Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Anterior Indice



  -148-  
ArribaAbajo

Cascarilla y cascarilleros

Don Luis Jerónimo Fernández Cabrera, Bobadilla, Cerda y Mendoza, cuarto conde de Chinchón, salió de Cádiz en Agosto 14 de 1628, y vino a Panamá, nombrado Vicerrey del Perú, etc. Dicho caballero de los tantos apellidos, pasó de Panamá a Payta, y se embarcó en este último puerto para el Callao, mandando por tierra a su esposa la señora doña Francisca Enríquez de Rivera, hija del duque de Alcalá. Este Virrey será siempre más recordado, por haberse dado su nombre a la Cascarilla, que por sus demás servicios y hechos, buenos o malos. Se encargó del mando en Enero 14 de 1629, y gobernó hasta Diciembre 18 de 1638, o sean cerca de diez años.

Refiere la tradición, que habiéndose enfermado gravemente la virreina con tercianas malignas, una india sirviente suya, secretamente le suministró los polvos de la cascarilla -que sorprendida la india, se trató de quemarla, por haber, según se creía, envenenado a la virreina; pero que hallándose ya en el cadalso, se le salvó la vida, verificándose la maravillosa curación de la enferma, y resultando el descubrimiento, el único quizás efectivo, cuando es legítimo,   -149-   del específico contra las fiebres malignas10. De esta historia, verdadera o novelesca, resultó el que el célebre botánico Linneo, nombrase a la cascarilla Chinchona, y formase de sus clases una familia especial. Otros aseguran, que un indio de Loja, muy afecto al corregidor de ese partido, don Juan López Cañizares, participó a éste los benéficos resultados de la aplicación de cierta corteza de árbol, para curar las fiebres perniciosas; que López Cañizares comunicó el secreto a los Jesuitas, entusiastas y sabios Misioneros de esas comarcas; que estos lo comunicaron a Europa, donde ha sido muy conocida la corteza con el nombre Jesuits Bark, por muchos años. Sea como fuere la verdad, parece indudable que desde 1630 se conocían en Lima, como eficaz antídoto para las tercianas y demás fiebres, los polvos de la cascarilla traídos entonces de Loja. Del Perú se remitieron a Europa pequeñas cantidades de cascarilla; y en Roma, el Cardenal Lugo, (quien los recibió de los Jesuitas), por medio de su médico Sebastián Baldo, hizo usar y extender la fama del específico. A pesar de la fuerte oposición que varios médicos y otros hicieron al uso de la cascarilla, los maravillosos y benéficos resultados que su aplicación producía, fueron venciendo, poco a poco, las resistencias que se levantaban, muchas veces por interesados Sangredos. En 1671, Luis XIV, Rey de Francia, compró al médico inglés Talbot, el secreto de las frecuentes y maravillosas curaciones de fiebres que verificaba en París; ese secreto no era otra cosa que la conveniente aplicación de los polvos de Jesuits Bark, o sea la cascarilla peruana. Luis XIV cuidó de hacer conocer al público el específico.

  -150-  

Solamente en 1738, o sean cien años después de la curación de la virreina de Chinchón en Lima, se vino a publicar por La Condamine, la descripción exacta del árbol de la cascarilla. La Condamine11 había sido mandado en 1735 con Godin, Bouguer y Jussien, a Quito, por el gobierno francés, para medir el arco del Meridiano y determinar la configuración exacta de la tierra.

El Rey de España Carlos III, en 1778, mandó a los naturalistas Hipólito Luiz y José Pavón; y el Rey de Francia, a Dombey, a examinar, recoger y especificar los árboles y plantas de sus vastos dominios en la América. Estos naturalistas publicaron en 1794, la famosísima obra que lleva su nombre. En dicha obra no se hace mención de la Chinchona Calisaya, porque, según entiendo, aun no era conocida. En 1788 regresaron a España estos comisionados, quienes en 1794, como he dicho, publicaron el Prodomus, y en 1798 comenzaron a publicar la Flora Peruviana et Chilensis, que se concluyó en 3 volúmenes, y que ha existido en nuestra Biblioteca, como un monumento de una labor, que tanto honra a sus autores; los grabados de ella son magníficos.

En 1790 Carlos III mandó otra expedición científica a las costas de Chile y del Perú, a bordo de la   -151-   corbeta Descubierta, y a órdenes de Malaspina. A bordo vino como naturalista don Teodoro Haenke, natural de Bohemia; era un hombre completamente consagrado a las ciencias. En 1792, Haenke regresó a España, de donde hizo nuevo viaje a Chile y al Perú en 1794, y desde esta fecha hasta el año de 1817, en que falleció en Cochabamba, se dedicó con asombroso entusiasmo a reconocer y recorrer todas las montañas, ríos, etc., de esta parte del Continente, y, en especial, del Alto Perú, hoy Bolivia. Pérdida muy grande han sufrido las ciencias al perderse, en Cochabamba, todos sus manuscritos, como consecuencia de la guerra de la Independencia. Haenke fue, según creo, el primero que dio a conocer con todos sus especiales caracteres y ventajosas aplicaciones, la cascarilla calisaya, originaria, según se creía, solamente en el territorio de Bolivia, y que hoy se sabe se encuentra también en el Perú, y en la parte de las montañas de Carabaya.

En 1846 vino al Perú el naturalista Weddel, inglés de nacimiento, pero desde joven educado en París. Weddel era comisionado por el Museo de Historia Natural de París, para hacer un estudio especial de la chinchona. Tuve el honor, para mí muy grande, de conocer al señor Weddel, y de darle cabalmente las muestras de la verdadera chinchona officinalis, que han sido grabadas en su obra sobre cascarillas. Weddel penetró a las montañas de Tambopata (San Juan del Oro) en ese mismo año, y también pasó a Bolivia.

A su regreso casó en Arequipa con la señorita Bolognesi, hermana de aquel honrado e ínclito Jefe, que quemó su último cartucho, en Arica, en Junio 5 de 1880. ¡¡Ardientes lágrimas se agolpan a mis ojos, al recordar la prematura muerte de mi amigo el coronel don Francisco Bolognesi, y la actual degradación de mi Patria!!

  -152-  

En 1852, Weddel volvió al Perú y Bolivia, a seguir sus científicos estudios, y ha publicado sobre cascarillas la obra más completa que yo conozco sobre el particular, adornada con grabados de primera clase. En nuestra Biblioteca existía un ejemplar, obsequio grato de su autor; tan importante obra se ha perdido ya.

En 1860 el señor don Clemente Markham, inglés, vino a Lima, y de aquí pasó a Carabaya y Bolivia, comisionado por el sabio y previsor Gobierno de la Gran Bretaña, para conseguir semilla de la cascarilla calisaya, y conducirla a la Isla de Ceylán, y a las montañas Himalayas, y propagar allí sembríos de tan utilísima planta. El señor Markham, con la constancia de un inglés, y con los abundantes fondos que se le proporcionaron, logró por completo el objeto de su comisión; estudió la clase de terrenos que eran más convenientes para la plantificación y cultivo de esos árboles; en persona se dirigió al Ceylán e Himalaya, y ayudado de hábiles botánicos e inteligentes horticultores, formó grandes sembríos de cascarilla calisa, ya, que producen en notables cantidades, cada año más abundantes, las quinas y quininas, tan necesitadas en el Hindostan, y demás colonias inglesas, como igualmente en la Gran Bretraña, para la curación de fiebres.

Con motivo de las publicaciones hechas en Inglaterra sobre los resultados tan favorables del sembrío de cascarilla, y de su conveniente cultivo, varios inteligentes especuladores, han establecido en Bolivia chacras de cascarilla, formando sementeras en gran escala; buscando las mejores semillas de la calisaya legítima, y estableciendo el sistema adoptado para su cultivo en la India. Un señor alemán, don Oton Richter, ha formado una gran Hacienda de cascarilla en Yaní, quebrada por la cual baja uno de los muchos ríos que se desprenden de las grandes alturas del   -153-   Illampu en el departamento de La Paz, y provincia de Larecaja, (Bolivia). Y no se ha contentado con formar esa hacienda, sino que a su costa, ha abierto un ancho camino de herradura, que le permite el libre tráfico a los valles de Yaní, y facilita en algo también la entrada a los lavaderos de oro de Tipuani, etc.

En la misma provincia de Larecaja existe un valle llamado Zongo, en el cual la familia del finado señor don Manuel Ballivian, tenía grandes posesiones. En ese valle existían no pequeñas cantidades de árboles de la cascarilla, que han sido cortados y explotados: los propietarios señores Ballivianes, y otros, han tratado de formar, en esos puntos, nuevos sembríos, y hoy día hay bien fundadas esperanzas de que no se agotará, como era de temerse, la producción en Bolivia de tan importante articulo de exportación.

Haenke, según informes, fue el primero que hizo conocer las especiales cualidades febrífugas de la calisaya, existente en ese entonces (principios de este siglo) en las montañas de Apolobamba, departamento de Caupolicán, en Bolivia, en abundantes cantidades. A consecuencia de la guerra de la Independencia, y los trastornos sobrevinientes hasta la exaltación al mando supremo de Bolivia, del General don Andrés Santa Cruz, la exportación de cascarilla de Bolivia fue limitada; sólo en 1831 se estableció la gran compañía exportadora de cascarillas, bajo la inmediata dirección del señor don Francisco Heros12. En años posteriores, y cuando subió al mando   -154-   el General don José Ballivian, se formó una nueva Compañía que dirigían en La Paz, los señores don Pedro Portal y don Jorge Tezanos Pinto; compañía que fue favorecida por muy notables utilidades.

La mayor parte de los numerosos valles que existen al lado Este de la gran cadena de los Andes, que se extienden desde los altos de Vilcanota y Coololo al Illampu o Illimani, y que corre al Sur hasta perderse en los llanos al Sur de Cochabamba y Potosí, se hallan favorecidos con abundantes manchas de cascarilla calisaya. En lenguaje local, una mancha, de cascarilla, significa la agrupación de veinte o más árboles de cascarilla; y el hallazgo de una mancha es una verdadera riqueza para los cascarilleros.

Saliendo de nuestro pueblo de Cojata, hacia el Este, a las 12 leguas se halla el pueblo de Pelechucos, antes departamento de La Paz y provincia de Caupolicán. Para llegar a Pelechucos hay necesidad de pasar por el pie del gran nevado llamado Coololo, el que se deja a la derecha, y tiene una altura de 17900 pies. Este pueblo de Pelechucos tiene la particularidad de que por sus calles y chacras corren abundantes y cristalinas acequias de agua, algunas de gran anchura, y sobre las calles sirven de puentes, grandes trozos o lozas de pizarra. Pelechucos se halla situado   -155-   sobre un ramal del río Tuiche-ramal, a la vez, del Cacas-ramal, a la vez, del Bení. Otro ramal del Cacas es el río Mapiri, a cuyas orillas se produce un cacao tan afamado como el de Paucartambo (Cuzco). Un ramal del Mapirí es el río Apolobamba, que corre por la población de ese nombre. El vasto territorio que se extiende entre los ríos Mapirí y Tuiche, ha sido el campo feraz y productivo de miles de quintales de cascarilla calisaya, exportada de Bolivia, durante cincuenta años; siendo Apolobamba y Eten, población no muy lejana, los centros de la exportación indicada. Al Norte se ha extendido el corte a los ríos Tequexe y Madidi; pero las dificultades de la extracción, han retardado algo el beneficio. El Madidi es el mismo río que en Carabaya es conocido con el nombre de San Juan del Oro, y, a veces, con el de Tambopata. Este río tiene su origen en el territorio del Perú, y en la cordillera que separa la quebrada de Saqui (Perú) de la de Puina (Bolivia); corre como cincuenta a sesenta leguas hacia el Norte, y luego hace una vuelta hacia la derecha, y aumentando con varios riachuelos, se forma el Madidi ya indicado.

En las quebradas de dicho río de Tambopata, se hallan establecidos los cortes de cascarilla calisaya del Perú, y se han extraído no pequeñas cantidades de esa corteza. En 1846 llegó Weddel hasta el Yanamayo (Río Negro), que es un ramal de Tambopata, y en su gran obra existe un grabado, que da una idea cabal de la arbolada, etc., de esa localidad. A ese mismo punto llegó en 1860, Markham, cuando, como he indicado, marchó a recoger la semilla de la cascarilla para conducirla a la India. De diferentes partes del Perú, he visto cortezas consideradas como cascarilla: de ellas me ocuparé después, pero la única cascarilla calisaya verdadera, que yo he visto, es la extraída de Carabaya, y de las quebradas de San Juan   -156-   del Oro, o sea, Tambopata. Del Cuzco y de un punto de ese departamento, llamado Cajamarquilla, he visto cortezas muy parecidas a la legítima cascarilla, pero le faltaba lo esencial, cual era la sal quina, que hace el verdadero valor de la calisaya.

Las cascarillas de Loja (Ecuador), y de Cartagena (Nueva Granada), que yo he examinado, son inferiores a la calisaya, como lo demuestra la gran diferencia de precio en los mercados de Europa y Estados Unidos. De Cartagena he visto muestras parecídisimas a la calisaya, pero, según entiendo, tienen menor cantidad de quina, y se diferencian de la calisaya, además, en no tener espinas -de estas espinas me ocuparé después, por ser una cualidad especial de la cascarilla calisaya, y que facilita su reconocimiento.

Últimamente se ha extendido en Bolivia el corte de la cascarilla, a los valles al Norte de Apolobamba, a los de Yungas y a los de Cochabamba. He conocido a un señor Rada, que estableció esa industria en Cavinas, y aún mas al Norte; las cascarillas que logró reunir, las embarcó en el Beni, y después en el Madera, y las condujo así al Amazonas y ciudad del Pará. Según me dijo el señor Rada en ésta, de vuelta de su viaje del Pará a Europa, la expedición le fue muy favorable. Cavinas es una Misión de los Padres Franciscanos, situada a inmediaciones de la embocadura del Madidi en el Beni. Los indios de la comarca son altos y muy bien formados; he visto a varios de ellos en 1859, en el convento de San Francisco, de La Paz, donde me los presentaron los Padres Sáenz y Comas. Cavinas tiene gran nombradía en La Paz, por el excelente cacao que produce. Todas las cascarillas, falsas o verdaderas, pertenecen, como el café, a la familia que, los botánicos llaman Rubiáceas, y a la tribu o división Chinconeas. Estas cascarillas son consideradas falsas o verdaderas, porque   -157-   las llamadas falsas no tienen ninguno de los alcaloides que deben tener las cortezas, que producen las curas de las fiebres paludinas y periódicas. Entre las cascarillas que se consideran falsas, las más notables son la cascarilla blanca y la ovalifolia, clasificadas por el naturalista Mutis: la cascarilla llamada noval por Mutis; varias de las especies clasificadas por Guibourt, procedentes de Loja; las cascarillas exportadas del Cuzco, y antes de Carabaya, que producen una sustancia especial, a la que los químicos han puesto el nombre de Aricina, por haber sido esas cascarillas exportadas por el puerto de Arica: las cascarillas varias exportadas de las montañas de Huamalies, Chanchamayo y Huánaco, etc. Las cascarillas verdaderas, que a la vez contienen las sales conocidas con los nombres de Quinina y Chincoñina, tienen, en más o menos cantidad, esas sales, y, por consiguiente, el antídoto verdadero y eficaz para todas las fiebres paludinas. Estas cascarillas se consiguen en Bolivia y en la provincia de Carabaya, del Perú, de árboles hasta de veinticinco pies de altura, y de dos a tres pies de diámetro en el tronco. No sé que clase de árboles son los que producen en Cartagena y Loja, cascarillas, que también contienen Quinina y Chinconina; pero creo que serán, poco más o menos, iguales a los que he indicado, en cuanto a su altura y grosor. Como mi objeto es hacer un estudio, solamente, de la cascarilla calisaya nuestra, y del sistema que se emplea para conseguirla y beneficiarla, me contraeré, a solo la explotación de la verdadera cascarilla calisaya, tal como la he visto en las montañas donde se produce; y de los sistemas empleados para conseguirla, y prepararla para su exportación.

