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La primera centuria : causas geográficas, políticas y económicas que han detenido el progreso moral y material del Perú en el primer siglo de su vida independiente. Tomo II / Pedro Dávalos y Lissón

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Capítulo III

Cordilleras


Cuéntase de un viajero inglés que no teniendo palabras para explicar a un grupo de hombres científicos la accidentación del suelo andino peruano, sacó el pañuelo que llevaba en el bolsillo y después de estrujarlo lo tendió sobre una mesa que tenía delante.

-Estas arrugas que ven ustedes en este lienzo -les dijo- da una idea de lo que la naturaleza hizo en el suelo del Perú, suelo en el que existen desigualdades y rugosidades iguales.

La ciencia ha estudiado y encontrado las causas que dieron origen a este levantamiento andino. Ha encontrado también la sistemática orientación de sus líneas principales, las leyes que originaron sus cadenas, sus nudos, sus tramos, ramificaciones, contrafuertes, montañas, nevados y volcanes. Todo ello es de mucho interés para quien contemple los Andes en su aspecto geológico o netamente geográfico, pero no para quien desee apreciarlos en el terreno en que nosotros los buscamos. Para nuestro estudio, no son las estupendas alturas de sus picos, la soberbia majestad de   -84-   sus nevados, la imponente grandeza de sus planicies lo que debe llamarnos la atención, sino sus riquezas y las condiciones favorables o adversas para el trabajo y la comunicación. Al respecto debemos decir que si la naturaleza fue pródiga y puso en las serranías minerales en abundancia como no los tienen las demás cordilleras del mundo, en cambio estuvo mísera en darnos los medios adecuados para su explotación. Nos dio carbón, oro, cobre, plata y cuanto mineral existe; pero los puso en las mismas crestas de las montañas, en parajes fríos, empinados, en sitios inaccesibles, a los cuales para llegar es menester hacer caminos de hierro que cuestan muchos millones de libras. En Chile, el carbón está a la orilla del mar. Por esta causa, sin grandes capitales, sin notables esfuerzos, Lota y Coronel han tomado el impulso que tienen. En el Perú, es imposible obtener carbón a menos de 2000 metros sobre el nivel del mar y siempre a grandes distancias del océano. Para llegar a Goyllarisquisga y a Jatunhuasi en Junín, es menester trasmontar la cordillera. Lo mismo sucede en los departamentos de Cajamarca, Ancahs y Libertad, con excepción de Huayllay que se halla a 6000 pies de altura y a 60 kilómetros del mar, y a excepción también de algunos mantos situados en Pallasca y Huailas. Los yacimientos de cobre y plata hállanse todavía a mayor altura. Cerro de Pasco está a 4200 metros sobre el nivel del mar, Morococha aún más alto. El oro, por lo regular se halla en partes bajas, pero estas partes bajas, como son las de Carabaya y el Marañón están situadas más allá de la cordillera central y en muchos casos a más de 100, leguas del mar. Si Pataz estuviera en la costa del Pacífico, la explotación de su riqueza sería la primera del mundo. Hállase a 80 leguas del océano, y no habiendo podido la República construir   -85-   el ferrocarril que esta zona necesita, ha sido y sigue siendo un centro minero miserable. La riqueza minera de Ancahs es también estupenda, pero estando las vetas materialmente colgadas en lo más alto de los cerros, y por tanto en sitios de difícil acceso, el hombre del primer siglo republicano no ha podido explotarlas. Mejor situados están el petróleo y el nitrato de soda, y debido a estas circunstancias sus zonas tienen la importancia que han adquirido. ¿Serían ambas fuentes de extraordinaria riqueza si se hallaran ubicadas en el Marañón interandino?

Si la altura en que están las riquezas mineras de la cordillera es para el Perú factor desfavorable para el desarrollo de dichas riquezas, aún es más desfavorable para la explotación de sus minerales, lo quebrado que es el suelo de nuestras serranías. Lo que en épocas recientes al solevantamiento andino, fueron ondulantes planicies, declives de monótono aspecto, son hoy terrenos quebradísimos. Apenas quedan vestigios de esas planicies en las punas y en los lagos. Todo lo demás está perforado y perforado sin piedad. ¿Quién, que ha viajado por el Perú, no recuerda haber visto absorto al llegar a las cumbres nevadas, la rugosa superficie, los profundos barrancos abiertos por los ríos? ¿Quién, al mirarlos, no ha sentido compasión por esta tierra tan terriblemente trabajada por los efectos hidrológicos?

Si es cierto que esta acción erosiva ha sido providencial para nuestro suelo y que debido a ella mantos y filones metalíferos tuvieron oportunidad de salir al sol, que de otra manera eternamente hubieran quedado enterrados, también lo es que para ir del mar a la cumbre de la cordillera no sólo es necesario subir y seguir subiendo y nunca cansarse de subir, sino dar enormes rodeos para salvar las   -86-   múltiples quebradillas que a cada paso cortan la quebrada principal.

Un viaje que tuviera por objeto pasar del Tumbes al Loa siguiendo de cerca las playas del océano, nos obligarla a caminar muchos días por terrenos accidentados y durante ese mismo tiempo a cruzar numerosos contrafuertes e infinitos espolones.

Si esto pasa en la costa, lo mismo acontece en la sierra. En ella nos perderíamos continuamente y jamás saldríamos de las mil quebradas y vericuetos que forman los Andes, si los ríos no orientaran nuestro camino. Son ellos los causantes del requebramiento del suelo que la acción geológica levantó; pero también son ellos los que dan paso a los caminos y los que han formado las tierras de cultivo que posee el territorio. Por desgracia, no siempre para ir de un punto a otro es posible seguir el curso de sus aguas, y en estos casos, la subida y bajada de los Andes es tan penosa como necesaria. Un viaje de Pacasmayo a Yurimaguas exige el cruce de cuatro cordilleras: la de occidente, las dos que forman el valle del Marañón y la oriental que pasa por Chasuta y forma el pongo de Aguirre. Yendo de Islay al Cuzco ocurre lo mismo; aunque sólo se atraviesan dos cadenas, la que pasa a inmediaciones del Misti y la que forma el nudo de Vilcanota.

Hablando de nuestras cordilleras en su aspecto físico en nuestro propósito de hacer deducciones de carácter económico, debemos repetir lo que ya hemos dicho, esto es, que para la comunicación terrestre, no hay nada que haya hecho el daño que ellas han causado y siguen causando. Estos Andes que al sur sólo tienen una cadena, la misma que separa a Chile de la Argentina, que en Bolivia, aunque tienen dos cadenas, en realidad sólo pueden considerarse   -87-   como una, estando unidas y formando sus terrenos lo que se conoce con el nombre de altiplano, en el Perú, en algunos puntos del norte se desparraman en cuatro ramificaciones, y en el sur, en Apurímac, Ayacucho y Huancavelica, forman sin orden ni concierto alguno un enjambre de subcordilleras. La comisión técnica que estudió el ferrocarril panamericano halló su más difícil tramo en la distancia que media entre Huancayo y el Cuzco. La proyectada línea tuvo que ser estudiada y trazada por los únicos lugares que proporcionan los encajonamientos del Mantaro, del Pampas y del Apurímac. Las gradientes y contragradientes, los túneles, puentes y curvas proyectados son tantos, que cuando el ferrocarril esté concluido no será económico, tampoco técnico, ni aún de satisfacción para los ingenieros americanos que intervinieron en su estudio preliminar.

También el Ecuador y Colombia tienen mejor disposición en sus Andes. El nudo de Loja reúne las cordilleras que vienen del Perú, y separándolas en sólo dos ramales, originan el extenso valle que con interrupciones de algunos páramos, da asiento a las poblaciones de Cuenca, Riobamba, Ambato, Latacunga, Quito, Ibarra e Imbabura. En Colombia, el nudo de Pasto origina tres cordilleras, la occidental, la central y la oriental y por las cuencas que forman corren las aguas del Atrato, del Cauca y del Magdalena.

Fue cosa fatal para este peruano territorio que la acción meteriológica no limara y destruyera en toda su extensión las partes elevadas de los Andes para que les hubiera dejado al igual de las que se encuentran en Huarmaca y Porculla. Este fenómeno, de haberse realizado en todo el Perú, habría originado dos circunstancias favorables: menor elevación en los Andes y por consiguiente facilidad para   -88-   cruzarlos, y mejor nivelación en sus terrenos, desde que los escombros limados habrían rellenado el fondo de las quebradas que en la Costa y la Sierra les son adyacentes. Si todos los Andes peruanos estuvieran a la altura que está Porculla y Huarmaca, todos los ríos de la costa correrían con la mansedumbre del Tumbes, del Chira y del Piura, y por el lado de la Sierra, todos los valles interandinos tendrían la extensión y la riqueza de los que riega el Chinchipe, el Santiago, el Utcubamba y el Mayo. Con el poder de la imaginación quitémosles a nuestros Andes cuatro mil pies de los 12000 que tienen por término medio, y las que hoy son frías e inhospitalarias punas, planicies inhabitadas donde sólo crece el ichu, serían ondulantes terrenos propicios para el cultivo del trigo sin más riego que el agua del cielo. No quiso la Naturaleza hacer tan bienhechora labor en las cumbres de nuestros Andes, y es por esto que un silencio de muerte, una inamovilidad glacial, arrebatan al paisaje de nuestros páramos la vida y la poesía que el hombre exige a la tierra para morar en ella.

Podríamos conformarnos con la altura si la erosión de los flancos hubiera sido menor, si los descensos de las cordilleras en sus lados del Pacífico y de la montaña tuvieran la suave gradiente, la ondulante línea que encontramos en el oriente de la cordillera occidental, y de la cual tenemos un ejemplo en el espacio que media entre el túnel de Galera y la Oroya. No tienen los Andes en toda su longitud el insensible desnivel que observamos en los departamentos de Cajamarca, de Junín y de Puno en sus partes interandinas, y por esta causa, las cordilleras por el lado del Pacífico abundan en escarpados pasajes y profundos cañones. Si en el lado de la Costa esta alteración andina es imponente   -89-   y en el terreno apenas ha dejado sitio para construir caminos de hierro, como lo vemos entre San Bartolomé y Casapalea en la línea de Oroya, en las cejas de montaña, como ocurre en la línea de fronteras entre Chachapoyas y Moyobamba, en Carabaya y en las márgenes orientales del Apurímac y el Mantaro, llega al máximo. El camino de Tarma a Chanchamayo nos da una idea de lo que es el declive de los cerros en esos pasajes.

El doctor Carranza, disertando sobre la influencia de la cordillera de los Andes en el clima del Perú, en un magnífico artículo escrito en 1872 ha dicho lo siguiente:

Comparando la humedad y la prodigiosa vegetación del suelo casi horizontal de las inmensas selvas que se extienden al oriente de nuestra cordillera, con la eterna aridez y la sequedad de los desiertos del África, se puede apreciar la magnitud de la influencia que en el clima de la porción cálida de la América del Sur, ejerce la enorme elevación de sus regiones occidentales.

En efecto, supónganse reducida a su mitad la altura media de los Andes; el Amazonas quedaría convertido en un río mucho menor que el Magdalena; algunos de sus afluentes considerables desaparecerían, y el caudal prodigioso del Ucayali y el del Huallaga disminuiría en una proporción enorme; porque aumentando la temperatura media de la Cordillera hasta el grado a que llegaría por la reducción de su altura, es evidente que la cantidad de vapor atmosférico condensado por la radiación de su suelo, no representaría sino la mitad más o menos de la que hoy se precipita para formar los grandes ríos que riegan las selvas amazónicas.

Pero si la cordillera desapareciera, el vasto lecho del Amazonas quedaría casi seco, los bosques que sombrean sus riberas no existirían, y el espacio ocupado hoy por una vegetación gigantesca semejante a la de otras edades geológicas, sería la monótona continuación de las pampas de Buenos Aires, y tal vez, a excepción de algunos oasis, sería tan árido como la tierra de nuestra costa. Aquí sería la sequedad excesiva, la vegetación desaparecería de sus valles, y el paisaje tendría la inmutable uniformidad de sus arenales o el horrible aspecto de sus áridas quebradas.

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La humedad del suelo y el estado higrométrico de la atmósfera de todo nuestro territorio se mantienen en su proporción actual, casi exclusivamente por la elevación de la cordillera que hace las veces de un inmenso aparato condensador, en el cual se precipitan las masas de vapor acuoso que los vientos arrastran de los dos océanos; y como hay una estrecha relación entre la temperatura de un clima y su estado higrométrico, siendo tan grande la influencia de la cordillera en la humedad de la atmósfera y del suelo de nuestra costa, es extraño que haya negado su poder perturbador en los fenómenos térmicos de nuestro clima.



Uno de los mejores artículos del doctor Óscar Miró Quesada en su libro Geografía Científica del Perú es el que versa sobre la cordillera de los Andes. De ese artículo tomamos los párrafos que siguen:

Al estudiar el suelo del Perú, lo primero que llama la atención es la inmensa cordillera de los Andes, formidable cadena de montañas que, como un gran empinazo, recorre el territorio de nuestra patria a todo lo largo, de norte a sur, dividiéndola en tres zonas bien marcadas y completamente distintas: la costa, la sierra y la selva o montaña.

La importancia de los Andes en el Perú es enorme: la naturaleza de nuestros ríos; la ausencia de lluvias en la costa y su abundancia en la montaña; la variación de temperatura y de clima que hay en las diversas regiones de nuestro territorio, según sean más o menos elevadas; las distintas clases de animales y de plantas que existen en el Perú; las diferentes industrias nacionales; el género de ocupaciones y de vida de los habitantes de nuestra patria; gran parte de nuestras riqueza y también de nuestra debilidad y atraso como pueblo, se deben a la influencia geográfica todopoderosa de la cordillera de los Andes.

La gran influencia que ejercen los Andes en el Perú, se debe, sobre todo, a que convierten en lluvia el agua contenida en las nubes que los vientos alisios arrastran del Océano Atlántico. Estas lluvias, al caer en gran abundancia del lado de la cordillera que mira al Atlántico, producen la enorme fertilidad de nuestra región de los bosques, región del oriente o de la montaña, como también se le llama, y dan origen a ríos colosales, que como el Amazonas, el Ucayali, el Putumayo, el Napo, el Marañón, el Huallaga, etc., recorren, riegan y fertilizan   -91-   con sus aguas esas regiones del Perú. En otro capítulo estudiaremos, en detalle, cómo los Andes convierten en lluvia a las nubes que arrastran los vientos alisios del Atlántico; por ahora sólo diremos que siendo cadenas de montañas muy altas, las nubes tienen que elevarse mucho para pasar sobre ellas, y que las nubes, cuando se elevan en el espacio, se enfrían y al enfriarse, el agua que encierran en su seno se condensa y comienza a caer en gotas de lluvia. La cordillera de los Andes, por su altura, es, pues, la causa de las fuertes lluvias que fertilizan la región de los bosques peruanos. Como esta misma lluvia forma los ríos que corren entre los contrafuertes de la cordillera, en los valles de la sierra, y los que descienden por la ladera occidental hacia nuestros valles de la costa, resulta que la fertilidad y la vida de todo nuestro suelo depende de la existencia de la cordillera de los Andes, pues sin esos enormes cerros que transforman en lluvia a las nubes que vienen del Atlántico, casi no habría ríos en el Perú, y sin ríos, no crecerían plantas, ni vivirían animales ni personas en el suelo peruano.

Además, los Andes son la causa de la diversa naturaleza del suelo que pisamos en el Perú; sin ellos no tendríamos minas, pues en el esfuerzo gigantesco que hizo nuestro globo para que surgieran los Andes, brotaron del centro de la tierra las muchas sustancias minerales que componen el suelo del Perú.

La importancia que tienen, pues, los Andes en el Perú es enorme y, hasta cierto punto, decisiva: nuestro clima, la naturaleza de nuestros animales y de nuestras plantas, nuestras industrias y hasta nuestra civilización, dependen, en gran parte, de la influencia que ejerce la cordillera de los Andes sobre el suelo del Perú.

La cordillera de los Andes cubre una superficie de 1800000 kilómetros cuadrados y se extiende a lo largo de toda la América del Sur, desde Venezuela y Colombia hasta el Cabo de Hornos, pasando por el Ecuador, el Perú, Bolivia, Argentina y Chile. Su largo es de 7300 kilómetros. Su anchura media, de 500 kilómetros y su altura media, de 3500 metros sobre el nivel del mar. Esta enorme cordillera de la América del Sur corre por enmedio del Perú y divide a nuestra patria en tres regiones o zonas completamente distintas por su aspecto, sus producciones y sus habitantes: la costa, la sierra y la montaña.

Cuesta trabajo formarse una idea clara de lo que son los Andes. Cuando se contempla unas simples líneas negras en un   -92-   mapa, la inteligencia está muy lejos de imaginar todo lo que presentan de grande, de bello, de aterrador y de sublime esas sencillas rayas negras. Hay que pensar en cosas gigantescas; en cumbres que se elevan hacia el cielo como una amenaza de piedra, y en abismos que se hunden hacia abajo, como si quisieran penetrar en las entrañas mismas del globo; en quebradas donde serpentean ríos sonoros y pujantes, y en punas desiertas y frías, como heladas por la mano de la muerte; en el gris fúnebre de las rocas sin vegetación, y en la blancura deslumbrante de picos cubiertos por nieves eternas; en escarpados riscos que se elevan sobre el fondo pedregoso de las quebradas, con espantosa rectitud, y en el zigzagueo que dejan los «haicos» sobre la dura tierra de las cumbres más atormentadas. Todo reviste la severidad de las formas minerales; el paisaje es imponente, colosal y de extraña solemnidad. El hombre, perdido enmedio de las masas estupendas de los cerros innumerables, se siente anonadado y comprende la pequeñez y la miseria de su cuerpo mortal. Como un grano de arena en las playas, como una gota de agua en los mares: así se siente el hombre, absorbido, aniquilado en la inmensidad de la cordillera de los Andes, cuando viaja por la sierra del Perú.

Si a las alturas enormes, unimos la de una multitud de montañas y de contrafuertes de cerros que se entrecruzan y combinan de mil modos distintos entre las principales cadenas de la cordillera, formando quebradas, picos altiplanicies, páramos y lagos, y si, además salpicamos sobre ese conjunto formidable una serie de volcanes elevados, nos acercaremos un poco a la visión de los Andes del Perú.

La cordillera de los Andes entra al Perú por el sur en dos cadenas separadas; una que viene de Chile y otra de Bolivia. Ambos ramales se unen en el Cuzco, formando el macizo o nudo de Vilcanota. De aquí vuelven los Andes a separarse en dos grandes cadenas de montañas, llamadas cordillera Oriental y Occidental o de la costa. La cordillera Oriental es la que queda a la derecha, hacia el este, lado por donde sale el sol u oriente; de aquí su nombre de Cordillera Oriental. La cordillera Occidental, o de la costa, es la que está a la izquierda, al oeste, lado por donde se pone el sol, u occidente, y de aquí el nombre de Cordillera Occidental. Esta cordillera corre paralelamente a nuestra costa.

Las dos cordilleras del sur del Perú se dirigen separadas hasta cerca de la ciudad del Cerro de Pasco, en donde se unen   -93-   para formar el macizo o nudo de Pasco, después de haber recorrido una distancia de 700 kilómetros de largo.

Del nudo de Pasco se vuelven a desprender tres ramales, que forman otras tantas cordilleras: la Cordillera Oriental, la Cordillera Occidental y una tercera cordillera que, como está situada entre las otras dos, en el centro del espacio que queda entre ambas, se conoce con el nombre de Cordillera Central. De estas tres cadenas, la Cordillera Occidental sigue siempre paralela a la costa; la Cordillera Central, a poca distancia de su origen, se dirige hacia el noroeste, formando ángulo con la anterior, pero varía pronto de rumbo, haciéndose su dirección más o menos paralela a la Cordillera Occidental, vuelve de nuevo a cambiar de rumbo y, después de describir una especie de gran curva, se junta a la Cordillera Occidental en el territorio del Ecuador, formando el nudo de Loja. En cuanto a la Cordillera Oriental, va disminuyendo poco a poco de altura, hasta unirse con la Cordillera Central, en donde termina.

El vasto sistema de montañas de la cordillera de los Andes, presenta a lo largo de todo su recorrido por el territorio del Perú, puntos muy elevados, que sobresalen de las montañas que los rodean: estos puntos o cerros aislados, son generalmente volcanes o picos prominentes de las cumbres más altas, llamados picachos. Pero además de estos picachos, que son como puntas agudas, como cumbres afiladas, los Andes forman, por el entrecruzamiento de sus cadenas, vastas extensiones más o menos planas, situadas a gran altura sobre el nivel del mar, que se conocen en geografía con el nombre de mesetas, pero que entre nosotros se llaman altiplanicies o punas.

La altiplanicie o meseta, comparada con las llanuras, es lo que una mesa comparada con el suelo. La superficie de la mesa es plana, pero queda más alta que el piso en que se apoyan las patas de la mesa; de igual modo, el suelo de la altiplanicie o meseta es plano, pero queda a gran altura, en vez de estar casi al nivel del mar, como la mayor parte de las llanuras. En los perfiles de la cordillera de los Andes que hay a la derecha, podemos comprender bien la diferencia entre las cumbres, los picos o picachos y las mesetas o altiplanicies. En el último perfil, en el de abajo, el trazo que sube desde la orilla del mar, en la costa, hasta los 4592 metros en plena sierra, representa las cumbres de la cadena occidental de los Andes. La punta que se ve a los 4592 metros, es un pico, que no viene a ser sino una cumbre alta y afilada. El trozo que se extiende entre ese pico y el pico que queda a la derecha, a los 5000 metros de altura, es la meseta o altiplanicie del lago   -94-   Titicaca, o altiplanicie del Collao, como muchos le dicen. Como se ve, la superficie de las altiplanicies es plana pero queda a gran altura; la del Titicaca queda a más de 3900 metros de elevación. En los otros perfiles se distinguen cumbres y picos, pero no hay ninguna altiplanicie, como la del Titicaca.

El accidente geográfico más notable en el Perú, es la cordillera de los Andes. Los Andes ejercen gran influencia sobre el clima, los habitantes y la civilización peruana, así como sobre el suelo, las plantas y los animales del Perú.

Los Andes se han formado, con todas las montañas del mundo por el arrugamiento de la corteza terrestre, debido a la contracción de la tierra. Su formación es un episodio en la historia de la formación geológica de Sud América.



Tomamos de los apuntes de uno de los cuadernos de Orografía del Archivo Raimondi, los siguientes datos sobre las alturas de la cordillera occidental.

De los cuarenta pasos o abras que ofrece la Cordillera occidental, los que corresponden a la parte sur y central del Perú son más elevados que los de la parte norte, de modo que aún la masa de la Cordillera va bajando de Sur a Norte.

Desde este límite con Bolivia, hasta el paralelo de Huamachuco, en 7º 45' de latitud sur, todos los pasos de la Cordillera occidental se hallan a más de 4000 metros de elevación sobre el nivel del mar, mientras de los pasos situados mas al norte, ninguno alcanza a esta altura.

No deja de llamar la atención el hecho de que todos los veintisiete pasos de la Cordillera occidental al sur de Huamachuco, sobre una extensión lineal de más de doscientas cincuenta (250) leguas, varían muy poco en su elevación sobre el nivel del mar. A excepción de cuatro puntos, en que la altura pasa de cinco mil metros (5000 m), en todos los demás se halla comprendida esta altura entre cuatro mil y cinco mil metros.

El paso más bajo de la Cordillera occidental, es el del pueblo de Huarmaca, en el departamento de Piura, que tiene solamente dos mil ciento ochenta y seis metros (2186 m) de altura sobre el nivel del mar.

La Cordillera occidental, geológicamente hablando, es la más moderna, esto es, se halla constituida de terrenos de más reciente formación que los de las demás cadenas. En efecto, se puede decir, de un modo general, que desde el paraje en   -95-   que dicha Cordillera entra por el Sur en el territorio peruano hasta los 15º de latitud sur, las formaciones volcánicas y principalmente las rocas traquíticas, son las más dominantes.

Desde los 15º hasta los 12' se observan de preferencia las rocas porfídicas y terrenos secundarios más o menos metamórficos. Por último desde los 12º para adelante hacia al norte, se hacen más frecuentes, entre las rocas eruptivas, diversas variedades de diorita que han levantado y trastornado los terrenos secundarios, introduciendo en estos numerosas vetas metalíferas, y entre los terrenos sedimentarios, los más dominantes, por su grande extensión, son los pertenecientes a la formación cretácea.

La cordillera occidental en la parte sur del Perú ofrece un aspecto particular; pues no presenta a la vista una serie continua de montañas cuya cumbre forme como una cresta con fuerte declive en ambos lados, sino una ancha y elevada faja de terreno casi llano o altiplanicie que tiene más de 4100 metros de altura sobre el nivel del mar y de la que se ven elevarse bruscamente colosales cerros, la mayor parte de los cuales se hallan cubiertos de nieve permanente.

Entre los 18º y 19º de latitud sur dominan la cordillera occidental, por su elevación, el pico de Sahama, que sirve de límite entre el Perú y Bolivia, los cerros conocidos con los nombres de Pomarape y Parinacota y el volcán Guallatiri que pertenecen al Perú.

Entre los 17º y 18º de latitud y poco más o menos al noroeste de los cerros Payachata, se nota sobre la misma altiplanicie de la cordillera occidental, otro grupo de cerros nevados entre los cuales el Chipicani llamado también Pico de Tacora; este último nombre se aplica aún al trecho de cordillera que se atraviesa en el camino de Tacna a Puno y a La Paz.

Después del Chipicani los picos más notables que se observan en la cordillera de Tacora son los siguientes: Chacapallani, Caracara, Quenuta y Pallahuari.

Siguiendo el curso de la cordillera occidental hacia el noroeste se encuentra en los valles del pueblo de Candarave, donde toma origen el río de Locumba, dos cerros nevados de los cuales el más grande es conocido con el nombre de Tutupaca y el más pequeño con el de Yusamani. Ambos cerros son volcanes extinguidos: el primero, o sea el Tutupaca, tiene dos cumbres, mientras que Yusamani tiene una sola y afecta una forma cónica muy regular.

Continuando hacia el norte y siguiendo siempre la línea   -96-   divisoria de las aguas que bajan a los dos océanos, se encuentran en el trecho de la cordillera occidental llamado del Huanzo, entre 14º y 15º de latitud sur tres grandes cerros nevados. Más adelante, en la misma latitud, pero más al oeste, en el territorio de la provincia de Lucanas, se interrumpe la cadena de cerros nevados, y la cumbre de la cordillera occidental en este paraje es casi llana, formando una altiplanicie que se conoce con el nombre de Pampa de Quilcata.

Siguiendo el curso de la cordillera se notan varios cerros nevados entre los 13º y 14º de latitud sur en el trecho de esta gran cadena que corre entre los departamentos de Huancavelica y Ayacucho. Más al norte se halla la célebre cordillera de Turpo y Cotay donde la cumbre presenta terrenos llanos y ondulados. Pero si este trecho de cordillera no tiene picos nevados, en cambio la planicie que media entre Turpo y Cotay es elevada y tiene más de seis leguas de ancho.

