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La industriosa madrileña y el fabricante de Olot, o Los efectos de la aplicación : comedia en tres actos / por Don Francisco Durán



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Acto segundo

Salen por la puerta del medio D. SILVESTRE con sotana, manteo y sombrero, y SIMÓN como en el primer acto, con los bolsillos y faltriqueras algo abultados, y unas llaves en la mano, que guarda luego.

                                                                  
SIMÓN Por fin ya está mi bandullo
bien prevenido, a Dios gracias;
vaya que ha sido fortuna
el que no nos tropezaran
al entrar.
DON SILVESTRE                Hombre, suceden 5
casualidades muy raras;
apuesto a que no han salido
jamás por la puerta falsa.
SIMÓN Quizá será el primer día
que D. Juan sale con faldas. 10
DON SILVESTRE No fuera malo, Simón,
que se nos verificara
tu sospecha.
SIMÓN                      Es la sobrina
de la tía ajusticiada:
¿no has visto en ella las señas 15
que allá en Madrid nos contaban?
Pero pues ya he conseguido
matar a quien me mataba
y a más, gracias a estas llaves,
tengo de plata y alhajas 20
bien llenas las faltriqueras,
voy a esperarte en la raya.
DON SILVESTRE No temas que halle mi padre
tan presto de eso la falta:
luego que mi hermano tenga 25
mis cuentas finalizadas
y pueda sacarle el resto
emprenderemos la marcha.
SIMÓN ¡Oh!, pues si esperas dinero
te aguardaré hasta mañana. 30
(Mirando hacia la puerta de la derecha.)
¿Es tu padre aquel?
DON SILVESTRE                                 Sí es:
hombre, por las cinco llagas
retírate no te vea.
SIMÓN ¿No es viejo de buena pasta?
Pues yo quiero hablar con él. 35
DON SILVESTRE Por Dios no le digas nada
de nuestro viaje a Madrid,
ni mi boda con Catanla.
 

(Sale por la puerta de la derecha D. PABLO con muestras de mucho gusto.)

 
DON PABLO Estebanillo...
DON SILVESTRE                        Celebro
que llame usted con tan blanda 40
y meliflua voz al hombre
que ilustra nuestra prosapia.
DON PABLO Le llamo así porque vengo
de prepararle una trampa
con cebo de moza y oro. 45
SIMÓN No es muy difícil que caiga.
DON SILVESTRE ¿Y a qué se dirige, padre,
esa trampantoja armada?
DON PABLO A ver presto las ideas
de D. Prudencio frustradas. 50
DON SILVESTRE ¿De D. Prudencio? Me alegro,
porque le tengo gran rabia.
¿Pues no se ha puesto a decir
con alta voz en la plaza,
delante de mil personas, 55
que con cajas destempladas
me desterrará de Olot?
DON. PABLO ¡Aquí el juez!
DON SILVESTRE                        Si no me engañan
mis ojos y mis oídos.
DON PABLO ¡Sin avisar!, cosa extraña. 60
DON SILVESTRE Vendrá a la Villa a negociar;
de grandísima importancia;
traer, verbigracia, a Esteban
un gran vestido de gala,
para que esté más hinchado 65
que un hidalgo de Braganza.
DON PABLO ¿Qué dices?, ¿y dónde está
tu hermano?
DON SILVESTRE                       Salió de casa
apenas yo entré.
DON PABLO                            ¿Y no dijo
adónde se encaminaba? 70
DON SILVESTRE No señor: iba con él
una muy linda muchacha.
DON PABLO ¡Muchacha!
DON SILVESTRE                     Sí, aquel D. Juan
que dice usted que trabaja
aquí.
DON PABLO           ¿Es mujer?
SIMÓN                              Como hay viñas. 75
DON PABLO ¿Acción tan torpe y villana
puede creerse de Esteban?
SIMÓN Donde no se piensa salta
la liebre.
DON PABLO                 Por eso hoy
cierta boda rehusaba. 80
DON SILVESTRE Le tendrá la madrileña
las potencias embargadas.
SIMÓN ¿Madrileña es?, pues a Dios,
no doy por él una blanca.
DON PABLO ¿Y quién es usted?
SIMÓN                                ¿Quién yo?, 85
el más fino camarada
de mi señor don Silvestre.
DON PABLO ¡Si será usted el que acaba
de llegar hoy de Cervera!
SIMÓN Hoy ha sido mi llegada. 90
DON PABLO ¿Y dice usted que es amigo
de Silvestre? ¡Qué falacia!
SIMÓN ¡Falacia cuando en mí tiene
todo cuanto le hace falta!
Don Pablo, yo soy un hombre 95
que pasa a viajar a Francia,
y ha venido sólo a ver
si Silvestre le acompaña.
DON PABLO Presumí que era un ministro
que viene de mano armada... 100
DON SILVESTRE ¿De Cervera?
DON PABLO                         De Cervera.
DON SILVESTRE ¿Y a qué viene?
DON PABLO                            A pataratas;
a que se le dé el importe
de tus deudas.
SIMÓN                         Pues pagarlas;
porque el tal comisionado 105
es un perillán de marca:
le conozco como a mí:
son sus travesuras tantas
que le llaman non plus ultra
de los enredos y trampas. 110
DON PABLO Agradezco esas noticias.
SIMÓN No hay que detenerle.
DON PABLO Nada;
           a unos pícaros así
ni aun verlos quiero la cara.
SIMÓN Yo me encargo, si usted gusta, 115
de despacharle.
DON PABLO                          En la plaza
vive un mercader que debe
entregarme cierta plata,
y luego iremos allá.
SIMÓN Está bien.
DON PABLO                  Pues me depara 120
el Cielo dos estudiantes...
SIMÓN De la gramática parda.
DON PABLO Discurriremos un medio
para descubrir con maña
quién es esta aventurera 125
que se ha introducido en casa.
DON SILVESTRE Los dos sabemos su historia.
SIMÓN Y ahora va usté a escucharla,
porque ella viene; a escondernos,
que con una idea rara 130
voy a hacer que se descubra
ella misma, aprisa, vaya.
 