Nuestro hábil y entusiasta naturalista Raimondi, describe así la cascarilla calisaya: «La familia de las Rubiáceas, comprende vegetales herbáceos, arbustos   -158-   y árboles elevados; sus hojas son opuestas, o verticaladas, y provistas de extípulos interpeciolares, sus flores auxiliares o casi terminales, tienen el cáliz soldado con el ovario, y la corola monopétala, regular, isostenión, de cuatro a cinco divisiones. El ovario es inferior, presenta dos, cuatro, cinco o más celdillas, y sostiene un estilo simple, rematado por un estigma de tantos lóbulos, cuantas son las celdillas del ovario. El fruto es muy variado, puede ser una baya, una cápsula, o una drupa de semillas solitarias o numerosas, provistas de un albumen cárneo o carnoso. Trousseau y Pidoux describen así a la cascarilla calisaya: «Cáliz adherente, limbo de cinco dientes, corola monopétala, infundibuliforme, de cinco divisiones, tubo cilíndrico y anguloso, cinco estambres insulsos en lo interior del tubo, ceja oval, prolongada, coronada por los dientes del cáliz, bilocular y bivalva; celdas que contienen muchas simientes membranosas en sus orillas. Árboles grandes con tallo leñoso, de hojas y ramas opuestas, y flores dispuestas en panojas tirsiformes». Las flores que yo he visto de la calisaya, son blancas, de poca y especial fragancia, y son dispuestas en figura de corimbo.

La cascarilla calisaya se presenta en el comercio bajo dos clases: calisaya tabla y canuto. La tabla se presenta en tablas de corteza, cuya longitud varía desde quince a veinte pulgadas, ancho dos o tres, del grueso de dos a cinco líneas: estas últimas, es decir, las más gruesas, son, por lo general, producto de árboles añejos. El canuto es el producto de las ramas delgadas; y a esta cascarilla no se quita la corteza exterior, como a la tabla. La cascarilla calisaya tiene un gusto muy amargo y astringente; su color interior es amarillo anaranjado, con tinte rojo, la tabla quebrada se parte por igual, sin que la fractura deje puntas. Puesta la tabla en la parte interior, contra los rayos del sol, indica puntos relumbrantes:   -159-   pasada la mano por esa superficie, penetran en el epidermis cantidad de espinitas, que se desprenden fácilmente de la corteza; especialidad que no tiene ninguna otra cascarilla conocida por mí. La cascarilla tabla calisaya, en la parte exterior de la primera corteza, es decir, la adherida al tronco, que es la que se exporta, tiene hendiduras en figura de pequeñas conchas; el centro de estas conchas es de color rojo subido, con tinte café, los bordes de las hendiduras o conchas son de un color morado con tinte de sangre de toro -de allí su nombre calisaya o culisalla, que significa morado. La cascarilla calisaya tiene dos cortezas: una interior, la pegada al tronco, que es la que se aprovecha y forma la cascarilla tabla de exportación, y otra, la corteza, exterior o epidermis, que es de un color gris, se halla cubierta con más o menos cantidad de líquenes parásitos, y que se bota cuando se beneficia el árbol, según lo explicaré después, cuando trate de ese punto.

La cascarilla calisaya es la que da mayor cantidad de quinina, que es el verdadero remedio contra las fiebres; y debe producir de 3 y 4 por ciento de quinina, es decir, que cien libras de cascarilla calisaya legítima deben producir de tres a cuatro libras de quinina pura y comercial. Sólo se beneficia la cascarilla tabla para la producción de quinina, la cascarilla calisaya canuto, generalmente se emplea como cortante, dándose bien pulverizada, como bebida o en infusión.

El individuo o sociedad que pretenda establecer la industria del corte de cascarilla, si no conoce el sistema, tiene forzosamente que buscar un capataz o administrador que haya ya entrado a la montaña; sea baqueano, es decir, esté acostumbrado a esa clase de labores, y pueda manejar la gente o peonada, que se va a poner a sus órdenes. En Charasani o Pelechucos, se hallan, a mi juicio, los mejores baqueanos   -160-   para esta industria. En Sandia, Sina o Quiaca, también los hay, pero recomiendo con preferencia los primeros. Ese baqueano administrador tiene sus subordinados de dos o tres sotas, según él número de peones cortadores o apiris, que son los peones cargadores. Los apiris o peones cargadores, se dividen en dos partidos: unos, que son los que cargan la cascarilla cortada, desde el punto que se ha hecho el corte, al depósito central; y los apiris que introducen los víveres, según sean las necesidades. El depósito central es algún punto a distancia del corte, hasta el cual pueden entrar llamas o burros (¡allí llamados vizcaínos! sin duda, por lo condescendiente de su carácter) a sacar la cascarilla a la población, donde se halle establecido el almacén grande, que recibe toda la cascarilla cortada, la empaca y la exporta a la costa; y que, a la vez, sirve para remitir de él, todos los víveres y especies que necesiten los cortadores en la montaña. Un administrador, tres o cuatro baqueanos subalternos, que sean diestros en el corte y diestros también en los rumbos de la montaña; seis u ocho cortadores más, y cuarenta apiris, creo que formarían una partida competente. El administrador y peones irán vestidos como más les convenga: llevan muy poca ropa, pero tienen sus dos ollas grandes de fierro, sus bien templadas hachas y cuchillos puntiagudos, de hoja ancha en común. Su yesquero y mecha de azufre, pues el fósforo allí es perdido en el acto, por la humedad.

Vamos a exponer el sistema que yo establecí, y que creo que podrá servir de base para futuros especuladores, variándolo según sean las circunstancias.

El almacén central se pone en el Crucero (Carabaya), en Pelechucos o Apolobamba (Bolivia.) De ese almacén central, del Crucero, por ejemplo, se manda la gente a Poto, 14 leguas, a Coasa 9, a Saqui 5, llevando hasta este último punto, en llamas   -161-   o burros, las herramientas, víveres, etc. Como últimamente, el movimiento de los cascarilleros ha hecho que se compongan los caminos, las llamas o burros pueden, según me dicen, entrar hasta Yanamayo (Carabaya), que son como veinte leguas más adelante de Saqui. En Bolivia, mi peonada ha logrado entrar con burros y diestras mulitas, criadas en las haciendas de Azángaro y Huancané, hasta Apolobamba y Eten, con la mayor facilidad. De Yanamayo, donde se hace un almacén de depósito, parten los peones, río abajo, en busca de cascarilla. Los baqueanos se suben a los árboles más altos, a las lomas o alturas, donde no exista espesa arboleda, y dirigen la vista en todas direcciones si logran distinguir, a más o menos distancia, algunos árboles cuyas hojas relumbran al moverse, bajan al momento y se dirigen hacia el punto donde hayan sido vistas esas hojas relumbrantes, que precisamente son de árboles de cascarilla calisaya.

A veces las direcciones dadas por el baqueano no son del todo exactas, y hay que hacer nuevos rumbeos hasta hallar la mancha, es decir, la agrupación de varios árboles de cascarilla, de diferentes edades y tamaños. Hallada la mancha, se busca un lugar, el más inmediato, que no esté cubierto de arboleda, se prefiere la playa más o menos ancha de un riachuelo; y sobre ese terreno o playa se asienta el campamento: así se evita el que el yaguar (tigre), se arrastre por los matorrales y encubra sus alevosos ataques. El administrador, hallada la mancha, destaca la gente inmediatamente, unos al corte de la cascarilla, otros al establecimiento del campamento, y a recoger leña. Si el árbol es grande, se le señalan dos hacheros; si es delgado, uno es bastante. Los cortadores hachan el árbol lo más inmediato a tierra; tumbado el árbol, pican la corteza hasta penetrar a la parte leñosa o tronco, y a la distancia de   -162-   ocho a quince pulgadas, según lo permita la ramazón. Picada la corteza, la rayan en líneas paralelas de dos a tres pulgadas de ancho; introducen las puntas de sus cuchillos de hoja ancha, en las rayas, y levantan la cabeza de un trozo de corteza; levantada la corteza, la toman con la mano, la desprenden del tronco del árbol, y sobre él mismo le dan un fuerte golpe, con el cual, en el acto, se desprende la corteza interior, que es de un color blanquizco, y expide una especie de leche de la corteza exterior, que es por afuera gris y se halla cubierta, en los árboles viejos, de líquenes en abundancia.

Sacado así un trozo de la corteza, se sigue la misma operación con todo el resto de la corteza del tronco del árbol, y de las ramas gruesas: las ramas delgadas también se pelan, y la corteza se suelta al lado de los árboles, donde al secarse se encanuta, como los trozos de canela. La corteza interior es la cascarilla tabla; la corteza encanutada es la cascarilla canuto; la corteza exterior se usa para quemar. En el campamento se aplana bien un trecho del terreno; sobre ese terreno aplanado se extienden los trozos de la cascarilla tabla en hileras, unas al través de las otras, hasta la altura de una vara, la cual permite la circulación del aire por enmedio de los trozos de corteza, y la seca; y esos montones se cubren con paja u hojas de palma, para evitar el agua de la lluvia, en cuanto sea posible. Beneficiados todos los árboles de esa manera, se busca otra mancha, y así sucesivamente, se van mudando campamentos, según los puntos donde se hallen los árboles; y la buena o mala suerte de los cortadores, que son interesados en el mayor producto, por la mayor gratificación que reciben.

De la cascarilla, en cierto estado de seca, se forman tercios de más o menos setenta libras; esos tercios son conducidos al punto donde se ha establecido   -163-   el segundo depósito, por los apirís o cargadores a hombros. Cada tercio es forrado en bayeta del país al sacarlo, tanto para favorecerlo del aguacero, cuanto para evitar en lo posible la quebrazón y merma. De ese segundo depósito, la cascarilla es conducida en burros o llamas, al depósito número 1, donde se enchurla, en la forma que después explicaré. Ínter los cortadores benefician la cascarilla, otros, como he dicho, preparan el campamento y recogen leña, que en todos esos puntos se halla en abundancia, ya sea de las ramas secas de los árboles, ya de los árboles o arbustos, arrastrados por los torrentes de los ríos. En el centro del terreno señalado como campamento, se depositan los víveres y la cascarilla, según se va explotando; ese campamento de noche es rodeado de grandes fogatas, para alejar al tigre, que constantemente ronda esos campamentos. En el campamento se hace el servicio, constante, de noche, de montar guardia, tanto para despertar a los peones, si se vislumbra en la oscuridad las dos candelitas, que son los relumbrantes ojos del tigre, cuanto para sostener las fogatas, agregando leña a ellas. El olor de la chalona asada (carnero helado) es muy atractivo al tigre. Los víveres, que por lo común se hacen conducir los cascarilleros, son los siguientes: chalona, chuño, papa helada, maíz tostado; sin tostar brota en el acto -quina tostada y molida, que es un excelente alimento en la montaña; coca del Cuzco o del mismo Carabaya, etc., etc. Es preciso tener muy bien distribuido el servicio de los apiris de víveres-. La demora en la introducción de víveres, sea por desertarse los apiris, como acontece a veces, sea por violentas crecientes de los ríos, que impiden el paso, o cualquiera otra causa, produce fatales resultados. Existía en Tacna un argentino, señor Castellanos, que estableció en Carabaya una labor de oro, arreglando con sus corresponsales   -164-   en el Crucero y Coasa, las convenientes remesas de víveres.

Los apiris se desertaron del Crucero a Coasa, y de esta última población no le remitieron tampoco los víveres acordados. En la labor se comenzó a experimentar escasez, y Castellanos mandó la mitad de su gente a Coasa, a buscar víveres. Los ríos crecieron; esta parte de la gente no pudo llegar a la labor. A Castellanos se le huyeron los peones restantes, tomando las alturas, y abandonándolo por completo. Castellanos, con un hijito suyo de seis años de edad, al fin abandonaron la labor y se dirigieron hacia Coasa, llegan a un río con extraordinaria corriente, no le pueden pasar; a un lado se halla Castellanos con su niño, al otro, los peones con víveres, de vuelta de Coasa; es imposible pasar por las terribles corrientes, algunos peones, al fin, se resuelven a rodear las alturas y buscar algún vado a gran distancia, y llegan a la choza que con ramas de árboles había construido Castellanos, y lo encuentran cadáver con su hijo casi muerto a su lado -ese niño milagrosamente salvado vivía en Tacna hace poco; su madre es una señora Vildoso de esa ciudad. En casos parecidos los cascarilleros han tenido mucho que sufrir. A veces se han alimentado con el cogollo de la palma que es una comida muy exquisita. En la montaña hay una palma que en su punta produce una especie de vaina, de largo de casi dos varas; para recoger esa vaina acostumbran hachar el árbol, y dentro de esa vaina se halla una sustancia parecida a hojas largas de palma, de un color blanquizco, y que son excelente comida; el gusto es lechoso, como de leche cuajada.

A veces los cascarilleros tienen la buena suerte de encontrar una chacra de achira silvestre; la raíz es abundante y harinosa, parecida al camote. He visto plantas de achira silvestre, en la montaña, de la altura   -165-   de ocho pies. Esta raíz creo crece en la campiña de Lima; tiene una semilla muy dura, negra retinta, y es del tamaño de una alberja; las hojas son como las del plátano.

Repito, la carencia de los suficientes víveres en las montañas de Carabaya, puede destruir las mejores establecidas labores, sean de oro o cascarilla, y es preciso asegurar debidamente la constante introducción de ellos.

Las crecientes en Carabaya arrastran consigo tan gran abundancia de tierra gredosa, que es imposible a la gente tomar a veces el agua de los ríos o riachuelos. En estos casos se buscan algunas vertientes, las que no escasean; pero no faltan casos en que hasta las vertientes se hallan cenagosas; y en tales circunstancias es preciso buscar alguna mancha o aglomeración de Tocoro, para apagar la sed. El Tocoro es una caña de color verde muy oscuro, del alto de cuatro o cinco varas y con canutos de tres o cuatro pulgadas de largo y menos de dos de diámetro; cada canuto contiene una buena cantidad de agua limpia y muy fresca, que es muy grato beber. El Tocoro tiene espinas, y al cortarlo es preciso precaverse de ser herido por ellas.

Conducida la cascarilla al gran depósito, se procede a enchurlarla. Para esta operación es preciso tener un cajón de buena madera, de cinco pies de largo, tres de ancho y tres de profundidad. De bayeta blanca del país o de crudo, se forma la camisa, o sea una manta que cubra todo el interior del cajón, y que dé una cantidad bastante para cubrir por encima la cascarilla depositada dentro del cajón. Sobre la camisa y en el fondo del cajón, se ponen dos hileras de cascarilla tabla, de las tablas que se hallen más grandes y gruesas; se ponen encima y alrededor del cajón, otras tablas, llenándose el centro con las tablas más delgadas, las rotas y el polvo, que no   -166-   es en pequeña cantidad de la cascarilla. Esta operación se sigue hasta que de la cascarilla depositada dentro del cajón, se hayan puesto ciento cincuenta libras netas. Puesta esta cantidad, se cose la camisa por encima y se saca el bulto a un lado para formar otro.

