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La industriosa madrileña y el fabricante de Olot, o Los efectos de la aplicación : comedia en tres actos / por Don Francisco Durán



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Acto tercero

Sale BLAS por la puerta del medio con dos luces que deja sobre la mesa, luego sostiene a DON ESTEBAN que sale por la misma puerta acongojado y vestido de camino con botas, el cual se sienta en una silla, y apoya en la mesa.

                                                                  
BLAS Vamos, señor, animarse.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Ay Blas!, mis fuerzas perdidas
no es posible se recobren
hasta saber de Cecilia.
 

(Deja caer la cabeza mostrando abatimiento y sale DON PABLO por la puerta de la derecha.)

 
DON PABLO Ya se escapó el faramalla, 5
y volaron las mil libras;
¿pero qué viene a ser eso?
BLAS Que le dio una congojilla
al montar en su caballo
para ir tras de la niña: 10
a la verdad que no sé
cómo usted no escrupuliza
de oponerse a que se casen
dos jóvenes que se estiman.
DON PABLO ¿Había yo de admitir 15
a una tal mujer por hija?,
y aun cuando sea quien sea,
sin tener dote:
BLAS                         ¡Ah avaricia!
Yo la he visto dos alhajas
que valen más que una mina 20
del Perú, porque en las dos
hay otras diez embutidas,
que no hay tasador que pueda
dar de ellas tasación fija.
 

(DON ESTEBAN da un suspiro, levanta los ojos, y BLAS prosigue.)

 
Pero pues ya el desmayado 25
poquito a poco se anima,
voy a estorbar que los que entren
se rompan las espinillas.
 

(Toma una luz, va a marchar por la puerta de la derecha, y le detiene DON PABLO.)

 
DON PABLO Aguárdate, Blas: ¿tú sabes
dónde esa mujer tenía 30
esas alhajas que dices?
 

(Suelta BLAS la luz, levanta las manos meneando los dedos, y dice en voz alta.)

 
BLAS Donde yo: ¿están a la vista?
Llevando el dote en las manos
una muchacha nacida
en tierra donde no aprenden 35
más que a hacer zalamerías,
y a ponerse perejiles
para andar desvanecidas;
no sé yo, señor Don Pablo,
qué queda más que pedirla. 40
(Vuelve a coger la luz.)
DON PABLO Eres valiente truhán.
BLAS Sólo usted es bobo hoy día.
 

(Vase por la derecha.)

 
DON PABLO Mira si vuelves en ti,
y a esa advenediza olvidas.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Ah padre!, no me es posible 45
vivir ya sin mi Cecilia.
DON PABLO Yo estaba creyendo, Esteban,
que marchaba esa mocita
con consentimiento tuyo.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Ah señor!, ¿la apartaría 50
de mí, cuando sus bondades
tienen mi alma tan rendida?
DON PABLO Por eso la perillana
te corresponde tan fina.
D. ESTEBAN VILABELLA Si usted conociera, padre, 55
las virtudes de Cecilia,
viera que su corazón
no es capaz de bastardías.
DON PABLO ¿De una mozuela que tiene,
ajusticiada una tía, 60
puede nadie prometerse
más que infames villanías?
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Su tía está ajusticiada?
DON PABLO Yo oí que se lo decían
esta tarde, y aunque hizo 65
cuantos esfuerzos podía
para mostrar que era otra,
se quedó al fin confundida.
D. ESTEBAN VILABELLA Si esa vil tía siguiera
las huellas de su sobrina, 70
no hubiera llegado, padre,
a tan extrema desdicha.
 

(Sale BLAS por la puerta de la derecha muy cargado con una arquilla que suelta de golpe sobre la misa, DON PABLO abre el armario, y ayudando a BLAS encierran en él la arquilla.)

 
BLAS Ábranme presto el armario,
que reviento voto a cribas.
Valga el diantre lo que pesa. 75
DON PABLO ¿De dónde traes esa arquilla?
BLAS En la puerta me la ha dado
un hombre con mucha prisa,
y se ha pasado corriendo
a casa de la vecina, 80
a decirla que esta noche
deje la casa muy limpia,
y que disponga mañana
una opípara comida.
DON PABLO Bien lo ha corrido: es la posta 85
(Muy contento)
que ha ido a Vique; ¿y qué noticias?
 

(Va a marchar por la derecha, y BLAS le da una carta.)

 
BLAS Para ser usted anciano,
tiene la sangre muy viva:
lea usted antes, señor,
con sosiego esta cartita. 90
 

(Abre DON PABLO la carta y lee.)

 
Estimado Don Pablo, mi Vicenta no cabe en sí de gozo, y ha querido demostrarlo enviando a Esteban esa arquilla con tres mil duros, para que disponga de ellos a su voluntad, como suyos que son, y nadie le pedirá cuentas.
Mi hermano don Prudencio tiene que volverse luego a Barcelona, y antes que salga de esa Villa ha de quedar concluido el asunto que tanto anhelan sus más apasionadas servidoras.
Paula y Vicenta.
Llegó, Esteban, el instante
más dichoso de tu vida.
Voy corriendo a disponer
que salgan a recibirlas
con música los muchachos 95
tirando confiturías.
 

(Vase DON PABLO por la derecha, y BLAS y da una llavecita a DON ESTEBAN.)

