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Pablo Neruda, poesía y política ____________________ TEODOSIO FERNÁNDEZ |
a mostrarse polémico cuando en junio de 1946 reprochó al gobierno la
persecución iniciada contra el republicano español Antonio Aparicio. Por otra
parte, la muerte del presidente Juan Antonio Ríos, en julio de ese año, hizo
que entrase decididamente en su vida Gabriel González Videla, del Partido
Radical, cuya campaña para la presidencia apoyó como miembro del Partido
Comunista y en calidad de jefe Nacional del Comité de Propaganda. Compartieron
el triunfo electoral el 4 de septiembre de 1946, pero en junio de 1947,
cuando González Videla responsabilizó al Partido Comunista de una huelga de
los conductores y cobradores de autobuses, Neruda le recordó que había
llegado al poder con apoyo de las fuerzas democráticas, entre las que se
habían contado los militantes comunistas, y exigió el cumplimiento de sus
promesas electorales. *Fue amado
como pocos mandatarios antes de él y despreciado, cuando traicionó a su
pueblo, como ninguno+ (DC, 159),
declaraba refiriéndose al derrocado presidente del Ecuador, José María
Velasco Ibarra, el 26 de agosto de 1947. *Del Ecuador, país hermano que tanto admiró nuestra democracia
popular y nuestras instituciones, nos llega esta lección política, profética
y profunda+ (DC, 160), añadía, para dejar claro que pensaba
en la situación política chilena. Su ruptura definitiva con González Videla
llegó con la huelga del carbón que afectó a Lota, Coronel y otros centros
mineros, y que el 4 de octubre alcanzó su momento más tenso. González Videla
había iniciado la persecución del Partido Comunista, al que trató de eliminar
de la escena política nacional, a la vez que rompía relaciones con la Unión
Soviética, Yugoslavia y Checoslovaquia. El 14 de octubre Neruda atacó
directamente al presidente, al que acusaba de haber traicionado a sus
electores y de impedir la solución de la huelga del carbón, y contribuyó a
que la tensión se acentuara aún más cuando El Nacional de Caracas
publicó el 27 de noviembre su *Carta íntima para millones de hombres+, reproducida también en El Popular de México y quizá en
algún otro periódico latinoamericano. Trataba de informar a sus amigos del
continente sobre la situación que vivía la tradición democrática chilena, *hoy aplastada y deshecha por la obra conjugada de
la presión extranjera y la traición política de un presidente elegido por el
pueblo+3. No
hacía sino reiterar las denuncias que había hecho ante el Senado de su país,
pero González Videla pidió a los Tribunales de justicia su desafuero como
senador. Aunque ya el 23 de diciembre Neruda se defendió de las acusaciones
de antipatriotismo o de traición al país -*Chile no es el Excelentísimo señor González Videla+ (DP, 228), pudo resumir-, su respuesta fue otro
célebre *Yo acuso+ el 6 de enero de 1948, discurso en que el presidente resultó
culpable de hacer de Chile un país con centenares de presos políticos, con
los trabajadores condenados a la cesantía y a la miseria, con la prensa y la
radio censuradas, con relaciones exteriores frívolas e inconsecuentes, y
supeditado por completo a los intereses políticos y económicos
norteamericanos. El 3 de febrero la Corte Suprema aprobaba su desafuero,
acusado de proferir injurias contra el presidente del país en periódicos
extranjeros, y el 5 los tribunales de justicia procedieron a ordenar su
detención. Así iniciaba Neruda el período de clandestinidad que se prolongó
hasta febrero de 1949, cuando cruzó la frontera en la zona de los lagos para
irse al exilio4. La actividades
parlamentarias de Neruda constituyen un testimonio elocuente de la sinceridad
de su compromiso político, de la pasión con que lo asumió e incluso de los
esfuerzos que hizo para hacer suya la doctrina del Partido Comunista5.
