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3. Observaciones é ilustraciones documentadas

La Censura et confutatio libri Talmud fué compuesta y redactada por Antonio de Ávila y por cierto padre (patri, no priori) del convento dominicano de Santa Cruz de Segovia. Este encargo dieron á los autores de la obra los inquisidores de la ciudad y obispado segoviense, que se llamaban el doctor de Mora y el licenciado de Cañas. No la mandó componer, ni tuvo noticia de ella el Inquisidor general, Fr. Tomás de Torquemada, hasta que Fr. Fernando de Santo Domingo se la presentó, ó envió, con la dedicatoria, cuyo texto sustancial, aunque no todo42, ha publicado M. Loeb.

Sobre la Inquisición de Segovia sacó á luz Colmenares43 una cédula del Consejo de la Suprema, que transcribió de la original, fechada en 11 de Septiembre de 1494. Hallábanse entonces los Reyes en Segovia44; y el gobierno supremo de la Inquisición había recibido profundas modificaciones en virtud del Breve de Alejandro VI45 expedido en Roma á 23 de Junio del mismo año y dirigido á D. Martín Ponce de León arzobispo de Mesina, Iñigo Manrique obispo de Córdoba, Francisco Sánchez de la Fuente obispo de Ávila y Alfonso Suarez obispo de Mondoñedo; los cuales fueron designados para formar con Torquemada el quincuevirato inquisitorial.

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La cédula dice así:

«Nos, los del Consejo del Rey é de la Reyna nuestros Señores, que entendemos en los bienes confiscados é cosas tocantes á la Santa Inquisición, mandamos á vos Alonso Fernández de Mojados, recetor por sus Altezas de los bienes confiscados por el delito de la heregía en la ciudad é obispado de Segovia, que luego, vista la presente, sin poner escusa ni dilación vos senteis á qüenta con Francisco de Cáceres vezino desta ciudad, cuya es la casa donde se [h]a fecho é faze el oficio de la Santa Inquisición en esta ciudad. E todo lo que vos alcanzare serle devido del alquiler que está tassado en cada un año por la dicha casa, después que le fué tomada é ocupada por los Inquisidores passados fasta en fin deste presente mes de Setiembre que le será dexada é desembargada, los maravedís que assí alcanzare é pareciere serle devidos, gelos dedes é paguedes de los bienes del dicho vuestro cargo, luego sin le poner dilación ni excepción alguna. É tomad su carta de pago, con la qual é con la presente mandamos que vos sea recibido é pasado en qüenta lo que assí le diéredes é pagáredes.

Fecha en Segovia á XI de Setienbre de MCCCC.XC.IIII años

M. Archiepiscopus Messanensis.-Fr. Episcopus Abulensis.-Martinus Doctor.=Por mandado de los señores del Consejo, Pedro de Villacis.»



En la casa de D. Francisco de Cáceres tenían ya puesto su tribunal y cárcel los inquisidores antes del 22 de Octubre de 1490, como lo prueba un documento, interesante á la historia de las aljamas hebreas de esta ciudad y de las villas de Buitrago y de Medina del Campo. El documento es inédito.

Medina del Campo, sábado, 23 Octubre, 1490. Escritura pública ante el notario Ochoa Martínez de Iruchea sobre reclamación de 393.000 maravedís confiscados á Gonzalo de Cuéllar, quemado por hereje, vecino y regidor que fué de Segovia. Al tribunal de la Inquisición de esta ciudad y obispado estaban adscritos el licenciado Juan Pérez de Nieva, juez de los bienes confiscados, Diego de Vitoria, receptor, y Luís de Paz, alguacil. Entre los judíos que tomaron parte en el acto, nombra el documento á tres vecinos de Buitrago, Don Mosé de Cuéllar, hijo de Jacob de Cuéllar; á Don Abrahén de Cuéllar y á Rabí Abrahén de Cuéllar, hijo éste y hermano aquél de Don Mosé; y finalmente á dos vecinos de Segovia, Isaac Galfón é Isaac   —393→   Herrera.-Códice de la Biblioteca provincial de Toledo (sala V, estante 11, sala 3), rotulado: «Libro desde que se puso la Inquisición en Toledo, donde hay otras noticias, y lo más son poderes del Santo Oficio que oi (fin del siglo XV) nada sirven», docum. 25.

En la villa de medina del campo, veynte é tres días del mes de Octubre, año del nasçimiento del nuestro salvador ihesu christo de mil é quatroçientos é noventa años, en presençia de mi ochoa martines de yruxea, escrivano del Rey é de la Reyna nuestros señores é su notario público en la su corte é en todos los sus Reynos é señoríos, é de los testigos de yuso escriptos; E estando en la posada de don Abrahén de Cuéllar é de Rabí Abrahén de Cuéllar fijo de don mosé de Cuéllar judíos vezinos de Buytrago, que es en la dicha villa en la calle de Ávila, é estando ende presente el honrado luys de paz alguasyl de la sancta ynquysiçión de la çibdad de segovia é su obispado; E asy mesmo estando presentes los dichos Abrahén é Rabí Abraén judíos suso dichos, paresçió ende presente el honrado señor diego de bitoria, Reçetor del Rey é de la Reyna nuestros señores en la dicha Çibdad de Segovia é su obispado de los bienes de su cámara é fisco pertenesçientes por razón de delito de la herética providad. E luego el dicho señor Reçetor mostró é presentó é leer fizo por mí el dicho escrivano un mandamiento executivo del señor liçençiado Juan Perez de Nieva, juez de los bienes confiscados é aplicados de la cámara é fisco de sus altesas; su thenor del qual es este que se sygue.

Yo el liçençiado Juan Peres de nieva Juez de los bienes de los hereges, ó á ellos tocantes, en la Çiudad de Segovia é su obispado por nuestros señores el Rey é la Reyna, mando á vos el honrado luys de paz, alguazyl de la sancta ynquysiçión, de la dicha Çiudad é su obispado, que fagades entrega [é] exeçuçión en qualesquier bienes muebles é Rayses é semovientes, ó en qualquier maravedís oro ó plata que falláredes en qualquier manera, E en qualesquier partes, é que sean de don mosé de Cuéllar fijo de jacó de Cuéllar, vecino de la villa de buytrago, por qüenta de trezientos é noventa é tres mill maravedís que el dicho don mosé de Cuéllar deve á sus altezas é al reçetor diego de bitoria en su nombre, por razón que el dicho don mosé de Cuéllar los devía á gonzalo   —394→   de Cuéllar vesyno é Regidor que fué desta dicha Çiudad quemado é sus bienes confiscados á la cámara é fisco Real de sus altezas, por dos obligaçiones é contratos públicos garentiçios á plazos ya pasados; é los bienes en que asy fiçyéredes la dicha execución sean muebles sy los falláredes, syno en rayzes; é sy los tales non falláredes, ó parte dellos solamente, ffasta complymiento á las dichas trezientas é noventa é tres mill maravedís prendelde el cuerpo doquier que le falláredes. El qual con los tales bienes que asy le falláredes traeldos á dicha cibdad, é á él poned á buen recabdo en la cárçel pública desta dicha cibdad; y no lo dedes sueldo ny fiado syn mi licençia é mandado; é los tales bienes que asy falláredes é en que fiziéredes la dicha execuçión, poneldos en esta çibdad en poder de persona ó personas llanas é abonadas, para que los tengan de manifiesto fasta que por mí sea visto é determinado lo que se deba faser dellos. É fecha la dicha execuçión sy el dicho don mosén de cuéllar, ó otra persona, alguna cosa querrá desyr ó alegar contra lo suso dicho, paresca ante mí dentro del término de la ley Real de toledo; é llamadas é oydas las partes á quien toca, libraré é determinaré aquello que fallare por derecho. É sy para lo suso dicho ó qualquier cosa ó parte dello menester ovierdes favor é ayuda, por la presente requiero de parte de sus altezas, é de la mía ruego á todas é qualesquier justicias é á otras qualesquier personas, conçejos, universidades, á quien lo pidiéredes, que vos lo den é fagan dar so pena de perdimiento de bienes, é las personas á merced de sus altesas, á los que lo contrario fisieren. Fecho veynte é dos días del mes de Octubre año del nascimiento de nuestro salvador ihesu christo de mill é quatrocientos y noventa años.-Licenciatus de nieva.-Diego de mena.

Ansy presentado é leydo el dicho mandamiento por mí, el dicho escrivano, en la manera que dicho es, luego el dicho señor Recetor dixo que requería é requirió al dicho señor alguasyl que por quanto el dicho don mosén de Cuéllar tenía en la dicha villa de medina, ó los dichos don Abrahén y Rabín [a]brahén su fijo46 en su nombre bienes muebles, maravedís é otras cosas, para en   —395→   que pudiese faser la dicha entrega por las dichas trezientas é noventa é tres mill maravedís, ó para la mitad [ó] parte dellos, que luego fiziese entrega é execución en los dichos bienes; los quales dichos bienes é maravedís los dichos don abrahén é Rabín [a]brahén manifestarían é declararían so cargo del juramento que dellos fuere rescibido en su ley; porque en lo que asy ellos manifestasen é declarasen se ficiese la dicha entrega é execución, é se vendiesen é rematasen en pública almoneda, [é] los dichos maravedís que valiesen fuesen pagados el Rey é Reyna nuestros señores é el dicho Recetor en su nombre de los dichos trescientos é noventa é tres mill maravedís contenidos en el dicho mandamiento executorio; é que sy ansy lo ficiese, faría bien é derecho é lo que está obligado de facer, é faría é compliría lo quel dicho juez de sus altezas por el dicho su mandamiento le mandava; donde no, que lo contrario faciendo que protestava, é protestó en nombre de sus altesas, de cobrar dél é de sus bienes todas las dichas treszientas é noventa é tres mill maravedís con más las costas é dapnos é menoscabos, que al fisco Real de sus altesas é á él como su Recetor en su nombre se le requiriere en los cobrar, como de alguasyl é executor negligente que non fasía nyn cumplía lo mandado por su juez competente; é demás que sus altesas se tomaren á él é non al dicho recetor. É de como gelo desía é pedía é requería pidió á mí el dicho escrivano que gelo diese por testimonio signado para guarda del derecho del fisco Real de sus altezas é suyo en su nombre; é á los presentes rogava e rogó que fuesen dello testigos.

