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ArribaActo III


Escena I

 

El teatro representa lo interior de la torre del fuerte: a la derecha una claraboya, que se supone cae al foso; a la izquierda banco de piedra, donde está recostado ZELIDO dormido: ZINDA inmediata lo observa: puerta al foro.

 
ZINDA
Feliz infancia, en cuya edad se ignoran
los males de la vida y los peligros.
¡Cómo el dulce reposo de tu estado
envidia mi dolor! Hijo querido,
hijo de mi desgracia, tú del sueño 5
gozas el blando halago; y yo suspiro,
tiemblo, y me afano al contemplar tu suerte;
cuando Vinter permite que el alivio
tenga de tus caricias, y a mi lado
te sepulta también en este sitio, 10
sin duda que le queda la esperanza
de reducir mi vida y mis dominios
a una vil sujeción..., antes perezca
Zinda, que llegar pueda a consentirlo.
¡Ah! ¡Quién dijera, cuando yo piadosa 15
permití que elevara este edificio
Pereyra en mis estados; que algún día
llegara a verme presa en su recinto
pero la luz del alba ya parece
que alumbra los horrores de este sitio20
por esa claraboya; de la noche,
de esta noche de llanto el lento giro
pareció interminable a mis angustias;
el sueño huyó de mí; los ojos míos
velaron, y entre sombras pavorosas, 25
objetos de furor y duelo han visto.
Por todas partes desolado el campo
de este imperio infeliz, yo vi teñidos
de sangre sus hogares; y que el fuego,
aumentando el horror de este conflicto,30
dejó abrasadas las sencillas chozas,
y en cenizas los pueblos convertidos;
en tanto que los viles europeos,
consumando tan bárbaro exterminio,
esclavos mis vasallos arrastraban 35
a su infame país, sin que los gritos
de tantos infelices conmoviesen
su corazón feroz. ¡Oh esposo mío!
¿Y será esta tu suerte? ¡Qué! ¿De Zinda,
de Congo puede ser este el destino? 40
De Zelido... ¡Qué horror! ¡Oh tú, inocente,
 

(Se acerca a su hijo, lo despierta, y lo abraza.)

 
ven a calmar los bárbaros delirios
del amor maternal; despierta, llega
al seno de tu madre, amado hijo.
 

(Se sienta con él.)

 


Escena II

 

DICHOS, ÁNGELA.

 
ÁNGELA
Zinda.
ZINDA

 (Levantándose.) 

¡Dioses! ¿Quién es? Pero ¡qué veo!
45
¿Eres tú, amiga? Di ¿cómo has podido
penetrar en la torre?
ÁNGELA
Ya el tirano
concede a tus pesares este alivio,
porque ha logrado el fin de su codicia.
ZINDA
¿Quién la pudo saciar?
ÁNGELA
Tu esposo mismo.
50
ZINDA
¡Mi esposo!
ÁNGELA
Sí: Nelzir desesperado
al contemplar el tuyo y su peligro,
ha colmado de Vinter la esperanza,
aceptando a sus ruegos el partido
de descubrir las minas de este imperio,55
para que sus tesoros escondidos
consigan libertaros de la muerte,
o de la esclavitud.
ZINDA
¡Dioses! ¡Qué has dicho!
¡Nelzir vende su patria! ¿Es tan infame
que compra nuestras vidas? ¿Su cariño 60
es tan vil, que en oprobio de sus pueblos
funda la esclavitud en sus dominios?
¡Ah traidor!... Ve a decirle...
ÁNGELA
Nada, Zinda,
le puedo ya decir; él ha salido
con Vinter y las guardias portuguesas 65
en la pasada noche del castillo.
ZINDA
¿Y qué no habrá remedio? ¿La violencia
formará del rigor el yugo impío
en mis estados? ¿De la vil codicia
europea han de ser mis extendidos 70
imperios el objeto, sin que pueda
el valor de mis armas impedirlo?
Ángela, me estremezco; no es posible
que Vinter reconozca el Dios benigno
que adoraba tu padre; la grandeza75
de un Ser eterno, sabio e infinito,
como aquel que Pereyra me pintaba,
y adoraba en secreto el pecho mío,
no puede consentir la tiranía
de Vinter, ni sus bárbaros designios. 80
ÁNGELA
No te engañas; de Vinter la creencia
a ese Dios de bondad tiene ofendido,
y niega los misterios más sagrados
de nuestra religión.
ZINDA
Con que es preciso
que llegue el escarmiento. Dime ¿Alcaypa 85
no está ya en libertad?
ÁNGELA
De este castillo
ignoro si ha logrado la salida.
Vasco pudo estorbar nuestro designio
por mandato de Vinter, que irritado
sin duda de que cauta he diferido90
su abominable enlace, no consiente
que estén ya los esclavos a mi arbitrio.
Mayor es mi inquietud que tu despecho;
temo el furor de Vinter, y el destino
me priva del amparo de mi padre,95
y aumenta cada instante mi peligro.
Pero yo vuelvo a ver si acaso Alcaypa
en logrado salir de este recinto.
 

