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La Justina

Comedia nueva en tres actos

Gaspar Zavala y Zamora

[1]

PERSONAJES

ACTORES           

                                  
LORD WANTAIN, bajo el nombre de MANUEL DE LA TORRE.
MILTON, y el ejercicio de Mercader, padre de
AILSON, enamorado de Justina. MANUEL GARCÍA.
JUSTINA, hija de Madama. LA SRA. JUANA GARCÍA.
MADAMA, la Condesa de Aspurgo Viuda. LA SRA. ANDREA LUNA.
EL BARÓN DE LAIN, Coronel Francés, JOSEF VALLÉS.
        prometido esposo de Justina.
CECILIA, Camarera de la Condesa. LA SRA. POLONIA ROCHEL.
ESTRUK, Criado del Barón. MARIANO QUEROL.
UN AYUDANTE. RAFAEL RAMOS.
UN CORREO INGLÉS. TADEO PALOMINO.
UN CRIADO de la Condesa. FRANCISCO GARCÍA.
UN NOTARIO. JUAN CODINAS.

La escena se representa en una Quinta de Madama cerca de París.





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Acto primero

     
 

Apartamento de la CONDESA, y sale MILTON llorando por la derecha, y JUSTINA por la izquierda observando.

 
MILTON Lloremos, ojos, lloremos
la afrenta con que vivimos
pues mi desgracia lo quiere
JUSTINA Milton, pues qué ha sucedido,   (Sobresaltada)
¿qué llora usted?
MILTON                           Son pensiones 5
de mundo.
JUSTINA                  ¿Qué Ailson, vuestro hijo,
murió acaso?
MILTON                      No señora,
aunque sin algún alivio
en sus males, vive.
JUSTINA                               ¡Ah! yo,
señor Milton, he creído 10
que no le cuida usted bien.
MILTON Soy su padre, y mi cariño
no omite cosa que pueda
mejorarle. Pero el chico,
señora, está tan tenaz 15
en ocultar el principio
de su mal...
JUSTINA                    ¿Pero qué dicen
los médicos?
MILTON                      Mil delirios
que les sugiere su ciencia
engañosa. Han acudido 20 [2]
con mil remedios, y al cabo,
mi Ailson, se ve poseído
de aquella melancolía
que antes.
JUSTINA                ¡Oh, cuánto he sentido
su mal! Pobre joven: ¡ah! 25
Si yo tuviera en mi arbitrio
el curarle... si pudiera...
MILTON ¡Qué piadoso, qué sencillo
corazón! ¡Cuánto, señora,
Ailson y yo os vivimos 30
obligados! Vuestra madre,
son tantos los beneficios,
que me dispensa también
en el tiempo que me miró
su huésped...
JUSTINA                      Deje usted 35
ahora de repetirlos,
señor Milton, y pensemos
cómo ha de tener alivio
Ailson.
MILTON             Él tan solo puede
hallarle si tiene juicio. 40
JUSTINA ¿Cómo?
MILTON             Fiando a su padre
el mal que hoy tiene dominio
sobre él.
JUSTINA               Si supiera yo
que no había de reñirlo
Mamá...
 

(Por la derecha entra MADAMA.)

 
MADAMA                ¿Qué hicieras, Justina? 45
 
(Saluda a MILTON.)
 
JUSTINA Ver a Ailson.
MADAMA                      Sí, que es muy digno
de esa piedad. ¿Cómo está?
MILTON Obstinado en no decirnos
el origen de sus males.
Come poco, y halla alivio 50
en la soledad: suspira,
llora, y entregado al mismo
sentimiento está.
JUSTINA                            ¡Qué pena!
MADAMA Id a instarle, que yo fío
que se declare con vos: 55
decidle cuánto sentimos
su mal, y que a visitarle
pasará nuestro cariño
dentro de un rato.
MILTON                              Está bien,
señora: cuánto, hijo mío, 60
siento haber hoy de decirte
el deshonor con que vivo.   (Vase.)
MADAMA ¡Mucho a Milton compadezco
desde el instante que quiso
confiarte sus desgracias! 65
Y si yo...
 

