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ArribaEl Idioma Euskaro

A. Noticias gramaticales.

B. Vocabulario Vasco-Español.


Es de todo punto indispensable dar a conocer, aunque sea someramente, al lector de esta obra, algunas noticias y reglas generales de esta lengua que ha ocupado y seguirá ocupando la atención de los filólogos. Sin ellas no podría darse cuenta exacta de las etimologías, ni siquiera de la ortografía de los apellidos vascos.

Con este objeto hemos extractado lo más indispensable de D. Arturo Campión, López de Mendizábal y otros maestros. También hemos recogido interesantes noticias en la magnífica obra titulada L'Epagne et le Portugal Illustrés, escrita por Mr. P. Jousset.

Este nombre de vascos, sin excluir a los navarros, se les da como supuestos descendientes de los que los romanos llamaban vascones, palabra que se conserva fuera del territorio de aquéllos, en la toponimia de varios lugares de Castilla la Vieja. El calificativo de vascongados aplicado a guipuzcoanos, vizcaínos y alaveses, y correspondiente, por lo tanto, a los territorios de los autrigones, caristios y várdulos, entre cántabros y vascones, es una participio pasivo derivado de vascón, así como el calificativo de vascuense que se da a esta lengua deriva de vasco, de la misma manera que romance de Roma.

No es bien conocida la palabra indígena ibérica de que los romanos formaron la de vascones, pero los vascos se llaman a si mismo euskaldun, euskeldun o eskualdun y el idioma mismo lo denominan euskera, euskara, eskuara, eskuera, etc., según los dialectos. Esta palabra significa: «el noble lenguaje».

Se admite, generalmente, que los iberos fueron los primeros colonizadores de la Península. Estos eran los riberanos del Iberus (Ebro). Strabon, en su Carta designa tres tribus ocupantes del territorio de aquel río: los ilergetas, los cántabros y los vascones, cuyo nombre ha pasado a los vascos. Éstos ocupaban los territorios de Navarra y de Álava actuales; Guipúzcoa y Vizcaya pertenecían a los cántabros y los ilergetas descendían por la ribera del río, bordeando las montañas. En la región accidentada que ocupaban, rica en agua y en pastos, los iberos se creían invencibles. Roma los desalojó de la ribera derecha del Ebro superior: Numancia, su puesto de avanzada, fue tomada al precio de cruentos sacrificios. Contra Roma lucharon los iberos durante trescientos años sin desmayar. Al fin, diezmados y rechazados por la ola siempre creciente de la invasión, se refugiaron en las montañas y de allí, entonces, no hubo fuerza humana capaz de desarraigarlos.

Para poder apreciarlos debidamente, se desearía encontrar las huellas de este pueblo admirable, pero el tiempo, la naturaleza y los hombres, que con todo concluyen, casi nada han dejado.

Sin embargo, los últimos 50 años han traído felices descubrimientos que permiten divisar algunas vagas siluetas en el alejamiento de las edades. Es todo un mundo desaparecido el que surge de la vieja tierra ibérica, pues habría sido bastante extraño que los iberos, a los cuales se les reconoce una civilización relativamente avanzada, no hubieran dejado señales de su paso. Es bien sabido que sobresalían en el arte de trabajar los metales y por esto no debemos admirarnos que se halla encontrado gran número de piezas y medallas fundidas y grabadas por ellos. En Castellón de la Plana, en 1851, fue recogida una placa de plomo de 0,435 de largo por 0,04 de ancho, sobre la que estaba grabado un texto de 21 palabras distribuidas en 4 líneas, en caracteres completamente desconocidos.

Pero los iberos, felizmente, nos han dejado huellas menos materiales que sirven para reconocerlos y que perduran en el suelo que ocuparon, y son los nombres de algunas localidades, apenas desfigurados, citados por los autores romanos. Como estas palabras ibéricas no se descifran sino por medio de la lengua vasca, se llega a la conclusión de que, si no son vascos puros, a lo menos los vascos son los descendientes auténticos de los iberos y que en ellos sobrevive una raza que se creía perdida. Esta es la opinión comúnmente admitida por los vascófilos más autorizados.