(Éntranse los tres por la puerta de la derecha, y asoman por la del medio DON ESTEBAN y DOÑA CECILIA.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA Pues que ya, señora, quedan
nuestras cosas entabladas,
y usted segura, me vuelvo, 135
porque a esta hora me llaman
dos negocios que me son
de grandísima importancia.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Vaya usted en buen hora:
cuidado con la tardanza. 140
D. ESTEBAN VILABELLA Esa para un fino amante
es prevención excusada.
 

(Retírase DON ESTEBAN de la puerta del medio adentro, y sale DOÑA CECILIA encaminándose a la de la izquierda diciendo entre sí.)

 
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Válgame Dios!, me parece
que es sueño cuanto hoy me pasa,
¡casarme yo aquí en Olot! 145
¡Qué hombre tan de bien!
 

(Sale SIMÓN por la derecha.)

 
SIMÓN                                          ¡Paisana!
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Yo paisana de usted?
SIMÓN                                      Sí:
Madrid es también mi patria,
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Y cómo está en esta Villa?
SIMÓN Por causa de una desgracia. 150
Yo serví en Madrid, señora,
al marqués de la Muralla...
 

(DOÑA CECILIA sobresaltada, y afectando disimulo.)

 
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿De la Muralla?
SIMÓN                           Al nombrarle     (Llorando)
las lágrimas se me saltan.
 

(Dentro D. PABLO.)

 
Qué bien finge el picarón: 155
ya sé lo que intenta.
 

(Dentro D. PABLO.)

 
                                  Calla.
SIMÓN El señor Marqués mi amo,
diariamente frecuentaba
la casa de una señora
de aquellas que no reparan 160
en que su honor se baldone
por tabernas y por plazas;
pero de su amor cansado,
que tales amores cansan,
se inclinó a una sobrinita 165
que la tal tenía en casa,
según decían, prudente,
ingeniosa y aplicada;
pero dio muy malas pruebas
de tan buenas circunstancias, 170
porque una noche ayudó
a coserle a puñaladas.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Algo entreoí de ese lance
tan atroz, y me alegrara
de saber si esas mujeres 175
han sido ya castigadas.
 

(Hace SIMÓN disimuladamente señas a DON SILVESTRE que salga.)

 
SIMÓN Como no hay cosa que vuele
más que una noticia infausta,
la tragedia de mi amo
llegó a mí al romper del alba, 180
y sabiendo que querían
prenderme tomé la rauta,
sin esperar a saber
las resultas de la causa.
 

