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La primera centuria: causas geográficas, políticas y económicas que han detenido el progreso moral y material del Perú en el primer siglo de vida independiente.

Tomo II

Causas Geográficas


Pedro Dávalos y Lissón







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Capítulo I

Introducción


Algo que bastante ha contribuido al atraso material en que nos encuentra el año de 1921, es el desconocimiento de nuestra realidad. Dueños de un inmenso territorio y árbitros de nuestros destinos desde la fecha en que San Martín juró nuestra independencia, en todo hemos pensado menos en darnos estímulo mutuo para crecer y desarrollarnos en forma adecuada a nuestras riquezas. España tenía organizada en el Perú una escuela económica defectuosa, pero escuela al fin. Ella tuvo por base el trabajo y como propósito la explotación de la riqueza minera y la exploración del territorio. La República pretendió enmendarla, suprimiendo el tributo y la esclavitud, habiéndole servido la palabra libertad para detener la energía española, concentrada durante tres siglos a la asimilación del suelo y la constitución de una fuente de riqueza. La República dedicó los esfuerzos nacionales a fines complejos netamente políticos, y en alas de la ficción alzó el vuelo en busca de una democratización exagerada. Sus consecuencias fueron lamentables: la escuela fundada   -8-   en el esfuerzo, en el deseo de enriquecerse en la industria y de conseguir la grandeza material que tanto distinguió al español, fue mirada como institución nociva del régimen caído. Se buscó la ventura en lo ideológico, y los hombres mejor preparados de las generaciones republicanas, jamás dedicaron por entero sus actividades a desarrollar la prosperidad pública e incrementar la riqueza individual a fin de constituir la fuerza fisiológica de la nación. La minería, la industria, el comercio y la comunicación merecieron atención secundaria. Lo esencial no ha sido el trabajo sino las leyes. Hemos creído que las gentes no explotan el suelo porque la constitución es mala, porque la ley electoral no es perfecta y la organización parlamentaria inadecuada.

Por causa de esta desorientación, el territorio ha sido mirado con desdén. Ha faltado cariño por el suelo, amor al río, a la cordillera, al bosque, al océano. Con rarísimas excepciones el país no ha sido visitado por los estadistas, ni los estudios geográficos, salvo los realizados en la montaña, han merecido verdadera atención. Nuestras universidades han vivido atiborradas de doctrina, pero faltas de experiencias. Han sentido más inclinación a los estudios teológicos, jurídicos, de letras y a las ciencias políticas, que a los conocimientos geográficos, a los problemas de ingeniería y a las necesidades materiales del país. El Mercurio Peruano de Unánue, concentró su esfuerzo a describir el territorio: en los Anales Universitarios, son escasos los artículos que dan a conocer la naturaleza peruana. Raimondi es la única personalidad que dedicó su vida a conocer la República. Su obra quedó incompleta. Sus escritos hállanse inéditos o publicados sin orden ni concierto alguno. Luis Carranza, uno de nuestros pocos hombres superiores que también tuvo amor a la naturaleza, que publicó sus viajes por el centro del Perú   -9-   y que supo comprender la obra colosal de Raimondi, en bellísima forma literaria, en un artículo comenta su labor.

Si el territorio nos ha sido desconocido y más aún los medios adecuados para explotar su riqueza, ¿cómo es posible que la centuria vencida nos encuentre en prosperidad material? Pero no es sólo el desconocimiento del territorio lo que nos tiene en atraso, sino también sus adversas condiciones físicas. Dionos la Providencia un suelo rico pero de muy difícil explotación. En la costa tierra sin agua, en la sierra agua sin tierra y en la montaña tierra y agua en tanta abundancia, que cuando el suelo no está inundado está secándose. En la costa el desierto, en la sierra la altura, en la montaña el estorbo de los tupidos bosques ocupando las más fértiles planicies de la región y tal vez del mundo.

Tocole en suerte a la República Argentina recibir del Creador un territorio plano, sin bosques y siempre regado por continuas lluvias. Sus ríos no necesitan como los del Perú de represas y canales, ni sus campos agrícolas presentan el inconveniente de los doce mil pies de elevación a que se hallan las más dilitadas y bellas planicies de nuestras mesetas andinas. La comunicación, siendo el suelo plano, es rápida y barata. En nuestro territorio, la ascensión a las cordilleras es cara y morosa. Allá, una locomotora arrastra 30 y 40 carros: aquí, en gradientes mínimas de tres por ciento, ningún convoy puede ser largo. Si nuestro suelo fuera plano como en la Argentina, con lo que hemos gastado en ferrocarriles, pudiéramos tener un kilometraje tres veces mayor que el actual. Las vías férreas en la provincia de Buenos Aires cuestan de dos a tres mil libras la milla: en el Perú importan de 5000 a 8000 libras.

Un sabio explorador inglés comparaba la riqueza natural argentina a una mesa puesta y lista para sentarse a comer.   -10-   La Providencia no nos favoreció en esta forma. Nuestros valles costaneros no tendrían agua si no se hubiera hecho en ellos el extenso y costoso sistema de canales que los irriga. La sierra necesita andenes, siendo escasos los terrenos verdaderamente planos. La montaña no puede cultivarse si el desmonte no precede al cultivo, y este desmonte importa por fanegada tres o cuatro veces más de lo que igualdad de tamaño cuesta la tierra argentina en plena producción. Tuvimos en compensación guano y salitre, riquezas que la Argentina no posee. Por multitud de causas que ya apuntaremos en otro libro, el guano enriqueció al fisco peruano, pero en cambio empobreció a los ciudadanos, sacándolos de las industrias, acabó con tributación y con el estímulo por el trabajo como que perturbó el espíritu económico de la Nación. El salitre dejó de ser fuente de riqueza pública en los momentos en que comenzaba a ser conocido y empleado en los campos europeos, y en los nefandos días en que una guerra de conquista, no solamente asoló el Perú y le dejó en ruina, sino que por 40 años hale arrebatado los miles de millones de soles que Dios le tenía reservados para modificar científicamente las imperfecciones de su territorio, mediante la construcción de costosas represas de irrigación en la costa y de ferrocarriles de penetración a la sierra y a la montaña. Si el salitre hubiera estado en la Patagonia, Chile hubiera batallado contra la Argentina y no contra los aliados de 1879.

La situación geográfica también ha favorecido a la Argentina desde el momento en que inició su vida republicana. Nosotros hemos vivido hasta 1916 a espaldas del mundo, y cunado Buenos Aires recibía un vapor a los veinte días de su salida de Inglaterra, el mismo buque llegaba al Callao a los 45.

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Junto con el factor geográfico-físico, adverso, como lo demostraremos en el curso de este libro, nos ha sido también desfavorable el factor geográfico humano. Nuestros hombres dirigentes han carecido de espíritu práctico y hasta de sentido común en todo lo relativo a la asimilación del territorio. Por esta deficiencia, nuestro pueblo, que bajo ningún concepto es inferior a los demás, que pueblan la América Latina, ha carecido de leaders que le conduzcan a la explotación del suelo. La incomunicación en que hemos vivido le tiene, en el mismo estado de barbarie en que estaba durante el coloniaje. Lo más poblado de nuestro territorio es la sierra y cabalmente ella es lo que hay de más inculto en el Perú. La mayoría de nuestros habitantes no saben leer ni escribir, no conocen sus derechos y obligaciones para con la Patria. Aman únicamente el pueblo en que han nacido y no tienen la menor solidaridad con el resto de sus conciudadanos. De 4000000 de habitantes que tiene el Perú, posiblemente un veinticinco por ciento piensa y trabaja. Gran parte de la raza indígena está congregada bajo la forma social del ayllo o esclavizada por el gamonal. De un lado señores y esclavos; de otro, miles de hombres segregados de la comunidad peruana y cultivando la tierra únicamente en la extensión necesaria para el propio sustento. El mestizaje hállase en mejor condición social y económica, pero su criterio, como también el de las clases superiores no se halla orientado en el propósito de hacer patria por medio del trabajo del ahorro y del ejercicio de las virtudes republicanas.

La meteorología también nos ha sido desfavorable. En la costa la falta de lluvias, en la montaña el exceso de ellas y en la sierra las heladas. Año de heladas, año de hambruna. El clima ha favorecido el paludismo y la tuberculosis en la   -12-   costa, el beriberi en la montaña, la verruga, la uta, el tifus exantemático en la sierra, y la negligencia de los poderes públicos, la horrorosa mortalidad que ha ocasionado y sigue ocasionando la viruela en todo el territorio.



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Capítulo II

Ríos


Nuestros ríos, durante la primera centuria republicana, han carecido de condiciones propicias para engrandecer nuestras industrias. Los incas sacaron gran partido de ellos en la costa y en la sierra. Sus canales, algunos de los cuales todavía existen, son obras admirables de ingeniería. Dedicados los españoles durante el coloniaje casi únicamente a la explotación de minas, no hicieron nada por mantener la agricultura en el pie en que la encontraron. La época republicana sacó mejor partido de nuestra red fluvial, y con toda posibilidad, sus aguas, en el siglo XX, mejor aprovechadas y distribuidas, servirán para fomentar una estupenda riqueza industrial.

Teniendo la inmensa mayoría de nuestros ríos, nacimiento en las cumbres de los Andes y curso por estrechas y empinadas quebradas, su paso por el territorio nacional ha favorecido poco nuestro desarrollo económico. Principia la cordillera occidental casi en el océano Pacífico, no siendo nunca mayor de cien millas en línea recta, la distancia que   -14-   media entre el mar y los altos picos. En tan corto espacio, ¿qué cuenca importante pudo formarse en ese lado del Pacífico? Es por esto que nuestros ríos costaneros, más que ríos son arroyos, y arroyos torrentosos y encajonados entre montañas de altísima elevación. Todos ellos bajan violentamente, saltando de roca en roca, y sólo a diez o doce millas de su desembocadura corren con relativa mansedumbre, aunque en ningún sitio con menos de uno por ciento de gradiente. Exceptúanse el Tumbes, el Chira y el de Lambayeque.

Si los Andes se hubieran levantado a doscientas millas del mar, nuestros ríos costaneros llevarían doble cantidad de agua de la que hoy corre por ellos. Esto es evidente; también lo es, que si la cordillera del Atlántico ocupara el sitio que tiene la del Pacífico y viceversa, y que si por esta situación, el Huallaga, el Marañón, el Mantaro, el Apurímac y otros, desembocaran en nuestras costas y no en el Amazonas, nuestros valles del litoral tendrían exceso de agua. También lo tendrían si el ramal occidental de la cordillera hubiera sido roto en algunos de los eslabones de su larga carrera, si por esta acción, los ríos de la sierra en lugar de orientarse hacia el Atlántico hubieran tenido salida hacia el lado del Pacífico. Todos en su labor de erosión, encontraron menor resistencia en la cordillera oriental, y por esta causa geológica ninguno pasó de la sierra a la costa. El Santa, el más largo de todos los cisandinos, es el único que tuvo fuerza para romper una subcadena andina llamada: cordillera Negra, y por esta razón trae al Pacífico agua propiamente serrana.

Si en la costa, los ríos con pocas excepciones tienen un sólo rumbo y casi en línea recta van de NE SO, en la sierra, estando los más de ellos encajonados entre cordilleras,   -15-   sus orientaciones no pueden ser otras que las paralelas a esas cordilleras. Sin embargo, cualquiera que sea el punto en que nazcan esos ríos interandinos, todos toman rumbo al norte. Esto se explica por la situación del río Amazonas, río troncal que en el Perú se halla entre los tres y cuatro grados de latitud boreal, y del cual son afluentes. La excepción de este uniforme rumbo lo encontramos en el Mantaro, el único río andino que por largo trecho camina hacia el sur, lo cual es consecuencia de su nacimiento en la parte meridional del nudo de Pasco.

Respecto a longitud, tienen los ríos de la sierra mayor extensión que los de la costa. Sin embargo, habiendo sido profunda la erosión que su curso ha hecho en las montañas andinas, sus aguas no tienen muchas tierras que irrigar. Lo que vemos en el Marañón y en el Huallaga interandinos, lo encontramos con mayor majestad y con espectáculo más imponente en el Apurímac y el Mantaro. Corten las aguas de todos cuatro por cañones profundos, cañones que si en otras geológicas épocas estuvieron cerrados por formidables contrafuertes, y dieron origen a una serie de lagos separados entre sí por elevadísimas cataratas, lagos que después formaron valles como el de Jauja y el de Vilcanota, al presente los cañones dan paso a las aguas de esos ríos que corren con uniforme y monótona gradiente, no formando lagos ni valles, como que nada las detiene, y habiendo llegado sus aguas al máximo de profundidad en su obra de erosión. Por esta causa, es mísero el terreno de cultivo que tienen sus márgenes.

Cansados estos ríos interandinos de llevar sus aguas por estrechas gargantas y ansiosos de libertad para convertirse pronto en navegables y amazónicos, todos ellos rompieron la barrera andina que durante milenaria época les impidió   -16-   su paso franco al Atlántico, y por los pongos se abrieron camino hacia el mar.

Así como cambia la fisonomía nacional del Perú en su paso de la Colonia a la República, así también el Apurímac, el Mantaro, el Huallaga, el Marañón y otros, toman aspecto apacible, silencioso y mensurado al penetrar y al correr en la legión plana de los bosques.

Si por varias causas, en la Sierra y en la ceja de los bosques, los ríos que forman el Amazonas peruano no han sido provechosos en el campo del industrialismo, en la Montana propiamente dicha, ninguno de ellos ha sido empleado en los propósitos de irrigación o fuerza motriz. Caminando a razón de cuatro a seis millas por hora, sin orillas fijas en época de creciente, atravesando en su mayor parte tierras bajas que a capricho inundan, los ríos de la montaña sólo han servido para hacer flotar embarcaciones, y con toda seguridad en el futuro sólo seguirán sirviendo para lo mismo. Si en la sierra, en la marcha primitiva de su curso, nuestros ríos orientales caminan a saltos, atraviesan desfiladeros, pasan por gargantas estrechísimas y dan vida y armonía al paisaje, en la montaña los encontramos sin arranques ni impetuosidades, sin esa fuerza impulsiva que, en principal característica cuando cruzan el contrafuerte andino. En la región de los bosques, el río peruano es tan inmenso como tranquilo. Su ancho nunca es menor de doscientos metros. Sus aguas corren tersas y sin ningún tropiezo que las detenga. Sólo las vueltas rápidas y en ellas el promontorio rocoso que se prolonga en punta sobre el lecho, alteran la normalidad de su curso. También, las palizadas, las islas, los remansos arenosos y los fuertes declives.

Como veremos más adelante, en nuestras costas no hay toda la cantidad de agua que sus extensas pampas necesitan.

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En la sierra, hay agua en abundancia pero faltan tierras planas para el cultivo. En la montaña se nos dio agua y tierra, pero se puso delante de ellas una doble cadena de cordilleras de paso dificilísimo. Si estas son las condiciones del Perú en lo que respecta a su distribución hidrológica, y si por fenómenos naturales sus terrenos de regadío no han estado tan a la mano como los que poseen los argentinos, ¿pudiera afirmarse, en forma absoluta que la limitación en que por cien años han vivido la agricultura y la ganadería tiene por única culpa nuestras guerras civiles, nuestra negligencia y falta de concepto económico? Responderemos más adelante; mientras tanto sigamos observando y continuemos nuestro analítico estudio.


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Ríos de costa

Nada más igual que las características de los ríos de la costa en las altas cumbres de las cordilleras. Sea que nazcan en los deshielos de los nevados o en las vertientes que existen en las alturas, la fisonomía es la misma, siendo para todos ellos semejante, el paisaje a los cuatro mil metros de altura. En la puna, los mismos picachos, iguales moles intercaladas entre las suaves ondulaciones de la altiplanicie. Al pie de esos picachos, muchos de ellos eternamente nevados, lagunas de tranquilas y purísimas aguas. Un poco más abajo, y antes de llegar a la zona de la cebada, los cerros comienzan a arrugarse y pierden la suave gradiente de la puna. En estos sitios, los arroyos descienden ya con mayor velocidad y principian a caminar por surcos bien pronunciados. Entre los 3000 y 1500 metros, la accidentación cambia. Los barrancos adquieren inclinaciones estupendas. En muchas partes descienden casi en línea recta hasta el fondo de la quebrada.

Una vez que nuestros ríos cisandinos abandonan las   -18-   gargantas que les forman los contrafuertes de la cordillera, toman aspecto diferente y se convierten en ríos netamente costeños. El declive pronunciado y las cascadas desaparecen; también las riveras silvestres y las múltiples ondulaciones causadas por las continuas acometidas de los cerros. Más abajo, a menos de 1500 metros sobre el nivel del mar, el paisaje pierde mucho de su belleza, por lo menos, su aspecto pintoresco. Cambian también el clima, la producción y el aspecto del habitante. La lluvia torrentosa es sustituida por las garúas. El sol deja de verse en las mañanas a causa de los nublados, el trigo y la cebada son reemplazados por la caña de azúcar y el algodón, el hombre pierde los colores de su rostro, la robustez de sus músculos.

En la costa, en los terrenos planos donde los cerros llegan hasta la playa marítima, como pasa entre Salaverry y Cerro Azul, los ríos bajan por el medio de valles más o menos amplios. En cambio, cuando los contrafuertes andinos terminan en el llano y no en el mar, los ríos descienden silenciosos, con igual mansedumbre y a capricho formando su propio cauce. Pertenecen a este tipo el Tumbes, el Chira, el Piura y los de Lambayeque. Por último tienen también aspecto y fisonomía particular, los ríos australes del Perú, aquellos que principian en Ica y terminan en el Loa. Saliendo al océano por estrechos cañones que todos ellos se han abierto en la cordillera marítima, su característica especial es la de llevar sus aguas por el fondo de profundas quebradas socavadas en las extensas pampas que atraviesan, pampas a las cuales ninguno de estos ríos da una gota de agua.

Si en la sierra y en la montaña, los ríos corren en toda su extensión por zonas más o menos lluviosas, en la costa, únicamente goza de igual privilegio el río Tumbes.   -19-   Los demás sólo tienen lluvias sistemáticamente anuales en la parte alta de la cordillera.

La línea imaginaria que separa la parte húmeda de la seca en nuestro territorio del Pacífico, ha sido trazada con mucha aproximación por el ingeniero Adams, en sus famosos mapas hidrológicos. Causas climatológicas especiales, acercan o alejan esta línea al mar y son consecuencia del mayor o menor caudal de agua que corre por los ríos del litoral. Hay otra causa de alimentación: la longitud que tienen los ríos por motivo del mayor o menor acercamiento a las cumbres de la cordillera. Río costanero que nace en ella, que principia a más de 4000 metros de altura y que ha formado su cuenca en las altas y múltiples quebradas existentes en los contrafuertes andinos, es siempre río de muchísima agua. En cambio, aquellos que se forman en las partes bajas, o que no tienen extensa zona de lluvia aunque nazcan en las altas cumbres, generalmente sólo tienen agua en invierno.

