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Sátira de los oficios

M.ª Pilar González-Conde



Se conserva en varios papiros del Imperio Nuevo, aunque se considera procedente del Primer Período Intermedio o del Imperio Medio. Un hombre llamado Kheti acompaña a su hijo Pepi a la Residencia para que entre como discípulo en la escuela de escribas. Por el camino le explica los inconvenientes de las diferentes profesiones, para establecer la diferencia con la situación social y profesional de los escribas. Escrito en clave satírica, proporciona sin embargo una visión de las condiciones de vida de cada uno de estos trabajadores, así como del creciente ascenso social de los funcionarios de la administración central, formados en la escuela de escribas.





«Comienzo de la instrucción que hizo un hombre de Silé llamado Dua-Hety para su hijo llamado Pepy, mientras marchaba al sur hacia la Residencia para situarlo en la escuela de los funcionarios y los más destacados de la Residencia.

Le dijo: "He visto a los que han sido apaleados. ¡Aplícate a los libros! He visto a los que fueron llamados al trabajo. Mira, nada hay mejor que los libros; son como un barco en el agua. Lee al final del Libro de Kemyt y encontrarás allí el proverbio que dice: 'Con relación al escriba en un puesto cualquiera de la Residencia, no sufrirá allí'. Ya que satisface las necesidades de otro, ¿cómo no va a terminar satisfecho? No he visto función comparable a ésta, de la que decirse puedan estas máximas. Voy a hacer que ames los escritos más que a tu madre; voy a presentar sus bondades ante ti. Es más grande que cualquier otra función; no existe en la tierra su igual. Cuando (aún no) es (más que) un niño, ya comienza a florecer. Se le saluda; es enviado para realizar misiones. Cuando (aún) no ha alcanzado (la edad) ya lleva faldellín (?). Nunca vi a un escultor como mensajero, ni que un orfebre fuera enviado.

He visto al herrero en su trabajo, a la boca de su horno. Sus dedos son como garras de cocodrilo, y apesta más que las huevas de pescado. El carpintero que esgrime la azuela está más fatigado que un campesino; su campo es la madera; su arado es la azuela; su trabajo no tiene fin. Hace más de lo que sus brazos pueden hacer. Aún durante la noche tiene la luz encendida. El joyero golpea con el cincel, sobre todo tipo de duras piedras. Cuando ha terminado de rellenar un Ojo, sus brazos están exhaustos, y se encuentra fatigado. Está sentado hasta la puesta de sol, con sus rodillas y espalda encorvadas.

El barbero está afeitando hasta el final de la tarde. Tiene que conducirse a sí mismo a la ciudad; tiene que llevarse a sí mismo a su esquina. Tiene que ir de calle en calle, buscando alguien a quien afeitar. Tiene que esforzar sus brazos para llenar su vientre, como la abeja, que come de acuerdo con lo que ha trabajado. El cortador de cañas ha de viajar al Delta para coger flechas. Después de haber hecho más de lo que sus brazos pueden hacer, los mosquitos lo han destrozado, las moscas lo han matado y ha quedado completamente rendido. El alfarero ya está bajo tierra, aunque aún entre los vivos. Escarba en el lodo más que los cerdos, para cocer sus cacharros. Sus vestidos están tiesos de barro, su cinturón está hecho jirones. El aire que entra en su nariz sale derecho del horno. Fabrica con sus pies un peso con el que él mismo es triturado. Cava el patio de todas las casas y vaga por los lugares públicos.

Te hablaré también del albañil. Sus lomos son un castigo. Aunque está en el exterior, al viento, construye sin (la protección de) un toldo. Su taparrabos es una cuerda entrelazada y un cordel en su trasero. Sus brazos están agotados por el esfuerzo, habiendo mezclado todo tipo de suciedad. Come pan con sus dedos, aunque se lava al mismo tiempo (?). También hay miseria para el carpintero... la habitación mide diez codos por seis. Pasa un mes después de que las vigas hayan sido puestas... Todo el trabajo está hecho, y el alimento que lleva a su casa no [es suficiente] para sus hijos.

El jardinero soporta un yugo; sus hombros están combados (como) por la vejez. Hay en su cuello una gran hinchazón, que está supurando. Por la mañana riega las plantas; pasa la tarde atendiendo a los vegetales, mientras que al mediodía se afana en el huerto. Él mismo trabaja hasta que muere, más que cualquier otra profesión. El campesino se lamenta más que una gallina pintada; su grito es más fuerte que (el de) los cuervos. Sus dedos están hinchados, y apestan tremendamente. Está débil, habiendo sido adscrito al Delta, hecho jirones. Está bien, si se está bien en medio de leones... Cuando alcanza por la noche su casa, la marcha lo ha agotado.

[...]

Mira, no hay una profesión que esté libre de director, excepto el escriba. Él es el jefe. Si conoces la escritura, te irá mejor que en las profesiones que te he presentado. Míralos en su miseria. Nadie dirá: "Un campesino y un hombre". Ten cuidado. Mira lo que he hecho viajando hacia la Residencia. Lo hice por amor a ti. Un (solo) día en la escuela te será beneficioso. Es (algo) para la eternidad; su trabajo es (como) piedra...

[...]

Mira, te he colocado en el camino del dios. La Rennenet del escriba está en sus hombros ya el día de su nacimiento. Llegará a la Sala del Consejo (como) uno ante quien los dioses se inclinan. Mira, no hay escriba que carezca de comida y de bienes de palacio (v.p.s.). Meshkenet es asignada al escriba; ella lo promociona en el consejo. Ruega a dios por tu padre y tu madre, que te han colocado en el camino de la vida. Atiende a estos (consejos) que he puesto ante ti, tus hijos y sus hijos..."».


(Versión de José Miguel Serrano Delgado, Textos para la historia antigua de Egipto, Madrid, Cátedra, 1993, pp. 221-224.)                






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