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El
amor de una melodía _____________ PACO
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Si
solamente llamaras, su
prolongado son, su maléfico pito, su
orden de olas heridas, alguien
vendría acaso, alguien
vendría, desde
las cimas de las islas, desde
el fondo rojo del mar, alguien
vendría, alguien vendría. Alguien
vendría, sopla con furia, que
suene como sirena de barco roto, como
lamento, como
un relincho en medio de la espuma y la sangre, como
un agua feroz mordiéndose y sonando. En
la estación marina su
caracol de sombra circula como un grito, los
pájaros del mar lo desestiman y huyen, sus
listas de sonido, sus lúgubres barrotes se
levantan a orillas del océano solo.3 ES
LA HORA, AMOR MÍO, DE APARTAR ESTA ROSA SOMBRÍA Al
concluir su Memorial de Isla Negra, Pablo Neruda incluye en primera
instancia los veintiún fragmentos que integraban la serie *Amores: Matilde+, más tarde suprimidos de ese corpus general
para iniciar La Barcarola4, siendo éste ya un libro de
poemas independiente que se articula dentro de la obra completa del escritor.
El cambio de orden, y la supresión del título que antes daba pie al resto del
discurso, tampoco son un capricho de Neruda: vienen a confirmar la coherencia
de una tarea literaria que tiende a localizar sus elementos en el espacio más
conveniente, sin perder en ningún momento el tono de la historia. El
resultado de estas variaciones acuerda con las antiguas canciones venecianas,
prestando atención a sus voces anónimas y a sus registros cultos; guarda
memoria de ellas cuando se utilizan como parte de un complejo musical
escenificado, atiende a su consideración lírica, con perfiles épicos, todos
asumidos durante el romanticismo; y alcanza a superar esas fases, rindiendo
oportuno testimonio de la propia naturaleza simbólica. De
nuevo es el amor, entendido como relación principal y como tema poético
dominante, el que alimenta la melodía en sus diferentes planos expresivos:
uno, reservado para discurrir por un paisaje íntimo, revelando en ese sitio
la secreta aventura de un sujeto cargado de experiencia; el otro, dedicado a
las impresiones, da noticias de una conciencia ensimismada que se descubre en
cualquier lado y en sucesivas etapas; los dos, reunidos a solas, para
contemplar de frente las visiones que surgen al tiempo de un espacio
concreto; todos, personifican desde el principio en un cuerpo que sabe de
causas, conoce efectos y sigue interrogando a la esfinge: Amante,
te amo y me amas y te amo: son
cortos los días, los meses, la lluvia, los trenes: son
altas las casas, los árboles, y somos más altos: se
acerca en la arena la espuma que quiere besarte: transmigran
las aves de los archipiélagos y
crecen en mi corazón las raíces del trigo. No
hay duda, amor mío, que la tempestad de septiembre cayó
con su hierro oxidado sobre tu cabeza y
cuando, entre rachas de espinos te vi caminando indefensa, tomé
tu guitarra de ámbar, me puse a tu lado, sintiendo
que yo no podía cantar sin tu boca, que
yo me moría si no me mirabas llorando en la lluvia. Porque
los quebrantos de amor a orillas del río, porque
la cantata que en pleno crepúsculo ardía en mi sombra, por
qué se encerraron en ti, chillaneja fragante, 3 Pablo Neruda, *Barcarola+, Residencia en
la tierra. 2, en Obras completas de Pablo Neruda, Buenos Aires,
Editorial Losada, 1973 4, vol. I, pp. 212-213. A propósito de
esta misma *Barcarola+, Amado Alonso
expone ciertos criterios analíticos, seleccionando previamente los fragmentos
a los que hace referencia (Poesía y estilo de Pablo Neruda, Barcelona,
Pocket Edhasa, 1979). Opina el crítico que, en ciertos momentos de la pieza,
no domina el designio de embellecer los símbolos, proporcionando así
sensaciones agradables, sino que se prefiere utilizar el feísmo como
categoría estética. También se apuesta por la nostalgia y la melancolía,
anclando con una los propios recuerdos y dando paso con la otra a la tristeza
de ausencia; igualmente, se pone de manifiesto la soledad, el ansia en
la desesperación, la angustia, la congoja del naufragio total,
experimentados todos por el mismo poeta. Desde la perspectiva formal, se
destaca los procedimientos que se aplican a la pieza para darle el ritmo
conveniente: la simple enumeración de elementos, sitiando cada uno de ellos
en un solo verso; el uso de las comparaciones y las metáforas, método que
