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El Romancero viejo

Anónimo


[Nota preliminar: Edición digital a partir de la de Romancero general..., edición de Agustín Durán, Madrid, Atlas, 1945, (Biblioteca de Autores Españoles; 10 y 16) y cotejada con las ediciones críticas de Mercedes Díaz Roig (Madrid, Cátedra, 1995) y Mª Cruz García de Enterría (Madrid, Castalia, 1987).]






Romance de Pero Díaz


Abajo Moricos, los mis moricos,
los que ganáis mi soldada,
derribédesme a Baeza,
esa villa torreada,
y a los viejos y los niños  5
la traed en cabalgada
y a los moros y varones
los meted todos a espada,
y a ese viejo Pero Díaz
prendédmelo por la barba,  10
y a aquesa linda Leonor
será la mi enamorada.
Id vos, capitán Vanegas
porque venga más honrada,
que s vos sois mandadero,  15
será cierta la jornada.






Romance de Reduán y el rey chico sobre la conquista de Jaén


ArribaAbajo -Reduán, bien se te acuerda
que me diste la palabra
que me darías a Jaén
en una noche ganada.
Reduán, si tú lo cumples,  5
daréte paga doblada,
y si tú no lo cumplieres,
desterrarte he de Granada;
echarte he en una frontera,
do no goces de tu dama.  10
Reduán le respondía
sin demudarse la cara:
-Si lo dije, no me acuerdo,
mas cumpliré mi palabra.
Reduán pide mil hombres,  15
el rey cinco mil le daba.
Por esa puerta de Elvira
sale muy gran cabalgada.
¡Cuánto del hidalgo moro!
¡Cuánta de la yegua baya!  20
¡Cuánta de la lanza en puño!
¡Cuánta de la adarga blanca!
¡Cuánta de marlota verde!
¡Cuánta aljuba de escarlata!
¡Cuánta pluma y gentileza!  25
¡Cuánto capellar de grana!
¡Cuánto bayo borceguí!
¡Cuánto lazo que le esmalta!
¡Cuánta de la espuela de oro!
¡Cuánta estribera de plata!  30
Toda es gente valerosa
y experta para batalla:
en medio de todos ellos
va el rey Chico de Granada.
Míranlo las damas moras  35
de las torres del Alhambra.
La reina mora, su madre,
de esta manera le habla:
-Alá te guarde, mi hijo,
Mahoma vaya en tu guarda,  40
y te vuelva de Jaén
libre, sano y con ventaja,
y te dé paz con tu tío,
señor de Guadix y Baza.






Romance del obispo don Gonzalo


ArribaAbajo Un día de San Antón,
ese día señalado,
se salían de Jaén
cuatrocientos hijosdalgo.
Las señas que ellos llevaban  5
es pendón, rabo de gallo;
por capitán se lo llevan
al obispo don Gonzalo,
armado de todas armas,
encima de un buen caballo;  10
íbase para la Guarda,
ese castillo nombrado.
Sáleselo a recibir
don Rodrigo, ese hijodalgo.
-Por Dios os ruego, el Obispo,  15
que no pasedes el vado,
porque los moros son muchos
que a la Guarda habían llegado:
muerto me han tres caballeros,
de que mucho me ha pesado.  20
El uno era mi primo,
y el otro era mi hermano,
y el otro era un paje mío,
que en mi casa se ha criado.
Demos la vuelta, señores,  25
demos la vuelta a enterrarlos;
haremos a Dios servicio
y honraremos los cristianos.
Ellos estando en aquesto,
llegó don Diego de Haro:  30
-Adelante, caballeros,
que me llevan el ganado;
si de algún villano fuera
ya lo hubiérades quitado,
empero, alguno está aquí  35
a quien place de mi daño.
No cumple decir quién es,
que es el del roquete blanco.
El obispo, que lo oyera,
dio de espuelas al caballo.  40
El caballo era ligero
y saltado había un vallado,
mas al salir de una cuesta,
a la asomada de un llano,
vido mucha adarga blanca,  45
mucho albornoz colorado
y muchos hierros de lanzas
que relucen en el campo.
Metido se había por ellos
como león denodado;  50
de tres batallas de moros
las dos ha desbaratado,
mediante la buena ayuda
que en los suyos ha hallado;
aunque algunos de ellos mueren,  55
eterna fama han ganado.
Todos pasan adelante,
ninguno atrás se ha quedado;
siguiendo a su capitán,
el cobarde es esforzado.  60
Honra los cristianos ganan,
los moros pierden el campo:
diez moros pierden la vida
por la muerte de un cristiano;
si alguno de ellos escapa,  65
es por uña de caballo.
Por su mucha valentía
toda la presa han cobrado.
Así, con esta victoria
como señores del campo,  70
se vuelven para Jaén
con la honra que han ganado.






Romance de Fernandarias


ArribaAbajo -¡Buen alcaide de Cañete,
mal consejo habéis tomado
en correr a Setenil,
hecho se había voluntario!
¡Harto hace el caballero  5
que guarda lo encomendado!
Pensaste correr seguro
y celada os han armado.
Hernandarias Sayavedra,
vuestro padre os ha vengado,  10
ca cuerda correr a Ronda
y a los suyos va hablando:
-El mi hijo Hernandarias
muy mala cuenta me ha dado;
encomendéle a Cañete,  15
él muerto fuera en el campo.
Nunca quiso mi consejo,
siempre fue mozo liviano,
que por alancear un moro
perdiera cualquier estado.  20
Siempre esperé su muerte
en verle tan voluntario,
mas hoy los moros de Ronda
conocerán que le amo.
A Gonzalo de Aguilar  25
en celada le han dejado.
Viniendo a vista de Ronda,
los moros salen al campo.
Hernandarias dio una vuelta
con ardid muy concertado,  30
y Gonzalo de Aguilar
sale a ellos denodado,
blandeando la su lanza
iba diciendo: -¡Santiago,
a ellos, que no son nada,  35
hoy venguemos a Fernando!
Murió allí Juan Delgadillo
con hartos buenos cristianos;
mas por las puertas de Ronda
los moros iban entrando,  40
venticinco traía presos,
trescientos moros mataron,
mas el viejo Hernandarias
no se tuvo por vengado.