Esa entrega determinó en buena medida el rumbo de su poesía, que no dejó de
ser profundamente personal. *Creo que
tanto Residencia en la tierra, libro sombrío y esencial dentro de mi
obra, como Las uvas y el viento, libro de grandes espacios y mucha
luz, tienen derecho a existir en alguna parte+ (CV, 405), reclamaría el poeta, muy consciente de la oposición que
se veía entre su poesía residenciaria (con sus consecuencias posteriores) y
su poesía política, destinataria esta última de la mayor parte de las
críticas adversas. No era menos auténtico o sincero ahora que hablaba de los
demás que cuando había hablado de sí mismo. Es más, en Canto general habló
sobre todo de sí mismo y de la experiencia política que había vivido. *Si quisiera injuriar al Presidente de la
República, lo haría dentro de mi obra literaria. Pero, si me veo obligado a
tratar su caso en el vasto poema titulado Canto general de Chile, que
escribo actualmente cantando la tierra y |
3 *La
crisis democrática de Chile es una advertencia dramática para nuestro
continente+, en Pablo Neruda, Para nacer he nacido, Barcelona, Seix
Barral, 1978, págs. 287-311 (287). 4 El 2
de junio de 1948 el Senado mantuvo su derecho a percibir la dieta de senador,
aunque estuviese desaforado, y durante algún tiempo se lo consideró ausente
con permiso oficial (DC, 291, 297-298). 5 Véase
su aprovechamiento de Marx y Engels al defender los derechos políticos de la
mujer (10 de diciembre de 1946) en DP, 104-114. |
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los episodios de nuestra patria, lo haré también con la honradez y
la pureza que he puesto en mi actuación política+ (DP, 255), había declarado al pronunciar su *Yo acuso+. Lo cierto es que el Canto general fue consecuencia en gran
medida de esas experiencias, pues casi todo en él deriva finalmente hacia la
denuncia del régimen político de González Videla y sus cómplices, y hacia la
manifestación de la solidaridad con sus víctimas. El lector puede comprobarlo
al menos desde el canto III, cuando la referencia a los *usureros de Euzkadi, nietos / de Loyola+ que se repartieron Chile, va encaminada a incluir
entre los depredadores a *los Errázuriz
/ que llegaron con su escudo de armas, / un látigo y una alpargata+6, y
por tanto al senador liberal Ladislao Errázuriz Pereira, enemigo declarado
del poeta. El proceso poético de los años
cincuenta había de mostrar también lo profundamente imbricadas que se
hallaban las circunstancias políticas y personales de Neruda con el
desarrollo de su poesía. Incluso el paso de Delia del Carril, *el ojo de Molotov+7, a Matilde Urrutia,
destinataria de los Versos del capitán, concuerda con los cambios que
se harían evidentes a lo largo de la década, y quizá los preparaba. Algunos
acontecimientos resultarían sin duda determinantes, y entre ellos debe
recordarse la muerte de Stalin, cuya noticia se difundió el 6 de marzo de
1953. Neruda le dedicaría *Es ancho el
nuevo mundo+, donde veló *al Capitán lejano que al entrar en la muerte / dejó a todos los
pueblos, como herencia, su vida+8. Poco después, a partir del 26
de abril, se celebraba en Santiago de Chile un Congreso Continental de la
Cultura, donde la figura del dirigente desaparecido no se discutió. En
diciembre de aquel año, Neruda recibiría el Premio Stalin por la Paz y la
Amistad entre los Pueblos. Le hubiera resultado difícil hacerlo a partir de
1956, desde que Nikita Jruschov aprovechó el XX Congreso del Partido
Comunista de la Unión Soviética para criticar el culto a la personalidad y
denunciar los crímenes cometidos bajo el régimen stalinista. El poeta guardó
entonces un disciplinado silencio, que prolongó cuando en noviembre de ese
año las tropas soviéticas aplastaron la insurrección de Hungría (con el episodio
final del fusilamiento de Imre Nagy ya en 1958), y que mantenía aún cuando en
la tercera semana de agosto de 1968 los tanques del Pacto de Varsovia
pusieron fin a la primavera de Praga. En sus memorias, sin embargo, dejó
constancia de la tragedia que significó para los comunistas descubrir que *en diversos aspectos del problema Stalin, el
enemigo tenía razón, y de su voluntad de extraer consecuencias positivas de
