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FIG. 3. Pablo Neruda en El mono azul,
durante la guerra civil española Pablo
Neruda, el enigma inaugural _____________________ ENRIQUE
ROBERTSON ÁLVAREZ |
una
y otra vez, muchas veces; durante toda una década. Egon Erwin Kisch hizo
amistad con Neruda en el círculo internacional de amigos y colaboradores de El
Mono Azul, publicación semanal de la Alianza de Intelectuales Antifascistas
cuyo primer número apareció en Madrid en septiembre de 1936, es decir escasos
dos meses después de iniciada la guerra civil. No pocos intelectuales
hispanoamericanos colaboraron en El Mono Azul. Entre los chilenos,
además de Neruda, los más activos eran el músico Acario Cotapos y los poetas
Vicente Huidobro y Juvencio Valle. Permítaseme recordar aquí que este último,
que fue condiscípulo de Neruda en el Liceo de Temuco, falleció en Santiago de
Chile hace pocas semanas, a los 98 años de edad... El
chileno que tuvo el papel más protagónico en El Mono Azul fue sin duda
alguna Pablo Neruda (Fig. 3); esta fotografía es una de las tantas
pruebas de ello. Su participación en las actividades de la Alianza,
considerada impropia de un neutral funcionario consular, sería el motivo por
el que se le destituiría de su cargo. Antes de que esto ocurriera, su poema *Canto a las madres de los milicianos muertos+ publicado en el número 5 -del jueves 24 de septiembre de 1936-
apareció con la nota siguiente: *este poema se debe a la
pluma de un gran poeta cuyo nombre la redacción de El Mono Azul estima
oportuno no dar por el momento+. El nombre de Neruda
reaparecería largos meses después, el primero de julio de 1937 con su poema *Es así+ que después se llamaría *Explico algunas cosas+, tal vez el más importante de los que integran su libro España
en el Corazón. Dos semanas más tarde el semanario publicó otra
fotografía de Neruda en su portada. Es probable que haya sido alrededor de
estas fechas cuando Egon Kisch le preguntó al poeta cómo y por qué se le
había ocurrido rebautizarse Neruda. Porque, como vemos (Fig. 4), El
Mono Azul del 15 de julio de 1937 muestra en su portada sendas
fotografías del checo Kisch y del chileno con nombre checo, Neruda. Es
probable que inicialmente Kisch se interesara por saber la proveniencia del
apellido del poeta chileno, en el convencimiento de estar hablando con el
hijo o nieto de un checo emigrado desde la maravillosa Praga -o de otro lugar
de Bohemia- al sur más sur de la América del Sur. Y que por eso cuando este
intruso profesional, que siempre quería estar bien informado de todo, oyó
decir a Neruda que entre sus antepasados no contaba con ningún checo de ese
ni de otro nombre, se sorprendiera muchísimo y quisiera satisfacer su curiosidad
preguntándole pero entonces, )nombróse usted Neruda..., por Jan Neruda?
Comprensible pregunta -que sugería la respuesta- si se sabe que Kisch nació
en Praga donde hay una calle y un monumento en memoria y honor al escritor
Jan Neruda también nacido allí (Fig. 5). La obra más conocida de Jan Neruda es
su libro Cuentos de Malà Strana, muy admirado por Kisch que en su
juventud también escribió unos relatos parecidos a los cuentos de *su+ Neruda. Hay indicios, anecdóticos pero muy dignos de crédito, que
hacen suponer que antes de conocer a Kisch nuestro Neruda nunca había oído
hablar del Neruda checo. De acuerdo con esto último se puede asegurar que
recién cuando Kisch le habló de él, el poeta chileno se vino a enterar de que
en Praga había existido un escritor de ese nombre. Además -puesto que
consideraba a Kisch un |
FIG. 4. Neruda y Kisch fotografiados en El mono
azul.
FIG. 5. Retrato
del poeta checo Jan Neruda. |
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FIG. 6. Artículo de Kisch en El mono azul. Pablo
Neruda, el enigma inaugural ______________________ ENRIQUE
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gran
humorista- debe haber creído que éste bromeaba al relacionarlo con un
escritor checo que le era totalmente desconocido. Por eso le contestó en
broma desafiándole a que intentase dar él mismo con la respuesta verdadera (a
la manera del: *Me preguntáis...?+. *Indagadlo, indagadlo+ de Los Enigmas); diciéndole además que dudaba de que
fuese capaz de resolver el misterio de su nombre con igual éxito que el que
había tenido en otros casos. Porque Kisch, que tenía fama de ser una especie
de Sherlock Holmes del periodismo, aplicando unos originales e infalibles
métodos, había logrado desentrañar más de un caso extraño y misterioso.