Romance del alcaide de Antequera


ArribaAbajo De Antequera partió el moro,
tres horas antes del día,
con cartas en la su mano
en que socorro pedía.
Escritas iban con sangre,  5
mas no por falta de tinta.
El moro que las llevaba
ciento y veinte años había;
la barba llevaba blanca
la calva le relucía;  10
toca llevaba tocada,
muy grande precio valía,
la mora que la labrara
por su amiga la tenía.
Alhamar en su cabeza  15
con borlas de seda fina.
Caballero en una yegua,
que caballo no quería.
Sólo con un pajecico
que le tenga en compañía,  20
no por falta de escuderos,
que en su casa hartos había.
Siete celadas le ponen
de mucha caballería,
mas la llegua era ligera,  25
de entre todos se salía.
Por los campos de Archidona
a grandes voces se decía:
-¡Oh, gran rey, si tú supieses
mi triste mensajería,  30
mesarías tus cabellos
y la tu barba vellida!
El rey que venir lo vido
a recibir lo salía
con trescientos de a caballo,  35
la flor de la morería.
Bien seas venido, el moro,
buena sea tu venida.
-Alá te mantenga, rey,
con toda tu compañía.  40
-Dime, ¿qué nuevas me traes
de Antequera esa mi villa?
-Yo te las diré, buen rey,
si tú me otorgas la vida.
-La vida te es otorgada,  45
si traición en ti no había.
-¡Nunca Alá lo permitiese
hacer tan gran villanía!
Mas sepa tu real alteza
Lo que ya saber debía,  50
que esa villa de Antequera
en gran aprieto de veía;
que el infante don Fernando
cercada te la tenía.
sin cesar noche ni día;  55
Manjar que tus moros comen:
cueros de vaca cocida.
Buen rey, si no la socorres
muy presto se perdería-
El rey, cuando aquesto oyera,  60
de pesar se amortecía;
Haciendo gran sentimiento
muchas lágrimas vertía;
Rasgaba sus vestiduras,
con gran dolor que sentía;  65
Ninguno le consolaba,
porque no lo permitía.
Mas después, en sí tornando,
a grandes voces decía:
-Tóquense mis añafiles,  70
trompetas de plata fina;
júntense mis caballeros
cuantos en mi reino había,
vayan con mis dos hermanos
A Archidona, esa mi villa,  75
en socorro de Antequera,
llave de mi señoría.
Y así con este mandado
se juntó gran morería:
ochenta mil peones fueron  80
el socorro que venía,
cinco mil de a caballo,
los mejores que tenía.
Así en la Boca del Asno
este real sentado había  85
A vista del Infante,
el cual ya se apercibía
confiando en la victoria
que de ellos Dios les daría,
sus gentes bien ordenadas:  90
de San Juan era aquel día,
cuando se dio la batalla,
fue la villa combatida
con lombardas y pertrechos,
y con una gran bastida,  95
con que le ganan las torres
de donde era defendida.
Después dieron el castillo
los moros a pleitesía,
que libres con sus haciendas  100
el infante los ponía
En la villa de Archidona,
lo cual todo se cumplía;
Y así se ganó Antequera
a loor de Santa María.  105






La mañana de San Juan...


ArribaAbajo La mañana de San Juan
al tiempo que alboreaba,
gran fiesta hacen los moros
por la Vega de Granada.
Revolviendo sus caballos  5
y jugando de las lanzas,
ricos pendones en ellas
broslados por sus amadas,
ricas marlotas vestidas
tejidas de oro y grana.  10
El moro que amores tiene
señales de ello mostraba,
y el que no tenía amores
allí no escaramuzaba.
Las damas moras los miran  15
de las torres del Alhambra,
también se los mira el rey
de dentro de la Alcazaba.
Dando voces vino un moro
con la cara ensangrentada:  20
-Con tu licencia, el rey,
te daré una nueva mala:
el infante don Fernando
tiene a Antequera ganada;
muchos moros deja muertos,  25
yo soy quien mejor librara;
siete lanzadas yo traigo,
el cuerpo todo me pasan;
los que conmigo escaparon
en Archidona quedaban.  30
Con la tal nueva el rey
la cara se le demudaba;
manda juntar sus trompetas
que toquen todas el arma,
manda juntar a los suyos,  35
hace muy gran cabalgada,
y a las puertas de Alcalá,
que la real se llamaba,
los cristianos y los moros
una escaramuza traban.  40
Los cristianos eran muchos,
mas llevaban orden mala;
los moros, que son de guerra,
dádoles han mala carga,
de ellos matan, de ellos prenden,  45
de ellos toman en celada.
Con la victoria, los moros
van la vuelta de Granada;
a grandes voces decían:
-¡La victoria ya es cobrada!  50






Caballeros de Moclín...


ArribaAbajo Caballeros de Moclín,
peones de Colomera,
entrado habían en acuerdo,
en su consejada negra,
a los campos de Alcalá  5
donde irían a hacer presa.
Allá la van a hacer,
a esos molinos de Huelva.
Derrocaban los molinos,
derramaban la cibera,  10
prendían lo molineros,
cuantos hay en la ribera.
Ahí les hablara un viejo
que era discreto en la guerra:
-Para tanto caballero  15
chica cabalgada es esta;
soltemos un prisionero
que a Alcalá lleve la nueva;
démosle tales heridas,
que en llegando luego muera;  20
cortémosle el brazo derecho,
porque no nos haga guerra.
Por soltar un molinero
un mancebo les saliera
que era nacido y criado  25
en Jerez de la Frontera,
que corre más que un gamo
y salta más que una cierva.
Por los campos de Alcalá
va gritando: -¡fuera, fuera!  30
caballeros de Alcalá
no os alabaréis de aquesta,
que por una que hicisteis
y tan caro como cuesta,
que los moros de Moclín  35
corrido os han la ribera,
robado os han vuestro campo,
y llevado os han gran presa.
Oídolo ha don Pedro,
por su desventura negra;  40
cabalgara en su caballo,
que le dicen Boca-negra.
Al salir de la ciudad
Encontró con Sayavedra:
-No vayades allá, hijo,  45
si mi maldición os venga,
que si hoy fuere la suya,
mañana será la vuestra.






