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Diodoro de Sicilia, nació en la isla del mismo nombre, y vivió
en el siglo I a.C., aunque las fechas de nacimiento y muerte no han sido determinadas
con precisión, y se suponen a partir de referencias aisladas.
Su obra, transmitida con el nombre de Biblioteca Histórica, comprendía
40 libros, aunque no todos ellos se conservan completos, y constituía
un compendio de los conocimientos que poseía sobre los diferentes pueblos
(geografía, etnografía...). La distribución de los contenidos
hecha por el autor atendía a la separación entre los asuntos de
los griegos con respecto a los demás pueblos mencionados, de la siguiente
forma: Egipto (libro I), territorios de Asia (libro II), otros territorios de
Africa y Atlántida (libro III), Europa occidental (libro V), mitología
(IV y VI), historia de los griegos (libros VII-XL).
En su libro I, el autor hace numerosas referencias a la naturaleza del río
Nilo, cuyo régimen fluvial era bien conocido por los geógrafos
griegos. Como ya había hecho Heródoto, Diodoro explicaba la crecida
anual como la fuente de la riqueza agrícola de la región y la
clave de la prosperidad del país. (Pilar González-Conde).
Aparte de los animales citados, el Nilo tiene
especies de peces de todas clases e increíbles por su abundancia; a
los nativos, no sólo les proporciona el abundante provecho de los recién
capturados, sino que también les suministra una cantidad inagotable
para la salazón . En general, en beneficios a los hombres, supera a
todos los ríos del mundo habitado. Da comienzo a su desbordamiento
a partir del solsticio de verano hasta el equinoccio de otoño y, aportando
siempre nuevo limo, empapa por igual la tierra inculta, la sembrada y la plantada,
tanto tiempo cuanto los agricultores del territorio quieran. Como el agua
discurre mansamente, lo desvían fácilmente con pequeños
diques y de nuevo lo reconducen cómodamente cortándolos cuando
se cree que es conveniente. En general, proporciona tanta facilidad de ejecución
a los trabajos y beneficios a los hombres que la mayoría de los agricultores,
colocándose en los lugares ya secos de la tierra y lanzado la semilla,
conducen por encima sus ganados y, pisoteando con ellos, vuelven para la siega
después de cuatro o cinco meses y algunos, removiendo mínimamente
con ligeros arados la superficie del territorio mojado, recogen montones de
frutos sin mucho dispendio ni esfuerzo. En resumen, toda la agricultura se
practica entre los otros pueblos con grandes gastos y fatigas y, sólo
entre los egipcios, se recolecta con pequeñísimos dispendios
y trabajos. También la viña, regada igualmente, proporciona
abundancia de vino a los nativos. Y los que dejan permanecer inculto al territorio
inundado y lo dedican a los rebaños como pasto, recogen, gracias a
la gran cantidad del forraje, ovejas que paren dos veces y se esquilan dos
veces al año.
Lo sucedido en la subida del Nilo parece maravilloso
a quienes lo ven y completamente increíble a quienes lo oyen. Todos
los otros ríos disminuyen hacia el solsticio de verano y bajando siempre
más y más durante el tiempo siguiente del verano, pero sólo
él, emprendiendo entonces el principio de su desbordamiento, crece
tanto cada día que, al final, inunda casi todo Egipto. Y, del mismo
modo, volviendo: atrás en sentido contrario, baja durante igual tiempo
cada día poco a poco hasta que llega a la posición anterior.
Al ser el territorio llano y estar situadas las ciudades y las aldeas e incluso
las granjas sobre montículos hechos a mano, el panorama resulta semejante
a las islas Cícladas y la mayoría de los animales terrestres
perecen ahogados cercados por el río, pero algunos se salvan huyendo
a lugares más elevados, y los ganados son alimentados durante el tiempo
de la subida en las aldeas y en las granjas, con su alimento preparado de
antemano. Y las gentes, liberadas de trabajos durante todo el tiempo del desbordamiento,
se dedican a la fiesta banqueteando continuamente y gozando irrefrenadamente
de todas las cosas conducentes al placer. Y, a causa de la ansiedad ocasionada
por la subida del Nilo, fue construido por los reyes un niloscopio en Menfis;
tras medir exactamente la subida en él, los encargados de su administración
envían mensajes a las ciudades en los que explican cuántos codos
o dedos ha subido el río y cuándo ha hecho el principio de su
disminución. De tal manera todo el pueblo se libra de la ansiedad,
al ser informado del cambio a la inversa de la crecida, y todos conocen en
seguida de antemano la cantidad de frutos que habrá, pues esa observación
es anotada con exactitud desde hace mucho tiempo entre los egipcios.
Diodoro Sículo, BH I,36,1-12. [Versión de F. Parreu (ed.),
Diodoro de Sicilia. Biblioteca Histórica. Libros I-III. Biblioteca
Clásica Gredos. Madrid 2001, pp. 215-218.
La inscripción conocida como Piedra de Palermo proporciona un registro
de los reyes de Egipto desde los gobernantes predinásticos anteriores
a la unificación hasta la Dinastía V (2494-2345 a.C.), bajo cuyo
gobierno el texto fue compilado. De los soberanos más antiguos no registra
más que el nombre, pero de la Dinastía I (3100/3000 - 2890 a.C.)
en adelante incorpora una crónica anual de cada reinado que recoge un
volumen cada vez mayor de informaciones consideradas de importancia -elaboración
del censo, guerras, fundación de templos, datos sobre cada inundación-
hasta convertirse, a partir de la Dinastía IV (la de los constructores
de pirámides, 2613-2494 a.C.), en unos auténticos anales de cada
faraón. El texto seleccionado se refiere al reinado de Udimu, uno de
los soberanos más importantes de la Dinastía I y el primero en
utilizar el título «Rey del Alto y Bajo Egipto». (Pilar
Rivero-Julián Pelegrín).
[ ... ]
(Año 18(?)). El año de (...) El Gran Blanco (?) (...)
(Año 19(?)). El año de golpear a los Asiáticos.
(Altura del Nilo): 5 codos.
(Año 20(?)). El año del (Festival del) Nacimiento de la Piel
(de Anubis (?) o lmy-Ut) en el santuario «Las Dos Capillas».
(Altura del Nilo): (...) codos.
(Año 21(?)). El año de golpear al Pueblo del Chacal (?).
(Altura del Nilo): 6 codos, 1 palmo, 2 dedos.
(Año 22(?)). El año del Festival de Sokaris, en la fortaleza
(llamada) «Compañero de los Dioses».
(Altura del Nilo) (...) codos (...)
(Año 28(?)). El año de la estancia (del rey (?)) en el Templo
de Sau (o Ptah), en la ciudad de Heka (...)
(Altura del Nilo): 3 codos, 1 palmo, 2 dedos.
(Año 29(?)). El año de golpear a los Trogloditas (Intyu).
(Altura del Nilo): 4 codos, 1 palmo,
(Año 30(?)). El año de la Aparición del Rey del Alto
Egipto, y de la Aparición del Rey del Bajo Egipto, en la Fiesta SEd.
(Altura del Nilo): 8 codos, 3 dedos.
(Año 31(?)): El año del Llenado(?) de todos los Lagos (?) de
la gente del Oeste y del Este del Bajo Egipto.
(Altura del Nilo): 3 codos, 1 palmo.
(Año 32(?)): El año de (la celebración del) Festival
Djet por segunda vez.
(Altura del Nilo): 5 codos, 2 palmos.
(Año 33(?)). El año del Festival de Sokaris (en) la fortaleza
(llamada) «Los Tronos de los Dioses».
(Altura del Nilo): 5 codos, 1 palmo, 2 dedos.
(Año 34(?)). El año de Extender el Cordel en la Gran Puerta
de la fortaleza (llamada) «Los Tronos de los Dioses», por el sacerdote
Seshat.
(Altura del Nilo): 4 codos, 2 palmos.
(Año 35(?)). El año de la Apertura del lago de la fortaleza
(llamada) «Los Tronos de los Dioses», y de la Cacería de
Hipopótamos.
(Altura del Nilo): 2 codos.
(Año 36(?)). El año de la Estancia (del rey (?)) en el lago
del templo de Arsafes en Heracleópolis.
(Altura del Nilo): 5 codos.
(Año 37(?)). El año del viaje a Sah-Setny y de golpear a Ur-Ka.
