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Abajo

Rimas sacras

Lope de Vega








ArribaAbajo- 1 -


Acobardan las ofensas


Abajo   Mil veces que me obligan ocasiones,
dulce Jesús, tan tierno amor me enciende,
que os voy a requebrar, y me suspende
la copia desigual de mis traiciones.

   Vuestra piedad esfuerza mis pasiones,  5
vuestro respeto hablaros me defiende,
que mal puede quien ama a quien le ofende
sufrir ofensas y escuchar razones.

   Si aquella fe que dos amantes liga,
tuviera yo, pidiéraos yo favores,  10
mas tanto error a enemistad obliga.

   Quisiera hablaros tierno, y mis temores
no me permiten que requiebros diga,
que donde no hay amigos, no hay amores.




ArribaAbajo- 2 -


De la paciencia


ArribaAbajo   Fabio, después que a mis indignas manos
bajó del cielo el Rey de tierra y cielo,
en olvidar agravios me desvelo
de lenguas viles y de versos vanos.

   Jerusalén ha e tener tiranos  5
por ignorancia, o por soberbio celo,
si a vos os dan cuidado, a mí consuelo,
¡o Paciencia el mayor de los humanos!

   ¿Qué importa que la lengua os alborote
del que por ella es bárbaro malquisto?  10
que cuando más me injurie, ofenda y note.

   Con paciencia de Cristo me registro,
que si es Cristo de Dios el Sacerdote,
cómo pude faltar paciencia en Cristo?



Ocho sonetos a la Santa Madre Teresa de Jesús




ArribaAbajo- 3 -


ArribaAbajo   A la sangrienta imagen de su esposo,
de sus deseos celestial Cupido,
que vendido, vendado y escupido
le representa el caso lastimoso.

   Al Dios de Amor, que en vez del arco hermoso,  5
con que firmó las paces ofendido,
tiene una caña vil, cetro fingido,
siendo igual a su padre poderoso,

   Ora Teresa, y Dios le dice: Esposa,
de hoy más conversarás ángeles bellos,  10
que en vida celestial la humana cesa.

   Pues si por quien tratáis, virgen hermosa,
se ha de sacar quien sois, y andáis con ella,
Dios nos dice que sois Ángel, Teresa.




ArribaAbajo- 4 -


ArribaAbajo   Querida esposa, en este alegre día
que nos desposa Amor tan tiernamente,
al tálamo real la luz presente,
que te ha de dar la de mi padre y mía

   Esta preciosa joya, que servía  5
un tiempo de ser llave de la fuente,
que de mi diestra mano diligente
al mar del mundo universal corría.

   Te quiero dar, porque con tanto brío
de hoy más celes mi honor, que ya tu palma  10
con este clavo mis heridas ligan.

   Señor, ahora sí que seréis mío
y vuestra esclava yo, selladme el alma,
Teresa de Jesús las letras digan.




ArribaAbajo- 5 -


ArribaAbajo   Herida vais del Serafín, Teresa,
corred al agua, cierva blanca y parda,
que la fuente de vida que os aguarda,
también es fuego, y de abrasar no cesa.

   ¿Cómo subís por la montaña espesa  5
del rígido Carmelo tan gallarda,
que con descalzos pies no os acobarda
del alto fin la inaccesible empresa?

   Serafín cazador el dardo os tira,
para que os deje estática la punta,  10
y las plumas se os queden en la palma.

   Con razón vuestra ciencia el mundo admira,
si el seráfico fuego a Dios os junta,
y cuanto veis en él, traslada el alma.




ArribaAbajo- 6 -


ArribaAbajo   Huid fieros espíritus, que tiene
seguras las espaldas con la llave
la hermosa virgen, que el peligro sabe,
y la defensa a la traición previene.

   Madre divina, el instrumento suene  5
dulce y cruel a vuestro esposo grave
música tan alegre y tan suave,
que menos la del Ángel le entretiene.

   Volved en jaspe ese marfil lustroso,
en rosa la azucena del Carmelo,  10
yen púrpura teñid el cuerpo hermoso.

   Que si llevó con el humano velo
llave de sangre vuestro dulce esposo,
con la misma podéis abrir el cielo.




ArribaAbajo- 7 -


ArribaAbajo   La hermosa Reina, que en su claustro santo,
guardó a los cielos el mayor tesoro,
y el virgen padre, que con tal decoro
sirvió a Dios hombre, a cielo y tierra espanto.

   Dan a Teresa entre el sonoro canto,  5
aplauso y gloria del celeste coro,
con éxtasis del sol, un collar de oro,
y envidia de la luna, un blanco manto.

   Llegó el fervor al límite que pudo,
y fue justo, pues son bien empleadas  10
tan ricas prendas en Teresa bella.

   Que a quien del Carmen el antiguo escudo
renovó las estrellas eclipsadas,
diese sus joyas la mayor estrella.




ArribaAbajo- 8 -


C.

