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Machado vuelve a Sevilla

Antonio Rodríguez Almodóvar





Quizás uno de los acontecimientos literarios más importantes que tuvieron lugar en Sevilla, y probablemente en toda España, el año 2002, fue la aparición de 770 páginas manuscritas de los Hermanos Machado. De tanta importancia, y tan por sorpresa, que se produjo una especie de estupor generalizado en los medios académicos y sólo en los de comunicación puede decirse que el fenómeno alcanzó cierta dimensión pública. No es de extrañar, en un mundo intelectual dominado por las «pautas del mercado», los grupos de presión, los best-sellers o la rueda azarosa de los centenarios. Para los que tuvimos la suerte de ocuparnos de leer y estudiar esos textos, sin duda fue mejor que ocurriera de ese modo, pues ello nos ha permitido trabajar con tranquilidad, auque sin descanso, durante todo el año 2003. Pero vayamos desde el principio.

Todo partió de una subasta. La que organizó en el Centro Cultural el Monte, de Sevilla, un 20 de noviembre de 2002, la sociedad Arte, Información y Gestión, sobre el lote 243, consistente en esas 770 páginas manuscritas de los dos poetas (principalmente de Antonio), que la familia había reunido y decidido someter a ese procedimiento. Es innegable que la noticia cogió poco prevenidas a las instituciones sevillanas, o con escaso tiempo para preparar un intento, por separado o conjunto, de pujar, o acaso de ejercer ciertos derechos de tanteo, y evitar así el riesgo de que este importantísimo legado pasara a manos privadas o incluso pudiera salir de España. Quien esto suscribe, más otras personas del mundo de las letras y de la comunicación, alertaron del peligro. Me consta, igualmente, que algo se habló entre algunas instituciones, pero sin que prosperara un acuerdo en firme.

Por esa razón, el día 20 de noviembre estuvimos con el alma en vilo. Los documentos salieron por un valor de 575.000 euros y sólo se realizó la primera puja. Un ciudadano, en nombre de una entidad en aquel momento no revelada, alzó su paleta a los 625.000 euros, y no hubo más. Adjudicado. Ante la demanda de información que ejercieron numerosos periodistas presentes en la sala, la persona acreditada sólo pudo asegurar una cosa: que los manuscritos no saldrían del país. Hasta entonces no empezamos a respirar. ¿Pero quién era el adjudicatario?

Al día siguiente se supo: Unicaja, la entidad financiera con sede principal en Málaga. Al respiro sucedió el asombro, e innumerables preguntas. ¿Cómo era esto posible? ¿Cómo una entidad de raíz malagueña había venido a «arrebatarnos» a los sevillanos un bocado tan exquisito?

La explicación era muy sencilla. Al frente de Unicaja se encuentra Braulio Medel, un sevillano de Marchena, gran lector y admirador de Machado. (Tiene una hija que se llama Leonor, y no es casualidad). Atento a la jugada desde el primer momento, y con rigurosa discreción, lo dispuso todo para que la entidad que dirige se hiciera con los manuscritos. Suerte, vista y al toro. Y lo consiguió. A la primera noticia sobre el destino del fondo, él mismo añadió otra buena nueva: tampoco saldrían de Sevilla. Y en Sevilla están.

El patrimonio en cuestión aparecía, en primera instancia, como un verdadero revoltijo, bajo alguna apariencia de orden, repartido en tres cartapacios: seis cuadernos, tres cuadernillos y muchas agrupaciones de hojas sueltas. Poesía, prosa, teatro, ensayo, cartas... De todo. En un estado de conservación bastante aceptable, en general, y en su mayor parte con la letra menuda, elegante, pero a ratos nerviosa, como acuciada de repente por alguna tensión incoercible, del menor de los dos poetas, de Antonio. Parecían esperar a unos pacientes lectores, que fueran capaces de descifrarla y de encontrar el hilo de acero que las había mantenido atadas en el fondo más turbulento y trágico de la historia de España.

Los pacientes -y afortunados- primeros lectores fuimos esta vez: Carmen Molina, especialista en conservación de documentos, y yo. Pronto se unieron Rafael Alarcón Sierra, joven profesor de la Universidad de Jaén, autor, entre otros trabajos machadianos, de un excelente prólogo a la edición de las Prosas Dispersas (1893-1936) de Jordi Doménech y Pablo del Barco, de la Universidad de Sevilla, especialista en Manuel Machado y en el Juan de Mairena, del que ha preparado dos ediciones. Por mi parte, también tengo escritas aquí y allá algunas cosas sobre el autor de Campos de Castilla, aunque son muchas más las horas dedicadas a la obra y a la figura del menor de los dos hermanos, en mi temprana adscripción a la Universidad de Sevilla, y luego en los Institutos de Enseñanza Media por los que he pasado; además de haber sido partícipe privilegiado de unos inolvidables seminarios que Agustín García Calvo organizara, casi clandestinamente, sobre Juan de Mairena, en la Sevilla mojigata de los primeros 60. En realidad, toda mi vocación machadiana procede de ahí.

