PABLO NERUDA, EL ENIGMA INAUGURAL

ENRIQUE ROBERTSON ÁLVAREZ

 

 

 

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Enrique Robertson Álvarez

 

Nacido en Temuco, la tierra juvenil de Neruda, es profesionalmente médico y ejerce en Bielefeld (Alemania). Sus aficiones son Neruda, la literatura, la música y la novela policíaca, con especial interés por las de Conan Doyle y su personaje Sherlock Holmes, cuyos métodos secunda aquí para establecer una atrevida y apasionante deducción.

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FIG. 1. Neruda en el tiempo juvenil de Temuco.

FIG. 2. El periodista checo Egon Erwin Kisch.

 

 

 

Pablo Neruda, el enigma inaugural

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ENRIQUE ROBERTSON ÁLVAREZ

 

     Señor presidente de la sesión, señoras y señores... quiero ante todo, agradecer al Prof. José Carlos Rovira -y a todos los integrantes del comité organizador de este Coloquio- por darme la gran satisfacción de participar en él, junto a nerudistas de tanto y tan merecido renombre. Esto hace aún más grande mi satisfacción pero también me obliga a asumir con cierta preocupación, la nada fácil tarea de tratar de que mi intervención quede a la altura de las circunstancias, y no les aburra o defraude demasiado. Aunque resido en Alemania, he venido con el pretexto de ser de Temuco y ex-alumno del Liceo de esa ciudad del sur de Chile. Y de haber sido allí alumno del profesor Hernán Loyola, aquí presente, cuya amistosa y entusiasta mediación logró para mí la amable invitación del profesor Rovira, que vuelvo a agradecer. El nerudiano tema que he osado intrusear -acerca del cual creo poder dar a conocer aquí un hallazgo novedoso- es el del enigmático origen del nombre Pablo Neruda, sonoro nombre electivo que el vate se dio cuando aún era alumno del Liceo de Temuco. (Fig. 1). Con ese nombre se inauguró como poeta. Transcurría el año 1920 y el estudiante temuquense contaba entonces con escasos 16 años de edad.

     No dudo que todos los aquí presentes saben que el poeta sustituyó por Pablo Neruda su nombre pro pio, que era el de Neftalí Reyes Basoalto. Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto. Muchos años después él mismo se preguntará: *)Hay algo más tonto en la vida, que llamarse Pablo Neruda?+. En relación a ese nombre, nada de tonto y de tan justo retumbo, es otra la pregunta que otros se han hecho más de una vez: )cómo se le ocurrió a Neftalí Reyes nombrarse, con tanto acierto, Pablo Neruda? En lo que me toca, declaro que debo a mi profesor de castellano -ya saben ustedes a quién me refiero- el haberme contagiado -hace unos cuarenta años, en Temuco- la manía de hacerme también esa pregunta. Él sabe que en aquellos años elaboré una absurda teoría respecto al origen del nombre Neruda que no logró convencer a nadie. No me referiré a ella porque asesadamente la deseché; aunque pensándolo bien, tan mala no era. Dicho esto y para no alargar más la entrada en materia, me atreveré a comenzar sosteniendo que no se puede hablar de investigar el origen del nombre Pablo Neruda, sin decir que fue Egon Erwin Kisch -escritor y periodista checo al que vemos en este curioso retrato (Fig. 2)- quien por primera vez, a mediados del año 1937, preguntó al poeta por qué había elegido ese, precisamente ese nombre. Neftalí Reyes había vivido poético-literariamente hasta los 33 años de edad llamándose Pablo Neruda -y *llenando ese nombre de existencia+ como bien dice Loyola- sin que nadie hasta ese momento le hubiese pedido que explicara el porqué de su nombre electivo. Hasta que Kisch llegó a Madrid. A la imprevista pregunta del periodista checo, Neruda no quiso o no pudo dar una respuesta clara. Desde entonces Kisch se la repitió

 

 

 

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FIG. 3. Pablo Neruda en El mono azul, durante la guerra civil española

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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ENRIQUE ROBERTSON ÁLVAREZ

 

una y otra vez, muchas veces; durante toda una década. Egon Erwin Kisch hizo amistad con Neruda en el círculo internacional de amigos y colaboradores de El Mono Azul, publicación semanal de la Alianza de Intelectuales Antifascistas cuyo primer número apareció en Madrid en septiembre de 1936, es decir escasos dos meses después de iniciada la guerra civil. No pocos intelectuales hispanoamericanos colaboraron en El Mono Azul. Entre los chilenos, además de Neruda, los más activos eran el músico Acario Cotapos y los poetas Vicente Huidobro y Juvencio Valle. Permítaseme recordar aquí que este último, que fue condiscípulo de Neruda en el Liceo de Temuco, falleció en Santiago de Chile hace pocas semanas, a los 98 años de edad...