Romance de Abenámar


ArribaAbajo -¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,  5
la luna estaba crecida:
moro que en tal signo nace:
no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que decía:  10
-Yo te la diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho  15
mi madre me lo decía:
que mentira no dijese,
que era grande villanía;
por tanto pregunta, rey,
que la verdad te diría.  20
-Yo te agradezco, Abenámar,
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!
-El Alhambra era, señor,  25
y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día,  30
y el día que no los labra,
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,
huerta que par no tenía.
El otro Torres Bermejas,  35
castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
-Si tú quisieses, Granada,
contigo me casaría;  40
darete en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.
-Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene  45
muy grande bien me quería.






Romance de Álora la bien cercada


ArribaAbajo Álora, la bien cercada,
tú que estás a par del río,
cercote el adelantado
una mañana en domingo,
con peones y hombres de armas  5
hecho la había un portillo.
Viérades moros y moras
que iban huyendo al castillo;
las moras llevaban ropa,
los moros, harina y trigo.  10
Por encima del adarve
su pendón llevan tendido.
Allá detras de una almena
quedádose ha un morillo
con una ballesta armada  15
y en ella puesta un cuadrillo.
Y en altas voces decía
que la gente lo ha oído:
-¡Treguas, tregua, adelantado,
que tuyo se da el castillo!  20
Alzó la visera arriba,
para ver quié lo había dicho,
apuntáralo a la frente,
salídole ha el colodrillo.
Tómale Pablo de rienda,  25
de la mano Jacobico,
que eran dos esclavos suyos
que había criado de chicos.
Llévanle a los maestros,
por ver si le dan guarido.  30
A las primeras palabras
por testamento les dijo
que él a dios se encomendaba
y el alma se le ha salido.






Romance del cerco de Baza


ArribaAbajo Sobre Baza estaba el rey,
lunes, después de yantar;
Miraba las ricas tiendas
que estaban en su real;
miraba las huertas grandes  5
y miraba el arrabal;
miraba el adarve fuerte
que tenía la ciudad;
miraba las torres espesas,
que no las puede contar.  10
Un moro tras una almena
comenzóle de hablar:
-Vete, el rey don Fernando,
non querrás aquí envernar,
que los fríos de esta tierra  15
no los podrás comportar.
Pan tenemos por diez años,
mil vacas para salar;
veinte mil moros hay dentro,
todos de armas tomar,  20
ochocientos de caballo
para el escaramuzar;
siete caudillos tenemos,
tan buenos como Roldán,
y juramento tienen hecho  25
antes morir que se dar.






Romance del conde de Niebla


ArribaAbajo -Dadme nuevas, caballeros,
nuevas me querais dar
de aquese conde de Niebla,
don Enrique de Guzmán,
que hace guerra a los moros,  5
y ha cercado a Gibraltar.
Hoy veo jergas en mi corte,
ayer vi fiestas asaz;
Si algún grande ha fallecido,
de Castilla y de mi sangre,  10
o don Álvaro de Luna,
el maestre y condestable.
-Ningún grande ha fallecido
ni hombre de vuestra sangre,
ni don Álvaro de Luna,  15
el maestre y condestable.
mas es muerto un caballero,
que era su valor muy grande
que veredes a los moros
en cuán poco vos ternán,  20
Por ayudar a los suyos
podiéndose bien salvar,
por oír sólo su nombre,
por se oír sólo llamar.
Tornó en un batel pequeño  25
a la braveza del mar.
Don Enrique es, Rey, aqueste,
don Enrique de Guzmán:
dejad, señor, los brocados,
no querades más solaz.  30
El rey oyendo tal nueva
hubo en extremo pesar,
porque tan buen caballero
no se quisiera salvar;
e mandó traer su hijo,  35
aquel que quedado le ha,
y de Medina Sidonia
duque le fue a titular.






Romance del alcaide de Alhama


ArribaAbajo -Moro alcaide, moro alcaide,
el de la barba vellida,
el rey os manda prender
porque Alhama era perdida.
-Si el rey me manda prender  5
porque Alhama se perdía,
el rey lo puede hacer,
mas yo nada le debía,
porque yo era ido a Ronda
a bodas de una mi prima;  10
yo dejé cobro en Alhama
el mejor que yo podía.
Si el rey perdió su ciudad,
yo perdí cuanto tenía:
perdí mi mujer y hijos,  15
las cosas que más quería.