El que Braulio Medel me adjudicara la responsabilidad de coordinar los trabajos en torno a esos manuscritos constituyó para mí un auténtico regalo, que nunca sabré cómo agradecer.

Consecuencia de ello, las Navidades más felices que recuerdo en muchos años fueron para mí las del año 2002. Mientras por la calle Sierpes discurría el flujo de consumistas compulsivos y, de vez en cuando, un coro de campanilleros animaba el ambiente con pintorescas evocaciones de un mundo que irremediablemente se fue, yo me encerraba en una sala de la sede de Unicaja con los manuscritos de Machado. (Digo de Machado, en singular, pues la inmensa mayoría de los documentos pertenecen al más pequeño de los dos hermanos, a Antonio, que además es el Machado por antonomasia). Allí, en la soledad bien acompañada por la caligrafía menuda y elegante del maestro -y endiablada no pocas veces- me parecía sentir el rasgueo de una pluma incesante sobre las cuartillas amarillentas. El ruido del tiempo, si es que lo tiene, debe de ser algo así. Unas pequeñas quemaduras de cigarro, aquí y allá, ponían el toque de verismo imprescindible. Casi, casi, el eco de una voz interior, tantas veces presentida en la lectura y estudio del autor de Campos de Castilla, pareciera estar a punto de cuajar en realidad sonora.

De algo más de un mes, el de diciembre, de intentar familiarizarme con esas 770, reconozco que todavía pelean en mi cabeza los hallazgos, las sorpresas, las repeticiones, las tachaduras, como en un caos multiplicado por aquella emoción.

Las primeras semanas las dedicamos Carmen y yo a repasar el contenido, tomar precauciones técnicas en orden a una correcta conservación. Enseguida vinieron los técnicos informáticos, que se ocuparon de copiarlo todo en formato digital, para que cuanto antes dejáramos descansar los originales. Así, hoy ya sólo son sacados de su lugar seguro para algunas comprobaciones y para seguir avanzando en la protección física. La versión digital permite, entre otras utilidades, «limpiar» y agrandar considerablemente el texto en pantalla, para poder interpretarlo bien, y aun así, y después de aplicar otras técnicas, subsisten numerosas dudas. Al poco tiempo, se incorporaron Pablo y Rafael. La suerte de tenerlos tan a mano ponía una nota más en la fortuna general que hemos tenido todos de poder contar con este incalculable tesoro en Sevilla, en Andalucía, en España. Los tiempos cambian, sin duda, y mejora la perspicacia y la responsabilidad de nuestras instituciones. Aunque no hay que olvidar que a punto estuvimos de perder, una vez más quién sabe en manos de qué Universidad o coleccionista extranjeros, este legado, que es mucho más que una colección. Es un trozo vivo de nuestra historia más viva. Razón de más para apreciar este fondo documental, no en lo que ha costado, sino en lo que vale.

El resultado de esos trabajos (conservación, lectura, transcripción completa, más una primera aproximación crítica, que no pretende ser exhaustiva, ni mucho menos) es lo que aquí presentamos. Todo ha ido por sus pasos contados, y más largos de lo que ya nos temíamos. Ni qué decir tiene que la mayor parte del tiempo se la llevó el mero descifrar de los textos, más un incontable número de horas de estudios conjuntos y de minuciosos análisis de lo que tal o cual texto decían o parecían decir.

Toca ahora a otros estudiosos y a tantos buenos lectores de Machado seguir profundizando y ensanchando lo que estos manuscritos ofrecen a tan vasta comunidad.

  • ESQUEMA DEL CONTENIDO DE LOS MANUSCRITOS

  • 132 composiciones menores (aforismos, coplas, epigramas...), sin contar repeticiones.
  • 32 poemas, incluidos 10 sonetos, sin contar repeticiones.
  • 13 apuntes o pequeños ensayos.
  • 8 cartas.
  • 6 cuadernos o cuadernillos de un solo tema o tema dominante.
  • 17 notas breves.
  • Un borrador incompleto de Juan de Mairena (83 hojas).
  • Manuscrito de La Lola se va a los Puertos (90 hojas).
  • 1 apunte autobiográfico y 3 apuntes biográficos.
  • 9 transcripciones de otros idiomas (francés e inglés).
  • 28 versos sueltos.
  • 68 versos tachados y 12 composiciones completas tachadas.