Con un cuero grande de vaca o novillo, se pueden enchurlar dos bultos de cascarilla, dividiendo el cuero por la mitad. El medio cuero se tiende sobre el suelo con el pelo para arriba; se pone al medio el bulto de la cascarilla, y se doblan las puntas del cuero sobre el centro del bulto. Con una aguja de cuatro pulgadas de largo, fabricada del mejor acero, y con tiras del mismo cuero, se cose éste por el centro y una de las cabezas de la churla; la otra cabeza se pone después, pero con el pelo para afuera, para marcar la churla en esa parte, con un fierro candente, y sobre ese pelo la marca comercial y especial del comerciante que remite la cascarilla. La marca de la Compañía de Cascarillas de La Paz (Bolivia) era tan conocida, que los que elaboraban la quinina en Europa, sin mas examen que la marca, la preferían a todas las otras, teniendo seguridad de obtener lo mejor, en calidad y peso, en esa mercancía.

El bulto de cascarilla, así forrado en cuero, es ya llamado churla, y se pone a secar al sol. El enero, al paso que se secaba, iba apretando y minorando el bulto, hasta que quedaba reducido a la mitad casi de su antigua mole. En este estado se remitían las churlas a Arica o Islay, para ser exportadas al extranjero.

Se me olvidaba indicar, que agotados los árboles de la cascarilla en los territorios de Apolobamba, etc., en Bolivia, los cascarilleros, se dedicaron a desenterrar y pelar las raíces de los árboles cortados anteriormente. Esas cortezas de raíces fueron remitidas, en no pequeñas cantidades, a los mercados de   -167-   Europa, donde no se pudieron colocar a buenos precios, por carecer de la quinina esencial.

Antes de concluir no estará de más explique el sistema que se emplea hoy para explotar los árboles de la Calisaya, sistema que no dudamos deberá aceptarse en Bolivia, etc. De cada árbol, cada año, se separa una parte de la corteza, y el tronco en la parte de la cual se ha quitado la corteza, se cubre con una cantidad de musgo bien húmedo: al poco tiempo, la corteza lentamente comienza a cubrir la parte del tronco privada de ella, y así se va haciendo lentamente hasta explotar toda la corteza antigua.



  -168-  
ArribaAbajo

Copacabana

Ya he dicho que del río Desaguadero al pueblo de Zepita, hay dos leguas de distancia. También he dicho que hacia la derecha de Zepita, y a distancia de seis leguas, se halla el pueblo de Yunguyo, en el cual se celebra una regular feria el día 15 de Agosto de cada año. Yunguyo tiene dos regulares iglesias; y en el cementerio de ellas se hallan plantados, por los Jesuitas antiguos, algunos Queñuas, (Polilepis racimosa), llamada así porque la corteza es formada de unas delgadísimas hojas, como de papel, puestas unas sobre otras. Algunos de estos árboles se hallan en casi todos los cementerios de esas iglesias, y son los únicos árboles conocidos en los llanos de esas poblaciones. A la derecha de Yunguyo, y a la distancia como de una legua, se halla Caccsani, que es una pequeña población sobre una altura o loma, y que allí forma la línea divisoria entre los territorios del Perú y Bolivia. Como ya he dicho, las casas de los peruanos y bolivianos, se hallan entremezcladas, distinguiéndose sólo por el color rojo con que se hallan pintadas las de los primeros. Los terrenos propiedades   -169-   de esos indígenas, también se hallan entremezclados del modo más singular. El territorio de Copacabana es una península, que al Norte se halla limitada por el estrecho de Tiquina, al Sur por la altura de Caccsani, al Oeste por las aguas de la gran laguna de Títicaca, y al Este por las aguas de la tercera y más pequeña laguna. En ese territorio o península, se hallan los siguientes aillos (divisiones territoriales) pertenecientes al Perú. Aychuya, Ullaraya, Unicachi, Silabaya, comenzando al Oeste hacia el Este. Luego viene un pequeño territorio boliviano, y siguen los aillos peruanos Turuna, Calata y Oje, el ultimo al Este, y lindante ya con el tercer lago.

Al Norte de esos aillos peruanos, se halla el distrito y pueblo de San Pablo, bolivianos; al Oeste de San Pablo, está el aillo peruano Chiquipata, y hacia el Sur de éste, el aillo Chichilaya. Si es absolutamente absurda esta delineación de terrenos peruanos y bolivianos, ese absurdo aún es más notable en los terrenos de Toocollo y Yooseque, que son dos aglomeraciones de cinco casas el primero, y de seis el segundo, y que pertenecen a peruanos, rodeadas por completo, al Norte de Caccsani, por territorios bolivianos.

Esos dos grupos de casas se hallan a la izquierda del camino real de Yunguyo a Copacabana, poblaciones que distan como dos leguas la una de la otra. En sesenta años de Independencia, no se ha podido arreglar esa frontera, dando lugar a constantes luchas entre los habitantes, por cuestiones de pastos y linderos.

Copacabana es un antiguo y muy afamado Santuario, dependiente del Obispado de La Paz. Copacabana es una población boliviana, que tendrá en su recinto como un millar de habitantes. Se halla situada sobre la meseta de una altura, y se halla a 13160 pies sobre el nivel del mar.

  -170-  

Los alrededores de Copacabana se hallan muy cultivados, y sus campos producen papas, cebada, ocas (oxelis tuberosa) en grandes cantidades. El clima es excelente, aunque algo frío; y tiene excelente puerto a sus inmediaciones hacia el Oeste, en las orillas del Lago Grande.

Lo que hace notable a Copacabana es la Virgen Milagrosa, que no se halla expuesta a la adoración de los fieles, en la iglesia, sino en el Camarín, detrás del gran altar mayor. El templo de Copacabana, obra de los Jesuitas, es muy grande y suntuoso, formándole cuadro los cerros que se hallan a su retaguardia, y que se hallan cubiertos de paja verde, en muchos meses del año. El templo tiene en el cementerio, y al frente de la portada, tres grandes cruces de piedra Berenguela, o sea alabastro: la del centro es mucho más grande que las otras dos. El templo se halla dividido en tres naves, y en su interior se halla adornado con bellas esculturas y pinturas. Antes del año 1825 tenía una araña de plata maciza, que ostentaba trescientos sesenta y cinco candelabros, por otros tantos días que tiene el año; y sobre el brazo de cada candelabro se hallaban grabados el día del mes, y los nombres de los santos correspondientes a ese día. Esta gran araña se le adjudicó al general Sucre, a cuenta de los sueldos devengados en Colombia; la honrada y digna conducta de Sucre, cuando después se encargó del mando supremo de la República de Bolivia, borró por completo la indignación de los vecinos por tal despojo de la araña.

Otro jefe, al servicio entonces de Colombia, también se hizo adjudicar el riquísimo collar de bellas perlas, que adornaba el cuello de la Virgen de Copacabana, también a cuenta de sueldos devengados en Colombia.

La señora de ese jefe asistió a un baile en La Paz, ostentando sobre su garganta, ese collar de perlas;   -171-   al día siguiente amaneció con una fuerte angina, y quedó con la garganta tan cerrada, que jamás pudo pasar después alimento, que no fuesen liquido: aquí tenemos un milagro que hará callar la boca a los incrédulos mofadores.

La Iglesia ocupa un lado de la plaza; inmediato a ella se halla el Hospicio, vasto tambo hospedería, donde se alojaban gratis los innumerables devotos que, desde Buenos Aires y otras partes de la América del Sur, acudían a las renombradas fiestas de Copacabana. Se asegura que en algunos años, los devotos han ascendido hasta 30000.

El camarín se halla detrás del altar mayor, y hay necesidad de subir como veinte y tantas aradas para llegar a él, y otras tantas para bajar. Los devotos suben andando, puede decirse, sobre sus rodillas, dichas gradas, y del mismo modo las bajan al otro lado. Un amigo mío de Puno, después de muchos años de casado, tuvo una niñita; ésta se le enfermó gravemente, e hizo un voto de ir a pie de Puno a Copacabana, en romería; subir las citadas gradas sobre sus rodillas, hacer decir tantas misas, etc.; verificó el viaje, gastó mucho dinero, y a la vuelta encontró a la niñita muerta; sin duda, le faltó la fe bastante, y por eso tuvo mal resultado su viaje.

El camarín tendrá como doce varas de largo, y como ocho o nueve de ancho: no lo pude medir. Escasa luz penetra en él, y su oscuro empapelado, más oscuro aún, por el constante humo del incienso, hacen que sea difícil distinguir bien los objetos allí contenidos. Las paredes se hallan cubiertas, puede decirse, de cuadros de poco valor artístico, y de innumerables piernas, brazos, ojos, etc. de oro y plata, votos de enfermos o estropeados. En la testera del Camarín, se halla la renombrada imagen de la Virgen de Copacabana; tendrá, cuando más, como cuatro pies de altura, lujosísimamente vestida, y con una   -172-   corona de oro sobre la cabeza; esta corona, al parecer, se halla cubierta de preciosas joyas; y digo el parecer porque allí mismo se me dijo que no habían faltado sacerdotes, que faltando a su sagrado deber, habían cambiado diamantes por cristales; esto podrá haber sucedido en épocas lejanas, pero no es de creerse suceda, cuando después, según se me ha dicho, se han encargado los Padres Recoletos de La Paz, de la custodia y conservación del Santuario.

A la derecha del Camarín, se halla un organito, remitido desde París por el general Santa Cruz, muy devoto de esa imagen de Copacabana. Yo mismo lo remití de Arica a Copacabana, por orden de Santa Cruz.

La Virgen está guardada en una especie de alcoba, y por delante se halla puesta una hilera de balaustres, que se dice ser de plata maciza. Los Melgarejos y Dazas, a pesar de sus patrióticos instintos, no se han atrevido a inventariar esos valiosos depósitos de la ardiente fe de los millares de devotos que frecuentan Copacabana. El inventario les hubiera costado muy caro.

El Santuario de Copacabana, según tradición, tuvo su origen en una imagen de la Virgen, que se dice encontró en ese punto el indio Titu-Yupanqui, descendiente de los Incas, en el año de 1582. Los Jesuitas aceptaron el hallazgo como un milagro del Cielo; y ayudados por la constante y ardiente fe de esos pobladores, en pocos años levantaron ese suntuoso Templo, el Hospicio y las capillas, que se hallan en las cuatro esquinas de la plaza mayor. Con la expulsión de los Jesuitas, decayó en gran parte el lujoso culto de la imagen milagrosa; y llegaron a arruinarse el Hospicio y demás edificios. Durante la administración del general Santa Cruz en Bolivia, volvió a tomar incremento la romería; gran número de devotos con valiosas ofrendas, acudían a las fiestas.   -173-   Posteriormente volvió a decaer el Santuario, hasta que se hicieron cargo de él los Padres Recoletos, según me dicen. Bajo su económica y digna administración, ha vuelto a recuperar casi toda su grandeza antigua.

Hacen algunos años que era Prefecto de Puno, un general muy conocido, y que en un lugar llamado Ayayacas, se apareció de repente una imagen que el cura de ese territorio, provincia del Cercado, aseguraba ser muy milagrosa. Hiciera milagros o no, el resultado es que en muy corto tiempo se levantó en ese sitio, con dinero recolectado allí, una iglesia, a la cual acudían con asombroso empeño, toda la indiada de los pueblos de Achaya, Caminaca, Pupujá, etc., haciendo muchas fiestas, y dando no pequeñas sumas de dinero, como ofrendas al citado cura. Los curas de todas las parroquias alrededor comenzaron a sentir grandes atrasos; los dineros que los indios o vecinos de sus parroquias gastaban en Ayavacas, eran emolumentos que dejaban ellos de recibir. El referido señor Prefecto comisionó al Subprefecto de Azángaro, para que se constituyese en Ayavacas, tomase todos los datos convenientes a la milagrosa imagen, que tantos perjuicios acarreaba a los párrocos, que en forma legal y con papel sellado, reclamaban contra las romerías de Ayavacas, y expidiese el informe correspondiente. Constituido el tal Subprefecto, mozo entonces de poca fe, alegrón y vivaracho, en el Santuario de Ayavacas, no le fue muy difícil averiguar la verdad, y encontrar al ignorante y chabacano pintor de la imagen milagrosa, valiéndose para ello de ofertas, y nada más que ofertas, de ciertos recetarios que Diego Portales, con asombroso buen resultado, supo aplicar positivamente en Chile. Sin duda, que el informe del tal Subprefecto, no sería muy favorable al cura mencionado, cuando el Prefecto, que no entendía de encubrir milagros de   -174-   esa clase, y que sabía cortar todo nudo gordiano, luego, luego, con su valiente y retemplada espada, ordenó la inmediata demolición del Santuario, previa traslación a una Iglesia conveniente de la imagen consabida. Este fin trágico tuvo la romería de Ayavacas; y los arruinados restos de su Iglesia aún atestiguan la enérgica y desinteresada protesta de los curas inmediatos. Por lo dicho, se ve que no era milagrosa la aparición de la imagen de Ayavacas, o que por el curso del tiempo, se había amortiguado por completo la fe en los mandatarios modernos de esos pueblos.

Es tradición, que a las inmediaciones de Copacabana, o, según otros, en el mismo punto donde se halla el actual Camarín de la Virgen, existía en épocas remotas un templo, que contenía un ídolo adorado por los antiguos gentiles. Sobre esto existen algunas historias extravagantes, pero no he podido conseguir datos positivos y dignos de publicarse: parece que era una especie de oráculo de Delfos. En las inmediaciones existen edificios muy antiguos, anteriores, al parecer, a la época de la conquista; pero en tal estado de ruina, que casi no se puede formar idea de su forma, y de los objetos a que eran dedicados. La tradición asegura eran habitaciones de los sacerdotes del ídolo citado.

En la punta Oeste de la península de Copacabana, existen los grandes depósitos de carbón de piedra, que se explotan en la actualidad, y cuyo producto sirve para el consumo de los dos vaporcitos, propiedad del Gobierno del Perú que surcan las aguas de las lagunas. Ese punto se llama Llampaputa, y será, a no dudarlo, andando los tiempos, centro de fábricas y talleres, por la abundancia de ese combustible. Al frente de Llampaputa, se hallan las islas Sagradas de Coati y Titicaca, cuna y residencia de Manco Capac y de Mama Ocllo, los fundadores del   -175-   Gran Imperio de los Incas. En esas islas se hallan las ruinas de sus templos y palacios. Antiguos y modernos historiadores y viajeros, se han ocupado de ellas, dando minuciosas relaciones y exactos planos. Inútil sería de mi parte escribir cosa alguna sobre ellas, en vista de lo mucho que se ha publicado ya sobre el particular.



  -176-  
ArribaAbajo

Pica y Canchones

Saliendo de la Noria (Tarapacá), rumbo Sureste, se pasa por la oficina Sacramento; luego se pasa una pampa, y se baja al abandonado pueblecito de la Rinconada, que, como he dicho, tuvo su importancia en la época de la boya de las minas de plata de Huantajaya y Santa Rosa. Pasando la Rinconada, a la izquierda, se halla el villorrio llamado la Cabrería; de la Noria a la Cabrería habrá sus cinco o seis leguas de distancia.

Siguiendo la marcha por la Pampa del Tamarugal, hacia el Este, se halla el camino a la Tirana, que se separa a la izquierda.

