PABLO NERUDA, EN LA ENCRUCIJADA ANTIPOÉTICA

SELENA MILLARES

 

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Selena Millares

Profesora de literatura hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Madrid, es autora de los libros La génesis poética de Pablo Neruda (1992) y La maldición de Sheherezade. Actualidad de las letras centroamericanas (1997); coautora de la Historia de la literatura hispanoamericana (1996) y editora de varias obras contemporáneas. Ha publicado artículos en torno a temas tan diversos como el modernismo visionario, la vanguardia poética o las Américas de Calibán, y sobre autores como Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Gonzalo Rojas, Alejo Carpentier, Virgilio Piñera y Miguel Ángel Asturias.

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Pablo Neruda, en la encrucijada

antipoética

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SELENA MILLARES

 

 

 

                                                           

La historia de la poesía (...) es imposible de distinguir de la influencia poética, puesto que los poetas fuertes crean esa historia gracias a malas interpretaciones mutuas, con el objeto de despejar un espacio imaginativo para sí mismos (...)

     Todo poeta es un ser atrapado en una relación dialéctica (transferencia, repetición, error, comunicación) con otro u otros poetas.1

 

 

     No son pocos los críticos que al abordar la obra nerudiana observan un antes y un después decidido por una fecha, 1958, y por un título, Estravagario, que habla de un cambio de piel en el devenir de esa escritura2. Igualmente, muchas miradas interpretan ese cambio como índice del ascendiente que ejerce el más carismático miembro de las nuevas promociones chilenas, por entonces amigo y discípulo dilecto de Neruda, Nicanor Parra. En efecto, abundan los testimonios que certifican ese diálogo fecundo de ambos, donde el proceso del relevo generacional se dibuja nítido en toda su complejidad. De esas tensiones se derivan fructíferas consecuencias en ambas poéticas, que de algún modo pueden traducir el itinerario de un siglo en la poesía de América Latina. Pero también hay consecuencias de un sabor más ácido, en la medida en que son usadas por las sempiternas acechanzas de la maledicencia para armar toda una batalla que exige alineamientos en uno u otro bando, con una exaltación de los personalismos que parece olvidar lo que tal vez sea lo más importante: ni más ni menos que la poesía.

     No puede negarse que esa hostilidad nace ya en la evolución de las relaciones personales de maestro y discípulo; las manifestaciones directas o implícitas de mutua admiración van a desembocar en un frío distanciamiento, ya por el deseo del primero de mantener su protagonismo histórico, ya por la necesidad del segundo de reiterar una vez más el enfrentamiento de Layo y Edipo -que Bloom establece como ley de la historia de la creación artística-, y eliminar la figura del padre para poder forjar su propio camino, libremente. A partir de esos datos, críticos y poetas se hacen a menudo eco de las desavenencias, para exigir militancias en uno u otro bando de la guerrilla. Y sin duda hay fundamentos claros para esa actitud beligerante, que pueden entenderse a partir de la *melancolía de las influencias+ con que el crítico de Yale explicara el problema de la sucesión literaria3, y que en este caso exaspera sus tintas. El problema, inherente al proceso creador, no pudo ser conjurado ni siquiera por Vicente Huidobro con sus postulados de poesía adánica; Neruda, por su parte, lo constata en muy diversas ocasiones, y habla de la originalidad como un fetiche falso que delata una era de derrumbe4, para afirmar que *el mundo de las artes es un gran taller en el que todos trabajan y se ayudan, aunque no lo sepan ni lo crean. Y, en primer lugar, estamos ayudados por el trabajo de los que precedieron y ya se sabe que no hay Rubén Darío sin Góngora, ni Apollinaire sin Rimbaud, ni Baudelaire sin Lamartine, ni Pablo Neruda sin todos ellos juntos. Y es por orgullo y no por modestia que proclamo a todos los poetas mis maestros, pues, qué sería de mí sin mis largas lecturas de cuanto

 

 

1

Harold Bloom, La angustia de las influencias. Una teoría de la poesía, Caracas, Monte Ávila, 1973: 13, 106.