(Sale D. SILVESTRE.)

 
De pe a pa las sé yo.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA y SIMÓN                                   ¡Usted! 185
DON SILVESTRE En Madrid me hallaba
cuando llevaron la tía,
con túnica negra y ancha,
 

(Aquí se inmuta DOÑA CECILIA.)

 
caballera en una mula
a un tablado de la plaza, 190
donde la apretó el verdugo
un tornillo a la garganta.
 

(Aquí se apoya DOÑA CECILIA en alguna silla o en la mesa.)

 
SIMÓN Sin duda que tiene usted
de pedernal las entrañas:
¿pueden contarse esas cosas 195
en tono de bufonada?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Qué se hizo de la sobrina?
DON SILVESTRE Bien cerca está, truchimana
¿de qué sirve el disimulo
cuando él mismo nos declara 200
que es usted?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                        ¡Yo!, ¡qué malicia!
DON SILVESTRE Haga usted más confianza
de los dos, y mire usted
que la quiero unas migajas.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Qué profiere usted? ¡Dios mío!, 205
todas las fuerzas me faltan.
 

(Cae desmayada en una silla, DON SILVESTRE se acerca a sostenerla, sale DON PABLO, y SIMÓN le dice.)

 
SIMÓN ¿Ha sabido usted quién es?
DON PABLO Tratemos de retirarla.
 

(DON PABLO y SIMÓN llevan a DOÑA CECILIA por la izquierda, y queda DON SILVESTRE solo.)

 
Bonitas cosquillas me hace
el duende de la rapaza, 210
si Catalina se fuese
del tabardillo a la patria
celestial, en el momento
sin más ver me la calzaba.
 

(Sale SIMÓN por la izquierda.)

 
Silvestre ¡y bien!
DON SILVESTRE                                ¡Ah Simón!, 215
has descubierto una alhaja.
SIMÓN Pues mira si me la obsequias
con la mayor eficacia,
tú has dicho infinitas veces
que si por dicha enviudaras, 220
antes de enterrar la una
tendrías otra buscada;
conque así, si se muriese
tu mujer y agazaparas
esta otra, di, ¿qué harías? 225
DON SILVESTRE Me parece que bailara
de contento.
SIMÓN                       Pues amigo
tu mujer ya está enterrada.
DON SILVESTRE ¿De veras?
SIMÓN                   Tu padre sale.
 

(Sale DON PABLO.)

 
Mientras sosiega dejadla,
que al instante volveré 230
a disponer que se vaya.
 

(Vase por la derecha.)

 
DON SILVESTRE Simón, ¿conque en fin murió
Catalina?                         (Llorando)
SIMÓN                  En paz descansa
la que te dio tanta guerra.
¿Y a qué viene ahora llorarla, 235
cuando tienes la fortuna
a las puertas de tu casa?
DON SILVESTRE ¿Ha muerto también el niño?
SIMÓN Lo mismo está que una plata:
para darte ese consuelo 240
le he traído con un ama.
DON SILVESTRE ¿Y si esta huele que soy
viudo y que tengo arracada?
SIMÓN Bien digo yo, don Silvestre,
que aún no sabes con quién tratas. 245
Anímate, que ya tengo
dispuesta cierta maraña
que ha de sudar Don Esteban
si quiere desenredarla.
El señor Batlle a estas horas 250
la habrá mostrado unas cartas
que han de levantarle en peso
por lo que ellas le levantan.
Tú verás como hoy pregona
por este pueblo la fama 255
que es padre de tu chiquillo.
DON SILVESTRE Si eso se verificara...
SIMÓN Don Silvestre, importa mucho
no gastar pólvora en salvas:
¿si habrá dentro del cajón 260
alguna moneda rancia?
(Abre el cajón con las llaves, saca el bolsillo de Blas, y vuelve a cerrar.)
¡En efecto; es amarilla!
DON SILVESTRE No hagas más barrabasadas
mira que ahí es justamente
donde el fabricante guarda 265
sus cosas, y cada instante...
SIMÓN ¿Abre, cierra, mete y saca?
El que no expone su vientre
a un asiento, nunca se harta.
Luego que la madrileña 270
vuelva en sí empieza a sitiarla,
porque ella ha de ser el iris
de todas nuestras borrascas.
DON SILVESTRE No es, amigo, esa fortuna
para mí.
SIMÓN ¿Cómo no?, guarda 275
secreto en las demás cosas
ocurridas en su causa,
que como siga creyendo
que la tienen por culpada
en la muerte del marqués, 280
puedes tener esperanza.
Las empresas no se logran,
Silvestre, sin intentarlas.
DON SILVESTRE ¿No será bueno que padre
la obligue a pasarse a Francia, 285
y con eso en el camino
podremos catequizarla?
SIMÓN Para eso es menester
que tengamos preparadas
las cosas: ven, dispondremos 290
que un mozo lleve tu jaca
y un macho fuera de Olot,
y que sirva de atalaya
mientras que los dos volvernos
como liebre que la alcanzan, 295
tú a obligarla que nos siga,
si no por buenas, por malas,
y yo a ver si tu buen padre
y tu hermano me dan plata.
DON SILVESTRE Pues vamos, amigo apriesa. 300
SIMÓN Ten paciencia, que nos falta
llevar un par de maletas,
para que no se nos vaya.
 