Neruda cita en sus memorias el del coronel Redl, espía austríaco
desenmascarado en 1913 por Kisch, caso con el que el rasante reportero logró
ganar gran popularidad. Bohemia y su capital Praga eran entonces parte del
Imperio Austro-Húngaro. Egon Kisch pertenecía a la minoría germano-parlante
de Praga, donde se inició en el periodismo. Después trabajó diez años en
Berlín, colaborando en publicaciones en idioma alemán que se leían también en
Praga y en Viena, ciudad esta última donde el escandaloso caso Redl -que
Kisch descubrió con la ayuda de un amigo suyo llamado Wagner- tuvo gravísimas
repercusiones que contribuyeron no poco al inicio de la primera guerra
mundial. La vivísima relación de estos hechos se puede leer en De cómo
llegué a saber que el coronel Redl era un espía, de Kisch. Años
después de estas actividades periodístico-detectivescas y de otras muchas,
relacionadas por ejemplo con la prestidigitación, el tatuaje y el fútbol
amateur, Kisch llegó a España. Vino, como tantos otros antifascistas del
mundo, a ofrecer su solidario apoyo a la causa republicana. Su trabajo en El
Mono Azul es fácil de documentar (Fig. 6). La derrota de 1939 -hacen hoy seis
décadas- y el comienzo de la segunda guerra mundial, significaron para Egon
Erwin Kisch -antifascista y judío- una dramática agudización de la criminal
amenaza que se cernía sobre su cabeza. Seis años antes, en 1933, víctima de
la gran redada de opositores que ordenó Hitler al día siguiente del incendio
del Reichstag, Kisch había estado prisionero en la temible cárcel de
Berlín-Spandau. Sabía pues, muy bien, que si caía de nuevo en manos de la
Gestapo no salvaría la vida por segunda vez. Por eso salió de Europa con
destino a EEUU, donde le fue denegado el permiso de residencia; optó entonces
por el asilo que le concedió México y marchó al exilio al país donde
reencontraría a Pablo Neruda, para reiterarle allí la pregunta )por qué Neruda? Pero si Kisch pensaba que esta vez lograría conocer
o descubrir la verdad, se equivocó; en Ciudad de México su pregunta también
se quedó sin respuesta. O, mejor dicho, la que obtuvo fue la que él mismo
había ideado e insinuado al poeta: que ese nombre lo había tomado del de Jan
Neruda. Pero esa respuesta, sabiéndola gestada a sugerencia propia y además
-por haberlo comprobado personalmente- sabiendo que en España e
Hispanoamérica ese escritor checo era prácticamente desconocido, le resultaba
inaceptable. Es, sin embargo, posible que siempre haya habido un
malentendido; porque lo que Pablo Neruda podía y debió decirle a Kisch, era
únicamente lo que siempre dijo: que el nombre Neruda lo había encontrado
casualmente en las páginas de una revista; que, en esa misteriosa revista, el
poeta hubiese leído un cuento de Jan Neruda debió ser un agregado imaginado
por el propio Kisch, que fue aceptado por muchos pero que él mismo se
resistía a creer. De no haber sucedido esto último, el tema le habría servido
magníficamente para uno de los reportajes que escribió en el país que le
asiló, recopilados luego en su libro Descubrimientos en México. No pudo
ser así y, años después, Kisch todavía se lamentaba de no saber toda la
historia del nombre de Neruda. Su olfato de sabueso le hacía darse cuenta de
que lo poco que él sabía acerca de ese enigmático caso, no era más que una
mínima parte de la verdadera historia que *olía+ tras ese nombre. Otra prueba de que con la respuesta que él mismo
ayudó a prefabricar no podía dar por resuelto el caso, es que terminada la
segunda guerra mundial -y por fin retornado a Praga- recibió allí la visita
de Neruda; y al reencontrarse con él, le hizo por enésima vez la famosa
pregunta. Neruda recuerda esa escena en Confieso que he vivido y
también en la entrevista que, con ocasión del Nobel, le hizo L=Express de París en 1971. Cuenta
que en Praga, Kisch llegó a apelar a su edad -era |
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unos
veinte años mayor que él- al pedirle que finalmente le revelara la verdad
acerca de su nombre electivo (Fig. 7). Al periodista francés que le
pregunta por qué cambió su nombre por el de Pablo Neruda, le responde: *hubo un gran poeta y periodista checo, Erwin Kisch, que pasó muchos
años de su vida persiguiéndome y haciéndome la misma pregunta que usted, en
Madrid, en México, en Praga. Y en Praga me dijo: *cuéntame el final de la
historia..., ya estoy viejo y te he perseguido tanto tiempo...+. En Confieso que he vivido, de manera parecida dice: *...nos habíamos conocido en España y como él manifestaba la
insistente curiosidad de saber por qué motivo me llamaba yo Neruda sin haber
nacido con ese apellido, yo le decía en broma: -gran Kisch, tú fuiste el
descubridor del misterio del coronel Riedl, pero nunca aclararás el misterio
de mi nombre Neruda+. Y así fue. Kisch moriría en Praga, en
1948, sin haber logrado saber por qué -en octubre del año 1920- el joven
poeta chileno Neftalí Reyes se había rebautizado con un sonoro nombre checo.
