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Poesías varias sagradas, morales y profanas o amorosas: con dos poemas épicos...

Tomo I

Margarita Hickey y Pellizoni



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  —III→  


ArribaAbajoPrólogo

Hace algunos años que deseando ver cómo parecerían, y si agradarían en España las Tragedias, compuestas en el gusto y método Francés (tan celebradas en las demás Naciones), emprendí traducir dos, de los dos más estimados Autores trágicos de este tiempo; la Andrómaca1 de Racine, y la Zaira de V... Concluida mi traducción la remití a D. Agustín de Montiano y Luyando, Secretario de Cámara de Gracia y Justicia, para que su mucha instrucción, buen gusto e inteligencia en estas materias, se sirviese darme su parecer, y corregir y enmendar en la obra todo lo que su buen juicio hallase necesitar de enmienda y corrección. Y después de algunos días que tuvo en su poder la Andrómaca me la devolvió acompañada de la carta que sigue a este Prólogo, con algunas   —IV→   leves, y reducidas notas al margen de la misma traducción; y aunque en la carta, después de hacerme mucho favor, y aplaudir mi tarea, me dice no me aconseja que me tome el trabajo de reducir a asonantes algunos consonantes que había notado en ella (y que yo había dejado por no apartarme escrupulosamente del sentido de los conceptos, pensamientos y expresiones del original), porque dice me costaría acaso mayor fatiga esto solo que el todo de la obra, y en algún modo no era necesario para que pudiera darse al público; no habiéndome parecido tan dificultosa la empresa, siempre que me quisiese tomar la licencia o libertad de extender algo más los pensamientos y expresiones del original, sin faltar ni apartarme por eso de su riguroso sentido y concepto, no quise por tan poca cosa dejarla con aquel defecto, que en realidad lo es, pues peca contra las reglas del arte; y así, extendiendo algo más los mismos pensamientos y conceptos, logré libertarla de aquella tacha en lo general, aunque no enteramente; pues en una u otra parte ha sido indispensable   —V→   dejarlos por no salir de la ley que rigurosamente me había impuesto de no apartarme poco ni mucho del sentido del Poeta.

En este estado se hallaba mi traducción de la Andrómaca, y por él pensaba yo ya en darla a una de las Compañías de Cómicos de esta Corte para verla representada, cuando empezó por aquel tiempo a salir tal multitud de traducciones de piezas trágicas del Francés y del Italiano, singularmente de las Óperas del famoso Metastasio, que me hicieron mudar de intento, o por lo menos me detuvieron, y suspendieron el ánimo hasta ver si con la representación de alguna de las que frecuente y sucesivamente iban saliendo al Teatro, lograba satisfacer mi curiosidad, expresada en el principio de este Prólogo, y habiendo visto que por ninguna de las que hasta ahora, han llegado a mi noticia podía conseguirlo, pues las más de ellas se apartan infinito de sus originales (dejando a cada una en su lugar y mérito) por haber querido sus Traductores, usando de sus ingenios, añadir y quitar en sus traducciones a su arbitrio lo que les   —VI→   ha parecido conveniente a impulsos de aquella misma curiosidad que aún subsiste en mí, y a persuasiones de algunas personas que se hallan movidas de la misma, me he determinado por fin a dar al público la Andrómaca del celebrado Racine, traducida al Castellano tan fielmente, que ni en pasaje ni en expresión alguna he querido alterarla: sin embargo de que algunos me aconsejaban lo contrario cuando la traducía; pareciéndome que sería no solamente demasiada satisfacción, y aun avilantez atreverme a querer emendar, corregir y mudar obra de un Autor tan justamente alabado y celebrado como Racine, pero aun también que no lograría en ejecutarlo sino desfigurar acaso, afear, y echar a perder la hermosura del original, como acontece frecuentemente a los que emprenden corregir y emendar obras ajenas, que en lugar de hermosearlas suelen quitarles la hermosura y naturalidad de sus originales.

Ejemplar y prueba de lo que aquí se expresa es la Andrómaca que comúnmente se representa en estos Teatros; la que es tan desemejante de la Francesa   —VII→   de Racine que no es posible, cotejándolas, poderse persuadir que su Autor, o Traductor (si se le puede dar este nombre) la tomase y sacase de aquel; (como el insinuado parece manifestarlo en su Prólogo, y se infiere de algunos pensamientos y expresiones de la copia parecidos a los del original), pues está alterada y desfigurada en lo más principal y esencial de este género de composiciones, que es, en la precisión de que sus personajes guarden y observen el carácter heroico hasta el fin, y hasta el último extremo a que éste puede llegar para que su representación pueda ser útil; porque la tal Andrómaca del Autor Español (que es la heroína principal de la pieza) merece bien poco, o nada ese nombre, pues empezando su representación manifestando un odio implacable contra su vencedor Pirro, luego a pocos lances e instancias de éste, pasa repentinamente de un extremo a otro, y del odio2 y rencor va debilísimamente al del amor, y se rinde y entrega vergonzosamente al destructor de su casa, de su reino, y de su esposo; cosa muy opuesta al verdadero heroísmo,   —VIII→   y al que Racine hace observar y guardar a su heroína en esta misma Tragedia, pues la hace preferir y anteponer el morir y quitarse ella misma la vida valerosamente, al hecho feo e impropio de dar la mano y casarse con el matador de su esposo, y destructor de su reino y familia; y asimismo Orestes, en el Autor Francés se representa un héroe, que aun en medio de su debilidad por la pasión amorosa de que se hallaba poseído por Hermione, no se atreve a poner la mano en Pirro para matarle como su amada lo exigía de él, y se lo rogaba y pedía continua y porfiadamente; y se reduce o limita solamente a consentir que los Griegos lo ejecuten, y a no estorbarlo él, por complacerla y darla con eso el gusto que ella tanto deseaba de vengar con la muerte de Pirro la injuria que pretendía haber recibido de este Príncipe: pero aun ese hecho atroz no pasa en el Teatro, sino que sólo se relata y refiere, por no poner a la vista de los espectadores un hecho tan infame y de tan mal ejemplo, y al mismo tiempo tan impropio e indigno, no sólo de un héroe, pero aun de cualquier   —IX→   hombre medianamente honrado: mas en el Autor Español, no sólo se ejecuta en el Teatro esta acción sacrílega y abominable, sino que el mismo Orestes es el que a vista de todos tiene la execrable osadía de dar con su propia mano de puñaladas, a Pirro en el templo a traición y alevosamente, como pudiera hacer el pillo más despreciable, y el asesino más vil y venal de la república: si éstos son héroes, y acciones de tales, éstas, que deban ofrecerse y presentarse a un público respetable, civilizado y bien instruido, venga la razón, y véalo y dígalo; que yo me contentaré con decir sólo por ahora, que es verdaderamente digno de admiración y de extrañarse, que no se cele sobre este particular más de lo que en él se cela para que no se dejasen representar tales monstruosidades por las pésimas consecuencias que de sus representaciones pueden seguirse: era menester, y sería bueno, que los que tienen este cuidado se hiciesen bien cargo y considerasen que el Teatro es una escuela pública a la que una gran parte de gente va a aprender, a pensar y a proceder,   —X→   y que por esta razón no se deben presentar en ella al pueblo sino acciones y documentos que puedan enseñarle a pensar bien, y a bien proceder; singularmente en aquellas composiciones dramáticas en que el amor hace el primer papel, y en que es el agente o principal motor de la acción de la pieza, debería ponerse un escrupulosísimo cuidado para no dejar salir al público sino aquéllas, cuyos Autores tienen habilidad, talento y discreción para saber tratar y discurrir de esta pasión con la decencia y decoro que le corresponde; porque esta pasión, por lo mismo que es la más general y conocida de todos (generalmente hablando), es también la más delicada y dificultosa de manejarse bien y decorosamente, a causa de que los más la equivocan y confunden con el vago deseo, con el vicioso apetito, y con el abandono y libertinaje; por cuya causa, vemos salir tan frecuentemente al Teatro Comedias y Tragicomedias amorosas, con unos amores tan indecentes e indecorosos, que no se pueden ver representar sin rubor y bochorno, en las que sólo se puede aprender la disolución, el poco   —XI→   recato, la seducción y flaqueza o facilidades humanas y esto ya se ve y está claro y patente cuán perjudicial puede ser para tanto y tanta joven inocente que la ve representar; y que al mismo tiempo nota que por lo regular en el desenlace de las tales piezas dramáticas sale coronada de felicidad la impudencia, desenvoltura y libertinaje.