(Vase por la puerta de la izquierda.)

 
DON SILVESTRE Si ella llega a ser mi esposa
se han de poner luminarias, 305
y ha de haber grandes parejas
al son de tambor y gaita.
 

(Sale SIMÓN por la izquierda con dos maletas llenas y cerradas.)

 
SIMÓN Vamos, Silvestre, y confía.
DON SILVESTRE Si hoy la fortuna me ampara,
hemos de vivir los dos... 310
SIMÓN ¿Qué?
DON SILVESTRE            Lo mismo que Patriarcas.
 

(Vanse los dos por la puerta del medio llevándose las maletas, y sale por la de la izquierda DOÑA CECILIA con muestras de grande aflicción.)

 
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Quién habrá entrado en mi cuarto!,
pero sola está la sala.
¡Oh Dios!, ni sé dónde estoy
ni comprendo qué me pasa. 315
Ya en Olot no estoy segura;
si aquí mi Esteban se hallara...
 

(Sale BLAS por la puerta de la derecha con un niño de tres o cuatro meses, DOÑA CECILIA hace ademán de irse; pero al oír a BLAS se detiene.)

 
BLAS Válgate Dios por muñeco.
Señora ¿es usted el ama
que ha traído este?...
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                                   ¡Blas mío! 320
BLAS ¡Señor!, ¡cómo!, ¿usted con faldas?
Vaya, vaya, mis malicias
no fueron tan infundadas.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Malicias usted?
BLAS                             Algunas;
aquel recatar la cara 325
de todos, el encerrarse
al llegar a las posadas,
y el no querer salir de ellas
cuando no había comparsa,
hágame usted el favor 330
de decirme ¿no indiciaba
ser usted cobarde, rico
o niña de filigrana?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Deje usted burlas y diga
¿de quién es, tan delicada 335
criatura?
BLAS                Del maestro.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Esteban!
BLAS                  Así lo canta
un papel con firma suya
que tiene el Juez en su casa.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Habrá mujer en el mundo 340
a quien sigan más desgracias!
(Mira hacia la puerta de la derecha, y dice:)
¡Qué veo! ¡Y un caballero,
procede con tal infamia!
 

(Sale DON ESTEBAN muy gozoso por la puerta de la derecha con la Cruz de la Orden de Carlos III en el pecho, y espada en la cinta.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA Aunque no tengo, señora,
enteramente evacuadas 345
las cosas, mi gran cariño
me obliga a noticiarla
que el Mercader de Gerona
me ha dado ya la palabra
de hacer que hoy mismo se vean 350
enlazadas nuestras almas.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Yo había de unirme a un hombre
(Con entereza y dignidad)
que falta a la más sagrada
obligación! ¡Yo ser el medio
para una acción tan bastarda! 355
¿Con qué odio me miraría
la infeliz y desdichada
madre de esa criatura?
¿Podrá usted abandonarla
cuando la sangre de ambos 360
se mira ya vinculada
en la vida de ese niño?
No: cumpla usted su palabra.
Despósese usted con ella, (Enternecida)
y vivan edades largas. 365
D. ESTEBAN VILABELLA Usted me pone, señora,
un dogal a la garganta.
¡Yo deber a una mujer
fineza tan extremada,
y pensar en recompensa 370
procurarla tanta infamia!
No soy tan vil, no, Cecilia,
a usted sola ha dado entrada
mi pecho, y sola a usted
rendirá obsequios mi alma. 375
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Señor, ¿es de caballeros
el negar cosas tan claras?,
un papel, la firma, el niño...
D. ESTEBAN VILABELLA Todas tres son cosas falsas.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Cosas falsas, cuando a un juez 380
se presentan por demanda!
¿Cuándo una infeliz de usted
hoy su ventura esperaba,
¡qué horror!, llega a descubrir
que mira usted su desgracia 385
como medio de lograr
una intención depravada?...
Pero esa infame intención
le saldría a usted muy vana,
que quien huyendo una afrenta 390
como yo la vida guarda,
daría también la vida
por no mirarse infamada.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡En mí caber tal bajeza!,
amable esposa...
 

