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Poesías

Mª Luisa Carvajal y Mendoza








ArribaAbajo1.- Redondillas Espirituales de Silva


Al buen empleo de su amor y frutos que de él sintió


Abajo   -¡No encubras, Silva, tu gloria!
-Más dime: ¿por qué así dejas
esparcidas las ovejas
sin tener dellas memoria?

   Las ovejas que solías
con tanto gusto guardar,
que por las apacentar
los peligros no temías,

   ni sabes si a la majada
van, ni si van al ejido:
¿por qué las diste al olvido?
¡Aun de ti estás olvidada!

   Que mal se puede encubrir
el alma que está sujeta
a la dorada saeta
con que Amor la quiso herir.

   -A eso puedo responderte,
pastora, que has acertado
en pensar que a mi cuidado
le cupo tan alta suerte.

   Y si quieres escuchar,
pues me preguntas, diré
que puse toda mi fe
adonde no puede errar.

   Y pienso yo que la tuya,
oyéndome, quedará
tan prendada, que podrá
no tenerse más por suya.

   Aunque de aquesta ventura
mucha parte en no decilla
consiste, que a maravilla
el silencio la asegura;

   con verdad te afirmaré,
amada zagala mía,
que en un venturoso día
a la Belleza encontré.

   La cual yo consideraba
en mi agraciado pastor;
y dióseme por señor,
y yo quedé por su esclava.

   Que luego, allí, me rindió
con una flecha amorosa,
para mí tan venturosa,
pues el alma me acertó.

*  *  *

   Allá en mi primera edad,
guardando mi amor sincero,
fue mi pastor el primero
que robó mi voluntad.

   Con sus claros ojos bellos
me hizo su prisionera,
porque divinidad era
lo que se encerraba en ellos.

   Que, entre su garzo color,
aquellas luces divinas
a las piedras diamantinas
quitaban el resplandor.

   Pues, sus castaños cabellos,
que deben ser adorados,
más que aquese sol dorados,
pues su luz recibe dellos;

   y aquel color soberano
cual primavera florida,
y la frente esclarecida
que excede a todo lo humano,

   con los arcos de solaz
que al diluvio sucedieron,
y en mi cielo se pusieron
por señal de eterna paz;

   y la nariz afilada
de notable perfección,
tras sí llevó mi afición
con fuerza no imaginada.

   Su boca y labios, pastora,
mis pesares me quitaron,
y en su lugar me dejaron
la gloria que en ellos mora.

   Los dientes se parecieron
entre el rojo carmesí
para darme vida a mí,
y vida cual me la dieron.

   ¿Quién jamás hubo mirado
sus manos como la nieve,
que por ellas no se niegue
a todo lo que hay criado?

   En las cuales matizaban
las rubicundas heridas,
y entre lo blanco esculpidas
su lindeza acrecentaban.

   Y aquellos pies, respetados
de la angélica grandeza,
que en menor naturaleza
sobre ella son levantados,

   con obligación tan fuerte,
que los que la resistieron
muy justamente incurrieron
en culpa de eterna muerte:

   Y aunque de tanto valor,
quisieron siempre quedar,
para más me aficionar,
con las señales de amor.

   Y puedes estar segura
que en talle y disposición,
entre cuantos hombres son
no se vió tal hermosura

   La aurora me pareció
cuando en él puse los ojos,
que con inmensos despojos
el alma me enriqueció.

   Pero ¿quién podrá contar
su gentileza y primor,
siendo su eterno interior
bastante a glorificar?

   Díjome que, si le amaba;
que él me había amado primero,
y dádome en el madero
la vida que me faltaba.

   Y que a tanto había llegado,
que abrió para entrar en Sí
una puerta, que yo vi
rasgada en su diestro lado.

   Respondíle: «¡Por ti muero!»
Y cuando aquesto aceptaba,
mis tinieblas alumbraba
un clarísimo lucero.

   Y luego que a mis orejas
su voz sonora llegó;
como el alma derritió,
deshiciéronse mis quejas.

*  *  *

   Cien mil gracias derramaba
aquella figura bella,
porque se derramó en ella
toda cuanta en Dios estaba.

   Y fui tan favorecida
que de la mano me asió,
y en mi jardín se metió:
¡oh ventura no entendida!

   Como las flores sintieron
ante sí la Real presencia,
con muy presta diligencia
trascendiente olor vertieron.

   Las azucenas, perfetas
más que nunca se mostraron,
y su blancor renovaron
los jazmines y mosquetas.

   Los dorados tornasoles
de oro fino se volvieron,
y los alelíes dieron
unos nuevos resplandores.

