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GIUSEPPE BELLINI |
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_____________________ Giuseppe Bellini Catedrático
de literatura hispanoamericana en la Universidad de Milán, es autor de
numerosos libros y artículos entre los que destacamos La narrativa de
Miguel Ángel Asturias (1966), Quevedo y la poesía hispanoamericana del
siglo XX (1976), De tiranos, héroes y brujos (1982), Mundo
mágico y mundo real. La narrativa de Miguel Ángel Asturias (1999). Es
autor de la Nueva historia de la literatura hispanoamericana (1997),
así como de varios trabajos sobre Pablo Neruda del que tradujo en Italia
varias obras. Dirige varias revistas y colecciones latinoamericanistas. ______________________ Viaje al corazón de Neruda ________________ GlUSEPPE BELLINI |
Como es bien sabido, la obra literaria
puede ser sometida a una variedad de enfoques críticos, según la orientación
de quien la examina, pero siempre habrá que prestar atención a lo que el
autor ha querido comunicar al lector, o sea, a lo que dimana de su
experiencia vivencial y de sus convicciones, al mensaje que quiere expresar. Existe, sin embargo, un problema que
el lector resuelve rápidamente, no más asomarse a una obra, sobre todo si es
de índole poética: decidir si lo que está leyendo tiene interés para él, si
corresponde a sus orientaciones o si las contrasta y en todo caso si la
lectura, por más encontradas que sean las orientaciones, despierta en él esa
curiosidad intelectual que le lleva a proseguirla y al fin y al cabo si se
transforma en un ejercicio agradable. Solamente así se explica cómo tanto
libro enriquece las bibliotecas, sin más páginas cortadas que las iniciales.
La biblioteca personal de uno, por más tomos que reúna, siempre tendrá un
rincón apartado o islas diseminadas, donde están los libros que realmente le
han hablado y le siguen hablando a su dueño, porque se han grabado
profundamente en su intimidad, le han permitido penetrar la condición de su
autor y al mismo tiempo le han ayudado a comprender la suya propia y la del
mundo que le rodea. A partir de Amado Alonso1,
benemérito intérprete de las Residencias, la obra poética de Pablo
Neruda ha tenido infinitos exégetas, traductores e intérpretes, entre los
cuales, a la fuerza, por méritos o deméritos, tengo que ponerme yo mismo,
para luego explicar mi acercamiento a la poesía del autor chileno y cómo la
he ido sintiendo y presentando a través de todos estos años. Tengo que hacer una premisa: soy un
lector que entiende la creación literaria no solamente como un ejercicio de
estilo, sino como comunicación de esa sustancia impalpable que hace vibrar
íntimamente a quien lee, le abre el sugestivo camino, entre afirmaciones,
contradicciones y aciertos, hacia la región más íntima del autor, le hace
partícipe de una *historia+ humana, recatada y revelada con pudor y en la que
se concreta la condición del hombre en la tierra. Así he ido interpretando yo la poesía
de Pablo Neruda, partiendo de una coincidencia con una de mis lecturas más
sentidas de estudiante, entre los autores del Siglo de Oro español: Quevedo.
En mis manos cayó un día ese libro nerudiano de Viajes2,que
contiene el famoso *Viaje al
corazón de Quevedo+, y me llamó
la atención la declaración del poeta chileno que consideraba a su *colega+ español, sí un *hombre
turbulento y temible+, según el
afirmado cliché, pero también *el más grande de los poetas espirituales de todos los tiempos+3. Esta declaración, que venía de un
hombre tan políticamente comprometido y que, en la acepción común, debía ser
considerado un convencido *materialista+, impulsó mi curiosidad a profundizar en su obra,
y más cuando leí el párrafo del mismo *Viaje+, donde declaraba: Quevedo fue para mí la roca
tumultuosamente cortada, la superficie sobresaliente y cortante sobre un
fondo de color de arena, sobre un paisaje histórico que recién me comenzaba a
nutrir. Los mismos oscuros dolores que quise vanamente formular, y que tal
vez se hicieron en mí extensión y geografía, confusión de origen, palpitación
vital para nacer, los |
1 Amado
Alonso, Poesía y estilo de Pablo Neruda, Buenos Aires, Editorial
Sudamericana, 1951 (20 ed.). 2 Pablo
Neruda, Viajes, Santiago de Chile, Nascimento, 1955. 3 P.