(Sale el CRIADO.)

 
CRIADO                  Este instante mismo
llegó Estruk, y solicita
entrar.
MADAMA           Que entre.
JUSTINA                            Si mi primo
vendrá hoy.
 

(Sale ESTRUK de lacayo.)

 
ESTRUK                      De V. E.
sus pies a quien ha venido 70
despeado por traer
una mala nueva.
MADAMA                           Dinos
cuál es.
ESTRUK             Es que mi señor,
y vuestro amado sobrino,
estará aquí antes de una hora 75
con un escriba y testigos,
para cerrar los conciertos
de su boda.
MADAMA (Con viveza.)   ¿Ha conseguido
el gobierno?
ESTRUK                    No señora,
pero en este día fijo 80
ha de quedar despachado.
MADAMA ¿Quién lo asegura?
ESTRUK                               El Ministro
MADAMA Toma este luis por la nueva.
(Dale una moneda.)
ESTRUK Si aprecio tan excesivo
pagáis las malas...
MADAMA                               Pues ésta, 85
¿qué tiene de malo?
ESTRUK                                 Lindo,
lo que no tiene de bueno.
Pues si llamó un entendido
al huérfano sanguijuela,
cantárida al mal sobrino, 90
y ventosa al mejor yerno,
desahuciada os imagino,
pues tres remedios mayores
esperáis con regocijo.
MADAMA Locuras tuyas. Ve y di 95 [3]
a Roberto, que al proviso
vaya a mi cuarto y espere.
ESTRUK Voy: por Dios que me lastimo
de ver que cargué una tronera
con tal prebenda. Un hechizo 100
es la Justina.   (Vase.)
MADAMA                     Hija mía,
si como Estruk nos ha dicho
sale despachado hoy
tu primo, será preciso
que al instante te desposes 105
con él, como has ofrecido.
Y así disponte a seguir
los documentos continuos,
que para ser venturosa
con él te ha dado el cariño 110
y experiencia de tu madre.
JUSTINA Yo procuraré seguirlos,
de modo que usted conozca
lo mucho que los estimo.
MADAMA Es muy propio de tu amor. 115
Vaya, vente ahora conmigo;
a ver a Ailson, pues es justo
que oigamos también los gritos
de la humanidad, corriendo
a dar al que está afligido 120
algún consuelo.
JUSTINA                          Sí, vamos,
madre. Alma, ¿qué regocijo
es éste, qué conmoción
es la que las dos sentimos
al ir a ver a ese joven? 125
No lo sé: pero imagino
que todo este sentimiento
que me tomo en sus conflictos,
es muy muerto para amor,
y para piedad muy vivo.   (Vanse.) 130
 

(Aposento más largo, déjase ver AILSON en traje de casa, sentado en una silla como consternado. Reconoce la estancia con descaecimiento, junta las manos, clava un corto instante los ojos en el Cielo, y con la mayor expresión dice:)

 
AILSON ¡Desgraciado Ailson!
 

(Vuelve a dejarse caer con mayor tristeza, y sale observando.)

 
CECILIA                                    ¡Qué pena
me da verle tan rendido
a su tristeza! ¿Si acaso
le habrán dado algún hechizo?
 

(Vuelve AILSON los ojos con ternura a la derecha.)

 
AILSON ¡Oh, Justina! ¡Oh casa infausta 135
para mí!
 

(Se levanta con furor, sale CECILIA, y al verla se modera.)