ArribaAbajo    Teresa, yo soy tuyo y tú eres mía.

T.

Señor, yo soy indigna esclava vuestra.

C.

Eterna será ya la amistad nuestra.

D.

Dichosa el alma que de vos confía.

C.

   Estas heridas me dio Amor un día.  5

T.

Amor tiene la mano en darlas diestra.

C.

Del mío aquí te doy la mayor muestra.

T.

Mil veces yo morir por vos querría.

   Así Cristo amoroso solicita
al alma de Teresa, y le ha mostrado  10
de su resurrección gloria infinita.

   Mereciendo su amor, y aquel cuidado,
con que la luz del Carmen resucita,
que esto le diga Dios resucitado.




ArribaAbajo- 9 -


ArribaAbajo   Para mostrarse Dios amante fino
a quien con él tanto alto amor profesa,
aun en vida mortal, virgen Teresa,
ciñe tus sienes de laurel divino.

   Tanta solicitud, tanto camino,  5
y todo un monte, que en tus hombros pesa,
anticipan el premio de tu empresa,
y antes del tiempo a coronarte vino.

   Con esto, Virgen, le tendrás previsto,
y es bien que desde aquí así comprendas  10
con tanto aplauso de los cielos visto.

   Para que ser esta corona entiendas
las prendas de la eterna, porque Cristo
paga tan bien, que no le duelen prendas.




ArribaAbajo- 10 -


ArribaAbajo    Si el Espíritu Santo os va dictando,
discípula del sol, luna estudiosa,
la luz que os comunica milagrosa,
¿qué Serafín alcanza más mirando?

   Lince del cielo sois, que penetrando  5
los muros de la esfera luminosa,
del espejo, en que Dios mira su hermosa
imagen, los reflejos vais copiando.

   Transformaciones escribís de forma,
que a Dios en vos, y a vos en Dios la suma,  10
de este amor antagónico transforma.

   Nadie igualdad con vos, virgen, presuma,
pues la mano de Dios, que el alma informa,
os va llevando al escribir la pluma.




ArribaAbajo- 11 -


ArribaAbajo   Nacen algunos hombres de tal modo
en la soberbia, que en la infamia para,
como si para hacerlos Dios, tomara
en su principio diferente lodo.

   Hable el más detractor, presuma el Godo,  5
que contra los respetos de la cara
en las espaldas y de letra clara
con la pluma vulgar se escribe todo.

   Pregunte Cristo: o Pedro, a la fe tuya
¿qué se dice de mí? ¿qué es lo que siente  10
el mundo sólo en las virtudes mudo?

   Que preguntar lo que en ausencia suya
decían de él los hombres, solamente
quien era Dios seguramente pudo.



Sonetos a la rosa




ArribaAbajo- 12 -


La rosa


ArribaAbajo   Por labios de coral la blanca Aurora
pronósticos del sol introducía,
cuando la Rosa, que a su luz se abría,
en hojas de rubí perlas colora.

   Sentada en esmeraldas granos dora,  5
coronel de carmín al mediodía,
púrpura enciende, y vana desafía
cuantas lluvioso Abril le debe a Flora.

   Volví a la noche, y vi que el nácar puro,
las pirámides verdes mal doblados,  10
quebró la copa en que el aljófar bebe.

   Y que, plegado el pabellón oscuro,
ocultaba los átomos dorados,
¡o belleza mortal, fimera breve!




ArribaAbajo- 13 -


La rosa


ArribaAbajo   Viendo la hermosa y cándida Azucena,
que la verde margen la corona inclina,
marchita ya la rosa Alejandrina,
así le dijo de arrogancia llena:

   Engañada en la voz de Filomena  5
te anticipaste, o Rosa peregrina,
pues presumiendo de deidad divina,
ahora envidias la hermosura ajena.

   La Rosa respondió: ¿De mí te ríes,
Azucena, en tus hojas arrogantes?  10
¡o loca presunción! pues no te fíes.

   Que no importa salir después ni antes,
si lo que miras hoy en mis rubíes,
amenaza mañana tus diamantes.




ArribaAbajo- 14 -


La rosa


ArribaAbajo   Despliega el Alba la purpúrea Rosa
su loca vanidad en pompa altiva,
y una túnica de otra sucesiva
forma a su centro su corona hermosa.

   Envidia de las flores generosa  5
jazmines y claveles de honor priva,
y dilatando al sol púrpura viva
viene a ser de sus rayos mariposa.

   Así la vida en término de una hora
perdió con la hermosura la esperanza,  10
y se ha de aborrecer lo que se adora.

   ¡O Frágil Rosa, que con tal mudanza
diste envidia a las flores de la Aurora,
y cuando anocheció tanta venganza!



Sonetos a la rosa




ArribaAbajo- 15 -


ArribaAbajo   Rosa gentil, que al alba de la humana
belleza eres imagen, ¿qué pretendes,
que sobre verdes esmeraldas tiendes
tu mano de coral teñida en grana?