(Altura del Nilo): 4 codos, 1 palmo.
(Año 38(?)). El año del (Festival del) Nacimiento de Sed.
(Altura del Nilo): 6 codos, 1 palmo, 2 dedos.
(Año 39(?)). El año de la Aparición del Rey del Bajo
Egipto. Primera vez de la «Carrera del buey Apis».
(Altura del Nilo): 2 codos, 1 palmo.
(Año 40(?)). El año del (Festival del) Nacimiento de Seshat
y de Mafdet.
(Altura del Nilo): 3 codos, 5 palmos y 2 dedos.
(Año 41(?)). El año de la Aparición del rey del Alto
Egipto y del (Festival del) Nacimiento (...)
Traducción de José Miguel Serrano Delgado, Textos para
la historia antigua de Egipto, Cátedra, Madrid, 1993, pp.
61-62, a partir de la versión editada por Marshall Clagett, Ancient
Egyptian Science: a Source Book, Filadelfia, 1989, pp.
47-142.
En el siglo V a.C., Heródoto escribió una Historia en la que
hablaba de los diferentes territorios a los que, de una forma u otra, habían
llegado los Persas, quiénes en aquel momento eran los grandes enemigos
de los griegos. Entre estos territorios, aborda, en su Libro II una descripción
del mundo de los egipcios: de sus orígenes y evolución histórica,
de sus costumbres y carácter... Su semblanza de los faraones de la Dinastía
IV (Imperio Antiguo) es responsable, en gran medida, de la imagen que durante
siglos se perpetuó sobre estos monarcas. El reinado de Keops (2585-2560)
constituye, en la visión del autor griego, un período de gobierno
despótico y cruel, en el que el faraón se habría ocupado
exclusivamente de oprimir a la población y de su capricho y enriquecimiento
personal. Esta imagen fue la que al escritor le llegó a través
de los ojos de los sacerdotes egipcios, que conservaron durante todos aquellos
siglos la enemistad por un monarca que había intentado en su momento
el control de algunos de los poderosos templos egipcios. Es cierto, sin embargo,
que la Dinastía IV fue el momento culminante en un proceso de crecimiento
del poder político de los faraones, que empezó a declinar en la
dinastía siguiente, sufriendo en los siglos posteriores un proceso de
transformación paralelo a los cambios sociales y de mentalidad del egipcio.
(Pilar González-Conde).
Pues bien, hasta el reinado de Rampsinito hubo
en Egipto, al decir de los sacerdotes, una estricta legalidad y el país
gozó de gran prosperidad, pero Quéops, que reinó tras
él, sumió a sus habitantes en una completa miseria. Primeramente
cerró todos los santuarios, impidiéndoles ofrecer sacrificios
y, luego, odenó a todos los egipcios que tarabajasen para él.
En este sentido, a unos se les encomendó la tarea de arrastrar bloques
de piedra, desde las canteras existentes en la cordillera arábiga hasta
el Nilo y a otros les ordenó hacerse cargo de los bloques, una vez
transportados en embarcaciones a la otra orilla del río, y arrastrarlos
hasta la cordillera llamada líbica. Trabajaban permanentemente en turnos
de cien mil hombres, a razón de tres meses cada turno. Asímismo,
el pueblo estuvo, por espacio de diez años, penosamente empeñado
en la construcción de la calzada por la que arrastraban los bloques
de piedra, una obra que, en mi opinión, no es muy inferior a la pirámide
...
(...)
En la pirámide consta, en caracteres
egipcios, lo que se gastó en rábanos, cebollas y ajos para los
obreros. Y si recuero bien lo que me dijo el intérprete que me leía
los signos, el importe ascendía a mil seiscientos talentos de plata.
Si ello es así, ¡cuántos talentos debieron invertirse
en las herramientas metálicas con que trabajaban y en provisiones e
indumentaria para los obreros! Pues construyeron esas obras en el tiempo que
he dicho, pero a él hay que añadir el que supongo debieron emplear
en cortar y transportar los sillares y en construir la galería subterránea,
que no debió de ser poco.
Texto de Heródoto (2, 124 a 125). Versión de Carlos Schrader,
Heródoto. Historia. Libros I-II. Biblioteca Clásica Gredos.
Madrid, 1977, pp. 415-416 y 418.
La penetración en Egipto de gentes procedentes de Siria-Palestina culmina
con los invasores hicsos, los cuales llegan a Egipto en un momento de debilidad
y crisis interna y conquistan en 1720 a.C. la ciudad de Avaris, sobre el Delta.
Introdujeron en Egipto el caballo y el carro de guerra, conquistaron Menfis
y fundaron las Dinastías XV y XVI. Paulatinamente la resistencia de los
príncipes de Tebas cobrarán fuerza hasta que en 1550 Amosis conquiste
Avaris, expulse a los hicsos y funde la Dinastía XVIII.
La primera historia de Egipto fue escrita en griego por el sacerdote egipcio
Manetón hacia 280 a.C. por encargo del soberano Ptolomeo II. De ella
no conservamos más que fragmentos transmitidos por otros autores -como
el aquí seleccionado, transmitido por Flavio Josefo-, que la han reducido
fundamentalmente a una lista de reyes agrupados por dinastías. Precisamente
de Manetón procede la tradicional distribución de los faraones
en treinta dinastías, desde Menes hasta la conquista de Egipto por Artajerjes
III en 343 a.C. Sin embargo, aquéllas no deben ser entendidas en el sentido
moderno de la palabra: a menudo sucesiones regulares de soberanos dentro de
una misma familia se reparten entre varias dinastías; otras veces una
misma dinastía reúne a soberanos entre los que no existe ningún
parentesco; y a menudo diferentes dinastías gobiernan simultáneamente
en áreas diversas del territorio egipcio.
Nacido en el seno de una familia aristocrática descendiente de los Asmoneos,
el historiador judío Flavio Josefo (37/38-97/100 d.C.) participó
en la rebelión de su país contra los romanos (años 66-70),
pero, capturado en el año 67, se convirtió en protegido de Vespasiano
al profetizar su ascenso al trono. Obtuvo la ciudadanía romana y se estableció
definitivamente en Roma, donde se dedicó a la redacción de sus
obras históricas: los siete libros de La Guerra de los judíos
-escrita originalmente en arameo y traducida al griego en 75 por el propio autor-,
que alcanzan desde la sublevación de los Macabeos hasta el fin de la
rebelión judía contra Roma (167 a.C.-74 d.C.); las Antigüedades
de los judíos, una historia de su pueblo desde la Creación
hasta 66 d.C.; Contra Apión, donde sitúa a los judíos
al mismo nivel que griegos y romanos y los presenta como una de las civilizaciones
más antiguas del mundo; y su Autobiografía. (Pilar
Rivero-Julián Pelegrín).
Este Manetón, en el segundo libro de
la Historia de Egipto escribe sobre nosotros lo siguiente. Citaré sus
propias palabras como si le presentara a él mismo como testigo: «Tutimeo.
En su reinado, no sé cómo, se hizo sentir contra nosotros la
cólera divina y, de improviso, desde el Oriente unos hombres de raza
desconocida tuvieron la audacia de invadir nuestro país y, fácilmente
y sin combate, se adueñaron de él por la fuerza. Hicieron prisioneros
a sus gobernantes, incendiaron salvajemente las ciudades, arrasaron los templos
de los dioses y trataron con gran crueldad a todos los naturales del país,
matando a unos y esclavizando a las mujeres e hijos de otros. Finalmente,
hicieron rey a uno de los suyos, llamado Salitis. Este se estableció
en Menfis, imponiendo tributos en el Alto y en el Bajo Egipto, y dejó
guarniciones en los lugares más apropiados. Fortificó especialmente
la región del Este, previendo que los asirios se harían un día
más fuertes y atacarían por allí, deseosos de su reino.
Como en el nomo de Setroitahubiera encontrado una ciudad muy adecuada, situada
al este del río Bubastites, llamada, según una antigua tradición
teológica, Avaris, la reconstruyó y la fortificó con
murallas; estableciendo en ella además un ejército de doscientos
cuarenta mil soldados para su protección. Acudía allí
en verano para medir el trigo y pagar la soldada y también para ejercitar
a los soldados cuidadosamente con maniobras con el fin de inspirar respeto
a los extranjeros. Tras un reinado de diecinueve años, murió.