E luego el dicho señor alguasyl, luys de pas, no consintiendo en las protestaciones fechas contra él por el dicho Recetor diego de bitoria, dixo que él estava é está presto de faser é complir lo en el dicho mandamiento del dicho jues contenido. É en cunpliéndole, preguntó á los dichos don Abraén é Rabí abraén é á otros dos judíos que ende estaban, que quáles dellos eran el dicho don abraén de Cuéllar hermano del dicho don mosén de cuellar, é Rabí Abraén de cuellar fijo del dicho don mosén de cuéllar. Los quales todos á una bos47 dixeron que ninguno   —396→   dellos hera ninguno delos dichos Rabí Abraén y don abraén de Cuéllar. É luego el dicho señor Recetor dixo quel avía seydo ynformado que ende entre aquellos dichos judíos estavan los dichos don abraén ó Rabín [a]braén; por ende que los apremiase para que dixesen la verdad, por quanto asy conplía á servicio de sus altesas é á bien de su cámara é fisco Real. É luego el dicho señor alguasyl les preguntó que dixesen quáles heran los dichos don abraén é Rabí Abraén de Cuéllar; é luego uno de los dichos judíos dixo quel quería desir la verdad quien eran los dichos Rabí Abraén é don abraén de cuéllar. E en diciendo, los nombró é señaló con su dedo al dicho señor alguasyl; é asy señalados, el dicho señor alguasyl les preguntó á los dichos Rabí Abraén é don abraén que le dixesen qué bienes, ó maravedís, ó paños ó otras cosas tenían en la dicha villa que suyas fuesen de dicho (sic) don mosén de cuéllar. Los quales respondieron que ellos non sabían de tales bienes; é porque hera sábado, que les hera vedado en su ley que cosa de fasyenda, nin de dar nin de tomar, non fablasen, non podían desir nin fablar ni entender en ello más de lo suso dicho. É luego el dicho señor alguasil dixo que los mandava de parte de sus altesas que ni en sus pies, ni en ajenos, de la dicha su posada non saliesen so pena de dos mill doblas de oro para la guerra de los moros.

É después de lo suso dicho, este dicho día sábado, mes é año suso dicho, en presençia de mí el dicho escrivano é ante los testigos de yuso escriptos el dicho señor alguasyl, luys de pas, á pedymiento del dicho señor Reçetor embargó é puso embargo en doçientos é sesenta mill maravedís, que en poder de don ysaque galfón canbyador, vesyno de la dicha Ciudad de Segovia que presente estava, diz questavan del dicho don mosén de cuéllar. El qual dicho señor alguasyl de parte de sus altesas dixo que mandava é mandó al dicho don ysaque galfón canbiador que no acudiese con ellos ni con parte dellos á persona alguna sopena de los pagar con el doblo. É luego el dicho don ysaque galfón canbiador dixo que en su poder ni en su canbio non estavan tantos maravedís como el dicho señor alguazyl dezía; é por quanto los avía dado é pagado por librança á çiertas personas, ó por mandado de los dichos don abraén é Rabi abraén de cuéllar, é porque era sábado,   —397→   día vedado en su ley, no podría mostrar ny averyguar las dichas libranças é pagas de los dichos maravedís; pero que él lo mostraría é averyguaría pasada el dicho día.

É después de lo suso dicho, este dicho día sábado en la noche, mes é año suso dichos, el dicho don ysaque galfón dixo al dicho señor Reçetor é alguasyl que estava é está presto de mostrar su libro de cuentas de su canbio, por donde paresçiese lo quél avía pagado para en cuenta de los dichos dozientos é sesenta mill maravedís, que en su poder é en el dicho su canbio asy fueron puestos del dicho don mosén de cuéllar. É en poniéndolo por obra, traxo ende el dicho su libro de cuentas del dicho su canbio antel dicho señor alguasyl é Reçetor é ante mí el dicho escrivano; é por ellos é por mí visto el dicho libro, se averyguó el dicho don ysaque aver pagado para en cuenta é pago de los dichos dozientos é sesenta mill maravedís por librança de los dichos don Abrahén é Rabí Abraén, fijo é hermano del dicho don mosén de cuellar, çiento é veynte é çinco mill maravedís; de manera que restavan en él por pagar çiento é treynta é quatro mill é tantos maravedís. Lo qual asy visto é averyguado, el dicho señor alguasyl le mandó de parte de sus altesas que no acudiese con ellos ny con parte dellos á persona alguna syn su liçençia é mandado, sopena quél fuese obligado de los pagar con el doblo. El dicho don ysaque galfón dixo quél estava presto de tener en sy los dichos maravedís é de no acudir con ellos ni con parte dellos á los dichos don Abrahén é Rabí Abrahén, ni á otra persona alguna.

É luego, en continente, este dicho día sábado en la noche, día é mes é año suso dicho, se fueron á la posada de los dichos señores alguasyl é reçetor é en presençia de mí el dicho escrivano é testigos yuso escriptos los dichos don abraén é Rabí abraén de cuéllar é el dicho don ysaque galfón canbiador; é estando presentes los dichos señores alguasyl é reçetor é en presençia de mí el dicho escrivano, luego los dichos don abraén é Rabí abraén dixeron que ellos estavan çiertos é prestos de pagar todo lo que de derecho fuesen obligados á pagar en nonbre del dicho don mosén de cuéllar, mostrándoles primeramente contratos públicos que fiziesen fee é traxesen consigo aparejada execuçión sobre el dicho don mosén de cuéllar. É luego el dicho señor reçetor les   —398→   mostró dos obligaciones sygnadas de escrivanos públicos contra el dicho don mosén de cuéllar de la dicha querella de las dichas tresientas é noventa é tres mill maravedís; las quales por su prolixidad aquí no van ensertas. É luego los dichos don abraén é Raby abraén dixeron que de los dichos tresientos é noventa é tres mill maravedís; en las dichas dos obligaçiones contenidos, el dicho don mosén de Cuéllar avía dado é pagado al dicho gonçalo de cuéllar é á otras personas por su librança algunas qüentas de maravedís; de los quales tenía cartas de pago de dicho gonçalo de cuéllar. É luego el dicho señor Reçetor dixo que él estava presto de resçebir las dichas cartas de pago en qüenta, sy tales fuesen á quien se deviese dar fee é crédito.

É luego los dichos don abrahén é Rabí abraén48 mostraron é presentaron antel dicho señor Reçetor é alguasyl las cartas de pago fyrmadas de gonçalo de cuéllar que adelante dyrá, segund por ellas paresçía, para el descargo de los dichos trezientos é noventa é tres mill maravedís en las dichas dos obligaçiones contenidos; las quales son las syguientes:

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Que paresçió por una carta de pago que mostraron en la firma gonçalo de cuéllar, como el dicho gonçalo de cuéllar hera contento é pagado de treynta é syete mill é quinientos maravedís...

XXXVII símboloD.

CCLXXVsímboloCCL.

Que paresçió por otra carta de pago, que pagó á Rodrigo de castro por el dicho gonçalo de cuéllar el dicho don mosén de cuéllar çynquenta é vn mill é seteçientos é cinquenta maravedís; la qual está fyrmada del dicho gonçalo de cuéllar.

LIsímboloDCCL.

Que paresçió por otra carta de pago fyrmada del dicho goncalo de cuéllar, segund paresçia por ella que dió é pagó garçia de cuéllar por el dicho don mosén al dicho gonçalo de cuéllar sesenta mill maravedís...

LXsímbolo.

Que paresçió por otras dos cartas de pago firmadas segund por ellas paresçia del dicho gonçalo de cuéllar é de álvaro de cuéllar su fijo, como por la una es contento é pagado el dicho gonçalo de cuéllar de ochenta mill maravedís é por la otra quarenta é seys mill maravedís, que son entramas çiento é veynte é seys mill maravedís...

CXXVIsímbolo.

  —400→   Asy que segund paresçió por las dichas cartas de pago monta todo lo en ellas contenido, segund suso dicho es, dosientas é setenta é çinco mill é dosientos çincuenta maravedís.

CXVIIsímboloDCCL.

Asy que descontados de los dichos trezientos é noventa é tres mill que devía el dicho mosén de cuéllar por las dichas dos obligaçiones los dichos dosientos é çinquenta maravedís, quedan por cuenta, que dió é pagó el dicho gonçalo de cuéllar por las dichas sus alvaláes, quedan que deve çiento é diez é syete mill é seteçientos é çinquenta maravedís...

CXVIIsímboloDCCL.

É asy mostradas é presentadas las dichas cartas de pago ante los dichos señores alguasyl é Reçetor suso dichos, luego el dicho señor Reçetor dixo que él no sabía ni le constava sy las dichas cartas de pago heran çiertas é verdaderas de letra é fyrma del dicho gonçalo de cuéllar é de álvaro de cuéllar su fijo, ni tanpoco sy los dichos dozientos é setenta é çinco mill é dosientos é çinquenta maravedís, en ellas contenidos, heran todos pagados segund que en las dichas cartas de pago se contenía, ó si restava por pagar alguna parte dellas; pero que por no les faser costas ni enbaraçar á su fazienda é bienes, que dando franca é segurydad, tal qual conplia é hera nesçesaria á la cámara é fisco Real de sus altesas é al dicho Reçetor diego de bitoria en su nonbre, de paresçer antel dicho Reçetor el dicho don mosén de cuéllar ó qualquiera dellos en su nonbre con su poder bastante dentro en Segovia con todas las cartas de pago suso dichas, para que en la dicha Çiudad se esaminase, é biesen é sopiesen sy heran çiertas é verdaderas del dicho gonçalo de cuéllar é pagada toda la quantía suso dicha en todas ellas contenidas, para que, asy paresçiendo, el dicho señor Reçetor gelo rescibiere é pasase en qüenta.