 
CECILIA                Bueno, muy lindo
¿al cabo de tres semanas
de récipes y embolismos
estamos así? Por Dios
que hasta ahora nos ha lucido 140
el dineral que ha gastado
mi ama en emplastos continuos
y médicos para usted.
AILSON ¡Ay mi Cecilia!
(Asiéndola la mano.)
CECILIA                          Quedito,
que tengo tiernas las manos. 145
AILSON El rigor de mi destino
no es enfermedad que puede
hallar en ellos alivio.
CECILIA ¿Qué destino ni qué drogas?
Usted ha perdido el juicio 150
sin duda. ¿No tiene un padre
bueno como el buen pan? digo,
por darle a usted barro a mano
que gastar, ¿no es el más fino
logrero que en el comercio 155
se halla? ¿Usted no es un continuo
holgazán, mientras el viejo,
en su despacho metido,
hace por juntar talegas
para que malgaste el niño? 160
Pese a las tripas de usted,
¿qué le falta? ¿un tabardillo?
Que me quejara yo, vaya:
¿pero usted? ¿no es un delirio?
AILSON ¡Ay Cecilia!
(Con más expresión)
CECILIA                    No salgamos 165
de ahí.
AILSON            Con qué regocijo
trocaría yo mi suerte...
CECILIA ¿Con quién?
AILSON                     Contigo.
¡Ay, qué poco sabe usted
lo que pasa de martirios, 170
Cecilia! Por no aguantar [4]
aquel melindre continuo,   (Remedándola.)
de Justina... Oh, y comparada
con el fiero basilisco
de la madre, es una malva. 175
Madama Aspurg: tabardillo
me da el verla aquel semblante,
que parece de continuo
noche de truenos. Jesús,
a no ser porque confío 180
irme con la señorita
luego que haya concluido
su boda...
AILSON                ¡Qué oigo! ¿Su boda?   (Sorprendido.)
CECILIA Pues.
AILSON        ¿Justina?
CECILIA                      Sí.
AILSON                           Yo espiro.   (Aparte.)
¿Con quién?
(Con descaecimiento.)
CECILIA                    Vaya, que está usted 185
atrasado según miro
de noticias.
AILSON                    Es verdad.
CECILIA Con su primo.
AILSON                        ¿Quién?   (Con eficacia.)
CECILIA                                     Su primo.
AILSON ¿El Barón?
CECILIA                   El Barón, sí;   (Con impaciencia.)
por otro nombre el sobrino 190
de la ama: Jesús, ¡qué tonto
está usted! Hace mil siglos
que se trató de esta boda,
y le dio el sí de un principio
mi señora.
AILSON                  ¿Quién, Justina?   (Con sobresalto.) 195
CECILIA No, no, mi señora digo,
Madama Aspurg, la querida
Mamá. ¿Me habéis entendido
ahora?
AILSON            Sí, no te enfades,
y prosigue.
CECILIA                   Pues prosigo. 200
Le dio el sí con condición
que antes le diera el Ministro,
el gobierno de Orermun.
AILSON ¿Y qué se le ha concedido?   (Con viveza.)
CECILIA ¿Soy costal, que he de vaciarlo 205
a un tiempo todo? si digo
que os vais volviendo insufrible.
¡Jesús, y qué torbellino
de hombre! No le concedió,
pero (según Estruk dijo) 210
saldrá hoy mismo despachado:
el concierto concluido
dejarán aquesta tarde,
y a más tardar imagino
que se casarán mañana. 215
Ya cuanto sabía he dicho.
Si usted quiere más, traeré
un catálogo instructivo
de las galas y regalos,
porque según hoy le miro 220
de impertinente y curioso,
está dando usted indicios
de expelerse enfermedad
incógnita por el pico.
 

(Vase por la izquierda.)

 
AILSON ¿Justina casada? Oh, falte 225
aún el día a mis suspiros.
 

(Se sienta penetrado del mayor dolor, y sale por la derecha.)