Desde este punto en adelante, la cordillera occidental ofrece, con ligeras interrupciones, una larga serie de cerros nevados, tales son: los de Pariacaca en el origen del río de Cañete; los de Tuctucocha que dan agua al río de Mala; de Piedra Parada entre Casapalca y Yauli; el Yanasinga cerca de la hacienda mineral de Morococha, a un lado del camino de Lima a Jauja; los nevados de la cordillera de la Asunción donde nacen el río de Santa Eulalia y de los cuales se extraía en otra época la nieve para el consumo de la ciudad de Lima; los de la cordillera de la Viuda en el camino de Lima al Cerro de Pasco y los de Quichas cerca del origen del río de Huara.

Pero de todos los cerros nevados que dominan la cordillera occidental o de la costa, los más colosales son sin duda los gigantescos picos que forman parte de la cordillera blanca o nevada que ladea al callejón de Huaylas. Los principales son: el cerro de Huaylas que domina la población de Carhuaz, el cerro Huascán, que se eleva sobre Yungay y tiene dos picos. Este coloso es el más alto de todos, sobrepasando en altura al célebre Chimborazo que a principios de este siglo se consideraba como la más alta de todas las montañas de América; el cerro Huandoy que ostenta su blanca cabeza sobre la población de Caraz, y por último el gran nevado de Champará situado al sur de la hacienda de Urcón en el límite entre las provincias de Huaylas y Pallasca.

Continuando hacia el norte el curso de la cordillera occidental, se encuentra el cerro nevado de Pelagatos en el punto donde termina el departamento de Ancahs y empieza el de La   -97-   Libertad. Más adelante, a unas cuatro leguas antes de la población de Huamachuco, se halla otro cerro nevado conocido con el nombre de Huaylillas. Este cerro se llama también Cerro de la Nieve, porque abastece de este artículo a la ciudad de Huamachuco y también porque más adelante no se encuentran, en la cordillera occidental, otros cerros nevados; pues, como se ha dicho ya, esta gran cadena va continuamente bajando en su curso hacia el norte.





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Capítulo IV

Océano


La superioridad del océano Atlántico sobre la del Pacífico por motivo de la longitud y naturaleza de las costas que baña y por la extensión de las cuencas fluviales que le alimentan, es punto indiscutible. Las costas del Pacífico llegan aproximadamente a 85 millones de kilómetros, ascendiendo a 105 millones las que baña el Atlántico. A éste, no solamente le tributan sus aguas casi todos los ríos de Europa y la mayor parte de los de África, sino también el San Lorenzo, el Misissipi, el Orinoco, el Amazonas y el Plata. Tiene el Atlántico una corriente templada que calienta y suaviza el litoral europeo; tiene el Pacifico en su parte sur otra cuyos efectos benéficos son dudosos.

Por esta y otras muchas causas, no ha tenido el Pacífico la importancia que tiene el Atlántico. Añádase a estas causas la incomunicación en que ambos océanos han estado hasta 1905 en que se abrió el canal de Panamá, y fácil será afirmar que nuestra situación geográfica en el mundo ha sido desfavorable, y que el Perú ha tenido para los efectos de su vida económica todos los inconvenientes de   -99-   un océano, que más que océano ha sido para nosotros un mar Mediterráneo.

Durante los primeros cuarenta años del siglo XIX, cuando sólo se navegaba a la vela y cuando un buque que salía de Europa para el istmo de Darién o para voltear el Cabo de Hornos empleaba muchos meses en su travesía, era más fácil caminar por tierra a caballo entre Paita y Lima o entre Lima y Buenos Aires. Posteriormente, y a comenzar desde el año de 1840 en que se estableció la navegación a vapor en nuestros puertos, la vida marítima comenzó a cambiar y el océano Pacífico fue para el Perú, como sigue siendo ahora y lo será siempre, uno de sus más importantes factores de civilización. La obra del ferrocarril de Colón a Panamá y el establecimiento de cómodos transatlánticos ingleses, hechos en condiciones de cruzar el Estrecho de Magallanes, mejoraron aún más nuestra situación comercial, no obstante que por tener el Perú su costa a espaldas del mundo europeo, su progreso tenía que ser deficiente e inferior al de la Argentina y el Brasil. Tuvieron estas naciones, aún en la época en que nuestra riqueza fiscal era notable, preferencia de capitalistas y emigrantes. Le ha pasado al Perú por causa de su situación en el hemisferio, lo que a México con sus ricas costas del Pacífico y a Estados Unidos y el Canadá con los estados que baña el mismo océano. Fue menester que llegaran respectivamente a San Francisco y Vancouver las vías férreas que las unen al Atlántico para que estas regiones tomaran la importancia que tienen. Obstaculizada nuestra comunicación con el Istmo de Panamá por el norte y el Estrecho de Magallanes por el sur, Brasil y Argentina tuvieron la preferencia de los españoles e italianos que salieron de Europa en viaje a la América del Sur. No solamente las tenían frente a sus   -100-   territorios y a pocos días de navegación, sino que para venir al Perú estaban obligados a cruzar el Istmo o el Estrecho. En el primero, la fiebre amarilla diezmaba la población europea; en el segundo, los naufragios fueron continuos y la navegación era cara y larga. Ninguno de estos inconvenientes existió para los pueblos situados en Asia, y por esta causa nos trajeron emigrantes chinos.

Estos inconvenientes han sido salvados por el canal de Panamá. Él coloca al Perú en condiciones iguales a la Argentina, al Brasil y superiores a Chile; pero habiendo sido construido al termino de la centuria republicana, sus ventajas son para el presente y lo serán aún más para el futuro. Nos vino muy tarde la comunicación interoceánica y su falta en todo el siglo XIX y buena parte del XX nos ocasionó una comunicación morosa e indirecta.

A este inconveniente ya salvado, hay que agregar al océano Pacífico peruano, otro también de carácter geográfico y de mayores proyecciones, como es el que causa a nuestras costas la corriente Humbolt. Ella ha limado cuanto ha podido nuestro litoral, dejándole casi en línea recta y de consiguiente con escasas bahías y poquísimas caletas. Si no fuera por los espolones de la cordillera andina y por la firmeza con que ellos se han impuesto al mar, nuestra costa no tendría ni islas ni puertos. Por causa de la citada corriente faltan a nuestras líneas marítimas la tortuosidad que vemos en el litoral sur de Chile, las numerosas ensenadas y golfos que existen en el Pacífico en esas latitudes, como también los centenares de islas que les son adyacentes. Por la misma causa no tenemos en el mar nada parecido al estuario del Guayas, ni a la bahía de California, ni al delta del Misissipi, como que la corriente peruana no ha tenido otra labor que borrar a su paso por el Perú cuanto estaba   -101-   en su camino. Si en Tumbes, por hallarse fuera de su influencia, han podido formarse tierras nuevas sobre lo que antes fue mar y éstas son las más fértiles de la región, en las orillas del Chira, del Santa, del Majes y del Tambo, que son los más caudalosos del Perú, no ha podido repetirse el mismo fenómeno con los residuos terrestres arrojados al océano. Qué diferencia tan notable entre las costas del Perú y las que baña el Atlántico entre Terranova y cabo Hatteras. Aquí solo tenemos cuatro puertos dignos de llevar el nombre de tales y una isla de importancia por su tamaño: la de San Lorenzo. En esas costas norteamericanas son numerosas las islas, penínsulas, golfos y ensenadas. A este respecto no hay nada que iguale a las costas británicas. Si todo nuestro territorio estuviera rodeado por el océano Pacífico, qué gran país sería el Perú. Chile debe su grandeza al mar. Bolivia, su atraso a su situación mediterránea, y aunque es cierto que Argentina tiene muy poca costa en su parte poblada, en cambio, la pampa por sus facilidades para el tráfico tiene ventajas iguales a las que da el mar.

Hemos tratado del Perú en su relación con el océano en dos de sus principales aspectos: situación mundial y pobreza de sinuosidades en la costa. El primer inconveniente, ha sido salvado mediante la apertura del canal de Panamá; el segundo puede modificarse construyendo buenos puertos y reemplazando la vía marítima con el ferrocarril panamericano. Nos falta estudiarlo en las consecuencias que le irrogan al litoral la frialdad de las aguas que conduce la corriente de Humbolt. Al respecto debemos manifestar que no hallándose científicamente comprobado que esa frialdad impida las lluvias en la costa del Perú, como se dice con insistencia, no es posible atribuirle en forma categórica efectos perjudiciales. Nuestras deducciones no pueden estar   -102-   fundadas en hipótesis sino en lo real. Por esto, en lugar de afirmar que la corriente fría de Humbolt perjudica la costa peruana, tenemos que decir lo contrario, estando probado que la temperatura de sus aguas disminuye el calor consiguiente a la zona tropical en que nos hallamos y es favorable a la abundancia del pescado en la estupenda cantidad que existe en sus aguas. Sin esta abundancia no habrían aves ni lobos por carecer de alimento, y no habiendo las unas ni los otros, hubiera faltado en la centuria que nos ocupa la gran riqueza que existió en las islas guaneras y de la que hoy queda la exigua cantidad que se produce de año en año. Como fuente de recursos no hemos tenido en la época republicana y en ella durante cuarenta años, nada que se iguale al guano. Él nos dio la renta más saneada que tuvo el Fisco. Siendo esto incontrovertible, el océano en cuyas aguas están las islas guaneras y los peces y las aves de que hemos hablado, tiene que ser considerado como el factor físico que más contribuyó durante la primera centuria al desarrollo económico de la nacionalidad.

Se descubrió el valor del guano en los momentos más críticos de nuestra vida republicana, en aquellos en que, el gobierno, sin crédito ni recursos, apenas tenía lo suficiente para sus más vitales exigencias. Su riqueza trastornó completamente la situación política y económica de la nación, y fue para el presupuesto y el crédito exterior la fuente de recursos más saneada que tuvo el Perú. Ella acabó con la anarquía, con la miseria, con la esclavitud del negro y el tributo del indio. No hay nada en nuestra vida económica, ni aún el salitre en la época en que nos pertenecía, que haya tenido la importancia del guano. En nuestro próximo libro, al tratar de las causas económicas, en extenso diremos mucho sobre este notable fertilizante.

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Son principales componentes del guano, sales de amoniaco, arena, fosfatos térreos, sales alcalinas, agua y materias orgánicas. Es aprovechable en todos los climas y en todos los terrenos y puede aplicarse a todas las plantas sin ninguna manipulación preparatoria. Es el abono por excelencia, el más fecundante de cuantos existen. Fue un elemento de vida para Europa en los precisos momentos en que millares de infelices parecían condenados a morir de hambre.

Los apuntes del sabio Raimondi traen la siguiente descripción de nuestras principales islas guaneras. Ellos fueron escritos en 1882.

Isla de Lobos de tierra.- Esta isla se halla a 10 millas de la costa y a 28 y media millas al N. 24º O de las islas de Lobos de afuera. Tiene 57 y media millas de largo y 17 y media de ancho y está rodeada de varios islotes y farallones.

La formación geológica pertenece a los terrenos cristalinos, siendo el granito la roca dominante.

Esta isla tiene todavía una gran cantidad de guano, habiendo sido explotado tan sólo una parte del gran depósito avaluado en 7347736 toneladas, en 1863, época en que se hizo la mensura.

Isla de Lobos de afuera.- Dos son las islas principales que forman el grupo de las llamadas Lobos de fuera, por hallarse a mayor distancia de la costa que la anterior. Estas islas, separadas una de otra por un canal de 26 metros de ancho, están situadas casi en el mismo paralelo del puerto de Eten, de cuyo lugar distan 49 millas y media. Su ancho máximo es de 1 milla y media, siendo la altura sobre el nivel del mar de 30 metros.

Las islas de Lobos de afuera tienen, muy próximos, algunos islotes y farallones; sin embargo ofrecen varios desembarcaderos, y entre ellos uno llamado por los pescadores del lugar Puerto grande, en el que hay algunas caletas muy cómodas para el desembarco. Tanto en el lado Norte como en el Sur, las islas, forman una ensenada; pero sólo la del Norte ofrece un tenedero seguro, siendo la del Sur enteramente desabrigada.

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La constitución geológica de las Islas de Lobos de afuera es de cuarcita, roca debida al metamorfismo de un asperón o arenisca cuarzosa.

En cuanto al guano que en grande abundancia cubre tanto estas islas como la de Lobos de tierra, aunque haya sido explotado antes de la guerra con Chile por el Gobierno, y por los invasores durante ella, queda todavía bastante cantidad. En 1863 existían en las Islas de Lobos de afuera 607086 toneladas de guano.

El guano de estas islas es inferior al de las de Chincha, debido a que en las primeras no es solamente de aves marinas, sino mezclado con guano o excremento de lobos o focas, que se notan en gran número.

Los primeros análisis del guano de las islas de Lobos los hice yo hacen 34 años, habiendo obtenido, por el término medio de 6 muestras, 382 por ciento de azoe y 14,72 por ciento de ácido fosfórico.

En 1872, cuando se empezó la explotación del guano en estas islas, se mandó recoger muestras de distintos puntos, las que analizadas me dieron, para el guano tomado de la superficie y de consiguiente de peor calidad, 2,05 por ciento de azoe y 21,12 por ciento de ácido fosfórico, y para el de mejor calidad, extraído de la isla de Lobos de tierra, al NO de la bahía, 7,58 por ciento de azoe y 11 por ciento de ácido fosfórico.

Islas de Macabí.- El grupo de este nombre es formado de dos islas, situadas 6 millas al S 5º O de la punta de Malabrigo. Por su posición se distinguen en la Isla del Norte e Isla del Sur. Un canal de 35 metros de ancho las separa una de otra. La isla del Norte, más pequeña que la del sur, es, sin embargo, las más elevada, siendo su altura sobre el nivel del mar de unos treinta metros.

Estas islas tenían en 1863 una cantidad de guano avaluada en 681047 toneladas, que actualmente se hallan enteramente agotadas.

El guano de Macabí, aunque inferior al de Chincha, ha sido mejor que el de las islas de Lobos. El promedio de varias muestras analizadas en el mes de enero de 1867 ha dado 6,58 por ciento de azoe y 14,95 por ciento de ácido fosfórico. Hay que advertir que, a medida que se iba explotando las capas más profundas, iba continuamente mejorando la calidad, de modo que en el año de 1873 se exportaron de estas islas cargamentos que competían con el mejor guano de Chincha.

Islas de Guañape.- Bajo el nombre de Islas de Guañape   -105-   se comprenden dos islas grandes denominadas como las de Macabí, atendida su posición relativa, Isla del Norte e Isla del Sur, dos islitas situadas entre las grandes y algunos farallones. La isla del Norte es la más baja y más cercana a tierra, distando cinco y media millas al S SO del Morro de su nombre. La isla del Sur es elevada, siendo su altura sobre el nivel del mar de 165 metros, y cortada a pique en la parte que mira al Occidente. Ambas islas tienen fondeaderos tranquilos y seguros.

Las rocas dominantes en las islas de Guañape son de naturaleza anfibólica.

Estas islas, antes del año 1869, época en que comenzó la explotación del guano, tenían un depósito de este precioso abono avaluado en 1568550 toneladas; pero en pocos años de activa explotación se agotó completamente.

El guano de las islas de Guañape ha sido de calidad muy variada. La parte superficial, como en todos los depósitos de guano, hallándose expuesta a las intemperies y principalmente a la acción de la garúa del invierno y de algunas lluvias que de cuando en cuando suelen caer, queda como lavada de las sales amoniacales y de consiguiente empobrecida. Pero estas sales, sustraídas a las capas superficiales del guano, no se pierden, sino que penetrando más abajo van enriqueciendo las capas inferiores.

Esto ha sucedido con el guano de Guañape, el que en la parte superficial contenía solamente 4 o 5 por ciento de azoe; pero a medida que se fue profundizando aumentó su riqueza en azoe, de manera que, como en las islas de Macabí, en los años 1873 y 74 se explotaban guanos tan ricos en azoe como el mejor de las guaneras de las islas de Chincha.

Pero lo que me ha llamado la atención en el guano de las islas de Guañape, es una capa de 7 pies de espesor, hallada a 35 pies de la superficie, de una materia muy liviana de color amarillo claro, enteramente distinta de las muestras comunes de guano, la que examinada al microscopio ofrecía una estructura semicristalina.

Esta materia sometida al análisis ha resultado ser formada en su mayor parte de oxalato de amoniaco; sal que hallé después en pequeños cristales, y a la que he dado el nombre de guañapita, para recordar su origen.

Es casi imposible explicar la presencia de esta sustancia en medio de las capas de guano, sin admitir que se han verificado distintas reacciones después de haberse depositado: reacciones   -106-   debidas sin duda a la acción del agua que se ha infiltrado a través de las capas de guano.

Un hecho en apoyo de lo que acabo de decir, lo tenemos en una especie de guano líquido hallado en una cavidad de la roca debajo del guano, y en haberse encontrado, casi sobre la roca, cierta cantidad de estercorita o fosfato doble de soda y amoniaco en trozos cristalinos y casi trasparentes.

Islas de Chincha.- A once millas de la costa y en el paralelo del valle de Chincha, se halla el grupo de islas del mismo nombre. Las principales son tres y se distinguen con los nombres de Isla del Norte, Isla del Medio e Isla del Sur. Estas islas se han hecho célebres por los grandes depósitos de guano que contenían y que desgraciadamente tan desaparecido sin dejar, relativamente, un gran provecho para el país.

Las islas de Chincha, antes del año 1841, carecían de habitantes y sólo eran frecuentadas por millares de millares de aves marinas, cuyos excrementos iban formando los depósitos de guano que debían constituir más tarde la principal riqueza del Perú.

Fue después de dicha época que, informado el Gobierno del Perú del elevado valor que podía tener el guano en el comercio, empezó la exportación de dicha sustancia, la que fue aumentando tan rápidamente que en 1870 se había exportado ya, de las tres islas de Chincha, la ingente cantidad de nueve millones de toneladas.

En 1853, formando parte de la comisión encargada por el Supremo Gobierno de la mensura de la cantidad de guano existente en las islas de Chincha, pude ver, en la Isla del Norte, un corte en que el guano tenía 32 metros de espesor; y en algunos sondeos que hizo la comisión, en la Isla del Sur, se encontró poco más o menos el mismo espesor.

Al ver esa inmensa cantidad de guano acumulado sobre estas islas, muchas personas han dudado y algunas dudan todavía de que sea formado de excrementos de aves, forjando para esto diferentes hipótesis a cual más absurda.

En el Perú, el guano es conocido desde tiempo inmemorial, pues bajo la dominación de los Incas se conocía su origen y su empleo en la agricultura como lo prueba el siguiente párrafo de los Comentarios Reales del antiguo historiador Garcilaso que trata del modo como abonaban la tierra los antiguos peruanos:

«En la Costa de la Mar, desde más abajo de Arequepa hasta Tarapaca, que son más de doscientas leguas de Costa, no echan otro estiércol, sino el de los pájaros marinos, que   -107-   los ai en toda la Costa del Perú, grandes, y chicos, y andan en bandas tan grandes, que son increíbles, si no se ven. Crían en unos islotes despoblados, que ai por aquella Costa; y es tanto el estiércol, que en ellos dejan, que también es increíble. De lejos parecen los montones del estiércol puntas de alguna Sierra Nevada. En tiempo de los Reyes Incas, abía tanta vigilancia en guardar aquellas aves, que al tiempo de la cría, a nadie era lícito entrar en las Islas, so pena de la vida; porque no las asombrasen, y echasen de sus nidos. Tampoco era lícito matarlas en ningún tiempo, dentro, ni fuera de las Islas, so la misma pena».



Por lo que acabamos de trascribir, se ve cuán conocido era en los antiguos peruanos el uso como abono, del excremento de las aves marinas, que se conoce con el nombre de guano, palabra que en la lengua quechua quiere decir, de un modo general, excremento.

Pero lo que quita toda duda sobre el origen del guano, es la presencia en él de plumas, huesos y huevos semifósiles, y por último, la igualdad de composición del guano con los excrementos que depositan en la actualidad las aves marinas que habitan la costa del Perú, si se exceptúa la mayor proporción de agua que contienen los excrementos frescos.

El guano de las islas de Chincha ha sido reputado como el de mejor calidad, pues casi desde la superficie tiene una fuerte proporción de azoe, que raras veces baja de 14 por ciento. Esto es debido a que en las islas de Chincha no llueve, mientras que el guano de las islas del norte del Perú está sujeto, de cuando en cuando, a la acción de las lluvias.

La formación geológica de las islas de Chincha pertenece a los terrenos de cristalización llamados primitivos, siendo la roca dominante una pegmática, formada de cuarzo y feldespato de estructura cristalina.

En la parte O de la Isla del Norte, la roca adquiere algunas escamas de mica y pasa a una variedad de granito. En otras partes la mica es reemplazada por el talco clorítico y la roca toma los caracteres del protogino. Estas rocas se hallan inyectadas por algunos filones de trapp, bastante raros en la Isla del Norte y muy comunes y con dirección distinta en las otras dos. Estos filones varían en anchura desde unos 5 centímetros hasta más de un metro, y están a veces acompañados de vetas de petrosílex o de feldespato compacto de color rojo de ladrillo, unidos a otros de petrosílex blanco.

La Isla del Norte, está situada a 12 millas al N 73º O del puerto de Pisco; tiene 33 metros de altura sobre el nivel   -108-   del mar, un poco más de una milla de largo y media de ancho. El fondeadero principal se halla en la parte norte de la isla.

En el año de 1853, época en que se hizo la mensura del guano existente en las islas de Chincha, la del Norte tenía 4389,477 toneladas, hoy no queda casi ni rastro.

La isla llamada del Medio se halla media milla al sur de la precedente. Aunque casi igual en superficie a la anterior, ha tenido una cantidad de guano mucho menor, porque la roca se eleva en la parte media, formando como dos promontorios casi desnudos de guano.

La cantidad de este abono hallada por la comisión encargada de la mensura en 1853 fue de 2505,948 toneladas, que han sido exportadas en su totalidad.

La Isla del Sur es la más pequeña de las tres y está separada de la del Medio por un canal de un cuarto de milla de ancho. En este canal hay varias rocas, de modo que tiene mal fondeadero. El mejor se halla en la boca este del canal. Aunque esta isla tiene una superficie más reducida que las dos anteriores, ha dado sin embargo una mayor cantidad de guano, siendo el depósito de mucho espesor.

La cantidad de guano encontrada por la comisión en 1853 en la isla del Sur, y hoy día completamente agotada, fue de 5680,100 toneladas.



Germán Stiglich, capitán de fragata de la marina nacional, en su derrotero de la costa, trae la siguiente noticia acerca de lo que llama: «Física del mar territorial del Perú».

Mirando desde las altas cumbres de la Cordillera Real de los Andes hacia el oeste, no lejos de ella, se encuentra el Océano Pacífico, que frente al Perú se presenta excepcionalmente apacible, pues jamás en él se han desarrollado las tempestades y ni siquiera los chubascos de agua que caracterizan a las costas vecinas del Ecuador y Chile.

En plena sección peruana del mencionado y tranquilo Océano, se deslizan tres enormes venas de agua como tres colosales ríos. Una es la corriente Peruana o de Humbolt. La segunda la corriente del Niño. La tercera es la de los Nortes. La primera con velocidad de una milla por hora es estable todo el año y recorre con un ancho medio de 150 millas nuestro litoral, de sudeste o Arica a noroeste hasta alcanzar el Cabo Blanco, en que se inclina bruscamente   -109-   hacia las islas Galápagos para perderse en Oceanía; es corriente fría. La segunda sólo se advierte en los meses de diciembre, enero y febrero y viene del río Guayas en creciente hacia el sur, es corriente cálida. La tercera se apercibe cuando predominan en nuestro litoral los vientos nortes, época eventual que queda también marcada por el alejamiento de la Corriente Peruana hacia el Oeste, con lo que queda paso para llevar estas aguas cálidas hacia el Polo Sur. En ciertos puntos del litoral peruano existen a la vez corrientes extraordinarias conocidas de los marinos, así como otras corrientes por lo general cerca de determinadas islas. Todas ellas son de débil intensidad.

Sobre el Océano Pacífico soplan los vientos alisios y los nortes. Los primeros con un ancho de cien millas, fijos todo el año, y llamados generalmente del sudeste. Son del sursudeste en el Perú; los segundos, ocasionales, son realmente del Norte, es decir de los nevados Andinos, por lo que son fríos. Hay además cerca de la Costa, dos derivados de los alisios; propias ventolinas, llamadas virazones, así como a las otras se les llama terrales. Las primeras vienen durante el día del mar o sea del Sur. Las segundas, durante la noche bordean el Continente, es decir vienen de tierra. Muy contados son los puntos de la Costa donde sopla el viento con alguna intensidad, siendo los más notables; Cabo Blanco, Mongon, Sangayan y Nazca. Tampoco faltan las calmas, sobre todo en el verano, que es justamente cuando el calor se hace más sofocante.

Las aguas del Pacífico en la Costa del Perú, por otra parte, no experimentan esa diferencia notable en otras partes, entre el flujo y el reflujo. Sólo alcanza en el Perú dos metros de diferencia máxima de mareas. En cambio, hay ocasionales bravezas de mar en casi todos los puertos del litoral no abrigados, y excepcionales cada quince años más o menos. También es de advertir que, felizmente en intervalos de casi un siglo, grandes olas o golpes de mar han ocasionado en nuestra Costa, tan tranquila por lo general, terribles desastres, pues pueblos enteros han sido barridos y los buques arrastrados a las playas.

El mar territorial del Perú está impregnado de infinidad de cuerpos orgánicos e inorgánicos provenientes de los continuos arrastres de detritus terrígenos y restos de plantas provenientes de los ríos que en creciente caen a él. El color del mar cerca de las costas es, casi todo el año gris claro, haciéndose oscuro azul conforme se penetra a mayores fondos. Sólo hacia las bocas de los ríos en verano, toma tinte amarillento,   -110-   y en cuanto a la algas, sólo se las encuentra muy cerca de la tierra en los puertos abrigados y peñascos.



Son pertinentes a este capítulo, los estudios sobre oceanografía hallados en los manuscritos de Raimondi. De ellos, en lo que atañe al océano Pacífico, tomamos los siguientes acápites.

Océano Pacífico.- Este inmenso depósito de agua que se extiende entre América y Asia y en el cual desaguan todos los ríos que bajan por la vertiente occidental de la cordillera más próxima a la costa, recibió el nombre de Océano Pacífico por las pocas tempestades que se experimentan en él, comparativamente a las que se sufren en el Océano Atlántico, pues el célebre navegante Magallanes que dio a este mar tal nombre, navegó en él más de 4000 leguas, sin un solo temporal.

Incalculable es la influencia que ejerce el mar sobre las comarcas que baña; y es realmente difícil, sin conocer los principales fenómenos físicos, formarse una idea exacta de las innumerables relaciones que existen entre el mar y el continente y que mantienen aquella admirable armonía que reina en la naturaleza.

En efecto, la evaporación que se produce en la inmensa superficie del mar bajo la acción de los rayos ardientes de un sol tropical, origina todos los vapores acuosos que, llevados por los vientos a la frígida región de la cordillera, se condensan dando lugar a las lluvias que alimentan los ríos que a bajan a la costa derramando la vida en todos los terrenos que bañan.