(Se va.)

 
ZINDA
No; nada es tan terrible como el fuego,
el furor que en mi pecho se ha encendido100
al contemplar el triunfo del tirano.
¿No podré yo salir donde mi brío
estorbe la ignominia de mi patria?
¿Dónde mi brazo logre el exterminio
del infame opresor... es imposible. 105
¡Qué execrable invención la de este sitio!
Hijo, ve aquí el albergue que los blancos
fundaron con intento de oprimirnos;
odialos como yo; y odia a tu padre,
que débil se ha humillado a esos impíos. 110


Escena III

 

NELZIR, DICHOS.

 
NELZIR
Zinda...
ZINDA
¡Dioses! Él es: cobarde negro,
traidor esposo, ¿es este el heroísmo
que Zinda te enseñó? ¿Cómo en ti cabe
un extremo tan vil? ¿Cómo atrevido
te presentas a mí, cuando humillado115
por salvar a tu esposa y a tu hijo
complaces la codicia de los blancos,
descubriendo a un malvado los más ricos
tesoros de tu patria? Vete, infame,
de mi presencia, teme el furor mío: 120
yo detesto al que torpemente débil
su reino y sus vasallos ha vendido.
NELZIR
Yo te perdono el odio, amada esposa,
que juras a Nelzir; tienes motivo
de aborrecerme; ignoras las astucias, 125
que la opresión cruel me ha sugerido.
ZINDA
¡Astucias!... ¡Qué! ¿Las minas de este imperio
no has descubierto al bárbaro enemigo?
NELZIR
No; yo he burlado a Vinter: oye, Zinda;
acuérdate que estaban escondidos, 130
y bajo nuestras chozas sepultados,
varios pedazos de oro, que los ríos
de esta región arrastran en sus ondas;
pues estas son las minas que ha querido
descubrir mi cautela; en esta noche 135
a Vinter ofrecí llevarle a un sitio,
donde de los tesoros de la tierra
saciara su ambición; los dos partimos
de guardias portuguesas rodeados;
llegamos al paraje que te he dicho, 140
y al resplandor de las humosas teas
los avarientos ojos de ese inicuo
los senos de la tierra penetraban,
antes que el duro golpe de los picos.
Dura la excavación; desconfiado145
en mí fija la vista; yo me irrito
de su desconfianza, y los esfuerzos
de los soldados con mi ejemplo animo:
en fin, entre las piedras resplandece
el precioso metal, y embebecidos 150
Vinter y sus secuaces del hallazgo:
ya soy feliz, exclama; ve, me dijo,
corre al fuerte, Nelzir, cobra a tu esposa;
da libertad a Zelido; has cumplido
tu palabra; los bravos portugueses 155
te abrirán las prisiones del castillo,
viéndote volver libre; yo le dejo
en sus viles riquezas engreído,
y vuelo a recobrar mis caras prendas.
Vamos, Zelido, esposa; de este sitio160
salgamos antes que el engaño alcance;
que como yo os liberte, ya mi brío
dejará en estos muros señalado
con horrible escarmiento su castigo.
ZINDA
¡Ah! Perdona Nelzir a mis desgracias 165
que un momento dudase de tu altivo
corazón generoso.
NELZIR
Los ultrajes
que de tu heroicidad he recibido
complacen a mi amor.
ZINDA
Ya reconozco
en ti a mi amado esposo. Abriza, hijo,170
a tu padre, y aprende de su pecho
las ínclitas virtudes; el castigo
de Vinter llega; el rostro de Pereyra
acabará, Nelzir, de confundirlo.
NELZIR
Pues ¿qué Pereyra...
ZINDA
Ha vuelto a nuestras costas;
175
Alcaypa en su morada lo ha escondido,
porque yo, recelando que extendieses
tu venganza a su vida...
 

