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ArribaAbajo- XXXI -


ArribaAbajo   Lleva tras sí los pámpanos Octubre,
y con las grandes lluvias, insolente,
no sufre Ibero márgenes ni puente,
mas antes los vecinos campos cubre.

    Moncayo, como suele, ya descubre  5
coronada la nieve la alta frente,
y el sol apenas vemos en Oriente
cuando la opaca tierra nos lo encubre.

    Sienten el mar y selvas ya la saña
del aquilón, y encierra su bramido  10
gente en el puerto y gente en la cabaña.

   Y Fabio, en el umbral de Tais tendido,
con vergonzosas lágrimas lo baña,
debiéndolas al tiempo que ha perdido.




ArribaAbajo- XXXII -


ArribaAbajo    A muerte inevitable amor me lleva,
por más que justifico mi deseo
y hace la empresa fácil; que bien veo
que es sólo por hacerle que se atreva.

   Porque, ¿quién me asegura que no mueva  5
(si este fácil y justo bien poseo)
otro injusto difícil devaneo
y, al fin, de su poder la última prueba?

    ¿Sólo en mí torcerá de su costumbre?
O no pudiendo agora defenderme,  10
¿podré cuando de mí triunfe el tirano?

    Ya temo su terrible servidumbre,
si algún desdén no viene a socorrerme;
fácil remedio si se da temprano.




ArribaAbajo- XXXIII -


ArribaAbajo   Amor, tú que las almas ves desnudas,
cuéntanos el desdén y la osadía
con que la hermosa Filis resistía
a tus doradas flechas más agudas;

    y dinos las razones y las dudas  5
con que, después de herida, se encubría,
si soberbia o vergüenza detenía
lo que mostraba apariencias mudas.

    Lo que nosotros vimos acá fuera
fue colorearse el rostro como rosa  10
y huir de nuestros ojos sus dos soles;

   cual suele Febo al fin de su carrera,
robando su color a cada cosa,
las nubes adornar con arreboles.




ArribaAbajo- XXXIV -


ArribaAbajo   Recibe, oh sacro mar, una esperanza,
a cuya causa pueblos mil devotos
están hoy ofreciendo justos votos,
porque la restituyas con bonanza.

    Reducid, fieros vientos, a templanza  5
vuestros desordenados alborotos;
dad ocio, no experiencia, a los pilotos;
vuestra quietud usurpe su alabanza.

    Del poderoso Carlos la alta popa
sienta vuestro favor, y en su deseo  10
concurrid con España y con Saboya.

    Con esto enmendaréis el caso feo
de haber dado al adúltero de Troya
pasaje favorable contra Europa.




ArribaAbajo- XXXV -


ArribaAbajo   Yo soy el que me tuve por tan fuerte
que siempre del amor traté con risa,
¡ay triste, cómo el tiempo nos avisa
que no hay seguridad hasta la muerte!

    Agora con mudanza de mi suerte  5
en mis mejillas traigo su divisa;
pero si tú le das tus armas, Nisa,
¿a quién ha de tirar, que no le acierte?

    De ver estas mudanzas admirado,
yo mismo me pregunto de qué modo  10
tan presto la cerviz al yugo puse;

   mas luego me respondo consolado:
«Amor en ocasión lo puede todo»;
ajenas culpas hay con que me excuse.




ArribaAbajo- XXXVI -


ArribaAbajo   ¿Quién casamiento ha visto sin engaños
y más si en dote cuentan la hermosura?
Cosa que hasta gozarla sólo dura,
y deja al despertar con desengaños.

    O menos es la hacienda, o más los años,  5
y al fin la que parece más segura,
no está sin una pinta de locura,
y a veces con remiendos de otros daños.

    Mucho debes a Julia, Fabio amigo,
que de tantos peligros te ha librado,  10
negándote la fe, que te debía.

   Tú que de engaño al otro eres testigo,
y lloras no haber sido el engañado,
ríete, si no quieres que me ría.