Romance de la pérdida de Alhama


ArribaAbajo Paseábase el rey moro
por la ciudad de Granada,
desde la puerta de Elvira
hasta la de Vivarambla
-¡Ay de mi Alhama!  5
Cartas le fueron venidas
que Alhama era ganada.
Las cartas echó en el fuego,
y al mensajero matara.
-¡Ay de mi Alhama!  10
Descabalga de una mula
y en un caballo cabalga,
por el Zacatín arriba
subido se había al Alhambra.
-¡Ay de mi Alhama!  15
Como en el Alhambra estuvo,
al mismo punto mandaba
que se toquen sus trompetas,
sus añafiles de plata.
-¡Ay de mi Alhama!  20
Y que las cajas de guerra
apriesa toquen el arma,
porque lo oigan sus moros,
los de la Vega y Granada.
-¡Ay de mi Alhama!  25
Los moros, que el son oyeron,
que al sangriento Marte llama,
uno a uno y dos a dos
juntado se ha gran batalla.
-¡Ay de mi Alhama!  30
Allí habló un moro viejo,
de esta manera hablara:
-¿Para qué nos llamas, rey?
¿Para qué es esta llamada?
-¡Ay de mi Alhama!  35
-Habéis de saber, amigos,
una nueva desdichada:
que cristianos de braveza
ya nos han ganado Alhama.
-¡Ay de mi Alhama!  40
Allí habló un alfaquí,
de barba crecida y cana:
-Bien se te emplea, buen rey,
buen rey, bien se te empleara
-¡Ay de mi Alhama!  45
-Mataste los Bencerrajes,
que eran la flor de Granada;
cogiste los tornadizos
de Córdoba la nombrada.
-¡Ay de mi Alhama!  50
Por eso mereces, rey,
una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino,
y aquí se pierda Granada.
-¡Ay de mi Alhama!  55






Romance del Maestre de Calatrava


ArribaAbajo ¡Ay, Dios, qué buen caballero
el Maestre de Calatrava!
¡Qué bien que corre los moros
por la vega de Granada,
dende la puerta de Quiros  5
hasta la Sierra Nevada!
Trecientos comendadores,
todos de cruz colorada
dende la puerta de Quiros
les va arrojando la lanza.  10
Las puertas eran de pino,
de banda a banda les pasa:
tres moricos dejó muertos
de los buenos de Granada,
que el uno ha nombre Alanese,  15
el otro agameser se llama,
el otro ha nombre Gonzalo,
hijo de la renegada.
Sabido lo ha Albayaldos
en un paso que guardaba  20






Romance del Maestre de Calatrava


ArribaAbajo De Granada parte el moro
que Aliatar se llamaba,
primo hermano de Albayaldos,
al que el Maestre matara,
caballero en un caballo  5
que de diez años pasaba,
tres cristianos se le curan,
el mismo le da cebada;
una lanza con dos fierros
que treinta palmos pasaba,  10
hízola aposta el moro
para bien señorearla;
una adarga ante sus pechos
toda nueva y cotellada;
una toca en su cabeza  15
que nueve vueltas le daba,
los cabos eran de oro,
de oro, de seda y de grana;
lleva el brazo arremangado,
so la mano alheñada.  20
Tan sañudo iba el moro,
que bien demuestra su saña,
que mientras pasa la puente,
nunca al Darro le miraba.
Rogando iba a Mahoma,  25
a Mahoma suplicaba,
que le muestre algún cristiano
en que ensangriente su lanza.
Camino va de Antequera,
parecía que volaba,  30
solo va, sin compañía,
con una furiosa saña.
Antes que llegue a Antequera,
vido una seña cristiana,
vuelve riendas al caballo  35
y para ella le guiaba,
la lanza iba blandiendo,
parecía que la quebraba.
Saliósele a recibir
el Maestre de Calatrava,  40
caballero en una yegua,
que ese día la ganara,
con esfuerzo y valentía
a ese alcaide del Alhama;
de todas armas armado,  45
hermoso se divisaba,
una veleta traía
en una lanza acerada.
Arremete el uno al otro,
el moro gran grito daba,  50
diciendo: -¡Perro cristiano,
yo te prenderé la barba!
El Maestre entre sí mismo
a Cristo se encomendaba.
Ya andaba cansado el moro,  55
su caballo ya aflojaban;
el Maestre, que es valiente,
muy gran esfuerzo tomaba.
acometió recio al moro,
la cabeza le cortara.  60
El caballo, que era bueno,
al rey se lo presentaba,
la cabeza en el arzón,
porque supiese la causa.






Romance de don Manuel Ponce de León


ArribaAbajo -¿Cuál será aquel caballero
de los míos más preciado,
que me traiga la cabeza
de aquel moro señalado
que delante de mis ojos  5
a cuatro ha lanceado,
pues que las cabezas trae
en el pretal del caballo?
Oídolo ha don Manuel,
que andaba allí paseando,  10
que de unas viejas heridas
no estaba del todo sano.
Apriesa pide las armas,
y en un punto fue armado,
y por delante el corredor  15
va arremetiendo el caballo;
con la gran fuerza que puso,
la sangre le ha reventado,
gran lástima le han las damas
de verle que va tan flaco.  20
Ruéganle todos que vuelva,
mas él no quiere aceptarlo.
Derecho va para el moro,
que está en la plaza parado.
El moro, desque lo vido,  25
de esta manera ha hablado:
-Bien sé yo, don Manuel,
que vienes determinado,
y es la causa conocerme
por las nuevas que te han dado;  30
mas, porque logres tus días,
vuélvete y deja el caballo,
que yo soy el moro Muza,
ese moro tan nombrado,
soy de los almoradíes,  35
de quien el Cid ha temblado.
-Yo te lo agradezco, moro,
que de mí tengas cuidado,
que pues las damas me envían,
no volveré sin recaudo.  40
Y sin hablar más razones,
entrambos se han apartado,
y a los primeros encuentros
el moro deja el caballo,
y puso mano a un alfanje,  45
como valiente soldado.
Fuese para don Manuel,
que ya le estaba aguardando,
mas don Manuel, como diestro,
la lanza le había terciado.  50
Vara y media queda fuera,
que le queda blandeando,
y desque muerto lo vido,
apeóse del caballo.
Cortado ha la cabeza,  55
y en la lanza la ha hincado,
y por delante las damas
al buen rey la ha presentado.