   Si cetro, si laurel, si ser tirana  5
de tantos ojos, que en tu cárcel prendes,
¡cuán en vano solícita defiendes
reino que ha de durar una mañana!

   Rinde la vanidad que al sol se atreve,
¡oh cometa de abril!, tan presto oscura,  10
que, puesto que tu vivo ardor te mueve,

   el ejemplo de tantas te asegura
que quien ha de tener vida tan breve
no ha de tener en tanto su hermosura.




ArribaAbajo- 16 -


Humilla al sol...


ArribaAbajo   Humilla al sol la coronada frente,
rosa, del prado honor, que el toro abrasa;
dobla las hojas de la verde basa,
pues ya no puede ser que la sustente.

   Rigor de estrella, cuanto hermosa ardiente,  5
las breves horas de tu vida tasa,
si hay sólo un sol que de por medio pasa
desde tu ocaso a tu florido oriente.

   Pues si la sombra de tu breve infancia
es la misma vejez, ¿en qué se fía  10
la vana presunción de tu arrogancia?

   ¿Y en qué también la humana fantasía
si de la vida la mayor distancia
fue breve sueño del postrero día?




ArribaAbajo- 17 -


La rosa


ArribaAbajo   Purpúrea esfera, que al Amor venganza
por los heridos pies de Venus diste,
de cuyas hojas fáciles se viste
de los mortales bienes la mudanza.

   Tan breve fin tu juventud alcanza,  5
y juntas al no ser el ser que fuiste,
que tú sola parece que naciste
sin haber menester a la esperanza.

   Para segunda luz aun no te fía
aquel engaño, con que a todos vale,  10
así la noche tu belleza envuelve.

   Breve huésped del sol, que el mismo día
que te recibe alegre, cuando sale,
te despide veloz, cuando se vuelve.




ArribaAbajo- 18 -


La rosa


ArribaAbajo   Cortada en un cristal en agua pura
tenía el verde pie Rosa encarnada,
y aun presumía, con estar cortada,
en fe de ajeno humor firme hermosura.

   Mas desmayose, cuando más segura,  5
y cayendo en su margen desmayada,
ofendió con el agua inficionada:
así el deleite de los ojos dura.

   ¡En qué breves espacios interrompe
de su beldad la juventud lozana,  10
quien como flores edificios rompe!

   Mostrando, o Rosa, de tu pompa vana
el agua que en el vidrio se corrompe,
el fin que tiene la belleza humana.




ArribaAbajo- 19 -


La rosa


ArribaAbajo   Yace entre estos pirámides marchitos,
sirviéndole sus hojas de mortaja
y su pimpollo de funesta caja
con dos elogios a su muerte escritos.

   Así ya pálidos ya verdes distritos  5
la grave pompa de sus hojas baja,
la bella Rosa, a quien el tiempo ultraja
soberbias, que hasta en flores son delitos.

   ¡Hay ciego error, que la hermosura adoras,
naciendo cada día desengaños  10
tan fáciles del término que ignoras!

   ¡Hay loca juventud, cuyos engaños
presumen ciegos al volar las horas,
vencer los tiempos y parar los años!




ArribaAbajo- 20 -


La rosa


ArribaAbajo   Doncella en los pimpollos de Abril nace
la fresca Rosa de su vida incierta,
y en su casa de aljófares cubierta
de cinco trenzas verdes muros hace.

   La abeja aguarda, y de otras flores pace  5
hasta que ve los granos de oro abierta,
declina el día, y en los brazos muerta
del encendido sol marchita yace.

   Así comienza la belleza humana,
que nuestro loco error deleite nombra,  10
y a la verde sucede la edad cana.

   Mas ver su breve fin ¿de qué me asombra,
si todo bien mortal es pompa vana,
y cuanto nace en sol, fenece en sombra?




ArribaAbajo- 21 -


La rosa


ArribaAbajo   A tu circunferencia de rubíes
atribuyen algunos la templanza,
0 Rosa, de ti misma semejanza,
pues de tu loca vanidad te ríes.

   Si esto es así, te ruego que te fíes  5
de mi agradecimiento y confianza,
mas no sé yo que fértil clima alcanza
antídotos tus rayos carmesíes.

   Si te viste de púrpuras Pangeas,
no será peregrino amor plebeyo  10
por voto visitar tus aras rojas.

   ¿En qué Pensiles ramas, en qué Hibleas
este apetito en forma de Apuleyo
hallará la corona de tus hojas?




ArribaAbajo- 22 -


ArribaAbajo   La rosa primitiva, que del velo
mortal cubriose al punto de nacida;
las que vieron de púrpura encendida
niebla feraz, las cumbres del Carmelo:

   cuántas el temple en su florido suelo,  5
en Pafo y Chipre Amor, Paris en Ida,
o ardiente sol les abrevió la vida,
o la clemencia marchitó del hielo.

