VIAJE AL CORAZÓN DE NERUDA

GIUSEPPE BELLINI

 

 

 

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Giuseppe Bellini

 

Catedrático de literatura hispanoamericana en la Universidad de Milán, es autor de numerosos libros y artículos entre los que destacamos La narrativa de Miguel Ángel Asturias (1966), Quevedo y la poesía hispanoamericana del siglo XX (1976), De tiranos, héroes y brujos (1982), Mundo mágico y mundo real. La narrativa de Miguel Ángel Asturias (1999). Es autor de la Nueva historia de la literatura hispanoamericana (1997), así como de varios trabajos sobre Pablo Neruda del que tradujo en Italia varias obras. Dirige varias revistas y colecciones latinoamericanistas.

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Viaje al corazón de Neruda

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GlUSEPPE BELLINI

 

     Como es bien sabido, la obra literaria puede ser sometida a una variedad de enfoques críticos, según la orientación de quien la examina, pero siempre habrá que prestar atención a lo que el autor ha querido comunicar al lector, o sea, a lo que dimana de su experiencia vivencial y de sus convicciones, al mensaje que quiere expresar.

     Existe, sin embargo, un problema que el lector resuelve rápidamente, no más asomarse a una obra, sobre todo si es de índole poética: decidir si lo que está leyendo tiene interés para él, si corresponde a sus orientaciones o si las contrasta y en todo caso si la lectura, por más encontradas que sean las orientaciones, despierta en él esa curiosidad intelectual que le lleva a proseguirla y al fin y al cabo si se transforma en un ejercicio agradable.

     Solamente así se explica cómo tanto libro enriquece las bibliotecas, sin más páginas cortadas que las iniciales. La biblioteca personal de uno, por más tomos que reúna, siempre tendrá un rincón apartado o islas diseminadas, donde están los libros que realmente le han hablado y le siguen hablando a su dueño, porque se han grabado profundamente en su intimidad, le han permitido penetrar la condición de su autor y al mismo tiempo le han ayudado a comprender la suya propia y la del mundo que le rodea.

     A partir de Amado Alonso1, benemérito intérprete de las Residencias, la obra poética de Pablo Neruda ha tenido infinitos exégetas, traductores e intérpretes, entre los cuales, a la fuerza, por méritos o deméritos, tengo que ponerme yo mismo, para luego explicar mi acercamiento a la poesía del autor chileno y cómo la he ido sintiendo y presentando a través de todos estos años.

     Tengo que hacer una premisa: soy un lector que entiende la creación literaria no solamente como un ejercicio de estilo, sino como comunicación de esa sustancia impalpable que hace vibrar íntimamente a quien lee, le abre el sugestivo camino, entre afirmaciones, contradicciones y aciertos, hacia la región más íntima del autor, le hace partícipe de una *historia+ humana, recatada y revelada con pudor y en la que se concreta la condición del hombre en la tierra.

     Así he ido interpretando yo la poesía de Pablo Neruda, partiendo de una coincidencia con una de mis lecturas más sentidas de estudiante, entre los autores del Siglo de Oro español: Quevedo. En mis manos cayó un día ese libro nerudiano de Viajes2,que contiene el famoso *Viaje al corazón de Quevedo+, y me llamó la atención la declaración del poeta chileno que consideraba a su *colega+ español, sí un *hombre turbulento y temible+, según el afirmado cliché, pero también *el más grande de los poetas espirituales de todos los tiempos+3.

     Esta declaración, que venía de un hombre tan políticamente comprometido y que, en la acepción común, debía ser considerado un convencido *materialista+, impulsó mi curiosidad a profundizar en su obra, y más cuando leí el párrafo del mismo *Viaje+, donde declaraba:

Quevedo fue para mí la roca tumultuosamente cortada, la superficie sobresaliente y cortante sobre un fondo de color de arena, sobre un paisaje histórico que recién me comenzaba a nutrir. Los mismos oscuros dolores que quise vanamente formular, y que tal vez se hicieron en mí extensión y geografía, confusión de origen, palpitación vital para nacer, los

 

1

Amado Alonso, Poesía y estilo de Pablo Neruda, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1951 (20 ed.).