Romance de Sayavedra


ArribaAbajo Río Verde, río, Verde
más negro vas que la tinta.
Entre ti y Sierra Bermeja
murió gran caballería.
Mataron a Ordiales,  5
Sayavedra huyendo iba;
con el temor de los moros
entre un jaral se metía.
Tres días ha, con sus noches,
que bocado no comía;  10
aquejábale la sed
y la hambre que tenía.
Por buscar algún remedio
al camino se salía:
Visto lo habían los moros  15
que andan por la serranía.
Los moros, desque lo vieron,
luego para él se venían.
Unos dicen: -¡Muera, muera!,
otros dicen: -¡Viva, viva!  20
Tómanle entre todos ellos,
bien acompañado iba.
Allá le van a presentar
al rey de la morería.
Desque el rey moro lo vido,  25
bien oiréis lo que decía:
-¿Quiénes ese caballero
que ha escapado con la vida?
-Sayavedra es, señor,
Sayavedra el de Sevilla,  30
el que mataba tus moros
y tu gente destruía,
el que hacía cabalgadas
y se encerraba en su manida.
Allí hablara el rey moro,  35
bien oiréis lo que decía:
-Dígasme tú, Sayavedra,
sí Alá te alargue la vida,
si en tu tierra me tuvieses,
¿qué honra tú me harías?  40
Allí habló Sayavedra,
de esta suerte le decía:
-Yo te lo diré, señor,
nada no te mentiría:
si cristiano te tornases,  45
grande honra te haría
y si así no lo hicieses,
muy bien te castigaría:
la cabeza de los hombros
luego te la cortaría.  50
-Calles, calles, Sayavedra,
cese tu malenconía;
tórnate moro si quieres
y verás qué te daría:
darte he villas y castillos  55
y joyas de gran valía.
Gran pesar ha Sayavedra
de esto que oír decía.
Con una voz rigurosa,
de esta suerte respondía:  60
-Muera, muera Sayavedra
la fe no renegaría,
que mientras vida tuviere
la fe yo defendería.
Allí hablara el rey moro  65
y de esta suerte decía:
-Prendedlo, mis caballeros,
y de él me haced justicia.
Echó mano a su espada,
de todos se defendía;  70
mas como era uno solo,
allí hizo fin su vida.






Romance del rey Ramiro


ArribaAbajo Ya se asienta el rey Ramiro,
ya se asienta a sus yantares,
los tres de sus adalides
se le pararon delante:
al uno llaman Armiño,  5
al otro llaman Galvane,
al otro Tello, lucero,
que los adalides trae.
-Mantengaos Dios, señor.
-Adalides, bien vengades.  10
¿Qué nuevas me traedes
del campo de Palomares?
-Buenas las traemos, señor,
pues que venimos acá;
siete días anduvimos  15
que nunca comimos pan,
ni los caballos cebada,
de lo que nos pesa más,
ni entramos en poblado,
ni vimos con quién hablar,  20
sino siete cazadores
que andaban a cazar.
Que nos pesó o nos plugo,
hubimos de pelear:
los cuatro de ellos matamos,  25
los tres traemos acá,
y si lo creéis, buen rey,
si no, ellos lo dirán.






Romance del rey de Aragón


ArribaAbajo Miraba de Campo-Viejo
el rey de Aragón un día,
miraba la mar de España
cómo menguaba y crecía;
miraba naos y galeras,  5
unas van y otras venían:
unas venían de armada,
otras de mercadería;
unas van la vía de Flandes,
otras la de Lombardía;  10
esas que vienen de guerra
¡oh, cuán bien le parecían!
Miraba la gran ciudad
que Nápoles se decía,
miraba los tres castillos  15
que la gran ciudad tenía:
Castel Novo y Capuana,
Santelmo, que relucía,
aqueste relumbra entre ellos
como el sol de mediodía.  20
Lloraba de los sus ojos,
de la su boca decía:
-¡Oh ciudad, cuánto me cuestas
por la gran desdicha mía!
Cuéstasme duques y condes,  25
hombres de muy gran valía,
cuéstasme un tal hermano,
que por hijo le tenía;
de esotra gente menuda
cuento ni par no tenía;  30
cuéstame ventidós años,
los mejores de mi vida,
que en ti me nacieron barbas,
y en ti las encanecía.