 
BLAS Aquí está, señor, la llave
que me han dado de la arquilla;
ábrala, y diviértase,
que los metales de Indias
han solido a más de cuatro 100
preservarles de ictericia.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Ah querido Blas!, los hombres
todos tienen su manía,
y la que a unos divierte
a otros les martiriza. 105
Mi padre quiere casarme
con mujer hermosa y rica,
y yo sólo encuentro gusto
en pensar en mi Cecilia.
 

(Sale DOÑA CECILIA por la puerta de la derecha con el peinado descompuesto y las manos ensangrentadas.)

 
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Ah querido Esteban mío!, 110
ya está Cecilia perdida.
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Pues qué sucede?, qué es esto?,
(Levantándose enajenado de gozo y admiración.)
¿Usted volver a mi vista?
¿Qué sangre es esa?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                                   No sé.
¡Ay de mí!, como lo diga: 115
ese bárbaro de hermano
de usted; viendo que partía
yo de Olot, me fue siguiendo
hasta cerca de la ermita
de San Cosme: allí insistió 120
en irse en mi compañía;
y al ver que eran mis desprecios
mayores que sus caricias,
con irracional furor
intentó una acción indigna; 125
mas corno siempre da el cielo
con el mal la medicina,
me deparó allí unas zarzas,
corro a buscar acogida
en ellas; y como ciego 130
de cólera me seguía,
cual caballo desbocado,
en ellas se precipita,
de modo que todo el rostro
se lastimó en las espinas, 135
y se tiró contra el suelo
dando voces desmedidas:
sin que él pudiese notarlo
he dado vuelta a la Villa,
y vengo aquí a guarecerme 140
porque nadie se imagina
que un reo pueda ocultarse
en donde tanto peligra.
D. ESTEBAN VILABELLA Dulce esposa, cuando el cielo
me ha concedido esta dicha, 145
no dudo que hoy se verán
mis esperanzas cumplidas;
¿pero qué es lo que dio causa
a fuga tan repentina?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Blas, ¿y la carta?
BLAS                             Señora, 150
no hago yo esas tercerías.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA De dar una carta abierta
de dos que a casarse aspiran
no sé que persona alguna
arguya tales malicias. 155
BLAS Los que leer no sabemos
hacemos mil tonterías:
señores, ese cajón
me ha servido de valija.
 

(D. ESTEBAN abriendo el cajón de la mesa.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA Blas, ahora que me acuerdo, 160
¿cómo has tenido osadía
de sacar de él el bolsillo?
BLAS ¡Yo, señor!                (Santiguándose.)
D. ESTEBAN VILABELLA                     ¿Qué te santiguas?
Emplea bien el dinero,
y jamás digas mentiras, 165
que aquí no hay carta ninguna.
BLAS ¿Cómo no? ¿Qué brujerías
andan hoy en esta casa?
Si cuando yo la metía
entró usía y por un tris 170
no fue testigo de vista.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Ay señora!, entre unas cuentas
que di a Don Prudencio iría.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Pues el temor de mi muerte
sus cláusulas contenían! 175
¡Que esa justamente era
la causa de mi partida!
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Eso sólo nos faltaba
para colmar las desdichas!
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Dueño amado, la prudencia 180
es el mejor norte y guía:
me pasaré a Perpiñán,
y usted hará sus pesquisas
en tanto para avisarme
si adquiere alguna noticia. 185
D. ESTEBAN VILABELLA ¿No ve usted que su persona
ya en el camino peligra?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Con el disfraz de varón
no puedo ser conocida.
BLAS Señores, que viene un hombre. 190
(Mirando hacia la puerta de la derecha.)
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Qué hombre?
BLAS                           Aquel de justicia.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Voy al punto a disfrazarme.
D. ESTEBAN VILABELLA Sí; y salga usted de esta Villa.
 

(Vase DOÑA CECILIA por la puerta de la izquierda llevándosela tras sí de golpe, y DON ESTEBAN echa la llave con mucha prontitud.)

 
BLAS ¡Santo Dios! ¡Quién del cajón
mi dinero llevaría! 195
 

(Vase por la derecha y sale por la misma puerta SIMÓN con botas y espuelas; DON ESTEBAN al verle se enfurece, y coge la puerta para no dejarle escapar.)

 
SIMÓN ¿Está en casa Don Silvestre?
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Y tiene usted osadía
de volver a presentarse
aquí? Vengan las mil libras
que mi padre envió a usted. 200
SIMÓN Sosiegue usted esa ira;
luego vendrá don Prudencio...
D. ESTEBAN VILABELLA ¿A qué?
SIMÓN                 A restituirlas.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Don Prudencio!
SIMÓN                             Como usted
me dijo que hoy se veía 205
sin cuartos; las recibí,
y las di a su señoría,
por no poder yo traerlas
a causa de mi partida.
D. ESTEBAN VILABELLA No nos venga usted con más 210
trápalas ni embusterías;
si usted no suelta al instante
las mil y ochocientas libras,
irá desde aquí a un encierro.
SIMÓN Tengo la conciencia limpia, 215
y estoy con mucha frescura.
 

(Asoma BLAS por la puerta de la derecha, sirviendo de lazarillo a DON SILVESTRE, que sale con la frente y mejillas ensangrentadas, lo que conservará hasta el fin de la comedia, y al entrar se da un coscorrón, y dice gritando.)

