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1

«No creemos aventurado enlazar con aquellos juegos y remembranzas del siglo XV, las representaciones sagradas que hoy siguen representándose en los templos leoneses los días de Navidad y de Epifanía», pág. 8 de «Autos de nacimiento leoneses», Archivos leoneses 1.2 (1947), 7-31.

 

2

«Nuevos indicios de la existencia de un teatro medieval en Castilla», Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, 8 (1980) 159-191; «Tradicionalismo en el primitivo teatro castellano: los autos del ciclo del Officium Pastorum», Calderón. Actas del Congreso Internacional sobre Calderón y el teatro español del Siglo de Oro, Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1981, págs. 1715-1730; La pastorada leonesa. Una pervivencia del teatro medieval (Estudio y Transcripciones de partes musicales de Lothar Siemens Hernández), Madrid: Sociedad Española de Musicología, 1982; «Romancero y teatro popular en la tradición oral castellano-leonesa», Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, 38 (1983), 37-54, y «La pastorada de Laguna de Negrillos (León)» Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, 39 (1984), 257-274. Vid. también, «Los autos religiosos en España», introducción al catálogo de la exposición El auto religioso en España, presentada en el Teatro Albéniz de Madrid durante los meses de febrero y marzo de 1991, y publicado por la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, Madrid: Imprenta de la Comunidad de Madrid, 1991, págs. 15-30.

 

3

La pastorada leonesa. Una pervivencia del teatro medieval, ya citado, pág. 23.

 

4

Cf. H. López Morales, «Sobre el teatro medieval castellano: status quaestionis», Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, 14 (1986), 99-102.

 

5

Joaquín Díaz y L. Alonso Ponga, Autos de Navidad en León y Castilla, León: Santiago García, 1983, dicen: «... estos Autos [...] responden a una tradición clásica, pero pensamos que su composición es reciente; tal vez, a fines del siglo XVII o comienzos del XVIII», pág. 66, y Ángel Gómez Moreno, El teatro medieval castellano en su marco románico, Madrid: Taurus, 1991, comenta: «En este momento, sólo Trapero, tras López Santos, defiende el medievalismo de la pastorada o corderada, algo que, tras revisar los textos, resulta muy difícil de aceptar; sin embargo, ello no es óbice para que, como de hecho parece ocurrir, alguno de los poemas con que se celebraba la Navidad pertenezcan al siglo XVI e incluso al siglo XV», pág. 46.

 

6

Frente a la opinión de López Santos, quien pensaba que las partes cantadas eran «las más antiguas» de la pastorada, Trapero cree que se trata de la anunciación: «El estudio del léxico; de algunas construcciones sintácticas, de algunos fenómenos fonéticos, de su estructura lingüística, en suma, nos evidencia que la parte nuclear de la obra, la de más notable antigüedad y la de más indubitable personalidad de esta tradición leonesa gira en torno al anuncio del Ángel y los consiguientes diálogos entre los pastores. Y estas son partes recitadas y no cantadas. Es el núcleo dramático del auto, sin lugar a dudas». La pastorada leonesa, ya citada, pág. 80. La postura de Trapero, de naturaleza tautológica como intentaré demostrar más adelante, se inserta en una dualidad antagónica de hipótesis con respecto al núcleo original de estas piezas: Todo se formó en torno a los elementos musicales épico-líricos, a los que posteriormente se añadió el elemento dramático o, por el contrario, lo original fue un primitivo germen dialogado, enriquecido más tarde con cantos y con bailes. López Santos se inclina por la primera; Trapero, por la última. El asunto necesita de cuidadosa revisión.

 

7

«Nosotros creemos en la existencia de esa tradición [la del Officium pastorum] anterior al siglo XV y creemos que la pastorada leonesa forma parte de esa tradición. De esta forma Gómez Manrique, Fr. Iñigo de Mendoza [sic], Juan del Encina, Lucas Fernández, Gil Vicente y cuantos autores dramáticos de los siglos XVI y XVII se fijaron en los ciclos de la Navidad y de la Pasión no fueron sino «codificadores» de esa misma tradición que ellos conocían y habían visto representar por las aldeas de Castilla», La pastorada leonesa, ya citada, pág. 107. La inclusión del conocido fragmento de la Vista Christi en esta lista de autores dramáticos es cuestión controvertible, que a pesar de haber sido muy atendida por la crítica, ameritaría un análisis más refinado.

 

8

Sigo a M. Trapero (La pastorada leonesa, págs. 66-67) en este esquema general, con ligeras variaciones que en nada alteran lo sustancial; el autor se basa en el análisis de catorce versiones. Los asteriscos indican que se trata de partes cantadas. La estructura sugerida por L. López Santos es la que sigue: Introito, Villancicos narrativos, La buena nueva, La ofrenda y La despedida, pero, por ser demasiado general, deja sin acomodo algunos puntos de importancia.

 

9

Detener en la escena 18 este núcleo debe ser error tipográfico, pues la 19, en la que los pastores deciden ir a adorar al niño, parecería ser el colofón obligado de las escenas anteriores.

 

10

La segunda égloga de Encina fue publicada por primera vez en la edición del Cancionero del 1496, la princeps, y la novena, en el de 1507. Las Farsas y églogas de Lucas Fernández aparecieron en la única edición que hoy se conoce, la de 1514. Pero todas ellas fueron escritas en el siglo XV; la égloga IX de Encina hace referencia a sucesos ocurridos en 1498, año además, en el que abandona España y hace su primera visita a Roma. Por los mismos años debió haber escrito sus obras Lucas Fernández.