Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
 

31

Restrepo, Hist. de la Rev. de Colombia, 1827. Seis años después fue otro el lenguaje de los españoles, pues muchos de los diputados a las Cortes de 1814, hombres ilustres, como Canga Argüelles, Martínez de la Rosa, Villanueva, García Page, Calatrava, Cepero, Felier y otros, opinaban que la emancipación de América debía considerarse a la manera de los males necesarios, y aceptarse cual se acepta la separación de la madre que establece a su hija en el mundo, en que madre e hija continúan siempre amándose aunque vivan en casa separada y gobernadas de diferentes modos.

 

32

Barros Arana. Historia general de la independencia de Chile. Tom. 1.º Cap. 11.

 

33

Oficio de 21 de marzo de 1797 del presidente Muñoz de Guzmán, dirigido al Ministro de Estado, don Diego de Gardoqui.

 

34

«Arenga que pronunció el marqués de Selva Alegre, presidente de la suprema junta gubernativa establecida en Quito, a nombre de nuestro augusto monarca el señor Fernando VII (que Dios guarde), en la instalación que se celebró el día 16 de agosto de 1809.

»Señores:

»¡Qué objetos tan grandes y sagrados son los que nos han reunido en este respetable lugar! La conservación de la verdadera religión, la defensa de nuestro legítimo monarca y la propiedad de la patria. Veis aquí los bienes más preciosos que hacen la perfecta felicidad del género humano. ¡Cuán dignos son de nuestro amor, de nuestro celo y veneración! Y ¿cómo no debo temblar yo al verme constituido por el voto unánime de este pueblo generoso, por cabeza de la suprema junta que se compone de los ciudadanos más dignos de esta ilustre capital? Conozco, señores, que el valor de esta dignidad está unido al exacto desempeño de todas sus funciones.

»Nada más tengo que protestaros con la sincera afección de mi reconocimiento, sino que me sacrificaré todo por la conservación de los santos fines a que aspiramos. Ya sabéis que éstos están vinculados en nuestras más estrictas obligaciones, en nuestros inviolables derechos y en nuestros más íntimos intereses.

»Cuento seguramente para tan grande obra con todos los talentos, luces y patriotismo de los funcionarios que componen este considerable cuerpo político, con las grandes virtudes de nuestro Exmo. e Ilustrísimo prelado, con la sabiduría del venerable clero secular y regular, y con todos los auxilios de mis amados compatriotas. Reunamos todos nuestros esfuerzos particulares para procurar de todos modos el bien general. La firme perseverancia en nuestros principios, la concordia y tranquilidad entre nosotros, el celo, actividad y prudencia de nuestras deliberaciones son los únicos medios que podrán consolidar la seguridad y felicidad pública que nos hemos propuesto.

»Concluyamos pues, señores, dirigiendo al Omnipotente nuestros humildes votos para conseguir las luces y el acierto en todo. Digamos con la sinceridad propia de americanos españoles: ¡Viva nuestro legítimo rey y señor natural don Fernando VII! y conservémosle a costa de nuestra sangre esta preciosa porción de sus vastos dominios libre de la opresión tiránica de Bonaparte, hasta que la divina misericordia lo vuelva a su trono, o que nos conceda la deseada gloria de que venga a imperar entre nosotros».

«Concordiae res puruoe crescunt, discordia maxima dilabuntur.

»Pueblos de la América:

»La sacrosanta ley de Jesucristo y el imperio de Fernando VII perseguido y desterrado de la Península han fijado su augusta mansión en Quito. Bajo el ecuador han erigido un baluarte inexpugnable contra las infernales empresas de la opresión y la herejía. En este dichoso suelo, donde en dulce unión hay confraternidad, tiene ya su trono la paz y la justicia: no resuenan más que los tiernos y sagrados nombres de Dios, el rey y la patria. ¿Quién será tan vil y tan infame que no exhale el último aliento de la vida, derrame toda la sangre que corre en sus venas, y muera cubierto de gloria por tan preciosos e inexplicables objetos? Si hay alguno, levante la voz, y la execración general será su castigo: no es hombre, deje la sociedad y vaya a vivir con las fieras. En ese fértil clima, en esta tierra regada antes de lágrimas, y sembrada de aflicción y dolores, se halla ya concentrada la felicidad pública. Dios en su santa Iglesia, y el rey en el sabio gobierno que le representa, son los solos dueños que exigen nuestro debido homenaje y respeto. El primero manda que nos amemos como hermanos, y el segundo anhela por hacernos felices en la sociedad en que vivimos. Lo seremos, paisanos y hermanos nuestros, pues la equidad y la justicia presiden nuestros consejos. Lejos ya de los temores de un yugo opresor con que nos amenazaba el sanguinario tirano de Europa. Lejos los recelos de las funestas consecuencias que traen consigo la anarquía y las sangrientas empresas de la ambición que acecha la ocasión oportuna de coger su presa. El orden reina, se ha precavido el riesgo y se han echado por el voto uniforme del pueblo los inmóviles fundamentos de la seguridad pública. Las leyes reasumen su antiguo imperio; la razón afianza su dignidad y su poder irresistibles; y los augustos derechos del hombre ya no quedan expuestos al consejo de las pasiones ni al imperioso mandato del poder arbitrario. En una palabra, desapareció el despotismo y ha bajado de los cielos a ocupar su lugar la justicia. A la sombra de los laureles de la paz, tranquilo el ciudadano dormirá en los brazos del gobierno que vela por su conservación civil y política. Al despertarse alabará la luz que le alumbra y bendecirá a la Providencia que le da de comer aquel día, cuando fueron tantos los que pasó en la necesidad y en la miseria. Tales son las bendiciones y felicidades de un gobierno nacional. ¿Quién será capaz de censurar sus providencias y caminos? Que el enemigo devastador de la Europa cubra de sangre sus injustas conquistas, que llene de cadáveres y destrozos humanos los campos del antiguo mundo, que lleva la muerte y las furias delante de sus legiones infernales para saciar su ambición y extender los términos del odioso imperio que ha establecido, tranquilo y sosegado Quito insulta y desprecia su poder usurpado. Que pase los mares, si fuese capaz de tanto: aquí le espera un pueblo lleno de religión, de valor y de energía. ¿Quién será capaz de resistir a estas armas? Pueblos del continente americano, nuestros santos designios, reunid vuestros esfuerzos al espíritu que nos inspira y nos inflama. Seamos unos, seamos felices y dichosos, y conspiremos unánimemente al individuo objeto de morir por Dios, por el Rey y la patria. Esta es nuestra divisa, está será también la gloriosa herencia que dejemos a nuestra posteridad.- Manuel Rodríguez Quiroga, Ministro de Gracia y Justicia».

 

35



   «¿Qué es la Junta? Un nombre vano
que ha inventado la pasión
por ocultar la traición
y perseguir al cristiano.
¿Qué es el pueblo soberano?
Es un sueño, una quimera,
es una porción ratera
de gente sin Dios ni rey.
¡Viva, pues, viva la ley,
y todo canalla muera!

   De toda esta gran ciudad
los traidores serán ciento,
los demás con sentimiento
sufren la calamidad.
En tal oportunidad
un hombre de la nobleza

   que preste con entereza
a todos su protección
cortará fiel la traición
cortando a tres la cabeza.



¿Quién ha causado los males?
      Morales.
¿Quién defiende y obliga?
      Quiroga.
¿Quién perpetuarlos desea?
      Larrea.
Es menester que así sea
para lograr ser mandones
estos desnudos ladrones
Morales, Quiroga y Rea.

¿Quién mis desdichas fraguó
      Tudó.
¿Quién aumenta mis pesares?
      Cañizares.
Y ¿quién mi ruina desea?
      Larrea.
Y porque así se desea
quería verlas ahorcadas
a estas tres tristes peladas
Tudó, Cañizares, Rea.

¿Quién a angustiarle destina?
      Salina.
Y ¿quién quiere que seáis bobos?
   Villalobos.
Ya se aumentaron los robos
en aquesta infeliz Quito,
pues protegen el delito
      Salinas y Villalobos».

En versos o bajo la forma de arengas, de cartas, de diálogos, etc. se cruzaron tantos y tantos entre los dos bandos, que a tener alguna importancia histórica, completaríamos un tomo con la inserción de ellos.

 

36

Restrepo.

 

37

Obra cit.

 

38

«Tengo prevenido a Ud. que el alguacil mayor de esa Villa pasase con la correspondiente escolta a conducir hasta la ciudad de Loja al marqués de Selva Alegre, lo cual deberá irremisiblemente ejecutarse; y si éste hubiese retrocedido, o hiciere gestión de fuga, disculpándose con frívolos pretextos, como el de que pretenden matarlo, dispondrá sin contemplación ni disimulo se verifique, poniéndole un par de grillos, y dándome aviso puntualmente para mi inteligencia y gobierno».

 

39

La Roa. Ib.- Representación del Obispo Cuero al presidente.

 

40

Bennet. Ib.