Los quales dichos Rabí Abrahén é don Abrahén, fijo é hermano del dicho don mosén de cuéllar, respondieron é dixeron quel dicho señor Reçetor desía muy bien é tenía muy grand rasón e   —401→   justicia en lo asy faser, asy para descargo de su oficio é cargo, como para el dicho don mosén de cuéllar; é que les plasía de lo asy faser. É asy tomaron todas las dichas cartas de pago en su poder é las llevaron consygo. É luego encontinente, por mandado del dicho alguasil é á pedimiento del dicho Reçetor, yo el dicho escrivano rescebí juramento al dicho Rabí Abrahén fijo del dicho don mosén de cuéllar, que presente estaba, tocando la mano é jurando por el criador bivo que crió el cielo é la tierra é la mar é las arenas, é partió la mar por dose carreras, é dió la ley á moysén en el monte synay, é dixo no jurarás mi nombre en vano, syno no serás perdonado; é que sy la verdad de lo que por el dicho señor alguasyl le fuere preguntado dixere, que el criador que es todo poderoso le diese buen galardón por ello, é que sy lo contrario fisiese que viniese sobre él é sobre su casa é fijos é muger todas las maldiçiones escriptas en la ley de moysén contra aquel que jura á sabiendas el nombre de dios en vano, ó que la maldiçión de sodoma é gomorra é datán é abirón viniese sobre él é sobre su casa é fijos é muger. É á la confusión del dicho juramento respondió é dixo: sy, juro; é amén. So cargo del qual le fué preguntado que dixere é declarase sy los dichos maravedís que en el dicho cambio del dicho ysaque galfón estaban é restavan por pagar de los dichos dosçientos é sesenta mill maravedís, sy eran del dicho don mosén de cuéllar, ó cuyos eran. El qual respondió é dixo so cargo del dicho juramento que los dichos ciento ó treynta é quatro mill é tantos maravedís, que en el dicho cambio restavan de los dichos dosientos é sesenta mill maravedís, que heran del dicho don mosén de cuéllar su padre, é no de otra persona alguna.

É luego encontinente rogaron á don ysaque galfón cambiador vesyno de la cibdad de segovia, que presente estava, que de los dichos maravedís que en el su cambio tenía é ellos le avían dado é pagado é puesto en su poder é restavan en él de los dichos dosientos é sesenta mill maravedís, segund el dicho Rabí Abrahén fijo del dicho don mosén de cuéllar sobre juramento que en su ley por my el dicho escrivano le fué tomado, que la realidad de la verdad era que los dichos dosientos é sesenta mill maravedís eran del dicho don mosén de cuéllar su padre, que diese é   —402→   pagase al dicho señor Reçetor en nombre de sus altesas los dichos çiento é dies é syete mill é seteçientos é cinquenta maravedís, que asy parescía é restava por pagar sobre los dichos dosientos é setenta é çinco mill é dosientos é cinquenta maravedís, en las dichas cartas de pago contenidos, para complimiento de pago de los dichos trezientos y noventa ó tres mill maravedís en las dichas obligaçiones contenidos, é que asy mismo rogavan é rogaron al dicho ysaque galfón é á ysaque herrera judíos, vesynos de la dicha cibdad, saliesen é se obligasen de llano en llano á sus altesas é al dicho Reçetor en su nombre por todos los dichos dosientos é setenta é çinco mill é dosientos é cinquenta maravedís contenidos en las dichas cartas de pago suso dichas, no se averiguando ser çiertas é verdaderas ny las resçibiendo en qüenta el dicho Reçetor por tales de las pagar á sus altesas é al dicho Reçetor en su nombre en su poder dentro en la dicha cibdad, pasando el plaso en la tal obligaçión contenido que pasó ante mí el dicho escrivano; sobre lo qual renunciaron las leyes [é] dieron poder á las justiçias [é] otorgaron carta firme qual paresçiere signada de mi sygno.

É luego el dicho señor Reçetor dixo que lo pedía é pidió signado todo en como pasó para en guarda del derecho de la cámara é fisco é suyo en su nombre; é á los presentes rogó que fuesen testigos.

Testigos que fueron presentes llamados é rogados é vieron pasar todo lo en esta dicha escriptura contenido=pedro de cintos estante en la dicha villa é garcía de espinosa criado del dicho señor alguasyl, é juan de salvatierra é nicolás de pascual garcía criados del dicho señor Reçetor=va escripto sobre raydo=o dis en pago de los dichos dozientos=vala y no le empezca.

Yo el sobre dicho ochoa martines de yruxea, escrivano y notario público sobre dicho, fue presente á todo lo que dicho es en uno con los dichos testigos; y por ende lo fise escrevir en estas tres fojas de papel de pliego entero, constan, en que va mío signo, y en fin de cada plana va mi Rúbrica acostumbrada, é por de ençima va cada tres rasgos de tynta, é va çierto y conçertado segund que ante my pasó; é por ende fise aquí mio signo en testimonyo de verdad=Ochoa martines=(Hay un signo).



De este documento (22 Octubre 1490), aparece que los inquisidores   —403→   de Segovia, el doctor de Mora y el licenciado de Cañas habían sentenciado, tiempo antes49, al regidor Gonzalo de Cuéllar, relajándolo al brazo seglar, para ser quemado y confiscados sus bienes. ¿Cuándo y cómo puso allí Torquemada el tribunal de la Inquisición?

Combatiendo la aserción de Colmenares50, escribe el señor García Rodrigo51.

«No fué Segovia una de las poblaciones primeras en que se estableció un tribunal subalterno de la Inquisición, como equivocadamente asegura dicho historiador. Y la prueba es que en las juntas celebradas en Sevilla el año 1484 para uniformar el sistema de procedimientos, estuvieron representados los tribunales de dicha capital, Córdoba, Ciudad-Real y Jaén, y no aparece Segovia aunque se mandó concurrir á todos los jueces subalternos con sus asesores. No es creible que hubiera dejado de enviar algún representante, hallándose un tribunal funcionando en su territorio. Después de las Juntas de Sevilla, pudo establecerse dicha Inquisición, y es posible que en el año 1494 se trasladara de la casa de los Cáceres á edificio mejor, motivando la liquidación de alquileres á que se refiere la Real provisión citada.»



Á la discreta observación del Sr. García Rodrigo podemos añadir otra que se desprende de los nombres de los inquisidores que concurrieron á la Junta general de Sevilla (29 Noviembre, 1484), presidida por Torquemada. Asistieron á la Junta como inquisidores de la ciudad de Jaén52 «el Licenciado Juan García de Cañas maestrescuela en las iglesias catedrales de Calahorra y de   —404→   la Calzada, capellán de los Reyes nuestros Señores y Fray Juan de Yarça presentado en santa Teología prior del monasterio de San Pedro Mártir en la ciudad de Toledo». Así que, la Censura et confutatio libri Talmud no se trazó sino después que el licenciado de Cañas fué trasladado de Jaén y vino á Segovia. La ocasión que tuvieron él y su colega el doctor de Mora, para ordenar que se redactase tan precioso libro, no ha de anticiparse al día 29 de Noviembre de 1484.

Una bula de Sixto IV (31 Mayo, 1484), que publiqué53, suprimió las exenciones hasta entonces otorgadas á los judíos españoles, y mandó á las autoridades civiles que los sujetasen á la estricta observancia del Derecho común. En esta bula se nota respecto de los judíos la misma distinción que hace entre los conversos del Mediodía y del Norte de España el libro del Alboraique: los del Mediodía están más dañados54 y necesitan de más eficaz y pronta represión. Por virtud de dicha bula dejó patente Sixto IV á los inquisidores el camino de llamar á los judíos para testificar contra los conversos, encausados por judaizantes; y de ahí resultó la acción positiva, sobreviniendo la reacción, ó instigación cerca de los Reyes, contra cuyas razones militaban diestramente el libro escrito en Segovia, como lo ha ponderado el Dr. Graetz.

Con efecto, el dedicante de la Censura, bien así como los autores de ella, alegan en su favor el Derecho común, ó la decretal de Bonifacio VIII55, cuyas palabras citan textualmente56:

«Contra christianos qui ad ritus transierint vel redierint judaeorum, etiamsi huiusmodi redeuntes dum erant infantes aut mortis metu, non tamen absolute aut precise, coacti baptizati fuerunt, erit tamquam contra haereticos, si fuerint de hoc confessi, aut per christianos seu judaeos convicti; et sicut contra fautores,   —405→   receptatores et defensores haereticorum, sic contra fautores, receptatores et defensores talium est procedendum



Al tenor de esta decretal suplicaron los reyes D. Fernando y Doña Isabel á Sixto IV que les aprobase el nuevo sistema de Inquisición, que idearon contra los judaizantes57 y deseaban establecer con ánimo de cortar de raiz el mal que achacaban á la excesiva tolerancia del mismo Papa y á la de los Prelados de sus reinos:

«Sane pro parte vestra, nobis nuper exhibita petitio continebat quod in diversis civitatibus terris et locis Regnorum Hispaniarum ditionis vestre58 signati sunt quamplurimi, qui sacro baptismatum lavacro in christo regenerati non tamen ad id precise coacti, pro christianis aparentia se gerentes, ad ritus et mores iudeorum transire vel redire et iudaice superstitionis ac perfidie dogmata et precepta servare, et a veritate ortodoxe fidei, cultu illiusque articulorum credulitate recedere, ac latas in heretice pravitatis sectatores censuras et penas iuxta constitutiones felicis recordationis Bonifacii Pape Octavi predecessoris nostri desuper editas propterea incurrere hactenus veriti non fuerint, nec verentes [prolabantur] in dies; et non solum ipsi in sua cecitate perdurant, sed et alii qui ex eis nascuntur et alii conversantes cum eisdem in eorum perfidia inficiuntur, crescitque non parum numerus eorumdem, et illorum causantibus peccatis et nostra et ad quos expectat de his inquirere Prelatorum ecclesiasticorum tolerantia..59.



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Era este, por parte de los Reyes ó de su Consejo, un golpe de Estado, cuya reforma radical, temple de lenguaje y desmesurada pretensión nos podemos ahora completamente explicar á la luz de las actas60 del concilio nacional de Sevilla (8 Julio-1.º Agosto, 1478). Sixto IV derogó (29 Enero-11 Febrero, 1482) específicamente la concesión y la redujo á sus justos límites61; mas no entendió plantear en todo su rigor el Derecho común, dejando la conservación ó rescisión de los casos privilegiados á la madurez circunspecta con acuerdo de ambas potestades.

Uno de estos, casos sujetos á revocación, fué la nulidad jurídica del testimonio de los judíos contra los conversos. Sobre este punto el Fuero-Juzgo dice62:

«Recesvindo Rey.

Establescemos especialmente en este decreto que ningund judío en ningund pleyto non pueda seer testimonio contra cristiano; magüer que sea siervo el cristiano; nin en ningún pleyto non pueda facer tormentar el cristiano, nin acusar. Ca, desaguisada cosa semeia que la fée daquellos que non son fieles, vala más que la fé de los fieles; é los miembros de Cristo someter á aquellos que son sus adversarios



Quedaba firme esta ley en causas criminales63; y difícilmente se hallarán casos de excepción, hasta que Sixto IV (31 Mayo 1484), de acuerdo sin duda con los Reyes proveyó como dije.

