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Sonetos

Francisco de Aldana




ArribaAbajoDatos biográficos de Francisco de Aldana

Nace en Nápoles, Italia, en el año 1537.

Su familia pertenecía a la hidalguía extremeña.

Protegido por los Médicis, pasa su juventud en Florencia, Italia.

En 1553 inicia su carrera militar, tomando parte en el año 1557 en la célebre batalla de San Quintín.

En 1567, formando parte de la corte del Duque de Alba, participa en numerosas batallas en los Países Bajos.

Fue general en Flandes y alcalde de una fortaleza fronteriza en San Sebastián.

En 1578, es nombrado consejero militar del rey Don Sebastián de Portugal, desapareciendo ambos en el asalto a la plaza de Alcazarquivir.

Su hermano Cosme, también poeta, es el encargado de la publicación de sus obras, en dos volúmenes, el primero en Milán, en 1589, y el segundo en Madrid en el año 1591.

La poesía de Aldana fue muy elogiada por Cervantes y Quevedo, si bien no alcanzó la popularidad de todos estos poetas del Siglo de Oro.

En su época mereció el apelativo de «el Divino».

Muere en Alcazarquivir en el año 1578.








ArribaAbajo- I -


   «¿Cuál es la causa, mi Damón, que, estando
en la lucha de amor juntos, trabados
con lenguas, brazos, pies, y encadenados
cual vid que entre el jazmín se va enredando,

   y que el vital aliento ambos tomando  5
en nuestros labios, de chupar cansados,
en medio a tanto bien, somos forzados
llorar y suspirar de cuando en cuando?»

   «Amor, mi Filis bella, que allá dentro
nuestras almas juntó, quiere en su fragua  10
los cuerpos ajuntar también tan fuerte

   que, no pudiendo, como esponja el agua,
pasar del alma al dulce amado centro,
llora el velo mortal su avara suerte.»




ArribaAbajo- II -


   Mil veces digo, entre los brazos puesto
de Galatea, que es más que el sol de hermosa.
Luego ella, en dulce vista desdeñosa,
me dice: «Tirsis mío, no digas esto»

   Yo lo quiero jurar y ella, de presto,  5
tosa encendida de un color de rosa,
con un beso me impide y, presurosa,
busca atrapar mi boca con su gesto.

   Hágole blanda fuerza por soltarme
y ella me aprieta más y dice luego:  10
«No lo jures, mi bien, que yo te creo».

   Con esto, de tal fuerza a encadenarme
viene que Amor, presente al dulce juego,
hace suplir con obras mi deseo.




ArribaAbajo- III -


   «Solías tú, Galatea, tanto quererme
con un deseo tan vivo y tan ardiente
que, estando un solo punto de mi ausente,
de perdida temías luego perderme.

   Ahora, ya cruel, no puedes verme.  5
¿Cuál nueva sinrazón, cuál accidente,
nueva tigre cruel, nueva serpiente,
te hacen contra mí, sin defenderme?».

   Tirsis dijo esto, convertido en río,
y que riendo seguir: «El niño arquero  10
sabe, mi bien, cuán grave mal sostengo».

   Responde ella llorando: «¡Ay Tirsis mío,
si más que estos dos ojos no te quiero,
que pierda yo la luz que en ellos tengo!».




ArribaAbajo- IV -


   «¿Ya te vas, Tirsis?» «Ya me voy, luz mía.»
«¡Ay, muerte!» «¡Ay, Galatea, qué mortal ida!»
«Tirsis, mi bien, ¿do vas?» «Do la partida
halle el último fin de mi alegría.»

   «Luego ¿en saliendo el sol?» «Saliendo el día.»  5
«¿Te vas sin dilatar?» «Me voy sin vida.»
«¡Ay, Tirsis mío!» «¡Ay, gloria mía perdida!»
«¡Mi Tirsis!» «¡Galatea, mi estrella y guía!»