Después de la toma de Numancia, cuando los iberos fueron empujados a las montañas, se unieron los habitantes de una y otra vertiente de los Pirineos formando un núcleo compacto, acantonado en la región más inaccesible y militarmente impracticable, que podía defenderse con la menor cantidad de hombres posible contra el mayor número.

Las invasiones han valido a los vascos seis o siete siglos de aislamiento intransigente. Bárbaros eran cuando Carlomagno fue a combatir al Moro con sus paladines, y lo siguen siendo cuando Eymery Picaud franquea los Pirineos escoltando a Compostela a la rica y bellísima Gerberga, noble dama de Flandes. Este peregrino ha dejado la relación de su viaje, publicado por el P. Fita y Juliano Vinson.

De hecho, como ya lo hemos asegurado, los vascos no se sometieron jamás a príncipe alguno. Por esto, aún al finalizar el siglo XVIII, sostenían que, no habiendo sido nunca conquistados, ni sus bien infeudados, todas sus tierras eran libres, tanto como sus personas, y que, en consecuencia, no podían ser sometidos a ningún impuesto, como simples siervos de la gleba. Por este motivo se jactan de ser todos hidalgos: las más humildes y sencillas moradas rústicas ostentan sobre sus puertas los derruidos blasones en los cuales apenas se descifran sus antecedencias ancestrales. Su nobleza es muy anterior a la de los cruzados y poca falta les hacen los pergaminos, puesto que son vascos y, por lo tanto, ellos no datan...

¡Cuán justificada está la rudeza con que han defendido hasta nuestros tiempos las inmunidades heredadas de sus abuelos!

Si la tenacidad fuera la cualidad sobresaliente de los vascos y si por ellos revivieran la lengua, las tradiciones y las costumbres de los iberos, sólo por esto merecerían los elogios de la posteridad.

La lengua es la más clara manifestación de una raza: por ella se transmiten las tradiciones ancestrales y por más que las crueldades de la guerra o de la política dividan a un pueblo en menudos trozos, si conserva su idioma, sobrevivirá al naufragio de sus libertades.

Todos los que conocen la lengua vasca tienen agrado en alabar su riqueza al par que su sencillez.

Pero su exuberancia es para nosotros desconcertante. El Príncipe Luciano Bonaparte, tan versado en estas materias, enumera, a más de 8 dialectos, 25 subdialectos con más de 50 variedades. Las formas simples se adaptan con extrema facilidad a la combinación de palabras: con la sola raíz kandi, por ej., se pueden formar 23 palabras, cada una de las cuales expresa una derivación de la idea madre. Júzguese, dice Jousset, de la infinita variedad, de la delicadeza de expresiones, de la souplesse que originará tal lenguaje.

Th. d'Abaddie ha revelado la flagrante analogía de la sintaxis vasca con la de las lenguas uralo-altaicas de raza turaniana. En su importante Memoria sobre la Lengua Vasca, el Príncipe Bonaparte demuestra que la Gramática de estas lenguas presenta semejanzas evidentes. Hay, además, importantes afinidades entre el vasco y los idiomas del Nuevo Mundo: Charancey, en un estudio bien documentado, hace resaltar sus puntos de contacto. El sabio Ampére, por su parte, sostiene que el euskara, lengua de los iberos y de los vascos, fue la lengua preariana del Lacio. Esta opinión fue justificada en 1885 por un descubrimiento resonante: las siete tabletas de bronce encontradas cerca de Gubbio, en la Umbría, por los años de 1414, y cuyas inscripciones etruscas no habían podido explicar los epigrafistas, las descifró el canadiense Mr. Campbell valiéndose... ¡del vasco!

De aquí se ha sacado el parentesco de la lengua etrusca con la euskérica, y como una parte del texto descifrado se aproxima al gálico, es fácil agregar a la misma familia lingüística a los irlandeses, a los umbrío-etruscos y a los ibero-euskaldunas.

Las afinidades del vasco con el griego primitivo no han menester de demostración. El abate Espagnolle, en su Origen de los Vascos, cita múltiples ejemplos.