Mudadas las circunstancias, la ley de Recesvinto, que se había hecho y se mantuvo con el objeto de contrarestrar la animosidad de los judíos contra los cristianos, debió parecer á los ojos de D. Fernando y Doña Isabel hecha á propósito de encubrir y resguardar á los judaizantes en detrimento de la fe católica. A la Inquisición, que penetró en la ciudad de Toledo en 24 de Mayo de 1485, fué concedido el aplicar á los judíos la norma del Derecho común; y ciertamente, poco después64 «en el medio término   —407→   del 23 de Junio al 21 de Septiembre del mismo año, llamaron los inquisidores toledanos á los rabíes de los judíos, é les tomaron juramento en su ley, é les pusieron grandes penas de las vidas é faziendas que luego pusiesen excomunión mayor en las sinogas, é no la alçasen fasta que viniesen diziendo todos los que en este caso sabían. É ansi vinieron atestiguando todos los Judíos, hombres é mugeres, é dixieron muchas cosas.»

No solamente el anónimo de Toledo, testigo fidedigno y presencial, sino también Hernando del Pulgar evidencia la realidad de aquella disposición. «É porque en este caso de la herejía, dice65, se recebían testigos moros é judíos, é siervos é homes infames é raeces, é por los dichos destos tales eran presos algunos é condenados á pena de fuego, se fallaron en esta cibdad (Toledo) algunos judíos, homes pobres é raeces, que por enemistad ó por malicia depusieron falso testimonio centra alguno de los conversos, diciendo que los vieron judaizar. É sabida la verdad, la Reyna mandó que fuesen justiciados por falsarios é fueron apedreados é atenazados ocho judíos».

Escribe asimismo Pulgar66:

«El Rey é la Reyna partieron de la cibdad de Murcia67 é con ellos el Príncipe y las infantas sus hijas y el Cardenal de España; é vinieron á la villa de Valladolid68 para dar orden en la inquisición que se facía contra los herejes;... mandaron juntar en aquella villa todos los inquisidores que habían seydo puestos en las cibdades é villas, é los fiscales é receptores y escribanos, é otros oficiales que habían entendido en aquella negociación. É después de habidos largos consejos sobre esta materia, por quanto era ardua é tocaba á muchas personas, dieron cierta forma69 que se guardase en los procesos y prisiones, é otras cosas que en esta causa dende en adelante ocurriesen. Falláronse muchos judíos, hombres raeces, que depusieron falsamente contra algunos conversos por los traer á la muerte. Lo qual fallado por verdadera   —408→   información, fueron en Toledo apedreados por justicia algunos de ellos70. Otrosí nombraron inquisidores que embiaron á algunos obispados, para que fecha la inquisición en forma jurídica, fuesen castigados los que fallasen culpantes, é apurasen dél todos los ritos judaicos que guardaban, ó alimpiasen la tierra de aquella mala é iniqua opinión que algunos tenían.»



Las dos cuestiones teológicas y en alto grado científicas, que la Censura et confutatio libri Talmud trata de resolver, estaban candentes y pendientes de solución oficial al celebrarse para discutirlas la Junta general de la Inquisición en Valladolid (Septiembre-Octubre 1488). Los adversarios del sistema de Torquemada, que instigaban á los Reyes procurando inclinarles con el peso de la razón y del derecho natural, civil y canónico, y persuadirles, no consintiesen que los ritos talmúdicos, diversos de los judaicos consignados por la Biblia, irrogasen á los conversos el crimen de heregía, ni que los judíos fuesen examinados y recibidos como testigos en el caso propuesto, serían indudablemente de gran calibre y tales que inspiraban serio temor, si prontamente no se acudía á refutarlos sobre el terreno jurídico y científico en que se habían colocado. Sin salirse del Derecho canónico asentaban las baterías que la Censura visiblemente procura desmontar. La decretal de Bonifacio VIII, según ellos, no ha de extenderse más allá de los ritos de los judíos (ritus iudaeorum), que no comprenden las prescripciones puramente talmúdicas; y por poco que fuere dudosa la interpretación, prevalecerá el axioma odia sunt restringenda. Por lo que hace á los testigos, la decretal invocada se deroga por otra71 que prohibe recibir testificación del que á ella se mueve por enemistad manifiesta: «dicentes quod iudei non valeant pro testibus, quia obligantur ad interficiendum istos ex precepto Legis

Semejante liza promovida por cristianos inteligentes y llevada al seno de la Asamblea general de la Inquisición, no tuvo ni podía   —409→   tener por iniciadores á los poderosos judíos Abrahén Senior é Isaac Abrabanel. El Dr. Graetz hace estribar toda la fuerza de su argumento sobre que los instigantes apud Serenissimos reges no podían ser sino judíos72. Sin embargo, otros descendientes de Isrrael, pero bautizados ó cristianos como los autores de la Censura, podían estar no menos impuestos á la sazón en los arcanos del judaismo. Como la controversia científica se agitó principalmente y nació á toda luz en Segovia, ocurre desde luego á la imaginación la noble figura de su obispo D. Juan Arias Dávila.

La bula del 11 de Febrero de 1486, por virtud de la cual Inocencio VIII unificó en Torquemada el poder supremo de la Inquisición73, no le impidió llamar seriamente (25 Septiembre 1487) la atención del Inquisidor general acerca de las informaciones por él habidas ó por haber contra los prelados74. Intimándole sobre este asunto el estricto cumplimiento de la decretal de Bonifacio VIII75, le prevenía que cerrado el pliego de cargos y autenticado, lo remitiese á Roma76. No es creible, mientras no se pruebe por el tenor del proceso todavía inédito y desconocido, que las acusaciones intentadas por el Inquisidor general contra D. Juan Arias Dávila estribasen sobre el hecho de haber él judaizado ó hereticado en persona; cosa indigna de tal prelado que fué absuelto y repuesto con honor por la Santa Sede. Tampoco era un crimen que defendiese, como buen hijo, la memoria de su difunto padre. Resta conjeturar que fué denunciado como sospechoso de dar favor á la herejía quizá por haber estorbado los procedimientos de la Inquisición y oponerse con sus escritos y autoridad al curso de las sentencias fundamentadas en la delación de testigos judíos y en la observancia de los ritos puramente talmúdicos.

  —410→  

De una y otra cuestión ningún mérito hacen los 15 Capítulos y ordenaciones77, del 27 de Octubre de 1488 que se acordaron, habiendo sido «ayuntados por mandado de los muy Altos y muy Poderosos, Esclarecidos Príncipes, Rey y Reyna nuestros Señores, y el dicho Reverendo Prior de Santa Cruz todos los Inquisidores y Asessores de todas las Inquisiciones destos Reynos de Castilla y de Aragón, juntamente con el dicho señor Padre Prior»; y se leyeron y publicaron «estando presente el Reverendo señor Prior de Santa Cruz, Inquisidor general, con todos los otros Inquisidores, assí de Castilla como de Aragón juntos en la sala del aposentamiento de su Reverenda Paternidad.» Si con motivo de ambas cuestiones Fr. Fernando de Santo Domingo presentó, ó envió, á Torquemada la Censura et confutatio libri Talmud, bien se deja entender hacia qué lado caería el platillo de la balanza, y que no habiendo lugar á innovación, tampoco lo había de consignarla en las Ordenaciones. La Reina, con todo, proveyó al peligro denunciado y mandó hacer ejemplar castigo en los judíos, cuya perjura delación había costado la vida á los conversos.

Por este tiempo la Inquisición de Torquemada no parece que se hubiera largamente diseminado en Castilla la Vieja. El libro del Alboraique, trazado en 1488, llega hasta el punto de suponer que los conversos de su territorio no eran anuzim (forzados, ó cristianos por fuerza) sino católicos sinceros. Pronto llegó el desencanto. El Cronicón de Valladolid78, escrito por el Dr. de Toledo, médico de la Reina Católica, exhibe los datos siguientes:

29 de Septiembre de 1488.-Prendieron á Juan Rodríguez de Baeza é á su mujer, lunes XXVIIII de setiembre año de LXXXVIII, la santa Inquisición.

13 de Octubre de 1488.-Prendieron los Padres á Luís de la Serna, lunes XIII de Otubre en Valladolíd, año de MCCCCLXXXVIII.

20 de Noviembre de 1488.-Truxieron al Doctor Diego Rodríguez de Ayllón preso de Galicia á Valladolid los Padres á XX de Noviembre de MCCCCLXXXVIII.

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19 de Junio de 1489.-Fizo la primera justicia79 la santa Inquisición en Valladolid, viernes XVIIII de junio del año de LXXXVIIII. Quemaron XVIII personas vivas é quatro muertas; ninguno de los vivos paresció confesar la sentencia en público80: Alonso de Castro, Sancho de Frías, Grabiel de León, Diego Cejuela, el Recadador, Gonzalo Gómez de Sevilla, Francisco Pela Ganallo, Simón Herrero, Diego Rivas, Diego de Curiel platero, Francisco Mudarra, Pedro de Toro, un Curtidor, uno que se decía Cocón, un Sevillano, Margarita la de Pedro de Alva, é otra muger, el nombre no lo sé. Muertos: Grabiel García, Fernán García de Aranda, un Chapinero é otro.

Habiendo acontecido en 19 de Junio de 1489 el primer auto solemne de quemados vivos, que hizo la Inquisición de Valladolid, y en 29 de Septiembre del año anterior la primera prisión de que el Cronicón hace memoria, hay que retrotraer por lo menos tres meses la instalación del Santo Oficio en el centro de acción que escogieron D. Fernando y Doña Isabel (Septiembre-Octubre 1488) para juntar bajo la presidencia de Torquemada en Asamblea general á los representantes de las Inquisiciones de todos sus reinos. Ávila y Segovia ¿tuvieron representación? Así parece; mas para poder afirmarlo resueltamente nos faltan documentos ó referencias seguras.

