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- CXCVIII a -


Dificulta retratar una grande hermosura, que se lo había mandado, y enseña el modo que solo alcanza para que fuera posible


ArribaAbajo   Si quien ha de pintaros ha de veros,
y no es posible sin cegar miraros,
¿quién será poderoso a retrataros,
sin ofender su vista y ofenderos?

   En nieve y rosas quise floreceros;  5
mas fuera honrar las rosa y agraviaros;
dos luceros por ojos quise daros;
mas ¿cuándo lo soñaron los luceros?

   Conocí el imposible en el bosquejo;
mas vuestro espejo a vuestra lumbre propia  10
aseguró el acierto en su reflejo.

   Podraos él retratar sin luz impropia,
siendo vos de vos propia, en el espejo,
original, pintor, pincel y copia.




- CXCVIII b -


Ceniza en la frente de Aminta, el miércoles de ella


ArribaAbajo   Aminta, para mí cualquiera día
es de ceniza, si merezco verte;
que la luz de tus ojos es de suerte
que aun encender podrá la nieve fría.

   Arde, dichosamente, el alma mía;  5
y aunque amor en ceniza me convierte,
es de fénix ceniza, cuya muerte
parto es vital, y nueva fénix cría.

   Puesta en mis ojos dice eficazmente
que soy mortal, y vanos mis despojos,  10
sombra oscura y delgada, polvo ciego.

   Mas la que miro en tu espaciosa frente
advierte las hazañas de tus ojos:
pues quien los ve es ceniza, y ellos fuego.




- CXCIX a -


A una dama que apagó una bujía, y la volvió a encender en el humo soplando


ArribaAbajo   La lumbre, que murió de convencida
con la luz de tus ojos y, apagada
por sí en el humo, se mostró enlutada,
exequias de su llama ennegrecida,

   bien pudo blasonar su corta vida,  5
que la venció beldad tan alentada,
que con el firmamento, en estacada,
rubrica en cada rayo una herida.

   Tú, que la diste muerte, ya piadosa
de tu rigor, con ademán travieso  10
la restituyes vida más hermosa.

   Resucitola un soplo tuyo impreso
en humo, que tu boca es milagrosa
aura, que nace con facción de beso.




- CXCIX b -


Impugna la nobleza divina, de que presume el amor, con su orden y con sus efectos


ArribaAbajo   Si tu país y patria son los cielos,
¡oh Amor!, y Venus, diosa de hermosura,
tu madre, y la ambrosía bebes pura
y hacen aire al ardor del sol tus vuelos;

   si tu deidad blasona por abuelos  5
herida deshonesta, y la blancura
de la espuma del mar, y (a) tu segura
vista, humildes, gimieron Delfo y Delos,

   ¿por qué bebes mis venas, fiebre ardiente,
y habitas las medulas de mis huesos?  10
Ser dios y enfermedad ¿cómo es decente?

   Deidad y cárcel de sentidos presos,
la dignidad de tu blasón desmiente,
y tu victoria infaman tus progresos.




- CC a -


Describe a Leandro fluctuante en el mar


ArribaAbajo   Flota de cuantos rayos y centellas,
en puntas de oro, el ciego Amor derrama,
nada Leandro; y cuanto el Ponto brama
con olas, tanto gime por vencellas.

   Maligna luz multiplicó en estrellas  5
y grande incendio sigue pobre llama:
en la cuna de Venus, quien bien ama,
no debió recelarse de perdellas.

   Vela y remeros es, nave sedienta;
mas no le aprovechó, pues desatado,  10
Noto los campos líquidos violenta.

   Ni volver puede, ni pasar a nado;
si llora, crece el mar y la tormenta:
que hasta poder llorar le fue vedado.




- CC b -


Encareciendo las adversidades de los troyanos, exagera más la hermosura de Aminta


ArribaAbajo   Ver relucir, en llamas encendido,
el muro que a Neptuno fue cuidado;
caliente y rojo con la sangre el prado,
y el monte resonar con el gemido;

   a Xanto en cuerpos y armas impedido,  5
y en héroes, como en peñas, quebrantado;
a Héctor en las ruedas amarrado
y, en su desprecio, a Aquiles presumido;

   los robos licenciosos, los tiranos,
la máquina de engaños y armas llena,  10
que escuadras duras y enemigos vierte,

   no llorarán, Aminta, los troyanos,
si, en lugar de la griega hermosa Helena,
París te viera, causa de su muerte.




- CCI a -


A Aminta, que para enseñar el color de su cabello llegó una vela y se quemó un rizo que estaba junto al cuello


ArribaAbajo   Enriquecerse quiso, no vengarse,
la llama que encendió vuestro cabello;
que de no codiciarle, y poder vello,
ni el tesoro del sol podrá librarse.

   Codicia fue, que puede mal culparse,  5
robarle quien no pudo merecello;
milagro fue pasar por vuestro cuello
y en tanta nieve no temer helarse.

   O quiso introducir en sol su llama,
y aprender a ser día, a ser aurora,  10
en las ondosas minas que derrama,

   o la hazaña de Eróstrato traidora
repite, y busca por delitos fama,
quemando al sol el templo que él adora.




- CCI b -


Descripción del ardor canicular, que respeta el llanto enamorado y no le enjuga


ArribaAbajo   Ya la insana Canícula, ladrando
llamas, cuece las mieses, y, en hervores
de frenética luz, los labradores
ven a Proción los campos abrasando.

   El piélago encendido está exhalando  5
al sol humos en traje de vapores;
y, en el cuerpo, la sangre y los humores
discurren sediciosos fulminando.

   Bébese sin piedad la sed del día
en las fuentes y arroyos, y en los ríos  10
la risa y el cristal y la armonía.

   Sólo del llanto de los ojos míos
no tiene el Can Mayor hidropesía,
respetando el tributo a tus desvíos.




- CCII a -


A una dama bizca y hermosa


ArribaAbajo   Si a una parte miraran solamente
vuestros ojos, ¿cuál parte no abrasaran?
Y si a diversas partes no miraran,
se helaran el ocaso o el Oriente.

   El mirar zambo y zurdo es delincuente;  5
vuestras luces izquierdas lo declaran,
pues con mira engañosa nos disparan
facinerosa luz, dulce y ardiente.

   Lo que no miran ven, y son despojos
suyos cuantos los ven, y su conquista  10
da a l'alma tantos premios como enojos.

   ¿Qué ley, pues, pudo mover al mal jurista
a que, siendo monarcas los dos ojos,
los llamase vizcondes de la vista?




- CCII b -


A una dama tuerta y muy hermosa


ArribaAbajo   Para agotar sus luces la hermosura
en un ojo no más de vuestra cara,
grande ejemplar y de belleza rara
tuvo en el sol, que en una luz se apura.

   Imitáis, pues, aquella arquitectura  5
de la vista del cielo, hermosa y clara;
que muchos ojos, y de luz avara,
sola la noche los ostenta oscura.

   Si en un ojo no más, que en vos es día,
tiene cuantos le ven muerte y prisiones,  10
al otro le faltara monarquía.

   Aun faltan a sus rayos corazones,
victorias a su ardiente valentía
y al triunfo de sus luces aun naciones.




- CCIII a -


A otra dama de igual hermosura y del todo ciega


ArribaAbajo   Envidia, Antandra, fue del sol y el día,
en que también pecaron las estrellas,
el quitaros los ojos, porque en ellas
el fuego blasonase monarquía.

   A poder vos mirar, la fuente fría  5
encendiera cristales en centellas;
viera ceniza sus espumas bellas,
tronara fulminando su armonía.

   Hoy ciega juntamente y desdeñosa,
sin ver la herida ni atender al ruego,  10
vista cegáis al que miraros osa.

   La nieve esquiva oficio hace de fuego;
y en el clavel fragante y pura rosa
vemos ciego al desdén, y al Amor ciego.




- CCIII b -


Llanto, presunción, culto y tristeza amorosa


ArribaAbajo   Esforzaron mis ojos la corriente
de este, si fértil, apacible río;
y cantando frené su curso y brío:
¡tanto puede el dolor en un ausente!

   Mireme incendio en esta clara fuente  5
antes que al prendiese yelo frío,
y vi que no es tan fiero el rostro mío
que manche, ardiendo, el oro de tu frente.

   Cubrió nube de incienso tus altares,
coronelos de espigas en manojos,  10
sequé, crecí con llanto y fuego a Henares.

   Hoy me fuerzan mi pena y tus enojos
(tal es por ti mi llanto) a ver dos mares
en un arroyo, viendo mis dos ojos.




- CCIV a -


Persuade al río que, pues crecido va con sus lágrimas, también vaya significando su dolor


ArribaAbajo   Frena el corriente, ¡oh Tajo retorcido!,
tú, que llegas al mar rico y dorado,
en tanto que al rigor de mi cuidado
busco (¡ay, si le hallase!) algún olvido.

   No suenes lisonjero, pues perdido  5
ves a quien te bebió con su ganado;
viste de mi color desanimado
los cristales que al mar llevas tendido.

   Pues en llantos me anegan mis enojos,
con el recién nacido sol no rías,  10
ni alimente tu margen sino abrojos.

   Que no es razón que, si tus aguas frías
son lágrimas llovidas de mis ojos,
rían cuando las lloran ansias mías.




- CCIV b -


A Amarili, que tenía unos pedazos de búcaro en la boca y estaba muy al cabo de comérselos


ArribaAbajo   Amarili, en tu boca soberana
su tez el barro de carmín colora;
ya de coral mentido se mejora,
ya aprende de tus labios a ser grana.

   Apenas el clavel, que a la mañana  5
guarda en rubí las lágrimas que llora,
se atreverá con él, cuando atesora
la sangre en sí de Venus y Diana.

   Para engarzar tu púrpura rompida,
el sol quisiera repartir en lazos  10
tierra, por portuguesa, enternecida.

   Tú de sus labios mereciste abrazos:
presume ya de aurora, el barro olvida;
pues se muere, mi bien, por tus pedazos.




- CCV -


Quiere que la hermosura consista en el movimiento


ArribaAbajo   No es artífice, no, la simetría
de la hermosura que en Floralba veo;
ni será de los números trofeo
fábrica que desdeña al sol y al día.

   No resulta de música armonía  5
(perdonen sus milagros en Orfeo),
que bien la reconoce mi deseo
oculta majestad que el cielo envía.

   Puédese padecer, mas no saberse;
puédese codiciar, no averiguarse,  10
alma que en movimientos puede verse.

   No puede en la quietud difunta hallarse
hermosura, que es fuego en el moverse,
y no puede viviendo sosegarse.




- CCVI -


Quejarse en las penas de amor debe ser permitido y no profana el secreto


ArribaAbajo   Arder sin voz de estrépito doliente
no puede el tronco duro inanimado;
el robre se lamenta, y, abrasado,
el pino gime al fuego, que no siente.

   ¿Y ordenas, Floris, que en tu llama ardiente  5
quede en muda ceniza desatado
mi corazón sensible y animado,
víctima de tus aras obediente?

   Concédame tu fuego lo que al pino
y al robre les concede voraz llama:  10
piedad cabe en incendio que es divino.

   Del volcán que en mis venas se derrama,
diga su ardor el llanto que fulmino;
mas no lo sepa de mi voz la Fama.




- CCVII -


Elige el morir amando, por no dar muerte a la amante o a la amada, hallándose en peligro de morir alguno


ArribaAbajo   La que me quiere y aborrezco quiero
librar, porque acompañe mi ventura;
pues me aborrece en Floris la hermosura,
por quien amante y despreciado muero.

   Mas ¿cómo? ¿Del amor en que ardo, espero  5
contra mi propia vida tal locura?
La que yo adoro pasará segura:
obligarála ver que la prefiero.

   Mas si por no vivir desesperado
soy ingrato, mi propio amor desprecio,  10
y contra mí aconsejo mi cuidado.

   Si el uno por los dos ha de ser precio,
más quiero ser amante y ahogado,
que al favor o al desdén ingrato o necio.




- CCVIII a -


Amor no admite compañía de competidor, ansí como el reinar


ArribaAbajo   No admiten, no, Floralba, compañía
Amor y Majestad; siempre triunfante
solo ha de ser el rey, solo el amante:
humos tiene el favor de monarquía.

   El padre ardiente de la luz del día  5
no permite que muestre su semblante
estrella presumida y centelleante
en cuanto reina en la región vacía.

   Amor es rey tan grande, que aprisiona
en vasallaje el cielo, el mar, la tierra,  10
y única y sola majestad blasona.

   Todo su imperio un corazón le cierra;
la soledad es paz de su corona;
la compañía, sedición y guerra.




- CCVIII b -


A una dama de singular gracia y hermosura, que estuvo en Francia, y hablaba la lengua francesa con mucho donaire


ArribaAbajo   Si en Francia, tan preciada de sus Pares,
no hallo, Manuela, par vuestra hermosura,
la ardiente rosa en vuestra nieve pura
blasones sean de España singulares.

   De Orlando las hazañas militares,  5
si a vuestra luz probaran aventura,
mejor calificaran su locura,
cuando el vencido os dedicara altares.

   Vuestra boca, riéndose, es aurora;
es francesa, si habla; y es Oriente  10
que con todas las Indias enamora.

   Por vos la rosa castellana ardiente
en París fue gloriosa vencedora
del lirio de oro, que hoy la envidia ausente.




- CCIX a -


A unos hermosos ojos que vio al anochecer


(Soneto en toscano)


ArribaAbajo   Diviso el sole partoriva il giorno,
languido nella tomba d'occidente;
risorse dal sepolchro il lume ardente
di bionde stelle coronato intorno.

   Era di maestà imperiosa adorno  5
il mio signor, che co'l pensier cocente
la mia vita depreda egra, giacente,
per far incinerir il suo soggiorno.

   La vita che dié al giorno, a me la tolse,
prodiga a lui di luce ed a me avara,  10
donna la amai, e riverilla dea.

   Ligommi il core il biondo crin, che sciolse,
che dal suo sguardo ad esser crudo impara,
e vedi fulminante Citherea.




- CCIX b -


Indignación contra el amor, porque prendiendo con una hermosura una libertad, deja libre la hermosura


ArribaAbajo   ¿Tú, dios, tirano y ciego Amor? Primero
adorare por dios la sombra vana.
Hijo de aquella adúltera profana,
dudoso mayorazgo de un herrero;

   viejo de tantos siglos embustero,  5
lampiño más allá de barba cana;
peste sabrosa de la vida humana,
pajarito de plumas de tintero.