Romance de doña Isabel de Liar


ArribaAbajo Yo me estando en Giromena
a mi placer y holgare,
subiérame a un mirador
por más descanso tomare;
por los campos de Monvela  5
caballeros vi asomare,
ellos de guerra no vienen,
ni menos vienen de paz,
vienen en buenos caballos,
lanzas y adargas traen.  10
Desque yo los vi, mezquina,
parémelos a mirare,
conociera al uno de ellos
en el cuerpo y cabalgare:
don Rodrigo de Chavella,  15
que llaman del Marechale,
primo hermano de la reina,
mi enemigo era mortale.
Desque yo, triste, le viera,
luego vi mala señale.  20
Tomé mis hijos conmigo
y subíme al homenaje;
ya que yo iba a subir,
ellos en mi casa estane;
don Rodrigo es el primero,  25
y los otros tras él vane.
-Sálveos Dios, doña Isabel,
Caballeros, bien vengades.
-¿Conocédesnos, señora,
pues así vais a hablare?  30
-Ya os conozco, don Rodrigo,
¡ya os conozco por mi male!
¿A qué era vuestra venida?
¿Quién os ha enviado acae?
-Perdonédesme, señora,  35
por lo que os quiero hablare:
sabed que la reina, mi prima,
acá enviado me hae,
porque ella es muy mal casada
y esta culpa en vos estáe,  40
porque el rey tiene en vos hijos
y en ella nunca los hae,
siendo, como sois, su amiga,
y ella mujer naturale,
manda que murais, señora,  45
paciencia querais prestare.
Respondió doña Isabel
con muy gran honestidade:
-Siempre fuisteis, don Rodrigo,
en toda mi contrariedade;  50
si vos queredes, señor,
bien sabedes la verdade:
que el rey me pidió mi amor,
y yo no se le quise dare,
teniendo en más a mi honra,  55
que no sus reinos mandare.
Cuando vio que no quería,
mis padres fuera a mandare;
ellos tampoco quisieron,
por la su honra guardare.  60
Desque todo aquesto vido,
por fuerza me fue a tomare,
trújome a esta fortaleza,
do estoy en este lugare,
tres años he estado en ella  65
fuera de mi voluntade,
y si el rey tiene en mí hijos,
plugo a Dios y a su bondade,
y si no los ha en la reina
es así su voluntade  70
¿Por qué me habéis de dar muerte,
pues que no merezco male?
Una merced os pido, señores,
no me la queráis negare:
desterréisme de estos reinos,  75
que en ellos no estaré mase;
irme ha yo para Castilla,
o a Aragón más adelante
y si aquesto no bastare,
a Francia me iré a morare.  80
-Perdonédesnos, señora,
que no se puede hacer mase;
aquí está el duque de Bavia
y el marqués de Villareale
y aquí está el obispo de Oporto,  85
que os viene a confesare.
Cabe vos está el verdugo
que os había de degollare,
y aun aqueste pajecico
la cabeza ha de llevare.  90
Respondió doña Isabel,
con muy gran honestidade:
-Bien parece que soy sola,
no tengo quién me guardare,
ni madre ni padre tengo,  95
pues no me dejan hablare;
y el rey no está en esta tierra,
que era ido allende el mare,
mas desque él sea venido,
la mi muerte vengaráe.  100
-Acabedes ya, señora,
acabedes ya de hablare.
Tomadla, señor obispo,
y metedla a confesare.
Mientras en la confesión,  105
todos tres hablando estane
si era bien hecho o mal hecho
esta dama degollare:
los dos dicen que no muera,
que en ella culpa no hae.  110
don Rodrigo que es muy cruel,
dice que la ha de matare.
Sale de la confesión
con sus tres hijos delante:
el uno dos años tiene,  115
el otro para ellos vae,
y el otro que era de teta,
dándole sale a mamare;
toda cubierta de negro,
lástima es de la mirare.  120
-Adiós, adiós, hijos míos,
hoy os quedaréis sin madre;
de alta sangre caballeros,
por mis hijos queráis mirare,
que al fin son hijos de rey,  125
aunque son de baja madre.
Tiéndenla en un repostero
para haberla degollare;
así murió esta señora,
sin merecer ningún male.  130






Romance de la duquesa de Guimaranes


ArribaAbajo -Quéjome de vos, el rey,
por haber crédito dado
del buen duque, mi marido,
lo que le fue levantado.
Mandástemelo prender  5
no siendo en nada culpado;
mal lo hicisteis, señor,
mal fuisteis aconsejado,
que nunca os hizo aleve
para ser tan maltratado,  10
antes os sirvió, ¡mezquina!,
poniendo por vos su estado;
siempre vino a vuestras cortes
por cumplir vuestro mandado;
no lo hiciera, señor,  15
si en algo os hubiera errado,
que gente y armas tenía
para darse a buen recaudo;
mas vino como inocente
que estaba de aquel pecado.  20
Vos, no mirando justicia,
habéismelo degollado.
No lloro tanto su muerte,
como verlo deshonrado
con un pregón que decía  25
lo por él nunca pensado.
Murió por culpas ajenas,
injustamente juzgado;
él ganó por ello gloria,
yo para siempre cuidado.  30
Agora vivo en prisiones
en que vos me habéis echado,
con una hija que tengo,
que otro bien no me ha quedado;
que tres hijos que tenía  35
habéismelos apartado:
el uno es muerto en Castilla,
el otro, desheredado,
el otro tiene su ama,
no espero verle criado,  40
por el cual pueden decir
inocente desdichado.
Y pido de vos enmienda,
rey, señor, primo y hermano,
a la justicia de Dios  45
de hecho tan mal mirado,
por verme a mí con venganza
y a él sin culpa, culpado.






Romance de los cinco maravedís


ArribaAbajo En esa ciudad de Burgos
en Cortes se habían juntado
el rey que venció las Navas
con todos los hijosdalgo.
Habló con don Diego el rey,  5
con él se había aconsejado,
que era señor de Vizcaya,
de todos el más privado:
-Consejédesme, don Diego,
que estoy muy necesitado,  10
que con las guerras que he hecho
gran dinero me ha faltado;
quería llegarme a Cuenca,
no tengo lo necesario;
si os pareciese, don Diego,  15
por mí será demandado
que cinco maravedís
me peche cada hijodalgo.
-Grave cosa me parece,
le respondiera el de Haro,  20
que querades vos, señor,
al libre hacer tributario;
mas por lo mucho que os quiero
de mí seréis ayudado,
porque yo soy principal,  25
de mí os será pagado.
Siendo juntos en las Cortes,
el rey se lo había hablado;
Levantado está don Diego,
como ya estaba acordado:  30
-Justo es lo que pide el rey,
por nadie le sea negado,
mis cinco maravedís
helos aquí de buen grado.
Don Nuño, conde de Lara,  35
mucho mal se había enojado;
pospuesto todo temor,
de esta manera ha hablado:
-Aquellos donde venimos
nunca tal pecho han pagado,  40
nos, menos lo pagaremos,
ni al rey tal será dado;
el que quisiere pagarle
quede aquí como villano,
váyase luego tras mí  45
el que fuere hijodalgo.
Todos se salen tras él,
de tres mil, tres han quedado.
En el campo de la Glera
todos allí se han juntado,  50
el pecho que el rey demanda
en las lanzas lo han atado
y envíanle a decir
que el tributo está llegado,
que envíe sus cogedores,  55
que luego será pagado;
mas que si él va en persona
no será desacatado,
pero que enviase aquellos
de quien fuera aconsejado.  60
Cuando esto oyera el rey,
y que solo se ha quedado,
volvióse para don Diego,
consejo le ha demandado.
Don Diego, como sagaz,  65
este consejo le ha dado:
-Desterrédesme, señor,
como que yo lo he causado,
y así cobraréis la gracia
de los vuestros hijosdalgo.  70
Otorgó el rey el consejo:
a decir les ha enviado
que quien le dio tal consejo
será muy bien castigado,
que hidalgos de Castilla  75
no son para haber pechado.
Muy alegres fueron todos,
todo se hubo apaciaguado.
Desterraron a don Diego
por lo que no había pecado;  80
mas dende a pocos días
a Castilla fue tornado.
El bien de la lealtad
por ningún precio es comprado.