(Sale D. PABLO por la derecha.)

 
DON PABLO                              ¡Qué acabas 395
de pronunciar!... ¡Tú esa esposa!
¿Cabe en tu pecho encerrada
tanta maldad? ¿Cuando dices
que los hombres que trabajan
están exentos de vicios, 400
y cuando haces tanta gala
de la ocupación, te vemos
con vida más estragada
que a los mayores ociosos?
¿Cuál de ellos tendrá engañadas 405
a tres mujeres a un tiempo?
¿Por qué, di, cuando te hablaba
de Vicenta no me hiciste
patente cuanto ocultabas,
y no hubiera dado en Vique 410
tan solemne campanada?
¿Qué dirán las dos señoras
sino que intentó burlarlas?
La madre de esa criatura
escriben que está en las ansias 415
de la muerte, y te suplica
que la cumplas la palabra.
Y pues ese niño es tuyo,
no quiero escrúpulos, marcha,
cásate, licencia tienes. 420
D. ESTEBAN VILABELLA No me es, padre, necesaria,
porque jamás he tenido
yo la voluntad ligada
sino con esta señora,
que es la que hoy reina en mi alma. 425
DON PABLO ¡Habrá tal atrevimiento!
Marche usted presto de casa. (A DOÑA CECILIA.)
D. ESTEBAN VILABELLA Doña Cecilia es mi esposa,
y hará lo que usted la manda;
mas siempre en mi compañía: 430
vamos, señora.
DON PABLO                         Repara       (Con mucho enojo)
que soy quien soy, y te mando
que la dejes que se vaya
D. ESTEBAN VILABELLA Témplese usted, padre mío,
porque una alma enamorada 435
cuando a su objeto le tocan
ningún miramiento guarda.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Señor, aunque D. Esteban
todo mi afecto arrebata,
no ha de ser mío por medio 440
de ninguna acción villana:
como él deba unirse a otra
se unirá.
D. ESTEBAN VILABELLA                Sí: confirmada
queda por mí esa promesa:
no se mueva usted de casa      (A D. CECILIA) 445
mientras voy con padre y Blas
a ver si ese que me infama
con detracción tan inicua
osa ante mí sustentarla.
 

(Vase por la derecha, siguiéndole BLAS con el chiquillo.)

 
DON PABLO Señora, cuando mi hijo 450
no haya dado esa palabra,
tiene otro empeño; y así
disponga luego su marcha.
 

(Vase por la derecha, y dice DOÑA CECILIA en voz alta como hablando con él.)

 
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Si ya sin mi amado Esteban
soy como un cuerpo sin alma, 455
si sin él no tendré gusto
para dedicarme a nada?,¿cómo he de partir? ¡Ah!, lluevan
sobre mí cuantas desgracias
previene a todo viviente
la tirana suerte infausta; 460
pero déjeme el consuelo
de vivir en esta casa.
 

(Va a entrarse por la puerta de la izquierda, y D. SILVESTRE sale por la de la derecha diciendo.)