   ¿Dejas libre a Floralba, y en sus manos
me prendes, donde ardiendo en nieve, enjugo  10
mis venas con incendios inhumanos?

   Si quiere coger fruto, dios verdugo,
aprende a labrador de los villanos:
que dos novillos uncen en un yugo.




- CCX a -


Admírase de que Flora, siendo todo fuego y luz, sea todo hielo


ArribaAbajo   Hermosísimo invierno de mi vida,
sin estivo calor constante yelo,
a cuya nieve da cortés el cielo
púrpura en tiernas flores encendida;

   esa esfera de luz enriquecida,  5
que tiene por estrella al dios de Delo,
¿cómo en la elemental guerra del suelo
reina de sus contrarios defendida?

   Eres Scytia de l'alma que te adora,
cuando la vista, que te mira, inflama;  10
Etna, que ardientes nieves atesora.

   Si lo frágil perdonas a la fama,
eres al vidrio parecida, Flora,
que siendo yelo, es hijo de la llama.




- CCXII -


Filosofía con que intenta probar a un mismo tiempo puede un sujeto amar a dos


ArribaAbajo   Si de cosas diversas la memoria
se acuerda, y lo presente y lo pasado
juntos la alivian y la dan cuidado,
y en ella son confines pena y gloria;

   y si al entendimiento igual victoria  5
concede inteligible lo criado,
y a nuestra libre voluntad es dado
numerosa elección, y transitoria,

   Amor, que no es potencia solamente,
sino la omnipotencia padecida  10
de cuanto sobre el suelo vive y siente,

   ¿por qué con dos incendios una vida
no podrá fulminar su luz ardiente
en dos diversos astros encendida?




- CCXIII a -


Verifica la sentencia de arriba en dos afectos suyos


ArribaAbajo   Tal vez se ve la nave negra y corva
entre aquilón y el euro combatida;
y cuanto más del uno es impelida,
el otro con adverso mar la estorba.

   De éste la saña de su frente torva  5
la embiste; aquél la calma; y, suspendida,
teme la gavia vela mal regida,
la quilla Euripo que voraz la sorba.

   No de otra suerte entre Rosalba y Flora,
en naufragio amoroso distraído,  10
ardiente el corazón suspira y llora.

   En dos afectos peno dividido;
y una hermosura espera vencedora
que dos triunfos alcance de un vencido.




- CCXIII b -


Amor que, sin detenerse en el efecto sensitivo, pasa al intelectual


ArribaAbajo   Mandome, ¡ay Fabio!, que la amase Flora
y que no la quisiese; y mi cuidado,
obediente y confuso y mancillado,
sin desearla, su belleza adora.

   Lo que el humano afecto siente y llora,  5
goza el entendimiento, amartelado
del espíritu eterno, encarcelado
en el claustro mortal que le atesora.

   Amar es conocer virtud ardiente;
querer es voluntad interesada,  10
grosera y descortés caducamente.

   El cuerpo es tierra, y lo será, y fue nada;
de Dios procede a eternidad la mente:
eterno amante soy de terna amada.




- CCXIV a -


Es sentencia platónica que la armonía y contextura universal del mundo con la del amor halla presunción amorosa


ArribaAbajo   Alma es del mundo Amor; Amor es mente
que vuelve en alta espléndida jornada
del sol infatigable luz sagrada,
y en varios cercos todo el coro ardiente;

   espíritu fecundo y vehemente  5
con varonil virtud, siempre inflamada,
que en universal máquina mezclada
paterna actividad obra clemente.

   Este, pues, burlador de los reparos,
que, atrevidos, se oponen a sus jaras,  10
artífice inmortal de afectos raros,

   igualmente nos honra, si reparas;
pues si hace trono de tus ojos claros,
Flora en mi pecho tiene templo y aras.




- CCXIV b -


Música consonancia del movimiento de unos ojos hermosos, imperceptible al oído, como la música de los orbes celestiales


ArribaAbajo   Las luces sacras, el augusto día
que vuestros ojos abren sobre el suelo,
con el contento que se mueve el cielo,
en mi espíritu explican armonía.

   No cabe en los sentidos melodía  5
imperceptible en el terreno velo;
mas del canoro ardor y alto consuelo
las cláusulas atienden l'alma mía.

   Primeros mobles son vuestras esferas,
que arrebatan en cerco ardiente de oro  10
mis potencias absortas y ligeras.

   Puedo perder la vida, no el decoro
a vuestras alabanzas verdaderas,
pues, religioso, alabo lo que adoro.




- CCXV a -


Majestuosa hermosura de semblante disimulado


ArribaAbajo   Esa benigna llama y elegante,
que inspira amor, hermosa y elocuente,
la entiende l'alma, el corazón la siente,
aquélla docta y éste vigilante.

   Los misterios del ceño y del semblante  5
y la voz del silencio que, prudente,
pronuncia majestad honestamente,
bien los descifra mi respeto amante.

   Si supe conoceros y estimaros,
y al cielo merecí dicha de veros,  10
no os ofenda, señora, ya el miraros.

   Yo ni os puedo olvidar ni mereceros;
pero si he de ofenderos con amaros,
no os pretendo obligar con no ofenderos.




- CCXV b -


A un caballero que se dolía del dilatarse la posesión de su amor


ArribaAbajo   Quien no teme alcanzar lo que desea
da prisa a su tristeza y a su hartura:
la pretensión ilustra la hermosura,
cuanto la ingrata posesión la afea.

   Por halagüeña dilación rodea  5
el que se dificulta su ventura,
pues es grosero el gozo y mal segura
la que en la posesión gloria se emplea.

   Muéstrate siempre, Fabio, agradecido
a la buena intención de los desdenes,  10
y nunca te verás arrepentido.

   Peor pierde los gustos y los bienes
el desprecio que sigue a lo adquirido,
que el imposible en adquirir, que tienes.




- CCXVI a -


Celebra a una dama poeta, llamada Antonia


ArribaAbajo   Antes alegre andaba, agora apenas
alcanzo alivio, ardiendo aprisionado;
armas a Antandra aumento acobardado;
aire abrazo, agua aprieto, aplico arenas.

   Al áspid adormido, a las amenas  5
ascuas acerco atrevimiento alado;
alabanzas acuerdo al aclamado
aspecto, a quien admira antigua Atenas.

   Agora, amenazándome atrevido,
Amor aprieta aprisa arcos, aljaba;  10
aguardo al arrogante agradecido.

   Apunta airado; al fin, amando, acaba
aqueste amante al árbol alto asido,
adonde alegre, ardiendo, antes amaba.




- CCXVI b -


Amante agradecido a las lisonjas mentirosas de un sueño


ArribaAbajo   ¡Ay, Floralba! Soñé que te... ¿Direlo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?

   Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,  5
cual suele opuestas flechas de su aljaba,
mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
como mi adoración en su desvelo.

   Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte,
que nunca duerma yo, si estoy despierto,  10
y que si duermo que jamás despierte.»

   Mas desperté del dulce desconcierto;
y vi que estuve vivo con la muerte,
y vi que con la vida estaba muerto.




- CCXVII a -


Venganza de la edad en hermosura presumida


ArribaAbajo   Cuando tuvo, Floralba, tu hermosura,
cuantos ojos te vieron, en cadena,
con presunción, de honestidad ajena,
los despreció, soberbia, tu locura.

   Persuadiote el espejo conjetura  5
de eternidades en la edad serena,
y que a su plata el oro en tu melena
nunca del tiempo trocaría la usura.

   Ves que la que antes era, sepultada
yaces en la que vives; y, quejosa,  10
tarde te acusa vanidad burlada.

   Mueres doncella, y no de virtuosa,
sino de presumida y despreciada:
esto eres vieja, esotro fuiste hermosa.




- CCXVII b -


A Flori, que tenía unos claveles entre el cabello rubio


ArribaAbajo   Al oro de tu frente unos claveles
veo matizar, cruentos, con heridas;
ellos mueren de amor, y a nuestras vidas
sus amenazas les avisan fieles.

   Rúbricas con piadosas y crueles,  5
joyas facinerosas y advertidas,
pues publicando muertes florecidas,
ensangrientan al sol rizos doseles.

   Mas con tus labios quedan vergonzosos
(que no compiten flores a rubíes)  10
y pálidos después, de temerosos.

   Y cuando con relámpagos te ríes,
de púrpura, cobardes, si ambiciosos,
marchitan sus blasones carmesíes.




- CCXVIII a -


Confusión de peligros contemplando la hermosura de quien los causa, y consuelo en el riesgo mayor


ArribaAbajo   No lo entendéis, mis ojos, que ese cebo
que os alimenta es muerte disfrazada
que, de la vista de Silena airada,
con sed enferma, porfiado, bebo.

   Sólo de mí os quejad, que sólo os llevo  5
donde la alma dejáis aprisionada,
peregrinando, ciegos, la jornada,
con más peligro cada vez que os muevo.

   Si premio pretendéis, sois atrevidos;
y si no lo esperáis, desesperados;  10
cautivos si miráis, si lloráis tristes.

   Bien os podéis contar con los perdidos;
pero podéis perderos consolados,
si la causa advertís por que os perdistes.




- CCXVIII b -


Inútil y débil victoria del amor, en el que ya es vencido amante


ArribaAbajo   ¡Mucho del valeroso y esforzado,
y viéneslo a mostrar en un rendido!
Bástame, Amor, haberte agradecido
penas, de que me puedo haber quejado.

   ¿Qué sangre de mis venas no te he dado?  5
¿Qué flecha de tu aljaba no he sentido?
Mira que la paciencia del sufrido
suele vencer las armas del airado.

   Con otro de tu igual quisiera verte;
que yo me siento arder de tal manera,  10
que mayor fuera el mal de hacerme fuerte.

   ¿De qué sirve encender al que es hoguera,
si no es que quieres dar muerte a la Muerte,
introduciendo en mí que el muerto muera?




- CCLXV -


Que de Lisi el hermoso desdén fue la prisión de su alma libre


ArribaAbajo   ¿Qué importa blasonar del albedrío,
alma, de eterna y libre, tan preciada,
si va en prisión de un ceño, y, conquistada,
padece en un cabello señorío?

   Nació monarca del imperio mío  5
la mente, en noble libertad criada;
hoy en esclavitud yace, amarrada
al semblante severo de un desvío.

   Una risa, unos ojos, unas manos
todo mi corazón y mis sentidos  10
saquearon, hermosos y tiranos.

   Y no tienen consuelo mis gemidos;
pues ni de su victoria están ufanos,
ni de mi perdición compadecidos.




- CCLXVI a -


Retrato no vulgar de Lisis


ArribaAbajo   Crespas hebras, sin ley desenlazadas,
que un tiempo tuvo entre la manos Midas;
en nieve estrellas negras encendidas,
y cortésmente en paz de ella guardadas.

   Rosas a abril y mayo anticipadas,  5
de la injuria del tiempo defendidas;
auroras en la risa amanecidas,
con avaricia del clavel guardadas.

   Vivos planetas de animado cielo,
por quien a ser monarca Lisi aspira,  10
de libertades, que en sus luces ata.

   Esfera es racional, que ilustra el suelo,
en donde reina Amor cuando ella mira,
y en donde vive Amor cuando ella mata.




- CCLXVI b -


Padece ardiendo y llorando sin que le remedie la oposición de las contrarias calidades


ArribaAbajo   Los que ciego me ven de haber llorado
y las lágrimas saber que he vertido,
admiran de que, en fuentes dividido
o en lluvias, ya no corra derramado.

   Pero mi corazón arde admirado  5
(porque en tus llamas, Lisi, está encendido)
de no verme en centellas repartido,
y en humo negro y llamas desatado.

   En mí no vencen largos y altos ríos
a incendios, que animosos me maltratan,  10
ni el llanto se defiende de sus bríos.

   La agua y el fuego en mí de paces tratan;
y amigos son, por ser contrarios míos;
y los dos, por matarme, no se matan.




- CCLXVII a -


Procura cebar a la codicia en tesoros de Lisi


ArribaAbajo   Tú, que la paz del mar, ¡oh navegante!,
molestas, codicioso y diligente,
por sangrarle las venas al Oriente
del más rubio metal, rico y flamante,

   detente aquí; no pases adelante;  5
hártate de tesoros, brevemente,
en donde Lisi peina de su frente
hebras sutil en ondas fulminante.

   Si buscas perlas, más descubre ufana
su risa que Colón en el mar de ellas;  10
si grana, a Tiro dan sus labios grana.

   Si buscan flores, sus mejillas bellas
vencen la primavera y la mañana;
si cielo y luz, sus ojos son estrellas.




- CCLXVII b -


Ofrece a Lisi la primera flor que se abrió en el año


ArribaAbajo   Esta, por ser, ¡oh Lisi!, la primera
flor que ha osado fiar de los calores
recién nacidas hojas y colores,
aventurando el precio a la ribera;

   ésta, que estudio fue a la primavera,  5
y en quien se anticiparon esplendores
del sol, será primicia de las flores
y culto con que la alma te venera.

   A corta vida nace destinada:
sus edades son horas; en un día  10
su parto y muerte el cielo ríe y llora.

   Lógrese en tu cabello, respetada
del año; no mal logre lo que cría:
adquiera en larga vida eterna aurora.




- CCLXVIII a -


Encomienda su llanto a Guadalquivir en su nacimiento, para que le lleve a Lisi, donde va muy crecido


ArribaAbajo   Aquí, en las altas sierras de Segura,
que se mezclan zafir con el del cielo,
en cuna naces, líquida, de yelo,
y bien con majestad en tanta altura.

   Naces, Guadalquivir, de fuente pura,  5
donde de tus cristales, leve el vuelo,
se retuerce corriente por el suelo,
después que se arrojo por peña dura.

   Aquí el primer tributo en llanto envío
a tus raudales, porque a Lisi hermosa  10
mis lágrimas la ofrezcas con que creces;

   mas temo, como a verlas llegas río,
que olvide tu corriente poderosa
el aumento que arroyo me agradeces.




- CCLXVIII b -


Comunicación de amor invisible por los ojos


ArribaAbajo   Si mis párpados, Lisi, labios fueran,
besos fueran los rayos visuales
de mis ojos, que al sol miran caudales
águilas, y besaran más que vieran.