En el número de éstas puede entrar, me parece, según he oído hablar de su trama y enredo (pues no la he visto representar, ni he leído), la de las Vivanderas, representada bien repetidamente en esta Corte, en la que me han dicho se habla de un parto furtivo, o fortuito que una de las principales heroínas de la pieza tuvo o tiene en ella, que hace el principal asunto de su trama y enlace: dejo a la consideración y al juicio de los cuerdos y prudentes el decidir si se debe permitir la representación de casos tan obscenos, indecentes y vergonzosos; pues aunque se sabe, o no se ignoran comúnmente, que por desgracia de la miseria y debilidad humana son estos harto frecuentes en el mundo, no son éstos los que se deben presentar a   —XII→   la vista y conocimiento de una juventud honrada y bien educada de ambos sexos que asiste con frecuencia a verlos representar, pues todo el cuidado (según toda buena razón y juicio) se debe poner en apartarla de la idea, no sólo de que semejantes casos sean o puedan ser regulares y frecuentes, pero ni aun de que puedan ser posibles3; por cuyas poderosas razones no es de extrañar que algunos piadosos PP. de almas hayan declamado y declamen aun tanto sobre los perjuicios que resultan o pueden resultar de asistir y concurrir a semejantes   —XIII→   representaciones, porque las miran y consideran bajo este punto de vista, y con este mal aspecto; lo que no sucedería seguramente si supiesen y tuviesen noticia de que en tales representaciones se enseñaba y estimulaba el heroísmo, el buen modo de pensar y de proceder honrosamente el pundonor, el respeto, no el quimérico e imaginario, sino el real y verdadero, que consiste en la observancia y práctica de las virtudes morales o cristianas: la fidelidad al esposo, a los padres, al soberano, a la religión, a la patria &c. y otros muchos asuntos que se pueden poner y tratar en una pieza dramática, y que pueden servir de grandes y excelentes documentos al público; pues en realidad, una composición dramática no es otra cosa que un poema moral, y como tal debe ser bueno y doctrinal para que sea provechoso; que éste es el único medio de que este género de diversión, tan precisa e indispensable en las grandes poblaciones, pueda ser, y sea efectivamente a un mismo tiempo útil y delectable: dos puntos estos, procurados conciliar por muchos, y logrado de pocos.

  —XIV→  

He reducido a tres Actos los cinco del original por estar más en uso esto en España que lo otro, y en esto solamente me he determinado a no seguir el original, porque la frecuente interrupción de la trama o enlace, que resulta de los cinco Actos, me parece que hace algo confusa la acción.

Con la traducción de la Andrómaca presento al público algunas Poesías Líricas, en cuya composición he divertido a veces mi genio y ociosidad, o falta de ocupaciones y de diversiones adaptadas a mi gusto: no he pretendido herir a nadie en ellas, y solamente la variedad de casos y de sucesos que me ha hecho ver, conocer y presenciar el trato y comunicación del mundo y de las gentes, han dado motivo y ocasión a los diferentes asuntos y especies que en ellas se tocan.

  —XV→  

Carta de D. Agustín de Montiano y Luyando, Secretario de Cámara de Gracia y Justicia &c.: a la Traductora.

«Señora: He leído con especial gusto la traducción de la Andrómaca que Vm. se sirve mandarme reconocer, y restituyo con algunas leves enmiendas, que nada tocan a la sustancia de la obra. Vm. dice bien, que tiene aire de original; y si se redujesen a asonantes, que son los que pide la regla, algunos consonantes que la rompen, enteramente pasaría por nuevo el todo del trabajo. No aconsejo a Vm. que emprenda ya semejante fatiga, porque sería aun mayor que la que habrá costado a Vm., y en algún modo no necesaria para que pueda darse al público. He puesto al margen las palabras que me ha parecido podían subrogarse en lugar de otras, y van rayadas, por si Vm. gustare ponerlas. Mi fin ha sido dar más corriente y fluidez al verso, excusando las sinalefas que suelen entorpecerle, y tal cual difícil pronunciación que le hice duro: en algunas voces mudadas he mirado a excusar la repetición muy inmediata que ofende la delicadeza española, y quita parte de la hermosura que afianza la variedad y diferencia. Repito, Señora, que estas correcciones no son sustanciales, y que sin ellas merece no corto elogio su aplicación de Vm., y el acierto con que desempeña la suma dificultad de traducir bien. La lástima es, que el   —XVI→   genio de la Nación ha de echar menos el botón gordo, y las frialdades del gracioso: no obstante, si llega a representarse, puede ser que las gustosas lágrimas que ha de costar, formen algún partido que logre introducir este nuevo gusto en España: así hubiera sido alguna de las muertes en el teatro, tendrían como Vm. insinúa, mayor séquito la piedad y la lástima. Yo seguí algún tiempo la opinión de los Franceses; pero abracé después la Inglesa, aunque con varias moderaciones que he juzgado convenir a la verisimilitud, y a no perder la ilusión teatral: celebro en esta parte que seamos de un mismo dictamen; y no apruebo menos que sea el de Vm. ocuparse en tan provechosas tareas en que encuentro yo también mi utilidad, por la honra que debo a Vm. en comunicármelas: espero me las continúe, mandándome siempre cuanto sea de su obsequio.

Quedo a los pies de Vm. con el deseo de que la guarde Dios muchos y felices años. Madrid 16 de Mayo de 1759 - Señora, a los pies de Vm. - Montiano y Luyando - Señora, mi Señora Doña.»






ArribaAbajoAndrómaca

Tragedia de Mr. Racine, traducida al castellano


A la que (por si llegaba a representarse) siguiendo el estilo del país, se le puso el título siguiente:


    Ningún amor aventaja
en nobles y heroicas almas,
al amor de gloria y fama.

en contraposición del de otra Andrómaca muy defectuosa que se representa frecuentemente, en esta Corte, con el sabido de


Al amor de madre
no hay afecto que le iguale.

  —2→  
PERSONAS
 

 
PIRRO.   Rey de Epiro.
ORESTES.    Enviado de la Grecia con una Embajada a Pirro.
ANDRÓMACA.   Viuda de Héctor.
HERMIONE.    Hija del Rey Menelao.
CEFISA.    Confidenta de Andrómaca.
CLEONIA.    Confidenta de Hermione.
PILADES.   Amigo de Orestes.
FENIS.   Confidente de Pirro.
COMPARSA DE GRIEGOS.

La escena se supone en el Palacio del Rey Pirro.

  —3→  


ArribaAbajoActo primero

 

Salen ORESTES y PILADES.