 
DON SILVESTRE ¡No es nada lo que he sabido!
Adiós, señora cuñada,
me doy mil enhorabuenas 465
de lograr en ti una hermana
tan bella y tan industriosa.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Señor, ¿qué es lo que usted habla?
DON SILVESTRE ¿Buen pastel se ha descubierto!
¡No había aquí mala danza! 470
Por fin, más vale casarse
que abrasarse, ya no falta
sino echar aquí tu firma
para que la boda se haga
con rimbombante aparato. 475
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Cómo!, ¿está ya declarada
la torpe, indigna impostura
que a Esteban acumulaban?
DON SILVESTRE Sí, amiga, ya va mi padre
más alegre que una pascua 480
a disponer tu bodorrio:
Esteban también me manda
que te traiga esta escritura,
(Sacando un papel)
porque te sirvas de honrarla
con tu firma.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                       Si este hombre 485
maquinará alguna trama!
(Aparte, levantando la vista al Cielo.)
DON SILVESTRE ¿De qué te quedas suspensa?
Si tienes desconfianza
lee el papel.
 

(DOÑA CECILIA, aparte, tomando la pluma y sentándose junto a la mesa.)

 
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                       Si es enredo,
le ha de salir a la cara. 490
 

(D. SILVESTRE señalando con el dedo en el papel, de modo que se conozca que pone la mano con picardía delante de lo escrito para que ella no pueda leerlo.)

 
DON SILVESTRE Aquí has de poner la firma.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Dios me dé acierto al echarla.
 

(Firma, dobla inmediatamente el papel, se le entrega a D. SILVESTRE, y este le guarda.)

 
DON SILVESTRE Te le da, pero tan grande,
que vas por ella a ser ama
de todo cuanto poseo. 495
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Fineza tan extremada
me sorprende, D. Silvestre.
DON SILVESTRE Esa persona gallarda
con esos brillantes ojos
todo el corazón me abrasan, 500
y no cederá el incendio
si no me aplicas la blanca
nieve de tu hermosa mano;
y pues que ya no te escapas
de ser mía, porque estás 505
con la firma asegurada,
daca esos cinco paloma,
premia con ellos mis ansías.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Aunque agradecerlas puedo,
no con mi mano pagarlas. 510
Porque es su hermano de usted
dueño de ella y de mi alma.
DON SILVESTRE ¿Conque eso es decirme claro
que mis finezas desaíras?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Sí señor.
DON SILVESTRE                 Pues esta firma 515
obrará.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA              No importa nada;
yo sólo he de ser de Esteban.
DON SILVESTRE ¡De Esteban!, antes te falta
elegir le dos la una,
o ser hoy mi media cama, 520
o ir mañana a Barcelona
sobre un burro maniatada
a pagar la media muerte
del marqués de la Muralla.
 

(Vase por la derecha.)

 
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡D. Silvestre!... ¡Qué es lo que oigo! 525
Mi suerte está declarada,
ya no hay remedio, es preciso
que de este pueblo me vaya,
pero ¿podré dar a Esteban
una pena tan amarga? 530
y podré perder la vida
en una pública plaza
siendo inocente? ¡Ah memoria,
cómo me asombras y me espantas!
¿Partiré?... Sí; pero antes 535
voy a escribirle una carta.
(Siéntase a escribir, y va diciendo las cláusulas en voz alta.)
Amado Esteban, me han puesto en la alternativa de sufrir la muerte o ser infiel, y así espero me envía usted una caballería, y el disfraz de varón al camino de Figueras para pasar a Perpiñán; desde adonde escribiré a usted más largamente para que disponga del constante afecto que te profesa su esposa

Cecilia de Aragón y Palenzuela.

 

(Dobla el papel, y sale BLAS por la derecha hablando con el chiquillo.)

 
BLAS Que nadie nace sin padre
es cosa evidente y clara;
pero averiguar quién sea
el tuyo es empresa ardua. 540
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Hay, Blas, alguna noticia
que tranquilice mi alma?
BLAS El conductor de este nene
en ninguna parte se halla;
ya ha sacado del mesón 545
su caballería; el ama
que vino con él tampoco
parece; mas según canta
cierto papel presentado,
si D. Esteban se allana 550
a dar algún dote bueno
a la doncella burlada,
quedarán luego las cosas
en la más tranquila calma.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Viene el maestro?
BLAS                                  No señora, 555
parece que le faltaba
hacer una diligencia.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Pues déle usted esa carta,
y adiós, Blas.         (Le da la carta.)
BLAS                         ¿Dónde va usted?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA A evitarme una desgracia. 560
Y pues dispone la suerte
que yo de usted, Blas, me valga,
no dudo que corresponda
su lealtad a mi confianza.
 

(Vase por la derecha.)