Después de él, otro rey llamado Bnón ocupó el
trono durante cuarenta y cuatro años. El sucesor de éste, Apacnás,
reinó treinta y seis años y siete meses; a continuación,
Apofis, sesenta y un años, y Annas, cincuenta años y un mes.
Después de éstos, Asis, cuarenta y nueve años y dos meses.
Estos fueron sus seis primeros príncipes, cuya mayor ambición
fue destruir Egipto hasta la raíz. A este pueblo, en su totalidad,
se le daba el nombre de hicsos, es decir, 'reyes pastores', pues en la lengua
sagrada hic significa 'rey'y sos es 'pastor' o 'pastores' en la lengua vulgar;
y reuniéndolo así se forma 'hicsos'».
Flavio Josefo, Contra Apión, I 14, 74-82, traducción
de Margarita Rodríguez de Sepúlveda, Biblioteca Clásica
Gredos, Madrid, 1994.
Merikaré era un faraón de la Dinastía X de Herakleópolis.
Su reinado transcurre durante los difíciles años del Primer Período
Intermedio, cuando Egipto sufre una profunda crisis política y una desintegración
temporal del estado.
La obra se conoce a través de varios papiros del Imperio Nuevo, aunque
su creación debe datar de un momento más cercano al reinado de
este monarca, en los años finales del III milenio. En ella, el faraón
era aleccionado por su padre y predecesor en el trono, que le aconseja sobre
la mejor forma de gobernar, por el bien del país y por la imagen del
soberano que va a pasar a la posteridad. Con este objetivo, se realiza una semblanza
del rey ideal, invocando valores como la justicia, la clemencia, la sabiduría,
la eficacia en la administración interna y la fortaleza hacia el exterior.
(Pilar González-Conde).
«[Comienzo de la Instrucción que
hizo la majestad del rey del Alto y Bajo Egipto Hety] para su hijo Merikaré...
... Un hombre violento significa confusión
para los ciudadanos. Crea partidarios entre los jóvenes. Si tú
hallas que los ciudadanos se están pasando a él, acúsalo
ante los cortesanos. Un charlatán es alguien que crea problemas en
la ciudad...
... Que seas justificado ante el dios, de forma
que la gente pueda hablar (incluso) en tu ausencia. Que castigues en respuesta
al [crimen]. Una buena naturaleza es el cielo del hombre. (Por el contrario)
la maldición del [violento] es terrible. Sé hábil de
palabras, para resultar victorioso. La lengua es la espada del... Las palabras
son más fuertes que cualquier combate, y el ingenioso no puede ser
sobrepasado. El sabio es una [escuela] para los nobles, y aquellos que conocen
su sabiduría no lo atacarán. No habrá [delitos] cerca
de él. La Verdad vendrá a él en (toda) su pureza, de
acuerdo con los consejos de las palabras de los antepasados.
Imita a tus padres y a tus antepasados... Mira,
sus palabras quedaron fijadas en libros. Abre, lee y copia (su) sabiduría.
El que es enseñado se convierte en un experto. No seas malvado; la
clemencia es buena. Haz tu monumento duradero por amor a ti. Multiplica al
pueblo, enriquece a la ciudad. El dios será adorado por tus donaciones...
Pide por tu felicidad; ruega por tu salud... Respeta a los nobles; ten a salvo
a tu pueblo. Fortalece tus fronteras y tus guardias fronterizas. Es bueno
trabajar para el futuro. La vida del clarividente es respetada (en tanto)
que el confiado será (siempre) un sufridor. Haz que la gente venga
[a ti] gracias a tu buen carácter. Es un vil el que ambiciona la tierra
[de su vecino], un ignorante el que anhela lo que otros poseen.
[La vida] en la tierra pasa. No es larga. Afortunado
aquel de quien se guarda un (buen) recuerdo. Un millón de hombres no
aprovechan al señor del Doble País. [El hombre bueno] vive para
siempre. El que viene con Osiris puede marchar, al igual que el que abandona
al complaciente consigo mismo.
Engrandece a tus nobles, para que ellos sigan
tus leyes. Aquel que es rico en su casa no se mostrará parcial; es
un señor de bienes el que de nada carece. (Por el contrario) el hombre
pobre no habla de acuerdo con su verdad; no actúa correctamente quien
dice: "¡Ojalá yo tuviera!"; se muestra parcial con
el que ama; se inclina ante el señor de sus sobornos. Grande es el
grande cuyos grandes son grandes. Es fuerte el rey que tiene cortesanos; aquel
que es rico en nobles es bien estimado. Di la verdad en tu casa para que te
respeten los nobles de la tierra, porque la rectitud le cuadra bien a un soberano.
El frente de una casa es el que inspira el temor a la parte posterior.
Practica la justicia y perdurarás sobre
la tierra. Apacigua al que llora; no oprimas a la viuda; no apartes a un hombre
de las posesiones de su padre. No dañes a los nobles en sus posesiones.
Guárdate de castigar equivocadamente. No mates, pues eso no te ha de
ser de provecho; castiga (mejor) con golpes y con la prisión. Gracias
a ello esta tierra estará en orden, excepto el rebelde, cuyos planes
serán descubiertos, pues el dios conoce a los traidores y golpea sus
crímenes en sangre. Él es misericordioso... la vida. No mates
a un hombre cuyas cualidades conoces, aquel con quien (una vez) cantaste las
escrituras..., uno que marchaba con libertad en el lugar de los secretos.
El Ba llega al lugar que conoce; no se extravía de su camino de ayer;
no puede oponérsele ningún tipo de magia, y llega hasta aquellos
que le dan el agua.
(En cuanto) al tribunal que juzga a los miserables,
sabes que ellos no son benignos en el día de juzgar al malvado, en
la hora de cumplir con su tarea. Es terrible que el acusador sea un hombre
de conocimiento. No pongas tu confianza en la duración de los años,
pues ellos ven el tiempo de la vida como una hora. El hombre puede permanecer
tras la muerte, pues sus acciones se colocan junto a él como un tesoro,
y la existencia allí es eterna. Estúpido es quien hace que ellos
(los jueces) se irriten. Y respecto al que llega a ellos sin haber cometido
faltas, quedará allí como un dios, yendo libremente, como los
señores, eternamente.
Recluta a tus jóvenes y la Residencia
te amará. Multiplica tus partidarios entre los que te rodean. Mira,
tu ciudad está llena de incremento (nuevo) de gente. Durante veinte
años se complacen los jóvenes en seguir su deseo... Los veteranos
volverán a sus hijos (?)... Yo he realizado levas entre ellos cuando
aparecí en gloria (como un rey). Engrandece a tus nobles; promueve
a tus [soldados]; enriquece a los jóvenes que te siguen. Provee con
bienes; dota con campos; recompensa con ganado. No distingas entre el hijo
de un hombre (bien-nacido) y un plebeyo. Toma al hombre según sus habilidades;
todas las artes prosperarán. Protege tu frontera; erige tus fortalezas.
La tropa es provechosa para su señor. Haz [hermosos] tus monumentos
para el dios; éste hace vivir el nombre del que lo hace. El hombre
ha de hacer lo que es beneficioso para su Ba. En el servicio sacerdotal mensual
lleva sandalias blancas; visita el templo; sé discreto con los secretos;
entra en el santuario y come pan en el templo. Provee espléndidamente
la mesa de ofrendas; incrementa las provisiones y multiplica las ofrendas
cotidianas. Ello es provechoso para quien lo hace. Provee tus monumentos de
acuerdo con tu riqueza, pues incluso un solo día puede aportar para
la eternidad, incluso una hora puede contribuir al futuro. El dios reconoce
a quien hace para él...
Versión de José Miguel Serrano Delgado, Textos para la historia
antigua de Egipto, Ed. Cátedra,
Madrid 1993, pp. 90-92.
El texto recoge los consejos de un personaje llamado Ipuwer a quien probablemente
era su soberano. La historicidad de los personajes y de la situación
que describe no ha sido unánimemente aceptada por la historiografía
contemporánea. Tampoco ha sido posible establecer su cronología,
aunque hay una tendencia mayoritaria a ubicarlo en el Primer Período
Intermedio, teniendo en cuenta el aparente realismo con el que se describe una
situacion de caos que debía tener mucho en común con los difíciles
tiempos que vive Egipto a finales del III milenio.