     El chileno que tuvo el papel más protagónico en El Mono Azul fue sin duda alguna Pablo Neruda (Fig. 3); esta fotografía es una de las tantas pruebas de ello. Su participación en las actividades de la Alianza, considerada impropia de un neutral funcionario consular, sería el motivo por el que se le destituiría de su cargo. Antes de que esto ocurriera, su poema *Canto a las madres de los milicianos muertos+ publicado en el número 5 -del jueves 24 de septiembre de 1936- apareció con la nota siguiente: *este poema se debe a la pluma de un gran poeta cuyo nombre la redacción de El Mono Azul estima oportuno no dar por el momento+. El nombre de Neruda reaparecería largos meses después, el primero de julio de 1937 con su poema *Es así+ que después se llamaría *Explico algunas cosas+, tal vez el más importante de los que integran su libro España en el Corazón. Dos semanas más tarde el semanario publicó otra fotografía de Neruda en su portada. Es probable que haya sido alrededor de estas fechas cuando Egon Kisch le preguntó al poeta cómo y por qué se le había ocurrido rebautizarse Neruda. Porque, como vemos (Fig. 4), El Mono Azul del 15 de julio de 1937 muestra en su portada sendas fotografías del checo Kisch y del chileno con nombre checo, Neruda. Es probable que inicialmente Kisch se interesara por saber la proveniencia del apellido del poeta chileno, en el convencimiento de estar hablando con el hijo o nieto de un checo emigrado desde la maravillosa Praga -o de otro lugar de Bohemia- al sur más sur de la América del Sur. Y que por eso cuando este intruso profesional, que siempre quería estar bien informado de todo, oyó decir a Neruda que entre sus antepasados no contaba con ningún checo de ese ni de otro nombre, se sorprendiera muchísimo y quisiera satisfacer su curiosidad preguntándole pero entonces, )nombróse usted Neruda..., por Jan Neruda? Comprensible pregunta -que sugería la respuesta- si se sabe que Kisch nació en Praga donde hay una calle y un monumento en memoria y honor al escritor Jan Neruda también nacido allí (Fig. 5).

 

     La obra más conocida de Jan Neruda es su libro Cuentos de Malà Strana, muy admirado por Kisch que en su juventud también escribió unos relatos parecidos a los cuentos de *su+ Neruda. Hay indicios, anecdóticos pero muy dignos de crédito, que hacen suponer que antes de conocer a Kisch nuestro Neruda nunca había oído hablar del Neruda checo. De acuerdo con esto último se puede asegurar que recién cuando Kisch le habló de él, el poeta chileno se vino a enterar de que en Praga había existido un escritor de ese nombre. Además -puesto que consideraba a Kisch un

 

FIG. 4. Neruda y Kisch fotografiados en El mono azul.

FIG. 5. Retrato del poeta checo Jan Neruda.

 

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FIG. 6. Artículo de Kisch en El mono azul.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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gran humorista- debe haber creído que éste bromeaba al relacionarlo con un escritor checo que le era totalmente desconocido. Por eso le contestó en broma desafiándole a que intentase dar él mismo con la respuesta verdadera (a la manera del: *Me preguntáis...?+. *Indagadlo, indagadlo+ de Los Enigmas); diciéndole además que dudaba de que fuese capaz de resolver el misterio de su nombre con igual éxito que el que había tenido en otros casos. Porque Kisch, que tenía fama de ser una especie de Sherlock Holmes del periodismo, aplicando unos originales e infalibles métodos, había logrado desentrañar más de un caso extraño y misterioso. Neruda cita en sus memorias el del coronel Redl, espía austríaco desenmascarado en 1913 por Kisch, caso con el que el rasante reportero logró ganar gran popularidad. Bohemia y su capital Praga eran entonces parte del Imperio Austro-Húngaro. Egon Kisch pertenecía a la minoría germano-parlante de Praga, donde se inició en el periodismo. Después trabajó diez años en Berlín, colaborando en publicaciones en idioma alemán que se leían también en Praga y en Viena, ciudad esta última donde el escandaloso caso Redl -que Kisch descubrió con la ayuda de un amigo suyo llamado Wagner- tuvo gravísimas repercusiones que contribuyeron no poco al inicio de la primera guerra mundial. La vivísima relación de estos hechos se puede leer en De cómo llegué a saber que el coronel Redl era un espía, de Kisch.