Siguiendo la marcha rumbo a Pica, se llega al punto llamado Callas, donde han formado sus canchones don Mariano Barreda y el francés Digoy; estas propiedades encontré en ruinas. De Callas a Cuminalla, habrá como tres o cuatro leguas de distancia; el camino pasa por una pampa blanquizca, con terrenos saturados de materias salinas, y donde sólo se hallan algunos algarrobos, algunas diminutas chilcas (beccaris), y corta y escasa grama. Cuminalla   -177-   es un punto donde tienen sus canchones de labranza varios vecinos, siendo uno de los principales don Juan Bautista Gallegos.

Los terrenos se hallan, en muchas partes, cubiertos de costras salinas y gruesas, que por la ardiente acción del sol, se han quebrado en pedazos de menos de una vara en cuadro. Escogido un terreno con el objeto de elaborar un canchón de sembrío, la primera operación es levantar esos trozos de costra, y con ellos formar cercos; estos cercos, por lo general, tienen una altura desde tres y medio pies a cinco, y tienen de ancho como una vara. Algunos han formado verdaderas paredes, uniendo las costras con barro, pero esto es una excepción. Limpiado así el terreno de esos trozos de costra, se divide su superficie en una serie de canchones, paralelos los unos con los otros. Cada canchón tiene de largo una cordelada, que son cien varas; son pocos los de más extensión. El ancho de los canchones varía desde 3 varas a 25; los canchones del ancho de 5 varas son los más comunes. Entre canchón y canchón se deja sin remover un espacio que varía también de 3 a 5 varas, pocos tienen hasta 8 ó 10. Sobre este espacio intermediario, se arroja la tierra aún salobre, que se saca de los dos canchones a los dos lados, formando con esa tierra arrojada una especie de loma. La tierra se arroja de los canchones a esa loma, hasta encontrar las primeras humedades. Halladas éstas a la profundidad de una a una y media varas, se remueve bien el terreno, se guanea con el estiércol de los animales domésticos; los más acomodados emplean el guano de Pabellón de Pica o Huanillos, y se siembran los terrenos. Las plantas que más progresan son el algarrobo, la alfalfa, los melones y sandías; los árboles frutales no progresan; esto se atribuye al agua que corre subterránea y que es algo salobre. A mi juicio, proviene esto, en gran   -178-   parte, por el excesivo frío de las noches y del intolerable calor del medio día; diferencia que destruye la vitalidad de las plantas.

Como he dicho, las humedades se hallan de 3 a 5 pies; pero por lo general, se hallan a 3 pies de profundidad. El alfalfa da hasta cuatro cortes por año y es de la mejor calidad; se asegura que cada cordelada (100 por 5) de quinientas varas cuadradas, da cuatro quintales de alfalfa seca en cada corte, o sean diez y seis quintales al año, que allí mismo se vende de 12 a 14 reales plata el quintal. Del mes de Abril al de Agosto, sólo se da un corte, por ser estación de frío; en los otros siete meses, los de agua en la cordillera y de calor, se dan tres cortes. Algunos preguntarán: ¿qué influjo tienen las aguas de la Cordillera, sobre los terrenos de los canchones? La contestación es muy sencilla, pues se reduce a asegurar, sin temor de equivocarse, que todas las aguas que circulan por la pampa del Tamarugal, provienen de filtraciones de esa cordillera, y que en dicha pampa son más o menos abundantes las aguas según hayan sido más o menos abundantes los aguaceros o nevadas en la cordillera, en los meses de aguas, que son desde Noviembre a Abril.

Recogida el alfalfa, cuidan los propietarios de limpiar bien el terreno de toda mala yerba, y algunos lo barren para evitar que las yerbas secas no ahoguen los nuevos brotes. Se ha notado últimamente que las humedades de la pampa se van profundizando notablemente; esto se atribuye a varias causas; la verdadera, a mi juicio, es la menor cantidad de agua que en muchos años atrás a la época presente, cae sobre las cordilleras, ya sea como lluvia o nevada.

Desde Cuminalla, mirando hacia la cordillera, se pueden distinguir los cortos sembríos de la Calera, en la loma hacia la izquierda; y en la loma hacia la derecha, el pueblo y sembríos de la Matilla.

  -179-  

Cuminalla es el cantón en que existen los canchones del señor Lecaros, en los que se ha encontrado la osamenta de ese gran animal, del que ya he hablado. Hoy existe en Berlín.

Matilla daba el título de Marqués a la familia Loaiza, en un tiempo opulentos mineros de Huantajaya y Santa Rosa.

La Calera se halla situada sobre el camino real de Bolivia a la Tirana, pueblo del cual me ocuparé después.

Se asegura que los señores Hart, Hermanos, tratan de conducir las aguas de la Calera, por medio de cañerías de fierro, al puerto de Iquique, en virtud de un contrato celebrado antes entre el Gobierno del Perú y el señor don Federico Torrico, y hoy traspasado a dichos señores Hart. A la derecha de Cuminalla se hallan muchos canchones abandonados por falta de humedad; los llaman Challac-poso.

De Cuminalla a Matilla, hay cinco leguas de distancia; el camino pasa por una pampa llana, en la antigüedad cubierta, de espesos bosques de algarrobales. Existen muchos medanos en la pampa, formados por las finas arenas, que los vientos del Sur han arrojado de esas grandes pampas, que se extienden hasta las orillas del río Loa. Los médanos y arenas cubren grandes cantidades de leña seca y destrozada.

Matilla es una población pequeña, con una iglesia; es viceparroquia de Pica, se halla situada sobre la loma derecha de la quebrada o valle de Quisma. Matilla tiene chacras de alfalfa y maíz; pero lo principal de su agricultura consiste en sus bien cuidados viñedos.

La uva se produce en parrales, y bien atendidas cepas. Las bodegas se hallan en gran parte maltratadas por el terremoto del 13 de Agosto de 1868.

Matilla es regada por agua de socavones, y por   -180-   la de unas pequeñas vertientes del valle de Quisme.

Al tratar de Pica, describiré los socavones llamados por los naturales Puquios, palabra en Aimará, que significa vertiente de agua.

De Matilla a Pica hay una legua de distancia, por un camino llano aunque algo arenoso. Pica tiene una iglesia con dos naves, y una torre separada del cuerpo del templo: cosa igual sucede en Lampa, pueblo del departamento de Puno.

Desde Agosto de 1868, Pica se halla con muchas casas derrumbadas. En esta población existen muchos parrales y viñedos, muchos árboles frutales y buena alfalfa; los vinos de Pica tienen gran nombradía.

Las chacras y viñedos han ascendido allí a la categoría de haciendas, y se hallan cercados de ese árbol espinoso, especial al territorio Sur de la República, y que se conoce con el nombre de chañal.

En tiempo de la conquista, Pica era pueblo más habitado, y existían y aún existen campos o terrenos llamados de comunidad, pertenecientes a los indios puros originarios. Los conquistadores tomaron en cuenta el sistema empleado por los indígenas para regar sus campos, y empleando sistemas y elementos más aventajados, corrieron al cuerpo de los cerros areniscos, que circundan a Pica, sendos socavones con los cuales lograron cortar las filtraciones de agua que subterráneamente por ellos corrían, consiguiendo así sacar parciales cantidades de agua, para sus proyectadas haciendas.

Los socavones son obra de mucho mérito, y a la vez, de notable costo. Han corrido a tajo abierto una distancia de cincuenta a cien varas, sobre la superficie del terreno, enseguida una corrida subterránea de dos a tres varas de elevación, dos a tres de ancho, y de largo hasta de mil quinientas varas, hasta encontrar el agua; a la vez, sobre la   -181-   línea de rumbo del socavón subterráneo, han tenido que correr lumbreras, que comunicasen con la labor abajo, para dar aire a los trabajadores. Así han recorrido con socavones subterráneos, y piques o pozos perpendiculares, a la línea del socavón, muy grandes distancias, que, como he dicho, me aseguran han alcanzado hasta 1500 varas de largo. He examinado en Pica cuatro socavones; el uno llamado el Resbaladero, es una gran obra; su última rectificación la hizo el finado don Juan Quiroz y Correa, y costó más de 10000 soles plata a sus propietarios, dando con sus nuevos trabajos una mitad más de su antiguo caudal de agua. Otro llamado Ánimas, se hallaba muy mal tenido, con gran cantidad de fango en el estanque, que servía de receptáculo al agua; parece que hacían más de veinticinco años que no se hacía la limpia del socavón o estanque.

Los productos de vinos de Pica, Matilla y Quisme, según los datos que ahí pude recoger, son los siguientes, como término medio de cinco años:

PICA
Botijas.
Finca de José Manuel Loayza ..................................... 400
« « Cumiña ..................................... 220
« « Ignacio Almonte ..................................... 220
« « Jesús Marín ..................................... 210
« « Domingo Lecaros ..................................... 300
« « Vicente Bustos ..................................... 160
« « Los señores Luzas ..................................... 200
« « Santa Cruz ..................................... 80
« « Miraflores ..................................... 210
« « S. Bermúdez ..................................... 500
« « Varios pequeños propietarios ..................................... 400
2900
  -182-  

MATILLA
Botijas.
Señores Zavala ........................................................... 200
« Quisucala ........................................................... 70
« Mariano Loayza ........................................................... 80
« Manuel Loayza ........................................................... 80
« E. Roldán ........................................................... 100
« Botijería ........................................................... 150
« Dávalos ................................................. 70
« Loayzas ........................................................... 200
Varios ........................................................... 150
1100

QUISME
Quisme 100
Señor Quisucala ........................................................... 50
« Vicentelo ........................................................... 40
« Mendoza ........................................................... 40
« Morales ........................................................... 40
« Mollo ........................................................... 30
« Pino ........................................................... 40
« Riveros ........................................................... 70
« Modestios ........................................................... 130
« Choque ........................................................... 40
« Miranda ........................................................... 80
« Guagama ........................................................... 10
« Cayo ........................................................... 40
« Olcay ........................................................... 30
« Segalan13 ........................................................... 80
Varios ........................................................... 150
1000
  -183-  

RESUMEN
Pica ......................................................................... 2900
Matilla ......................................................................... 1100
Quisme ......................................................................... 1000
5000

Cada botija de vino más o menos, se vende desde siete a treinta soles plata, y se calcula que el producto, más o menos importa al año como 50000 soles; estos lugares no tienen más producción mercantil que dichos vinos.

Pica, Matilla y Quisme tendrán una población, a mi juicio, cuando más de dos mil quinientas personas, incluso transeúntes.

Saliendo de Pica, con rumbo al Oeste y con dirección a la Tirana, se pasa por las fincas de Cumiña y Santa Cruz; se baja una lomada algo arenosa, y se dirige hacia los altos, que separan los espolones de la cordillera de las alturas de la Rinconada y la Noria. De Pica a los canchones, que se elaboraban por cuenta del Gobierno, una de las locuras de la Administración Pardo, hay como siete leguas. Bajando de Pica a la Pampa, se lleva el rumbo Oeste Norte-Este, y con dirección a unos cuatro muy grandes algarrobos, que de muy gran distancia se distinguen; junto a los algarrobos existe un cementerio, de este punto el rumbo es al Norte. Los Canchones del Gobierno fueron tres, y tal fue su inutilidad, que el Gobierno tuvo que cederlos a las Municipalidades, creo, de Iquique y Pica, las que según recuerdo no quisieron hacerse cargo de ellos; se aseguraban habían costado al Gobierno como 150000 soles plata.

  -184-  

De los Canchones estos, se toma rumbo hacia el Norte, al pueblo de la Tirana, pasando el camino por muchos canchones y casitas de vecinos. Estos campos antiguamente han sido cubiertos de grandes bosques de algarrobo y matorrales, que hoy se hallan secos y enterrados en gran parte bajo capas de arena.

Los pueblos inmediatos tienen una verdadera mina, en esos árboles enterrados, y sacan de ellos leña en gran cantidad, convirtiendo alguna parte en carbón, de gran precio en las oficinas salitreras para el beneficio de pólvora etc.

La retama abunda en esos campos, y como desde medio día sopla un fuerte viento del Sur, esas plantas han ido formando cerritos o médanos de arena, que constituyen las únicas alturas que se pueden distinguir en esos llanos.

Al aproximarse a la Tirana, se encuentra un bosque de verdes y grandes algarrobos, único resto de aquel inmenso bosque, que en remotas épocas ha cubierto estas pampas. Media legua antes de llegar a la Tirana se halla una antigua y arruinada Iglesia; hoy sirve de cementerio. Más allá se encuentran muchos y arruinados hornos de quemar metales, restos de la época de riqueza de Guantajaya y Santa Rosa.

La Tirana, antigua población, centro de residencia de los ricos y numerosos mineros de Guantajaya y de Santa Rosa, es un montón de ruinas, y todo demuestra la más completa desolación. De los cientos de oficinas de beneficiar metales de plata, sólo existe una en tísica existencia; le faltan los metales que le daban vida.

Aun cuando, como es probable, las minas de Guantajaya y Santa Rosa, volviesen a un estado grande de producción, por haberse profundizado las labores, que es la obra que debe realizarse, la   -185-   Tirana no volvería a su antigua grandeza, pues los metales de esas minas irán a Iquique para su beneficio, por su mucha mayor proximidad al mar, por las ventajas, del inmediato ferrocarril.

Los descendientes de los antiguos mineros, sin embargo aún no se olvidan de la Tirana; a sus expensas se ha levantado una muy bonita Iglesia, aún no concluida. En la Tirana sólo encontré a un señor Contreras, único beneficiador existente de metales; los jóvenes actuales de esa población tienen a menos el aprender tal oficio; prefieren ocuparse de tocar la guitarra o bailar la chilena.

Por un olvido no me he ocupado del vallecito de Quisma, de que sólo he hecho pasajera mención.

El valle de Quisma es muy angosto; en algunos puntos no tendrá sino 200 varas de ancho; es regado por varias reducidas vertientes, que se reúnen en pequeños estanques, y a pesar de su reducida agricultura mantiene una numerosa población. Produce vino, de que ya he hablado; y unos higos muy pequeños, pero sobremanera dulces y agradables.

Saliendo de la Tiraca hacia la Noria, se lleva rumbo al oeste, dejándose a la izquierda el cerro Alto de la Rinconada. El camino es llano, pero arenoso, cubierto de muchos algarrobos. De la Tirana hay tres leguas a la Boca de la Quebrada de Pasos. De la base de los cerros, que forman esa quebrada, se ha sacado algún caliche; esto dio lugar a que esa Quebrada fuese objeto de un gran negocio. Todo el plano de la Quebrada se halla cubierto de una lloclla o avenida de agua barrosa, sobre toda su extensión, que será como de una milla de ancho. De Pasos a la Noria hay como tres leguas de distancia, y el camino sube por una cuesta algo pendiente. Al llegar a la cumbre de esa cuesta, se hallan varias bocas de minas de plata, hoy abandonadas;   -186-   de la cumbre hacia la Noria se hallan varias bocas minas, también demostrando algunos grandes trabajos por sus abundantes demontes.

La Noria no tiene iglesia, pero sí una gran población; ha nacido de los antiguos trabajos locales de salitre, y después de la plantificación de la gran oficina La Limeña tiene como mil quinientos habitantes, y muchas y buenas tiendas de comercio. La mayor parte del ganado, que en no corta cantidad se consume aquí, es arreado desde la República Argentina.

La Noria está rodeada de muchas oficinas salitreras, de máquinas y paradas, y es centro de las líneas de ferrocarril, que se dirigen al Sur para reunir los salitres, que las oficinas producen en esa dirección.

La Noria tiene abundante agua potable para sí y para sus oficinas salitreras. Tiene dos fondas que no sobresalen por la limpieza y aseo; y que aún dejan mucho que desear en sus provisiones y cocina; pero que en fin sirven para transitorio descanso del fatigado caminante.