Romance de los Carvajales


ArribaAbajo Válasme nuestra señora
cual dizen de la Ribera
donde el buen rey don Fernando
tuvo la su cuarentena.
Desde el miércoles corvillo  5
hasta el jueves de la cena
que el rey no hizo la barba
ni peino la su cabeza.
Una silla era su cama,
un canto por cabecera,  10
los quarenta pobres comen
cada día a la su mesa;
de lo que a los pobres sobra
el rey haze la su cena,
con vara de oro en su mano  15
bien hace servir la mesa.
Dícenle sus caballeros:
-¿dónde irás tener la fiesta?
-A Jaén, dice, señores,
con mi señora la reina.  20
Después que estuvo en Jaén
y la fiesta hubo pasado,
pártese para Alcaudete,
ese castillo nombrado;
el pie tiene en el estribo  25
que aún no se había apeado,
cuando le daban querella
de dos hombres hijosdalgo,
y la querella le daban
dos hombres como villanos,  30
abarcas traen calzadas
y aguijadas en las manos:
-Justicia, justicia, rey,
pues que somos tus vasallos,
de don Pedro Carvajal  35
y de don Alonso su hermano,
que nos corren nuestras tierras
y nos robaban el campo,
y nos fuerzan las mujeres
a tuerto y desaguisado.  40
Comíannos la cebada
sin después querer pagallo
hazen otras desverguenzas
que verguenza era contallo.
-Yo hare de ello justicia,  45
tornáos a vuestro ganado.
Manda pregonar el rey
y por todo su reinado,
de cualquier que los hallase
le daría buen hallazgo.  50
Hallólos el Almirante
allá en Medina del Campo,
comprando muy ricas armas,
jaezes para caballos.
-Presos, presos, caballeros,  55
presos, presos, hijosdalgo.
-No por vos, el Almirante
si de otro no traéis mandado.
-Estad presos, caballeros,
que del rey traigo recaudo.  60
-Plácenos, el Almirante,
por complir el su mandado.
Por las sus jornadas ciertas
en Jaén habían entrado.
-Manténgate Dios, el rey.  65
-Mal vengades hijosdalgo.
Mándales cortar los pies,
mándales cortar las manos,
y mándalos despeñar
de aquella peña de Martos.  70
Allí hablara el uno de ellos,
el menor y más osado:
-¿Por qué lo haces, el rey,
por qué haces tal mandado?
Querellámonos, el rey,  75
para ante el soberano,
que dentro de treinta días
vais con nosotros a plazo
y ponemos por testigos
a san Pedro y a san Pablo;  80
ponemos por escribano
al apostol Santiago.
El rey, no mirando en ello,
hizo complir su mandado,
por la falsa información  85
que los villanos le han dado;
y muertos los Carvajales,
que lo habían emplazado,
antes de los treinta días
él se fallará muy malo,  90
y desque fueron cumplidos,
en el postrer día del plazo,
fue muerto dentro en León
do la sentencia hubo dado.






Entre las gentes se suena...


ArribaAbajo Entre las gentes se suena,
y no por cosa sabida,
que de ese buen Maestre
don Fadrique de Castilla,
la reina estaba preñada;  5
otros dicen que parida.
No se sabe por de cierto,
mas el vulgo lo decía:
ellos piensan que es secreto
ya esto no se escondía.  10
La reina con su [...]
por Alonso Pérez envía,
mandóle que viniese
de noche y no de día,
secretario es del Maestre,  15
en quien fiarse podía.
Cuando lo tuvo delante,
de esta manera decía:
-¿Adónde está el Maestre?
¿Qué es de él, que no parecía?  20
¡Para ser de sangre real
ha hecho grande villanía!
Ha deshonrado mi casa,
y dícese por Sevilla
que una de mis doncellas  25
del Maestre está parida.
-El Maestre, mi señora,
tiene cercada a Coimbra,
y si vuestra alteza manda,
yo luego lo llamaría;  30
y sepa vuestra alteza
que el Maestre no se escondía:
lo que vuestra alteza dice
debe ser muy gran mentira.
-No lo es, dijo la reina,  35
que yo te lo mostraría.
Mandara sacar un niño
que en su palacio tenía,
sacólo su camarera
envuelto en una faldilla.  40
-Mira, mira, Alonso Pérez,
el niño, ¿a quién parecía?
-Al Maestre, mi señora,
Alonso Pérez decía.
-Pues dadlo luego a criar,  45
y a nadie esto se diga.
Sálese Alonso Pérez,
ya se sale de Sevilla.
Muy triste queda la reina,
que consuelo no tenía,  50
llorando de los sus ojos,
de la su boca decía:
-Yo, desventurada reina,
más que cuantas son nacidas,
casáronme con el rey  55
por la desventura mía.
De la noche de la boda
nunca más visto lo había,
y su hermano el Maestre
me ha tenido compañía.  60
Si esto ha pasado,
toda la culpa era mía.
Si el rey don Pedro lo sabe,
de ambos se vengaría,
mucho más de mí, la reina,  65
por la mala suerte mía.
Ya llegaba Alonso Pérez
a Llerena, aquesa villa;
puso el infante a criar
en poder de una judía,  70
criada fue del Maestre,
Paloma por nombre había;
y como el rey don Enrique
reinase luego en Castilla,
tomara aquel infante  75
y almirante lo hacía:
hijo era de su hermano,
como el romance decía.