(Ruido dentro.)

 
Mas ¿qué ruido
se escucha?
NELZIR
Acaso Vinter... Ven, esposa.
 

 (Queriendo irse.) 



Escena IV

 

DICHOS, VINTER, guardias.

 
VINTER
Traidores, esperad vuestro artificio 180
no es bastante a libraros de mis iras.
Vuestro grosero engaño ha prevenido
mi furor un momento; pero en vano
pensasteis evitar mi poderío.
Nelzir, en el paraje subterráneo 185
que tú me has descubierto, el desperdicio
de las minas se oculta, y no el origen
del precioso metal que necesito
para recompensar de esta colonia
y del fuerte los gastos excesivos. 190
¡Qué! ¿Pensabas pagar con esta astucia,
digna sólo de un negro, los servicios
que de nuestro comercio los afanes
a este bárbaro reino le han traído?
No puede ser: si libertad deseas, 195
si has de sacar a Zinda y a tu hijo
libres de esta prisión, para el rescate
que descubras las minas es preciso.
NELZIR
Si no puede saciarse tu codicia
con ese que tú llamas desperdicio, 200
y es tesoro que nunca tu vileza
imaginar pudiera conseguirlo,
de mí no esperes más: Zinda te ofrezca
si quiere otras ventajas.
VINTER
¿Que partido
pudiera yo admitir, cuando me insultas, 205
sino el que ya he propuesto? En él insisto.
Habla, Zinda; ¿Qué piensas? ¿Qué resuelves?
O ser libre o morir está en tu arbitrio.
ZINDA
Vinter, si acaso el centro de la tierra
escondiese una mina, que al abismo 210
pudiera conducirte, ni fiereza
mostrara a tus maldades el camino.
Malvado, ¿llega a tanto tu osadía,
que por vernos esclavos y oprimidos
con la ley de la fuerza, a proponerme215
un rescate tan vil te has atrevido?
¿No te lo dije ya? Tu sangre sola
es la que servirá de sacrificio,
y de precio seguro que liberte
la inocencia del yugo de un impío. 220
Si el fin de nuestras vidas apresuras,
en breve descubiertos tus delitos
por un Dios de justicia, a quien ofendes,
seguirá a nuestra muerte tu castigo.
No irrites su poder, ni esperes nunca 225
que mi furor te ofrezca otro partido.
VINTER
Ni tú que mis agravios más tolere.
La muerte de los tres, soldados míos,
nos dé la posesión de las riquezas,
que este imperio promete a nuestro brío. 230
En mi resolución veis el desprecio,
que su insensato orgullo ha merecido
de Vinter; sí; sus locas amenazas,
sus atroces insultos repetidos,
el rigor justifican, que asegure 235
cuan en vano aterrarme han pretendido;
y que afirma, también vuestra fortuna
dándonos de estas costas el dominio.
Llevadlos a morir.


Escena V

 

DICHOS, ÁNGELA.

 
ÁNGELA
Vinter, ¿Qué es esto?
¿Adónde conducís, fieles amigos 240
esos desventurados?
VINTER
A la muerte.
No os opongáis, señora a mis designios;
no merece piedad de vuestro pecho
su vil obstinación; son ellos mismos
los que, ultrajando mi poder glorioso, 245
procuran perecer en el suplicio.
ÁNGELA
Aunque ignoro el origen del agravio
que habéis de su desgracia recibido,
nunca será el rigor seguro medio
de lograr vuestros fines; yo os suplico 250
que perdonéis las vidas desdichadas
de Zinda, de Nelzir y de su hijo,
y les deis libertad; que no se diga
que por vuestro rigor gimen cautivos
los reyes de este imperio; estos soldados 255
serán con esta acción envilecidos
si acaso os obedecen, y algún día
detestarán en vos a su caudillo.
VINTER
Siempre os habéis, señora, a mis preceptos,
y al bien que a esta colonia solicito, 260
opuesto sin reparo; y yo imprudente
a todos vuestros ruegos he cedido,
por respetar en vos de vuestro padre
la gloriosa memoria; ya desisto
de ejecutar en esos obstinados, 265
el golpe justiciero; pero aspiro
a mi seguridad, y a que consigan
fijar los portugueses su dominio
en las costas del África. Oye, Zinda;
tu esposo y tú sois libres; mas tu hijo 270
pasará a Portugal en esa nave
que está para partir; yo determino
tener para postrar tu altanería
un garante seguro; si tu altivo
carácter no depone su fiereza, 275
descubriendo las minas, ese niño
será esclavo en Europa: ya he resuelto:
soldados, a la nave conducidlo.
 