la sombría noche que terminó siendo la siniestra época stalinista: *Si bien es cierto que esa responsabilidad nos
alcanzaba a todos, el hecho de denunciar aquellos crímenes nos devolvía a la
autocrítica y al análisis -elementos esenciales de nuestra doctrina- y nos
daba las armas para impedir que cosas tan horribles pudieran repetirse+ (CV, 435-436). También, al recordar su estancia
de 1957 en China, señalaba que no había sido Mao Tse Tung quien lo había
distanciado del proceso político que vivía aquel país, sino *el maosetunismo. Es decir, el maoestalinismo, la
repetición del culto a una deidad socialista+ (CV, 330). Sin duda se sintió afectado por los procesos políticos
de que empezaban a ser víctimas sus amigos escritores. Aunque su poesía
evitara las referencias directas a esas experiencias, tampoco podría defender
sus convicciones con la seguridad y el optimismo de años anteriores. Las
consecuencias de esa crisis pueden encontrarse en las dudas del Tercer
libro de las odas, en la irreverencia de Estravagario, en la
voluntad de hacer balance que se concretó en Memorial de Isla Negra. Sólo en Fin de mundo se decidió Neruda -*el hombre sonoro / testigo de la esperanza de este
siglo asesinado+9- a
dejar constancia expresa de las preocupaciones políticas que lo asediaban.
Sin duda su militancia comunista se mantenía inalterada, al tiempo que la
guerra de Vietnam le daba nuevas razones poderosas para atacar a Estados
Unidos. Pero sus esperanzas en la revolución *idolatrada+ se veían
sujetas a los avatares de la época. Es probable que los sucesos de
Checoslovaquia lo afectasen profundamente -*la hora de Praga me cayó / como una piedra en la cabeza+ (FM, 20)-, acentuando una desorientación que ya
venía de lejos, determinada por la obligación de callar ante los muchos y
graves errores cometidos -*sufrimos de
no defender / la flor que se nos amputaba para salvar el árbol rojo / que
necesita crecimiento+ (FM, 21)- en
aras de la empresa revolucionaria. Los momentos más dolorosos |
6 Obras
completas, Buenos Aires, Losada, cuarta edición
aumentada, 1973, I, págs. 368-369. 7 Véase
Rafael Alberti, La arboleda perdida, segunda parte, Barcelona, Círculo
de Lectores, 1988, pág. 287. 8 Las
uvas y el viento, en Obras completas, I,
pág. 813. 9 Fin
de mundo, Buenos Aires, Losada, 20
edición, 1970, pág. 180. Las citas de este poemario aparecerán en adelante seguidos
de las siglos FM y el número de página correspondiente. |
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coincidieron probablemente con la revelación de los crímenes de
Stalin y de las consecuencias del culto a la personalidad -*fue la proliferación / de aquel impasible retrato
/ la que incubó lo desmedido+ (FM, 109)-,
reiteradas después en un nuevo rostro multiplicado en los retratos, el de Mao
Tse Tung, otra deidad que pensó por todos y encarnó un poder absoluto. Entre las preocupaciones políticas de
sus últimos años, la revolución cubana ocupó un lugar de privilegio. Antes de
viajar hasta la isla, a fines de 1960, Neruda dedicó Canción de gesta *a los libertadores de Cuba: Fidel Castro, sus
compañeros y el pueblo cubano+10, pero también a quienes en Puerto Rico y todo el
ámbito del Caribe (países centroamericanos, Colombia, Venezuela) combatían
por su libertad frente a Estados Unidos, y que constituían también el tema
del libro. Su *Meditación sobre la Sierra Maestra+ lo mostró consciente del profundo significado de
lo ocurrido: *en esta hora mi razón nocturna / señala en Cuba la
común bandera / del hemisferio oscuro que esperaba / por fin una victoria
verdadera+ (CG, 74). Pero la visión épica de la revolución
no impedía advertir las reticencias ante el peligro de una nueva
concentración del poder. *... Tu
victoria / es como el viejo vino de mi patria: / no lo hace un hombre sino
muchos hombres / y no una uva sino muchas plantas: / y no es una gota sino
muchos ríos: / no un capitán sino muchas batallas+ (CG, 28), advertía el poeta a Fidel, al ofrecerle una copa de vino
chileno. Sin duda se sintió más cerca de Ernesto Che Guevara, lector
obstinado de Canto general, pero no ocultó su opinión negativa de los
movimientos guerrilleros que olvidaban la lucha en favor de las clases