 
ORESTES
Ya que la suerte dispone
por tan impensado acaso
que hallen aquí mis pesares
un amigo tan amado,
sin duda compadecidos, 10
o por ventura cansados
de perseguirme los Cielos
con sucesos tan infaustos,
quieren ya dar a mis penas
y a mis fatigas descanso. 15
¡Quién creyera que un clima,
a mis dichas tan contrario
el gusto de hablarte y verte
me dispensasen los hados:
y que después de seis meses 20
que de ti vivo apartado,
hoy en la Corte de Pirro
te encontrases mis quebrantos!
  —4→  
PILADES
Al Cielo debo las gracias,
cuyo piadoso cuidado 25
parece que de la Grecia
me había cerrado el paso,
desde el infelice día
que del viento contrastados
a las costas del Epiro 30
nos echó el Mar alterado.
¡Oh, cuántos desde ese día
han sido mis sobresaltos:
y cuantas veces, Orestes,
tus desdichas he llorado, 35
de tu infausta suerte nuevos
infortunios recelando,
y sintiendo me impidiese
contigo participarlos!
La tristeza en que te he visto 40
tan sumergido estos años,
en esta penosa ausencia
mis zozobras ha aumentado,
temiéndome que los Cielos
de ti cruelmente apiadados 45
te concediesen la muerte
que ansiabas desesperado.
Pero ya que tan contento
te veo aquí, y tan bizarro,
me persuado justamente 50
que algún favorable acaso,
o algún influjo benigno
te trae a Epiro; sentado
que ese brillante equipaje
—5→
y ese lucido aparato, 55
no es de un triste que su muerte
quiere y busca despechado.
ORESTES
¡Ay Pilades: y quién sabe
a qué me traerán los hados!
El amor sé que me envía 60
siguiendo aquí a aun dueño ingrato;
¿pero quién saber podrá
lo que aquí me han destinado,
ni si han resuelto ¡ay amigo!
mi vida o muerte inhumanos? 65
PILADES
Que oigo, Orestes, ¿es posible
que servilmente postrado
a una vana fantasía,
a ese delirio, a ese encanto,
fíe tu esfuerzo al amor 70
de tu vida aun el cuidado?
¿Qué hechizo es ese: qué asombro
o qué ilusión, que olvidando
los males y las desgracias
que aleve te ha ocasionado, 75
hace que apetezcas ciego
tan aborrecibles lazos?
¿Piensas acaso que Hermione,
de cuyo hermoso milagro
recibiste en Esparta 80
los más duros desengaños,
hoy más benigna a tus ruegos
dispense en Epiro agrados?
Corrido de haber amante
—6→
en sus aras tributado 85
tan fervorosos, tan nobles
rendimientos malogrados,
juzgué haberte visto un tiempo,
y tu silencio notando,
me persuadí a que yacían 90
tus afectos sepultados;
pero veo que me engañaba.
ORESTES
Y yo también me he engañado,
¡ay, Pilades, no acrecientes
mis congojas, no inhumano 95
aumentes las crueles ansias
que me están despedazando!
Bien sabes como yo propio
cuanto en mi pecho ha pasado,
y testigo inseparable 100
de mis amantes cuidados,
a un tiempo conmigo viste
nacer mi amor desdichado;
tampoco ignoras ¡ah Cielos!
que cuando el Rey Menelao 105
hubo con su hija y Pirro
el casamiento ajustado;
viendo espirar mi esperanza
con ese vínculo infausto
para mí, si para Hermione 110
feliz, pues con tanto aplauso
da ella al vengador ilustre
de su familia la mano;
poseído de mi pena,
de mí mismo enajenado, 115
—7→
sin quietud desde ese día,
y sin acuerdo, soltando
al sentimiento las riendas,
furioso y desesperado
anduve, por mar y tierra 120
las cadenas arrastrando,
con que el ciego amor me había
a su imperio sujetado.
Con harto dolor ¡oh, amigo!
te vi en trance tan amargo, 125
en tan duro contratiempo,
resuelto y determinado
a participar conmigo
constantemente, llevado
de tu amistad, la ojeriza 130
de mis destinos contrarios,
mis perennes desventuras,
azares, penas, y estragos
continuos, con que se esmeran
en perseguirme los hados; 135
empeñándote en sacarme
de tanta tormenta a salvo.
Ya suspendiendo mis iras,
ya mi aflicción mitigando,
y en fin, a mí, de mí mismo 140
defendiéndome bizarro.
Pero acordándome (¡ay ansias!)
mi triste discurso airado
que mi adorada enemiga,
olvidada de mi llanto 145
a Pirro, su feliz dueño,
estaría franqueando
—8→
pródigamente sus gracias,
sus finezas, sus halagos,
de celosa furia, entonces 150
justamente arrebatado;
corrido de ver mis ruegos
tan fieramente ultrajados,
resolví dar al olvido
su hermosura y sus agravios. 155
Desde ese día, a pesar
de afectos tan encontrados,
pensando menos en ella,
y de ella menos hablando,
parecía que el amor 160
en odio se había trocado.
Por eso creyeron todos,
y aun yo también, (¡triste engaño!)
que eran de aborrecimiento
mis extremos dimanados. 165
Pues huyendo su belleza,
su ingratitud detestando,
contra sus divinos ojos
me ostentaba asegurado.
En esta engañosa calma 170
llegué a Grecia, a tiempo que hallo
a sus ilustres Guerreros,
nobles Príncipes preclaros,
en nuevo bélico empeño
nuevamente embarazados. 175
Gustoso acudo, creyendo
que de Marte los aplausos,
preocupando la memoria
de más gloriosos cuidados,
—9→
me tuviesen dignamente 180
de mis ansias separado.
Mas, para que reconozcas
que mi destino inhumano
a las desgracias y al riesgo
me lleva y arroja, aun cuando 185
procuro con diligencias
y con esmero evitarlo,
oigo en Grecia lamentarse
de que el Rey Pirro, olvidando
las regias obligaciones 190
de su sangre y de su estado,
sin respeto a su palabra,
injusto, engañoso y vario,
al tierno Infante Astianaces,
hijo de Héctor esforzado, 195
conserva a pesar de todos
vivo en su Corte, albergando
en ella contra su fama
de Grecia el mayor contrario;
faltando así a lo que había 200
solemnemente jurado
con todos, y a la inviolable
sagrada fe de los pactos.
Él como este triste, este
descendiente desdichado 205
de tantos Reyes de troya
en sus ruinas sepultados,
pudo único libertarse
de aquel general estrago,
fue que Andrómaca su madre, 210
en medio del común pasmo,
—10→
ocultándole advertida
en un paraje ignorado,
y tomando prontamente
otro niño entre sus brazos, 215
de tal modo fingir supo
con caricias, con halagos,
que era su hijo Astianaces