 
MILTON Allí está. Amor, no cedamos
hasta apurar el principio
de su pena. Ailson amado.
AILSON Padre.
(Queriendo levantarse.)
MILTON           No te muevas, hijo. 230
¿Cómo te sientes?
AILSON                              Señor,
más huye de mi el alivio
cada vez.
MILTON                Vaya, una prueba
hoy de tu obediencia exijo,
y tu amor. Solos estamos, 235
(Mirando la estancia.)
Ailson. Parte ya conmigo
tus penas: descubre a un padre
que miras enternecido
tu corazón: tu dolencia
tiene un oculto principio 240
que no alcanzó. Ha más de un mes
que te veo poseído
de una gran melancolía,
cuya causa no has querido
confiarme. Tú suspiras, 245
tú en los Cielos de continuo
clavas los ojos, y aun, sí,
asomarse a ellos he visto
tus lágrimas. Pues no, Ailson, [5]
llega, y en el seno mío 250
(Abrazándole hasta su tiempo.)
las derrama, porque, unidas
a las que por ti destilo
yo también, ahoguen cuanto antes
a este caduco afligido. 255
Habla, sí, todos mis bienes
son tuyos: con regocijo
te cederé mi comercio
si tú quieres, hijo mío,
reservando para mí 260
el placer de ser tu amigo
y bienhechor.
AILSON                      ¡Ah buen padre!
(Mirándole con ternura.)
ninguno muere oprimido
del deseo de adquirir
riquezas. Yo no codicio 265
a lo menos otros bienes,
ni otras fortunas os pido,
que aquesa continuación
de vuestro amor. Yo os afirmo
que quisiera merecerle, 270
señor, cediendo al proviso
a vuestras instancias: pero
mi corazón... mi martirio...
 

(Cae trastornado en los brazos de MILTON.)

 
MILTON Hijo, Ailson, no así te dejes
vencer de tus desvaríos. 275
Alienta: sal a esparcirte,
y no en tu rostro un indicio
de pesar hallen Madama
Aspurg y el bello prodigio
de Justina.
AILSON                                 ¡Oh Cielo! ¡oh Cielo! 280
(Incorporándose con viveza.)
MILTON Mira que este instante mismo
vendrán a verte las dos.
AILSON ¿Madama? ¿Justina?   (Con sobresalto.)
MILTON                                  Sí, hijo.
AILSON Corazón, no las veamos.
 

(Levantándose con precipitación y asiendo de la mano a MILTON para partir.)

 
Vamos, vamos, padre mío, 285
salgamos ya de esta casa.
 

(Salen por la derecha MADAMA ASPURG y JUSTINA: detiénese AILSON, y al ver a JUSTINA demuestran ambos la mayor conmoción.)

 
MADAMA ¿Pues qué, Ailson, tan mal servido
estáis en ella?
AILSON                       ¡Esto más!
JUSTINA Alma, alma, ¿qué sentimos   (Con impaciencia.)
al verle? ¡qué inquietud ésta 290
tan nueva en mí!
AILSON                            Yo os afirmo,
señora, que en vuestra casa   (Con intención.)
halló, Ailson, cuanto ha podido
desear: pero mis males
ponerme hoy han conseguido 295
tan intratable, que temo
ofender vuestro benigno
corazón.
MADAMA               No lo temáis.
JUSTINA Madre y yo lo que sentimos
es que usted padezca tanto, 300
y que de ningún alivio
le sirvan tantos remedios.
AILSON Ociosos los imagino,
pues a dolencia ignorada
no hay remedio conocido. 305
JUSTINA ¿Por qué usted no la descubre?
AILSON(1) Señora, porque he creído
que no tiene ya remedio
el mal que callo.
MADAMA                            Es delirio,
Ailson, que todos los males 310
le tienen.
AILSON                Menos el mío,
que es de tal naturaleza
que si buscarle he querido
remedio, el mismo remedio
ha acrecentado el martirio. 315
JUSTINA Pero ¿por qué no probáis
una vez a descubriros
a otro?
AILSON            No os molestéis más
en inquirir mis delirios,
que estoy resuelto a callarlos, 320
por más que sienta sentirlos.
JUSTINA Muy mal pagáis la piedad
que a las dos habéis debido.
AILSON Quizás la pagara menos [6]
que en callarlos, en decirlos. 325
MADAMA ¿Cómo?
AILSON              Cómo os obligaba
a buscarme algún alivio,
sabiendo yo que no le hay.
Y así, si algún beneficio
queréis añadir a tantos 330
como tengo recibidos,
no exploréis mi mal, dejad
que acabe mi mal conmigo.
MADAMA Si nos dais una palabra
vos, al punto convenimos. 335
AILSON ¿Cuál?
MADAMA          Que habéis de hacer en todo
lo que yo os mande.
AILSON                                  Lo afirmo,
pero si es vuestra intención
dar consuelo a mi afligido
corazón, sabed que sólo 340
le halla en su tormento mismo.   (Vase.)
JUSTINA ¡Con qué gusto se le diera
yo, si estuviera en mi arbitrio!
MADAMA No os desconsoléis, Milton,
que yo tomo a cargo mío 345
la salud de Ailson.
MILTON                               Me temo...
 