Neruda, *Viaje al corazón de Quevedo+, ibid.,
pág. 10. |
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Viaje al corazón de Neruda ___________________ GIUSEPPE BELLINI |
encontré detrás de España, plateada por los siglos, en lo íntimo de
la estructura de Quevedo. Fue entonces mi padre mayor y mi visitador de
España. Vi a través de su espectro la grave osamenta, la muerte física, tan
arraigada a España. Este gran contemplador de osarios me mostraba lo
sepulcral, abriéndose paso entre la materia muerta, con un desprecio
imperecedero por lo falso, hasta en la muerte. Le estorbaba el aparato de lo
mortal: iba en la muerte derecho a nuestra consumación, a lo que llamó con
palabras únicas la agricultura de la muerte'. Pero cuanto le rodeaba, la
necrología adorativa, la pompa y el sepulturero fueron sus repugnantes
enemigos. Fue sacando ropaje de los vivos, su obra fue retirar caretas de los
altos enmascarados, para preparar al hombre a la muerte desnuda, donde las
apariencias humanas serán más inútiles que la cáscara del fruto caído. Sólo
la semilla vuelve a la tierra con el derecho de su desnudez original4. En estas palabras estaba, para mí, el
significado profundo del gran poeta, el poeta destinado a sobrevivir en el
tiempo, inquietado por esa *agricultura
de la muerte+, expresión a distancia de tiempo todavía presente
en Canción de gesta, donde Neruda afirma que nada podrá nunca
silenciarle, salvo
la triste magnitud del tiempo y
su aliada: la muerte con su arado para
la agricultura de los huesos5. Tiempo y muerte. Años después fui
profundizando en la presencia de Quevedo en América, en su influencia en los
poetas de la Colonia6, pero sobre todo en los del siglo XX,
especialmente Neruda7, constatando una adhesión continuamente confirmada
a través del tiempo, hasta los días finales del gran chileno, como revela en
la poesía póstuma el soneto *Con Quevedo
en primavera+, donde Neruda, ya mortalmente enfermo, viendo que
todo en torno a él está floreciendo, se autocontempla desoladamente e
implora: Primavera
exterior, no me atormentes, desatando
en mis brazos vino y nieve, corola
y ramo roto de pesares, dame
por hoy el sueño de las hojas nocturnas,
la noche en que se encuentran los
muertos, los metales, las raíces, y
tantas primaveras extinguidas que
despiertan en cada primavera8. Lejos está la *familia de oro+ de *Alianza (Sonata)+, reminiscencia quevedesca en la primera Residencia en la tierra9,
así como los *dientes y relámpagos+ de que resplandece la mujer en *Oda con un lamento+, de la
segunda Residencia10, señal de una preferencia inicial, en
el ámbito poético, para el sector amoroso de la poesía de Quevedo. Lecturas
que más tarde profundizan en la médula verdadera de la obra del autor del
Siglo de Oro. Sabemos que fue ocasional el encuentro y que valió para
sustituir la idea *bufonesca,
parasatírica+ que le habían proporcionado a Neruda *malos textos+ y *malas antologías+: el poeta nos cuenta que llegando a Madrid, dio, en una librería de
lance de la estación de Atocha, con *un viejo y atormentado libraco+, encuadernado en pergamino, que contenía la obra poética de Quevedo
y que toda la noche la pasó leyendo su *tesoro+11. Lecturas que luego ampliaría, evidentemente, al resto de la prosa,
especialmente a los Sueños. Toda una trayectoria, una existencia,
dominada, por encima de las numerosas construcciones utópicas, proyectadas
obstinadamente hacia un futuro feliz para la humanidad12, por un
solo problema de incontestable magnitud: el de la consunción y la muerte. Una
poesía, pues, la de Neruda, de signo fundamentalmente dramático, y por eso de
extraordinario interés, drama que ya se abre paso en la concepción de la
experiencia amorosa, como aparece en los Veinte Poemas de amor y una canción
desesperada. No un amor gozoso, sí delirante; la condición feliz será
propia de un breve período, que corresponde en la poesía a Los versos del
Capitán, y sólo a una parte de ellos, así como estará presente en una
sola parte de los Cien sonetos de amor, donde Neruda rivaliza con el Canzoniere
de Petrarca, celebrando a Matilde a través de *madererías de amor+, como las
definel3, y hay que tener en cuenta lo que significa la madera
para el poeta chileno, aroma de la infancia, *elemento natural+ de su vidal4. En el cuarto grupo
de este modernísimo *Canzoniere+, *Noche+, ya se insinúa el tormento de la ausencia, el
temor a la muerte, a la anulación final de la pareja, perspectiva aterradora
para quien, como enamorado, piensa más bien en la eternidad. El poeta
reacciona entonces refugiándose en el panteísmo: |
4 Ibid., pág. 17. 5 P.
Neruda, *Puerto Rico Puerto Pobre@, Canción
de gesta, La Habana, Imprenta Nacional de Cuba, 1960. 6 Cfr.