Este mismo mar es el que recibe el sobrante del preciso elemento vivificador cargado con los despojos orgánicos y minerales que arrastra del interior del continente, materiales que servirán después para la vida de los innumerables seres que pueblan sus abismos, o para la formación lenta de nuevas capas de terrenos que saldrán, quién sabe, más tarde a la superficie del líquido elemento, empujados por alguno de aquellos poderosos sacudimientos de la corteza de nuestro globo, tan frecuentes en la América del Sur.

Al mar debemos la suavidad del clima de la costa del Perú que contrasta con el excesivamente cálido de otros lugares tropicales situados en iguales latitudes; pues del mar, que baña la costa, salen aquellas frescas brisas cuya baja temperatura es debida al enfriamiento que sufre el aire al   -111-   pasar sobre la corriente de agua fría que viene de las regiones polares y recorre toda la costa de Chile y del Perú.

En el mar tiene el Perú la más fácil y económica vía de comunicación que tanto facilita el comercio con las naciones limítrofes y el antiguo continente.

Al mar deben los habitantes de los pueblos ribereños un abundante y sano alimento.

Para facilitar la navegación y evitar los peligros a que están expuestos los marinos que recorren mares desconocidos, se han hecho prolijos estudios para la construcción de las cartas marinas, para cuyo objeto se han practicado en la costa del Perú numerosos sondeos que nos han dado a conocer la profundidad que tiene el Pacífico a muy poca distancia de tierra.

En la costa del Perú, en general, el mar es poco profundo cuando baña las tierras bajas y los valles cultivados; mas su profundidad aumenta en las inmediaciones de las puntas o cerros con rápida pendiente hacia el mar.



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Capítulo V

Límites


Después del Brasil, que colinda con todos los estados de Sud América, menos con Chile, sólo Argentina y el Perú tienen la vecindad de cinco naciones. Las demás viven al medio de tres naciones, con excepción de Bolivia que se halla cercada por cuatro.

Paz Soldán, en su Geografía del Perú, publicada en 1860, daba en esa fecha a la República, las siguientes líneas de límites.

Los límites del Perú se arreglan al Uti possidetis del año de 1810; cuyo principio es reconocido en todas las secciones hispanoamericanas. Pocos estados tienen mejor comprobados sus derechos, respecto a sus límites; sin embargo la codicia por una parte, y el deseo de fomentar la discordia por otra, ha dado origen a disputas con las Repúblicas vecinas del Ecuador y Bolivia. Como nuestro objeto no sea citar hechos falsos, bajo el pretexto de defender nuestra patria; al determinar los límites, nos apoyamos en la Real cédula de 1802, en la geografía del general Neo Granadino Mosquera respecto al Ecuador y Nueva Granada. En cuanto a Bolivia, en documentos antiguos y resoluciones de los Virreyes: con el Brasil en el tratado de San Ildefonso, de 1777; y siempre en todos los casos en los tratados vigentes y en la material   -113-   posesión. La respetable autoridad de Humboldt y de algunos otros geógrafos, cae en tierra ante la verdad de los documentos y la materialidad de la posesión. En esta virtud diremos que:

El Perú linda al Norte con las Repúblicas del Ecuador y Nueva Granada. Son límites el Río Putumayo subiéndolo treinta leguas hasta que, por sus raudales y saltos inaccesibles deja de ser navegable. De allí una línea recta hasta la confluencia del río Napo con el Aguarico, que es casi a 1º y 55' de latitud sud y 77º de longitud O París; de suerte que el Napo corresponde al Perú desde su embocadura en el Marañón 70 leguas arriba. De este punto de confluencia hasta el pueblo de Andoas en el río Pastaza: el pueblecito de Andoas está en la confluencia del río Bombonaza con el Pastaza casi a los 2º 30' latitud S y 79º 15' longitud O París, y allí reside autoridad peruana. De Andoas se baja en línea recta hasta la confluencia del río Canchis con el Chinchipe: de este punto situado a los 4º 5', se sube también en línea recta hasta el pueblecito de Macará por la Quebrada de Espíndula. De Macará subiendo por la quebrada de Pilares se va hasta el pueblo de Pachas y de aquí se tira una línea para unirse con el lindero cerca del pueblo de Santa Rosa, situado a los 3º 21' latitud S y 82º longitud O de París. Quedando por consiguiente en el terreno peruano los terrenos de quijos y canelos, y los jíbaros y otras naciones semibárbaras.

La exactitud de estos límites está comprobada con numerosos documentos que existen en los archivos del Perú.

Es muy falsa la política del Ecuador al pretender terreno queriéndose apoyar en derechos que no existen. Examinando la conveniencia de la división territorial y excitando la generosidad del Perú, conseguirán lo que no podrán obtener con las armas ni la sofistería.

Por el Sur los límites del Perú son la quebrada de Tucupilla o Duendes, casi a los 21º 32' latitud S, lindero marcado desde 1763. Aquí principia el desierto de Atacama, perteneciente a Bolivia.

Por el Este limita con el Imperio del Brasil y con la República de Bolivia. Los límites con el Brasil son, según el tratado de 23 de octubre de 1851: la población de Tabatinga y de esta para el Norte la línea recta que va a encontrar de frente al río Yapurá en su confluencia con el Apaporis y de Tabatinga para el sud el río Yavary, desde su confluencia con el Amazonas hasta su origen, de allí una paralela cerca de los 10º de latitud. Estos límites con el Brasil   -114-   fueron determinados de un modo que da a conocer la habilidad de una parte y descuido de otra. Felizmente en el tratado se determina que una comisión mixta reconocerá la frontera conformándose al principio Uti possidetis, proponiendo sin embargo los cambios de territorio que se creyeren oportunos. De no ser así, el Perú perdería más de 80 leguas de las orillas del Marañón y el triángulo formado por el Yapurá, el Amazonas y la línea pretendida por el Brasil, El Perú tiene un derecho incontestable a que sus límites por el E principien en la confluencia del Putumayo con el Amazonas, y no en Tabatinga como se quiere. La política del Brasil es anexadora, valiéndose de pretextos que no debemos calificar. No dudamos que el Perú reclame el inmenso territorio que se le pretende arrebatar, bajo falsos supuestos.

Debió también haberse determinado previamente el origen, curso y otras circunstancias, relativas al Yavarí, de que sólo se sabe que entra en el Amazonas a 4º 38' latitud S una legua más abajo del pueblo de Tabatinga, y que parece que es un derrame del Apurímac. Vese por lo dicho que está todavía mal definido el confín oriental del Perú, con pérdida de territorio.

Desde la línea paralela tirada a los 10º, que sirve de límite con el Brasil, se baja una línea de N a S. Después se sigue la cordillera de N a S -sirviendo de lindero hasta los 15º 28' de latitud y 71º 45' O de París, que nos divide con la República de Bolivia, hasta encontrarse con el río San Juan del Oro, que sigue su curso aguas arriba hasta los 13º 40' a orillas del Titicaca.

De la laguna del Titicaca se tira una línea recta hasta el río Desaguadero por el estrecho de Tiquina, quedando el pueblecito del Desaguadero al lado de Bolivia. De este punto se tira una línea recta S O hasta el nacimiento del río Mauri, y continúa el lindero por la misma cumbre de la Cordillera, hasta que se encuentra con el lindero que sube por la quebrada de Duendes. Estos son de hecho los límites con Bolivia; pero de derecho y por el orden natural del terreno, el límite debería ser el estrecho de Tiquina, como se puede ver en un expediente organizado por el Intendente de Puno el año 14; evitándose de este modo las continuas dificultades que resultan de que el pueblo de Yunguyo, situado en el istmo de la península de Copacabana, sea el límite entre ambas naciones.



Hoy (1920) nuestros límites indiscutibles son la línea   -115-   Apaporis-Yavarí, el río de este nombre y una línea sinuosa en las cabeceras del Yurúa y el Purús. Esto por la parte del Brasil; por la parte de Bolivia, la confluencia del Yaverija con el Acre hasta el Heath en el Madre de Dios, el Heath y el Tambopata, la cordillera de los Andes desde Palomani, una línea por en medio del Titicaca hasta el Desaguadero y la cordillera Occidental de los Andes.

Quedan por resolver los límites del sur hasta el río Loa, los del Ecuador y Colombia o sean varias líneas sinuosas desde la ensenada de Santa Rosa en el Pacífico hasta los puntos en que dejan de ser navegables los ríos que desaguan en el Marañón y Amazonas por su parte septentrional.


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Límites con Chile

Hasta 1883 el desierto de Atacama nos separó de Chile. El tratado de Ancón nos lo puso en la parte austral, y desde la época en que dicho tratado se firmó, el Perú no ha tenido tranquilidad en sus relaciones internacionales. Si Chile, en lugar de estar situado en la vecindad de Bolivia y Argentina hubiera sido colocado por la naturaleza en el Atlántico, en Centro América o en cualquier otra parte, nuestra situación política y económica estaría hoy a la altura de la que ocupa la Argentina. Coincidió su posición austral respecto a nosotros, con la existencia de riquísimos yacimientos de salitre en su frontera, y aunque anteriormente a la guerra del Pacífico, como ya hemos dicho, el desierto boliviano nos separaba de él, su persistencia en apoderarse de ese desierto nos obligó a vivir en tanta alarma como si le hubiéramos tenido; a la orilla del Loa. Por desgracia, la mayor parte de los peruanos que figuraron antes del año de 1879 carecieron de eso que se llama el sentido   -116-   de la realidad. En la defensa que hicieron de Bolivia dejáronse llevar únicamente por sentimientos de americanismo. No se dieron cuenta de que nuestra política internacional en los asuntos de Chile y Bolivia más que altruista debió haber sido egoísta; y no por cierto para apoderarnos de la costa boliviana sino para defender nuestra provincia de Tarapacá, amagada por las pretensiones conquistadoras de Chile desde 1842, época en que el diminuto grupo conservador que le gobernaba en Santiago, pensó algún día llegar hasta Arica.

Mirados hoy los acontecimientos históricos del siglo pasado con la claridad que tienen los sucesos realizados, nuestra mente se confunde y nuestro espíritu se abate al analizar lo que fue la sicología de nuestros gobernantes en los años que precedieron a la guerra del Pacífico. De todos ellos fue el Presidente Castilla, que entre chilenos vivió en diversos tiempos y que les vio actuar con voluntad inquebrantable para demoler la confederación santacrucina, el que penetró mejor en los ocultos y tenaces propósitos de Chile. Tuvo visión clara de su época y comprendió que a Chile no le quedaba sino la ruina o la conquista. Por esto, durante los muchos años que gobernó al Perú se preocupó de educar marinos, de comprar buques y de colocar nuestra escuadra a la cabeza de todas las de la América del Sur. Y es que fue el único hombre de su tiempo que supo sacar provecho de la historia patria al tener en cuenta que el poder de España en el Perú y la estabilidad de la Confederación Perú Boliviana estuvieron perdidas desde el momento en que el poder naval de uno y otra fueron barridos del mar. Testigo presencial de los movimientos sorpresivos de la escuadra de Chile, respectivamente en 1821 y 1836 y   -117-   sabedor de lo que significaba para el Perú tener la riqueza del guano en el mar, comprendió su situación, sus peligros en el océano y en tierra y la necesidad de armarse.

Castilla murió en Tiviliche en 1867 en los momentos en que batallaba para subir nuevamente al poder. Su muerte para los asuntos internacionales del Perú fue de fatales consecuencias. El mando supremo que le hubiera correspondido durante los años de 1868 a 1872 si hubiera vivido aún, le fue dado al coronel Balta, testigo presencial de los avances de Chile en territorio boliviano durante su período, pero sin la experiencia de Castilla para apreciar el peligro nacional que se avecinaba por el sur y que si mandó construir buques blindados, lo cual no está comprobado, no los pagó por adelantado o no señaló los fondos para su terminación. Manuel Pardo, que fue el que le sucedió y que autorizó la demostración naval peruana de Mejillones en 1872 y el tratado secreto de 1873, tuvo confianza en las escasas fuerzas navales que encontró al subir al mando, y tanto por esto, como por falta de recursos, no construyó nuevas unidades. En 1877 tuvo oportunidad de tratar de cerca a los chilenos y conocer con toda evidencia sus miras conquistadoras en el destierro voluntario que le llevó a Santiago. A su regreso a Lima en 1878, conferenció en secreto con sus amigos y aún se dice con el presidente Prado. Les comunicó sus temores, y buscaba los medios de conjurar el peligro cuando una bala fratricida le cortó la existencia. Jamás en el Perú, como en aquella ocasión, la falta de un hombre público tuvo tan terribles consecuencias en lo internacional. Chile, que se hallaba resuelto a guerrear con alguno de sus vecinos y que se inclinaba a pelear con la Argentina, al conocer la muerte de Pardo comenzó a promoverle graves   -118-   cuestiones a Bolivia, hizo regresar su escuadra que había salido para el Estrecho y pronto ocupó Antofagasta.

El suceso internacional de 1879 o sea la guerra que duró hasta 1883 y que ocasionó la pérdida del departamento de Tarapacá, es acontecimiento de muy vastas proyecciones. Él envuelve la más valiosa desmembración realizada en el mundo en el siglo XIX. Sus consecuencias las veremos en extenso en nuestro libro Causas económicas y sus múltiples vicisitudes en Causas políticas. Uno y otro libro darán a conocer las perturbaciones de todo género que ocasionó el magno suceso, la quiebra financiera e institucional del Perú, y la situación de violencia y de peligro internacional nacidas y fomentadas por el incumplimiento del tratado que Chile mismo impuso por la fuerza de sus bayonetas. Así como el guano fue para el Perú el factor más valioso de su prosperidad, así también la vecindad de Chile ha sido la más terrible de todas nuestras desventuras.

La Naturaleza, que al máximo arrugó el suelo de nuestro territorio, que colocó las extensas y fértiles tierras de montaña lejos del mar y los minerales en los puntos donde la altura culmina en la cordillera, nos dio el salitre para que todo fuera conquistado por el esfuerzo y el capital. Quiso que sus recursos sirvieran para vencer el desierto, dominar la cordillera, irrigar la costa, abrir las minas y construir los ferrocarriles que necesita nuestro agreste territorio. Chile interrumpió bruscamente la realización de este hermoso programa, y desde 1879 desvió hacia lados estériles la riqueza que nos arrebató. A semejanza del malhechor que en desierto camino arrebata al transeúnte el dinero que lleva para levantar su casa, Chile, al apropiarse del nuestro, sacó de su cauce natural, de su verdadera finalidad humana la riqueza del salitre; y llevándola a tierras   -119-   pobres e improductivas le dio aplicación diferente a la que Dios tuvo al ponerla en el sur del Perú. El día que se agote o que no tenga el valor de hoy, Chile será tan miserable como lo era antes de la guerra. Ha gastado y sigue gastando lo que produce el salitre en sostener costosas legaciones y empleos de ninguna utilidad, en mantener 26000 hombres armados en mar y en tierra, en satisfacer su vanidad construyendo edificios públicos de ningún provecho y lo que llama ferrocarriles estratégicos para defender los territorios usurpados, como son el longitudinal y el de Arica a la Paz. Como consecuencia de la irrupción chilena, nuestro progreso ha vivido estancado durante 25 años. Haciendo esfuerzos supremos hemos conseguido concluir los ferrocarriles comenzados en 1869, y habiendo encontrado en la agricultura de la costa y en la minería imponderables riquezas, hemos recomenzado con el siglo la labor que paralizamos en 1879 por la vecindad de Chile.




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Límites con el Brasil

Teniendo nuestro territorio mayor longitud que latitud y hallándose el Brasil al oriente del Perú, nuestra línea de fronteras con ese país tiene tanta extensión como la que nos separa del océano Pacífico.

Posesionados nuestros vecinos de la boca del Amazonas, tuvieron para realizar sus propósitos conquistadores facilidades que los españoles primero y los peruanos después, nunca encontraron en la difícil navegabilidad de los ríos de cabecera. España, que era muy celosa de sus posesiones en América, organizó el gobierno de Mainas, y posteriormente celebró con la corte de Lisboa los tratados de Tordesillas y San Ildefonso. Estos tratados pusieron término ostensible pero no real a esos avances, siendo sabido que   -120-   los virreyes brasileros dejaban a sus súbditos hacer excursiones sobre el Perú a pesar de los reclamos de España. Este modus vivendi del Brasil tomó creces cuando ambos virreinatos se independizaron, y el Perú con sus disensiones civiles olvidó el señorío que tenía en los terrenos que le señalaban los tratados vigentes. Su negligencia llegó a tal extremo que en 1851 fue necesario proceder a una nueva demarcación de fronteras en la que el Perú sin razón alguna cedió al Brasil grandísima porción de sus montañas. El tratado de 1851 nos quitó la boca de Yapurá y los territorios que le son anexos hasta la línea imaginaria que va del Yavarí al Apaporis. Habiendo aceptado el Perú en la discusión preliminar que precedió al tratado el principio del uti possidetis, nos fue forzoso convenir en esta cesión territorial y perder Teffé que fue cedido al Brasil no obstante que anteriormente había pertenecido a la Corona de España de hecho y de derecho.

Siendo casi desconocidos por estos años de 1851, por lo menos inexplorados, el Yurúa, el Purús y el Acre, y no habiendo tomado posesión de ellos el Perú ni tampoco el Brasil, intencionalmente los gobiernos de ambos países silenciaron en el tratado Herrera-Da Ponte todo lo referente a los territorios situados al sur de la línea Yavarí o sean las comarcas que bañan los mencionados ríos y sus numerosos afluentes.

El tratado de 1851 fue ratificado en 1858, y sólo en 1874 quedaron demarcados sobre el terreno los límites acordados. La comisión mixta enviada al efecto, exploró las nacientes de Yaraví y levantó el plano respectivo. El marco del lindero quedó fijado a los 7º 1' 17'' de latitud sur y a los 74º 8' 27'' de latitud oeste de Greenwich. Con gran sorpresa se vio entonces (1874) que el Yavarí nacía muy   -121-   cerca del Ucayali y que su rumbo no era de sur a norte como se le veía en todas las cartas geográficas de esa época, sino de SO a NE.

Demarcada también la confluencia del Apaporis con el Yapurá y señalada la línea geodésica por el Putumayo, la comisión mixta suspendió tareas. Antes de hacerlo, el comisionado peruano, señor Rouand y Paz Soldán, solicitó del gobierno del señor Manuel Pardo autorización para dar principio al trazo de la línea geodésica del Yavarí al Madera. El ministro de Relaciones Exteriores del Perú, teniendo en cuenta que el tratado de 1851 modificó el de 1777, que las relaciones del Perú con Chile eran difíciles y que estando para aprobarse en Buenos Aires el tratado tripartito de alianza convenía no molestar al Emperador don Pedro II, negó la autorización solicitada. Además, si la escuadrilla peruana del Amazonas, compuesta de cinco vapores por esos años, jamás entró al Yurúa ni al Purús y nunca en sus orillas se fundaron poblaciones peruanas, ¿cómo se podía alegar posesión en los territorios de dichos ríos?

El año de 1867 el gobierno de Bolivia celebró con el del Brasil un tratado. En virtud de él, se aceptó como límite de uno y otro país la línea que partiera de las nacientes del Yavarí y que cortando los ríos Yurúa y Purús, terminara en el Madera en el punto en que se le une el Beni. El gobierno del Perú protestó contra las usurpaciones que envolvía este tratado, y sus razones están contenidas en la nota que el doctor Barrenechea, Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, pasó al de Bolivia, doctor Muñoz, ese mismo año de 1867. Este contestó la nota recibida algunos meses después, y no habiéndose tomado ninguna medida posterior, el asunto quedó virtualmente terminado. La protesta debió haberse llevado también ante el gobierno de   -122-   Petrópolis, desde que la línea Muñoz-López Netto tomaba gran parte del Yurúa y el Purús. El Perú estuvo lerdo en su defensa. No debió haber descansado ni puesto término el asunto hasta no haber conseguido sustituir en el tratado la palabra Yavarí por las de frontera peruana. No hizo nada; y por causa de esta desidia nos vimos envueltos en complicaciones posteriores. Mareados los estadistas del Perú con la riqueza del guano, sin conocimientos de los territorios amazónicos por falta de mapas verídicos, no dieron al Oriente la importancia que tiene.

La explotación del caucho y el valor que llegó a tener en los mercados extranjeros a comenzar de 1890, volvió a poner en tela de juicio la cuestión fronteras. Bolivia conquistó el Beni, Brasil el Acre y el Perú las cabeceras del Yurúa, del Purús y del Madre de Dios. No habiéndose dedicado nunca el montañés peruano al cultivo del jebe sino a derribar árboles de caucho para extraer goma, sus avances en los ríos mencionados nunca tuvieron carácter definitivo. Haciendo vida nómade en los múltiples afluentes, su residencia en ellos fue temporal. El gobierno peruano se vio siempre en grandes dificultades para hacer la policía de sus ríos y mucho más para cobrar el impuesto a las gomas.

Obligado el Brasil a respetar los territorios situados al sur de la línea Beni-Yavarí, permitió al Perú y a Bolivia ejercer autoridad en los ríos situados al sur de dicha línea. Sin embargo, la riqueza gomera del Acre ocasionó sucesos desagradables a la cancillería de La Paz, sucesos en los cuales, el Perú, fue siempre espectador y protestante romántico. ¿Qué otra cosa pudo haber hecho si jamás tuvo entrada ni la menor posesión en dicho río? Bolivia, que en realidad era dueña del Acre pero que no tenía facilidades para sofocar las intentonas de independencia que algunos   -123-   aventureros fomentaron con el auxilio del gobierno del Estado de Manaos, contrató con un sindicato norteamericano en 1902 la semiventa del Acre. No habiéndose puesto nunca en duda en el Brasil la soberanía de Bolivia sobre el territorio contratado, la semiventa no fue controvertida por la cancillería de Río, pero siéndole perjudicial el negocio realizado, compró las acciones del sindicato por medio de sus agentes en Nueva York. Posteriormente, pactó con Bolivia el tratado de Petrópolis. Mediante el cual, el Acre y todos los territorios situados en la línea Beni-Yavarí en la parte colindante con el Perú, fueron vendidos en dos millones de libras. Este temerario acuerdo celebrado por el gobierno del general Pando y que la cancillería del Perú no supo o no pudo impedir en la parte que afectaba nuestros derechos sobre el Yurúa y Purús, trajo consecuencias desagradables con el Brasil. Casi por la fuerza, tropas de Manaos, en 1903, desalojaron a los caucheros peruanos de los ríos Chandles y Amuenya, y el gobierno de Río hubiera avanzado más en el camino de sus atropellos -entre ellos la extracción en el Pará de las armas del Perú que los transatlánticos llevaban hacia Iquitos- si el Secretario de Estado, Mr. Hay, a solicitud del gobierno peruano en 1904, no hubiera manifestado al ministro del Brasil en Washington la extrañeza con que el gobierno americano veía estos sucesos. El modus vivendi Velarde-Río Branco, de 12 de julio de 1904 puso término a esta situación irregular en que vivían el Perú y el Brasil. El artículo I de ese acuerdo provisional neutralizó algunos territorios.

A principios de 1908, el representante del Brasil en Lima, señor da Gama, insinuó la propuesta de dividir por mitad los territorios neutralizados. Un año después, habiéndose hecho intolerable la situación del Perú por motivo de   -124-   las cuestiones de límites que mantenía con cinco naciones, entre ellas, Bolivia que había desconocido el laudo argentino y Chile que maniobraba en este asunto en forma hipócrita y malévola, la cancillería de Lima en su deseo de terminar amigablemente y en forma directa el litigio de fronteras con el Brasil, solicitó la línea máxima que podía obtener el Perú en esa controversia. El señor Hernán Velarde, ministro del Perú en Río obtuvo del Barón de Río Blanco, no sólo el íntegro de los territorios neutralizados, sino también retazos de terreno brasilero para obtener líneas naturales evitando así las geodésicas. En esta línea perdimos las cabeceras del Yurúa; en cambio obtuvimos las del Purús y las nacientes del Acre.




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Límites con Bolivia

Fue una desgracia para el Perú que el vencedor de Ayacucho no hubiera sido La Mar o Santa Cruz. Suceso de tan magna importancia, habría quitado a Bolívar el formidable poder militar que alcanzó en los años que siguieron al de 1824, poder que fue causa de la forma antojadiza como jugó con la suerte de medio continente. Nacido en Caracas, soñando siempre con la preponderancia de la gran Colombia, celoso de Buenos Aires, pero más aún de la grandiosa nacionalidad que constituían el Alto y Bajo Perú, su política fue contraria a la unión de estos dos estados. Sucre, su teniente, supo fomentar durante su permanencia en las ciudades de altiplano el sentimiento genuinamente humano que todo pueblo tiene en favor de su autonomía, y de lo que fue un territorio gobernado por el virreinato de Buenos Aires una vez pero casi siempre por el de Lima, hizo una república independiente. No fue un anhelo, una necesidad imprescindible, mucho menos   -125-   una convicción lo que dio Bolivia la vida propia que tiene. Fue un acto político inconsulto, y sus consecuencias adversas y dolorosas las encontramos a cada momento en las páginas de su historia. Lo que pudo ser un pueblo feliz, respetado y rico si desde 1824 hubiera formado parte de la Argentina o lo que es más natural del Perú, es un pedazo de nacionalidad sin razón de existencia, un mundo extraño y pequeño enclavado en la parte más fría de los Andes, una tierra malquerida por sus poderosos vecinos, el origen de cuanta injusticia se ha cometido en el continente y la causa de casi toda la sangre hermana derramada en la América del Sur. ¿Qué sería hoy Bolivia si sus provincias formaran parte de la confederación Argentina o de la República del Perú y en Antofagasta flameara el pabellón de San Martín, o nuestro amado bicolor? Las guerras santacrucinas no hubieran tenido lugar, tampoco la intervención chilena de 1839, ni la guerra del Pacífico. El desierto de Atacama en este momento no sería de Chile, y en América tendríamos tres nacionalidades poderosas: Perú, Argentina y Brasil. Chile sería lo que es hoy el Uruguay o el Ecuador.

Lo menos que se puede decir de Bolívar en su carácter de hombre público es que fue desacertado en sus propósitos, Imaginó engrandecer a Colombia desmembrando al Perú y sólo consiguió favorecer a Chile y al Brasil. Si como militar fue genial y superior a San Martín y a Washington, como político estuvo muy lejos de adquirir la fama mundial que ganó en los campos de batalla. Sin la menor razón, sin el menor provecho para nadie, deshizo la más potente nacionalidad que existió en los albores de la independencia. De lo que fue una entidad que principiaba en el Guayas y terminaba en Tarija, hizo tres estados, ninguno de los cuales tuvo el menor motivo para separarse. Guayaquil quedó a merced de Colombia,   -126-   y más tarde fue envuelto en el movimiento separatista promovido por las provincias de la antigua audiencia de Quito. Peor fue la suerte del Alto Perú y su historia así lo comprueba. Encajado en un altiplano, su salida al mar por Cobija de nada le sirvió. Sin amor al desierto de Atacama ni tampoco a las tierras bajas del Acre y del Madera, con tranquilidad las ha visto pasar a otras nacionalidades. Sus pobladores viven felices en el altiplano y jamás han sentido nostalgia por el litoral o por la selva.