 

2

Vid. el poema *Pido silencio+: *no crean que voy a morirme: / me pasa todo lo contrario: / sucede que voy a vivirme (...) Pido permiso para nacer+ (Estravagario, Barcelona, Seix Barral, 1977: 10-11).

 

3

Retomo aquí algunas reflexiones que ya publiqué en el artículo *Chile: la generación dispersa+, Anales de literatura hispanoamericana, 21 (1992): 265 y ss. En cuanto al resto del texto, reconsidera y desarrolla, con la distancia de los años transcurridos, análisis previos -tal y como la perspectiva de 25 años de este seminario nos proponía- que tienen su origen en mi libro La génesis poética de Pablo Neruda. Análisis intertextual (tesis doctoral), Madrid, Ed. Complutense, 1992.

 

4

*Yo no creo en la originalidad. Es un fetiche más, creado en nuestra época de vertiginoso derrumbe. Creo en la personalidad a través de cualquier lenguaje, de cualquier forma, de cualquier sentido de la creación artística. Pero la originalidad delirante es una invención moderna y una engañifa electoral. Hay quienes quieren hacerse elegir Primer Poeta, de su país, de su lengua o del mundo. Entonces corren en busca de lectores, insultan a los que creen con posibilidades de disputarles el cetro, y de ese modo la poesía se transforma en una mascarada+ (Pablo Neruda, Confieso que he vivido, Barcelona, Seix Barral, 1974: 369).

 

 

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Pablo Neruda, en la encrucijada

antipoética

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SELENA MILLARES

 

se escribió en mi patria y en todos los universos de la poesía?+5. Algunos años después, en Fin de mundo, retorna al mismo motivo, pero esta vez desde un ángulo distinto: los escritores de nuestro siglo sufren el peso de los gigantes muertos (*hemos subido la escalera/ con un saco sobre los hombros,/ con la pesada precedencia/ de los huesos más eminentes+); Balzac, Hugo, Tolstoy, Zola, Mallarmé y muchos otros se confabulan *y todos juntos aplastándonos/ no nos dejaban respirar, / no nos dejaban escribir/ no nos querían dejar,/ hasta que el tío Ubú Dada/ los mandó a todos a la mierda+6. El gesto, liberado de la gravedad de otros tiempos, acusa ya de algún modo la entrada en la nueva órbita antipoética. Por su parte, tanto Nicanor Parra como el resto de la generación del 38 reiteran ese sentir agónico, de zozobra entre la admiración y el rechazo, y de ahí que hicieran de la espontaneidad y la naturalidad su bandera, en tanto que la reacción hacia los padres poéticos adquiere los perfiles más virulentos. En su conocido *Manifiesto+7, Parra los condena implícitamente, y con tintes menos agresivos se observa la misma actitud en la *Cueca de los poetas+ que musicara su hermana Violeta, donde el tono humorístico repite ese sentido de competencia entre gigantes8. Es así como se repite una y otra vez el enfrentamiento de maestro y discípulo como en una nueva y diabólica invención de Morel, y el parricidio necesario explica la más reciente poesía chilena, anegada por la sombra de ese duelo de titanes. En 1981 se leía entre las líneas de la *Declaración de Rotterdam+ esa problemática9, o en las afirmaciones de Gonzalo Millán, quien afirma que *el concepto nerudiano de >poesía impura= alentó y encauzó mi preferencia por objetos y realidades tradicionalmente antipoéticas+10. De este modo, el reconocimiento de esa claustrofobia se desenvuelve por terrenos diversos, desde la aceptación resignada que muestran estas afirmaciones hasta la iconoclasia furiosa o carnavalizadora. Pero también se manifiesta en homenajes casi religiosos, o en la melancolía sin ambages que traduce la *Composición escolar+ de Mauricio Redolés:

 

     Para los jóvenes chilenos que nos dedicamos a esto de la poesía

     mistral, huidobro, neruda, de rokha, pezoa véliz, parra

     por mencionar sólo algunas estrellas locales

     son la cordillera de los andes

     y nosotros

     los de hoy en la mañana

     no alcanzamos ni a esos montoncitos de arena

     que hacen los enamorados en las playas...11

 

     El propio Parra, integrado aquí en esa monumentalidad cordillerana que al tiempo cobija y abruma a la nueva poesía chilena, usaba la misma imagen cuando, en su *Discurso de bienvenida en honor de Pablo Neruda+, pronunciado en la Universidad de Chile en 1962, se refería al poeta de Temuco y rompía una lanza por él: *Para algunos >lectores exigentes= el Canto General es una obra dispareja. La Cordillera de los Andes es también una obra dispareja, señores >lectores exigentes=+12.

     Nicanor Parra, que ya ha visto consolidada su tarea creadora desde la publicación de Poemas y antipoemas (1954), comienza con palabras significativas ese discurso: *Hay dos maneras de refutar a Neruda: una es no leyéndolo, la otra es leyéndolo de mala fe. Yo he practicado ambas, pero ninguna me dio resultado+. El reconocimiento a un magisterio poético, así como la memoria de una amistad, se imbrica con el elogio hacia un hombre comprometido con su pueblo y su tiempo. Parra cita versos de 1952 en que celebraba el regreso de Neruda tras el destierro, donde lo nombra como *obrero de la paz+ y *noble peregrino+, como *mensajero de la patria libre+ y *amigo fraternal+; sin embargo, la sinceridad del saludo no es incompatible con la defensa de un espacio para la tarea propia, y adviene la cabriola antipoética: *hablando de peras el antipoeta puede salir perfectamente con manzanas, sin

 

5

Pablo Neruda, *Latorre, Prado y mi propia sombra+ (discurso de incorporación a la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile como miembro académico, en marzo de 1962), en Pablo Neruda y Nicanor Parra, Discursos, Santiago, Nascimento, 1962, luego reproducido en Para nacer he nacido, Barcelona, Seix Barral, 1978. Se respira en este texto la polémica que en esos momentos ronda a Estravagario.

 

6

Pablo Neruda, Fin de mundo, Buenos Aires, Losada, 1969: 74.

 

7

Publicado independientemente como libro (Santiago, Nascimento, 1963), figura entre los ejemplares de la biblioteca de Neruda, en La Chascona. Luego se incluirá en Obra gruesa (Santiago, Universitaria, 1969).

 

8

Con aire de travesura, su letra reza así: *La vida, qué lindos son los faisanes, la vida qué lindo es el pavo real, la vida qué lindos son los poemas de la Gabriela Mistral, la vida qué lindos son los faisanes, Pablo de Rokha es bueno pero Vicente vale el doble y el triple dice la gente, dice la gente sí, no cabe duda, que el más gallo se llama Pablo Neruda; corre que ya te agarra Nicanor Parra...+ (*La Cueca de los Poetas+, en Violeta Parra, Las últimas composiciones de Violeta Parra, ANS Records, Miami, 1994).

 

9

*Nosotros y nosotras, otros y otras, poetas marxistas, neomarxistas, groucho marxistas, chilenos reciclados, náufragos reunidos, hijos de Violeta y John Lennon, Huidobro y Liv Ullman (...) [decretamos] válidas, legítimas y necesarias todas las tendencias y escuelas artísticas, incluso aquellas, surrealistas y románticas, clásicas y antipoéticas (... ) neomahlerianas y retronerudianas, quilapayúnicas e intillimánicas, ociosas y comprometidas, vodka y coca-cola, de horno, fritos, pasadas y con pebre+, cit. por Soledad Bianchi, *Ya que estamos aquí aprendamos algo. La (joven) poesía de hoy / Neruda/ La poesía (joven) de hoy+ (1983), en Poesía chilena, Santiago, Documentas/Cesoc, 1990: 125.