G. Bellini, Quevedo in America (Tre soggi), Milano, Cisalpino-Goliardica,
1974. 7 G.
Bellini, Quevedo nella poesia ispano-americana del >900, Milano, Editrice Viscontea,
1967. 8 P.
Neruda, *Con Quevedo en primavera+, Jardín
de invierno, Buenos Aires, Editorial Losada, 1974. 9 P
Neruda, *Alianza (Sonata)+, Residencia en la tierra, en Obras Completas, I,
Buenos Aires, Editorial Losada, 1962 (20 ed.),
y Francisco de Quevedo, *Retrato de Lisi que traía en una sortija+, Obras
Completas, I: Poesía original, Edición, introducción, bibliografía
y notas de José Manuel Blecua, Barcelona, Editorial Planeta, 1963. 10 P.
Neruda, *Oda con un lamento+, Residencia en la tierra (II), en Obras Completas,
cit., I. 11 Cfr.
P. Neruda, *Notas+ a Viajes, op. cit., p. 201. 12 Cfr. a
este propósito G. Bellini, *Pablo Neruda fundador de utopías+, en Actas
del VIII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Madrid,
Istmo, 1986, I. 13 P.
Neruda, *A Matilde Urrutia+, Cien sonetos de amor, Buenos Aires, Editorial Losada, 1960. 14 P.
Neruda, *Infancia y poesía+, Obras Completas, I, cit., pág. 31. |
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Viaje al corazón de Neruda _________________ GlUSEPPE
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Ya no
habrá sino todo el aire libre, las
manzanas llevadas por el viento, el
suculento libro en la enramada, y allí
donde respiran los claveles fundaremos
un traje que resista la
eternidad de un beso victoriosos.15 Hombre entre los hombres, Neruda nos
revela, a lo largo de su poesía, sus más íntimas experiencias acerca del
amor. Su concepción de que el corazón del poeta es como una gran alcachofa
con hojas para todas las mujeres16 indica que su concepción del
amor corresponde, durante mucho tiempo, nuevo Casanova17, a una
relación precaria, pasajera. Cuando escribe los Veinte poemas...,
Neruda es un joven que recién se abre al mundo de los afectos. Durante su
residencia en Asia, correrá sus aventuras, rechazando *lenocinios+ y amor a precio, tendrá una experiencia bastante desaforada y
dramática con una mujer birmana, a la que deja por fin con engaño y que, no
obstante, sigue añorando siempre, como demuestran los poemas *Tango del viudo+18 y *Josie Bliss+19. También en esto Neruda revela su nivel
humano, como lo había revelado en el vigésimo de los Veinte poemas...,
*Puedo escribir los versos más tristes esta noche+20, donde es más bien la soledad el tormento, el amor-desamor, saber
que la mujer a la que ya no quiere no está en sus brazos. Con una
consideración que va mucho más allá del episodio personal: *Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido+. Afirmación que confina directamente
con la desilusión y que en años más tardos llevará al poeta, en el Memorial
de Isla Negra, a rememorar, en un sistema binario, sus amores, las
mujeres que sigue ocultando bajo nombres ficticios, Terusa, Rosaura, Josie
Bliss, y uno real, Delta (Del Carril), anteriormente su esposa, considerando
lo que ellas representaron en un tiempo y lo que ahora son, o podrán ser, con
esa melancolía sutil que despierta el recuerdo de pasados amores, cuando al
desamor se mezcla el sentido del tiempo que pasa. Son estos temas los que más inciden en
la sensibilidad del lector y que dan dimensión a la poesía nerudiana. Neruda
es el intérprete de las angustias del hombre, de sus problemas; un hombre que