Habría, pues, entre los euskaldunas y los primitivos pelasgos un lazo de unión apenas disimulado. Hércules legendario pasa desde el país pelásgico a Iberia: en toda fábula hay un fondo de verdad.

También el vasco muestra afinidades étnicas con los pueblos que colonizaron la Grecia, la Italia y la España peninsular. Por otra parte, se asemeja a la lengua de fineses-uralianos, hermanos de los coptos y de los fellahs de Egipto, y como estos idiomas se ligan a los de los aztecas, los incas y otros pueblos indígenas de América se puede casi afirmar el parentesco de los iberos, antepasados de los vascos, con esos pueblos, todos los que, al fin de cuentas, no serían sino ramas dispersas de una misma familia.

Analogías tanto o más sugestivas pueden encontrarse en las creencias tradicionales de los euskaldunas, en sus costumbres funerarias, en sus ideas de la muerte («la gran noche», como la llaman), de la expiación, de un bien perdido que se hallaría en el más allá, en los rasgos esenciales del cuerpo, en sus juegos que son el culto de la fuerza, en sus danzas, en su música, en sus representaciones pastorales, etc., etc.

El euskara es lengua aglutinante con tendencias al polisintetismo. Su dominio, según Broca, se extiende en formación compacta de Bilbao a Bayona, entre el Océano y las fuentes superiores del Ebro y del Aragón. Vizcaya, Álava, Guipúzcoa, el antiguo Reino de Navarra con la Alta y Baja Navarra y los países de Laburdi y Zuberoa, aunque separados, estos últimos unidos a Francia, los otros a España, constituyen una misma y sola familia.

La hablan actualmente los habitantes de una faja de Álava, los de las tres cuartas partes de Vizcaya, toda Guipúzcoa y las regiones del N., N. O. y N. E. de Pamplona. En Francia es el habla del arrondissement de Bayona casi entero y de la commune de Mauelón, o sea, de los antiguos países de Soule, Labourd y Base Navarre.

La lengua euskara se divide en ocho dialectos, matizados por multitud de variedades, como ya se ha leído. Dichos dialectos son: el vizcaíno, el guipuzcoano, el alto-navarro septentrional y al alto-navarro meridional, en España; el suletino, el labortano, el bajo-navarro oriental y el bajo-navarro occidental, en Francia24.


Apuntes gramaticales

Alfabeto: a, b, ch, d, e, g, i, j, k, l, ll, m, n, ñ, o, p, r, rr, s, sh, (como la inglesa), t, tt, (viva voz), ts (se pronuncian las dos a un tiempo), tz (como la z italiana), u, y, z (como la ç francesa). No existen la c, f, h, q, v, w, x.

Acento tónico: Se carga en la última sílaba. En las palabras de más de dos sílabas, se acentúa también la primera, aunque algo menos: échéa = la casa. Las palabras en plural acentúan más la primera sílaba. En algunas regiones acentúan en el plural la penúltima sílaba. No se usa el acento ortográfico.

El artículo: No existen géneros: los artículos él, la, los, las, lo, se traducen por a (singular) y ak (plural), colocados al final de las palabras: eche = casa; echea = la casa; echeak = las casas. Para dar más expresión a una frase se usa el plural ok: gustiok joango gera = iremos todos. Tanto el nombre sustantivo como el adjetivo carecen de género gramatical: zaldi zuria = caballo blanco; eche zuria = casa blanca. Las palabras terminadas en r y en l, al tomar el artículo las duplican: zar = viejo; zarra = el viejo; bonbil, bonbilla (botella, la botella).

El adjetivo se coloca siempre detrás del sustantivo: neskach ederra = la muchacha hermosa; eche alai = casa alegre. Si se dijera alai eche, significaría casa del alegre, pues en este caso alai pasaría a ser sustantivo. Nótese que el artículo se coloca al final del adjetivo.

El adverbio se coloca inmediatamente antes del verbo.

Los apellidos deben anteponerse a los nombres: Mendizábal'tar Joshe Mari; Ugarte'tar Anton (José María de Mendizábal y Antonio de Ugarte).

De dos nombres que vengan juntos se ha de anteponer el más limitador: Pachí-argiña = el cantero Francisco; Mendiburu-aita = el padre Mendiburu.