(Sale el BARÓN con uniforme de montar, y látigo en la mano.)

 
BARÓN DE LAIN Pues, lo que yo había dicho.
en el último rincón
de la casa era preciso
que estuvieran madre e hija. 350
¡Jesús, y lo que he corrido
en un instante! Por eso,
con todos cinco sentidos
aborrezco estos palacios
encantados, que aunque a gritos 355
aturda uno hasta las tapias,
nadie oye.
MADAMA                 Señor sobrino,
¿qué salutación es esa?
qué efecto de poco juicio...
BARÓN DE LAIN Bueno: ¿empieza usted ya, tía? 360
¿ha de estar todo este siglo
riñendo? ¡Jesús, qué genio
tan regañón! consumido
me tenéis con ese gesto   (Con intrepidez.)
tan opaco y, saturnino 365
siempre. Pase a mí, aprended
de vuestro amado sobrino,
que hecho está una castañuela
todo el día. Y os afirmo,
que a no ser tan placentero, 370
me hubieran ya consumido
la circunspección, melindre,
quirotecas y cumplidos
de la Corte. Es un tormento
para mí el ir presumido 375
y soplado, hecho un fantasma
todo el día. No, abomino
la secatura. Franqueza,
franqueza, y más que los dignos
Catones, con su semblante 380
tercianario y carcomido
me armen una pelotera.
Pero antes que un torbellino   (Mesurado.)
de sentencias venga a mí,
quiero haceros el debido 385
cumplimiento: tía mía,
buen Milton, seré y he sido
vuestro siempre. Mi Justina...
 

(Abraza con desenvoltura a MADAMA, besa a MILTON, va a abrazar a JUSTINA, y le detiene MADAMA.)

 
MADAMA ¿Qué haces, tronera?
BARÓN DE LAIN                                  Un cumplido.   (Con frialdad.)
MADAMA La voz basta para hacerle: 390
esos extremos son hijos
de la intrepidez, y ofenden
el recato conocido
de una soltera.
BARÓN DE LAIN                        ¡Qué bueno!
usted criada a lo antiguo 395
desconoce el bello gusto
de estos marciales estilos.
Pero a bien que la impondrá
en ellos su buen sobrino
bien presto. ¡Qué disparate! 400
¡Cuándo un abrazo ha ofendido
el recato de una niña!
Vaya, no hubiera creído
en el talento de usted
semejante desvarío. 405
Y al fin, cuando nos queramos
parar en tales pelillos,
¿no es mi prima, y he de ser [7]
yo mañana su marido?
vaya. Pero me parece 410
que en un desierto predico,
¿no es verdad? ¡Ay Justinita!
¡qué dilatado martirio
te habrán hecho padecer
el peso, medida y juicio 415
de Mamá! pero a bien que
bajo de este sobre escrito
(Saca un pliego cerrado y se le da a MADAMA.)
viene ya tu libertad.
MADAMA Más moderación, sobrino.
BARÓN DE LAIN Ah sí, ya no me acordaba. 420
 

(Abre MADAMA y lee para sí.)

