Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Sonetos
A Dafne ya los brazos le crecían,
A la entrada de un valle, en un desierto,
Amor, amor, un hábito vestí,
Boscán, las armas y el furor de Marte,
Boscán, vengado estáis, con mengua mía,
Clarísimo Marqués, en quien derrama
Como la tierna madre que el doliente
Con ansia extrema de mirar qué tiene
Con tal fuerza y vigor son concertados
Cuando me paro a contemplar mi estado,
De aquella vista pura y excelente
Dentro de mi alma fue de mí engendrado
Echado está por tierra el fundamento
En fin, a vuestras manos he venido
En tanto que de rosa y azucena
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
Estoy continuo en lágrimas bañado,
Gracias al cielo doy que ya del cuello
Hermosas ninfas, que en el río metidas
Ilustre honor del nombre de Cardona
Julio, después que me partí llorando
La mar en medio y tierras he dejado
Mario, el ingrato amor como testigo
Mi lengua va por do el dolor la guía;
No las francesas armas odiosas,
No pierda más quien ha tanto perdido;
¡Oh dulces prendas por mí mal halladas,
¡Oh hado ejecutivo en mis dolores,
Pasando el mar Leandro el animoso,
Pensando que el camino iba derecho,
Por ásperos caminos he llegado
Señora mía, si de vos yo ausente
Si a vuestra voluntad yo soy de cera,
Si para refrenar este deseo
Si quejas y lamentos pueden tanto,
Siento el dolor menguarme poco a poco,
Sospechas que, en mis triste fantasía
Un rato se levanta mi esperanza.
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