   Los claveles y las rosas,
con su color encendido
más que de sangre teñido,
con las violetas graciosas,

   sus lazos entretejidos;
que en los trances más costosos
se afinan los valerosos
amantes, nunca vencidos.

   Y la verde, de alegría
y frescura se vistió,
que claramente mostró
que a su Hacedor conocía.

   Los casi secos frutales
echaron hojas, y fruto
dieron luego por tributo
conforme a sus propiedades.

   Y el apacible ruïdo
y silbos del austro amable,
con blandura deleitable
sonaban en el oído.

   Y esparcido por el huerto
su fragancia acrecentó;
y en un cielo se volvió,
con lo que digo, el desierto.

   La fuente se apresuraba,
manando a toda porfía;
por la tierra se vertía
hasta que a sus pies llegaba.

   Y después que me mostró
la fuerza de su mirar,
a aquesto, quiso obligar
su palabra, y me afirmó:

   Que Esposo fiel me sería,
sin que jamás mé faltase;
pero que no le olvidase
ni le hiciese alevosía.

   -Antes que tal me acontezca
(le dije), bien de mi vida,
en el infierno metida
en cuerpo y alma padezca.

   Al paladar se me apegue
la lengua, y con gran furor
en mí se apure el rigor
de justicia, y luego ciegue.

   En lugar de arras me dió,
con otras joyas gloriosas,
dos finas piedras preciosas,
y Él el alma me llevó.

   Y de aquí no pasaré;
porque, si pruebo a pasar,
en tan grande y ancho mar
anegada quedaré.

   Si más quisieres saber,
buscalle es lo más dichoso;
que hallarás puerto glorioso
cuando le llegues a ver.




ArribaAbajo2.- Romance Espiritual


de interiores sentimientos. Habla el alma que los padecía, con su corazón


ArribaAbajo   Asaltos tan rigurosos
sufres sin desalentarte:
Dime, flaco corazón,
¿haste vuelto de diamante?
Entre esas llamas fogosas
que te cercan y combaten,
parece te tiene amor
tan hecho a sus propiedades,
que, cuando fuerte te quiere,
fuerte eres e inexpugnable,
y cuando de blanda cera,
te derrites y deshaces.
Entre mortales heridas,
y dolores desiguales,
de amor vives, y esa vida
te alivia y te satisface.
Quéjaste en los accidentes
y sientes su rigor grave,
no habiendo gloria en la tierra
con quien gustes de trocarle.
Que sólo el vivir, muriendo
porque no mueres, te aplace;
la libertad te atormenta
y sirve de estrecha cárcel.
Y por oscuras mazmorras
suspiras, y ausentes trances:
¡Oh, en cuán extraña cadena
quiso Amor aprisionarte!




ArribaAbajo3.- Romance Espiritual de Silva


De afectos interiores de amor de Dios


ArribaAbajo   ¡Ay, si entre los lazos fieros
que a mi gloria aprisionaron
par mi libertad, yo viera
enlazar mi cuello y manos!
Pero si es atrevimiento,
porque esos son sacrosantos,
e indigna toda criatura
de adornos tan soberanos;
concédeme, Amor, siquiera
(pues en dar no eres escaso)
algunas dulces prisiones
que les parezcan en algo.
Dulces las llamo, porque,
en ley de amor, sus amargos
son tan dulces, que la vida
se suele dar por comprarlos.
¡Oh cuán mil veces dichosa
aquella, do ejecutados
mil sangrientos sacrificios
y abrasados holocaustos,
se te ofrece Cristo mío,
en lo posible mostrando
cuán imposible es que quede
en ningún modo ni caso,
su fuerte amor satisfecho,
ni el tuyo inmenso pagado!




ArribaAbajo4.- Romance Espiritual de Silva


en que, de paso, va tocando lo sucedido, en su espiritual camino


ArribaAbajo   Por un áspero vïaje,
mirando con vista humana,
caminaba una pastora,
el alma de amor llagada.

   Con lágrimas en los ojos
con sí misma razonaba,
diciendo: «Silva, si huiste
y dejaste la cabaña,
bien sabes que lo causó
aquella belleza extraña
que un día considerarte
en el que te robó el alma,
y te tiró aquella flecha
en su amor enherbolada,
que en tal extremo te puso,
que, luego, determinada
te viste a dejarlo todo
cuando fuera dél se halla.