 
Milton, ¿qué hace vuestro hijo?
¿murió ya, o está mejor?
¿Qué es lo que el médico ha dicho?
MILTON Señor, nada. Ailson se está
lo mismo que en un principio, 425
sin saber qué es lo que tiene.
BARÓN DE LAIN Eh, sin más me ratifico
en que el médico es un bruto.
¿Tiene, Ailson, bien prevenido
el bolsillo?
MILTON                  Lo que quiere. 430
BARÓN DE LAIN ¿Vos (con claridad amigo)
le vais siempre a los alcances
en su gusto?
MILTON                    Yo he creído
que no.
BARÓN DE LAIN             ¿Sois impertinente?
MILTON Tan solamente conmigo. 435
BARÓN DE LAIN No, pues está enamorado.
MILTON ¿Qué decís?
BARÓN DE LAIN                    Lo dicho, dicho.
¡Un joven con libertad
entera, y un buen bolsillo,
triste! vaya hasta las cachas. 440
MADAMA Y bien: ya, señor sobrino,
(Volviéndole el pliego.)
se ve usted gobernador
de Otermun: mañana mismo
se casará con Justina,
y serán dos los motivos 445
que tenga para pensar
con más asiento y más juicio
que hasta aquí.
BARÓN DE LAIN                         ¿Pues qué se opone
a los cargos que recibo
mi alegría?
MADAMA                  No, mas siendo 450
el buen humor excesivo,
suele hacer extravagante
a quien le gasta, e imagino
que así a un jefe en su despacho
como en su casa a un marido, 455
la severidad les hace
respetados y temidos.
 

(Sale el CRIADO.)

 
CRIADO Señora, el Conde de Aublin
llegó ahora.
BARÓN DE LAIN                    ¿Quién, mi amigo
el Mariscal? Oh, me alegro: 460
vamos a verle al proviso
Mamá: verá usted que rato
pasamos tan divertido
con él: es buen mozo, así
no fuera tan presumido 465
y taciturno.
MADAMA                   Justina,
mientras yo al Conde recibo
vete a divertir un rato.
Milton, a Dios. Ven, sobrino.
BARÓN DE LAIN Justinita, soy muy tuyo 470
con el respeto debido;
porque Mamá no regañe,
abur, abur, abuelito.
Madama Aspurg, san fasón.
 

(Coge del brazo a MADAMA y se la lleva con intrepidez.)

 
JUSTINA Ah, qué genio tan distinto 475
del de Ailson. Señor, a Dios.   (Vase)
MILTON Él os guarde: afecto mío
ven a discurrir el medio
de declarar mis conflictos
a Ailson, sin acrecentar 480
la tristeza que en él miro.   (Vase.)
 

(Jardín espacioso con árboles, fuentes, estanques y perspectivas. Sale AILSON por la derecha poco a poco.)

 
AILSON ¡Cuán deliciosa, cuán dulce
en todos tiempos ha sido
la soledad para un triste!
¡Cuán agradable el retiro 485
de un parque, donde los troncos
solamente son testigos [8]
de su dolor! ¡Oh vergel
 

(Juntando las manos con expresión, y reconociendo pausadamente el jardín con extremos de dolor.)

 
venturoso! ¡Oh sitio, oh sitio
para mi funesto! ¡Cuánto   (Con más viveza.) 490
más alegre tu recinto
pisó Ailson la vez primera!
Día infeliz, día impío
aquél en que incautamente
de aquel rosal escondido 495
notaba los movimientos
de Justina, y su divino
rostro contemplaba. Allí,
corazón mío, la vimos
veces distintas cogiendo 500
con sus dos manos de armiño
mil flores: aquí solía
sentarse, y con el aliño:
más gracioso entretejer
un ramo, que en su sencillo 505
pecho colocaba. Ah,
más venturoso le hizo
que a mí. Tal vez fatigada,
de ese raudal cristalino
bebía, y luego buscaba 510
su rostro hermoso y festivo
en su corriente. No veo
en este ameno recinto
cosa que mi desventura
no acuerde. Todo testigo 515
fue de mi amor, sealo,
pues, también de mis suspiros.
 

(Siéntase a la orilla de un estanque donde permanece llorando, y enjugándose sale por la izquierda.)