   «¿Quién tal podrá creer?» «No hay quien tal crea.»
«¡Oh, muerte!» «Acabaré yo mis enojos.»  10
«¡Ay, grave mal! ¡Ay, mal grave y profundo!»

   «Tirsis, adiós.» «Adiós, mi Galatea.»
«Tirsis, adiós.» «Adiós, luz de mis ojos.»
«¡Oh, lástima!» «¡Oh, piedad, sola en el mundo!»




ArribaAbajo- V -


   De sus hermosos ojos dulcemente
un tierno llanto Filis despedía,
que por el rostro amado parecía
claro y precioso aljófar transparente.

   En brazos de Damón, con baja frente,  5
triste, rendida, muerta, helada y fría,
estas palabras breves le decía,
creciendo a su llorar nueva corriente:

   «¡Oh, pecho duro!, ¡oh, alma dura y llena
de mil durezas!, ¿dónde vas huyendo?,  10
¿do vas con ala tan ligera y presta».

   Y él, soltando de llanto amarga vena,
de ella las dulces lágrimas bebiendo,
la besó... y sólo un ay fue su respuesta.




ArribaAbajo- VI -


   Por vuestros ojos juro, Elisa mía
-así con larga paz el cielo amigo
pueda volver de nuevo a ser testigo
de aquel morir, do vida se incluía-,

   que así cesó del monte el alegría  5
desque cesasteis vos de estar conmigo,
como va por nocturno y sin abrigo,
cuando alto siente, el causador del día.

   Y yo, por dar más fuerza a mi cuidado,
juré de siempre estar con baja frente  10
y a nunca ver mi cara me dispongo;

   tal que, si alguna vez traigo el ganado
para abrevarlo en clara y fresca fuente,
los ojos cierro y nuevo curso impongo.




ArribaAbajo- VII -


   Crudas y heladas ondas fugitivas
que de mi bien la calidad hurtasteis,
cuando el hermoso pie ledas bañasteis,
al mayor sol entre mil piedras vivas;

   así, tan alta suerte, ondas esquivas,  5
como ésta que mi luz visteis y amasteis,
nunca os dejé de honrar, pues le abrazasteis,
y siempre andéis de tal suceso altivas,

   que, si de nuevo aquí volviere y ella
pisare algún peñasco helado y frío,  10
muy paso le digáis de esta manera:

   «A ti misma te pisas, ninfa bella,
pues yo la yerba en mis riberas crío
y matas tú quien honra a mi ribera».




ArribaAbajo- VIII -


   Si nunca, del umbroso y cavo seno
saliendo con tu Flora mano a mano,
Céfiro, viste en monte, en prado, en llano,
gozar el campo de tu nombre lleno;

   desecha ya, por Dios, del mar Tirreno  5
-si tus orejas hiere el son humano-
un movimiento crudo y tan insano
que el Noto levantó por caso ajeno;

   hincha las blancas velas, con las ondas
menos hinchadas ya, del favorable  10
y dulce soplo do mi bien consiste.

   Razón es, Santo Dios, que al fin respondas,
pues mi plegaria, justa y miserable,
contiene la razón que en ella viste.




ArribaAbajo- IX -


   Cuál nunca osó mortal tan alto vuelo
subir o quién venció más su destino,
mi clara y nueva luz, mi sol divino,
que das y aumentas nuevo rayo al cielo,

   cuanto el que pudo en este bajo suelo  5
-¡oh, estrella amiga!, ¡oh, hado peregrino!-
los ojos contemplar, que, de contino,
engendran paz, quietud, guerra y recelo...,

   bien lo sé yo, que Amor, viéndome puesto
do no sube a mirar con mucha parte  10
olmo, pino, ciprés ni helado monte,

   de sus ligeras alas dióme presto
dos plumas y me dijo: «Amigo, guarte
del mal suceso de Ícaro o Faetonte».




ArribaAbajo- X -


   Alma Venus gentil, que al tierno arquero
hijo puedes llamar y el niño amado
madre puede llamarte, encadenado
al cuello alabastrino el brazo fiero;

   yo, tu siervo Damón, pobre cabrero,  5
más no pudiendo dar de mi ganado,
a tus aras y altar santo y sagrado
ofrezco el corazón de este cordero.