 

2

Pablo Neruda, Viajes, Santiago de Chile, Nascimento, 1955.

 

3

P. Neruda, *Viaje al corazón de Quevedo+, ibid., pág. 10.

 

 

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Viaje al corazón de Neruda

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GIUSEPPE BELLINI

 

encontré detrás de España, plateada por los siglos, en lo íntimo de la estructura de Quevedo. Fue entonces mi padre mayor y mi visitador de España. Vi a través de su espectro la grave osamenta, la muerte física, tan arraigada a España. Este gran contemplador de osarios me mostraba lo sepulcral, abriéndose paso entre la materia muerta, con un desprecio imperecedero por lo falso, hasta en la muerte. Le estorbaba el aparato de lo mortal: iba en la muerte derecho a nuestra consumación, a lo que llamó con palabras únicas la agricultura de la muerte'. Pero cuanto le rodeaba, la necrología adorativa, la pompa y el sepulturero fueron sus repugnantes enemigos. Fue sacando ropaje de los vivos, su obra fue retirar caretas de los altos enmascarados, para preparar al hombre a la muerte desnuda, donde las apariencias humanas serán más inútiles que la cáscara del fruto caído. Sólo la semilla vuelve a la tierra con el derecho de su desnudez original4.

 

     En estas palabras estaba, para mí, el significado profundo del gran poeta, el poeta destinado a sobrevivir en el tiempo, inquietado por esa *agricultura de la muerte+, expresión a distancia de tiempo todavía presente en Canción de gesta, donde Neruda afirma que nada podrá nunca silenciarle,

 

     salvo la triste magnitud del tiempo

     y su aliada: la muerte con su arado

     para la agricultura de los huesos5.

 

     Tiempo y muerte. Años después fui profundizando en la presencia de Quevedo en América, en su influencia en los poetas de la Colonia6, pero sobre todo en los del siglo XX, especialmente Neruda7, constatando una adhesión continuamente confirmada a través del tiempo, hasta los días finales del gran chileno, como revela en la poesía póstuma el soneto *Con Quevedo en primavera+, donde Neruda, ya mortalmente enfermo, viendo que todo en torno a él está floreciendo, se autocontempla desoladamente e implora:

 

     Primavera exterior, no me atormentes,

     desatando en mis brazos vino y nieve,

     corola y ramo roto de pesares,

     dame por hoy el sueño de las hojas

     nocturnas, la noche en que se encuentran

     los muertos, los metales, las raíces,

     y tantas primaveras extinguidas

     que despiertan en cada primavera8.

 

     Lejos está la *familia de oro+ de *Alianza (Sonata)+, reminiscencia quevedesca en la primera Residencia en la tierra9, así como los *dientes y relámpagos+ de que resplandece la mujer en *Oda con un lamento+, de la segunda Residencia10, señal de una preferencia inicial, en el ámbito poético, para el sector amoroso de la poesía de Quevedo. Lecturas que más tarde profundizan en la médula verdadera de la obra del autor del Siglo de Oro. Sabemos que fue ocasional el encuentro y que valió para sustituir la idea *bufonesca, parasatírica+ que le habían proporcionado a Neruda *malos textos+ y *malas antologías+: el poeta nos cuenta que llegando a Madrid, dio, en una librería de lance de la estación de Atocha, con *un viejo y atormentado libraco+, encuadernado en pergamino, que contenía la obra poética de Quevedo y que toda la noche la pasó leyendo su *tesoro+11. Lecturas que luego ampliaría, evidentemente, al resto de la prosa, especialmente a los Sueños.