 
DON SILVESTRE ¿Hombre, por dónde me guías?
SIMÓN ¿Qué es eso, amigo Silvestre?
 

DON SILVESTRE inclinándose hacia donde oye la voz de SIMÓN.

 
Amigo Simón, desdichas;
 

(Aquí se inmutan D. ESTEBAN y SIMÓN, mirándose con inquietud.)

 
estar ciego, sin saber 220
tocar ni cantar folias,
es tener ya, amigo mío,
enteramente perdidas
las esperanzas; y así
disponte luego a seguirla, 225
que si se escapa ha de darme
un torozón, anda aprisa.
SIMÓN ¿Quién se ha de escapar, Silvestre?
Tú estás loco.
DON SILVESTRE                         La Cecilia.       (Gritando.)
D. ESTEBAN VILABELLA Ya que esta casualidad 230
me aclara más, y confirma
las indignidades de ambos,
aunque aquí pierda la vida
he de castigar...
 

(Echa mano a la espada, y BLAS le abraza fuertemente para contenerle: SIMÓN se acerca a D. SILVESTRE y le habla al oído.)

 
BLAS                               ¡Señor!
D. ESTEBAN VILABELLA Suéltame.
BLAS                    Vaya, patillas. 235
anda aquí.
D. ESTEBAN VILABELLA                    ¿Quieres dejarme?
BLAS Marche usted de nuestra vista.    (A SIMÓN.)
SIMÓN Y de España: adiós Silvestre.
 

(Vase por la derecha, y DON SILVESTRE queda gritando.)

 
DON SILVESTRE ¡Esto es lo que más temía!
Si tú te vas, Simón mío, 240
estos diablos me asesinan.
¿Qué es lo que hoy pasa por mí?
 

(Sale por la derecha DON PRUDENCIO, y mientras habla con DON ESTEBAN, DON SILVESTRE abre y cierra los ojos con mucho trabajo, y mira luego la pieza.)

 
D. PRUDENCIO DE VERGA Señores, ¿qué vocería
es esta?
D. ESTEBAN VILABELLA              Que el Don Deogracias,
que tanto enredo motiva, 245
es el infame Simón.
Ahora ha dicho que usía
tiene el dinero que padre
le envió.
D. PRUDENCIO DE VERGA                 ¡Cuánto embolisma!
Blas, anda a ver si le alcanzas, 250
y vuelve a darme noticia
de la casa adonde entra.
BLAS Me alegro de ser su espía.
 

(Vase por la derecha, y DON SILVESTRE abre los ojos.)

 
DON SILVESTRE ¡Ay Dios!, ¡qué gozo!, ya veo.
D. PRUDENCIO DE VERGA Señor doctor, ¿qué significa 255
esa sangre?
DON SILVESTRE                    Esto no es sangre.
D. PRUDENCIO DE VERGA ¿No es sangre?
DON SILVESTRE                          No.
D. PRUDENCIO DE VERGA                                 ¿Pues qué es?
DON SILVESTRE                                                        Sangrías.
 

(Va a irse por la derecha, y DON PRUDENCIO le detiene.)

 
D. PRUDENCIO DE VERGA Aguarde usted, que aquí traigo
todas las cuentas ya vistas,
y quiero que ustedes salgan 260
de ellas.
DON SILVESTRE               No tengo prisa.
D. PRUDENCIO DE VERGA La tengo yo, y me he empeñado
en que hoy queden fenecidas.
Dígame usted don Esteban,
¿quién es una tal Cecilia 265
de Aragón, que ha escrito a usted
un papel de despedida?
DON SILVESTRE Señor, que ese ha de encajarle
medio millón de mentiras,
casarse quiere con ella 270
deshonrado mi familia.
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Quieres detener perverso
esa lengua tan nociva?
DON SILVESTRE ¿Sabes que esa vil mujer
firmó que se casaría 275
también conmigo?, mira hombre,
recréate con su firma.
 

(Enseña el papel que le firmó DOÑA CECILIA, DON ESTEBAN le mira y se ríe.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Es su nombre Antonia Méndez?
DON SILVESTRE ¿Conque me burló la indigna?
(Furioso.)
D. ESTEBAN VILABELLA Recréate, esta es su letra 280
(Enseñándole otro papel)
y su verdadera firma.
DON SILVESTRE Que la prendan al instante, (A DON PRUDENCIO)
que esa es, señor, la homicida
del marqués de la Muralla.
D. ESTEBAN VILABELLA Cesa, corazón de harpía. 285
D. PRUDENCIO DE VERGA ¡De la Muralla!, ¡es creíble!
DON SILVESTRE No habrá quien lo contradiga.
D. ESTEBAN VILABELLA Señor, sé que está inocente.
D. PRUDENCIO DE VERGA Pero mientras se averigua
debo yo...
DON SILVESTRE                   Nada, encajarla 290
en la cárcel de patitas.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Ah, señor!, si lo merecen
mis incesantes fatigas,
suplico se la destine
por prisión toda la Villa. 295
DON SILVESTRE No es menester, ya a estas horas
tendrá dos leguas corridas.
D. PRUDENCIO DE VERGA Yo haré presto que la alcancen.
 