no es un héroe sino un ser corriente, de dimensión familiar, podría decirse,
del que el poeta comparte la condición. Un ser humilde y que, sin embargo,
por el sólo hecho de ser hombre, *es más ancho que el mar y que sus islas+. Penetrar en él enriquece: *hay que caer en él como en un pozo para salir del fondo / con un
ramo de agua secreta, y de verdades sumergidas+, afirma en *Alturas de
Macchu Pichhu+21. Por eso Neruda lo va buscando *A través del confuso esplendor+, y encuentra que sólo ha experimentado en el tiempo dolor y vertido
sangre. La experiencia asiática es de signo
imborrable, su lección asoma por todas partes en la poesía nerudiana y
determina los momentos más profundos de su creación poética. Por eso hay que
subrayar siempre el valor de las primeras Residencias en la tierra, no
solamente desde el punto de vista de la novedad estilística, sino desde el de
la profundidad de la experiencia vivencial y de la orientación espiritual
nerudiana. Y hay que hacerlo a pesar de que el poeta, en una época, ha negado
que estos poemas fuesen producto de aquella estación imborrable y hasta los
ha repudiado, a raíz de su conversión socialista. Pero ya en 1951, al
publicar sus Poesías Completas22, Neruda incluía en el
libro las Residencias, y en 1959, cuando yo estaba reuniendo una
antología de sus poemas, me recomendaba que pusiese de ellas *bastantes poemas+23. Se encuentra aquí la
raíz de su adhesión a Quevedo, antes de que le conociera realmente a través
de su obra. Llama la atención, no solamente el concepto del tiempo24,
del desgaste que domina las cosas25 y el hombre, sino del concepto
de que todo está en poder de la muerte y el hombre es una mínima cosa en el
concierto del mundo. Los *ataúdes a
vela+ que zarpan con *difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas, / con panaderos
blancos como ángeles, / con niñas pensativas casadas con notarios+, y suben *el río vertical de los muertos+, con velas *hinchadas por
el sonido silencioso de la muerte+, la cual a todos espera dominando, desde el puerto, *vestida de almirante+26, son prueba
evidente del impacto profundo del mundo indiano en la sensibilidad nerudiana.
Como lo es el espectáculo fúnebre que, en *Entierro en el Este+, pone el
poeta frente a la inconsistencia humana: quemado y reducido a ceniza, luego
arrojada al agua, nada queda de los aparentemente *tan poderosos viajeros / que hicieron |
15 P.
Neruda, soneto *C+, Cien sonetos de amor, op. cit. 16 P.
Neruda, *Infancia y poesía+, Obras Completas, I, op. cit., pág.25. 17 Sobre
el tema: G. Bellini, *Amor y erotismo en la poesía de Pablo Neruda+, en Actas
del Congreso de italianistas, Salamanca, (en prensa). 18 Cfr.
P. Neruda, *Tango del viudo+, Residencia en la tierra (II), en Obras Completas, cit. 19 P.
Neruda, *Tango del viudo+, Residencia en la tierra (II), ibidem. 20 P.
Neruda, *20+, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en Obras
Completas, I, cit. 21 P.
Neruda, *Alturas de Macchu Picchu: XI+, Canto
General, ibídem. 22 P.
Neruda, Poesías Completas, Buenos Aires, Editorial Losada, 1951. 23 Carta
personal desde Santiago de Chile, a 30 de octubre de 1959. 24 P.
Neruda, *Vuelve el otoño+, Residencia en la tierra (II), en Obras Completas, cit. 25 P.
Neruda, *La calle destruida+, Residencia en la tierra (II), ibídem. 26 P.