Escribe D. Francisco Pinel y Monroy81:

«El primer tribunal de la Inquisición se puso en Segovia, por asistir allí el Inquisidor general; y los Marqueses de Moya, que con el deseo y zelo ardiente del servicio de Dios avían deseado y aconsejado esta loable resolución y santo instituto, luego que se assentó allí el Tribunal concurrieron á servirle en lo que pudieron, y dieron sus propias casas para vivienda de los Inquisidores; en que parece estuvieron hasta el año 1497, como consta de una cédula de la Reina, dada en Medina por Setiembre dél, en que hazen merced á los Marqueses de una casa en que estavan las cárceles   —412→   de la Inquisición junto á la puerta de San Juan, en enmienda y satisfacción del daño que sus casas principales recibieron, al tiempo que posaron en ellas los Inquisidores; y quieren que esto se entienda no siendo más tiempo necesaria para aquel efecto. Está original en el Archivo del Conde de Chinchón, donde la hemos visto. Diego de Colmenares dize82 que el Tribunal se puso en las casas de Francisco de Cáceres; y pone á la letra una librança del Consejo, en que manda se le paguen los alquileres desde que se las tomaron83 hasta fin de Setiembre de 1494. Pudo ser que se tomassen ambas, por no ser cada una por sí bastante; y esto se haze verisímil por averse conservado hasta pocos años ha un passadizo de unas á otras por encima de la puerta de San Juan que está enmedio, que se haría con esta ocasión para comunicarlas, sino es que fuessen diferentes los tiempos, y que se mudassen á las del Marqués desde las de los Cáceres.»



Opino que se mudaron de hecho y que la ocupación no fué simultánea. Desde 1.º de Octubre de 1494 hasta el año 1497, los inquisidores segovianos, de nuevo ó reciente nombramiento, instalaron su tribunal en las casas de los marqueses de Moya. Este acontecimiento no es ajeno á nuestra investigación sobre el tiempo en que fué escrita la Censura et confutatio libri Talmud, cuyo plazo final es el de la vida de Torquemada († 16 Septiembre 1498), y cuya redacción se encomendó á uno de sus súbditos en el convento de Santa Cruz y al médico Antonio de Ávila por los inquisidores de Segovia, denominados el doctor de Mora y el licenciado de Cañas.

Los procesos que ambos instruyeron yacen en profunda oscuridad. El libro en cuestión nos ha descubierto el cargo de inquisidores que en aquella ciudad ejercieron. Gran lástima que por este lado la indagación sólo acierte á definir que tomaron posesión de su destino con posterioridad al 29 de Noviembre de 1484.

Desde su convento de Santa Cruz, á 17 de Agosto de 1490, una   —413→   carta escribió el Inquisidor general á sus compatricios de la villa de Torquemada84 que nos introduce á la obtención de resultados más prácticos.

«A los virtuosos é devotos señores é homes buenos de la villa de Torquemada.

Virtuosos é devotos señores.

Con estos vuestros vezinos é parientes recebí vuestra letra; é por cierto obe mucho plazer con ella; y recebí mucha consolación en saber de la buena salud de todos vosotros. Plegue á nuestro Señor Jesu Christo de la conservar y llevar adelante á su servicio como desseays. Quanto á lo que dezís de la ayuda para la obra que se faze en la yglesia de santa Olalla de essa villa, que aveys menester más de lo que he dado85, por cierto bien me pluguiera de lo fazer, por muchas razones; pero al presente non puedo por estar ausente de la Corte, á do estoy de partida. Desque allá fuere, plaziendo á nuestro Señor, trabajaré con el Rey é la Reyna, nuestros señores, como vos fagan alguna ayuda como bien vereys. En lo que dezís del arrendamiento de las alcavalas de essa villa, yo fablé con don Abrahán Senior cerca dello en presencia destos vuestros mensajeros, y me dixo como por este año estava ya fecha la renta á Diego de la Muela que la ha tenido los años passados; pero que en los años venideros faría todo lo que yo quisiesse é mandasse; y assí se fará como á vosotros cumpla. La azémila que me embiastes vos agradezco; pero para comigo non era nin es menester embiarme semejantes cosas; que es cierto yo vos la tornara á embiar, sino porque non vos corriérades dello; que yo, loado nuestro Señor, bien tengo nueve azémilas que me bastan; que las cosas que á vuestras personas é honrras é al bien de essa villa cumplieren, sin nada de esto soy yo obligado á lo   —414→   fazer por la naturaleza é criança de essa villa, é deudo é amor que á todos tengo.

Nuestro Señor vuestras virtuosas é devotas personas conserve en su santo servicio.

De este monasterio de santa Cruz de Segovia, á diez y siete de Agosto de noventa años.

Á lo que á vuestra honrra cumpla muy presto.=Fray Thomás Prior».



Hallábanse los Reyes desde el mes de Mayo del año anterior86 en Andalucía, donde entendían permanecer y permanecieron hasta después de la rendición de Granada. En Córdoba, á 13 de Julio de 1490, hicieron llamamiento del pendón y gente de Sevilla; y en 20 de Agosto salió el Rey otra vez de Córdoba para entrar en la vega de Granada á talar los panes. Escribieron al Inquisidor general que se llegase á ellos; la carta le alcanzó en Segovia, donde también se encontraba D. Abrahán Senior, vecino de esta ciudad87; mas para dar orden á graves asuntos, en que había pensado emplearse personal y presentemente, retrasó algunos días Torquemada su viaje á la corte. Partióse á ver las obras del templo y monasterio de Santo Tomás de Ávila, que edificó de nueva planta88, y estaban muy adelantadas. Aquí expidió (27 Agosto, 1490) la provisión siguiente89:

  —415→  

«Nos Fray tomás de torquemada, prior del monesterio de santa crus de segovia de la horden de predicadores, confesor del Rey é de la Reyna nuestros Señores, é del su consejo, Inquisidor general de la herética apostasía é pravidad de los reynos de castilla é aragón, é en todos los otros Reynos, tierras é señoríos de sus altezas dado é deputado por la santa sede apostólica, facemos saber á vos, los Reverendos é devotos padres, don pedro de villada doctor en decretos abad de san millán é de san marciel en las iglesias de burgos é león, é Juan lopes de cigales licenciado en santa teología canónigo de cuenca, é á vos frey ferrando de santo domingo presentado en santa theología de la horden de los predicadores, Inquisidores de la herética apostasía é pravidad en la cibdad é obispado de ávila, que nos, por cierta é legítima información que ovimos90 mandamos prender las presonas91 é cuerpos de alonso franco, é lope franco, é garcía franco, é de juan franco, vezinos de la guardia del arçobispado de toledo, é de yucé franco judío vezino de tenbleque, é de mosé abenamías judío habitante en la cibdad de çamora, é de juan de ocaña é benito garcía, vezinos del dicho lugar de la guardia, é secrestar todos sus bienes por aver hereticado é apostatado, é aver cometido algunas cosas, crímenes é delictos, contra nuestra santa fe católica; é los mandamos llevar92 é tener presos en la cárcel de la santa Inquisición de la cibdad de segovia, fasta que de sus causas se conosciesen é fuesen determinados por nos, ó por la presona é presonas á quienes las cometiésemos, é dellas deviesen conoscer.

É por quanto al presente somos ocupado en otros muchos é arduos negocios, é de las dichas causas, ni de algunas dellas, non podemos por nuestra presona conoscer, confiando de la legalidad sciencia speriencia é sana consciencia de vos, los dichos Reverendos padres Inquisidores é de qualquier de vos, ó que sois tales presonas que bien é fielmente farés lo que por nos vos fuere encargado   —416→   é cerca dello descargaremos nuestra conciencia: por el tenor de la presente cometemos á vos, los dichos Reverendos padres Inquisidores é á cada uno de vos, por sí in solidum, las dichas causas é procesos de los sobredichos, é de cualquier dellos, é de todas las otras presonas, que con ellos ó qualquier dellos ayan seido partícipes, cónplices ó secaces en los dichos crímenes é delictos cometidos en qualquier manera contra nuestra santa fe católica, é de los fautores, consiliatores, defensores, sabidores, encubridores é culpantes en qualquier manera, para que cerca dello podades aver é rescebir qualesquier informaciones de qualesquier partes de todos los dichos Reynos, é tomar é esaminar qualesquier testigos, é inquirir conoscer proceder encarcelar declarar sentenciar é relaxar al braço seglar los que fallardes culpados, asolver é liberar á los que fueren sin culpa, é faser cerca dello todas las otras cosas, é cada una dellas, que nos mesmo fariamos presente siendo; para lo qual todo, que dicho es, é para cada una cosa é parte dello, damos todo nuestro poder conplido, é cometemos nuestras vezes apostólicas á vos, los dichos Reverendos padres Inquisidores, é á cada uno ó qualesquier de vos, por sí in solidum, donec eas ad nos duxerimus revocandas, con todas sus incidencias é dependencias, anexidades é conexidades, é con poder de citar é llamar é conpeler á los dichos testigos en qualquier parte que estuvieren, é proceder contra ellos é qualquier dellos por la censura eclesiástica é por todos los otros remedios del Derecho. É por el thenor de la presente mandamos á los Reverendos padres Inquisidores de la dicha cibdad é obispado de Segovia, é á cada uno é qualquier dellos, en cuyo poder están los sobredichos presos, que luego vos los den é entreguen presos en buena guarda é recabdo.

En testimonio de lo qual mandamos dar la presente, firmada de nuestro nonbre, é sellada con nuestro sello, é subscrita del notario secretario nuestro yuso escrito.

Dada en el monesterio de santo thomás de la dicha horden de los predicadores, que es fuera é cerca de los muros de la dicha cibdad de ávila, á veynte é siete días del mes de agosto, año del nascimiento de nuestro Salvador ihesu christo de mill é quatrocientos é noventa años.

  —417→  

Testigos llamados é rogados, que á esto fueron presentes el padre frey alonso de valisa Religioso de la dicha horden93 é el Reverendo doctor tristán de medina canónigo de la iglesia de ávila94, é otros.

Frater thomas Prior et Inquisitor generalis.=Tristanus doctor. =Por mandado de su muy Reverenda Paternidad, Antonius de frias appostolicus notarius



Por esta provisión empezamos á conocer á Fr. Fernando de Santo Domingo, dedicante de la Censura et confutatio libri Talmud. En el proceso que instruyó contra el judío Jucé Franco95 reconoceremos igualmente á los autores de aquella obra científica.

Segovia, 19 Julio 1490.

«En la ciudad de Segovia, dies é nueve dias de jullio de XC años.