(Vase hacia la puerta de la derecha escuchando lo que dice D. SILVESTRE.)

 
DON SILVESTRE Por San Cosme, se encamina
hacia Francia; mas, señor, 300
los que vayan a seguirla
tengan cuidado no vuelvan,
como yo, hechos una criba.
D. PRUDENCIO DE VERGA ¡Qué necio!
DON SILVESTRE                     Soy Mayorazgo... (Mirando a D. ESTEBAN.)
D. PRUDENCIO DE VERGA ¿Y qué?
DON SILVESTRE                No hablo con usía. 305
D. PRUDENCIO DE VERGA No me espanto que usted sea
de condición tan altiva,
que del que nace con bienes
la ignorancia es la divisa.
 

(Vase por la derecha.)

 
DON SILVESTRE Quiero sepa el fabricante 310
que ha de ser mía Cecilia.
 

(Vase por la puerta de la derecha, DON ESTEBAN abre la de la izquierda y sale DOÑA CECILIA.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA Por librarla de tus garras
mi furor no te castiga.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Ay Dios!, ¡cuánto contratiempo
carga sobre mí este día! 315
D. ESTEBAN VILABELLA ¿No se ha disfrazado usted?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA No; que lo imposibilita
el faltarme las maletas.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Las maletas!
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                        Sí: conspira
contra mí todo: ¿qué medio 320
podré hallar en tal desdicha?
D. ESTEBAN VILABELLA Yo veré si algún amigo
se compadece, y abriga
a usted en su casa, en tanto
que el cura nos facilita 325
los despachos.
 

(Sale DON PABLO por la derecha, y se sorprenden los tres.)

 
DON PABLO                          Ven, que llegan
ya doña Paula y su hija...
(Viendo a DOÑA CECILIA.)
¿Otra vez esa mujer
vuelve a turbar mi alegría?
D. ESTEBAN VILABELLA Duélase usted, padre mío, 330
de los dos; y no permita
se separen estas almas
que tiene ya el Cielo unidas.
DON PABLO Si me hubieses declarado
antes de este medio día 335
esa pasión tan violenta,
se evitara la venida
de la Vicenta y su madre;
pero ya todos publican
tu boda, y para excusarla 340
no hallo ninguna salida;
conque cuenta no me expongas
a que haga una tropelía.
 

(DON ESTEBAN saca del cajón un libro de muestras de telas tejidas por DOÑA CECILIA.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA No señor, voy al momento 345
a asegurar a Cecilia,
y a procurar que se marche
para siempre de esta Villa,
aunque pierda España en ella
lo que este libro acredita. 350
 

(Tira el libro sobre la mesa, y se va por la derecha.)

 
DON PABLO ¿Conque todas estas muestras
(Abriendo el libro)
están por usted tejidas?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Sí señor.
DON PABLO                Son excelentes;
pero usted es muy maligna.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Maligna yo!, no sé en qué. 355
DON PABLO ¡Que es usted inocentita,
los amores con mi Esteban
claramente lo publican!
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA En nuestra afición, señor,
no hay la más leve malicia, 360
porque aunque en nosotros obra
la natural simpatía
tan extraordinariamente
desde la primera vista,
hasta hoy no he declarado 365
mi sexo.
DON PABLO                 ¿Hasta hoy? ¡Viva!
Cuando acaba de decirme
Esteban que necesita
tratar antes de casarse
mucho tiempo a la querida 370
para observarla las mañas,
¿tan de repente se había
de enamorar?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                        Esta tarde,
para cosa bien distinta,
le manifesté, Don Pablo, 375
mi patria, ser y familia;
fiaba en que su amistad
con tesón me ampararía,
mas no que usase conmigo
una acción tan noble y fina. 380
 

(Sale DON PRUDENCIO por la derecha.)

 
D. PRUDENCIO DE VERGA ¡Don Pablo, Blas nos ha dado
una excelente noticia!
Para prender al Deogracias
ya la tropa está a la mira...
 

(Al ver a DOÑA CECILIA se admira, saca la carta y se la enseña, diciéndola.)

 
¿Es usted la que hoy ha escrito 385
este papel?
 

(DOÑA CECILIA le mira, y baja los ojos.)

 
D. PRUDENCIO DE VERGA                      Vaya, diga.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Quién me lo pregunta? (Con humildad.)
D. PRUDENCIO DE VERGA                                        Un Juez.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Sí señor, la suerte impía
(Enternecida)
me hace parecer culpada;
mas no lo soy.
D. PRUDENCIO DE VERGA                          No se aflija: 390
estoy bastante enterado
que en su persona se cifran
virtudes muy singulares;
pero pide la vindicta
pública que la asegure. 395
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Y será, señor, justicia,
oprimir a una inocente?
D. PRUDENCIO DE VERGA Las sospechas la acriminan;
y así, mientras que yo hago
las diligencias más vivas 400
para indagar de su causa
las favorables noticias,
será la prisión de usted
el mismo cuarto en que habita.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA El mayor gusto que tengo 405
es estarme recogida
dentro de él; con mis telares
todas mis penas se olvidan.
 

(Éntrase por la puerta de la izquierda haciéndoles cortesía.)