Neruda, *Sólo la muerte+, Residencia en la tierra (II), ibídem. |
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Viaje al corazón de Neruda __________________ GIUSEPPE BELLINI |
arder algo sobre las negras aguas, y devoraron / un aliento
desaparecido y un licor extremo+27. Aterrador memento mori, lección
inolvidable. A distancia de años, en el Memorial de Isla Negra,
todavía Neruda tendrá clara la imagen y la lección: Y
si algo vi en mi vida fue una tarde en
la India, en las márgenes de un río: arder
una mujer de carne y hueso y
no sé si era el alma o era el humo lo
que del sarcófago salía hasta
que no quedó mujer ni fuego ni
ataúd ni ceniza: ya era tarde y
sólo noche y agua y sombra y río allí
permanecieron en la muerte28. En *Reunión bajo las nuevas banderas+ despierta el optimismo de Neruda. Renunciando a la
autocontemplación y conmiseración de sí mismo en nombre de la solidaridad,
sale positivamente de ese *enlutado día+29, *día de los desventurados+, día *pálido+, que asomaba *con un
desgarrador olor frío, con sus fuerzas en gris, / sin cascabeles, goteando el
alba por todas partes+, y que había
representado *un naufragio en el vacío, con un alrededor de
llanto+30. El futuro se le presentaba radiante: *Es la hora / alta de tierra y de perfume+, proclamaba, y el renovado corazón del poeta saludaba a los que se
habían reunido bajo las *nuevas
banderas+, *con su flor
desbordante, determinada y áurea+31. La realidad fue pronto muy distinta:
en España la guerra civil con todos sus desastres -recordemos la violenta
protesta nerudiana en España en el corazón, gigantesca introducción a
toda la poesía protestataria del siglo XX, según afirmó acertadamente Aragón32,
y la tierna imagen de la *fragante
novia+, víctima inocente del conflicto33-; en
las minas de su país la explotación del dinero; en América las dictaduras
sanguinarias; en todo el mundo los enfrentamientos destructores determinados
por dos imperialismos rivales. Naturalmente Neruda acusaba sólo al
imperialismo estadounidense. Su adhesión al mundo comunista era, en cierto
sentido, natural, si consideramos la situación de América Latina, pero tuvo
un momento difícil cuando Jruschov denunció los delitos de Stalin y al
verificarse la disidencia entre la Unión Soviética y China: celebrador de
Stalin y de Mao, pensó entonces, ingenuamente, en justificarse, sin convencer a
nadie. La poesía celebrativa anterior y la de justificación, poca en
realidad, pertenecen a lo que puede tranquilamente olvidarse de su inmensa
creación artística. Son los errores de un ser humano, entre tantos que se
equivocaron; lo que no afecta al valor y al significado de la generalidad de
su conducta y de su poesía. Hay una constante en Neruda y en su
creación artística que todo lo rescata, y es la preocupación por el hombre.
No un hombre triunfante -éste pertenece solamente al sueño utópico-, sino el
ser explotado y vejado: el pobre caminante que caía y moría sediento al lado
del camino, en Las piedras de Chile34; el que sufría el
hambre y para el cual el poeta soñaba, en Estravagario, mesas
planetarias, *platos como la luna / en donde todos almorcemos+35; el desdichado aplastado por un tanque en Praga, durante la
invasión soviética; la niña, *Muñeca del
Asia quemada / por los aéreos asesinos+36. Un siglo de
horribles crímenes que le hacía divisar un fin aterrador: Preparémonos
a morir en
mandíbulas maquinarias, preparemos
piernas, espaldas, meditaciones
y caderas, codos,
rodillas, entusiasmo, párpados
y sabiduría serán
tragados, triturados y
digeridos por un tanque37. Es el problema humano el que da valor
permanente a la poesía nerudiana, el problema del hombre acosado por la
injusticia, la explotación y la muerte. Falta sobre todo la fraternidad, *maravillosa acción de la vida+38, y por este motivo Neruda se consideraba afortunado, pues la había
encontrado siempre y la consideraba el don más grande que había recibido,
porque Conocer el amor de los que amamos es el fuego que alimenta la vida.
Pero sentir el cariño de los que no conocemos, de los desconocidos que están
velando nuestro sueño y nuestra soledad, nuestros peligros y nuestros
desfallecimientos, es una sensación aún más grande y más bella porque
extiende nuestro ser y abarca todas las vidas39. El recuerdo iba a un episodio de la
infancia. En el capítulo autobiográfico del Canto |
27 P.
Neruda, *Entierro en el Este+, Residencia
en la tierra (I), ibídem. 28 P.
Neruda, *Aquellas vidas+, La luna en el laberinto, de Memorial de isla Negra,
en Obras Completas, I, cit. 29 P.
Neruda, *Vuelve el otoño+, Residencia en la tierra (II), en Obras Completas, I,
cit. 30 P.
Neruda, *Débil del alba+, Residencia en la tierra (II), ibídem. 31 P.
Neruda, *Reunión bajo las nuevas banderas+, Tercera
residencia en la tierra, ibídem. 32 Luis
Aragón, en P. Neruda, Poesías Completas, op. cit., pág. 444. 33 P.
Neruda, *Canto sobre unas ruinas+, España
en el corazón, en Tercera residencia en la tierra, ibídem. 34 P.