De acuerdo con estas consideraciones, Adams, clasifica nuestros ríos costeños en tres grupos. Al respecto dice:

El drenaje de Sudamérica tiene lugar por tres regiones bien definidas, todas las cuales están representadas en el Perú.

La región al Atlántico es la mayor y comprende todos los ríos que desaguan en el océano Atlántico; la del Pacífico que abarca todos los ríos que desaguan en el océano Pacífico y finalmente la del lago Titicaca a la que fluyen ríos cuyas aguas no llegan al océano, aunque se considera que desaguan en el Atlántico.

La divisoria continental de las aguas, está cerca y paralela a la costa del Pacífico, a distancia que varía de 100 a 200 kilómetros. Corresponde a la cordillera occidental de los Andes que es una altísima cadena cuyas más altas cimas varían de 3000 metros a 6000 metros; sus abras o pasos de 2186 metros a 5076; pero el mayor número de esas abras se encuentran de 4000 a 5000 metros sobre el nivel del mar. La pendiente de la falda de los cerros fronterizos al Pacífico, es   -20-   por esa causa grande y los ríos tienen mucha gradiente. En la parte central de la costa, los ríos desaguan por angostas quebradas interandinas. Hacia el norte y al sur, atraviesan cortas distancias de llanos costaneros, pero no obstante su corriente es veloz.

El fuerte declive de la costa permite el desagüe en el mar, siguiendo casi líneas rectas. El río de Santa es la única excepción a esa regla. Los afluentes de cabecera de este río, nacen en la hoya formada por las cordilleras Negra y Blanca, en que allí está dividida la cordillera occidental.

La cuenca de los ríos de la costa, puede clasificarse en tres grupos, según la posición de sus afluentes de cabecera respecto de la cordillera y a la zona de lluvias anuales regulares. La primera y más importante, comprende aquellos ríos que nacen en la divisoria continental, dentro de la verdadera zona de lluvias anuales regulares. La segunda clase la forman los ríos que no tienen su origen en la divisoria continental; pero que tienen afluentes formados en la zona de lluvias anuales regulares. La tercera clase, comprende los ríos que nacen lejos de la cordillera y no tienen prácticamente afluentes de la zona de lluvias anuales regulares; por consiguiente colectan las aguas de la zona de lluvias periódicas variables.

En el cuadro que sigue, presentamos los ríos costaneros clasificados sobre la base que precede. La importancia de los ríos de una misma clase, varía en proporción a la extensión del arca respectivamente drenada por ellos y la cantidad de precipitaciones atmosféricas que recibe en su cuenca.

1.ª clase 2.ª clase 3.ª clase
1 Zarumilla
2 Tumbes Boca de Pan
3
4 Mancora
5 Pariñas
6 La Chira
7 Piura
8 Lecho de Olmos
9 Leche
10 Lambayeque
11 Saña
12 Jequetepeque   -21-  
13 Chicama
14 Moche
15 Guañape
16 Chao
17 Santa
18 Nepeña
19 Casma
20 Culebras
21 Huamey
22 Fortaleza
23 Pativilca
24 Supe
25 Huara
26 Chancay
27 Chillón
28 Rímac
29 Lurín
30 Mala
31 Omas
32 Cañete
33 Tupará
34 Chincha
35 Pisco
36 Ica
37 Río Grande
38 Acarí
39 Yauca
40 Chala
41 Cháparra
42 Atico
43 Caravelí
44 Ocoña
45 Manga
46 Majes
47 Chili
48
49 Tambo
50 Moquegua
51 Locumba
52 Sama   -22-  
53 Tacna
54 Luluta
55 Azapa
56
57 Vitor
58 Camarones

Algo he dicho referente a la topografía del país en relación con su drenaje. Merece agregarse que los ríos con valles de sierra, generalmente no se pueden desviar de su curso natural por canales usuales. La extensión de tierras de cultivo, a ellos adyacente, es tan limitada que en las crecientes hay más agua disponible que la que puede usarse.

Los ríos que fluyen en llanos, antes de llegar al mar, pueden desviarse más fácilmente para emplear sus aguas en tierras eriáceas cultivables. En tales ríos, la mayor parte, si no toda el agua de las crecientes, puede usarse para irrigaciones sistemáticas, con tal que las obras tengan la extensión requerida.

El problema de la acumulación y depósito artificial de aguas, se impone por consiguiente en los valles que sufren de escasez en el estiaje o de exceso en la estación de crecientes, si el ensanche de las obras de irrigación es técnicamente imposible. La exagerada pendiente de la costa es contraria a la acumulación y depósito artificial de las aguas; así como lo es a la acumulación natural de las aguas de lluvias. Sin embargo, es posible que existan lugares apropiados para la construcción de represas; pero por ahora no hay estudios de ingeniería que los haya conocido.



Hecha esta ligera descripción de nuestros ríos costaneros, los estudiaremos ahora en su aspecto industrial.

Exceptuando las regiones secas de la Patagonia y del desierto de Atacama, no hay en la América del Sur nada más árido que la costa del Perú. Es cierto que hay tierras ricas y extensas, pero siendo escasa el agua necesaria para irrigarlas, nuestros ríos de la costa no son comparables al   -23-   Nilo, al Mississipi, ni siquiera al Guayas o al Cauca. En verano traen doble y hasta triple cantidad del agua que se necesita para irrigar los terrenos de sus cuencas; en invierno, en algunos casos, ni la cuarta parte de lo que la tierra pide.

Estando en gran declive el terreno que atraviesan esos ríos costaneros, jamás tienen un remanso en su corta carrera, un momento de quietud que dé origen a una o varias lagunas, donde sus aguas queden estancadas. Si violenta es la gradiente en el curso principal, y por tanto empinado el terreno donde ellos formaron su lecho, mucho más lo es el de las quebradas laterales por donde corren las aguas de sus afluentes. Si en la primera, el declive fluctúa entre uno y quince por ciento, en las segundas o sea en las quebradas laterales, ese declive llega hasta el 45 por ciento. Las aguas de la cordillera oriental tardan lo menos quince días para llegar al Amazonas, las de nuestros ríos costaneros apenas necesitan el mismo número de horas para alcanzar las llanuras. Materialmente se descuelgan y por tal causa han labrado de tal manera el terreno por donde corren, que difícil es hacer en ellos obra de arte para represarlos. Todo esto es conveniente para el desarrollo de fuerza hidroeléctrica y representa gran riqueza para el presente y el futuro; pero siendo reciente en la industria el aprovechamiento de esta fuerza, no fue de ninguna utilidad en la primera centuria, que es la época que estamos tratando. Por esto, al hablar de los ríos de la costa como elementos de progreso en el siglo vencido, sólo podemos tomarlos en consideración en cuanto al aspecto agrícola, punto en el cual no podemos decir que la naturaleza fue pródiga con el Perú. Con agua para irrigar apenas tres por ciento de un territorio, no es posible hacer de ese territorio un emporio de   -24-   riqueza. Esto hay que recalcarlo a fin de que las generaciones que han vivido desde 1821 hasta hoy, se vean libres del cargo que gentes sin preparación en los estudios analíticos les hacen en lo que toca a la labor agrícola del litoral. En lo que sí son culpables es en la conducta que han observado en todo lo relativo a irrigaciones. Por negligencia o falta de concepto, nuestros hombres dirigentes con muy pocas excepciones, jamás se ocuparon en estudiar el aumento de agua en la costa del Perú. Es cierto que hasta hace poco las tierras no valían mucho y buena parte de ellas bajo riego estaban incultas. Es cierto, también, que estas obras de arte son faraónicas, y costarán el día que se hagan algunos millones de libras esterlinas. Con todo, lo que más ha faltado para llevarlas a cabo, siquiera en parte, no ha sido dinero sino voluntad.

Geo I. Adams es el único ingeniero que ha realizado un estudio sistemático y casi completo de los ríos de la costa. En nuestro deseo de particularizar la característica de cada uno de ellos, tomamos de sus informes lo esencial de su notable trabajo, y al reproducirlo en nuestro libro, llamamos la atención hacia la indolencia con que los gobiernos han mirado la mesura del caudal de agua de cada uno de nuestros ríos.

Los estudios de Adams fueron practicados en 1905. Desde esa fecha, hasta hoy, 1920, no se ha hecho nada que sea tan completo.

Río de Zarumilla

Este es el río más septentrional de la costa del Perú. Desde su nacimiento hasta su desembocadura es límite de hecho entre el Perú y el Ecuador y por consiguiente desagua una parte de territorio peruano y otra de ecuatoriano. Sus aguas de cabecera las colecta en el flanco septentrional de un contrafuerte de la cordillera occidental. El curso del río, medido en línea recta, es aproximadamente de 50 kilómetros. Desagua más o menos un área de 1800 metros cuadrados.

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Todo el valle de Zarumilla se encuentra en la región de lluvias anuales regulares.

El Zarumilla lleva su caudal de diciembre a mayo o junio, pero en este período varía según las lluvias comiencen temprano o se retarden; y caigan densas o muy leves. En la parte superior del río, esto es, cerca de las montañas el curso del agua es de poco volumen en todo el año, pero en la parte inferior sécase el cauce desde mayo a diciembre de manera que el caudal permanente para almacenarse se encuentra en hoyos profundos, o zanjas de antiguo cauce como se puede ver más arriba del pueblo de Zarumilla.

Esa cantidad es poca y por consiguiente se excavan pozos en el lecho de arena del río para que beba el ganado que generalmente es vacuno y cabrío. También abren estos pozos para usos domésticos.

No la hay ni por canales ni bombas en el río Zarumilla. Sólo en las tierras bajas del valle hay algún cultivo que depende de las lluvias o de la humedad del terreno que se conserva bien por las corrientes subterráneas superficiales del río. El valle está pobremente poblado. El pueblo de Zarumilla consiste de 20 casitas y hay algunas familias que viven diseminadas en el valle. Su ocupación principal es criar ganado y los cultivos tienen por objeto procurarse la subsistencia y no la venta de productos. El ganado se mantiene con pastos naturales, pues no se produce forraje. Durante la estación seca, el ganado subsiste de deshechos como paja, hojas y ramas de árboles y de arbustos y tienen que viajar largas distancias para procurarse pasto y agua.

Río de Tumbes

El de Tumbes es uno de los ríos más importantes de la costa y su caudal es grande y perenne. La cuenca de este sistema de drenaje es angosta, pero larga, y parte considerable atraviesa territorio montañoso. Desde su nacimiento hasta el mar, su largo, medido en el cauce del río, es de 180 kilómetros; su cuenca tiene una área aproximada de 2850 kilómetros cuadrados. Procede del Ecuador y penetra a la provincia de Tumbes, en dirección oeste, que en una vuelta que hace cambia al norte y desagua en el canal meridional del Golfo de Guayaquil. A 75 kilómetros del mar, el río pasa el estrecho del Tigre y desde allí está encajonado por terrenos que se ensanchan hasta Tumbes, desde donde fluye hasta el mar por extensos terrenos bajos de la desembocadura o «delta».

Toda la hoya del Tumbes se encuentra en la región de lluvias anuales regulares; además los flancos del valle, en la   -26-   parte superior de la hoya, están cubiertos de espeso limo y densa vegetación, de manera que una parte considerable de la lluvia es absorbida y filtra al río en el verano.

En los meses lluviosos, las crecientes del río se desbordan a veces inundando tierras cultivables en la parte baja del valle. A veces cambia el río de canal en el delta y en la actualidad tiene tres desembocaduras, fuera de dos cauces antiguos, parcialmente obliterados, que se desprenden aguas arriba de la ciudad. El cordón litoral está invadido por esteros.

Los terrenos comprendidos en la desembocadura (delta) del río son de interés, puesto que representan un aumento reciente de terrenos de costa, que se ha formado por sedimentación arrastrada por el río y aumentada por las olas de la playa. Los terrenos del delta principian al oeste, cerca de Bahía de la Cruz, donde todavía son estrechos, pero al norte de Tumbes, anchan hasta diez kilómetros aproximadamente.

Río La Chira

El río Chira se forma por la unión del río Catamayo que nace en el Ecuador y tiene 140 kilómetros de longitud; y del río Macara que en una extensión de 125 kilómetros es límite entre el Ecuador y el Perú. Recibe por el norte el afluente Lamor de 70 kilómetros, que nace en el Ecuador. Por el sur recibe el río Quirós de 130 kilómetros de largo y el Suipirá que tiene 90 kilómetros. Estos dos últimos ríos corren en todo su curso en territorio peruano. La comarca drenada por estos ríos, al este de la desembocadura del Suipirá abarca una área de 14000, kilómetros cuadrados. Toda esta área se encuentra en la región de lluvias generales anuales. Desde la unión con el Suipirá al oeste, el río de La Chira es algo menos de 500 kilómetros cuadrados.

El río La Chira es uno de los más caudalosos de la costa y se debe al enorme territorio comprendido en la faja lluviosa desaguada por sus afluentes. Durante la estación, seca, su curso es continuo y según el ingeniero señor Viñas lo ha computado, su corriente no es menor de 44 metros cúbicos por segundo. En el período de lluvias sus aguas crecen a 5 metros y a veces hasta 7 metros. En estas ocasiones sale de madre e inunda gran parte de los terrenos del valle.

En algunas partes de la hoya del río La Chira, al este del valle del río principal, hay algunos lugares en los que se irrigan fajas angostas de terrenos para su cultivo; pero parece más cultivo de sierra que de costa. A lo largo del curso   -27-   del río, hay terrenos más extensos y es por allí donde se espera que desarrolle la agricultura.

Actualmente se está excavando un canal para irrigar que será el más largo de la costa. Antes de que comenzara esta obra, el cultivo se reducía a 4 terrenos inundados en la creciente que se regaban por canales cortos, utilizables tan sólo en las crecientes. Se regaba también por medio de bombas en varios sitios. Todavía hay cinco que funcionan regularmente. Se han abandonado varias bombas, a pesar de su costosa instalación, por el cambio de madre del río. Acontecía que los terrenos bajos quedaban lejos del río o cuando el río cortaba los barrancos, se derrumbaban las instalaciones. Las que han resistido se encuentran en la parte inferior del valle y el canal que se está excavando no llega todavía hasta allí. Las bombas que se encuentran al norte del río, es probable que se abandonen porque es más barato irrigar por el canal que por bombas. Tampoco se puede estar seguro que sigan funcionando las bombas que están en la ribera meridional, porque el aumento de cultivo en el valle ha influido en la baja de los precios de frutas y verduras que irrigadas por bombas se vendían antes a precios altos y ahora abarrotan el mercado.

Río de Piura

La parte superior del río de Piura, lleva su corriente en dirección noroeste al pie de los cerros de la cordillera occidental, y en una longitud aproximada de 130 kilómetros. Sus afluentes bajan del este de los cerros. El territorio que desagua se encuentra totalmente en la región de lluvias generales anuales y abarca próximamente 5000 kilómetros cuadrados. Más abajo de Chulcanas y a corta distancia el curso del río hace una curva y sigue de Tambo Grande a Piura y en esa distancia que es de 50 kilómetros no tiene tributarios. De Piura a Sechura y hasta el mar, más de 50 kilómetros de largo, el valle es muy ancho, y en su porción media e inferior, el valle no recibe lluvias, sino en años excepcionales.

Desde Chulcanas a Piura donde el río da una vuelta y cambia de dirección, su curso es por entre el valle más angosto.

Los terrenos de aluvión tienen la forma de media luna que ocupan cada vuelta del río. Esos terrenos son tan altos que sólo se inundan cuando el río está muy crecido y su situación hace imposible regarlos con acequias cortas. Los barrancos que sirven de límite al valle están muy cerca del   -28-   río por el lado derecho en todo el largo hasta Piura. Pero la banda izquierda se separa del valle del que frente a la ciudad dista 7 kilómetros.

Los barrancos del río continúan siendo altos hasta un lugar entre Piura y Catacaos.

Más abajo de la ciudad de Piura el valle se dilata, el río ancha y corre encajonado a poca elevación. Los barrancos que se dijo eran límites del valle al este de Piura, desaparecen en el despoblado y no hay separación marcada entre la planicie y el río. Del lado oeste del valle principia el barranco en «Cerro del Ahorcado» del Tablazo de Payta a 15 kilómetros al occidente de Piura que más al sur se aproxima al río y forma el límite del Valle por la margen derecha.

El caudal del Piura es variable porque depende de la abundancia de lluvias. La generalidad de los años, las lluvias importantes están confinadas a las cabeceras de los ríos, en los años lluviosos se extienden hasta las llanuras.

Río de la leche

El río de la Leche tiene 255 kilómetros de largo y desagua 3300 kilómetros cuadrados, de los que 1250 están comprendidos en la región de lluvias anuales generales; su principal afluente es el río de Motupe, que se le une cerca de Jayanca; este tiene 150 kilómetros de largo y 1300 kilómetros cuadrados de cuenca. La cuenca del río de la Leche, aguas arriba de su confluencia con el Motupe es de 1350 kilómetros cuadrados, según el mapa de Raimondi, y aunque las cuencas de los ríos Motupe y el curso superior del río de la Leche difieren poco en extensión, difieren sin embargo mucho en el caudal de aguas que colectan. Posible es que esto se explique por errores del mapa pero más probable es que se deba a la cantidad de lluvias que reciben.

La sección inferior del río de la Leche tiene caudal en tiempo de lluvias y en años de escasez, no llega al mar. Esto acontece por el empleo que se da en la parte superior del río, para irrigación, de manera que, después de esa desviación, el resto de las aguas desaparecen en el lecho del río que es arenoso.

La extensión de terrenos cultivados que se irrigan con caudal del río de la Leche es de 4000 hectáreas que como puede estudiarse en el mapa adjunto proviene más de agua de la parte superior del río de la Leche que del de Motupe. Otros terrenos que no se mencionan aquí; son los que se cultivan en años de mucha agua. Se han hecho varias indicaciones para aumentar el agua en estos ríos.

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En un manuscrito relativo a Obras Públicas hay un decreto del Gobierno, que otorga permiso a don José Félix Barandearán para que estudie a su costo el aumento de las aguas del Leche y Motupe. Otro documento análogo del año 1877 contiene una ley autorizando al Gobierno para que ordene se hagan estudios de irrigación comprendiendo:

1.º la canalización del río de la Leche;

2.º la construcción de un canal para conducir las aguas de la laguna hasta el pueblo de Salas; y

3.º desviar el agua de la quebrada de Tambillo y Quinmiar hasta el pueblo de Motupe. No consta que se hayan practicado estos estudios.

En el artículo publicado por el señor E. Bruning en el Boletín de la Sociedad de Ingenieros de marzo de 1904 que designó Apuntes sobre irrigación, dice: «Los vecinos de Motupe me han hablado hace tiempo con mucho entusiasmo de un sitio por el cual podrían desviarse hasta el río de Motupe unas aguas que bajan ahora de las montañas de Cañares al río de Huancabamba». Exigiría este proyecto desviar las aguas del flanco oriental de la cordillera al occidental con mucha probabilidad de que sólo podría efectuarse estas derivaciones, con enorme gasto; pero este problema es de aquellos que sólo se resuelven por nivelaciones instrumentales muy exactas.