Poco antes de la Noria, yendo de Iquique, se abre a la izquierda la línea férrea que debía unir Iquique a Pisagua, dando la vuelta por Pozo Almonte, y todas las oficinas salitreras hasta ese Puerto. En la época en que estuve allí, por los de años de 1875, 1876 y 1877 faltaba alguna distancia, creo que eran como catorce leguas, para unir ambas líneas. Esa unión no presentaba dificultades u obstáculos, pues el terreno es completamente llano y aún blando, fácilísimo para formar terraplenes, en caso de ser necesarios.



  -187-  
ArribaAbajo

Tiaguanaco

En el departamento de la Paz, Bolivia, existe el territorio de una provincia llamada Ingavi, y en esta un Distrito con el nombre de Tiaguanaco, cuya capital es el pueblecito del mismo nombre, distante como 9 leguas del río Desaguadeio; que como ya he tenido motivo de expresar, en uno de mis artículos anteriores, (Una momia muy antigua), conduce las aguas del gran lago de Titicaca al de Aullagas, rumbo sur, formando en alguna parte de su curso la línea divisoria entre las Repúblicas del Perú y Bolivia.

La meseta en la cual se halla situada la citada gran laguna del Titicaca, y en los terrenos acarreados que forman esos campos, tendrá una longitud como de doscientas leguas de largo, desde la parte norte de la Pampa de Umabamba (véase mi artículo Calaguayas) al territorio alto de Leñas, Departamento de Potosí; y como unas setenta u ochenta leguas de ancho, desde la línea de la cordillera del Illampú a la cordillera del Tacora y Guallatiri, (véase mi artículo, (Una momia muy antigua). Esta meseta sólo es comparable, en su gran extensión, con la del   -188-   Thibet (Asia); o la del lago Salado, Utah (Estados Unidos de la América del Norte). La laguna Titicaca, considerada la más alta del globo, sobre el nivel del mar, existe a 12164 pies de elevación, y jamás se congela, a pesar de su extraordinaria altura. Monte Blanco y otros picos, con sempiternas nieves en los Alpes, etc., no tienen tan grande altura.

El Pueblo de Tiaguanaco se halla establecido a una altura de 12200 pies, o sean 36 pies sobre el nivel de la laguna; y los vastos campos, que lo rodean, como ya he dicho, han sido antes lechos de la misma laguna, en épocas muy remotas. Esos vastos campos son formados por terrenos de acarreo; y la vasta concha subterránea existente, ha sido rellenada en millares de años con piedras redondeadas, arenas y tierra arcillosa, arrastradas y conducidas de altas serranías, y por fuentes corrientes de agua, en épocas muy antiguas. Esas serranías han desaparecido; pero sus escombros, sus piedras, los conglomerados, que han rellenado esa concha, son imperecederos, constantes monumentos que demuestran su antigua existencia. Las lavas del alto de Puno a Paucarcolla, la traquita, en grande existencia en Vilque, Tiquillaca y Sacuyo; la traquita inmediata a la misma ciudad de la Paz, la inmediata al Desaguadero, dan signos y pruebas visibles de la existencia de antiguos y grandes volcanes, cuyos cráteres se hallan hoy sumergidos en las profundidades de esa gran Laguna.

Inmediatos a ese pueblo de Tiaguanaco se hallan las memorables ruinas de ese nombre, que justamente han llamado la atención de los cronistas y viajeros, desde la época de la conquista, que han sido examinadas y estudiadas por gran número de sabios viajeros; y sobre cuyo verdadero orden no se puede afirmar, sino sólo exponer opiniones, más o menos aventuradas.

  -189-  

Las ruinas de Tiaguanaco pueden considerarse como formando cinco cuerpos; nos ocuparemos detalladamente de ellos, con arreglo a los apuntes formados sobre los sitios mismos.

1.ª La Fortaleza ha sido un vasto edificio cuadrado, con dos o tres cuerpos sobrepuestos, uno encima del otro; cada cuerpo ha sido circunvalado por una sólida muralla de piedra bien labrada, muy semejante en su construcción a la Fortaleza templo de Méjico, y a las ruinas de Quecap, (véase Momia muy antigua). Estas ruinas han sido excavadas en muchos lugares, en busca de ocultos tesoros, y de las murallas, que las forman se han extraído grandes cantidades de piedras labradas, para construir los actuales edificios de Tiaguanaco, como son la iglesia, etc. En casi el centro de las construcciones se halla un depósito de agua, parecido al que existía y aún existe en Chillimihani. ¿De dónde viene esa agua? ¿De dónde brota ese manantial constante? Todos los terreños alrededor son llanos; y la laguna de Titicaca se halla, como he indicado, treinta y seis pies de nivel más bajo; muy digno de examen es pues ese manantial de agua.

Al Oeste de este gran edificio, se halla un otro trabajo, construido en figura rectangular, y que sirve como de apéndice a la llamada Fortaleza: se halla en ruinas.

Rumbo Noreste de la Fortaleza, se halla el edificio llamado Templo; que tiene trescientos ochenta pies de ancho por cuatrocientos cincuenta y cinco de largo, todas las medidas son de pies ingleses. Esta construcción se halla circunvalada por líneas de piedras paradas, en gran parte son labradas; estas piedras de diferentes tamaños, pues varían de ocho a diez pies de alto, de dos a cuatro pies de ancho; y de dos a dos y medio de grueso; todas ellas son de roca arenisca colorada que abunda en el camino del Desaguadero   -190-   a Puno, y forma casi la totalidad de las orillas de la Laguna al Sur; cubriendo las capas de carbón de piedra, allí abundantes. Examinando con detención esas murallas, parece que el objeto de esas piedras paradas hubiera sido servir como de estribos de las murallas, pues los derrumbes y desmontes hacen creer, que de piedra a piedra puestas a las distancias como de quince pies una de otra, antiguamente ha existido una muralla construida de trozos de roca informe; estos trozos en gran parte han sido removidos por los modernos Vándalos, para construir sus actuales sucias chozas. Este terreno del Templo se halla levantado como ocho pies sobre el nivel del terreno alrededor y su lado. Este tiene un apéndice más bajo y del ancho, en todo su largo, de diez y ocho pies. Casi al centro de este apéndice, y formando hacia el Este un ángulo recto se halla una hilera recta de diez columnas monolitas, puestas como quince pies una de otra, y todas las cuales existen paradas, excepto una, creo que es la segunda, que se halla caída hacia al Sur; ésta es de catorce pies de largo, cinco y cuarto pies de ancho, y como tres pies de grueso. Entre las piedras paradas la más alta es también de catorce pies de alto, cuatro y cuarto pies de ancho, y cerca de tres pies de grueso; la más chica es de nueve pies de alto, tres pies de ancho y dos y medio pies de grueso. Las piedras todas son labradas y aún pulido su frente exterior; algunas tienen la punta endentada, como si se hubiera pensado sobreponerles umbrales u otras piedras encima; y sus costados se hallan acanalados, como si se hubiera pensado agregarles lozas paradas, formando una muralla sólida. Al lado Oeste y al nivel del terreno de la Pampa, que rodea el edificio, se halla, digamos, una hoyada rectangular de doscientos ochenta pies de largo por ciento noventa de ancho; y cuyos contornos se habían rodeados de paredes de piedras, y en   -191-   sus esquinas parece haber existido graderías que conducían al terraplén superior como he indicado, de ocho pies de altura. Casi al centro de la apertura de esta construcción, se halla un cuadrito de piedras paradas de tres a cuatro pies de altura.

Más al Este del edificio, considerado como el Templo, se halla una construcción cuadrada, que es llamada el Palacio, y que ha sido formada por pilastras de traquita. ¿De qué volcán ha podido provenir esta traquita, si no aceptamos la antigua existencia de los volcanes cuyos cráteres deben existir sepultados en las aguas del Titicaca?

Lo que sobremanera llama la atención del viajero, que examina las ruinas de Tiahuanaco, es la precisión y pulidez de la labranza de las piedras, que cubren esas ruinas, y forman aun gran parte de las murallas, especialmente en la construcción llamada Fortaleza. Ésta en su origen parece haber consistido de tres cuerpos sobrepuestos uno al otro, y en su costado aún se hallan depositadas grandes piedras, a más o menos altura, que dan pruebas evidentes de la existencia de esos tres cuerpos de construcción.

La muralla que rodeaba la base existe en gran parte; y es formada por pilastras distantes una de otra, como he dicho, de quince pies, y los intervalos son formados de paredes de piedras muy bien labradas, cuyas cabezas tienen sus picos sobresalientes para sujetarse en los soquetes de las otras; parecidas a la madera de pino usada en los pisos y que se conoce en el comercio con el nombre de machimbrada. Además, las piedras sobrepuestas tienen unos agujeritos correspondientes a los de las piedras que forman la muralla inferior, como si hubiera habido la idea de unirlas, echando cobre o estaño derretido por dichos agujeritos, para de ese modo formar una sólida muralla.

La portada del cementerio de Tiaguanaco es todo   -192-   de una sola piedra o monolita; tiene siete y medio pies de alto, cerca de seis pies de ancho y pie y medio de grueso; la apertura tiene seis pies de alto y tres pies de ancho. Al lado interior, esta portada no tiene más adornos que unas rayas labradas en doble hilera como cenefa; al lado exterior tiene varios cuadros, tallados en la piedra, con figuras como de cabezas humanas, en regular estado de conservación. Sobre el ángulo norte del edificio llamado el Templo, se halla situada la gran portada monolita, objeto de los especiales estudios y comentarios de los visitantes de Tiaguanaco.

Esta estupenda mole de roca ha sido rota en dos trozos, según tradición, por un rayo, causando el que ya no formen un solo cuerpo, sino dos, inclinados uno hacia el otro. Este monolito es el más grande y más notable, que se conoce en el mundo; tiene trece pies y medio de largo, cerca de siete y medio pies de alto, y la piedra tiene en toda su extensión, como diez y ocho pulgadas de grueso.

En la parte superior tiene cuatro hileras de esculturas en relieve; en el centro se halla, también en relieve, una figura de un hombre, con dos cetros en la mano y con la cabeza en figura de un cóndor. La apertura de tránsito del monolito tiene cuatro pies y medio de alto, y cerca de tres pies de ancho.

Al otro lado el monolito no tiene más adornos que unas rayas labradas o excavadas sobre la misma roca, y como cenefas del cuadro: en este lado además tiene el monolito en la parte superior cuatro pequeños nichos, y en la parte inferior y a cada lado de la abertura, un nicho grande.

Ya he dicho, que un lado tiene el monolito cuatro hileras de cuadritos, estos tienen como ocho pulgadas en cuadro; también he dicho que al centro y en relieve, existe una figura. Esta se halla en un cuadro de treinta y dos pulgadas de largo por veinte   -193-   y uno de ancho. En cada cuadrito las figuras representan cabezas humanas informes, y cabezas de tigre o cóndor. La figura central grande tiene cinco apéndices en la cabeza, que parecen representar rayos, o quizás cintas de adorno; uno de los cetros que sostiene con las manos tiene cabeza de cóndor y el otro de tigre. La hilera de cuadritos más bajo representan copias pequeñas de la cabeza de la figura grande.

Recuerdo haber visto hacen algunos años en la Exposición una piedra con labores, traída del departamento de Ancachs, cuyas labores en algo se asemejan a las anotadas en Tiaguanaco; copia de esta piedra posee el señor Raymondi.

Hacia el noroeste del Templo existe una piedra de veintiséis pies de largo, por diez y siete de ancho y tres y medio pies de grueso, y entre el Templo y la Fortaleza existe otra de cuarenta pies de largo, por quince de ancho y tres de grueso. Todas las piedras son de roca roja arenisca, igual a la piedra empleada en la construcción de los bellísimos y casi desconocidos templos católicos de Pomata; los monolitos son de traquita color aplomado. Los templos de Pomata son una maravilla.

Desde las Ruinas a las Canteras, se hallan diseminadas en el camino gran cantidad de piedras sin labrar, abandonadas en circunstancias, sin duda alguna, de ser conducidas a las Ruinas: los indios las llaman Piedras Cansadas.

La llamada Fortaleza se asemeja muchísimo en su construcción a los edificios antiguos de Méjico, y muy especial al Gran Templo-Fortaleza de Boerdor, de la Isla de Java, que acaba de ser destruido por el gran terremoto de Agosto 26 del corriente año. Este Templo-Fortaleza tenía cinco cuerpos, sobrepuestos el uno al otro; como el de Tiaguanaco tenía terraplenes alrededor, con gradas en las esquinas   -194-   para subir a los más altos, y con celdas en sus murallas para los sacerdotes Budistas.

Las ruinas de Timuanaco, al parecer son obra de pueblos muy adelantados en civilización, pues han levantado edificios tan grandes y notables para su arquitectura; demostrando a la vez, que conocían el uso de herramientas convenientes para cortar en las canteras, y para labrar, con exquisita precisión, las piedras necesarias para sus obras.

El uso del fierro era desconocido en las Américas; cuando abordaron a las costas del norte los Normandos; o cuando Colón descubrió estos continentes. Solo el chumpi, mezcla de cobre con estaño, o sea el bronce, era usado, y quizás ese metal ha sido empleado en las herramientas usadas en estas construcciones.

Por otra parle, para conducir esos inmensos y pesados trozos de piedra de las canteras, han debido emplearse fuerzas de movilización, desconocidas para nosotros.

Quizás una abundante y opulenta población ha existido en esos contornos, hoy áridos y casi desiertos; quizás esos hoy casi improductivos campos, han sido extensos vergeles con producciones tropicales, o a lo menos suficientes para mantener esos innumerables trabajadores.

Hoy los campos de Tiaguanaco, con su altura de trece mil pies sobre el nivel del mar, no producen sino escasa cebada, cortas cosechas de papas, y quinua en reducidas cantidades; hoy, esos campos son pampas donde predomina el hielo y el frío en muchos meses del año.

En todos esos alrededores no se notan otros restos de antiguas poblaciones; no se hallan vestigios de su antigua existencia.

El viajero Falb, con notable ligereza nos aseguró aquí, en una de sus extrañas conferencias, que las   -195-   ruinas de Tiaguanaco eran un monumento conmemoratorio del Diluvio, que todas las figuras derramaban lágrimas, como en señal de dolor por ese hecho o cataclismo.

Sin duda que el señor Falb, al examinar las ruinas, usó especiales antiparras, y ha visto lo que no existe. Ni en las cabezas de los cuadritos indicados; ni en la cabeza de la grande figura central, ni en las cabezas de otras figuras, como las de la entrada a la Iglesia de Tiaguanaco se ven señaladas o indicadas las referidas lágrimas.

Los viajeros tienen equivocaciones muy notables; por ejemplo D'Orbiguy asegura que el gran monolito de Tiaguanaco se hallaba caído y derrumbado; lo asegura como cosa que él había visto; y sin embargo el monolito se halla en pie, y jamás ha sido derrumbado.

Todos los viajeros, los cronistas o historiadores en la época de la conquista y las tradiciones locales, concuerdan en que las notables ruinas de Tiaguanaco, son obra de una época anterior a la de los Incas.

Cómo y cuándo se construyeron esos inmensos edificios; y que nación los construyó, son misterios que jamás quizás se podrán aclarar.

La semejanza de esas fábricas a las de Méjico y Palenque etc., su analogía con los antiguos Templos Fortalezas de Java etc., hacen creer, que quizá en épocas muy remotas, tribus de esos países han tenido correspondencia con los habitantes de la Alta Planicie de la América del Sur; pero los comprobantes son escasos y tan oscuros, que sería muy aventurado el expresar una idea aceptable sobre el particular.