ArribaAbajo- XXXVII -


Al sueño


ArribaAbajo   Imagen espantosa de la muerte,
sueño cruel, no turbes más mi pecho
mostrándome cortado el nudo estrecho,
consuelo sólo de mi adversa suerte.

   Busca de algún tirano el muro fuerte,  5
de jaspe las paredes, de oro el techo,
o el rico avaro en el angosto lecho,
haz que temblando con sudor despierte.

    El uno vea el popular tumulto
romper con furia las herradas puertas,  10
o al sobornado siervo el hierro oculto.

    El otro sus riquezas, descubiertas
con llave falsa o con violento insulto,
y déjale al amor sus glorias ciertas.




ArribaAbajo- XXXVIII -


La vida en el campo


ArribaAbajo    Llevó tras sí los pámpanos octubre
y con las grandes lluvias insolente,
no sufre ibero márgenes ni puente,
mas antes los vecinos campos cubre.

    Moncayo, como suele, ya descubre  5
coronada de nieve la alta frente;
y el sol apenas vemos en Oriente
cuando la opaca tierra nos lo encubre.

    Sienten el mar y selvas ya la saña
del Aquilón, y encierra su bramido  10
gente en el puerto y gente en la cabaña.

    Y Fabio, en el umbral de Tais tendido,
con vergonzosas lágrimas lo baña,
debiéndolas al tiempo que ha perdido.




ArribaAbajo- XXXIX -


ArribaAbajo    No fueron tus divinos ojos, Ana,
los que al yugo amoroso se han rendido;
ni los rosados labios, dulce nido
del ciego niño, donde néctar mana;

    ni las mejillas, de color de grana;  5
ni el cabello, que al oro es preferido;
ni las manos, que ha tantos han vencido;
ni la voz, que está en duda si es humana.

    Tu alma, que en tus obras se trasluce,
es la que sujetar pudo la mía  10
por que fuese inmortal su cautiverio.

    Así, todo lo dicho se reduce
a sólo su poder, porque tenía
por ella cada cual su ministerio.




ArribaAbajo- XL -


A un mancebo y una doncella nobles, que se habían criado juntos desde niños, hasta edad mayor en que podían tener peligro


ArribaAbajo    Silvio, en tu edad ningún peligro hay leve:
ya comienzas a hablar con voz oscura,
y a extender sombra el bozo en tu blancura
sobre este labio superior se atreve.

    Y en ti, Drusila, de sutil relieve  5
ya el pecho sus dos bultos apresura,
y en cada cual, sobre la cumbre pura,
vivo forma un rubí su centro breve.

   Sienta vuestra amistad leyes mayores
que hoy más, que en la sencilla inadvertencia  10
cubre amor con silencio su veneno.

   Fiel ha sido hasta aquí vuestra frecuencia;
mas si áspide admite un suelo ameno,
con razón pierden crédito sus flores.




ArribaAbajo- XLI -


ArribaAbajo   Temí, señora, con razón mi daño,
cuando amor con razón me persuadía,
porque bien sospechaba que cubría
con falso rostro algún efecto extraño.

    A tiempo el alma descubrió su engaño,  5
mas no se resistió de parte mía,
ni el áspero desdén con mano fría
despertó, como suele, al desengaño.

   Entonces bien pudiera, por ventura;
agora no, que ocupa el otro extremo,  10
rendida la razón que estaba en medio

   ya perdí la esperanza de la cura,
ya los consejos son los que más temo,
ya ni el mal es sufrible ni el remedio.




ArribaAbajo- XLII -


ArribaAbajo   Este prolijo y tenebroso día,
el cual con piedra negra notar quiero,
memoria es dignamente del primero
de mi vida, si es vida aquesta mía.

   Entonces lo lloraba en profecía,  5
y de su soledad tomando agüero,
en tanto que viviere ya no espero
tener en él sucesos de alegría.

   Odioso me será, y odioso sea
al cielo y a la tierra eternamente,  10
pues en él se me esconde Galatea.

   Entre las noches lóbregas se cuente,
y en él ninguna acción jamás se vea
digna de que la fama la sustente.