Antonio de Ávila vecino de Segovia, testigo jurado, dixo que estando fablando yucé franco, que está preso en esta inquisición de Segovia, con fray alonso enriques, le oyó desir este testigo al dicho yucé franco cómo dixo al dicho fray alonso dixiese al Rabí don Abrahén Seneor96 que estaba preso por un nahar97, que avía muerto en una semana santa, podría aver onse años, por otohays98 que quiere desir por ihesu christo, porque así lo nonbran los judíos por vituperio. É le dixo al dicho fray alonso en ebrayco que non saliese esto de su boca é de la de don Abrahén Seneor; é que por agora non le quería desir más; mas que rogase á los padres (inquisidores) que le visitase alguna ves é fablaría con él más largo.

  —418→  

Segovia, 26 Octubre 1490.

En la cibdad de Segovia á veynte é seys dias de otubre de XC años.

El maestro fray alonso enrriques, testigo jurado, dixo que estando con un judío que estava preso en la cárcel, yendo este testigo en hábito de judío por mandado de sus Reverencias, fablando con él en ebrayco y romance, preguntándole este testigo al dicho judío que porqué le avían traydo allí preso, así á él como á los otros que traxieron de la guardia99, le dixo medio ebrayco y medio romance100 que por la muerte de un mochacho, nahar, que dieron por oddohays, este qual nonbre llaman los judíos por vituperio á nuestro Redemptor ihesu christo, rogando el judío á este testigo afetuosamente que non lo dixiese sinón á don Abrahón, é que fuese muy secreto por amor del criador. Esto oyó aquel dia Antonio de ávila, segund agora se le acuerda á este testigo, é dende en ocho ó dies dias101, poco más ó menos, se vistió este testigo de la mesma manera, é por mandado del Reverendo padre fray fernando tornó á fablar con él. Al qual non falló como el dia primero, mostrando tener gran miedo del dicho Antonio de ávila, que non barruntase algo. É que deste caso non sabe más.

Ávila, viernes, 21 Enero 1491.

En la cibdad de ávila, viernes, veinte é un dias del mes de henero de mill é quatrocientos é noventa é uno años el dicho Antonio de ávila, so cargo de juramento que fiso, se retificó é afirmó en lo susodicho delante de los Reverendos Señores el doctor de villada é el licenciado de cigales inquisidores de la dicha cibdad de ávila é su obispado, estando presentes fray johán gallego Religioso de Santo thomás102 é iohán blazques capellán de la dicha inquisición, personas honestas para esta ratificación deputadas.

  —419→  

Ávila, viernes, 16 Septiembre 1491.

É después desto en la cibdad de ávila, viernes dies é seys dias del mes de setienbre de mill é quatrocientos é noventa é uno años, el Reverendo padre fray fernando de santo domingo inquisidor descendió á la cárcel de la dicha inquisición, é rescibió juramento en forma de yucé franco vesino de tenbleque, que en la dicha cárcel está preso, el qual juramento fiso segund su ley. Y so cargo del dicho juramento su Reverencia le preguntó si se acordava quando estava preso en Segovia ques lo que allí había fablado de las cosas pertenescientes á la inquisición, é con quien las fabló. É el dicho yucé franco so cargo del dicho juramento dixo que, estando él en la cárcel, le entró á visitar estando enfermo Antonio de ávila como físico, y falló á este testigo confesante tanto enfermo que estava más para morir que para bevir; é rogó al dicho Antonio de ávila que suplicase de su parte á los inquisidores que le enbiasen un judío que le dixiese las cosas que disen los judíos quando se quieren morir; é que los dichos señores inquisidores le enviaron un judío que dixo se llamava Rabí Abrahán. Y estando fablando con este testigo preguntó el Rabí Abrahán á este testigo que porqué estava allí preso, é que por ninguna cosa del mundo non negase la verdad de lo que supiese, é que si fuese menester que don Abrahén Seneor entendiese en ello quél le rogaría que entendiese en ello. Y entonces este testigo le dixo el caso por que estava allí era sobre una mita103 de un nahar, que avía seydo como de la manera de otohays. Fuele preguntado al dicho yucé franco por el dicho Señor inquisidor que en estas palabras que dixo en ebrayco qués lo que quería desir. Dixo este testigo que quería desir el caso que declarado tiene del niño, que crucificaron los francos é iohán de ocaña é benito garcía, de todas las cosas que pasaron como dicho tiene en sus deposiciones; é que pasó lo suso dicho en la dicha cárcel de la inquisición de Segovia á veynte días del mes de jullio del año de noventa años poco más ó menos; é que cree que era un día de martes104.

  —420→  

É luego incontinente, este dicho dia viernes dies y seys dias de setiembre del dicho año del Señor de mill é quatrocientos é noventa é uno años, el dicho yucé franco, so cargo de juramento que fiso, se retificó é afirmó en lo susodicho delante del dicho señor inquisidor, estando presentes las personas Religiosas, por sus Reverencias deputadas para lo susodicho, fray Johán gallego Religioso de santo thomás, é iohán blázques capellán de la dicha inquisición.»



Antonio de Ávila era médico y ejercía su arte en Segovia; como tal no estaba para sobrellevar todo el cargo de escribir la Censura et confutatio libri Talmud, donde tan arduas y delicadas cuestiones de teología dogmática se ventilan; y era, de consiguiente, preciso que el peso de la obra gravitase también sobre los hombros de un maestro en teología, conocedor asimismo de la lengua hebrea y versado como su compañero en el fondo de la doctrina talmúdica. Estas condiciones, á buen seguro reunía á el maestro Fr. Alonso Enríquez; y además la de tener marcada en sus facciones la estampa característica de los descendientes de Israel. Cerca de Jucé Franco representó el papel de Rabí Abrahán con tanta naturalidad, que la ilusión del joven judío fué cabal é indeleble. No creo desacertado pensar que el docto maestro, antes que revistiera el hábito religioso, se había pasado, bautizándose, de las filas hebreas á las cristianas, y que su antiguo nombre hebreo fuese en realidad Abrahán Shesheth. Si así fué, podríamos explicar fácilmente la robra, que aparece manuscrita al pie de la primera página del códice, y ha sido publicada por M. Morel-Fatio: «Liber pertinet conventui sancte Crucis, quem roboratum duxi nomine meo: Sisenus»105. No debemos olvidar que el autor del Fortalitium fidei, Fr. Alonso de Espina, nació judío; y después que se bautizó, tomó el hábito franciscano.

En el intermedio del 6 de Junio al 19 de Julio de 1490, Fray Tomás de Torquemada mandó prender á Jucé Franco y demás cómplices, que tuvo más de un mes encerrados en las cárceles de la Inquisición de Segovia. Á los inquisidores de esta ciudad y   —421→   obispado, que á todas luces serían los que nombra la Censura et confutatio libri Talmud, conviene á saber, el doctor de Mora y el licenciado Juan García de Cañas, confió Torquemada la guarda y buen recaudo de los presos, de cuyas causas se propuso entender en persona ó «por la persona, ó personas, dice, á quienes las cometiésemos é dellas deviesen conoscer

Graves eran las causas, sobre toda ponderación, y previstas por el código de las Partidas (VII, tít. XXIV, ley 2): «Et porque oyemos decir que en algunos lugares los judíos ficieron et facen el día del viernes santo remembranza de la pasión de nuestro señor Jesucristo en manera de escarnio, furtando los niños et poniéndolos en la cruz, ó faciendo imágenes de cera et crucificándolas quando los niños non pueden haber, mandamos que, si fama fuere daquí adelante que en algunt lugar de nuestro señorío tal cosa sea fecha, si se pudiere averiguar, que todos aquellos que se acertaren en aquel fecho, que sean presos et recabdados et aduchos antel rey; et después que él sopiere la verdad, débelos mandar matar muy aviltadamente, quantos quier que sean.»

Ya en 1468 la corte de Enrique IV, Segovia, había presenciado el cumplimiento de está ley. Narra el caso Colmenares106. Llegó á conocimiento del obispo D. Juan Arias Dávila que los judíos de la villa de Sepúlveda, movidos por Salomón Pichón, rabino de su sinagoga «hurtaron por la semana santa un niño, y ejecutando en él cuantas afrentas y crueldades sus mayores en el Redentor del mundo, acabaron aquella inocente vida.» Por mandamiento del prelado, averiguado el delito, trajéronse á la ciudad dieciseis judíos de los más culpables. Algunos acabaron en el fuego; de los restantes, que arrastrados fueron ahorcados, un mozo se salvó que pidió bautizarse con grandes muestras de arrepentido y se entró á servir en un monasterio. El obispo, que tan ardiente celo desplegó en 1468, no pudo hacer otro tanto, al tiempo que en su propia ciudad surgió la causa y proceso intentado á los martirizadores del santo Niño de la Guardia. Obligado á defenderse y denunciado ante el tribunal del Papa como fautor   —422→   de los que practicaban la ley de Moisés, aprestó su viaje á Roma, al asomar la primavera del año 1490. En el archivo histórico nacional107 he visto el acta de resignación de gobierno que hizo en poder de sus vicarios generales «los venerables Rodrigo de León, licenciado en Artes é Theología et Rodrigo Sánchez de Cieça licenciado en Decretos et canónigo de la dicha nuestra Iglesia». Firmó el acta en Turégano, á 24 de Marzo de 1490, titulándose «oydor de la audiencia del Rey é de la Reyna nuestros Señores, é del su consejo»; y la extendió «por quanto por algunos árduos é grandes negocios nos entendemos salir fuera de nuestra yglesia, diócesi é obispado de Segovia.»

Al crimen de haber crucificado á un niño inocente se agregaba otro aun más horrendo; de los cuales, no bien se enteró Torquemada, luego al punto mandó prender y traer y encarcelar á los cómplices denunciados y secuestrar sus bienes. Era este crimen semejable al que describe Fr. Alonso de Espina108, como acontecido en Segovia109 hacia el año 1415. El inquisidor general avocó á sí la causa, comprendiendo su gravedad excepcional, y no quiso confiarla á tribunales subalternos. Por esta razón no destinó los reos naturales de La Guardia y de Tembleque á Toledo, donde residían los inquisidores ordinarios de aquel distrito; y cuando se decidió á desistir de su primer propósito-«por quanto   —423→   al presente somos ocupado en otros muchos é arduos negocios, é de las dichas causas ni de algunas dellas non podemos por nuestra persona conocer»;-nombró el triunvirato que ya conocemos «para faser cerca dello todas las cosas que nos mesmo faríamos presente siendo

La carta, que escribió en 17 de Agosto á sus compatricios de la villa de Torquemada, descubre algunos de los muchos y arduos negocios, que le obligaron á tomar aquella determinación. La misma frase había empleado (24 Marzo) el obispo D. Juan Arias Dávila para significar su próximo viaje y larga permanencia en Roma110. Por acudir al llamamiento de los Reyes veíase Torquemada en la precisión de ausentarse, quizá por largo tiempo, de Castilla la Vieja. En su entrevista con Don Abrahán Seneor, había oído de los labios del astuto y poderoso Rabí, una denegación que podía envolver bajo términos corteses cierta hostilidad, animada por el sordo rumor, ó seguros ecos de la treta inquisitorial y abusiva del candor de Jucé Franco en las cárceles de Segovia. Repuesto de su enfermedad, el joven judío no quiso á fines de Julio fiarse de Fr. Alonso Enríquez, pretextando que le hacía mala sombra el médico Alonso de Ávila; pero importa observar que la aljama hebrea segoviana estaba alerta sobre el caso y que contaba entre sus miembros, por razón de vecindad, á Don Abrahán Seneor. Alguien hubo de trazar al incauto prisionero su nueva línea de conducta.