(Se acercan los soldados a ZELIDO.)

 
ZINDA

 (A los soldados.) 

Tened..., esclavo..., nunca. No: perezca
antes una y mil veces. Si atrevidos 280
intentáis arrancarlo de mis brazos,
al foso desde aquí lo precipito.
 

(Tomándolo en brazos para arrojarlo por la ventana.)

 
VINTER
Feroz...
NELZIR
Esposa... Sí; que muera libre.
ZINDA
 

(ZELIDO se abraza a su madre.)

 
¿Te enlazas a mi cuello? Hijo querido...
Tu inocencia se asombra de la muerte: 285
no conoces el bárbaro destino
de que mi amor te libra; tú no sabes
lo que es la esclavitud de esos impíos.
No temas; el morir es un momento;
no aumentes de tu madre los martirios. 290
 

(ZELIDO se abandona sobre la ventana.)

 
NELZIR
Eso sí; que tus brazos no se opongan
a esa gloriosa muerte; mal resisto

 (Aparte volviendo el rostro.) 

a la naturaleza.
ÁNGELA
¿Puedo, Vinter,
resistir vuestro pecho endurecido
tan terrible espectáculo?
VINTER
Señora,
295
su desgracia la causan ellos mismos.
ÁNGELA
Sin duda sois de bronce. A vuestras plantas...

 (Se arrodilla.) 

ZINDA
Ángela, no te postres a ese indigno,
verdugo de tu hermano y de tu padre.
 

(ÁNGELA se levanta.)

 
VINTER
¡Qué escucho! ¿A qué esperáis, soldados míos? 300
Ejecutad mis órdenes.
ZINDA
Malvados,
dignos de obedecer a un asesino,
contra vosotros clamará la sangre
que por ese tirano sacrifico.
ÁNGELA
Portugueses, oid.
VINTER
El labio sella.
305
¿Cómo en obedecerme estáis remisos?
¡Ah!, que los tres perezcan.
VOCES

 (Dentro.) 

Muera Vinter.
VINTER
Traidores... Pues ¿qué es esto?


Escena VI

 

DICHOS, ALCAYPA, guerreros negros.

 
ALCAYPA
Tu castigo,
perverso. Nelzir, Zinda, vuestras armas
recibid de mi mano.

 (Dándoselas.) 

NELZIR

 (Poniéndose al lado de ellos.) 

Esposa, hijo.
310
ZINDA
Nelzir, a la venganza.
VINTER
Portugueses,
los traidores castigue nuestro brío.
ZINDA
Mueran todos, esposo.
ÁNGELA
Zinda, escucha.
ALCAYPA
Apártate, mujer; que el odio mío,
sediento de la sangre de los blancos, 315
olvidará quien eres.
VINTER

 (A ÁNGELA tomándola por el brazo.) 

Tú, que has sido
causa de esta traición, sé mi defensa.
Zinda,

 (Amenazándola con un puñal.) 

quedará muerta en este sitio
Ángela por mi brazo, si los negros
no abandonan las armas y el castillo.320
ZINDA

 (A los negros.) 

Esperad.
ALCAYPA
Y ¿qué importa que perezca
esa débil mujer? Si hubieras visto,

 (A VINTER.)  

Vinter, ¡con qué placer he destrozado
a cuantos se opusieron atrevidos
al paso de Pereyra!
VINTER
Di ¿pues dónde...
325
VOCES

 (Dentro.) 

Pereyra viva.


Escena VII

 

DICHOS, VASCO, PEREYRA, portugueses con las espadas desnudas.

 
ÁNGELA
¡Oh cielos! Padre mío.
PEREYRA
Hija... Traidor, pues ¿cómo...
VINTER
Si me insultas
perecerá a mis iras.
VASCO
 

(Desarmando a VINTER por la espalda: y los portugueses lo aseguran. ÁNGELA corre y abraza a su padre.)