Había en 1821 tan completo acercamiento entre el Perú y Guayaquil, que todavía en 1840, todo el comercio de aquel puerto se hacía con Lima. Cuanto a lo que es hoy Bolivia, la vida de relación entre el Cuzco, Arequipa y Puno de un lado y la Paz, Cochabamba, Oruro y Sucre del otro, era más intensa que la del sur con la del norte de Perú. Quilca y Arica eran los puertos únicos del Altiplano. Solo un malévolo propósito o un erróneo concepto pudo separar lo que la Naturaleza y los hombres unieron durante tres siglos de coloniaje y cuatro de Imperio Incaico.

La obra separatista del año de 1824 originó entre otras cosas desagradables para el Perú y Bolivia, el tratado Muñoz-Netto, firmado en 1867, tratado que podemos considerar como el punto de partida del embrollo de fronteras que terminó con ventajas para el Brasil. Faltó unidad de acción en la defensa de la línea Yavarí-Madera pactada en 1777, y existiendo dos nacionalidades en lo que antes fue una, Brasil se entendió con la más débil. Esta fue Bolivia.

Pudo el Perú desahuciar de hecho el pacto de 1867, y manu militare haber ocupado los territorios que le pertenecían. Desgraciadamente, la adversidad cruzó su camino. Aun recuerda el Cuzco como si ayer hubiera sucedido el desastroso fin de la expedición La Torre y la muerte de   -127-   este hombre superior en 1874, en los momentos en que conquistaba el Madre de Dios en su propósito de llegar hasta el Beni. Con igual sentimiento hay que recordar el naufragio de la lancha «Adolfito» en 1895, y la muerte de Fiscarrald, el descubridor del Istmo que lleva su nombre, en circunstancias en que su vida significaba para nosotros la pronta y efectiva incorporación a la nacionalidad peruana de los territorios del Acre, del Alto Purús y del entero Madre de Dios. Con capitales, con audacia y temeridad sin límites, ¿de cuánto hubiera sido capaz el audaz cauchero peruano si la muerte no le hubiera sorprendido? ¿Hasta que confines de la hoya del Madera no habría llevado su bandera y sus expediciones, si la malhadada maniobra del capitán del «Adolfito» no hubiera causado el naufragio que le ahogó en las turbulentas aguas del Caspajali?

El 9 de julio de 1909, el presidente de la República Argentina expidió sentencia arbitral en la cuestión de límites pendiente entre el Perú y Bolivia, de acuerdo con el pacto canjeado el 9 de marzo de 1904 entre las cancillerías de ambos países limítrofes.

La parte resolutiva de dicha sentencia dice así:

«Por tanto: De acuerdo con lo aconsejado por la Comisión asesora, vengo en declarar que la línea de fronteras en litigio entre las Repúblicas de Bolivia y del Perú, queda determinada en la forma siguiente: Partiendo del lugar en que la actual línea de fronteras coincide con el río Suches, la línea de demarcación territorial entre ambas repúblicas cruzará el lago del mismo nombre hasta el cerro de Palomani Grande de donde seguirá hasta las lagunas de Yagua-Yagua y por el río de este nombre llegará al río San Juan del Oro o Tambopata; continuará por la corriente de este río Tambopata aguas abajo hasta encontrar la desembocadura del río Lanza o Mososhuayco; desde la confluencia del río Tambopata con el río   -128-   Lanza la línea de demarcación irá a encontrar la cabecera occidental del río Abuyama o Heath y seguirá por éste aguas abajo hasta su desembocadura en el río Amarumayu o Madre de Dios: por el thalweg del río Madre de Dios, bajará la frontera hasta la boca del Toromonas su afluente de la margen derecha; desde esta confluencia del Toromonas con el Madre de Dios, se trazará una línea recta que vaya a encontrar el punto de intersección del río Tahuamanu con la longitud de sesentinueve (69º) grados oeste de Greenwich y siguiendo ese meridiano la línea divisoria se prolongará hacia el norte hasta encontrar el deslinde de la soberanía territorial de otra nación que no sea parte en el tratado de arbitraje de 30 de diciembre de 1902. Los territorios situados al oriente y al sur de la línea de demarcación que queda señalada, corresponden a la República de Bolivia y los territorios situados al occidente y al norte de la misma línea corresponden a la República del Perú. Póngase este laudo en conocimiento de los enviados Extraordinarios y Ministros Plenipotenciarios de las Altas Partes contratantes a los que se remitirá un ejemplar de conformidad con el artículo 9.º del tratado de arbitraje. Dado por triplicado; sellado con el gran sello de las armas de la República y refrendado por el Ministro Secretario en el Departamento de Relaciones Exteriores y Culto, en el Palacio de Gobierno Nacional, en la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina, a los 9 días del mes de julio del año de 1909.- (firmado) J. Figueroa Alcorta.- (firmado) V. de la Plaza.



De los considerandos de la sentencia arbitral se desprende que el árbitro no encontró claros los títulos aducidos por las partes y aplicó el principio de equidad. El Perú aceptó la sentencia arbitral. Bolivia no aceptó ninguna determinación definitiva, e hizo saber que esperaba la reunión del congreso para resolver si aceptaba o rechazaba el fallo. Actitud tan insólita conmovió la América del Sur y puso en peligro las relaciones de amistad que sosteníamos con ella. Estando para terminar su mandato el presidente Montes, autor del atentado cometido contra el Derecho Internacional y las prácticas de los países civilizados, la opinión del congreso no fue oída hasta que este dejó el   -129-   mando. Correspondió al presidente Villazón, su sucesor, la labor de dirimir la contienda con el Perú de un modo amigable sin recurrir a las armas, ni tampoco sin salir de la serena altura del Derecho. El laudo argentino fue aceptado mediante una enmienda en la cual, sin lesionar derechos fundamentales, la línea de fronteras sería demarcada reconociendo el principio de canjes de territorio a fin de que fuera posible regularizar linderos y armonizar intereses. Después de largas y laboriosas gestiones sobre permutas territoriales que se realizaron a base de la demarcación arbitral, se firmó el 17 de setiembre de 1909 el protocolo que con posterioridad aprobaron los parlamentos de Lima y La Paz. En 1911 se realizó la operación del canje, y ella se hizo sobre la base de la equivalencia, sin destruir el fallo ni los hechos establecidos en el laudo argentino, ni menoscabar la situación favorable que este creó para nosotros. Hallándose el Perú en 1909 en controversia de límites con todas las naciones que le son limítrofes y sólo en armonía con el vecino del oeste o sea con el océano Pacífico, le faltó fuerza moral para mantenerse inflexible en los detalles de la línea de demarcación arbitral.

Si en los asuntos de límites con el Brasil jamás tuvimos con él la más ligera lucha sangrienta ni en lo menor sus connacionales interrumpieron nuestro progreso en la selva, la proximidad de Bolivia a nuestro territorio, su frontera en las mismas aguas del Titicaca, en el nacimiento del Desaguadero y en el río Madre de Dios, ha sido teatro de sucesos lamentables. Hoy, (mayo de 1920) a pesar de haberse concluido definitivamente el asunto de fronteras y de hallarse fijadas en parte en forma material, todavía tenemos a nuestros oídos la sonaja de Bolivia, en esta vez pidiendo lo que no le pertenece. No es Antofagasta, que fue suyo y que   -130-   legítimamente le corresponde, lo que aspira reivindicar el gobierno boliviano del señor Gutiérrez Guerra, sino la posesión de Tacna y Arica que son y han sido siempre peruanas, como si su propósito fuera poner entre Chile y nosotros una barrera infranqueable por tierra para que Antofagasta sea eternamente chilena y Tarapacá también. ¡Qué extraña sicología la de ese pueblo!

Van a continuación los comentarios del doctor Lissón respecto a los conceptos que le mereció Bolivia como factor sociológico externo en su libro Sociología del Perú escrito en 1886.

Muy excepcional es nuestra actual situación con esta República a la que todavía llamamos nuestra aliada y hermana, y que en realidad no lo ha sido, ni lo será jamás. Y muy caro nos cuesta, y muy mal correspondida ha sido siempre nuestra condescendencia con ella. Sin embargo de todos sus actos siempre la hemos mirado con cariño, cual se hace con una hermana menor a quien se presta atentaciones y servicios.

En los tiempos que tenían un litoral propio y el puerto de Cobija, ambicionaba y pretendía sin embozo Tacna y Arica; y esta pretensión era como es hoy, bandera de verdadero patriotismo entre sus hijos, y un título político para subir a los ministerios y a la primera magistratura. Bastante sangre ha corrido en las fronteras de ambos países por este motivo. El Perú, siempre magnánimo, para cortar de raíz toda disensión sangrienta, borró las fronteras estableciendo con Bolivia el libre cambio; y compartió con ella el puerto de Arica. Y fue aún más lejos en este camino de concesiones generosas; pues cuando. Tarapacá se hizo un portento, Bolivia se apoderó de hecho del territorio situado entre el Loa y la quebrada de los Duendes que es límite del Perú; y el Perú no dijo una palabra, dejándola participar de nuestra fortuna. ¡Cuántos errores!

Chile entre tanto estaba alerta; y cuando se descubrieron los veneros argentíferos del desierto de Atacama, se los apropió, metiendo en ellos grandes capitales y obligando a Bolivia a entrar en una nueva e injustificable demarcación de límites, ya fijados por España entre los virreinatos de Santiago y Buenos Aires. Inmenso error cometido voluntariamente por   -131-   Bolivia, sin participación nuestra, que abría las puertas a interminables disputas de límites con un vecino poderoso; y error trascendental también de nosotros, puesto que nos ponía en contacto con un pueblo que de antaño nos tenía mala voluntad.

El Perú que no se había cuidado de que los Bolivianos se apoderasen de los Duendes, había cometido igual incuria con las salitreras de Tarapacá. Las poseían por la mayor parte, sin título legal, los que las trabajan; y cuando se encontró con los chilenos al frente, abrió los ojos y los vio dueños de ricas salitreras, y el territorio poblado en gran parte por ellos. Atendidos los antecedentes dichos, el peligro era inminente; y el Perú para conjurarlo, después de varias medidas que adoptó para que los salitreros reconociesen su soberanía, tomó la radical de expropiarlas para evitarse cuestiones jurídicas sobre su posesión, convirtiéndolas por este medio legal en propiedades nacionales que el Perú podía vender o dar a quien tuviese a bien.

La guerra no se hizo esperar. El objetivo de ella era el Perú por que Bolivia estaba ya vencida en su litoral; y la alianza ofensiva y defensiva fue una necesidad ineludible para nosotros con esa República. En la guerra, después de la batalla del Campo de la Alianza, no fue muy varonil el papel de Bolivia: de aliada se convirtió en simple amiga, y esperó los acontecimientos. El desarrollo de estos no pudo ser más tremendo. Nosotros perdimos Tarapacá, Taena y Arica, y Bolivia toda su rica costa, quedando más encerrada que antes entre sus cordilleras. ¿Hizo Bolivia en la guerra del Pacífico todos los esfuerzos que debía para defenderse y defendernos del enemigo común? ¿No quedamos solos en el campo de batalla? ¿No permitió que los chilenos llegasen a Arequipa y Puno impunemente? ¿Esto se llama aliada y hermana...?

Al terminar la guerra no podíamos en manera alguna estar satisfechos de la amistad y hermandad de Bolivia. Lejos de eso, razón teníamos para estar desconfiados de ella por las ideas diplomáticas que aun en medio de la lid había mostrado uno de sus partidos políticos, declarándose partidario de Chile. Con todo, continuamos dispensándole la misma benevolencia.

Con la guerra la hermandad aduanera de Arica concluyó; y nos reemplazó en ella Chile que da a Bolivia un comino de las entradas de ese puerto. Ya nada teníamos que hacer nosotros en favor de nuestra aliada y hermana, y ningún compromiso nos obligaba a ello. No obstante, le abrimos   -132-   la vía férrea de Mollendo; por ella se comunica hoy con el Pacífico, mandando y recibiendo sus mercaderías sin que el Perú perciba más impuesto que el de los alcoholes. ¿Cómo ha contestado Bolivia esta liberalidad? Gravando con un veinte por ciento la internación por puerto Pérez, obligando con esta medida a que toda ella se haga por el puerto chileno de Arica, matando el peruano de Mollendo. Estos son hechos palpitantes. ¿Es esto alianza y hermandad con el Perú?

Todavía hay más. Vamos a lo imposible. Hoy que Chile la ha despojado de su litoral, nada le pide para salir de la posición mediterránea en que la ha puesto, sino al Perú que nada le ha quitado, invocando para ello la alianza y hermandad. ¿Y qué le pide? Un imposible, lo que el Perú no tiene: Arica y Tacna de que está en posesión Chile. La absurdidad de esta petición sólo se explica por la enemistad que Chile nos profesa.

Bolivia no ha podido pedirnos tamaño despropósito sino sugestionada por Chile, que le habrá hecho entrever la posibilidad de entregarle por su parte Tacna y Arica si el Perú consiente en ello; y este es sin duda el origen de su descabellada pretensión. Lastimosamente se engaña Bolivia si da fe al miraje que Chile le pasa por los ojos. La posesión de Tacna y Arica es indispensable para Chile, pues de otro modo no puede asegurar la valiosa Tarapacá; y además debe también tener en cuenta Bolivia que su comercio exterior del Potosí y otros de sus departamentos, está hoy disputado por Chile y Buenos Aires quienes encaminan su vías férreas hacia el centro de ella con ese objeto; que en la competencia, Chile lleva la ventaja con la próxima apertura del Canal de Panamá y que para su victoria mercantil necesita tener el camino de Arica y Tacna en su poder. Ya lo verá Bolivia pronto. El día que se cumplan los diez años, Chile hará en Tacna y Arica el plebiscito, y entrará en la propiedad de ambas plazas con todas las apariencias de un derecho perfecto, inalienable e intrasmisible; y desaparecerá para Bolivia el espejismo de Tacna y Arica. ¿Es esta alianza y hermandad con el Perú?

Aún no hemos concluido: queda más. Ya hemos visto la parte que tomó Bolivia en la común guerra. Terminada esta, siguió para el Perú otra civil fomentada por Chile, que en realidad fue continuación de la anterior. No podía cabernos mayor desgracia; y era el momento en que una nación con la que habíamos peleado juntos nos mostrara toda su simpatía respetando nuestros apuros y absteniéndose de complicarlos más ¿Y qué hizo Bolivia? Cuando el ejército nacional andaba   -133-   errante por las breñas nos promovió la cuestión límites, de suyo enojosa y complicada, que sólo puede debatirse en el seno de la paz por que demanda la mayor tranquilidad y muy profundos estudios. Esto hizo Bolivia; y nuestro Plenipotenciario, sin datos y sin medir el alcance de los preliminares que iban a establecerse en asunto tan trascendental, obligado sin duda por las circunstancias, firmó un protocolo que en mala hora aprobó nuestro Congreso, en vez de relegarlo a los idus de marzo que era lo que merecía. ¿Es esta alianza y hermandad con el Perú?

En vista de lo sucintamente expuesto, ¿tenemos o no razón para haber dicho al principio que Bolivia no ha sido, ni es, ni será jamás nuestra amiga?






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Límites con el Ecuador y Colombia

Las mismas causas que dieron a Bolivia la posesión del Beni, del Mamoré y Guaporé, favorecieron el dominio del Perú sobre los ríos Santiago, Morona, Pastaza, Tigre, Napo, Putumayo y Caquetá. Hállase el Perú en posesión de las partes navegables de todos estos ríos y con sus guarniciones las ocupa sin que nunca nadie le haya sacado de sus dominios, porque tiene, no sólo la ocupación centenaria de dichos ríos, sino títulos de carácter incontrovertible emanados de su herencia colonial.

La real cédula que agregó el gobierno de Mainas al Perú, cuyo fallo es inapelable en el derecho americano, dice textualmente: «extendiendo aquella comandancia general de Mainas (Perú) no sólo por el río Marañón abajo hasta las fronteras con las colonias portuguesas, sino también por los demás ríos que entran al mismo Marañón por sus márgenes septentrionales y meridionales como son el Morona, Huallaga, Pastaza, Ucayali, Napo, Yavari, Putumayo y Yapurá y otros menos considerables hasta el   -134-   paraje en que estos mismos por sus saltos y raudales inaccesibles dejen de ser navegables».

Según toda probabilidad, el término de la centuria encontrará indivisa nuestra frontera con Colombia y el Ecuador. Hay motivos para creerlo así, siendo nuestros vecinos del norte opuestos al arbitraje.

El 2 de mayo de 1890, los plenipotenciarios, respectivamente del Perú y el Ecuador, doctores García y Herrera, firmaron un tratado de límites en el cual quedó fijada la divisoria de ambos países. Según ese tratado, debieron quedar para nuestros vecinos, el Santiago, el Morona, el Pastaza, y buena parte del Tigre, del Napo y del Putumayo. Habiendo sido aprobado el convenio por el Congreso del Ecuador, mas no por el del Perú, el statu quo pactado el 1.º de agosto de 1887 volvió a quedar en vigor.

A mediados de 1894, el gobierno de Colombia que alegaba derechos sobre el Napo, Putumayo y Caquetá, intervino en la discusión de límites que se había reanudado entre et Perú y el Ecuador y tomó parte en las ocho conferencias tripartitas que comenzaron en Lima el 11 de octubre de 1894. En ellas, Colombia reconoció la Real cédula de 1802 y convino con el Perú en adherirse a la convención de arbitraje canjeada en Lima por los representantes del Perú y el Ecuador el 14 de abril de 1888. Acordose en esta convención, no sólo atenerse a los títulos y argumentos de derecho sino también a las conveniencias de las partes contratantes, conciliándolas de modo que la línea de fronteras esté fundada en el derecho y en la equidad. Este pacto fue aprobado únicamente por los congresos del Perú y de Colombia y por tanto quedó sin efecto.

Diez años después, el 19 de febrero de 1904, los plenipotenciarios,   -135-   Mariano H. Cornejo y Miguel Valverde, firmaron en Quito un nuevo protocolo. Fue nombrado árbitro en este nuevo arreglo, Su Majestad Católica el Rey de España, y por su consejo vino a América el señor Ramiro Menéndez Pidal, que visitó las cancillerías de Quito y de Lima.

El 1.º de julio de 1908, la comisión asesora nombrada por el gobierno de Su Majestad Católica, emitió el informe que le competía, y en ese mismo año, el asunto, pasó a la consulta del Consejo de Estado. No obstante que el dictamen de la comisión técnica, como también el informe del Consejo de Estado tuvieron carácter, estrictamente reservado, pudo informarse el gobierno del Ecuador que el laudo arbitral no le sería favorable. Dio esto lugar a una serie de manifestaciones hostiles al Perú. Prensa y hombres públicos declararon unánimemente que el fallo no debía acatarse, y como tal declaración, caso de que el gobierno de Quito la hubiera hecho, envolvía un reto al Perú, organizáronse en Quito y demás ciudades ecuatorianas cuerpos de voluntarios para engrosar el ejército nacional. Coincidió este apresto de carácter guerrero con los ultrajes que en los días 4 y 5 de abril se hicieron a los consulados de Machala y Guayaquil, a los peruanos residentes en ambas poblaciones y a la misma legación del Perú en Quito. La noticia de todos estos hechos produjo en Lima indignación incontenible y en el meeting monstruo que hubo se cometieron algunos excesos. Este estado de cosas puso a las dos naciones al borde de un conflicto armado, y el conocimiento que se tuvo de la crisis y de sus verdaderas, causas, determinó a los gobiernos de Estados Unidos, Brasil y Argentina a ofrecer su mediación. El Perú la aceptó sin condiciones. El Ecuador quiso imponerlas, pero al fin se le obligó a convenir en las   -136-   condiciones formuladas por los mediadores sin la imposición de otras. Todo esto favoreció el retiro de las fuerzas peruanas de la frontera y posteriormente el licenciamiento de las reservas que fueron movilizadas. Con posterioridad a estos sucesos, el ministro de Estado Español comunicó a los ministros del Perú y Ecuador en Madrid, que el pronunciamiento del fallo quedaba aplazado y que el augusto árbitro no encontraría reparo que oponer a cualquier acuerdo directo que los países litigantes tomaran en el asunto.

De entonces acá, han pasado ocho años, durante los cuales, nada se ha adelantado para solucionar la cuestión de fronteras con el Ecuador. Como el Perú tiene absoluta fe en la fuente incontrovertible de sus títulos coloniales, como se halla en posesión de la mayor parte de los territorios en disputa y su derecho no sufre menoscabo con la demora, su situación es tranquila y favorable a un nuevo convenio de arbitraje en esta vez con la intervención de una potencia que haga respetar el laudo, ya que el arreglo directo parece imposible.

Con Colombia tampoco ha sido posible llegar a ningún acuerdo.

El tratado de arbitraje sobre límites firmado en Lima el 6 de mayo de 1904, no fue aprobado por el gobierno de Colombia. El árbitro elegido fue el Rey de España.

El tratado celebrado en Bogotá el 12 de setiembre de 1905 en que se sometía a la decisión del Papa el litigio, no fue aprobado por el gobierno del Perú.

El modus vivendi de 6 de julio de 1906 en que los dos gobiernos se comprometían a mantener el statu quo fue aprobado por ambas cancillerías; pero como ocurrieron en el Putumayo graves sucesos y el gobierno del Perú no habla   -137-   aprobado el tratado de setiembre de 1905, Colombia denunció el modus vivendi de julio de 1906.

En abril de 1910 resolvió Colombia establecer una aduana en Puerto Córdova sobre la margen derecha del Bajo Caquetá, frente a la desembocadura del río Apaporis. Esto dio origen a la reserva del Perú de 1.º de diciembre de 1910. Colombia repuso en ese mismo mes que el territorio donde establecía la aduana era suyo. El 19 de julio de 1911 se firmó en Bogotá un acuerdo internacional para mantener en Puerto Córdova o La Pedrera una guarnición que en ningún caso pasaría de 110 hombres. Este convenio no previno el conflicto que se trató de evitar y fuerzas peruanas desalojaron de La Pedrera el resguardo colombiano en los días 10, 11 y 12 del propio mes. Después de estos hechos, volvió a plantearse el problema de un modus vivendi y de entonces a 1920 sólo han habido de una y otra parte buenas intenciones, buenas ofertas, pero obra efectiva ninguna.

Bajo el punto de vista geográfico, podemos decir de la vecindad del Ecuador y de Colombia exactamente lo mismo que hemos manifestado al tratar de nuestra vida de relación con el Brasil. Exceptuando la interrupción temporal de 1829 por motivo de las pretensiones de Bolívar que ensangrentaron los campos de Jirón y después choques y luchas de guarniciones como las de Torres Causana y Caquetá, nada de importancia ha perturbado la paz entre las tres repúblicas, ni entorpecido nuestro desarrollo económico.

Refiriéndose al Ecuador, el doctor Lissón decía lo siguiente en su Sociología en 1886.

El Ecuador como todas las secciones Americanas es dueño de vastas soledades en el centro del Continente, y aunque por reales cédulas estaban fijados los límites entre el   -138-   virreinato del Perú y el de Santa Fe, esa República ha alegado continuamente derechos señoriales a algunos terrenos amazónicos. Últimamente ha sido encontrada en Moyobamba la real cédula que agregó el gobierno de Mainas al Perú, cuyo fallo es inapelable en el derecho americano; pero esto no ha bastado para que el Ecuador dé punto final a sus pretensiones. Esta es cuestión de tiempo, porque éste sólo disipa las ilusiones y hace conocer el derecho cuando está apoyado en títulos fehacientes incontrovertibles. Dejando pues por ahora a la acción de este agente misterioso, que haga su luz radiante, y contrayéndonos al presente, debemos confesar que la acción del Gobierno y del pueblo ecuatoriano ha sido noble y digna en nuestros conflictos. La cuestión límites no ha sido puesta en debate, cuando alguna esperanza pudo halagar a las almas mezquinas; y su suelo ha sido hospitalario albergue para nosotros contra la tiranía extranjera y la doméstica.





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Capítulo VI

Extensión territorial


Causa física de mucha importancia y que en grado superlativo ha impedido el desarrollo moral y material de la República, es la inmensidad del territorio en proporción al número de habitantes y a las condiciones del suelo para vivir en él. Si todo el Perú tuviera la densidad que puebla Puno, Cuzco y Ancahs, nuestra población alcanzaría a nueve o diez millones de habitantes; pero ni aun con esta cifra, su tamaño estaría en relación con el total de pobladores que puede contener y alimentar.

La extensión, cuando toda ella no está constituida por terrenos propios para la agricultura es un inconveniente, mucho más cuando el relieve del suelo no es homogéneo. Cuba, Venezuela, Bolivia, la Argentina, con ligeras variantes, están situadas respectivamente a la altura de un mismo plano. Estados Unidos, a pesar de su enorme extensión y de hallarse cruzado por la cordillera que termina en Alaska, tiene un territorio poco accidentado. Argentina es una pampa, Chile un valle longitudinal al medio de dos cordilleras, Bolivia un altiplano, Venezuela un extenso   -140-   llano circundado por el norte, sur y oeste por suaves montañas. No pasa lo mismo con Colombia, Ecuador y Perú, que hallándose en el trópico y cruzadas por varios ramales de cordilleras, presentan diferencias notables en climas y alturas, y por consiguiente en producciones y hasta en el espíritu de sus habitantes.

En el Perú, la extensión y el relieve han originado el desierto, la puna, los valles aislados y la carencia de aquellas suaves y continuadas ondulaciones de terrenos cultivados existentes en El Salvador y en Cuba.

Coloquemos en un papel a escala kilométrica, en forma sucesiva todos los valles de la costa del Perú, y su extensión comenzando por Tumbes en el norte, cuando más llegará a Chiclayo por el sur. Ha sido el desierto costanero inconveniente territorial de notable magnitud. Felizmente, petróleo en el norte y nitrato de soda en el sur, compensan una agricultura que apenas llega a un tres por ciento en todo el litoral.

En los primeros tiempos de la República, en aquellos en que la comunicación a caballo era más eficaz que la marítima en buques de vela, penoso fue para los pobladores costeños ir de Lima a Piura o de Lima a Tarapacá. Los pocos que hoy trafican esos longitudinales caminos, miran con asombro en los blancos huesos que hallan a su paso los restos de acémilas que por cansancio, hambre o sed quedaron a mitad de la marcha. Menos costosa y de mayor seguridad personal es la comunicación por vapor; sin embargo, haciéndose ésta a razón de diez millas por hora y con arribada forzosa en todos los puertos cuando se caletea, son doce días los que se necesitan para ir desde Tumbes hasta el Loa. Si costosa es la navegación a lo largo del litoral por el número de días que hay que emplear en recorrerlo no serían muchas las ventajas que para   -141-   fletes y pasajeros se obtendrían si toda la costa de norte a sur tuviera una línea férrea longitudinal. En la inmensidad del territorio costanero no es la distancia el obstáculo principal, sino la accidentación del suelo, arenoso en la mayor parte de sus pampas, onduloso en las cercanías del mar y a menudo atravesado por terribles espolones, por morros estupendos, por altos contrafuertes que vienen desde la cordillera y casi verticalmente se hunden en el océano. El único valle intermediario entre Lima y Huacho es el de Chancay. Si los tres estuvieran unidos y no separados por el desierto, el ferrocarril actual no tendría la distancia ni las dificultades técnicas que vemos en él.