 
D. PRUDENCIO DE VERGA Don Pablo, eche usted la llave,
y démela.
DON PABLO                  Tome usía. 410
(Cierra y le da la llave.)
D. PRUDENCIO DE VERGA ¿Qué libro es ese?
DON PABLO                                De muestras
de telas.
D. PRUDENCIO DE VERGA                Son exquisitas: (Mirándolas)
¿se sabe de dónde vienen?
DON PABLO De las manos de esa niña.
D. PRUDENCIO DE VERGA Si ellas tejen estas cosas 415
se pueden llamar divinas.
 

(Se oyen por la derecha a lo lejos algunos pistoletazos, música tocando la marcha, y mucha algazara que dura hasta la ida de D. PABLO.)

 

(Dentro.)

UNOS Viva Vicenta la hermosa.
OTROS Bien llegada: bienvenida
pp ¿Qué algazara es la que suena?
DON PABLO Que en casa de la vecina 420
se están apeando ahora
doña Paula y Vicentilla.
D. PRUDENCIO DE VERGA ¡Qué dice usted!, ¡es posible!
¡Mi hermana aquí y mi sobrina!
¿Pues cómo al pasar por Vique 425
no me han dicho que venían?
DON PABLO Señor, yo soy el culpado,
porque sabiendo que estima
mucho la Vicenta a Esteban,
con el intento de unirla 430
con él, escribí...
D. PRUDENCIO DE VERGA                           ¿Y la novia
que tiene en casa metida?
Yo he de averiguar qué es esto.
 

(Vase por la derecha, y D. PABLO deja el libro sobre la mesa.)

 
DON PABLO Perdido estoy si se obstina
en no querer a Vicenta 435
mi Esteban.
 

(Cierra D. PABLO el armario, guarda la llave y sale D. ESTEBAN por la derecha.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA                        ¿Padre, qué indica
el no hablarme D. Prudencio?
DON PABLO Él te aclarará el enigma: (Con severidad),
la Cecilia ya está presa,
y es menester que nos sigas. 440
 

(Vase por la derecha y cesan los tiros y la música.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Cecilia presa! ¡Dios mío!,
¿tendrán fin tantas desdichas?
¿De qué me sirve tener
habitación prevenida
donde llevarla?, ¿de qué?... 445
 

(Sale BLAS por la derecha con el chiquillo.)

 
BLAS No he visto tal tremolina
como se arma en este pueblo
cuando las novias arriban.
Todas la! calles están
blancas de confituría, 450
lo mismo que cuando nieva,
cae mucha piedra o graniza.
Ya que usía va a casarse
a la usanza de Turquía,
¿cuál, señor, de las tres novias 455
ha de ser la favorita?
D. ESTEBAN VILABELLA No me hallo, Blas, con humor
de oír tus chocarrerías.
BLAS Pues alón, el señor cura
me ha dicho que espera a usía. 460
D. ESTEBAN VILABELLA Si el Cielo quiere que sea
para calmar mis fatigas,
con Cecilia he de casarme
dentro de la cárcel misma.
 

(Vase por la puerta de la derecha, y BLAS habla con el chiquillo; mientras le echa sobre la estameña y le tapa.)

 
BLAS ¡Qué inhumano padre tienes, 465
que ni siquiera te mira!,
pero, en fin, ya te has mamado
una muy buena tetita,
échate ahora, y veremos
en qué paran estas misas. 470
 

(Mira hacia la derecha, y salen D. SILVESTRE, y SIMÓN.)

 
DON SILVESTRE Anda, di a padre que venga. (A BLAS.)
BLAS ¡Si querrán darme papilla! (Aparte.)
 

(Vase BLAS por la derecha, y entorna la puerta de modo que se vea que se queda a escuchar.)

 
SIMÓN Hombre, ¿y si viene tu padre?
DON SILVESTRE ¡Venir con la greguería
que allá anda!
SIMÓN                         No gastemos, 475
Silvestre, tiempo y saliva,
ocúltate cuanto antes.
 

(D. SILVESTRE señalando el cuarto de la izquierda y el armario donde está la arquilla.)

 
DON SILVESTRE Aquí está, Simón, la chica,
y dentro de aquel armario
hallarás también la arquilla 480
del dinero: tres mil duros
la posta en ella traía.
SIMÓN Mira qué grano de anis
para nuestras correrías.
DON SILVESTRE ¿Qué se mueve aquí?
(Reparando en la estameña en que está el niño.)
SIMÓN                                     Algún perro. 485
DON SILVESTRE ¡No es mal perro! ¡Simón, mira
qué imprevisto acaso!, un niño:
¡y es el mío!
SIMÓN                      No te finjas
entusiasmos.
DON SILVESTRE                       ¿No son estos
mis dijes, y estas tus cintas? 490
SIMÓN Silvestre, no es tiempo ahora
de andarnos en niñerías,
mira que si nos paramos
nuestras personas peligran.
DON SILVESTRE Ya lo veo; mas la suerte 495
de mi hijo me martiriza.
SIMÓN Vamos, deja las simplezas,
y ocúltate.
 

(Escóndese D. SILVESTRE por la puerta del medio, y llama SIMÓN a la de la izquierda.)

 
SIMÓN                     Señorita,
salga usted presto.
 

(Dentro D.ª CECILIA.)

 
                                No puedo.
DON SILVESTRE ¿Si nos la aprisionaría 500
don Prudencio?
SIMÓN                            A bien que a estas (Sacando sus llaves)
no hay puerta que se resista.
 