     Años después de estas actividades periodístico-detectivescas y de otras muchas, relacionadas por ejemplo con la prestidigitación, el tatuaje y el fútbol amateur, Kisch llegó a España. Vino, como tantos otros antifascistas del mundo, a ofrecer su solidario apoyo a la causa republicana. Su trabajo en El Mono Azul es fácil de documentar (Fig. 6).

     La derrota de 1939 -hacen hoy seis décadas- y el comienzo de la segunda guerra mundial, significaron para Egon Erwin Kisch -antifascista y judío- una dramática agudización de la criminal amenaza que se cernía sobre su cabeza. Seis años antes, en 1933, víctima de la gran redada de opositores que ordenó Hitler al día siguiente del incendio del Reichstag, Kisch había estado prisionero en la temible cárcel de Berlín-Spandau. Sabía pues, muy bien, que si caía de nuevo en manos de la Gestapo no salvaría la vida por segunda vez. Por eso salió de Europa con destino a EEUU, donde le fue denegado el permiso de residencia; optó entonces por el asilo que le concedió México y marchó al exilio al país donde reencontraría a Pablo Neruda, para reiterarle allí la pregunta )por qué Neruda? Pero si Kisch pensaba que esta vez lograría conocer o descubrir la verdad, se equivocó; en Ciudad de México su pregunta también se quedó sin respuesta. O, mejor dicho, la que obtuvo fue la que él mismo había ideado e insinuado al poeta: que ese nombre lo había tomado del de Jan Neruda. Pero esa respuesta, sabiéndola gestada a sugerencia propia y además -por haberlo comprobado personalmente- sabiendo que en España e Hispanoamérica ese escritor checo era prácticamente desconocido, le resultaba inaceptable. Es, sin embargo, posible que siempre haya habido un malentendido; porque lo que Pablo Neruda podía y debió decirle a Kisch, era únicamente lo que siempre dijo: que el nombre Neruda lo había encontrado casualmente en las páginas de una revista; que, en esa misteriosa revista, el poeta hubiese leído un cuento de Jan Neruda debió ser un agregado imaginado por el propio Kisch, que fue aceptado por muchos pero que él mismo se resistía a creer. De no haber sucedido esto último, el tema le habría servido magníficamente para uno de los reportajes que escribió en el país que le asiló, recopilados luego en su libro Descubrimientos en México. No pudo ser así y, años después, Kisch todavía se lamentaba de no saber toda la historia del nombre de Neruda. Su olfato de sabueso le hacía darse cuenta de que lo poco que él sabía acerca de ese enigmático caso, no era más que una mínima parte de la verdadera historia que *olía+ tras ese nombre. Otra prueba de que con la respuesta que él mismo ayudó a prefabricar no podía dar por resuelto el caso, es que terminada la segunda guerra mundial -y por fin retornado a Praga- recibió allí la visita de Neruda; y al reencontrarse con él, le hizo por enésima vez la famosa pregunta. Neruda recuerda esa escena en Confieso que he vivido y también en la entrevista que, con ocasión del Nobel, le hizo L=Express de París en 1971. Cuenta que en Praga, Kisch llegó a apelar a su edad -era

 

 

 

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unos veinte años mayor que él- al pedirle que finalmente le revelara la verdad acerca de su nombre electivo (Fig. 7). Al periodista francés que le pregunta por qué cambió su nombre por el de Pablo Neruda, le responde: *hubo un gran poeta y periodista checo, Erwin Kisch, que pasó muchos años de su vida persiguiéndome y haciéndome la misma pregunta que usted, en Madrid, en México, en Praga. Y en Praga me dijo: *cuéntame el final de la historia..., ya estoy viejo y te he perseguido tanto tiempo...+. En Confieso que he vivido, de manera parecida dice: *...nos habíamos conocido en España y como él manifestaba la insistente curiosidad de saber por qué motivo me llamaba yo Neruda sin haber nacido con ese apellido, yo le decía en broma: -gran Kisch, tú fuiste el descubridor del misterio del coronel Riedl, pero nunca aclararás el misterio de mi nombre Neruda+. Y así fue. Kisch moriría en Praga, en 1948, sin haber logrado saber por qué -en octubre del año 1920- el joven poeta chileno Neftalí Reyes se había rebautizado con un sonoro nombre checo. Porque Neruda, aunque nada de extraño sea a la índole del idioma español ni a sus hábitos onomásticos -como bien dice Loyola- es un nombre checo.