   En memoria del cual, benigna diosa,
por el amor te pido -y juntamente  10
pedirte quiero, Amor, por Venus tuya-

   que el pecho helado y frío de mi hermosa
pastora enciendas toda en llama ardiente,
tal que su curso enfrene y más no huya.




ArribaAbajo- XI -


   Así las ninfas del Sebeto ameno,
que envidia el Arno de su bien privado,
alma real, que al más dichoso estado
tienes de gozo y maravilla lleno,

   en algún verde, umbroso y fértil seno  5
de flores te coronen, tal que el prado
y el monte, entre las nubes levantado,
tu nombren vean y al cielo más sereno.

   Que escuches, nueva aurora, el nuevo intento
de mi zampoña rústica y subida  10
do no consiente y llega su destino...

   y me de tu valor tan alto aliento
que la beldad, al siglo tan crecida,
vaya por mi volando al polo austrino.




ArribaAbajo- XII -


   ¿Quién podrá sin un ay del alma enviado,
sin lágrimas echar de ciento en ciento,
sin tanto suspirar que pueda el viento
las ondas contrastar del mar airado?

   ¿Quién podrá, digo, ¡ay miserable hado!,  5
sin dar de si tan alto sentimiento,
las dudas declarar de aquel tormento
que oprimir nuestras almas no ha dudado?

   Juntos llorar, mi Frónimo, el ausencia
de mi sol y tu luz ya nos conviene  10
más que alma de infernal peso afligida,

   que si consiste en sola la presencia
nuestro vivir de quien sin él nos tiene
ausente, ¿quién sabrá qué cosa es vida?




ArribaAbajo- XIII -


   Galanio, tú sabrás que esotro día,
bien lejos de la choza y el ganado,
en pacífico sueño transportado
quedé junto a una haya alta y sombría,

   cuando -¿quién tal pensó?- Flérida mía,  5
traída allí de amigo y cortés hado,
llegóse y un abrazo enamorado
me dio, cual otro ahora tomaría.

   No desperté, que el respirado aliento
de ella en mi boca entró suave y puro  10
y allá en el alma o del caso aviso,

   la cual, sin su corpóreo impedimento,
por aquel paso en que me vi te juro
que el bien casi sintió del Paraíso.




ArribaAbajo- XIV -


   Hase movido, dama, una pasión,
entre Venus, Amor y la Natura,
sobre vuestra hermosísima figura,
en la cual todos tres tienen razón.

   Buscan quien les absuelva esta cuestión,  5
con viva diligencia y suma cura,
y es tan alta, tan honda y tan oscura,
que no hay quien darle pueda solución.

   Ponen estas querellas contra vos:
Venus, que le usurpáis su sacrificio;  10
Amor, que no lo conocéis por dios;

   Natura dice -y jura por su oficio-
que de vuestra impresión nunca hizo dos
y que ingrata le sois del beneficio.




ArribaAbajo- XV -


   Es tanto el bien que derramó en mi seno,
piadoso de mi mal, vuestro cuidado,
que nunca fue, tras mal, bien tan preciado
como este tal, por mí, de bien tan lleno.

   Mal, que este bien causó, jamás ajeno  5
sea de mí ni de mí quede apartado;
antes, del cuerpo al alma trasladado,
se reserve de muerte un mal tan bueno.

   Más paréceme ver que el mortal velo,
no consintiendo al mal nuevo aposento,  10
lo guarda allá en su centro el más profundo.

   Sea, pues, así: que el cuerpo acá en el suelo
posea su mal y, al postrimero aliento,
gócelo el alma y pase a nuevo mundo.