Ipuwer hace un repaso de lo que supuestamente sería la situación
del país: interrupción de las rutas de comercio exterior, conflictosocial
generalizado, carestía de alimentos y, en definitiva, un país
asolado por la violencia. (Pilar González-Conde).
«(I, 1)... Los porteros exclaman: "¡Vayamos
a saquear!". Los confiteros (?)... El lavandero rehusa llevar su carga...
[Los cazadores] de aves se han dispuesto en orden de batalla... [Los habitantes]
del Delta llevan escudos... Los cerveceros... tristes. El hombre mira a su
hijo como a su enemigo... "Ven y conquista"... Esto que fue predestinado
para nosotros en el tiempo de Horus, en la época de [la Enéada
de los Dioses]... El hombre virtuoso deambula lamentándose a causa
de lo que ha sucedido en el país... Los extranjeros se han convertido
en egipcios por todas partes...
(II, 2) Mira, el rostro está pálido,
y el arquero, preparado. Hay maldad por todas partes. No existe ya el hombre
de ayer. Mira, el saqueador... por todas partes. El criado se apodera de lo
que encuentra. Mira, el Nilo se desborda, pero nadie ara para él. Todos
exclaman: "No sabemos qué ha sucedido en el país".
Mira, las mujeres son estériles; ninguna concibe. Khnum no da forma
(a la humanidad) a causa de la situación del país. Mira, los
pobres se han convertido en poseedores de riquezas. Aquel que no podía
hacerse un par de sandalias es un señor de bienes. Mira, los esclavos
de la gente, sus corazones son miserables. Los nobles no fraternizan con su
gente cuando están gritando...
(II, 7) Mira, los nobles se lamentan; los pobres
se regocijan. Cada ciudad exclama: "¡Expulsemos al poderoso de
entre nosotros!". Mira, los hombres son como ibises negros. La suciedad
se extiende por la tierra. No existe en este tiempo nadie cuyas ropas sean
blancas. Mira, el país está girando, como hace el torno del
alfarero; el ladrón es un poseedor de riquezas [en tanto que el noble
se ha convertido en] un saqueador. Mira, los fieles son como... El plebeyo
[se lamenta]: "¡Terrible! ¿Qué voy a hacer?"...
(III, 7) Hoy nadie navega hasta Biblos. ¿Qué
haremos respecto a la madera de cedro para nuestras momias? Los sacerdotes
son enterrados con sus productos; los nobles son embalsamados con sus óleos
correspondientes, hasta tan lejos como Keftiu. Pero ya no llegan; el oro escasea.
Se han terminado... las materias primas para todo tipo de trabajos. Ha sido
desplazado... del palacio real, v.p.s. ¿Cuántas veces vienen
los habitantes de los oasis con sus ofrendas para el festival, [sus] esteras,
[pieles], con plantas frescas... y grasa de aves...?
(III, 10) Mira, Elefantina, Tinis... del Alto
Egipto, sin pagar impuestos a causa de la contienda (civil). Falta el grano,
el carbón de leña, la fruta-irtyu, la madera-maau, la madera-nut,
los arbustos. Se echa en falta el trabajo de los artesanos... ¿Para
qué (sirve) un tesoro sin sus impuestos? Feliz ciertamente es el corazón
del rey a quien llegan presentes. Y si [viene] cada país extranjero,
es nuestro éxito; es nuestra fortuna. ¿Qué es lo que
vamos a hacer al respecto? Todo se está arruinando...
(V, 11) Mira, los caminos están [bloqueados];
las rutas están vigiladas. La gente se sienta bajo los matorrales,
hasta que el (viajero) nocturno llega, para apoderarse de su carga. Se le
arrebata lo que lleva; se le apalea a golpes de garrote, y es malamente asesinado.
Mira, lo que ayer (aún) se veía (hoy) se ha esfumado. El país
ha sido abandonado a su debilidad, como (el acto de) cortar el lino (?). Las
gentes del pueblo van y vienen llenos de aflicción... ¡Ojalá
esto fuera el fin de la humanidad!, sin más concepciones ni nacimientos.
(VI, 1) Entonces la tierra dejaría de
dar voces, y no habría (más) tumultos. Mira, [la gente se come]
la yerba, lavada con agua. Ni fruta ni yerba se encuentran [para] las aves...
es arrebatado de la boca de los cerdos. Ningún rostro brilla... por
el hambre. Mira, el cereal ha desaparecido de todas partes. La gente es despojada
de los vestidos, no ungida con óleo. Todos exclaman: "¡No
hay nada!". El almacén está vacío, y su guardián
está tendido en el suelo. ¡Ojalá hubiera yo alzado mi
voz en ese momento para que ella me rescatara de esta dolorosa situación
en la que me encuentro! Mira la Cámara Privada, sus escritos han sido
robados, y han sido revelados los secretos que [allí] había.
Mira, las fórmulas mágicas se han divulgado; los encantamientos
shemu y se-khenu son ineficaces a causa de que la gente los repite. Mira,
se han abierto los archivos, y han sido robados sus inventarios. Los esclavos
se han convertido en señores de esclavos. Mira [los escribas] son asesinados,
y sus escritos, robados. ¡Maldito yo por la miseria de este tiempo!
Mira, los escribas del catastro, sus escritos han sido destruidos. El cereal
de Egipto es propiedad comunal. Mira, las leyes de la Cámara Privada
han sido arrojadas fuera. La gente anda sobre ellas en los lugares públicos,
y los pobres las quebrantan por las calles. Mira, el pobre ha alcanzado el
lugar de la Enéada de los dioses. Los procedimientos de la Casa de
los Treinta se han divulgado. Mira, la Gran Cámara del Consejo está
invadida; los pobres van y vienen por las grandes mansiones. Mira, los hijos
de los nobles han sido arrojados a la calle. El sabio dice "Sí";
el ignorante dice "No". El que no lo conoce está complacido.
Mira, los que estaban en las tumbas han sido puestos en el terraplén;
los secretos de los embalsamadores se han derrumbado.»
Versión de José Miguel Serrano Delgado, Textos para la historia
antigua de Egipto, Ed. Cátedra,
Madrid 1993, pp. 80-81.
Se conserva en varios papiros del Imperio Nuevo, aunque se considera procedente
del Primer Período Intermedio o del Imperio Medio. Un hombre llamado
Kheti acompaña a su hijo Pepi a la Residencia para que entre como discípulo
en la escuela de escribas. Por el camino le explica los inconvenientes de las
diferentes profesiones, para establecer la diferencia con la situación
social y profesional de los escribas.
Escrito en clave satírica, proporciona sin embargo una visión
de las condiciones de vida de cada uno de estos trabajadores, asícomo
del creciente ascenso social de los funcionarios de la administración
central, formados en la escuela de escribas. (Pilar González-Conde).
«Comienzo de la instrucción que
hizo un hombre de Silé llamado Dua-Hety para su hijo llamado Pepy,
mientras marchaba al sur hacia la Residencia para situarlo en la escuela de
los funcionarios y los más destacados de la Residencia.
Le dijo: "He visto a los que han sido apaleados. ¡Aplícate
a los libros! He visto a los que fueron llamados al trabajo. Mira, nada hay
mejor que los libros; son como un barco en el agua. Lee al final del Libro
de Kemyt y encontrarás allí el proverbio que dice: 'Con relación
al escriba en un puesto cualquiera de la Residencia, no sufrirá allí'.
Ya que satisface las necesidades de otro, ¿cómo no va a terminar
satisfecho? No he visto función comparable a ésta, de la que
decirse puedan estas máximas. Voy a hacer que ames los escritos más
que a tu madre; voy a presentar sus bondades ante ti. Es más grande
que cualquier otra función; no existe en la tierra su igual. Cuando
(aún no) es (más que) un niño, ya comienza a florecer.
Se le saluda; es enviado para realizar misiones. Cuando (aún) no ha
alcanzado (la edad) ya lleva faldellín (?). Nunca vi a un escultor
como mensajero, ni que un orfebre fuera enviado.
He visto al herrero en su trabajo, a la boca de su horno. Sus dedos son como
garras de cocodrilo, y apesta más que las huevas de pescado. El carpintero
que esgrime la azuela está más fatigado que un campesino; su
campo es la madera; su arado es la azuela; su trabajo no tiene fin. Hace más
de lo que sus brazos pueden hacer. Aún durante la noche tiene la luz
encendida. El joyero golpea con el cincel, sobre todo tipo de duras piedras.