 

10

Soledad Bianchi, Entre la lluvia y el arcoiris, Barcelona-Rotterdam, Ediciones del Instituto para el Nuevo Chile, 1983: 53.

 

11

Mauricio Redolés, Poemas urgentes, edición mimeografiada cit. por Soledad Bianchi en *La joven poesía chilena+, Arte y cultura, Rotterdam, Instituto para el Nuevo Chile, 1982:17.

 

12

Nicanor Parra, *Discurso de bienvenida en honor de Pablo Neruda+, en Pablo Neruda y Nicanor Parra, Discursos, Santiago, Nascimento, 1962:19.

 

 

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Pablo Neruda, en la encru­cijada antipoética

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SELENA MILLARES

 

que por eso el mundo se vaya a venir abajo. Y si se viene abajo, tanto mejor, esa es precisamente la finalidad última del antipoeta, hacer saltar a papirotazos los cimientos apolillados de las instituciones caducas y anquilosadas+. Frente al poeta-soldado y su cruzada, se proclama que *la verdadera seriedad es cómica+, que hay otros caminos transitables, y ese paréntesis reivindicativo se cierra para terminar con un saludo a una obra titánica que no corresponde *a un poeta de salón ni a un buda absorto en la contemplación del ombligo+. La impostura del antipoeta, la ironía y la travesura, no pueden dejar de leerse entre las líneas de ese discurso, donde se respira una situación tensa que habla de un conflicto de sucesión generacional, desvelada en el *Manifies­to+, donde se critica el elitismo, endiosamiento y aburguesamiento de las voces de la vanguardia, que en el caso chileno están representadas por Huidobro (pequeño dios), Neruda (vaca sagrada) y De Rokha (toro furioso)14. Por otra parte, no deja de ser significativa la alabanza del poema *El hombre invisible+ que abre las Odas elementales (1954)15, donde ya se respiraba la cercanía de las nuevas propuestas que Neruda conoce manuscritas desde mucho antes (y de cuyos méritos Parra se siente de algún modo partícipe). La ósmosis entre ambas poéticas va a ser entonces una realidad que no puede esconderse entre los contradictorios gestos de afecto o distancia que signan la relación de estos artífices de la palabra; son tiempos en que las condiciones para el relevo generacional están ya servidas16. Mucho después, en declaraciones a Benedetti, Parra comentará: *Para ser sincero, Neruda fue siempre un problema para mí; un desafío, un obstáculo que se ponía en el camino, entonces había que pensar las cosas en términos de este monstruo (...) Neruda no es el único monstruo de la poesía; hay muchos monstruos. Por una parte hay que eludirlos a todos y, por otra, hay que integrarlos, hay que incorporarlos. De modo que si ésta es una poesía anti-Neruda, también es una poesía anti-Vallejo, es una poesía anti-Mistral, es una poesía anti-todo, pero también es una poesía en la que resuenan todos estos ecos+17. Elocuentes términos que hablan de nuevo de la melancolía de las influencias en toda su paradójica acritud, donde conviven las más ásperas acusaciones y críticas, frecuentes en los artefactos, con reconocimientos como el que recoge Luis Poirot en su Retratar la ausencia: *Neruda era un seductor y cazador de almas. Pablo es una de las personas más interesantes, más apasionantes que he conocido. Sabía cautivar al interlocutor y además era buen amigo y trataba de ayudar a la gente. A mí trató de ayudarme más de cuarenta veces, pero yo era díscolo y no le dejaba que me ayudara, porque no quería sentirme comprometido con él+18. Por otra parte, la corriente de simpatía de Neruda hacia Parra también cuenta con sólidos testimonios, entre los que cabe señalar el texto con que se avala la primera edición de los Poemas y antipoemas19, y donde se hablaba de una singularidad que se parangonaba con la de Miguel Hernández. Neruda fue de los primeros que reconocieron el valor de la escritura antipoética, y no sólo animó a su autor a continuar en esa veta nueva sino que de algún modo colaboró para que viera la luz, ya que el azar había hecho que se perdieran los únicos manuscritos en Melipilla, en cierto viaje que varios poetas hicieron a Isla Negra, y la mediación de las gestiones de Neruda logró que apareciera la maleta que Parra olvidara en un autobús20.