Neruda, *Donde cayó el sediento+, Las
piedras de Chile, en Obras Completas, cit., II. 35 P
Neruda, *El gran mantel+, Estravagario, ibídem. 36 *Las
guerras+, ibídem. 37 P.
Neruda, *Muerte de un periodista+, Fin
de mundo, Buenos Aires, Editorial Losada, 1969. 38 P.
Neruda, *Infancia y poesía+, en Obras Completas, I, op. cit., pág. 37. 39 Ibid.,
págs. 37-38. |
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Viaje al corazón de Neruda __________________ GIUSEPPE BELLINI |
General, donde alude
a la solidaridad encontrada cuando la persecución de González Videla, vuelve
al tema, consciente ahora de lo que él personalmente representa, en la hora
difícil, para su patria. Es una familia humilde que le acoge y le esconde,
pero toda la tierra chilena es la que le protege: Tierra
nocturna, a mi ventana llegabas
con tus labios, para
que yo durmiera dulcemente como
cayendo sobre miles de hojas, de
estación a estación, de nido a nido, de
rama en rama, hasta quedar de pronto dormido
como un muerto en tus raíces40. El sentido del límite no abandona
nunca a Neruda. En las Odas elementales, celebrando las cosas
minúsculas de lo creado, animales, insectos, piedras, mientras afirma el
valor de la creación, el significado de la sencillez, de la pura belleza, se
abre paso también la nota del dolor humano. Frente a los elementos
imperturbables y eternos, el océano, las piedras, el tiempo, se encuentra
todo un universo destinado a la destrucción, que ni la bondad ni la belleza
pueden preservar. Lo que lleva siempre a una problemática ante todo personal,
en donde se refleja la de toda la humanidad. En la *Oda a unas flores amarillas+, el espectáculo del mar, la belleza de las flores sencillas que han
nacido en la playa, devuelve a Neruda al tema del polvo, al memento bíblico,
sólo consolado por un incierto panteísmo: Ni
aire, ni fuego, ni agua sino tierra, sólo
tierra seremos y
tal vez unas
flores amarillas41. El sentido del fin y del polvo explica
la preocupación casi desesperada de Neruda por el hombre. A pesar de las
numerosas afirmaciones acerca del advenimiento inevitable del día feliz, la
visión nerudiana del mundo sigue siendo sustancialmente la de *Débil del alba+ y el día que asoma sobre la tierra es siempre el *día de los desventurados+. Sobre este panorama se afirma una única realidad: la muerte. Las
novedades formales no ocultan el problema, ya planteado por Neruda en su *Viaje al corazón de Quevedo+: Hay una sola enfermedad que mata, y ésa es la vida. Hay un solo
paso, y es el camino hacia la muerte. Hay una manera sola de gasto y de
mortaja, es el paso arrastrador del tiempo que nos conduce. Nos conduce )adónde?
Si al nacer empezamos a morir, si cada día nos acerca a un límite
determinado, si la vida misma es una etapa patética de la muerte, si el mismo
minuto de brotar avanza hacia el desgaste del cual la hora final es sólo la
culminación de ese transcurrir, )no integramos la muerte en nuestra cotidiana existencia, no somos
parte perpetua de la muerte, no somos lo más audaz, lo que ya salió de la
muerte? )No es lo más mortal, lo más viviente, por su mismo misterio?42 Estas consideraciones acercan Neruda
no solamente a Quevedo, sino a la concepción náhuatl de la máquina del
universo, como la representa Octavio Paz: la vida vuelve, con la muerte, a
integrarse en él. Pero en Neruda la armonía universal desaparece, sustituida
por la ineludible muerte-germinación. La vida brota de la muerte y a ella
regresa; el tiempo todo lo arrastra y nos lleva, )adónde? El drama nerudiano está todo en esta pregunta sin
contestación y que su querido Quevedo había resuelto a través de la fe. Estravagario es en la
producción nerudiana un libro de gran relevancia en cuanto a problemática.