     Lo dicho hasta aquí en relación al nombre de Neruda, era más o menos lo poco que quien les habla sabía, o creía saber, hasta hace algunos años. Y al parecer, todo se iría a quedar en eso. Pero al profesor Loyola se le ocurrió la excelente idea de publicar una antología de la poesía de Pablo Neruda, en cuidada edición de bolsillo1 y con una introducción que en parte se ocupaba, naturalmente, del nombre del poeta. Como si esto fuera poco, en dicha introducción Loyola puso una nota (la nota *2 bis+) que tuvo la virtud de reactivar mi ya casi olvidado interés por intentar desentrañar el enigma del nombre elegido por Neftalí Reyes, famoso ex-alumno del Liceo de Temuco. Dice así: *Ya escritas estas notas, nos llega desde Chile la edición 187 de la revista Hoy (18 de febrero de 1981) donde Miguel Arteche introduce la posibilidad de que el apellido Neruda haya sido tomado por el estudiante Neftalí Reyes, no directamente de alguna traducción de Jan Neruda, sino de la mención que Sherlock Holmes hace de un tal Norman Neruda, pianista, en el relato Study in Scarlet, de Conan Doyle, ya publicado en Chile bajo el título de Un crimen extraño (Santiago, Lit. Universo, 1908). La observación nos parece bastante atendible, en especial considerando la temprana y nunca desmentida inclinación de Neruda hacia lecturas enigmáticas y policiales (Fantomas, en su infancia; Raymond Chandler y James Hadley Chase, en su madurez)+.

     Esta combinación Neruda-Holmes me dejó fascinado. Antiguo lector de las aventuras de Sherlock Holmes en los largos inviernos temuquenses de mi adolescencia, vi transformarse el enigma del nombre de Neruda en un caso quizá posible de resolver *aplicando los métodos+ del muy célebre detective londinense; métodos, en este caso, quizá más efectivos que los de Kisch. Manos a la obra mi querido Watson, me dije (lamentablemente ni entonces ni ahora había un Watson; lo que se refleja, por ejemplo, en el tener que escribir -y hoy hablar- en primera persona). Lo primero que hice fue encargar el mencionado ejemplar de la revista Hoy. Esta tarea, aparentemente simple, demostró que, al ser una demanda transoceánica, podía adquirir caracteres de misión semi-imposible. Al fin, después de mucho tiempo, conseguí una copia de la publicación (Fig. 8). Bajo el título *Sherlock Holmes admira a Neruda+, y muy sonriente desde una fotografía, Miguel Arteche comienza en su artículo por hacer un resumen de la dogmática historia oficial del nombre, asombrándose, con toda razón, de que en la memoria de Neruda no hubiesen quedado huellas más claras y precisas de un suceso de tanta importancia como es el de la elección de un seudónimo que será definitivo. Luego aporta el dato de que la primera versión al castellano de los Cuentos de Malá Strana de Jan Neruda apareció el año 1923 y no antes. Comenta también el hecho de que Pablo Neruda nunca mencionara a dicho autor al hablar de sus lecturas de niñez y adolescencia. (Selena Millares, que investigó todo cuanto es posible saber sobre libros y lecturas de Neruda, tampoco encontró indicio alguno que sugiriese que el poeta se topó alguna vez, en

 

FIG. 7. Neruda revela las razones de su nombre.

FIG. 8. Artículo de Miguel Arteche con la primera deducción, a través de una novela de Sherlock Holmes, sobre Norman Neruda.

 

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Madrid, Alianza Editorial, 1981.

 

 

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su juventud, con algún libro de Jan Neruda). A continuación Miguel Arteche, refiriéndose al lugar de Jan Neruda en la entretanto dogmática respuesta a la pregunta )por qué Neruda?, dice: *esta es la versión ortodoxa del nacimiento de un poeta, y nadie, que yo sepa, la ha puesto en duda. Pablo dixit+. A juzgar por lo que escribe Arteche y la inmediata reacción de Loyola, resulta evidente que existía una suerte de predisposición a considerar atendible otra versión del origen del nombre de Neruda que pudiese contraponerse a la versión ortodoxa. El artículo sigue así: *Sin embargo, la reciente relectura de un libro de Conan Doyle (Estudio en Escarlata. Pomaire, 1980), me hizo saltar de la cama y me planteó lo que en términos ajedrecísticos podría llamarse la variante herética de la Defensa Jan Neruda. En el capítulo cuarto de esta obra, Sherlock Holmes cita en dos ocasiones a una tal Norman Neruda: *Tenemos que darnos prisa -dice al doctor Watson-, porque deseo asistir al concierto del Halle para oír esta tarde a Norman Neruda+. Más adelante: *Y ahora vamos a almorzar, y después a oír a Norman Neruda. La ejecución y el golpe de arco de esta mujer son maravillosos+.