ArribaAbajo- XLIII -


ArribaAbajo    Tras importunas lluvias amanece,
coronando los montes el sol claro;
salta del lecho el labrador avaro
que las horas ociosas aborrece.

   La torba frente al duro yugo ofrece  5
el animal que a Europa fue tan caro;
sale de su familia firme amparo,
y los surcos solícito enriquece.

    Vuelve de noche a su mujer honesta,
que lumbre, mesa y lecho le apercibe,  10
y el enjambre de hijuelos le rodea.

   Fáciles cosas cena con gran fiesta;
el sueño sin envidia le recibe:
¡O corte? ¿o confusión? ¿quién te desea?




ArribaAbajo- XLIV -


ArribaAbajo    Tanto mi grave sentimiento pudo,
que en la mano de bárbara violencia
hizo dando lugar a la clemencia
volver el filo del cuchillo agudo.

   ¿Hay por ventura de diamante escudo  5
que pueda hacer tan firme resistencia,
como de un alma pura la inocencia
que ofrece el pecho al vencedor desnuda?

    Yo vi, yo vi los ojos, no es mentira,
que muerte amenazaban, detenerse  10
con blando efecto en la miseria mía;

   y deshacerse los nublados de ira,
y la santa piedad aparecerse;
que todo es fácil si en la fe se fía.




ArribaAbajo- XLV -


ArribaAbajo   Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
que aquel blanco y carmín de doña Elvira
no tiene de ella más, si bien se mira,
que el haberle costado su dinero.

    Pero también que me confieses quiero  5
que es tanta la beldad de su mentira,
que en vano competir con ella aspira
belleza igual de rostro verdadero.

   Mas, ¿qué mucho que yo perdido ande
por un engaño tal, pues que sabemos  10
que nos engaña así naturaleza?

    Porque ese cielo azul que todos vemos,
ni es cielo ni es azul, ¡Lástima grande
que no sea verdad tanta belleza!




ArribaAbajo- XLVI -


ArribaAbajo    Suelta el cabello al céfiro travieso,
para que recompense, Cintia, un rato
de los muchos que usurpa el aparato
que le añade, no gracia, sino peso.

   ¡Cuánta más luz que coronado o preso  5
nos descubre ondeando sin recato!
Y dime si en las leyes del ornato
respondió al arte con tan gran suceso.

   A cabellos de mal seguros reyes
ofrezcan ambiciosos resplandores  10
las ondas y las minas del oriente;

    los tuyos ni los crespes ni los dores;
y pues crecieron en tan libre frente,
imiten su altivez, no guarden leyes.




ArribaAbajo- XLVII -


ArribaAbajo   Por verte, Inés, ¿qué avaras celosías
no asaltaré? ¿Qué puertas, qué canceles,
aunque los arme de candados fieles
tu madre y de arcabuces las espías?

    Pero el seguirte en las mañanas frías  5
de abril, cuando mostrarte al campo sueles,
bien que con los jardines y claveles
de tu rostro a la Aurora desafías,

   eso no, amiga, no; que aunque en los prados
plácido iguala el mes las yerbas secas,  10
porque igualmente les aviva el seno,

   con las risueñas auras, que en jaquecas
sordas convierte al húmedo sereno,
hace los cimenterios corcovados.




ArribaAbajo- XLVIII -


ArribaAbajo   Fabio, pensar que el Padre soberano
en esas rayas de la palma diestra
(que son arrugas de la piel) te muestra
los accidentes del discurso humano,

    es beber con el vulgo el error vano  5
de la ignorancia, su común maestra;
bien te confieso que la suerte nuestra,
mala o buena, la puso en nuestra mano.

    Di, ¿quién te estorbará el ser rey, si vives
sin envidiar la suerte de los reyes,  10
tan contento y pacífico en la tuya,

    que estén ociosas para ti sus leyes,
y cualquier novedad que el cielo influya
como cosa ordinaria la recibes?




