
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Vergüenza, viendo el afecto
que a usted mi pecho profesa!
¿Qué pretende usted de mí?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Que pues vienen a la feria
franceses amigos suyos, 620
les pida me favorezcan
resguardando en el camino
mi persona: estoy resuelta
a pasarme luego a Francia,
porque mi alma no sosiega 625
hasta saber qué se ha hecho
de mi tía.
D. ESTEBAN VILABELLA                  La inocencia
de usted se habrá declarado
ya en Madrid, y así no tema,
que no nos faltarán medios 630
por donde todo se sepa.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Si usted ofrece ampararme
ningún riesgo me amedrenta.
D. ESTEBAN VILABELLA Todo soy de usted, señora;
con esta agradable nueva 635
me contemplo el más feliz
de los hombres, y aunque intenta
mi padre darme otra esposa...
 

(Dentro BLAS llamando a la puerta de la derecha.)

 
BLAS Abran al punto esta puerta.
D. ESTEBAN VILABELLA Éntrese usted en su cuarto, 640
y procure estar serena.
 

(Vase DOÑA CECILIA por la puerta de la izquierda, y en cerrándola abre DON ESTEBAN la de la derecha, y sale BLAS muy alegre.)

 
BLAS Vengo a darle de la usía
a usía la enhorabuena;
y así, que usía disfrute
la usía edades eternas. 645
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Cuando creí que mi hermano
te quebraba un brazo o pierna,
entras en casa con tanta
serenidad y chufleta?
BLAS Los arcanos del Altísimo 650
nadie a comprenderlos llega.
D. ESTEBAN VILABELLA Pues ¿qué hay?
BLAS                         Que D. Silvestre
me siguió como una fiera
hasta el medio de la plaza.
Hicimos palestra de ella: 655
nos encrespamos los dos;
y en esto se nos presenta
un hombre a quien todos hacen
cortesía y reverencia.
Enterose del asunto, 660
y dio tan buena fraterna
al fraterno licenciado,
que yo dudo que se vuelva
a meter jamás en nada
que a las Artes pertenezca. 665
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Y quién es el caballero
que ha tomado tu defensa?
BLAS Un señor, que ha de venir
a traer cierta cosuela,
que siendo usía galán 670
le viene a usía de perlas.
D. ESTEBAN VILABELLA Responde a lo que pregunto.
BLAS ¿No fuera cosa muy necia,
cuando ya su bizarría
entrando va por la puerta 675
es el más digno Ministro
de la Catalana Audiencia.
 

(Sale por la puerta de la derecha DON PRUDENCIO vestido de gala, con la Cruz de la Orden de Carlos III en el pecho, y detrás su paje con un canastillo cubierto, en que trae un vestido nuevo bordado, y otra Cruz también de la Orden de Carlos III.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Mi protector! ¡D. Prudencio!
D. PRUDENCIO DE VERGA Adiós, señor Vilabella.
D. ESTEBAN VILABELLA Bienvenido sea usía. 680
D. PRUDENCIO DE VERGA Déjate sobre la mesa (a su paje.)
ese canastillo, y vete.
 

(Vase el paje por la derecha haciendo cortesía.)

 
Hazme tú la diligencia (A BLAS.)
de buscar los jornaleros,
y decirles que se vengan 685
para llevar los telares.
BLAS ¿Adónde?
D. PRUDENCIO DE VERGA                  A las anchurosas piezas
que el señor de Besalú
en su palacio franquea.
D. ESTEBAN VILABELLA Soy de parecer que aquellos 690
cuyas manos son ya diestras
y que para tejer bien
no han menester mi presencia,
se les permita llevar
el suyo a sus casas mesmas, 695
que así aprovechando parte
de las dos horas que emplea,
en las idas y venidas,
de la comida y merienda,
podrán granjear los pobres 700
algo más.
D. PRUDENCIO DE VERGA                  Muy buena idea.
D. ESTEBAN VILABELLA Llévales, Blas, la noticia.
 

(Vase BLAS por la derecha.)

 
D. PRUDENCIO DE VERGA Pues se hacen ya buenas medias
es preciso adelantemos
nuestra deseada empresa 705
de que se tejan aquí
las muchas y varias telas
que para ropa interior
nos introducen de fuera.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Ah señor!, permita usía 710
que con la rodilla en tierra
le adelante aquellas gracias
que le darán con frecuencia
las infelices personas
que hoy devora la miseria 715
y han de hallar en esa industria
razonable subsistencia.
D. PRUDENCIO DE VERGA Si todos los españoles
mirasen de la manera
que usted por el bien común, 720
en ellos se refundieran
los tesoros de las Indias,
que aún pasan como agua en cesta
por nuestras manos a dar
fomento a las extranjeras; 725
y así vayan adelante
esas loables tareas,
dignas de hombres bien nacidos,
a pesar de los que siembran
la máxima de que el oro 730
ganado en esas faenas
con su brillantez desdora
la más antigua nobleza.
Pues los necios presuntuosos
que extienden tales ideas 735
suelen llegar con el tiempo
a ser el escarnio y befa
de los pueblos, cuando el hombre
aplicado se granjea,
las bendiciones de todos 740
y abundancia de riquezas.
Déme usted ahora un abrazo;
y para que el mundo sepa
cómo nuestro Rey distingue
los vasallos que fomentan 745
la industria...
 