Los sonidos que en español se escriben gue, gui, en vasco se escriben ge, gi: Egiguren, Elgea; es decir la g tiene siempre sonido suave, como en ga, go, gu.

En euskera el sonido m nunca precede a b o p. Por tanto debe escribirse Aranburu, Zaldunbide, etc.

La y no tiene sonido de vocal.

La k reemplaza a la q en los sonidos que, qui, y a la c, en los sonidos ca, co, cu.

Ninguna palabra vasca principia con r, por eso en las tumbas de lengua extraña se antepone alguna vocal: errege = rey; arrosa = rosa. Sin embargo se encuentran muchos apellidos, como p. ej. Recabarren, que han perdido la e inicial (de erreka = río).

Contracciones: Revisten distintas formas: de sagar (manzana) y ardo (vino) = sagardo (sidra). De baso (bosque) y urde (cerdo) = basurde (jabalí) etc.

Letras eufónicas: Intercalación de la b: de buru (cabeza), burua, (la cabeza), se pronuncia frecuentemente baruba, etc. Intercalación de la y: mendia (el monte) = mendiya, etc. Por tanto: ua se pronuncia uba; ira = iya.

Permutación de vocales: ea se pronuncia también ia: gosea, gosia = el hambre; oa se pronuncia también ua: besoa, besua = el brazo.

Si al diptongo au sigue vocal, la u se cambia en b; gaberdi, por gauerdi; gabon, por gauon.

Permutación de consonantes:

d en r: edan (beber), se pronuncia con frecuencia eran;

en f: par (risa), far;

z en ch: zuri (blanco), churi; zakur (perro), chakur;

r en l: abere (animal) y gorri (rojo) forman: abelgorri (ganado vacuno);

en ñ: cuando va precedida de i, seguida de vocal: de arin (ligero), ariña (lo ligero);

tz y t en zt: de itz y tegi (palabra y lugar o local) se hace iztegi = diccionario;

ts y t en st: de uts y tu (vacío y sufijo verbificador) se hace ustu = vaciar.

Composición: Se forma gran número de palabras combinando 2 palabras simples o radicales, de las cuales la primera califica a la segunda. Se escriben en una sola cuando su combinación está sancionada por el uso y cuando no da lugar a confusiones, de lo contrario se ponen separadas por un guión. Ej.: sagardotegi = sidrería; itzaldi = discurso; giza-lanak = trabajos de hombres; erregi-alki = tronco.

La libertad de estas creaciones es absoluta. Existe cierto número de palabras que entran muy a menudo en la composición de otras, verb. gr.:

Alde = lado, región próxima, costado, inmediación, junto á, (Elizalde, Lizarralde, Aldecoa, etc.);

Aldi = sucesión, vez, espacio de tiempo, ocasión, (itzaldi = discurso);

Be, pe = bajo, inferior (Basabe, Uribe, illumpe = oscuridad);

Bide = camino (Bidaurre, Zaldunbide);

Dun = poseedor (euskaldun = que posee el idioma éuskaro);

Egille, gille = hacedor, el que posee o ejerce un oficio o profesión, (zillar-gille = platero);

Egin, ekin, gin, kin = Id. id.: (zurgin = leñador, carpintero; argin = cantero);

Egintza, gintza = fabricación, oficio, lugar del trabajo; (argintza = cantero; langintza = ocupación);

Ez = carencia, negación (ondoetza = indisposición);

Gai, kai = asunto, capaz para, apto, materia, aspirante a, (ezkongai = apto para casarse, soltero; andregai = novia, de andre = mujer);

Gaitz, kaitz = mal, enfermedad, difícil (sinisgaitz = increíble; moldakaitz = torpe);

Men = capacidad, poder, facultad, potencialidad (se une a nombres verbales): (ikusmen = facultad de ver; adimen = inteligencia);

Tegi, degi = sitio, lugar, local. La 2ª forma se usa después de l, n: (sagardotegi = sidrería; arrandegi = pescadería);

Toki = lugar, sitio (cherritoki = pocilga);

Une = momento, lugar, espacio (utsune = defecto; urmeune = vado);

Uts = vacío, desnudo, puro, neto (oiñuts = descalzo: euskaldunuts = (vasco neto);

Utsik = en estado de (oiñutsik = descalzo);

Zai = guarda, custodio (artzai = pastor; umezai = niñera);

Zale, tzale = aficionado a (euskalzale = vascófilo; urzale = aguado).