   Y el solícito cuidado
que en tu pecho se encerraba
a modo de ardiente fuego
las entrañas te abrasaba;
y en busca de tu pastor
saliste por la montaña,
porque tuviste por cierto
que en lo agrio della habitaba.
Sola, con sólo el amor
que a solas te acompañaba,
pisaste la agreste tierra
de espesas zarzas poblada;
y metida tan adentro
desta soledad tamaña,
a oír los fuertes bramidos
de fieras acostumbrada
quedaste, y acometerlas
con libertad denodada;
la flor de la mocedad
marchita y desfigurada,
perdido el lozano talle
en la amorosa demanda,
y lo vistoso y lucido
que al mirar vano agradaba.

   Y entre ti y tu dulce Bien,
hecha ya ley asentada
con mil solemnes promesas,
y dádole la palabra
de que siempre serás suya,
y te tendrás par su esclava,
y que será tu blasón
verte por él aherrojada;
a romper dificultades
de continuo aparejada.
-¡Y ahora, sólo un pensamiento
te trae tan desanimada,
y de tristeza cubierto
el corazón y la cara!

   Estas cosas dice Silva,
y grandes suspiros daba,
apremiada del dolor
que la consume y acaba.
El cual causó parecerle
que su pastor la olvidaba;
y que cuánto ha referido
no debe estimarse en nada,
que nada puede llegar
a lo que se halla obligada.

   Y procurando alentarse,
este remedio tomaba
de no acordarse de sí,
y emboscarse en la montaña
más áspera y más fragosa,
en busca de aquel que ama,
embebida toda en él,
y a él toda sacrificada,
esperando Silva en quien
puso toda su esperanza.




ArribaAbajo5.- Quintillas Espirituales de Silva


En que se muestra el sentimiento que tiene de no acertar a dar gusto a su señor: quéjase amorosamente y pídele su divina ayuda, representándole las razones que hay para esperarla de su divina mano.


ArribaAbajo   No pudiendo remediar
la causa de mi dolor,
me es forzoso preguntar:
¿Hasta cuándo, mi Señor,
tanto mal ha de durar?

   ¿Cuándo he de ser socorrida,
que me veo en grande estrecho,
de mil partes combatida,
de amor abrasado el pecho,
y de tu ausencia afligida?

   Pues el no haber acertado
a amarte, luz de mis ojos,
como debes ser amado,
¡cuántos millares de enojos
y amargura me ha costado!

   Y ver que te descontenta
quien por ti el vivir no estima
tanto el dolor acrecienta,
que me mata, y me lastima,
y me acaba, y me atormenta.

   De mí muy más recatada
ando que de un bravo toro;
y, como sobreenterrada,
sobre mí viéndome, lloro,
sin hallar descanso en nada.

   Vuelve esos ojos, mi Aurora,
y bien de mis bienes todos,
al corazón que te adora;
que, estrechado en tantos modos,
sangre en lugar de agua llora.

   Y dame, Rey soberano,
cómo pueda contentarte;
que siempre me saldrá en vano
el procurar agradarte,
si no me acude tu mano.

   ¿Hasta cuándo, mi alegría,
has de mostrar que olvidada
tienes, a quien trocaría
la más alta y sublimada
dicha por tu compañía?

   Porque aunque en esto no hubiera
para mí más que ser tuya;
fuera de ti, el resto diera
por ti solo; o me destruya
esa mano justiciera.

   Y si acaso dilatar
quisieres de mi gemido
la pena, sin me escuchar,
dime, mi gloria, te pido,
¿hasme hasta el fin de olvidar?

   ¿Quién (¡ay, fiero pensamiento!)
osará dárte acogida
en sí, ni un solo momento?
¡Porque verdugo a la vida
serás, y al alma tormento!

   Mucho menos riguroso,
sin duda alguna, sería
del infierno tenebroso
sufrir mil años, que un día
de pesar tan espantoso.

   Provocado a desecharme
te hallarás, Señor, si a mí
a solas quieres mirarme;
pero, mirándome en Ti,
no podrás dejar de amarme

   Ya sabes, dulce Bien mío,
que con mano poderosa
en un campal desafío
te venció Amor, y animosa-
mente cobró señorío.

   De tu justicia ha tenido
en mi favor mil victorias;
y, si tu pecho encendido
tiene, en todas sus historias
se hallará bien referido.

   La Real grandeza en grosero
sayal trocando, a buscarme,
como un pobre ganadero
saliste; que, por cobrarme,
dieras tú tu reino entero.

   Y hallándome que aherrojada
estaba en dura cadena
y ya a muerte condenada,
en ti libraste mi pena
por verme della librada.

   Y en bienes, vida y honor,
hasta desnudo expirar,
te hizo ejecutar Amor;
porque quisiste pagar
por mí de todo rigor.

   Y porque más restaurado
mi reino y cetro perdido
quedase, vituperado
fue el tuyo, y tan abatido,
que viniste a ser pisado.