sirve para abordar desde ángulos dispares el referente principal y acotar
mejor su sentido; una sintaxis de largo aliento, propiciadora de
espacios amplios y ritmos encadenados de gran intensidad emocional y
mayor calidad imaginativa; y una localización equilibrada de
temas y variaciones. En el
orden de las cualidades poéticas, Amado Alonso tampoco |
se reprime en sus
aprecios: destaca la madurez de unos versos que alcanzan cotas de verdadero delirio
lírico. Porque es *el
sentimiento -lo más específico y lo más irracional de la poesía-, lo que
constituye aquí para el poeta el centro de atención y el germen estructurador,
y, a la vez, el hilo de Ariadna para el lector+ (Amado Alonso,
op., cit. p. 190). 4 Memorial de Isla
Negra se publica en varias entregas. La primera,
acompañada de un prólogo del autor, se tituló en su momento Sumario. Libro
donde nace la lluvia (Alpignano, Italia, Alberto Tallone impresor, 1963),
modificando en parte esa identidad al imprimirse de nuevo, sin prólogo, como Memorial
de la Isla Negra: I. Donde nace la lluvia (Buenos Aires, Losada, 1964).
Le siguen Memorial de la isla Negra: II. La luna en el laberinto (Buenos
Aires, Losada, 1964); Memorial de la Isla Negra: III El fuego cruel
(Buenos Aires, Losada, 1964); Memorial de la Isla Negra: IV. El cazador de
raíces (Buenos Aires, Losada, 1964); y Memorial de la Isla Negra: V.
Sonata crítica (Buenos Aires, Losada, 1964). La serie íntegra, ya
comprendida con el título genérico común, se da a conocer entre el 2 de junio
y el 12 de julio del mismo año, concluyendo el último libro con el fragmento *Amores: Matilde+, siguiendo éste
las pautas fijadas en anteriores poemas, todos en el conjunto de La Isla
Negra, de similar intención: *Amores: Teresa+ (dos piezas); *Amores: Rosaura+ (dos piezas); *Amores: Rangoon
1927+; *Amores: Josie
Bliss+ (dos
piezas), y *Amores:
Delia+ (dos
piezas). La Barcarola se
publica en diciembre de 1967 (Buenos Aires, Losada, edición al cuidado de
Margarita Aguirre y Andrés Ramón Vázquez), iniciándose el volumen con gran
parte de los versos de *Amores:
Matilde+,
suprimidos de su anterior localización. Todos estas
referencias pueden servir para confirmar la recurrencia temática nerudiana;
también para seguir las huellas de ciertas variantes en su obra que acuerdan
con los ajustes oportunos de sus diferentes piezas. |
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y
restituyeron el don y el aroma que necesitaba mi
traje gastado por tantas batallas de invierno?5 Tan
pocos versos bastan para desvelar algunas incógnitas, sin exhibir otros
secretos que no sean imprescindibles. Ella está ahí, otra vez callada y
ausente, sirviendo de estímulo a quien canta con nostalgia la angustia
obsesiva de un presente lleno de recuerdos; ayudando a generar un diálogo que
se mueve al son de ciertas palabras; cuestionando la influencia que ejerce
sobre un espíritu posesivo; y devolviéndole a este fantasma la gracia perdida
con el paso de las estaciones repletas de frío. De
inmediato, se organiza una memoria selectiva, meciéndose ésta a tenor del
balanceo apropiado a los registros de La Barcarola. Se evocan así las
calles de Praga, unidas a la imagen de la amada, que se contempla como un
fruto exótico sobre el puente de Carlos; se utiliza este paso para llegar a
Budapest, una vez superada la nieve de siete fronteras; y se cita
donde ...los
amantes, tú y yo, perseguidos, sedientos y hambrientos nos
reconocimos hiriéndonos con dientes y brazos y espadas. Oh
días cortados por las cimitarras del fuego y la furia sufriendo
el amante y la amante sin tregua y sin llanto como
si el sentimiento se hubiera enterrado en un páramo entre ortigas y
cada expresión se turbara quemándose y volviéndose lava.6 La
unión entre los dos-uno-solo revela ese gran territorio nerudiano, dominado
por la relación amorosa, convirtiendo lo abstracto en concreto sin negar su
contrario. Dolor y gozo, fuego y piedra, componen un acto poético, que
también se cumple luchando con las palabras, modulando la voz y contando
historia. Todo remite al fondo del tú y al fondo del yo, descubriendo
ahí la ceguera de quienes viven adentro de un pozo que ardía con nuestras
tinieblas. El
vaivén inclina la barca hacia otros paisajes: atrás queda una geografía
triste; de frente se contempla otra con perfiles de Italia y puerta romana.
