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De El testimonio vengado




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Acto I, REINA


ArribaAbajo   Jamás me diste, amor, algún contento
que no le contrastasen mil dolores;
sujetos siempre están tus amadores,
por pequeño favor, a un gran tormento.

   ¿Qué pudo ser, amor, tu pensamiento  5
cuando me colocaste en los amores
de don Sancho y me dabas los favores
a medida de mi merecimiento.

   Sino subirme a aquella dulce gloria
para privarme de ella de esta suerte,  10
pues me privas del Rey, luz por quien veo?

   Que cuando esto me viene a la memoria,
a la terrible y espantosa muerte
suplico de mi vida haga trofeo.




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Acto II, RAMIRO


ArribaAbajo   ¡Ay, dulce libertad! ¡Cuán caro muestras,
ahora que de mí te has desterrado,
aquel contento del antiguo estado,
reliquias tristes de las glorias nuestras!

   ¡Ah suertes, al glorioso bien siniestras!  5
¡Cuánto tenéis vuestro rigor probado!
¡Triste de aquel a quien ha puesto el hado,
planetas fieros, en las manos vuestras!

   Viéndome, amor, sin armas, me rendiste;
lo que en otro es traición, en ti es victoria  10
mayor, por ti me abraso y me consumo.

   ¡Ay, bella soledad, que un tiempo fuiste
sol del sentido y luz de la memoria,
y ahora de este fuego eres el humo!




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Acto III, REINA


ArribaAbajo   Leña del sacrificio riguroso
de esta culpada víctima inocente,
que de mi llanto apagas la gran fuente
y no el rigor de mi engañado esposo.

   Padre, sacrificaba, aunque piadoso,  5
al santo Isaac; aquí es tan diferente,
que el hijo sacrifica, o lo consiente,
la madre, a quien negó el amor forzoso.

   Pero la fe, que siempre firme estuvo
en ese gran poder dice que espere,  10
sin temer que mi sangre se derrame;

   que Dios, que el brazo de Abraham detuvo,
si es que probar en esto mi fe quiere,
mejor tendrá la espada a un hijo infame.




De El tirano castigado




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Acto II, LAUDOMIA


ArribaAbajo   Al que roba en el monte, y en poblado
la hacienda quita, y el vivir falsea;
al que el mar como pirata pasea;
al blasfemo o sacrílego en sagrado;

   al traidor a su rey, al deslenguado,  5
aunque en las honras más guardadas sea,
al adúltero amante, al que desea
por malos medios el ajeno estado;

   a los malos maestros y jueces,
a los que tienen la lealtad perdida  10
al cruel, al avaro, y al que miente;

   a todos suele el cielo muchas veces
reservar el castigo en la otra vida,
y en esta siempre al hijo inobediente.




De El triunfo de la Iglesia




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TOMÁS


ArribaAbajo   Yo Carlos, por mi parte descendiente
de los emperadores alemanes
y de reyes y santos capitanes,
por mi madre en España y de ella ausente,

   confieso un Dios, confieso juntamente  5
todo lo que la Iglesia santa adora;
mis pasados entonces, y yo ahora,
en una fe y unión eternamente;

   declaro que es Lutero infiel, y digo
que le mando salir de mis estados  10
como artífice hereje y enemigo,

   y así os suplico, oh príncipes amados,
ensalcemos la fe con su castigo
y seremos de Dios remunerados.




De El último godo




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Jornada III, PELAYO


ArribaAbajo   España bella, que de Hispán te llamas,
y del lucero con que nace el día,
el tronco de los godos fenecía
si no quedaran estas pobres ramas;

   ves aquí el Fénix de sus muertas llamas,  5
que nuevas alas de su incendio cría,
para que ocupes con la historia mía
versos y prosas, lengua y plumas, famas:

   Yo soy Pelayo, España; yo la piedra
que te he quedado; sola en esta vuelve  10
a hacer tus torres que no ofenda al rayo,

   las que de sangre vestiré de hiedra;
que, puesto que Rodrigo se resuelve,
de sus cenizas nacerá Pelayo.




De El valeroso catalán




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Jornada I, LOTARIO


ArribaAbajo   Vi por mi mal, tus ojos, Isabela;
pues habiendo de ser señora mía,
mi noche opuse a tu sereno día,
que alumbra el alma y la razón desvela.

   Puse del fuerte la lealtad en vela  5
cuando los rayos de tu sol temía;
fue el daño guarda, y el temor espía,
muro el respeto, y el peligro espuela.

   Pero ¿qué me valió? Que me venciste,
siendo traidor al cielo, ¡ah!, Enrique ingrato!  10
Pues en su nombre de Alemania vengo.

   Y al fin a tal estado me trajiste,
que eso tengo de vida, que dilato
pedir remedio del dolor que tengo.




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Jornada III, ENRIQUE


ArribaAbajo   Con imposible gloria amor me exhorta;
gozar la quiere el tiempo, honor la niega;
huye la majestad, el gusto llega;
¿Si voy? No voy. ¿Qué importa? Mucho importa.

   ¿Qué me detiene? La distancia es corta,  5
el daño alumbra y el deleite ciega;
en esta confusión y dura brega,
el bien me incita y la razón reporta.

   Crece el deseo y el peligro para,
y en tanto mal no hay bien que se me ofrezca,  10
sino es ir a mirar cara tan cara.

   Ella será quien hable o enmudezca;
pero si me aconsejo con su cara,
¿quién duda que en sus brazos amanezca?




- 986 -


Jornada III, ISABELA


ArribaAbajo   Fuese, que es hombre, y despreciado olvida;
déjome, en fin, que el hombre más honrado
procura su venganza despreciado,
sin que el valor de ser quien es le impida.

   Perdí las esperanzas de la vida,  5
y tú la honra, catalán, vengado;
que no es honor de amante, ni soldado,
querer vengarse de mujer rendida.

   ¿De qué sirvió, español, desengañarme?
que cuanto más cruel tu amor me llama,  10
mayor gloria ganaras en librarme.

   Mátame, envidia, el tiempo te difama;
mira lo que aventuras en dejarme,
que yo pierdo la vida, y tú la fama.




De El valiente Céspedes




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Acto II, TEODORA


ArribaAbajo   Quien rinde tantos hombres con la espada,
muros asalta, y bárbaros conquista,
que mucho que cautive con la vista
una mujer segura y descuidada?

   Ya voy, amor, al carro de oro atada,  5
sin que a tus armas mi desdén resista,
soldado soy de tu amorosa lista,
aventurera, pero no pagada.

   Si pones este triunfo entre laureles
de tu cabeza, o Céspedes gallardo,  10
afrentarás los hechos que honrar sueles.

   Pero por qué rendida me acobardo,
que nunca los valientes son crueles?
Tú eres valiente, luego vida aguardo.




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Acto II, MENDO


ArribaAbajo   Invención de algún Ángel, y no bueno,
que no es posible que de ingenio humano;
nube que en el Invierno y el Verano
escupe rayos con horrendo trueno.

   Más veloz, con ser plomo, que el veneno,  5
y más resuelto que el poder tirano,
arma valiente de cobarde mano,
saco de muertes y desgracias lleno.

   Imitación de aquél caballo Griego,
reloj que la postrera hora señalas,  10
boca de maldiciente, ruido y fuego:

   Pero basta decir de ti que igualas
a los que cuanto hacen dicen luego,
pues das mil voces al tirar las balas.




- 989 -


Acto III, CÉSPEDES


ArribaAbajo   Nací en España, el Reino de Toledo,
me dio la luz del cielo más templado,
sangre noble me dio un abuelo honrado,
y un padre a quien el mayorazgo heredo.

   El cielo aquestas fuerzas con que puedo  5
tener un carro, y un molino airado,
di muerte a Pero Trillo, fui soldado,
y nunca a fuego y hierro tuve miedo.

   Rompí del Albis los deshechos hielos,
Carlos y el de Alba a mi valor se inclinan,  10
di a Italia envidia, y a Alemania celos.

   Rompí, vencí, maté cuantos me indignan,
y una pasión de amor, unos ojuelos,
me prenden, matan vencen y afeminan.




De El valor de las mujeres




- 990 -


Acto III, VARIOS


LUCINDO

ArribaAbajo   Pues Marqués, yo me parto en busca suya,
vuelva mi gente al mar, y el Duque advierta
que ya es su hijo el Conde, y que sin esto
será bueno tenerle por amigo.

FINEO

   No es tiempo de traer a la memoria  5
del Conde la prisión; parte, Lucindo,
en busca de tu hermano, que yo quiero
dar vuelta con mi gente a mis estados.

LUCINDO

   Guárdeme el cielo y logre tus deseos,
que el Conde y yo quedamos obligados,  10
Marqués, a tu servicio eternamente.

FINEO

   Lucindo, adiós.

LUCRECIA

Embárquese mi gente,
acosta lanchas, llega presto a tierra,
gran bien, sin armas, acabar la guerra.




De El vaquero de Moraña




- 991 -


Acto III, MARINA


ArribaAbajo   En ausencia de Antón, dulce vaquero
de este alma que le adora, monte y prado,
mientras que va a la guerra a ser soldado,
guardo el ganado y de perdida muero.

   Fu Reina de León, y el hado fiero  5
trajo mi vida a tan humilde estado;
que como es amor bien empleado,
la pena es gloria por el bien que espero.

   Duras montañas de Ávila, que ahora
guardo la ausencia del esposo mío,  10
las hierbas alegrad, la noche pasa.

   Presto vendrá mi sol, pues como aurora,
mis lágrimas os sirvan de rocío,
mas ¡ay! que aquél os crece y éste abrasa.




De El vellocino de oro




- 992 -


HELENIA


ArribaAbajo   Hiedras que, de estos álamos esposas,
a un hielo frío enseñaréis amores,
y viendo a vuestros pies crecer las flores,
con más amor los abrazáis celosas.

   ¿Qué sienten vuestras almas amorosas  5
cuando las viste Abril de sus colores,
pues llegan a tener competidores,
por celos hiedras, por amores rosas?

   Yo, viendo que les dais tantos abrazos,
mis locas esperanzas aventuro,  10
porque no hay posesión sin firmes brazos.

   Vuestros amores imitar procuro,
porque quien tienen el bien con menos lazos,
¿cómo puede pensar que está seguro?




- 993 -


FINEO


ArribaAbajo   ¿A qué puede llegar mi desventura,
pues no me queda sombra de esperanza?
Pero si no lo fue, ¿de qué mudanza
puedo quejarme a quien mi mal procura?

   La muerte, por lo menos, me asegura  5
que sola el fin de mi desdicha alcanza;
mas tener en la muerte confianza,
afrenta la piedad y la hermosura.

   No despiertan mis celos tu osadía;
que ya te daba amor dulces desvelos,  10
tirana ingrata de la vida mía.

   Mas quien quiere al temor correr los velos,
y amar con libertad lo que tenía,
da por disculpa que el piden celos.




De El vencido vencedor




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Jornada III, LA INFANTA


ArribaAbajo   ¡Oh, amado sin igual tormento! ¡Oh dura,
oh dulce sujeción del albedrío!
A una imaginación, a un desvarío,
a una ciega pasión, a una locura

   de la esperanza apenas la figura  5
alcanzo a ver, y sin volar confío
y un bien siguiendo incierto me desvío
de remediar tan cierta desventura.

   No tengo culpa yo que soy llevada
de una violenta mano, a cuyos fueros  10
la razón prueba a resistir en vano;

   bien que no soy en esto muy forzada;
yo con mis pies, don Juan, fuera a quereros,
cuando no me llevara aquella mano.




De Ello dirá




- 995 -


Acto III, FEDERICO


ArribaAbajo   ¿Estáis contentos de mi engaño, engaños?
¿Hay más en que os engañe el pensamiento?
No lo estamos, Amor, que no hay contento
adonde viven tantos desengaños.

   Pensé que mis temores a mis daños  5
pusieran fin con tanto sufrimiento;
como esas esperanzas lleva el viento
y en flores suelen mal lograr los años

   Diréis que en pretender no he sido cuerdo,
pues engañaba la esperanza mía,  10
que de un solo favor jamás me acuerdo.

   Pero, ¿qué mayor dicha ser podía,
pues por lo menos la esperanza pierdo,
que es el mayor contrario que tenía?