   Pagaron con mil espinas
mi soberbia altiva y vana
tus bellas sienes divinas,
que son (¡bondad soberana!)
trazas de amor peregrinas.

   El fue quien aportillada
en Ti la muralla fuerte
dejó con una lanzada,
y, con no más que una muerte,
hasta Dios llana la entrada.




ArribaAbajo6.- Romance Espiritual


del testamento de Silva


ArribaAbajo   Sintiendo Silva, de amor
gravemente el alma herida,
y que jamás acostumbra
a herir, que deje con vida;
con vida que fuera de él
vivir pueda un solo día,
empezó a hacer testamento,
y con prisa disponía
de todo lo que hasta allí
esperaba o poseía.

   Manda el alma, a su Pastor,
a cuyo imperio rendida
está, porque en buena guerra
la ganó estando cautiva.
Y al cuerpo, con S. y clavo
un precepto le ponía,
de que al alma, su señora,
sujeto y sin rebeldía
obedezca humildemente;
y él así lo prometía.

   Nombrado ha por heredero
de su loca fantasía
al mundo, porque de él hubo
esta hacienda tan de estima,
y el mayorazgo heredado
de aquella prosapia antigua
que suele rentar cada año
dos millones de fatigas:
las unas sobredoradas
y llenas de amargo acíbar,
y las otras plateadas
y por de dentro vacías.

   Deja a los ricos avaros
el muy rico oro de Tíbar;
y a los Señores y Grandes,
de vanidad una sima.
Y el bajo amor fementido
que a las almas tiraniza,
a los corazones viles
que sobre sí le entronizan.

   Las galas manda a las damas:
y toda la bizarría,
guantes, ámbar y pebetes,
cazoletas y pastillas,
fiestas, banquetes, jardines
faustos, pompas, cortesías,
entre aquellos a quien toca,
por no hacerles injusticia,
quiere que se les reparta
todo en juro de por vida,
y en esperanzas sin fruto
y en la flor desvanecidas.
Y en quimeras y designios,
trazas, lisonjas, mentiras,
intereses, pretensiones,
temores, melancolías,
correspondencias y amigos
compuestos de mil falsías;
mejora en el tercio y quinto
a la gente más lucida:
a los discretos y honrados
que tienen por granjería
el tratar con esta hacienda
y rica mercadería.
Y al ya nombrado heredero
deja lo que se le olvida,
para que lo dé a quien sabe
que más su amistad codicia.

   Y vuelta Silva al Pastor
de cuyo amor quedó herida,
le dijo: «Bien de mi gloria,
recibe a Silva, que expira».
Y en sus manos dejó el alma.
Y el Pastor la recibía,
y con solemnes exequias
él mismo la deposita
en un glorioso sepulcro
que dentro en su pecho había,
dejando el de sumo olvido
que para Silva tenía
el vano mundo engañoso
edificado a gran prisa.
Y el Pastor, muerto de amores,
puso a su esposa querida
una letra soberana
que su memoria eterniza,
que dice: «Silva, cual Fénix,
en mil llamas encendida,
yace dichosa y feliz
en mí, del mundo escondida».




ArribaAbajo7.-Romance


Es una consideración que muchas veces debió de pasar, como se refiere aquí: Sígnifícase en la ternura del pecho de Cristo, lleno de amor para con la naturaleza, con quien habla, y con cada una de las almas en particular. Y, cantares semejantes, llenos de afectos de amor divino, si se: dicen u oyen con consideración, encienden mucho el que hallan en nuestro pecho;, que, si las de amor vano y vil son tan perjudiciales por el fuego que suelen emprender en un alma mundana, ¿cuánto será la fuerza de éstos, que son de amor tan inmenso y verdadero?


ArribaAbajo   En una graciosa isleta
que un claro río ceñía,
no lejos de Nazareth,
la de engrandecida dicha,
estaba el Verbo encarnado
a solas, sin compañía,
sentado en un verde asiento
que la misma tierra hacía,
de fresca hierba adornado,
junto a un olmo, do se arrima,
pensativo y cuidadoso,
al tiempo que se ponía
el sol, quedando sin él
apacible a maravilla
aquel venturoso puesto
que ocupaba el de justicia,
desde do se señorea
la clara agua cristalina,
que contenta y placentera
en las orillas batía,
muy claramente mostrando
que a su hacedor conocía.