El mutuo abrazo, que se perfuma con aromas de jazmín crecido en gritos de
roca, marca ahora con gozo el rumbo de aquellos que anclaron en Capri,
miran su aislado horizonte marino, se arropan entre los que parecían extraños
y valoran los sueños. Ellos mismos, a veces, se hunden en la nostalgia o se
amparan en las penas del destierro, pero siempre mantienen en secreto público
la realidad del propio misterio genésico: Te
amé sin por qué, sin de dónde, te amé sin mirar, sin medida y
yo no sabía que oía la voz de la férrea distancia, el
eco llamando a la greda que canta por las cordilleras, yo
no suponía, chilena, que tú eras mis propias raíces, yo
sin saber cómo entre idiomas ajenos leí el alfabeto que
tus pies menudos dejaban andando en la arena y
tú sin tocarme acudías al centro del bosque invisible a
marcar el árbol de cuya corteza volaba el aroma perdido.7 Es
la amiga quien se presenta como un rito que saca las cosas de su letargo,
remueve la tierra, amasa los signos, dispone de colores y traza, desde el
abismo, la calzada que une cualquier suelo con su particular bóveda celeste. Esa
mujer también se amolda a las cadencias de una melodía que llega a tomar el
pulso del que continúa picando las piedras, la sombra, el vacío; a
restituir el cristal quebrantado en el fondo del ser; a sostener el mínimo
reino recién descubierto; a viajar por mares de vuelta a la raza, a la
herencia, al recinto; a despertar el idioma perdido que fluye por las
cabelleras en tierras ajenas; a sufrir la experiencia de Jonás en bodegas
de barcos; a estar en casas o construir hogares con nombres propios; y a
despertar en la noche con ella, ambos perdidos en cualquier parte. Una y otro, unidos, dominan sus
territorios, fijando juntos su mayor nota dominante, cantada desde el origen
y sentida hasta ese mismo destino. Ya en el inicio de La Barcarola,
impera el mapa chileno sobre otros lugares de inevitable tránsito, siendo
estos últimos los puentes de unión entre el fuego y el frío entrañables.
Universo tan amplio, se reduce completo en los límites de La Chascona y La
Sebastiana, por entonces sendas radas de amarre nerudiano. Más aún, todo ese
mundo cabe, con faros y muelles, en reflejos de una mirada que se entrega
proclamando estar repleta de verdaderas aventuras imaginarias: |
5 *Te amo+, La Barcarola,
en O.C. op. cit. vol III. p. 89.En adelante, si no se advierte lo
contrario, todas las citas remiten a poemas de este libro de Neruda, en su
edición dentro de las Obras completas de autor. El amor es una de
las notas dominantes en la poesía de Neruda. Su registro no tiende hacia la
abstracción del sentimiento sino que responde a estímulos concretos,
localizando en cada momento quién es el sujeto femenino que sirve de
referente al escritor, estimulado éste por la relación. En ocasiones, ella se
presenta con su nombre; otras se esconde tras una situación o una anécdota
determinadas; y, con frecuencia, es la piedra de toque en una historia
representada capaz de comprender a la mujer en una realidad de amplio
espectro. En La
Barcarola se encuentra Matilde Urrutia, la misma mujer a la que Neruda
dedica, cuando menos, sus Cien sonetos de amor (Santiago, Prensas de
la editorial Universitaria, 1959). 6 *En las calles de
Praga+, p.
