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b) Alto-aragonés

La voz patrimonial por excelencia es aratru «el arado». De las varias soluciones a que da lugar, la más arcaica es latre, documentada casi únicamente en toponimia y con rasgos de remota antigüedad (conservación de la oclusiva sorda). In dudablemente es más moderna la forma aladro, con influencias posibles de catalán o castellano (téngase en cuenta las referencias medievales que indican extensión de la voz por Castilla, mientras nos falta documentación aragonesa, págs. 3, t o). A un tercer momento pertenece la forma arau de Biescas y Huesca: voz castellana que penetraría por el aragonés medio (Zaragoza) e iría ganando terreno hacia el Norte, donde hoy se enfrenta con aladro.

La misma misión que arau viene a cumplir reja, que sustituye a la antigua forma aladre en Biscarrués, Los Anglis, Campo de Jaca. Para la modernidad de la voz reja, vid. abajo pág. 1532.

En otros dialectos románicos -catalán, portugués- la influencia francesa hizo adoptar la forma carruca, remotamente celta, y llegar a imponerse: tortosismo xaruga, portugués charrua. En castellano el galicismo no significó arado (pág. 4). La voz es desconocida al aragonés.

Palabra muy antigua es *appariu, semejante a apparatu. Kuhn, en los Studien citados más arriba, dice: «apéro, que significa en otras partes (Aineto, Huesca, por ejemplo) cualquier clase de instrumento agrícola, en Ansó y Hecho es la herramienta por excelencia, y, como vocablo, el más antiguo» (pág. 564). Hay que hacer una pequeña salvedad: como palabra sí es antigua; como «arado» más moderna que latre o aladro. Téngase en cuenta que su nuevo valor ha venido por una traslación de sentido, por metonimia. Esta razón nos mueve a considerar el valor como relativamente moderno y a incorporar la voz, en cuanto a su cronología, al grupo de los derivados de vomer33.

Aratru y *appariu hacen referencia al instrumento considerado en forma genérica. Las especificaciones son siempre posteriores. Así, cuando se distinguen las clases de reja, surgen valores nuevos. La modernidad de tales valores se acentúa más en las designaciones románicas: la «reja» pasa a caracterizar al «arado completo» y aun a suplantar su nombre. En este momento entran en liza las formas coetáneas regula y vomer.

Para reja, vid. más arriba, pág. 15.

Los derivados de vomer no requieren mayor momento. Se sabe, Letra o> es anterior a (Vid. Menéndez Pidal, Orígenes, § 24). Guambre y güembre tienen su g- por desarrollo de fonema consonántico por el w- (vid. Navarro Tomás, Pronunciación, § 28). En uembre este elemento consonántico todavía no se ha de sarrollado. En KA, pág. 66, se lee Vocablo 1, en la 91 Vocablo 2 (las dos formas referidas a los mismos objetos y localidad).

Señalemos, finalmente, que vomer deja derivados traspirenaicos: Vocablo 3 (Lescun, Misc. Alcover, pág. 367) boume en las Landas orientales, bóme en las occidentales (citados por Rohlfs, Le Gascon, pág. 75); boume (Arrens, en el Bearne), bomet (Bagneres de Bigorre), según el ALF, mapa núm. 1234, Soc de la charrue.

Cuando el arado dejó de ser instrumento de fabricación local, cuando la importación trajo el hierro sustituyendo a la madera, entonces surgió el término técnico por excelencia: maquina, voz moderna e importada. Con ella penetran otras especificaciones: braban y rusal, pero estas voces modernas designando instrumentos aratorios y aun dentro de los dialectos pirenaicos, presentan aspecto extraño: la primera es de indudable origen francés; la segunda se aleja de los otros derivados aragoneses de *rosic.

No creemos necesario insistir en nuestro criterio de prescindir de todas aquellas voces que, no siendo patrimoniales de los dialectos que nos ocupan, no ofrecen dentro de ellos una evolución lingüística tradicional.