     En 1908 aparece (Litografía Universo, Santiago de Chile) Un crimen extraño, es decir, con otro título, la misma novela. Entre 1902 y aquel año circulaban en Chile varios libros de Conan Doyle, aquellos cuyo héroe es el deliciosamente infalible y morfinómano Sherlock Holmes (Ramón Sopena, editor). Variante herética: )leyó Ricardo Neftalí Reyes, antes de 1920, este libro? Y si lo leyó -siempre dijo que era admirador frenético de las novelas policiales-, )pasó por alto ese apellido hermoso y extraño? Pero, )quién era Norman Neruda? Dice el Diccionario Enciclopédico Espasa-Calpe, 1957: *Neruda (Guillermina María Francisca). Concertista austríaca (1839-1911). Artista muy precoz, a los 7 años se presentó al público vienés. Los críticos afirman que no ha habido mujer que la igualara en su arte+. Sin duda, y a pesar de ese nombre de pila -Norman-, producto tal vez de una confusión del novelista británico, se trata de la misma *virtuosa+ (recordemos que la primera edición inglesa de Estudio en Escarlata se publica en 1888). Salazar Chapela sostiene una teoría algo más insólita: *Lady Halle, famosa violinista fallecida en 1911, adoptó el seudónimo de Neruda tomándolo del cuentista checo+ (La Nación, marzo de 1954). Jan Neruda habría dado a luz a una gran (y precoz) violinista y a un gran (y precoz) poeta. No cabe mayor ni mejor fecundidad. )Surgió el seudónimo de la lectura de Estudio en Escarlata? )Creó Pablo Neruda, más tarde, al citar a Jan Neruda, un mito de cultura? Si esto hizo, bien hecho estuvo, pues un poeta es creador de mitos, y estos son cosa mucho más seria de lo que la gente cree. Pero recordemos, en fin, la pregunta que Holmes lanza en otro libro (El signo de los cuatro, Pomaire, 1980) al inefable doctor Watson: *)Cuántas veces le tengo dicho que, una vez eliminado todo lo que es imposible, la verdad está en lo que queda, por improbable que parezca?+.

     Esta frase final, tan sherlockiana, me pareció estupenda como lema para dar una infalible base al seguimiento de *la pista Arteche+ y de la *nota 2 bis+ de Loyola. Esta última, al discrepar de la primera en un par de datos de importancia -cosa que vine a saber después porque, por las circunstancias ya relatadas, no las estudié en el orden de aparición sino a la inversa me permitió estar ya muy preparado cuando al fin llegó a mis manos la copia de *Sherlock Holmes admira a Neruda+ que tanto tardó en cruzar el Atlántico. Así fue que al arribar a mi escritorio *la pista Arteche+, me encontró armado de fundamentales conocimientos, con los que me proponía eliminarle un par de datos imposibles. Y ver después, qué quedaba de ella. Pero me llevé una sorpresa al comprobar que los datos eliminables de partida no se encontraban en *la pista+, sino en *la nota+. La *nota 2 bis+ -sin perder por ello nada de su decisivo papel en este asunto- atribuía sexo masculino al personaje *Norman Neruda+ y lo transformaba en un eximio pero inexistente pianista a quien, sin duda alguna, Sherlock Holmes jamás tuvo el gusto de conocer ni admirar. En cambio, sí conoció y admiró a la Neruda o *Norman-Neruda+, famosísima violinista de la segunda mitad del siglo XIX. Esto, y algo más, era lo que en mi sherlockiano papel de investigador, ya sabía yo al recibir y leer por fin el texto de *la pista Arteche+ donde don Miguel había identificado correctamente a la violinista. La Norman Neruda del libro de Conan Doyle, es efectivamente la virtuosa Neruda del Espasa. El Espasa llama Guillermina a Mme. Neruda, que es nombre mucho

 

 

 

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