   Rosa de Jericó, Tú sola fuiste
perpetua, intacta, limpia, siempre entera,  10
aun antes que la aurora, en que naciste;

   que el hielo de la noche no pudiera,
como no pudo, aunque las otras viste,
tocar al radio de tu blanca esfera.




ArribaAbajo- 23 -


ArribaAbajo   Dos serafines, celestial porfía,
con dulces voces alternando el canto,
eternamente están diciendo, Santo
al Jehová, que cuanto vive cría.

   Y el Paraninfo del alegre día  5
del celo gloria, del infierno espanto,
que fue Dios hombre por amaros tanto,
está diciendo siempre Ave María.

   Trocando de la vida las congojas,
nuevo Ildefonso, ya por los tesoros,  10
favores de la madre de su padre.

   A ayudar a Gabriel fue el Pare Rojas
porque cantasen dos a dos a coros
glorias al Hijo, y Aves a la Madre.




ArribaAbajo- 24 -


Al atrevimiento de un apóstata


ArribaAbajo   Al sol, en cuyos rayos se desvela
el Querubín más puro, opuesto en vano,
intrépido, sacrílego, tirano
por breve senda en carne mortal vuela.

   Rompe el rebozo de la blanca tela,  5
velo divino del sentido humano,
y no le quema el sol la indigna mano,
que a quien nieve imagina el sol le hiela.

   Víctima al padre, aunque incruenta, cuando
vio tanto horror, mostró mayor paciencia,  10
que no castiga quien está rogando.

   ¡O gran milagro de su gran clemencia
para que el fiero Apóstata llorando
lo que en pan no creyó, viese en esencia!




ArribaAbajo- 25 -


ArribaAbajo   Si culpa el concebir, nacer tormento,
guerra vivir, la muerte fin humano,
si después de hombre tierra y vil gusano,
y después de gusano polvo y viento;

   si viento nada, y nada el fundamento,  5
flor la hermosura, la ambición tirano,
la fama y gloria pensamiento vano,
y vano, en cuanto piensa, el pensamiento;

   quien anda en este mar para anegarse,
¿de qué sirve en quimeras consumirse,  10
ni pensar otra cosa que salvarse?

   ¿De qué sirve estimarse y preferirse,
buscar memoria, habiendo de olvidarse,
y edificar, habiendo de partirse?




ArribaAbajo- 26 -


Omnis homo mendax


ArribaAbajo   Fabio, cuanto se quiere, trata y mira,
Fabio, cuanto es humana confianza,
todo es falsa amistad, todo es mudanza,
todo es adulación, todo es mentira.

   Dios juzga, Dios ampara, Dios retira  5
la espada del rigor de la venganza,
toda mortal acción que a Dios no alcanza,
engaña, miente, lisonjea, delira.

   Yo he querido, servido, idolatrado,
y al fin, al fin, el centro descubierto,  10
de tantas experiencias he sacado.

   Que solamente en Dios seguro puerto,
padre piadoso, médico acertado,
juez justo, señor firme, amigo cierto.




ArribaAbajo- 27 -


Quid superbis, terra et cinis?


ArribaAbajo   Estos sepulcros de mayor decoro
que cuantos pluma reservó a la historia,
augusta pompa y justa vanagloria,
ceniza guardan ya, que no tesoro.

   Sus trofeos del Galo, Belga y Moro,  5
a su propia virtud deben su gloria,
dando a pesar del tiempo su memoria
voz, alma y vida al jaspe, al bronce, al oro.

   Tú pues, a quien la pólvora fastidia,
¿qué pirámides tienes levantados?  10
¿qué bárbaro carmín tiñó tu espada?

   Imita su virtud, su fama envidia,
que fuera de ella cuantos ves armados,
hijos de tierra son, nietos de nada.




ArribaAbajo- 28 -


ArribaAbajo    Pasos de mi primera edad que fuiste
por el camino fácil de la muerte,
hasta llegarme al tránsito más fuerte,
que por la senda de mi error pudieses.

   ¿Qué basilisco entre las flores vistes  5
que de su engaño a la razón advierte?
volved atrás, porque el temor concierte
las breves horas de mis años tristes.

   ¡O pasos esparcidos vanamente,
qué furia os incitó, que habéis seguido  10
la senda vil de la ignorante gente!

   Mas ya que es hecho, que volváis os pido,
que quien de lo perdido se arrepiente,
aun no puede decir que lo ha perdido.




ArribaAbajo- 29 -


ArribaAbajo   Entro en mí mismo para verme, y dentro
hallo, ¡ay de mí! con la razón postrada
una loca república alterada,
tanto que apenas los umbrales entro.

   Al apetito sensitivo encuentro  5
de quien la voluntad mal respetada
se queja al cielo, y de su fuerza armada
conduce el alma la verdadero centro.

   La virtud como el arte hallarse suele
cerca de lo difícil, y así pienso,  10
que el cuerpo en el castigo se desvele.

   Muera el ardor del apetito intenso,
porque la voluntad al centro vuele,
capaz potencia de su bien inmenso.