(Abre SIMÓN la puerta de la izquierda con las llaves, y sale DOÑA CECILIA.)

 
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Qué quiere usted?
SIMÓN                                Que se venga
al punto en mi compañía,
porque tiene don Esteban 505
prontas las caballerías
para marchar.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                        ¿Qué motivo
a tal repente le obliga?,
¿cómo ha obtenido la llave?
SIMÓN No lo sé.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                      ¡Triste Cecilia! 510
¡Qué de sobresaltos pasas
por la maldad de una tía!
 

(SIMÓN abriendo el armario en que está la arquilla, y guardándose las llaves.)

 
SIMÓN Dice también que llevemos
con nosotros una arquilla
que ha de haber aquí: esta es: 515
(Carga con ella, y la deja caer sobre la mesa en ademán de no poder fuerza con la mano izquierda),
más pesa que yo creía.
No puedo llevarla solo.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Yo ayudaré.
SIMÓN                      Fatiguillas
son estas muy saludables
para conservar la vida 520
 

(Vanse por la puerta del medio llevando entre los dos la arquilla, BLAS entreabre un poco la puerta de la derecha, y la vuelve a entonar al ver que sale por la del medio D. SILVESTRE.)

 
DON SILVESTRE Con esto ya mis ideas
del todo están conseguidas.
(Arrodíllase a besar el niño.)
¡Ay hijo de mis entrañas!
¿Por mi cabeza maldita
te dan hoy para descanso 525
una cuna tan inicua?
Pero ¿podré abandonarte?
Padre tirano sería
si no te buscase al menos
quien en tu niñez te asista. 530
 

Le da un beso, y se le lleva por la puerta del medio. Sale BLAS, y como quien no sabe lo que le pasa dice:

 
BLAS ¿Si serán estos también
los que el bolsillo me limpian?
¡Dios mío!, ¿qué haré yo solo
al ver tales fechorías?
¿Avisar a don Prudencio? 535
¿Dar voces?, no: otras medidas
se han de tomar.
 

(Al irse corriendo por la derecha salen DON PRUDENCIO y D. PABLO.)

 
D. PRUDENCIO DE VERGA                            ¿Dónde vas?
BLAS No hay lugar de que lo diga.
 

(Vase por la derecha.)

 
DON PABLO Viendo el enojo de entrambas,
¿qué ha de disponer usía? 540
D. PRUDENCIO DE VERGA Que don Esteban se case,
si gusta, con su Cecilia
burlando la ligereza
de usted, mi hermana y sobrina.
 

(D. PRUDENCIO repara que está abierta la puerta de la izquierda, y D. PABLO que falta la arquilla del armario.)

 
D. PRUDENCIO DE VERGA ¿Cómo está abierto aquel cuarto? 545
DON PABLO No sé, señor, una arquilla
falta aquí con tres mil duros,
si esto es robo, me aniquilan.
 

(Vase por la puerta del medio, y D. PRUDENCIO se acerca a la de la izquierda.)

 
D. PRUDENCIO DE VERGA Sin duda habrá D. Esteban
hecho alguna tropelía. 550
 

(Sale DON PABLO gritando.)

 
¡Pobre de mí! ¡D. Prudencio,
que todas mis alhajillas
y el dinero me han robado!
¡Ahora puede ver usía
lo que ha sacado ese Esteban 555
de abrigar a gente indigna!
 

(Sale BLAS por la derecha corriendo, y D. PABLO lo coge de un brazo.)

 
DON PABLO ¡Vuelves, infame ladrón!
BLAS Yo juego con manos limpias,
D. Pablo, y si no mirara
que está aquí su señoría... 560
D. PRUDENCIO DE VERGA Sosegarse.
BLAS                   Es que esos dichos
me sacan de mis casillas:
¡que no esté aquí mi maestro!
¡Ladrón yo!
 

(Sale D. ESTEBAN por la derecha con unos papeles en la mano.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA                     Qué algarabía
metes, Blas.
BLAS                     ¡Si cuando vengo 565
de prevenir que esté lista
la ropa para prender
a una endiablada trinca
que acaba de hacer en casa
el saqueo de la arquilla, 570
me llaman ladrón!
D. PRUDENCIO DE VERGA                               D. Pablo
no supo qué se decía:
y así, sosiégate. ¿Sabes
quiénes son los de la trinca?
BLAS Son el padre del chiquillo, 575
Simón y Doña Cecilia.
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Cecilia! No puede ser.
BLAS Basta que usía lo diga.
D. ESTEBAN VILABELLA Y aun sobra. ¿Qué, su virtud
puede acaso ser fingida? 580
DON PABLO ¡Que aún a disculpar te empeñes
a esa vil advenediza!
D. PRUDENCIO DE VERGA ¿Estás cierto en que ha tenido,
parte en el robo Cecilia?
BLAS Yo señor no pude oírles 585
la conversación seguida;
pero vi que ella y Simón
sacaron de aquí la arquilla.
D. ESTEBAN VILABELLA Llegó a tiempo el desengaño:
yo, padre mío, creía 590
tener con esa mujer
mi felicidad cumplida,
confieso que me sedujo
su falaz hipocresía
tanto, que esta misma noche 595
a hacerla mi esposa iba:
estos eran los despachos;
pero pues es tan indigna,
ahora mismo por el aire
los arrojaré hechos trizas. 600
(Da un rasgón a los papeles y los arroja.)
D. PRUDENCIO DE VERGA Voy a ver si la prisión
de los tres se verifica
para que quede memoria
en Olot de mi venida.