Figura 15

Fig. 15.- Cutre aragonés

Ahora bien, ¿cuál fue la suerte de cutter en alto-aragonés? Hemos visto cómo el dialectalismo medieval cuytre se mantuvo en Navarra y también hemos considerado cómo guambre ocupa su puesto en Aragón. Con cutre (< cuytre < culter) se plantea la misma cuestión que con arado, adaro respecto a golde; el problema se resuelve, esta vez, con mayor exactitud etimológica. Cutre, en Aragón, pasa a ser un cuchillo determinado y para un solo uso; «el que se emplea para hacer hoyos en el suelo cuando las cletas se disponen en redil» (este valor lo recogí en Araguás, Pardinilla, Larrés y Barós) (figura 15).




c) Catalán

Con estas páginas tratamos de fijar respecto a un par de voces los dominios lingüísticos diferentes. Nuestros materiales no son ricos como quisiéramos y las conclusiones a que lleguemos estarán sujetas, sin duda, a revisión. Sin embargo la disposición del material léxico es lo suficientemente sugestiva para que tentáramos la aventura de estudiarlo.

En el ALC faltan derivados de vomer y culter (hemos visto que Griera documentó más tarde coltel). Además de xaruga, arreu, pollegana, citados en páginas anteriores, se rastrean otros derivados: llaure (punto II, siempre del mapa 135), arai (puntos 3 y 4, Valle de Arán). Nos interesa ante todo señalar cómo las formas derivadas de aratru, salvo la aranesa, se agolpan en la frontera de Aragón; mientras el resto del dominio ofrece multitud de voces diferentes.

Por otra parte, carruca no deja derivado tradicional, sino que presenta uno importado, cuya introducción tal vez «sigui deguda als innombrables valencians i aragoneses que, de temps inmemorials ençà, passen anyades al Migdia de França treballant la terra» (Griera, págs. 87-88)






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Resumen


Las voces latinas que designan la «reja» o el «arado» se han mantenido, por lo común, en los Pirineos; sin embargo, cambios semánticos de carácter metonímico han hecho pugnar formas que en latín no eran concurrentes.

El romance navarro se atiene en todo a la tradición lingüístico-etnográfica medieval (cuytre > cutre, sin alterar la «palabra» ni la «cosa»). El vasco-románico acepta originariamente cŭlter; después adquiere aratru, al que ha de dar valor preciso. Fuera de estas dos voces, faltan reliquias de las otras formas latinas. Apeio es voz muy reciente.

En Alto-aragonés las palabras que designan el arado responden a tres momentos:

  • I. aratru
    • a) latre
    • b) aladro
    • c) arau
  • II. *appariu
    • Palabra tabla
    • regula
  • III. machina
    • brabant
    • rusal

Palabra mayúscula, voz patrimonial y documentada en la Edad Media, sufrió la concurrencia de Repetición palabra y quedó relegada a una significación más estricta.

En catalán, junto a una serie de derivados de varia procedencia, aratru muestra formas abundantes y características en la frontera aragonesa.




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Conclusiones


En el cuadro adjunto quiero resumir gráficamente cuanto he dicho acerca de la terminología pirenaica que me ha ocupado en el presente trabajo. Seguirá una glosa muy concisa.

Latín Navarra Aragón Cataluña
aratru [adaro]34 latre, aladro, arau aladre
culter35 cutre, goldia [cutre «cuchillo»]36 [coltel «reja»]
*appariu apero
regula rella, reja
vomer guambre, güembre
arredare arreu
carruca xaruga
pullic- pollegana

El latín Última palabra tiene derivados en todo el Pirineo, con valores distintos en todas las zonas: «arado» (Navarra), «cuchillo» (Aragón), «reja» (Gerona). Cada una de estas significaciones tiene valor disyuntivo respecto a las otras.

Aratru se perpetúa también en las tres áreas: «rastro» (Navarra), «arado» (Aragón y Cataluña). Tiene valor diferenciador en la primera, respecto a las otras dos. En catalán, la forma literaria arada no ha interesado a nuestro objeto más que como asidero medieval; lo significativo para mi estudio de geografía lingüística son las soluciones dispares de la literaria, pero unidas al dialecto que se le pone en contacto.

Vomer y *appariu disocian al dialecto central de los marginales37.

Las formas restantes (xaruga, arreu, pollegana) caracterizan al catalán.

Las voces modernas en uno u otro dominio, no interesan a nuestro objeto. Es curioso cómo coinciden en las áreas románicas las voces nuevas (brabán, rusal).

Siguiendo la diáspora de formas un día referidas a «cosas» concretas y más tarde precipitadas en el tumulto de la evolución lingüística, llegamos al último proceso de acomodación: cada «palabra » se ha vuelto a «adaptar» a una «cosa» y volvemos a estar, otra vez, en el punto de partida: los campos perfectamente deslindados y el lenguaje dispuesto, nuevamente, a entrar en lucha con la historia, insaciable devoradora de conceptos38.





 
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