90. 7 *El amor+, p. 94. |
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. . . . . . . . . . . . . . . . . . he
aquí, sosteniéndose en hilos, en uñas, en enredaderas, he
aquí, victorioso, harapiento, color de campana y de miel, he
aquí, bermellón y amarillo, purpúreo, plateado, violeta, sombrío
y alegre, secreto y abierto como una sandía el
puerto y la puerta de Chile, el manto radiante de Valparaíso, el
sonoro estupor de la lluvia en los cerros cargados de padecimientos, el
sol resbalando en la oscura mirada, en los ojos más bellos del mundo.8 El
sonido de los amantes continúa vigente al ocupar sus plazas siguiendo el
ritmo de La Barcarola, que tampoco niegan su condición eterna: . . . . . . . . . . . . . . . . . . Es
ahora la hora y ayer la hora y mañana es la hora: mostramos
saliendo al mundo la dicha impecable y
déjame oír que tus pasos que traen la cesta del pan y perdices suenan
entreabriendo el espejo del tiempo distante y presente como
si llevaras en vez de canasto selvático mi
vida, tu vida: el laurel con sus hojas agudas y la miel de los invulnerables.9 Sigue
así la canción, anunciando otra vez regresos, marcando de nuevo distancias,
incluyendo momentos oportunos y determinando rasgos de identidad literaria
que, en última instancia, late en el pecho de comunes agonizantes: Yo
cambié tantas veces de sol y de arte poética que
aún estaba sirviendo de ejemplo en cuadernos de melancolía cuando
ya me inscribieron en los nuevos catálogos de los optimistas, y
apenas me habían declarado oscuro como boca de lobo o perro denunciaron
a la policía la simplicidad de mi canto y
más de uno encontró profesión y salió a combatir mi destino en
chileno, en francés, en inglés, en veneno, en ladrido, en susurro. Aquí
llevo la luz y la extiendo hacia el mal compañero La
luz brusca del sol en el agua multiplica palomas, y canto. Será
tarde, el navío entrará en las tinieblas, y canto. Abrirá
su bodega la noche y yo duermo cubierto de estrellas. Y canto. Llegará
la mañana con su rosa redonda en la boca. Y yo canto. Yo
canto, Yo canto. Yo canto. Yo canto.10 Blandiendo
esa bandera, continúa La Barcarola superando las etapas que restan al
compás del tiempo. Sobre ese mapa cronológico, sencillo y complicado a la
vez, se ordena la danza de unas imágenes que arrastran sensaciones, recuerdos,
ilusiones, noticias, itinerarios y pistas de una conciencia que se va
meciendo con quiebros de navegante o se ajusta a las presiones de una mano
firme que sabe dirigir el cuerpo de su pareja a tono con la música del baile.