ArribaAbajo- 30 -


ArribaAbajo    Si desde que nací cuanto he pensado,
cuanto he solicitado y pretendido,
ha sido vanidad, y sombra ha sido,
de locas esperanzas engañado.

   Si no tengo de todo lo pasado  5
presente más que el tiempo que he perdido,
vanamente he cansado mi sentido,
y torres en el viento fabricado.

   ¡Cuán engañada el alma presumía,
que su capacidad pudiera hartarse  10
con lo que el bien mortal le prometía!

   Era su esfera Dios para quitarse,
y como fuera de él lo pretendía,
no pudo hasta tenerle sosegarse.




ArribaAbajo- 31 -


ArribaAbajo   ¿Qué ceguedad me trajo a tantos daños?
¿Por dónde me llevaron desvaríos,
que no traté mis años como míos,
y traté como propios sus engaños?

   ¡Oh puerto de mis blancos desengaños,  5
por donde ya mis juveniles bríos
pasaron como el curso de los ríos
que no los vuelve atrás el de los años!

   Hicieron fin mis locos pensamientos:
acomodose el tiempo a la edad mía,  10
por ventura en ajenos escarmientos

   que no temer el fin no es valentía,
donde acaban los gustos en tormentos
y el curso de los años en un día.




ArribaAbajo- 32 -


ArribaAbajo    ¿Será bien aguardar, cuerpo indiscreto,
al tiempo que perdidos los sentidos
escuchen, y no entiendan los oídos,
por la flaqueza extrema del sujeto?

   ¿Será bien aguardar a tanto aprieto,  5
que ya los tenga el final hielo asidos,
o en la vana esperanza divertidos,
que no siendo virtud no tiene efecto?

   ¿Querrá el juez entonces ser piadoso?
¿admitirá la apelación, si tiene  10
tan justas quejas, y es tan poderoso?

   O vida, no aguardéis que el curso enfrene
el paso de la muerte riguroso,
que no es consejo el que tan tarde viene.




ArribaAbajo- 33 -


ArribaAbajo   ¿En qué bárbara tierra me guardara
intricada de peñas y maleza,
o qué abismo formó naturaleza,
a dónde el rayo de tu luz no entrara?

   ¿Qué mar en sus arenas me librara,  5
qué concha me prestara su corteza,
en qué región del aire la cabeza
contra tus armas de defensa armara?

   Si le tragó la foca al que quería
huir, de ti, más loco fue mi intento,  10
mayor, mi atrevimiento y rebeldía.

   Mas ya vuelvo a buscarte, y tan contento,
que me dan para hallarte noche y día
mis ojos mar, y mis suspiros viento.




ArribaAbajo- 34 -


ArribaAbajo   Si es el instante fin de lo presente,
y el principio también de lo futuro,
y en un instante al riguroso y duro
golpe tengo de ver la vida ausente.

   ¿A dónde voy con paso diligente?  5
¿qué intento? ¿qué pretendo? ¿que procuro?
¿sobre qué privilegios aseguro
esto que ha de vivir eternamente?

   No es bien decir que el tiempo que ha pasado
es el, mejor, que la opinión condeno  10
de aquellos ciegos de quien es culpado.

   Ya queda el que pasó por tiempo ajeno,
haciéndole dichoso o desgraciado,
los vicios malo, y las virtudes bueno.




ArribaAbajo- 35 -


ArribaAbajo    Engaño es grande contemplar de suerte
toda la muerte como no venida,
pues lo que ya pasó de nuestra vida,
no fue pequeña parte de la muerte.

   Con excepción se dio, puesto que es fuerte,  5
de morir el vivir, mas ya vencida
no deja que temer, si prevenida
mientras vivimos, en morir se advierte.

   Al que le aconteció nacer, le resta
morir, el intervalo, aunque pequeño,  10
hace la diferencia manifiesta.

   La muerte al fin de cuanto vive dueño,
está de dos imágenes compuesta,
el tiempo antes de nacer, y el sueño.




ArribaAbajo- 36 -


ArribaAbajo   Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
tú, que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos.

   Vuelve los ojos a mi fe piadosos,  5
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño
tus dulces silbos, y tus pies hermosos.

   Oye, pastor, que por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,  10
pues tan amigo de rendidos eres.

   Espera pues, y escucha mis cuidados,
¿pero cómo te digo que me esperas,
si estás para esperar los pies clavados?




ArribaAbajo- 37 -


ArribaAbajo    ¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con vergüenza he respondido,
denudo como Adán, aunque vestido
de las hojas del árbol del pecado!

   Seguí mil veces vuestro pie sagrado,  5
fácil de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas, atrevido,
al mismo precio en que me habéis comprado.

   Besos de paz os di para venderos;
pero si fugitivos de su dueño,  10
hierran cuando los hallan los esclavos,

   hoy que vuelvo con lágrimas a veros,
clavadme vos a vos en vuestro leño,
y tendreisme seguro con tres clavos.