Si son 1900 millas las que tiene el Perú, en línea recta a lo largo de toda su costa, su anchura es también estupenda, alcanzando entre Paita y el Yavarí a 1700 kilómetros. El desierto costanero, lo inhabitable que es la cordillera en muy buena parte de ella y lo difícil que se hace desmontar la zona boscosa de la montaña, han mantenido despoblados extensos territorios en las tres comarcas. Por esta causa, el desarrollo industrial del Perú ha sido lento y las pocas ciudades que existen en relación a lo extenso del territorio aparecen desparramadas en él.

Tienen la costa y la montaña vías acuáticas para su comunicación. Carece la sierra de ellas, y las distancias que en el Pacifico y en los afluentes del Amazonas se salvan navegando algunos días, en la sierra no se pueden cruzar longitudinalmente sino empleando numerosas semanas. Son las cordilleras y sus valles anexos ricos en minerales, y en ganadería, no faltando tierras para la agricultura, pero nada de esto está junto, ni siquiera aproximado. Los principales yacimientos de plata y cobre se hallan separados unos de otros por centenares de kilómetros. Si todos estuvieran   -142-   en una sola provincia, el problema de la comunicación hubiera sido resuelto económicamente. Si a inmediaciones del Cerro estuvieran las minas de Huallanca, Pataz, Conchucos, Cajabamba y Hualgayoc, una sola vía férrea hubiera solucionado el problema del transporte. Si todo el carbón que posee la República, estuviera también en las cercanías del Cerro y no desparramado desde Tumbes hasta Huancavelica, el mismo ferrocarril serviría para transportar por el puerto del Callao al exterior todo el carbón que mandáramos al extranjero.

Si extensa es la costa, mucho más lo es la sierra, teniendo la montaña proporciones superiores a las dos juntas. Los incas y los españoles intentaron conquistarla; los primeros en sus cabeceras, los segundos navegando sus ríos. Sin embargo, el medio les fue adverso. Hubo extraordinario empeño en ello y abnegación sin límites en los sacerdotes católicos que durante tres siglos intentaron realizar la conquista espiritual de los salvajes. Fue también el medio, obstáculo insuperable para conseguir tan loable propósito. La República ha hecho prodigios en descubrimientos geográficos y en comunicaciones fluviales; también en poblar nuevas ciudades, entre las cuales, Iquitos, es una prueba del espíritu civilizador peruano del siglo XIX. A pesar de estos esfuerzos inauditos, la riqueza forestal, la minera, ganadera y agrícola de la región fluvial están intactas. Se ha sacado un poco de caucho y hoy se pretende sembrar algodón.

Hallándose diseminadas en el vasto territorio que forma el Perú, las riquezas agrícola y minera, mediando entre una y otra soledades pavorosas, infranqueables quebradas,   -143-   la población que habita la República vive también diseminada y únicamente ocupando lo poco que hasta ahora ha merecido explotación en nuestro suelo. Siendo tantas las dificultades que existen para irrigar los valles de la costa, y tan costosas las obras de comunicación necesarias para llegar a la cumbre de las cordilleras donde se encuentran las riquezas minerales, el Perú no ha tenido sitios preparados como los tuvo la Argentina para colocar nuevos habitantes, y por esto, no habiendo llegado a sus playas corrientes emigratorias europeas, su población ha permanecido estacionaria. En 1876, época en que se hizo el último censo el Perú tenía 2704998 habitantes. Hoy, 1920, hay quien eleva esa población a 4500000, no faltando autores de textos geográficos que la limitan a 3500000. La verdad se conocerá cuando se haga un nuevo censo.

La mayor parte de nuestra población reside en la sierra, siendo la montaña la menos poblada.

El mejor artículo que se ha escrito sobre extensión territorial, tiene por autor al distinguido contra almirante de nuestra armada, señor don Melitón Carbajal, actualmente Presidente de la Sociedad Geográfica de Lima. En él dice lo que sigue:

La determinación de la superficie de un Estado, o más generalmente, de la superficie de una porción de la tierra, es operación que no da resultado exacto sino cuando se ha trazado un canevas geodésico cuyos elementos se han llegado a conocer con la debida exactitud.

Pocas son las naciones que pueden contar con tal conocimiento, y éstas son las únicas que pueden dar con suficiente exactitud la extensión superficial que abraza su territorio. Las demás que poseen mapas trazados con sólo el conocimiento de algunas posiciones geográficas y de levantamientos planos parciales más o menos aproximados, no tienen recurso   -144-   que medir en estos mapas la extensión contentándose, por consiguiente, con la aproximación que dichos mapas permiten.

Por otra parte, el trazo de un canevas geodésico que cubra el territorio de un Estado y su medición son operaciones que requieren numeroso y escogido personal técnico y años de trabajo y que exigen cuantiosos gastos que no todos los Estados están en la posibilidad de realizar.

En este número debe contarse el Perú, que sin embargo viene trabajando en la medida de sus recursos y de los elementos de que puede disponer, en unir con destino al trazado de su mapa las observaciones astronómicas y los estudios de todo género que, en materia orográfica e hidrográfica se han realizado por los hombres de ciencia en la extensión de su territorio.

Uno de estos, y sin duda el que más ha trabajado en beneficio de la geografía nacional -ha sido el sabio naturalista Don Antonio Raimondi-. A éste se debe el mapa del Perú que ha adoptado la Sociedad Geográfica, por ser el que de menos errores adolece en la colección de todos los conocidos hasta hoy, como que no es más que la corrección de estos en virtud de datos obtenidos y de observaciones posteriormente realizadas.

Por esto y por la gran escala en que está trazado, he elegido el mapa de Raimondi para practicar en él las mediciones necesarias a la determinación de la superficie del Perú y he obtenido ésta midiendo provincia por provincia con el conocido planímetro de Amsler.

Este instrumento, cuya verificación he logrado obtener a punto de medir el decímetro cuadrado con un error por defecto de medio milímetro cuadrado -lo que en la escala del mapa, que es de 1/500,000 corresponde a un error de K2/0,125 -dará las áreas con un error relativo de 1/20,000 puesto que el decímetro cuadrado del mapa representa 2,500 kilómetros cuadrados y por consiguiente, el resultado de la medición planimétrica, por lo que respecta al instrumento, no deja que desear, quedando afecto sólo por las imperfecciones inherentes al mapa en que he practicado las mediciones.

Esto establecido, los resultados se verán en el siguiente cuadro que expresa en kilómetros cuadrados la extensión de cada provincia, la de cada departamento y del Perú entero, a la cual he agregado la densidad de población que he obtenido calculando esta última por medios que designaré en un próximo estudio.

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En este cuadro no está comprendida la superficie que abraza la parte peruana del lago Titicaca, ni las de las principales islas que tenemos en el Pacífico, cuyas extensiones representan 44722 1/3 kilómetros cuadrados, como sigue:

Islas de Lobos de tierra k2 16,29
Islas de Lobos de afuera » 2,60
Isla Macabí » 0,06
Isla de Guañape » 0,01
Islas del Grupo de Huaura » 2,29
Islas de Pescadores (Callao) » 1,15
Islas de Chincha » 2,20
Isla Ballesta » 0,86
Isla San Gallán » 6,87
Lago Titicaca (parte peruana) » 4440,00
Total k2 4472,33
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En el tomo VI, página 223 del Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima, con el título de La extensión superficial del Perú corre inserto el resultado de mis mediciones planimétricas sobre la extensión superficial de cada una de las provincias y departamentos del Perú, conforme a los linderos internacionales que en aquella época, 1897, consideramos oficialmente, pero habiendo los arreglos sobré límites con Bolivia y Brasil respectivamente celebrados a fines del año 1909, modificado sustancialmente dichos linderos ha sido necesario rectificar las extensiones de los departamentos de Loreto, Cuzco y Puno que son los apartados por tales arreglos.

Practicada nueva medición en los planos y con referencias publicadas encuentro estos resultados:

Tenía en 1897 Porción cedida Tiene en 1910
Departamento de Loreto 747,296 k2 227,200 470,096
Ídem de Cuzco 404,845 120,150 284,695
Ídem de Puno 106,731 26,712 80,019

La nueva superficie del Perú que en el primero de dichos años se estimaba en 1806,894 k2 comprendiendo la porción peruana del lago Titicaca y las islas del Pacífico, queda pues hoy reducida a 1382,832 kilómetros cuadrados.



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Capítulo VII

La costa


Algo que sorprende al viajero que por primera vez arriba a playas peruanas, es el cambio completo del paisaje apenas deja el golfo de Guayaquil. Acostumbrada la vista a recrearse en la lujuriosa vegetación de Colombia y Ecuador, es notable el efecto que produce la amarillenta línea del litoral piurano. Su aridez sorprende el espíritu y oprime el corazón. Lo que por muchos días es verde y lluvioso, conviértese a partir de Tumbes hacia abajo en desiertos de arena, en paisajes que sólo dan vida y relieve rugosas y áridas serranías. Para que el efecto sea completo y el concepto de que se ha llegado al país de la desolación no dé motivo a duda, hasta los puertos han sido edificados en lo más seco del litoral. Qué aspecto tan raro, qué panorama tan singular presentan Paita, Eten, Salaverry, Chimbote, Supe, Pisco, Mollendo, Ilo, etc., vistos desde el mar. El Callao, circundado de vegetación en su parte plana es una rareza en nuestra costa, es un pequeño oasis y una revelación de la sabiduría de los conquistadores al colocar la capital del reino que fundaron a dos leguas de su bahía.

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Nuestro litoral carece de amenidad. El paisaje rara vez es tranquilo y uniforme. Son los Andes montañas agresivas, y sus contrafuertes a menudo penetran en el océano en forma de espolones. Pocas serranías hay en el mundo que sean tan continuamente imponentes y que se encuentren tan inmediatas al mar. Desde la bahía de Chimbote es posible contemplar en los días serenos de mayo los 24000 pies de altura a que se hallan las grandes moles nevadas del Huascarán.

La parte de costa en que no llueve o que por lo menos llueve muy poco, puede estimarse en 38,850 kilómetros cuadrados, estando irrigado tan sólo el 3 por ciento de tan extenso territorio. Hay posibilidad de irrigar un uno por ciento más; y cuando esto se realice, los valles, las ciudades y puertos de nuestra costa, hoy poblados con una cuarta parte del total de habitantes que tiene el Perú, tendrán mucha más gente.

Terminan en Pacasmayo los tablazos y las pampas costaneras que observamos desde Tumbes. Lo que hasta Eten es plano, ligeramente elevado sobre el mar y sombreado por bajas serranías que se ven desde el océano, como los cerros de la silla de Paita, tiene hacia el sur aspecto diferente. Desde Chérrepe, los cerros llegan hasta la playa marítima, y cuando penetran al océano, las olas bañan con furia sus bases, como también los macizos acantilados. En esta sección del litoral, como ya hemos dicho, los ríos bajan por valles angostos y los únicos terrenos extensamente llanos se encuentran en la desembocadura de ellos. A partir de Cerro Azul hacia el sur, vuelven a repetirse las mismas llanuras costaneras que hemos visto entre Tumbes y Salaverry. En esta sección, el llano está formado por pampas más o menos extensas, pampas que se hallan socavadas   -152-   por los ríos que corren por el fondo de profundos cañones que esos mismos ríos formaron. Viene después la sección meridional, aquella que termina en el Loa. Ella ha sido admirablemente pintada por el ingeniero Lissón, y a él le cedemos la palabra.

La región estudiada entre Mollendo y Chala contiene los tipos característicos de los tinajones y chiras.

La acción erosiva sobre la línea de la orilla es bastante clara en esta sección. Las olas atacan un terreno que sufre un desplazamiento negativo; los acantilados reculan. Los desmontes no se acumulan formando plataformas de abrasión, estables. Las olas chocan directamente contra la base de los acantilados con toda violencia, labrando el límite de su acción, aun no alcanzando. Las arcadas y cuevas de la orilla, y la ventana sumergida de los tinajones, demuestran esta aserción, con su abundancia y proporciones.

Este proceso de abrasión marina se desarrolla sobre un relieve de terreno rocalloso. Este relieve no es más que la Cadena de la Costa que, en esta parte de nuestro territorio, llega al mar; cadena cuya altura media es de 700 a 1000 metros sobre el nivel del mar y que representa las raíces, a veces arcaicas, de una cordillera antigua, y anterior, por consiguiente a la de los Andes occidentales. En este sentido, asistimos en este momento a la destrucción de los restos venerables de aquella vieja sierra.

La costa que se extiende desde Mollendo hasta Pescadores de Ocoña y aún Atico y Chala, con varias excepciones, permanece elevada y escarpada; ofreciéndose a los ojos de un viajero de a bordo, como el tablero de una mesa, largo e inclinado. Es una terraza marina solevantada. Su acantilado varía de 20 a 80 metros (máximo) de altura. Su superficie está ligeramente ondulada y atravesada por cortas y estrechas quebradas secundarias; y su anchura oscila entre límites muy latos, desde medio kilómetro, y a veces menos, hasta 10 y 20 o más kilómetros. La faja inmediatamente vecina a la línea de playa, es la que presenta mayor número de accidentes superficiales. Por la naturaleza granítica de la roca en que está labrada esta zona litoral, la suavidad de la superficie del suelo está interrumpida por causes secos de avenida y angostas quebradas, restos deformados del primitivo relieve orogénico de la mencionada cadena de la costa. Y entre estas   -153-   hondonadas y fosas, se extienden llanos arenosos, salpicados de vez en cuando por oasis de verdura, centros agrícolas que rompen la monotonía del panorama. Según que esta faja se encuentra en la base o en la falda de la cadena, la erosión marina se realiza sobre roca arcaica o sobre sedimento terciario y cuaternario.

Detrás de la cadena de la costa, a manera de muralla divisoria, se extienden formaciones de facies diferentes, pero que entran en el cuadro genérico de la zona costanera. Detrás, se extienden dilatadas pampas como las de Islay y Caravelí, con terrazas marinas escalonadas, análogas a las de Ocucaje (Ica) y puerto de Chala; yacimientos de derrame y aún napas de rocas volcánicas como basalto y rhyolita, de edad neogénica. Pero lo importante allí es la existencia de una formación persistente y dominante, que da un carácter típico al relieve del terreno, cuya formación puede compararse, sin exageración, al valle longitudinal clásico de la región de Tarapacá, emporio del salitre de soda.



Melo, en su Derrotero de la Costa del Perú, describe así el borde marítimo, o sea la línea que pone en contacto la tierra con el mar.

Al avistar tierra, el navegante sólo distingue masas de cerros que elevan hacia el interior, sin que alcance la vista las cimas más distantes, que se ocultan en la densidad atmosférica. A medida que la distancia se acorta, cerros refundidos en la masa emergen distintamente; pero en todos se vota una especialidad común: la absoluta aridez. Al que acaba de recorrer las costas de Colombia y Ecuador, exuberantes de lujuriosa vegetación, le afecta esa falta, no sólo de arboleda, pero hasta de yerbas espontáneas.

Acorta aún la distancia, no siempre resulta la perspectiva menos ingrata. En partes, la llanura alta avanza hasta el mar, delante del cual cae bruscamente, ofreciendo a la vista del navegante frontones acantilados, en los que golpean las olas; en otras partes quedan fajas más o menos estrechas, entre los barrancos y el mar, fajas compuestas de arena, las más veces, y algunas de guija; en otras partes, en fin, cadenas de cerros descienden hasta el mar, haciendo los extremos de senos hondos, que resultan abrigados por dichas puntas; pero en resumen la perspectiva es siempre semejante: hacinamientos caóticos de cerros desnudos, separados entre sí por desiertos de arena.

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Sin embargo, a espacios, la llanura alta o la sierra se aquiebran y por la grieta se precipitan desde la cima de los Andes torrentes que bajan con desnivel de cascada; esas grietas se ahondan y ensanchan hasta hacerse valles, y el agua torrentosa que serpentea por los planos inclinados que forman esos valles se distribuye con pequeño esfuerzo por sus superficies y los mantiene cubiertos de abundante, permanente y variada vegetación. Sobre la verde superficie que forman, y que resulta encuadrada por el desierto, resurge la vida en sus múltiples manifestaciones, reacciona el espíritu atrofiado por la monótona desolación que causa tanta sierra desnuda, tanta llanura árida y el turista extraño se reconcilia con el país que visita.



Las costas del Perú, a las que casi todos los geógrafos dan 1900 kilómetros de largo, tienen el inconveniente de ser poco recortadas y por tanto escasas de entrantes y salientes. Gran parte de los barrancos rocosos que el mar baña, tienen en su ondulación variantes muy ligeras. Por esta causa, la accidentación marítima está muy distante de igualar a la que observamos en el sur de Chile. Exceptuando Paita, Chimbote, Callao, Illo, Arica y algún otro, puerto de poca importancia, el resto de nuestras bahías carece de abrigo y buen fondeadero. Aurelio García y García, Melo y Stiglich, los tres con el mismo título: Derrotero de la costa del Perú, han descrito con bastante precisión y rara habilidad el perfil del litoral peruano. Raimondi, en pocas páginas nos da idea completa de lo que son las bahías, puertos y caletas de nuestra costa. Los apuntes que van a continuación han sido tomados de los manuscritos inéditos de nuestro sabio e ilustrado explorador.

Dominando en toda la costa del Perú los vientos del SSO ESE y teniendo la corriente marina la misma dirección de la costa, sólo las bahías defendidas por ese lado pueden ofrecer un fondeadero seguro; y así los mejores puertos tienen por el lado sur algún cerro, lengua de tierra o punta   -155-   que se avanza al mar; pues las bahías abiertas por ese lado están expuestas a fuertes marejadas y grande reventazón.

Empezando la enumeración de las bahías de la costa del Perú por el Norte, tenemos:

Bahía de Tumbes.- En la ensenada formada por la punta de Malpelo se halla la espaciosa y abrigada bahía de Tumbes. El mejor tenedero de esta bahía se halla 3 millas al E del extremo de dicha punta y al N de la boca del río, en un paraje llamado El Pozo.

El río de Tumbes desemboca en la misma bahía, pero en tiempo de creciente entra al mar por varias bocas.

Puerto de Paita.- Al este de la precedente punta se halla el hermoso y ancho puerto de este nombre, que es el principal del Departamento de Piura. En cualquier parte de este excelente puerto hay fondeadero seguro, hasta cerca del muelle y de la población, que se encuentra al lado sur. Esta última es abundante en provisiones, pero el agua es costosa; pues hay que traerla desde el pueblo de Colán, distante unas dos leguas, y a veces de un lugar llamado la Huaca, situado en la orilla del río de la Chira, a más de 6 leguas de Paita.

El puerto de Paita está rodeado hacia el E y NE por un elevado barranco casi cortado a pique, sobre el cual se extiende un terreno llano conocido en el país con el nombre de Tablazo.

Bahía de Sechura.- Esta espaciosa bahía está abierta al O y NO y de consiguiente bien abrigada de los vientos del SE. La bahía de Sechura tiene 35 millas de boca y 14 de saco; ofrece buen fondeadero en todas partes, pero los surgideros que se usan de preferencia son los llamados Salina y El Pueblo.

El principal artículo que se exporta por la bahía de Sechura es la sal.

El río de Piura desemboca en la parte NE de la bahía cerca del pueblo de Sechura.

Roda de San José de Lambayeque.- A trece millas antes de llegar al Morro de Eten, viniendo del Norte, se halla la rada de San José, que impropiamente llaman puerto; pues no puede recibir este nombre un lugar enteramente abierto, sin abrigo de ninguna clase.

El embarque y desembarque se hace allí por medio de balsas, que aunque muy toscas y primitivas, sin duda alguna iguales a las que usaban los antiguos peruanos antes de la conquista, son al menos muy seguras; principalmente en un mar tan abierto, donde es muy frecuente quedar incomunicado por uno o dos días.

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Rada de Pimentel.- El llamado puerto de Pimentel es otro surgidero que tiene todas las malas condiciones del de San José, del que dista solamente cuatro millas.

Puerto de Eten.- Este puerto está al N del morro del mismo nombre y aunque abrigado en parte por este último, no se halla defendido de las marejadas del SO que producen grandes reventazones.

Unos barrancos escarpados que rodean al puerto, casi no dejan playa. Sin embargo es mucho mejor que los de San José y Pimentel.

La costa al norte del puerto es formada de playa de arena en la que azota el mar con mucha fuerza.

Caleta del Progreso.- Esta caleta situada entre el morro de Eten y la caleta de Chérrepe, de la que dista siete millas hacia el norte, tiene un fondeadero desabrigado a una milla de tierra. En este jugar no se encuentran recursos de ninguna clase, habiéndose abierto la caleta tan solo para la exportación de leña, carbón y otros productos de las haciendas cercanas.

Caleta de Chérrepe.- La caleta de este nombre se encuentra inmediatamente al norte de la Punta de Zaña, que le sirve de abrigo. Tiene buen fondeadero para los buques que vienen a cargar los productos de las haciendas Cayaltí, Ucupe y otras situadas a poca distancia, para cuya exportación ha sido habilitada.

Rada de Pacasmayo.- A 15½ millas de la Punta de Zaña, con dirección al SSE, se encuentra la Rada de Pacasmayo, que comúnmente llaman puerto. El mejor surgidero se encuentra al O del pueblo a 4½ millas cables de la playa.

El embarque y desembarque se hace fácilmente mediante el largo muelle de fierro provisto de rieles, sobre los cuales corren los carros, algunos de los cuales, provistos de árbol y vela como una embarcación, son movidos por el viento.

Caleta Puemac.- Inmediatamente al norte de la Punta Arcana, llamada también Puemac, se halla la caleta que lleva este último nombre. Como está poco abrigada se experimenta una marejada muy molesta.

Rada de Malabrigo.- La rada de este nombre forma una grande ensenada abrigada por el lado sur, pero abierta al SO, O NO. Su mejor surgidero se encuentra en el fondo de la ensenada, entre las casas y una pequeña punta negra llamada el Observatorio. En la rada de Malabrigo hay en general poco fondo; pues a una milla de tierra no se encuentra más de 9 a 10 metros de profundidad, en todas direcciones.

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Caleta del Brujo.- A 3 millas al norte del valle de Chicama y casi E O con el pueblo llamado Magdalena de Cao, se halla la caleta del Brujo, conocida también con el nombre de San Bartolomé. Su tenedero en muy malo por las numerosas piedras sueltas de que está sembrado y por la fuerte marejada.

Puerto de Huanchaso.- El puerto de este nombre se halla a 14½ millas de la desembocadura del río de Chicama, en dirección casi al SE. Tiene mal fondeadero a una milla de tierra, pues no tiene abrigo para la continua marejada que se experimenta de través y en tiempo de bravezas revienta el mar muy afuera.

Los indígenas acostumbran, para pescar, unas balsitas de totora que llaman caballitos, desafiando con estas débiles embarcaciones el furor de las olas del mar embravecido; pues siendo muy buenos nadadores y prácticos del lugar, vuelven con presteza a asir sus caballitos cuando les es arrebatado por las olas.

Caleta de Huamán.- A una milla al NO de la boca del río Moche y muy cerca de Trujillo, se halla la caleta así llamada; su fondeadero es malo y no tiene abrigo alguno.

Puerto de Salaverry.- El puerto de este nombre está a 12 millas al SE del de Huanchaco y a sotavento del Morro Carretas. La playa tiene tasca como en Huanchaco, pero el desembarque se hace con más facilidad que en este punto. Salaverry es puerto mayor, creado recientemente para reemplazar a Huanchaco por ser más seguro.

Caleta de Guañape.- Esta caleta se encuentra al E de la pequeña punta que forma parte del Morro del mismo nombre. Su mejor fondeadero se halla a media milla de tierra cerca de unos ranchos. En la playa hay mucha reventazón, de manera que no es prudente desembarcar en los botes de a bordo, siendo preferibles para ello las lanchas de tierra.

Fondeadero de Chao.- El fondeadero que lleva este nombre se halla 2½ millas al NNO de la caleta de Coscomba y a 1½ de tierra frente de los ranchos que hay en la orilla. En este fondeadero hay continua marejada y reventazón en la playa.

Bahía de Santa.- A dos millas al NNE de la isla de Santa se abre la bahía del mismo nombre y de la cual forman su parte S el Morro. La caleta es pequeña, pero tiene buen fondeadero de 4½ a 5 brazas hacia el lado de la punta.

Santa es puerto menor, y por él se embarca leña, carbón, arroz, algodón, etc.

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Puerto de Chimbote.- La hermosa bahía de Chimbote, llamada también de Ferrol, tiene 7 millas de ancho; completamente limpia, esta defendida hacia el S por una península de cinco millas de largo. Su boca se halla a 9 millas al NO de la bahía de Samanco, y los islotes, del mismo nombre, la cierran por el SO; es muy segura y poco menor que esta última, de la que la separa un istmo de arena.

Toda la playa que rodea la isla es muy baja y arenosa, de modo que las embarcaciones no pueden acercarse a menos de media milla de tierra.

Bahía de Samanco.- Inmediata a la precedente y a 14 millas al NO del puerto de Casma, se halla la bahía de Samanco que es la más grande de todas las de la costa peruana al norte del Callao pues se prolonga por seis millas de NO a SE; tiene tres millas de saco y dos y tercio de boca. En cualquier punto de esta bahía se encuentra fondo; desde 21 brazas, a la entrada, va disminuyendo gradualmente hasta sólo 32/3, en la parte norte, y a 2/3 de milla de tierra.

Bahía de Casma.- A unas 10½ millas al SE de la bahía de Samanco, se encuentran los cerros situados en la parte norte de la de Casma, la que tiene una abra y de una milla y dos tercios. Internándose hacia el E se descubre la playa baja de arena que rodea aquella parte de la bahía.

Su mejor fondeadero se halla hacia el E.

Bahía de Huarmey.- Esta bahía es una ensenada formada por la punta Cabeza de Lagarto que avanza hacia el mar y la defiende por el sur.

Bahía de Gramadal.- Continuando al SE por ocho y media millas del morro Bufadero, se llega a la punta del Jargüey, que forma la bahía del Gramadal. Esta bahía tiene buen fondeadero abrigado hacia el sur, con 9 a 13 metros de agua, y debe su nombre a la grama que cubre a muchos mogotes.

Bahía de Barranca.- A nueve millas hacia el SE de los cerros de la Horca, está la pequeña bahía de Barranca, que casi es inaccesible por la continua reventazón que impide acercarse a la orilla.

Puerto de Huacho.- El puerto de Huacho está inmediatamente al NE de la punta de su nombre. Tiene regular fondeadero de catorce a ocho metros, a unos tres cables de la playa SE.

Huacho es puerto menor y hay en él un movimiento de embarque bastante activo, pues abunda en frutas, y otras provisiones.

Bahía Salinas.- Inmediata al puerto de Huacho, y hacia el S, se abre la espaciosa bahía que tiene tres millas de   -159-   saco y 4½ de boca y en la que se puede fondear en cualquier punto.

Puerto de Chancay.- A sotavento de la punta de Chancay se encuentra el puerto del mismo nombre que tiene fondo de veinticuatro a doce metros a la distancia de tres cables de tierra.

La población de Chancay se halla a ocho kilómetros de distancia sobre los barrancos del N.

Puerto de Ancón.- Inmediatamente a sotavento de la punta Mulatas, se halla el excelente puerto de Ancón.

Tiene tenedero muy seguro cerca de tierra a la distancia de tres o dos y medio cables hacia el seno del SE, con fondo de arena en catorce a nueve metros de agua.