(Vase por la derecha.)

BLAS Voy también ya que tenemos 605
cerca la cárcel de Villa.

(Vase por la derecha.)

DON PABLO ¿Escarmentarás ahora
de la perversa manía
de abrigar dentro de casa
tanta gente forajida? 610
D. ESTEBAN VILABELLA Injustamente da usted
ese nombre a quien se aplica:
toda mi gente es honrada.
DON PABLO Sí: es verdad: hasta Cecilia.
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Cuando hay cizaña en un campo 615
se arranca también la espiga?
Padre, yo he de trabajar,
que esta distinguida insignia
a esa gente se la debo.
DON PABLO Dime: ¿cuánto más valdría 620
que la hubieses granjeado
con las letras o milicia?
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Es acaso indigno de ella
un hombre que se dedica
a ser útil a la patria, 625
con una empresa tan digna
como tener ocupados
centenares de familias?
DON PABLO El Estado justamente
da siempre la primacía 630
al sabio y al militar,
porque son los que vigilan
en regirle y defenderle
de invasiones enemigas.
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Y quién sustenta a esos hombres? 635
Las incesantes fatigas
del honrado menestral
que trabaja noche y día;
que exponiéndose al peligro
de que le quiten la vida, 640
atrae a los extranjeros,
con la utilísima mira
de que difundan su industria
en el país donde habita;
que procura que se ocupen 645
hasta los niños y niñas,
practicando así los medios
seguros de que reciba
aumento la población,
la aplicación más estima, 650
y el Real Erario con ellas
cantidades muy crecidas.
DON PABLO Yo veo que los monarcas
honran con esas insignias
a muy pocos artesanos. 655
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Y son muchos los que aspiran
a ellas por medios dignos?
¿Habrá ninguno que diga
que está el mérito sin premio
cuando llega a la noticia 660
de nuestro Rey? ¿Mas qué luces
toda la casa iluminan?

(Sale por la derecha DON PRUDENCIO, siguiéndole DON SILVESTRE y SIMÓN con las manos atadas atrás, acompañados de soldados con armas y hachas encendidas.)

D. PRUDENCIO DE VERGA Aquí están los delincuentes.
DON PABLO ¡Amado hijo de mi vida!
D. PRUDENCIO DE VERGA De nada sirven extremos: 665
los hombres que no se aplican
a las artes o a las ciencias
son del estado polillas.
 

(Sale por la derecha BLAS con el chiquillo, el bolsillo y las llaves de SIMÓN; el mozo viene cargado con la arquilla, las maletas, dos taleguillos de dinero, unas cajitas de alhajas, candeleros, cubiertos de plata &c. y se descarga poniéndolo encima de la mesa.)

 
BLAS Aquí traigo, señor, todos
los mandados de una vía: 670
las alhajas, los talegos,
las maletas y la arquilla;
y mi bolsillo robado
con estas llaves malditas.
(Presenta el bolsillo a DON ESTEBAN.)
D. ESTEBAN VILABELLA Perdóname, y guárdale, 675
que ya que tanto te aplicas,
te daré dentro de poco
la escritura por cumplida,
y la cantidad que baste
a la empresa que meditas. 680
BLAS Luego que tenga en Asturias
mi fábrica establecida,
no se verán en Madrid
tantos zánganos que sirvan.
DON PABLO Ya llegó el tiempo que pagues, 685
infame, tus picardías.
 

(BLAS le entrega el niño a DON PABLO, y este le recibe.)

 
BLAS Don Pablo, tome este nieto,
hijo de su nuerecita.
DON PABLO ¡Mi nuera!
BLAS                    Si no la esposa
de don Silvestre.
DON PABLO                              ¿Deliras? 690
BLAS No señor, observe usted
entrambas fisonomías,
verá como no desmienten
las señas de su familia,
y caerá de la burra 695
como yo.
DON PABLO                 ¡Y hoy me pedías (A D. SILVESTRE)
dinero para ser fraile!
Quita el niño de mi vista. (A BLAS.)
D. ESTEBAN VILABELLA Búscale al instante una ama.
BLAS Por fin te dan acogida. 700
Si no fuera por tu tío
qué buena niñez tendrías
en poder de tan buen padre.
 

(Vase por la derecha.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA Si emendarte determinas,
te señalaré, Silvestre, 705
una renta vitalicia,
y te dejaré esta casa,
pues, ya está la tienda limpia.
DON SILVESTRE Nada de ti necesito.
D. PRUDENCIO DE VERGA ¡Esa es mucha altanería! 710
¿Sabe usted que ha malgastado
mucho más de cien mil libras?
DON PABLO Señor, ¡tan enorme exceso!...
D. PRUDENCIO DE VERGA Consta de sus misma firmas;
y así para que deteste 715
tan perversas compañías,
y se resuelva a ganar
decentemente la vida,
con un par de grillos puestos
saldrá luego de esta Villa 720
a estar un año encerrado.
SIMÓN No ha de conseguir usía
nada, porque él y yo
somos de una pasta misma;
por bien corderos, por mal 725
serpientes luciferinas.
D. PRUDENCIO DE VERGA Que lleven a ese insolente,
falsificador de firmas,
a cargarle de cadenas,
mientras que se le destina 730
a que en las minas de azogue
haga la mayor fatiga.
SIMÓN Señor, piedad.
D. PRUDENCIO DE VERGA                          Que le lleven;
y traigan aquí a Cecilia.
 