Romance de don Fadrique


ArribaAbajo Yo me estaba allá en Coimbra,
que yo me la hube ganado,
cuando me vinieron cartas
del rey don Pedro, mi hermano,
que fuese a ver los torneos  5
que en Sevilla se han armado.
Yo, Maestre sin ventura,
yo, Maestre desdichado,
tomara trece de mula,
venticinco de caballo,  10
todos con cadenas de oro,
de jubones de brocado.
Jornada de quince días
en ocho la había andado.
A la pasada de un río,  15
pasándole por el vado,
cayó mi mula conmigo,
perdí mi puñal dorado,
ahogáraseme un paje,
de los míos más privado,  20
criado era en mi sala
y de mí muy regalado.
Con todas estas desdichas
a Sevilla hube llegado;
A la puerta Macarena  25
encontré con un ordenado,
ordenado de evangelio,
que misa no había cantado.
-Manténgate Dios, Maestre,
Maestre, bien seáis llegado.  30
Hoy te ha nacido hijo,
hoy cumples ventiún años.
Si te plugiese, Maestre,
volvamos a bautizarlo,
que yo sería el padrino,  35
tú, Maestre, el ahijado.
Allí hablara el Maestre,
bien oiréis lo que ha hablado:
-No me lo mandéis, señor,
padre, no queráis mandarlo,  40
que voy a ver qué me quiere
el rey don Pedro, mi hermano.
Di de espuelas a mi mula,
en Sevilla me hube entrado.
De que no vi tela puesta,  45
ni vi caballero armado,
fuime para los palacios
del rey don Pedro, mi hermano.
En entrando por las puertas,
las puertas me habían cerrado;  50
quitáronme la mi espada,
la que traía a mi lado,
quitáronme mi compañía,
la que me había acompañado.
Los míos, desque esto vieron,  55
de traición me han avisado,
que me saliese yo fuera
que ellos me pondrían en salvo.
Yo, como estaba sin culpa,
de nada hube curado.  60
Fuime para el aposento
del rey don Pedro, mi hermano.
-Mantengaos Dios, el rey,
y a todos de cabo a cabo.
-Mal hora vengáis, Maestre,  65
Maestre, mal seáis llegado.
Nunca nos venís a ver
sino una vez en el año,
y ésta que venís, Maestre,
es por fuerza o por mandado.  70
Vuestra cabeza, Maestre,
mandada está en aguinaldo.
-¿Por qué es aqueso, buen rey?
nunca os hice desaguisado,
ni os dejé yo en la lid,  75
ni con moros peleando.
-Venid acá, mis porteros,
hágase lo que he mandado.
Aún no lo hubo bien dicho,
la cabeza le han cortado;  80
a doña María de Padilla
en un plato la ha enviado.
Así hablaba con ella,
como si estuviera sano,
las palabras que le dice  85
de esta suerte está hablando:
-Aquí pagaréis, traidor,
lo de antaño y lo de hogaño,
el mal consejo que diste
al rey don Pedro, tu hermano.  90
Asióla por los cabellos,
echádosela a un alano;
el alano es del Maestre,
púsola sobre un estrado,
a los aullidos que daba  95
atronó todo el palacio.
Allí demandara el rey:
-¿Quién hace mal a ese alano?
Allí respondieron todos
a los cuales ha pesado:  100
-Con la cabeza lo ha, señor,
del Maestre, vuestro hermano.
Allí hablara una su tía
que tía era de entrambos:
-Cuán mal lo mirastes, rey,  105
rey, qué mal lo habéis mirado.
Por una mala mujer
habéis muerto un tal hermano.
Aún no lo había bien dicho
cuando ya le había pesado.  110
Fuese para doña María,
de esta suerte le ha hablado:
-Prendedla, mis caballeros,
ponédmela a buen recaudo,
que yo le daré tal castigo  115
que a todos sea sonado.
En cárceles muy oscuras
allí la había aprisionado,
él mismo le da a comer,
él mismo con la su mano,  120
no se fía de ninguno,
sino de un paje que ha criado.






Romance del rey don Pedro el Cruel


ArribaAbajo Por los campos de Jerez
a caza va el rey don Pedro;
en llegando a una laguna,
allí quiso ver un vuelo.
Vido volar una garza,  5
disparóle un sacre nuevo,
remontárale un neblí,
a sus pies cayera muerto.
A sus pies cayó el neblí,
túvolo por mal agüero.  10
Tanto volaba la garza,
parece llegar al cielo.
Por donde la garza sube
vio bajar un bulto negro;
mientras más se acerca el bulto,  15
más temor le va poniendo,
con el abajarse tanto,
parece llegar al suelo,
delante de su caballo,
a cinco pasos de trecho;  20
De él salió un pastorcico,
sale llorando y gimiendo,
la cabeza desgreñada,
revuelto trae el cabello,
con los pies llenos de abrojos  25
y el cuerpo lleno de vello;
en su mano una culebra,
y en la otra un puñal sangriento;
en el hombro una mortaja,
una calavera al cuello;  30
a su lado, de traílla,
traía un perro negro,
los aullidos que daba
a todos ponían gran miedo;
y a grandes voces decía:  35
-Morirás, el rey don Pedro,
que mataste sin justicia
los mejores de tu reino:
mataste tu propio hermano,
el Maestre, sin consejo,  40
y desterraste a tu madre,
a Dios darás cuenta de ello.
Tienes presa a doña Blanca,
enojaste a Dios por ello,
que si tornas a quererla  45
darte ha Dios un heredero,
y si no, por cierto sepas
te vendrá desmán por ello;
serán malas las tus hijas
por tu culpa y mal gobierno,  50
y tu hermano don Enrique
te habrá de heredar el reino;
morirás a puñaladas,
tu casa será el infierno.
Todo esto recontado,  55
despareció el bulto negro.



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