   Tus bellezas, hidrópicos, bebieran,  5
y cristales, sedientos de cristales;
de luces y de incendios celestiales,
alimentando su morir, vivieran.

   De invisible comercio mantenidos,
y desnudos de cuerpo, los favores  10
gozaran mis potencias y sentidos;

   mudos se requebraran los ardores;
pudieran, apartados, verse unidos,
y en público, secreto, los amores.




- CCLXIX a -


Afectos varios de su corazón, fluctuando en las ondas de los cabellos de Lisi


ArribaAbajo   En crespa tempestad del oro undoso,
nada golfos de luz ardiente y pura
mi corazón, sediento de hermosura,
si el cabello deslazas generoso.

   Leandro, en mar de fuego proceloso,  5
su amor ostenta, su vivir apura;
Icaro, en senda de oro mal segura,
arde sus alas por morir glorioso.

   Con pretensión de fénix, encendidas
sus esperanzas, que difuntas lloro,  10
intenta que su muerte engendre vidas.

   Avaro y rico y pobre, en el tesoro,
el castigo y la hambre imita a Midas,
Tántalo en fugitiva fuente de oro.




- CCLXIX b -


Ejemplos de otras llamas que parecen posibles. Comparadas a la suyas


ArribaAbajo   Hago verdad la fénix en la ardiente
llama, en que renaciendo me renuevo;
y la virilidad del fuego pruebo,
y que es padre, y que tiene descendiente.

   La salamandra fría, que desmiente  5
noticia docta, a defender me atrevo,
cuando en incendios, que sediento bebo,
mi corazón habita y no los siente.

   Y porque un brazo sólo dio a la llama
Scévola, su valor y valentía  10
ocupa los autores y la fama.

   Ventura es suya y desventura es mía:
pues ninguno me escribe ni me aclama,
teniendo en fuego la alma noche y día.




- CCLXX a -


Peligros de hablar y de callar, y lenguaje en el silencio


ArribaAbajo   ¿Cómo es tan largo en mí dolor tan fuerte,
Lisis? Si hablo y digo el mal que siento,
¿qué disculpa tendrá mi atrevimiento?
Si callo, ¿quién podrá excusar mi muerte?

   Pues ¿cómo, sin hablarte podrá verte  5
mi vista y mi semblante macilento?
Voz tiene en el silencio el sentimiento:
mucho dicen las lágrimas que vierte.

   Bien entiende la llama quien la enciende;
y quien los acusa, entiende los enojos;  10
y quien manda silencios, los entiende.

   Suspiros, del dolor mudos despojos,
también la boca a razonar aprende,
como con llanto y sin hablar los ojos.




- CCLXX b -


Comparación elegante de Hércules con sus penas, y del «non plux ultra» de sus columnas, que desmintió el Rey Católico


ArribaAbajo   Si el cuerpo reluciente que en Oeta
se desnudó, en cenizas desatado
Hércules, y de celos fulminado
(ansí lo quiso Amor), murió cometa,

   le volviera a habitar aquella inquieta  5
alma, que dejó el mundo descansando
de monstruos y portentos, y el osado
brazo armaran la clava y la saeta,

   sólo en mi corazón hallará fieras,
que todos sus trabajos renovaran,  10
leones y centauros y quimeras.

   El Non Plus Ultra suyo restauraran
su dos columnas, si en tus dos esferas,
Lisi, el fin de las luces señalaran.




- CCLXXI a -


El temor que tenía Lisi de los truenos


ArribaAbajo   ¿Temes, ¡oh Lisi!, a Júpiter Tonante,
y pálido tu sol sus llamas mira,
cuando Jove, del ceño de tu ira,
tiembla vencido y de querella amante?

   Témale armado el pertinaz gigante  5
que a la conquista de su trono aspira;
y Juno, que celoso le suspira,
le tema ardiendo y en tu amor constante.

   A ti el trueno es requiebro, si amenaza
el tirano, le atiende en el tesoro,  10
cuando su sien temor precioso enlaza.

   Al robre baja en rayo y a ti en oro;
y si renueva Amor la antigua traza,
en lugar de tronar, bramará toro.




- CCLXXI b -


Náufrago amante entre desdenes


ArribaAbajo   Molesta el Ponto Bóreas con tumultos
cerúleos y espumosos; la llanura
del pacífico mar se desfigura,
despedazada en formidables bultos.

   De la orilla amenaza los indultos  5
que, blanda, le prescribe cárcel dura;
la luz del sol, titubeando obscura,
recela temerosa sus insultos.

   Déjase a la borrasca el marinero;
a las almas de Tracia cede el lino;  10
gime la entena, y gime el pasajero.

   Yo ansí, náufrago amante y peregrino,
que en borrasca de amor por Lisis muero,
sigo insano furor de alto destino.




- CCLXXII a -


Hermosura cruel y fastosa, y infeliz fortuna de amante


ArribaAbajo   ¿De cuál feral, de cuál furiosa Enío
informas el rigor de tus entrañas?
Y con el parto tuyo, ¿qué montañas
tu corazón infama, helado y frío?

   ¿De cuál tirano aprende señorío  5
las mesuras que ostentas por hazañas?
Esas hermosas furias con que engañas,
¿por qué hipócritas son de afecto pío?

   ¿Por qué añades el ceño y los enojos,
si al paso que no pueden merecerte,  10
te siguen de tus triunfos los despojos?

   El vencimiento de sobró en mi muerte;
y fue castigo y gloria el ver tus ojos,
cuando fue dicha y fue delito el verte.




- CCLXXII b -


Que amor de una vista se enciende y alimenta la llama


ArribaAbajo   Quien bien supo una vez, Lisi, miraros
y quien pudo arribar a conoceros,
bien merece poder vivir sin veros,
y no poder morir si sabe amaros.

   Ni supo veros, ni sabrá estimaros  5
quien más codicia ver esos luceros;
y quien os vio una vez, osa ofenderos
si otra procura para contemplaros.

   Esas lumbres de amor, ricas y avaras,
o tiene las del cielo por centellas,  10
menores en ardor, si menos raras,

   o juntó en vuestros ojos las estrellas
Naturaleza, o vuestras luces claras
dividió por los cielos para hacellas.




- CCLXXIII a -


Que como su amor no fue sólo de las partes exteriores, que son mortales, ansí también no lo será su amor


ArribaAbajo   Que vos me permitáis sólo pretendo,
y saber ser cortés y ser amante;
esquivo los deseos, y constante,
sin pretensión, a sólo amar atiendo.

   Ni con intento de gozar ofendo  5
las deidades del garbo y de semblante;
no fuera lo que vi causa bastante,
si no se le añadiera lo que entiendo.

   Llamáronme los ojos las facciones;
prendiéronlos eternas jerarquías  10
de virtudes y heroicas perfecciones.

   No verán de mi amor el fin los días:
la eternidad ofrece sus blasones
a la pureza de las ansías mías.




- CCLXXIII b -


Dice que su amor no tiene parte alguna terrestre


ArribaAbajo   Por ser mayor el cerco de oro ardiente
del sol que el globo opaco de la tierra,
y menor que éste el que a la luna cierra
las tres caras que muestra diferente,

   ya la vemos menguante, ya creciente,  5
ya en la sombra el eclipse nos la entierra;
mas a los seis planetas no hace guerra,
ni estrella fija sus injurias siente.

   La llama de mi amor que está clavada
en el alto cenit del firmamento,  10
ni mengua en sombras ni se ve eclipsada.

   Las manchas de la tierra no las siento:
que no alcanza su noche a la sagrada
región donde mi fe tiene su asiento.




- CCLXXIV a -


Amante culpable en todas sus acciones por desdichado


ArribaAbajo   Diome el cielo dolor y diome vida;
el nombre, no los hechos, ha negado
de muerte a mi pasión, pues he quedado
vivo, y ella con nombre de homicida.

   Amar, que fue locura bien nacida,  5
me castiga Fortuna por pecado:
siempre fue delincuente el desdichado:
si no le acusa Amor, Amor le olvida.

   Yo persevero y dicen que porfío;
mis sacrificios llama robo el cielo,  10
cuando en prisión me tiene el albedrío.

   Y ansí se extrema ya mi desconsuelo,
que hasta de breve muerte desconfío,
que hasta de larga vida me recelo.




- CCLXXIV b -


Amor impreso en el alma que dura después de las cenizas


ArribaAbajo   Si hija de mi amor mi muerte fuese,
¡qué parto tan dichoso que sería
el de mi amor contra la vida mía!
¡Que gloria, que el morir de amar naciese!

   Llevara yo en el alma adonde fuese  5
el fuego en que me abraso, y guardaría
su llama fiel con la ceniza fría
en el mismo sepulcro en que durmiese.

   De esa otra parte de la muerte dura,
vivirán en mi sombra mis cuidados,  10
y más allá del Lethe mi memoria.

   Triunfará del olvido tu hermosura;
mi pura fe y ardiente, de los hados;
y el no ser, por amar, será mi gloria.




- CCLXXV a -


Advierte con su peligro a los que leyeren sus llamas


ArribaAbajo   Si fuere que, después, al postrer día
que negro y frío sueño desatare
mi vida, se leyere o se cantare
mi fatiga en amar, la pena mía;

   cualquier que de talante hermoso fía  5
serena libertad, si me escuchare,
si en mi perdido error escarmentare,
deberá su quietud a mi porfía.

   Atrás se queda, Lisi, el sexto año
de mi suspiro: yo, para escarmiento  10
de los que han de venir, paso adelante.

   ¡Oh en el reino de Amor huésped extraño!,
sé docto con la pena y el tormento
de un ciego, sin ventura, fiel amante.




- CCLXXV b -


Sepulcro de su entendimiento en las perfecciones de Lisi


ArribaAbajo   En este incendio hermoso que, partido
en dos esferas breves, fulminando,
reina glorioso, y con imperio blando
autor es de un dolor tan bien nacido;

   en esta nieve, donde está florido  5
mayo, los duros Alpes matizando;
en este Oriente, donde están hablando
por coral las sirenas del sentido;

   debajo de esta piedra endurecida,
en quien mi afecto está fortificado  10
y quedó mi esperanza convertida,

   yace mi entendimiento fulminado.
Si es su inscripción mi congojosa vida,
dentro del cielo viva sepultado.




- CCLXXVI a -


Recuerdo que de la felicidad perdida atormenta


ArribaAbajo   Aquí, donde su curso, retorcido,
de parlero cristal, Henares santo,
en la esmeralda de su verde manto
ya engastándose va, y ya escondiendo,

   sentí, molesta soledad viviendo,  5
de engañosa sirena docto canto,
que, blanda y lisonjera, pudo tanto,
que lo que lloro yo, lo está riendo.

   Luego mi lira y voz al monte hueco
tu nombre, Lisa esquiva, le enseñaron,  10
y fue piadoso en repetirle el eco.

   Ya todos estos bienes se pasaron
y a mis labios dejaron sólo en trueco
un «¡Ay, que fueron!» «¡Ay, que se acabaron!»




- CCLXXVI b -


Exhorta a Lisi a efectos semejantes de la víbora


ArribaAbajo   Esta víbora ardiente, que, enlazada,
peligros anudó de nuestra vida,
lúbrica muerte en círculos torcida,
arco que se vibró flecha animada,

   hoy, de médica mano desatada,  5
la que en sedienta arena fue temida,
su diente contradice, y la herida
que ardiente derramó, cura templada.

   Pues tus ojos también con muerte hermosa
miran, Lisi, al rendido pecho mío,  10
templa tal vez su fuerza venenosa;

   desmiente tu veneno ardiente y frío;
aprende de una sierpe ponzoñosa:
que no es menos dañoso tu desvío.




- CCLXXVII -


Retrato de Lisi que traía en una sortija


ArribaAbajo   En breve cárcel traigo aprisionado,
con toda su familia de oro ardiente,
el cerco de la luz resplandeciente,
y grande imperio del Amor cerrado.

   Traigo el campo que pacen estrellado  5
las fieras altas de la piel luciente;
y a escondidas del cielo y del Oriente,
día de luz y parto mejorado.

   Traigo todas las Indias en mi mano,
perlas que, en un diamante, por rubíes,  10
pronuncian con desdén sonoro yelo,

   y razonan tal vez fuego tirano
relámpagos de risa carmesíes,
auroras, gala y presunción del cielo.




- CCLXXVIII -


Goza el campo de primavera templada y no el corazón enamorado


ArribaAbajo   Ya tituló al verano ronca seña;
vuela la grulla en letra, y con las alas
escribe el viento y, en parleras galas,
Progne cantora su dolor desdeña.

   Semblante azul y alegre el cielo enseña,  5
limpio de nubes y impresiones malas;
y si a estruendo marcial despierta Palas,
Flora convida al sueño en blanda greña.

   La sed aumenta el sol, creciendo el día;
de la cárcel el yelo desatado,  10
templa el arroyo el ruido en armonía.

   Yo solo, ¡oh Lisi!, a pena destinado,
y en encendido invierno l'alma mía,
ardo en la nieve y yélome abrasado.




- CCLXXIX a -


Imagina hacer un infierno para Lisi, en correspondencia del infierno de amor que ya ella le había hecho


ArribaAbajo   Alimenté tu saña con la vida
que en eterno dolor calificaste,
¡oh Lisi!; tanto amé como olvidaste:
yo tu idolatra fui, tú mi homicida.

   ¿Cómo guarecerá fe tan perdida  5
y el corazón que, ardiente, despreciaste?
Siendo tu gloria tú, le condenaste,
y ni de ti blasfema ni se olvida.

   Mas para ti fabricará un infierno
y pagarán tus ansias mis enojos,  10
pues negaste piedad al llanto tierno.

   Arderán tu victoria y tus despojos;
y ansí, fuego el Amor nos dará eterno:
a ti en mi corazón, a mí en tus ojos.




- CCLXXIX b -


Niega al amor ser deidad, sino esclavo de Lisi


ArribaAbajo   Quédate a Dios, Amor, pues no lo eres;
que servir a quien sirve es vil locura.
Esclavo eres de Lisi en prisión dura,
¿y qué te sirva yo de esclavo quieres?