 
Del peligro
ya estáis libre, señora.
VINTER
¡Tú me vendes!
VASCO
Yo en Pereyra respeto a mi caudillo;330
y pretendo borrar aún la memoria
de haberte por mi jefe obedecido.
NELZIR
Vasallos, a Pereyra y a su hija
nuestro rencor perdone: mas tú  (A VINTER.) , inicuo,
morirás a mis iras.
PEREYRA
Nelzir, oye.
335
Suspéndase el horror y el exterminio;
y de la humanidad y la clemencia
escuchad el lenguaje. Yo ofendido
estoy, Vinter, de ti; tú me has privado
del valeroso apoyo de mi hijo, 340
y has intentado seducir astuto
de Ángela la inocencia.
VINTER
Yo he querido
ser su esposo, y en esto no te agravio.
La muerte de su hermano...
PEREYRA
Es de tu impío
corazón digna hazaña: yo no ignoro345
cuales son tus maldades; confundido
debiera estar tu orgullo en mi presencia.
Ángela por ti hubiera perecido,
si el generoso Vasco no estorbase
tan horrible atentado.
VASCO
Sólo aspiro
350
a que vos conozcáis, que si la astucia
de Vinter ha logrado seducirnos,
desengañados ya...
PEREYRA
No te disculpes.
Los bravos portugueses han podido
pensar que adelantase la colonia, 355
eligiendo en mi ausencia por caudillo
a un traidor, que ha cubierto sus maldades
con el velo sagaz del artificio.
ZINDA
Pues que ya lo conocen; que perezca.
LOS NEGROS
Muera Vinter.
PEREYRA
Tened; oídme amigos.
360
Vuestro justo rencor pide su muerte:
pero mi religión los enemigos
ordena perdonar; y un Dios piadoso
el ejemplo me dio. Vinter, proscripto
de tu patria llegaste a estas regiones,365
buscando tu fortuna fugitivo;
yo en ellas te amparé, y a tu desgracia
concedí de estos muros el asilo.
¿Cómo has recompensado mis bondades?
Tú lo sabes, cruel; mas mi heroísmo, 370
mis privadas ofensas te perdona;
tu vergüenza te sirva de castigo;
pero mi soberano las violencias,
que tu ambición funesta ha cometido
contra estos infelices habitantes, 375
ha de juzgar severo; son delitos
que no dejará impunes su justicia;
un bajel está pronto; en él hoy mismo
partirás de estas costas, y en Lisboa
sufrirás el rigor de tu destino. 380
ZINDA
Vasallos, respetemos las virtudes
de este héroe portugués.
NELZIR
Yo las admiro.
ALCAYPA
Mejor será que Vinter destrozado
perezca a nuestros golpes.
PEREYRA
Impedirlo
le toca a mi nobleza: portugueses, 385
al bajel que he mandado conducidlo.
VINTER
Ésta del crimen es la recompensa.
Mas, Pereyra, si obrares compasivo
con esos africanos, algún día
de tu vida serán los asesinos. 390
 

(Los portugueses se lo llevan.)

 
PEREYRA
¡Ah!, bien conozco cuánto su coraje
ha llegado a irritar el despotismo:
al penetrar los muros de este alcázar
del odio vuestro el triste ejemplo he visto,
pues habéis destrozado mis guerreros395
a pesar de mis ruegos y suspiros.
Yo de la paz de Portugal y Congo
las dulces esperanzas he perdido,
para siempre he resuelto abandonaros.
Ángela, portugueses, ya conmigo400
en breve volveréis a vuestra patria;
quedarán estos muros demolidos;
y sin temor vosotros de que nunca
vuelva nuestra nación a estos dominios.
LOS PORTUGUESES
Viva Pereyra.
ZINDA
Escucha. Si la fuerza
405
jamás sobre nosotros ha podido
mantener sus derechos, las virtudes
nuestros pechos conquistan: el antiguo
tratado de alianza y de comercio
en nombre de mis pueblos ratifico 410
con Portugal, Pereyra; y si renuncias
al tráfico de esclavos, te permito
que de ese Dios que adoras, los preceptos
enseñen en mi imperio sus ministros.

 (A los negros.) 

¿Lo consentís vosotros?
LOS NEGROS
Lo aprobamos.
415
PEREYRA
¡Oh generosa Zinda! En ti se ha visto
que la ferocidad cede, y se rinde
a la santa virtud y al heroísmo.