Bahía del Callao.- Esta hermosa y cómoda bahía que es reputada como la mejor de la costa occidental de Sud América, por su extensión, comodidad, abrigo e importancia comercial, está abierta hacia el NO y N; limitada hacia el SO por la isla de San Lorenzo; al S por la lengua de tierra llamada La Punta y al E, por la costa que corre hacia el N.

En esta bahía se encuentra fondo en todas partes con buen tenedero de fango, desde ocho metros muy cerca de tierra, hasta treinta y seis, al centro de la bahía, esto es, a cuatro millas distante de tierra. Por estar abrigado del mar del sur, y por hallarse cerca del muelle, el mejor punto para fondear es a sotavento de la costa sur.

La mar brava.- El trecho de costa desde La Punta hasta Miraflores es inabordable casi en toda época del año, por la continua reventazón que hay en este paraje, por cuyo motivo es conocido con el nombre de Mar brava.

Puerto de Cerro Azul.- A cinco millas en dirección casi al sur de la punta anterior, está la caleta conocida con el nombre de Puerto de Cerro Azul; tiene fondo de piedra y está sujeto a continua marejada del SO con fuerte reventazón, lo que hace su tenedero poco seguro.

Puerto de Tambo de Mora.- Siguiendo la costa con dirección, al SE se encuentra a seis y media millas de la punta Fraile, la desembocadura del río de Cañete, y a 28 millas más adelante, en la misma dirección, la quebrada, casi siempre seca, llamada del Jagüey. Desde este punto continúa la costa con dirección al S SE, y a 8½ millas distante se halla el puerto de Tambo de Mora.

Puerto de Pisco.- Aunque comúnmente se comprende con nombre de bahía de Pisco al seno limitado por la isla de San Gallán la gran península de Paracas y la costa al E   -160-   y N, el verdadero puerto está situado al N 65 E de la isla Blanca, de la que dista cinco y media millas.

El puerto de Pisco no está abrigado de la marejada del SO que es casi constante; tiene surgidero con fondo de fango de catorce a ocho metros, pero el mejor fondeadero es el SO del muelle a dos cables de la punta, donde hay ocho metros de agua.

Puerto de Lomas.- Siguiendo en la misma dirección E SE y a 7 millas de la punta de Lobos se halla el puerto de Lomas que tiene fondeadero bueno y seguro cerca de tierra en el seno del E, en 22 a 14 metros con fondo de arena.

Puerto de Chala.- A 8 millas al E SE de la punta de Chala se halla el puerto de este nombre que no es más que una pequeña inflexión de la costa que tiene varias rocas a barlovento. Hallándose este puerto casi sin abrigo alguno está expuesto a una continua marejada y reventazón en la playa.

Este puerto tiene fondo de piedra de 40 a 30 metros a 1½ millas del desembarcadero.

Caleta de Quilca.- A 9½ millas, siempre en dirección E SE de la punta de Pano, se encuentra la caleta de Quilca, notable por un pequeño recodo que hace hacia el interior que le da la forma de un garabato.

Esta caleta tiene una entrada angosta y ofrece el mejor tenedero para buques menores. Su fondo es de 18 a 12 metros.

El mejor surgidero para los buques mayores se halla al S de la caleta, entre ésta y la boca de la quebrada.

Caleta de Mataraní.- Tres millas al SSE de la quebrada de Mollendito, al pie de una pequeña quebrada abierta en el mismo seno al N del puerto, se halla la caleta Mataraní, que tiene adelante una pequeña playa de arena. Es el mejor tenedero de la ensenada de Islay.

Puerto de Islay.- Este puerto, uno de los principales de la costa del Perú, ofrece el aspecto de una gran fosa redonda rodeada de barrancos y peñascos cortados casi a pique, que no dejan playa alguna en su base.

El fondo en el puerto de Islay es de piedra con 22 a 26 metros de agua, a medio cable de tierra, y va en aumento hasta 30 a la mitad del puerto.

Puerto de Mollendo.- Este puerto se halla a 5 millas al E de la punta de Islay; su fondo es de arena gruesa con 24 metros de agua, cerca de la costa, y 44 a 3 cables distante de tierra. Hay algunas piedras al N y S pero son fáciles de evitar.

Caleta de Mejía.- La caleta de este nombre se encuentra   -161-   a 9 millas al SE del puerto de Mollendo. Su fondeadero es de 20 a 18 metros, a 5 y medio o 6 cables distante de tierra. No ofrece abrigo y siempre hay reventazón en la playa.

Puerto de Ilo.- Este puerto se halla en la ensenada del mismo nombre. El fondeadero está situado en la parte S a no menos de dos cables de tierra en 20 a 16 metros de agua. En este fondeadero se encuentran muchos peñascos y se experimenta continua marejada de través; de modo que se prefiere la inmediata caleta de Pacocha.

Caleta de Pacocha.- Esta caleta dista una milla del puerto de Ilo; es sin duda la más importante de la ensenada de Ilo y tiene el mejor tenedero en 28 a 24 metros con fondo de piedra. En la caleta no hay agua potable, pero se proveen de ella en el cercano río de Ilo.

Caleta de Sama.- A cinco millas al SE de la desembocadura del río Locumba se halla la caleta de Sama, la que tiene fondo de 26 a 18 metros cerca de tierra. Esta caleta es frecuentada solamente por los buques cargados de guano para la agricultura del país, y sólo los guardianes de este abono y algunos pescadores habitan allí.

Puerto de Arica.- Inmediato al valle de Azapa se halla el puerto de Arica, el que se abre al N de la isla Alacrán, que la defiende por el lado S. Este puerto es formado por una curva que describe la costa la que varía en este punto de dirección, siguiendo por 3 y media millas al S SO.

El puerto de Arica es espacioso; tiene fondo de arena gruesa, en 20 a 10 metros de agua cerca de tierra. El mejor tenedero es al N de la islita, de 2 y media a 3 cables de distancia.

En los meses de junio a agosto se experimentan con frecuencia bravezas del mar.



Lo que observado desde el océano parece tierra maldita, sin agua ni vegetación, en realidad no lo es. Sesenta ríos, algunos muy caudalosos, irrigan el territorio costanero que estamos describiendo y le dan la relativa prosperidad que tiene. Una descripción de lo que vería un viajero que le cruzara a caballo, pasando por la faja de terreno inmediata al mar, puede dar una idea de las condiciones físicas que son causa de su imitado progreso, y de su pequeñez agrícola al lado de los cultivos existentes en Cuba, Uruguay, la Argentina   -162-   y el Sur del Brasil. Estéril en su mayor parte por falta de lluvias y por este mismo motivo cubierto en más de la mitad de su extensión por capas de arena que los vientos trajeron del mar, casi toda ella está cubierta de sedimentos adecuados para fines agrícolas. Lo que posee tierra de aluvión posiblemente representa el 40% de la lengua costanera inmediata al mar, y aunque de poca latitud, pues su ancho varía de 2 a 6 leguas, felices seríamos si toda ella estuviera bajo riego, o lo que es lo mismo, si agua hubiera para fertilizarla en toda su magnitud. Si esto sucediera, el Perú tendría más terreno de cultivo que Cuba. Desgraciadamente, como ya hemos manifestado al tratar de nuestros ríos, no corren por el cauce de ellos, con excepciones raras, todo lo que las sedientes tierras exigen, y como muchas de estas tierras de aluvión están a mayor altura de las que tienen los lechos de los ríos, sin poderlo evitar, mucha agua se pierde en el mar no siendo posible aprovecharla.

Como estas consideraciones no son suficientes para apuntar las causas naturales que impidieron el progreso de nuestros valles costaneros, se hace indispensable hacer la descripción que hemos insinuado. Ella formará concepto geográfico y facilitará el análisis de las causas materiales que en cien años han impedido mayor crecimiento.

Tampoco tuvo suerte nuestra costa en minería a pesar de haber tenido petróleo y salitre, riquezas que no solamente son valiosas sino de inmediato desarrollo por su ubicación cercana al mar. El petróleo recién principia a explotarse en cantidad apreciable. Respecto al salitre, sólo nos fue posible sacar muy poco provecho de él por las causas apuntadas en el capítulo de límites y que también trataremos en extenso en el libro Causas Económicas.

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De Piura a Lima


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Costas de Tumbes y Piura

Viniendo del Ecuador, es la región de Zarumilla la primera que el viajero encuentra en tierra peruana. Es un distrito rico en petróleo, carbón y salinas. Es ganadero y agrícola; tiene mucho monte, siendo por ello valiosa la cantidad de carbón de palo que se fabrica y se exporta. Apenas está poblado por 800 habitantes, de los cuales viven en la capital, Zarumilla, una miserable aldea, 200. Sus llanos son susceptibles de mejor irrigación.

Viene a continuación el despoblado de Cabuyal, rico en pastos naturales, donde se mantiene ganado vacuno y cabrío, y enseguida el valle de Tumbes, cuyo río, como ya hemos dicho, es uno de los más importantes de la costa por tener agua abundante y perenne todo el año. Tiene el distrito varios caseríos y numerosas haciendas. La riqueza de sus bosques es notable. Exporta carbón de algarrobo, frutas, cocos, cereales. Hay en él criaderos de ostras y langostas, magníficas maderas de ebanistería y tiene tierra y agua para que puedan vivir 300000 pobladores. Al presente sólo tiene 4000 habitantes, en su mayor parte mestizos indolentes y sin espíritu para explotar ese pedazo de riqueza agrícola, único de la costa del Perú donde llueve y cuyo aspecto es igual al que se contempla en los valles de Jaén y del Huallaga. Un hombre de imaginación dijo de Tumbes que aquello era un pedazo de tierra oriental escapado de las manos del Creador al tiempo de colocarlo en las riveras del Ucayali. Es rico también en pesquería. Sus lizas y robalos son notables por el tamaño y la calidad. Como si todo eso no fuera suficiente y la Providencia hubiera querido darle más, toda la provincia reposa sobre yacimientos   -164-   de petróleo y sobre riquísimos mantos de carbón. A media legua de Tumbes se halla San Pedro de los Incas, lugar que queda muy inmediato a la antigua población indígena que encontró Pizarro a su llegada al Perú, y que por la extensión de los canales y de las mismas ruinas, se cree que puede haber tenido 100000 habitantes.

La construcción de nuevos canales para irrigar el valle de Tumbes es obra fácil y de poco costo. El trazo de estos canales, hecho por el ingeniero inglés, Mr. Melville, sigue aproximadamente el de los que abrieron los Incas. El de la margen oriental del río tiene 66 kilómetros y el del lado del oeste, 55.

Hacia el N O de Tumbes se encuentra Puerto Pizarro, llamado antiguamente La Palizada. Se halla en la región de los esteros y en el comienzo del Golfo de Guayaquil. Dista 12 kilómetros de la ciudad de Tumbes.

Pasadas las Lomas de Salvajal, cuya área llega a 500 kilómetros cuadrados no irrigables pues están muy cortadas por colinas y las aguas de lluvias sólo corren en verano, se llega a la región explotada del petróleo, la que principia en las inmediaciones de la quebrada de Boca Pan. Tiene esta quebrada y sus alrededores 1000 kilómetros cuadrados. Es susceptible de ser irrigada mediante la construcción de un muro de represa más abajo de Tamarindo, sitio donde se estrecha la quebrada hasta llegar a 90 metros de ancho entre paredes de roca natural.

A la quebrada de Máncora sigue la pampa de Pariñas y después el despoblado de la Chira. Este último con 2000 kilómetros de extensión y con abundante pasto en tiempo de lluvias. En los terrenos de estos tres lugares existe la zona petrolífera del norte del Perú, la única de todo el territorio que se trabaja en vasta escala por capitales extranjeros.   -165-   En La Brea, Lobitos, Zorritos y Talara se hallan los yacimientos mejor explotados. En Talara se beneficia gasolina y keroseno. La región tiene como 9000 habitantes, consagrados casi todos a trabajos mineros. El puerto principal de la zona es Talara, situado entre Cabo Blanco y Punta de Pariñas. Es bastante abrigado, tiene un buen muelle y está unido a Negritos por un ferrocarril de vía angosta.

Saliendo de Negritos con rumbo hacia el sur, el camino de herradura sigue la playa del mar y hállase abierto a inmediaciones de los barrancos que delinean las pampas que forman el despoblado de la Chira. La distancia que media entre Negritos y la desembocadura de río de la Chira es de 20 kilómetros, siendo un poco mayor la que es necesario recorrer para llegar a Colán y después a Paita.

Todo lo árido y mineralizado que es el territorio desde Caleta Grau hasta el sur de la región de Talara, se transforma en fértil y agrícola apenas se divisa la margen septentrional del río de la Chira. Mucho antes de penetrar en él, piérdense de vista los cerros de Amotape, formidables macizos que se desprenden de la cordillera que pasa por el sur del Ecuador y que encierra riquezas mineras que el siglo XIX ni siquiera supo descubrir.

Es el Chira un Nilo en miniatura y el Piura un pequeño Cauca, y así como los terrenos del Nilo en gran parte permanecieron infecundos hasta que los ingleses no hicieron en él estupendas represas, así también los valles del Chira y de Piura, todavía sin esas represas, han sido cultivados durante la primera centuria en pequeña extensión. Recién hoy se inician irrigaciones modestas, las que no tomarán para el regadío ni la cuarta parte del agua que por los ríos corre en verano y se pierde en el mar.

Es Piura unido a Tumbes territorio tan grande y tan   -166-   rico como lo es Guayaquil y la provincia de Entre Ríos en el Ecuador. La clásica fecha próxima a celebrarse le encontrará en situación naciente. Poco se ha hecho en 100 años, siendo causas muy complejas las que le tienen estacionario. De todas ellas, ninguna tan sustantiva como la falta de canales para irrigar las tierras. Hombres como Federico Moreno, Víctor Eguiguren, Coronel Zegarra, con fe profunda y conocimiento perfecto de sus soledades, valles agrícolas y yacimientos mineros, en magníficas monografías hicieron propaganda de las inmensas riquezas que ese suelo posee. El medio nacional les fue adverso y todos ellos han muerto sin haber visto realizado ninguno de sus vastos proyectos.

Arenal, Pueblo Nuevo, Amotape, Huaca y Colán, son villorrios inmediatos al mar en el valle de la Chira. Más adentro hállase Sullana, la población más importante del valle y hacia el interior, Querecotillo, La Huayala, Chalacaya, Chocán y Sonate.

Paita, después del Callao, como puerto es lo mejor del Pacífico peruano, como ciudad es una población infecta, donde la bubónica, el paludismo y la fiebre amarilla están diezmando los 4700, habitantes que actualmente tiene. Dista de Piura 14 leguas y hállase unido a ella por un ferrocarril. A inmediaciones de Paita está la pampa llamada el Tablazo, llanura con 2500 kilómetros cuadrados, sin agua y muy fértil cuando llueve, lo que ocurre generalmente cada siete años. Hállase el Tablazo a 54 metros de altura sobre el nivel del mar, y según Adams, por causa de esta altura es inirrigable por el Chira, a no ser que las aguas de este río en lugar de derivarlas por canales se elevaran por medio de bombas.

La ciudad de Piura, que es la capital y que hoy tiene   -167-   10000 habitantes, fue visitada por Raimondi en 1869. De ella y otras poblaciones dijo lo siguiente:

Huarmaca está situada en la misma cumbre de la cordillera que en este lugar está bastante baja, por lo que no se experimenta frío; y la abundante vegetación que cubre los cerros de los alrededores, da a conocer, desde luego, que su clima debe ser bastante templado. Cosa notable en este pueblo es que la iglesia se encuentra en la parte central de la población, en la misma línea divisoria de las aguas que bajan a ambos mares, y como el terreno está ligeramente inclinado en los dos lados de la iglesia, resulta que cuando llueve bastante el agua que cae a un lado del techo baja por la vertiente oriental y va al Huancabamba que es tributario del Marañón, y la que cae al otro lado va al río de Piura, que desagua en el Pacífico.

Aunque se ha dicho que el pueblo de Huarmaca se encuentra en la cumbre de la cordillera, no se crea que se halla rodeado de elevados picos. El terreno en sus inmediaciones no es muy quebrado y se podría decir que apenas es ondulado, pues lo rodean cerritos formados de tierras arcillosas y enteramente revestidos de vegetación, lo cual da al paisaje un conjunto bastante pintoresco.

Las casas no forman calles, sino que se encuentran diseminadas unas en suelo llano, otras en una hoyada, y algunas sobre terreno más elevado.

Hacia el NE del pueblo hay un cerro elevado de donde se originan dos pequeñas quebradas que bajan casi paralelas, y enseguida divergen bajando en sentido contrario. Una de ellas es la que se sigue en el camino de Congoña y la otra es el origen del río de Piura.

Huarmaca es cabeza del distrito que lleva el mismo nombre y que actualmente pertenece a la provincia de Huancabamba, de cuya población distará unos 60 kilómetros. En sus alrededores se cultiva cebada, maíz, trigo, papas y alfalfa: también se cría ganado.

Este distrito no tiene más poblaciones que Huarmarca, pero tiene por anexos la hacienda de Congoña y varias parcialidades o caseríos situados a más o menos distancia, tales como Naranjo, Muluco, Hualca, Bateas, Casapite, etc.

La mayor parte de los indios de este pueblo hablan castellano. Los que no han salido de su tierra usan moño largo, esto es, el pelo reunido en trenza que le cae sobre las espaldas; pero los que han bajado a la costa ya no lo usan. La mayor parte   -168-   lleva poncho de color gris. La tez de los individuos es cobriza, y sus facciones marcadas.

Gran parte del departamento, o sea la que comprende las provincias del Cercado y de Paita, está formada por grandes llanos muy ardientes, de magníficos terrenos, pero muy escasos de agua, de manera que la mayor parte no son cultivados.

La provincia de Piura ofrece aspecto del todo particular, que la distingue de las demás de la costa del Perú, teniendo solamente analogía con la de Ica.

El terreno es casi enteramente llano, y es la única provincia en la que los llanos situados a poca elevación sobre el nivel del mar, se internan en algunos puntos más de 175 kms. En efecto, Huarmaca, que es el origen del río de Piura, pertenece a la provincia de Huancabamba, y se halla situada en la misma cordillera, y 35 kilómetros más al O de este pueblo, en donde empieza la provincia de Piura, el terreno es ya muy llano y su elevación sobre el nivel del mar es poco mayor que la de Lima, aunque ésta dista del mar menos de 10 kilómetros, y aquel de Paita más de 175 kilómetros.

La provincia de Piura está bañada, en pequeño trecho, por el río de Chira y por el de Piura, que, como hemos dicho, tiene su origen en Huarmaca; es caudaloso en tiempo de aguas, esto es, en los meses de febrero, marzo y abril, en cuya época es preciso pasarlo en balsas; pero se seca en agosto o setiembre y permanece en este estado hasta enero. En las hoyadas o partes más bajas del cauce del río, se conservan algunas pozas de agua, la cual al cabo de poco tiempo se pone verde por el desarrollo de una alga microscópica. Estas pozas sirven para los animales y reciben el nombre de bebederos, como se ha dicho ya.

Para el consumo de los habitantes que viven en las orillas se usa excavar pozos en la misma arena, hallándose agua a uno o dos pies de profundidad, según la sequedad de la estación. Cerca de Piura como a medida que va adelantando la estación seca, el agua se pone salobre, las casas que tienen comodidad acostumbran envasijar el agua y reservarla para la época en que la de los pozos se pone mala. El agua guardada empieza por corromperse, pero al cabo de poco tiempo sufre una especie de fermentación y después se pone de buena calidad, conservando, sin embargo, gusto particular. El río en la estación seca alcanza hasta la hacienda de Pabur.

Aunque el río se seca, la vegetación continúa ostentándose debido a la humedad del terreno, y todos los habitantes ribereños forman sus chacras a las orillas y cosechan antes de la creciente.

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En la gran hoyada por donde corre el río, todo el terreno en ambas bandas se halla cubierto de monte de algarrobo, paypay, obero, etc., etc., y más arriba de Tambogrande, gran parte del camino pasa en medio del monte, de manera que se marcha a la sombra de hermosos árboles, casi sin experimentar calor y oyendo por todas partes el cantar de millares de pajarillos escondidos, los cuales se multiplican prodigiosamente, disfrutando de la abundante comida que suministran los árboles con sus frutos.

A cada momento se deja sentir el agudo grito del industrioso chilala (turnarias, cinanomeas) que construye en las ramas sus admirables nidos de barro que simulan en su forma pequeño horno; la doméstica soña (utimus lonsicaudatus), saltando de rama en rama y agitando continuamente su larga cola e imitando el grito de los habitantes del bosque. Poco más al interior del monte se oyen los repetidos golpes del laborioso carpintero, afanado en golpear los troncos para desprender algún trozo de corteza que oculta alguna larva, que pronto ha de ser su víctima; el dorado chiroque (ictenus), distrayéndonos con su melodioso canto; las mansas cuculíes, haciendo oír, de cuando en cuando, su triste y monótona tonada; centenares de tordos o negritos (cassicus palliatus), gritando o emitiendo en coro sus variadas notas. A esta abundancia de vida se pueden añadir las ardillas que van saltando de rama en rama o resbalando a lo largo de los troncos con asombrosa agilidad. Las iguanas y gallanes, correteando entre las hojas secas cazando algún insecto, y por último el permanente zumbido que se siente por todas partes sin ver al insecto que lo produce, es una especie de abeja que va tomando su carga de polen de las flores de algarrobo.

A la sombra de los árboles viven en estos bosques numerosas cabras que buscan alimento en las hojas y frutos del bichayo y del obero. La cabra es el animal más útil en el departamento de Piura, porque se mantiene con cualquier cosa y se multiplica prodigiosamente, sin necesitar de mucha agua. En la provincia de Piura suministra la mayor parte de la carne que no tiene el olor que se nota en Lima, y casi toda la leche que se consume, que también es mejor, y que, además de servir para todos los usos domésticos de la de vaca, se prepara con ella quesillos.

Los terrenos de la provincia son de feracidad asombrosa y sólo les falta agua. Así en los años de lluvias en la costa (verificándose esto como en la sierra, en los meses de febrero y marzo), todos los terrenos de la provincia, aún en despoblado,   -170-   se cubren de hermoso y elevado pasto con el que se alimenta gran número de ganado.

Los especuladores cuando ven caer dos o tres aguaceros, no aguardan que crezca el pasto, sino que van luego a la vecina república del Ecuador (provincia de Loja) a comprar partidas de ganado vacuno donde es muy barato, de 8 a 10 pesos cabeza, y luego regresan y encuentran el pasto crecido para engordar el ganado adquirido, improvisando fortunas en muy poco tiempo, pues venden el ganado engordado de balde a precio muy subido.

En estos años por todo el despoblado se ven manadas de vacas y cabras que pacen libremente en medio de este extenso campo de verdura.

Desgraciadamente estas lluvias providenciales que de improviso convierten el árido desierto en verde y alegre campo no las hay todos los años, y pasan a veces 5, 10 y aún 15, sin que se humedezca siquiera esa tierra calentada continuamente por rayos de un sol abrasador.

La provincia de Piura no tiene minerales metálicos o a lo menos hasta ahora no se han descubierto. Cerca de Tambogrande hay minerales de fierro en abundancia, y 15 kilómetros al N de Ayabaca se encuentra oro.

Las abundantes salinas de Sechura situadas en despoblado, proveen a todo el departamento y a la vecina provincia de Lambayeque. En los montes se encuentra pavas silvestres y en el despoblado muchos güerequeques (himantopus mexicanus) los cuales se crían en casi todas las costas de Piura.

La ciudad se halla situada en la orilla derecha del río del mismo nombre, en llano algo arenoso. Las calles son un poco estrechas y no muy rectas. Tienen veredas angostas construidas de ladrillo, con bordes de madera de algarrobo. La parte del medio no está empedrada.

Las casas, por lo general bastante sólidas, están fabricadas de adobes y sus paredes son algo gruesas; todas ellas están blanqueadas, de manera que reflejan los rayos del sol con mucha fuerza; y tal disposición aunque molesta mucho por la gran reverberación de calor, tiene sin embargo la ventaja de mantener las habitaciones frescas, por que las paredes reflejando los rayos solares, no se calientan mucho.

Las casas tienen hacia la calle un poyo asiento a todo lo largo de la fachada, que servía para respirar aire fresco en las tardes y en las noches, pero en el día se ha perdido esta costumbre y las que se construyen actualmente no tienen asiento alguno hacia la calle. Algunas son muy bien construidas y prestan bastante comodidad en su interior, pero la mayor   -171-   parte están fabricadas con poco gusto, y se ve en las que tienen altos muy poco separados los balcones del techo, lo que les da aspecto de poca holgura.

Piura tiene un pequeño hospital para hombres y mujeres, pero está mal tenido; panteón colocado en las afueras de la población y seis iglesias.

La plaza mayor es cuadrada y de regular tamaño; en el medio hay una estatua de la libertad groseramente esculpida, dispuesta sobre un pedestal y rodeada de una pequeña verja de fierro. A un lado está la iglesia Matriz, una de cuyas torres fue derribada por un temblor. Más tarde se construyó otra para colocar el reloj, pero se hizo mucho más pequeña que la otra, de manera que choca a la vista esta falta de simetría. En la misma plaza se observa en otro costado la iglesia de Belén, más pequeña que la Matriz, y que tenía en otra época convento y cuya comunidad tenía a su cargo el hospital. Siguiendo más abajo, casi al extremo de la población, se encuentra otra plaza cuyo piso se halla cubierto de arena. En ésta se ven otros dos templos: uno es la Merced, cuya iglesia de tres naves, aunque pequeña, es bonita y en su interior presenta mejor vista que la Matriz. Esta iglesia, como se ha dicho, tenía su convento que se llevó el río en una gran avenida, a principios del siglo pasado. En la sacristía existe una cruz tosca, de palo, que se dice fue con la que desembarcó Pizarro.

El otro templo es San Sebastián, que ha sido parroquia de los indios en tiempo del gobierno español.

Otra iglesia llamada del Carmen, se halla casi al extremo opuesto de la población; pertenecía al convento de Carmelitas en cuyo local se encuentra ahora el colegio. Este local es espacioso y con poco gasto se le podría refeccionar dejándolo cómodo.

Anteriormente se hacían en Piura hasta los estudios profesionales para recibirse de abogado. Pero últimamente se suprimió la clase de derecho y el colegio se consagró solamente a la instrucción media.

Finalmente, la sexta iglesia es la capilla de Santa Lucía.

Piura no tiene paseo público, ni tampoco teatro, no pudiendo casi recibir este nombre el local donde representan alguna vez.

Piura, desde mucho tiempo, se ha hecho célebre por su clima, pues es excelente para las enfermedades sifilíticas. Esta propiedad del clima para la curación de tales enfermedades, se debe tan sólo a la acción del calor que, abrasador en esta   -172-   región, favorece la traspiración cutánea, primordial remedio para expeler el virus sifilítico.

Por otra parte, Piura es bastante sano, pero de pocos años a esta parte ha sido visitado por epidemias desconocidas anteriormente.

Para conocer detalles relativos a Piura, consúltese los escritos antiguos, en especial a Cieza de León.

Todos los techos de las casas de Piura se hallan cubiertos de gruesa capa de una especie de carrizo delgado que llaman grama, sobre la cual hay otra capa de barro bastante espesa que hace los techos muy pesados.

En la tierra que cubre estos techos, se halla, en algunas casas, una especie de abeja del tamaño de la que produce miel.