Ahí están los años, un día, muchas jornadas; también un milagro de
resurrección, las campanas que tocan el rocío en el bronce de los
campanarios, los impulsos acordados con la amante y la sonata guardada en
el arca de los cuerpos vivos. Se añade el bullicio de una calle emblemática,
la sorpresa de estar amaneciendo, la noche que cambia los cuerpos hasta la
llegada del alba, el país divisado al pie de unos ángeles con zapatos
nuevos, la primavera de Chile y el breve anuncio de un cuento que
ilustrará, con sangre y oro, su misma otra muerte lejana. Hasta se incluye, después de un paisaje diurno, ante el mar, a
tiempo, con sitios, en tránsito y tras un claro de sol, una barcarola dentro
de La Barcarola. Dejando nueva constancia de un diálogo entre pares
alternos, por un lado, llegan de dentro las voces de afuera, descubriéndose
ese rasgo en el libreto con oportuna cursiva parentética; por otra parte, se
sitian fuera las palabras que están adentro, dichas en perfiles de letra
corriente. Las dos fuerzas plantean la naturaleza del hombre que cuenta sobre
la tierra a favor del viento. Y
todavía sigue la composición, exponiendo en ella soledades, bosques, pájaros,
pueblos y aguas; claves de sol, idas y vueltas, explicaciones y
ofrecimientos. Concluye al fin la melodía con versos en clave de sol. El
poema se suspende al caer por los labios las escenas adecuadas de su
representación: (De
pronto el día rápido se transformó en tristeza y
así la barcarola que crecía cantando se
calla y permanece la voz sin movimiento). ................. Así cuando tantos presagios llevaban al
fin de mi vida, |
8 *La Chascona+, p. 99. En cualquier caso,
la mujer es el lugar constante donde se sostienen los recuerdos del viajero,
todos desprendidos como fina ceniza celeste de los ojos de ella; todos
depositados sobre sus vestidos teñidos del mismo color celestial. El poeta
rinde así perdido homenaje a mil años de ausencia, dando cuenta de que todo
parece en el sueño más vivo como
si la tierra sedienta, violada y nutricia, quisiera
extender el mandato y el puño vacío de
cúpulas, tumbas, mezquitas, y de su esplendor equilibrado. (*Viajeros+, op. cit, p.
102). 9 *Los invulnerables+, pp. 106-107. No
es difícil rastrear en la obra de Neruda gran parte de los materiales
poéticos comprendidos en La Barcarola. Junto a lo nota dominante que
representa a la mujer, descubriendo la amplitud de la relación amorosa, se
descubren otros motivos de importancia, extrayéndolos de la memoria: sucesos,
escenas cotidianas, anécdotas personales, figuras entrañables y hasta marcas
ideológicas o políticas, todos comprendidos en el universo poético del
viajero, rindiendo así cuenta de su aventura principal y de sus armónicos. 10 *Estoy lejos+, p. 113. Pablo
Neruda no se traiciona a sí mismo cuando se identifica en La Barcarola,
añadiendo en esta pieza un trazo más a su perfil literario. Sus rasgos se
distribuyen en *Arte
poética+ (10 Residencia en la
tierra, 1933); *El poeta+ (Canto general,
1950); *Yo
canto y cuento+ y *Te construí
cantando+ (Las
uvas del viento, 1954); *Termina su libro
el poeta hablando de sus variadas transformaciones y confirmando su fe en la
poesía+ (Extravagario,
1958); *Deber
del poeta+ (Plenos
poderes, 1962); *Arte
magnética+ (Memorial
de la Isla Negra, 1963); *El canto+ (Las manos del
día, 1968); y *Artes
poéticas I+, *Artes poéticas II+ (Fin de mundo,
1969). Reuniendo la totalidad de esos registros se completa la imagen poética
nerudiana. |
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los
altos tambores, las trenzas floridas, los centelleantes tobillos danzaban
sonriendo y cantando para un extranjero. Te
canto este cuento, amor mío, porque la enseñanza del
hombre se cumple a pesar del extraño atavío y
allí se fundaron en mí los principios del alba, allí
despertó mi razón a la fraternidad de los hombres. ........................ Amor
mío, canté para ti los transcursos de mar y de día, y
fue soñolienta la luna de mi barcarola en el agua porque
