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Mosaicos de Bobadilla

Antonio Aguilar y Correa, Marqués de la Vega de Armijo





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Desde hace mucho tiempo, se venía hablando por los habitantes del pequeño pueblo de Bobadilla (provincia de Málaga), de mi propiedad, de que en diferentes terrenos de las cercanías se habían encontrado algunas vasijas y pedazos de mosaico.

Posteriormente se encontró también una máscara de mármol blanco, pedazos de hierro, entre ellos un hacha y puntas de flechas, cuyos objetos regalé al Museo de Antigüedades de Córdoba.

Recordando estos antecedentes, y habiéndome enseñado, en una de las hazas inmediatas al pueblo, á poco mas de 20 cm. del suelo, un pedazo, al parecer de cemento romano, le hice descubrir, y vi que ocupaba 4 m. en cuadro. Al examinarlo, se encontraron,   —101→   mezclados con la tierra, granos de trigo carbonizados, en bastante cantidad, que entregué también al Museo provincial de Córdoba.

Esto me decidió, una voz recogidas las mieses, á hacer algunas excavaciones.

Desde el primer instante, y como á 80 cm. de profundidad de la superficie de la tierra labrada, se principió á descubrir un mosaico. Con gran cuidado dispuse que se fuera quitando la tierra que le envolvía, por temor á que con ella pudieran salir parte de las finas piedras que lo formaban.

Era, al parecer, lo que se iba descubriendo, el ingreso de algún pequeño templo ú oratorio, pues la cenefa, que desde un principio se observó, continuaba por los lados, mientras que por el centro se veían ya otras con diferentes dibujos y colores, como el blanco, el negro, el amarillo, el encarnado y el azul ó pizarra.

Se siguió descubriendo, y bien pronto lo quedó por completo el piso de una habitación de 5 m. de largo por 4 m. de ancho próximamente. Por desgracia, en el cuadro del centro, que mide 1,50 por 1,32, aparece deshecho el mosaico, no sin que en una de las esquinas de la parte derecha central dejaran de verse diferentes piedras verdes, como remate de alguna flor.

En cuanto estuvo el mosaico completamente al descubierto, y mientras se hacían otras calicatas en las cuatro direcciones de los muros de la habitación, cuyo pavimento se había encontrado, puse en conocimiento del entendido director de la Escuela de Bellas Artes y del Museo Arqueológico de Córdoba, D. Rafael Romero y Barros, el descubrimiento realizado, el que inmediatamente se personó con su hijo D. Rafael, pintor pensionado en Roma por la Diputación provincial de Córdoba.

Dispuso el mencionado Sr. Romero, que su hijo sacara un croquis del mosaico, y me invitó á que no dejara tan notable hallazgo abandonado.

Ese era también mi propósito, una vez terminados los trabajos de exploración que continuaban.

A los pocos días, y cuando ya empezaba á perder la esperanza de nuevos descubrimientos, me avisó el encargado de los trabajos que, como á unos 10 m. del encontrado anteriormente, se comenzaba   —102→   á descubrir otro mosaico, aún más fino, si cabe, en medio del cual había una figura.

Me personé en el lugar indicado, y en efecto, apareció á mi vista otro mosaico, que más tarde se vió que tenía 4 m. de ancho por 4 m. de largo, con una figura en el centro rodeada de primorosos dibujos, sin desperfecto alguno.

Constituye el centro, como parte principal del pavimento, y en el que se representa el asunto que domina en esta obra de pintura musivaria, un espacio cuadrado que mide 0,60, en el cual se ve delineado y colorido un extraño simulacro, tomado de la fábula pagana, nuevo en nuestro suelo ó interesante al mirarlo desde el punto de vista del arte y de la historia; por más que nos suministre un testimonio del carácter sensual y de las costumbres lúbricas y obscenas de la antigua Roma, transmitidas con el roce á la sociedad romano-hispana.

Representa este raro simulacro un hombre imberbe, de nutrida cabellera, que le baja hasta los hombros, y á cuya cabeza cubre un chapelete ó gorro, coronado de hierbas: viste una túnica corta, que con ambas manos levanta por la delantera, ostentando en su falda recogida, una porción de flores con sus vástagos y hojas, dejando al descubierto, al levantarla, el medio cuerpo inferior, enteramente desnudo, y el órgano de la generación de inusitado desarrollo.

A su diestra se representa una escena erótica por dos palomas de distinto sexo, que enlazan con amor entrambos picos; á la siniestra aparece un objeto de clasificación dudosa y que parece ser un yugo, y por el fondo vense en torno repartidas flores sueltas en capullo con sus tallos, las cuales complementan este lúbrico cuadro, cuyo aspecto en nada desmerece del que muestran los más torpes simulacros de Herculano y de Pompeya.