- 996 -


Acto III, TEODORO


ArribaAbajo   Dichosa la nación, pues la ha tenido
el mundo alguna vez, y aun tiene ahora,
que no sabe qué es honra ni atesora
campos de viento que sepulta olvido.

   Muy noble es el honor cuando, adquirido  5
de armas o letras, los blasones dora,
y más aquel que la virtud decora;
más no el que en la mujer fundado ha sido.

   No blasones, honor, de tus guirnaldas
ni te corones más la indigna frente  10
de zafiros, diamantes y esmeraldas;

   pues eres una cosa, finalmente,
que puede una mujer a las espaldas
de un hombre, deshacer tan fácilmente




De Fiestas del glorioso San Isidro




- 997 -


ArribaAbajo   Esta del cielo imitación sagrada,
de la curiosidad limpio desvelo,
este prado de flores en el cielo,
enigma de su fábrica dorada.

   Este huerto pensil, esta colgada  5
primavera, que hurtó su signo al suelo
obra fue de Menores, cuyo celo
con atreverse al cielo, a Dios agrada.

   No los menores de la fiesta fueron,
supuesto que Menores se llamaron,  10
pues el cielo gigantes emprendieron.

   Pero de tal manera le adornaron,
que como de su esfera no cayeron,
parece que la gracia confirmaron.




De Fuenteovejuna




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Acto III, LAURENCIA


ArribaAbajo   Amando, recelar daño en lo amado,
nueva pena de amor se considera;
que quien en lo que ama daño espera,
aumenta en el temor nuevo cuidado.

   El firme pensamiento desvelado,  5
si le aflige el temor, fácil e altera;
que no es a firme fe pena ligera
ver llevar el temor al bien robado.

   Mi esposo adoró; la ocasión que veo
al temor de su daño me condena,  10
si no le ayuda la felice suerte.

   Al bien suyo se inclina mi deseo;
si está presente, está cierta mi pena;
si está en ausencia, está cierta mi muerte.




De Guardar y guardarse




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Acto I, FÉLIX


ArribaAbajo   Sin mí he quedado, ¡oh bella labradora!
Más que de campos, de almas y de enojos,
noche, porque te fuiste de mis ojos;
tú eres el día, y anochecer ahora.

   ¡Qué extraña confusión! Fuese mi aurora  5
sembrando lirios y claveles rojos;
si sombras de la noche son despojos,
monte, mi sol, vuestros celajes dora.

   Con más tormento que las aves lloro
la ausencia de la luz, que en sombra fría  10
no deja de volver indicios de oro.

   Que ciando el sol se parte, ¡ay pena mía!
otro día promete, y el que adoro
no me deja esperanza de otro día.




- 1000 -


Acto II, ALMIRANTE


ArribaAbajo   Arma nacida en el infierno horrible;
imitación del rayo, envidia al trueno;
del acero más rígido, barreno;
humo sutil, planeta imperceptible.

   De los cobardes, invención posible;  5
breve reloj de desconciertos lleno;
fácil rigor, afrenta del veneno,
colérica venganza, horror terrible.

   Dime, ingenio mortal, ¿dime quimeras?
¿Eres tú, acaso, quien me muerte trata?  10
¿Eres el premio que mi amor espera?

   ¡Oh, breve infierno que el mayor retrata,
con que matan un hombre como fiera,
siendo más fiera quien contigo mata!




- 1001 -


Acto II, ELVIRA


ArribaAbajo   ¿Quién pensara que amor se me atreviera,
sin que yo le venciera y despreciara?
Mas si no fuera yo, ¿quién no pensara
que amor tan fácilmente me venciera?

   De amor me resistí la vez primera,  5
que quiso acometerme cara a cara;
mas cuando vino con traición tan clara,
¿qué importaba que yo me resistiera?

   A la causa fatal de mis enojos
miré, y oí requiebros atrevidos,  10
y rendí los sentidos por despojos.

   ¿Mas que culpa tuvieron mis sentidos,
si amor fingió que entraba por los ojos
y después me mató por los oídos?




De Guerras de amor y de honor




- 1002 -


Jornada III, CELINDA


ArribaAbajo   Junta las piedras amoroso el trato,
y los pechos aquí permite apenas;
quiere amor descansar de tantas penas
y tócanle las armas a rebato

   Vestido el santo honor de su recato  5
tiene las manos de laureles llenas,
y abrasada la sangre por las venas
llama el amor de este mi dueño ingrato.

   ¿Por qué me deja quien me tiene asida
y soy de quien yo adoro despreciada?  10
Y si me quiere bien, ¿por qué me olvida?

   Si el honor se descuida, amor se enfada;
que más quiero vivir aborrecida
que bien querida para mal gozada.




De La historia de Tobías




- 1003 -


Acto II, RAFAEL


ArribaAbajo   ¡Oh, cuánto debe a la bondad divina
el hombre, pues le pone en tal cuidado,
pues aun airado del primer pecado,
el grave oído a su oración inclina!

   Mientras venir al mundo determina  5
su santo Verbo, a quien está postrado
el Serafín en gracia confirmado,
que en el crisol de Dios el oro afina.

   Regala el pueblo de quien carne espera
tomar por bien del hombre el dulce día  10
que baje a donde por librarle muera.

   ¿Qué más clara piedad, pues hoy me envía
para que al hombre, cuando errar pudiera,
le sirva un ángel de defensa y guía?




- 1004 -


Acto III, BATO


ArribaAbajo   ¡Oh, pues, qué linda cosa el casamiento
para forzar con él a un hombre el gusto!
Que aun hecho con el gusto, al más a gusto,
algún azar impide su contento.

   Llamaron al casar melón, que al tiento,  5
al olfato, a la vista, viene al justo;
pero puesto el cuchillo de un disgusto,
descubre la corteza el pensamiento.

   Cuál está muy maduro, cuál muy duro,
cuál no tiene sabor, y cuál amarga;  10
cuál, probado una vez, no está seguro,

   cuál lleno de pepitas, de hijos carga.
¡Dichoso quien le halló sabroso y puro,
de corta lengua y de paciencia larga!




- 1005 -


Acto III, BATO


ArribaAbajo   ¡Amor, Amor, yo quedo de esta vez
desengañado y de tu guerra en paz!
Si fuese el desengaño pertinaz,
mala soga me parta por la nuez.

   ¿De qué sirve un peón en tu ajedrez  5
para ganar tus damas incapaz,
ni esperanzas de pollos en agraz,
si por ajos suspira el almirez?

   Tasajos como yo, que no perdiz:
ya no gasto herraduras de tu coz,  10
si piensas que es mi estómago avestruz;

   en los pechos estás como lombriz,
áspid en lengua, ruiseñor en voz,
buey en el yugo y ciervo en el testuz.




De Juan de Dios y Antón Martín




- 1006 -


Acto I, JUAN


ArribaAbajo   Si no bastan aquestos desengaños,
¿qué bastara, Señor del cielo y tierra?
¡Juan, no más guerra, pues la guerra encierra
tantos peligros y notables daños!

   Trujéronme del mundo los engaños,  5
de un verde prado y una blanca sierra,
a las sangrientas armas, a la guerra,
en lo mejor de mis floridos años.

   Vi al cuello el lazo, y vi salir el alba
al ponérseme el sol en la temida  10
noche en que dio su luz el Duque de Alba.

   Volvamos a la patria agradecida;
esta vida es de Dios; pues Dios la salva,
ofrezcamos a Dios la misma vida.




De Las Justas de Tebas y reina de las Amazonas




- 1007 -


Acto II, EMBAJADOR


ArribaAbajo   En ánimo, Señor, de tiernas damas
es justo y piadoso el sentimiento.
Sabe el excelso Júpiter que tengo
deseo que a tu corte insigne llegue,

   mi buen señor y príncipe Lotaro,  5
para que, como tengo confianza
en el supremo coro de los dioses,
llevando la victoria que merece,

   le des el premio que le tienes dado;
para que goce la divina Infanta,  10
sus verdes años con igual esposo,

   la cual espero que será muy presto,
según espero de esta carta suya
que ahora poco ha me dio un correo.




De La adversa fortuna de don Bernardo de Cabrera




- 1008 -


Jornada II, EL REY


ArribaAbajo   Vengo por vos y así será imposible
volver solo a palacio. A Dios se sirve
en gobernar en paz una República
y en defender en guerra una corona.

   También tiene su mérito un soldado;  5
el ministro y señor también se salva.
No puede un rey estar sin un privado,
que Dios también (lo tuvo) en otros tiempos,

   dígalo Job, Moisés y Juan y Pedro,
y los reyes humanos le han tenido:  10
Trajano, Eneas, Jerjes y Darío,

   Ambrosio, Efestión, Licinio, Acates.
En vos puse mi amor y mi privanza;
don Bernardo, no es bien haya mudanza.




De La amistad y obligación




- 1009 -


Acto II, LEONARDA


ArribaAbajo   Enamorado está mi pensamiento
de sí mismo, juzgándose empleado
en los mayores méritos que han dado
los Cielos a mortal merecimiento.

   Ya vence mi temor mi atrevimiento,  5
que amor, de la disculpa confiado
está de no tener determinado
los accidentes, si perderme intento.

   Cuán suave cosa es la esperanza
de un bien de amor, que lo sustenta firme,  10
en tanto que el dichoso efecto alcanza.

   Bien puede la fortuna perseguirme,
que harán los Cielos de su ser mudanza
primero que yo pueda arrepentirme.




- 1010 -


ArribaAbajo   Pensamiento de amor mal empleado,
adónde conducís mis desatinos?
en la tierra por ásperos caminos,
y en el Cielo por temple siempre helado.

   El pájaro celeste, descansado  5
yace en verdes laureles, o altos Pinos,
vosotros por los aires peregrinos
no halláis descanso a mi mortal cuidado.

   Quéjase en la prisión de su enemigo
el cautivo de Argel a quien parezco,  10
el triste, el preso, el noble amigo.

   Yo sola en tanto mal como padezco,
no me puedo quejar sino es conmigo,
no puedo remediarme y enmudezco.




- 1011 -


Acto II, LEONARDA


ArribaAbajo   Veranse haciendo verde Primaveras
las nubes de colores revestidas,
las flores en el Cielo, y desasidas
las luces fijas de tu eterna Esfera.

   El Sol en la mitad de tu carrera  5
las ruedas detendrá de oro vestidas,
y a cuantas cosas hoy infunde vidas
hará volver la confusión primera.

   Verase el carro celestial sin guarda,
y desclavado de su cerco oblicuo,  10
andar la Luna perezosa, y tarda:

   Amado un pobre, y despreciado un rico,
antes que de don Félix sea Leonarda,
y que deje de ser de Federico.




De La Arcadia




- 1012 -


Acto II, ANARDA


ArribaAbajo   Acaben hoy mis locas esperanzas
de darme con inútiles intentos
plumas para las alas de los vientos;
que alguna vez son cuerdas las mudanzas.

   No quiero yo tan necias confianzas,  5
que entretengan mis locos pensamientos;
que para castigar atrevimientos
da licencia el amor a las venganzas.

   Parécense los celos al infierno
en que castigan con eternos daños  10
al mismo que es su rey y su gobierno.

   Hijos sois de mi amor, no sois extraños,
celos, porque tenéis en fuego eterno
la verde primavera de mis años.




- 1013 -


Acto II, ANARDA (lee)


ArribaAbajo   No hay que esperar, Olimpo, de mi vida
otro gusto mayor que aborrecerte
mi alma; es imposible ya quererte:
la firme voluntad está rendida.

   Estoy del grande amor reconocida  5
de Anfriso; no hay que hablar hasta la muerte;
primero la veré, que se concierte
extraño amor; que quiero y soy querida.

   Necio será si intenta perseguirme
(que en conocer el bien no soy tan ruda)  10
quien quiere de sus lazos dividirme.

   Yo quiero a Anfriso; no mi amor se muda
en ti; no hay que esperar de fe tan firme.
Esto confieso, en lo demás soy muda.




- 1014 -


Acto II, BELISARDA


ArribaAbajo   ¡Qué bien un sabio, celos, os pintaba
en la forma de un hombre que corría
sobre llamas de fuego, en quien ponía
los pies como quien fuego al fin pisaba!

   Y que luego que a un campo se acercaba,  5
todo de nieve rigurosa y fría,
las llamas de aquel fuego sacudía
y entre la blanca nieve descansaba.