Torquemada cometió la causa de los presos, judíos y cristianos, á los tres inquisidores de la ciudad y obispado de Avila, facultándoles para «tomar é esaminar qualesquier testigos.» Con anterioridad á la fecha (29 Agosto) de esta comisión, había el inquisidor Fr. Fernando de Santo Domingo mandado (27 Julio) á Fr. Alonso Enríquez, que se disfrazase por segunda vez y acabase de sonsacar la confesión de Jucé Franco, empezada en 19 de Julio. Opino que Fr. Fernando era entonces inquisidor de Segovia, asociado al doctor de Mora y al licenciado de Cañas; pero que en Agosto se trasladó é incorporó al tribunal de Avila, instituído   —424→   recientemente ó modificado por Torquemada, no sin consentimiento del obispo D. Hernando de Talavera.

Bajo este supuesto, la composición y dedicación de la Censura et confutatio libri Talmud reciben á mi ver explicación satisfactoria. En 1488, al suscitarse la cuestión de si debían los judíos ser admitidos y compelidos á dar testimonio contra los conversos, fue probablemente redactada la Censura en Segovia por el médico Alonso de Avila y por el Padre Maestro Fr. Alonso Enríquez. Doctísimos sabios de Israel, consultados quizá por los Reyes Católicos, discutieron también el punto capital de la controversia, como lo muestra en su Respuesta sobre la cuestión de los anuzim el rabí granadino Saadía ben Maimón Aben-Danán111, definiendo contra otros rabinos que los que exponían la vida por la fe de sus mayores, debían ser recibidos en las aljamas como correligionarios, aunque no hubiesen nacido en el mosaismo, ni alcanzado su educación religiosa. Con igual criterio la resuelve el libro del Alboraique, escrito visiblemente para impedir que la Inquisición, salvando la valla limítrofe de ambas Castillas, se corriese de la Nueva á la Vieja. Conocieron este libelo, antes que se imprimiera112, los autores de la Censura, y lo anejaron á su obra en comprobación del tema que sostuvieron.

Sin embargo, no todos los rabinos pensaban de la misma manera; y como las informaciones jurídicas, que mandó hacer la reina Isabel, habían evidenciado el hecho de haber muchos judíos testificado en falso por odio mortal que tenían á los conversos, no podían faltar cerca de los Reyes algunas personas interesadas en impedir la acción justiciera de Torquemada desde el momento que mandó encarcelar á los judíos Jucé Franco y Mosé Abenamías y á los conversos de La Guardia sus cómplices. Preocupado en Segovia con este obstáculo, el Inquisidor general vería no sin agrado la Censura et confutatio libri Talmud, que puso ante sus ojos y le dedicó Fr. Fernando de Santo Domingo.

El cual, nombrado inquisidor de Ávila, celoso de no dejar   —425→   fallidas las esperanzas que en él repuso Torquemada (27 Agosto) y ateniéndose al programa que traza en la dedicatoria del libro113, permaneció en Segovia, tomando declaraciones de cualesquier testigos, como en efecto se tomaron al maestro Fray Alonso Enríquez en 26 de Octubre de 1490114, y en los dos días consecutivos á Jucé Franco115. Vencida la primera dificultad que el libro impugna, suscitóse otra de otro género, que á su vez pone de manifiesto no haber sido tan fácil ni tan arbitraria, como algunos creen, la vía del Inquisidor general. Su mandato á los inquisidores de Segovia (27 Agosto), requiriéndoles que luego diesen ó entregasen á los de Avila «los susodichos presos que tenían en su poder», tardó en cumplirse más de dos meses, quizá por estorbarlo el recurso de apelación interpuesto en la corte por don Abrahán Seneor, habida consideración á la cualidad de los testigos. Aun menos les favorecía, sostenido probablemente por el obispo D. Fernando de Talavera, el Deán que mandaron encarcelar, conforme nos lo indica el Cronicón de Valladolid: «Prendió la justicia al Deán de Avila, hijo de Pero López de Calatayud, en la dicha ciudad, martes XXII de mayo de MCCCCXCI.»

Por fin, entrado Diciembre de 1490 pudo constituirse en Avila el tribunal de los tres inquisidores y obrar sin tropiezo con arreglo á las facultades que tenía de Torquemada116. A los cargos que le hizo el fiscal (17 Diciembre) contestó Jucé Franco que todos eran la mayor falsedad del mundo. Su procurador, Martín Vázquez, defendiéndole (22 Diciembre) recusó ante todas cosas la autoridad de los jueces117. «Digo que no son ni pueden ser jueces de mi parte en esta causa, por quanto es notorio, y por notorio lo allego é por tal pido ser pronunciado, vuestras mercedes ser Inquisidores dados y deputados auctoritate apostolica solamente   —426→   en este obispado de Avila é á las personas singulares del dicho obispado, de las quales no es mi parte; antes es notorio ser118 de la diócesi y jurisdicción de Toledo, y ansí de extraña jurisdicción, y no vuestra; especialmente, que allá hay Inquisidores de la herética pravedad que inquiren119 contra los súbditos á su jurisdicción, ante los quales mi parte está presto de estar á derecho con qualquier que dél denunciare ó le acusare; de que resulta que á sus juezes é inquisidores de su diócesi deve ser remitido. Por ende, pido á vuestras mercedes que, pronunciándose por no jueces, hagan la dicha remisión; y desto no me partiendo, antes pidiendo ante todas cosas ser sobre ello pronunciado.»

La objeción surtió efecto; porque en 12 de Febrero de 1491 el cardenal arzobispo de Toledo, estando en Guadalajara, firmó las patentes por cuyo tenor otorgaba á los tres inquisidores de Avila el deseado requisito120. En estas patentes el nombre del que ofreció á Torquemada la Censura et confutatio libri Talmud se expresa de suerte que desvanece toda sombra de duda sobre la identidad de la persona: «Fratri Fernando de Sancto dominico, ordinis predicatorum professo

Zanjada esta dificultad, la causa procedió expedita; y de su éxito (16 Noviembre) fueron luego cerciorados los Reyes Católicos, sin otra reclamación mayor121 que la de contener las iras populares, desencadenadas contra la aljama hebrea de Ávila122.   —427→   Los testimonios de los judíos, Don Ça Franco y Jucé Franco, que en ella menudean contra los cristianos conversos, forman, á mi parecer, inequívoca demostración de que en adelante no volvieron á levantar cabeza las cuestiones para cuya resolución habían mandado (1487-1489?) los inquisidores segovianos escribir la Censura et confutatio libri Talmud. Presentado este códice en 1490 por Fr. Fernando de Santo Domingo al Prior de Santa Cruz, ostenta en su primera página el destino, más de tres siglos duradero, que había de lograr en la librería de aquel convento. Como tantas joyas literarias de precio inestimable, que el rigor de nuestras discordias civiles expatrió, encuentra dichosamente noble asiento y fecunda celebridad en la Biblioteca nacional de París.

De éste, ó de otro ejemplar, se valieron para cumplir con su ardua y prolija misión los nuevos inquisidores de Ávila. Los rótulos de los quemados y penitenciados que habían de formar lúgubre cortejo á los restos mortales de Torquemada en la iglesia fastuosa de Santo Tomás, sobrado lo indican. Pasaron de cincuenta, si no de ciento, las personas de cuyas causas entendieron en 1491 el doctor D. Pedro de Villada, el licenciado Juan López de Cigales y Fray Fernando de Santo Domingo123. Por la actividad que en este año demostraron se hicieron acreedores á la remuneración que los Reyes Católicos les hicieron librar por los receptores de bienes confiscados. Digno es de citarse á este propósito lo que refiere D. Fray Juan López, obispo de Monópoli124:

«La autoridad con que començó el oficio el santo Inquisidor se vee por una provisión que los Reyes Católicos despacharon en la ciudad de Granada á quatro de Henero del año de mil y quatrocientos y noventa y dos, que dize así:

Sepades que nuestro muy santo padre125, viendo ser cumplidero   —428→   á servicio de Dios nuestro Señor é acrecentamiento de nuestra santa Fe Católica, á nuestra suplicación mandó dar é dió sus Bullas é provisiones para que el devoto padre F. Tomás de Torquemada, Prior del monasterio de Santa Cruz de Segovia, nuestro confessor é del nuestro consejo, fuesse Inquisidor general en todos los nuestros Reynos é señoríos contra los culpantes en los delictos de la herética gravedad. Por virtud de las quales Bulas dichas, é provissiones, el dicho padre Prior subdelegó ciertos juezes para el Obispado de Ávila y su diócesis, para que fagan la dicha inquisición é pesquisa contra los culpantes en el dicho delicto, é procedan contra ellos, según que más largamente se contiene en la Bula é provission que para ello dió nuestro muy santo Padre, é en la subdelegación é poder que dió el dicho padre Prior á los dichos Inquisidores126, por virtud de los quales dichos poderes los dichos juezes están haziendo é hazen la dicha Inquisición en el dicho Obispado de Ávila.

Al mismo padre se le da otro poder que se despachó en la ciudad de Granada, día y año ut supra, para que pueda enajenar y vender todo lo confiscado á sus Altezas, para gastos de la santa Inquisición, y cosas tocantes al servicio Real, para ayuda de costa y los salarios de los señores Inquisidores y de sus ministros y otros gastos extraordinarios. El traslado destas dos cartas están en el depósito de Santo Tomás el Real de Ávila.»