Comentarios a cada renglón del esquema.

Como ya se ve, en este abigarrado fondo hay absolutamente de todo:

- Más de doscientas composiciones breves, que si quitamos las repetidas, que son muchas, se nos quedan en esas 132. (Dependerá también de dónde se ponga el límite al concepto de breve). Se trata en su inmensa mayoría de canciones, proverbios, cantares, epigramas, con estructura de soleá, copla, redondilla o cuarteta. Son esos relámpagos de lucidez paradójica, de ironía, de recriminación amable, con los que a Machado le gustaba desafiarse a sí mismo y, desde luego, ponernos a cavilar a todos. («Teoría de la visión: / ojo, luz e imagen / como en uno son»; puede considerarse complementario o cuasi variante de «El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas./ Es ojo, porque te ve». «Hay un problema fatal / -para el siglo veintinueve- / que nadie a mirar se atreve: / el del tú fundamental»; variante también del más conocido: «No es el yo fundamental / eso que busca el poeta / sino el tú esencial»). «Como pedestal, / la tierra de todos, / ¿no te bastará?». La mayoría están publicadas, tal cual, o con variaciones (que es donde está la gracia). ¿Cuántas de ellas son totalmente inéditas? El piélago de las ediciones machadianas aconseja ser prudentes todavía. Pero no descartamos que haya un cierto número, ni grande ni chico -más bien chico- de inéditas.

- 32 poemas medianos y mayores, entre ellos diez sonetos muy conocidos, como el que Machado dedica a su padre en el luminoso recuerdo sevillano («Esta luz de Sevilla...».), con dos versiones bastante alejadas entre sí (la más primitiva se reproduce en este cuaderno). También se repiten algunas de esas composiciones, a veces con sorprendente reiteración, como es el caso del soneto «¿En dónde, sobre piedra aborrascada...», o el poema «El Viaje», o el «Poema de un día», que no siempre se llamó así. Todo ello nos permite seguir con claridad el proceso de dudas, arrepentimientos, hasta que la composición alcanza la forma definitiva. También puede haber inéditos.

- 13 apuntes y pequeños ensayos sobre las más variadas materias literarias y filosóficas: El porvenir de la lírica, Cervantes, Lope de Vega, Fray Luis, la Escuela de Traductores de Toledo, Moreno Villa, Pío Baroja, Unamuno; sobre el monólogo en el teatro, sobre lo universal cualitativo, sobre Leibnitz y Shopenhauer, sobre la metafísica, desde Kant a Nietzsche... Hay bastante inédito, al menos en parte.

- Las ocho cartas van dirigidas a: una a su madre y otra compartida entre su madre y su hermano José. Dos a Ortega y Gasset. (Una de ellas de gran valor por su contenido, acerca de uno de los problemas estéticos, cruciales para los escritores de la época: la dicotomía entre vitalismo y racionalismo, que luego tuvo otras traducciones. Una carta a Ernesto Giménez Caballero (que andando el tiempo se revelaría como un siniestro personaje); otra a Gregorio Martínez Sierra, en estremecedora demanda de justicia remunerativa para sus libros; otra a Joaquín Guichot (de círculo de los folcloristas de Sevilla), y otra a García Morente. Menos la dirigida a Giménez Caballero, las demás parecen inéditas.

- Hay tres cuadernos con las siguientes temáticas: uno, Gramática e Historia de España, con fines didácticos. Otro también dedicado a Historia de España, Guerra Europea y reflexiones varias. El tercero es un recorrido por la Historia de la Literatura Española, desde el siglo XV hasta mediados del XVII. Está editado en las Obras Completas de Machado realizadas por Oreste Macrí, en virtud de una peripecia no aclarada. Los otros dos son inéditos. Los tres cuadernillos: Programa de Lengua Francesa, Teoría de la Aritmética y Aritmética Mercantil. Inéditos.

- Las notas breves se refieren a muy diversos temas. Entre ellas figura el texto redactado al enterarse Machado del asesinato de García Lorca. Lo reproducimos en este cuaderno.

- En el borrador de Juan de Mairena hay muchas correcciones y algunos capítulos repetidos.

- En el manuscrito de La Lola se va a los Puertos sólo algunas escenas están completas.