Cuando ha terminado de rellenar un Ojo, sus brazos están exhaustos,
y se encuentra fatigado. Está sentado hasta la puesta de sol, con sus
rodillas y espalda encorvadas.
El barbero está afeitando hasta el final de la tarde. Tiene que conducirse
a sí mismo a la ciudad; tiene que llevarse a sí mismo a su esquina.
Tiene que ir de calle en calle, buscando alguien a quien afeitar. Tiene que
esforzar sus brazos para llenar su vientre, como la abeja, que come de acuerdo
con lo que ha trabajado. El cortador de cañas ha de viajar al Delta
para coger flechas. Después de haber hecho más de lo que sus
brazos pueden hacer, los mosquitos lo han destrozado, las moscas lo han matado
y ha quedado completamente rendido. El alfarero ya está bajo tierra,
aunque aún entre los vivos. Escarba en el lodo más que los cerdos,
para cocer sus cacharros. Sus vestidos están tiesos de barro, su cinturón
está hecho jirones. El aire que entra en su nariz sale derecho del
horno. Fabrica con sus pies un peso con el que él mismo es triturado.
Cava el patio de todas las casas y vaga por los lugares públicos.
Te hablaré también del albañil. Sus lomos son un castigo.
Aunque está en el exterior, al viento, construye sin (la protección
de) un toldo. Su taparrabos es una cuerda entrelazada y un cordel en su trasero.
Sus brazos están agotados por el esfuerzo, habiendo mezclado todo tipo
de suciedad. Come pan con sus dedos, aunque se lava al mismo tiempo (?). También
hay miseria para el carpintero... la habitación mide diez codos por
seis. Pasa un mes después de que las vigas hayan sido puestas... Todo
el trabajo está hecho, y el alimento que lleva a su casa no [es suficiente]
para sus hijos.
El jardinero soporta un yugo; sus hombros están combados (como) por
la vejez. Hay en su cuello una gran hinchazón, que está supurando.
Por la mañana riega las plantas; pasa la tarde atendiendo a los vegetales,
mientras que al mediodía se afana en el huerto. Él mismo trabaja
hasta que muere, más que cualquier otra profesión. El campesino
se lamenta más que una gallina pintada; su grito es más fuerte
que (el de) los cuervos. Sus dedos están hinchados, y apestan tremendamente.
Está débil, habiendo sido adscrito al Delta, hecho jirones.
Está bien, si se está bien en medio de leones... Cuando alcanza
por la noche su casa, la marcha lo ha agotado.
......
Mira, no hay una profesión que esté libre de director, excepto
el escriba. Él es el jefe. Si conoces la escritura, te irá mejor
que en las profesiones que te he presentado. Míralos en su miseria.
Nadie dirá: 'Un campesino y un hombre'. Ten cuidado. Mira lo que he
hecho viajando hacia la Residencia. Lo hice por amor a ti. Un (solo) día
en la escuela te será beneficioso. Es (algo) para la eternidad; su
trabajo es (como) piedra...
.......
Mira, te he colocado en el camino del dios. La Rennenet del escriba está
en sus hombros ya el día de su nacimiento. Llegará a la Sala
del Consejo (como) uno ante quien los dioses se inclinan. Mira, no hay escriba
que carezca de comida y de bienes de palacio (v.p.s.). Meshkenet es asignada
al escriba; ella lo promociona en el consejo. Ruega a dios por tu padre y
tu madre, que te han colocado en el camino de la vida. Atiende a estos (consejos)
que he puesto ante ti, tus hijos y sus hijos..."»
Versión de José Miguel Serrano Delgado, Textos para la historia
antigua de Egipto, Ed. Cátedra,
Madrid 1993, pp. 221-224.
El relato de Sinuhé, un texto del Imperio Medio conservado en copias
del Imperio Nuevo, narra la historia de un individuo que escapa de Egipto a
raíz del asesinato de Amenemhat I, faraón de la Dinastía
XII (1938-1909). Emprende un viaje por oriente, entrando en contacto con poblaciones
de la franja Sirio-Palestina, en donde se instala y alcanza una considerable
posición social, mediante el matrimonio con una hija de un jefe local.
Allí parece actuar como representante del faraón (Sesostris I),
mediando entre los emisarios egipcios y las poblaciones locales. Finalmente,
el monarca le reclama para que vuelva a Egipto y se instale allí, bajo
su protección, hasta el fin de su vida.
La narración evidencia la política asiática de los faraones
del Imperio Medio, especialmente de la Dinastía XII, y el marco de relaciones
que el estado egipcio estableción con las poblaciones orientales, que
estará presidido, en el futuro, por la voluntad de controlar el fluído
tráfico comercial de los productos orientales que llegaban hasta el valle
del Nilo. (Pilar González-Conde).
El Príncipe y Conde Hereditario, Juez
y Sobreestante Regional de los dominios del Soberano en las tierras de los
asiáticos, familiar del rey, su amado, el Cortesano Sinuhé.
Dice:
Fui un cortesano que seguía a su señor, servidor del harén
real (y de) la Princesa Heredera, la grande en favores, mujer del Rey Sen-Usert
en (la ciudad de las pirámides) Henem-sut, hija del Rey Amen-em-het
en (la ciudad de las pirámides) Qa-nefru, Nefru, la señora de
reverencia.
Año 30, tercer mes de la primera estación,
día 7. El dios subió a su horizonte; el Rey del Alto y el Bajo
Egipto, Sehetep-ib-Re, fue llevado al cielo y se unió con el disco
solar. El cuerpo del dios se fundió con el que le hizo. La Ciudad Residencial
quedó en silencio, los corazones estuvieron en duelo, las Grandes Puertas
Dobles se cerraron con sellos. Los cortesanos (se sentaron) con la cabeza
en el regazo y las gentes se apesadumbraron.
Su majestad había enviado un ejército a la tierra de los libios-temeh,
al mando de su hijo mayor, el buen dios Sen-Usert, e incluso entonces regresaba
y había llevado prisioneros en vida de los libios-temeh y todas (clases
de) ganado sin cuento.
Los cortesanos del palacio enviaron a la frontera occidental para informar
al Hijo del Rey de los hechos ocurridos en la corte. Los mensajeros le encontraron
en el camino y le alcanzaron en la sazón de la tarde. No se demoró
un instante; el halcón voló con su servidumbre sin avisar al
ejército. Pues bien; los hijos del rey que le acompañaron en
aquella hueste habían sido enviados a buscar, y uno fue citado. Mientras
yo estaba (cerca) oí su voz en conversación y yo me hallaba
algo apartado. Mi corazón se acongojó, mis brazos se abrieron
(en señal de consternación), el temblor se abatió sobre
mis miembros. Me alejé a brincos y a saltos en busca de un escondrijo.
Me situé entre dos arbustos a fin de separar(me) de la carretera y
de su recorrido.
Me encaminé hacia el sur, (pero) no me propuse llegar a esta Ciudad
Residencia, (porque) supuse que habría desórdenes civiles y
no esperaba vivir después de él. Crucé el Lago Maaty
cerca de Sicómoro y llegué a la Isla Snefru. Pasé el
día allí al borde de los campos. Salí a lo descubierto
cuando era (aún) de día y encontré un hombre en las inmediaciones.
Tuvo miedo de mí porque temía. En el momento de la cena me aproximé
a la Ciudad del Buey. Me dirigí hacia ella en una barca sin timón,
ayudado por el viento de poniente. Pasé al este de la cantera por encima
de la Señora-de-la-Montaña-Roja. Di camino (libre) a mis pies,
yendo hacia el norte, y arribé al Muro-del-Gobernante, construido para
contener a los asiáticos y aplastar a los Cruzadores de la Arena. Adopté
una posición agachada temiendo que los centinelas de la muralla, donde
estaban (sus puestos) de día, me vieran.
Me fui de noche y estuve en Peten cuando el día despuntó. Hice
un alto en la Isla de Kem-wer. Me dominó un ataque de sed. Estaba reseco
y tenía la garganta polvorienta. Dije: «¡Así sabe
la muerte!» (Pero) esforcé mi corazón y volví en
mí, porque había oído bramar ganado y descubrí
unos asiáticos. Su jeque, que había estado en Egipto, me reconoció.