ArribaAbajo- 38 -


ArribaAbajo   Muere la vida, y muero yo sin vida,
ofendiendo la vida de mi muerte;
sangre divina de las venas vierte,
y mi diamante su dureza olvida.

   Está la Majestad de Dios tendida  5
en una dura cruz, y yo de suerte,
que soy de sus dolores el más fuerte,
y de su cuerpo la mayor herida.

   ¡Oh duro corazón de mármol frío!
Tiene tu Dios abierto el lado izquierdo,  10
y ¿no te vuelves un copioso río?

   Morir por él será divino acuerdo,
mas eres tú mi vida, Cristo mío,
y como no la tengo, no la pierdo.




ArribaAbajo- 39 -


ArribaAbajo   O bien hallan las lágrimas lloradas
por culpas en tus ojos cometidas,
aquellas de tu amor agradecidas,
y estas de tu grandeza perdonadas.

   ¡O qué dulces que son bien empleadas,  5
y a los umbrales de tu Cruz vertidas!
pluguiera a Dios tuviera yo mil vidas,
todas en llanto de tu amor bañadas.

   Si lágrimas, si voces pueden tanto,
quien llora sus pasados desatinos,  10
da al cielo gloria y al infierno espanto.

   No conocen los hombres tus caminos,
pero conocen que del alma el llanto
detiene el curso de tus pies divinos.




ArribaAbajo- 40 -


ArribaAbajo   Aquí cuelgo la lira que desamo,
con que canté la verde primavera
de mis floridos años, y quisiera
romperla al tronco, y no colgarla al ramo.

   Culpo mi error, y la ocasión infamo,  5
por quien canté lo que llorar debiera,
que el vano estudio vano premio espera,
ladrón del tiempo con disfraz le llamo.

   En otra lira, a cuyo son recuerdas
dormida Musa, en este breve plazo  10
canta segura de que el tiempo pierdas.

   Templola amor con poderoso brazo,
que en tres clavijas le subió las cuerdas,
y le labró de una lanzada el lazo.




ArribaAbajo- 41 -


El poeta, pecador, confiesa a Jesús la dureza de su corazón


ArribaAbajo   ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno oscuras?

   ¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras  5
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

   ¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate agota a la ventana;  10
verás con cuánto amor llamar porfía»!

   Y ¡cuántas, hermosura soberana,
«mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!




ArribaAbajo- 42 -


ArribaAbajo   La lengua del amor, a quien no sabe
lo que es amor, ¡qué bárbara parece!
pues como por instantes enmudece,
tiene pausas de música suave.

   Tal vez suspensa, tal aguda y grave,  5
rotos conceptos al amante ofrece,
aguarda los compases que padece,
porque la causa su destreza alabe.

   ¡O dulcísimo bien, que al bien me guía!
¡con qué lengua os diré mi sentimiento,  10
ya que tengo de hablaros osadía!

   Mas si es de los conceptos instrumento,
¿qué importa que calléis, o lengua mía,
pues que vos penetráis mi pensamiento?




ArribaAbajo- 43 -


ArribaAbajo   Tardar en convertirse error notable,
y diferirlo de uno en otro día
loca desvanecida fantasía,
esperanza del hombre miserable.

   La vida corre, la ocasión mudable,  5
cuan presto de los ojos se desvía,
como tendrá resolución tardía,
al mismo que ha ofendido favorable.

   Señor, quien diligente y cuidadoso
las cosas de la vida mortal mira,  10
si vive en las del alma perezoso,

   vendrá súbitamente vuestra ira,
y al discurrir el filo poderoso,
¿qué mano le tendrá, si el cuerpo espira?




ArribaAbajo- 44 -


ArribaAbajo    Yo dormiré en el polvo, y si mañana
me buscares, Señor, será posible
no hallar en el estado convenible
para tu forma la materia humana.

   Imprime ahora, o fuerza soberana,  5
tus efectos en mí, que es imposible
conservarse mi ser incorruptible,
viento, humo, polvo y esperanza vana.

    Bien sé que he de vestirme el postrer día
otra vez estos huesos, y que verte  10
mis ojos tienen, y esta carne mía.

   Esta esperanza vive en mí tan fuerte,
que con ella no más tengo alegría,
en las tristes memorias de la muerte.




ArribaAbajo- 45 -


ArribaAbajo   Nunca me vi tan lejos de temeros,
mi Dios, que me olvidase de estimaros,
porque cuando más cerca de olvidaros,
entonces me pesaba de ofenderos.

   Impulsos tuve yo para quereros,  5
por quien con más razón podéis quejaros,
no sé como tardaba de buscaros
en medio del temor de conoceros.

   Andaba yo cual suele el delincuente,
que se le antoja vara de justicia  10
cualquier rumor, que a las espaldas siente.

   Pero de mis deleites la codicia
me daban armas y ánimo valiente,
para que se doblase mi malicia.