   Así me siento yo para que pruebe
este rigor, castigo de los cielos,  10
con forzoso dolor, con paso breve.

   Yo voy pasando el fuego de los celos:
¡Oh, si llegase al campo de la nieve,
templando tanto amor en tantos hielos!




De La Arcadia




- 1015 -


OLIMPIO


ArribaAbajo   No queda más lustroso y cristalino
por altas sierras el arroyo helado,
ni está más negro el ébano labrado,
ni más azul la flor del verde lino.

   Más rubio el oro que de Oriente vino,  5
ni más puro lascivo y regalado
espira olor el ámbar estimado,
ni está en la concha el carmesí más fino.

   Que frente, cejas, ojos y cabellos,
aliento y boca de mi Ninfa bella,  10
angélica figura en vista humana.

   Que puesto que ella se parece a ellos,
vivos están allí, muertos sin ella,
cristal, ébano, lino, oro, ámbar, grana.




- 1016 -


Libro II, ANFISO


ArribaAbajo   Excelsas torres y famosos muros,
cerca antigua, lujosos capiteles,
ocultos sotos, que jamás pinceles,
supieron retratar vuestros oscuros.

   Líquidas aguas y cristales puros,  5
dignos de Zeus y el divino Apeles,
hermosas plantas, célebres laureles,
de todo tiempo y tempestad seguros.

   A Dios prendas, que un tiempo de la gloria,
que pensando en no veros se me acorta,  10
fuiste, cual sois ahora de mis daños.

   Vivid mientras viviere en mi memoria,
si ya la Parca en el partir no corta
el tierno tronco de mis verdes años.




- 1017 -14


Libro II, DANTEO


ArribaAbajo   Esparcido el cabello por la espalda
que fue del sol desprecio y maravilla,
Silvia cogía por la verde orilla
del mar de Cádiz conchas en su falda.

   El agua, entre el hinojo de esmeralda,  5
para que entrase, más el curso humilla;
tejió de mimbre una alta canastilla
y púsola en su frente por guirnalda.

   Mas cuando ya desamparó la playa,
«Mal haya, dijo, el agua, que, tan poca,  10
con su sal me abrasó pies y vestidos.»

   Yo estaba cerca y respondí: «Mal haya
la sal que tiene tu graciosa boca
que así tiene abrasados mis sentidos.»




- 1018 -


Al sepulcro de don Gonzalo Girón


ArribaAbajo   Aquí yace el espanto y maravilla
del mundo, aquel Girón claro, excelente,
del conde don Rodrigo descendiente,
y doña Sancha Infanta de Castilla.

   Aquel que con la cruz de su cuchilla  5
entre el Moro Andaluz resplandeciente,
fue nuevo Cid de la Africana gente,
que desde el Tajo hasta el Genil humilla.

   Aquí yace el Maestre de Santiago,
que a España de un Girón dejó vestida  10
de gloria y honra que inmortal se llama.

   El que haciendo en los Moros duro estrago,
dio el alma al cielo, y en Moclín la vida,
a Osuna gloria, y a su nombre fama.




- 1019 -


Libro II


Al sepulcro del Marqués de Santa Cruz


ArribaAbajo   Aunque de roble y de laurel no enrames,
España, este sagrado mauseolo,
Si no de lienzos que combata Eolo,
velas, bastardos, gavias y velames.

   Aunque César marítimo le llames,  5
y en vez de Dafne, la que adora Apolo,
sus nobles sienes ciña coral solo
a pesar de la envidia y odio infames.

   De ningún Capitán de tierra debes
honrarte más, que del Bazán famoso,  10
Crucígero Neptuno, Marte Hispano.

   Llora, que le perdiste en años breves,
pues era con su brazo belicoso
Argos de nuestra Fe, Jasón Cristiano.




- 1020 -


Libro II


Al sepulcro del Duque de Alba


ArribaAbajo   No es esta del invicto Marco Albano
la quinta esfera, que a la quinta admira,
que yo por otra eclíptica el sol mira
del Alba suya el centro soberano.

   Sólo yacen aquí espada y mano,  5
por quien España huérfana suspira,
y la ceniza, en que la vida espira
del más famoso Capitán Cristiano.

   Aquí la grande y la inferior Germania,
el Portugués, el Franco, el Moro, el Belga,  10
y todos al sepulcro muestran miedo.

   Aquí delante del león de Albania
la envidia misma sus despojos cuelga,
y humilla el suyo al nombre de Toledo.




- 1021 -


Libro II, BELISARDA


ArribaAbajo   De verdes mantos las cortezas cubre
el matizado Abril de aquestas plantas,
de varias flores y de frutas tantas
Mayo vistoso la sazón descubre.

   Junio, que de la tierra nada encubre,  5
la frente ciñe con espigas santas,
y por las vides con mojadas plantas
negros racimos el desnudo Octubre.

   Compónese de flores el manzano,
que puso el labrador en confianza,  10
que espere a tiempo fértiles despojos.

   Todo lo que sembró trabajo humano,
rinde su fruto al fin, y la esperanza
tras tantos años me produce enojos.




- 1022 -


Libro II, BRASILDO


ArribaAbajo   Merezca yo de tus graciosos ojos,
que de los míos, dulce Thyrsi, creas
aquestas puras lágrimas, y seas
templado en el rigor de tus enojos.

   La arena y hierba en áspides y abrojos  5
se me convierta, cuando tú me veas
mis plantas ocupar en obras feas,
o por necesidad, o por antojos.

   Fálteme el bien, y el mal me venga junto,
si en el mudar mi firme pensamiento,  10
engaño contra ti mi pecho fragua.

   Esto juraba Alcida, Thyrsi al punto,
hizo de aquella fe testigo al viento,
y escribió las palabras en el agua.




- 1023 -


Libro II, CELSO


ArribaAbajo   Si la grana del labio Celia mueve,
ámbar parece que su olor respira,
cesa el jazmín, y allí la envidia admira
las perlas, que entre rosa y cristal llueve.

   ¿Qué vid en olmo, o flor del sol se atreve  5
a competir con lo que enlaza y mira?
la voz es de Ángel; la aura si suspira,
como azahar de Abril su aliento bebe.

   Puede ser sol, si le faltara al cielo,
con una luz tan viva y amorosa,  10
que el alma y los sentidos tiene en calma.

   Finalmente se ven cubrir de un velo
grana, ámbar, jazmín, perla, cristal, rosa
vid, flor, voz, aura Abril, sol, luz, cielo, alma.




- 1024 -


Libro II, ENARETO


ArribaAbajo   Ya no es amor el atrevido arquero
que pintan de mortal saeta armado,
el dios desnudo y el rapaz vendado,
blando a la vista, y a la mano fiero.

   Ya no es Alarbe cazador ligero,  5
ni el hierro tira en áspides bañado,
ni es Etna ardiente, ni Moncayo helado,
ni viento de la mar, ni sol de Hebrero.

   ¿O qué blando es amor que de una caña
ha hecho un arco y pasador que tira,  10
y la cuerda de un hilo sin sospecha?

   Ya ni los cuerpos, ni las almas daña,
mas juega como niño, burla y mira,
y mata pajarillos con su flecha.




- 1025 -


Libro III, ALCINO


A las memorias de Leonisa


ArribaAbajo   Cuando memorias sin azul me dieran,
pudieran ser de glorias y consuelos,
¿pero quién no dirá que son de celos,
si el oro cubren, y en lo azul esperan?

   Alegres de oro las memorias fueran,  5
faltando estos esmaltes de recelos,
que cuando azules vuelvo a ver los cielos,
con ser quien son mi pensamiento alteran.

   O celosas memorias, que en miraros
el corazón las fuerzas desanima;  10
mejor fuera perderos que ganaros.

   Hurtado habéis la condición que estima
el resplandor de aquellos ojos claros,
si alegra el oro, y el azul lastima.




- 1026 -


Libro III, ANFISO


A la gargantilla de Anarda


ArribaAbajo   Si en una argolla atados los más fieros
y bravos animales Africanos,
columna blanca, con sus negras manos
procuran de mis ojos defenderos.

   No sin mucho peligro podré veros  5
sustentar esos cielos soberanos,
sino los tiene ya blandos y humanos
el miedo de enojaros y ofenderos.

   De más precio sois vos, columna hermosa,
que el vellocino y las manzanas de oro,  10
pues estáis más guardada y defendida.

   Pero si el mármol ablandáis piadosa,
para Jasón de su real tesoro
ofrezco más lealtad, y menos vida.




- 1027 -


Libro III, ENARETO


Al cuchillo de Julia


ArribaAbajo   La mano, cuyo sois, si con vos diera,
cuchillo, el golpe y la amorosa herida,
hallárase burlada, y de corrida,
menos desdén, y más amor tuviera.

   Porque apenas con vos la herida hiciera,  5
cuando en lugar de muerte diera vida,
viendo la muerte a su pesar vencida
antídoto y veneno en esta fiera.

   Corta en agraz mis esperanzas verdes,
pues para mis verdades apercibes  10
en vez de galardón rigor tan fiero.

   Y tú, pues que me matas y me pierdes,
si ya resuelta de matarme vives,
basta la voluntad, sobra el acero.




De La batalla del honor




- 1028 -


Acto III, BLANCA


ArribaAbajo   Blando sueño amoroso, dulce sueño
cubre mis ojos, porque vaya a verte,
o ya como la imagen de la muerte,
o porque viva en término pequeño,

   con imaginaciones me despeño  5
a tanta pena y a dolor tan fuerte,
que sólo mi descanso es ofrecerte
estos sentidos de quien eres dueño:

   Ven sueño, y envuelto en Aurora masa
a entretener mi mal, a suspenderme,  10
pues en tus brazos su rigor amansa.

   Ven sueño a remediarme y defenderme,
que un triste cuando sueña que descansa,
por lo menos descansa mientras duerme.




De La bella Aurora




- 1029 -


Acto III, AURORA


ArribaAbajo   Ay de mis pensamientos mal logrados,
ay de mis esperanzas mal nacidas,
un año vanamente entretenidas
en contentos de amor siempre engañados.

   Arroje de mis brazos despreciados  5
un hombre que me cuesta tantas vidas;
y vuelven a dar sangre las heridas
viendo mi amor los celos declarados.

   Mientras quien llora agravios no procura
ver la ocasión, en duda se defiende,  10
y del bien que merece se asegura.

   Pero si el alma ve que quien la ofende;
goza de mayor gracia y hermosura,
y dale el guito y el amor se enciende.




- 1030 -


Acto III, FELICIO


ArribaAbajo   O mal, que cielo dio para castigo,
de quien vivir con libertad pretende!
no digo amor, que amor a nadie ofende?
celos iba a decir, agravios digo.

   Pero si celos son con un testigo,  5
que amor de la sospecha se defiende,
pues una sola vida y alma enciende
a quejarme de ti, dulce enemigo.

   Dice mi amor, que deje los desvelos,
con que a engañarme la sospecha viene  10
entre seguridades y recelos.

   Y como en esta duda se entretiene,
voy a quererte y tiénenme los celos,
voy a olvidarte, y el amor me tiene.




De La boda entre dos maridos




- 1031 -


Acto I, LAURO


ArribaAbajo   Amor, de Salamanca me has traído,
donde estudiaba leyes, leyes justas,
cuya alma es la razón, pero aquí gustas
que estudie leyes, que jamás lo han sido.

   Si la razón le niegas al sentido,  5
bárbaras son, y por extremo injustas,
pues si con los principios me disgustas,
que fin espero de estudiar perdido?

   Tu ley es no tenerla, y tu firmeza,
que jamás de mi ser y honor me acuerde,  10
tu estudio, el daño, el ocio, y la flaqueza.

   No me desgrado, que tu borla verde,
es señal que florece la cabeza,
pero que el seso las raíces pierde.




De La buena guarda o La encomienda bien guardada




- 1032 -


Acto I, FÉLIX


ArribaAbajo   ¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con vergüenza he respondido,
denudo como Adán, aunque vestido
de las hojas del árbol del pecado!

   Seguí mil veces vuestro pie sagrado,  5
fácil de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas, atrevido,
al mismo precio en que me habéis comprado.