   Y el bello mozo divino,
que a la belleza excedía,
los garzos ojos serenos
en sus criaturas ponía,
con cuya vista, de gloria
y lindeza las vestía,
y aquellos campos amenos
de varias flores matiza.
Las avecillas cantando
con acordada armonía,
solemnizan su ventura,
que la conocen y estiman;
el cielo quedó dorado
al tiempo que a él se volvían
los cristalinos espejos
en que los cielos se miran.
Y habiendo estado suspenso,
que el amor le embebecía,
mil amorosas querellas
de sus labios despedía,
y como orientales perlas,
gruesas lágrimas vertía,
diciendo: «¿Cómo desechas
(¡ay!, dulce enemiga mía),
tal amante y tal esposo,
que por ti pena y suspira?
Dulce enemiga te llamo,
que eres dulce, aunque enemiga,
y tengo por propios daños
los con que a ti te lastimas.
Buscas tu mal y el bien huyes;
mas, aunque yo dé la vida.
Con ella he de rescatarte,
que te me tienen cautiva.
Yo te obligaré a que me ames,
dejándote tan herida
de mi amor, que no descanses
ni un punto sin mí, alma mía.
Y si enemiga fuiste
dulce, ¿cuánto más amiga?




ArribaAbajo8.-Romance de Silva


ArribaAbajo   Mirando está a su Señor
pasado de una lanzada,
Silva, y su alma con ella
duramente traspasada.,
Sus ojos agua vertiendo,
del corazón destilada,
le dice: «Bien de mi gloria,
mi rutilante alborada,
¿quién ha puesto, mi Belleza,
vuestra hermosura afeada?
Siendo del Sol de justicia,
¿pudo quedar eclipsada?
Cuál fiera os topó, Cordero,
tan brava y emponzoñada,
que esa sacra vestidura
dejó tan ensangrentada,
que del amor fue tejida
en la Rosa inmaculada?
¡Qué nunca vista inclemencia
de cierzo, pues marchitada
puso aquesa eterna flor
por nuestro bien encarnada!
Buscar a vuestros hermanos
con bondad no imaginada,
pudo alterar su malicia
y envidia desenfrenada.
¡Qué pies, ¡qué manos! ¡qué heridas!
¡qué cabeza coronada
con la corona que fue
mi soberbia inventada!
¡Quién la tuviera, Rey mío,
en sus sienes apretada!
Y que con esto, mi Dicha,
llegara a verme enclavada
en una cruz cual la vuestra,
y en vuestro amor abrasada!
Mas, ¡ay de mí!, pues os veo,
vida de mi alma, acabada
delante de mí, ¡y no quedo
con vos muerta y sepultada!




ArribaAbajo9.- Romance de Silva


A Cristo Nuestro Señor


ArribaAbajo   Quien no encontró al bello mozo
diestro, en el flechar del arco,
no diga que cosa buena
en su vida se ha encontrado.

   Aquel de los garzos ojos
y del cabello castaño,
a do el primor de lindeza
quedó más perficionado;
cuyo mirar, de amor mata,
que tiene un mirar extraño,
y tal que al más diamantino
pecho allana de un asalto.
Y llegando al corazón,
como dueño, sujetando
sus rebeldes tiranías
pone en él nuevos cuidados.

   Aquel, largo y manirroto,
en el dar no limitado,
que si pudiera quedarse
sin lo infinito que ha dado,
mil veces se viera a puertas;
que ha sido en esto extremado.

   Quien tan gran suerte y ventura
en algún tiempo ha alcanzado,
procure de no perderla
ni ponerla a mal recado
Que es amor, suma de bienes,
y un tesoro que, pesado
con lo que Dios vale y pesa,
pesa él solo y vale tanto.




ArribaAbajo10.- Letra Espiritual de Silva


De afectos de amor de Dios


ArribaAbajo   Si burlas de amor son veras,
¿qué serán veras de amor

   Cuando prueba al blanco el arco,
atraviesa el corazón
su flecha, que a oro de Tíbar
atrás se deja en primor:
¿qué serán veras de amor?

   Si una pequeña centella,
que de su fuego saltó
y dió en el alma, ha encendido
fuego tan abrasador,
¿qué serán veras de amor?

   Y si con risa apacible
es tan diestro robador
de corazones, que han sido
cien mil los que ansí robó
¿qué serán veras de amor?

   Si cuando sus brazos bellos
abrazan con más dulzor,
como si fuesen cadenas
dejan el alma en-prisión,
¿qué serán veras de amor?

   Si, con sólo mirar, queda
hecho absoluto señor
del alma, tomando en ella
pacífica posesión,
¿qué serán veras de amor?

   Y si con unas razones
que en su estilo despidió
acaso, pechos de acero
de parte a parte pasó,
¿qué serán veras de amor?

   Y si es de más que encendido
y fuerte dardo, el rigor
que causa dentro del pecho
su más templado dolor,
¿qué serán veras de amor?