   Ni templo habites ni holocausto esperes,  5
pues yaces, sacrificio a la hermosura
de aquella vista que me abrasa pura,
donde, ardiendo, con flechas y arco mueres.

   El virote, que fue peso a tu aljaba,
en tu cuello te muestre fugitivo,  10
de humana majestad, deidad esclava.

   Cierra el palacio, en otro tiempo altivo;
forje grillos tu padre, que forjaba
para tu enojo el rayo vengativo.




- CCLXXX a -


Persevera en las quejas de su dolor y advierte a Lisi del inútil arrepentimiento que viene de la hermosura pasada


ArribaAbajo   En una vida de tan larga pena,
y en una muerte, Lísida, tan grave,
bien sé lo que es amar, y Amor lo sabe;
no sé lo que es amor, y Amor lo ordena.

   Esa serena frente, esa sirena,  5
para mayor peligro, más suave,
¿siempre escarmientos cantará a mi nave?
¿Nunca propicia aplaudirá a su entena?

   ¿No ves que si halagüeñas tiranías
me consumen, que, mustio, cada instante  10
roba tu primavera en horas frías,

   y al ya rugado cárdeno semblante,
que mancillan los pasos de los días,
no volverá a su flor ni amor ni amante?




- CCLXXX b -


Amante ausente escoge por maestro de su amor la piedra imán


ArribaAbajo   Esta, que duramente enamorada,
piedra, desde la tierra galantea
al Norte, que en el cielo señorea
con fija luz la redondez sagrada;

   ésta, que sabe amar tan apartada,  5
maestro de mi amor ausente sea;
y al éxtasi que tiene por tarea,
imite l'alma en astros abrasada.

   Y pues sabe del Ponto en la llanura
diferenciar las sendas, y del viento  10
regula en breve cerco la locura,

   enseñe a navegar mi pensamiento;
porque de la atención a su luz pura
no le aparten suspiros ni lamento.




- CCLXXXI a -


Amor de sola una vista nace, vive, crece y se perpetua


ArribaAbajo   Diez años de mi vida se ha llevado
en veloz fuga y sorda el sol ardiente,
después que en tus dos ojos vi el Oriente,
Lísida, en hermosura duplicado.

   Diez años en mis venas he guardado  5
el dulce fuego que alimento, ausente,
de mi sangre. Diez años en mi mente
con imperio tus luces han reinado.

   Basta ver una vez grande hermosura;
que una vez vista, eternamente enciende,  10
y en l'alma impresa eternamente dura.

   Llama que a la inmortal vida trasciende,
ni teme con el cuerpo sepultura,
ni el tiempo la marchita ni la ofende.




- CCLXXXI b -


Amor constante más allá de la muerte


ArribaAbajo   Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

   mas no, de esa otra parte, en la ribera,  5
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

   Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,  10
medulas que han gloriosamente ardido,

   su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.




- CCLXXXII a -


Rendimiento de amante desterrado que se deja en poder de su tristeza


ArribaAbajo   Estas son y serán ya las postreras
lágrimas que, con fuerza de voz viva,
perderé en esta fuente fugitiva,
que las lleva a la sed de tantas fieras.

   ¡Dichoso yo que, en playas extranjeras,  5
siendo alimento a pena tan esquiva,
halle muerta piadosa, que derriba
tanto vano edificio de quimeras!

   Espíritu desnudo, puro amante,
sobre el sol arderé, y el cuerpo frío  10
se acordará de Amor en polvo y tierra.

   Yo me seré epitafio al caminante,
pues le dirá, sin vida, el rostro mío:
«Ya fue gloria de Amor hacerme guerra.»




- CCLXXXII b -


Solicitud de su pensamiento enamorado y ausente


ArribaAbajo   ¿Qué buscas, porfiado pensamiento,
ministro sin piedad de mi locura,
invisible martirio, sombra obscura,
fatal persecución del sufrimiento?

   Si del largo camino estás sediento,  5
mi vista bebe, su corriente apura;
si te promete albricias la hermosura
de Lisi, por mi fin, vuelve contento.

   Yo muero, Lisi, preso y desterrado;
pero si fue mi muerte la partida,  10
de puro muerto estoy de mí olvidado.

   Aquí para morir me falta vida,
allá para vivir sobró cuidado:
fantasma soy en penas detenida.




- CCLXXXIII a -


Amante desesperado del premio y obstinado en amar


ArribaAbajo   ¡Qué perezosos pies, qué entretenidos
pasos lleva la muerte por mis daños!
El camino me largan los engaños
y en mí se escandalizan los perdidos.

   Mis ojos no se dan por entendidos;  5
y por descaminar mis desengaños,
me disimulan la verdad los años
y les guardan el sueño a los sentidos.

   Del vientre a la prisión vine en naciendo;
de la prisión iré al sepulcro amando,  10
y siempre en el sepulcro estaré ardiendo.

   Cuantos plazos la muerte me va dando,
prolijidades son, que va creciendo,
porque no acabe de morir penando.




- CCLXXXIII b -


A los ojos de Lisi, volviendo de larga ausencia


ArribaAbajo   Bien pueden alargar la vida al día,
suplir el sol, sustituir la aurora,
disimular la noche a cualquier hora,
vuestros hermosos ojos, Lisa mía.

   Son de fuego y de luz gran monarquía,  5
donde imperios confines atesora
el dios que, con la llama vengadora,
castiga, y no escarmienta, la osadía.

   A verlos vuelvo, si posible ha sido
que truje alma de allá, donde quedaron,  10
o que pueda volver vivo un ausente.

   Serame, por lo menos, concedido
que esto, si es algo, que de mí dejaron,
lo miren reducido a sombra ardiente.




- CCLXXXIV a -


A una niña muy hermosa que dormía en las faldas de Lisi


ArribaAbajo   Descansa en sueño, ¡oh tierno y dulce pecho!,
seguro(¡ay, cielo!) de mi enojo ardiente,
mostrándote dichoso y inocente,
pues duermes, y no velas, en tal lecho.

   Bien has a tu cansancio satisfecho,  5
si menor sol, es más hermoso Oriente,
en tanto que mi espíritu doliente
de envidia de mirarte está deshecho.

   Sueña que gozas del mayor consuelo
que la Fortuna pródiga derrama;  10
que el precio tocas que enriquece al suelo;

   que habitas fénix más gloriosa llama;
que tú eres ángel, que tu cama es cielo,
y nada será sueño en esa cama.




- CCLXXXIV b -


Exhorta a los que amaren, que no sigan los pasos por donde ha hecho su viaje


ArribaAbajo   Cargado voy de mí: veo delante
muerte que me amenaza la jornada;
ir porfiando por la senda errada
más de necio será que de constante.

   Si por su mal me sigue ciego amante  5
(que nunca es sola suerte desdichada),
¡ay!, vuelva en sí y atrás: no dé pisada
donde la dio tan ciego caminante.

   Ved cuán errado mi camino ha sido;
cuán solo y triste, y cuán desordenado,  10
que nunca ansí le anduvo pie perdido;

   pues, por no desandar lo caminado,
viendo delante y cerca fin temido,
con pasos que otros huyen le he buscado.




- CCLXXXV a -


Lamentación amorosa y postrero sentimiento del amante


ArribaAbajo   No me aflige morir; no he rehusado
acabar de vivir, ni he pretendido
alargar esta muerte que ha nacido
a un tiempo con la vida y el cuidado.

   Siento haber de dejar deshabitado  5
cuerpo que amante espíritu ha ceñido;
desierto un corazón siempre encendido,
donde todo el Amor reinó hospedado.

   Señas me da mi ardor de fuego eterno,
y de tan larga y congojosa historia  10
sólo será escritor mi llanto tierno.

   Lisi, estáme diciendo la memoria
que, pues tu gloria la padezco infierno,
que llame al padecer tormentos, gloria.




- CCLXXXV b -


Muestra el haber seguido el error de otro amante que había sido primero


ArribaAbajo   Por yerta frente de alto escollo, osado,
con pie dudoso, ciegos pasos guío;
sigo la escasa luz del fuego mío,
que avara alumbra, habiéndome abrasado.

   Cae del cielo la noche, y al cuidado  5
presta engañosa paz el sueño frío;
llévame a yerma orilla de alto río,
y busco por demás o puente o vado.

   En muda senda, oscuro peregrino,
sigo pisadas de otro sin ventura,  10
que para mi dolor perdió el camino;

   cuando elocuente, Lisi, tu hermosura
califica en tu luz mi desatino
y en tus merecimientos mi locura.




- CCLXXXVI a -


Obstinado padecer sin intercadencia de alivio


ArribaAbajo   Colora abril el campo que mancilla
agudo yelo y nieve desatada
de nube obscura y yerta, y, bien pintada,
ya la selva lozana en torno brilla.

   Los términos descubre de la orilla,  5
corriente, con el sol desenojada;
y la voz del arroyo, articulada
en guijas, llama l'aura a competilla.

   Las últimas ausencias del invierno
anciana seña son de las montañas,  10
y en el almendro, aviso al mal gobierno.

   Sólo no hay primavera en mis entrañas,
que habitadas de Amor arden infierno,
y bosque son de flechas y guadañas.




- CCLXXXVI b -


Astrología del cielo de Lisi, con ocasión de tener un perro en las manos arrimado al rostro


ArribaAbajo   También tiene el Amor su astrología,
que acredita en efectos verdadera,
juzgando por tu cielo, en cuya esfera
rigen familia ardiente noche y día.

   En ella, la dorada monarquía  5
más eficaz influye y reverbera:
es tu desdén constelación severa,
y tu favor la que es benigna envía.

   Siempre con duplicado Sirio cueces
las entrañas, haciendo hervir los mares  10
y nadar llamas húmidas los peces.

   Dos soles, que confinan en lugares,
miro en el Can, y, con la luz que creces,
multiplica el Amor caniculares.




- CCLXXXVII a -


Metafórica expresión de su afecto amoroso hasta consumada alegoría


ArribaAbajo   Si hermoso el lazo fue, si dulce el cebo,
fue tirana la red, la prisión dura;
esto a mi suerte, aquello a tu hermosura,
preso, y amante, Lísida, les debo.

   El lazo me envidiaron Jove y Febo;  5
Amor, del cebo, envidia la dulzura;
la red y la prisión mi desventura
crece; yo las adoro y las renuevo.

   Yo las adoro y nunca las padezco;
y en la red y prisiones amarrado,  10
lo que viví sin ellas aborrezco.

   Igualmente gozoso y abrasado
la llama adoro y el incendio crezco:
¡tan alto precio tiene mi cuidado!




- CCLXXXVII b -


Continúa la significación de su amor con la hermosura que le causa, reduciéndole a doctrina platónica


ArribaAbajo   Lisi, por duplicado ardiente Sirio
miras con guerra y muerte l'alma mía;
y en uno y otro sol abres el día,
influyendo en la luz dulce martirio.

   Doctas sirenas en veneno tirio  5
con tus labios pronuncian melodía;
y en incendios de nieve hermosa y fría,
adora primaveras mi delirio.

   Amo y no espero, porque adoro amando;
ni mancha al amor puro mi deseo,  10
que cortés vive y muere idolatrando.

   Lo que conozco y no lo que poseo
sigo, sin presumir méritos, cuando
prefiero a lo que miro lo que creo.




- CCLXXXVIII a -


Persevera en la exageración de su afecto amoroso y en el exceso de su padecer


ArribaAbajo   En los claustros de l'alma la herida
yace callada; más consume, hambrienta,
la vida, que en mis venas alimenta
llama por las medulas extendida.

   Bebe el ardor, hidrópica, mi vida,  5
que ya, ceniza amante y macilenta,
cadáver del incendio hermoso, ostenta
su luz en humo y noche fallecida.

   La gente esquivo y me es horror el día;
dilato en largas voces negro llanto,  10
que a sordo mar mi ardiente pena envía.

   A los suspiros di la voz del canto;
la confusión inunda l'alma mía;
mi corazón es reino del espanto.




- CCLXXXVIII b -


Prosigue en el mismo estado de sus afectos


ArribaAbajo   Amor me ocupa el seso y los sentidos;
absorto estoy en éxtasi amoroso;
no me concede tregua ni reposo
esta guerra civil de los nacidos.

   Explayose el raudal de mis gemidos  5
por el grande distrito y doloroso
del corazón, en su penar dichoso,
y mis memorias anegó en olvidos.

   Todo soy ruinas, todo soy destrozos,
escándalo funesto a los amantes,  10
que fabrican de lástimas sus gozos.

   Los que han de ser, y los que fueron antes,
estudien su salud en mis sollozos,
y envidien mi dolor, si son constantes.




- CCLXXXIX a -


Pide al amor que, siquiera ya por inútil, le despida


ArribaAbajo   Ya que pasó mi verde primavera,
Amor, en tu obediencia l'alma mía;
ya que sintió mudada en nieve fría
los robos de la edad mi cabellera;

   pues la vejez no puede, aunque yo quiera,  5
tarda, seguir tu leve fantasía,
permite que mi cuerpo, en algún día,
cuando lástima no, desprecio adquiera.

   Si te he servido bien, cuando cansado
ya no puedo, ¡oh Amor!, por lo servido,  10
dame descanso, y quedaré premiado.

   Concédeme algún ocio, persuadido
a que, estando de Lisi enamorado,
no le querré acertar, aunque le pido.




- CCLXXXIX b -


Desea, para descansar, el morir


ArribaAbajo   Mejor vida es vivir que vivir muerto,
¡oh piedad!; en ti cabe gran fiereza,
pues mientes, apacible, tu aspereza
y detienes la vida al pecho abierto.

   El cuerpo, que de l'alma está desierto  5
(ansí lo quiso Amor de alta belleza),
de dolor se despueble y de tristeza:
descanse, pues, de mármoles cubierto.

   En mí la crueldad será piadosa
en darme muerte, y sólo el darme vida  10
piedad será tirana y rigurosa.

   Y ya que supe amar esclarecida
virtud, siempre triunfante, siempre hermosa,
tenga paz mi ceniza presumida.




- CCXC a -


Artificiosa evasión de la muerte, si valiera


ArribaAbajo   Pierdes el tiempo, Muerte, en mi herida,
pues quien no vive no padece muerte;
si has de acabar mi vida, has de volverte
a aquellos ojos donde está mi vida.

   Al sagrado en que habita retraída,  5
aun siendo sin piedad, no has de atreverte;
que serás vida, si llegase a verte,
y quedarás de ti desconocida.