De seguir la opinión del director del Museo de Antigüedades de esta, antes mencionado, la figura del hombre imberbe representa á Priapo, por más que la cabeza de este aparezca barbada en algunas estatuas de Pompeya.

Dejar en medio de un campo de labor aquellas joyas del arte antiguo, aun haciendo una casa y poniendo un guarda que las enseñase á los pocos curiosos, que sabiéndolo se detuvieran en aquella   —103→   localidad para examinarlas; no era darles la importancia que merecen, y no hacer por lo menos eso, para no dejarlas abandonadas á las consecuencias de la ignorancia constituían á mis ojos un crimen.

Me decidí, pues, á trasladarlos á una de mis posesiones en la Sierra de Córdoba, llamada la Huerta de los Arcos, que por el extenso panorama que desde ella se descubre, es visitada por cuantos se detienen en esta ciudad, así españoles como extranjeros; y en donde por dos veces había tenido la honra, de que lo fuera también por SS. MM. los Reyes de España y SS. AA. las Infantas.

No se me ocultaban las dificultades que para conseguir mi propósito había de encontrar tratándose de objetos tan voluminosos y pesados, y careciendo de los medios que en otros países tienen para llevar á cabo esta clase de obras.

Resolví realizarlo, sin embargo, y se comenzó por hacer una zanja al costado de cada uno de los mosaicos. Para evitar el desgrane se le puso un marco alrededor y salvando el espesor, no solo de las tessellas sino de la capa de cemento sobre el cual están colocadas y otra de tierra subsiguiente, para que no sufriera alteración ni movimiento; además se forró la parte inferior con tablones gruesos hasta conseguir dejar los mosaicos completamente al aire, sin más sujeción que los puntales necesarios; y por último se cubrieron por la parte superior con tablas, á fin de que pudieran ser cargados con el menor detrimento posible.

Sus grandes dimensiones no permitían colocarlos enteros en las plataformas del ferrocarril, ni en carretas y hubo que hacer una operación no menos difícil que la primera, y fué dividirlos en dos secciones de manera que no sufrieran los dibujos y que más tarde pudieran ser enlazados con las mismas piezas que se hubieran quitado para hacer la división.

Este dificilísimo trabajo fué realizado, bajo la dirección de una persona inteligente1, después de lo cual fueron transportados por el ferrocarril de Bobadilla á Córdoba y desde la estación de   —104→   este último punto en carretas, convenientemente preparadas, al lugar antes citado.

Logré, aunque no sin dificultad, colocarlos, teniendo que abandonar el forro de madera de la parte inferior como único medio de evitar deterioros, que afortunadamente fueron de poca importancia.

Para dar una idea á la Academia del peso que representan los mosaicos transportados, bastará consignar que en junto ascendió á 14.170 kg.

Hoy se encuentran colocados y subsanados los escasos desperfectos, que así el largo tiempo que han pasado bajo tierra como el transporte y colocación, han ocasionado y puedo tener el honor de decir á esa docta Academia, secundando lo indicado por el ilustre Académico Sr. D. Manuel Colmeiro, en la sesión de 14 de Noviembre de 1891, que estas joyas, juntamente con otros dos mosaicos más inferiores encontrados después, no han sido perdidos para la ciencia.

Adjuntas dos fotografías que los representan.

No es mi propósito al dar cuenta á la Academia del descubrimiento de los mosaicos entrar en conjeturas sobre el origen de estos pavimentos que por la proximidad á la célebre ciudad Singili, centro del municipio Magno Flavio Libero Singiliense, que dista poco más de 5 km. de Bobadilla, hubieran podido pertenecer á alguna finca de recreo, situada como está en terreno de gran fertilidad y bañada por el río Guadalhorce. Pero como á corta distancia del sitio en que se han descubierto los mosaicos, según he tenido ocasión de saber ahora, se encontraron en tierras que no son de mi propiedad, varios sepulcros, que por la forma y construcción, parece eran también de época romana, es posible que los pavimentos que nos ocupan pertenecieran á una población de nombre completamente desconocido, dependiente del municipio antes citado.

No habiendo ni lápidas funerarias, ni ningún otro objeto que pudiera dar luz entre las cosas hasta ahora descubiertas, no es lícito señalar con exactitud, como hubiera sido mi deseo, á la Academia la procedencia de los mosaicos que son objeto de esta memoria.

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De todos modos, creo poder asegurar á la Academia que no hay en España ningún ejemplar más completo que el de la figura antes descrita descubierto en Bobadilla.

Sería para mí sumamente honorífico y satisfactorio, si esa ilustrada Corporación entiende que he contribuido en la medida de mis fuerzas, á que la ciencia no se prive de estos vestigios y recuerdos del arte antiguo, secundando así los nobles propósitos de la Real Academia de la Historia.

Córdoba, 25 de Diciembre de 1891.





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