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Culturas y civilizaciones> Asiria
Textos
En el siglo XVIII, el estado asirio comienza un período (Imperio Antiguo
Asirio) de expansión sobre diversos territorios del Próximo Oriente.
Desde su capital, Assur, se ejerce el control comercial en el interior de Anatolia,
en donde se establecen una serie de puntos de comercio (Karum y Wabartum), el
principal de los cuales era Kanish. Los comerciantes asirios recibían
allí protección para realizar su actividad comercial a gran escala. 1) A los enviados de la ciudad y el Kárum Kanish habla: así
[dijo] el Kárum Wahshushana: El príncipe de Washkhania envió
[un mensaje]. Así [decía] él [en este mensaje]: yo acudí
al trono de mi padre. ¡Hacedme jurar el juramento! [En contestación
a este mensaje] decimos así: «El Kárum Kanish [es] nuestro
superior. Enviaremos [un mensaje a las autoridades competentes]. Ellos enviarán
[un mensaje] a vosotros, o ellos enviarán [un mensaje] a nosotros.
Dos [hombres] del gobierno vendrán a vosotros y entonces también
harán que juréis el juramento. Ello os corresponde. Que vuestra
directiva venga aquí. Nosotros dimos a nuestros mensajeros 10 minas
de cobre. Traducción de Raquel López Melero et alii, Historia Antigua Universal. Edad Antigua. Grecia y Oriente Próximo, Ed. Vicens Vives, Barcelona, 1992,p. 100, sobre un texto de Louis Orlin, Assyrian Colonies in Cappadocia, La Haya, 1970, p. 118.
En el siglo XIII a.C., en el alto Tigris renació el estado asirio, cuyos
monarcas tuvieron que recuperar el control de los territorios circundantes.
El rey Tukulti-Ninurta (segunda mitad del siglo XIII a.C.) realizó una
serie de conquistas que llevaron al Imperio Medio Asirio a un momento de esplendor.
En aquellos años fue fundada la ciudad de Kar-Tukulti-Ninurta en la orilla
del Tigris, cerca de Assur. Tukulti-ninurta, rey del universo, rey de Asiria, rey de Sumer y Akkad, rey
de las cuatro regiones [del mundo], favorito de Assur y Shamash, yo soy. El
honrado príncipe, el rey favorecido de Enlil, que gobierna su país
en salvedad con su pacífico cetro; gran sacerdote, llamado por Anu,
que por el poder de su fuerza ha subyugado príncipes y todos los reyes;
justo gobernante que alegra el corazón de Ea, que ha establecido sus
años en poder sobre las cuatro regiones del mundo... Traducción de Raquel López Melero et alii, Historia Antigua Universal. Edad Antigua. Grecia y Oriente Próximo, Ed. Vicens Vives, Barcelona 1992, p. 224, sobre un texto de Daniel David Luckenbill, Ancient Records of Assyria and Babylonia. Historical Records of Assyria from the Earliest Times to Sargon, Chicago 1926-1927, pp. 163 y 167-169.
Durante el reinado Salmanasar III (858-824 a.C.) y mediante campañas anuales los ejércitos asirios llegaron a controlar el valle del Éufrates hasta Babilonia, pero en los territorios occidentales no pudieron vencer a una coalición internacional formada por Damasco, Hamath e Israel, y apoyada por Egipto. La batalla de Qarqar (853 a.C.) supuso un freno a la expansión asiria ya que, a pesar de lo afirmado por la propaganda oficial -según recoge el texto seleccionado-, en los años posteriores los asirios continuaron en sus intentos por controlar esta región. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín). En el año de (el epónimo) Daian-Ashur, en el mes Aiaru, el
día 14, partí de Nínive. Crucé el Tigris y me
aproximé a las ciudades de Giammu, junto al río Balih. Quedaron
despavoridos a causa del terror que emana mi posición de señor
supremo, así como a causa del esplendor de mis violentas armas, y maté
a su señor Giammu con sus propias armas. Entré en las ciudades
de Sahlala y Til-sa-Turahi y llevé mis dioses/imágenes a sus
palacios. Abrí (su) tesoro, inspeccioné lo que había
ocultado; transporté como botín sus posesiones, trasladándo(las)
a mi ciudad Ashur. De Sahlala me fui y me acerqué a Kar-Salmanasar.