(Vanse los soldados llevándose a SIMÓN; este al volver la espalda hará de modo que se le vean las manos sin guantes, y la izquierda entrapajada.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Esa engañosa mujer 735
volver aquí todavía?
D. PRUDENCIO DE VERGA Quiero que usted vea cómo
sus delitos se castigan.
 

(Sale DOÑA CECILIA por la derecha acompañada de soldados, repara en DON ESTEBAN, y corre hacia él.)

 
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Nada importa, que los cielos
con tantas penas me opriman, 740
si la agradable presencia
de mi dueño las alivia.
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Yo dueño de usted? Traidora:
quítese usted de mi vista,
y vaya a que la liberten 745
esos monstruos con quien iba.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Qué es lo que oigo, amado Esteban!
 

(DON ESTEBAN la vuelve la espalda, y ella dice mirando a DON PRUDENCIO con la mayor aflicción.)

 
¡Ah señor!, disponga usía
que me lleven a un suplicio:
¡para qué quiero la vida, 750
si hasta el mejor de los hombres
contra mí emplea sus iras!
D. PRUDENCIO DE VERGA La suerte de usted, señora,
en extremo me contrista,
y a sí, para que fenezcan 755
de una vez tantas desdichas,
sepa usted que el señor Batlle
cuando yo llegué tenía
la declaración tomada
a esos vagos: su malicia 760
hizo que usted ayudase
a sacar de aquí la arquilla;
pero el cielo que no sufre
ver la inocencia abatida,
ha hecho que por su boca 765
se vean desvanecidas
las sospechas, declarando
qué es usted:
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                      ¿Qué soy, señor?
D. PRUDENCIO DE VERGA El gozo el habla me quita.
¡Marquesa!
TODOS                 ¡Marquesa! (Menos D. SILVESTRE.)
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                                                    ¿Yo?
D. PRUDENCIO DE VERGA                                                              Sí. 770
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¿Cómo?
              Es cosa nunca oída
el marqués de la Muralla,
viendo que el mundo aplaudía
tanto la industria de usted,
se determinó a pedirla 775
por esposa, resultando
la novedad peregrina
de que yendo a averiguar
si era usted de sangre limpia,
la hallase, no sólo ilustre, 780
sino que era a quien venían
su título, y sus estados
después del fin de sus días.
DON PABLO Es creíble.
D. PRUDENCIO DE VERGA                    Yo lo afirmo:
el archivo de esta Villa 785
guarda una requisitoria
y otra orden expedida
después de ella, originales
que cuanto he dicho confirman
por si hay alguien que lo dude. 790
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Dios mío!, ¡habrá quien no siga
las huellas de la virtud,
viendo por cuán rara vía
libertáis hoy mi inocencia!
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Tanta fortuna Cecilia! 795
D. PRUDENCIO DE VERGA Sí señor, ya recayeron
en ella todas las fincas
del marqués, y porque vea
cuánto mi afecto la estima,
el ponerla en posesión 800
correrá de cuenta mía.
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Don Prudencio, pues los cielos
mis tormentos finalizan
por su boca, eternamente
le viviré agradecida. 805
D. ESTEBAN VILABELLA ¡Y pudo mi ceguedad
despreciar a esta heroína!
Señora, ya que la amé (Con sumisión)
sin tanta prerrogativa
mi fiel corazón espera... 810
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA ¡Cuando era poco hace indigna
de que usted compadeciese
mis infortunios, me admira
mucho que usted quiera ahora
interesarse en mis dichas! 815
Hombre inconstante y traidor,
quítese usted de mi vista:
mi mano está destinada
ya.
D. ESTEBAN VILABELLA        ¿A quién?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA                          A quien la estima
como debe.
D. ESTEBAN VILABELLA                     ¿Quién es ese? 820
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA Es..., a quien reconocida
quisiera con esta mano
rendirle una monarquía.
 

(Da la mano a DON ESTEBAN, y este la recibe con el mayor gozo.)

 
D. ESTEBAN VILABELLA ¿Soy yo?
D.ª CECILIA DE ARAGÓN Y PALENZUELA              ¿Pues quién ha de ser
sino usted?
D. PRUDENCIO DE VERGA                     El amor viva; 825
y hagan ustedes su boda,
que mi afecto la apadrina.
D. ESTEBAN VILABELLA Padre, ¿podré ya admitir
por mi dueño a la Cecilia?
DON PABLO Sí: loco estoy de contento, 830
conmigo el cielo os bendiga.
(Échales la bendición.)
DON SILVESTRE ¡Que haya yo de sufrir esto!
D. PRUDENCIO DE VERGA Amigo, mudar de vida,
y no aparte usted jamás
este ejemplar de la vista, 835
que mientras la ociosidad
labra a sus hijos la ruina,
la aplicación a los suyos
da honor, riqueza y delicias.



FIN

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