lo dispuso el sistema de mi simetría y
el beso incitante de la primavera marina. Te
dije: a llevar por el mundo del viaje tus ojos amados! La
rosa que en mi corazón establece su pueblo fragante! Y,
dije, te doy además el recuerdo de pícaros héroes, el
trueno del mundo acompaña con su poderío mis besos, y
así fue la barca barquera deslizándose en mi barcarola. ........................ Es
la hora, amor mío, de apartar esta rosa sombría, cerrar
las estrellas, enterrar la ceniza en la tierra: y
en la insurrección de la luz, despertar con los que despertaron o
seguir en el sueño alcanzando la otra orilla del mar que no tiene otra
orilla.11 LOS
EPISODIOS Los
sucesivos movimientos de La Barcarola, excepto el último, se acompañan
de unas historias que no sólo ilustran con sus armónicos el sentido de la
serie anterior, sino que descubren pedazos de una memoria que se va
decantando desde el suceso natural hasta la propia conciencia del hombre,
pasando por fases de oportuna revelación. El terremoto que asoló Chile,
afectando en mayor grado a la ciudad de Valparaíso y, en consecuencia, a las
posesiones que en ese lugar tenía Neruda, deja de ser un desastre público o
un despojo personal para convertirse no tanto en simple motivo literario como
en símbolo material de una tragedia. El hecho se descubre desde la ausencia,
sume en la impotencia a quien sabe entender el fenómeno como el gesto
arbitrario de un dios soberbio y hasta lo acusa, sin creer en él, por elegir
de nuevo sus víctimas en cotos que soportan castigos antiguos: Dios
mío, tocó la campana la lengua del antepasado en mi boca otra
vez, otra vez el caballo iracundo patea el planeta y
escoge la patria delgada, la orilla del páramo andino, la
tierra que dio en su angostura la uva celeste y el cobre absoluto, otra
vez, otra vez la herradura en el rostro de
la pobre familia que nace y padece otra vez el espanto y la grieta, el
suelo que aparta los pies y divide el volumen del alma hasta
hacerla un pañuelo, un puñado de polvo, un gemido.12 Con
rostro de penitencia bíblica y al hilo de crónicas periodísticas, se levanta
la imagen lírica de un espectáculo dramático que adquiere dimensiones épicas.
No es el testigo quien habla; es el hombre que siente entero la magnitud
devastadora, ignorando si la tierra muere porque él se ha muerto y pensando
si no es al revés. En cualquier caso, las ruinas alimentan el canto. La
segunda viñeta se resuelve en París, también en 1965. La ciudad es la que
tiene hermosas calles, la que goza de un pobre esplendor opulento en sus
escaparates, la que recoge beatnicks barbudos y acoge un tú y un yo
transmigrados en estrellas, ambos felices y sordos cuando lejos
tiembla la lluvia de la patria. Junto
a la escena precedente, la que muestra esa capital francesa no deja de ser
refugio de soledades, sepulcro de un Vallejo que allí se entierra, recuerdo
de Crevel a partir de una esquela leída en cualquier diario comprado de paso
en la estación de Burdeos, Isla de Saint Louis que arropa a los amantes,
luciendo una sus galas y el otro pensando en la carne que se esconde bajo el
vestido que la adorna. Procedente
de Chile, llega la sombra de un cadáver amigo, instalándose en el tercer
episodio. Es la presencia de Rubén Azócar, el que ...paseaba
en Boroa, en Temuco con un charlatán sinalefo, con
un pobre ladrón de gallinas vestido de negro que
estafaba, servil y silvestre, a los dueños del fundo, era
un perro averiado y roído por la enfermedad literaria que
a cuento de Nietzsche y de Whitman, se disimulaba ladrando y
mi pobre Rubén antagónico soportaba al pedante inclemente hasta
que el charlatán lo dejó de rehén en el pobre hotelucho sin
plata y sin ropa, en honor de la literatura.13 Dentro
del mazo de cartas, jugadas aquella tarde, ya falta el rey que se fue para
siempre con la risa y la rosa en la mano. Se añade la imagen poética de Joaquín
Murrieta en el cuarto episodio, dando noticias |
11 *Solo de sal+, pp. 180, 181 y
184. 12 *Primer episodio:
Terremoto en Chile+, p.