ArribaAbajo- 46 -


ArribaAbajo   En estos prados fértiles y sotos
de los deleites de la edad primera,
sentada en espantosa bestia fiera,
Babilonia me dio su mortal lotos.

   Y mis sentidos de aquel bien remotos,  5
que la inmortalidad del alma espera,
durmieron mi florida primavera
de la razón los memoriales rotos.

   No sólo del veneno la bebida
sueño solicitó, mas de mí tuvo  10
la mejor parte en bestia convertida.

   Circe con sus encantos me detuvo,
hasta que con tu luz salió mi vida
de la costumbre, en que cautiva estuvo.




ArribaAbajo- 47 -


ArribaAbajo   En esta tabla de tu cruz divina
saldré de la tormenta del mar fiero
con el aliento del vivir postrero,
a donde el Norte de su luz se inclina.

   La nave de mi vida peregrina,  5
que en las Sirenas no temió primero,
en los bancos del mundo lisonjero
sin gobierno zozobra y desatina.

   Tú sola en tal peligro, tú me alientas,
tabla dichosa, que mi vida entabla  10
por tantas olas de mi error violentas.

   Cóbreme en ti, y a ti llegue sin habla,
que no puedo anegarse en sus tormentas
quien se abrazare a tu divina tabla.




ArribaAbajo- 48 -


ArribaAbajo   Detén el curso a la veloz carrera,
desbocado apetito, que me pierdes,
pues ya es razón que a la razón recuerdes,
no se nos vaya la ocasión ligera.

   Si te disculpas con la edad primera,  5
no puedo yo creer que no te acuerdes,
que por los pasos de los años verdes
llegaste al puerto de la edad postrera.

   ¡En qué esperanza mis errores fundo,
blancas las sienes y las venas hielos,  10
vil nave, airado viento, mar profundo!

   Corre a tu engaño los fingidos velos,
porque lo que es vergüenza para el mundo,
¿cómo no lo será para los cielos?




ArribaAbajo- 49 -


ArribaAbajo   ¿Cómo puede, Señor, justificarse
con vos el hombre, habiéndoos ofendido,
parecer limpio de mujer nacido,
ni el polvo al que es eterno compararse?

   ¿Cómo puede la nada levantarse,  5
pues el más estimado y preferido
se ve en tan breve término caído,
que puede hasta la envidia lastimarse?

   El bálsamo en los huesos no compone
segunda vez del hombre la armonía,  10
por más oro que el túmulo corone.

   Sino es limpio con vos el sol, el día,
¿qué será el hombre vil, que a Dios se opone,
resuelto en polvo y en ceniza fría?




ArribaAbajo- 50 -


ArribaAbajo   Vos conocéis, Señor, la compostura
del hombre y sus primeros fundamentos,
vos de sus encontrados elementos
la guerra vil que hasta acabarle dura.

   Vos de que suerte corre y se apresura  5
a convertirse en nada, y los intentos
con que fabrica en locos pensamientos
fantástica de error arquitectura.

   Todo os obliga, cuando más airado,
a perdonarle, habiendo conocido  10
su culpa a vuestras plantas humillado.

   Porque vos, vencedor esclarecido,
como sois noble, nunca habéis probado
lo que corta la espada en un rendido.




ArribaAbajo- 51 -


ArribaAbajo   Luz de mis ojos, yo juré que había
de celebrar una mortal belleza,
que de mi verde edad la fortaleza
como enlazaba hiedra consumía.

   Si me ha pesado y si llorar querría  5
lo que canté con inmortal tristeza,
y si la que tenéis en la cabeza
corona ahora de laurel la mía.

   vos lo sabéis, a quien está presente
el más oculto pensamiento humano,  10
y que desde hoy con nuevo celo ardiente

   cantaré vuestro nombre soberano:
que a la hermosura vuestra eternamente
consagro pluma y voz, ingenio y mano.




ArribaAbajo- 52 -


ArribaAbajo   Si ya después de Leviatán vencido
y atravesado con la dura armella,
teñida en sangre Babilonia bella
la púrpura y el oro del vestido.

   Rota la copa, y el licor vertido,  5
que dio veneno a la mayor estrella,
en cítara suave, que con ella
cesara el llanto del eterno olvido.

   El vencedor con dulce voz cantaba,
admirada de todas las naciones,  10
¡quién no te teme, gran Señor, y alaba!

   O cordero divino, ¡qué canciones
te cantará quien a sus pies estaba,
si en el sagrado de la cruz le pones!




ArribaAbajo- 53 -


ArribaAbajo   Yo me muero de amor, que no sabía,
aunque diestro de amar cosas del suelo,
que no pensaba yo que amor del cielo
con tal rigor las almas encendía.

   Si llama la mortal Filosofía  5
deseo de hermosura a amor, recelo
que con mayores ansias me desvelo,
cuanto es más alta la belleza mía.