La mayoría de los habitantes de Piura son de color trigueño.

Catacaos es pueblo muy antiguo, anterior en mucho a Piura y anterior, también, a la conquista. En otra época era pueblo puramente de indígenas y en tiempo de los españoles se conservó la raza indígena de pura sangre, porque en el decreto dado para la fundación de Piura se puso como condición que se estableciese lo más distante posible del pueblo de ellos, para que no se les molestase en lo menor.

Pero actualmente los indios mismos vendieron parte de sus terrenos y desde hace algún tiempo se han establecido en la población algunos vecinos.

Catacaos se ha extendido mucho y se han levantado casas de adobe, algunas de las cuales son bastante bien construidas, con paredes blanqueadas y buenas puertas, que prestan alguna comodidad. Las casas de los indígenas son todavía ranchos de carrizo, de caña brava, y las más lujosas están formadas del mismo material y enlucidas con barro, como todos los ranchos de indios que habitan en la costa.

Catacaos ha sido siempre pueblo dedicado a la agricultura y desde la época más remota habían sacado una acequia del río cuya toma se halla propiamente enfrente de la actual ciudad de Piura, en el punto llamado Tacalá, y figura en los documentos de fundación de esa ciudad del año 1588, en donde se dice que se debe establecer más arriba de la presa de agua de Tacalá, que abastece de ella al pueblo de Catacaos.

La iglesia ha sido muy bonita y construida por el mismo arquitecto que intervino en las de Sechura, Lambayeque, Guadalupe y Sama, pero un temblor trajo abajo gran parte de la bóveda y la falta de pericia de un individuo que se titula arquitecto, hizo botar otra parte; de manera que   -173-   hoy se conserva cubierto el altar mayor y las capillas laterales, quedando todavía, aunque muy desquiciada, toda la media naranja.

La torre forma como cuerpo aislado y sólo se ha destruido la cúspide. Esta torre, en lo que se refiere a su construcción, es uno de las mejores obras del tiempo de los españoles; toda es de cal y ladrillos y de elegante dibujo.

Alrededor de la plaza, en los otros tres costados, hay una especie de portal o más bien de ramada para poder pasear a la sombra; en el costado donde está la calle principal hay muchas tiendecitas de comercio.

Catacaos tiene la industria de fabricación de sombreros de paja llamados de Guayaquil, que le produce buena entrada. Desde que los indios se han dedicado a este trabajo, el pueblo ha ido progresando continuamente, y en el día es centro de activo comercio. Los domingos se observa gran movimiento, y se ve bastantes personas en número mucho mayor de las que se ve en la capital.

Se puede decir que en Catacaos. se realiza todos los domingos una especie de feria, a la cual concurren de todos los puntos inmediatos para vender sus sombreros a los comerciantes que vienen de Piura. En esos días circula bastante dinero, porque los indios gastan de preferencia toda la plata que reciben en la compra de paja para su trabajo y maíz para la chicha; lo restante lo emplean en géneros y bebida.

Todo el portal en dichos días está lleno de géneros, camisas de color y bancos con paja. Asimismo, por toda la calle principal no se ve más que pequeñas mesas con grandes mazos de paja, indios con sombreros en la mano para venderlos y comerciantes ya en las tiendas o en la calle para comprarlos. Como se ha dicho, la concurrencia es grande, y por todas partes reina actividad y movimiento.



Saliendo de la ciudad de Piura se atraviesa el despoblado de su nombre, después el de Sechura y por último el de Olmos. Tiene el primero 6000 kilómetros cuadrados, está cerca de la región lluviosa y no carece cerca de Chulvicanos de arboleda y pastos. Al sur de este despoblado se halla el de Olmos. Su extensión puede calcularse en 3500 kilómetros cuadrados. Se encuentra al oeste de la región de las lluvias anuales; no tiene ningún curso de agua permanente, y sólo   -174-   en tiempo de lluvias corren por sus tierras tres riachuelos denominados Iscunisluz, Cascajal y Olmos.

El despoblado de Sechura comprende la planicie arenosa y árida que está al oeste de los despoblados de Olmos y Piura y entre los valles de los ríos de Piura y de La Leche. Tampoco tiene agua. Cerca de la desembocadura del Piura y al sur de los cerros llamados, Silla de Paita, cerros visibles a mucha distancia como que tienen 1300 pies de elevación, está la población de Sechura, con 2500 habitantes, la que ha sido edificada sobre una lomada bastante árida.

Al oeste de los cerros de Illescas están las famosas azufreras que no pudieron explotarse en los años de 1900 a 1905. En la bahía de Sechura se ha construido un muelle en puerto Bayovar, y un ferrocarril de 47 kilómetros de vía angosta que va hasta las minas de azufre. Al presente se hace uso de esta comunicación para el transporte de la sal que se beneficia en las inmediaciones.




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Costas Lambayecanas y litoral de la libertad

Partiendo de Bayovar, no hay más camino para ir al sur, que la huella que existe entre la playa del mar y los cerros que culminan entre Punta de Aguja e Illescas. Pasando este último lugar, se entra en una llanura baja y arenosa, la que por el este tiene el despoblado de Olmos. Las playas de estas llanuras están caracterizadas por la carencia de puntas, de bahías y hasta de arrecifes, y por las continuas bravezas de mar. San José, Pimentel y Eten, sus únicos desembarcaderos, no tienen ninguna de las condiciones portuarias que el comercio exige para el tráfico marítimo.

No hay en toda la costa del Perú territorio más bajo ni más abierto a los vientos del sur que el litoral lambayecano. La única prominencia que se divisa del mar es la punta y el morro de Eten. Es menester desembarcar e internarse algunas   -175-   millas para divisar por el sur las serranías de Reque y por el centro el cerro de la Puntilla. Hay en este pedazo de suelo costanero mayor cantidad de tierra de cultivo que la que existe en Piura. Desde Olmos hasta el principio de la quebrada de Zaña todo es plano y de insignificante gradiente. Los ríos que lo irrigan corren silenciosos por sus cauces y cuando llueve en exceso en la serranía, inundan las tierras que les son cercanas y hasta la misma ciudad de Lambayeque. Hurt quedó admirado de la geología del lugar y de la riqueza que allí existe en tierras de labranza. Si todas ellas tuvieran agua, en esas dilatadas pampas viviría un millón de hombres. La República ha hecho mucho allí en agricultura y el esfuerzo de los industriales ha sido superior a la calidad de las clases populares, a los capitales con que han contado y a la cantidad de agua que baja por los ríos Leche, Chancay y Zaña. Aún no se ha puesto mano a las obras de irrigación ya estudiadas. Necesítanse algunos millones para realizarlas y muchos más para derivar por medio de túneles las aguas orientales del río Huancabamba hacia el Pacífico. Los peruanos del siglo XX harán estos notables trabajos, habiendo carecido de condiciones financieras para tales obras los pobladores que vivieron en esas regiones en los años trascurridos desde 1821.

Viniendo del norte a caballo y caminando por el litoral a buena distancia del mar, es Mórrope la primera población a que se llega y después Ferreñafe. De aquí tomando hacia el N E y caminando cosa de 20 leguas, se arriba a los pueblos de Muchumí, Túcufme, Illimo, Pacora, Jayanca, Motupe y Olmos, todos ellos en gran atraso por falta de agua. No pasa lo mismo con Ferreñafe, Lambayeque, Chiclayo y Monsefú poblaciones de gran prosperidad en el norte del   -176-   Perú, debido a los extensos llanos que el Chancay irriga, llanos donde se cultiva arroz y caña de azúcar.

Lambayeque, por causa de las inundaciones, por el progreso de Chiclayo y por no haber sido elegida capital, ha decaído notablemente. Como ciudad, como población y centro social y comercial, ya no es lo que fue en 1871, año en que fue inundada. En 1912 publicamos una monografía sobre el departamento de Lambayeque. De ella tomamos los siguientes acápites:

En esta parte septentrional de la República que colinda al norte con el desierto de Sechura y cuyas playas baña un mar indómito, hállase el extenso territorio conocido desde los tiempos coloniales con el nombre de Lambayeque. Al oriente le limita la Cordillera de los Andes y por el sur la cadena de montañas que separa el valle de Saña del que le es contiguo, el cual riega el río de Jequetepeque.

Condiciones geográficas especiales, originalidades y costumbres en las gentes que le habitan, dan al país del que me ocupo genuina existencia, caracteres nacionales propios, como también límites verdaderos que encajan admirablemente en las extensiones territoriales que la ley le dio al crear la vida departamental.

Mal conocen la costa del Perú los que dicen que toda ella es igual. Lambayeque se asemeja, y sólo en parte, al departamento de Piura. Aquí como allá, el suelo es plano y la tierra sedienta; y como este suelo plano casi no tiene desnivel, las aguas de los ríos caminan silenciosas y escondidas por entre bosques y matorrales. En tiempo de avenidas, en botes y canoas todos ellos son navegables. El torrente destructor, característico de otros costaneros e inclinados valles del Perú, sólo se ve aquí en la parte cercana a la Cordillera y a muchísimas leguas del mar. Hay en todo esto mucho de parecido a lo que se ve en el Egipto, siendo así que cuando el año es lluvioso, aquí al igual del país africano, la tierra baja queda inundada y fertilizada por el limo que traen las aguas.

Otra de las características del suelo lambayecano hállase en su aspecto geológico. No solamente es comarca de llanos sino también territorio de bajas serranías. Como una rareza, como algo atrevido y de gran pujanza, uno que otro cerro se destaca sobre la chata cadena andina que pasa al NO del   -177-   Departamento, y como una gran cosa sube hasta trece mil pies de altura sobre el nivel del mar. Todo lo demás fluctúa entre diez y doce mil pies; siendo lo común en plena cordillera, en el mismo divorcio de aguas, encontrar portachuelos con diez mil pies de altura.

Qué diferencia tan notable entre estos andinos pasos del norte del Perú y los que vemos en Ancash y los departamentos que le están al sur. Los primeros tupidos de vegetación, calurosos, abundantes en manantiales de riquísimas aguas, poseen bosques de cedros en los sitios donde los cerros se replegan. Son lugares agradables, propios para la vida civilizada. En ellos se suda y se realiza todo esfuerzo corporal sin temor al soroche. En los otros pasajes, en aquellos situados en los Andes del centro y sur del Perú, la nieve perpetua, la soledad, la muerte en lo animal y en lo vegetal, y de consiguiente un espectáculo tétrico ante el cual el alma se deprime y su tristeza no tiene límites. Más vegetación y más calor hay en Porculla, (punto culminante de los Andes lambayecanos por donde pasará el ferrocarril al Marañón), que en Matucana y en San Mateo.

El aspecto físico de las provincias de que me ocupo es una consecuencia lógica de la depresión de sus montañas. En Trujillo, en Ancash y en Lima, la Cordillera principia en el mismo Océano; en Arequipa y en Moquegua ocurre lo mismo, aunque en diversa forma, porque sobre la primera cordillera, que es la del mar, están las pampas de Cachendo, de la Joya y las de la Clemencí. En Ica ocurre algo especial, pero que tampoco es lo que existe en esta tierra lambayecana, donde sobre la costa, bordeando el mar, vemos como único cerro sobre las mismas playa al morro de Eten. Subiendo sobre él, contemplo vasto y bellísimo panorama. El cerro de Reque, amplio pero chato y de limitada altura, es en todo el departamento el que algo se aproxima al mar. Haciendo con la vista una variante de 45 grados de Reque hacia el Norte, mírase hacia allá, pero en parte muy lejana, las últimas estivaciones de la cordillera, las mismas que separan al río Chancay del de la Leche. Un poco más al NO, el horizonte, único límite de una pampa colosal cubierta toda de vegetación, algo parecida a lo que se ve en la República Argentina, en las inmediaciones de Mendoza o de Jujuy [...].

Eten, con excepción de Mollendo, es el peor puerto de la República. El muelle se halla firme a pesar de los cuarenta años que tiene de construido, por estar enclavado en un durísimo suelo de arcilla. Si estuviera sobre fango, como pasa en Salaverry,   -178-   hace mucho tiempo que habría desaparecido. Su longitud es de 840 metros y su posición en el mar la mejor que científicamente le pudo dar el ingeniero Backus, que fue quien lo construyó. El morro de Eten muy poco le abriga; y en los días de tormenta, que son numerosos en los meses que corren de mayo a diciembre, las olas pasan por encima del maderamen y temporalmente le inutilizan para el tráfico.

En los días de bravezas los vapores se limitan a hacer acto de presencia en el puerto. Se mantienen al ancla una o dos horas, cambian señales con tierra y sin poder dejar siquiera la correspondencia, abandonan el fondeadero. Los pasajeros que vienen del sur son dejados en Paita; y los del norte en Pacasmayo. Estos últimos avanzan por ferrocarril hasta Guadalupe y a caballo atraviesan el desierto que media entre esa población y la hacienda de Cayaltí. La carga que viene del sur muchas veces sigue hasta Panamá y en cierta ocasión un dinero venido desde Lima con urgencia para Chiclayo, llegó a su destino al mes de su salida para el Callao. Con estos inconvenientes, materialmente el comercio vive de milagro, y todo está recargado en proporción a las demoras y a los riesgos marítimos.

El mal por ahora es incurable y su origen, como ya lo he dicho está en el mar y no en la voluntad de los hombres. Andando el tiempo y cuando estas dos provincias tengan en habitantes siquiera un cuarto de millón, lo artificial podría suplir lo natural, y la construcción de una dársena en Eten daría al puerto un desembarcadero tan seguro como lo es el Callao. La obra costará, según el ingeniero don Emeterio Pérez, dos o tres millones de soles, y no importará más por la circunstancia favorable de tener a la mano en el cerro de Eten material de primera clase para edificar sobre el mar. Otro proyecto de gran magnitud, pero no para ahora tampoco sino para cuando Trujillo, Chiclayo y Lambayeque sean grandes centros de producción, es hacer un puerto comercial y militar de primera clase en Pacasmayo y unirlos con ferrocarriles por el norte hasta Paita y por el sur hasta Chimbote.

El sistema ferroviario que tiene su punto inicial en Eten, abarca un largo de 78 kilómetros. Por el norte le falta el ramal de Lambayeque a Motupe, por el oriente el de Pátapo a Chongoyape y por el sureste el del Combo a Pucalá y Cayaltí. Este último de muy fácil realización pasándolo por el portachuelo de Samán, no se concibe como no se ha hecho en tiempos anteriores; siendo su tráfico, si se hiciera hoy, algo antieconómico, desde que Cayaltí tiene línea propia, y Pucalá   -179-   buscará el empalme con Pomalca en el ferrocarril que se proyecta a Pimentel.

La línea troncal va desde Eten hasta Ferreñafe, pasando por Monsefú, Chiclayo y Lambayeque. El desvío a las haciendas de Pomalca, Tumán y Pátapo es el único que tiene la empresa. El tráfico de trenes no corresponde a las exigencias del movimiento departamental. A las haciendas mencionadas sólo hay tres trenes a la semana, y por lo regular, quien va al puerto y desea ocuparse en él un tercio de día, no puede regresar sino al día siguiente [...].

A tres cuartos de hora de Eten caminando por ferrocarril, está la ciudad de Chiclayo, la primera del departamento, la que por circunstancias y vicisitudes que muy rara vez se repiten, se ha hecho dueña de la mejor parte de la vida política, industrial, social y comercial de este suelo lambayecano. Lo estrecho de sus calles, la falta de buenos templos y la carencia de casas de estilo colonial, revelan al viajero, a primera vista, su origen humilde, su procedencia indígena.

¡Qué diferencia entre Chiclayo y Lambayeque! Fue ésta, ciudad desde que nació a la vida de los pueblos. Su plaza, su iglesia, las portadas y patios de sus mansiones señoriales manifiestan que fue edificada por gente española, dueña de tierras y con dominio sobre los indios de la comarca. Háceme Chiclayo el efecto de una personalidad improvisada por el mérito de sus facultades; antójaseme Lambayeque, aristócrata señor, arruinado por los vaivenes de la fortuna, a quien sólo quedan y con poco valor, los títulos nobiliarios de su viejo abolengo.

En Chiclayo todo es real, verdadero, producto del mérito de la labor propias. En Lambayeque, la ciudad, casi vive de prestado. Como recurso económico acaba de recibir la concentración de las tropas regionales. Fue Saña quien le dio la vida y es Chiclayo quien se la quita.

Chiclayo, al igual que Iquitos, es una ciudad donde viven numerosos forasteros. Gran parte de personas decentes que residen en él, han nacido en Lambayeque; siendo así que con toda impunidad, posible es hablar públicamente mal de la ciudad, la cual cosa no merece bajo concepto alguno, por lo menos en todo aquello que está bajo el control de sus actuales pobladores. Efectivamente, no es la generación presente la que tiene la culpa de la ubicación en terreno bajo y húmedo que le dieron los indígenas que en tiempos coloniales la fundaron. Tampoco que sus calles sean estrechas, mucho menos que en los tiempos de las siete vacas gordas del Perú, cuando el Presidente Balta preguntó a los chiclayanos en que forma deberían pagarles el   -180-   servicio prestado con la sangre del pueblo el 7 de enero de 1868, le pidieron templo y teatro, cosas que costaron cerca de dos millones de soles, a cambio de haber solicitado agua potable que todavía no la hay y aumento de aguas para los valles. El teatro, en la actualidad, es todavía un aceptable edificio y llena una buena necesidad social. El templo es un monolito de cal y ladrillo, de magnífica arquitectura a medio concluir, y que no hay manera de echarlo abajo, ni tampoco de terminarlo, y que, en tales circunstancias es para la generación presente y las venideras, prueba de la vanidad de los hombres que pidieron y malgastaron tan tristemente en tan innecesaria obra los tesoros de la República.

Chiclayo tiene aproximadamente quince mil habitantes. No tiene agua ni desagüe, y por estas causas la mortalidad es considerable. Se bebe agua malísima y se excluye las que están sucias, en la misma calle y en pozos que existen en las mismas casas. El subsuelo debe estar terriblemente envenenado, pues a él van a parar todas las substancias excrementicias humanas. Si no fuera porque nunca faltan los rayos solares ni tampoco terribles ventarrones que diariamente soplan del SO sería imposible vivir en esta ciudad por lo mortífero de ella. Como es natural, hace tiempo que el Municipio y la junta Departamental se preocupan del problema higiénico. El estudio técnico de la materia está a cargo del competente ingeniero sanitario Mr. Bingham Powell, quien aún no ha presentado sus planos. La obra de canalización para el desagüe será costosísima, pues la ciudad está más baja que el río, y por medio de bombas será necesario levantar las aguas excluidas para arrojarlas a un nivel alto que las conduzca al mar. Cuanto al agua potable, no habiendo en los alrededores fuentes naturales, habrá que hacerlas artificialmente, por medio de cámaras de filtración.

La población de Chiclayo debió haberse construido en los terrenos elevados, secos y bien ventilados que están alrededor del cerro de Pimentel. Para allá es para donde el Municipio debe encaminar la nueva población, prohibiendo que se siga urbanizando la parte baja.

Ferreñafe tiene menor importancia comercial que Chiclayo. Es una ciudad pequeña, bien trazada, con mejor iglesia y mejor plaza que la que existe en la capital de este departamento [...].



Al sur de Eten está Chérrepe, caleta que se halla abrigada por la punta de su nombre y que sirve de lindero norte   -181-   a la provincia de Pacasmayo. Abarca esta provincia de Pacasmayo 36 millas de litoral marítimo, todo él caracterizado por lo tendido y limpio de su fondo, por la violencia con que el mar rompe en sus playas y por las grandes pampas, todas irrigables que se atraviesan cuando se viaja a inmediaciones del océano. Al este de dichas pampas existen lomas, arenales y mesetas, todas sin agua y tan calurosas en las horas de sol, que nadie las cruza sino en la noche. Antes de llegar a Pacasmayo se bajan los barrancos que dan paso al Jequetepeque, río notable por el caudal de sus aguas y por estar ubicado en condiciones favorables para irrigar todo su valle. Desde su desembocadura en el mar se contemplan los últimos contrafuertes del ramal que forma la divisoria norte del valle de Jequetepeque, contrafuertes sobre los cuales se destaca un alto cerro llamado Súllivan, con no menos de 5000 pies de elevación.

La prosperidad del valle, y ella no es mucha, está limitada al caudal de las aguas que trae su río. Obra de irrigación no se ha hecho ninguna, y ni siquiera se ha estudiado la posibilidad de bajar las aguas de la laguna de la Jalca en las cordilleras de «Los Negros». Últimamente, el ingeniero Wood levantó los planos del canal que se proyecta construir en la banda sur del Jequetepeque para irrigar las pampas situadas al norte de Paiján y al sur de san Pedro de Lloc.

El progreso del puerto y el de las poblaciones que le son inmediatas, no ha sido mayor por la escasez de tierra en beneficio. De 30000 hectáreas que tiene el valle, apenas se hallan en cultivo la mitad de ellas. Por falta de irrigaciones, San Pedro y Guadalupe han ido a menos. Mejor suerte han tenido Pacasmayo y Chepén. Hasta que todo no esté intensamente cultivado, la provincia no saldrá del   -182-   estacionarismo en que vive. El siglo XIX no pudo irrigarla. El siglo XX realizará la obra y nuevos campos de caña de azúcar, de algodón y de arroz, evidenciarán al que visite el valle, que han desaparecido las causas que detuvieron el progreso de esta provincia, hoy apenas con 20000 habitantes, pudiendo tener el doble y hasta el triple.

Raimondi, que visitó la provincia en 1868, nos da las siguientes relaciones:

San Pedro de Lloc es población que, como lo indica su nombre, fue fundada por los españoles sobre los restos de algún caserío de los indígenas llamado Lloc. Es una de las poblaciones de la costa que va progresando continuamente; es notable por la regularidad de sus casas, por las calles rectas y muy aseadas y por la falta de aquellos ranchos de caña de paredes torcidas y desvencijadas tan comunes en todos los pueblos de la costa, pudiendo decir que esto los caracteriza.

San Pedro tiene como Trujillo, aunque en menor escala, cierto aire señoril, de manera que a la vista parece que no hay pobreza.

En las calles de San Pedro, sobre todo en la principal, parece que han tenido el propósito de encubrir la pobreza con un manto, no diré de riqueza, pero al menos de mediocridad. En efecto, al alejarse del centro, se ven en la calle largas paredes blanqueadas y con buenas puertas, comúnmente cerradas, lo que presenta buen aspecto y ofrece cierta regularidad y limpieza que agrada; pero sí se abre una de estas puertas, entonces se puede apreciar la miseria, siendo tanto mayor el contraste cuanto que por la vista exterior se forma uno la idea de que el interior le corresponde.

De todos modos es muy loable para un pueblo (y creo que sea carácter de progreso y civilización) el empeño de ocultar las miserias y los padecimientos, y ojalá poblaciones de mayor importancia que San Pedro tuvieran el buen sentido de imitarlo.

La plaza es grande y rodeada de buenas casas, de manera que presenta buena vista.

La iglesia tampoco es mala: tiene una verja delante y es de sentirse que su torre esté inconclusa.

Existen dos alamedas: una a la entrada del camino que viene de Trujillo y otra a la salida por el de Chiclayo.

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La primera es más antigua y está formada por cuatro series de sauces que dejan un camino a cada lado para los que viajan a pie y otro más ancho al medio para las bestias. Es lástima que el piso de esta alameda sea tan arenoso. La otra alameda es reciente, tiene una reja por delante y hacen 2 y ½ años que se hizo (1868).

Este pueblo es abundante en recursos; su mercado está regularmente surtido de carne, pescado de mar, frutos, etc.

Una costumbre particular es la de comer unas grandes lagartijas que se venden en el mercado ya desolladas. Los aficionados a ellas dicen que tienen carne exquisita. A estas lagartijas se les conoce con el nombre de gañán. Tienen un modo particular de caminar: cuando andan lentamente, apoyan las cuatro patas en el suelo como todas las de esta familia; pero cuando se les apura, levantan un poco los miembros anteriores, y apoyándose solamente sobre los posteriores y sobre el vientre, empujan el cuerpo hacia adelante del modo más extraño.

Al S de Pacasmayo a 7½ kms hay unos cerritos que se prolongan al mar formando una caleta llamada de Puémape.

En esta caleta habitan constantemente pescadores que viven puramente de su industria. La mayor parte están matriculados para el servicio de los buques en Pacasmayo, y regresan a su caserío cuando terminan sus labores.

Pacasmayo, como todos los puertos del N, exceptuándose Paita, no es muy abrigado; sin embargo, no es tampoco de los peores. Aunque no está defendido por ningún cerro, hay una punta de terreno que se prolonga en el mar formando una rada.

La población, si bien reducida, es bastante bonita y tiene hermosas casas; hay comercio activo y una casa con bodega, con oficina de escritorio y lo necesario para el movimiento de un puerto.

También hay máquina a vapor que sirve para despepitar y prensar algodón, para moler trigo y aserrar madera.

El comercio en este puerto consiste en la importación de todas las mercaderías, vinos y aguardientes que se consumen en los pueblos inmediatos y en gran parte del departamento de Cajamarca, así como en la exportación de los productos del país, tales como los algodones de Talambo, Cayaltí, etc., el arroz y tabaco de Saña, chancaca, sombreros del país, frutos de algarrobo, etc.

Ahora que se piensa establecer un ferrocarril entre Pacasmayo y Cajamarca, el puerto ganará inmensamente, puesto   -184-   que todo el comercio de los departamentos de Cajamarca, Amazonas y Loreto, se practicará por estar vía.

Falta ahora que se estudie el modo de dotar de agua a la pampa que conduce de San Pedro a Pacasmayo, obra que cambiaría totalmente la faz de estos lugares.

Guadalupe es población fundada por los españoles, como lo comprueba su nombre y el convento de agustinos con su iglesia que es su principal edificio.

El pueblo es pequeño, pero célebre por la feria que en él tiene lugar todos los años en los últimos días de noviembre y principios de diciembre.

El aspecto de la población es bastante bonito. Además de la iglesia del convento hay otra que actualmente está en ruinas.

La del convento es una de las más bonitas que hay en los pueblos del N; principalmente la bóveda del templo es digna de citarse por ser toda de ladrillos con cordones del mismo material y de estilo gótico: estos cordones además de servirle de adorno, dan al edificio mayor solidez.

Igual construcción y dibujo se nota en la iglesia arruinada de San Agustín del pueblo de Saña; sin duda su construcción fue dirigida por la misma persona.

El altar mayor está recargado de adornos dorados y casi en ruinas.

La sacristía y el bautisterio son bastante bonitos.

Las paredes internas de este templo están revestidas de grandes cuadros ordinarios que representan varios episodios de la vida de la virgen.

Otros cuadros mucho mayores se hallan colocados en los retablos de ambos lados del altar mayor.

Desde hace mucho tiempo el convento está suprimido y en el día es una hermosa finca; sus viviendas están bien amuebladas, el patio o atrio del convento es delicioso jardín lleno de variadas flores y de árboles frutales, como mangos, cacaoteros, nísperos del japón, plátanos, etc., dominados por tres elegantes palmeras de cocos.

Además del jardín hay también una huerta en la que se cultiva café y cacao, observándose algunos árboles de maguey y una palmera de dátiles.

En un local inmediato al convento, hay también una máquina a vapor para despepitar algodón.