Sin renunciar nunca a su compromiso, el poeta reivindica el derecho a tratar
los temas que le agitan dentro. El clima elegíaco, ya tan presente en las Residencias,
el Canto General y las Odas, penetra hasta el canto del amor, y
desemboca en Neruda en la desolación y el temor por su propio acabar en la
tierra. Son motivos que dan
a la poesía nerudiana esa profundidad que sobrecoge: la inmensidad del
océano, que nos obliga a darnos cuenta *de la poca cosa que somos+43; la
eternidad del tiempo y su indiferencia, reloj sin prisa44; la
muerte moderadora de soberbias; el drama de un partir sin destino cierto; el
abandono de lo que queda del ser creado en el mundo sensible, trajes vacíos y
el orgullo45. Inquietantes son los interrogativos en torno al
porqué y por cuánto tiempo vive el hombre, por cuánto tiempo muere, qué
quiere decir *para siempre+, qué nos espera después de la muerte46. |
40 P.
Neruda, *X, El Fugitivo+, Canto General, ibídem. 41 P.
Neruda, *Oda a unas flores amarillas+, Tercer
libro de las odas, ibídem. 42 P.
Neruda, *Viaje al corazón de Quevedo+, Viajes,
op. cit., pág. 18. 43 P.
Neruda, *Desconocidos en la orilla+, Estravagario,
en Obras Completas, II, op. cit. 44 P.
Neruda, *Ya se fue la ciudad+, Estravagario,
ibídem. 45 Ibídem. 46 P.
Neruda, *Y cuánto vive?+, ibídem. |
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Viaje al corazón de Neruda __________________ GIUSEPPE BELLINI |
Neruda, como bien sabemos, no llega a
ningún resultado positivo y repudia las soluciones que ofrecen las
religiones, pero no se resigna. La solución panteísta por la que se inclina
en el último de los Cien sonetos de amor, es sólo un recurso
transitorio. Y tanto que el problema vuelve a dominar los poemarios
sucesivos, desde Canción de gesta hasta Las piedras de Chile. En
este último libro el problema personal del poeta se hace transparente: la
invitación, cuando ya no sea, es a buscarle entre aguas y piedras en una
problemática transformación: aquí
volveré a ser el movimiento del
agua, de su
corazón salvaje, aquí
estaré perdido y encontrado: aquí
seré tal vez piedra y silencio.47 En los Cantos ceremoniales también
domina la nota reflexiva y preocupada, la problemática existencial que da el
tono al nuevo libro. Clima que es propio también de Plenos poderes. La
poesía, para Neruda, es ahora sólo invitación a meditar. El mensaje de
esperanza que en las intenciones era razón primera de su poesía, queda
sumergido por la problemática que se cifra en la constatación de que *Nunca recordaremos haber muerto+48. O sea, que nunca recordaremos haber vivido. De aquí procede la
melancolía que penetra toda la poesía última de Neruda, desde el Memorial
de Isla Negra, donde la novedad se afirma sobre una veta constantemente
autobiográfica, en los temas que desde siempre han preocupado al poeta. El Memorial
es, como declaró Neruda, un *canto personal+ en contraposición
aparente con el Canto General, destinado a cobrar importancia en la
historia de su poesía49. Lo que siempre preocupa al poeta es la
condición y el destino del hombre y su propio destino. El tema del tiempo y
de la muerte domina también en Las manos del día, donde la tragedia de
Viet Nam propone nuevamente a la conciencia del autor los términos trágicos
de la vida, sitiada por el mal y destinada a la destrucción. El clima otoñal,
entendido no como un replegarse sobre sí mismo, sino en el significado del
prevalecer de un acento preocupado se agudiza en Fin de mundo, uno de
los libros poéticos más profundos de Neruda. Insidia constante son la maldad
y la muerte. La problemática nerudiana vuelve como
nunca a proponer los eternos interrogativos que aquejan al hombre y el poeta
acaba por reconocerse cómplice de la humanidad malvada, con sus *hermanos asesinos+50. Neruda
afirmó que Fin de mundo era un libro *amargo, una especie de pesadilla acerca de la crueldad y la maldad
del Siglo XX+51, pero por encima de la angustia y de cualquier comprobación del
mal, reafirmaba una vez más la conciencia de tener una misión irrenunciable,
a pesar de todas las desilusiones: el deber de afirmar al *hombre infinito+: *Mi deber es vivir, morir, vivir+52, es decir tomar parte activa en la vida del hombre y reconstruir
para él la esperanza en el futuro. Atormentado por este compromiso y la
constatación del prevalecer del mal, entre la celebración de las cosas, el
canto del amor y los documentos escalofriantes de la ruina y la muerte,
dramáticamente en suspenso frente al más allá, a pesar de las pequeñas
soluciones siempre insatisfactorias, sediento de permanencia, Neruda prosigue
su investigación-confesión en cada una de sus colecciones poéticas, con el
único paréntesis de La espada encendida, poema de la vida que surge
desde la muerte: *Desde toda la
muerte llegamos al comienzo de la vida+53. También en Las piedras del cielo vuelven
estos problemas: las piedras, desde las miserables de los ríos hasta las más
preciosas, ofrecen una lección de eternidad negada al hombre, que en su
fragilidad *se desploma y deshace su materia, / su palabra y
su voz se desmenuzan+54. El tiempo corre sin dañar las piedras que, a
diferencia de los humanos no conocen el macabro proceso de la pudrición: *La piedra intacta ignora / el pasajero paso del
