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ArribaAbajoCarmencita y las azucenas

Lámina 18

-Oye, corazoncito, ¿qué has hecho todo el día sin Nini?

Carmencita, levantando la vista hacia su papá, dijo:

-Pues mira: he estado en el jardín, jugando, cogiendo flores y haciendo otras muchas cosas.

-Pero -repuso su padre- ¡si yo pensaba que no tocabas nunca las flores!

-Las de nuestro lado, no; sólo las del otro lado de la verja. Aquéllas ya se pueden tocar ¿no es cierto papaíto? Eran muy bonitas y estaban a puñados al alcance de mi mano.

Papá se puso serio, pues las flores del «otro lado» estaban en el jardín de la anciana y respetable señora de Mendoza.

Advirtió, pues, a Carmencita que se guardara de tocarlas más. Al acostarse, la niña rezó sus oraciones sentada en las rodillas de papá, y después de las palabras de costumbre añadió: -¡Ay! ¡Dios haga que aquellas hermosas flores crezcan en nuestro jardín y que papaíto me permita tocarlas!...

A la tarde siguiente, Carmencita bajó al jardín y, al contemplar las lindas flores que se erguían al otro lado de la verja, sintió la tentación irresistible de apoderarse de algunas. Pero, acordándose de la recomendación de su papa, se abstuvo de ello.

Lámina 19




ArribaAbajoVacaciones de otoño


    Ahora que a los ardorosos
fulgores del sol de estío
reemplazan los frescos días
de otoño, nos despedimos
de la ciudad y hacia el campo
alegres nos dirigimos,
a la escuela y los maestros
dando, por fin, al olvido,
y trocando por los goces
de los juegos divertidos,
de los problemas geométricos
el insufrible suplicio.
Corriendo montes y llanos,
cada día descubrimos
nuevas sendas deliciosas,
nuevos preciosos caminos,
que, risueños, nos conducen
a parajes peregrinos.
Pero, a menudo, mi madre
me hace pensar en los niños
que abandonar nunca pueden
el polvoriento y mezquino
ambiente de las ciudades
donde se agostan, raquíticos,
¡cuando a todos brinda el campo,
igual a pobres que a ricos,
con las gratas sensaciones
de sus placeres purísimos!
¡Con qué gusto auxiliaría
a esos desgraciados niños,
y cuánto sufro y padezco
por no serme permitido
socorrer más que a unos pocos,
cuando ellos son infinitos!

Lámina 20

La muñeca nueva



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