En la parte inferior del curso del río Leche, la industria principal es la cría de ganado; pero la escasez de agua, no permite pensar en irrigaciones, para fomento de aquella industria.

Río de Lamayeque

El río de Lambayeque tiene de largo 115 kilómetros y se forma por la confluencia del río Chancay y del río Cumbil. Su largo desde la cabecera del Chancay hasta el mar es de 205 kilómetros, y la parte de su cuenca que está en la región de lluvias generales anuales tiene una extensión de más o menos 2900 kilómetros cuadrados incluyendo todas las áreas drenadas por el Cumbil y el Chancay.

El valle de río Lambayeque únicamente tiene 1700 kilómetros cuadrados y no recibe más que aguaceros locales.

La circunstancia de tener el río de Lambayeque sus afluentes bien al oriente en la zona de lluvias anuales generales explica la importancia del caudal de las aguas.

El señor Juan Ugaz de Chiclayo ha publicado una descripción del río de Lambayeque en el Boletín de la Sociedad Geográfica Vol. XV, pág. 60, año 1904. Allí se estima el caudal del río en 40 riegos en tiempo de sequía y en más de 1000 durante   -30-   las repuntas de enero, febrero y marzo y algunas veces en abril. Hace mención y describe hasta los menores tributarios, apreciando su relativa importancia. Da también muchos informes de interés local como por ejemplo la corriente subterránea conocida por El Tragadero; las aguas termales de la «Hariura», «Quilcate» y de la hacienda «Chancay». Llama la atención a la importancia que tiene la conservación de las selvas de las cordilleras como medio de favorecer la humedad atmosférica.

Indica que en el valle de Chancay cerca de Catache y en la playa de Sirato hay localidades aparentes para construir represas que almacenen aguas de irrigación.

La cantidad de agua que pasa La Puntilla que es un lugar más allá de la Boca Toma de la acequia Taymi se computa en 76 riegos de 72 litros por segundo. Apreciando esto en otros términos daría 5,47 metros cúbicos al segundo.

Los ingenieros Hohagen y Bonnemaison designados para el examen de la acequia Taymi informaron que habían encontrado en diciembre de 1891 de 5592 a 6444 litros por segundo o sea de 5,5 a 6,44 metros cúbicos por segundo y por lo tanto adoptaron 4752 litros como caudal medio del río en el estiaje.

El terreno cultivado por irrigación en Lambayeque puede fijarse en 40000 hectáreas. Pero no todo se cultiva en años de escasez de aguas, prescindiendo del que se deja en barbecho para que descanse. Esto tiene especialmente lugar cuando el cultivo de arroz agota los terrenos.

El caudal del río Lambayeque se divide en la toma del Taymi en esta proporción: 1/3 entra en la acequia del Taymi y los 2/3 restantes se dejan pasar para subdividirlos nuevamente así: 25% para la acequia de Eten; 40% para Pucalá, Calupe y Pomalca y del 35% restante: toma 2/3 la acequia de Chiclayo y 1/3 pasa a Lambayeque.

El agua del Taymi se calcula en 76 riegos que se distribuyen a su turno como sigue:

Tolupe y Pátapo 16 riegos
Tumán y Conchucos 16 »
Garrin 12 »
Chucupe 16 »
Luya 12 »
San Miguel 4 »
Suma 76 riegos
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De lo que sobra toman 1/2 las haciendas de la parte baja del valle y el otro 1/2 los terrenos de Ferreñafe.

Cuando el caudal es menor que 76 riegos, se divide proporcionalmente a sus derechos.

Ignoro la distribución de las acequias restantes del valle.

El agua tomada por la acequia de Eten se distribuye entre las tierras de Reque, Eten y Monsefú.

Las tierras del valle de Lambayeque son relativamente bajas y la derivación de sus aguas por las acequias dejan su cauce inferior seco en la mayor parte del año, por lo que se cubre de vegetación y en los sitios próximos a tomas se acumula arena que en la creciente del río favorece su desborde y la apertura de nuevos cauces en las tierras bajas. En tales ocasiones se ha inundado la ciudad de Lambayeque y para evitar la destrucción de las tierras cultivadas se ha efectuado el encauzamiento del río construyendo diques.

Río de Jequetepeque

La hoya del río Jequetepeque es de forma irregular y estrecha en el centro, como se ve en el mapa. Cubre 5800 kilómetros cuadrados, de los que 4000 ubican en la zona de lluvias anuales generales, circunstancia que permite colectar mucha lluvia. Pertenece este río a los de primera clase según la clasificación establecida en las páginas anteriores.

La sección costanera del valle está limitada por llanuras esmaltadas de colinas aisladas y lomadas montañosas, usando el agua del río para regar los terrenos llanos, donde se han radicado los intereses agrícolas y comerciales.

El puerto de acceso, del valle de Jequetepeque, es Pacasmayo, de donde parte una línea férrea, tierra adentro hacia San Pedro, Chepén y Guadalupe, que facilita el tráfico. Un ramal de esta línea llega a las cabeceras del valle facilitando las comunicaciones con la sierra. Se proyecta prolongar este ferrocarril hasta Cajamarca.

Jamás se ha estudiado sistemáticamente el río Jequetepeque y nunca se ha medido su caudal, de modo que sean conocidas sus fluctuaciones estacionales; sin embargo en un informe del ingeniero señor M. A. Viñas se dice que: «en la repartición hecha en 1862 por el señor juez P. Larrea se había tomado la base de 278 riegos de 16 a 18 litros como caudal en tiempo de escasez».

El río Jequetepeque como todos los de la costa, tiene un caudal que varía de acuerdo con las variaciones pluviométricas de la sierra, de modo que crece o decrece según   -32-   llueva o no en las serranías. En algunos años, principia a llover temprano y los aguaceros son continuos, estos son años buenos; en otros las lluvias son intermitentes o se atrasan con detrimento de la agricultura.

En los años de abundancia, el río fluye hasta el mar, pero en los años secos esto puede no suceder o si tiene lugar, dura apenas pocos días pues el agua se deriva casi totalmente por las acequias de regadío.

En años excepcionales lluvias periódicas o excepcionales originan avenidas que causan muchos perjuicios. La última avenida notable que se recuerda es la del año 1891 que destruyó una parte del ferrocarril y ocasionó la invasión de los terrenos cultivados con huaicos que descendían por las quebradas laterales. Río Seco, que queda al norte de Jequetepeque y que generalmente no es sino un cauce seco, se trasformó en un voluminoso río.

La cantidad de tierra bajo el riego en el valle de Jequetepeque, se estima en 30000 hectáreas que no están todas en cultivo cada año, pues más o menos la mitad se deja sin cultivar por falta de agua o para que se repongan. El plano levantado por el ingeniero J. Herbert Wood, nuestra la posición de las acequias principales.

Existen restos de acequia y cultivos antiguos que se extienden al norte del Río Seco hasta Cerro Prieto, que demuestran que antes habían más tierras cultivadas.

En la actualidad los sembríos de arroz exigen fuertes cantidades de agua y los de caña cantidades constantes, y es probable que la pequeña cultura, o las chacras de pan llevar, sean las únicas que permitan suplir de agua a todas las tierras que se cultivaron antes, ampliando así el área actual cultivada.

La división de las aguas hecha por el señor Larrea en el valle de Jequetepeque, tiene como unidades la fanegada cultivada y el riego, asignando una dotación de 30 riegos por fanegada; la del señor Alvariño tomaba como base la parte proporcional de tierras cultivadas y el número de riegos disponibles. En el informe ya citado del ingeniero señor Viñas se han publicado tablas que indican estas reparticiones.

En estas tablas se indican los nombres de las acequias y haciendas con sus respectivas dotaciones.

En los documentos publicados no hay más referencias excepto el decreto que ordena que el expediente relativo a la mitad de la hacienda Tolón pase al juez de primera instancia de Pacasmayo.

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Río de Chicama

El río de Chicama tiene una hoya de 4900 kilómetros cuadrados, de los que 2200 están en la zona de las lluvias anuales generales. Nace en la Cordillera Occidental, al norte, de la unión de las Cadenas Blanca y Negra. Es indudable que la gran elevación de las montañas en esa arca de unión, influye decisivamente sobre la precipitación atmosférica que dota al río de un gran caudal, que no está en proporción con su cuenca colectora de lluvias.

Cerca a la costa, el río está limitado por pampas extensas cuya arca es superior a lo que puede regarse y cultivarse con el limitado caudal del río.

En el valle no hay ninguna población de importancia y por eso él es tributario de Trujillo.

Mediante compras y arriendos se han formado gradualmente una pocas grandes haciendas cañaverales que dominan el valle. Las chacras se han anexado y los pequeños agricultores han desaparecido casi por completo, de modo que el mayor número de los habitantes viven en los caseríos construidos por las haciendas y trabajan para ellas como peones.

El cultivo de la caña absorbe casi por completo el agua disponible, de suerte que no existen otros sembríos, lo que origina una gran escasez de menestras, legumbres y frutas en los mercados de los pueblos y haciendas. Las raciones distribuidas a los peones consisten por lo general de productos que puedan adquirirse por mayor en otros valles.

No existen registros de mensuras del volumen de aguas del río de Chicama y las aguas se han administrado conforme al Reglamento de Saavedra y como este es imperfecto en sus disposiciones para medir el volumen de los ríos y acequias, sólo hay algunos datos aproximados expresados en riegos.

Las memorias del juez de aguas don Enrique Guimaraes, escritas y publicadas desde 1901, son documentos interesantes y contienen muy valiosa información respecto a los ríos de la provincia de Trujillo. La memoria de 1901, publicada en 1902, contiene cuadros de la distribución de las aguas, en los diferentes valles, incluyendo Chicama, conforme al Reglamento de Saavedra y muestra las áreas cultivadas y el número de riegos u horas que constituyen el derecho al agua, da el nombre de las tierras según Saavedra y el del propietario en 1901. Los informes sucesivos indican el progreso y las reformas instituidas junto con el caudal de los ríos, la época de cada repartición y las multas impuestas por abusos.

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Río de Moche

Moche es un vallecito con pequeña cuenca colectora de lluvias que no pasa 800 kilómetros cuadrados, aunque su cuenca total es de 1950 kilómetros cuadrados. No obstante lo chico de su cuenca colectora, tiene el río Moche más agua de la que podría esperarse de ella, a causa de los altísimos picos que forman el nudo de las Cordilleras Blanca y Negra, donde nacen sus aguas.

No hay nieves perpetuas en esa región, pero hacia el este en casi la misma latitud y del lado oriental de la divisoria de aguas tenemos los nevados de Huaylillas, lo que indica ya una variación en las condiciones climatéricas respecto de las que prevalecen más al norte, desgraciadamente no hay registros pluviométricos de esta región, pero parece probable que ella está favorecida con una mayor precipitación que las otras hoyas hidrográficas, que quedan más al norte.

Los únicos aforos del volumen del río Moche son los que se practicaron con el objeto de efectuar la repartición de aguas que se registran en la memoria del juez privativo de aguas del departamento y a la que me referí al ocuparme del valle de Chicama.

El deán Saavedra calculó que el caudal mínimun del río Moche era de setenta (70) riegos, pero el juez señor Guimaraes los estima en sólo treinta (30) en época de escasez; él afirma sin embargo que alcanza un volumen de cinco mil riegos en el período de las avenidas.

En el estiaje la estación de Poroto utiliza la totalidad del agua que pasa para mover su maquinaria, pero no basta para toda ella.

En la parte baja del valle hay dos puquios importantes que proporcionan una abundante dotación de agua que se aprecia debidamente en el Reglamento de Saavedra, que se administra conforme a él hasta hoy.

He estimado en 10000 hectáreas la extensión de tierras bajo el riego en el valle de Moche; pero la escasez de agua reduce a la mitad la superficie bien cultivada. Muchos terrenos contienen sembríos cosechables en el corto tiempo que duran las avenidas, agricultura que no aprovecha por lo tanto debidamente las tierras.

Al este de Trujillo, la parte más ancha del valle, constituye la hacienda Laredo y otras menores que se dedican principalmente al cultivo de la caña de azúcar, plantío que se ha extendido tanto que el agua ya no basta para él, sufriendo por eso la caña en el estiaje.

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En las tierras de los alrededores del pueblo de Moche, se cultivan pastos y muy diversos sembríos, en los que se usa el agua con la característica parsimonia de los indígenas que habitan en el valle y el pueblo, desde tiempo inmemorial.

En estos dos tipos de agricultura presenta un contraste tan saltante que el porvenir de ambos merece un estudio serio.

Río de Santa

El río Santa es uno de los más caudalosos y grandes de la costa del Perú. Formado por los ríos Huaraz y Chuquicara, afluentes situados en la zona de lluvias anuales, que corren por largas distancias casi paralelamente a la divisoria continental de aguas; tiene una hoya de recepción de lluvias situada entre las Cordilleras Negra y Blanca, que abarca 10500 kilómetros cuadrados y que no sólo se alimenta de lluvias sino también de los nevados que se derriten en la cordillera Blanca.

El río Santa propiamente dicho sólo tiene una hoya de 800 kilómetros cuadrados, que queda aguas abajo de la confluencia de los dos afluentes nombrados ya, que colecta poca lluvia y en algunos años no recibe ninguna.

Desgraciadamente el valle adyacente al Santa es angosto y sólo tiene escasos terrenos cultivables, salvo en la vecindad de la costa; de modo que las enormes avenidas que hoy se pierden en el mar, apenas pueden utilizarse para la irrigación de limitadas extensiones de terrenos.

Jamás se ha medido el volumen del Santa; por lo que he logrado averiguar es un río tan caudaloso como el río Tumbes de la provincia de Tumbes, el Chira del departamento de Piura y el Ocoña y el Majes del departamento de Arequipa; de modo que si todas las tierras cultivables de su vecindad se irrigaran, el río Santa se daría abasto para ello.

Las aguas de este río a menudo están turbias y depositan un sedimento negruzco, que se dice proviene del afluente Chuquicara, al que a veces se denomina el río Negro, porque contrasta con la limpidez de las aguas del río Huaraz en épocas normales. Observadores dignos de fe me han insinuado que el sedimento negro del Chuquicara proviene de una zona de pizarras carbonáceas a través de las que este río se abre paso.

Estimo en 5000 hectáreas los terrenos bajo riego en el valle de Santa, de las que sólo hay tres quintas partes bien cultivadas, proporción que va creciendo a medida que se   -36-   reconstituyen las haciendas que han estado abandonadas en los últimos años.

Río de Nepeña

De los 2500 kilómetros cuadrados que abraza esta hoya, sólo 1200 ubican en la zona de lluvias anuales. El río es de los de la segunda clase; nace en la Cordillera Negra y no en la divisoria continental, y por consiguiente recibe menos lluvias y aguas de las nieves que se derriten en el estiaje, que los ríos que penetran más al oriente, circunstancia que no impide que el valle sea muy cultivado y tenga dos grandes haciendas cañaveleras.

Los terrenos bajo riego los estimo en 8000 hectáreas, pero de esta cantidad sólo la mitad está cultivada sistemáticamente.

El agua disponible es demasiado limitada en el estiaje para ensanchar los cultivos de caña; pero podría fomentarse chacritas de pan llevar regadas con las crecientes del río.

Se han hecho esfuerzos para utilizar los puquios en el valle y la cuestión de bombear agua se discute, porque hay abundancia de combustible y las aguas subterráneas están tan próximas al suelo, que alumbran naturalmente en forma de puquios.

Río de Casma

El río de Casma desagua una superficie de unos 2600 kilómetros cuadrados, teniendo 1300 en la zona de lluvias anuales generales. Es un río de la segunda clase pues no nace en la divisoria continental. La entrada al valle se verifica por el puerto de Casma, que dista una docena de kilómetros de la ciudad de Casma situada en el valle, en medio de los intereses agrícolas. Este valle es el camino real a Huaraz capital del departamento y también es la ruta por la que se hace gran parte del tráfico del valle del río de Huaraz.

El caudal del río Casma no basta para cultivar todas las tierras del valle, sin embargo se riega una buena extensión de ellas, pudiendo computar en 10000 hectáreas las que están bajo riego destinadas a pastos u otros cultivos. En este valle no se ha desarrollado el cultivo intensivo de otras regiones de la costa y las aguas no están monopolizadas por los cultivos de caña.

No conozco documento alguno que se relacione con el ensanche de los terrenos de cultivo por medio de irrigaciones o construyendo reservorios, aunque quizá sí existen sitios adecuados para ello en las serranías, donde nace el río. Cerca de la costa el valle es demasiado ancho para poderse   -37-   construir diques, sin embargo no difiere de los ríos adyacentes del norte y sur.

Río de Huarmey

La cuenca del río de Huarmey contiene 2700 kilómetros cuadrados, de los que 1700 están en la zona de lluvias anuales, pero su caudal no parece ser proporcionado a su cuenta colectora de lluvias si se le compara con la de los ríos vecinos.

El puerto de Huarmey permite el acceso al valle y algunos kilómetros tierra adentro está el pueblo de Huarmey.

Por ese puerto se trafica para Aija, Ticapampa, Recuay y hasta Huaraz.

El área cultivable del valle de Huarmey es de 2000 hectáreas casi toda cultivada. El valle es muy angosto, exceptuando en la vecindad del litoral, cerca al pueblo y por eso los terrenos de cultivo son escasos y mejor aprovechados que en otros valles costaneros.

La escasa agua disponible impide los cultivos intensivos pero basta para los pastos y los sembríos de pan llevar.

Tanto el valle de Huarmey como el de Culebra que deben considerarse juntos, están totalmente aislados por grandes extensiones de territorio árido, que los separan del valle de Casma por el norte y del de la Fortaleza por el sur, por lo cual hay poco tráfico por tierra, manteniéndose el contacto con el resto del país mediante el escaso tráfico marítimo.

Río de la Fortaleza

Este río es el más septentrional del departamento de Lima y su cuenca está casi toda en el de Ancachs.

Toda su hoya tiene una área de 21500 kilómetros cuadrados de los que próximamente 900 kilómetros cuadrados están situados en la región de las lluvias anuales generales.

El río nace al oeste de la Cordillera Negra y no en la divisoria continental.

La extensión del área colectora de lluvias del río, es relativamente grande, comparada con sus tierras de cultivo, que no se internan mucho y por consiguiente están en el departamento de Lima.

No se ha medido el caudal del río Fortaleza, pero cuando lo visité en el mes de enero, antes que principiaran las lluvias, había poca agua corriente y se me aseguró que siempre tiene un poco de agua en el período del estiaje y que en los meses de lluvia, es muy grande la cantidad que desagua en el mar. Si los terrenos del valle estuviesen todos irrigados habría escasez de agua en el estiaje.