  -196-  
ArribaAbajo

Los indios urus

De la ciudad de la Paz (Bolivia), a la ciudad de Puno (Perú) hay, según los itinerarios, cincuenta y dos leguas de distancia, camino llano, y sobre el cual se hallan situados conveniente número de pueblos, que sirven para descanso del viajero. De la Paz al Desaguadero, río por el cual se desagua la laguna de Titicaca a la de Aullagas, hay veinte y dos leguas. Saliendo el viajero del pueblo de Tiaguanaco, cuyas ruinas hemos ensayado de describir en el artículo anterior, se llega al pueblo de Huaqui, distante cuatro leguas, y notable por la memorable derrota, que en ese punto experimentó el ejército patriota Argentino, a órdenes del general Castelli, por el realista a órdenes del general don Juan Manuel Goyoneche, arequipeño, en junio 20 de 1811; por esa victoria le dio el rey de España, Fernando VII a dicho Goyoneche el título de conde de Huaqui, título de que disfruta su sobrino, el actual conde de Huaqui, también nacido en Arequipa.

De Huaqui al río Desaguadero hay cinco leguas; ese río se pasa por un puente, fabricado por los naturales   -197-   con balsas de totora (typha), unida una a la otra por sus costados, y retenidas en línea por grandes cables de una paja que crece a esas inmediaciones, que es muy tenaz y fuerte; en uno de mis anteriores artículos he dado una descripción exacta del método, empleado en la construcción de dichas balsas.

En cada lado del río existen poblaciones pequeñas, una peruana y otra boliviana, y se paga por cada transeúnte una pequeña pensión, por derecho de pasaje, en cada una de las garitas existentes en las dos cabezas del puente. Del Desaguadero a Zepita, hay dos leguas; Zepita es memorable como el campo de batalla entre el ejército patriota, a órdenes del general Santa Cruz, y el realista a órdenes del general Valdés, en agosto 25 de 1823; aún viven en Lima el general don Manuel Mendiburu, y el coronel don Manuel Odriozola, que asistieron a ese combate, a órdenes de dicho general Santa Cruz.

A la izquierda del camino se hallan las canteras de traquita y arenisca roja, de las cuales han sido sacadas las grandes piedras, con las que se han fabricado las inmensas ruinas de Tiaguanaco. ¿Cómo han sido conducidas esas grandes y pesadas moles de esas canteras a Tiaguanaco? ¿De qué medios se han valido esos desconocidos y antiguos arquitectos, para transportarlas de un lado al otro del río Desaguadero, esas inmensas y pesadas moles de roca? cualesquiera de esas grandes piedras, puestas por sí sobre el puente del Desaguadero, lo hundiría con su grandísimo peso. No existía acaso en esa remota antigüedad el río Desaguadero? ¿El cataclismo que hundió los cráteres del Titicaca abrió quizás, por su erupción violenta, el estrecho de Tiquina, por el cual se dio paso a las aguas de la gran laguna a la tercera, y más pequeña, de donde, por su desnivel, comenzó a correr el río recién formado del Desaguadero?   -198-   Hombres mucho más estudiosos y científicos que yo, quizás algún día podrán resolver estas preguntas. Por ahora solo me limitaré a indicar esos importantes puntos de una estudiosa y científica investigación.

De Zepita a Pomata hay siete leguas. ¡Pomata, pueblo de maravillosas iglesias! ¡Pueblo donde los jesuitas, como en todos los de la provincia de Chucuito, ostentaron su saber y sus talentos; pueblo que posee cuatro templos de asombrosa construcción, uno de los cuales, Santa Cruz, si existiese en Europa, sería punto de constantes romerías para examinar su fábrica, y extasiarse ante su desconocida y asombrosa construcción!

Ni la celebrada capilla de Enrique VII en Londres; ni la catedral de Milán, ni ningún templo de la afamada Roma, encierra en su interior la maravillosa, la asombrosa labor de filigrana, de flores, pájaros, y frutas, talladas en roca viva, de color rojo, con más belleza, con más arte, con tanta prolijidad y pulidez que si esa roca hubiera sido blanda madera.

El techo de la sala de sesiones del Senado en Lima, no es comparable con los tallados filigranescos de la roca en este templo; y sin embargo son desconocidas esas maravillas; son objeto del más temerario abandono, por los llamados más directamente a conservarlas.

Varias veces mi débil voz, en enojoso arranque, se ha elevado contra tanto abandono -¿qué bien ha producido? nada- mis esfuerzos me han acarreado profundas enemistades.

¡¡Los gobiernos se han desatendido de esas maravillas no eran de su partido!! no merecían su atención.

A la derecha de Zepita, y a la distancia como de 6 leguas, se halla el Pueblo Peruano de Yunguyo,   -199-   donde se celebra una regular feria el 15 de agosto de cada año.

Poco más a la derecha, como a una legua de distancia, se halla la línea divisoria entre el Perú y Bolivia; esa línea se llama Ccacsani; las casas de Peruanos y Bolivianos se hallan unidas unas con otras, siendo imposible distinguirlas, si no fuesen pintadas de color rojo, las habitadas por Peruanos; más a la derecha se halla el afamado santuario de Copacabana; de esto más tarde quizás me ocuparé prolijamente.

De Pomata a Juli hay 4 leguas de distancia; Juli es hoy la capital de la provincia de Chucuito.

De Juli al pueblo de Ilave hay 5 leguas de distancia, y en la línea del camino se encuentra un gran trozo de roca arenisca, color rojo, que se halla artísticamente labrado, y según tradición, es el sillón sobre el cual descansaba el Inca, cuando transitaba por esos campos.

Es de figura de un sillón largo, en la parte superior, y más abajo se hallan tallados, sobre la misma roca varios asientos, con gradas para subir a ellos.

Todo el terreno alrededor es carbonífero: las vetas o capas carboníferas se extienden en todas direcciones, lo mismo que en Zepita, Yunguyo, y el estrecho de Tiquina.

De Ilave a Acora hay 5 leguas, y en esa carrera se encuentran varias chulpas, torreones sepulcrales de los antiguos habitantes. Casi al centro de Acora, y sobre una pequeña altura, se halla una construcción idéntica a los cromlechs, o sepulcros antiguos de la Bretaña e Isla de Malta.

Esta construcción tiene 17 pies por cada uno de sus cuatro costados, una altura como de 6 pies, y techo de piedras, que cubren las grandes piedras o pilastras alrededor, formando como una corniza. A un lado hay una entrada con dirección al este. Es   -200-   un muy antiguo y curioso movimiento, probablemente el sepulcro de un jefe notable.

De Acora a Chucuito hay 3 leguas de distancia. Chucuito fue, en época inmediata a la conquista, población de notable vecindario, asiento de las cajas reales, y lugar de lavaderos de oro, como lo indica su nombre.

La revolución de Tupac Amaru, y la remoción de las cajas reales a Puno, han arruinado esa población: hoy no se conoce aún el punto donde se lavaba el terreno para beneficiar el oro. De Chucuito a Puno hay cuatro leguas. Puno es hoy una población que tomaría gran incremento y prosperidad si hubiera paz y libre comercio con Bolivia; tiene el ferrocarril que lo une a Arequipa, y vapores en el Lago.

La laguna Titicaca, en sus extensas orillas, tiene notables bahías, de las cuales se puede hacer benéfico uso en épocas no muy remotas, sosteniendo como es de esperarse, un provechoso comercio.

La bahía de Puno, donde hay un muelle, y la de Chililaya, (Bolivia) ofrecen ventajas notables a la industria y al comercio. En casi toda la extensión de sus orillas, ofrece la Laguna facilidades para embarcar frutos del país, o desembarcar mercancías. Inmediata a Vilquechico, y cerca de un antiguo Palacio de los Incas, existe un excelente puerto, del que hacía uso el Inca cuando se embarcaba para las islas de la Laguna: Conima, Achacache, Guarina, etc., son puertos que frecuentan los navíos (balsas) mercantes de la Laguna.

Las islas de Soto, Amantini, Tiquili, Coati, Campanario, etc., son muy productivas de papas, cebada, etc. En esas islas se hallan montones inagotables de piedrecitas, blancas y negras, más o menos del tamaño de un huevo de gallina, que sirven para empedrar los patios de las casas de Puno, etc., formando muy vistosos dibujos. ¿Qué origen tienen   -201-   esas piedrecitas? ¿Cómo se hallan exclusivamente en las islas? Estos son misterios que nos es imposible aclarar.

Desde que se pasa el Desaguadero, y se toca con las orillas de la tercera laguna, y en todas las riberas sur de esa tercera laguna, y de la totalidad de las riberas de la segunda Laguna, que es la central y grande, se encuentran, en sus orillas, a los indios urus. ¿Quiénes son estos indios? El historiógrafo Herrera14 dice en su obra que los urus eran los más salvajes que conocía, y que preguntándoles que de donde eran, contestaban que «no eran hombres sino urus»; y agrega, que en ese tiempo se hallaban grandes poblaciones de ellos viviendo en balsas de totora, amarradas a las rocas en tierra. Los urus de 1601, cuando Herrera publicó su obra, son los mismos urus de 1883; no han adelantado un sólo paso en el camino del progreso y civilización, a no ser que sea considerado progreso el que se emborrachen constantemente, como lo creen algunos de nuestros modernos dilettanti, devotos constantes de conocidas tabernas.

Los urus han vivido y siguen viviendo sobre balsas de totora muy grandes, sobre las cuales habitan, abrigados por tolderas construidas de arcos de chaclla,   -202-   cubiertos de esteras dobles de la misma totora. La chaclla es un mimbre delgado, que crece en abundancia en los lugares abrigados de la laguna, da una flor amarilla, y produce una vainilla de semillas, parecida a la del Algarrobo. Un primitivo fogón hecho de arcilla, les sirve de cocina; su alimento es el abundante pescado, que contiene la Laguna; los innumerables pájaros que frecuentan esas aguas y algunas papas y quinua, que cambian con los extranjeros para ellos de tierra, que habitan esas comarcas. Los urus son indios en su configuración y color, aún más oscuro, que el de los Quichuas y Aymaraes que los rodean, y con quienes evitan enlaces y relaciones. Visten de tejidos fabricados por sus manos, y con lanas ahora de oveja, antes de llama, que sus cambalaches les proporcionan. Los urus hablan un idioma especial, con gran acopio de palabras de la lengua Aymará; siendo hoy muy difícil conocer si su lengua es primitiva, o un dialecto del Aymará, único idioma que se habla en esos territorios. Frecuentan los templos de los pueblos de la provincia de Chucuito, en los días notables de las festividades; no olvidándose los hábitos de asistencia rigurosa, que los ilustrados Jesuitas les impusieron, y a que entonces se sometieron, vista la moralidad de esos sacerdotes; esos hábitos de asistencia religiosa se hallan hoy muy relajados, en atención a la poca escrupulosa conducta de los llamados sacerdotes, que el Obispado del Cuzco remite a esos lejanos pueblos. Ignoran si los Reyes de España imperan sobre esos países; y la República sólo la conocen por las excesivas gabelas, que la Libertad les proporciona cada día. Ignoran también (¡¡qué temeridad!!) las ventajas de la Libre Constitución, que nos rige; y los beneficios del afamado sistema Representativo; son unos verdaderos brutos en cuanto a la moralidad e ilustración de la Prensa, y nuestros hombres   -203-   grandes para ellos son..., como si no existiesen ¿Cómo es posible tolerar sobre la faz del territorio nacional hombres tan ignorantes de nuestra ilustración, ciencias y patriotismo? ¿Cómo considerar como hermanos a hombres que jamás han oído siquiera mencionar los nombres de nuestros grandes oradores, de nuestros grandes hombres de Estado, de nuestros sabios patriotas, que nos han traído la Alianza con Bolivia, por ejemplo? Estos urus son seres inútiles; sólo piensan en su Balsa, en su modesta familia, en conseguir lo suficiente para emborracharse, en los días de las festividades de sus pueblos. Por sus poblaciones; porque las aglomeraciones de Balsas son verdaderos pueblos, pasan los vapores, que velozmente surcan las aguas de la Laguna, y ellos ni miran siquiera a la tan inmensa máquina de moderno progreso. De alguna de sus Balsas, ven rápidamente pasar los trenes del ferrocarril de Arequipa a Juliaca y Puno, y no se mueven siquiera para contemplar tan grande adelanto de la edad presente.

En las orillas de los lagos de la Suiza, se han encontrado sumergidas las habitaciones de muy antiguos pobladores. Esas poblaciones según se deduce, han existido aún antes de la conquista de esos pueblos por los Romanos; y en esa remota época se ignoraba por completo la existencia de esas numerosas tribus lacustrinas.

Trabajos y estudios modernos han hecho patentes la existencia de pueblos muy primitivos, que han habitado esos territorios; y de esos descubrimientos se han extraído armas y utensilios domésticos, que comprueban lo muy atrasado que en ciencias y artes se hallaban esos pobladores, en épocas tan remotas. Últimamente se han hecho grandes trabajos, a orillas de esos lagos de Suiza; y se han conseguido los más pingües resultados; sus utensilios domésticos   -204-   etc., todo demuestra un pueblo muy primitivo; una raza que desconocía aún el uso del fierro.

Muy digno de un serio estudio, sería el hacer las debidas comparaciones entre esos pueblos, habitantes de los lagos de Suiza, las poblaciones flotantes de los ríos de la China y nuestros urus; en vista de los restos conseguidos en los últimos trabajos y el modo de vivir de los Chinos y urus, pueblos tan difíciles para cambiar o modificar siquiera, sus hábitos y costumbres.

Los campos de los pueblos de Chucuito, de que he hecho mención son muy feraces, y en notable abundancia producen víveres y ganado vacuno y lanar. Esos pueblos gozan de un clima aunque frío, sano y conveniente; el Lago modifica sin duda los fríos, consiguientes a su gran altura. Esas poblaciones tienen provechoso y constante comercio con los pueblos de Bolivia, y con los colindantes del Perú, Moquegua, Arequipa y Tacna. La Laguna rinde inmensas cantidades de bogas y suches, no escaseando el sabroso umanto. Inmensas tropas de flamencos, patos, ibis (el pájaro sagrado de Egipto) gallaretas, etc., se encuentran en todas las orillas de la Laguna.

Los ganados vacunos y lanar abundan en las estancias y haciendas, manteniéndose el primero en grandes tropas con el llacho, pasto, que crece debajo de la agua a orillas de la Laguna, y con la misma totora tan abundante.

El carbón de piedra brota por todas partes, en las orillas sur de la Laguna.

Las minas de plata, de cobre, etc., son abundantes; allí está la portentosa mina de Cacachara con sus grandes socavones, etc. Allí está el gran socavón de la Gabia, desconocido casi y olvidado, por el cual pasa un hombre a caballo; allí están los cerros de Guacullani y Pisacoma; allí están las abandonadas   -205-   y opulentas minas de Santa Rosa, etc. Sólo se esperan capitales para producir, como las minas actuales de Bolivia, inmensas riquezas; brazos vigorosos abundan para impulsar las industrias y el comercio. Allí está todo, todo lo que el hombre necesita para su adelanto y bienestar, ¿qué falta pues? Falta la paz; falta que se establezca sobre esos pueblos un Gobierno, que con mano honrada, vigorosa y enérgica, contenga la anarquía y revolución; un Gobierno que proteja la industria y castigue el ocio y el crimen; un Gobierno que se olvide de las bellas teorías y que obligue por la fuerza si es necesario a que todos y cada uno cumpla con su deber.