   Y más que sanar no puede,
si no es la mano que hirió,
heridas tan penetrantes,
que aquestas sus burlas son:
¿qué serán veras de amor?




ArribaAbajo11.-Romance Espiritual


Sobre sentimientos de amor y ausencia


ArribaAbajo   Mal pueden los sentimientos
del bien ausente templarse
si el mismo que los causó
no quiere remedio darles.
Y en vano, Silva, en los tuyos
tratará de consolarte
ajeno entretenimiento;
que es la herida penetrante.
Y quien muy de veras ama
jamás supo acomodarse,
en ausencia, con contentos,
ni en presencia con pesares;
que si su sol le amanece
desaparecen sus males,
y si su sol se le pone
todo es tinieblas palpables.
Que desde su fortaleza,
Amor, y real homenaje,
no permite ni consiente
que en el alma desembarquen
extranjeros descontentos,
ni peregrinos solaces.




ArribaAbajo12.-Liras Espirituales de Silva


Sobre sentimientos de ausencia de Nuestro Señor.


ArribaAbajo   Dulce y fiel esperanza,
mi Cristo, mi Señor y mi deseo:
¿qué bienaventuranza,
qué gusto o qué recreo
podrá haber para mí do no te veo?

   Encerrado en mi pecho,
de ausencia y del amor, fuego tan fuerte,
me ha puesto en tal estrecho,
que un punto de no verte
me es de mayor dolor que el de la muerte.

   Porque sin ti, mi vida
queda cual la del pez sin su elemento,
hasta que socorrida
de tu presencia, siento
vuelto en deleite y gloria mi tormento.

   ¡Baste, mi bien, te ruego!
No te tardes ya más en socorrerme,
pues ves, Señor, que llego
a un extremo, que en verme
se juzgará que baste a deshacerme.

   Rompe esta tenebrosa
nube que de mil modos me atormenta,
con tu vista gloriosa,
y apaga la sedienta
congoja que me aflige y desalienta.

   Que cuando reverbera
la rutilante luz de tu hermosura,
mi invierno en primavera
se trueca, y su secura
en dulce y amenísima frescura.




ArribaAbajo13.- Romance Espiritual de Silva


Hecho en aprietos diversos del alma, que le ocurrieron a un mismo tiempo, y dando sobre su corazón lo apretaron fuertemente.


ArribaAbajo   De un riguroso accidente
de ausencia y su dolor fiero
en gran manera apretada
(que pone en muy grande aprieto),
Silva a su Bien se quejaba;
que, aunque está al parecer lejos,
estas ausentes querellas
y de amor propios afectos,
divinos milagros hacen
y son últimos remedios.
Y entre memorias pasadas
las nuevas entretejiendo,
con suspiros acompaña
a sus palabras, diciendo:
«¿Por ventura es de tus flechas
mi corazón el terrero,
dulce Amor y dulce vida,
sin la cual vivir no puedo?»
Con mil estrechas lazadas
me le enlazaste primero,
porque atrás no se volviese
como cobarde y grosero;
y cuando firme le viste,
más que un peñasco de acero,
los diamantinos casquillos
de tus flechas y arco diestro
quisiste que ejecutasen
su fuerza en él desde luego.
Y no sé cómo, al herirme,
por felicísimo acierto,
los mismos tiros, de un tiro,
le iban pasando a ti el pecho.
Y así buscas ocasiones,
mi gloria, cada momento,
cuando de burlas, por gusto,
cuando de veras, por celos.
Las burlas y los favores
y gustosos pasatiempos,
de parte a parte penetran
con unos dardos de fuego.
Las veras tan rigurosas
son, que exceden todo extremo,
terribles más que la muerte,
más terribles que el infierno.




ArribaAbajo14.- Romance a Cristo Nuestro Señor


Del amor que tiene a las almas.


ArribaAbajo   Vuelve tu rendida Silva,
de ansia amorosa apremiada,
los tristes ojos cansados
que no hallan descanso en nada,
en busca de tu hermosura,
que cual flecha enherbolada
hizo en mi corazón suerte,
dejando el alma allanada.
Y en señal de posesión
pacífica y asentada,
en su más alto homenaje
la real bandera plantada
del amor, con la divisa
más heroica y señalada
que hubo en todos sus trofeos
de memoria eternizada.
Y en una divina letra
tu condición declarada,
que dice: «Yo a los soberbios
hago guerra ensangrentada,
y a los humildes perdono,
gente a mi ley ajustada».