     Toda una trayectoria, una existencia, dominada, por encima de las numerosas construcciones utópicas, proyectadas obstinadamente hacia un futuro feliz para la humanidad12, por un solo problema de incontestable magnitud: el de la consunción y la muerte. Una poesía, pues, la de Neruda, de signo fundamentalmente dramático, y por eso de extraordinario interés, drama que ya se abre paso en la concepción de la experiencia amorosa, como aparece en los Veinte Poemas de amor y una canción desesperada. No un amor gozoso, sí delirante; la condición feliz será propia de un breve período, que corresponde en la poesía a Los versos del Capitán, y sólo a una parte de ellos, así como estará presente en una sola parte de los Cien sonetos de amor, donde Neruda rivaliza con el Canzoniere de Petrarca, celebrando a Matilde a través de *madererías de amor+, como las definel3, y hay que tener en cuenta lo que significa la madera para el poeta chileno, aroma de la infancia, *elemento natural+ de su vidal4.

     En el cuarto grupo de este modernísimo *Canzoniere+, *Noche+, ya se insinúa el tormento de la ausencia, el temor a la muerte, a la anulación final de la pareja, perspectiva aterradora para quien, como enamorado, piensa más bien en la eternidad. El poeta reacciona entonces refugiándose en el panteísmo:

 

4

Ibid., pág. 17.

 

5

P. Neruda, *Puerto Rico Puerto Pobre@, Canción de gesta, La Habana, Imprenta Nacional de Cuba, 1960.

 

6

Cfr. G. Bellini, Quevedo in America (Tre soggi), Milano, Cisalpino-Goliardica, 1974.

 

7

G. Bellini, Quevedo nella poesia ispano-americana del >900, Milano, Editrice Viscontea, 1967.

 

8

P. Neruda, *Con Quevedo en primavera+, Jardín de invierno, Buenos Aires, Editorial Losada, 1974.

 

9

P Neruda, *Alianza (Sonata)+, Residencia en la tierra, en Obras Completas, I, Buenos Aires, Editorial Losada, 1962 (20 ed.), y Francisco de Quevedo, *Retrato de Lisi que traía en una sortija+, Obras Completas, I: Poesía original, Edición, introducción, bibliografía y notas de José Manuel Blecua, Barcelona, Editorial Planeta, 1963.

 

10

P. Neruda, *Oda con un lamento+, Residencia en la tierra (II), en Obras Completas, cit., I.

 

11

Cfr. P. Neruda, *Notas+ a Viajes, op. cit., p. 201.

 

12

Cfr. a este propósito G. Bellini, *Pablo Neruda fundador de utopías+, en Actas del VIII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Madrid, Istmo, 1986, I.

 

13

P. Neruda, *A Matilde Urrutia+, Cien sonetos de amor, Buenos Aires, Editorial Losada, 1960.

 

14

P. Neruda, *Infancia y poesía+, Obras Completas, I, cit., pág. 31.

 

 

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Viaje al corazón de Neruda

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GlUSEPPE BELLINI

 

 

     Ya no habrá sino todo el aire libre,

     las manzanas llevadas por el viento,

     el suculento libro en la enramada,

 

     y allí donde respiran los claveles

     fundaremos un traje que resista

     la eternidad de un beso victoriosos.15

 

     Hombre entre los hombres, Neruda nos revela, a lo largo de su poesía, sus más íntimas experiencias acerca del amor. Su concepción de que el corazón del poeta es como una gran alcachofa con hojas para todas las mujeres16 indica que su concepción del amor corresponde, durante mucho tiempo, nuevo Casanova17, a una relación precaria, pasajera. Cuando escribe los Veinte poemas..., Neruda es un joven que recién se abre al mundo de los afectos. Durante su residencia en Asia, correrá sus aventuras, rechazando *lenocinios+ y amor a precio, tendrá una experiencia bastante desaforada y dramática con una mujer birmana, a la que deja por fin con engaño y que, no obstante, sigue añorando siempre, como demuestran los poemas *Tango del viudo+18 y *Josie Bliss+19.

     También en esto Neruda revela su nivel humano, como lo había revelado en el vigésimo de los Veinte poemas..., *Puedo escribir los versos más tristes esta noche+20, donde es más bien la soledad el tormento, el amor-desamor, saber que la mujer a la que ya no quiere no está en sus brazos. Con una consideración que va mucho más allá del episodio personal: *Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido+.