   Besos de paz os di para venderos;
pero si fugitivos de su dueño,  10
hierran cuando los hallan los esclavos,

   hoy que vuelvo con lágrimas a veros,
clavadme vos a vos en vuestro leño,
y tendreisme seguro con tres clavos.




- 1033 -


Acto III, DOÑA CLARA


ArribaAbajo   Divino vencedor, de amor vencido,
con túnica de sangre y con diadema,
donde escribió la Majestad suprema
el nombre que vos solo habéis leído;

   Cordero asado en cruz, el pecho herido,  5
para que exhale el fuego en que se quema,
en cuya herida amor con hostia y nema
firmó la carta al hombre redimido;

   ¡quién se alistara, capitán benigno,
debajo de esa cruz, bandera santa,  10
imperio que en sus hombros se enarbola!

   Cordero de Sión, si fuera digno
mi pecho de ofreceros la garganta,
yo os siguiera con palma y con estola.




De La burgalesa de Lerma




- 1034 -


Acto III, CLAVELA


ArribaAbajo   Hermosas aguas, puras, cristalinas,
que dais al cuerpo de estas fuentes venas
y hasta que os levantáis de perlas llenas
buscáis su centro por secretas minas.

   Plantas que hacéis con esmeraldas finas  5
para seguridad verdes almenas
de fruto, que entre ramas siempre amenas
os hace con el arte peregrinas.

   Oíd mis quejas, pero no conviene
quejarse un triste a libres arroyuelos,  10
ni a un árbol verde quien celoso viene.

   Oígame el Cielo en sus azules velos,
pues por los celos, que de él nombre tiene,
dicen que el cielo se vistió de celos.




- 1035 -


Acto III, FLORELO


ArribaAbajo   Alegres flores que con varias tintas
pintó Naturaleza soberana
y al claro aparecer de la mañana
de la verde prisión salís distintas.

   Fértiles campos, apacibles quintas,  5
gloria del sol, envidia de Diana,
cuando la aurora con su nieve y grana
sale tocada de diversas cintas.

   Si es triste condición amor con miedo,
decidlo ahora que la noche fría  10
quiere bañaros de su oscuro enredo.

   Mas ¡ay de mí! que esperaréis el día
en que os alegre el sol y yo no puedo,
que toda es noche al esperanza mía.




- 1036 -


Acto III, DON FÉLIX


ArribaAbajo   Entré por laberintos tan extraños
adonde tengo puestos los deseos,
que todos los remedios son rodeos
y todos los consejos son engaños.

   Quieren, para salir de tantos daños,  5
ser el ingenio y la razón Teseos;
mas no se alabarán de sus trofeos,
pues no ha podido el curso de los años.

   Amor, que en las costumbres se transforma
por ellos viene a ser naturaleza  10
que, como cuerpo, al alma se conforma.

   Cegome el resplandor de tu belleza;
ave de noche soy, y estoy de forma,
que no quiero más luz que mi tristeza.




De La campana de Aragón




- 1037 -


Acto III, LEONARDO


ArribaAbajo   Divina fuente perenal, de donde
proviene cuanto bien el hombre tiene,
supuesto que aunque ve que de vos viene,
ingrato a vuestras obras corresponde.

   Las maravillas que ese pecho esconde,  5
las partes y grandezas que contiene,
al hombre, al ángel en pensar detiene
lo que sólo de vos, a vos responde.

   Ramiro estaba aquí lejos del mundo;
llamole el mundo allá; mas no bastara  10
sin vuestra voluntad con lazos varios.

   Hacedle, gran Señor, David segundo;
que si vuestro poder el suyo ampara,
vencerá con paciencia sus contrarios.




- 1038 -


Acto III, DOÑA ELVIRA


ArribaAbajo   Tierra, que para ser de mí cavada,
por ser tan seca, dura y no rompida,
con razón de mi llanto humedecida,
mejor que de tu cielo estás regada;

   si aquella prenda de mi alma amada  5
estuviera presente endurecida,
presumo que quedara enternecida
a menos golpes de mi tosca azada.

   Si en las piedras las lágrimas se imprimen,
piedras adoro; pero están ausentes,  10
¿qué importan que mis ojos se lastimen?

   Ásperos montes, a mi mal presentes,
¿cómo os podrán mover cuando se animen,
si el mar es poco y son mis ojos fuentes?




De La carbonera




- 1039 -


Jornada III, LEONOR


ArribaAbajo   Cuidados de mi amor, ¿quién os anima
en tal desconfianza? El mismo engaño.
¿No ven que la esperanza es mayor daño?
No hay daño en quien la vida desestima.

   ¿Quieres que un rey con el furor me oprima,  5
hermano en sangre, en la crueldad extraño?
¡La muerte es el postrero desengaño!
¡Oh Amor! ¿Qué fuerza habrá que te reprima?

   ¡Yo no quiero llorar mi desventura,
sino la muerte prevenir las manos,  10
aunque parezca pensamiento loco;

   que si en la vida, que tampoco dura,
es la muerte el mayor de los tiranos,
tiranos vence quien la tiene en poco!




De La Circuncisión y sangría de Cristo




- 1040 -


LACAYO


ArribaAbajo   Soy gentil, aunque no soy gentilhombre;
pícame amor en Roma, aquí me muerde;
quiere que en Roma duerma, aquí recuerde,
y que olvide mi fama y mi renombre.

   Soy lacayo de oficio y propio nombre,  5
mas por serlo, mi amor muy poco pierde;
a Cirino negué ser pisaverde,
pero nadie se espante ni se asombre.

   Pienso de aquesta vez enjudiarme,
y en lugar de esperar a este Dios nuevo,  10
si se me da lugar, enamorarme.

   Que es la mujer el lazo, amor, el cebo,
y si una vez acabo de encebarme,
soy judío y romano a sangre y fuego.




De La gran columna fogosa, San Basilio Magno




- 1041 -


POSIDONIO


ArribaAbajo   Arrió a tus puertas llama: abre tus puertas,
divino templo del Bautista santo,
que si por la verdad padezco tanto,
bien es que a la verdad estén abiertas.

   De cerrojos y láminas cubiertas,  5
y fundadas en firme y duro canto,
con mis palabras solas hoy levanto
en fe de ser mis opiniones ciertas.

   El César está aquí, puertas, abríos:
Bautista, el César llama, y no con fuerza,  10
sino con sólo la opinión que sigue,

   haced a Dios lugar, mármoles fríos,
hoy que nuestra verdad el cielo esfuerza,
porque hasta un mármol la verdad obligue.




- 1042 -


BASILIO


ArribaAbajo   Puertas, como se abrió la cárcel fuerte
al santo Pedro encadenado en vano,
y el pan en cuatro partes a la mano
de Cristo, en que Cleofás quién era advierte;

   como el sepulcro en que espantó a la muerte,  5
saliendo de él con triunfo soberano,
y el reino horrendo de Luzbel tirano,
quedad abiertas de la misma suerte;

   puertas, a la mentira resistíos;
a la verdad abríos; que yo llego  10
con el nombre de Aquel que entró por otras;

   abridlas luego, ¡oh, príncipes! Abríos,
¡Oh, puertas perdurables, porque luego
entre el Rey de la gloria por vosotras!




- 1043 -


PATRICIO


ArribaAbajo   Oscura noche, capa de traidores,
máscara de la luz del claro día,
centro de la cruel melancolía,
tercera de secretos y de amores;

   aumento de las quejas y dolores,  5
cueva de pensamientos, donde cría
la enamorada o triste fantasía
del parto de su pena los errores;

   cuán bien sabe que en malos pasos ando,
pues por vuestras tinieblas me gobierno,  10
y voy al día el claro rostro hurtando;

   mirad lo que ha podido un amor tierno;
que al cielo con mis lágrimas cansado,
vengo a moved las puertas del infierno.




- 1044 -


BASILIO


ArribaAbajo   Divina fuente, celestial, perenne,
de donde mana gracia, gloria y vida;
divina humanidad al Verbo unida,
que el alto Serafín a sus pies tiene.

   Pastor, no de las fuentes de Hipocrene,  5
sino de vuestra gracia esclarecida,
una ovejuela mísera perdida,
suelta del lobo, en vuestra busca viene:

   robola del rebaño que me distes,
y pasola a su monte por la barca  10
de su lascivia al pasto que es vedado:

   oíd, Dios mío, sus balidos tristes;
que no podéis negar que trae la marca
del costado, que tanto os ha costado.




De La corona de Hungría y la injusta venganza




- 1045 -


Acto III, LEONOR


ArribaAbajo   Corona, ilustre luz, baña y colora
de nueva planta el horizonte ufano;
bajen tus rayos de la cumbre al llano,
que ya te espera en sus alfombras Flora.

   Desciende, sol, a tu querida aurora;  5
encrespa, enriza con dorada mano
la blanca nieve a su cabello cano,
bebe sus perlas y sus nubes dora.

   Aliña el carro de oro, date prisa;
tú mismo tu presteza desafía  10
y por signos y estrellas atraviesa.

   Báñame el alma en gozo y alegría,
pues ya la noche de mis males cesa
y de mis bienes amanece el día.




De La corona merecida




- 1046 -


Acto II, LEONOR


ArribaAbajo   Amor, amor, porqué te llaman gloria,
siendo forzoso, amando el más querido
vivir con celos, y temer olvido
afrentoso blasón de tu victoria?

   Entras a los principios de tu historia  5
con dulcísimos pasos al sentido,
mas el estilo del hablar perdido
a la mitad ofendes la memoria.

   O que duro capítulo los celos,
y aquel imaginar ajenos gustos,  10
quitando a la verdad confusos velos.

   Y si te han de temer, justos o injustos,
vuélvete amor tus gustos a tus cielos,
que no quiero tu bien por tus disgustos.




- 1047 -


Acto III, EL REY DON ALFONSO


ArribaAbajo   Quién es amor? infierno de la vida,
de quién nace? del ciego pensamiento,
de quién vive? el favor es su alimento,
qué fuerza tiene? hasta en el alma asida:

   Da muerte amor? amor es homicida.  5
da vida amor? mezclada con tormento,
dónde asiste? en el ciego entendimiento,
pues algo tiene amor? gloria fingida.

   Qué tiene bueno amor algún secreto,
todo lo vence amor, Griegos, y Godos,  10
nadie se escapa el mundo está sujeto.

   Con qué engañas amor? de varios modos,
o amor vuelve por ti, dime a qué efeto?
Todos te infaman y te buscan todos.




- 1048 -


Acto III, EL REY DON ALFONSO


ArribaAbajo   Hay cosa que se iguale en las pasiones,
de un hombre al fin humano, a que este punto
que sientes hoy mi alma, te pregunto,
después de tantas penas y ocasiones?

   Ya llega el fin de tantas pretensiones  5
que me tuvieron sin morir difunto,
pero aunque es de la guerra, amor trasunto,
más valen que las armas las traiciones.

   Vencí, victoria, la ciudad es mía,
ya se canta la paz, la guerra cesa,  10
y suspende el furor la artillería.

   Mas con todo confieso que me pesa,
aunque llegó de mi victoria el día
haber vencido por traición la empresa.




De La cortesía de España




- 1049 -


Acto I, MARCELO


ArribaAbajo   Quien no sabe del bien del casamiento
no diga que en la tierra hay gloria alguna,
que la mujer más necia e importuna
la vence el buen estilo y tratamiento.

   Trasladar a los brazos soñolientos  5
un hijo en bendición desde la cuna
es la más rica y próspera fortuna
que puede descansar el pensamiento.

   Necedad es sembrar tierras ajenas;
conoce el pajarillo el huevo extraño,  10
y el amante engañado el hijo apenas.

   Oígame aquel que se llamare a engaño.
Los hombres hacen las mujeres buenas,
y sólo por su culpa viene el daño.




- 1050 -


Acto I, CLAUDIO


ArribaAbajo   Traidor fue Paris por la bella Elena;
Aquiles, por Briseyda la Greciana;
por Medea, Jasón; por la Tebana
Marfissa, Apolo, y Jove amó a Alcumena.

   Hércules español robó a Pirena;  5
Rómulo, a Hersilia; a Andrómaca Troyana,
Pirro, y Teseo el que burló a Ariana,
y un rey hubo traidor por Filomena.

   Muchos, o por la industria o por la espada
(que no hay traición que por amor asombre)  10
hallaron fin a su esperanza honrada.