   Yo soy ceniza que sobró a la llama;
nada dejó de consumir el fuego  10
que en amoroso incendio se derrama.

   Vuélvete al miserable, cuyo ruego,
por descansar en su dolor, te llama:
que lo que yo no tengo, no lo niego.




- CCXC b -


Amante apartado, pero no ausente, amador de la hermosura del alma, sin otro deseo


ArribaAbajo   Puedo estar apartado, mas no ausente;
y en soledad, no solo; pues delante
asiste el corazón, que arde constante
en la pasión, que siempre está presente.

   El que sabe estar solo entre la gente,  5
se sabe solo acompañar: que, amante,
la semblanza de aquel bello semblante
a la imaginación se le consiente.

   Yo vi hermosura y penetré la alteza
de virtud soberana en mortal velo:  10
adoro l'alma, admiro la belleza.

   Ni yo pretendo premio, ni consuelo;
que uno fuera soberbia, otro vileza:
menos me atrevo a Lisi, pues, que al cielo.




- CCXCI a -


Refiere la edad de su amor, y que no es trofeo del poder del que llaman Dios, sino de la hermosura de Lisi


ArribaAbajo   Hoy cumple amor en mis ardientes venas
veinte y dos años, Lisi, y no parece
que pasa día por él; y siempre crece
el fuego contra mí, y en mí las penas.

   Veinte y dos años ha que estas cadenas  5
el corazón idólatra padece;
y si tal vez el pie las estremece
oigo en sus eslabones mis sirenas.

   Si Amor presume que su fuerza dura
tiene mi libertad en tal estado,  10
véngase a mí sin tu belleza pura;

   que yo le dejaré desengañado
de que el poder asiste en tu hermosura,
y en él un nombre ocioso y usurpado.




- CCXCI b -


Laméntase, muerta Lisi, de la vida, que le impide el seguirla


ArribaAbajo   ¿Cuándo aquel fin a mí vendrá forzoso,
pues por todas las vidas se pasea,
que tanto el desdichado le desea
y que tanto le teme el venturoso?

   La condición del hado desdeñoso  5
quiere que le codicie y no le vea:
el descanso le envidia a mi tarea
parasismo y sepulcro perezoso.

   Quiere el Tiempo engañarme lisonjero,
llamando vida dilatar la muerte,  10
siendo morir el tiempo que la espero.

   Celosa debo de tener la suerte,
pues viendo, ¡oh, Lisi!, que por verte muero,
con la vida me estorba el poder verte.




- CDXV -


Encarece los años de una vieja niña


ArribaAbajo   «Antes que el repelón» eso fue antaño:
ras con ras de Caín; o, por lo menos,
la quijada que cuentan los morenos
y ella, fueron quijadas en un año.

   Sécula seculorum es tamaño  5
muy niño, y el Diluvio con sus truenos;
ella y la sierpe son ni más ni menos;
y el rey que dicen que rabió, es hogaño.

   No había a la estaca preferido el clavo,
ni las dueñas usando conejiles;  10
es más vieja que «Préstame un ochavo».

   Seis mil años le lleva a los candiles;
y si cuentan su edad de cabo a cabo,
puede el guarismo andarse a buscar miles.




- CDXVI a -


A un hombre de gran nariz


ArribaAbajo   Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

   era un reloj de sol mal encarado,  5
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

   Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,  10
las doce tribus de narices era;

   érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.




- CDXVI b -


La Plaza de Madrid, cuando nueva, envidia la ventura que cuando vieja había tenido


ArribaAbajo   Mientras que fui tabiques y desvanes,
desigual en cimiento y azotea,
tela fina en lacayos fue librea:
ya no me puedo hartar de tafetanes.

   Hoy, hermosa, me faltan los galanes,  5
y el silbo bien bebido me torea;
yo tuve la ventura de la fea,
como la pronostican los refranes.

   Tan sola siempre, tan a pie me hallo,
que, vueltos en andrajos los rejones,  10
tengo el fuego de Troya, no el caballo.

   Los bravos son mis altos y escalones;
no los toros, pues tengo, y no los callo,
más hombres en terrados que en balcones.




- CDXVII a -


A las sillas de mano cuando van acompañadas de muchos gentilhombres


ArribaAbajo   Ya los pícaros saben en Castilla
cuál mujer es pesada y cuál liviana,
y los bergantes sirven de romana
al cuerpo que con más diamantes brilla.

   Ya llegó a tabernáculo la silla,  5
y, cristalina, el hábito profana
de la custodia, y temo que mañana
añadirá a las hachas campanilla.

   Al trono en correones, las banderas
ceden en hacer gente, pues que toda  10
la juventud ocupan en hileras.

   Una silla es pobreza de una boda,
pues, empeñada en oro y vidrieras,
antes la honra que el chapín se enloda.




- CDXVII b -


Mujer puntiaguda con enaguas


ArribaAbajo   Si eres campana, ¿dónde está el badajo?;
si pirámide andante, vete a Egipto;
si peonza al revés, trae sobrescrito;
si pan de azúcar, en Motril te encajo.

   Si chapitel, ¿qué haces acá abajo?  5
Si de disciplínate mal contrito
eres el cucurucho y el delito,
llámente los cipreses arrendajo.

   Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas?
Si cubilete, saca el testimonio;  10
si eres coraza, encájate en las viejas.

   Si buida visión de San Antonio,
llámate doña Embudo con guedejas;
si mujer, da esas faldas al demonio.




- CDXVIII a -


Hastío de un casado al tercer día


ArribaAbajo   Anteayer nos casamos; hoy querría,
doña Pérez, saber ciertas verdades:
decidme, ¿cuánto número de edades
enfunda el matrimonio en sólo un día?

   Un anteayer, soltero ser solía,  5
y hoy, casado, un sin fin de Navidades
han puesto dos marchitas voluntades
y más de mil antaños en la mía.

   Esto de ser marido un año arreo,
aun a los azacanes empalaga:  10
todo lo cotidiano es mucho y feo.

   Mujer que dura un mes, se vuelve plaga;
aun con los diablos fue dichoso Orfeo,
pues perdió la mujer que tuvo en paga.




- CDXVIII b -


Casamiento ridículo


ArribaAbajo   Trataron de casar a Dorotea
los vecinos con Jorge el extranjero,
de mosca en masa gran sepulturero
y el que mejor pasteles aporrea.

   Ella es verdad que es vieja, pero fea;  5
docta en endurecer pelo y sombrero;
faltó el ajuar, y no sobró dinero,
mas trújole tres dientes de librea.

   Porque Jorge después no se alborote
y tabique ventanas y desvanes,  10
hecho tiesto de cuernos el cogote,

   con un guante, dos moños, tres refranes
y seis libras de zarza, llevó en dote
tres hijas, una suegra y dos galanes.




- CDXIX a -


Prefiere la hartura y sosiego mendigo a la inquietud magnífica de los poderosos


ArribaAbajo   Mejor me sabe en un cantón la sopa,
y el tinto con la mosca y la zurrapa,
que al rico, que se engulle todo el mapa,
muchos años de vino en ancha copa.

   Bendita fue de Dios la poca ropa,  5
que no carga los hombros y los tapa;
más quiero menos sastre que más capa:
que hay ladrones de seda, no de estopa.

   Llenar, no enriquecer, quiero la tripa;
lo caro trueco a lo que bien me sepa:  10
somos Píramo y Tisbe yo y mi pipa.

   Más descansa quien mira que quien trepa;
regüeldo yo cuando el dichoso hipa,
él asido a Fortuna, yo a la cepa.




- CDXIX b -


Túmulo de la mujer de un avaro que vivió libremente, donde hizo esculpir un perro de mármol llamado «Leal»


ArribaAbajo   Yacen en esta rica sepultura
Lidio con su mujer Helvidia Pada,
y por tenerla solo, aunque enterrada,
al cielo agradeció su desventura.

   Mandó guardar en esta piedra dura  5
la que, de blanda, fue tan mal guardada;
y que en memoria suya, dibujada
fuese de aquel perrillo la figura.

   Leal el perro que miráis se llama,
pulla de piedra al tálamo inconstante,  10
ironía de mármol a su fama.

   Ladró al ladrón, pero calló al amante;
ansí agrado a su amo y a su ama:
no le pises, que muerde, caminante.




- CDXX a -


Epitafio de una dueña, que idea también puede ser de todas


ArribaAbajo   Fue más larga que paga de tramposo;
más gorda que mentira de indiano;
más sucia que pastel en el verano;
más necia y presumida que un dichoso;

   más amiga de pícaros que el coso;  5
más engañosa que el primer manzano;
más que un coche alcahueta; por lo anciano,
más pronosticadora que un potroso.

   Más charló que una azuda y una aceña,
y tuvo más enredos que una araña;  10
más humos que seis mil hornos de leña.

   De mula de alquiler sirvió en España,
que fue buen noviciado para dueña:
y muerta pide, y enterrada engaña.




- CDXX b -


Desnuda a la mujer de la mayor parte ajena que la compone


ArribaAbajo   Si no duerme su cara con Filena,
ni con sus dientes come, y su vestido
las tres partes le hurta a su marido,
y la cuarta al aceite le cercena;

   si entera con él come y con él cena,  5
mas debajo del lecho mal cumplido,
todo su bulto esconde, reducido
a chapinzanco y moño por almena,

   ¿por qué te espantas, Fabio, que, abrazado,
a su mujer, la busque y la pregone,  10
si, desnuda, se halla descasado?

   Si cuentas por mujer lo que compone
a la mujer, no acuestes a tu lado
la mujer, sino el fardo que se pone.




- CDXXI a -


A una fea, y espantadiza de ratones


ArribaAbajo   ¿Lo que al ratón tocaba, si te viera,
haces con el ratón, cuando, espantada,
huyes y gritas, siendo, bien mirada,
en limpiezas y en trampas ratonera?

   Juzgara, quien huyendo de él te viera,  5
eras de queso añejo fabricada;
y con razón, que estás tan arrugada,
que pareces al queso por de fuera.

   ¿Quién pensó (por si ansí tu espanto abones)
que coman solimán, que, atenta, guardas  10
el que en tu cara juntas a montones?

   ¿Saltan huyendo quieres aun las bardas,
cuando en roer no piensan los ratones
tu tez de lana sucia de las cardas?




- CDXXI b -


Al tabaco en polvo, doctor a pie


ArribaAbajo   ¡Oh doctor yerba, docto sin Galeno,
barato sin barbero y sin botica,
en donde el bote suele ser de pica
para el que malo está, y aun para el bueno!

   Tú, que sin mula vas, de virtud lleno,  5
a la nariz del pobre que te aplica,
que no orinal ni pulso te platica,
ni el que con barba y guantes es veneno,

   como el oro (por Indias graduado,
sin el martirologio de la vida,  10
de sólo en papelillo acompañado),

   hoy medicina a la otra preferida.
¡Cuánto va, si se mira con cuidado,
de la que es moledora, a la molida!




- CDXXII a -


Desacredita la presunción vana de los cometas


ArribaAbajo   A venir el cometa por coronas,
ni clérigo ni fraile nos dejara,
y el tal cometa irregular quedara
en el ovillo de las cinco zonas.

   Tiénenle, sin por qué, las más personas  5
por malquisto del cetro y la tiara,
y he visto gran cometa de luz clara
no hartarse de lacayos y fregonas.

   Yo he visto diez cometas veniales,
a quien, desesperados, los doctores  10
maldijeron, porque eran cordiales.

   Tres cometas he visto de aguadores,
uno de ricos, siete de oficiales,
y ninguno de suegras y habladores.




- CDXXII b -


Mañoso artificio de vieja desdentada


ArribaAbajo   Quéjaste, Sara, de dolor de muelas,
porque juzguemos que las tienes, cuando
te duelen por ausentes, y, mamando,
bocados sorbes y los sorbos cuelas.

   De las encías quiero que te duelas,  5
con que estás el jigote aporreando;
no lames sacamuelas: ve buscando,
si les puedes hallar, un sacaabuelas.

   Tu risa es, más que alegre, delincuente;
tienes sin huesos pulpas las razones,  10
y el raigón del mascar, lugarteniente.

   No es malo, en amorosas ocasiones,
el no poder jamás estar a diente,
aunque siempre te falten los varones.




- CDXXIII a -


Calvo que no quiere encabellarse


ArribaAbajo   Pelo fue aquí, en donde calavero;
calva no sólo limpia, sino hidalga;
háseme vuelto la cabeza nalga:
antes greguescos pide que sombrero.

   Si, cual Calvino soy, fuera Lutero,  5
contra el fuego no hay cosa que me valga;
ni vejiga o melón que tanto salga
el mes de agosto puesta al resistero.

   Quiérenme convertir a cabelleras
los que en Madrid se rascan pelo ajeno,  10
repelando las otras calaveras.

   Guedeja réquiem siempre la condeno;
gasten caparazones sus molleras:
mi comezón resbale en calvatrueno.




- CDXXIII b -


Calvo que se disimula con no ser cortés


ArribaAbajo   Catalina, una vez que mi mollera
se arremangó, la sucedió... ¿Direlo?
Sí, que no se la pudo cubrir pelo,
si no se da a casquete o cabellera.

   Desenvainado el casco, reverbera;  5
casco parece ya de morteruelo;
y, por cubrirle, a descortés apelo,
porque en sombrero perdurable muera.

   Porque la calva oculta quede en salvo,
aventuro la vida, que yo quiero  10
antes mil veces ser muerto que calvo.

   Yo no he de cabellar por mi dinero;
y pues de la mollera soy cuatralbo,
sírvame de cabeza mi sombrero.




- CDXXIV a -


Felicidad barata y artificiosa del pobre


ArribaAbajo   Con testa gacha toda charla escucho;
dejo la chanza y sigo mi provecho;
para vivir, escóndome y acecho,
y visto de paloma lo avechucho.

   Para tener, doy poco y pido mucho;  5
si tengo pleito, arrímome al cohecho;
ni sorbo angosto ni me calzo estrecho:
y cátame que soy hombre machucho.

   Niego el antaño, píntome el mostacho;
pago a Silvia el pecado, no el capricho;  10
prometo y niego: y cátame muchacho.

   Vivo pajizo, no visito nicho;
en lo que ahorro está mi buen despacho:
y cátame dichoso, hecho y dicho.