ArribaAbajo- XLIX -


Al padecer un gran desmayo


ArribaAbajo    Si un afecto, Señor, puedo ofrecerte
al culto de sus ídolos atento,
con lágrimas de amor te lo presento;
tú en víctima perfecta lo convierte.

   Que en este sueño tan intenso y fuerte,  5
de sus misericordias instrumento,
no imagen imitada es lo que siento,
sino un breve misterio de la muerte,

   en quien con ojos superiores miro
mi fábrica interior oscurecida.  10
Báñela aquella luz, Señor, aquella

    que inspira perfecciones a la vida;
pues permites que goce, sin perdella,
experiencias del último suspiro.




ArribaAbajo- L -


ArribaAbajo   ¿Estás libre, Damón? Pues no blasones,
que la jactancia ni en seguro es buena;
y si te queda un átomo de pena,
te traerá a las primeras ocasiones.

   No se juzga por libre de prisiones  5
el can por más que rompa la cadena,
mientras que asida a la cerviz le suena
alguna parte de los eslabones.

   Paz suele ser de Amor breves enojos;
y todos los nublados de tu ira  10
los volverá en tranquilidad tu diosa,

   si se humana a poner, cuando te mira,
de aquella risa todopoderosa
un suave relámpago en sus ojos.




ArribaAbajo- LI -


ArribaAbajo    Más embravezco al mar, más inquietos
pruebo los vientos cuanto más envío
voces al cielo, y al lamento mío
responde con más ásperos efectos.

   Mas si llevo estos ídolos secretos,  5
¿por qué lo espero favorable y pío?
¿Guardo, Filis, tus prendas y porfío
a pedir paz con votos imperfetos?

    Osemos, pues. ¿Qué tiemblas, mano? Intenta
ardan las adoradas hebras de oro,  10
su imagen y estas letras de su dueño.

   Que así, ronco el piloto en la tormenta,
arroja al mar las perlas y el tesoro
para librar el combatido leño.




ArribaAbajo- LII -


ArribaAbajo   En abismos poner los fundamentos
de la ancha tierra y, cual pequeño velo,
hacer los aires, y formar el cielo
y estrellas, con diversos movimientos;

    dar ley al mar y reprimir los vientos,  5
juntar conformes el calor y el hielo,
con providencia y con eterno celo
crecer vivientes plantas y elementos.

    Señor, a tu poder muy poco ha sido;
mas que Tú, Dios; que Tú, Criador, quisieses  10
nacer hombre y morir por quien te ofende,

   tanto a tus maravillas ha excedido,
que no lo sé decir, basta que fueses
el que lo hizo, y sólo el que lo entiende.




ArribaAbajo- LIII -


ArribaAbajo   En fin, en fin, tras tanto andar corriendo,
tras tanto variar vida y destino,
tras tanto de uno y otro desatino,
querer todo abrazar, nada cogiendo;

    tras tanto acá y allá, yendo y viniendo,  5
cual sin aliento inútil peregrino,
¡oh Dios!, tras tanto error del buen camino
yo de mi propio mal ministro siendo,

    hallo que al fin ser muerto en la memoria
del mundo es lo mejor que en él se esconde,  10
pues es la paga de muerte y del olvido;

    y en un rincón vivir con la victoria
de sí, puesto el querer tan sólo adonde
es premio el mismo Dios de lo servido.




ArribaAbajo- LIV -


ArribaAbajo    Cual cisne, que con últimos alientos
vive y muere cantando a un mismo punto,
y en el sepulcro y nido todo junto,
más vivos articula los acentos.

   Tal en la dura cama, en fuegos lentos,  5
el invicto española vivo y difunto,
levantó este divino contrapunto,
cercado de tiranos y tormentos.

   Yo, Celestial Señor, yo, aquel Laurencio
a cuyo corazón fuerza enviaste,  10
para mayor martirio suficiente;

   y a quien tú visitaste en el silencio
de la noche, y con fuego examinaste,
ardiendo el alma en otro más ardiente.

   Recibe este mi espíritu inocente,  15
y tú, tirano, cruel, cruel Ceraste,
resuelve y come de este lado abierto,
y da sepulcro vivo a nuestro cuerpo.