explotadas por el capitalismo, y reservaban el poder para los grupos armados
en la hora de su triunfo. *El vicio de
este razonamiento -aclaró- es su debilidad política: puede ser que en algunas
ocasiones el gran guerrillero coexista con una poderosa personalidad
política, como en el caso del Che Guevara, pero eso es una cuestión
minoritaria y de azar. Los supervivientes de una guerrilla no pueden dirigir
un estado proletario por el solo hecho de ser más valientes, de haber tenido
mejor suerte frente a la muerte o mejor puntería frente a los vivos+ (CV, 453). En las reticencias de Neruda influyó
sin duda un episodio conocido y enojoso: la carta abierta *al compañero Pablo+ en que se criticó su viaje a Nueva York para participar en una
Conferencia del Pen Club Internacional, en junio de 1966, y la Orden del Sol
del Perú con que lo condecoró en Lima el presidente Fernando Belaúnde. En esa
carta -al parecer redactada por Lisandro Otero, Roberto Fernández Retamar y
Edmundo Desnoes, y publicada en el periódico Granma el 31 de julio de
1966- quedaban de manifiesto las inquietudes que sus viajes despertaban en la
isla: *... es evidente, Pablo -se decía-, que quienes se
benefician con estas últimas actividades tuyas, no son los revolucionarios
latinoamericanos; ni tampoco los negros norteamericanos, por ejemplo: sino
quienes propugnan la más singular coexistencia, a espaldas de la masa de
desposeídos, a espaldas de los luchadores+11. Neruda se
sintió agredido, y eso quizá determinó para siempre sus diferencias con la
revolución cubana. *Cuando todo
estaba ganado / se asociaron los escribientes / y acumularon firmadores: /
todos ellos se acorralaron / disparando contra mi voz, / contra mi canto
cristalino / y mi corazón comunista+, escribió en Fin de mundo (52-53), donde a pesar de todo
mantenía la visión épica de la victoria conseguida. *Ya no me acuerdo de los términos empleados por mis
fiscales. Pero puedo decir que se erigían en profesores de las revoluciones,
en dómines de las normas que deben regir a los escritores de izquierda. Con
arrogancia, insolencia y halago, pretendían enmendar mi actividad poética,
social y revolucionaria+ (CV, 445),
recordaría en sus memorias, y también que en el comité central alguien lo
interpretó como un ataque al Partido Comunista de Chile, dentro de los
conflictos que por entonces enfrentaron a algunos partidos comunistas
latinoamericanos con la revolución cubana. Cualquiera que sea
la relación que guarde con ese desencuentro, merece atención el proceso que
en los años sesenta llevó a la poesía hispanoamericana por caminos que la
alejaban de Neruda. *Todos los que
nerudearon / comenzaron a vallejarse / y antes del gallo que cantó / se
fueron con Perse y con Eliot / y murieron en su piscina+, escribió el poeta en Fin de mundo (97),
muy consciente de lo que ocurría. *En los últimos tiempos, en esta pequeña guerra de la literatura, guerra
mantenida por pequeños soldados de dientes feroces -había de confirmar en sus
memorias-, |
10 Canción
de gesta, la Habana, Imprenta Nacional de Cuba
(Ediciones de la Casa de las Américas), 1960, pág. 1. En adelante las citas
de este poemario irán seguidas de las siglas CG y el número de página
correspondiente. 11 *Carta
abierta a Pablo Neruda+, Casa de las Américas, año VI,
núm. 38, septiembre-octubre de 1966, págs. 131-135 (133). |
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han estado lanzando a Vallejo, a la sombra de Cesar Vallejo, a la
ausencia de César Vallejo, a la poesía de César Vallejo, contra mí y mi
poesía+ (CV, 391). Al analizar los once primeros
poemarios galardonados con el Premio Casa de las Américas, Saúl Yurkievich
señaló el *pasaje de los nerudeanos a los vallejeanos+ como uno de los rasgos comunes o *líneas de fuerza+ de la poesía de aquellos años12. Las exigencias
políticas y culturales de la revolución excluían de antemano a los que no se
atenían a ellas, e inevitablemente se prestaba atención a quienes en la isla
(como el cubano Fayad Jamís, ganador en 1962 con Por esta libertad) se
ajustaban a las circunstancias derivadas del triunfo revolucionario, o a
quienes, fuera del país (como el salvadoreño Roque Dalton, galardonado en
1969 por Taberna y otros lugares), habían sufrido experiencias