- CDXXIV b -


Burlase de la astrología de los eclipses


ArribaAbajo   ¿Porqué el sol se arreboza con la luna
en la cabeza horrible del severo
dragón, pretendes, pérfido agorero,
amenazar de túmulo a la cuna?

   El metal de sus rayos importuna  5
tu ciencia, con examen de platero,
cuando eclipsarse el sol en el Carnero
influye calidad sólo ovejuna.

   Hoy se eclipsa en Carnero, y otro día
se eclipsará de viernes en los Peces,  10
signo Corvillo en buena astrología.

   Eclipses hay picaños y soeces,
amigos de canalla y picardía:
que no son linajudos todas veces.




- CDXXV a -


Bebe vino precioso con mosquitos dentro


ArribaAbajo   Tudescos moscos de los sorbos finos,
caspa de las azumbres más famosas,
que porque el fuego tiene mariposas,
queréis que el mosto tenga marivinos;

   aves luquetes, átomos mezquinos,  5
motas borrachas, pájaras vinosas,
pelusas de los vinos envidiosas,
abejas de la miel de los tocinos;

   liendres de la vendimia, yo os admito
en mi gaznate, pues tenéis por soga  10
al nieto de la vid, licor bendito.

   Tomá en el trago hacia mi nuez la boga;
que, bebiéndoos a todos, me desquito
del vino que bebistes y os ahoga.




- CDXXV b -


Al mosquito de la trompetilla


ArribaAbajo   Ministril de las ronchas y picadas,
mosquito postillón, mosca berbero,
hecho me tienes el testuz harnero,
y deshecha la cara a manotadas.

   Trompetilla que toca a bofetadas,  5
que vienes con rejón contra mi cuero,
Cupido pulga, chinche trompetero,
que vuelas comezones amoladas,

   ¿por qué me avisas, si picarme quieres?
Que pues que das dolor a los que cantas,  10
de casta y condición de potras eres.

   Tú vuelas, y tú picas, y tú espantas,
y aprendes del cuidado y las mujeres
a malquistar el sueño con las mantas.




- CDXXVI a -


Un enfermo a quien los médicos fatigan con la dieta, se burla de su regimiento


ArribaAbajo   Si vivas estas carnes y estas pieles
son bodegón del comedor rascado,
que, al pescuezo y al hombro convidado,
hace de mi camisa sus manteles;

   si emboscada en jergón y en arambeles  5
no hay chinche que no alcance algún bocado,
refitorio de sarna dedicado
a boticario y médicos crueles,

   hijo de puta, dame acá esa bota:
bebereme los ojos con las manos,  10
y túllanse mis pies de bien de gota.

   Fríeme retacillos de marranos;
venga la puta y tárdese la flota:
y sorba yo, y ayunen los gusanos.




- CDXXVI b -


A un tratado impreso que un hablador espeluznado de prosa hizo en culto


ArribaAbajo   Leí los rudimentos de la aurora,
los esplendores lánguidos del día,
la pira y el construye y ascendía,
y lo purpurizante de la hora;

   el múrice, y el tirio, y el colora,  5
el sol cadáver, cuya luz yacía,
y los borrones de la sombra fría,
corusca luna en ascua que el sol dora;

   la piel del cielo cóncavo arrollada,
el trémulo palor de enferma estrella,  10
la fuente de cristal bien razonada.

   Y todo fue un entierro de doncella,
doctrina muerta, letra no tocada,
luces y flores, grita y zacapella.




- CDXXVII a -


Pronuncia con su nombres los trastos y miserias de la vida


ArribaAbajo   La vida empieza en lágrimas y caca,
luego viene la mu, con mama y coco,
síguense las viruelas, baba y moco,
y luego llega el trompo y la matraca.

   En creciendo, la amiga y la sonsaca:  5
con ella embiste el apetito loco;
en subiendo a mancebo, todo es poco,
y después la intención peca en bellaca.

   Llega a ser hombre, y todo lo trabuca;
soltero sigue toda perendeca;  10
casado se convierte en mala cuca.

   Viejo encanece, arrúgase y se seca;
llega la muerte y todo lo bazuca,
y lo que deja paga, y lo que peca.




- CDXXVII b -


A Apolo siguiendo a Dafne


ArribaAbajo   Bermejazo platero de las cumbres,
a cuya luz se espulga la canalla,
la ninfa Dafne, que se afufa y calla,
si la quieres gozar, paga y no alumbres

   Si quieres ahorrar de pesadumbres,  5
ojo del cielo, trata de compralla;
en confites gastó Marte la malla,
y la espada en pasteles y en azumbres.

   Volviose en bolsa Júpiter severo;
levantose las faldas la doncella  10
por recogerle en lluvia de dinero.

   Astucia fue de alguna dueña estrella,
que de estrella sin dueña no lo infiero:
Febo, pues eres sol, sírvete de ella.




- CDXXVIII a -


A Dafne, huyendo de Apolo


ArribaAbajo   «Tras vos, un alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol, ¿y vos, tan cruda?
Vos os volvéis murciélago sin duda,
pues vais del Sol y de la luz huyendo.

   »El os quiere gozar, a lo que entiendo,  5
si os coge en esta selva tosca y ruda:
su aljaba suena, está su bolsa muda;
el perro, pues no ladra, está muriendo.

   »Buhonero de signos y planetas,
viene haciendo ademanes y figuras,  10
cargado de bochornos y cometas.»

   Esto la dije; y en cortezas duras
de laurel se ingirió contra sus tretas,
y, en escabeche, el Sol se quedó a oscuras.




- CDXXVIII b -


Contiene una grande advertencia a los reyes; conviene a saber: que con ser tan soberanos por la alteza de su dignidad, los que con su obligación no cumplen dignamente, se hacen despreciables en la estimación y en la memoria después


ArribaAbajo   En caña de pescar trocó Artabano
El cetro, y las insignias soberanas
ocupó diligente en pescar ranas,
por acallar el cieno de un pantano.

   Emperador araña, Domiciano,  5
cazando moscas, infamó sus canas;
cuando cerrando puertas y ventanas,
pudo limpiar las siestas al verano.

   Fortuna, ¿no estuvieran más decentes
puestas en un moscón y un renacuajo  10
las dos coronas, que en tan viles frentes?

   Témome que el reinar oficio es bajo,
pues que ruegas, a costa de las gentes,
con cetro a un mosqueador y a un espantajo.




- CDXXIX a -


Contra Pilatos, juez que pregunta a los acusadores lo que ha de sentenciar


ArribaAbajo   «¿Queréis que suelte a Barrabás o a Cristo?»,
preguntas, Pilatillos, muy lavado;
porque, a costa de Dios, no hay mal letrado
que no trueque lo justo o lo bienquisto.

   ¿En qué consejo u decisión has visto  5
que sentencie el que acusa al acusado?
La ley que has de guardar, has condenado,
muy preciado de imperio meromixto.

   ¡Qué a mano hallan las Pascuas los ladrones!
Y soltar Barrabases aun hoy dura,  10
y todos para Dios somos prisiones.

   Tu mujer sueña, y duerme tu cordura;
mas presto, con garnacha de tizones,
te diremos el sueño y la soltura.




- CDXXIX b -


A Judas Iscariotes, ladrón no de poquito


ArribaAbajo   ¿Quién es el de las botas, que, colgado,
es arracada vil de aquel garrote?
Es Judas, el apóstol Iscariote.
Habéis los portugueses despenado.

   Bien está lo bermejo a lo ahorcado  5
¿No es éste el de los pobres y el del bote?
Este fue despensero y sacerdote,
y presidió en la hacienda interesado.

   Para los pobres dijo que quería
vender el bote, y darles el dinero;  10
¿Y entre los cinco mil no hurtó aquel día?

   Fue Judas gran ministro, no ratero,
las migajas dejó, porque atendía
a embolsarse su dueño todo entero.




- CDXXX a -


Hechicera antigua que deja sus herramientas a otra reciente


ArribaAbajo   Esta redoma, rebosando babas,
el cedazo que sabe hacer corvetas;
éstas, que se metieron a profetas,
con poco miramiento, siendo habas;

   estas ollas, que fueron almadrabas  5
del marisco de mozas y alcahuetas;
estos lazos, que, en vuelcos y en maretas,
a dos gaznates mices fueron trabas;

   las cecina, de sapos conjurada;
el gato negro, que la dicha aruña;  10
el licenciado imán, piedra barbada,

   cansada de ser carne y de ser uña,
los ofrezco a mi nieta la Cascada,
para cuando concierte, junte y gruña.




- CDXXX b -


Ladrón que se despide de sus instrumentos y se recoge a profesión más estrecha


ArribaAbajo   Yo, que en este lugar haciendo Hurtados,
tanto extandí la casa de Mendoza;
yo, que desde el alcázar a la choza
sofaldé cerraduras y candados;

   estos dos garabatos sazonados,  5
con quien toda ventana se retoza,
galgos de mucho trasto y mucha broza,
ministros del agarro corcovados;

   esta lima, esta llave, con que allano
todo escondite, ofrezco ante las aras  10
del aruñón de bolsas cortesano;

   y compungido de maldades raras,
harto de hurtar a palmos con la mano,
quiero alguacil, hurtar con ella a varas.




- CDXXXI a -


Mató un médico su candil estudiando, por despabilarle, y reconoce el candil justa aquella pena por su culpa


ArribaAbajo   Si alumbro yo porque a matar aprenda,
¿de qué me espanto yo de que me apague?
Pues en mí «Quien tal hace que tal pague»
justifica el doctor se comprenda.

   Despabila al que cura y a su hacienda;  5
cura al que despabila, aunque le halague;
basta para matar que sólo amague:
de calaveras es su estudio tienda.

   Por ser matar la hambre comer, come;
hasta a su mula mata de repente;  10
ninguno escapa que a su cargo tome.

   Es matalos hablando eternamente;
será el mundo al revés siempre que asome,
pues el amanecer vuelve Occidente.




- CDXXXI b -


Médico que para un mal que no quita, receta muchos


ArribaAbajo   La losa en sortijón pronosticada
y por boca una sala de viuda,
la habla entre ventosas y entre ayuda,
con el «Denle a cenar poquito o nada».

   La mula, en el zaguán, tumba enfrenada;  5
y por julio un «Arropele si suda;
no beba vino; menos agua cruda;
la hembra, ni por sueños, ni pintada».

   Haz la cuenta conmigo, dotorcillo:
para quitarme un mal, ¿me das mil males?  10
¿Estudias medicina o Peralvillo?

   ¿De esta cura me pides ocho reales?
Yo quiero hembra y vino y tabardillo,
y gasten tu salud los hospitales.




- CDXXXII a -


Insinúa con donaire que las miserias de esta vida dignamente pueden ser motivo de llanto y de risa también


ArribaAbajo   ¿Qué te ríes, filósofo cornudo?
¿Qué sollozas, filósofo anegado?
Sólo cumples, con ser recién casado
como el otro cabrón, recién viudo.

   ¿Una propia miseria haceros pudo  5
cosquillas y pucheros? ¿Un pecado
es llanto y carcajada? He sospechado
que es la taberna más que los sesudo.

   ¿Qué no te ahogues tú, qué no te corras,
bufonazo de fábulas y chistes,  10
tal, que ni con los pésames te ahorras?

   Diréis, por disculpar lo que bebistes,
que son las opiniones como zorras,
que uno las toma alegres y otro triste.




- CDXXXII b -


Duélese un preso en los términos mismos de sus visitas


ArribaAbajo   Preso por desvalido y delincuente,
más pagó la prisión que mi pecado.
Yo tengo de señor lo visitado
y del yermo, lo solo y penitente.

   No entiendo, ¡vive Cristo!, aquesta gente;  5
mandan que siga, y tiénenme cerrado;
lo de a prueba y estése me ha cansado,
y el ser el susodicho eternamente.

   Siempre me están pidiendo los derechos:
conversación que a Bártulo cansara  10
y a cincuenta letrados barbihechos.

   Yo presento testigos cara a cara;
mas si pudiera presentar cohechos,
el siga como el diablo, se soltara.




- CDXXXIII a -


La horca se queja de que la dan los que ella merece y no los que la merecen a ella


ArribaAbajo   Si a los que me merecen me entregara
la Justicia, no holgara la madera.
¡Oh qué notable colgadura hiciera!
En oro a la de Túnez despreciara.

   En un credo, oficiales despachara  5
que en despachar se tarda una era;
menos el ruido que las nueces fuera,
y el pino fruto de nogal llevara.

   Hubiera en mí más varas que no palos;
presos y prendedores y renglones;  10
de pobres me extendiera a ricos malos.

   Ladrones, y quien hurta a los ladrones,
gozaran igualmente mis resbalos,
aunque el adagio los trocó en perdones.




- CDXXXIII b -


Huye la casa del campo (donde está el coloso del Señor Rey Felipe III) la competencia del Retiro


ArribaAbajo   Piedras apaño cuando veis que callo;
y, pudiendo vendérselas, las tiro
al edificio que envidiosa miro,
pues Roma se preciara de envidiallo.

   Si por tener tan sólo este caballo  5
no he podido jamás juntar un tiro,
mal podré competir con el Retiro,
en quien echó la arquitectura el fallo.

   ¿Qué puede sucederme en este río,
que no se harta de agua en el invierno  10
y aun no lava sus pies en el estío?

   Si va por ermitaño, sempiterno
el ermitaño que en el Ángel crío,
puede tener un Juan Guarín por yerno.




- CDXXXIV a -


Vieja verde, compuesta y afeitada


ArribaAbajo   Vida fiambre, cuerpo de anascote,
¿cuándo dirás al apetito «Tate»,
si cuando el Parce mihi te da mate
empiezas a mira por el virote?

   Tú juntas, en tu frente y tu cogote,  5
moño y mortaja sobre seso orate;
pues, siendo ya viviendo disparate,
untas la calavera en almodrote.

   Vieja roñosa, pues te llevan, vete;
no vistas el gusano de confite,  10
pues eres ya varilla de cohete.

   Y pues hueles a cisco y alcrebite,
y la podre te sirve de pebete,
juega con tu pellejo al escondite.




- CDXXXIV b -


Refiere la provisión que previene para sus baños


ArribaAbajo   Yo me voy a nadar con un morcón,
queso, cecina, salchichón y pan:
que pro comer más rancio que no Adán,
dejo la fruta y muerdo del jamón.