Y muchas otras que se emplean en la verbificación.

Derivación: El euskera puede dar infinidad de matices a las palabras por medio de sus numerosos y notables sufijos. Estos carecen por sí mismos de significación. Pondremos aquí los que pueden interesarnos:

Ada, kada = acción, movimiento (zarratada = desgarrón; ostikada = coz);

Aga = lugar o sitio de, abundancia, etc.; muy usado en toponimia (zumarraga = lugar de olmos, olmedal; arrigorriaga = lugar de piedras rojas);

Ago = más (ederrago = más hermoso);

Ar, dar, tar = natural de, oriundo de (tolosar = tolosano; irundar = irunés, bizkaitar = vizcaíno; se usa entre el apellido y el nombre, como hemos visto = Mendizabal'tar Anton);

Ari, lari = profesión o afición favorita, muy usada en los deportes: (achur-lari = cavador; pelotari = jugador de pelota);

Cho = diminutivo (gizoncho = hombrecito). Significa también algo, un poco.

Di, ti = abundancia, conjunto de (arantzadi = espinal; arizti = robledal);

Egi = demasiado (ederregi = demasiado hermoso). No debe confundirse con Egi = ladera, que tan a menudo se encuentra en los apellidos.

En, ena = sufijo de comparación (audiena = el más grande);

Enea, nea = casa de (Andresenea = la casa de Andrés);

Era = dimensión de los cuerpos (aundiera = altura; zabalera = anchura);

Eta = pluralidad, abundancia, lugar de (arrieta = pedregal; aritzeta = robledal). Muy usado en toponimia.

Garri = causa, productor de, digno de, (izugarri = espantoso; ikaragarri = temible; kupigarri = digno de lástima);

Guren = límite, linde, confín, (aranguren = límite del valle; ibarguren = límite de la vega; egiguren = límite de la ladera);

Ik = estado en que se encuentra una cosa. (utsik = vacío);

Ka = privación, (chertaka = no ingertado);

Kada = contenido, medida, (eskukada = contenido de una mano llena);

Keri = cualidad viciosa, (arrokeri = orgullo; gaiztakeri = maldad);

Ki = equivale al sufijo mente, (ederki = hermosamente);

Kide = equivale al prefijo con, co; (maikide = comensal);

Sta, ska = palidez de un color, (gorrista = rojizo; zurriska = blanquecino);

Tasun = cualidad abstracta natural, (edertasun = hermosura);

Ti, di = con frecuencia, (gesusti = mentiroso; obendi = pecador);

Tsu = abundancia, (itzalsu = sombrío; berritsu = charlatán; dartsu = forzudo);

Tza = montón de, grupo, pluralidad, (lizartza = fresnal; dirutza = montón de dinero);

Tza = acto de, (laguntza = ayuda; bizitza = vida);

Tza = profesión, oficio, (arrantza = pescador);

Tzaille = agente, oficio, (aditzaille = oyente; garbitzaille = limpiador);

Tzar = aumentativo, (gizontar = hombrachón; echetzar = casón, casona. En Chile decimos caserón);

Zale = agente, (esnezale = lechero; artzekozale = acreedor);

Zko = manera, modo, (biñezko = peatón; zaldizko = jinete);

Zko = forma adjetivos, (arrizko = pétreo; aragizko = carnal);

Hay muchos otros sufijos que se emplean en formas verbales.




El vocabulario vasco-español

El vocabulario vasco-español que va a continuación ayudará eficazmente a conocer el significado de muchos apellidos, villas, lugares, etc., de origen vasco. Está formado exclusivamente con palabras que se refieren a la naturaleza, al hombre, a la fauna y flora, accidentes topográficos, utensilios, etc., habiendo escogido como es natural, aquellas voces más conocidas.