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Al apreciar la cantidad de terreno de cultivo en el valle del río de la Fortaleza, hay dificultad para fijar la línea de separación de esas tierras, de las de Pativilca; sin embargo se pueden estimar en 2500 hectáreas. El agua que emplean es casi toda del río de Pativilca llevada por una acequia, por la quebrada del Cañado o Huaricango que la conduce a la gran hacienda de caña de Paramonga.

El río de Pativilca contiene bastante agua, motivo por el que no se emplea la del río Fortaleza.

Además de las tierras cultivadas con caña de azúcar, hay una gran extensión ocupada en el valle con huarangales. Estos terrenos sólo sirven ahora para pastos o se destinan a chacritas. Se han abierto pequeñas acequias para llevar las aguas del río a esos terrenos, pero no se les da importancia y no se labran metódicamente. No hay razón para que esos terrenos no se dediquen a la agricultura de la caña; o mejor dicho si hay agua bastante en el estiaje, es probable que se cultivarán ahora, puesto que pertenecen a Paramonga.

Es éste un ejemplo de lo que se encuentra en muchos lugares de la costa, cuando poseen las tierras, haciendas que se dedican a la explotación de un sólo producto.

Si se les vendiera por lotes pequeños, serían sin duda muy pronto ocupados por agricultores económicos.

Río de Pativilca

El río de Pativilca es uno de los más importantes de la costa, bajo el punto de vista de su caudal y de su curso permanente. Su valle lo ocupan intereses agrícolas valiosos y el valle del río Fortaleza al norte y el valle del Supe al sur, dependen en gran parte del río de Pativilca.

La hoya del río de Pativilca se extiende hacia el punto de la divisoria continental, donde la Cordillera cambia un poco su dirección y justamente hacia el sur de la bifurcación de la cadena, en las cordilleras Blanca y Negra. Es probable que esta combinación de rasgos físicos, origine condiciones climatéricas favorables a las caídas de lluvias y esta circunstancia, unida con al extensión considerable del drenaje, explique la importancia de este río. La hoya del río de Pativilca comprende próximamente 5300 kilómetros cuadrados de los que 4000 están en la zona de lluvias anuales generales.

El caudal del río no se ha estudiado y tampoco no se ha medido metódicamente el crecimiento o aumento de sus aguas. Todo el año el río descarga en el mar un caudal considerable. En el período de lluvias el río, es torrencial, y es   -39-   entonces cuando se choca con mayores tropiezos para irrigar los terrenos, porque se destruyen las tomas temporales de las acequias.

Los terrenos bajo agua por irrigación en el valle de Pativilca, pueden estimarse en 12000 hectáreas. Como se dijo al apreciar el área del valle del río de Fortaleza, la división de estos valles no es precisa, y se observa que la distribución de la agricultura depende del relieve del territorio.

Las montañas que limitan el valle y que se presentan como grupos de cerros, entre los terrenos de cultivo junto con planicies de Hormigón, impiden el aumento del área, con excepción de los que están próximos al puerto de Supe.

Río de Supe

La hoya del río de Supe comprende más o menos 1000 kilómetros cuadrados de los que 350 están en la zona de lluvias anuales. Es uno de los valles clasificados entre los de la segunda clase en este informe y carece de agua corriente en el período de seca.

Se cultivan más o menos 3000 hectáreas de las que 2200 pertenecen al fundo San Nicolás y el resto son terrenos de Supe.

La acequia del río de Pativilca, es de la que depende el valle en la estación de seca. La acequia alcanza apenas la parte baja del valle. Tiene fuerte pendiente y pequeña sección trasversal. Si su declive no fuera tanto, entraría al valle al nivel superior, y por consiguiente le sería más útil, facilitando la irrigación de algunas tierras en las pampas que quedan ahora por encima de ella.

En el lugar del valle de Supe, en el que están ahora los terrenos encerrados por los cerros y al oriente de los cultivados, hay un puquio del que brota un poco de agua en la estación de seca.

Perforando galerías de filtración en este puquio, aumentaría indudablemente la cantidad de agua, aprovechando la corriente del subsuelo que más abajo del valle desaparece en el pedregoso cauce del río.

Río de Huaura

La hoya de este río tiene 6000 kilómetros cuadrados de los que 3400 pueden considerarse en la zona de lluvias anuales generales. El río lleva su caudal todo el año al mar, pero en el período de estiaje se reduce a un arroyo.

La importancia de este río se debe a que sus afluentes superiores alcanzan la divisoria continental de las aguas y por tanto es río de la primera clase, según la clasificación que he adoptado.

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Los terrenos irrigados en el valle de Huaura comprenden cerca de diez mil hectáreas según cómputo de los vecinos.

La mayor parte están cerca de la costa y hay una faja larga al oriente, en la parte estrecha del valle. Cerca de la villa de Huacho, los terrenos están subdivididos en lotes pequeños cultivados como jardines y huertas. Sus productos se remiten casi todos a Lima.

Esta sección del valle se califica frecuentemente como la bonita campiña de Huacho, y es modelo de la frugalidad de los pequeños propietarios agrícolas del Perú.

El resto del valle de Huaura, se divide en grandes haciendas que cultivan caña de azúcar y algodón que se exporta al extranjero.

Río de Chancay

La hoya del río de Chancay comprende próximamente 4200 kilómetros cuadrados de los que 2200 están en la zona de lluvias anuales generales. Este río nace en la cordillera y su cuenca es bastante ancha.

El largo del río es de 110 kilómetros, medidos según el curso del lecho.

Toda la hoya es montañosa, excepción hecha de los terrenos del valle que principian 30 kilómetros tierra adentro de la costa, y continúan hasta el mar abriéndose en tres ramales como puede verse en la lámina adjunta.

La provisión de agua para la agricultura es por ahora suficiente. Si fueran a cultivarse todos los terrenos, es probable que entonces habría necesidad de almacenar agua para usarla en tiempo de escasez.

No se ha medido nunca el caudal del río, ni tampoco sus avenidas.

La cantidad de terrenos bajo riego se estima en 15000 hectáreas. Esta cifra no abarca todo el terreno irrigado; hay extensiones en semiabandono y se han empantanado y cargado de sales o se han cubierto de gramas y arbustos. Estas tierras pueden resanarse. Ya se está limpiando una parte, sangrándose y cultivándose y principian a desaparecer las eflorescencias salinas, lavándolas y desaguándolas.

Al norte de Huaral, hay una falda arenosa al borde de los terrenos de cultivo, que forma parte de una pampa que se puede irrigar; para el efecto se trata de cavar una acequia.

Río de Chillón

El río de Chillón nace en la cordillera y su valle, de ancho uniforme, comprende 2500 kilómetros cuadrados, de los que 1800 están en la zona de lluvias anuales generales.   -41-   Cerca del mar, los terrenos bajos del valle se confunden con los del valle del río Rímac al sur; y en el hecho la parte cultivada, se considera directamente tributaria de Lima por la línea férrea, que facilita sus comunicaciones y trasportes.

En el período de lluvias en la cordillera, el río Chillón tiene abundancia de agua, pero en el período del estiaje, no llega agua al mar; sin embargo, no se puede sostener que sufra de escasez de agua, por que su agricultura está arreglada a las conocidas condiciones del aprovechamiento de sus aguas; pero hay terrenos que si hubiera más agua se podrían cultivar mejor.

No se ha medido ni el caudal ni la corriente del río.

La cantidad de terrenos cultivados que hay bajo agua en el valle Chillón es de 12000 hectáreas, pero hay más extensión de terrenos que no tienen cultivo.

Río Rímac

El drenaje de la hoya del «Rímac» comprende cerca de 3700 kilómetros cuadrados, de los cuales 2300 están en la zona de lluvias anuales generales. El «Rímac» nace en la Cordillera, y en la zona de lluvias referida recibe: por el norte, el afluente Santa Eulalia. La mayor extensión de la hoya, de norte a sur, está cerca de la Cordillera, y por consiguiente su caudal es relativamente grande, porque es en la Cordillera donde llueve con más abundancia.

No se ha registrado sistemáticamente la cantidad que llueve en el valle, con excepción de lo que se ha conseguido registrar en Lima, donde no hay más que garúas.

Aunque el Rímac es un río importante, el aprovechamiento de sus aguas en el valle, sobrepasa a cuanto ha ocurrido en otros lugares del país, que han disfrutado de facilidades y recursos análogos.

El progreso realizado, representa el mayor ensanche y prosperidad de la República y es una medida de lo que sucederá en otros lugares, en el curso del tiempo.

La dependencia de todas las industrias de la provisión de agua, directa e indirectamente, ha impelido a aprovechar el agua del Rímac en muchas formas y aunque hay mucho campo todavía para mejoras, ya se encuentran extensas irrigaciones, reservorios de agua en las cabeceras del valle y en terrenos de cultivo, galerías de filtración para proveer de agua potable a varias poblaciones, pozos artesanos, pozos tubados profundos que se bombean a vapor, con fuerza eléctrica y con molinos de viento; instalaciones hidráulicas de gran poder y para desarrollar energía eléctrica.

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No se le ha medido regularmente, pero no faltan datos aislados que den idea de ese caudal.

El río Santa Eulalia tiene un caudal de 1 metro cúbico en el período de estiaje, y aproximadamente de 35 metros cúbicos en el de creciente. Pero el caudal de los ríos no se ha medido bien en la época de las avenidas.

De estos cómputos, el caudal de agua disponible más abajo en Chosica, varía de 5 metros cúbicos a 235.

Los terrenos bajo agua en el valle del Rímac se computan en 20000 hectáreas más o menos.

La cantidad de agua no alcanza para irrigarlos en el período del estiaje, especialmente en años de sequía. Algunos terrenos se abandonan o se destinan a pastales en determinados meses.

Algo ha mejorado el estado de cosas, mediante el establecimiento del servicio de las aguas represadas en las lagunas en las alturas de Santa Eulalia (lagunas en Huarochirí), pero la cantidad aprovechable todavía queda corta.

Entre los terrenos de cultivo, hay muchos estanques que sirven para dar agua al ganado y aún para depositarla para irrigar. Muchos de estos depósitos están revestidos de mampostería. Son utilísimos porque sin ellos los fundos que los poseen quedarían absolutamente desprovistos, los días que el derecho al agua toca a otro fundo.

Las depresiones de un suelo ondulado y la existencia de capas impermeables en el subsuelo, han ocasionado en algunos puntos del valle, el alumbramiento natural de las aguas subterráneas y formado puquios y terrenos pantanosos.

Río de Cañete

La extensión del drenaje del valle de Cañete es no sólo grande, sino que mucha parte ubica muy cerca de la cordillera y por consiguiente aprovecha las lluvias en abundancia.

La hoya tiene aproximadamente 70000 kilómetros cuadrados de los que 57000 están en la zona de lluvias anuales generales. La quebrada de Pocoto es tributaria de Cañete, pero adolece de escasez de agua, y en algunos años recibe muy poca.

Hay algunas chacras pequeñas en sus cabeceras, pero el valor principal la constituye el terreno de aluvión que se extiende sobre las pampas, hasta donde alcanzan sus avenidas.

El valle de Cañete es el primero de importancia al sur de Lima. Sus productos se embarcan por el puerto de Cerro   -43-   Azul; desde allí parte un ferrocarril de vía angosta que penetra al valle, pero que por ahora no atiende sino a una parte del tráfico.

Nunca se le ha medido, pero tiene agua suficiente para todos los terrenos cultivados. Aún en los años más secos, hay más agua de la que se emplea y de aquí que pueda aprovecharse para aumentar la irrigación.

Los terrenos cultivados de Cañete, se pueden estimar en 12000 hectáreas, y sólo sufren por el defectuoso sistema de distribución de aguas de regadío. Por ejemplo, el canal superior tiene socavones relativamente largos, cortados por entre puntas de cerros y la capacidad del canal está proporcionada a la de los túneles, que no pueden ensancharse sin gran desembolso. También las acequias tienen muchas curvas que reducen su pendiente efectiva y el corte de los barrancos en estos sitios, causa a veces roturas de consecuencias desastrosas. Merece la pena recordar que los socavones se atribuyen a los Incas; pero esto no es cierto, como se puede comprobar por una cuidadosa investigación. No he podido descubrir la fecha exacta de su construcción, pero ella es reciente.

Río de Chincha

El río Chincha nace en la cordillera, pero tiene relativamente pequeña cuenca colectora si se le compara, a la del río Cañete al norte y a la del río de Pisco al sur; su área es de 4500 kilómetros cuadrados de los que 2200 están en la zona de lluvias anuales. En su curso inferior fluye por un ancho valle excavado en las pampas costaneras, y es desde allí que derivan sus aguas para aplicarlas a irrigaciones. A la boca del río está el desembarcadero de Tambo de Mora, y cerca principia un ferrocarril de vía angosta que comunica, con la industriosa ciudad de Chincha Alta.

Nunca se le ha medido, no obstante haberse practicado estudios y obras para irrigar más terrenos. Por informaciones lugareñas, sé que el caudal de agua no basta en la estación seca del año y que carga mucho más agua de la necesaria en la época de crecientes. Debe pues deducirse, que el aprovechamiento de las aguas de las crecientes, después de atender a las verdaderas necesidades, requiere estanques para depositar lo excedente.

Los terrenos irrigados, se estiman en 15000 hectáreas, incluyendo los que corresponden a Chincha Baja y las pampas situadas al norte y a nivel más elevado, denominadas Chincha Alta; que divide un barranco llamado La Cumbre.

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Las aguas del valle de Chincha, se dividen en tres partes iguales, de las que: dos partes se asignan al valle de Chincha Baja y una a los terrenos altos o de Chincha Alta, subdividida así: dos terceras partes para los terrenos bajos de Belén y el último tercio para Chincha Alta.

En el mes de marzo principia la escasez, que dura hasta fines de noviembre; pero en los meses restantes, hay mucha agua que se pierde en el mar. Esta pérdida se debería evitar construyendo reservorios para depositarla y aprovecharla para extender y mejorar la agricultura.

Río de Pisco

El río del valle de Pisco, se extiende hasta la cordillera y además tiene una gran cuenca, de manera que es de más caudal que el río de Chincha, al norte, o el de Ica al sur. El área total de la cuenca es aproximadamente de 60000 kilómetros cuadrados de los que 38000 se encuentran en la zona de lluvias generales.

La parte inferior del río atraviesa las pampas costaneras, en las que se aprovechan las aguas para irrigarlas.

Los terrenos del valle son algo angostos. Las pampas que quedan al sur del río las ocupan médanos, pero al norte son cultivables y es allí donde pueden extenderse las irrigaciones de los que tengan interés en aumentarlas.

El caudal del río de Pisco no ha sido sistemáticamente aforado, hasta el momento de escribir estas líneas. En la estación de crecientes es muy grande, pero en el estiaje no tiene agua suficiente para hacer frente a todas las necesidades de la agricultura. Sin embargo, que no es excepcional ese estado en los ríos de costa, y si la agricultura se adapta a él, el río Pisco se halla relativamente hablando, favorecido por más cantidad de agua y no hay razón porque no puedan aumentarse más los cultivos.

Las tierras en cultivo llegan a 10000, hectáreas en el valle de Pisco, pero en algunos lugares, la agricultura está aún descuidada y no hay razón que impida ensanchar el área cultivada.

Río de Ica

La hoya del río de Ica, por el lado del Oriente, es triangular y se estrecha de manera que sólo uno de sus ángulos toca a la cordillera.

A causa de esta posición, es relativamente pequeña la parte que se extiende en la zona de lluvias anuales.

El río y las quebradas que le llevan agua, desaguan próximamente 49000 kilómetros cuadrados, pero sólo nueve mil reciben lluvia por regla general.

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En años excepcionales, cuando llueve poco, los intereses agrícolas del valle sufren inmensamente.

El curso de la parte central del río de Ica, está en la planicie mediterránea o pampas. Desde allí, puede derivarse sus aguas para la irrigación y por consiguiente es esta la parte poblada del valle. Más cerca de la costa, el río pasa por un cañón angosto y sus laderas carecen de terrenos cultivables suficientes que pudieran ocuparse, dado el caso de que se dispusiera de agua en cantidad bastante para sus sementeras.

No se ha medido ni los niveles a que alcanza el agua, ni el volumen medio del río. Algunos años es muy caudaloso y fluye hasta el mar, en otros, se desvían todas sus aguas del cauce para las irrigaciones de los terrenos, mientras que en años determinados, no carga agua para llenar las acequias y ni siquiera para llegar a la ciudad de Ica.

Los terrenos que es posible cultivar por medio de irrigaciones del valle de Ica, se aproximan a 11000 hectáreas. En los períodos de sequía, no todo se puede regar y sobrevienen fuertes perdidas en las inversiones hechas en la agricultura. Recientemente se ha tratado de apelar a las aguas del subsuelo, pero pocos son los que han conseguido establecer bombas, para sacar agua en esos períodos de escasez.

Río de Lomas

El río de Lomas o de Acarí drena 4100 kilómetros cuadrados ubicados en la zona de lluvias generales anuales. Se ve pues que tiene una gran área de captación de aguas, adyacente a la cordillera, lo que explica su caudal relativamente abundante.

En la zona lluviosa de la costa hay ciertas montañas relativamente elevadas al nordeste del puerto de Lomas y al noroeste del pueblecito de Acarí, donde crecen pastos naturales (lomas) que durante una parte del año tienen agua suficiente para el ganado que allí pasta, pero sólo en años excepcionales se reúne y corre sin ser totalmente absorbida por el terreno.

El valle de Lomas es angosto, está situado entre cerros con excepción de la zona comprendida entre Acarí y la orilla del mar; zona en la que su río corre por un valle profundo excavado en las llanuras costaneras.

El volumen del río no se ha medido nunca sistemáticamente y en la estación de aguas no se puede cruzar a caballo durante muchos días, de modo que ha sido preciso establecer frente a Acarí dos cables (Oroyas) para facilitar el tráfico.   -46-   En el estiaje el agua no pasa de Acarí, superficialmente, y se conserva estancada en varios sitios de su cauce pedregoso.

Las tierras bajo el riego del valle de Lomas suman unas 1200 hectáreas, debiéndose esto a la estrechez del valle y la falta de reservorios para almacenar aguas para el estiaje. Procesos judiciales han permitido que la agricultura del valle caiga en un estado de abandono que en parte se debe también a su gran distancia a Lima y a la falta de regularidad del tráfico marítimo, que mantiene incomunicado ese puerto.

En la actualidad el proyecto para irrigar las pampas de la Bella Unión, que están entre Lomas y Acarí, se está llevando a cabo.

Río de Ocoña

Este río llamado también a veces Río Grande a causa de su caudal, es uno de los más grandes de la costa, y generalmente se le considera el tercero en importancia, siendo el de Chira primero y el de Santa segundo.