el que tenía en su regazo,
que engañando sus extremos, 220
su afán, sus quejas, su llanto,
a los Griegos, y con ellos
al sagaz Ulises cauto,
fue ese infeliz al cuchillo
por el Infante entregado. 225
Supe asimismo que Pirro,
habiéndose enamorado
de Andrómaca, y desafecto
al hermosísimo encanto
de Hermione; a su peligro 230
poco atento, rehusando
dar debido cumplimiento
al casamiento ajustado,
a la hermosa Viuda ofrece
con su Corona la mano. 235
Los Griegos viéndose en esto
inicuamente burlados,
unánimes se conspiran
contra Pirro y sus engaños;
sin dar crédito a estas voces 240
también al Rey Menelao
le sobresalta un consorcio
tanto tiempo dilatado:
—11→
toda Grecia es amenazas
guerra y fuego publicando, 245
y entre tantas inquietudes
de que los miro agitados,
solo yo, secretamente
de regocijo colmado
el corazón, que imagina 250
ver con eso ya vengados
sus sentimientos, gozaba
de tranquilidad ufano:
y cuando toda la Grecia
de Pirro abomina, cuando 255
todo su engaño detestan,
yo solo el suceso aplaudo.
Victorioso, pues, con esto
me contemplé, lisonjeado
vanamente de que fuesen 260
mis iras, mis desenfados,
mis enconos y despechos,
más venganza que cuidado.
Mas, ¡ay de mí! poco a poco
fui a mi pesar notando, 265
fui viendo, fui conociendo
que este sueño, este letargo,
este tan dulce delirio,
esta apariencia, este engaño,
cenizas eran de aquel 270
incendio mal apagado:
pues adormecido el odio,
los rencores desmayando,
las iras menos activas,
los enojos más templados, 275
—12→
conocí en fin que la amaba
más que nunca la había amado:
y que esta fiera, Tirana
de mi sosiego, tomando
otra vez de mis afectos 280
posesión, (¡hados tiranos!)
triunfaba de ellos, (¡ay triste!)
como siempre había triunfado:
últimamente, (¡ay amigo!),
conociendo, contemplando, 285
persuadido enteramente,
del todo desengañado
de que intentar olvidarla
ni aborrecerla, es vano:
sabiendo en fin que los Griegos 290
habían determinado
enviar una embajada
a Pirro, haciéndole cargo
del descrédito y la mengua
con que quebrantaba osado 295
su palabra, y la inviolable
sagrada fe del contrato,
solicité vivamente
los votos y los sufragios
de todos para alcanzarla; 300
y habiendo por fin logrado
que su Embajador me nombren,
gustoso de ella me encargo.
Y en nombre de toda Grecia
vengo a pedir arrestado, 305
ese niño, cuya vida
los tiene tan asustados.
—13→
Mas, que por forzar a Pirro
a que cumpla lo pactado,
por ver ¡ay de mí! a esa fiera 310
de mis potencias encanto:
¡felice yo si lograse,
en el ardor que me abraso,
llevarme en vez de Astianaces,
a ese basilisco ingrato! 315
Tú, pues, que a Pirro conoces,
y le has hablado despacio,
infórmame por extenso
de su genio y de su trato,
de su pasión de sus miras, 320
sus intentos, y de cuanto
en su Corte y en su pecho
hubieres averiguado.
Dime si acaso los grandes
atractivos soberanos 325
de mi adorada enemiga,
han sabido enamorarlo:
si ella le ama, (¡qué pena!)
si él la aborrece, (¡qué agravio!)
si es que puedo prometerme 330
que a otra beldad inclinado,
me restituya el sosiego
que me ha usurpado tirano:
pues no hay que esperar, amigo,
que a este amor tan extremado 335
pueda ya vencerle el tiempo,
injurias, golpes, ni estragos.
Y ya que para eso han sido
todos mis esfuerzos vanos,
—14→
dejándome ciegamente 340
arrastrar ya de los hados
que así me violentan, vengo
resuelto y determinado,
sin mirar inconvenientes,
riesgos, peligros ni daños, 345
a sacar de aquí a esa ingrata,
o a morir desesperado.
PILADES
Te engañará, amigo Orestes,
si te asegurará incauto,
que Pirro quiera entregarte 350
lo que aquí vienes buscando;
no porque Hermione bella
le merezca algún cuidado,
pues sólo idolatra ciego
la viuda del Troyano: 355
y aunque esta altiva hermosura
su fineza ha despreciado,
vemos que continuamente
los medios usa más raros
para obligarla, ya fiero 360
su corazón asustando
con la muerte de su hijo,
con la que le ha amenazado
muchas veces, ya rendido
amante a sus pies postrando 365
los más ardientes, más finos,
y fervorosos halagos,
disipando de esta suerte
él mismo, el dolor y el llanto
que con sus artificiosos 370
—15→
rigores la ha ocasionado:
y aun Hermione misma, Hermione,
con afectos encontrados
frecuentemente a los suyos
le ha visto también postrado, 375
y en mal seguros deseos
ofreciéndola holocaustos
en despique, o en venganza
de sus, ruegos despreciados
de la Troyana, obsequiarla, 380
más que amante despechado:
y así Orestes, no presumo
debas estar confiado
de un corazón combatido
de sentimientos tan varios, 385
porque Pirro señor, puede,
en tan duros tan extraños
y complicados afectos,
y combates tan contrarios,
sacrificar a quien ama, 390
y a quien odia dar la mano.
ORESTES
Y la altiva Hermione dime,
Pilades, ¿cómo ha llevado
ver su boda diferida,
y su valor, el milagro 395
de su hermosura y belleza
desatendido, ultrajado?
PILADES
Hermione bella, afecta
no hacer de su olvido caso,
y persuadida a que Pirro, 400
—16→
no obstante despego tanto,
se tendrá por muy dichoso
si vence su ceño ingrato,
que aún ha de volver presume
y rogarla enamorado: 405
mas, con todo, algunas veces
en mí sus penas fiando
llorar la he visto el desprecio
con que Pirro la ha tratado,
a marchar siempre dispuesta, 410
y dispuesta siempre en vano,
afligida, al fiel Orestes
llama veces a su amparo.
ORESTES
¿Qué dices? si tal creyera
fuera al instante, y postrado... 415
PILADES
No, desempeña primero
de tu Embajada el encargo;
y pues aquí al Rey aguardas,
exponle resuelto y claro,
que a todos los Griegos tiene 420
justamente sublevados:
que antes que el hijo entregarles
quiera de su ídolo amado,
sólo servirán sus iras
para más enamorarlo, 425
y más han de unirlos, mientras
más pretendan separarlos:
con que así pide arrogante
para que te niegue airado:
pero aquí viene.
—17→