   Que de cuantas traiciones tiene nombre,
alguna puede haber más disculpada
que la que por amor comete el hombre.




- 1051 -


Acto I, TOMÉ


ArribaAbajo   ¡Fuese enojado! Amor, ¿qué culpa tengo
si no nací más sabio y entendido?
Alumbra tú mi rústico sentido,
que ya para la ciencia le prevengo.

   Algunas esperanzas entretengo.  5
Un leño soy. Desbástame te pido.
Por Celia a mi ganado voy perdido.
Yo no sé nada. De mis viñas vengo.

   ¿Cómo podré por mi mujer tenerla
si el principio no sé de requebrarla  10
y me acobarda el miedo de ofenderla?

   Dame el hablar, pues das el desearla;
que como tú me enseñes a quererla,
el tiempo, Amor, me enseñará a olvidarla.




- 1052 -


Acto II, DON JUAN


ArribaAbajo   Extraños aunque nobles pensamientos,
¿qué pretendéis de un hombre enamorado
que la prenda que adora lleva al lado
y por testigos árboles y vientos?

   ¿Qué mares? ¿Qué montañas? ¿Qué cimientos  5
de fuertes muros? ¿Qué escuadrón armado
os impide llegar? ¿Qué puerto helado?
¿Qué guerra de contrarios elementos?

   ¡Cielos! no soy Hipólito con Fedra;
legítimos parecen mis empleos;  10
no me hagáis muro de tan verde hiedra.

   Amor, fortuna, tiempo, deteneos,
que, aunque español, soy hombre, no soy piedra.
Quitadme la ocasión o los deseos.




- 1053 -


Acto III, CLAUDIO


ArribaAbajo   ¿Qué es esto, que tan presto en la templanza
del mar sereno levantó las olas
de mi desdicha, y dos horas solas,
adonde al pensamiento el agua alcanza?

   No puede en la fortuna haber bonanza,  5
porque tiene los pies sobre dos bolas.
¡Ay, nunca a las columnas españolas
llegará con mi nave mi esperanza!

   Mas yo, que estoy en la tormenta fiera
y no hay tierra en que huya, aunque resulte  10
de esto mi muerte, es bien que espere y muera.

   No importa que mi bien se dificulte;
que, si he de llegar muerto a la ribera,
mejor será que el golfo me sepulte.




De La dama boba




- 1054 -


Acto I, LAURENCIO


ArribaAbajo   Hermoso sois, sin duda, pensamiento;
y, aunque honesto también, con ser hermoso,
si es calidad del bien ser provechoso,
una parte de tres que os falta siento.

   Nise, con un divino entendimiento,  5
os enriquece de un amor dichoso;
mas sois de dueño pobre, y es forzoso
que en la necesidad falte el contento.

   Si el oro es blanco y centro del descanso,
y el descanso del gusto, yo os prometo  10
que tarda el navegar con viento manso.

   Pensamiento, mudemos de sujeto;
si voy necio tras vos, y en ir me canso,
cuando vengáis tras mí seré discreto.




- 1055 -


Acto I, DUARDO


Castitas res est Angelica Chrysost


ArribaAbajo   La calidad elemental resiste
mi amor, que a la virtud celeste aspira,
y en las mentes Angélicas se mira,
donde la idea del calor consiste.

   No ya como elemento el fuego viste  5
el alma, cuyo vuelo al sol admira,
que de inferiores mundos se retira,
a donde el Querubín ardiendo asiste.

   No puede elemental fuego abrasarme,
la virtud celestial que vivifica,  10
envidia el verme a la suprema alzarme.

   Que donde el fuego Angélico me aplica,
¿cómo podrá mortal poder tocarme,
que eterno y sin contradicción implica?




De La desdichada Estefanía




- 1056 -


Acto III, ISABEL


ArribaAbajo   Loco, atrevido pensamiento mío,
mucho te atreves pues que, disfrazado,
con la piel de Esaú, llegaste osado
adonde hurtar a bendición confío.

   Fingí de Estefanía el talle y brío,  5
gocé a Fortún, y habiéndole gozado,
creció el amor, aunque es el premio hurtado;
que es alma del amor el desvarío.

   La luz fingida, el hábito me ampara
el disfrazarme más que fuera justo.  10
¡Oh, quién de amor con libertad gozara!

   ¡Oh, quien llegara a verle sin disgusto;
que no gozar del gusto cara a cara,
es infamia de amor, traición del gusto!




De La devoción del rosario




- 1057 -


Acto I, REY


ArribaAbajo   ¿Qué es la causa que un hombre valeroso
con la espada en la mano, altivo, fuerte,
corta el cuello arrugado, rompe y vierte
saliente humor del tronco sanguinoso;

   o discurre un ejército furioso,  5
dando mil muertes sin temer la muerte,
amando una mujer tiemble de suerte
que le vence y derriba un rostro hermoso?

   ¿Cómo pedir el hombre, si concede
el sueño y el sustento cada día  10
sin que afligido y sin vergüenza quede,

   y cuando pide amor tiembla y porfía?
Debe de ser que sin comer no puede
pasar el hombre y sin amor podía.




De La difunta pleiteada




- 1058 -


Jornada III, BELARDO


ArribaAbajo   Mató a Isabela un pronto paroxismo,
estando como el sol al mediodía,
porque nuestra mortal vana alegría
es de nuestra ignorancia barbarismo.

   Manfredo, convertido en otro abismo,  5
busca su alma en la ceniza fría,
que a tal locura y vanidad le guía
Amor, que vive en el sepulcro mismo.

   ¡Oh Amor! ¿No te contentas que en la guerra
y entre los libros, para ejemplo abiertos,  10
tu fuego ardiente su veneno encierra,

   que entres a ver sin alma cuerpos yertos;
que abraces sombra, viento, polvo y tierra
entre la sepulturas de los muertos?




De La discordia en los casados




- 1059 -


Acto II, EL REY


ArribaAbajo   Las máquinas que tienen más grandeza
con ímpetu mayor vienen al suelo;
en el más superior y último cielo
vino el planeta de mayor tristeza.

   Los edificios de mayor alteza  5
hiere más presto el rayo y cubre el hielo;
el ave más cobarde es de más vuelo;
su misma carga oprime a la flaqueza.

   Elena, reina en Grecia, fue centella
del incendio troyano que deshonra.  10
¿Cuántos laureles abrasó con ella?

   ¿Que pueda mi valor perder la honra?
Mas si pudo caber traición en ella,
en mí pudo también caber deshonra.




- 1060 -


Acto II, ELENA


ArribaAbajo   No sé que tiene Albano, que estos días
mira mis ojos con suspiros tales,
que, de oculto dolor dando señales,
tiene por blanco las entrañas mías.

   El alma, que congoja fantasías  5
por no dar a la lengua los mortales
avisos tristes de secretos males,
despacha indicios por diversas vías.

   Unos llegan cansados y otros mudos;
otros dicen la pena y no la causa;  10
dan fuego al alma y a la lengua nudos.

   Y, entre las ansias que la muerte causa,
mejor es que los filos sean agudos,
que el dolor de morir está en la pausa.




De La divina vencedora




- 1061 -


Jornada II, GUADALARA


ArribaAbajo   Esclavo de mis ojos, ya he sabido
que nunca te venció quien te lo llama,
que quien ama no calla a lo que ama
lo que callar mejor hubiera sido.

   A vencerme viviste no vencido;  5
pero el traidor que así quiere tu fama
infamar, apagando aquesta llama,
¿me ha de ganar quedando tú perdido?

   Luego a Bélmez me voy; pero pretendo
buscarte desde allí, cristiano. Espera  10
y no te hieles, pues por ti me enciendo;

   que en hombre no ha de haber alma tan fiera
que, amándole, rogando y persuadiendo,
no se convierta de diamante en cera.




- 1062 -


Jornada III, CARDILORO


ArribaAbajo   ¡Hago testigos a estas verdes plantas,
a esta agua corrientes, a este suelo,
este sol, esta luz, y cuanto el Cielo
ha producido en primaveras tantas,

   que de nuestra amistad las prendas santas,  5
rompo, obligado de tu falso celo,
traidor cristiano, de mi fuego hielo,
que a Marte infamas y al Amor espantas!

   ¡Aquí verás lo que a un honrado obliga
ser de un amigo bárbaro ofendido,  10
y que eres tú el alarbe, yo el cristiano!

   ¡Yo no soy, Meledón, quien te castiga;
el Cielo, sí, cuyo instrumento he sido,
porque él da la sentencia y yo la mano!




De La doncella Teodor




- 1063 -


Jornada I, FÉLIX


ArribaAbajo   Es alma todo aquello que en mí siento
que me lleva a querer un bien que estima
la razón, que me enseña a que la imprima
por alma de mi propio pensamiento.

   Es alma este primero movimiento,  5
que está donde ama más que donde anima,
y siendo este alma en mi perfección prima
yo vengo a ser el físico instrumento.

   Si le di mis potencias, es notoria
la razón de que es alma hermosa y bella,  10
sin cuya luz mi cuerpo queda en calma;

   que si la voluntad y la memoria
y el mismo entendimiento puse en ella,
donde están las potencias está el alma.




- 1064 -


Jornada I, FABIO


ArribaAbajo   Si pudiera mirar como en espejo
el alma, cosa tan suprema y rara,
maestro mío, el alma retratara,
aunque con mi pincel fuera en bosquejo.

   Voy a buscarla, aunque de mí me alejo,  5
adonde fuera justo que la hallara;
mas no la hallando, la razón se para,
pierdo el discurso y los pinceles dejo.

   En esta confusión en esta calma,
yo mismo a no saber del alma vengo,  10
que para dar a amor traje en la palma.

   Pues ¿qué definición de ella prevengo?
Que si he perdido en un desprecio el alma,
¿cómo puedo decir lo que no tengo?




- 1065 -


Jornada I, TIBALDO


ArribaAbajo   ¿Cuál es el miserable caminante
que en cuatro pies comienza su camino,
y luego en dos le pone su destino,
porque con menos va más adelante?

   Es en todas sus cosas inconstante,  5
y en todas sus posadas peregrino,
y cuando a la postrera está vecino,
anda en tres pies, y no es en un instante.

   Lleva una imagen dentro de su pecho,
con tres guardas, y fuera cinco puertas,  10
y es de dos cosas muy distintas hecho.

   Es un breve reloj de horas inciertas,
torcido siempre al bien, al mal derecho:
dime lo que es, y triunfas de él si aciertas.




- 1066 -


Jornada I, TEODOR


ArribaAbajo   El hombre es ese triste peregrino,
que siendo niño, en cuatro pies camina;
luego con dos la juventud le inclina
a proseguir la vida y el camino.

   Ya cuando a la vejez está vecino,  5
y al báculo arrimado peregrina,
camina en tres, y tiene por vecina
la muerte, último fin de su destino.

   La imagen es el alma, a semejanza
hecha de Dios; las guardas, las potencias;  10
el reloj es el tiempo y su mudanza.

   El alma y cuerpo son las diferencias;
el cuerpo tierra, el alma cielo alcanza,
y las virtudes son las diligencias.




De La Dorotea




- 1067 -


Acto III, Escena I, JULIO


ArribaAbajo   Canta pájaro amante en la enramada
selva a su amor, que por el verde suelo
no ha visto el cazador que con desvelo
le está escuchando la ballesta armada.

   Tírale, yerra, vuelva y la turbada  5
voz en el pico transformada en hielo,
vuelve, y de rama en rama corta el vuelo
por no alejarse de la prenda amada.

   De esta suerte el amor canta en el nido,
mas luego que los celos que recela  10
le tiran flechas de temor de olvido,

   huye, teme, sospecha, inquiere, cela,
y hasta que ve que el cazador es ido
de pensamiento en pensamiento vuela.




- 1068 -


Acto III, Escena IV, JULIO


ArribaAbajo   No es firmeza de amor entristecerse,
antes deben las penas desearse,
porque quien es discreto en emplearse,
tendrá por gloria el gusto de perderse.

   Amor en posesión no ha de entenderse,  5
que es honra del sujeto recelarse,
y puede en esperanza aventurarse
lo que con el silencio merecerse.

   Triste estará de su celoso estado
quien con amor indigno se entretiene,  10
pues no hay seguridad, donde hay cuidado.

   Del mal empleo la tristeza viene,
que cuando es el amor bien empleado,
no puede entristecer al que le tiene.