políticas que los habían llevado a abandonar una poesía egocéntrica y celeste
en favor de otra de denuncia y protesta, acorde también con los avances del
coloquialismo y del prosaísmo característicos de la época. Más significativo
resulta que sólo en los primeros años se galardonase a herederos de Neruda: Dios
trajo la sombra, del ecuatoriano Jorge Enrique Adoum (premiado en 1960),
y El gran cacique, del venezolano Alí Lameda (premiado en 1963), eran
consecuencias evidentes de Canto general, de su interpretación mítica
y telúrica -*países del segundo día, creación inacabada,
húmedos, / sin tiempo para secarse todavía+, en opinión de Adoum13- de una América en permanente
lucha por su libertad. Por el contrario, El uso de la palabra, del
argentino Marlo Trejo (premiado en 1964), Oíd, mortales, del también
argentino Víctor García Robles (premiado en 1965), y Diario de cuartel,
del uruguayo Carlos María Gutiérrez (premiado en 1970), mostraban una acusada
proclividad hacia Vallejo, de cuya recuperación caben diversas
interpretaciones. Parece evidente que fue utilizado para alcanzar una
expresión coloquial, apta para la expresión de las inquietudes políticas y
para dar cuenta de la mediocre realidad de cada día, lo que condice con la *irrupción de la actualidad+, la *transición entre el psicologismo y el sociologismo+ y el *avance del coloquialismo y del prosaísmo+ que sirvieron a Yurkievich14 para caracterizar a la
poesía del momento. Esa orientación se acusó también en poemarios de factura
distinta, como Poesía de paso, del chileno Enrique Lihn (premiado en
1966), y Canto ceremonial contra un oso hormiguero, del peruano
Antonio Cisneros (premiado en 1968): un espíritu común los animaba, derivado
de la desacralización del poeta y la poesía, del humor corrosivo que
disimulaba la frustración, de la voluntad de prescindir de cualquier boato
retórico o -caso de Cisneros- de neutralizarlo mediante su aplicación a
motivos vulgares y pedestres. La personalidad indudable de estos poetas no
evitaba que su éxito en Cuba resultase también significativo. Lihn, por
entonces *antinerudiano recalcitrante, algo obsesivo+15, destacaba por su adhesión a la revolución cubana y su amistad con
el grupo de la Casa de las Américas, dirigido por el *sargento Retamar+ (CV, 410). En cuanto a Cisneros, que en sus Comentarios reales había
recurrido a la ironía y el sarcasmo para revisar el pasado peruano, elegía
ahora un título que remitía a otro de Neruda como si se tratase de resaltar
las diferencias entre la novedosa narratividad coloquial de su poemario, la
contención verbal con que daba cuenta de su voluntad desmitificadora, y las
grandes pretensiones de una poesía caudalosa que parecía pertenecer al
pasado. Aunque en ese
proceso influyó la necesidad de hallar nuevos recursos expresivos, cabe
suponer que la poesía hispanoamericana se alejó de Neruda en la medida en que
entraba en crisis una visión determinada de América: la del Neruda
cosmogónico que coexistió en Canto general con el Neruda político e
histórico nacido al calor de la guerra civil española. Esa visión de América
probablemente no fue ajena a su estancia en México, que quizá merece más
atención que la recibida hasta ahora. Allí trabó amistad con Diego Rivera,
quien había ayudado a León Trotski a encontrar asilo en aquel país y ahora le
demostraba una abierta hostilidad, y con David Alfaro Siqueiros, que había
participado en un atentado fallido contra el político soviético16,
asesinado finalmente por Ramón Mercader el 21 de agosto de 1940. La relación
de Neruda con los comunistas mexicanos no facilitaba su acercamiento a la
visión de México promocionada por André Breton, quien (precisamente cuando
elaboraba con Trotski el manifiesto *Por un arte revolucionario independiente+) lo había definido como el lugar surrealista por excelencia,
surrealista |
12 Véase
Saúl Yurkievich, Poesía hispanoamericana 1960-1970. Antología a través
de un certamen continental, México, Siglo XXI Editores, 20
edición 1976 (10 1972), pág. 7. 13 Dios
trajo la sombra, en Los cuadernos de la
tierra I-IV, Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1963, pág. 65. 14 La
poesía hispanoamericana 1960-1970, pág.