El día que en estos lejanos pueblos se inaugure tal orden de cosas, ese día la provincia de Chucuito, será el centro de grandes industrias, de un activo comercio; será el campo fértil, del cual a torrentes se derramará la dicha y el bienestar sobre todos los pueblos que la rodean, será la despensa de nuestras necesitadas poblaciones de la costa.

Con sus industrias, con sus valiosas producciones, con los abundantes y vigorosos brazos de sus numerosos pobladores, contribuirá más a la regeneración de la Patria, y a la salvación y estabilidad de sus instituciones, que con todas las declamaciones y exigencias de sus falsificados representantes, y de esos Gobiernos que han pretendido ocuparse de su bienestar, para sólo explotarlos.

La provincia de Chucuito no debe a los Gobiernos de la República una sola obra pública, un sólo bien, una sola medida, que demuestre el más pequeño interés por su dicha y progreso.



  -206-  
ArribaAbajo

Tamarugal

Me perdonaran mis lectores, si en los renglones siguientes, hallan repetidas algunas ideas más, publicadas en los artículos anteriores; pero creo que la importancia del asunto me permite llamar nuevamente la atención de los sabios sobre la Pampa del Tamarugal, y dedicarle un artículo especial.

¿Qué ha sido en los siglos remotos y lejanos la Pampa del Tamarugal? ¿Ha sido en su origen un lago de agua dulce, como el Titicaca por ejemplo, o ha sido un brazo de mar, en aquella remota época, en que las costas del Perú, se hallaban en gran parte aún sumergidas bajo el nivel del Mar? El sabio que estudie con empeño ese fenómeno geológico, podrá quizás aceptar una u otra base de sus opiniones, o las dos a la vez, separando las épocas en uno u otro caso. Sin pretensión a ser considerado sabio ni a que mis opiniones puedan merecer siquiera mediana aceptación, quiero sin embargo exponer mis impresiones locales, y dar a conocer mis ideas, tan sólo fundadas en el examen de esas localidades.

En mi concepto, el territorio que hoy forma la   -207-   Pampa del Tamarugal, llamado así los Algarrobos que allí han existido y aún existen en limitadas cantidades; ha sido, en la más remota antigüedad, un brazo del mar, formando un estrecho, que separaba el continente y su cordillera de los Andes, de las alturas donde hoy existen la población de la Noria y las Serranías de las Minas de Guantajaya y Santa Rosa etc. Los grandes depósitos de sal marina que se hallan en esas cordilleras, y en las altiplanicies de la Noria, Guantajaya etc., como puede cerciorarse cualesquiera viajero que tome el ferrocarril de Iquique a la Noria. Pruébalo igualmente la gran cantidad de pájaros marinos muertos, los nidos de estos hasta con huevos y los mismos depósitos de huano, que se encuentran en grandes cantidades, a más o menos profundidad, a los bordes de la Pampa del Tamarugal; estos bordes pueden considerarse como las playas de ese Estrecho marítimo. En esos Depósitos de Huano se encuentran huesesitos de pescado, y otros despojos que demuestran su origen del todo marino. En el curso de los siglos el terreno se ha ido levantando; lo mismo ha sucedido en casi todos los territorios de los continentes; ese brazo o estrecho de mar se ha convertido en un lago de agua salobre, pues los vientos constantes del Sur, y la misma acción de las olas ha traído grandes masas de arena, que han cerrado su embocadura, como se puede colegir de la formación del terreno en las inmediaciones de la Bahía de Chipana, donde aún existe con agua salobre una especie de Laguna, resto de la grande que antes formaba también resto del estrecho marítimo citado: ese brazo o estrecho ya convertido en Laguna se ha secado en el curso de los años, dejando como todas de su igual aparecido origen, grandes y palpables depósitos de sal marina, que hoy se pueden reconocer en todas esas comarcas.

  -208-  

Entonces han sobrevenido las posteriores inundaciones de esos campos. Las constantes filtraciones de las aguas de tan altas cordilleras; los perennes riachuelos de agua que de esas cordilleras bajan convertidos en ríos muchos de ellos en los meses de grandes aguaceros y nevadas en las cordilleras Noviembre a Abril; han llenado esa laguna, esa hoyada, dejando esa gran masa, y han formado una gran masa de agua, un lago interior, un pequeño Titicaca, cuyas aguas salobres, por la mesida de las aguas dulces que bajaban de las cordilleras con las saladas existentes como resto del estrecho marítimo, han ido poco a poco perdiendo su carácter marino para convertirse en aguas, saturadas si con sal, pero parecidas a las actuales del Titicaca. En ese lago interior han existido pues; sólo restos del hombre no se han hallado aún.

Ha sobrevenido enseguida otra transformación. Las aguas de ese lago, se han sumergido, o se han evaporizado por los intensos fríos de las noches, por los ardientes rayos del sol, dejando en sus abandonadas y ya secas orillas o playas, residuos de las sustancias que han tenido en solución. A esa transformación ha debido haber contribuido los grandes cataclismos, los grandes terremotos que en edades anteriores, cuando esas cordilleras se hallaban cubiertas de tantos y tan activos volcanes, hoy apoyadas en gran parte, han trabajado tanto esos territorios. Las aguas han casi desaparecido; sólo han quedado sus sedimentos; estos se han resecado; se han rajado en gran cantidad de trozos y en todas direcciones. Los terremotos han elevado unos terrenos, han sumergido otros; esos terrenos, donde han alcanzado las humedades, han producido planteles y grandes árboles; se han formado los grandes bosques de algarrobos, que son los primitivos Prosopis o Acacias del territorio Peruano; y esos hoy áridos   -209-   y arenosos campos han sido verdes vergeles cubiertos de pasto y arboledas; las momias de esta aún se hallan cubiertas de capas de arena.

Más tarde ha sobrevenido otra transformación. El terreno ha carecido de la humedad necesaria para alimentar esos pastos y esos árboles; la vegetación en casi su totalidad ha cesado; los árboles y arbustos casi por completo se han secado; el excesivo calor los ha quebrantado y destrozado están convertidos en seca leña, sus verdes hojas, sus ramas con polvo. Esta es la época actual, la presente faz de esos campos; en ellos no se ven hoy lagos o lagunas; las aguas subterráneas son las destiladas de las cordilleras, son las conducidas por las quebradas, en las avenidas de la Estación de aguas; quienes más tarde, ni esas aguas tanto escasas, se hallaron en esos campos; cada año las aguas de las cordilleras son más escasas. Donde hacen veinte años se hallaban aguas corrientes, humedades abundantes, ya no se ven sino sequedad y polvo: muchos canchones han tenido que ser abandonados por la falta de aguas para sostener las plantas. Si llueve pues en las cordilleras, esos canchones, esos campos, tendrán vida; si no se cambian las condiciones climatológicas de esos territorios, si no llueve como antes, todos esos campos se convertirán en desiertos: sus días serán contados. En el territorio existente entre la Pampa del Tamarugal y el mar exclusivamente se hallan los depósitos de caliche, materia prima del Salitre, y madre del Yodo. En la Pampa misma se hallan los depósitos de bórax, y en las cordilleras abunda también esta sustancia. Las minas de plata, tan afamadas de Huantajaya y Santa Rosa, se hallan al lado de los depósitos de caliche; pero los metales preciosos no escasean en Yabricalca y Challascolla; no faltan en los demás cerros de las cordilleras.

  -210-  

En esa Pampa del Tamarugal he dicho que han existido campos verdes, y por consiguiente seres animados de vida. El señor don Evaristo Beas, anciano y respetable vecino de Iquique me aseguró en Mayo de 1876, haber visto encontrar, en un punto entre el antiguo pueblo de la Rinconada, y el actual caserío de la Cabrería, restos de animales muy grandes, y osamentas en gran cantidad. Indagada por mí la verdad de estos asertos, logré averiguar que efectivamente esas osamentas habían sido halladas, y que las había recogido un señor Zapater. Ese esqueleto tenía, según se dijo, veinte y cuatro pies de largo, con cabeza larga, y angosta, con dientes muy afilados, y muelas anchas y grandes, los huesos de los brazos y piernas muy gruesos y fornidos, y la cola larga. El señor Beas me aseguró además, que en las inmediaciones de la misma Cabrería se habían hallado restos de un animal cuyas quijadas eran parecidas a la de un caballo. ¿Sería quizás un Nuennul? Sabido es que restos muy antiguos del caballo se han hallado en varios puntos del Continente Americano.

Esas osamentas encontradas entre la Cabrería y la Rinconada, ¿no serían despojos del pleriosaunes? Por no tenerlos a la vista no es posible formarse un juicio cabal. En uno de mis anteriores artículos he hecho mención de la osamenta hallada en el Canchón del señor don Domingo Lecaros, en Cuminalla; y también he dicho que esa osamenta ha sido remitida al Museo de Berlín por el señor Sokoloski, a quien se le regaló, sin que se sepa aún a que animal han pertenecido esos restos. A mi juicio son de un gran caimán, quizás un pleriosaurus peruano.

He dicho en la parte anterior de este artículo, que sólo del hombre no se han aún hallado restos en los campos del Tamarugal. Sólo en un punto, llamado Pintados, se hallan inscripciones muy antiguas,   -211-   que no es posible descifrar en la actualidad. Pintados, son unas rocas, existentes sobre unos cerros, al Sur de la Noria, y como a unas seis leguas de distancia. Estas rocas se hallan casi al margen a orillas de la Pampa del Tamarugal a su lado Oeste. Es imposible hoy poder descifrar esas inscripciones, ni poder asegurar la remota época en que ellas han sido estampadas en esos puntos. Ellas sin duda son muy antiguas, y han sido allí estampadas con algún objeto muy notable, pues no es posible creer lo contrario, atendiendo al mucho tiempo que ha debido emplearse en elaborarlas. Andando los tiempos vendrá sin duda algún anticuario, inglés ha de ser precisamente, que copie esas inscripciones y publique una voluminosa descripción de ellas y de sus viajes; obras que tendrán más protección que la que entre nosotros, han tenido siempre los estudios científicos de nuestras antigüedades.



  -212-  
ArribaAbajo

Guayaquil

El viajero que se dirige a Guayaquil, tomando el vapor de la Compañía Inglesa para verificar su excursión, toca en el puerto de Payta, como primera escala de descanso. Payta posee una cómoda y excelente bahía, protegida de los vientos del mar por las alturas del cerro de la Silla; y no escasean buenas y abundantes provisiones. A pesar de esas ventajas, Payta es un punto de corto vecindario; la completa aridez de los terrenos que la rodean, la hacen presentar un aspecto triste y desagradable. Su situación a la base de barrancos de conglomerados de conchas y arcilla amarillenta, arrastrados y depositados allí por muy antiguas y violentas inundaciones, no le permite gozar de la más escasa vegetación; carece, ademas, de vertientes de agua potable, y la que se consume es traída por aguadores especiales del río La Chira, distante como cinco leguas. Posee dos regulares Iglesias, y una Aduana, construida de fierro, cómoda y aparente para el comercio de esa localidad. De Payta sale una linea férrea que debe unir el puerto a la ciudad de Piura, capital del departamento; y   -213-   digo que debe unirla, porque al paso que vamos, esa unión es hoy, quizás, una insuperable dificultad.

El río de La Chira, formado de los ríos Pilares, Alamor, Catamaya, Quiroz y Macara, que tienen algunos, por sí o sus ramales, origen en el territorio de Loja, departamento perteneciente a la República del Ecuador, arrastra considerable cantidad de agua al mar, entrando a inmediaciones de Colan, pequeño pueblo cuatro leguas al Norte de Payta. De ese río, según contrata, debía conducirse a Payta, por cañerías de fierro, el agua suficiente y más que suficiente, para su consumo y necesidades; como muchas otras contratas del Gobierno, esa obra no se ha concluido, a pesar de haber este bonachón y tonto sujeto (el Gobierno), entregado el total importante de la obra contratada. Payta carece, pues, de agua; y hasta los perros, al anochecer, se ven obligados en tropas a marcharse al Arenal, pueblo a orillas del río La Chira, a amortiguar su sed.

Lo más notable de Payta hoy, según lo que yo he visto, es una enorme concha marina que sirve para contener el agua bendita, en el bautisterio de la Iglesia de la Merced.

Navegando hacia Guayaquil, se pasan los altos de la gran hacienda de Mancora, propiedad de los hijos de un señor Lama. Esta hacienda era de la Beneficencia de Piura; arrendatario era el señor Lama, en la época del Portete; el valor del ganado que se dice dio para el Ejército que comandaba el general La Mar, y después el general Gamarra, fue suficiente y aún sobró, para quedarse con la hacienda, en virtud de un contrato, que se aseguró en Piura, fue muy leonino para los intereses generales de la República, y para los especiales de Piura, cuya Beneficencia jamás vio un centavo, como valor de su riquísima propiedad. Mancora posee terrenos feraces de más de cuarenta leguas de contorno; abundantes crías de   -214-   ganado vacuno, cabrío y mular; posee minas de brea, azufre y kerosene, en gran abundancia; de sus cerros se recoge la orchila y madera. La desidia, y la vía ejecutiva, han permitido que una familia se haga rica y poderosa, a costa de toda la población de un departamento, cuyos hijos carecen de aquel alivio de sus hospitales, y de aquella educación para sus numerosos niños, a que tenían pleno y absoluto derecho, y de que no podía ni debía privarlos una mala administración.

Desde Mancora, el aspecto desierto, árido y arenoso de la costa, se va paulatinamente cambiando; y al llegar al frente del río Tumbes, se hallan campos cubiertos de madera, y arboleda abundante en algunas partes. El río Tumbes al Sur, y el río Zarumilla al Norte, forman los linderos de la provincia de Tumbes, departamento de Piura. El río Zarumilla es el lindero, en esa parte, de los territorios de la República del Perú y del Ecuador. El río Tumbes es grande, pueden entrar en él embarcaciones de gran tamaño, y navegar hasta 130 millas adentro; lo forman los ríos que bajan de la serranía de Chilla, territorio del Ecuador. Esa provincia de Tumbes es hoy de muy poca población, y sus campos, que en la época de la conquista eran tan fructíferos y poblados, hoy se hallan casi desiertos y cubiertos de monte. La gran acequia de los Incas, que derramaba sus aguas por todo ese territorio, se halla destruida en algunas partes, derrumbada en otras, abandonada en todas; y las grandes riquezas que esos campos pueden producir en café, en cacao, etc., se hallan sepultadas y despreciadas. Un tiempo fue en que pretendieron unos amigos formar compañía para refaccionar esa acequia, para cubrir de verdes vergeles esos hoy desiertos campos, para establecer familias y colonias, en esos hoy abandonados territorios; los hombres que sólo querían vivir de la explotación pública, pusieron   -215-   tal cúmulo de dificultades, se suscitaron tantas pretensiones y exigencias, que tuvieron esos amigos que abandonar esos proyectos y planes, que destruir bellas concepciones, que sepultar esperanzas y olvidar no pequeños desembolsos. La gran acequia sigue destruida y abandonada; los campos permanecen yermos y estériles, ¿qué les importa a los especuladores del Palacio?

En lejana tierra, pasan gozosos y llenos de prosperidad, los días y los meses en que la Patria gime aherrojada al carro de sus infortunios; no han visto ni ven la muerte de tantos seres queridos; ellos no han visto, no ven la degradación, el exterminio, la ruina de la madre patria; ellos no han visto, no ven, sino su propia riqueza, su propio bienestar. El bofetón que el francés Pradier Foderé, que el inglés Markham, que el italiano Caivano, les han dado en la cara, ¡¡no los ha hecho ruborizarse siquiera!!