ArribaAbajo- XVI -


   Juro, Escobar, por aquel lazo eterno,
nudo de amor, que entre los dos ha dado
tras discreta elección fuerza de hado,
en cuya luz la vuestra amo y discierno,

   que ya que -ya del amoroso infierno  5
el fugitivo pie libre he sacado
y en puerto de salud llevó el cuidado
áspero temporal de helado invierno-,

   hecha su redención, vuelve a su gloria
el alma, adonde por oficio tiene  10
perpetuar la risa de su llanto,

   muera Filis, malvada en mi memoria.
Mas, ay, triste de mí, ¿de dónde viene
nombre tan duro enternecerme tanto?




ArribaAbajo- XVII -


   Junto a su Venus, tierna y bella, estaba
todo orgulloso Marte, horrible y fiero,
cubierto de un templado y fino acero
que un claro espejo al sol de sí formaba;

   y, mientras ella atenta en él notaba  5
sangre y furor, con rostro lastimero,
un beso encarecido al gran guerrero
fijó en la frente y de él toda colgaba.

   Del precioso coral tan blando efeto
salió que al fiero dios del duro asunto  10
hizo olvidar con nuevo, ardiente celo.

   ¡Oh, fuerza extraña!, ¡oh, gran poder secreto,
que puede un solo beso en solo un punto
los dioses aplacar, dar ley al cielo!




ArribaAbajo- XVIII -


   «Pues cabe tanto en vos del bien del cielo
que en vuestros ojos hay de su alegría,
cese el tiempo dolor, señora mía,
que os da la privación de un mortal velo;

   aquel que amasteis tanto acá en el suelo  5
goza la luz do nunca muere el día,
cuya clara visión no convendría
mostrar, que oscureció vuestro consuelo».

   Esto yo dije y respondióme luego
ella: «Revuelve amor con llama presta  10
los extremos y el medio en un instante;

   yo gozo al resplandor del santo fuego
y peno al vivo ardor». ¡Ved qué repuesta,
digna que de los ángeles se cante!




ArribaAbajo- XIX -


   ¡Oh, mano convertida en duro hielo,
turbadora mortal de mi alegría,
pudiste, mano, oscurecer mi día,
turbar mi paz, robar su luz al cielo!

   El rubio dios que nos alumbra el suelo  5
corre con más placer que antes solía,
cubierta viendo a quien su luz vencía
de un mal causado, indigno y turbio velo.

   Goza, envidiosa luz, goza de aquesto,
goza de aqueste daño, ¡oh, luz avara!,  10
¡oh, luz, ante mi luz, breve y escasa!;

   que aún pienso ver -y créeme, luz- muy presto
cual antes a mi luz serena y clara...
y entonces me dirás, luz, lo que pasa.




ArribaAbajo- XX -


   Tremò la terra intorno e pianser le acque,
sospirò l´aria, il foco se estesso arse;
quasi un Febo novel Cinthia comparse,
colmo d`alto stupor Mercurio tacque,

   rise la bella dea che nel mar nacque,  5
lampeggiò il Sol, giocondo Marte apparse,
nè il pigro men Saturno si compiacque;

   fermòssi il firmamento ochiuto e bello,
le stelle si inchinar, la belle veste
del cielo cristallin tutta si aprío;  10

   di sé lo Impireo fé trono e scabello
e a veder corse ogni anima celeste...
quando Lucrezia ascese in grembo a Dio.




ArribaAbajo- XXI -


   Ben grand'avria cagion l'alto dolore,
che delle spoglie altrui sen'va si altiero,
per dolce triegua al duro mio pensiero
farmi, e gl'anni menar con piú liet'ore,

   poi che pur dianzi, egli di sè maggiore  5
essendo, all'apparir del tosco Omero,
come de'rai solar'nostro emispero,
si vesti el cor'd'un chiaro e nuovo albore;

   ma poco giova, ahime!, ch'ad or'ad ora
convien che gli occhi dela mente gira  10
ove è la da, culi gis fu anilla Flora;

   il mio di voi si degno acquisto fora,
presente lei, qual degl'eterni giri
è quel che, per mio mal, si godon'ora.