- 1069 -


Acto IV, Escena I, FERNANDO


ArribaAbajo   Aquí, donde jamás tu rostro hermoso
planta mortal, divina Dorotea,
toque atrevida, tu sepulcro sea,
sin columnas de pórfido lustroso.

   El fénix yace en inmortal reposo,  5
no vuelva a renacer, ni el sol le vea,
construyéndole en vez de urna Sabea
mis lágrimas pirámide oloroso.

   ¿Mas que importa, si amor inmortaliza
el único milagro que deshace,  10
y a más eterno sol la pluma enriza?

   Remedio inútil entre peñas yace,
si del alma, que abrasa en la ceniza,
infante fénix del difunto nace.




- 1070 -


Acto IV, Escena II, CÉSAR


ArribaAbajo   Pululando de culto, Claudio amigo,
minotaurista soy desde mañana;
derelinquo la frase castellana,
vayan las Solitúdines conmigo.

   Por precursora, desde hoy más me obligo  5
al Aurora llamar, Bautista o Juana,
chamelote la mar, la ronca rana
mosca del agua, y sarna de oro al trigo.

   Mal afecto de mí, con tedio y murrio,
cáligas diré ya, que no griguiescos,  10
como en el tiempo del pastor Bandurrio.

   Estos versos, ¿son turcos o tudescos?
Tú, lector Garibay, si eres bamburrio,
apláudelos, que son cultidiablescos.




- 1071 -


Acto V, Escena III, CÉSAR


ArribaAbajo   La siempre excelsa, grave y gran coluna,
sobre cuya cerviz tan firme estuvo
la gloria de los Césares, que tuvo
en siete montes su primera cuna.

   Contra la envidia opuesta a la fortuna,  5
que su rueda magnánima detuvo,
cuando del sol la línea de oro anduvo,
hizo de todas sus victorias una.

   Esta, que fue de la ciudad sagrada
gloria y honor para mayor memoria,  10
a la casa de Enríquez se traslada.

   Que sustentando en sucesiva gloria
los arcos de su máquina dorada,
será columna de inmortal victoria.




- 1072 -


Acto V, Escena IV, DOROTEA


ArribaAbajo   Quejosas, Dorotea, están las flores
que los colores los habéis hurtado
y la frígida nieve se ha quejado
de que mayores son vuestros rigores.

   Quejoso está el amor, que los amores  5
se han remitido a vuestro pecho helado
y el sol, que en vuestros ojos abrasado
desprecia los laureles vencedores.

   Quejosa está de vos naturaleza
por vuestra condición áspera y dura,  10
que para humana os dio tanta belleza.

   O menos perfección o más blandura,
que a presumir de vos tanta dureza,
¿cómo os pudiera dar tanta hermosura?




De La Dragontea




- 1073 -


ArribaAbajo   Yace en la parte que es mejor de España
una apacible y siempre verde Vega,
a quien Apolo su favor no niega,
pues con las aguas de Helicón la baña.

   Júpiter, labrador por grande hazaña,  5
su ciencia toda en cultivarla entrega;
Cilenia alegre en ella se sosiega,
Minerva eternamente la acompaña.

   Las musas su parnaso en ella han hecho,
Venus hermosa en ella aumenta y cría  10
la santa multitud de los amores:

   Y así con gusto y general provecho,
nuevos frutos ofrece cada día,
de ángeles, de armas, santos y pastores.




De La envidia de la nobleza




- 1074 -


Acto I, XARIFA


ArribaAbajo   El sátiro, que vio primero el fuego
resplandeciente, claro y luminoso,
fuele a abrazar alegre y codicioso,
pero abrasado se detuvo luego.

   Miró unas flores, que el ameno riego  5
fertilizaba de un arroyo hermoso,
y dijo: ¡Oh campo alegre y deleitoso!
¿por qué os dejé de aquella lumbre ciego?

   Tal yo, que con mi engaño me aconsejo
y de todo el sentido me despojo,  10
sigo mi daño, y de mi bien me alejo.

   Mi muerte busco, y de vivir me enojo;
las flores de oro en la corona dejo,
y al fuego del amor el alma arrojo.




- 1075 -


Acto I, HAMETE


ArribaAbajo   ¿Qué culpa tuve yo, fortuna esquiva,
en no tener la sangre venturosa
de este linaje, para ser dichosa
la esperanza que sólo en serlo estriba?

   ¿Nací de alguna bárbara cautiva,  5
que me desprecia Lindaraja hermosa?
¿Ya mi sangre real es afrentosa?
¿Y sólo es bien que el Bencerraje viva?

   Pues, ¡vive Dios! que la canalla fiera
ha de morir, si está en su vida el precio  10
de nuestra libertad, Amor, espera.

   Que para ti, si no eres loco o necio,
del breve tiempo y de la muerte afuera,
no hay veneno mortal como el desprecio.




De La esclava de su galán




- 1076 -


Acto I, ELENA


ArribaAbajo   Aunque es verdad que tanto bien deseo,
quiero tanto a don Juan, que me ha pesado
de que quiera el entrar precipitado
de esta locura por mi humilde empleo.

   Pero el grande peligro en que me veo,  5
amando amada, sin tomar estado,
animado el temor, templa el cuidado,
y me parece que mi bien poseo.

   Gran fineza de amor! Pero cumplida,
tantas desdichas pueden ofrecerse,  10
que en dejar a don Juan me va la vida:

   Mejor es apartarse que ofenderse,
que una mujer que quiere y es querida,
en qué puede parar sino en perderse?




De La esclava de su hijo




- 1077 -


Jornada III, LISARDO


ArribaAbajo   Comparaba un discreto el casamiento
a la vida de un hombre mal fundada,
que en su presente edad y la pasada
fue de ofender a Dios su pensamiento.

   Y por un breve rato de contento,  5
de una ocasión que tuvo deseada,
es al infierno el alma condenada
luego que el cuerpo queda sin aliento.

   Cásase un hombre, y en sus alegrías
se ven también aquestos mismos daños,  10
pues por gozar sus locas fantasías.

   del cuerdo ejemplos y del necio engaños,
escoge un cielo de tan breves días
por el infierno de tan largos años.




- 1078 -


Jornada III, GARBÍN


ArribaAbajo   No ¡por Dios!, dijo la celosa dama,
que el sí y el no, los gustos y las quejas,
como caballos son, corren parejas;
de azufre es fuego amor y azul su llama.

   Como es al huracán la seca rama,  5
y suele ser la tierra con las rejas
y el femenino llanto a las orejas,
tales son juramentos en quien ama.

   En vano mis palabras solicitan
el desengaño, y en su amor apuro,  10
pues al engaño no se facilitan.

   ¡Oh, bien haya mi amor firme y seguro,
pues que do tengo celos me los quitan,
dos dedos de pernil y seis de puro!




De La escolástica celosa




- 1079 -


Jornada I, CARDENIO, estudiante


ArribaAbajo   Echado en este suelo, o luces bellas,
cuya piedad en mi remedio invoco,
con los suspiros de mi alma os toco
que os iguala también en ser centellas.

   O Bozina famosa lumbre entre ellas,  5
y tú Lucero, que no amaste poco,
si estrella eres de Venus, yo soy loco,
que a media noche cuento las estrellas.

   O carro celebrado, o lumbres puras,
o Norte hermoso que en el alta corte,  10
del cielo estuvo donde estáis segura,

   de mi estrella la luz al Sol importe.
Antes su claridad será oscura,
la Bozina, el Lucero, el Carro, el Norte.




De La fe rompida




- 1080 -


Acto I, LUCINDA


ArribaAbajo   Flechas de Amor, de plomo y de oro puro,
arco trocado con la muerte fiera,
falsa imaginación, dulce quimera,
libro dorado y en la letra oscuro.

   Blando, ofendido, y sin ofensa dura  5
y castigado, convertido en cera;
Etna con fuego dentro y hielo fuera,
gigante, aunque rapaz, y dios perjuro.

   Yo soy aquella que he tenido en poco
flechas, arco, quimera, Etna, gigante  10
con libre y arrogante pensamiento.

   Amor, pues con injurias te provoco,
labra mi corazón como diamante;
pero no tienes sangre, que eres viento.




- 1081 -


Acto I, LUCINDA


ArribaAbajo   Quien no ha visto la guerra, también diga
que tiene fuerza su valor suprema;
quien no ha tocado el fuego, no le tema;
quien no ha entrado en el mar, no le maldiga.

   Quien no ha visto una tigre, no la siga;  5
quien no jugó jamás, ¿de qué blasfema?
Quien no sabe que el aire enjuga y quema
no tema el rayo que el laurel mitiga.

   El que blandura con tocarle vea
críe en su pecho un áspid, donde luego  10
verá su rabia y su dolor profundo.

   Y quien no ha visto a Amor búrlese y crea
que es guerra, fuego, mar, tigre, áspid, juego,
ira del Cielo y destrucción del mundo.




De La Felisarda




- 1082 -


Acto I, FLORA


ArribaAbajo   Salieron a campaña en desafío
Temor y Amor. Iba el temor armado
de un peto fuerte, en su rigor templado,
y la cobarde espada en hielo frío.

   Amor, siempre valiente, con más brío  5
de armas de fuego y de valor cercado,
la venda se quitó determinado,
y luego vi en sus ojos que era mío.

   Venció al Temor y declaró su daño,
volviendo vencedor, y a mi memoria  10
corrió los velos de su ciego engaño.

   Cantaron mis sentidos la victoria.
«¡Victoria!», dijo Amor, y el desengaño.




De La firmeza en la desdicha




- 1083 -


Acto III, TEODORA


ArribaAbajo   ¡Peñascos Altos, de la mar batidos,
de nubes coronadas las cabezas,
donde se rompen en diversas piezas;
cristales espumosos resistidos,

   constantes a sus rígidos bramidos,  5
como mi corazón a sus tristezas,
por o que parecí a vuestras firmezas,
prestad a mi dolor tiernos oídos!

   ¿Cuál peña, si le cansa el resistirse,
quiere trocar conmigo el ser que tiene  10
y de su fundamento desasirse?

   Mas ninguna querrá, ni le conviene,
que no podrá sufrirle sin rendirse,
el mar de llanto que a mis ojos viene.




- 1084 -


Acto III, CARDENIO


ArribaAbajo   No sale de las puntas del cogollo
antes que el sol la manutisa fresca,
ni su pálida rosa gigantesca,
ni con más laberintos el repollo.

   No parece más bien por Pascua el bollo  5
con mil huevos por una y otra muesca,
ni por Carnestolendas soldadesca
para matar los gallos con rey pollo.

   No juegan por la tarde los cabritos,
ni es tan blanco un lechón cuando se pela,  10
ni los peces de plata en los garlitos

   como tú me pareces, dulce Estela,
con esos ojos como huevos fritos
y bien guisados hongos en cazuela.




De La fortuna merecida




- 1085 -


Acto I, ÁLVARO NÚÑEZ


ArribaAbajo   No suele el temeroso navegante,
que la primera vez corrió sediento
de la extranjera plata entrar contento
en el mar peligroso e inconstante.

   Prometerse bonanza semejante,  5
al siempre familiar recibimiento,
y a pocos días reforzado el viento,
temerle hasta los cielos arrogante.

   Como el recién venido Cortesano
de la Corte en el piélago profundo,  10
entra en la nave del servir tirano.

   Pues al primer peligro y al segundo
dan la lisonja, y ambición la mano
Scilia y Caribdis del poder del mundo.




- 1086 -


Acto I, GONZALO


ArribaAbajo   Oscuro laberinto, caos confuso,
adonde tanto la razón se enreda,
que no hay hilo e industria con que pueda
salir a luz, por mucho que en vos puso.

   Ningún discreto, y con salud excuso,  5
si por engaño en vuestra cárcel queda,
esperando subir por una rueda
que sólo enloquecer tiene por uso.

   ¿Qué cosa dio Naturaleza sabia,
cómo la libertad al hombre importe?  10
Pues solamente a quien le falta, agravia.

   Mejor fuera castañas de Monforte
echaros en licor de Rivadavia,
que ser lacayo de un pelón de corte.