En casi línea recta al Norte de la embocadura del Tumbes, se distingue la isla de Santa Clara, más generalmente conocida con el nombre de isla del Muerto o del Amortajado. En efecto, a la distancia, la isla se asemeja a un cadáver con mortaja blanquizca, tendido de espaldas y con las manos cruzadas sobre el pecho. Se puede distinguir a gran distancia, situándose al lado Norte de la entrada al río de Guayaquil.

Pasando el río Tumbes, se encuentran las islas y bajos de Jambeli, memorables por uno de esos arranques de energía y valor que tanto enaltecían a García Moreno, Jefe Supremo en un tiempo, de la República del Ecuador. Desde que se pasa el río Tumbes, los vapores de la compañía llevan a bordo un piloto o práctico, para navegar el río de Guayaquil; estos prácticos son, por lo general, naturales de Payta; tienen pleno conocimiento de las variaciones que experimenta la navegación de este río, después   -216-   de los meses de crecientes, que son desde diciembre a abril. Esas crecientes arrastran gran cantidad de tierra y árboles, que forman bancos de arena e islas, cerrando los canales de tránsito, a la vez que la violencia de las aguas abre nuevas vías, quizás por los mismos puntos donde antes existían bancos. Es, pues, preciso, llevar a bordo de cada vapor un práctico, circunstancia exigida, por otra parte, por todas las compañías de seguros.

A poca distancia de haber pasado la isla del Muerto, se encuentra al lado Norte, la isla de la Puná, enseguida la llamada Verde, y luego después la conocida con el nombre de Mondragón, pasándose entre esta y la península en que se halla situado la gran ciudad de Guayaquil.

Todas estas islas se hallan cubiertas de pasto y arboleda, y no escasean el ganado vacuno y algún cabrío. Al lado derecho, subiendo el río, se encuentran gran número de ríos, riachuelos y esteros; uno, el Jubones, es grande y dividido en dos ramas, forma una especie de isla. Todos esos ríos pasan por campos que contienen grandes haciendas de pasto, donde se cultiva, en notables cantidades, el cacao y café; muy especialmente el primero en los terrenos ricos de Machala y Santa Rosa.

Antes de llegar a Guayaquil, se pasa el lugar llamado Punta de Piedras, notable por la gran cría de ostras que allí se sostienen, y que de tan abundante y sustanciosa comida proveen a los extranjeros, que frecuentan Guayaquil; un saltado de ostras frescas, con rajas de yuca, es un plato que no desdeñaría un Luculus.

Guayaquil se halla situado, como he dicho, en una especie de península; al Noreste la rodea el Estero Salado, llamado así por ser salobres las aguas; al Sur y Este, la rodean las aguas dulces (potables)del río de Guayaquil; al Norte la circunda en casi su totalidad,   -217-   las aguas del río Daule. El río de Guayaquil es formado por los grandes ríos Daule, Palenque, Babohoyo y Yaguachi, y por innumerables riachuelos o esteros; esos ríos tienen su origen en las serranías o cordilleras de que forman parte el Pichincha, Chimborazo y Cotopaxi, y en los meses de crecientes que ya he indicado, cubren con sus abundantísimas aguas todos los terrenos bajos, que forman las riberas de dichos ríos, formando lagos y pantanos por todas partes.

Guayaquil es una bella ciudad que tendrá como treinta mil habitantes, posee buenas y grandes iglesias; la Matriz es un hermoso edificio; tiene teatro, plaza de mercado (que podría mejorarse) y varios otros establecimientos públicos de importancia. Sus calles son anchas y rectas; pero sería de desear el establecimiento de una policía que obligase mayor atención a la limpieza y a la higiene.

Guayaquil posee un excelente malecón; los vapores, en la marea llena, atracan a él, facilitando así las ocupaciones del comercio. Tiene grandes y bien surtidos almacenes, tiendas y despachos; y el comercio en cacao, jebe beneficiado de sus inmediatos montes, cueros, etc., hacen a Guayaquil una ciudad de gran importancia comercial. La marea, que varía de doce a diez y seis pies de nivel, la hace punto sobremanera importante para el oportuno establecimiento de un gran Arsenal y Astillero; no conozco en la costa del Sur del Pacifico, un puerto que posea iguales ni aun parecidas ventajas, hallándose además perfectamente resguardado de toda tempestad o peligro marítimo. Los víveres son abundantes y a precios muy cómodos.

En el río de Guayaquil, surcan vapores pequeños, que sostienen el comercio de esa ciudad con los pueblos del interior; son iguales en sus condiciones, excepto el tamaño, con los tan ventajosamente empleados   -218-   en la navegación de los ríos de Estados Unidos.

En Mayo de 1868, llegué a Guayaquil, y en alegre comparsa con otros tres amigos, nos embarcamos en uno de esos vaporcitos, con el objeto de ir a cazar caimanes al río Yaguachi. A remolque llevamos una gran lancha tripulada por ocho diestros marineros, y con abundantes provisiones, etc. Salimos de Guayaquil como a las cinco de la tarde, y a bordo nos encontramos con gran número de pasajeros que se dirigían a Babahoyo, Samborondon, etc., muchos pasaban a Quito y pueblos del tránsito.

La noche era fresca y entoldada; y habiendo a bordo una banda de música, algunos pasajeros en el acto formaron un baile, acompañado en los intervalos con algunas canciones. Pasamos una noche deliciosa; el vapor navegaba en algunos puntos tocando a los árboles, que orlaban las riberas del río, y esos árboles, en mil figuras fantásticas, cubiertos de abundantísimas lucernas (noctiluza) producían sobre mi alma sensaciones las más gratas. Parecía trasportado a esos campos encantados de que nos hablan los autores de cuentos de hadas; y lentamente sentía como si el alma abandonara mi cuerpo, y se trasportara a lejanas y desconocidas regiones; vivía como encantado sobre apartada parte de la cubierta, envuelto en ilusiones; pero la triste realidad me sacó de mis ensueños; dos borrachos armaron sangrienta gresca por una de esas morenas hijas de Eva, que iban a bordo. Felizmente, en esos momentos llegábamos a la desembocadura del río Yaguachi, y desembarcábamos en una especie de casa flotante, que servía de hospedaje a los pasajeros. Esta se hallaba construida sobre una gran cantidad de grandes palos flotantes, en figura de una gran balsa, y poseía bastantes comodidades para pasar allí la noche. Mis compañeros siguieron bailando sobre la   -219-   balsa con algunos pasajeros y niñas de la casa, mientras yo tomaba un grato descanso y agradable sueño, a bordo de nuestra lancha, amarrada a la balsa, y abrigado por un gran poncho, compañero constante de mis multiplicadas excursiones. A las cinco de la mañana, nos separamos de la balsa, y nos dirigimos a ciertos Esteros, que eran, al decir del baqueano o práctico que nos acompañaba, muy frecuentados por los caimanes. Al entrar al Yaguachi, sufrimos un naufragio; nuestra embarcación se embancó, y la corriente de agua, veloz y fuerte en ese punto, volteó la lancha, arrojando a tres de nosotros al agua; yo fui uno de ellos. Felizmente, los diestros marineros nos salvaron, quedando, sin embargo, bien empapados en agua. Pudimos distinguir una choza en tierra, y luego vinieron en nuestro auxilio tres mocetones, zambos altos y fuertes, que en un momento enderezaron la lancha, y en su canoa nos condujeron a la inmediata tierra. Tuvimos que desnudarnos, quedándonos sin aquella hoja de higuera tan afamada, de nuestro Padre Adán. Los zambos esos nos encendieron una gran fogata, y nuestra ropa se secó en menos de una hora. La canoa era formada del gran tronco de un corpulento árbol; tenía como ocho varas de largo y una y media de ancho y más de una de profundidad. Esos hombres vivían en una casa construida de varios grandes postes, con atravesaños en la parte superior, y sobre esos atravesaños construida la habitación, consistente de dos grandes cuartos. Todas las paredes eran de caña y totora, y los utensilios todos domésticos, eran dos o tres ollas de barro, y un cántaro del mismo material; eran los cuidadores de los grandes sembríos de arroz, que se hallaban alrededor. Su alimento eran yucas y huevos de las innumerables aves silvestres que existían en los lagos y pantanos a esas inmediaciones. Sus buenos servicios fueron en el acto recompensados   -220-   con una gran botella de ron de Jamaica, que ofrecieron guardar para sus enfermedades, pero con cuyo líquido se emborracharon en el acto. Secada nuestra ropa, nos dirigimos a los Esteros inmediatos, en busca de los caimanes.

Llevábamos seis rifles carabinas de Henry, de la mejor construcción. En la mañana no cazamos un sólo caimán, pero desde medio día cazamos varios en los Esteros que se hallan al lado izquierdo, bajando el río.

El caimán (familia Emysaurus), pertenece a la familia de los lagartos, y es hermano o primo, según dicen, del cocodrilo. El caimán más grande que matamos, poco después del medio día, en el estero llamado Tola, tenía trece pies ocho pulgadas inglesas, desde la punta de la nariz a la punta de la cola; era un macho muy grueso, y su cuerpo cubierto, en la parte superior, de grandes conchas simétricamente distribuidas sobre sus espaldas y lomo hasta la punta de la cola, le daban un aspecto terrible y repugnante. La cabeza tenía como cuatro pies de largo, la boca era de cerca de tres pies de largo, guarnecida de grandes y formidables dientes. En la quijada inferior tenía dos grandes y bien afilados y rectos colmillos, que pasaban el labio superior por dos agujeritos; cerrada la boca, esos colmillos sobresalían al labio superior con más de una pulgada de largo. La carne es parecida a la de la corbina cruda, y tiene un olor muy desagradable, parecido en algo al del almizcle. La hembra, según me dijeron los naturales, pone de treinta a cincuenta huevos, que cuida de enterrar en las arenas a orillas de los ríos; esos huevos son de un color blanquizco y cuando más del tamaño de los de ganso; el calor del sol hace desarrollar el embrión, y tan luego como nace, se dirige al agua, donde la madre cuida de alimentar a los recién nacidos.

  -221-  

El caimán se mantiene con pescado, y con los animales que se acercan a los ríos a tomar agua; su alimento favorito es la carne humana, y desgraciada la comarca donde se hallan los caimanes cebados, así llaman a los que ya han hecho presa de alguna víctima humana.

En la hacienda de la Capilla, departamento de Piura, vi disecado un caimán, que poco antes había arrebatado una criatura, cuya madre lavaba su ropa a orillas del río. A los gritos de la madre, acudió el esposo, y viendo éste que el caimán desembarcaba en un islote inmediato, con la criatura aún viva en la boca, se arrojó al río, con puñal en mano, atacó y mató al caimán a puñaladas; pero no pudo salvar a su hijo: ya había sido cortado en dos trozos.

En el pueblo de la Huaca, hallándose allí acuartelado un batallón nuestro, un soldado bajó al río a sacar agua; un caimán lo agarró para hacerlo su presa; el soldado, con su bayoneta, logró herir al caimán y hacerse soltar; quedó inválido para toda su vida.

Mil historietas se refieren en todos esos pueblos de los estragos causados por este animal tan terrible.

El caimán abunda en el río de Guayaquil y todos sus afluentes: abunda en los ríos nuestros de Zarumilla, Tumbes y La Chira. Este peligroso animal se halla en el Amazonas y sus afluentes, en varios ríos del Brasil y en la parte superior del río La Plata y sus afluentes. Los ríos que se comunican con el mar en Centro América, Méjico y parte Sur de Estados Unidos, abundan de ellos; y los pobladores de los ríos de Colombia y Venezuela, han experimentado sus terribles estragos.

En el río Chagres, el viajero del ferrocarril de Panamá, los puede distinguir, como grandes troncos de árbol, durmiendo en sus playas.

  -222-  

Contrayéndonos a los caimanes del río de Guayaquil y sus afluentes, será curioso un estudio sobre el modo como ese dañoso reptil ha podido llegar a esos territorios.

El caimán ha podido propagarse de los Estados Unidos a Méjico y Centro América.

De esos ríos, por las orillas del mar, ha podido pasar a Colombia y Venezuela, al río Amazonas y sus afluentes, etc. Siguiendo las orillas del mar, ha podido llegar al Río de la Plata y subir a sus afluentes, por hallarse estos ríos todos cercanos unos a los otros y en comunicación.

Pero ¿cómo ha podido venir al río de Guayaquil?

Tendremos, pues, que aceptar, una de estos tres extremos: 1.º Que los caimanes han traído un viaje marítimo muy largo, desde Panamá. 2.º Que los caimanes han hecho un viaje terrestre pasando la cordillera, del Amazonas a los afluentes del Guayas. 3.º Que son Autoctones, es decir, producidos en el mismo territorio.

Esos caimanes, viajeros de Panamá o del Amazonas al través de la Cordillera, han debido ser caimanes ilustrados, con brújulas que los guiasen en su rumbo a un punto conveniente, y han debido llevar acémilas o bajeles, que les condujesen el fiambre al través de tan largas distancias; curiosos caimanes serían esos.

El cocodrilo (Emysaurus), muy conocido de los antiguos, y objeto de constantes estudios por ellos, abunda en el río Nilo, Egipto, y en los afluentes del Níger, Congo y demás grandes ríos del Oeste del África.

En los ríos del extremo Sur de ese vasto Continente, como son el Orange, el Limpopo, etc., en las lagunas que se hallan en esas comarcas, se encuentra el cocodrilo en gran abundancia.

En los ríos de la costa de Zanzíbar y Mozambique abunda también.

  -223-  

En Asia, el Hindostán, todo se halla plagado de ese inútil y pernicioso animal: el Ganjes, el Sciude y todos sus numerosos afluentes, se hallan infestados de cocodrilos.

Los ríos del Birman, Pegil y Cochinchina, se hallan llenos de cocodrilos; sólo el territorio de la China propia se ve libre de sus ataques; ¡¡los chinos se los han comido todos!! ¡¡y aseguran, que no era manjar malo, la carne!!

Los campos que se hallan de Yaguachi a Guayaquil, son bellísimos, cubiertos de abundantes pastos y grandes arboledas. A la derecha y a la izquierda, al bajar el río, se encuentran grandes haciendas, con tropas de ganado vacuno alto y lozano.

Aun a orillas del mismo río se hallan mangos, cubiertos de su vistosa fruta, y otros árboles frutales. Las casas de campo, cubiertas de rojas tejas, parecen grandes y cómodas; todo respira grandeza y bienestar.

La Providencia ha derramado sobre esos campos, la feracidad y mayor dicha; sólo la ambición de temerarios y poco prestigiosos caudillos, ha llevado a esas risueñas comarcas la desolación y la guerra.

Hombres como García Moreno, de su probidad y patriotismo, no son desgraciadamente frecuentes; hombres como Diego Portales, no son fáciles de hallar.

Estadistas notables como esos, hombres probos, verdaderos patriotas, que se eleven grandes, valientes y airados, sobre las miserias, las vocinglerías de descarados y sanguinarios demagogos, no han sido ni son aún suficientemente apreciados por nosotros.

La noble sangre, a mi juicio, de esos grandes hombres, ha fecundizado la tierra de su patria; ¡¡con qué anhelo debemos todos buscar, para la humillada y destrozada patria nuestra, un Redentor, un estadista de probidad y energía!!

  -224-  

Ardientes lágrimas cubren mis ojos; mi anciana y temblorosa mano apenas puede sujetar la pluma, al formar estas líneas, a la vez, al recordar tanta sangre vertida, tanta miseria, tanta ruina consumada.

¡Oh! ¡¡cuándo, cuándo, veremos, o nuestros hijos verán, la redención del Perú!! La felicidad de la patria común.





  Arriba
Anterior Indice