 (Vase.) 

ORESTES
Pues vete,
430
y dile a ese hechizo ingrato,
que a verla solo y hablarla
viene Orestes desdichado.
 

(Salen PIRRO y FENIS.)

 
ORESTES
Antes, señor, que os exponga
el encargo que los Griegos, 435
 

(Siéntase PIRRO para oír la Embajada de ORESTES.)

 
y toda la Grecia unida
hoy a mi cuidado a puesto,
permitidme que me obstente
de su elección satisfecho,
haciendo en vuestra presencia 440
demostración el contento
al ver de la tenaz Troya
el conquistador supremo:
vuestras hazañas igualan
las de vuestro padre excelso; 445
Héctor pereció a sus manos,
Troya cayó a vuestro esfuerzo,
mostrando en todas empresas
con venturoso denuedo,
que el hijo sólo de Aquiles 450
pudo llenar tanto empleo.
Pero lo que vuestro padre
glorioso no hubiera hecho,
es lo que hoy en vos se observa
—18→
con general desconsuelo: 455
 

(Siéntase ORESTES.)

 
Grecia extraña ver al hijo
del grande Aquiles, atento
a reparar las ruinas
de los Troyanos soberbios,
y movido injustamente 460
de infausto piadoso afecto,
dar vida a Astianaces, hijo
de nuestro enemigo fiero,
de guerra tan dilatada
último y odioso resto: 465
si olvidado habéis los daños
que Héctor nos hizo sangriento,
esos Pueblos destruidos
lo acuerdan con llanto eterno:
tiemblan las madres y esposas, 470
sólo con oír el eco
de su nombre; en toda Grecia,
no hay familia que en lamentos
no pida cuenta a Astianaces
con bien fundado derecho, 475
de un padre, un esposo, o un hijo
que Héctor les mató violento:
¿quién sabe lo que ese niño
intentará en algún tiempo?
Quizás en nuestras riberas 480
desembarcar lo veremos,
como vimos a su padre
se saña y de furor lleno,
abrasando nuestras Naves
en tal altas Mares y Puertos, 485
—19→
los estragos y ruinas
que aún lloramos, repitiendo.
La Grecia, pues, por mí os dice,
señor, que a tan grave riesgo
atento y considerado, 490
pongáis con tiempo el remedio:
que receléis advertido
de vuestra clemencia el premio,
porque no sea que esa sierpe,
albergada en vuestro sello, 495
en pago del beneficio
se vuelva contra vos mismo.
Del hijo grande de Aquiles
hoy se prometen los Griegos,
que contra el común peligro 500
sabrá precaverse cuerdo,
dando fin a un enemigo
tanto más fuerte y tremendo,
que aprendería a su lado
a saber después vencerlos; 505
si su interés no os obliga,
oblígueos el propio riesgo,
muévaos vuestra causa misma,
y los daños precaviendo...
PIRRO
La Grecia hoy en favor mío 510
nuestra demasiado esmero;
creí que a empresas más graves
dirigiese sus desvelos,
y sobre el ínclito nombre
de Embajador tan supremo, 515
había mi fe concebido
—20→
más generosos intentos:
¿quién creyera que tan bajo,
tan abatido proyecto,
del hijo de Agamemnón 520
mereciese el alto empleo?
¿Y que un Pueblo, tantas veces
victorioso, todo entero
conspire hoy contra la vida
de un mísero Infante tierno? 525
¿Pero a quién, decid, pretenden
tan tenazmente los Griegos,
que violando toda recta
razón, le sacrifiquemos?
¿La Grecia tiene aún acaso 530
sobre su vida derecho?
¿y entre todos, a mí sólo
me disputarán severos
el disponer de un cautivo
que me ha destinado el Cielo? 535
Cuando, en los Muros Troyanos,
humeando el horrible incendio
los felices vencedores
sus despojos repartieron,
me toco a mí, por celestes 540
inescrutables decretos,
entre todos los cautivos
a Andrómaca y su hijo bello;
Hécuba y otros, entonces
al prudente Ulises dieron, 545
Casandra la destinaron
a vuestro padre guerrero:
decidme, ¿sobre unos, ni otros,
—21→
alegué yo algún derecho?
¿les he jamás disputado 550
el fruto de sus Trofeos?
¿temen que renazca Troya,
y resucite Héctor fiero
quitándome ingrato el hijo
la vida que le concedo? 555
Señor, advertencia tanta
es verdugo del sosiego,
y yo no sé adivinar
las desdichas de tan lejos,
miro sólo lo que ha sido, 560
esa Ciudad otro tiempo,
soberbiamente murada,
Emporio de Héroes guerreros:
dueña de Asia, y cotejando
lo que era y es, sólo advierto 565
torres abatidas, muros
consumidos por el fuego,
ensangrentados los ríos,
los campos todos desiertos,
un niño infeliz cautivo 570
y en ningún modo contemplo
que Troya en tan triste estado
aspiré a su antiguo Imperio.
Si del mísero Astianaces
la muerte se había resuelto, 575
¿por qué razón todo un año
la hemos diferido necios?
¿no pudimos darle muerte
cuando a Príamo soberbio?
Con Troya y la Real familia 580
—22→
sacrificarle debieron;
todo entonces era justo,
la mujer, el niño, el viejo;
en vano solicitaban
libertarse del acero. 585
La victoria audaz, la noche,
el horror, lo obscuro y denso,
a la crueldad impelían
nuestros tiros confundiendo:
mi furor en los vencidos 590
causó estragos harto horrendos,
mas pretender que mis iras
violentando humanos fueros,
y a pesar de mis piedades,
lleguen al horrible exceso 595
de cebarse en la inocente
sangre de un Infante tierno,
eso no, busquen furiosos
otra víctima los Griegos,
persigan en otras partes 600
de la infeliz Troya el resto,
porque ya de mis enojos
espiró el infausto duelo,
y he de salvar al que en troya
han preservado los Cielos. 605
ORESTES
Señor, no ignoráis discurro
el artificioso enredo
con que al suplicio llevaron
un Astianaces supuesto,
y matando al inocente 610
dejaron con vida al reo.
—23→
No a los Troyanos, a Héctor
persiguen así los Griegos;
vengarse en el hijo, quieren
del padre cruel, habiendo 615
comprado a precio de sangre
su justo resentimiento:
sólo en la del hijo puede
ahogarse este odio funesto,
y mirad no sea que llegue 620
a Epiro el voraz incendio,
prevenid...
 

(Levántase PIRRO y luego ORESTES.)

 
PIRRO
En ningún modo,
antes con gusto consiento
que del Epiro, otra Troya
haga ingrato su despecho, 625
y equivocando las iras
su furor, confundan ciegos
la sangre de los vencidos,
con la de los que vencieron:
que no es la primera injuria, 630
ni es el agravio primero,
con que la Grecia, de Aquiles
ha pagado el noble esfuerzo:
de tales ingratitudes
supo Héctor sacar provecho, 635
y puede ser que algún día
haga su hijo lo mismo.
  —24→  
ORESTES
¿Con que la Grecia en vos halla
solamente un hijo opuesto?
PIRRO
¿Y habré yo vencido solo 640
para estarle a ella sujeto?
ORESTES
Yo confío, que de Hermione
la hermosura, los esmeros,
lograrán que ejecutéis
de su padre los preceptos. 645
PIRRO
A Hermione bella, Orestes,
puedo amarla con extremo,
sin que de su padre sea
un infame lisonjero:
sin agraviar su hermosura 650
saber conciliar pretendo
con el amor, los cuidados
de mi gloria y mis aumentos,
y ahora bien, si hablar pretendo
a Hermione vuestro anhelo, 655
verla podéis, que no ignoro
de ambos el enlace estrecho;
y después podréis, Orestes,
cuando quisiereis volveros,
llegando absolutamente 660
su pretensión a los Griegos.
ORESTES
Bien se dispone, ¡el amor

 (Aparte.) 

favorezca mis intentos!
—25→

 (Vase.) 

FENIS
¿Así Señor, permitís
que a ver a su amada vuelva? 665
PIRRO
Dícenme, que enamorado
ha estado de Hermione bella.
FENIS
¿Y si aquel fuego, señor,
resucitase ahora al verla,
y porfiando, lograse 670
que ella grata le quisiera?
PIRRO
Ámense cuanto quisieren,
y quiéranse enhorabuena;
y si intentasen amantes
dar a Esparta ambos la vuelta, 675
yo mismo con mucho gusto
les franquearé las puertas:
¡sabe el Cielo cuanto enfado
me excusaría su ausencia!
FENIS
Pues como...
PIRRO
En otra ocasión
680
te confiaré mis penas,
que Andrómaca, hermosa, ahora
hacia nosotros se acerca.
 

(Salen ANDRÓMACA Y CEFISA.)