7. 15 Jorge
Edwards, Adiós, Poeta..., Barcelona, Tusquets, 1990, pág. 17. 16 El
atentado tuvo lugar en mayo de 1940. Neruda, que llego a la capital mexicana
el 16 de agosto de ese año, declararía haber conocido a Alfaro Siqueiros en
prisión (CV, 218). Tal vez no era así: según Jorge Edwards (op. cit., págs.
279-280), en el libro de visitas del restaurante Luis XIV, en la Place des
Victoires de París, pudo ver la firma de ambos y la de André Malraux,
testimonio de algún encuentro ocurrido en 1939. |
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*en su relieve, en su flora, en el dinamismo activo que le confiere
la mezcla de sus razas, así como en sus aspiraciones más altas+, entre las que se contaba *la de acabar con la explotación del hombre por el
hombre+17. Pero las diferencias políticas no impedirían que el poeta
resultase afectado por una atmósfera dominada por la exaltación de lo
primitivo, exaltación potenciada por escritores surrealistas que visitaron el
país o residieron en él, de Antonin Artaud a Benjamín Péret, o por pintores
como Wolfgang Paalen; una exaltación que determinaba profundamente la visión
de lo indígena, y que era compartida por muchos de los que frecuentaban su
oficina consular y su residencia18. *México, con su nopal y su serpiente; México florido y espinudo, seco
y huracanado, violento de dibujo y de color, violento de erupción y creación,
me cubrió con su sortilegio y su luz sorpresiva+ (CV, 213), había de recordar en sus memorias. *México, el último de los países mágicos; mágico de
antigüedad y de historia, mágico de música y de geografía+ (CV, 214), insistiría evocando el territorio en
que empezó a descubrir las peculiaridades de la realidad americana. No le faltaron ocasiones para perfilar
la visión de América que necesitaba. En 1941 visitó Guatemala, aprovechando
el tiempo de suspensión en sus funciones de cónsul con que fue castigado por
proporcionar a Alfaro Siqueiros un visado para viajar a Chile. Allí trabó
amistad con Miguel Ángel Asturias, que aún no había conseguido publicar El
Señor Presidente, pero contaba ya con la experiencia de París y las Leyendas
de Guatemala. En sus memorias había de recordar el estrecho camino que
hubo de recorrer en aquel viaje, un camino que lo deslumbró *con sus lianas y follajes gigantescos, y luego con
sus plácidos lagos en la altura como ojos olvidados por dioses extravagantes;
y por último con pinares y ríos primordiales en que asomaban como seres
humanos, fuera del agua, rebaños de sirénidos y lamantinos+ (CV, 220). Al concluir su estancia en México,
Neruda estaba convenientemente preparado para la visita a Machu Picchu que
realizó en 1943, en su viaje de regreso a Chile. *Qué buen sitio para comer un cordero asado+, parece que dijo ante las célebres ruinas, quizá para ocultar su
verdadero estado de ánimo19. *Me sentí infinitamente pequeño en el centro de aquel ombligo de
piedra; ombligo de un mundo deshabitado, orgulloso y eminente, al que de
algún modo yo pertenecía. Sentí que mis propias manos habían trabajado allí
en alguna etapa lejana, cavando surcos, alisando peñascos+ (CV, 235), precisaría muchos años después. Entre
quienes lo acompañaron en su visita a esas ruinas incaicas se encontraba José
Uriel García, quien al reeditar El nuevo indio en 1937 no había
modificado sus opiniones sobre la condición telúrica de los indígenas,
profundamente ligados a la geografía de la sierra, aunque introdujera las
correcciones exigidas por un tiempo en que las minorías intelectuales habían
de abandonar su pedestal *para