Guadalupe tiene alameda a la salida de la población, pero no es frecuentada.

Como hemos dicho, lo que da a Guadalupe verdadera importancia es la feria que se verifica todos los años desde el 25   -185-   de noviembre hasta el 9 o 10 de diciembre, y se puede decir que dura casi un mes por la dificultad que encuentran los comerciantes para su movilidad.

Para los comerciantes que llevan sus efectos a esta feria hay en la población 54 tiendas que en esta época se hallan bien surtidas de toda clase de artículos. La concurrencia a Guadalupe en esta época es muy grande, porque vienen comerciantes y compradores de todos los puntos de la costa del norte y también del interior.

El valor de las transacciones en estos días, llega más o menos, a 2000000 de pesos.

En la época en que se elevó tanto el precio del algodón a consecuencia de la guerra civil de los EE. UU. y durante la cual todos los agricultores de la costa del Perú se dieron a sembrar algodón también los de Guadalupe ensayaron esta nueva industria, pero por lo general no les fue muy bien y el entusiasmo algodonero decayó muchísimo.

Un verdadero ramo de riqueza agrícola que promete mucho para el porvenir, es el cultivo del café en grande escala, porque ya es bien conocido el del lugar, por la cantidad que se recoge anualmente (de los sembríos de los señores Goiburu y Plaza).

El señor Goiburu tiene de 30 a 40000 pies de este precioso árbol. Se sabe, pues, que el café de Guadalupe es de muy buena calidad, pudiendo conocerse a primera vista por su grano pequeño. Su cualidad sobresaliente es el aroma; parece que todo el aceite esencial que contiene un grano grande como el del café común, se encuentra concentrado en el grano muy pequeño del café de Guadalupe, de modo que en igual peso este café contiene mayor cantidad de aceite esencial.

Lurifico es hacienda regular donde se cultiva algodón, maíz, etc.

El cerro de Chepén queda a poca distancia y a la izquierda. Enseguida empiezan las casas del pueblo de Chepén, que es algo grande, y tiene toda la apariencia de los pueblos de la costa: casuchas de quincha, las más decentes con sus paredes enlucidas de barro y blanqueadas, y las demás, ranchos rústicos de caña brava o más bien jaulas de este material. Sin embargo, está próximo a progresar por su posición, pues es como la portada para salir a la sierra. Por esta razón es el pueblo favorito de los serranos, que viniendo del interior, hacen en él inevitablemente su pascana, como los que regresan de la costa al interior.

Para dar mayor cantidad de agua a los terrenos de su hacienda,   -186-   el dueño de Yanacancha, a poca distancia, comenzó a construir una acequia en los altos de Hualgayos para traer a este lado de la cordillera las aguas de un riachuelo que baja al oriente. No sé por qué motivo no se ha terminado este trabajo.

El pueblo de Jequetepeque que da nombre al río que baja de la Magdalena, es muy miserable y sus pobladores casi todos indígenas. Queda a la izquierda del camino que va de San Pedro a Guadalupe. Es extraño ver aquí un pueblo cuyo nombre no pertenece a la lengua quechua; y todavía es más extraño ver que este nombre sea guatemalteco, en el que se encuentra un gran número de voces que terminan en peque. En la lengua de Guatemala, peque significa lugar y jequete choclo; de modo que en lengua guatemalteca, Jequetepeque significaría lugar de choclos, ¿cómo ha venido por acá este nombre? ¿Ha habido tal vez alguna inmigración de Centro América? ¿pertenecerían a esta misma nación los habitantes de Eten, Monsefú, Reque, Morropón, etc., cuyos indios llevan el mismo vestido y se asemejan en las facciones? Todas estas cuestiones sería muy importante estudiar, porque nos proporcionarían mucha luz acerca del origen peruano y sobre las antiguas inmigraciones.



Hay de San Pedro a Trujillo, pasando por Paiján y Chocope, 113 kilómetros. El viaje se hace por Puémape, caserío de pescadores que se halla a 12 kilómetros al sur de Pacasmayo siendo la caleta de Malabrigo la primera que se halla al paso antes de entrar al gran valle de Chicama. Siguiendo por la orilla del mar se encuentra después, la caleta del Brujo, la desembocadura del río Chicama, la rada de Huanchaco, Moche, el puerto de Salaverry, la caleta de Guañape, el río Virú, el de Chao y la punta del mismo nombre. Al sur de esta punta termina el departamento de La Libertad y viene a continuar con el de Ancachs. Como ya hemos dicho en el capítulo ríos, son tres los que irrigan esta vasta región: Chicama, Moche y Virú. El primero en una extensión de 35000 hectáreas, el segundo 10000 y el tercero 5000. El valle de Chao no merece mencionarse. Como acontece en casi todos los valles de la costa del Perú, únicamente   -187-   la mitad de los terrenos se hallan cultivados por falta de agua en épocas de sequía. Los estudios de Adams nos dan triste idea de lo poco que en irrigación se ha hecho en el valle de Chicama. No solamente se aprovecha mal el agua que se reparte por medio de acequias, sino que todavía ni siquiera se ha estudiado la manera de represar en grandes reservorios los sobrantes del verano. Los diagramas del ingeniero Lavalle dan para los valles de Santa Catalina y Chicama 22,55% de extensión cultivada y 77,45 de extensión sin cultivar, o sea en 36,239 fanegadas un aprovechamiento de 8180. De estas 64,95% corresponden a caña de azúcar.

A pesar de todo esto, Chicama ha sido durante la centuria uno de los valles más productivos del Perú. No hay lugar en la costa donde se haya invertido mayor capital en la agricultura ni donde la intensidad y perfección técnica en los cultivos hayan llegado a tanto. Sus haciendas producen un poco más de la tercera parte de todo el azúcar que exporta el Perú.

Viniendo de norte a sur en esta costanera sección del territorio, se recorren las poblaciones de Malabrigo, Paiján, Ascope, Santiago de Cao, Trujillo, Huanchaco, Moche y Salaverry. Hasta 1870 Huanchaco fue el único puerto de la comarca. Construido por ese año el ferrocarril a Trujillo, la salida al océano pasó hacia el sur, a un sitio que se llama la garita de Moche y que fue bautizada con el nombre de Salaverry. Posteriormente, la grandeza de la hacienda Roma habilitó de nuevo Huanchaco, y hoy la potente y vida agrícola de la hacienda Casa Grande, acaba de abrir Malabrigo, construyendo en su rada un magnífico muelle. Ninguno de estos puertos tiene buen abrigo, siendo todos forzados fondeaderos, donde es mucho lo que sufre   -188-   la gente de mar dedicada a los servicios de exportación e importación marítima.

Exponente vivo de la poca fortuna que cupo a los antiguos poseedores de las haciendas de Chicama y Santa Catalina, es la situación estacionaria en que se halla la ciudad de Trujillo en 1920. Ricas tierras que por muchos años estuvieron en manos de 45 propietarios, íntegramente han pasado a pocas corporaciones, dos de las cuales son extranjeras. Fueron aquellos propietarios hombres de riqueza, muchos de ellos señores de título y casa solariega en la ciudad norperuana que les vio nacer. ¡Qué diferencia entre la suerte de ellos y la que ha cabido a los terratenientes de otros valles. Ya no hay en la ciudad de Trujillo quien pueda vivir en la grandeza y el boato de los antepasados. Son pocos los que pueden pagar la servidumbre que exigen las grandes mansiones.

Raimondi visitó Trujillo y sus valles en 1868. Son de él las siguientes descripciones:

Trujillo.- Esta bonita ciudad fue fundada en 1535 por Francisco Pizarro, poco después de la fundación de Lima. La llamó así, en recuerdo de la ciudad de España, del mismo nombre donde él nació.

La ciudad, con su hermosa campiña, está limitada por dos ríos: el de Moche que pasa a 5 kilómetros al sur de la población y el de Chicama a 25 kilómetros al norte. En línea recta no dista 2½ kilómetros del mar, pero su puerto, que es Huanchaco, está a 10 kilómetros.

Después de Lima, Trujillo es la única ciudad del Perú que está rodeada por murallas. El área encerrada por éstas o sea la verdadera población tiene la forma de una elipse regular.

La muralla tiene 15 cortinas o bastiones y 5 puertas de entrada que son: la de Moche, la de Mansiche, la de la Sierra, la de Miraflores y la de Huamán.

Después del terremoto de 20 de octubre de 1686 se ha operado un cambio en la atmósfera que ha hecho que no se   -189-   pueda cultivar trigo tanto en el valle de Lima como en los inmediatos a Trujillo. El solo valle de Chicama daba 160000 fanegas de trigo que se llevaban a Panamá y Guayaquil. Este cambio se extendió hasta Lambayeque y Piura y por más de 30 años no se pudo recoger ni la semilla que se había sembrado; pero ahora parece que va recobrando la virtud perdida, como sucede en Lima donde produce 25 por 1.

La parra y el olivo sufren alteraciones muy grandes, quedando 2 ó 3 años sin madurar sus frutos, pero después dan con abundancia. Por esta irregularidad las haciendas de estos productos se han perdido.

La ciudad es muy aseada, con calles anchas, rectas y alegres. Las casas están por lo general bien construidas y hay algunas muy elegantes, lo que da a la población cierto aire que no se encuentra en las demás del Perú.

Lo que proporciona agradable aspecto, es la variedad de la arquitectura de sus casas, que no da lugar a la monotonía de algunas poblaciones cuyas casas son iguales en construcción. Muchas de éstas presentan grandes y hermosos patios, lo cual da a conocer que no se ha economizado terreno. Estas casas ofrecen mucha comodidad en su interior, siendo muy grandes en comparación del número de individuos que las habitan.

Trujillo tiene sobre Lima gran ventaja en la distribución de sus acequias, que no corren abiertas por las calles, despidiendo a veces los miasmas más fétidos, sino que atraviesan, por el interior de las casas ofreciendo gran comodidad para el desagüe y limpieza de la población. Estas acequias están cubiertas comúnmente con tablones que se quitan para limpiarlas. Con esta disposición no se arrojan las basuras a las calles que así se conservan limpias y aseadas.

La ciudad tiene varios paseos, pero por el carácter retraído de sus habitantes son muy poco frecuentados y están algo descuidados. Estos paseos son: la alameda de Mansiche, la de Huamán, la de Moche y el Recreo. Este último está situado en la misma población, tiene un aire sano por hallarse en la parte más elevada y goza de hermosa vista. En el Recreo remata la calle principal llamada del Progreso. En este paseo hay una pequeña pila por la que desgraciadamente rara vez corre el agua.

Esa pequeña alameda tiene grandes árboles de sauce, matas de rosales y en uno de sus extremos está la caja de agua de donde salen las acequias que la distribuyen a la población.

Los establecimientos de diversión que tiene Trujillo son: el teatro antiguo, el teatro de la Libertad, la plaza de toros, situada   -190-   fuera de la población y a la que se va saliendo por una pequeña portada que se abre solamente en los días de función y que está situada casi en la extremidad de la alameda del Recreo.

La plebe de Trujillo es de buen carácter y muy rara vez se oye decir que haya cometido algún crimen. Es de admirar la moralidad de los habitantes de esta provincia, pues se halla colocada entre las de Santa y Chiclayo que se han hecho célebres por el gran número de causas criminales.

Ascope es población reciente, pero va adelantando todos los días a pasos agigantados. Situada casi al extremo del valle de Chicama, en el camino que conduce a la sierra, se puede considerar como la puerta para salir de la costa, y por consiguiente tiene posición favorable para el comercio. En efecto, de poco tiempo a esta parte se han establecido en este pueblo gran número de tiendas de comercio con buen surtido de efectos para hacer activos negocios.



Con la bahía de Santa principia la serie de buenos puertos que tiene el departamento de Ancachs. Atacada y roída su costa por el mar y hallándose esta defendida por cerros de amplia extensión y no despreciable altura, el litoral ancachsino está formado por numerosas entrantes y salientes, las cuales dan a su perfil originalidad que no tiene otro lugar costanero del Perú. Qué contraste tan marcado entre la línea recta, igual, casi uniforme que vemos en la parte septentrional de Santa y la ondulosa que principia en la bahía de este nombre y termina en Huarmey. Todo lo que en el norte es monótono, bajo, casi sin ensenadas ni caletas, aquí en Ancachs toma la característica especial que le dan tres hermosas bahías, numerosos cabos, algunas caletas y hasta el istmo que separa Samanco de Chimbote. Si todo el Perú fuera así, sus costas tendrían poco que envidiar a las de Inglaterra.

A estas ventajas de un orden marítimo, hay que agregar en Ancachs, las que encontramos en los hermosos valles que terminan en el litoral. Si estériles son las pampas   -191-   que median entre los ríos que descienden al océano, valiosos son los valles irrigados, pudiendo todos ellos tener mayor riqueza el día en que se les irrigue en forma científica.

Carecen de agua perenne los valles de Huarmey, Culebra, Casma, Nepeña y Lacramarca. Únicamente tiene agua en exceso el río Santa. Los cuatro primeros son susceptibles de tener mayor irrigación si se represan las lagunas que dan origen a sus ríos en la cordillera Negra.

Las poblaciones de ese litoral han tenido y siguen teniendo escasa importancia que corresponde a valles semiirrigados y semicultivados. Santa dejó de ser hace 48 años la ciudad importante que fue anteriormente. Chimbote, que sólo tiene el mismo tiempo de existencia, le quitó vida marítima. Elegido para servir de puerto a un gran ferrocarril de penetración, dotado de excelente bahía y rodeado de tierras que pueden ser irrigadas, tiene por delante muy lisonjero porvenir. Será tan importante como Mollendo y Paita. Hoy es una aldea de escaso movimiento comercial y en la que todo está en ruina.

Samanco, Nepeña, Moro, Casma y Huarmey, han tenido mejor suerte que Santa, especialmente Casma, cuyo puerto hace muchos años es la principal salida de Huaraz y de buena parte del callejón de Huaylas. Casma dista tres leguas de Samanco, seis de Santa y ocho de Huarmey.

Media entre Huarmey y el río de la Fortaleza, 18 leguas de terrenos estériles. El viaje a caballo es penoso por la aridez del terreno y por las pampas arenosas que hay que cruzar. Entre estas pampas, ninguna tan terrible para el caminante como la conocida con el nombre de Matacaballos. El viaje se puede hacer en su principio por canto de playa o por un camino que dista dos y medio kilómetros del mar. De Huarmey a Matacaballos hay 25 kilómetros y de   -192-   esta pampa a la Zorra, 15. Desde este punto se divisan los cerrillos de las Tetas, notables por sus 1620 pies de elevación. La Zorra, como también Gramadal, son los únicos sitios del trayecto donde se nota algo de vegetación, debido a la presencia de agua subterránea. Saliendo de estos pequeños oasis se vuelve a entrar en el desierto, siendo preciso marchar primero por la orilla del mar y pasar de trecho en trecho pequeñas cuestas y después por los llanos situados entre Gramadal y Bermejos, llanos que terminan en la conocida cuesta de los Callejones. A la izquierda de estos pasajes, yendo hacia el sur, se contempla el hermoso cerro Darwin, que se descubre de muy lejos por su forma cónica y sus 5800 pies de altura. Vienen después ondulados cerros de muy original aspecto por la coloración verde, amarilla y ocre de sus tierras, y por último las ruinas de la fortaleza de Paramonga. A pocos kilómetros principian los campos que irrigan los ríos de la Fortaleza, Pativilca y Supe, y nuevamente vuélvese a la zona habitada y productiva, cuya vida manifiesta en el verdor de los campos, forma contraste extraordinario con la aridez del desierto recorrido. Al entrar en esas tierras de labor, en esas planicies amarillentas o verdes según el cultivo de caña de azúcar o algodón, hasta las acémilas se reaniman. Todas ellas apuran el paso y relinchan de placer como si los vientos del sur trajeran a su olfato aromas de guarango, y sauce, penetrantes perfumes de alfalfa en flor.

Por desgracia, estos oasis, que nunca tienen anchura mayor de siete leguas y que a veces como sucede en los valles pequeños sólo bordean el litoral en dos o tres kilómetros, apenas llegan a 64 en toda la costa del Perú. El resto de esa costa es estéril, inhabitable, como que no hay agua y en su mayor parte está cubierta de arena. Si toda estuviera   -193-   irrigada, el Perú, en su litoral, por la calidad de los terrenos y el valimiento de los productos sería tan rico como Cuba. Muchas son las posibilidades que existen para darle agua y aumentar siquiera en un 50% lo que hoy está bajo riego. Los hombres del siglo XIX, más por negligencia que por imposibilidad económica, abstuviéronse de iniciar esta obra de civilización, esta conquista del suelo, por medio de la ingeniería, del capital y del trabajo. Según Raimondi, en siglos pasados descendía al océano por nuestros ríos mayor cantidad de agua de la que hoy baja. Es esta una causa geográfica desfavorable a nuestro progreso y que por desgracia no está en nuestras manos remediar1.




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Costas de la provincia de Chancay

Desde el río de la Fortaleza hasta Cañete la costa es montañosa y en muchas partes el mar ataca con furia la base de los rocosos cerros. Esta acción marítima ha contribuido a formar los acantilados del litoral que median entre valle y valle, acantilados de los cuales son magnífica muestra los barrancos   -194-   del río Pativilca y los que vemos entre el Callao y Chilca. Por este motivo, un viaje terrestre hacia el sur es penoso, y una vía férrea entre dos lugares, como sucede entre Huacho y Lurín, resulta ondulosa y llena de subidas y bajadas.

El único puerto de la zona agrícola que principia con la hacienda de Paramonga y termina con la de San Nicolás, es el de Supe, siendo Barranca la principal ciudad de los valles donde están situadas las haciendas mencionadas. Tanto Supe como Barranca han progresado muchísimo y tendrían mayor valimiento si se aprovecharan mejor las aguas del río de Pativilca, uno de los más importantes de la costa, bajo el punto de vista de su caudal y de su curso permanente. Los estudios realizados para aprovechar mejor sus aguas, irrigando las pampas inmediatas a Supe, se hicieron en 1904, habiendo faltado capitalistas para llevar a cabo la obra.

Entre la caleta Corral de Vacas y Huaura, primera población del valle de su nombre, media un desierto de seis leguas. Dejando Huaura y caminando hacia el sur, se halla la ciudad de Huacho, centro importante de comercio y agricultura, donde termina el viaje a caballo para los que vienen del norte. Un ferrocarril le une con Lima, y los ascensos y descensos que tiene esta vía, su fuerte gradiente y las enormes curvas que describe entre Huacho y Ancón, nos dan una idea de la accidentación de nuestra costa. No solamente falta agua en los desiertos que median entre valle y valle, sino paso fácil para la construcción de ferrocarriles o carreteras. Por esta causa, jamás se ha tomado en serio el propósito de unir Piura con Lima por medio de una vía férrea.

El valle de Huaura, que otros llaman de Huacho, tiene cultivadas 2959 fanegadas sobre una área de 3690, o sea   -195-   el 82%. A la caña corresponde 16% y al algodón 42%. Estos datos son tomados del libro del ingeniero Lavalle. En la pampa de las Ánimas existen 2000 hectáreas susceptibles de ser irrigadas si se construyera un canal más abajo del sitio en que nace la acequia de Huacho. El plano y los estudios están hechos, pero la obra no se ha realizado. También al norte de Huaral, en el valle de Chancay, que tiene el 78% de su extensión cultivada, existe una enorme pampa sin agua, la que ni siquiera ha sido medida ni estudiada. Los propósitos para aumentar la irrigación del valle de Chillón tienen más importancia que los anteriores, alcanzando a 16000 hectáreas la extensión de las pampas incultas en Ancón. Estas pudieran tener agua, si se represaran las lagunas de Azulcocha, Chunchucocha y Torococha, situadas en la cumbre de la cordillera, represa que almacenaría 74 millones de metros cúbicos de agua. Los terrenos bajo riego en el valle de Chillón solo alcanzan a 12000 hectáreas.

Toda la importancia que tuvo Huaura en 1821, la tiene al presente la ciudad de Huacho. Su situación favorable sobre un alto barranco con vista al mar, su clima, la riqueza de sus campesinos, la misma unión a Lima por ferrocarril, todo en conjunto ha contribuido al progreso que hoy tiene. Raimondi lo visitó en 1867, y dijo de él lo siguiente:

En el día la villa de Huacho es la capital de la provincia de Chancay (hasta hace pocos años Huaura era la dicha capital) situada a 5 kilómetros de distancia. La posición más ventajosa de Huacho respecto a Huaura -Huacho es puerto- hizo que esta población progresara rápidamente.

Huacho, que bajo el gobierno español era pueblecito de indígenas, hoy, mediante la facilidad de comunicación con la capital por diferentes compañías de vapores establecidas en el Pacífico, progresa a pasos agigantados y después de pocos años será una de las más importantes poblaciones de la costa del Perú.

El adelanto de Huacho data de la Independencia y siguió   -196-   hasta 1840. En esta época hubo una sublevación de los indios con amenaza de muerte para los que no eran de su raza, cosa que produjo retardo en el progreso de este pueblo.

En estos últimos años, con el establecimiento de los vapores caleteros, la exportación de los cochinos y gallinas, y principalmente de las frutas, tomó mayor ensanche y la población siguió su marcha, engrandeciéndose cada vez más. Se construyeron nuevas casas, se estableció un buen hotel, se hizo muelle y buen camino para bajar al puerto, además de otras mejoras. Por último lo que da idea de su gran adelanto y del bienestar de sus pobladores es que actualmente se construye un bonito teatro.

Su clima es inmejorable, puesto que aún en las épocas de mayor calor, sopla fuerte brisa del mar que refresca la atmósfera y pasando por la población arrastra los miasmas que se desprenden del terreno.

En Huacho se goza de aire bueno y de la infatigable vista del mar y al mismo tiempo de las delicias que proporciona su verde y alegre campiña. Con dificultad se puede dar idea de la variedad de cuadros y escenas campestres que se presentan sucesivamente, al recorrer los innumerables callejones que se cruzan en todo sentido, sombreados casi enteramente por árboles y atravesados por sinnúmero de acequias con puentes de palo, formando verdadero laberinto, enmedio del cual, a cada paso, se encuentra casitas del más variado aspecto; aquí una decente, con paredes blanqueadas; allá, otra, rústica, construida sencillamente con barro; por otro lado, una simple casucha de caña; adelante, choza cuyas paredes son de esteras de totora y que representan las primitivas construcciones de Huacho. Estas hermosas casitas multiplican la variedad de los cuadros, con los cultivos distintos que las rodean, viéndose trechos cultivados de maíz, otros de alfalfa, de ají, pepinos, caña, algodón, etc. A esto hay que añadir los numerosos árboles frutales que adornan y rompen la monotonía, cambiando a cada paso el aspecto del paisaje y dando lugar a continuo contraste, producido por la forma distinta y el diferente matiz del follaje y crecen entremezclados el sombrío lúcumo, el verde chirimoyo, el pulverulento pacae, el frondoso palto y el hermoso naranjo cargados de innumerables y dorados frutos, que por su peso enorme doblegan las ramas hacia el suelo, poniendo sus dulces y refrescantes frutos a nuestro alcance, como convidando a tomarlos para apagar la sed producida por el ardoroso clima de los trópicos.

Conocida en Lima, de poco tiempo a esta parte, la salubridad   -197-   del clima de Huacho y los recursos que ofrece esta población, varias familias decidieron trasladarse allí, para pasar la estación de baños o para convalecer. Restablecidas completamente y habiendo experimentado lo agradable del clima alentaron a otras a seguir su ejemplo. Actualmente, Huacho, parece que entra de moda, pues las familias prefieren la vida sencilla del campo, al excesivo lujo que se ha desarrollado en Chorrillos; lo que hace esperar que en breve, será el lugar preferido para pasar algunos días de campo, tomar baños de mar y recobrar la salud perdida.

La Municipalidad, por su parte, introduce nuevas mejoras cada día; para esto tiene a su disposición las rentas que proporcionan sus extensas salinas.

El puerto forma una ensenada grande, limitada por dos puntas salientes; una de éstas, la que está hacia el N la forma una lomada, en cuya parte superior se ve un mojón de tierra que parece artificial y en donde se encuentra restos de la industria humana excavando a poca profundidad. Toda la parte elevada de esta lomada se halla cubierta de conchas fragmentadas.

Al otro lado de la lomada hay una ranchería de indios pescadores llamada Carquín y en la ensenada que forma el mar se observa los restos de un vapor que naufragó hace dos años.

La campiña de Huacho forma una ensenada, limitada, de un lado, por cadena de cerros, que se extiende hasta la punta al sur del puerto y que se pasa para ir a las lomas de Chancay y que encierra también una pampa grande, sin agua, llamada de las Ánimas.

Esta pampa que al presente es improductiva, puede transformarse en otra verde, mediante una acequia que se saque del río, poco más arriba de la que sirve para el riego actual de la campiña. Una compañía o sociedad que acometiera esta empresa, ganaría inmensamente, ahora que los terrenos de Huacho adquieren cada día valor mayor. Hacia el N tiene el río de Huaura, cuya agua sirve para dar vida a todo el valle; por último hacia el O, limita con el mar.

En esta campiña, como se ha dicho, hay innumerables casitas, pero el punto que se podría considerar como la capital de este mar de verdura, es el lugar llamado Luriama, que da nombre a la misma campiña.

El río de Huaura, cerca del puente, corre de ENE a   -198-   OSO y el camino va de S a N. En la banda derecha del río, a pocos pasos del puente, hay una capillita donde se venera una virgen que se dice aparecida, pintada en la peña.

En las inmediaciones de Huacho hay algunas haciendas, entre las cuales se puede contar la del Ingenio, situada a 5 kilómetros y al canto de la población de Huaura. En esta hacienda se cultiva caña y algodón. Para la caña tiene dos trapiches. Se fabrica azúcar y los residuos se destilan para hacer aguardiente. Del algodón se cultiva dos variedades, el de Ica y el de Egipto. Este último da más pronto, pero no produce tanto como el otro y además hay que sembrarlo todos los años. La hacienda de Quipico cuya industria era antes la cría de chanchos, hoy día es de algodón y se ha abandonado completamente la cría de cochinos. Vilcahuaura, situada a 25 kilómetros de Huacho en el camino de Sayán, también tiene cultivos de algodón.

En Huacho hay una buena plaza de mercado, cubierta. Está bien surtida y se vende en ella a más de la carne, legumbres, frutas y muchas clases de pescado.

La plaza mayor es grande, pero las casas que la rodean son de muy mezquina apariencia. La iglesia se quemó hace casi dos años y el puente se reconstruye.

La instrucción, gracias a los fondos que tiene la municipalidad, con el impuesto de medio real por cada piedra de sal, está bien atendida, sosteniéndose 6 escuelas, de las cuales 5 son para hombres. Además de éstas, se fomenta otra en Huaura, porque esta población no tiene rentas suficientes.

Las casas varían mucho, desde la simple choza de totora, al estilo primitivo, hasta las elegantes de construcción moderna.

El pan de Huacho es muy bueno, semejándose al de Chorrillos.



Chancay, como lugar de residencia ha perdido mucho en población y en condiciones sociales. En cambio, Ancón, que cuando le visitó Raimondi el año de 1859 era un pueblo de pescadores que vivían en rústicas chozas, se ha convertido desde la época del presidente Balta, que fue quien le dio importancia, en un aristocrático y lujoso balneario.





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