 
JUSTINA ¿Qué será que en parte alguna
te hallas bien, corazón mío?
¿Qué tienes que te disgusta 520
la sociedad, y el retiro
apetece?; pero males,   (Con alborozo.)
¿no es Ailson el que allí miro
entregado a su tristeza?   (Con pena.)
él es, y con dolorido 525
llanto el suelo riega.
AILSON                                 Yo
(Con alguna entereza.)
pude dar tan necio abrigo
en mi alma a una pasión
tan ridícula? ¿Yo avivo
una llama que debiera 530
a pagar en un principio?
¿Qué espero yo de este amor?
¿qué me prometa? ¿a qué aspiro
neciamente? ¿A que Justina
corresponda a mis delirios? 535
¡Ah, qué extravagancia! ¿sabes,
Ailson, quien eres? un hijo
de un mercader. ¿Y Justina?
de un solar esclarecido
de Francia, hija del Duque 540
de Aviñón; ah, pues si miro
que soy yo nada, y lo es todo
Justina, vanos y altivos
pensamientos moderaos,
sofocaos y reprimíos 545
de una vez. Oiga Justina
mis ansias: sepa cuán vivo,
cuán puro y respetuoso
es este ardor que hoy dedico
a su hermosura. Y si acaso 550
te moviesen mis suspiros,
y hacerme dichoso quieres,
pasa al corazón sencillo
de Justina la mitad
del amor que hay en el mío. 555
Sienta este mismo dolor,
experimente estos mismos
transportes, y su alma pruebe
la delicia, el regocijo
que me causa una mirada 560
de las suyas. ¿Mas qué pido?
¿cómo ha de escuchar el Cielo
la voz de mis desvaríos?   (Se levanta.)
No, Justina, yo te ofrezco
todo el respeto debido 565
a tu grandeza. Sabré
disimular mi martirio:
sabré callarte mi amor:
sabré morir: sólo pido
con amargo llanto que antes 570
que cierre mis doloridos
ojos, para siempre logren
ver los tuyos peregrinos
un solo momento afables:
lógrelo, y muera al proviso. 575 [9]
 

(JUSTINA durante estos discursos habrá manifestado al espectador con acción viva los sentimientos de amor, de piedad y de nobleza, que excitarán en su interior las palabras de AILSON: al llegar aquí, como impelida de una pasión violenta, sale enajenada gritando con viveza.)

 
JUSTINA Ailson.
 

(AILSON sorprendido de la voz vuelve el rostro, y al ver a JUSTINA se arrodilla a sus pies arrebatado: JUSTINA con la mayor agitación reconoce con temor repetidas veces la estancia, permaneciendo sin hablar un corto instante.)

 
AILSON                Cielos, Justina.
JUSTINA ¡Oh Dios, si alguno escondido
verá mi flaqueza! Alzad,
alzad, Ailson. Yo espiro.
AILSON ¿Qué en fin, amable Justina, 580
supisteis ya mi delito?
JUSTINA Sí, Ya escuché vuestro amor;
pero mi madre... mi primo...
(Como avergonzada y sin mirarle hasta su tiempo.)
vuestro nacimiento...
AILSON                                   Sí,
sí, sé que el más atrevido 585
de los hombres soy: sí sé
que soy un objeto indigno
de vos; pero sé también
que vuestros ojos divinos
me influyeron este amor, 590
que ya no basto yo mismo
a callar: soy acreedor
al más severo castigo,
lo veo; pero seréis
indulgente...
 

(JUSTINA fija con ternura los ojos en él un instante, y dice:)