   Amé en la tierra vil, ¡qué necio amante!
o luz del alma, habiendo de buscaros,  10
¡qué tiempo que perdí como ignorante!

   Mas yo os prometo ahora de pagaros
con mil siglos de amor cualquier instante,
que por amarme a mí, dejé de amaros.




ArribaAbajo- 54 -


ArribaAbajo   ¿Quién no se muere de tu amor, si mira
con la piedad que escuchas y respondes?
¿cómo es posible que las puertas rondes
de un alma, que te trata con mentira?

   Mas eres Dios, Señor, ¿de qué me admira  5
el mirar que ofendido no te escondes?
a quien te quiere y ama correspondes,
y con quien te ofendió, templas la ira.

   Cuando consideré mi desvarío,
temblaba yo tus iras y desdenes,  10
y hallé tu pecho fácil, tierno y pío.

   ¡Qué condición tan generosa tienes!
¿quién es ingrato con tu amor, Dios mío,
pues apenas te llaman, cuando vienes?




ArribaAbajo- 55 -


ArribaAbajo   ¿O quién te amara, dulce vida mía,
como mereces tú que yo te amara,
pero infinito amor, donde se hallara,
que a tu infinito ser correspondía?

   Amemos, alma, amemos a porfía,  5
con infinito amor, con fe tan rara,
que de él saldrá el amor, pues en él para,
y nunca a dado por Raquel a Lía.

   ¿Por qué te olvido yo, si tu amor muere
de amor por mí, si tú me das la vida?  10
¿qué tiempo es bien, que para amarse espere?

   ¿Mas quién habrá que la distancia mida,
pues nadie como tú tanto me quiere,
y nadie como yo tanto te olvida?




ArribaAbajo- 56 -


ArribaAbajo    Llamé mi luz a la tiniebla oscura,
gloria a mi pena, a mi dolor consuelo,
provecho al daño y al infierno cielo,
¡qué ciego error! ¡qué bárbara locura!

   Hay luz divina, sobre todas pura  5
cuantas vinieron el humano velo,
o el intelectual de ardiente celo,
¡quién conociera entonces tu hermosura!

   Origen de la luz, luz poderosa,
luz que ilumina el sol, las once esferas,  10
luz, ¿quién es luz, sino tu luz hermosa?

   ¡Ay loca ceguedad, cual me pusieras,
si fiado de luz tan mentirosa,
eterna noche de mis ojos fueras!




ArribaAbajo- 57 -


ArribaAbajo   Principios de virtud que no sabía,
porque el discurso a la razón faltaba,
cuando del cielo desterrado andaba,
áspera muestran la difícil vía.

   Estaba, Elisio, el alma ingrata mía  5
en el Argel de su apetito esclava,
mariposa a la luz círculos daba,
buscando en la tiniebla puerta al día.

   Ya mis potencias de cautivas salen,
ya levanto los ojos a los cielos,  10
y la solas del mar su furia aplacan.

   Mas tales manos de piedad me valen,
que como tienen clavos, son anzuelos,
en que del mar de tanto error me sacan.




ArribaAbajo- 58 -


ArribaAbajo   Sobre ocho veces treinta el sol corría
los años de un enfermo, que aguardaba
junto a Bethsayda el Ángel que bajaba,
y a las sagradas aguas revolvía.

   A Cristo, que salud le prometía,  5
de la falta del hombre se quejaba,
que la divina luz, que le llamaba,
la noche de su error desconocía.

   Yo, que imito sus obras y su nombre,
ciego a la viva luz que me reduce,  10
aguardo mi remedio descuidado.

   Mas no puedo decir por falta de hombre,
pues tengo un hombre en Dios que me conduce
a las aguas del mar de su costado.




ArribaAbajo- 59 -


ArribaAbajo   ¡Con qué artificio tan divinas sales
de esa camisa de esmeralda fina,
¡oh, rosa celestial alejandrina,
coronada de granos orientales!

   Ya en rubíes te enciendes, ya en corales,  5
ya tu color a púrpura se inclina,
sentada en esa vasa peregrina,
que forman cinco puntas desiguales.

   Bien haya tu divino autor, pues mueves
a su contemplación el pensamiento,  10
y aun a pensar en nuestros años breves.

   Así la verde edad se esparce al viento,
y así las esperanzas son aleves,
que tienen en la tierra el fundamento.




ArribaAbajo- 60 -


ArribaAbajo   A donde quiera que su luz aplican,
hallan, Señor, mis ojos tu grandeza,
si miran de los cielos la belleza,
con voz eterna tu deidad publican.

   Si a la tierra se bajan, y se implican  5
en tanta variedad, naturaleza
les muestra tu poder con la destreza,
que sus diversidades significan.

   Si al mar, Señor, o al aire, meditando
aves y peces, todo está diciendo,  10
que es Dios su autor, a quien está adorando.

   Ni hay bárbaro Antípoda, que viendo
tanta belleza, no te esté alabando,
yo sólo conociéndola te ofendo.

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