   L'hambre y la sed de aqueste corpachón  5
con estas calabazas nadaran;
la edad, señor doctor, pide Jordán;
Manzanares, la niña y la ocasión.

   No me acompaña fruta de sartén,
taza penada o búcaro malsín;  10
jarro sí, grueso, y el copón de bien.

   Caballito será de San Martín
mi estómago, mi paso su vaivén,
y, orejón, nadaré como delfín.




- CDXXXV a -


Pinta el «aquí fue Troya» de la hermosura


ArribaAbajo   Rostro de blanca nieve, fondo en grajo;
la tisne, presumida de ser ceja;
la piel, que está en un tris de ser pelleja;
la plata, que se trueca ya en cascajo;

   habla casi fregona de estropajo;  5
el aliño, imitando a la corneja;
tez que, con pringue y arrebol, semeja
clavel almidonado de gargajo.

   En las guedejas, vuelto el oro orujo,
y ya merecedor de cola el ojo,  10
sin esperar más beso que el del brujo.

   Dos colmillos comidos de gorgojo,
una boca con cámaras y pujo,
a la que rosa fue vuelven abrojo.




- CDXXXV b -


Fragilidad de la vida, representada en el mísero donaire y moralidad de un candil y reloj justamente


ArribaAbajo   A moco de candil escoge, Fabio,
los desengaños de tu intento loco:
que en los candiles es muy docto el moco,
y su catarro, en el refrán, es sabio.

   Tiene el moco en la llama lengua, y labio  5
en el índex, que habla poco a poco;
contador que a la edad sirve de coco,
y es del vivir imperceptible agravio.

   Con llama y con aceite te retrata
cuantas veces te alumbra, si lo advierte  10
tu salud presumida y mentecata.

   La mano del reloj es de la muerte,
y la de Judas, pues las luces mata,
si no las soplan ni el candil se vierte.




- CDXXXVI a -


Hermosa afeitada de demonio


ArribaAbajo   Si vieras que con yeso blanqueaban
las albas azucenas; y las rosas
vieras que, por hacerlas más hermosas,
con asquerosos pringues las untaban;

   si vieras que al clavel le embadurnaban  5
con almagre y mixturas venenosas,
diligencias, sin duda, tan ociosas,
a indignación, dijeras, te obligaban.

   Pues lo que tú, mirándolo, dijeras,
quiero, Belisa, que te digas cuando  10
jabelgas en tu rostro las esferas.

   Tu mayo es bote, ungüentos chorreando;
y en esta tez, que brota primaveras,
al sol estás y al cielo estercolando.




- CDXXXVI b -


Procura advertir la loca opinión de las piedras preciosas


ArribaAbajo   Si el mundo amaneciera cuerdo un día,
pobres anochecieran los plateros,
que las guijas nos venden por luceros
y, en migajas de luz, jigote al día.

   La vidriosa y breve hipocresía  5
del Oriente nos truecan a dineros;
conócelos, Licino, por pedreros,
pues el caudal los siente artillería.

   Si la verdad los cuenta, son muy pocos
los cuerdos que en la Corte no se estragan,  10
si ardiente el diamantón los hace cocos.

   Advierte cuerdo, si a tu bolsa amagan,
que hay locos que echan cantos, y otros locos
que recogen los cantos y los pagan.




- CDXXXVII a -


Un casado se ríe del adúltero que le paga el gozar con susto lo que a él le sobra


ArribaAbajo   Díceme, don Jerónimo, que dices
que me pones los cuernos con Ginesa;
yo digo que me pones casa y mesa;
y en la mesa, capones y perdices.

   Yo hallo que me pones los tapices  5
cuando el calor por el octubre cesa;
por ti mi bolsa, no mi testa, pesa,
aunque con molde de oro me la rices.

   Este argumento es fuerte y es agudo:
tú imaginas ponerme cuernos; de obra  10
yo, porque lo imaginas, te desnudo.

   Más cuerno es el que paga que el que cobra;
ergo, aquel que me paga, es el cornudo,
lo que de mi mujer a mí me sobra.




- CDXXXVII b -


Marido paciente, que imagina satisfacerse de su deshonra con hacer a otros casados ofensas


ArribaAbajo   Sólo en ti se mintió justo el pecado,
siendo injusto en trabajos y placeres;
pues que, quitando a muchos sus mujeres,
con tu mujer a muchos has pagado.

   Si los cuernos que pones te han quitado  5
de tus sienes los huesos, ¿qué prefieres?
No pones cuernos, si entenderlo quieres:
cuernos truecas con premio de contado.

   Cobras, no haces, Filemón, cornudos;
adulterado adúltero desquitas  10
duras afrentas de los ganchos mudos.

   Ni es desquitarlos, pues que no te quitas
ni uno de cuantos peinas puntiagudos:
haces lo que padeces, y te imitas.




- CDXXXVIII a -


Justifica su tintura un tiñoso


ArribaAbajo   La edad que es lavandera de bigotes
con las jabonaduras de los años,
puso en mis barbas a enjugar sus paños,
y dejó mis mostachos Escariotes.

   Yo guiso mi niñez con almodrotes  5
y mezclo pelos rojos y castaños:
que la nieve que arrojan los antaños
aun no parece bien en los cogotes.

   Mejor es cuervo hechizo que canario;
mi barba es el cienvinos todo entero,  10
tinto y blanco, y verdea y letuario.

   Negra fue siempre, negra fue primero;
jalbegola después el tiempo vario:
luego es restitución la del tintero.




- CDXXXVIII b -


Imitación de Virgilio en lo que dijo a Eneas queriendo dejarla


ArribaAbajo   Si un Eneíllas viera, si un pimpollo,
sólo en el rostro tuyo, en obras mío,
no sintiera tu ausencia ni desvío
cuando fueras, no a Italia, sino al rollo.

   Aquí llegaste de uno en otro escollo,  5
bribón Troyano, muerto de hambre y frío,
y tan preciado de llamarte pío,
que al principio pensabas que eras pollo.

   Mira que por Italia huele a fuego
dejar una mujer quien es marido:  10
no seas padrastro a Dido, padre Eneas.

   Del fuego sacas a tu padre, y luego
me dejas en le fuego que has traído
y me niegas el agua que deseas.




- CDXXXIX a -


Riesgo de celebrar la hermosura de las tontas


ArribaAbajo   Sol os llamó mi lengua pecadora,
y desmintiome a boca llena el cielo;
luz os dije que dábades al suelo,
y opúsose un candil, que alumbra y llora.

   Tan creído tuviste ser aurora,  5
que amanecer quisiste con desvelo;
en vos llamé rubí lo que mi abuelo
llamara labio y jeta comedora.

   Codicia os puse de vender los dientes,
diciendo que eran perlas; por ser bellos,  10
llamé los rizos minas de oro ardientes.

   Pero si fueran oro los cabellos,
calvo su casco fuera, y, diligentes,
mis dedos los pelaran por vendellos.




- CDXXXIX b -


Significa la interesable correspondencia de la vida humana


ArribaAbajo   El ciego lleva a cuestas al tullido:
dígola maña, y caridad la niego;
pues en ojos los pies le paga al ciego
el cojo, sólo para sí impedido.

   El mundo en estos dos está entendido,  5
si a discurrir en sus astucias llego:
pues yo te asisto a ti por tu talego;
tú, en lo que sé, cobrar de mí has querido.

   Si tú me das los pies, te doy los ojos:
todo este mundo es trueco interesado,  10
y despojos se cambian por despojos.

   Ciegos, con todos hablo escarmentado:
pues unos somos ciegos y otros cojos,
ande el pie con el ojo remendado.




- CDXL -


Enseña que las dignidades y puestos altos se suelen ocupar de sujetos indignos e ignorantes


ArribaAbajo   Resístete a la rueda que procura
subas a donde el verte escandalice;
atiende al Job que la humildad te dice,
no al arre, en que te aguija la locura.

   Caminas a la albarda y matadura,  5
si no luz racional lo contradices;
y para que el rebuzno te autorice,
con la oreja asnina se conjura.

   El Viejo cojitranco cada día
te pensará, y a esa otra hija del diablo  10
ya la tendrás cargada, ya vacía.

   Bestia, contigo (seas quien fueres) hablo:
crecer en cola, y no en filosofía,
es figurar salón el que es establo.




- CDXLI a -


Diferencia de dos viciosos en el apetito de las mujeres


ArribaAbajo   Por más graciosa que mi tronga sea,
otra en ser otra tronga es más graciosa;
el mayor apetito es otra cosa,
aunque la más hermosa se posea.

   La que no se ha gozado, nunca es fea;  5
lo diferente me la vuelve hermosa;
mi voluntad de todas es golosa:
cuantas mujeres hay, son mi tarea.

   Tú, que con una está amancebado,
yo, que lo estoy con muchas cada hora,  10
somos dos archidiablos, bien mirado.

   Mas diferente mal nos enamora:
pues amo yo, glotón, todo el pecado;
tú, hambrón de vicios, una pecadora.




- CDXLI b -


Procura también persuadir aquí a una pedidora perdurable la doctrina del trueco de las personas


ArribaAbajo   Que no me quieren bien todas, confieso;
que yo no soy doblón para dudallo.
Si alguno tengo, gusto de guardallo;
si me aborrecen, no será por eso.

   Con quien tiene codicia, tengo seso;  5
en pagar soy discípulo del gallo,
y yo ningún inconveniente hallo
en estas retenciones que profeso.

   Es lenguaje de poyos y de establo
«Tengamos y tengamos»; y «lo cierto  10
es lo de taz a taz», si yo le entablo.

   No se tome en la boca el perro muerto:
quebremos de esta vez el ojo al diablo;
y pues cojuelo le hay, háyale tuerto.




- CDXLII a -


Búrlase del camaleón, moralizando satíricamente su naturaleza


ArribaAbajo   Dígote pretendiente y cortesano,
llámete Plinio el nombre que quisiere;
pues quien del viento alimentarte viere,
el nombre que te doy tendrá por llano.

   Fuelle vivo en botarga de gusano,  5
glotón de soplos, que tu piel adquiere;
mamón de la provincia, pues se infiere
que son tus pechos vara y escribano.

   Si del aire vivieras, almorzaras
respuestas de ministros y señores;  10
consultas y decretos resollaras;

   fueran tu bodegón aduladores,
las tontas vendederas de sus caras,
sastres, indianos, dueñas y habladores.




- CDXLII b -


A la venida del Duque de Humena, cuyos camaradas trajeron muchos diamantes falsos


ArribaAbajo   Vino el francés con botas de camino
y sed de ver las glorias de Castilla;
y la corte, del mundo maravilla,
le salió a recibir como convino.

   Anduvo el duque por extremo fino;  5
mas los monsures, juntos en cuadrilla,
anduvieron vidriosos en la villa,
aun más en lo galán que en lo mohíno.

   Esmeráronse grandes y señores,
por servir a su rey, en regalallos:  10
joyas y potros de valor les dieron.

   Y hasta las trongas de Madrid peores
los llenaron a todos de caballos
y mal francés al buen francés volvieron.




- CDXLIII a -


A una mujer afeitada


ArribaAbajo   «Perrazo, ¿a un español noble y cristiano,
insolente, presumes hacer cara?
¡Y quieres (¿puede ser cosa tan rara?)
que te bese un Mahoma en cada mano!

   »Arrebozas en ángel castellano  5
el zancarrón que Meca despreciara.
Líquido galgo, huye como jara,
y éntrate en la botica de un marrano.

   »A hermosura que está en algarabía,
el Alcorán se llegue a requebralla:  10
tez otomana es asco y herejía.

   »Invocaré al besar, como a batalla,
a Santiago.» Así trató Pernía
al solimán con que se afeita Olalla.




- CDXLIII b -


El que no atiende a lo que dicen en su ausencia estará muy expuesto a murmuraciones y lejos también de enmendarse


ArribaAbajo   ¡Oh Jano, cuya espalda la cigüeña
nunca picó, ni las orejas blancas
mano burlona te imitó a las ancas:
que tus espaldas respetó a la seña!

   Ni los dedos, con luna jarameña,  5
de la mujer parlaron faldas francas;
con mirar hacia atrás las pullas mancas,
cogote lince cubre en ti la greña.

   Quien no viere después de haber pasado
y quien después de sí no deja oído,  10
ni vivirá seguro ni enmendado.

   Eumolpo, esté el cerebro prevenido,
con rostro en tus ausencias desvelado:
que avisa la cigüeña con graznido.




- CDXLIV a -


Burla de las amenazas cuando se toca la campana de velilla


ArribaAbajo   Conozcan los monarcas a Velilla,
por la superstición de la campana;
que a mí, por una pícara aldeana,
me la dio a conocer la seguidilla.

   Crédulo, ¿por qué pasas a Castilla  5
agüeros de Aragón? ¡Oh plebe insana!
Siempre ceñuda con la alteza humana,
nunca propicia a la primera silla.

   Yo temo que se toquen las mujeres,
que denota los moños y arracadas,  10
apretador y cintas y alfileres.

   Mas tocarse campanas apartadas
de mi sueño y mi casa y mis placeres,
aquí, y en Aragón, son badajadas.




- CDXLIV b -


Vieja vuelta a la edad de las niñas


ArribaAbajo   ¿Para qué nos persuades eres niña?
¿Importa que te mueras de viruelas?
Pues la falta de dientes y de muelas
boca de taita en la vejez te aliña.

   Tú te cierras de edad y de campiña,  5
y a que están por nacer, chicota, apelas;
gorgeas con quijadas bisagüelas
y llamas metedor a la basquiña.

   La boca, que fue chirlo, agora embudo,
disimula lo rancio en los antaños,  10
y nos vende por barbas el engrudo.

   Grandilla (porque logres tus engaños),
que tienes pocos años no lo dudo,
si son los por vivir los pocos años.




- CDXLV a -


Al señor de un convite, que le porfiaba comiese mucho


ArribaAbajo   Comer hasta matar la hambre, es bueno;
mas comer por cumplir con el regalo,
hasta matar al comedor, es malo,
y la templanza es el mejor Galeno.

   Lo demasiado siempre fue veneno:  5
a las ponzoñas el ahíto igualo;
si a costumbres de bestia me resbalo,
a pesebre por plato me condeno.