Su hoya hidrográfica desagua una superficie territorial de unos 112,00 (sic) kilómetros cuadrados de la zona de lluvias, siendo de notarse que en la sierra su cuenca forma un cuadrilátero, encausándose después de recibir todos sus afluentes en una garganta profunda y angosta para atravesar la región costanera, como un río único.

Salvo la afirmación de que el río Ocoña es el tercero de la costa, no existe otra que determine su volumen; pero juzgo, al ojo, que en sequía no le faltan veinte y cinco metros cúbicos de agua por segundo, volumen que justificaría el gasto de la mayor suma de dinero para utilizarlo en irrigaciones de las pampas adyacentes y no dudo que algún día se le derive a las planicies adyacentes.

Hay menos de 1000 hectáreas bajo cultivo en el valle de Ocoña, estando casi todas situadas cerca al mar donde su cauce es relativamente ancho. La divagación del río que cambia de madre continuamente y las inundaciones del valle en las crecientes, hace muy inseguro el cultivo de ciertas hierbas.

En su cauce el río se divide en varios brazos que varían continuamente de importancia y las islas y terrenitos que constituye el suelo del valle, son inaccesibles y a menudo inadecuados para la agricultura.

Casi no pueden aumentarse las tierras bajo riego en la parte costanera del valle y su ensanche en el porvenir, depende del aprovechamiento de las aguas de la sierra y de su conducción a las pampas de la costa.

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Río Majes

Este río tiene 97000 kilómetros cuadrados de su cuenca en la zona de las lluvias generales. Sus cabeceras se prolongan por la cordillera de modo que colectan un gran volumen de agua. El río Colca que es un afluente del Majes fluye casi paralelamente a la divisoria continental y otro de los más notables es el Andamayo que nace al pie del nevado Coropuna.

El río Majes tiene siempre mucha agua y durante la estación lluviosa es tanta que no se puede vadear a caballo, ni en los lugares donde se divide en dos o más brazos. Nunca se ha medido su caudal y no habrá necesidad de hacerlo mientras no se tenga un gran proyecto de irrigación, desde que siempre hay más agua de la que necesita la agricultura.

Las tierras regadas en el curso costanero del río Majes forman dos fajas: una próxima a Majes y Uraca que penetra a la sierra más alla de Aplao y la otra vecina al litoral y la ciudad de Camaná. El cauce del río es tan encajonado y angosto cerca al litoral, que carece de tierras cultivables.

Pueden estimarse en 3000 hectáreas la superficie bajo riego, pero este cómputo no pasa de una grosera aproximación, porque nadie se ha tomado nunca el trabajo de calcularla. Cerca de Camina se cultiva mucho arroz porque siempre sobra agua para esta planta que abona el cieno de las inundaciones.

Río Vitor

Esta hoya de drenaje tiene 96000 kilómetros cuadrados en la zona de lluvias anuales generales; pero no obstante esa gran superficie no recibe la cantidad de precipitaciones atmosféricas que por ello pudiera presumirse. Un examen del mapa indicará que el río es de los de la segunda clase, pues no nace en la cordillera, porque el río Majes por el norte y el Tambo por el sur lo excluyen de la divisoria continental, sin embargo su afluente, el río Sihuas, colecta una fuerte proporción de las lluvias de esta hoya y como desemboca en el Vitor cerca del límite occidental de la cadena de cerros de la costa, este es menos caudaloso en la región de las pampas, que en la región en que corta a los cerros costaneros para desaguar en el mar.

El volumen con que desemboca el río Vitor en el mar es mayor que el necesario para regar las angostas tierras del valle.

En el valle de Sihuas abunda el agua y en el mismo río Vitor también pero aguas abajo de la confluencia de él con el Yura; sin embargo en los alrededores de Arequipa el   -48-   área cultivada es relativamente pequeña y el agua no basta en el estiaje, lo que se debe en parte al método de distribución y en parte a la circunstancia que las tierras cultivadas están situadas de modo tal que, las filtraciones de las tierras superiores no regresan al río de modo que puedan aprovecharse de nuevo en la vecindad, sino que van a aumentar el volumen del río cuando está encajonado y sólo hay una fajita cultivable.

El río Vitor tiene dos afluentes principales, de cabecera, el Sumbay y el río Blanco que forman el río Chili hasta la confluencia con el Yura.

El único cómputo del caudal de estos ríos, es el del río Chili que, según el Ingeniero don H. C. Hurd es de 729042000 metros cúbicos anuales según cálculos basados en observaciones de las alturas del río, hechas por varios años por los miembros del Observatorio Astronómico del Carmen Alto, fundado por el Harvard College.

Río Tambo

La hoya del río Tambo entra hasta la divisoria continental de las aguas y capta lluvias en una área de 78000 kilómetros cuadrados, teniendo, como el río Ocoña su parte central estrangulada, cruzando las pampas sus aguas, unidas en un sólo cuerpo, por un cauce profundamente excavado en ellas, en forma de un angosto cañón.

En la zona costanera del río Tambo no hay poblaciones importantes, ni es su valle camino real del comercio.

Jamás se ha medido sistemáticamente el cauce del río Tambo.

En el valle de Tambo se calcula que existen unas 3000 hectáreas bajo riego, forman un conjunto que se extiende de la costa, tierra adentro hasta un lugar en que el cañón es muy angosto y pedregoso para ser cultivado. Del valle hasta Ensenada hay un canal que irriga una pequeña faja de terrenos que no son susceptibles de ensanche, porque las tierras son bajas y contienen mucha sal.

Río de Moquegua

El río de Moquegua es el único río peruano que tiene toda su hoya en el departamento de su nombre; su cuenca colectora de lluvias es chica y apenas si tiene 1300 kilómetros cuadrados en la zona de lluvias anuales generales, pues por el norte lo excluye de la cordillera el río Tambo y por el sur el Locumba, de modo que es un río de la segunda clase. Cuando los años son secos hay gran pérdida para la agricultura, por lo insignificante de los aguaceros   -49-   en la región occidental de la zona lluviosa y como esta es la parte más ancha de la cuenca colectora, no bastan las precipitaciones sobre el área triangular, del drenaje de las cabeceras del río, para regar el valle.

Jamás se ha observado ni medido metódicamente el volumen del río Moquegua, que sólo basta en la época de lluvias para regar el valle. Generalmente aún en la estación seca hay agua suficiente en el cauce del río hasta la ciudad de Moquegua. Para pasar la cumbre que separa ambos ríos, don C. O. Caster propuso un túnel de 695 metros.

Río Locumba

Este río nace en la cordillera y siempre tiene agua suficiente para regar el valle, aguas abajo de la confluencia de sus principales afluentes. La cuenca colectora de lluvias alcanza unos 2400 kilómetros cuadrados.

El agua de su afluente río Salado, es salobre, y más abajo de su desembocadura en el Locumba, ésta es también ligeramente salada; pero no lo bastante para dañar a la mayoría de los sembríos. El origen de la sal en el agua es una cuestión interesante que merece estudio. Parece que proviene de ciertas formaciones de la sierra por las que corre el río.

Las tierras bajo riego llegan a unas 1000 hectáreas confinadas a la inmediata vecindad del río, que corre por un cañón profundo, excavado en las pampas.

Un rasgo interesante de la irrigación local, es la desviación de las aguas de las cabeceras del río Tacalaya al río Sinto, canal que es el que se trata de utilizar para traer el agua de la laguna Istunchaca al valle de Moquegua.

Río Sama

Este río nace en la divisoria continental de las aguas y tiene unos 2600 kilómetros cuadrados de su hoya en la zona lluviosa. Su valle es largo y angosto. Es mucho menos encajonado que los de más al norte; pero sus barrancos son bien marcados.

El río Saina no tiene suficiente agua en el estío; pero su agricultura no sufre mucho sino en años excepcionalmente secos. Como nunca se ha medido y registrado la altura de sus aguas se ignora su caudal; pero debería establecerse esta práctica por los que consumen o distribuyen las aguas. Por el momento habría alguna dificultad en la sierra donde residen algunos propietarios chilenos; pero en la costa toda la agricultura radica en la margen cuya posesión mantiene el Perú.

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Las tierras regadas del valle de Sama, alcanzan una superficie de 5000 hectáreas que forman una faja larga y angosta que se ensancha en la hacienda de caña de Buena Vista. En el estiaje el agua del río es ligeramente salobre, circunstancia perjudicial a ciertos sembríos y en especial a los de caña de azúcar. La caña cultivada es la variedad morada.

No se ha investigado la causa de lo salado de las aguas del río; pero quizá prevenga de terrenos cargados de sal, por los que discurre el río en las serranías.






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Ríos de la sierra

Si en la costa del Perú hay 46 cuencas que originan 46 ríos, en la sierra propiamente hablando, sólo tenemos cinco ríos tributarios del Amazonas que poseen cuenca propia y que son el Marañón, el Huallaga, el Mantaro, el Apurímac y el Urubamba. Igual número tenemos en la comarca del Titicaca, ríos que también pertenecen a la Sierra, pero que no desembocan en el Amazonas y que se les conoce con los nombres de Suches, Ramís, Coata, Ilave y Desaguadero.

La zona peruana del Titicaca no es muy lluviosa, pero hallándose entre cordilleras perfectamente nevadas, los ríos que desaguan en el Lago y que son alimentados por la fusión de los hielos, tienen siempre abundante caudal de agua. Esta agua, hasta ahora, no ha sido aprovechada para la irrigación de las suaves planicies de la cuenca del altiplano; y aunque en realidad no es notable la extensión de terreno que media entre los picachos de las cordilleras y las orillas del Lago, ni tampoco muy favorable la temperatura para cultivos que no sean de climas fríos, no es mucho lo que allí se ha hecho en agricultura y ganadería. Otro inconveniente para el desarrollo de estas industrias lo encontramos en la perfecta horizontalidad de los terrenos limítrofes al Lago, los que, por tal causa, hallándose   -51-   inundados, no serán de utilidad si el drenaje no precede al cultivo, siendo de advertir que muchos de ellos, aun drenados siempre tendrán carencia de abrigo, hallándose en plena pampa y a merced de las heladas. Menos fríos son los terrenos situados al pie de los cerros que forman los contrafuertes andinos; pero la tierra en ellos es escasa, el terreno en mucho declive y las operaciones de arado y cosecha menos fáciles que en el llano.

Hallándose la llanura de Titicaca en región poco lluviosa del Perú y siendo escasísimas las lluvias en los meses de mayo a octubre, la sequedad del terreno en esos tiempos es fenómeno particular en aquella comarca. Y como las aguas de los ríos no han sido sacadas por canales para humedecer siquiera las tierras, los pastos se secan, toman color amarillento y son de escasa alimentación al ganado. Como zona ganadera, las pampas argentinas y las del Orinoco en todo respecto tienen inmensa ventajas sobre las lomadas del Titicaca, y si en ambas, poco hay que ayudar a la naturaleza, en Puno, el hombre casi debe hacerlo todo.

La Sierra norte del Perú sólo tiene dos cuencas: una de ellas forma el río Huallaga y otra el río Marañón. La del centro y la del sur, tres cuencas, cuyas aguas respectivamente originan el Mantaro, el Apurímac y el Urubamba. Tres de estos ríos nacen en el nudo de Pasco y los dos restantes en el de Vilcanota. De todos estos cinco, no hay ninguno que en tierra propiamente serrana tenga el largo curso que tiene el Marañón, ni que en sus primeros 500 kilómetros de longitud reúna tan pocas condiciones favorables para la navegación. Casi en iguales condiciones encuéntrase el Apurímac, no pudiendo hacer igual apreciación del Urubamba ni tampoco del Mantaro.

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Río Marañón

Nace el Marañón en la cordillera nevada de Pelagatos, cuyos deshielos forman las lagunas de Huaihuac y Lauricocha. Atraviesa algunas provincias del departamento de Huánuco, y siguiendo su curso que casi siempre es N NO, pasa por las provincias de Huari y Pomabamba, corta la región aurífera de Pataz y al último sirve de lindero entre los departamentos de Cajamarca y Amazonas. Desde su origen corre por la profunda quebrada que el mismo se ha abierto por entre las cordilleras occidental y central que con rumbo al norte se desprenden del nudo de Pasco. Ya en Ancahs lo encontramos muy profundo, muy cargado de agua y con cierta majestad en su descenso. Naturalmente, con mayor caudal y más encajonado al separar la provincia de Celendín de la de Chachapoyas. Desde Pomabamba se le cruza en balsas y aunque avanza silencioso y sin cascadas, su cauce continúa encajonado por altísimas montañas, ninguna de las cuales posee en abundancia tierras aparentes para el cultivo. Pocos ríos en el Perú tienen la inutilidad que el Marañón interandino en el largo curso que media entre su nacimiento y la confluencia con el Utcubamba. Ubicado en el fondo de un profundo cañón y al medio de dos altísimas cordilleras, cuyas cumbres entre sí no se hallan a mucha distancia, es poca la tierra de cultivo que ha dejado a sus orillas. Mejor suerte ha cabido a sus afluentes, aunque no a todos. Muchos de ellos, especialmente los de corta carrera no tienen en su curso un pedazo plano digno de atención. Ello es natural, descendiendo por grandes declives y habiendo podido horadar a su placer las quebradas por donde pasan. Si alguna meseta existe en las inmediaciones del Marañón, ella se halla casi colgada en los cerros y circundada por abismos profundos.

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El espíritu se apena al contemplar desde las alturas la manera como el Marañón ha socavado el territorio por donde pasa. Lo que primitivamente fueron lagunas y planicies situadas a diversos niveles, algo parecido a la de Junín y al valle de Jauja, es ahora colosal y profunda hollada, comarca de barrancos y declives, zonas de numerosas quebradas, país rugoso, y en toda su extensión vuelto de un lado. Los que en viaje a Chachapoyas van en su demanda para cruzarlo en Balsas, con emoción pero también con displicencia le contemplan desde las altas cumbres. Desde ellas se le ve entrar y salir por cañones profundos, cañones que formó robando la cuantiosa cantidad de territorio que encontró a su paso, y que llevó hasta el valle del Amazonas. Visto desde esas alturas, el río, aparece como plateada y diminuta cinta, como algo perdido en las profundidades de colosales y estupendos cráteres. Si nos proponemos bajar a sus playas, nuestra mula necesitará diez horas de penosa marcha, y si queremos continuar viaje y ocupar la altura de la cumbre opuesta, será necesario caminar otras diez horas, y tal vez más. Y este viaje penoso que nos lleva desde las frías comarcas de las punas a las calurosas y palúdicas orillas del Marañón y que toma más de dos días, sólo nos proporciona un avance de 25 kilómetros, siendo esta mísera distancia que media entre ambas cumbres, la misma que en las pampas de Piura o de la joya cruzaríamos al galope del caballo en algo más de dos horas.

Los principales afluentes del Marañón interandino son, en Huánuco y Ancalis, los ríos de Huallanca, Puccha, Yanamayo y Rupac; en Pataz, el Alpayaco, y el Nahuinbamba; en la Libertad y el Sur de Cajamarca, el Crisejas, el Zendoval, el Vilalla y el Laucán. Todos por su escasa longitud   -54-   y por la carencia de amplios valles no han tenido condiciones para fomentar la riqueza de las regiones que atraviesan. Poco se obtuvo de ellos durante el coloniaje, menos en la República, no siendo muy halagüeñas las esperanzas que puedan cifrarse para el porvenir. Todo lo contrario puede decirse, en lo que toca a esperanzas, de los valles que riegan el Chamaya, el Chinchipe, el Utcubamba, el Nieva, el Ymaya, el Agapa, y ya en tierras de montaña el Santiago. Por desgracia, estos ríos irrigan tierras boscosas y despobladas, donde todavía la cultura y el progreso no han entrado.

Dedúcese de lo dicho, que es el Marañón antes de que se le una el Utcumayo, río de poco provecho, y que si por algo es notable, en sus cabeceras, es por la incomunicación en que ha puesto el oriente con el occidente en una tercera parte del norte del Perú. En tierra de montaña, como acabamos de decir, tiene afluentes de importancia que corren por el medio de riquísimas y planas comarcas, pero ninguna de las cuales hasta ahora es explotable por falta de población y caminos.




Río Huallaga

Tiene el Huallaga en su largo curso por el norte, mayor importancia que el Marañón. Atraviesa el territorio en línea casi paralela a éste, y al unírsele, descarga en su cauce igual cantidad de agua que la que el otro lleva. El Marañón es más serrano. Corre más tiempo por un suelo netamente andino, y por consiguiente a mayor altura sobre el nivel del mar. No le pasa lo mismo al Huallaga, el cual, hallándose más lejos del Pacífico, se ha abierto paso por entre cadenas de montañas menos altas. Por esto desciende más pronto a las tierras semiandinas.

No son muchos ni muy extensos los valles que el Huallaga forma en su larga carrera, en cambio, sus afluentes,   -55-   riegan las mejores tierras de cultivo que tiene el Perú. Fue en la colonia río explotado y tuvo en su cuenca poblaciones de importancia como Moyobamba y Tabalosos. La República no supo sacar ningún provecho de él por causas que ya expondremos.

Nace este río en el mismo mineral de Pasco. La quebrada de Pucayacu le da sus primeras aguas. Desciende con violencia y cuando llega a Ambo, en su rumbo hacia el norte, ya le vemos pasar con enorme caudal de agua. Mucho más lleva cuando atraviesa Huánuco, y posteriormente cuando entra en zona semimontañosa y toma hacia el este. Con dicho rumbo pasa por los valles de Chinchao y Panao, hasta llegar a Muña, donde violentamente se encamina hacia el NO, y recibe por la izquierda a los afluentes Chinchao, Cayumba, Monzón, Uchiza, Tocache, Mixioro, Huamcabamba y el Mayo que le viene del norte. Por la derecha, y a partir desde Muña hasta Chasuta en una distancia de 400 kilómetros, colinda con las famosas pampas del Sacramento, las que, por tener alrededor de 6000 kilómetros cuadrados de extensión, algún día tendrán tanto valor agrícola como tiene la provincia de Buenos Aires. Hállanse esas pampas, no solamente deshabitadas pues apenas viven en ellas unos cuantos salvajes, sino también casi desconocidas por el hombre civilizado. Aún más desconocido es el territorio situado a la izquierda del Huallaga, entre el Tocache y el Mayo, o sea una extensión de 180 kilómetros, territorio que nadie conoce porque nadie ha visitado.

En el departamento de San Martín, el Huallaga recibe al Mayo, afluente de importancia, no tanto por la cantidad de agua que le da, como por tener en su cuenca 400 leguas cuadradas de fértiles y planos terrenos, todos aptos para la agricultura.

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Pasado Chasuta, sigue el Huallaga hacia el NO, cruza cañones profundos que le originan 42 rápidos, y termina su carrera interandina en el Pongo de Aguirre.

Una vez que sale de él, dejando hacia el occidente la cadena oriental de los Andes, se convierte en río navegable y forma parte de la región de los bosques.