Crucé el Éufrates otra vez durante su crecida en almadías (que
flotaban por medio) de pellejos de cabra. (hinchados). En Ina-Ashur-utir-asbat,
que las gentes de Hattina llaman Pitru, al otro lado del Éufrates, en el río
Sagur, recibí tributo de los reyes del otro lado del Éufrates, esto
es, de Sanagara de Karkemish, Kundaspi de Commagene, de Arame, hombre de Gusi,
de Lalli de Melitene, de Haiani, hijo de Gabari, de Kalparuda de Hattina (y)
de Kalparuda de Gurgum (que consistió en): plata, oro, estaño
cobre (o bronce), recipientes de cobre. Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, pp. 56-57, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (Ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1955 (2.ª edición), pp. 277-281.
Instigados por Egipto, los territorios más occidentales del Imperio Asirio se rebelaron contra Senaquerib (705-681 a.C.). En esta sublevación participó Ezequías de Judá en contra de los consejos del profeta Isaías. A lo largo de varias campañas, los asirios pacificaron Fenicia y el país de los filisteos -destrucción de Ascalón-, derrotaron al ejército egipcio y, ya en 701, sometieron toda Judá a excepción de su capital, Jerusalén. Ezequías pidió la paz y los asirios levantaron el sitio. Sin embargo, la victoria de Senaquerib queda evidenciada por la destrucción de cuarenta y seis ciudades y la deportación de 200150 personas, tal como indica el Prisma de Senaquerib (II 37 III 49) -de donde procede el texto seleccionado-, que cuenta en las fuentes bíblicas con el paralelo de 2 Reyes, 18. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín). En mi tercera campaña marché contra Hatti. Luli, rey de
Sidón, a quien el aterrador hechizo de mi señorío
había dominado, huyó a lo lejos, allende los mares, y
pereció. El sobrecogedor esplendor del Arma de Ashur, mi
señor, abrumó sus fuertes ciudades (tales como) Sidón
Grande, Sidón Pequeña, Bit-Zitt, Zaribtu, Mahalliba, Usu,
Akzib (y) Akko, (todas) sus ciudades fortificadas, amuralladas (y bien)
provistas de alimentos y agua para sus guarniciones, y se inclinaron en
señal de sumisión a mis pies. Puse a Etbáal en el
trono para que fuese rey sobre ellos y le impuse tributo (debido) a
mí (como) superior suyo, (para que se pagase) anualmente sin
interrupción. Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, pp. 60-61, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1955 (2.ª edición), pp. 287-288.
Tras el sobresaliente reinado de Assurbanipal (ca. 669-627 a.C.), el Imperio Asirio se derrumbó con una rapidez sorprendente. Reinados extremadamente breves, usurpaciones, guerras civiles, secesiones como la de Babilonia e incursiones de pueblos invasores como los cimerios y, sobre todo, los medos, caracterizan los quince años que siguen a la muerte del último gran rey de Asiria. El saqueo de Assur por el medo Ciaxares en 614 a.C. provocó una enorme conmoción en la población, pero el golpe definitivo cayó sobre la capital Nínive en 612 después de tres meses de asedio por parte de la alianza entre los medos y Nabopolassar de Babilonia. Conocemos los hechos a través de una crónica del babilonio Nabopolasar correspondiente al decimocuarto año de su reinado. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín). [Año catorce]: El rey de Akkad con[gregó] su ejército y [Ciaxar]es, el rey de las hordas manda (umman-manda) marchó contra el rey de Akkad, [en] (...) se encontraron. El rey de Akkad (...) y [Ciaxar]es (...) él cruzó en barca y avanzaron (río arriba) por el terraplén del Tigris y (...) [plantaron su campamento] contra Nínive (...) Desde el mes de Simanu hasta el mes de Abu, tres ba[tallas se riñeron; después], llevaron a cabo un gran ataque contra la ciudad. En el mes de Abu, [el (...) día, la ciudad fue capturada y una gran derrota] infligió [a la] totalidad de la [población]. En aquel día, Sinsharishkun, rey de Asi[ria] huyó al (...) muchos prisioneros de la ciudad, sin cuento, deportaron. La ciudad [convirtieron] en montes de ruinas y cúmu[los (de restos). El rey] y el ejército de Asiria escapó, (sin embargo), ante el rey (de Akkad) y [el ejército] del rey de Akkad. (...) En el mes de Ululu, el día 20, Cixares y su ejército regresaron a su país. Después, el rey de A[kkad] (...) marchó hasta Nisibe. Botín y ga-lu-tu de (...) y (de) el país de Rusapu llevaron al rey de Addad, a Nínive [En el mes] (...) Asuruballit (...) sentóse en Harrán en el trono para ser rey de Asiria. Hasta el mes (...) [el rey de Akkad permaneció] en Nínive (...) Desde el día 20 del mes [de Tasritu] el rey [de Akkad] (...) en el mismo mes de Tasritu en la ciudad (...) Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, p. 62, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1969 (3.ª edición), pp. 304-305. |
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