102. 13 *Tercer episodio:
Crónica del archipiélago para Rubén Azócar+, pp. 117-118. También dedica
Neruda un poema a su amigo Rubén Azócar en Canto general. |
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de
un difunto emblemático en la obra de Neruda. A veces, la figura permite
rastrear sus pasos; en ocasiones, se enseña la representación de los diálogos
que mantiene con su Teresa; también es parte de un cuento histórico en verso
o no elude componerse en estrofas casi canónicas de diversa índole y distinto
tono. Siempre encarna al Pueblo que con él repite el sonido permanente de una
campana más tarde tañida en larga cantata de luto14. Se
escuchan repiques de bronce en el quinto episodio. En Rusia tocan a paz y
llaman a gloria de amores eternos, todos en la órbita de muchos hombres
recientes. No falta después la cita obligada con Darío. Éste, en el sexto
episodio, se encuentra ...en
las calles de Valparaíso, esmirriado
aduanero, singular ruiseñor que nacía: era
él una sombra en las grietas del puerto, en el humo marino, un
delgado estudiante de invierno desprendido del fuego de su natalicio. Bajo
el largo gabán tiritaba su largo esqueleto y
llevaba bolsillos repletos de espejos y cisnes: había
llegado a jugar con el hambre en las aguas de Chile, y
en abandonadas bodegas o invencibles depósitos de mercaderías, a
través de almacenes inmensos que sólo custodian el frío, el
pobre poeta paseaba con su Nicaragua fragante, como si llevara en el pecho un
limón de pezones azules o el recuerdo en redoma amarilla.15 El
diálogo con ese fantasma lo plantea Neruda en el presente de un pasado
magisterio. Así da fe de sus sueños en las calles de Valparaíso, invoca las
glorias y aciertos de un personaje que aprecia y discute, propone hablar con
su otro, proclamando honores a su cítara eterna, a su torre indeleble. Y
viene el séptimo episodio con Lord Thomas Cochrane, recompuestos con cuidado
los trozos que el escocés ha dejado en Chile. Al transcribir parte de uno de
sus discursos, pretende Neruda conservar el talante de un comerciante
político que fue amenazado por los enemigos del progreso que el militar
navegante dictaba en la Cámara a contrapelo de mentes rancias. No caben
ideales de cuño moderno en cerebros castizos, y eso pierde al marino que
sigue con sus aventuras a cuestas, logra triunfos y se despide anclando
definitivamente en la historia de su tierra adoptiva. No
falta puesto a una cita brasileña, situada en el noveno episodio. El lugar se
llama Santos, acoge al visitante con la bandera de un Pelé mítico recogido en
la voz viva de alguien que conoce al atleta porque la televisión le gusta.
Pero no es eso lo que cuenta, sino lo primitivo del muelle, el calor del país
o la identidad de un barco o la visión de otros sin nombre leído. En
semejante medida, se aprecia la escenografía religiosa de un paisaje
industrial, los juegos de azar, el café y otra vez el calor húmedo. Así se
describe Santos, que en el otro hemisferio respeta el cemento creciente. Interviene
en su momento un sujeto en pedazos de América llamado Chivilcoy. Contrasunto
nerudiano, reconoce un yo que cambia ...de
rumbo, de empleo, de bar y de barco, de pelo de
tienda y mujer, lancinante, exprofeso no existo, tal
vez soy mexibiano, argentuayo, bolivio, caribián,
panamante, colombovenechilenomalteco.16 Vende
pronto en los mercados, compra caminando y se inscribe en partidos
dispares,según las necesidades rituales que echan a la mierda el
crepúsculo. Igual confiesa saber más que todos sin haber aprendido, y
admite que aquello que ignora no vale la pena, no se paga en la plaza,
señores. Chivilcoy
se mezcla con el escritor, aunque no se confunden. Mal vestido y peor
calzado, el reflejo lleva un gran anillo y se le cuida como un animal
exótico. Se casó con hembras, no sabe
dónde, siguiendo ritos de orden extraña. Cambió de residencia sin demasiados
problemas y aún valora a la mujer que supo darle placer en la cama. Ejerció
de mercachifle en sitios que van de Perú hasta la Patagonia. Duerme, con su
orgullo, en pensiones baratas, tomándose por pobre entre ricos, sin haber
perdido nada en el disimulo. Asomado a la ventana que le corresponde
en la vida, mira el paisaje urbano que le toca en suerte, espía ahí los
mismos bichos cuando orinan y cuando buscan felicidad o mierda. Y, para