ArribaAbajo- XXII -


   Nuevo cielo mudar Niso quería
hacia los rayos de su luz primera,
cuando lloroso y triste a la ribera
de Arno Damón, su amigo, le decía:

   «Sabe el cielo, pastor, si juzgaría  5
por menor mal perder hato y ternera
y nunca ver sabrosa primavera,
antes que ausente verte el alma mía.

   Tus años goces, Niso, y, sin cuidados
que descubran en ti vario accidente,  10
vivas alegre, venturoso y sano».

   Esto dijo Damón, cuando abrazados
los pechos se bañaron juntamente,
diciendo: «Adiós, amigo», «Adiós, hermano».




ArribaAbajo- XXIII -


   Cual sin arrimo vid; cual planta umbrosa,
viuda del ruiseñor que antes solía
con dulce canto, al parecer del día,
invocar de Titón la blanca esposa;

   cual navecilla en noche tenebrosa,  5
do el gobierno faltó que la regía;
cual caminante que perdió su guía
en selva oscura, horrible y tenebrosa;

   cual nube de mil vientos combatida;
cual ave que atajó la red su vuelo;  10
cual siervo fugitivo y cautivado;

   cual de peso infernal alma afligida;
o cual quedó tras el diluvio el suelo...;
tal quedé yo sin vos, hermano amado.




ArribaAbajo- XXIV -


   Comunica su luz desde su altura
el gran planeta acusador de Marte,
con tal porción, tal providencia y arte,
que vive i goza de ello la natura;

   mas del inmenso ardor la luz tan pura,  5
cuando el orbe inferior más se reparte,
más de sí mismo da a sí mismo parte
y, en sí, la reflexión más se apresura.

   Tal tú, mi nuevo Apolo, el ser perfeto
cobrando yo a tu luz, que así a menudo  10
de mi vivir la estambre va tejiendo,

   el rayo reverbera en mí, sujeto
de tu alabanza, y quedo ciego y mudo,
por bien celeste, un mal sufriendo.




ArribaAbajo- XXV -


   No por Apolo y Marte un nuevo Marte
eres o un nuevo Apolo, mas Apolo
y Marte por ti son, pues de ti sólo
una y otra deidad reciben parte.

   ¿Quién luego dejará de consagrarte,  5
por cuanto ciñe el mar y alcanza Eolo,
su espada y lira -¡oh, luz de nuestro polo-
y en mil arcos de gloria levantarte?

   Gonzalo felicísimo, recibe
este cayado en don y esta mi flauta  10
y con ellos la vida juntamente,

   porque si voluntad blanda concibe
en ti -¡qué mayor bien?- mi musa incauta,
mi musa sonará de gente en gente.




ArribaAbajo-XXVI -


Al retrato de Gabriel Lasso de la Vega publicado en La Mexicana de Lasso en 1594


   Tú, que el furor francés cantar pudieras
como de quien alcanzas parte tanta,
por ser Felipe rama de la planta
de las flores de lisas verdearas

   y del héroe francés que sus banderas  5
-junto de Santulona- y torre planta,
¡cómo esto callas y tu musa canta
los españoles hechos tan de veras?

   Tu propia causa dejas, de prudente,
y no era de dejar la del Salado,  10
que dio a los Lasos dos perpetuo nombre,

   ni el hecho entre los hechos excelente
del letrero glorioso, restaurado
por otro Laso digno de renombre.




ArribaAbajo- XXVII - 1


   Aunque a la alta región de la alegría
subió quien os la daba aquí en el suelo,
ved cuánto puede un puro y santo celo
en amorosa y santa compañía:

   que un a pesar de muerte helada y fría,  5
podadora cruel del frágil velo,
siempre os sigue Victoria desde el Cielo
y a vuestro nombre da perpetuo día.




ArribaAbajo- XXVIII -


   Puso el Señor del cielo en vuestra cara
tanto de lo admirable y peregrino
que el mundo fuera acá de vos indino,
si por señora de él no os criara.

   En veros, la razón distinta y clara  5
se ve, que, fue decreto alto y divino
reina ser vos del Ártico al Astrino
...y mucho más si el Sol más rodeara.