- 1087 -


Acto I, EL REY


ArribaAbajo   La tierra al alto cielo agradecida
la lluvia paga en frutos sazonados,
y al labrador sus ásperos cuidados,
paga la espiga en su sazón cogida

   La vid beneficiada, la teñida  5
planta, en lagares de uvas coronados,
la oveja al dueño, y al rocío los prados,
que cuando llora el Alba tienen vida.

   De su agradecimiento muestra indicio
la concha que saliendo a las riberas  10
paga en perlas al Sol su claro oficio.

   Para mostrar con obras verdaderas
que aquel que no agradece el beneficio
es menos que las plantas y las fieras.




- 1088 -


Acto III, LUCÍA y JUANA, dialogado


JUANA

ArribaAbajo   En vano sigo un loco pensamiento.

LUCÍA

En vano sigo amor un dulce engaño.

JUANA

Que locamente mi esperanza engaño.

LUCÍA

Mis esperanzas van siguiendo el viento

JUANA

   Al Sol quiere subir mi pensamiento.  5

LUCÍA

Que mal hizo en querer un hombre extraño.

JUANA

O si olviasle yo con desengaño.

LUCÍA

O si pudiesle yo mudar de intento.

JUANA

   Mas si ello puede amor, en qué porfío?

LUCÍA

Si amor me ha de matar que vida espero?  10

JUANA

La culpa tiene el pensamiento mío.

LUCÍA

   A quien se burla de mis penas quiero.

JUANA

Padezco.

LUCÍA

Muero.

JUANA

Espero.

LUCÍA

Desconfío.

JUANA

Yo moriré.

LUCÍA

Yo no, porque ya muero.




- 1089 -


Acto II, TELLO


ArribaAbajo   A quien pudiera suceder la afrenta,
que con Álvaro Núñez me ha pasado,
sino a quien es, y ha sido desdichado,
desde que tiene ser en cuanto intenta.

   Como podré vengarme, que a esta cuenta,  5
por armas el camino se ha cerrado,
mas por la industria quedaré vengado,
porque el dolor, y no la mano, sienta.

   Quiero emprender, que el Rey por mil caminos
de su favor, y gracia le derribe,  10
de que fueron sus méritos tan dignos.

   Y bien podré, que el agraviado escribe
tu afrenta en letra de diamantes finos,
y el que pudo agraviar seguro vive.




- 1090 -


Acto III, ÁLVARO NÚÑEZ


ArribaAbajo   Alto subir de la potencia ha sido
de un generoso Príncipe por senda
fácil de la virtud, como en contienda
pones la envidia en premio merecido?

   Ni de arrogancia, ni ambición movido  5
quiere mi pecho que llegar emprenda,
a donde el mundo que se alcanza entienda
por la virtud, lo que a mis obras pido.

   O dura envidia aunque tu sombra asombre
al Sol de la virtud, en tantas partes,  10
a mí no es bien que tu rigor me asombre.

   Los fraudes ejercita de tus artes,
que apartando de Dios al primer hombre,
no es maravilla que de un rey me apartes.




De La fuerza lastimosa




- 1091 -


Acto I, Escena XI, CELINDA


ArribaAbajo   Nunca, tirano amor, de tus embustes
resultaron menores desatinos;
ya no podrás hallar otros caminos
para que más de veras me disgustes.

   ¿Qué un conde humilde y una reina ajustes?  5
Enlaza, amor, las hiedras con los pinos;
mas no enredes los frágiles espinos
cuando, por niño, de locuras gustes.

   Mira, amor, que era el Conde propio centro
desta alma y calidad, y que es pequeño  10
para los brazos de la Infanta bella.

   Mas eres vino, amor; que una vez dentro,
quieres que te obedezcan más que al dueño,
y echas de casa a quien te puso en ella.




- 1092 -


Acto II, Escena VI, REY


ArribaAbajo   Cual reo, en tanto, que la juez escribe
la sentencia, esperando estoy la mía;
tiembla el deseo y la piedad porfía;
muere el remedio, y la esperanza vive.

   De las vanas quimeras que concibe  5
mi loca y engañada fantasía,
nace un monstruo, que el miedo después cría,
hasta que el ser de mi dolor recibe.

   El de saber el mal es un deseo
común en los mortales desengaños;  10
que, con saber que es mal, mueren por velle.

   Y yo le quiero ver, aunque es tan feo;
que más matan las dudas que los daños,
y el esperar el mal que el padecelle.




- 1093 -


Acto I, OTAVIO


ArribaAbajo   ¿A cuál hombre jamás le ha sucedido,
que en lugar de galán que fue esperado,
su dama desdeñosa haya gozado
con el seguro nombre de marido?

   Fábula le parece a mi sentido  5
lo que por todos juntos ha pasado,
todo cobarde, amando, es desdichado,
y sólo el venturoso es atrevido.

   O oscurísima cuadra, o noche fresca,
yo te ofrezco una lámpara de plata,  10
agradecido a la ventura mía.

   Ni celos temo ya, ni amor me mata,
venciste anoche el más alegre día
y yo engañé la más hermosa ingrata.




De La gallarda toledana




- 1094 -


Acto I, DOÑA ANA


ArribaAbajo   ¡Oh verdugo del alma, la esperanza!
Quien sin desesperar un bien espera
no es hombre, es piedra; que una piedra en cera
convierte la sospecha en la tardanza.

   Conozco, en fin, que quien espera alcanza;  5
mas no hay bien, que si espero le quisiera,
por no esperar, que la esperanza altera
la paz del alma y la mayor bonanza.

   Consume la esperanza poco a poco
la mejor sangre, y de una en otra duda  10
los enigmas difíciles retrata.

   ¿No te bastaba, amor, ser ciego y loco,
sino engendrar a la esperanza muda,
que no dice quien es hasta que mata?




- 1095 -


Acto I, DOÑA ANA


ArribaAbajo   Bosque del río de Madrid, no puedo
hallarme en vuestras verdes soledades,
enseñada a decirle mis verdades
al gran Tajo, corona de Toledo.

   Olmos, bien sé que en vuestros ramos quedo  5
presa, en venganza de otras libertades,
que se suelen mudar las voluntades
y de las esperanzas nace el miedo.

   Conocedme por hombre, fuentes claras,
que quien ha de sufrir ha de ser hombre,  10
y tú, que vas huyendo a quien te sigue,

   ya que eres mi fortuna, ¿por qué paras?
Mas como soy mujer temes al nombre,
que olvida amada y con desdén persigue.




De La hermosa Ester




- 1096 -


Acto II, MARDOQUEO


ArribaAbajo   Dios de mis padres, no es soberbia mía
no me rendir a Amán, tan arrogante
como Nembrot, aquel feroz gigante
que escalar vuestros cielos pretendía:

   Introdújose así la idolatría;  5
no es bien que con el culto se levante,
debido a quien no tiene semejante,
quien no tiene poder seguro un día.

   Vos sois la majestad a quien debida
es nuestra adoración, y por quien vierte  10
sangre en las aras donde sois servida.

   Nadie con vos es poderoso y fuerte;
que como sois el dueño de la vida,
también tenéis el cetro de la muerte.




- 1097 -


Acto III, ASUERO


ArribaAbajo   A su Dios, a su patria, a sus parientes
ofende el que es ingrato la beneficio:
de muchos vicios es bastante indicio
aunque en maldad parezcan diferentes;

   es deshonra tomar entre las gentes,  5
y nunca dar, que es del ingrato oficio,
y sólo con decir aqueste vicio,
responden los demás como presentes;

   es de la hiedra un natural retrato,
que al árbol que la tiene le desmedra  10
y sale deshojado de su trato,

   y aunque engaña, amoroso, como hiedra,
jamás perdona agravio; que el ingrato,
el bien escribe en agua, el mal en piedra.




De La hermosa fea




- 1098 -


Acto III, DUQUESA


ArribaAbajo   ¿Soy yo, por dicha, pensamiento mío,
la que jamás rindió su pensamiento?
Celos quieren vencer mi entendimiento
y entrar con mi valor en desafío.

   Amar por la razón el albedrío  5
es dar a la disculpa fundamento;
por celos no, que es envidioso intento,
y ofensa del honor el desvarío.

   Conciertan las estrellas de los cielos
el amor entre dos, porque por ellas  10
se quieren con recíprocos desvelos.

   Pues si estrellas de amor son causas bellas,
conciértenos el cielo, que los celos,
si son infiernos no han de ser estrellas.




De La hermosura aborrecida




- 1099 -


Acto I, DOÑA JUANA


ArribaAbajo   Espera, ingrato, y mira lo que debes
a quien te ha dado el alma que desprecias.
¡Oh, cómo somos las mujeres necias,
y en resolvernos al peligro breves!

   ¿Qué ejércitos, que mar, qué heladas nieves,  5
si precias el honor, si el amor precias
hierro y fuego de Porcias y Lucrecias
defenderá que mi constancia pruebes?

   Si me aborreces, ¿quién habrá que crea
que al paso que tu ingrato desdén crece  10
crezca mi amor, sin que locura sea?

   Mucho a la muerte la mujer parece:
que huye quien la busca y la desea
y se cansa en buscar quien la aborrece.




- 1100 -


Acto I, SANCHO


ArribaAbajo   A Amor le dan diversos atributos;
los que le sigue, aman o desaman,
dolor alegre su accidente llaman
y dulce campo con amargos frutos.

   Sabrosa posesión con mil tributos  5
que cogen viento y lágrimas derraman;
otros, por desleal, su trato infaman
las pocas Porcias y los muchos Brutos.

   Los que amando se quejan de olvidados,
bárbaro alarbe, sin respeto alguno,  10
a cuyo Argel la libertad entregan;

   mas los que aborrecieron ser amados
llamaron al amor pobre importuno,
que a quien más los despide más le ruegan.




- 1101 -


Acto II, CONSTANZA


ArribaAbajo   ¡Hermoso sangrador, dulce barbero,
venido por mi mal a ser bien mío,
la sangre que me alteras te confío
y de tu herida mi remedio espero!

   Decirte quiero que por ti me muero  5
mejor que con las quejas que te envío;
aunque tengas mi mal por desvarío
por lo menos sabrás lo que te quiero.

   Si la sangre contigo me enemista
los sabios dicen que el amor es causa  10
de sangre, que entra en rayos por la vista.

   Si quieres que se temple y ponga pausa
sángrame tú, que como amor resista
cesarán los efectos con la causa




De La historia de Tobías




- 1102 -


Acto II, RAFAEL


ArribaAbajo   ¡Oh, cuánto debe a la bondad divina
el hombre, pues le pone en tal cuidado,
pues aun airado del primer pecado,
el grave oído a su oración inclina!

   Mientras venir al mundo determina  5
su santo Verbo, a quien está postrado
el Serafín en gracia confirmado,
que en el crisol de Dios el oro afina.

   Regala el pueblo de quien carne espera
tomar por bien del hombre el dulce día  10
que baje a donde por librarle muera.

   ¿Qué más clara piedad, pues hoy me envía
para que al hombre, cuando errar pudiera,
le sirva un ángel de defensa y guía?




- 1103 -


Acto III, BATO


ArribaAbajo   ¡Oh, pues, qué linda cosa el casamiento
para forzar con él a un hombre el gusto!
Que aun hecho con el gusto, al más a gusto,
algún azar impide su contento.

   Llamaron al casar melón, que al tiento,  5
al olfato, a la vista, viene al justo;
pero puesto el cuchillo de un disgusto,
descubre la corteza el pensamiento.

   Cuál está muy maduro, cuál muy duro,
cuál no tiene sabor, y cuál amarga;  10
cuál, probado una vez, no está seguro,

   cuál lleno de pepitas, de hijos carga.
¡Dichoso quien le halló sabroso y puro,
de corta lengua y de paciencia larga!




- 1104 -


Acto III, BATO


ArribaAbajo   ¡Amor, Amor, yo quedo de esta vez
desengañado y de tu guerra en paz!
Si fuese el desengaño pertinaz,
mala soga me parta por la nuez.

   ¿De qué sirve un peón en tu ajedrez  5
para ganar tus damas incapaz,
ni esperanzas de pollos en agraz,
si por ajos suspira el almirez?

   Tasajos como yo, que no perdiz:
ya no gasto herraduras de tu coz,  10
si piensas que es mi estómago avestruz;

   en los pechos estás como lombriz,
áspid en lengua, ruiseñor en voz,
buey en el yugo y ciervo en el testuz.