Porque Neruda, aunque nada de extraño sea a la índole del idioma español ni a
sus hábitos onomásticos -como bien dice Loyola- es un nombre checo. Lo
dicho hasta aquí en relación al nombre de Neruda, era más o menos lo poco que
quien les habla sabía, o creía saber, hasta hace algunos años. Y al parecer,
todo se iría a quedar en eso. Pero al profesor Loyola se le ocurrió la
excelente idea de publicar una antología de la poesía de Pablo Neruda, en
cuidada edición de bolsillo1 y con una introducción que en parte
se ocupaba, naturalmente, del nombre del poeta. Como si esto fuera poco, en
dicha introducción Loyola puso una nota (la nota *2 bis+) que tuvo la virtud de reactivar mi ya casi olvidado interés por
intentar desentrañar el enigma del nombre elegido por Neftalí Reyes, famoso
ex-alumno del Liceo de Temuco. Dice así: *Ya escritas estas notas,
nos llega desde Chile la edición 187 de la revista Hoy (18 de febrero
de 1981) donde Miguel Arteche introduce la posibilidad de que el apellido
Neruda haya sido tomado por el estudiante Neftalí Reyes, no directamente de
alguna traducción de Jan Neruda, sino de la mención que Sherlock Holmes hace
de un tal Norman Neruda, pianista, en el relato Study in Scarlet, de
Conan Doyle, ya publicado en Chile bajo el título de Un crimen extraño (Santiago,
Lit. Universo, 1908). La observación nos parece bastante atendible, en
especial considerando la temprana y nunca desmentida inclinación de Neruda
hacia lecturas enigmáticas y policiales (Fantomas, en su infancia;
Raymond Chandler y James Hadley Chase, en su madurez)+. Esta combinación Neruda-Holmes me dejó
fascinado. Antiguo lector de las aventuras de Sherlock Holmes en los largos
inviernos temuquenses de mi adolescencia, vi transformarse el enigma del
nombre de Neruda en un caso quizá posible de resolver *aplicando los métodos+ del muy célebre
detective londinense; métodos, en este caso, quizá más efectivos que los de
Kisch. Manos a la obra mi querido Watson, me dije (lamentablemente ni
entonces ni ahora había un Watson; lo que se refleja, por ejemplo, en el
tener que escribir -y hoy hablar- en primera persona). Lo primero que hice
fue encargar el mencionado ejemplar de la revista Hoy. Esta tarea,
aparentemente simple, demostró que, al ser una demanda transoceánica, podía
adquirir caracteres de misión semi-imposible. Al fin, después de mucho
tiempo, conseguí una copia de la publicación (Fig. 8). Bajo el título *Sherlock Holmes admira a Neruda+, y muy sonriente desde
una fotografía, Miguel Arteche comienza en su artículo por hacer un resumen
de la dogmática historia oficial del nombre, asombrándose, con toda razón, de
que en la memoria de Neruda no hubiesen quedado huellas más claras y precisas
de un suceso de tanta importancia como es el de la elección de un seudónimo
que será definitivo. Luego aporta el dato de que la primera versión al
castellano de los Cuentos de Malá Strana de Jan Neruda apareció el año
1923 y no antes. Comenta también el hecho de que Pablo Neruda nunca
mencionara a dicho autor al hablar de sus lecturas de niñez y adolescencia.
(Selena Millares, que investigó todo cuanto es posible saber sobre libros y
lecturas de Neruda, tampoco encontró indicio alguno que sugiriese que el
poeta se topó alguna vez, en |
FIG. 7. Neruda revela las razones de su nombre.