 
JUSTINA                      Sí querido 595
Ailson, seré indulgente;
pero infelice.   (Llora.)
AILSON                      ¡Qué miro!
¿Lloráis?
JUSTINA                Sí.
AILSON                    ¿Quién os obliga?
JUSTINA Los males vuestros.
AILSON                                ¿Los míos?
JUSTINA Sí, pues no basto a aliviarlos, 600
cuando he llegado a sentirlos.
AILSON ¿Vos los sentís?
JUSTINA                           Lo confieso.
Sí: cuanto había creído
hasta aquí piedad, amor
era todo, ya lo he visto. 605
Amor: más, qué amor, Ailson,
amor que ha de conducirnos
a las mayores desgracias.
AILSON ¿Cómo?
JUSTINA               Siendo tan preciso,
que antes de habernos hallado, 610
nos hayamos ya perdido.
AILSON ¿Por qué?
JUSTINA                 Por que estoy casada.
AILSON ¿Aún no lo estáis?
JUSTINA                              Es lo mismo,
pues lo ha ofrecido mi madre
y a mí me es fuerza el cumplirlo. 615
AILSON Esa es violencia.
JUSTINA                            Es respeto.
AILSON Es tiranía.
JUSTINA                 Es martirio.
AILSON Es cobardía.
JUSTINA                     Es razón.
AILSON Es poco amor.
JUSTINA                        Es destino
de una infeliz.
AILSON                        ¿Qué ya estáis 620
resuelta?
JUSTINA               No hallo camino
de huir mi desdicha.
AILSON                                 Hablad
al Barón.
JUSTINA               Me ha pretendido,
y está enamorado.
AILSON                              Id
a vuestra madre.
JUSTINA                           Ha ofrecido 625
mi mano, y ahora no tiene
causa para no cumplirlo.
Y en fin Ailson...
AILSON                             ¿Qué decís?
JUSTINA ¡Dura suerte! nada, idos,
idos, y dejadme.
AILSON                           ¿Es ésta 630
la esperanza, éste el alivio [10]
que me dais?
JUSTINA                     ¿Pues qué queréis
de mí, qué?
AILSON                   Nada: y pues miro
la adversidad de mi estrella:
tomad, acabe el benigno 635
(Dala una pistola.)
rigor del plomo mi vida;
disparad, y sed conmigo
piadosa una vez.
JUSTINA                            ¿Pues qué
discurrís que necesito
de este instrumento alevoso 640
tal vez para conseguirlo?
No, muerte más rigurosa
(Guardando la pistola.)
y breve a vuestros delirios
sabré yo dar.
AILSON                      ¿Cuál es?
JUSTINA                                      Ésta,   (Abrazale.)
que es la que tú has merecido, 645
Ailson. Ya Justina es toda
de su ternura: el cariño
y tu persuasión triunfaron
de mi altivez de mi mismo
respeto, y de cuanto tiene 650
más incontrastable y digno
el honor y la virtud.
A unirme voy con mi primo,
sí; pero mi corazón
será de quien ha sabido 655
con ese arte encantador
merecerlo y adquirirlo.
Ailson será en el mundo
sólo el objeto querido
de Justina. Vivirá 660
por ti, sí: y nuestros sencillos
corazones se amarán,
sin ser nunca corrompidos
por la culpa: y si los Cielos...
AILSON Calla, y no mis desvaríos 665
aumentes: ¿tú unirte al fin
con el Barón? ¿Podré oírlo?
¿podré verlo?
JUSTINA                      No me culpes
a mí, culpa tu destino,
pues si nacieras mi igual... 670
AILSON ¿Fueras mía?
JUSTINA                      ¡Ay, mi querido
Ailson, y qué venturoso!
AILSON Pues una vez que ha querido
el Cielo al nacer negarme
el privilegio aprensivo 675
de la grandeza, tan sola
una fineza te pido.
JUSTINA Ya la tienes concedida,
¿cuál es?
AILSON               Qué con un fingido
pretexto no firmes hoy 680
los conciertos con tu primo.
JUSTINA ¿Pues qué intentas?
AILSON                                Apelar
a los prodigios continuos
de la fortuna. Mi padre
me ama de veras, es rico, 685
tiene amigos en la Corte,
y...
JUSTINA      No más, ya te he entendido,
y te ofrezco dilatarlo
cuanto pueda.
AILSON                       Pues no aspiro
a perder el tiempo. A Dios, 690
Justina.
JUSTINA             A Dios, mi querido
Ailson, y si la fortuna
no protege tus designios,
no podrá estorbar que sea
tuyo este corazón mío. 695
AILSON ¡Oh qué ventura!
JUSTINA                            ¡Qué extremo!
AILSON ¡Qué placer!
JUSTINA                     ¡Qué regocijo!
A Dios.
AILSON              A Dios.
JUSTINA Y AILSON                           Y el amor,
por uno de sus prodigios,
haga que no se desunan 700
dos almas que él mismo ha unido.

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