 
BLAS ¿No podía en manos propias 565
la tal señora entregarla?
Vaya ¿yo llevar papeles
de enamorados?, ¡es brava
comisión!, ¿teniendo oficio
andar yo en estas andanzas? 570
No señor; por la rendija
veré si puedo embocarla
en el cajón. Vamos nene,
(Mete el chiquillo entre un doblez de la estameña que está en el suelo metiéndole debajo por almohadas el vestido de librea)
échate un tanto, y descansa,
mientras hago que el billete 575
llegue a su destino.
 

(Arrodíllase delante del cajón, mete el papel por la juntura, y sale D. ESTEBAN por la derecha con un mozo vestido a lo catalán, que deja un talego de dinero sobre la mesa, y se vuelve a marchar.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA                                   ¿Qué andas
registrando?
BLAS                        ¡Malo, adiós!,
encontráronse los guardas
con los metedores.
D. ESTEBAN VILABELLA                                 Dime,
¿qué hacías ahí?
SIMÓN                             Imitaba 580
a un hombre que no pudiendo
comprar un día manzanas,
con un zoquete de pan
se arrimaba a las banastas,
hincaba el diente al zoquete, 585
la fruta olía y mascaba.
 

(Sale SIMÓN por la derecha, y se admira de ver a DON ESTEBAN con la Cruz.)

 
SIMÓN Dios guarde a ustedes señores.
BLAS ¿A qué viene este fantasma? (Aparte.)
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Qué te importa?, salte afuera.
BLAS Afufose el ver la carta. 590
(Entre sí, y marchándose por la derecha.)
D. ESTEBAN VILABELLA Siéntese usted.
SIMÓN                           No es posible,
que tengo pronta mi marcha.
D. ESTEBAN VILABELLA Pues haga usted el recibo
y dé un repaso a esa plata.
(Señala al talego que está sobre la mesa.)
SIMÓN El recibo ya está hecho, 595
y la plata bien contada.
(Entrega un recibo a DON ESTEBAN, saca un pañuelo y vacía en él el dinero del talego.)
¿Hay ochocientas?
D. ESTEBAN VILABELLA                                Cabales.
SIMÓN Ya queda la cosa en calma;
si se ofrece algo mandar.
 

Vase por la derecha, y DON ESTEBAN mirando el recibo dice:

 
Buen nombre tiene, Deo gracias. 600
 

(Sale BLAS por la derecha.)

 
BLAS D. Esteban, no hay remedio,
yo quiero ver las medallas,
y de aquí no he de apartarme
hasta que el cajón se abra.
D. ESTEBAN VILABELLA No seas, Blas, importuno; 605
es preciso que te salgas,
porque me importa.
BLAS                                  Paciencia.
 

(Sale D. PRUDENCIO por la derecha, BLAS le hace cortesía, y se va por la misma puerta.)

 
D. PRUDENCIO DE VERGA Yo debo marchar mañana;
vamos a ver esas cuentas.
D. ESTEBAN VILABELLA Mejor fuera que llevara 610
usía nuestros papeles.
D. PRUDENCIO DE VERGA Vengan, pues, que tengo gana
de dejar a usted tranquilo
y solo antes que me vaya.
 

(Abre D. ESTEBAN el cajón, saca los papeles, y le mira con mucha atención, D. PRUDENCIO lo repara y dice:)

 
¿Falta acaso alguna cosa? 615
D. ESTEBAN VILABELLA No es más que una bribonada
de Blas, un bolsillo suyo.
 

Cierra el cajón, y entrega los papeles a D. PRUDENCIO.

 
Tome usía.
D. PRUDENCIO DE VERGA                     Luego que haya
repasado bien la suma,
dispondremos que se haga 620
la separación de todo,
y a cada cual se reparta
lo suyo, después veremos
el dote que usted señala
a la pobrecilla madre 625
del niño.
D. ESTEBAN VILABELLA                  En vano se cansa
usía.
D. PRUDENCIO DE VERGA            No es en vano,
que la justicia la ampara.
D. ESTEBAN VILABELLA No pasemos adelante:
si usía me da palabra 630
de guardar dentro del pecho
cuanto dice aquesta carta,
 

(Sacando una carta y enseñándosela a D. PRUDENCIO.)

 
sabrá cómo se ha firmado
el papel que usía guarda.
D. PRUDENCIO DE VERGA Sí doy.
 