(Descubre el canastillo de modo que se vea el vestido y la Cruz sobre él y D. ESTEBAN dice con prontitud y admiración.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA                        ¡Señor!, ¿qué es eso?
D. PRUDENCIO DE VERGA Una justa recompensa
de los hombres que procuran
avivar las manos muertas.
(Toma el vestido, guardándose la Cruz en un bolsillo, deja los calzones sobre una silla, y sirve la casaca y la chupa a D. ESTEBAN, diciendo:)
Al ver que usted distribuye 750
sus vestidos, con la idea
de animar la aplicación
y desterrar la pereza,
quiero servirle esta gala,
porque no es decente esa 755
para una función...
D. ESTEBAN VILABELLA                                Señor,
yo jamás asisto a ellas.
D. PRUDENCIO DE VERGA A la que hoy tengo es preciso
asistir con gala puesta.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Señor, tantas distinciones! 760
D. PRUDENCIO DE VERGA Las mías son muy pequeñas,
las que hacen los soberanos
sí que el espíritu elevan:
vea usted qué orden tiene
el Regente de la Audiencia. 765
(Da un papel a D. ESTEBAN, este lo lee y se le ven saltar las lágrimas de gozo.)
 

(Lee D. ESTEBAN.)

Se han examinado los documentos pertenecientes a los méritos contraídos en el adelantamiento de la industria de la Villa de Olot por D Esteban Vilabella, y en atención a ellos y a la virtud y nobleza de ese laborioso vasallo, que quiere el Rey que usía disponga inmediatamente se le condecore con esa Cruz pensionada de la Orden de Carlos III, dispensándole S. M. las pruebas, por no causarle dispendios; y de haberlo ejecutado me dará aviso.
(Devuelve el papel a D. PRUDENCIO y dice representando:)
¡Llegó a su colmo mi dicha!
¡Hoy el gozo me enajena!
¿Cómo podré agradecer
tan exquisitas y nuevas
honras como me hace 770
la Soberana clemencia,
y la gran bondad de usía?
D. PRUDENCIO DE VERGA Prosiguiendo en la carrera
empezada.
D. ESTEBAN VILABELLA                   Yo prometo
que antes que desmaye en ella 775
perderé el sosiego y vida.
D. PRUDENCIO DE VERGA Gustoso admito la oferta.
Para cumplir esta tarde
con lo que el Monarca ordena
con otros dos caballeros 780
pasaremos a la Iglesia:
recibirá usted la Cruz,
y después se hará completa
la función si usted conviene
en cumplir una promesa. 785
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Qué promesa?
D. PRUDENCIO DE VERGA                          ¿No hace un año
que estuvo usted en Cervera?
D. ESTEBAN VILABELLA Sí señor; pero yo allí
fui sólo a pagar las deudas
de mi hermano.
D. PRUDENCIO DE VERGA                           Ya; y también 790
tuvo usted una flaqueza
como hombre; pero estas cosas
con casarse se remedian.
D. ESTEBAN VILABELLA Será sin duda calumnia,
que atribuirme alguno intenta. 795
D. PRUDENCIO DE VERGA Acabo de ver, yo mismo,
una firma cuya letra
y rúbrica son de usted.
D. ESTEBAN VILABELLA No serán de esa materia.
D. PRUDENCIO DE VERGA A bien que presto saldremos 800
de la duda.
 

(Dentro BLAS por la derecha.)

 
BLAS                     Ande la gresca.
 

(Suenan dentro por la derecha muchos golpes corno de desarmar telares, que duran hasta el fin del acto.)

 

(VOCES por la derecha.)

Vivan nuestros bienhechores.
 

(Sale BLAS.)

 
Que vivan, coman y beban.
Ya está, señor, la cuadrilla
enterita y verdadera 805
desarmando los telares
con no vista ligereza.
Pues va siendo usted ya usía (A DON ESTEBAN.)
repito la enhorabuena.
D. PRUDENCIO DE VERGA Muy presto hallaste los mozos. 810
BLAS Como hoy celebran la fiesta
del Santo Patrón del barrio
estaban con sus Marietas
luciendo en el contrapás
los brincos y zapatetas. 815
D. PRUDENCIO DE VERGA Yo haré que tales funciones
al domingo se transfieran,
sin bailes ni comilonas,
causa de otras indecencias.
BLAS Pero tampoco ha de estarse 820
siempre el hombre como rueda
de molino, ha de tener
algunos días de holgueta.
D. PRUDENCIO DE VERGA Y que perdiendo jornales
malgaste lo que no tenga. 825
Hoy mismo sobre este punto
dispondré lo que convenga,
causando un gran beneficio
a los pobres y a la Iglesia.
(Da una palmada sobre el hombro a D. ESTEBAN, y le dice cariñosamente.)
Adiós, amigo, yo espero 830
que luego que usted se vea
cruzado se casará.
D. ESTEBAN VILABELLA Sería así si tuviera
contraído algún empeño.
D. PRUDENCIO DE VERGA Hay el papel, y otra prenda, 835
que impone a usted para el caso
la obligación más estrecha.
Véngase Blas a buscarla,
que apenas vuelva con ella,
yo sé que pensará usted 840
de muy distinta manera.
 