Entonces dióme agua en tanto que hervía leche para mí.
Fui con él a su tribu. Lo que hicieron (por mí) fue bueno.
Un país extraño me dio otro. Partí hacia Biblos y me
avecindé en Qedem, y estuve un año y medio en ella. Ammi-ensi
—era un gobernante del Alto Retenu— me acogió y me dijo:
«Estarás bien conmigo y oirás el habla de Egipto».
Esto dijo porque conocía mi personalidad, se había enterado
de mi sabiduría, y la gente de Egipto que estaba con él había
atestiguado por mí...
Me puso al frente de sus hijos. Me casó con su hija mayor. Me permitió
que eligiera de su región, de lo mejor que tenía en su frontera
con otra región. Fue una buena tierra llamada Yaa. Había en
ella higos y uvas. Tenía más vino que agua. Copiosa era su miel,
abundante sus aceitunas. Había en sus árboles toda (clase de)
frutos. Había cebada y espelta. Carecía de límite cualquier
(género de) ganado. Además, grande fue lo que me aumentó
a consecuencia del amor que me tenía. Me hizo gobernador de una de
las mejores tribus de su territorio. Pan se hizo para mi diaria provisión,
vino tuve todos los días, carne guisada y aves asadas, aparte de las
bestias salvajes del desierto, pues cazaban para mí y ante mí
lo ponían, junto a la presa de mis (propios) perros. Muchos... se hacían
para mí y leche en toda (clase de) aderezo.
Estuve allí muchos años, y mis hijos crecieron hasta ser hombres
vigorosos, cada uno reprimidor de su tribu. El mensajero que iba al norte
o que iba al sur a la Ciudad Residencial se alojaba en mi casa, (pues) hice
que todos se detuviesen. Di agua al sediento. Indiqué al extraviado
su camino. Rescaté al que había sido robado. Cuando los asiáticos
se atrevieron a oponerse a los gobernadores de países extranjeros,
aconsejé cuáles debían ser sus movimientos. Este gobernador
de (Re)tenu me hizo pasar muchos años como jefe de su ejército.
Todo pueblo extraño contra el cual marché, cuando le hube atacado,
fue expulsado de sus pastos y de sus aguadas. Me apoderé de sus rebaños,
apresé a sus habitantes, arrebaté su alimento y maté
sus gentes con mi fuerte brazo, con mi arco, con mis tácticas y mis
proyectos triunfales. Gané el favor de su corazón, me amó,
reconoció mi valor y me colocó a la cabeza de sus hijos, cuando
vio cómo prosperaban mis armas.
Versión de James B. Pritchard, La sabiduría del Antiguo
Oriente, Ed. Garriga, Barcelona 1966, pp.
6-9.
La reina Hatshepshut (Dinastía XVIII, Imperio Nuevo) era hija de Tutmosis
I y esposa de Tutmosis II. A la muerte de este
(ca. 1479), ocupa el poder debido a la corta edad del hijo de ambos, el futuro
Tutmosis III. El verdadero papel de la reina durante estos años ha sido
una cuestión debatida, especialmente desde el momento en que la iconografía
y los textos oficiales la presentan como faraón, probablemente como representante
de un grupo de poder que habría depositado en ella sus intereses políticos.
El gobierno de Hatshepshut significa un cambio en la orientación política
de la dinastía, que hasta entonces se dirigía hacia el control
político-militar de la franja Sirio-Palestina y que ahora parece centrarse
en otras empresas de carácter económico. En este contexto, la
expedición al País del Punt es un episodio destacado de la proyección
del comercio exterior. La ruta se realizaba a través del Wadi Hammamat
hasta el Mar Rojo y desde allí hacia el sur, hasta algún lugar
no totalmente identificado hoy (se discute si estaría en la costa africana
o en la arábiga), desde donde Egipto traía incienso y otros productos
de lujo, mencionados en el texto. El viaje se plantea como una empresa de estado,
reforzada por un contingente militar que demuestra las dificultades de realizar
un comercio seguro con aquella región.
Al alcanzar Tutmosis III la edad de gobernar, asume el poder, iniciando con
más fuerza la política agresiva en oriente, con un cambio radical
en las prioridades políticas que respondería sin duda a los diferentes
apoyos del monarca con respecto al reinado de su madre. (Pilar González-Conde).
«El Horus "Poderosa de Ka",
las Dos señoras "Fresca en Años", Horus de Oro "Divina
de Apariciones", Rey del Alto y Bajo Egipto Maat-Ka-Re, imagen [sagrada]
de Amón, que quiere que ella permanezca sobre su trono. Él ha
hecho florecer para ella la herencia de las Dos Tierras, el reino del Sur
y del Norte. El le ha dado lo que el sol envuelve, lo que encierra Geb y Nut.
Ella no tiene enemigos entre los sureños; ella no tiene enemigos entre
los norteños. El cielo y todos los países que creó el
dios trabajan por entero para ella. Vienen a ella con el corazón lleno
de temor, sus jefes con las cabezas inclinadas, con sus presentes sobre sus
espaldas. Le presentan a ella sus hijos, para que se les llegue a dar el hálito
de la vida, a causa del poder de su padre Amón, que ha puesto todas
las tierras a sus pies.
(El oráculo) El soberano mismo,
el rey del Alto y Bajo Egipto Maat-ka-Re. La majestad de la corte suplicó
ante las gradas del señor de los [dioses]. Una orden se escuchó
desde el gran trono, un oráculo del mismo dios: debían abrirse
las rutas hacia el Punt, debían ser atravesados los caminos hacia las
Terrazas de la Mirra: "Conduciré el ejército por tierra
y por mar para traer las maravillas de la Tierra del Dios, para esta deidad,
para la que creó su belleza". Se actuó de acuerdo con todo
lo que había ordenado la majestad de este dios, según el deseo
de su majestad, para que se le dé vida, estabilidad y dominio como
Re, eternamente...
(Inscripciones que acompañan a los
relieves)
(Partida de la expedición) "Navegando
por el mar, comenzando el buen camino hacia la Tierra del Dios, navegando
en paz hacia el País del Punt, por el ejército del señor
de las Dos Tierras, de acuerdo con la orden del señor de los dioses,
Amón, señor de los tronos de las Dos Tierras, que está
al frente de Karnak, para traerle las maravillas de todos los países,
porque él ama grandemente al rey del Alto y Bajo Egipto [Maat-ka-Re]..."
(Desembarco en el Punt) "[Llegada]
del Emisario Real a la Tierra del Dios, junto con el ejército que le
acompaña, ante los grandes del Punt, enviado con todos los buenos productos
de la corte, v.p.s., para Hathor, Dama del Punt, a causa de la vida, prosperidad
y salud de su majestad."
(Los nativos del Punt se acercan) "Llegada
de los Grandes del Punt, inclinándose, con la cabeza gacha, para recibir
a este ejército del rey. Entonan alabanzas al señor de los dioses
Amón-Re... Ellos dicen, solicitando la paz: '¿Por qué
habéis llegado hasta aquí, hasta este país que la gente
desconoce?, ¿habéis venido por los caminos del cielo?, ¿habéis
navegado sobre las aguas, por la tierra y el mar de la Tierra del Dios? ¿Habéis
marchado (por el camino) de Re? (Con respecto) al rey de Egipto, no hay ruta
hacia su majestad, para que nosotros (podamos) vivir por el aire que da'"...
(Los barcos se cargan con las mercancías
del Punt) "Cargando los barcos pesadamente con las maravillas del
País del Punt: todas las buenas maderas aromáticas de la Tierra
del Dios, montones de resina de mirra, jóvenes árboles de mirra,
ébano, marfil puro, oro verde de Amu, madera de cinamomo, madera-hesyt,
incienso-ibemut, incienso, pintura de ojos, monos, babuinos, perros, pieles
de pantera del sur, y (en fin) siervos y sus hijos. Jamás se trajo
nada igual a esto para ningún (otro) rey desde el principio del tiempo."
(La vuelta a Egipto) "Navegando,
llegando en paz, viajando hasta Tebas con el corazón alegre, por el
ejército del señor de las Dos Tierras, estando los Grandes de
este país tras ellos. Ellos han traído aquello cuyo igual no
fue traído para ningún otro rey, a saber, las maravillas del
Punt, a causa del poder de este augusto dios, Amón-Re, señor
de los Tronos de las Dos Tierras".»
