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631

Rivera, Andrés, La revolución es un sueño eterno, Buenos Aires, Alfaguara, 1993, p. 179.

 

632

Conti, Haroldo, «La voz del hombre amigo», en El País, Suplemento Libros, Madrid, domingo, 13 de abril de 1980, p. 7.

 

633

La inmediata y masiva comunicación de Mario Benedetti con el público responde no sólo a que el escritor tiene la habilidad de identificar al lector con los personajes que se les representa, sino porque el lenguaje que utiliza el uruguayo alcanza a ser comprendido en profundidad, más allá del modo dialectal, o de la intermediación de la traducción. La coherencia debe entenderse en el sentido de que no se excluyen en los textos las modulaciones, los riesgos o la duda, quizás porque uno de los alimentos imprescindibles de la literatura de Benedetti es la realidad (Hortensia Campanella, «Mario Benedetti: A ras de sueño», Anthropos n° 132, Barcelona, mayo, 1992, p. 25). En la línea de Campanella, José Castro Urieste («Urgencias y rumores en la ensayística de Mario Benedetti: una lectura de El país de la cola de paja», Barcelona, Anthropos n° 132, op. cit., p. 83) reconoce esas mismas características en la escritura de Mario Benedetti, recogiendo así las opiniones de Ambrosio Fornet, en su Prólogo a Recopilación de textos sobre Mario Benedetti (La Habana, Casa de las Américas, 1976, p. 7) y de Roberto Fernández Retamar («La obra novelística de Mario Benedetti», Recopilación de textos sobre Mario Benedetti, op. cit., pp. 101-102).

 

634

Benedetti, Mario, «La realidad y la palabra», en El ejercicio del criterio, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 113. (La fecha de redacción del trabajo que se cita es 1990).

 

635

Ibidem, p. 122. En este mismo escrito, Benedetti afirma entender la realidad como una fundación de la palabra, siendo esta última, a su vez, fundación del artificio (p. 120).

 

636

Ibidem, p. 126.

 

637

Benedetti, Mario, «El escritor y la sociedad», en El Independiente nº1, Madrid, 20-27 de junio, 1987.

 

638

Benedetti, tras repasar por su cuenta el proceso literario latinoamericano, destacando la importancia de sus atrasos y de sus acumulaciones, admite que esos registros, paradójicamente, son los que, llegado el momento, marcan la originalidad y la independencia de su expresión mas reciente («Subdesarrollo y letras de osadía», en El ejercicio del criterio, op. cit., pp. 25; 26 y 28. Fechado en 1968).

 

639

Todas estas ideas se comprenden en «Subdesarrollo y letras de osadía», op. cit., pp. 31; 39 y 40. El mismo escritor manifiesta en este trabajo que la mejor literatura latinoamericana valora su realidad, a veces, como una presencia perentoria; en otras ocasiones, como una sombra intranquilizante, proyectándose esas visiones hasta el sitio «más recóndito, aquel donde normalmente se instalan la buena y la mala conciencias» (p. 29). La problematización del contorno no tolera esquematismos ni permite fugas. El escritor de América Latina entiende ya al hombre como protagonista de sus historias, permitiéndose dominar el discurso, dictar su ley a la metáfora. Así se ha llegado a desplazar el paisaje de su pedestal, colocando en su lugar a las personas. El resultado de ese proceder adquiere una connotación política, pero también alcanza una categoría simbólica de raíz social (p. 34).

 

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En el testimonio de sus consideraciones, el escritor reconoce que uno de los problemas que ha de resolver la literatura latinoamericana es su relación con el lenguaje. Estas relaciones no acaba de entenderlas el crítico europeo, que desconoce por lo general gran parte de los elementos sociales, políticos, culturales, que condicionan la creación de unas obras merecedoras de un juicio más acertado.

Ya llegará el instante del balance impecable, sin margen de error, sin desviaciones subjetivas; pero entretanto, mientras nos empecinemos, en sótanos o en exilios, bajo amenazas o sobre ascuas, en seguir buscando nuestra expresión o interpretando nuestra realidad, la historia de nuestras ideas será también la historia de nuestras actitudes. La teoría de nuestra literatura estará inevitablemente ligada a nuestra práctica de vida, nuestro pensamiento individual no podrá (ni querrá) desprenderse del pueblo al que pertenece («Subdesarrollo y letras de osadía», op. cit., p. 47).

Este planteamiento no implica que Benedetti acepte sin más que la corriente influencia de la realidad derive siempre en un realismo estricto. Los hechos demuestran que el registro literario, en América Latina, comprende no sólo la representación escrita del mundo material, sino que permite «dinámicas alucinaciones, núcleos de sortilegio, personajes delirantes, metáforas de carne y hueso» (p. 57).