     En definitiva, todo lo hasta aquí señalado habla de la honda imbricación de la obra de ambos poetas, a pesar de sus diferencias abismales. En lo personal llegaron a ser amigos entrañables; en la obra de creación, Parra fundó su revolución en la negación de su maestro: su sacrificio ritual no está exento de contradicciones, reconocimientos y la conciencia de una implícita e ineludible filiación. Neruda, por su parte, no fue inmune a esas innovaciones, y su poética da un vuelco que comienza a testimoniar Estravagario, libro

 

13

Ibid.: 9; 11-12; 48.

 

14

En la misma línea se sitúa un artefacto reciente de Nicanor Parra que me apunta el profesor Alain Sicard y que parodia versos conocidos de Altazor: *Los cuatro grandes poetas de Chile son tres: Ercilla y Rubén Darío+.

 

15

*Yo me río / me sonrío/ de los viejos poetas, / yo adoro toda / la poesía escrita, / todo el rocío, / luna, diamante, gota/ de plata sumergida, / que fue mi antiguo hermano, / agregando a la rosa / pero / me sonrío, / siempre dicen *yo+ (...) nadie sufre en sus versos+ (Pablo Neruda, Odas elementales, Madrid, Cátedra, 1982: 59 y ss).

 

16

De interés puede ser aquí recordar la consideración que Roberto Fernández Retamar hace de Neruda como

 

*poeta transgeneracional+ en su artículo *Antipoesía y poesía con­versacional en Hispanoamérica+ (1968); comenta ahí que en Estra­vagario Neruda *quizás está más cerca de Nicanor Parra que de su propia poesía de 20 ó 30 años atrás (en Para el perfil definitivo del hombre, La Habana, Letras Cubanas, 1995: 110).

 

17

Mario Benedetti, *Nicanor Parra o el artefacto con laureles+, Los poetas comunicantes, México, Marcha, 1981: 46.

 

18

Luis Poirot, Neruda. Retratar la ausencia, Madrid, Comunidad de Madrid, 1987: 62.

 

19

El texto completo dice así: *Entre todos los poetas del sur de América, poetas extremadamente terrestres, la poesía versátil de Nicanor Parra se destaca por su follaje singular y sus fuertes raíces. Este gran trovador puede de un solo vuelo cruzar los más sombríos misterios o redondear como una vasija el canto con las sutiles líneas de la gracia.

La vocación poética de Nicanor Parra es tan poderosa como lo fuera en Miguel Hernández.

Su madurez lo lleva a las exploraciones más difíciles, manteniéndolo entre la flor y la tierra, entre la noche y el sonido, pero regresa de todo con pies seguros. En toda la espesura de la poesía quedarán marcadas sus huellas australes.

Esta poesía es una delicia de oro matutino o un fruto consumado en las tinieblas. Como lo mande el poeta Nicanor nos dejará impregnados de frescura o de estrellas+ (Nicanor Parra, Poemas y antipoemas, Santiago, Nascimento, 1954).

Por otra parte, aún se conserva en la Fundación Neruda la primera edición de los Poemas y antipoemas con la dedicatoria *A Pablo y Delia con el abrazo de Nicanor. 5-VIII-54+.

 

20

Anécdota reproducida en entrevista con Leonidas Morales (La poesía de Nicanor Parra, Santiago, Universidad Austral/Andrés Bello, 1972).

 

 

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