   Nunca llegó deseo ni pensamiento
a descubrir de vista el bien que ahora,  10
Ana real, goza por vos el suelo;

   tanto que el estrellado firmamento
al suelo envidia y más querría la Aurora
ser nuestra luz que del que alumbra el cielo.




ArribaAbajo- XXIX -


   Desde la eternidad, antes que el cielo
amaneciese al mundo el primer día,
nombrado -¡oh, gran Felipe!- Dios te había
por rey universal de todo el suelo;

   y así como esparció con tanto celo  5
Bautista la venida del Mesía,
así ahora Juan de un polo al otro envía,
tras su fama inmortal, tu cetro al vuelo.

   Ha seis mil años casi que camina
el mundo con el tiempo a consagrarte  10
la grey diversa, reducida en una.

   ¡Oh, cómo en ti paró la edad más dina,
bien dignamente, y va tras tu estandarte
la gente, el mundo, el tiempo y la fortuna!




ArribaAbajo- XXX -


   Otro aquí no se ve que, frente a frente,
animoso escuadrón moverse guerra,
sangriento humor teñir la verde tierra
y, tras honroso fin, correr la gente;

   éste es el dulce son que acá se siente:  5
«¡España, Santiago, cierra, cierra!»,
y por suave olor, que el aire aterra,
humo de azufre dar con llama ardiente;

   el gusto envuelto va tras corrompida
agua y el tacto sólo palpa y halla  10
duro trofeo de acero ensangrentado,

   hueso en astilla, en él carne molida,
despedazado arnés, rasgada malla...:
¡oh, sólo de hombres digno y noble estado!




ArribaAbajo- XXXI -


   Dichoso monte en cuya altiva frente,
de pinos y altas hayas coronada,
hizo el santo varón nido y morada,
que la pobreza amó tan ricamente;

   aire cual nuevo sol resplandeciente  5
que diste al serafín fácil entrada,
por do fue de las llagas trasladada
la imagen del Señor Omnipotente.

   ¡Oh!, del eterno amor nunca tan visto
amado amante, pues unión tan alta  10
salió del Hacedor con su hechura;

   que lo que en él causó mi culpa y falta,
en vos, alma especial, nos muestra Cristo
ser privilegio y don, ser gracia pura.




ArribaAbajo- XXXII -


   Hermosa más que el Sol, antes nacida
que el Sol y al antes mismo delantera,
pues Madre fuiste, antes que el tiempo fuera,
del que a los tiempo dio principio y vida.

   ¡Oh, de la luz de Dios reina vestida,  5
do en carnes se abrevió perecedera
El que después, cual centro de su esfera,
salió sin de ella ser línea ofendida!

   Pluma no veo que tanto el vuelo rija
que llegue a Ti, de Dios Hija hermosa,  10
única esposa y madre de tu Padre.

   Alabe el Sumo Amor la Madre Esposa,
alaba el Hijo Dios la Esposa hija
y alabe el Padre Dios la Hija Madre.




ArribaAbajo- XXXIII -


   ¡Oh, del inmenso ser concebidora,
después de quien sois vos la más subida,
antes del tiempo amada y conocida
de la mente inmortal que os enamora!

   ¡Oh, dichosa la edad, bendita el hora  5
-flor de belleza en Jericó nacida-
que en vos, por nuestro bien, quedó escondida
la encarnada verdad que el alma adora!

   Reina eres de los coros celestiales,
risa del serafín, gozo del mundo,  10
sol de la inmensa luz del Paraíso,

   honra, puerto y salud de los mortales,
terror, castigo y pena del profundo,
criada en Dios, de quien nacer El quiso.




ArribaAbajo- XXXIV -


   Templo, que larga edad fuiste ofrecido
al réprobo señor de la inclemencia,
do entró después por alta providencia,
so la especie de pan, Dios escondido,

   si el mauritano bárbaro atrevido,  5
que tanta paz te dio, noble apariencia,
hiciera como tú la diferencia
de posesión, ¡cuán bien le hubiera sido!