gusano+55. Son acentos que nos conducen nuevamente a Quevedo, pero de pronto
Neruda reacciona inaugurando una nueva perspectiva de permanencia: en
este punto o puerto o parto o muerte piedra
seremos, noche sin banderas, amor
inmóvil, fulgor infinito, luz
de la eternidad, fuego enterrado, orgullo
condenado a su energía, única
estrella que nos pertenece56. Es de nuevo una
solución transitoria. En Geografía infructuosa, que Neruda afirmó como
uno de sus libros más maduros57, el |
47 P.
Neruda, *Yo volveré+, Las piedras de Chile, op.
cit. 48 P.
Neruda, *Los nacimiento+, Plenos poderes, en Obras
Completas, II, cit. 49 P.
Neruda en carta personal de 1964. 50 P.
Neruda, *Canto+, Fin de mundo, op. cit. 51 P.
Neruda, carta personal desde Isla Negra, con fecha 10 de septiembre de 1969. 52 P.
Neruda, *La puerta+, Fin de mundo, op. cit. 53 P.
Neruda, *LXXXVII: Dicen y vivirán+, La
espada encendida, Buenos Aires, Editorial Losada, 1970. 54 P.
Neruda, *XVII+, Las piedras del cielo, Buenos Aires, Editorial Losada,
1970. 55 Ibídem. 56 P.
Neruda, *XXX+, ibídem. 57 P.
Neruda, carta personal desde París con fecha 4 de julio, de 1972. |
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Viaje al corazón de Neruda __________________ GIUSEPPE BELLINI |
poeta vuelve a contemplar su propio límite, aquejado ahora por la enfermedad, la mecánica del mundo que nos transforma en números, la condena a repetir gestos siempre iguales, que nos llevan a un único fin, mientras la vida renace continuamente. La profundidad del pensamiento nerudiano se encuentra en estos acentos y hasta en el sentido de fracaso que le asalta, por haber sobrevivido con sus ideales a un mundo que ha proseguido obstinadamente hacia la ruina. Se explica así el ulterior acentuarse del sentido del polvo, en la perspectiva de una partida última entre la indiferencia general: Sí,
no se altera nada pero talvez se altera algo,
una brizna, el aire, la vida, o en fin, todo, y
cuando ya cambió todo ha cambiado, se
ha ido uno también, con nombre y huesos.51 No cabe duda, el avanzar de la edad,
el acoso de la enfermedad, que en pocos meses debía llevarle a la tumba, las
esperanzas desilusionadas, la conciencia lúcida de su fin próximo, acentuaron
aún más el tono metafísico de la poesía nerudiana, al que aporta su
contribución relevante la poesía última publicada póstumamente. El destino no
debía evitar a Neruda, por pocos días, el espectáculo trágico del derrumbe de
todas sus ilusiones. Concluía así, con el acento dramático que domina en su
poesía, también la vida del poeta, sin que él hubiera podido dar solución a
ninguno de sus problemas, ni realizar las perspectivas felices que
obstinadamente había ido soñando. Su obra es el documento vivo y emocionante
de una búsqueda angustiosa y de una dedicación que, por encima de toda
posición partidaria, por encima de toda crítica legítima y serena, afirma su
sinceridad. Sobre todo en este
sentido me parece lícito interpretar la poesía de Pablo Neruda, sin pretender
por esto ocultar sus claudicaciones, afirmando empero su imperecedero
significado de documento de un hombre y gran poeta que en sí ha vivido y
expresado las dudas y los sueños de cada individuo, interpretando las
tragedias de nuestro tiempo. Por estos motivos su poesía sigue hablando al
lector. |
58 P.
Neruda, *Pero talvez+, Geografía infructuosa, Buenos
Aires, Editorial Losada, 1972. |
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