   ¡Oh Amor! Gran fuerza es la tuya,
fuerza, en fin, no limitada,
que no osara otra ninguna
intentar, de escarmentada,
esta difícil empresa,
que estaba a ti reservada,
y a mi, dichosa ventura,
digna de ser celebrada;
porque ser tu prisionera
y ser tu esclava aherrojada,
es reinar, sin duda alguna,
y verdad averiguada.




ArribaAbajo15- Soneto Espiritual de Silva


de sentimientos de amor y ausencia profundísimos.


ArribaAbajo   ¿Cómo vives, sin quien vivir no puedes?
Ausente, Silva, el alma, ¿tienes vida,
y el corazón aquesa misma herida
gravemente atraviesa, y no te mueres?

   Dime, si eres mortal o inmortal eres:
¿Hate cortado Amor a su medida,
o forjado, en sus llamas derretida,
que tanto el natural límite excedes?

   Vuelto ha tu corazón cifra divina
de extremos mil Amor, en que su mano
mostrar quiso destreza peregrina;

   y la fragilidad del pecho humano
en firmísima piedra diamantina,
con que quedó hecho alcázar soberano.




ArribaAbajo16.- Soneto Espiritual de Silva


a la ausencia de su dulcísimo Señor en la Sagrada Comunión.


ArribaAbajo   ¡Ay, soledad amarga y enojosa,
causada de mi ausente y dulce Amado!
¡Dardo eres en el alma atravesado,
dolencia penosísima y furiosa!

   Prueba de amor terrible y rigurosa,
y cifra del pesar más apurado,
cuidado que no sufre otro cuidado,
tormento intolerable y sed ansiosa.

   Fragua, que en vivo, fuego me convierte,
de los soplos de amor tan avivada,
que aviva mi dolor hasta la muerte.

   Bravo mar, en el cual mi alma engolfada,
con tormenta camina dura y fuerte
hasta el puerto y ribera deseada.




ArribaAbajo17.- Soneto de Silva al Santísimo Sacramento


¡Hostia!


ArribaAbajo   Contra los «hostes» soberano y fuerte
amparo, do tu nombre se deriva
de cristalinas aguas fuente viva
que templa la abrasada ansia de verte.

   Muerte eres, vida eterna, de mi muerte,
y de aquella manzana tan nociva
remedio contrapuesto que la esquiva
fortuna, nos volvió en dichosa suerte.

   Ambrosía y néctar, que su ser inmenso
al alma comunica en tanto grado,
que queda hecha soberana diosa,

   y de amor encendida tan intenso,
que no puede vivir ya sin su Amado,
ni, fuera dél, amar ninguna cosa.




ArribaAbajo18.- Soneto Espiritual de Silva


al Santísimo Sacramento; en que habla el divino Verbo inmenso con el alma que le está recibiendo de las manos del sacerdote.


ArribaAbajo   De inmenso amor aqueste abrazo estrecho
recibe, Silva, de tu dulce Amado,
y por la puerta deste diestro lado
éntrate, palomilla, acá en mi pecho.

   Reposa en el florido y sacro lecho,
y abrásate en amor tan abrasado,
que hasta que el fuerte nudo haya apretado,
no sea posible quedé satisfecho.

   Mira cómo te entrego, amiga mía,
todo mi ser y alteza sublimada;
estima aqueste don que de amor te ofrece;

   tendrás en mí gloriosa compañía,
y entre mis mismos brazos regalada
gozarás lo que nadie no merece.




ArribaAbajo19.- Soneto Espiritual de Silva


ArribaAbajo   En el siniestro brazo recostada
de su amado Pastor, Silva dormía,
y con la diestra mano la tenía
con un estrecho abrazo a sí allegada.

   Y de aquel dulce sueño recordada,
le dijo: «El corazón del alma mía
vela, y yo duermo; ¡ay, suma alegría,
cuál me tiene tu amor tan traspasada!

   Ninfas del Paraíso soberanas,
sabed que estoy enferma y muy herida
de unos abrasadísimos amores.

   Cercadrne de odoríferas manzanas,
pues me veis corno fénix encendida;
y cercadme también de amenas flores».




ArribaAbajo20.- Soneto Espiritual de Silva


Del encendido amor con que Cristo Nuestro Señor deseó y esperó el día en que había de dejar restaurado la naturaleza humana, a costa de su inestimable vida temporal, acabada entre innumerables oprobios.


ArribaAbajo   En las ardientes llamas encendido
de amor, y de su flecha atravesado,
el Príncipe de gloria disfrazado
en traje pastoril desconocido,

   muchos más de catorce años servido,
sin dar punto de alivio a su cuidado
por su zagala había, y no cansado,
le han poquísimos días parecido.