   Mira que Dios, para sí sólo habiendo
el edificio angélico formado,  10
cayó gran parte del al bajo centro;

   y tú, de un hombre vil fábrica siendo,
hecha para demonios, te ha mudado
de infierno en cielo Aquel que escondes dentro.




ArribaAbajo- XXXV -


   Yace en esta que veis cava cubierta
un cuerpo de valor tan soberano
que, cuando muerte en él puso la mano,
de la vida mayor fue muerte muerta.

   Rompiendo el alma está la baja puerta  5
do habita el desleal ángel tirano,
dejando para el bien ultramundano
otra de libertad gloriosa abierta.

   Cuando murió, cayo Naturaleza
sobre sí misma, en torno le lloraron  10
los cielos, que de luto se cubrieron;

   las piedras trasladaron su dureza
en el pecho del hombre y de él tomaron
la razón del dolor con que se abrieron.




ArribaAbajo- XXXVI -


   Sacrosanta, inmortal fuente que sales
de Dios, de quien manaste eternamente,
cuya lleneza es tal que, siendo fuente
de Dios, el mismo Dios eres y vales;

   redentora verdad, que a los mortales  5
-¡oh, bien dichoso aquel que bien te siente!-
tu cuerpo das, velado en accidente
de pan, restaurador de nuestros males.

   Señor, pues ya se encubre el mortal velo
la luz que en alto ardor de fe se mira,  10
que es proporción igual con tu gran llama

   -¡Oh, Palabra de Dios bajada al suelo!-,
sube la mía do estás, tu luz inspira
a quien por fe te busca, adora y ama.




ArribaAbajo- XXXVII -


   De otros tantos, gran Dios, cielos y estrellas,
con cuanta allá luz y virtud se encierra
de otro Sol, Luna, fuego, aire, agua y tierra,
con cuanto obráis acá vos, ellos y ellas.

   deudor os soy -¡oh, deudas, que entendellas  5
no puede el ser mortal, pues frágil yerra!-
y al mismo os debo a quien, en paz y en guerra,
disteis el cetro y la diadema de ellas;

   deudor, mi sumo bien -¿qué digo o hago?-
deudor os soy del precio noble y alto  10
de la sangre filial -¡oh, inmenso abismo!-.

   Pues ¿qué dará quien tanto os debe en pago?
Doy lo que soy por vos y, en lo que falto,
pague vuestro saber de sí a sí mismo.




ArribaAbajo- XXXVIII -


   Señor, que allá de la estrellada cumbre
todo lo ves en un presente eterno,
mira tu hechura en mí, que al ciego infierno
la lleva su terrena pesadumbre.

   Eterno Sol, ya la encendida lumbre  5
do esté mi alegre abril, florido y tierno,
muere y ver pienso al más nevado invierno
más verde la raíz de su costumbre.

   En mí tu imagen mira -¡oh, Rey Divino!-
con ojos de piedad, que al dulce encuentro  10
del rayo celestial verás volvella;

   que, a verse como vidrio cristalino,
la imagen mira el que se espeja dentro
y está, en su vista de él, su mirar de ella.




ArribaAbajo- XXXIX -


   ¡Oh, indigno de la vida acá en el suelo!,
¡oh, del propio vivir ciego homicida!,
¿quién al Supremo Autor de toda vida
no aspira con vital y ardiente celo?

   Si vuestra humanidad vive en el cielo,  5
colma de gloria, al verbo eterno unida,
como a su esfera en Dios puesta y subida,
do no sube el mortal, caduco velo;

   si los rayos del Sol tiran al alto
las nubes y una estrella el duro acero,  10
tocado a piedra imán, llama y aplica;

   ¿cómo a tu Sol y Dios, Hombre y Cordero,
hombre, no vas con presto y fácil salto,
pues nuestra en sí natura glorifica?