 
PIRRO
¿Buscáis acaso, Señora,
—26→
al que sólo en vos alienta? 685
¿Permite vuestra hermosura
que tan dichoso me crea?
ANDRÓMACA
Iba, Señor, hacia el cuarto
donde mi hijo se encierra,
puesto que en mis aflicciones 690
benigno me dais licencia,
para que una vez al día
le visite, y en él vea
de mi reino y de mi esposo,
el solo bien que me queda: 695
a quejarme un rato iba
con él, de mi suerte adversa,
que en todo hoy, aún no le ha dado
un abrazo mi terneza.
PIRRO
¡Ay, Señora, de los Griegos 700
la nueva y cruel empresa
temo, según su amenaza,
que os cause mayores penas!
ANDRÓMACA
¡Mayores penas! ¿pues cómo?
¿qué nueva desdicha es esta 705
que temen? ¿algún Troyano
ha escapado a su violencia?
PIRRO
Sus iras contra Héctor fuerte
no han quedado satisfechas,
y ahora temen a su hijo. 710
ANDRÓMACA
Fundadamente recelan
—27→
de un triste niño abatido
que aún no sabe en sus miserias,
ni que es esclavo de Pirro,
ni que Héctor su padre sea. 715
PIRRO
Tal cual es, todos los Griegos
piden ansiosos que muera,
y el hijo de Agamemnón
encargado de la Grecia,
para apresurar su muerte 720
que todos piden y anhelan,
hoy al Epiro ha llegado,
y en conseguirlo se empeña.
ANDRÓMACA
Y vos, señor, ¿firmaréis
tan cruel injusta sentencia? 725
¿accederéis riguroso
a una pretensión tan fiera?
¿No os lastimará (que angustia)
su infancia inocente y tierna?
¿hace quizá el ser mi hijo 730
delincuente su inocencia?
¡Ay de mi triste, no temen
que a su padre vengar pueda:
temen, sí, que de su madre
alivio y consuelo sea! 735
Padre, esposo y reino hallaban,
Cielos, en él mis querellas:
¡mas he de perderlo todo,
y siempre por orden vuestra!
PIRRO
Ya a vuestro llanto, señora, 740
—28→
se anticipó mi respuesta,
y los Griegos ofendidos
me amenazan con la guerra:
mas aunque todos furiosos
surcando los mares vengan 745
a pedirme vuestro hijo
con sus armadas inmensas;
aunque costara más sangre
que en Troya la hermosa Elena,
y aunque todo mi Palacio 750
envuelto en cenizas viera,
defenderle ofrezco, a costa
de mi fama y vida misma:
solo, señora, mis ansias
saber quieren y desean, 755
si entre tanto riesgo, como
por vos, finas atropellan,
¡será posible que alguna
piedad o agrado os merezcan!
Perseguido de los Griegos, 760
con todo el mundo en contienda,
¿tendré aún que combatir
vuestra condición severa?
Mi poder es todo vuestro;
mas puesto que en vos se emplea, 765
¿podré esperar a lo menos
que aceptaréis mi fineza?
Y combatiendo animoso
de vuestro hijo en defensa,
¿permitiréis que no os cuente 770
por mi enemiga siquiera?
  —29→  
ANDRÓMACA
Señor, ¡qué es lo que os escucho!
¿Y qué ha de decir la Grecia?
Una alma tan grande, ¿cómo
tan débil se manifiesta? 775
¿Queréis que una acción tan noble,
tan heroica, tan excelsa,
solo vergonzoso efecto
de una ciega pasión sea?
Triste, desabrida a todos, 780
y hasta conmigo molesta;
¿qué satisfacción, qué gozo
podéis hallar en que os quiera?
¿Qué atractivos tener puede
para vos una belleza, 785
a quien habéis condenado
a perpetuo llanto y queja?
No, señor, no así se empañen
tantas brillantes proezas,
respetar de los vencidos 790
la desdicha y la miseria,
amparar al infelice,
dar a sus desgracias treguas,
usar generosamente
con el rendido clemencia, 795
restituir a una madre
su hijo (¡ay amada prenda!)
combatir heroicamente
del Pueblo la resistencia
por libertarle, sin que esto 800
para rendir la entereza
el respeto y el decoro
—30→
de su honor y fama sea;
y a pesar de intentos fieros
dar asilo a la inocencia: 805
éstas, señor son acciones
dignas de vuestra grandeza.
PIRRO
¡Qué oigo! ¿Es posible que aún dura
contra mí la adversión vuestra?
¿puede odiar un pecho siempre? 810
¿y ha de ser la ira eterna?
No niego que en vuestro reino
he causado graves penas,
que en la sangre de los vuestros
teñida han visto mi diestra. 815
Mas, ¡ay de mí! ¡qué cruelmente
vuestros rigores se vengan!
¡Qué pesares, qué congojas,
y que ansias no me cuesta
lo que entonces vuestros ojos 820
lloraron, y vuestras quejas!
Y aquellos horrores, ¿cuánto
a la memoria atormentan?
Yo solo sufro más males
que hizo en Troya mi violencia, 825
rendido a vuestra hermosura,
de dolor el alma llena,
ardiendo en más vivo fuego
que encender supo la Grecia:
tantos ruegos despreciados, 830
tan mal pagadas finezas,
¿fueron acaso mis iras
más impías que las vuestras?
—31→
Pero señora, ya basta,
¡cesen ya las inclemencias! 835
¡nuestro recíproco riesgo
calme la enemistad nuestra!
Sólo una leve esperanza
que vuestra beldad conceda,
os vuelve un hijo, y prometo 840
que en mí un fino padre tenga:
yo mismo le enseñaré
a vengarse de la Grecia,
vuestros daños y los míos
iré a castigar en ella, 845
que alentado de un furor
no habrá cosa que no emprenda:
a vuestro Ilion sagrado
volveréis a ver contenta,
y en menos tiempo que a Troya 850
supo conquistar la fiera
obstinación de los Griegos,
y su interminable queja,
sobre yo reedificarla,
y coronaros en ella. 855
ANDRÓMACA
Magníficas esperanzas,
ya, señor no me hacen fuerza:
con mi reino y con mi esposo
espiraron mis grandezas.
No esperéis, no, sacros muros 860
(¡qué dolor!) de Troya excelsa,
verme ya, pues conservaros
no pudo Héctor (¡qué pena!)
Señor, con menos favores
—32→
una infeliz se contenta; 865
un retiro solamente
es lo que mi llanto os ruega.
Permitidme, que apartada.
de vuestra augusta presencia,
ocultando a mi hijo (¡Cielos!) 870
llorar a mi esposo pueda:
vuestro amor contra mi hijo
irrita toda la Grecia,
vulva, señor, vuelva amante
vuestro afecto a Hermione bella. 875
PIRRO
Puedo yo, señora... ¡Oh, cuánto
vuestra persuasión me aqueja!
¿Cómo he de entregarle un alma
que vos la usurpasteis fiera?
Bien, sé que de mis afectos 880
debía Hermione ser dueña,
sé también que la han traído
a ser en Epiro Reina;
casi a un mismo tiempo el Cielo
os condujo aquí con ella, 885
a vos, para ser esclava,
y a ella para Princesa:
sin embargo, he procurado
obligarla con finezas,
¿y no dirán al contrario 890
todos los que atentos vean
triunfante vuestra hermosura,
despreciada su belleza,
que es ella (¡Cielos!) la esclava,
y vos (¡ay, de mí!) la Reina? 895
—33→
Estos ardientes suspiros4
que vos despreciáis soberbia,
a Hermione dedicados,
¡cuánto aprecio merecieran!
ANDRÓMACA
¿Por qué motivo, señor, 900
no han de merecer con ella?
¿Acaso debe olvidarse
de vuestros servicios necia?
¿Troya por vos destruida
hoy contra vos la exaspera? 905
¿A un difunto esposo, debo
inviolable ley, fe tierna?
¡Y qué esposo todavía!
¡ah Cielo! ¡ah memoria! ¡ah penas!
¡Con solo su muerte, Aquiles, 910
ha dejado fama eterna!
A la sangre de Héctor deben
lo ilustre sus armas regias,
y mis desventuras hacen,
gloriosas vuestras empresas. 915
PIRRO
Bien está, señora, basta,
preciso es que os obedezca;
olvidar vuestra hermosura
quiero, y aun aborrecerla:
sí, que mi pasión ha sido 920
sobradamente violenta,
para reducirse a solo
moderada indiferencia;
mas pensadlo bien, señora,
mirad que mi pecho, es fuerza, 925
—34→
si con extremo no ama,
que con exceso aborrezca:
sacrifíquese, pues, todo
a mi enojo y justa queja,
pague el hijo los desprecios 930
de su ingrata madre fiera.
Grecia le pide, y no quiero
que siempre mi piedad necia
se precie de amparar gente
desconocida y soberbia. 935
ANDRÓMACA
¡Ay de mí! ¡sin duda hoy muere,
pues no tiene en su defensa
sino el desvalido llanto
de su madre y su inocencia!
Mas no importa, que quizás 940
en los males que me cercan
con su muerte, (¡que congoja!)
se acabarán mis miserias.
Por él sólo conservaba
la vida que me atormenta: 945
mas muerto mi hijo, al padre
ver muy presto el alma espera.
Y así, señor, todos tres
unidos por orden vuestra,
nuestras almas...
PIRRO
Id, señora,
950
a ver vuestra amada prenda,
que viéndola podrá ser
que tímida la terneza,
no os deje tomar altiva
—35→
la ira por consejera. 955
A vuestro cuarto yo luego
iré, a saber la respuesta;
id, pues, a ver vuestro hijo,
pero al abrazarle tierna
acordaos que en vos consiste, 960
señora, que viva o muera.
 

(Vase.)

 
ANDRÓMACA
¡Válgame el Cielo!
CEFISA
Señora,
Hermione, hacia aquí se acerca.
ANDRÓMACA
Pues vámonos, que no quiero
con ella encontrarme: adversa 965
suerte, ¡hasta cuándo conmigo
te has de mostrar tan severa!

 (Vanse.) 

 

(Salen HERMIONE y CLEONIA.)