ArribaAbajo- LV -


ArribaAbajo    El lamentable son del campo griego,
los golpes fieros del troyano fuerte,
mil espantosos géneros de muerte,
y en suma cuanto pueden hierro y fuego.

    Aquiles oye y mira con sosiego,  5
sin que se duela de su adversa suerte;
antes tañe su lira y se divierte,
y al sol confunde la piedad y el ruego.

    En él vive la injuria solamente
de que Briseida bella, su querida,  10
de Agamenón por fuerza ocupa el lecho.

    Y así consigo mismo es inclemente,
pues de su gloria, que es lo más, se olvida:
tanto puede la fuerza de un despecho.




ArribaAbajo- LVI -


ArribaAbajo    El justo Simeón, sagrado Atlante,
ha en sus manos al cielo sostenido,
antes al Autor de ellos reducido
a forma humana de pequeño infante.

   Al Calvario también fue semejante  5
(altar para el cordero prevenido),
pues al padre en sus brazos ofrecido,
cifrado vio lo que se alzó adelante.

   Así anunciando al mundo su alegría,
y el cuchillo y dolores a la Madre,  10
pide la muerte (en tal razón clemente);

   porque entonces sus labios Dios movía,
con ellos pronunciando lo que al Padre
Eterno protestaba interiormente.




ArribaAbajo- LVII -


ArribaAbajo   Sin que contraste la humildad profunda,
con que huyó de la gloria humana Diego,
hoy ve altar en su nombre, y arder fuego,
de donde grato olor a Dios redunda.

   Él, que dio humilde el cuello a la coyunda,  5
y fue del siglo vano oprobio y juego,
vedlo gozando celestial sosiego,
y cómo de riqueza eterna abunda.

   Póstranse las Coronas y Tiaras
a donde puso la desnuda planta,  10
y cumplen peregrinos votos sacros.

    Vivo no osó tratar la santas Aras,
y muerto, Dios sobre ellas se levanta,
en eterna memoria y simulacros.




ArribaAbajo- LVIII -


ArribaAbajo   Mirando Cloris una fuente clara,
donde otras veces afilar solía
las armas desdeñosas, con que hería,
y en vano ahora contra mí repara.

   Vio como el tiempo sus mejillas ara,  5
en señal de castigo y rebeldía,
sembrando sal, donde el amor tenía,
para sacrificar las almas ara.

   Viéndose tal con lágrimas y tierra,
enturbiaba la fuente por vengarse,  10
como si ella la causa hubiera sido.

   Al fin, sacó este fruto de su guerra,
que vio poder las aguas aclararse,
mas no cobrarse el tiempo ya perdido.




ArribaAbajo- LIX -


ArribaAbajo   Al hijo fuerte, del mayor planeta,
que al Cielo, y a los dioses fue columna,
Sierpes le acometieron en la cuna,
y las llamas le apuran en Oeta.

    Y hasta llegar a la región quieta,  5
su madrastra le fue tan importuna,
que no pudo del techo vez alguna,
colgar la maza en ocio, o la saeta.

    Pero viendo la misma que los dioses
le daban con aplauso eterno asiento,  10
depuso la venganza, y aprobólo.

    Así yo espero un tiempo en que reposes,
que pues concurren tantos a un intento,
no podrá contestarlos uno solo.




ArribaAbajo- LX -


ArribaAbajo    El vulgo vano (siervo de la fama
que de estatuas y títulos se admira)
a la ganancia vil atento aspira,
y a todo lo demás vanidad llama.

    El sabio la virtud sin prendas ama,  5
por los títulos vanos no suspira,
de la ganancia infame se retira,
y sólo a sí se alumbra con su llama.

    De esto nos dejas admirable ejemplo,
o Diógenes nuevo, no rendido  10
al favor de Alejandros o Mecenas.

    En ti dos graves Scévolas contemplo,
uno del justo Marte favorido,
otro de la que dio su nombre a Atenas.



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