confundirse con las masas, marchar acordes con ellas y extraer de las
injusticias de su situación, que son las injusticias de la historia mal
encaminada, del régimen opresivo que sufren desde épocas remotas, los nuevos
ideales realmente nacionales+20. Neruda había leído un discurso en su honor a
fines de 1939, en la comida que se le ofreció en Lima como senador electo por
la Coalición Obrera Peruana21. Su compañía probablemente
contribuyó a que el poeta pudiese sentirse chileno, peruano, americano, a que
encontrase inspiración para escribir *Alturas de Macchu Picchu+ y el impulso necesario para avanzar en la realización de su Canto
general. Bien pudo reforzar
esa visión de América en Brasil, cuando viajó a São Paulo en Julio de 1945
para participar en el homenaje a Luis Carlos Prestes, que volvía a la
libertad después de más de diez años de prisión. Para entonces había
elaborado ya la concepción de la poesía que había de imponer con Canto
general, y podía proyectarla sobre los demás: *Gabriela lleva en su obra entera algo subterráneo, como una veta de
profundo metal endurecido, como si las angustias de muchos seres hablaran por
su boca y nos contaran dolorosas y desconocidas vidas+ (DP, 60), declaraba el 20 de noviembre de 1945 al
celebrar el Premio Nobel concedido a Mistral. Ése era el propósito que había
animado *Alturas de Macchu Picchu+, escrito en agosto y septiembre de ese año: el poeta quiso ser allí
la voz de los indígenas, hechos del barro de América y acordes con la
naturaleza primordial que sustentó su vida. Otras secciones de Canto
general se encargarían de exaltar esa América de los *ríos arteriales+ frente a *la peluca y
la casaca+, frente a los colonizadores |
17 Véase
Rafael Heliodoro Valle, *Diálogo con André Breton+, Universidad,
núm. 29, junio de 1938, págs. 5-8 (6-7). Neruda era miembro destacado de la
Alianza de Intelectuales de Chile por la Defensa de la Cultura, que desde
1937 imponía en el ambiente literario de su país los criterios stalinistas
del Partido Comunista, y tenía pruebas recientes de la hostilidad de los
surrealistas chilenos (fieles a Breton), quienes en julio de 1940 trataron de
boicotear el homenaje de despedida que le ofreció la Universidad de Chile al
ser nombrado Cónsul General en México, y luego dedicaron a ese incidente y a
esa enemistad casi la totalidad del número 4 de su revista Mandrágora. 18 Entre
ellos se contó Fernando Benítez (véase Volodia Teitelboim Neruda,
Madrid, Ediciones Michay, 1984, pág. 212), quien años después, con *En el
principio era el mito+ (Cuadernos Americanos, VII, núm. 6, noviembre-diciembre de
1948, págs. 50-80), dio un notable impulso a la visión de América como
resultado de la fantasía europea, a la vez que situaba el mito en los
cimientos de la vida americana. 19 Véase
Margarita Aguirre, Las vidas de Pablo Neruda, Buenos Aires, Grijalbo,
1973, pág. 215. 20 José
Uriel García, El nuevo indio. Ensayos indianistas sobre la sierra
surperuana, Cuzco, Editorial H. G. Rozas Sucesores, segunda edición
corregida, 1937, pág. 2. 21 Ese
discurso se publicó en Santiago, en el núm. 30 del semanario Qué hubo,
el 2 de enero de 1940. Véase Hernán Loyola, *La
obra de Pablo Neruda. Guía bibliográfica+, en
Pablo Neruda, Obras completas, III, pág. 1013. |
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y depredadores que asolarían ese territorio virgen, sin ignorar que
esa *sauria escamosa América+, *patria selvática+ en la que *el gato y la
escorpiona fornicaron+, también fue
capaz de engendrar traidores numerosos22. Acorde con las exigencias de su