(D. ESTEBAN le entrega la carta, y D. PRUDENCIO hace que lee.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA               Vea usía ahora 635
lo que a un amigo le encargan.
Mi hermano y los perillanes
con quien siempre se acompaña,
para sacarme dinero
urdieron la indigna trama, 640
que como urdida en taberna
no podía estar callada.
D. PRUDENCIO DE VERGA ¡A cuántos daños están
expuestos los que se embriagan!
 

(Vuelve la carta a D. ESTEBAN, y sale a D. PABLO.)

 
DON PABLO Celebro de ver a usía 645
tan bueno. Hijo en la plaza
hallé a cierto conocido
del procurador que acaba
de llegar, y le he entregado
mil libras.
D. ESTEBAN VILABELLA                   ¡Si ahora marcha 650
de aquí con las ochocientas
él mismo!
DON PABLO                  ¡Hay tal infamia!
El que las llevó me trajo
este recibo.
 

(Saca un recibo, y D. ESTEBAN le mira.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA                     Deo gracias.
Con más de ochocientas libras 655
ya puede el pícaro darlas.
D. PRUDENCIO DE VERGA ¿Puedo acaso yo saber
qué es eso que a ustedes pasa?
D. ESTEBAN VILABELLA Que aquí se me ha presentado
un ministril faramalla, 660
armado con un decreto
de la Audiencia a rajatabla.
D. PRUDENCIO DE VERGA No puede ser.
D. ESTEBAN VILABELLA                         ¿Cómo no?
Si está aquí.
(Saca el Decreto y se lo da a D. PRUDENCIO.)
D. PRUDENCIO DE VERGA                          Con verlo basta.
(Lee.) Proceda la justicia de Olot contra D. Silvestre Vilabella, embargándole y vendiendo la hacienda, casa o casas, cuyo producto baste a cubrir las deudas que constan de los papeles presentados, y entréguese la suma al Procurador D. Deo gracias.
(Hace un poco de pausa, y después dice representando.)
Ello están todas las firmas 665
perfectamente imitadas;
pero la fecha descubre
que en este papel hay maula,
porque, en los días de misa
no va la Audiencia a sus salas. 670
Los jueces cogen al vuelo
las que a los reos se escapan.
Voy a ver al Coronel
para que al instante haga
que se ponga alguna tropa 675
por el campo acordonada.
 

(Vase por la derecha.)

 
DON PABLO Mucho sintiera que ese hombre
padeciera por mi causa,
voy a decir que me vuelva
mi dinero, y que se vaya. 680
 

(Hace que se va y vuelve.)

 
Esteban mucho agradezco
que hayas dispuesto la marcha
de la madrileña,
D. ESTEBAN VILABELLA                             ¡Yo!     (Con desasosiego.)
DON PABLO Iba bien desfigurada
con la capa y el sombrero 685
de Blas.
D. ESTEBAN VILABELLA               ¿Dónde ibas?
DON PABLO                                      Tomaba
el camino de Figueras,
y es moza de rompe y rasga,
no me ha querido admitir
un dinero que la daba. 690
Mas voy no prendan mi hombre.
 

(Vase por la derecha, y D. ESTEBAN queda como fuera de sí.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA Blas.                 (Gritando.)
 

(Dentro BLAS.)

 
          Señor.
D. ESTEBAN VILABELLA                        ¿Conque se marcha?
 

(Sale BLAS.)

 
¿Quién?
D. ESTEBAN VILABELLA                 Ponme el caballo.
BLAS ¿Para qué?
D. ESTEBAN VILABELLA                    Pronto, despacha.
BLAS Pero yo...
D. ESTEBAN VILABELLA                  ¿Aún estás aquí? 695
BLAS Señor, usía desbarra.
D. ESTEBAN VILABELLA Ten, Blas, de mí compasión,
vamos al punto a buscarla,
que aborreceré la vida,
si mi Cecilia me falta. 700
 

(Vase furioso por la puerta del medio, BLAS le sigue, y vuelve por el chiquillo diciendo muy apresuradamente.)

 
BLAS Ay chicorrotito mío,
que ya de ti me olvidaba,
ven te darán una teta.
dejándote en cualquier casa;
que donde reina la industria 705
reina en todo la abundancia.
 

(Vase corriendo por la puerta del medio.)

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