FIG. 8. Artículo de Miguel Arteche con la primera
deducción, a través de una novela de Sherlock Holmes, sobre Norman Neruda. 1 Madrid, Alianza
Editorial, 1981. |
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su
juventud, con algún libro de Jan Neruda). A continuación Miguel Arteche,
refiriéndose al lugar de Jan Neruda en la entretanto dogmática respuesta a la
pregunta )por qué Neruda?, dice: *esta es la versión
ortodoxa del nacimiento de un poeta, y nadie, que yo sepa, la ha puesto en
duda. Pablo dixit+. A juzgar por lo que escribe Arteche y la
inmediata reacción de Loyola, resulta evidente que existía una suerte de
predisposición a considerar atendible otra versión del origen del nombre de
Neruda que pudiese contraponerse a la versión ortodoxa. El artículo sigue
así: *Sin embargo, la reciente relectura de un libro de Conan Doyle (Estudio
en Escarlata. Pomaire, 1980), me hizo saltar de la cama y me planteó lo
que en términos ajedrecísticos podría llamarse la variante herética de la
Defensa Jan Neruda. En el capítulo cuarto de esta obra, Sherlock Holmes cita
en dos ocasiones a una tal Norman Neruda: *Tenemos que darnos prisa
-dice al doctor Watson-, porque deseo asistir al concierto del Halle para oír
esta tarde a Norman Neruda+. Más adelante: *Y ahora vamos a almorzar,
y después a oír a Norman Neruda. La ejecución y el golpe de arco de esta
mujer son maravillosos+. En
1908 aparece (Litografía Universo, Santiago de Chile) Un crimen extraño,
es decir, con otro título, la misma novela. Entre 1902 y aquel año circulaban
en Chile varios libros de Conan Doyle, aquellos cuyo héroe es el
deliciosamente infalible y morfinómano Sherlock Holmes (Ramón Sopena,
editor). Variante herética: )leyó Ricardo Neftalí Reyes, antes de 1920,
este libro? Y si lo leyó -siempre dijo que era admirador frenético de las
novelas policiales-, )pasó por alto ese apellido hermoso y
extraño? Pero, )quién era Norman Neruda? Dice el Diccionario Enciclopédico
Espasa-Calpe, 1957: *Neruda (Guillermina María Francisca).
Concertista austríaca (1839-1911). Artista muy precoz, a los 7 años se
presentó al público vienés. Los críticos afirman que no ha habido mujer que
la igualara en su arte+. Sin duda, y a pesar de ese nombre de pila
-Norman-, producto tal vez de una confusión del novelista británico, se trata
de la misma *virtuosa+ (recordemos que la primera edición inglesa
de Estudio en Escarlata se publica en 1888). Salazar Chapela sostiene
una teoría algo más insólita: *Lady Halle, famosa
violinista fallecida en 1911, adoptó el seudónimo de Neruda tomándolo del
cuentista checo+ (La Nación, marzo de 1954). Jan Neruda habría dado a luz a
una gran (y precoz) violinista y a un gran (y precoz) poeta. No cabe mayor ni
mejor fecundidad. )Surgió el seudónimo de la lectura de Estudio
en Escarlata? )Creó Pablo Neruda, más tarde, al citar a Jan
Neruda, un mito de cultura? Si esto hizo, bien hecho estuvo, pues un poeta es
creador de mitos, y estos son cosa mucho más seria de lo que la gente cree.
Pero recordemos, en fin, la pregunta que Holmes lanza en otro libro (El
signo de los cuatro, Pomaire, 1980) al inefable doctor Watson: *)Cuántas veces le tengo dicho que, una vez eliminado todo lo que es
imposible, la verdad está en lo que queda, por improbable que parezca?+. Esta frase final, tan sherlockiana, me
pareció estupenda como lema para dar una infalible base al seguimiento de *la pista Arteche+ y de la *nota 2 bis+ de Loyola. Esta última, al discrepar de la primera en un par de
datos de importancia -cosa que vine a saber después porque, por las circunstancias
ya relatadas, no las estudié en el orden de aparición sino a la inversa me
permitió estar ya muy preparado cuando al fin llegó a mis manos la copia de *Sherlock Holmes admira a Neruda+ que tanto tardó en
cruzar el Atlántico. Así fue que al arribar a mi escritorio *la pista Arteche+, me encontró armado de fundamentales
conocimientos, con los que me proponía eliminarle un par de datos imposibles.
Y ver después, qué quedaba de ella. Pero me llevé una sorpresa al comprobar
que los datos eliminables de partida no se encontraban en *la pista+, sino en *la nota+. La *nota 2 bis+ -sin perder por ello nada de su decisivo
papel en este asunto- atribuía sexo masculino al personaje *Norman Neruda+ y lo transformaba en un eximio pero
inexistente pianista a quien, sin duda alguna, Sherlock Holmes jamás tuvo el
gusto de conocer ni admirar. En cambio, sí conoció y admiró a la Neruda o *Norman-Neruda+, famosísima violinista de la segunda mitad
del siglo XIX. Esto, y algo más, era lo que en mi sherlockiano papel de investigador,
ya sabía yo al recibir y leer por fin el texto de *la pista Arteche+ donde don Miguel había identificado correctamente a la violinista.
La Norman Neruda del libro de Conan Doyle, es efectivamente la virtuosa
Neruda del Espasa. El Espasa llama Guillermina a Mme. Neruda, que es nombre
mucho |
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