Versión de José Miguel Serrano Delgado, Textos para la historia
antigua de Egipto, Ed. Cátedra,
Madrid, 1993, pp. 118-119.
Descubierto en 1887 de manera casual en la capital de Amenofis IV-Akhenatón
que le da nombre, el archivo de El Amarna está formado por casi 400 tablillas
de arcilla redactadas en escritura cuneiforme y lengua acadia -la utilizada
en la diplomacia internacional de la época, si bien contamos asimismo
con algunos textos en cananeo, hitita y hurrita- que contienen la correspondencia
entre los faraones Amenofis III (1417-1379 a.C.) y Akhenatón (1379-1362
a.C.) de una parte, y los otros grandes estados coetáneos del Próximo
Oriente -Mitanni, Hatti, Babilonia, Asiria- y los propios vasallos sirio-palestinos
de Egipto por otra. En consecuencia, estos textos reflejan inmejorablemente
el contexto internacional de la época, presidido por la alianza entre
las potencias de Mitanni y Egipto y por la práctica generalizada de una
diplomacia basada en el intercambio de bienes de prestigio, si bien ello no
esconde el aumento de los problemas mitannios y de la debilidad egipcia. (Pilar
Rivero-Julián Pelegrín).
Carta de Tushratta de Mitanni a Amenofis III
Di[cho] a Nibmuareya, [rey de Egipto], mi hermano: Así (habla)
Tuisheratta, rey de [M]ittanni, tu hermano: Todo va bien para mí.
Que todo vaya bien para ti. Que todo vaya bien para Kelu-Heba, para tu
casa, para tus mujeres, para tus hijos, para tus grandes, para tus
guerreros, para tus caballos, para tus carros, en tu país, ¡que todo
vaya muy bien!
Cuando me senté en el trono de mi padre, yo era muy joven, y Ud-hi
había cometido una fechoría con respecto a mi país;
había matado a su señor. Por esta razón no me
permitía establecer una amistad con cualquiera que me amase. Yo por
mi parte no fui negligente con respecto a los crímenes que
habían sido cometidos en mi país, y he matado a los asesinos
de Arata[sh]uwara, mi hermano, y a todos aquellos que les
pertenecían.
Ya que tú tenías amistad con mi padre, yo te he escrito e informado
para que mi hermano pueda conocer estas cosas y alegrarse. Mi padre te quería,
y por tu parte tu querías a mi padre. De acuerdo con esta amistad, mi
padre te [d]io a mi hermana. ¿Quién sino
tú es taba con mi padre de esa forma? [No más tarde que] el año
siguiente por otra parte (...) de mi hermano todo el país de Hatti. Cuando
el enemigo se aproximó a [mi] país, Tesshup, mi señor,
lo puso en mi poder, y yo le vencí. [N]o hay uno que haya regresa[do]
a su propio país. Te envío con la presente un carro, dos caballos,
un servidor, una sirvienta, formando parte del botín del país
de Hatti. Como regalo de homenaje a mi hermano, te envío cinco carros
y cinco tiros de caballo. Como regalo de homenaje a Kelu-Heba, mi hermana, te
envío un par de fíbulas de oro, un par de pendientes de oro, un
anillo-mashu de oro y un recipiente de perfume lleno de aceite dulce.
Con la presente te envío a Keliya, mi ministro, y a Tunibibri. Que
mi hermano sea amistoso conmigo, y que mi hermano me envíe sus
mensajeros para que me traigan los saludos de mi hermano, y que yo les
oiga.
Carta de Burnaburiash II de Babilonia a Amenofis IV
Dicho a Nibhurreya, el rey de Eg[ipto], mi [hermano]: Así (habla)
Burra-Buriyash, rey de Karad[un]iyash, tu hermano: Todo va bien para
mí. Para ti, para tu casa, tus mujeres, tus hijos, tu país,
tus gr[a]ndes, tus caballos, tus carros, ¡que vaya todo muy bien!
Desde el tiempo (en el que) mis ancestros y tus ancestros hicieron una
declaración recíproca de amistad, ellos se enviar[on] buenos
regalos como homenaje, y no rehusaron jamás una petición de
cosa alguna valiosa. Mi hermano me ha enviado entonces dos minas de oro
como regalo de homenaje. Si el oro es abundante, envíame tanto como
tus antepasados. Pero si es escaso, envíame la mitad de lo que tus
antepasados enviaban. ¿Por qué me enviaste dos minas de oro? Mi
trabajo para el templo es en este momento considerable, y estoy muy ocupado
en su ejecución. Envíame mucho oro. Y por tu parte, todo lo
que tú quieras de mi país, escríbeme para que se te
pueda enviar. En la época de Kurigalzu, mi antepasado, todos los
cananeos le escribían aquí, diciendo: "V[e]n a las fronteras
del país para que podamos rebelarnos y aliarnos [co]ntigo". Mi
antepasado les envió esta respuesta: "No penséis en una
alianza conmigo. Si os convertís en los enemigos del rey de Egipto,
y si os aliáis con cualquier otro, ¿no he de ir yo a saquear
vuestros hogares?, ¿cómo puede haber una alianza conmigo?". Por
miramiento hacia tu antepasado, mi antepasado no les escuchó. Ahora,
en lo que concierne a mis vasallos asirios, no soy yo quien te los ha
enviado. ¿Por qué han ido ellos a tu país por iniciativa
propia? Si me eres leal no negociarás asunto alguno.
Envíamelos con las manos vacías. Te mando como regalo de
homenaje tres minas de lapislázuli auténtico y cinco tiros de
caballos para cinco carros de madera.
Carta de Rib-Addi de Biblos a Amenofis IV
[A]l rey, mi señor. Mensaje de Rib-Hadda, tu servidor -polvo a tus
pies. Caigo ante los dos pies del rey mi señor, siete veces y siete
veces. Que el rey, mi señor, preste atención a las palabras
de su servidor. Hombres de Biblos, mi propia casa, y mi mujer, me han dicho
incesantemente: "Alíate con el hijo de Abdi-Ashurta para que podamos
hacer la paz entre nosotros". Pero yo les he rechazado; no les he
escuchado. Por otra parte he escrito continuamente al rey, mi señor:
"Envía inmediatamente una guarnición a tu servidor para que
se guarde la ciudad para el rey, mi señor". Sin embargo, ninguna
palabra del rey, mi señor, ha llegado hasta su servidor. Por otra
parte, cuando estaba siendo asaltado, me dije: "Vamos; debo firm[ar] una
alianza de amistad con Ammunira". Fui, pues, a su casa a fin de firmar una
alianza de amistad entre nosotros. Después volví a mi propia
casa, pero él me ha prohibido (la entrada) en la casa. Que el rey,
mi señor, piense en su servidor. Espero ahora día y noche los
arqueros del rey, mi señor. Que el rey, mi señor, piense en
su servidor. Si el rey, mi señor, no cambia la disposición de
su corazón, entonces moriré. Que el rey, mi señor,
dé la vida a su servidor. Además ellos han entregado a dos de
mis hijos y dos de mis mujeres a un rebelde contra el rey.
Traducciones de José Miguel Serrano Delgado, Textos para la historia
antigua de Egipto, Cátedra, Madrid, 1993, pp.
125-128, a partir de las versiones editadas en Les Lettres
de el Amarna, París, 1990, pp.
80-82 (n. 30), 110-111 (n. 31) y 136-137 (n. 32).
Durante el reinado de Amenofis IV (1353-1336; Dinastía XVIII. Imperio
Nuevo), se produjo una transformación en la religión oficial del
estado egipcio. Se instauró el culto a Atón (el disco solar) como
única divinidad reconocida. El monarca queda bajo su protección,
cambiando su nombre por el de Akhenaton, y estableciendo una nueva capital en
El Amarna.
El motivo de este cambio fue la necesidad de recortar el poder del clero de
Amón en tebas, que ejercía un excesivo control sobre el monarca,
desplazando a un tiempo el centro administrativo a otro lugar del valle. (Pilar
González-Conde).
