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Nota
Una
nota sobre la enfermedad de Elena Welfing
En
varios momentos se alude a la enfermedad de la protagonista sin dar
detalles. Algunos síntomas, un ahogo o algo semejante, y la imperiosa
necesidad de ingerir el líquido de cierto frasco.
Lo
que le falla a Elena Welfing es el corazón. Se trata de una cardiopatía
isquémica, o angina de pecho, y fue eso (como ella misma sugiere)
lo que la obligó a retirarse pronto de su carrera artística.
Al
dar comienzo la acción, es el suyo un corazón demasiado
grande, fláccido, sin capacidad de latir con vigor. Al empezar
la acción, todavía no ha llegado demasiado lejos y el
proceso de aterosclerosis no se encuentra en su etapa final. Elena Welfing
puede permitirse esos viajes (aunque no debería), así
como el esfuerzo que le hemos visto desplegar en estas jornadas italianas,
todo ello sin acudir a angliopastia u otro tipo de remedio; tan sólo
a una medicación paliativa para casos extremos.
Pero
cualquier elemento externo podía influir de manera que se precipitara
el agravamiento inmediato del síndrome (por ejemplo, un descenso
de la oxigenación o un aumento del estrés), y llegar a
un desenlace fatal. Y ya hemos visto que los casos extremos empezaron
a menudear, a convertirse en habituales, durante las pocas semanas de
esta acción dramática.
El
frasco que se menciona y por el que se clama en varias ocasiones contiene
el milagro, no de la curación, sino del paliativo rápido.
Sin duda se trata de un vasodilatador de efectos inmediatos, que no
prejuzga nada sobre la medicación habitual que la protagonista
se ve obligada a seguir y a la que no se alude a lo largo de la acción.
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