terminar su dibujo, dice no haber perdido todavía el erotismo que tiene el
gato, copiando el desinterés del animal por las biografías ajenas. Está claro
que no es nadie y es |
14 La cita de Neruda
refiere a su pieza teatral Fulgor y muerte de Joaquín Murrieta
(Santiago, ZigZag, 1967). 15 *Sexto episodio:
R.D. I. Conversación marítima+, p. 152. 16 *Décimo episodio:
Habla un transeúnte de las Américas llamado Chivilcoy. 1+, p. 172. |
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todo,
conformándose con lo poco que tiene que dejar en herencia: un trozo de
músculo que salta de entre sus piernas. Si
desaparezco aparezco con otra mirada: es lo mismo. Soy
un héroe imperecedero; no tengo comienzo ni fin y
mi moraleja consiste en un plato de pescado frito.17 El
décimo episodio, penúltimo de la serie, disfraza al hombre de astronauta,
montando por elementos su farsa. Un día se encontró plantado el humanoide,
por equivocaciones de padre y madre, en un baldío. Nota desde entonces
que se aburre, que deja de fumar puros, que desencadena ramalazos de locura y
que practica la hipocresía. Aquí llegó porque lo invitaron a una trampa;
porque no necesitaba más ropa que su lengua; porque desconocía el daño que
causa el tiempo, la envidia y el cinismo; porque menos sabía de una sociedad
frívola, dicharachista y restaurada con productos cosméticos. Y aquí se pierde
bajo el caudal de un gran río de esmeraldas que no sabían contar. Por
fin se cierra el círculo de referencias, mirando el escritor su propia
máscara marina. Suave, pasa materializando abstracciones comunes o sacando de
sus cajas íntimas sólidos regalos vitalistas. Convertido en estatua de sal
transparente en la lluvia, y dentro de morada señora, ofrece
crepuscularios al viento y a la noche; permanece sólo con su alma, amándose
los dos al tiempo que circulan por la historia dibujando planos con centros en
los cuatro puntos cardinales y capital chilena: ...yo
sigo yo sumo no
muevo los ojos no canto no tengo palabras no sueño me
mueven me cantan me sueñan me sume la ola salpica
levanta mi desventurada cabeza en la eterna intemperie yo
vivo en el gran movimiento del orbe en la nave soy
parte incesante de la dirección de la esencia no
tengo contrato firmado con gotas de sangre ni reina ni esclava .......................... y
sólo obedezco al latido del agua en la proa como una manzana obedece
a la savia que sube y navega en el árbol de la primavera .......................... y
yo me incorporo al camino mis ojos no saben llorar soy
solo una forma en la luz una vértebra de la alegoría.18 ...SALTANDO
DE AQUÍ PARA ALLÁ... No
hacen falta demasiadas luces para reconocer que Neruda, al componer La
Barcarola, no sólo tiene en cuenta el origen musical de la pieza,
siguiéndole el rastro a su posterior evolución melódica; también plantea la
naturaleza particular de un universo literario que se mueve al ritmo del
corazón, sigue el compás de la historia y adquiere verdadera categoría
simbólica. El escritor, seducido por el canto, no persigue a las sirenas; se
apropia de sus ecos sin caer en la trampa de invadir el territorio reservado
a otros oficiantes ni ocupar plaza de melómano impenitente. Sabe que su tarea
debe resolverse en versos, ofreciendo en ellos la última clave de un proceso
que se mantiene en vilo gracias a ciertas notas dominantes, acompañados de
sus armónicos; a la fuerza de oportunos rasgos líricos, con sus adecuados
tonos épicos; a firmes ejercicios de conciencia, repletos de fugas; y a un
decir que, en última instancia, llega a identificarse con la humanidad del
propio discurso, recogiendo en él los restos de una canción íntima que se
mece desde antiguo y aún continúa sintiéndose en el aire, saltando de aquí
para allá: Si
nunca la nave en su imperio regresa con dedos intactos si
la barcarola seguía su rumbo en trueno marino y
si tu cintura dorada vertió su belleza en mis manos aquí
sometemos en este regreso del mar, el destino, y
sin más examen cumplimos con la llamarada. Quién
oye la esencia secreta de la sucesión, de
la sucesiva estación que nos llena de sol o de llanto? Escoge
la tierra callada una hoja, la ramificada postrera y
cae en la altura amarilla como el testimonio de un advenimiento.19 |
17 Ibid., p. 193. 18 *Docena episodio:
La máscara marina+.
pp. 179-180. 19 *Solo de sal+, op. cit. p.
182. |
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