(Vase por la derecha siguiéndole BLAS.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Qué embolismo!..., pero yo
¿tengo acaso por qué tema?
Llama a la puerta de la izquierda.
Señora.
 

(Sale DOÑA CECILIA y se queda admirada de verle vestido de gala.)

 
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                ¡Qué es lo que veo!
D. ESTEBAN VILABELLA Salga usted.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                            ¿Qué gala es esa? 845
D. ESTEBAN VILABELLA Esta gala y la que usted
tiene hoy por fortuna puesta
nos anuncian el principio
de la mayor dicha nuestra:
sí, admirable Mantuana: 850
¡Qué bella es usted!
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                                   ¡Yo bella!
D. ESTEBAN VILABELLA Y juiciosa: pocas veces
hermana naturaleza
dos tan grandes cualidades.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿También usted lisonjea? 855
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Lisonjas yo!, hoy quiere el cielo
que en fino amor se convierta
la amistad que nuestras almas
mutuamente se profesan.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Fino amor!..., ¡cómo!.., ¿es posible 860
(Con gran sobresalto)
que usted tal cosa profiera?
¿Cuando creí verme libre
ya de un riesgo, otro me cerca?
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Será, acaso, en mí delito
el que ame a usted y la quiera 865
para esposa?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                       ¡Oh Dios!, ¿qué es esto? (Con agitación.)
¿Qué ardor corre por mis venas?
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Mi proposición, nacida
de una pasión verdadera,
puede dar a usted disgusto? 870
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Antes de gozo me llena;
pero ¿sin averiguar
quién sea esta aventurera
podrá usted darla su mano
de esposo?
D. ESTEBAN VILABELLA                    Y también con ella 875
ofrecerla el albedrío,
basta, señora, que sepa,
que una joven que ha ocultado
su sexo de esa manera,
que sabe tantas labores, 880
y vive con tal modestia,
no puede menos de ser
discreta, humilde y honesta.
¿Será usted al fin mi esposa?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Con toda el alma lo fuera 885
si tantos inconvenientes
a ello no se opusieran.
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Cuáles son esos, señora?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA El serme mi estrella adversa,
no saber cuál es mi suerte, 890
y el que según usted cuenta
está empeñado con otra.
D. ESTEBAN VILABELLA Es una boda propuesta
por mi padre, pero aún falta
el que yo consienta en ella; 895
y no llegará, lo afirmo,
jamás el caso que quiera
yo a otra mujer alguna
si usted mi mano desprecia.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Esa, don Esteban mío, 900
es resolución muy ciega.
D. ESTEBAN VILABELLA Mire usted que mi fortuna
depende de la diligencia,
y si usted quiere ser mía,
es fuerza que se resuelva 905
a salir conmigo ahora.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Salir yo así?, ¡qué demencia!
D. ESTEBAN VILABELLA Mi padre es, señora, un hombre
muy tenaz en sus ideas,
y cuando piensa una cosa 910
no hay quien le disuada de ella,
no hace mucho que también
un Ministro de la Audiencia
me ha dicho que hay cierta firma
mía con una promesa 915
de casamiento, ella es falsa
desde la cruz a la fecha;
pero podrán fácilmente
suspender nuestras ideas,
si a dar no vamos los pasos 920
con la mayor ligereza:
venga usted.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                      ¿Adónde?
D. ESTEBAN VILABELLA                                         A ver
lo que el párroco aconseja,
y si, como yo lo creo,
favorable se nos muestra, 925
el mercader de Gerona,
que en mis dichas se interesa,
se halla aquí a ver repartir
los premios de nuestra escuela
de dibujo, y obtendrá 930
al momento la licencia
de casarnos. Esta unión
sin duda el Cielo la ordena;
vamos.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA              ¿Cómo he de salir
por Olot de esta manera? 935
D. ESTEBAN VILABELLA La casa del señor cura
está, señora, muy cerca,
y la gente de este barrio
está bailando en su fiesta.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Y si me ven los que dan 940
esos golpes en la tienda?
D. ESTEBAN VILABELLA Esos reparos se quitan
saliendo por la otra puerta.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Pero ignorando quién soy...
D. ESTEBAN VILABELLA ¿No tiene usted sus carteras? 945
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Sí señor.
D. ESTEBAN VILABELLA                 Pues lo demás
déjelo usted de mi cuenta.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Ya me hallo resuelta a todo.
D. ESTEBAN VILABELLA Pues vamos, amada prenda,
que si hoy por mi aplicación 950
el Cielo me recompensa
con tan industriosa esposa
me aplicaré hasta que muera.
 

(Vanse por la puerta del foro.)

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