   Si engullo las cocinas y despensas,
seré don Tal Despensas y Cocinas.  10
¿En qué piensas, amigo, que me piensas?

   Pues me atiestas de pavos y gallinas,
dame, ya que la gula me dispensas,
el postre en calas, purga y melecinas.




- CDXLV b -


Reprehende en la araña a las doncellas, y en su tela, la debilidad de las leyes


ArribaAbajo   Si en no salir jamás de un agujero,
y en estar siempre hilando, te imitaran
las doncellas, ¡oh araña!, se casaran
con más ajuar y más doncel dinero.

   Imitan tu veneno lo primero,  5
luego tras nuestra mosca se disparan;
por esto, si contigo se comparan,
más tu ponzoña que sus galas quiero.

   De manojos de zancas rodeado,
barba juriconsulta a tu cabeza  10
forjas, con presunciones de letrada;

   pues en tus telas urdes con destreza
leyes al uso, donde queda atada
culpa sin brazos, vuelo sin grandeza.




- CDXLVI a -


Despídese de la ambición y de la corte


ArribaAbajo   Pues que vuela la edad, ande la loza;
y si pasare tragos, sean de taza;
bien puede la ambición mondar la haza,
que el «satis est» me alegra y me remoza.

   Ya dije a los palacios: «Adiós, choza.»  5
Cualquiera pretensión tengo por maza;
oigo el dácala y siento el ambaraza,
y solamente el libre humor me goza.

   Menos veces vomito que bostezo:
la hambre dice que el ingenio aguza,  10
y que la gula es horca del pescuezo.

   El pedir a los ricos me espeluza,
pues saben mi mendrugo y mi arrapiezo,
y darme saben sólo en caperuza.




- CDXLVI b -


Sacamuelas que quería concluir con la herramienta de una boca


ArribaAbajo   ¡Oh, tú, que me comes con ajenas muelas,
mascando con los dientes que nos mascas,
y con los dedos gomias y tarascas
las encías pellizcas y repelas;

   tú, que los mordiscones desconsuelas,  5
pues en las mismas sopas los atascas,
cuando en el migajón corren borrascas
las quijadas que dejas bisagüelas;

   por ti reta las bocas la corteza,
revienta la avellana de valiente,  10
y su cáscara ostenta fortaleza!

   Quitarnos el dolor, quitando el diente,
es quitar el dolor de la cabeza,
quitando la cabeza que le siente.




- CDXLVII a -


Boda de matadores y mataduras; esto es, un boticario con la hija de un albéitar


ArribaAbajo   Viendo el martirologio de la vida
con música bailar, y viendo al preste,
dije: «Sin duda hay nuevas de la peste,
o la epidemia viene bien podrida.»

   Supe que era una boda entretejida  5
de albéiter y botica, en que la hueste
de Hipócrates, unánime y conteste,
«¡Calavera!» por «¡Himen!» apellida.

   El barbero tocaba el punteado
de la lanceta en guitarrón parlero;  10
de bote en bote el novio está atestado.

   El dote es mataduras en dinero;
y el médico, de barbas enfaldado,
bailaba el Rastro siendo el Matadero.




- CDXLVII b -


Vieja que aún no se quería desdecir de moza. Castígala con la similitud del jardín y del monte


ArribaAbajo   Ya salió, Lamia, del jardín tu rostro;
huyó la rosa que vistió la espina;
y la azucena huyó y la clavellina,
y, en el clavel, el múrice y el ostro.

   Entro en el monte, a profesar el mostro,  5
tu cara reducida a salvajina;
toda malezas es, donde la encina
mancha a la leche el ampo del calostro.

   Los que fueron jazmines son chaparros,
y cambroneras son las maravillas,  10
simas y carcabuezos, los desgarros.

   Jarales yertos, manos y mejillas;
y los marfiles, rígidos guijarros.
¿Por qué te afeitas ya, pues te traspillas?




- CDXLVIII a -


A la hermosura que se echa a mal, prendada de un capón


ArribaAbajo   Amaras un ausente, que es firmeza;
o un muerto, que es piedad, cuando faltara
un presente y un vivo que te amara
con jugo y con sazón y con fineza.

   ¡Miren donde fue a dar con su belleza  5
la que al sol con melindre se compara,
sino en todo un capón, a quien la cara
tuerce, por no lo ver, Naturaleza!

   La tuya es comenzón de sarna seca,
que, rascada, se irrita y se atribula:  10
capones nunca hicieron polla clueca.

   Tu golosina mal se disimula,
pues, aunque torpe, en la lujuria peca:
mucho capón pecado es de la gula.




- CDXLVIII b -


A un hipócrita de perenne valentía


ArribaAbajo   Su colerilla tiene cualquier mosca;
sombra, aunque poca, hace cualquier pelo;
rápesele del casco y del cerbelo:
que teme nadie catadura hosca.

   La vista arisca y la palabra tosca;  5
rebosando la faz libros del duelo,
y por mostachos, de un vencejo el vuelo;
ceja serpiente, que la mirar se enrosca.

   Todos son trastos de batalla andante
u de epidemia que discurre aprisa:  10
muertos atrás y muertos adelante.

   Si el demonio tan mal su bulto guisa,
el moharrache advierta, mendicante,
que pretende dar miedo, y que da risa.




- CDXLIX a -


Toreador que cae siempre de su caballo y nunca saca la espada


ArribaAbajo   Si caístes, don Blas, los serafines
cayeron de las altas jerarquías;
y cuantas fiestas hay caen en sus días;
y porque caen las rentas, hay cuatrines.

   Pues ¿qué mucho que caigan tres rocines,  5
por lo manchado y por lo hambriento arpías?
Si queréis remediarlo, gasta en lías
lo que gastaste en lacayos ruines.

   Como si ellos cayeran, los enfada
veros caer; y no hay balcón sin fallo,  10
que el toro le obligó a sacar la espada.

   Callen y guarden, como aguardo y callo;
que caerá de su asno, si le agrada,
quien tantas cae de su caballo.




- CDXLIX b -


Valimiento de la mentira


ArribaAbajo   Mal oficio es mentir, pero abrigado:
eso tiene de sastre la mentira,
que viste al que la dice; y aun si aspira
a puesto el mentiroso, es bien premiado.

   Pues la verdad amarga, tal bocado  5
mi boca espuma con enojo y ira;
y ayuno, el verdadero, que suspira,
envidie mi pellejo bien curado.

   Yo trocaré mentiras a dineros,
que las mentiras ya quebrantan peñas;  10
y pidiendo andaré en los mentideros,

   prestadas las mentiras a las dueñas:
que me las den a censo caballeros,
que me las vendan Lamias halagüeñas.




- CDL a -


A una roma, pedigüeña además


ArribaAbajo   A Roma van por todo; mas vos, roma,
por todo vais a todas las regiones.
Sopa dan de narices los sayones:
no hay que aguardar, que el prendimiento asoma.

   Por trasero rondaran en Sodoma  5
el coram vobis vuestro y sus facciones.
Por roma os aborrecen las naciones
que siguen a Lutero y a Mahoma.

   Si roma como vos la Roma fuera
que Nerón abrasó, fuera piadoso,  10
y el sobrenombre de cruel perdiera.

   El olfato tenéis dificultoso
y en cuclillas, y un tris de calavera,
y a gatas en la cara lo mocoso.




- CDL b -


Leyes bacanales de un convite


ArribaAbajo   Con la sombra del jarro y de las nueces,
la sed bien inclinada se alborota;
todo gaznate esté con mal de gota,
hasta dejar las cubas en las heces.

   Los brindis repetidos y las heces  5
crezcan el alarido y la chacota;
y la aguachirle, que en las peñas trota,
buen provecho les haga a rana y peces.

   De medio abajo se permiten voces;
para los gormadores hay capuces;  10
a los alegres se pondrán terlices.

   Los aguados se vistan albornoces;
los mosquitos sean plaga a los testuces,
y levántense zorras, y no mices.




- CDLII a -


Gabacho tendero de zorra continua


ArribaAbajo   Esta cantina revestida en faz;
esta vendimia en hábito soez;
este pellejo, que, con media nuez,
queda con una cuba taz a taz;

   esta uva, que nunca ha sido agraz,  5
el que con una vez bebe otra vez;
éste, que deja a sorbos pez con pez
las bodegas de Ocaña y Santorcaz;

   éste, de quien Panarra fue aprendiz,
que es pulgón de las viñas su pestuz,  10
fantasma de las botas su nariz,

   es mona que a los jarros hace el buz,
es zorra que al vender se vuelve miz,
es racimo, mirándole a la luz.




- CDLII b -


Al día del Ángel en la Puente


ArribaAbajo   Paréceme que van las Cardenillas
pidiendo para dulce a los ingleses,
y que se zurce a un coche de franceses
la Vera, y que los chupa las canillas.

   Los Castillos, podridas y amarillas,  5
me parecen que escalan portugueses,
y que entra, echando tajos y reveses,
la Faxa, por la Puente, en angarillas.

   Muchas carrozas rebosando dueñas;
toda pura buscona en coche ajeno;  10
señorías y limas por regalo;

   doncellas desvirgándose por señas.
Si esto se ve el día del Ángel bueno,
¿qué se verá el día del Ángel malo?




- CDLIII a -


Pecosa y hoyosa y rubia


ArribaAbajo   Pecosa en las costumbres y en la cara,
podéis entre los jaspes ser hermosa,
si es que sois salpicada y no pecosa,
y todo un sarampión, si se repara.

   Vertís de tabardillo la antipara;  5
si las alas no son de mariposa,
es piel de tigre lo que en otras rosa:
pellejo de culebra os pintipara.

   Hecha panal con hoyos de viruelas,
sacabocados sois de zapatero,  10
o cera aporreada con las muelas.

   Malas manchas tenéis en ese cuero;
lo rubio es de candil, no de candelas;
la cara, en fin, lamprea en un harnero.




- CDLIII b -


Diálogo de galán y dama desdeñosa


ArribaAbajo   Hace tu rostro herejes mis despojos.
No es mi rostro Calvino ni Lutero.
Tus ojos matan todo el mundo entero.
Eso es llamar dotores a mis ojos.

   Cruel, ¿por qué me das tantos enojos?  5
¿Requiebras al verdugo, majadero?
¿Qué quieres más de un hombre? Más dinero,
y el oro en bolsa y no en cabellos rojos.

   Toma mi alma. ¿Soy yo la otra vida?
Tu vista hiere. ¿Es vista puntiaguda?  10
Róbame el pecho. Más valdrá una tienda.

   ¿Por qué conmigo siempre fuiste cruda?
Porque no me está bien el ser cocida.
Muérome, pues. Pues mándame tu hacienda.




- CDLIV a -


Confusión por los mandamientos


ArribaAbajo   Padre, yo quiero al prójimo, y me muero
por cumplir lo que en esto se me ordena.
Yo no cudicio la mujer ajena,
que antes todos cudician la que quiero.

   A mí solo me hurto yo el dinero.  5
Las fiestas guardo yo, no mi cadena.
No temo, por no honrar los padres, pena;
ni peco en la avaricia del logrero.

   Por mí estarán eternamente echados
los testimonios, y mi lengua muda  10
para jurar ni aun reyes coronados.

   ¿Si gracia alcanzaré con esta ayuda?
Ya que no ha de absolverme mis pecados,
padre fray Gil, absuélvame la duda.




- CDLIV b -


Que la pobreza es medicina barata y descuido seguro de peligros


ArribaAbajo   Mi pobreza me sirve de Galeno,
menos bestial por falta de la mula;
presérvame de ahítos y de gula,
y el barro de acechanzas de veneno.

   Cenas matan los hombres; yo no ceno;  5
ni ladrón ni heredero me atribula;
güevos me dan sufragio de la bula,
mas no la bula sin sufragio ajeno.

   Nunca maté la sed en la taberna,
que aun de sed no es matante mi dinero,  10
y abstinencia forzosa me gobierna.

   Mi hambre es sazonado cocinero,
pues del carnero me convierte en pierna
hasta los mismos güesos del carnero.




- CDLV a -


Indígnase mucho de ver propagarse un linaje de estudiosos hipócritas y vanos ignorantes compradores de libros, me escribió este


ArribaAbajo   Alma de cuerpos muchos es severo
vuestro estudio, a quien hoy su honor confía
la patria, ¡oh, don José!, que en librería
cuerpos sin alma tal, más es carnero.

   No es, erudito, que es sepulturero,  5
quien sólo entierra cuerpos noche y día;
bien se puede llamar libropesía
sed insaciable de pulmón librero.

   Hombres doctos de estantes y habitantes,
en nota de procesos y escribanos,  10
los podéis gradüar por estudiantes.

   Libros cultos, de fuera cortesanos,
dentro estraza, dotoran ignorantes
y hacen con tablas griegos los troyanos.




- CDLV b -


En una conversación hicimos los dos el soneto siguiente, en cláusulas amabeas o alternadas


ArribaAbajo   Cornudo eres, Fulano, hasta los codos,
y puedes rastillar con las dos sienes;
tan largos y tendidos cuernos tienes,
que, si no los enfaldas, harás lodos.

   Tienes el talle tú que tienen todos,  5
pues justo a los vestidos todos vienes;
del sudor de tu frente te mantienes:
Dios lo mandó, mas no por tales modos.

   Taba es tu hacienda; pan y carne sacas
del hueso que te sirve de cabello;  10
marido en nombre, y en acción difunto,

   mas con palma o cabestro de las vacas:
que al otro mundo te hacen ir doncello
los que no dejan tu mujer un punto.




- CDLVI -


Título crepúsculo entre dos luces, si titulece no titulece


ArribaAbajo   Son los vizcondes unos condes bizcos,
que no se sabe hacia qué parte conden;
a mercedes humanas no responden,
(y a las damas regalan con pellizcos.

   Todas tus rentas son pizcas, y pizcos  5
sus estados, y nísperos que monden:
es conde cada cual de los que esconden
los mendrugos, que comen a repizcos.

   Andan a titulillos; cosa fea;
y aún del rey mismos a no admitir se aúnan  10
lo de «O como la nuestra merced sea».

   Sus despensas traspasos son que ayunan;
mas no, aunque su hambre hasta morir pelea,
de la merced de Dios se desayunan.)


 
 
FIN DE «PARNASO ESPAÑOL»
 
 


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