De La honra por la mujer




- 1105 -


Acto II, MARGARITA


ArribaAbajo   Blancos jazmines, encarnadas rosas,
vivos retratos de mi casto pecho;
lirios donde el amor estampa ha hecho
de mis tiernas pasiones amorosas.

   Decidle a las violetas más celosas  5
a quien mi esposo paga injusto pecho,
que no le den colores, pues sospecho,
que son ciertas, cuanto en sí penosas.

   Que el Rey pretende más, que en él revoco
el intento en que funda sus favores,  10
cuando a sólo favor por mío invoco.

   Que cuanto más se hablan mis rigores
vendrá a gozar tras de su mayo loco
mi honor el fruto, y su esperanza flores.




De La ilustre fregona




- 1106 -


Acto II, DON TOMÁS


ArribaAbajo   Sale el sol por el cielo luminoso,
las nubes pardas de oro perfilando,
y con su luz los montes matizando,
ilustra el campo su zafir hermoso.

   Llega a nuestro Cenit, pero envidioso  5
el suelo está vapores exhalando,
y la región del aire condensando,
impide al Sol el esplendor lustroso.

   Del propio modo a mí me ha sucedido
pues que mirando el Sol de mi Constanza,  10
pensé gozar la luz resplandeciente.

   Pero el Corregidor la nube ha sido,
que ocupó la región de mi esperanza,
dejándome sin luz eternamente.




De La imperial de Otón o El esclavo de Roma




- 1107 -


Acto II, ARIODANTE


ArribaAbajo   Noche la más oscura que se ha visto,
mucho os debe el temor que el alma siente;
mas ¿qué milagro, si mi sol ausente
se traspuso del polo de Calixto?

   Si la eterna con lágrimas conquisto,  5
cúrele celestial vivo y presente;
pero naturaleza no consiente
la justa muerte que el amor resisto.

   De sombra en sombra voy, de pena en pena,
de un paso en otro hasta le postrero paso,  10
llevando sobre el hombro la cadena;

   mas como me defiendo, es cierto caso
que la fin ha de acabar con mano ajena
la triste vida y el dolor que paso.




- 1108 -


Acto III, ANDRONIO


ArribaAbajo   Tres meses ha que en estos montes vivo,
huyendo de la furia de un romano,
huésped de un animal noble africano,
de quien sustento liberal recibo.

   No se ha mostrado al beneficio esquivo,  5
de sacarle la flecha de la mano;
yo sí a mi Flora por aquel tirano,
pues que la dejo y ando fugitivo.

   ¡Oh, cuánto los ingratos son culpados!
Quien agradece la piedad ajena,  10
notablemente a Júpiter obliga;

   reserva el cielo de otros mil pecados,
para otra vida, su castigo y pena,
y al que es ingrato, en esta le castiga.




De La juventud de San Isidro




- 1109 -


Acto I, ENVIDIA


ArribaAbajo   Áspides que abrasáis mi pecho infame,
y que tenéis mi corazón por nido,
salid con más furor, salid os pido,
para que todo junto le derrame.

   Furia no habrá que no provoque y llame  5
de cuantas tiene el reino del olvido
por donde nunca Job fue perseguido;
quiero que a Isidro mi rigor disfame.

   Celos le quiero dar, quiero abrasarme;
campos, ¡qué importa el hielo del invierno,  10
si os tengo de abrasar para vengarme?

   No sé como me sufre el mismo infierno;
mas no es porque pretende atormentarme,
mas porque sirva de tormento eterno.




- 1110 -


Acto II, ISIDRO


ArribaAbajo   Señor, si yo contase los favores
que he recibido de esa santa mano,
contaría primero grano a grano,
al campo espigas y a los campos flores.

   ¿Quién os supiera dar debidos loores,  5
emperador del cielo soberano?
Pero si soy un rústico villano,
¡cómo os sabré decir tiernos amores?

   Perdonad la rudeza en que me veo,
por saber algo que os decir suspiro;  10
no sé leer: leer en vos deseo.




- 1111 -15


Acto II, ISIDRO


ArribaAbajo   Pero, Señor, si en vuestra cruz os miro
hecho libro de amor, de suerte os leo,
que de entender vuestra piedad me admiro.

   Antes, que al pobre yo despida, pida,
Dios mío harina a su molino, ino,  5
a su mesa Real Divino, vino,
aquella vid que da bebida vida.

   Donde la Fe, que en mí resida, es ida,
todo el sustento que convino, vino,
y aunque de gloria desatino, atino,  10
que un Serafín ni aun la comida, mida.

   No tanto bien en tu balanza, lanza,
mi error, ni doy al viento humano, mano,
que no es la humana confianza, fianza.

   Que puede haber en un gusano, sano,  15
dichoso yo, si está mudanza, danza,
al son del cielo mi villano, llano.




De La limpieza no manchada




- 1112 -


Acto I, DAVID


ArribaAbajo   Nació una fuente clara y deleitosa,
que, dividida en varios arroyuelos,
a las celestes aguas daba celos,
en cuyo manto su virtud reposa.

   El lirio azul y la encarnada rosa  5
margen le ofrecen matizando velos,
y en torno suyo plateados hielos
humor, por alma de su vida hermosa.

   Pisola un animal, bebió engañado,
y como quedó turbia su corriente,  10
ninguno la gustó sin ser manchado.

   ¡Oh gran desgracia! la primera fuente
enturbiaron las plantas del pecado,
por causa de mujer y de serpiente.




- 1113 -


Acto II, SANTA BRÍGIDA


ArribaAbajo   Virgen, del mar Estrella, Sol del mundo,
gloria del Cielo, de los hombres vida,
puerta de Ezequiel esclarecida,
ejemplo sin primero ni segundo:

   Arca del Testamento más profundo,  5
jamás entre las aguas sumergida
del diluvio mortal, siempre vestida
de inmensa caridad, de amor profundo.

   Todos pecaron en Adán, Señora;
pero si fue también ley y estatuto,  10
que muriese una vez el que ha nacido;

   en tránsito feliz, ansiada Aurora,
no pagáis vos el general tributo,
ni mancha a Dios la culpa su vestido.




De La llave de la honra




- 1114 -


Jornada II, LISARDO


ArribaAbajo   Antes la tierra vestirá de estrellas
los prados, que de hierbas y colores
los campos de la luna varias flores,
sin que tenga el verano imperio en ellas.

   Antes las aves con sus plumas bellas,  5
entre las aguas cantarán amores;
y los peces del mar, habitadores
de la región del fuego, las centellas.

   Antes las fieras de las verdes selvas,
entre los hombres hallarán sosiego,  10
que puesto que a olvidarme te resuelves,

   yo dejé de adorarte, loco y ciego,
Elena de mis ojos, aunque vuelvas
mi alma Troya y mis vestidos fuego.




- 1115 -


Jornada III, ELENA


ArribaAbajo   Pues, primero, mi bien, los elementos
a su materia volverán confusa;
la tierra en agua, el agua en tierra infusa
y en calma eterna vivirán los vientos.

   Primero bajarán de sus asientos  5
los orbes de la máquina difusa;
primero no dará la culpa excusa
y la envidia en seguir entendimientos.

   Primero al que cautivo en su cadena
en la esperanza su rescate apoya,  10
memoria de la patria en tanta pena,

   que pierda yo la más preciada joya,
y aunque me llaman en Italia, Elena,
me engañe Paris y me lleve a Troya.




De La locura por la honra




- 1116 -


Acto I, MIRÓN, criado


ArribaAbajo   Qué paz gozara el mundo, sino hubiera
nacido amor, ni su furor mostrara,
Troya estuviera en pie, Grecia reinara,
ociosa, y sin valor la guerra fuera.

   Ni tortolilla en álamo gimiera  5
ni toro en bosque de dolor bramara,
ni su cama el coloso ensangrentara,
ni el mar tranquilo arar sus campos viera.

   No tuviera las almas el profundo,
que le dieron Briseyda, Elena y Cana,  10
Cana Española, y el Simón segundo.

   Pero perdona amor, que me olvidaba,
de que por ti se ha conservado el mundo,
pues más engendras, que la muerte acaba.




- 1117 -


Acto I, BLANCA


ArribaAbajo   Yo vi crecer las esperanzas mías;
con la lluvia amorosa de mis ojos,
cuando miro tus letras con antojos,
tirano amor, que tu favor crecías.

   Si Gigantes los átomos hacías,  5
que mucho que te diera mis despojos,
mas esperanzas que dan fruto, enojos,
que gloria sacan de engañar los días.

   Crece de amor el árbol victorioso,
mientras que derribarle se le acuerde,  10
al encendido viento riguroso.

   Mas que importa que el lauro siempre verde,
se defienda del rayo poderoso,
si del hielo al rigor las hojas pierde.




- 1118 -


Acto I, CARLOS, delfín


ArribaAbajo   O siempre en la piedad más generosas,
que los hombres bellísimas mujeres,
de nuestros apetitos, y placeres,
y de amor tesoreras dadivosas.

   Ya de mis tempestades amorosas,  5
seguro puerto entre tus brazos eres,
pues que sacar mi rota nave quieres
de la solas del mar tempestuosas.

   Tu que contra mujer armas previenes,
mira primero que el veneno exhales  10
tantos ejemplos que de buenas tienes.

   Que aunque muchas han sido en causas tales,
ocasiones de males, y de bienes,
mayores son los bienes que los males.




- 1119 -


Acto I, BLANCA y CARLOS, dialogado


BLANCA

ArribaAbajo   Iguálase a mi mal algún tormento?

CARLOS

Qué tormento cruel se iguala al mío?

BLANCA

Si esto han visto mis ojos, qué confío?

CARLOS

Qué baste a tanto mal mi sufrimiento?

BLANCA

   En qué piensa parar mi pensamiento?  5

CARLOS

Qué fin piensa tener mi desvarío?

BLANCA

Ya toda mi esperanza al viento envío.

CARLOS

Ya toda mi esperanza lleva el viento.

BLANCA

   Que locura es llorar las cosas hechas.

CARLOS

Loco es quien fía de palabras dichas.  10

BLANCA

Declaradas murieron mis sospechas.

CARLOS

   Quién confía en promesas?

BLANCA

Quién en dichas?

CARLOS

Todo es penas amor.

BLANCA

Todo es endechas.

CARLOS

Todo es celos amor.

BLANCA

Todo es desdichas.




De La madre de la mejor

Comedia sencilla al nacimiento de la Virgen





- 1120 -


Acto II, JOAQUÍN


ArribaAbajo   Divino Jehová, principio y fin
sin principio ni fin, Dios de Sión,
¿qué trono es este eterno Salomón,
que fundas en la casa de Joaquín?

   ¿Qué arca de uno y otro querubín,  5
cubierto con tal alta perfección?
¿Qué tierna vara del divino Aarón?
que cedro en monte o fuente de jardín?

   Altas sospechas, gran Señor, me dan
que de la humilde casa de Belén  10
quieres que venga al mundo un nuevo Adán.

   Dichoso yo, dichosa Nazarén
si cumples la promesa de Abraham,
que si esta es Alba, vendrá el sol también.




- 1121 -


Acto III


ArribaAbajo   Montes de la sagrada Palestina,
de Sión al Tabor de Galilea,
altas y verdes palmas de Idumea,
la Reina de los ángeles camina.

   Las vuestras humillad a su divina  5
frente, que el sol con rayos hermosea,
¡y tú, pues ya tus márgenes pasea,
santo Jordán, la blanca tuya inclina!

   No soy yo solo, aunque con ella estuve,
la guarda y la cortina de María,  10
¡más bien guardada a vuestro monte sube!

   Y aunque la ha de tener guardado un día,
no es arca de maná que lleva nube,
porque es el mismo Dios el que la guía.




- 1122 -


Acto III, JOSEF


ArribaAbajo   Si como son cepillo y sierra viles
y esta madera pinabete o haya,
fuera oro y plata de la indiana playa,
y ellos crisoles, limas y buriles.

   Si odoríferos árboles sutiles  5
con que Saba los cielos atalaya,
y dé la fértil isla de Tondaya
ébanos negros, cándidos marfiles;

   labrara yo la cama de la Luna
con envidia del Sol y las estrellas,  10
pues ni él la iguala, ni hermosura alguna.

   Cesó la claridad en él y en ellas,
porque como la fénix sola y una,
así es María entre las cosas bellas.