- Un apunte autobiográfico y tres biográficos. Estos últimos se refieren a Enrique Paradas (fundador de La Caricatura), al padre, Antonio Machado Álvarez, y al abuelo, Antonio Machado Núñez. Al menos los dos últimos parecen inéditos.

- Se halla transcrito un soneto de Ronsard y un relato breve de Henri W. Longfellow. También numerosas citas de Shakespeare, en particular «To be or not to be», que aparece por todos lados.

- Los versos sueltos pululan por estos papeles como si tuvieran entidad independiente. Reflejan muy bien las obsesiones de Machado. Vean estos: «Cuanto vale se ignora y nadie sabe / ni ha de saber de cuanto vale el precio». Parece el germen o la forma bruta del famoso aforismo: «Todo necio / confunde valor y precio».

Como apreciación final, se puede decir que el carácter dominante de este fondo es la variabilidad. Un mismo poema aparece tres, cuatro o seis veces, con multitud de cambios, añadidos, tachaduras... Para el estudio del taller literario del poeta es una fuente de incalculable valor, y para ciertos rasgos psicológicos, probablemente también. La relación entre el proceso creador y el proceso humano, que en Machado siempre fueron en paralelo, aquí se aprecia con inusitada transparencia. Pero una dimensión más es preciso tener en cuenta, la del contexto histórico y social. A lo largo de estas páginas se siente vibrar todavía la turbulencia de una época, la época de Machado, con sus innumerables tensiones, que acabaron donde acabaron. Una vez analizado el prodigio, ha resultado contener, a grandes rasgos, lo que se expresa en el cuadro adjunto. Sobre ello, algunas apreciaciones se pueden hacer ya, siempre con la provisionalidad que ha de concederse a un trabajo de estas características, entre otras razones por la gran cantidad de borradores (de un mismo poema se pueden hallar diez, quince, y hasta más versiones, todas luchando entre sí en su temblor primigenio), tachaduras y arrepentimientos innumerables, más la ausencia casi sistemática de fechas y otros datos que pudieran ayudar a ordenar los materiales.

- Las composiciones breves son en gran parte soleares, coplas, redondillas y cuartetas, la mayoría ya conocidas, aunque con numerosos titubeos. Hay otras que parecen complementarias, o a modo de embriones: «Teoría de la visión: / Ojo, luz e imagen / como en uno son», recuerda a «El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas. / Es ojo porque te ve». Otra: «Hay un problema fatal / -para el siglo veintinueve- /que nadie a mirar se atreve: / el del tú fundamental», variante sin duda de: «No es el yo fundamental / eso que busca el poeta. / Sino el tú esencial». «Cuanto vale se ignora y nadie sabe / ni ha de saber de cuanto vale el precio»; ahí está latente: «Todo necio / confunde valor y precio».

- Entre los poemas mayores hay diez sonetos conocidos, con múltiples variantes. Del que dedicara a su padre en el luminoso recuerdo («Esta luz de Sevilla...») hayamos dos, e innumerables proyectos de «El viaje», «Poema de un día», y de muchos más. Entre los posibles inéditos, un poema inacabado a Rabindranath Tagore.

- Numerosísimos los apuntes y pequeños ensayos sobre las más vivas materias literarias y filosóficas. Cervantes, Fray Luis, Moreno Villa, Calderón, Baroja...; Unamuno, Leibnitz, Kant, Shopenhauer... Hay bastantes inéditos.

- Las cartas son todas de sumo interés. Las dos a Ortega contienen muy agudas observaciones sobre las polémicas estéticas del momento. La que dirige a su madre, cuando ya Leonor está prácticamente desahuciada, estremecedora.

- Entre los cuadernos, destacan los de Historia general y uno de Historia literaria, ya editado por Oreste Macrí. Muy llamativos resultan los dos de Aritmética, de cuando Machado preparaba oposiciones al Banco de España.

- Las notas breves se refieren a muy diversos asuntos. Entre ellas figura la que Machado escribe nada más enterarse del asesinato de Lorca: «Por la prensa de esta mañana me llega la noticia. Federico García Lorca ha sido asesinado en Granada [...]»1.

- Los manuscritos de Juan de Mairena y de La Lola se va a los Puertos son casi completos.

- Los versos sueltos pululan por estos manuscritos. En medio de una hoja, inesperadamente, otra vez la obsesión luminosa de Sevilla: «Esta luz dorada de Sevilla, / abierto el corazón al mundo».

En resumidas cuentas, la obra de Antonio Machado casi al completo, sólo que en estado magmático, con relumbres de un sentir y un pensar en plena ebullición. Un verdadero tesoro, que desde luego vale mucho más de lo que costó.





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