ArribaAbajo- XL -


   Si al Sumo Amor, la voluntad divina,
entre el Padre eternal y el Hijo eterno,
antes del tiempo, allá en su abismo interno,
forma en única esencia unidad trina;

   si amado está por orden más vecina  5
a Dios, el serafín, luciente y tierno,
y arde el empíreo al más nevado invierno
do más alto lugar se le destina;

   si al Sol nos muestra el Rey del Paraíso
en medio a los planetas colocado  10
y el fuego en la región tan junta al cielo;

   siendo fuego el amor, mostrarnos quiso
que tiene cerca del más alto grado
quien con alas de amor más alza el vuelo.




ArribaAbajo- XLI -


   Clara fuente de luz, nuevo y hermoso,
rico de luminarias, patrio cielo;
casa de la verdad, sin sombra o velo;
de inteligencias ledo, alma reposo;

   ¡oh, cómo allá te estás cuerpo glorioso,  5
tan lejos del mortal, caduco velo,
casi un Argos divino, alzado a vuelo,
de nuestro humano error, libre y piadoso!

   ¡Oh, patria amada!, a ti suspira y llora
esta, en su cárcel, alma peregrina,  10
llevada errando de uno en otro instante.

   Esa cierta beldad que me enamora
suerte y razón me otorgue tan benina
que, do sube el amor, llegue el amante.




ArribaAbajo- XLII -


   Mil veces callo que romper deseo
el cielo a gritos y otras tantas tiento
dar a mi lengua voz y movimiento
que en silencio mortal yacer la veo;

   anda, cual velocísimo correo  5
por dentro el alma, el suelto pensamiento
con alto y, de dolor, lloroso acento,
casi en sombra de muerte un nuevo Orfeo.

   No halla la memoria o la esperanza
rastro de imagen dulce o deleitable  10
con que la voluntad viva segura;

   cuanto en mí hallo es maldición que alcanza,
muerte que tarda, llanto inconsolable,
desdén del cielo, error de la ventura.




ArribaAbajo- XLIII -


   ¡Ay!, que considerar el bajo punto
del estado mortal al alma hiere,
mas del tal peso alienta y la requiere
alta contemplación de su trasunto.

   Pero, con esto, el Gran Rector conjunto  5
aquel tributo contrapuesto infiere
do, no con celo tanto, el bien se quiere
cuanto a la humana parte el mal va junto.

   No sé si, al sostener la fatigosa
vida, fuera mejor falso juicio,  10
con que el dolor se engaña y no se siente,

   o si sentir en todo toda cosa,
con tal daño del alma y perjuicio,
es más alivio a la pasión doliente.




ArribaAbajo- XLIV -


   El ímpetu cruel de mi destino
¡cómo me arroja miserablemente
de tierra en tierra, de una en otra gente,
cerrando a mi quietud siempre el camino!

   ¡Oh!, si tras tanto mal grave y contino,  5
roto su velo mísero y doliente,
el alma con un vuelo diligente
volviese a la región de donde vino,

   iríame por el cielo en compañía
del alma de algún caro y dulce amigo,  10
con quien hice común acá mi suerte.

   ¿Qué gran montón de cosas le diría,
cuáles y cuántas, sin tener castigo
de fortuna, de amor, de tiempo y muerte!




Arriba- XLV -


   En fin, en fin, tras tanto andar muriendo,
tras tanto variar vida y destino,
tras tanto de uno en otro desatino
pensar todo apretar nada cogiendo,

   tras tanto acá y allá yendo y viniendo,  5
cual sin aliento inútil peregrino
-¡oh, Dios!-, tras tanto error del buen camino,
yo mismo de mi mal ministro siendo...,

   hallo, en fin, que ser muerto en la memoria
del mundo es lo mejor que en él se esconde,  10
pues es la paga de él muerte y olvido,

   y en un rincón vivir con la victoria
de sí, puesto el querer tan sólo adonde
es premio el mismo Dios de lo servido.




 
 
FIN DE LOS SONETOS DE FRANCISCO DE ALDANA
 
 


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