   Y su excesivo amor no satisfecho,
porque sangre en las venas le quedaba,
causaba angustias mil dentro en su pecho.

   Y vuelto a la que en tanto extremo amaba,
decía: «¿Qué ha por ti tu Pastor hecho,
mientras la vida, y sangre no te daba?»




ArribaAbajo21.- Liras Espirituales de Silva


a Cristo Nuestro Señor


ArribaAbajo   Cristo dulce y amado,
sin quien vivir un punto no podría;
süave y regalado gozo
del alma mía,
mi bien, mi eterna gloria y alegría.

   Mi puerto venturoso,
do Silva de mil males amparada
queda, y del mar furioso
la braveza burlada,
cuando más pretendió verme anegada.

   Las olas hasta el cielo,
de tan divina roca rebatidas
quedaron por el suelo,
sus trazas destruídas,
y tus promesas fieles bien cumplidas.

   Que nunca me has faltado
en los encuentros fieros y espantosos
del tigre denodado,
y leones furiosos,
sedientos de mi sangre y codiciosos.

   Porque para leones
eres fuerte león de mi defensa;
y a armados escuadrones
del infierno en mi ofensa
en polvo los volvió tu fuerza inmensa;

   y el dragonazo horrendo
que, de la boca, infame, emponzoñada,
su ancho río vertiendo,
de su furor cercada,
como en lazo pensó verme encerrada.

   Y sólo con mirarme
(cuando a ti me volví), con esos ojos
soberanos librarme
pude de mis enojos,
quedando victoriosa y con despojos.




ArribaAbajo22.- Romance Espiritual de Silva


Refiere el esfuerzo con que un alma que ama a Cristo Nuestro Señor se determina a buscarle e irse a Él, y, pospuesta toda dificultad, se ofrece a los innumerables trabajos, desamparos y peleas que se le interpusieren, como bravo mar que, atravesado delante de los ojos, pretende enflaquecer la fortaleza del ánimo, aunque en vano, cuando el amor divino tiene tomada la posesión. Y dice que, así como el fuego del alquitrán se aumenta con el agua, así el amor de Dios recibe gran acrecentamiento con las saladas aguas de las adversidades y enemigas impugnaciones. Llama sirenas del mar a las prosperidades encantadoras y gustos halagüeños de mortífero veneno.


ArribaAbajo   Amor, el pecho animoso
de Silva consideraba,
que cien mil dificultades
rompiendo, al mar se arrojaba.
Las apacibles riberas
trueca por aguas saladas;
y contrastando las ondas,
con ímpetu, atrás quedaban,
que es de acero, aunque parece
de materia delicada.
No teme las tempestades
del mar, ni sus olas bravas,
que van las del corazón
mas furiósas y alteradas,
y el fuego hace al elemento
húmedo grandes ventajas,
cuando como el de alquitrán
se acrecienta con el agua.

   No la encantan las sirenas
con su voz fingida y falsa,
porque la tiene el amor
toda absorta y traspasada,
cuyos cuidados destierran
todos los demás del alma.
Y Silva, sólo el que lleva
(que de sí no se acordaba),
es, de cuando podrá verse
en alta mar engolfada.
Porque desde allí hasta el puerto
adonde su Bien lo aguarda,
casi siempre se camina
viento en popa y mar bonanza.

   Y el Dios de amor, admirado,
que de estarlo muestras daba,
del prodigioso suceso
el fin dichoso aguardaba.




ArribaAbajo23.- Romance Espiritual de Silva


ArribaAbajo   Por herir a quien la ha herido,
Amor, que de amores muere,
de su aljaba una saeta
sacó, que con ella quiere
hacer un tiro famoso:
tiro que llamarse puede
tan venturoso y felice,
que a la mayor dicha excede.
Y flechando el arco, dice:
-«¡Ay, mi Silva! ¡Si supieses
cuán herido el corazón
me tienes, pues no consiente
que deje de herir el tuyo!
El cual, aunque me es rebelde
quedará tan allanado.
que por momentos espere
mi divina compañía,
y si me escondo, se queje;
porque ya la nieve helada
se habrá vuelto fuego ardiente.
Y así, no tendrás descanso
sin mí, que es muy impaciente,
Silva, el amor, y si es grande,
en silva gran fuego emprende».

   Y diciendo estas razones,
la flecha resplandeciente
atravesó el libre pecho,
y el alma hirió gravemente
de Silva, que con suspiros,
muestra el gran dolor que siente,
y que no puede sufrir
verse de su Bien ausente.
Que es de amor la gran dolencia
más terrible que la muerte,
y sus encendidos celos
son más que el infierno fuertes.

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