La Censura et confutatio libri Talmud tradujo por vez primera el texto ritual del código judaico, según lo expresó Fr. Fernando de Santo Domingo al dedicar aquella obra al Inquisidor general. Seguro éste de su fidelidad, encargó probablemente al dedicante ó á otro allegado, que tomando la Censura por base y norma trazase y dispusiese un compendio manual ó Instrucción judiciaria, y la encabezase con la siguiente intimación:

  —429→  

«Debe el Inquisidor estar muy advertido de las ceremonias, que suelen hacer los judíos, para poder hacer la audiencia con el reo y enterarse si trata verdad, y ayudar al reo á que enteramente diga todas las ceremonias. Y son las que se siguen las más ordinarias.»



Un ejemplar de semejante Instrucción, que no conocieron los Sres. Loeb y Graetz, nos presenta hoy D. Ramón Santa María127, copiado del original que del archivo de la Inquisición de Valencia ha venido al general central de Alcalá de Henares. Á la Instrucción se añaden las «declaraciones de las ceremonias de los ritos judaycos declarados por cierto judío Rabbí.» Con este último nombre sale designado Mosé Abenamías, rabino zamorano, en el proceso de Jucé Franco128. Estuvo prisionero en la cárcel inquisitorial de Segovia hasta que pasó, como vimos, por orden de Torquemada á la de Ávila. El silencio que sobre las deposiciones y destino ulterior de este judío rabí se nota en el proceso de Jucé Franco ha dado pie á M. Loeb para inculpar de negligencia ó de mala fe la actitud de los jueces ó del tribunal129 que constituían; pero el argumento cojea porque el rabino se excusó, á lo que parece, de toda participación en el delito, y de sus respuestas nada resultó en favor ni en contra de Jucé Franco. Sin ir de mala fe podían y debían guardar sobre él silencio los inquisidores, cuya lealtad ha sido comprobada por la Censura de una manera tan inesperada como inequívoca. Á cualquiera de intención malignante se le ocurrirá imaginar que todo lo tocante á la confesión de Jucé en la cárcel de la Inquisición de Segovia con el supuesto   —430→   rabí Abrahán en idioma judiego es burda farsa de la Inquisición y sugestión inverosímil; mas todo ello entra de lleno en la escena de la realidad ante el chorro de luz que brota del libro compuesto por el médico Antonio de Ávila y de la carta escrita por Torquemada (17 Agosto, 1490) á sus compatricios. Mosé Abenamías ¿fué autor de las declaraciones que siguen á la Instrucción, resultante de la Censura? Si así fué, ¿cómo explicar que pasasen á la Inquisición de Valencia? La respuesta no se hará difícil, si recordamos que el licenciado Juan López de Cigales había sido á la sazón trasladado como juez desde la Inquisición de Valencia á la de Ávila130, y que si redactó la Instrucción y le añadió las Declaraciones, no perdería la ocasión de agasajar á sus sustitutos en la ciudad del Cid con este presente.

Al terminarse la guerra de Granada, ardían en toda España dueñas del campo y sin oposición las Inquisiciones. Permitáseme escoger entre mil hechos, que lo demuestran, el auto verificado en Córdoba, á 5 de Enero de 1492, que el Cronicón de Valladolid apunta:

«Jueves V de henero de MCCCCXCII fizo justicia la Santa Inquisición en Córdoba, en que condenó á XXV varones vivos y siete mugeres vivas é á dos defuntos por hereges, los quales fueron quemados vivos ese mismo día á la puerta de Plasencia.»



El cúmulo de testigos, judíos y conversos, que con el sistema, defendido por la Censura et confutatio libri Talmud, vino á presentarse ante el Consejo de los Reyes Católicos era más que suficiente para promover el edicto del 31 de Marzo de 1492, fundado única y exclusivamente en el derecho y obligación de amparar la fe de los cristianos contra el proselitismo de los judíos131:

«Sabedes é devedes saber que, porque nos fuemmos ynformados   —431→   que en estos nuestros Reynos avía algunos malos christianos, que judaysavan é apostatavan de nuestra santa fe católica, de lo qual era mucha cabsa la comunicaçión de los Judíos con christianos, en las cortes que hesimos en la çibdad de toledo el año passado mill é quatroçientos é ochenta años mandamos apartar á los dichos Judíos en todas las çibdades, villas é lugares de los dichos Reynos é señoríos, é dalles juderías é lugares apartados donde viviesen, esperando que con su apartamiento se remediaría; é otrosí ovimos procurado é dado orden commo se hiziese inquisiçión en los dichos nuestros Reynos é Señoríos; la qual, commo sabeys, ha más de dose años que se ha fecho é fase, é por ella han fallado muchos culpantes, segund es notorio; é segund somos informados de los inquisidores é de otras muchas personas religiosas é eclesiásticas é seglares, consta é paresce el grand daño que á los christianos se ha seguido é sigue de la partiçipaçión, conversaçión, comunicaçión que han tenido é tienen con los judíos; los quales se pruevan que procuran siempre, por quantas vias é maneras pueden, de subertir é subtraer de nuestra sancta fe católica á los fieles christianos, é los apartar della..., lo qual consta por muchos dichos é confisiones, así de los mismos judíos, como de los que fueron pervertidos y engañados por ellos; lo qual ha redundado en gran daño é detrimento é obprobio de nuestra sancta fe católica. Y commo quier que de mucho parte desto fuemmos informados antes de agora y conocimos quel remedio verdadero de todos estos males estava en apartar del todo la comunidad de los dichos judíos con los christianos é echarlos de todos nuestros Reynos, quesímonos, contentar con mandarlos salir132 de todas las çibdades, é villas, é lugares del andaluzía, donde paresçía que avían fecho mayor daño creyendo que aquello bastaría para que los de las otras çibdades é villas é lugares de los nuestros Reynos é Señoríos çesasen de hazer é cometer lo susodicho; é porque somos informados que aquello, nin las justiçias que se han fecho en algunos de los dichos judíos, que se han   —432→   hallado muy culpantes en los dichos crímenes é delitos non basta para entero remedio...; por ende, nos con consejo é pareçer de algunos perlados é grandes é cavalleros de nuestros Reynos, é de otras personas de çiençia é conçiençia, aviendo avido sobre ello nuestra deliberaçión, acordamos de mandar salir todos los dichos judíos é judías de nuestros Reynos, é que jamás tornen á ellos, ni á algunos dellos.»



¿Cómo se hubo entonces D. Abrahán Senior? En él se ha fijado principalmente el Dr. Graetz al investigar quiénes podrían ser los instigantes apud Serenissimos Reyes, cuya sugestión combatieron los autores de la Censura et confutatio libri Talmud. Así que, á primera vista, no podrá menos de parecer acertado lo que acerca de tan famoso rabí apuntó el Sr. Amador de los Ríos133: «Entre la inmensa muchedumbre de los desterrados se contaban sus sabios y sus sacerdotes; con ella iba también á apurar las amarguras de la expulsión, demás de Rabbí Isahák Aboab, último príncipe ó gaón de los judíos castellanos, don Isahák Abarbanel, arrendador de las rentas reales, y don Ahraham Senior, antiguo consejero de Isabel I, Rabb mayor de las aljamas hebreas y Factor General de los ejércitos que habían conquistado á Granada.»

Esto mismo parece resultar del documento que cita el bachiller Andrés Bernáldez, cura de los Palacios134: «Vinieron á Francia y á España muchos en muchas veces, que se libertaron por diversas maneras é modos, de donde estos que este tiempo eran vivos procedieron, así en linaje como en contumacia; de los quales se fallaron en los reynos de Castilla treinta mil vasallos y más, que eran treinta mil casas é más; de lo qual escribió Rabí Mair al Rabí mayor Don Abrahán Señor, su suegro, por verdad supiese que desterraban el Rey y la Reyna treinta y cinco mil vasallos, que eran treinta y cinco mil casas de judíos.»

Si D. Abrahán Senior hizo hincapié en la estadística de los judíos de Castilla, que su yerno D. Mair le aseguró ser verdad,   —433→   y lo hizo argumento para impedir que los Reyes se resolvieran á dar el edicto de expulsión, opino que con ello, lejos de quitar, no hizo sino añadir leña al fuego. El crecido número de los judíos, cuanto mayor se declaraba, otro tanto aumentaba el riesgo de proselitismo, ó de seducción religiosa, que á toda costa querían los Reyes evitar, y alegaron como única y prepotente razón del edicto. No se determinaron, suegro y yerno, á beber el cáliz de amargura. En España se quedaron, conservando sus bienes y honores, porque se hicieron cristianos quince días antes que espirase el plazo fatal, como lo testifica el Cronicón de Valladolid:

«En 15 de Junio, viernes, en la tarde fueron bautizados en Santa María de Guadalupe Don Abraén Senior é su hijo Don [...] que mientra judíos se llamaban; é por la gracia del Espíritu Santo recibieron agua de Espíritu santo. Fueron padrinos el Rey é la Reyna nuestros Señores y el Cardenal de España135. Diéronles por linaje Coroneles: al padre llamaron Ferrand Pérez Coronel; al fijo Juan Pérez Coronel136.

Asimesmo se convirtieron é fueron baptizados esa mesma hora, -é fueron los sobredichos Rey é Reyna padrinos é Cardenal de España,- Rabí Mayr é dos fijos suyos que se llamaban quando judíos. Al Rabí Mayr llamaron Ferrand Núñez Coronel, y al un fijo mayor Pero Núñez Coronel y al segundo Francisco Núñez Coronel.»



Este dato, corroborado por las crónicas hebreas que cita el Dr. Graetz137, á nadie ha de causar extrañeza. Ya hemos visto cómo el Inquisidor general, carteándose (17 de Agosto de 1490) desde Segovia con sus compatricios de Torquemada, les escribía: «En lo que dezís del arrendamiento de las alcavalas de essa villa, yo fablé con don Abrahán Senior cerca dello en presencia destos vuestros mensajeros, y me dixo cómo por este año estava ya fecha la renta á Diego de la Muela que la ha tenido los años passados; pero que en los años venideros faría todo lo que yo quisiesse é mandásse.» Con semejantes antecedentes no se comprende   —434→   que el Rothschild español de fines del siglo XV quisiese romper por todo con la Inquisición; ni es de creer tomase con gran calor la defensa de sus correligionarios en las contiendas que inauguró la Censura et confutatio libri Talmud.





Madrid, 3 de Febrero de 1893.

Fidel Fita.



 
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