tiempo, la visión de América ofrecida en Canto general muestra no
pocas coincidencias con la recreada en Los pasos perdidos por Alejo
Carpentier23. La obra de Neruda contribuyó sin duda a construir el
territorio de la magia y el mito que la exitosa novela hispanoamericana había
de divulgar a partir de esos años. Pero a la luz de los planteamientos
revolucionarios, cada vez más radicalizados en Cuba, esa visión de América
pronto iba a resultar obsoleta. El proceso seguido por la narrativa ayuda a
entenderlo así: a medida que avanzaba la década de los sesenta, las novelas cubanas
que parecían más acordes con la línea oficial -obras como Memorias del
subdesarrollo (1965), de Edmundo Desnoes, y Vivir en Candonga (1965),
de Ezequiel Vieta, hasta culminar en La última mujer y el próximo combate (1971),
de Manuel Cofiño López- proponían con claridad creciente un discurso ajeno a
las tentaciones *metafísicas+ de la América mágica o mítica (una América al margen de la
historia), y se negaban a asumir la identidad americana en tales términos. Neruda tenía otros
proyectos y la necesidad de buscar nuevos caminos, como pronto demostraron Los
versos del capitán y Odas elementales, pero el éxito de Canto
general fijó como suya la visión de esa América del origen y de algún
modo mítica. Esa visión encontró continuidad en obras que quisieron ser el
canto de los países en que surgían, como Nuevo Mundo Orinoco, del
venezolano Juan Liscano, o Los cuadernos de la tierra, en que Jorge
Enrique Adoum quiso trazar el itinerario del hombre ecuatoriano, o, ya a
fines de los sesenta, Poemas para un pueblo, del boliviano Pedro
Shimose, quien con Quiero escribir, pero me sale espuma pronto había
de constituir en sí mismo un nuevo ejemplo del tránsito señalado hacia
Vallejo. El coloquialismo o conversacionalismo de los poetas cubanos parecía
situarse en las antípodas de las actitudes proféticas de Neruda y sus
herederos, contra las que buscó antecedentes y soluciones variadas. Sus
necesidades expresivas lo exigían, pero no deja de resultar sorprendente que
la revolución fuese uno de los factores que llevaron la poesía lejos de quien
había representado mejor que nadie el compromiso del escritor con la difícil
realidad latinoamericana. |
22 Obras
completas, I, págs. 315 y 461. 23 Neruda
no simpatizó con el escritor cubano, al menos después de la famosa carta de
1966. A ambos, sin embargo, se les reveló una América semejante -al poeta en
Machu Picchu, al novelista en Haití, en el mismo año 1943-, signada por la
presencia de lo desmesurado y lo insólito. Las convicciones de Carpentier
sobre lo real maravilloso americano son sobradamente conocidas. Según Neruda,
*todo lo mágico surge y resurge siempre en México. Desde un volcán
que le empezó a nacer a un campesino en su pobre huerto, mientras sembraba
frijoles. Hasta la desenfrenada búsqueda del esqueleto de Cortés, que según
se dice descansa en México con su yelmo de oro cubriendo secularmente el
cráneo del conquistador. Y la no menos intensa persecución de los restos del
emperador azteca Cuauthémoc, perdidos desde hace cuatro siglos, y que de
pronto aparecen aquí o allá, custodiados por indios secretos, para volverse a
sumergir sin tregua en la noche inexplicable+ (CV,
231). Tampoco carece de interés su interpretación de las manifestaciones más
sobresalientes del caudillismo latinoamericano: *En la
fauna de nuestra América, los grandes dictadores han sido saurios
gigantescos, sobrevivientes de un feudalismo colosal en tierras
prehistóricas...+ (CV, 243). |
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