 
HERMIONE
En fin, hago lo que gustas,
consintiendo que me hable
Orestes; este consuelo 970
concederle mis piedades
quieren: Pilades, su amigo
me ha dicho que aquí le aguarde,
mas si la verdad te digo,
mejor fuera no escucharle. 975
CLEONIA
¿Qué es lo que a tus bellos ojos
tan aborrecible te hace?
—36→
¿Acaso Orestes, señora,
no es el mismo que era antes?
¿No es aquel, de cuya ausencia 980
has solido lamentarte
afligida, echando menos
el amor fino y constante?
HERMIONE
Ese mismo amor pagado
con ingratitud tan grande, 985
es el que me representa
su vista desagradable.
¿Qué triunfo para él será,
y para mí qué desaire,
cuando vea que mis tormentos 990
igualan ya sus pesares?
¿Es ésta dirá admirado
la altiva Hermione intratable?
Ella a mí me desdeñaba,
mas otro hay que a ella le agravie: 995
la que feriaba su amor
sólo a precio exorbitante,
sufre ya de aborrecida
los durísimos ultrajes.
¡Qué ira! ¡Qué rabia!
CLEONIA
Señora,
1000
desvanece dudas tales,
que Orestes en todo tiempo
se ha ostentado muy amante,
para que temas que hoy venga
cruel solamente a insultarte; 1005
viene, pues, porque de ti
—37→
no puede fino olvidarse:
mas di, ¿no me participas
lo que te manda tu padre?
HERMIONE
Me manda, que si difiere 1010
Pirro conmigo casarse;
si rehúsa dar la muerte
al Troyano, o entregarle,
sin detenerme (¡qué pena!)
luego con los Griegos marche, 1015
CLEONIA
Pues señora, di, ¿a qué esperas?
Escucha a Orestes afable,
perfecciona tú el agravio
que empezó Pirro inconstante:
y aún mejor fuera que a él 1020
resuelta te anticipases.
¿No me has dicho tú, señora,
que le aborreces? ¿pues qué haces
ya aquí? ¿Por qué del Epiro
animosa no te partes? 1025
HERMIONE
¿Si le aborrezco, Cleonia?
así lo pide mi aire.
¿No le quise con extremo?
¿Y él no me ofende hoy infame?
Demasiadamente, amiga, 1030
le he amado para no odiarle.
CLEONIA
Pues húyele ya, señora,
y ya que hay quien te idolatre...
—38→
Deja, deja que mis iras
¡ay, Cleonia! más se arraiguen 1035
contra ese tirano, deja
que mi furor se dilate:
porque quiero con estragos
de su vista separarme,
y presto (¡ay de mí!), motivos 1040
me dará infiel, y mudable.
CLEONIA
¿Posible es que para eso
nuevas injurias aguardes?
Amar fino a una cautiva,
y a tu vista el alma darle, 1045
para aborrecerle, dime,
¿no ha sido causa bastante?
¿Qué más ha de hacer, pregunto,
para que te desengañes?
Ya él te hubiera disgustado, 1050
señora, si disgustarte
pudiera hombre que tantos
desprecios te ha hecho y hace.
HERMIONE
¿Qué interés, Cleonia, tienes
en irritar mis pesares, 1055
cuando yo de conocerme
huyo en tan duro combate?
Afecta que no ves nada
del fuego en que el pecho arde;
dime que ya no le amo, 1060
pondérame ya triunfante,
persuádete a que se abrasa
—39→
de ira sólo en volcanes,
si ser puede a mí también,
(¡ay de mí!) me lo persuade. 1065
¿Quieres en fin que le deje?
vamos, nada me acobarde,
vamos, y no anhele fina
mi fe tan indigno amante;
en su corazón la esclava 1070
solamente viva y mande...
Mas, ¿y si de sus palabras
Pirro ingrato se acordase?
¿Si la lealtad en su pecho
volviese acaso a albergarse? 1075
¿Si a mis plantas (¡qué locura!)
reconocido llegase?
¿Si amor quisiera a mi imperio
segunda vez sujetarle?
¿Si Pirro?... Mas no, que aleve 1080
sólo pretende ultrajarme,
pues quédeme sólo para
turbar sus felicidades,
tenga yo el triste consuelo
siquiera de importunarle, 1085
y rompiendo de estas bodas
el solemnizado enlace,
de los Griegos contra Pirro
suscitemos el coraje.
En arma a toda la Grecia 1090
tengo ya contra Astianaces,
pero aun quieren conspirarla
mis iras contra su madre:
padezca ella el tormento
—40→
que a mi padecer me hace; 1095
piérdanse Pirro, yo, el reino,
Andrómaca y Astianaces.
CLEONIA
No creas que ojos, señora,
que sólo de llorar saben,
intenten a tu hermosura 1100
el imperio disputarle;
ni que un afligido pecho,
cercado de tantos males
de su mayor enemigo,
pretendido haya lo amante: 1105
mira si acaso por eso
es su aflicción menos grave.
Si eso fuera, pues lo logra,
¿para qué serían los ayes,
tantas quejas y lamentos, 1110
y esquivez tan intratable?
HERMIONE
¡Cielos, qué por mi desdicha,
preocupada de sus grandes
virtudes, yo tan benigna
admitiese y escuchase 1115
sus engañosos halagos,
y rendimientos falaces!
Sincero mi noble pecho
nunca quiso disfrazarse,
porque creyó que podía 1120
sin peligro declararme,
sin armarme rigurosa
con desdenes ni un instante,
sólo (¡ay de mí!) consultaba
—41→
con mi pasión para hablarle; 1125
¿pero quién (¡Cielos!) hubiera
dejado de declararse,
sobre el sagrado seguro
de una fe tan inviolable?
¿Manifestó acaso entonces 1130
de mi amor desagradarse?
Acordarte puedes, todo
conspiraba a asegurarme:
mi familia vindicada,
y los Griegos ya triunfantes, 1135
de los despojos de Troya
colmadas ya nuestras Naves,
excedidas con las suyas
las hazañas de su padre,
sus amorosos deseos 1140
que los míos juzgué iguales.
Mi inclinación, y aún tú misma
con aplausos incesantes
de sus glorias admirada,
concurriste a matarme: 1145
pero Cleonia, ya basta,
sea Pirro, o no sea grande,
es Hermione quien es,
y Orestes quererla sabe:
amar fino sabe Orestes 1150
y aun amar sin que le amen,
y quizás con amor tanto
también sabrá hacerse amable;
llámale, pues, venga luego.
  —42→  
 

(Va CLEONIA hacia los bastidores, y vuelve luego.)

 
CLEONIA
Aquí le tienes, amante. 1155
HERMIONE
¿Qué dices, que ya me pesa

 (Aparte.) 

tan presto (¡ay de mí!) encontrarle?
 

(Sale ORESTES.)

 
HERMIONE
¿Puedo, Orestes, persuadirme
a que vuestro amor constante
es el que fino pretende 1160
con tantas ansias hablarme?
¿o debo agradecer sólo
a vuestra nobleza y sangre
la solicitud atenta
que así os obliga a buscarme? 1165
ORESTES
A tal extremo, señora,
llegan ya mis ceguedades,
que parece que de Orestes
el destino lamentable,
es idolatrar más fino 1170
vuestra hermosura y crueldades:
el día que más airado
de ellas propone olvidarse,
bien sé que con vuestra vista,
—43→
van, señora, a renovarse 1175
todos mis crueles tormentos,
y acervos antiguos males;
que en veros quebranto osado
juramentos a millares:
pero os protesto, señora, 1180
por las celestes deidades,
testigos sagrados todas
de mis furores mortales,
que he solicitado ansioso
mi muerte por todas partes, 1185
para que mis juramentos
se cumpliesen, y acabasen
con ellos de una vez tantos
y tan furiosos afanes.
Hasta a los feroces Pueblos 1190
la he pedido, en los Altares
donde a sus Dioses dan culto
sólo con humana sangre;
mas los Templos me han cerrado,
y aun crueles siendo y voraces, 1195
de una vida despreciada
han querido lastimarse:
con que ya desesperados
vuelven a vos mis pesares,
a buscar en vuestros ojos 1200
la muerte que huye encontrarme.
Mi despecho sólo aguarda
los desvíos y los ultrajes
con que siempre han respondido
a mis anhelos amantes, 1205
—44→
que de una leve esperanza,
tiranos quieran privarme.
Y para acabar conmigo
de una vez, y apresurarles
el fin a mis desventuras, 1210
y a penas tan desiguales,
que me repitan lo mismo
que crueles me han dicho antes.
Éste es, pues, todo mi anhelo
de un año entero a esta parte; 1215
dignaos aceptar, señora,
esta víctima constante
que los Scitas ya os la hubieran
usurpado inexorables,
si como en vos fuese en ellos 1220
la crueldad interminable.
HERMIONE
Dejad, Orestes, tan triste
desconsolado lenguaje,
y ved que a más digno empeño
Grecia os llama en este lance. 1225
¿Qué me decís de los Scitas,
de rigores ni crueldades?
Pensad sólo en tantos Reyes
como aquí representáis.
¿De una pasión, será justo, 1230
que penda asunto tan grave?
¿Piden acaso los Griegos
que se vierta vuestra sangre?
Vuestro valor, como debe,
procure desempeñarse 1235
—45→
del alto encargo que...
ORESTES
Pirro
quiso ya desempeñarme,
habiéndome ya negado
el entregar a Astianaces:
ya de él estoy despedido, 1240
que ocultas razones, le hacen
(oponiéndose a los Griegos)
defenderle y ampararle...
HERMIONE
¡Ah, traidor!