No hay nada en el Perú que tenga la riqueza agrícola inexplotada que existe en la extensa cuenca del Huallaga. El Marañón posee en Jaén, en las hoyas del Santiago y el Chinchipe, ondulantes y fértiles valles muy ricos y muy hermosos, pero ninguno de ellos tiene la importancia de la Pampa del Sacramento, ni de las planicies que riega el Mayo y los demás afluentes que hemos mencionado. Hay en este pequeño mundo del Huallaga, tierra para algunos millones de hombres, hay climas deliciosos, hay agua en abundancia y en su suelo fructifican las plantas más nobles y más raras que tiene la Naturaleza. La República le encontró deshabitado, metido en el corazón del Perú, sin condiciones favorables para la navegación ni para construir caminos terrestres. Por estas causales no pudo hacer de sus tierras lo que ellas merecen. Si tuviéramos estas riquezas al lado del Pacífico, nuestra importancia agrícola sería igual a la de Cuba.

Uno de los ríos mejor estudiados por Raimondi en sus obras geográficas, es el Huallaga. Su descripción es interesante. Ella nos pone de manifiesto las dificultades inherentes a su navegación en la parte interandina, las mismas que impidieron la explotación de la cuenca en el primer siglo republicano. He aquí lo que nos dice de él:

El río Huallaga recibe un gran número de afluentes, tanto a la derecha como a la izquierda; pero en general, los ríos que le tributan por la derecha no son muy grandes, a excepción   -57-   del Chipurana, que entra al Huallaga más abajo del Pongo de Aguirre, y que es el único digno de interés.

Entre los principales afluentes del Huallaga nombraremos el

Río Monzón.- Este río toma su origen de algunos ramales de la cordillera, en la provincia de Huamalíes, y baja a juntarse al Huallaga en Tingo María, que es el primer pueblo de la provincia litoral de Loreto. El río Monzón es navegable en parte por balsas y pequeñas canoas. Playa Grande o Pueblo Nuevo, situado en la orilla del río de Patayrondo, a media legua del río Monzón y a tres leguas de la confluencia de este río con el Huallaga, es el principal embarcadero para los habitantes de las montañas de Monzón que trafican por el Huallaga.

Río Huayabamba.- El río Huayabamba es el más grande entre todos los afluentes del Huallaga que hemos citado hasta ahora. Este caudaloso tributario del Huallaga, se halla formado en un gran número de riachuelos, que bajan en todos sentidos de los elevados cerros de la provincia de Pataz y del departamento de Amazonas. Su principal origen parece ser el nevado de Cajamarquilla, que es el más elevado entre los cerros de la parte norte del Perú. El río de Huayabamba es navegable por un largo trecho y presta una fácil comunicación a los pueblos situados en sus orillas. Estos son: Huicongo, situado casi a tres leguas de la desembocadura del río Huayabamba en el Huallaga: Pachiza, una legua más abajo de Huicongo y Lupuna, en la misma confluencia del río Huayabamba con el Huallaga. Al principio de este siglo había en la orilla del río Huayabamba, a 20 leguas más arriba de su desembocadura otro pueblo llamado Pajaten; pero en el día apenas se notan los rastros.

Los ríos de Juanjuy y Saposoa, que pasan por los pueblos del mismo nombre, son muy inferiores al precedente.

Río Mayo.- Este río es el más grande entre todos los tributarios del Huallaga; se conoce también con el nombre de Moyobamba porque baña la ciudad del mismo nombre. El río de Moyobamba se halla formado por la reunión de muchos riachuelos, que nacen de un grupo de cerros situados al NE de la ciudad; recibe, cerca de Moyobamba, dos grandes afluentes llamados Tonchiman e Indoche; y más abajo de Moyobamba, engruesan sus aguas los ríos Jera, Cachiyaco y Cumbasa. El río Mayo es navegable por veinte leguas más arriba de Moyobamba; pero a pesar de haber aumentado su caudal   -58-   de aguas, no es navegable desde la ciudad hasta la desembocadura por tener muchos malos pasos.

Estos obstáculos a la navegación del río Mayo, más abajo de Moyobamba, hacen que todos los efectos que vienen desde el Brasil por medio del Amazonas y del río Huallaga no puedan ser trasportados por aguas hasta la capital de la provincia, y sea indispensable hacerlos cargar por tierra, aumentando los gastos y de consiguiente su valor. Sería de suma importancia se hiciese un estudio detenido de todos estos malos pasos, para ver si se pudiera hacerlos desaparecer con pocos gastos. Con la navegabilidad del río Mayo, la ciudad de Moyobamba ganaría inmensamente, poseyendo en las inmediaciones, además del Mayo, otros ríos navegables, cuales son el Tonchiman y el Indoche, que permiten llevar a la capital de la provincia, con reducido costo, todos los productos agrícolas que se cosechan en el interior. A dos leguas antes de la desembocadura del río Mayo en el Huallaga, terminan los obstáculos que presenta este río a la navegación, y en este punto se halla situado el puerto de Juan Guerra, adonde se desembarcan los efectos que vienen por los ríos.

Río Paranapuras.- El río Paranapuras es mayor que los tres últimos y navegable por grandes canoas y lanchas. Este río desemboca en el Huallaga, por la izquierda, algunas cuadras más abajo del puerto de Yurimaguas: es muy frecuentado por todos los habitantes de la provincia que hacen comercio con el Brasil o que preparan pescado salado en las orillas del Ucayali, los que remontando el Marañón y el Huallaga, entran en este río, y continuando su marcha hasta la confluencia de otro río llamado Cachivaco, entran en él y siguen navegando hacia el pueblo de Balsapuerto, que es el embarcadero principal. Del pueblo de Balsapuerto se traen las cargas a espaldas hasta la ciudad de Moyobamba. Casi en la confluencia del Cachiyaco con el Paranapuras se halla otro puerto llamado el Varadero, en donde se embarcan los que vienen por el camino de tierra de Jeveros a Moyobamba. En la orilla del Paranapuras, a dos días de subida desde su desembocadura en el Huallaga, hállase otro puerto llamado Muniches.

Río Aipena.- El último afluente del Huallaga es el apacible Aipena, cuya desembocadura se halla muy cerca de la confluencia del Huallaga con el Marañón. Este río singular se puede considerar formado por el exceso de agua de los ríos Huallaga y Marañón. En efecto, hállase situado en el ángulo formado por la confluencia de estos últimos ríos; corre en un terreno enteramente llano, de suerte que casi no tiene corriente,   -59-   y cuando el Huallaga o el Marañón se hallan crecidos, se abren paso al Aipena por medio de canales naturales. En los años que estos ríos crecen mucho, entonces el Aipena invade una gran superficie de terreno cubierto de árboles y da origen a verdaderos bosques subácqueos, que se extienden a larga distancia. El río Aipena se halla formado, como hemos dicho por las aguas de infiltración; éstas, hallándose por largo tiempo en contacto con las raíces, hojas y ramas que cubren aquellos vírgenes bosques, disuelven algunas materias orgánicas y adquieren el color amarillento particular, que tiene el agua del río Aipena, la que vista en grande masa parece negruzca.

El río Aipena es navegable en toda su extensión: su cauce tiene tanta regularidad que parece el de un canal artificial. En efecto, habiéndolo sondeado, casi de cuadra en cuadra, he hallado siempre ocho o diez varas de profundidad, en la parte media y 4 o 5 varas en la misma orilla. Esta regularidad en su cauce y su poca corriente, hacen del río Aipena el más a propósito para la navegación por medio de pequeños vapores.

Navegación del Huallaga.- Después de esta ligera revista de los principales afluentes del Huallaga, se podrá hacerse una idea del caudal de agua que lleva este gran río al Marañón y de la importancia que puede tener como medio de comunicación por la parte trasandina del Perú. Desgraciadamente, el río Huallaga, a pesar de poseer una suficiente cantidad de agua para ser navegable por medio de grandes embarcaciones, el tránsito de este río no carece de dificultades, y puede decirse que sólo más abajo del Pongo de Aguirre desaparecen todos los obstáculos que presenta a la navegación, de manera que sólo la cuarta parte de su largo curso carece de todo peligro.

El río Huallaga en todo tiempo puede ser navegado por vapores hasta el puerto de la Laguna; y en tiempo de creciente, pueden los vapores subir hasta el pueblo de Yurimaguas. Más arriba de este punto, el río Huallaga puede ser surcado por canoas aunque no sin peligro, hasta el pueblo de Tingo, María, situado a menos de 40 leguas de Huánuco.

El río Huallaga, desde Tingo María hasta el Pongo de Aguirre, presenta muchos malos pasos, adonde peligran las embarcaciones, perdiéndose todos los años numerosas canoas con sus respectivas cargas y a veces también, los hombres que las conducen. Estos malos pasos pueden reducirse a cuatro clases distintas a saber: 1.ª a una fuerte inclinación del cauce del río; 2.ª al estrecharse repentinamente el río entre dos rocas;   -60-   3.ª a grandes piedras esparcidas en su mismo cauce; y cuarta a las vueltas bruscas o ángulos que forma el río en su curso. En el primer caso, bien se comprende que cuando el cauce del río tiene una fuerte inclinación, el agua correrá con mayor velocidad, y si este cauce es muy inclinado, el agua formará casi una cascada muy peligrosa para las canoas que bajan e imposible a la continuación de la marcha a las que vienen remontando el río.

En el segundo caso, esto es, cuando el río se estrecha repentinamente, se puede también comprender con facilidad, que una gran masa de agua, obligada a pasar por una especie de puerta y comprimida por la que continuamente va viniendo de arriba, deberá esta agua aumentar su velocidad. Además, en estos puntos en donde el agua se encuentra acanalada y las orillas cortadas a pique, aumenta la profundidad, de suerte que, los que vienen remontando la corriente, no hallan punto de apoyo para sus largos palos, llamados botadores, con que hacen adelantar la canoa, no pudiendo tampoco vencer la fuerza de la corriente con los remos. Estos malos pasos se hacen todavía más difíciles de transitar, cuando los ríos se hallan crecidos, porque siendo mucho mayor la masa del agua, esta ejerce más presión sobre la que debe pasar por esta encañada y le hace aumentar su velocidad de un modo notable. En este caso, se hallan todos malos pasos conocidos con el nombre de Pongo, entre los cuales citaremos el Pongo de Huayruro, situado entre Pachiza y la desembocadura del río de Moyobamba y el Pongo de Aguirre, que es, como hemos dicho, el último obstáculo que presenta el Huallaga en su navegación. Las canoas que remontan el río son obligados a veces a detener su marcha algunos días para esperar que baje el río y que les permita pasar por esta puerta del Huallaga.

En el tercer caso, esto es, cuando el cauce del río se halle esparcido de grandes piedras además del peligro que hay de chocar por descuido con una piedra, sea a la superficie del agua, o debajo de ella, hay la dificultad de dirigir la canoa y evitar el peligro, de que la embarcación se estrelle, a pesar suyo, contra una peña. Cuando en un río se hallan muchas piedras, el agua es obligada a pasar entre ellas, como en el caso precedente de una encañada, aumentando su velocidad, y como estas piedras se hallan esparcidas sin orden alguno, se forman muchas corrientes parciales, que se cruzan y se dirigen en diferentes sentidos, dando origen a fuertes oladas que ponen en grande peligro las frágiles embarcaciones que se emplean en la navegación de este río. Un ejemplo de esta clase   -61-   de mal paso, es el conocido con el nombre de Yuracyaco, situado a algunas horas de marcha más abajo del puerto de Chasuta y poco antes de llegar al Pongo de Aguirre. Por último, cuando el río tuerce repentinamente formando un ángulo, el agua no puede continuar su recto camino; choca contra una de las orillas resultando una corriente en sentido contrario a la del río, y forma un remolino de agua muy peligroso por las canoas cargadas que vienen remontando la corriente. Esta especie de malos pasos son bastante frecuentes en el Huallaga, y para dar un ejemplo, nos bastará citar el muy conocido con el nombre del Mal paso del Arpa, situado un poco abajo de la salina de Callanayaco, entre Chasuta y el Pongo de Aguirre.






Río Mantaro

El Mantaro nace al norte de la laguna de Junín. Describe una violenta curva a su salida y por varios kilómetros marcha hacia el este. En la primera etapa de su cursó atraviesa las suaves colinas del nudo de Pasco. Su cauce en este trecho es profundo, sus aguas silenciosas y tan tranquilas, que por escaso desnivel pudieran navegarse. Después de pasar la Oroya, se encajona en los cerros de Cachicachi, corre con mayor velocidad y deja en sus orillas escasas tierras de cultivo.

Entra al valle de Jauja por una garganta situada al sur de la ciudad de este mismo nombre, y sin mucha corriente pasa por el medio de la más extensa y pintoresca planicie que existe en la sierra del Perú. Así como el Huallaga ha tenido influencia civilizadora en Ambo y en Huánuco en su curso netamente serrano, así también el Mantaro ha favorecido durante la República la vida agrícola de las poblaciones ubicadas en el valle de su nombre, siendo sus numerosos afluentes los que fertilizan las tierras que rodean los pueblos formados a derecha e izquierda de su curso, y algún día, las aguas del mismo Mantaro, servirán para la misma irrigación pero en más vasta escala.

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En la parte sur de Huancayo el paisaje toma otro aspecto. Los contrafuertes de las dos cordilleras, que tan liberalmente se separaron a partir desde Jauja para dar al río paso por el medio de un hermosísimo valle, vuelven a unirse en Pucará, y de tal manera le estrechan, que apenas le dejan sitio para que pase entre empinados cerros. Ellos dan origen a numerosas gargantas, las que alternativamente se anchan y angostan sin perder nunca su carácter de tales. Así, apretado por ambas márgenes, sin tierras de cultivo importantes en sus orillas, sin hacer ningún beneficio a las comarcas por donde pasa y más bien horadando profundamente el terreno e interrumpiendo la comunicación de los pueblos que están en sus cercanías, el Mantaro, recorre algunos distritos del departamento de Huancavelica. En Tayacaja describe un semicírculo, y en su afán de buscar las tierras bajas de los bosques, perfora los Andes centrales y se abre paso entre ellos por el profundo cañón horadado al medio de altas montañas.

Si la cordillera occidental o sea los Andes que miran al Pacífico hubieran tenido rocas menos duras que las de la cadena opuesta, el Mantaro, en lugar de tomar al oriente hubiera desaguado en el Pacífico, y las pampas comprendidas entre Cañete y el sur de Nazca hubieran tenido todo el agua que necesitan para su irrigación.

A los 404 metros de altura sobre el nivel del mar, el Mantaro encuentra al Apurímac, se le une, y termina su larga carrera en la que no deja más bienes que los que hace en el valle de su nombre, que otros conocen también con el de Jauja.

En 1901, el doctor Ráez en su calidad de Subprefecto de Huancayo exploró el río Mantaro desde Pampas hasta su unión con el Apurímac. Tiene interés para el geógrafo   -63-   la hermosa descripción que hace de aquel río en el paraje en que se une al Eni.

Las fatigas del día debían ser, sin embargo, compensadas con el panorama que de «Montepunco» se divisa desplegándose ante la vista uno de los más hermosos valles del Perú; a la izquierda se divisa el «Mantaro»; al frente y a la derecha, el caudaloso «Apurímac»; y un poco más al N el «Eni», que cual inmensa serpiente, se arrastra orgulloso hacia el NE, por el centro de una inmensa llanura, cubierta toda de bosques seculares, formando a veces numerosos brazos y otras, uno sólo, potente y robusto; recibiendo a su paso innumerables afluentes, y llevando el poderoso contingente de sus aguas al río más caudaloso del mundo. A diferentes distancias del «Eni», se ve muchas pequeñas lagunas, que forman sin duda este río en tiempo de sus mayores crecientes. Como a la mitad de su curso, se distingue una extensión o claro de terreno, de color rojizo, que a primera vista parece una gran ciudad y por entre el bosque y follaje de este inmenso valle, el humo de las fogatas de los infieles, que se eleva formando espirales.

De «Montepunco» para adelante, es necesario abandonar completamente las cabalgaduras so pena de rodar al abismo, y usar la sandalia llamada ojota o sucuy, que hace más firme la pisada en las rocas abruptas y desfiladeros infernales de que se forma la senda, apenas trazada, que conduce a «Buena libra», «Palmablanca» y luego Jerusalén, pequeños cocales de propiedad particular que se hallan a orillas del «Mantaro», no navegable aún, por sus muchos rápidos y saltos.

Desde Jerusalén y caminando con dirección E, fue necesario abrir trochas en el bosque, andando entre lianas y bejucos que daban buen trabajo a nuestros machetes, y hundiéndonos hasta cerca de la cintura en la hojarasca y los troncos podridos de los árboles, llegamos después de cinco kilómetros de marcha al último salto del «Mantaro» que merece detenernos.

Es esta una cascada de unos 10 metros de elevación, que deja debajo del arco que describe, un espacio por el que me han asegurado atraviesan algunos intrépidos, pasando así, de una orilla a otra del río, cosa que no he visto ni quiero creer, porque la gran aspiración que sin duda ejerce el agua al caer con tanta fuerza desde la altura, haría poco probable la conservación del centro de gravedad del que caminase en sus riberas.

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Al contemplar este grandioso fenómeno, cuyo ensordecedor ruido contrasta con el silencio de los bosques, no puede menos de considerarse si la naturaleza dispuso que esa poderosa fuerza motriz, que sería tan envidiable en estos lugares para ser trasmitida a largas distancias, por medio de alambres eléctricos, no había de servir para otra cosa, que para hacer más imponente la obra de la creación, en los solitarios parajes que le sirven de asiento. ¡Cuánta grandeza y majestad se ha encaprichado la naturaleza en sembrar en lugares donde la mano del hombre no pueda, quizá utilizarla jamás!

Siempre al E, y continuando la trocha con el machete a la orilla del río, que todavía forma rápidos y corrientes, y después de recorrer algo más de un kilómetro, se llega a un puerto donde el «Mantaro» se desliza tranquilo ya, cual río de aceite, y con suficiente profundidad y anchura para ser navegado por pequeñas embarcaciones en todo tiempo.

Desde aquí, en efecto, conserva el «Mantaro» una profundidad mínima de dos metros y una anchura de ochenta, y no presenta ningún salto ni correntada peligrosa, hasta su confluencia con el «Apurímac», cuyas aguas son rechazadas por las de aquel, en largo trecho. Este fenómeno se debe sin duda a la mayor gradiente del «Mantaro» que desagua a los 37 kilómetros del punto navegable por tres bocas: una con bastante caudal, y las otras con muy poco, asegurándoseme por los naturales, que estas varían más o menos, según la creciente del río. En ese punto, donde las aguas, al parecer fatigadas, moderan la velocidad de su curso y hacen serena su superficie, es el que constituye el puerto desde el cual es navegable el «Mantaro», y el que me he permitido bautizar con el nombre «Puerto Romaña» en honor de Su Excelencia el Presidente de la República, que con tanto acierto rige los destinos del Perú.