     Afirmación que confina directamente con la desilusión y que en años más tardos llevará al poeta, en el Memorial de Isla Negra, a rememorar, en un sistema binario, sus amores, las mujeres que sigue ocultando bajo nombres ficticios, Terusa, Rosaura, Josie Bliss, y uno real, Delta (Del Carril), anteriormente su esposa, considerando lo que ellas representaron en un tiempo y lo que ahora son, o podrán ser, con esa melancolía sutil que despierta el recuerdo de pasados amores, cuando al desamor se mezcla el sentido del tiempo que pasa.

     Son estos temas los que más inciden en la sensibilidad del lector y que dan dimensión a la poesía nerudiana. Neruda es el intérprete de las angustias del hombre, de sus problemas; un hombre que no es un héroe sino un ser corriente, de dimensión familiar, podría decirse, del que el poeta comparte la condición. Un ser humilde y que, sin embargo, por el sólo hecho de ser hombre, *es más ancho que el mar y que sus islas+. Penetrar en él enriquece: *hay que caer en él como en un pozo para salir del fondo / con un ramo de agua secreta, y de verdades sumergidas+, afirma en *Alturas de Macchu Pichhu+21. Por eso Neruda lo va buscando *A través del confuso esplendor+, y encuentra que sólo ha experimentado en el tiempo dolor y vertido sangre.

     La experiencia asiática es de signo imborrable, su lección asoma por todas partes en la poesía nerudiana y determina los momentos más profundos de su creación poética. Por eso hay que subrayar siempre el valor de las primeras Residencias en la tierra, no solamente desde el punto de vista de la novedad estilística, sino desde el de la profundidad de la experiencia vivencial y de la orientación espiritual nerudiana. Y hay que hacerlo a pesar de que el poeta, en una época, ha negado que estos poemas fuesen producto de aquella estación imborrable y hasta los ha repudiado, a raíz de su conversión socialista. Pero ya en 1951, al publicar sus Poesías Completas22, Neruda incluía en el libro las Residencias, y en 1959, cuando yo estaba reuniendo una antología de sus poemas, me recomendaba que pusiese de ellas *bastantes poemas+23.

     Se encuentra aquí la raíz de su adhesión a Quevedo, antes de que le conociera realmente a través de su obra. Llama la atención, no solamente el concepto del tiempo24, del desgaste que domina las cosas25 y el hombre, sino del concepto de que todo está en poder de la muerte y el hombre es una mínima cosa en el concierto del mundo. Los *ataúdes a vela+ que zarpan con *difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas, / con panaderos blancos como ángeles, / con niñas pensativas casadas con notarios+, y suben *el río vertical de los muertos+, con velas *hinchadas por el sonido silencioso de la muerte+, la cual a todos espera dominando, desde el puerto, *vestida de almirante+26, son prueba evidente del impacto profundo del mundo indiano en la sensibilidad nerudiana. Como lo es el espectáculo fúnebre que, en *Entierro en el Este+, pone el poeta frente a la inconsistencia humana: quemado y reducido a ceniza, luego arrojada al agua, nada queda de los aparentemente *tan poderosos viajeros / que hicieron

 

15

P. Neruda, soneto *C+, Cien sonetos de amor, op. cit.

 

16

P. Neruda, *Infancia y poesía+, Obras Completas, I, op. cit., pág.25.

 

17

Sobre el tema: G. Bellini, *Amor y erotismo en la poesía de Pablo Neruda+, en Actas del Congreso de italianistas, Salamanca, (en prensa).

 

18

Cfr. P. Neruda, *Tango del viudo+, Residencia en la tierra (II), en Obras Completas, cit.

 

19

P. Neruda, *Tango del viudo+, Residencia en la tierra (II), ibidem.

 

20

P. Neruda, *20+, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en Obras Completas, I, cit.

 

21

P. Neruda, *Alturas de Macchu Picchu: XI+, Canto General, ibídem.

 

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