 (Aparte.)  

ORESTES
Con que así pronto
del Epiro a separarme, 1245
a consultar con vos vengo
mi infausto destino antes.
HERMIONE
Anímele, pues yo ahora

 (Aparte.) 

para más asegurarle,
que este amor, de aquel desprecio 1250
(vive el Cielo) ha de vengarme.
ORESTES
La respuesta me parece
oigo ya, que manda darme,
de vuestro tirano pecho
contra mí el odio implacable. 1255
HERMIONE
¿Qué decís? ¿Vuestro discurso,
triste siempre y vacilante,
de una enemistad supuesta
—46→
siempre injusto ha de quejarse?
¿Cuáles son esos rigores 1260
tan ponderados, contadme?
¿Son tal vez porque a este reino
vine con Pirro a casarme?
Así es, más que fue sabéis
obedeciendo a mi padre, 1265
mi padre me lo mandaba;
mas desde entonces, ¿quién sabe
sino han acaso a los vuestro
excedido mis pesares?
¿Pensáis haber sido solo 1270
en sufrir penas; y azares?
¿Juzgáis quizá que el Epiro
no ha visto en llanto anegarme?
¿Y quién, en fin, os ha dicho,
que (mi obligación aparte) 1275
no haya el alma deseado
con vos tal vez encontrarse?
ORESTES
¿Conmigo, señora? ¡Qué oigo,
Hermione incomparable!
¿Habláis conmigo, señora, 1280
o pretendéis engañarme?
Miradme bien, dueño hermoso,
y ved que tenéis delante
a Orestes, el infelice
blanco de vuestras crueldades. 1285
HERMIONE
Sí, Orestes, vos el primero
fuisteis que en ansias amantes,
—47→
desde niña a mi hermosura
tributasteis vasallaje:
vos, cuyas heroicas prendas 1290
forzosamente se hacen
estimar, y en fin Orestes,
vos, de quien quiere agradarse
el corazón, lastimado
de que virtudes tan grandes, 1295
y amor tan heroico, el premio
que se merecen no alcancen.
ORESTES
Ya os entiendo, de mis hados
las ojerizas son tales,
que Orestes compadecida5 1300
sólo os logra, y Pirro amante.
HERMIONE
Dejad a Pirro, que os juro
no tenéis por qué envidiarle,
más odioso me seríais.
ORESTES
No digáis tal, más amable; 1305
¡qué diferentes, serían
entonces vuestras piedades!
No puedo ahora ser amado
aunque deseáis amarme,
y entonces mandando sólo 1310
amor sin contrariedades,
vos me amarías, señora,
aunque quisierais odiarme:
¡Cielos! tanto rendimiento,
y fe tanta (¡duro trance!) 1315
—48→
¡Oh cuánta razón me asiste
sino fuera tan en balde,
pasión que os deslumbra
os permitiera escucharme!
Vos a Pirro, Hermione bella, 1320
queréis por fuerza agradarle,
a pesar suyo sin duda,
y a pesar de vuestro aire,
puesto que él os aborrece
y de otra beldad amante 1325
huye de...
HERMIONE
¿Quién os ha dicho
que me aborrezca y agravie?
¿Os lo ha confesado Pirro?
¿Sus discursos lo persuaden?
¿Juzgáis acaso que sea 1330
mi valor tan despreciable?
Ni que éste, ¿tan pasajeras
y tibias llamas inflame?
Otros que más lo presumen
puede ser que menos me amen. 1335
ORESTES
Tenéis razón, proseguid,
continuad en ultrajarme,
que yo, infiel, seré sin duda
el que grosero no os ame.
Mis ruegos y mis suspiros 1340
de tibieza dan señales;
¿vuestros rigores no han hecho
pruebas de mi amor bastantes?
—49→
¿Yo, no amaros? ya quisierais
que Pirro, como yo amase. 1345
HERMIONE
¿Qué se me da a mí que Pirro
me ame, señor, o no me ame?
suscitad a toda Grecia
contra Pirro y sus parciales,
en su propia ruina, el precio 1350
de sus rebeldías halle;
otro Ilion del Epiro
(si queréis) se haga al instante,
¿porfiará en que le amo
todavía vuestro dictamen? 1355
ORESTES
Haced más, veníos, señora,
a Esparta con vuestro padre;
¿queréis en rehenes quedaros
quizá en aquestos parajes?
Venid donde vuestros ojos 1360
en todas las almas manden,
y unidos nuestros agravios
traten unidos vengarse.
HERMIONE
Pero, señor, ¿y si Pirro
con la Troyana casase? 1365
ORESTES
Hay, señora...
HERMIONE
Ved que fuera
para Grecia fiero ultraje,
si con una Frigia aleve
Pirro, señor, se aliase.
  —50→  
ORESTES
¿Y aún diréis que no le amáis? 1370
Declararos ya, pues, amante,
que amor no es fuego que pueda
tan fácilmente ocultarse:
descúbrenle a pesar nuestro
la voz, el gesto, el semblante, 1375
y los fuegos encubiertos
suelen ser los que más arden.
HERMIONE
Vuestro corazón, Orestes,
preocupado y fluctuante
en cuanto pronuncio encuentra 1380
el testigo que ha de ahogarle:
siniestramente cuanto hablo
quiere injusto interpretarme,
y lo que es odiar a Pirro,
lo parece que es amarle. 1385
Esto supuesto, señor,
ya es forzoso declararme,
atendedme, pues, y luego
resolved lo que os gustare.
No ignoráis que a Epiro vine 1390
yo por orden de mi padre,
y sin su orden no puedo
del Epiro separarme:
id, pues, y al Rey Menelao
sin embozo declaradle, 1395
que ociosamente pretende
con su enemigo enlazarse;
o ya por Grecia o por Troya
le obligue a que se declare:
—51→
que entre el Troyano y yo, diga, 1400
con cuál intenta quedarse,
que a Esparta luego me envíe,
o se resuelva a entregarle;
que si Pirro lo consiente
gustosa iré: el Cielo os guarde. 1405

 (Vanse las dos.) 

ORESTES

 (Solo.) 

Si vendrás, si en eso pende
tirana, de aquí sacarte,
yo aseguro que gustoso
consienta Pirro en que marches,
no creas que intente fino 1410
contigo, Hermione, quedarse,
pues sólo a la hermosa viuda
del Troyano, adora amante;
toda otra beldad le ofende,
y quizás en este instante, 1415
sólo un pretexto aparente
anhela para enviarte.
¡Qué contento! ¡qué ventura!
¡qué felicidad tan grande!
¡Poder quitarle al Epiro 1420
prenda tan inestimable!
De Troya y de los Troyanos,
Pirro cuanto quiera guarde;
defienda animosamente
a Andrómaca y a Astianices, 1425
que a mí, Hermione me basta,
(divina adorada imagen)
de Pirro y todo su reino
para siempre enajenarte:
—52→
y en tanto para que Pirro 1430
dicha tan suma no alcance,
amor, en sus perfecciones,
si eres Dios de los amantes,
y en su divina hermosura
haz que ciego no repare. 1435

 (Vase.) 


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