Ya en «Puerto Romaña» la expedición, después de descansar un día, quiso estudiar por sí misma la navegabilidad del «Mantaro». Para el efecto se dispusieron dos balsas, cada una de las cuales fue ocupada por cuatro personas. El día 20 de junio, después de encomendar el éxito a la Providencia, nos pusimos en marcha a las 7 a. m., llegando sin interrupción alguna al poderoso río surcado por el coronel Portillo, meses antes, el mismo día 20 a las 12 a. m., después de 5 horas de navegación.

Nuestra expedición había terminado, habíamos llegado con felicidad al «Eni».



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Nuestra serranía del sur, en la parte tributaria del Amazonas y no del Titicaca, tiene dos cuencas únicas, la del Apurímac y la del Urubamba. Ubicada la primera en plena cordillera de los Andes o sea en su parte más central y atravesando las aguas de su río el fondo de elevadísimas montañas, es mucho más serrana y menos beneficiosa al hombre que la del Urubamba. Hállase esta en parte oriental del Perú, teniendo por consiguiente como el Huallaga, poca extensión de tierra andina.




Río Apurímac

Nace el Apurímac en los nevados de Vilcanota y su primera aparición la vemos en el desagüe del lago Vilofrio a 4000 metros de altura. En su largo y tortuoso curso, recibe las aguas de las dos cordilleras entre las cuales está ubicado, tomando mayor cantidad de la que está al occidente. Su curso es N NE y sus principales afluentes en zona completamente fría son el Velite, el Santo Tomás, el Cotabambas, el Pachachaca y el Pampas. Ninguno de los cuatro primeros tiene el largo curso ni la importancia del Pampas, río completamente ayacuchano.

Corriendo el Apurímac y sus afluentes por el fondo de un terreno profundamente quebrado y andino, exceptuando Abancay, lo demás es pobre y miserable en terrenos de cultivo y hasta en planicies aptas para la ganadería. Si en su curso andino, el Mantaro tiene el valle de Jauja, y el Marañón la riqueza agrícola de Jaén, el Apurímac no tiene nada valioso en toda su carrera. Nace, corre y desemboca sin formar en sus orillas ni en las de sus afluentes, ninguna zona agrícola digna de convertirse algún día en un importante centro de civilización. Tiene la cuenca más profundamente horadada y el terreno más roto que existe en el Perú. Nada más hondo ni más perpendicularmente cortado   -66-   que el cañón por donde pasa. Los abismos del Apurímac son célebres en la América Latina.

Fue el Apurímac durante la Colonia y época republicana difícil y obligado paso para la comunicación terrestre entre Lima y el Cuzco, paso que al fin ha sido salvado mediante la vuelta enorme que hoy se da por Arequipa para unir por ferrocarril aquellas poblaciones de Lima y Cuzco haciendo uso de la vía marítima del Callao a Mollendo. Siendo casi imposible en el terreno técnico cruzar el Apurímac para unir por ferrocarril el centro con el sur, será mejor no penetrar nunca en él, sino hacer el trazo ferroviario por las alturas andinas orientales de la cordillera occidental, atravesando en tan larga extensión las planicies que principian en Huancavelica y terminan en Sumbay, en el departamento de Arequipa.

El doctor Carranza, en un artículo de crítica sobre los viajes del señor Samanez por los ríos Apurímac, Eni y Tambo, hizo sobre el primero la siguiente e interesante descripción.

El Apurímac nace de la laguna Vilafro, provincia de Cailloma, a 15º 16' de latitud, corre en dirección NNE hasta el límite de la provincia de Canas; de allí cambia al ONO hasta cerca del Mantaro, donde vuelve a inclinarse al NNE; bañando en este largo trayecto las provincias de Canas, Acomayo, Paruro, Anta y la Convención, a la derecha; y Cailloma, Chumbivilcas, Cotabambas y Abancay, a la izquierda, para regar después las regiones orientales de Andahuailas, La Mar y Huanta, hasta unirse con el Mantaro para formar el Eni, a los 12º de latitud, según Paz Soldán.

En este trayecto recorre cerca de 3 en una extensión de 900, millas, por las inmensas curvas que describe en sus desviaciones longitudinales.

Su anchura y profundidad son tan variables como su caudal, siendo éste en la Banca próximamente de 260 metros cúbicos por segundo en su creciente media; aumentando después con las aguas del Pachachaca y del Pampas, cuyo caudal   -67-   puede estimarse aproximadamente en 200 metros cúbicos por segundo, en los puntos de confluencia y en la estación no lluviosa. El primero nace en la sierra de Aimaraes y riega el territorio de Abancay, desembocando en el Apurímac por la playa del Pasaje en el distrito de Huancarama, provincia de Andahuailas. El segundo nace en la provincia de Castrovirreina, y después de trazar una curva considerable entre las provincias de Cangallo, Andahuailas y La Mar, desemboca en el Apurímac, no lejos del Pachachaca.

Desde este punto, aumentan las aguas de aquel río un número incalculable de pequeños tributarios, de tal modo que en su confluencia con el Mantaro, su caudal puede apreciarse en 1200 metros cúbicos por segundo, según los datos indirectos que suministran los viajes del señor Samanez.

El Apurímac, en su largo curso, es un río siempre impetuoso, con un cauce, en general, muy estrecho y sembrado de rocas en más de dos tercios de su trayecto; explayándose algo desde Chaupimayo, en el distrito de Chungui, provincia de La Mar, a medida que el valle, a cuyo fondo corre, dilata por el E sus magníficos horizontes, volviendo a encerrarse en el angosto lecho del Eni, donde a intervalos baja la cadena de altas y ásperas sierras que lo amuralla por la derecha, transformándose en risueñas colinas que se pierden a la distancia en el suave declive de hermosos oteros, que se levantan al frente de llanuras inmensas cubiertas de una vegetación gigantesca y sombría, coetánea acaso de los más antiguos imperios del mundo.

El agua que corre por los cinco departamentos de Junín, Ayacucho, Huancavelica, Apurímac y gran parte del Cuzco, se reúne en su profunda hoya; abrazando así, su red hidrográfica, un espacio de setenta y dos mil millas cuadradas.

La masa de sus aguas es considerable desde su origen, y llega a ser tan grande después que recibe al Pampas, que sería suficiente para hacerlo navegable por barcas en toda estación, si su impetuosa corriente y sus numerosas cascadas y rápidos no opusieran para ello dificultades y peligros casi insuperables, hasta cerca de su confluencia con el Mantaro.

Así, en el trayecto desde el Pasaje, o sea, desde la unión del Apurímac con el Pachachaca, hasta la playa de Simariva, en La Mar, el señor Samanez, encontró en sus exploraciones, entre otras, la cascada de Sombreroyok, donde el río precipita sus aguas con terrible ímpetu, contra una línea de rocas.

Enfrente de Chaupimayo, el Apurímac cae en una dislocadura   -68-   de su cauce, formando una catarata de seis metros de altura.

No lejos de Sapacani, hay un pongo estrechísimo donde las aguas del río chocan con gran violencia contra las peñas de sus flancos, haciendo imposible la navegación, ni por balsas.

Este pongo se encuentra cerca de Simariva. Más adelante, y en el distrito de Anco de La Mar, y no lejos de Quimalopitari desemboca el Mantaro en el Apurímac, y comienza el Eni; donde el señor Samanez, encontró a pocas millas, los temibles rápidos de Capasiarqui. Las aguas del Eni bullen allí entre espantosos remolinos, pero dejan un brazo navegable. Más abajo se presenta el canal de Packchapongo, formado por rocas perpendiculares y de imponente altura, en una extensión de mil quinientos metros, reduciéndose allí el cauce del río a 50 metros, de 600 que tiene antes de la entrada al canal.

Desde esa región, la cuenca del Eni, aumenta hasta 300 metros para estrecharse después, creciendo la rapidez de su corriente hasta ser de 6 millas por hora, frente a la isla Empalizada.

En el trayecto del Pasaje a Simariva, el Apurímac se explaya, antes de la cascada de Chircumpiari, hasta tener una anchura de 600 metros, por un pie y medio de profundidad en la estación seca.

Entre los afluentes de segundo orden descubiertos por el señor Samanez, figura el Quimbiri grande, que entra al Eni por la derecha, con un caudal tan considerable, que puede ser surcado por embarcaciones, muchas millas arriba de su desembocadura. Se cree que este río nace en la pueblo de Lucma.

Las márgenes del Apurímac presentan los más variados paisajes que puede contemplar el hombre. Unos abruptos e imponentes como los del Remolino a la Cueva, entre el Pasaje y Simariva; donde por todas partes se ven profundos barrancos y espantosos precipicios, medio oculto por espesísimos bosques; o los espléndidos panoramas, como los que ofrece la hermosa pampa de Capiro, en el distrito de Chungui, con sus oasis de palmeras; o perspectivas de una grandiosa solemnidad, como la que presenta el Eni en su origen, cuando la vista se pierde en la inmensidad de las selvas del E; o en el espacio azul de la cordillera, que cierra el poniente; en tanto que las aguas del río con su terrible agitación, despierta en el espíritu, ese instintivo terror que el hombre siente, ante la fuerza de la naturaleza, en sus revelaciones formidables.

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En medio de esta naturaleza salvaje y bella, suele sorprenderse el viajero al ver campos cultivados, como los de Quimpitiriqui, en el distrito de Anco, donde una sociedad de chinos industriosos cosecha arroz y café para venderlos en Ayacucho, a 32 leguas.

En Chaupimayo, hay cañaverales y magníficos pastos que se extienden a mucha distancia de la margen izquierda del Apurímac.

Esta es la región de los cocales, del cacao y de la vainilla. Allí el caucho es escaso, y poco abundante la cascarilla de buena calidad.

El clima del Apurímac no es tan variado como sus paisajes y su flora. Una temperatura siempre elevada, entibia el húmedo ambiente de sus valles: siendo el calor muy intenso en la confluencia del Pachachaca, y en algunos otros parajes de sus riberas.

Tucker, en su exploración del Tambo, señala la temperatura de 24 centígrados para esta región, que debe aumentar dos o tres grados en la estación más cálida.

Nada puede compararse al calor que se siente en las playas areniscas del Apurímac, ni a la frescura de sus bosques, en esos días de un sol radioso.

Pero, una atmósfera dilatada por tan alta temperatura, y constantemente saturada de humedad por la enorme evaporación de un suelo cubierto de tan tupida vegetación, enerva las fuerzas del hombre; y aún cuando el vigor relativo de los Campas, que habitan en las márgenes del Apurímac, prueba que el clima es allí de cierta benignidad; se puede afirmar, sin embargo, que difícilmente prosperará en esas comarcas ninguna población de origen europeo, conservando la integridad primitiva de su vigor físico.

Las fiebres intermitentes que reinan endémicamente en algunos valles del Apurímac, serán, por otra parte, un poderoso obstáculo para que se aclimaten los que busquen en aquellas regiones hogar y trabajo, seducidos por la belleza y la fertilidad de sus campos.






Río Urubamba

El Urubamba nace en el nudo de Vilcanota y corre hasta Huambutío con el nombre de este nevado. Es casi paralelo al Apurímac en su parte interandina, hallándose separado de él por la cordillera central. Siendo esta su ubicación, tiene la cadena oriental de los Andes a su derecha,   -70-   la misma que por su lado opuesto da aguas al Madre de Dios. En tierra fría no tiene ningún afluente de importancia, lo cual se explica fácilmente no siendo muy ancha su cuenca y caminando por el medio de dos cadenas de montañas muy cerca la una de la otra.

Es uno de los ríos más importantes del Perú en el concepto de lo humano. En su curso interandino, tiene hasta Huambutío un suelo plano y fértil, suelo que hallándose cultivado en su mayor parte, alimenta a la población más densa que tiene el Perú. Ni el valle de Jauja aventaja al del Urubamba en la parte que lleva el nombre de Vilcanota. Ciudades como Cuzco, Sicuaní y Anta deben su importancia a la riqueza de las tierras que les rodean. Pasado Huambutío, pierde la anchura de su valle. Sus aguas corren encajonadas y torrentosas, pero antes de llegar al pongo de Mainique y de que se le unan el Paucartambo o Yavero y el Mishagua, lo cual acontece en tierras de montaña, forma los hermosos valles de la Convención. El Paucartambo, su principal afluente, es también un río interandino en buena parte de su curso, no así el Mishagua, que aunque nace en los deshielos de la cordillera oriental es muy poco lo que corre en tierras frías.

Luis M. Robledo, notable explorador cuzqueño recorrió el Urubamba desde su origen hasta su unión con el Tambo y publicó en 1889 una completa noticia de este río. De su opúsculo tomamos los siguientes interesantes acápites.

En el punto del contacto de las cordilleras de la costa y la oriental que se llama el nudo del Cuzco, donde se alzan, la más altas cumbres nevadas de esa sección de los Andes, arranca el valle del Urubamba o del Vilcanota de los flancos del nevado de este nombre por los 14º 31' 50'' Lat. S. y los 73º 13' 4'' Long. O de París. Luego bordea la base de la   -71-   cordillera que sigue rumbo al NO hasta tocar la base de los altos nevados de Ollantaitambo y Panticalla, donde el eje de los Andes toma rumbo franco al O. El valle corta trasversalmente la cordillera con dirección N formando una estrecha garganta de erosión, para ir a perderse tras de un curso torrentoso y variable entre los contrafuertes septentrionales de la cordillera, en las vastas llanuras del N, donde confunde sus corrientes con las del Tambo o Apurímac, para formar el Ucayali por los 10º 43' 30'' de Lat. S y los 76º 4' 49'' de Long. O de París.

En este extenso trayecto desenvuelve un curso de mil cuatrocientos kilómetros, recorre los climas comprendidos entre los extremos de la puna donde nace y las ardientes llanuras de bosques a 200 metros de alturas sobre el mar, y atravesando las formaciones de terrenos más variados recibe numerosos e importantes afluentes que extienden el área de su cuenca al inmenso espacio de cuatro mil seiscientas leguas cuadradas aproximadamente.

Las condiciones topográficas más ventajosas, un clima sano y agradable y tierras fértiles con producciones variadísimas, han sido factores para que desde tiempos prehistóricos se hayan concentrado en esta zona grandes masas de población, cuyas sucesivas civilizaciones han dejado huellas imperecederas de importancia capital para el estudio de la primitiva historia americana. Allí se alzó ese poderoso imperio de los Incas, cuya cultura intelectual se inspiró en las escenas de esa naturaleza riente y fecunda y cuyas variadas producciones facilitaron sus progresos en las artes. Cuando los españoles llegaron al Cuzco quedaron sorprendidos de la cultura general y la densidad de la población que sólo en el territorio del departamento alcanzaba a más de ochocientas mil almas.

Hoy mismo es aquella sección la más poblada y productora del sur de la República, la más rica en elementos y la más preparada para iniciar el desenvolvimiento del gran programa que encierra la cuestión de nuestra región fluvial, que estriba sobre todo en ligar por comunicaciones que llenen las exigencias del comercio y la industria moderna, los puertos de los ríos navegables en los centros poblados y productores de hoy.

La vía del Urubamba une la meseta del Titicaca, en el extremo sur de la República, con los puertos del Amazonas en los confines del norte, y está llamada a ser columna vertebral del sistema de vías interiores del país, la gran puerta abierta a la inmigración del capital y del elemento extranjero y a la emigración que ha de partir de los centros de hoy. A ella están   -72-   subordinadas invariablemente las vías orientales del Madre de Dios y del Purús, situadas a un lado de ese meridiano que recorre el corazón del país y que ha de reemplazar con ventaja el gran camino de las cordilleras que los Incas tendieron desde Chile a Quito como el nervio motor de su administración y poderío militar. A la apertura de esta vía de comercio universal está ligado el porvenir de la nación; tiene derechos de preferencia y de superioridad sobre las demás ventajas que vamos a estudiar luego.

El valle del alto Urubamba, comprendiendo en la denominación de valle las faldas y mesetas de las cordilleras que lo encierran, abarca toda la región de clima frígido y templado donde la población es más densa y la agricultura y las industrias existentes están más desarrolladas.

Desde luego, partiendo desde la frontera con el departamento de Puno, en encuentran las provincias de Canas y Canchis a uno y otro lado del río Vilcanota, que así se llama en esa sección el Urubamba, extendiéndose al norte por quebradas o valles secundarios, transversales, más o menos extensos, donde se cultivan los cereales como el trigo, la cebada y el maíz, papas y quinua, entre la escasa y raquítica vegetación de las Escalonias, Chachacomas y Queuña, de algunos saucos y el Quisuar, hasta las elevadas mesetas de la puna glacial donde no crece sino la paja con que se alimentan numerosos rebaños de carneros, llamas, alpacas y vicuñas. Limita la puna la muralla altísima de las crestas acantiladas de la cordillera cubierta de nieves perpetuas, donde ya no surge la vegetación, donde la vizcacha anida en las grietas de las rocas, y el cóndor se cierne sobre esas soledades de hielo bajo el cielo ora tempestuoso e inclemente, ora radiante y límpido de las cordilleras.

Ésta es la zona productora de lanas de oveja, alpaca y vicuña, la región de las minas de plata, plomo y mercurio. Allí quedan dentro del territorio de Canchis las poblaciones de Maranganí y Sicuaní, término del ferrocarril del Sur, San Pablo, Tinta, Combapata y Checcacupe, situadas en las vegas del río y en comunicación con las mesetas de la puna por caminos que recorren las quebradas de Santa Bárbara, Tin[...]mba, Combapata Checcacupe, cuyas aguas afluyen al Urubamba, por la derecha; además hay un camino de las cordilleras que por fragosos y frígidos parajes, practicables sólo para las llamas, conduce a la provincia limítrofe de Carabaya que recibe cereales de las provincias de Canchis y   -73-   Paucartambo, en cambio de oro, quesos, carnes saladas y tejidos groseros de lana.

De Urcos adelante principia esa otra sección del alto Urubamba que le ha dado su valle el renombre de país pintoresco y de delicioso clima. El río, ya muy caudaloso, se desliza tranquilamente en largos trayectos que invitan a la navegación de recreo, entre anchurosas vegas, que se continúan en suaves faldas hasta las pendientes de las sierras de ambos lados del valle o terminan al pie de enhiestas montañas de fantásticos acantilados que a su vez rematan en un extenso limbo de nieve eterna sobre el fondo azul intenso del cielo de las cordilleras. Y luego ese escenario radiante de luz y magnificencia, donde se alzan las moles colosales de los nevados de Calca, del Illahuamán y el Chicón sobre el Urubamba, del Padre Eterno, la Verónica y Panticalla sobre Ollantaitambo, a la entrada del cañón de la cordillera, forma el marco se puede decir de la escena primaveral que despliega el fondo del valle con sus vastas sementeras, sus bosques, sus huertas, con todas las deliciosas frutas de tierra templada, sus torrentes cristalinos que descienden en raudas cataratas desde las nieves a la vista, sus innumerables vallejuelos ocultos entre la arboleda en los hondos repliegues de las montañas.

Numerosas casas de hacienda, de construcción española de la época colonial y aldeas y poblaciones pintorescas, están densamente escalonadas a lo largo del valle, donde se ven también las más imponentes y hermosas ruinas de los monumentos que allí erigieron profusamente los Incas. Grandes admiradores de la naturaleza hermosearon esa tierra con sus más bellas y sólidas construcciones, tornándola en un vergel y sitio de recreo; recibiendo de su cielo radiante, de su clima primaveral, de las grandiosas escenas que se ostentan doquier, las inspiraciones de su vasta cultura, los refinamientos de su vida doméstica, el sello de sus costumbres y vida social, que han llegado hasta nosotros inmortalizados en la epopeya nacional de Ollanta, escrita en la lengua nativa con todas las modulaciones de esa variedad de influencias. Esa es la cuna del yaraví melodioso y sentimental, la tierra que ha inspirado las dulces estrofas de Vizcarra, el vate cuzqueño.

Allí se modela también el carácter nacional favorecido por la evolución etnológica de una raza robusta, rodeada de poderosos elementos en un vasto y fructífero campo de acción que sugiere grandes ideales y desarrolla poderosos alientos de prosperidad, desgraciadamente todavía muy aislados y no siempre coronados de éxito, debido a la dificultad   -74-   que opone la naturaleza misma, y más que todo a la falta de educación civil, a la carencia absoluta de preparación técnica en las manufacturas, la agricultura y el comercio que impiden la debida aplicación del capital y el fomento de la riqueza local.

En esta sección se encuentran a lo largo del río las pintorescas poblaciones de Huaroc y Andahuailillas, San Salvador y Pisac, donde se ven las famosas ruinas de Intihuatana, Taray, Coya, Lamay y Calca con el más plácido y pintoresco escenario y donde la bondad del clima registra a su favor las mayores proporciones de longevidad. Luego Urquillos, Huaillabamba y Yucay, el lugar de recreo favorito de los Incas; Urubamba, Ollantaitambo, inmortalizada en la leyenda con sus famosas ruinas y la extensa y pintoresca vega de Chilca al pie de la Verónica y el Padre, colosos en los que la nieve perpetua alcanza un nivel muy bajo.

A la izquierda del Urubamba y ligado a él por el espacioso valle de Huatanay, se encuentra el Cuzco en una elevada meseta en anfiteatro a 3496 metros sobre el nivel del mar, mientras que el valle de Yucay está entre 2900 y 2500 metros de elevación y a una distancia itineraria de la capital que varía de cuatro a siete leguas según la ruta que se tome. El Cuzco es el centro comercial y administrativo de todo el departamento, y sobre todo de la zona que nos ocupa y de la provincia de Anta que corre al N y al Oeste sobre las vertientes del Apurímac.

Hasta aquí el río flanqueando la base de la cordillera ha abierto su lecho entre los terrenos primitivos de los Andes y las formaciones sedimentarias que se recuestan a sus faldas. A partir de Ollantaitambo y Panticalla la cordillera toma rumbo franco al O y desprende en su dirección primera un ramal en el que se alzan los nevados de Lares y los altos picos de Condorsencca y Mesa Pelada, región donde se ostenta la más grande profusión de altos nevados que son una barrera fragosa para comunicar con los valles del lado norte. Es sugestivo observar que a cada desviación notable del eje de la cordillera real corresponde un ramal que lleva su dirección primitiva, abriendo un valle que es una cuenca hidrográfica que sigue todas las modificaciones y dirección del sistema orográfico del nuevo ramal. Hemos visto en el Ausangate formarse dos ramales y los valles por donde corren el Paucartambo y el Marcapata. El de Panticalla que ocupa el punto medio de la gran curva que forma la cordillera de Occidente a Oriente entre el Ausangate y el Salccantay, otro   -75-   coloso de proporciones hasta ahora no bien apreciadas, se forman los valles del Yanatili y el Ocobamba, entre el ramal que desprenden los nevados de Lares en dirección Norte.

Hasta la vega de Chilca, al pie del nevado de La Verónica, el río acompaña la dirección de la cordillera bordeándola; pero en adelante la embiste de frente y la corta transversalmente con rumbo al NO dando origen a lo que puede llamarse el cañón del Urubamba, como el famoso del Colorado en los Estados Unidos; una estrecha garganta de erosión a través de las rocas cristalinas de las entrañas de los Andes, grieta que tiene una extensión de 16 leguas, un ancho medio de 300 metros en el fondo de la cuenca donde corre el río y una elevación de dos mil metros entre el nivel de las aguas y la altura media de las cumbres que bordean la garganta. Allí se pueden estudiar el fenómeno de la erosión en toda su magnitud y seguir su proceso que se manifiesta por muchas huellas que se encuentran a alturas enormes sobre el fondo del valle actual. En esta sección se muestran los más grandiosos panoramas de los Andes cuzqueños.

Con el pasaje de la cordillera principia el Urubamba medio, sección en extremo quebrada que se extiende en un trayecto de cuatrocientos kilómetros en que el río desligándose entre los contrafuertes de pizarra que cubren los flancos del N y E de la cordillera, cambia bruscamente de dirección, corre torrentoso formando enormes cataratas y remata con el Pongo de Mainique, otro pasaje de carácter igual al del cañón de la cordillera, en donde empiezan las llanuras no interrumpidas.

Para formarse idea de esta sección es preciso figurarse un río que arrastra 50 a 60 metros cúbicos de volumen por segundo, precipitándose por un plano inclinado en zigzags violentos, como los de un engranaje, entre aquella grieta profunda de cuyas paredes cubiertas de bosques, surcadas aquí por hondas quebradas que arrancan en ventisqueros a la vista, desgarradas allá por inmensos derrumbes que llenan el cauce del río convertido en una catarata vertiginosa cubierta de espuma, entre enormes rodados de granito, bajan numerosos torrentes de aguas cristalinas en raudas caídas. Una profusa vegetación tropical de helechos arbóreos, palmas, cedros, gramíneas gigantes, árboles de troncos enredados de lianas y tapizados sus troncos de orquídeas e innumerables criptógamas, contribuye a dar una vida maravillosa e imponente a este trayecto ensordecido por el fragor eterno del río despedazado entre las rocas.

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El camino llamado de Torontoy bordea las márgenes del río, entre cuyas rocas el ingeniero ha abierto la angosta vía, en muchos parajes a través de la roca viva suspendida sobre el caminante, a manera de bóveda que refleja sobre su cabeza el estampido de la corriente convertida en espuma a 30 ó 40 metros bajo sus pies. Allí se admira atónito las formidables cataratas de Piccho y la de Potocusi o Media Naranja, para llegar al colmo de la admiración, presa de pavoroso estupor, ante el espectáculo formidable que se presenta al viajero en el sitio denominado Intihuatana o Puente de San Miguel. En este punto el río forma un vasto lago rodeado de bosques espeso y magnífico que remata con la cumbre empinada y desnuda del cerro de Intihuatana que se desmorona anualmente y forma a su pie un talud de rodados enormes, verdaderas ruinas de montaña. El lago se vacía por un angosto vertedero sobre el que se ha colocado un puente de hierro. De las barandas del puente cuyo calado se destaca sobre un fondo de extraordinaria magnificencia, se puede presenciar el río que despeña, en un plano inclinado de un kilómetro de extensión entre colosales rodados sembrados en el cauce formando saltos de más de ocho metros de altura, raudales vertiginosos, chorros de hirviente espuma que cubren las rocas, inundan las riberas o convertidos en vapor velan el caos de las revueltas hondas, cuyo estampido hace temblar el suelo, balancearse los árboles de las riberas inclinados sobre el abismo. Al estruendo ensordecedor que llena todo el ámbito del valle se mezclan la algazara de los pájaros que cruzan el aire, los gritos del arriero y el sonido de la esquila de las recuas numerosas que recorren este fragoso camino; todo bajo un cielo ardiente que derrama torrentes de luz que estallan sobre las aguas y las espumas, sobre las hojas de los árboles abrillantadas por el vapor, sobre las siluetas oscuras de los picachos de formas fantásticas escalonadas en la falda de ambas riberas hasta alturas inmensas.

El valle del río Yavero es interesantísimo bajo muchos respectos, por el gran desarrollo de producción y explotación forestal que está llamado a promover una vez que se abra el camino al Puerto Samanez actualmente en construcción. Las lomas del Yaveroque también se llaman de Anchihuay se extienden por muchas leguas y forman una ancha franja de pastos bordeada de bosques. Estos pastales que hoy mismo mantienen mucho ganado son las dehesas más inmediatas al puerto de Urubamba del que distan diez leguas, y serán   -77-   el invernadero forzoso de todo el ganado en pie que se conduzca al Ucayali y después al Purús y Madre de Dios.

Estas lomas gozan de un clima delicioso que no es malsano como el de las quebradas vecinas, y dotadas de buenas tierras para la agricultura, convidan a la colonización inmediata. Los bosques del Yayero y del Urubamba en este trayecto son muy abundantes en vainilla, bálsamo del Perú, copal y cacao silvestre de primera clase. Pero la riqueza principal de esta zona está en la explotación del caucho y sobre todo en la gutapercha que abunda más todavía, y cuya existencia se ignoraba hasta que en agosto del 97 pasó por allí el coronel americano Joseph Orton Kerbey, antiguo cónsul del Pará, que encontró grandes manchas de los árboles de lúcuma que la producen. Sabido es que estos árboles de la familia de las sapotáceas rinden gutapercha igual a la que se obtiene en Borneo del Isonandra percha. Posteriormente el señor Castañeda encontró también en el valle del Yavero gran cantidad de estos árboles, de los que antes se habían sacado muestras de una resina que difería del caucho y del jebe y que no se sabía denominar.

El río Urubamba, después de una precipitada y borrascosa carrera oprimido por las sierras se lanza en un último ímpetu formidable contra la muralla de rocas y produce un portento de erosión. A la entrada del Pongo de Mainique descendiendo, el volumen inmenso y tormentoso de aquel río se precipita en una estrecha garganta cuyo ancho máximo es de 15 metros, entre elevadas paredes verticales cortadas a tajo y forman el tremendo remolino de Chubucuní que ocupa todo el ancho del canal, que es forzoso pasar con la canoa en el momento en que se llena el vértice para volverse a abrir minutos después. ¡Ay de la embarcación sorprendida dentro de su radio! Luego se desliza lentamente por espacio de una milla entre ese callejón sombrío, de cuyos costados se precipitan muchos torrentes de aguas calcáreas en rauda caída unas veces, en surtidores otras, cuyos chorros alcanzan hasta medio canal cubriendo el cauce con un mágico velo sobre el cual brilla el sol del cenit como en atmósfera iluminada entre las fantásticas decoraciones formadas por las estalagmitas de las fuentes calcáreas y las sombrías cavernas abiertas por las corrientes que se arremolinan impetuosas en ese trayecto de horrores y bellezas imponderables que termina con la grandiosa portada de Tonquiní, de entre cuyas paredes, perfectamente cortadas a pique, se sale a un vasto lago que forma el río, donde la luz se derrama a torrentes, pues las riberas   -78-   del bosque y las colinas quedan muy alejadas y se goza del amplio horizonte de los llanos. Aquello es la entrada triunfal de ese río vencedor de las cordilleras, a un nuevo mundo, al país de los llanos y bosques sin fin, donde sus ondas fluyen perezosas en inmensas curvas, arrastrando un caudal de promesas para la patria.

Estamos en el Bajo Urubamba.

En la llanura inmensa la selva primitiva, y en el horizonte, alejadas de ambas márgenes, las siluetas redondeadas de las colinas que forman las bajas cadenas que separan las vertientes del Urubamba de las del Mano y del Purús por el E y las del Apurímac por el O. Estas cadenas acompañan al río en todo su curso y en su misma dirección N, más o menos alejadas de las riberas, y de ellas nacen numerosos ríos navegables en canoa y lanchas que permiten el acceso de los bosques a grandes distancias de la costa, favoreciendo la explotación de las materias primas y su trasporte.








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Ríos de montaña

La región de los bosques, impropiamente llamada montaña, sólo posee una cuenca hidrográfica y esta es la del Amazonas. Como hemos dicho ya, lo mismo pasa en la zona del Titicaca, no así en la sierra, donde hemos observado cinco cuencas y en la Costa 46. Para formarse idea de lo que es el Amazonas peruano basta decir que es el más importante de todos los ríos que tiene el Perú y también el mundo, y que en su paso por Tabatinga, en la frontera con el Brasil, lleva 20 metros cúbicos de agua al minuto. Su profundidad no es nunca menor de diez metros, llegando algunas veces a 250, y teniendo siempre canal libre para la navegación de vapores trasatlánticos. Su largo total es 4400 kilómetros, de los cuales 680 están en territorio peruano. Le forman el Marañón y el Ucayali en un punto situado a 113 metros de altura sobre el nivel del mar. Su rumbo es de oeste a este y su ancho de cuatro kilómetros cuadrados en su comienzo. Corre formando numerosas   -79-   curvas, y por esta causa, observado a grande altura desde un hidroavión, debe tener la figura de una descomunal serpiente. A pesar de su grandiosidad es monótono, por lo uniforme del paisaje. Sus orillas son planas, cenagosas y cubiertas de tupidos y altísimos bosques. Las prominencias de tierra cercanas a sus aguas son numerosas, y las únicas que dan albergue al hombre. En épocas de creciente sale de madre e inunda por muchas leguas las partes bajas que a su paso encuentra. En sus grandes irregularidades se inclina a cualquiera de sus orillas, dejando por este movimiento en las opuestas, numerosas playas, lagos, islas y pantanos. Su vaciante y creciente es lenta.

El Amazonas reúne condiciones hasta hoy invencibles para atraer hacia su valle la vida y la civilización que vemos en otros continentes. Posiblemente, sus tierras, serán las últimas que el hombre cultive en todo el mundo. Cuando todo esté poblado y las corrientes emigratorias no tengan donde ir, el sobrante de población existente en Europa, acosado por el hambre, buscará alimento en esas llanuras inundables. Hoy habitan la cuenca y no en el Amazonas propiamente dicho, sino en sus afluentes, diminutas tribus salvajes. Nada más silencioso que las vastas planicies de nuestro oriente. Allí todavía no se siente el ruido de la vida, el choque del martillo, el mugido del ganado, la voz del niño en sus juegos. Quien quiera formarse idea de lo que fue el mundo en los primeros días de su creación, navegue en balsa, durante varios días los afluentes del Amazonas.

No existe en esta cuenca más medio de comunicación que el río, y este mismo resulta innavegable a vapor en toda su extensión. Por este motivo, el hombre, no ha tenido en los afluentes amazónicos otro vehículo de movilidad   -80-   que la canoa y la balsa. Esta para el descenso, aquella para la surcada, y en ambos casos, navegando sobre aguas correntosas o entorpecidas en su curso por palizadas, obstáculos que han dificultado el tráfico, haciéndolo pesado y peligroso. En tales condiciones, el único artículo que ha tenido y sigue teniendo demanda y que ha dejado grandes utilidades después de pagados los gastos de explotación, es el jebe y el caucho. Esta es la única industria que ha dado vida a la región de los bosques, y que hasta cierto punto pero en mísera proporción la ha descubierto, la ha poblado y la ha semicivilizado.

A diferencia de lo que pasa en la Sierra y en la Costa, las aguas fluviales de la montaña hasta ahora no han servido para irrigar terrenos de cultivo. Únicamente son de utilidad para navegar sobre ellas, siendo posible que por algunos siglos más sólo tengan igual uso. Respecto a las tierras altas, es indudable que hay extensión y fecundidad en ellas, pero hallándose cubiertos de bosques, faltas de comunicación y habitadas por salvajes, difícil ha sido utilizarlas.

Cuanto ha hecho el hombre en los ríos amazónicos durante la primera centuria ha sido de importancia superior a sus fuerzas. Nada más digno de encomio que su labor viril y abnegada. Su triunfo fue completo en cuanto lugar pusiera su planta. Por desgracia, el clima, la ferocidad de los salvajes, su escaso número, su falta de capitales y lo nuevo del territorio, limitaron su acción a las zonas caucheras.

Alejandro Garland en su famoso libro El Perú en 1906, hace una ingeniosa división de los ríos que terminan en el Amazonas y los clasifica en 4 clases.


Primera clase

Los que nacen en la misma cordillera de los Andes y   -81-   tienen su origen en las vertientes interandinas a 4500 y hasta 5000 metros de altura sobre el nivel del mar. Fórmanse estos ríos por el rebose de lagunas o pantanos más o menos a extensos que existen al pie de los nevados, y recorren antes de salir de las quebradas por donde pasan distancias enormes, corriendo sus aguas por el fondo de desmesuradas cuencas, abiertas muchas veces a mil metros más abajo de las planicies o cerros que los bordean. Su número llega a cinco y sus nombres son Mantaro, Huallaga, Marañón, Apurímac y Urubamba. Ninguno de ellos es navegable sino a mucha distancia de sus fuentes y por lo regular en forma amplia después de atravesar los pongos que les cierran el paso.




Segunda clase

Los ríos que nacen igualmente en la misma cordillera de los Andes y que también tienen su origen en alturas mínimas de 4000 metros, pero que se distinguen de la primera división en que ninguna cadena alta o prolongada los encierra por medio de un pongo, siendo así que por tal causa bajan libremente a las llanuras orientales y son navegables a distancias relativamente cortas de sus fuentes respectivas. Estos ríos, entre los cuales coloca al Madre de Dios, al Pachitea, al Perené, Morona, Tigre, Napo, Putumayo y Caquetá, sólo necesitan recorrer 100 a 150 kilómetros para llegar a niveles de 270 a 300 metros sobre el nivel del mar, niveles donde sus corrientes se deslizan con movimiento uniforme y suave, permitiendo la navegación en canoas, balsas y hasta en pequeñas embarcaciones a vapor.




Tercera clase

Los ríos que se forman ya en plena montaña, por la unión de dos ríos interandinos, o sea de dos grandes corrientes fluviales, ríos caracterizados, no sólo por la majestuosa   -82-   amplitud de sus lechos, su lento declive y enorme caudal de agua, sino porque forman cuencas verdaderamente independientes. Entre estos coloca al Ucayali, formado por la unión del Urubamba y el Tambo; el Eni, por el Apurímac y el Mantaro; el Tambo, por el Eni y el Perené, y al Amazonas por el Marañón y el Ucayali.




Cuarta clase

Los ríos que no nacen en las alturas de ninguna cordillera, ni tampoco por la conjunción de dos corrientes, sino que se forman en plena montaña y en terrenos que se hallan a muy pocos centenares de metros sobre el nivel del mar, y que a pesar de esto tienen largo curso y notable caudal de agua. Entre ellos coloca al Yavary, al Yurúa, al Purús y otros de menor importancia.







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