Alabanza a Re Har-ahti, Que se Regocija en el Horizonte, en Su Nombre de
Su Que Está en el Disco de Atón, viviendo siempre y eternamente;
el gran Atón vivo que está en jubileo, señor de cuanto
al Atón abarca, señor del cielo, señor de la tierra,
señor de la Casa de Atón en Ahet-Atón; (y alabanza a)l
Rey del Alto y Bajo Egipto, que vive en verdad, el Señor de los Dos
Países: Nefer-heperu-Re Wa-en-Re; el Hijo de Re, que vive en verdad,
el Señor de las Diademas: Ah-en-Atón, extenso en su vida; (y
alabanza, a) la Esposa Primera del Rey, su amada, la Señora de los
Dos Países: Nefer-neferu-Atón Ne-fert-iti, viviente, henchida
de salud y juvenil siempre y eternamente; (por) el Flabelífero de la
Mano Derecha del Rey... Ojo. Dice:
Apareces bellamente en el horizonte del cielo,
¡Tú, Atón vivo, principio de vida!
Cuando te alzas en el horizonte oriental,
Llenas todos los países de tu belleza.
Eres gracioso, grande, brillante y alto sobre cada país;
Tus rayos abarcan las tierras hasta el límite de cuanto hiciste:
Porque eres Re, alcanzas hasta el extremo de ellas;
(Tú) las subyugas (para) tu amado hijo.
Aunque estás en lo lontano, tus rayos se hallan en la tierra;
Aunque estás en sus rostros, nadie sabe tu marcha.
Cuando te pones en el horizonte occidental,
La tierra se oscurece, al modo de la muerte.
Duermen en una habitación, con las cabezas envueltas,
Y un ojo no ve al otro.
Todos los bienes que hay debajo de sus cabezas podrían robarse,
(Sin que) ellos (lo) notaran.
Cada león ha salido de su guarida;
Todo lo que repta, pica.
La tiniebla es una mortaja y la tierra está en silencio,
Pues quien los hizo reposa en su horizonte.
Al alba, cuando te encumbras en el horizonte,
Cuando resplandeces como el Atón de día,
Disipas la oscuridad y lanzas tus rayos.
Los Dos Países festejan cada día,
Despiertos y levantados sobre (sus) pies,
Pues tú los has alzado.
Lavando sus cuerpos, desnudándose,
Sus brazos se (elevan) en prez a tu aparición.
Todo el mundo ejecuta su labor.
Todas las bestias se contentan con sus pastos;
Árboles y plantas florecen,
Los pájaros que vuelan de sus nidos
Sus alas (despliegan) en loor de tu ka.
Todos los animales saltan sobre (sus) patas.
Cuanto vuela y se posa
Vive cuando tú te elevas (para) ellos.
Los barcos navegan al norte y al sur también,
Porque cada ruta se abre a tu aparición.
Los peces del río se deslizan ante tu faz;
Tus rayos están en medio del gran mar verde.
¡Creador de simiente en las mujeres,
Tú que haces el fluido en el hombre,
Que retienes el hijo en las entrañas de la madre,
Que le apaciguas con lo que calla su llanto,
Tú crías (incluso) en la matriz,
Que da aliento para sostener todo lo que él hizo!
Cuando desciende de las entrañas a respirar
En el día en que nace,
Tú abres su boca por completo,
Tú atiendes a sus necesidades.
Cuando el polluelo en el huevo habla dentro del cascarón,
Tú le otorgas aliento en él para que se mantenga.
Cuando le has hecho completo en el interior del huevo, para romperlo,
Sale del huevo para hablar en su (tiempo) señalado;
Anda sobre sus patas cuando sale de él.
¡Cuan múltiple es lo que tú hiciste!
Está oculto del rostro (del hombre).
¡Oh dios único, que no tiene par!
Tú creaste el mundo según tu deseo,
Mientras estás solo:
Todos los hombres, ganado y animales salvajes,
Cuanto hay en la tierra, andando sobre (sus) pies,
Y cuanto hay en lo alto, volando con sus alas.
Los países de Siria y Nubia, la tierra de Egipto,
Tú pones cada hombre en su lugar,
Tú provees a sus necesidades:
Todos tienen su alimento y el tiempo de su vida está decretado.
Sus lenguas se hallan separadas en habla,
Y sus naturalezas también;
Sus pieles se distinguen
Como tú distingues los pueblos extranjeros.
Tú haces un Nilo en el mundo inferior,
Tú lo conduces porque deseas
Sustentar al pueblo (de Egipto),
Según tú los hiciste para tí mismo,
El señor de todos ellos, fatigándo(se) con ellos,
El señor de cada país, alzándose por ellos,
El Atón del día, magnífico en majestad.
Todos los países extraños y distantes (también) hiciste
su vida,
Pues estableciste un Nilo en el cielo,
Para que descienda para ellos y haga olas sobre los montes,
Como el gran mar verde,
Para irrigar sus campos en sus ciudades.
¡Cuan efectivos son tus propósitos, oh señor de eternidad!
El Nilo del cielo es para los pueblos extranjeros
Y para las bestias de todo desierto que van sobre (sus) pies;
(En cambio, el verdadero) Nilo sale del mundo inferior para Egipto.
Tus rayos lacta cada prado.
Cuando te alzas, viven, crecen por ti.
Haces las estaciones para criar cuanto hiciste:
El invierno para enfriarlos,
Y el calor a fin de que te saboreen.
Tú hiciste el distante firmamento para encumbrarte en él,
Para ver todo lo que haces.
Mientras estabas solo,
Alzándote en tu forma de Atón vivo,
Apareciendo, brillando, apartándote o acercándote,
Hiciste millares de formas de tí mismo a solas.
Ciudades, poblaciones, campos, camino y río—
Cada ojo te contempla encima de ellos,
Pues eres el Atón del día sobre la tierra... .
Estás en mi corazón,
Y no hay otro que te conozca
Sino tu hijo Nefer-heperu-Re Wa-en-Re,
Porque le hiciste bien versado en tus proyectos y en tu fuerza.
El mundo cobró ser por tu mano,
Conforme a como los hiciste.
Cuando te alzas viven,
Cuando te pones mueren.
Tú eres el tiempo de la vida en ti mismo,
Porque se vive (sólo) a través de tí.
Los ojos se (fijan) en la belleza hasta que te pones.
Toda obra se abandona cuando te pones en el oeste.
(Pero) al alzarte (de nuevo),
[Todas las cosas] prosperan para el rey,...
Desde que cimentaste la tierra
Y los criaste para tu hijo,
El cual brotó de tu cuerpo:
el Rey del Alto y Bajo Egipto, ... Ah-en-Atón, ...
y la Esposa Primera del Rey ... Nefert-iti,
viviente y juvenil siempre y eternamente.
Versión de James B. Pritchard, La sabiduría
del Antiguo Oriente, Ed. Garriga, Barcelona,
1966, 268-273.
El Libro de los Muertos es una recopilación de fórmulas funerarias
de carácter diverso, necesarias todas ellas para la realización
de los ritos de tránsito al más allá y para asegurar al
difunto un lugar adecuado en la otra vida. En él se recogen diferentes
fórmulas que ya estaban presentes en los Textos de las Pirámides
durante el Imperio Antiguo (2500-2300) y otras posteriores que reflejan la evolución
sufrida por las creencias funerarias de los egipcios. El Libro está formado
ya en el Imperio Nuevo (ca. 1500), aunque se verá completado progresivamente
hasta el siglo VII a.C.
El motivo central de las fórmulas es el de proporcionar al difunto las
herramientas necesarias para su viaje final hacia la Duat (el más allá).
Los Textos de las Pirámides proporcionaron la complejidad de los ritos
por los que debía pasar el faraón hasta conseguir la identificación
con Osiris. En el Juicio de los Muertos, el difunto es presentado ante los dioses,
en una ceremonia en la que se realiza el pesado del corazón y en donde
se decide si su vida ha sido digna para acceder a la Duat. A finales de la Dinastía
V comienza un proceso de «democratización» del mundo funerario
que continuará luego durante el Imperio Medio, y que constituye un reflejo
de los cambios de mentalidad en la sociedad egipcia a lo largo de todo el resto
del milenio. (Pilar González-Conde).
(Declaración de inocencia ante el Gran dios).
No cometí iniquidad contra los hombres.
No maltraté a (las) gentes.
No cometí pecado en la Sede del Maat.
No (intenté) conocer lo que no debía (conocerse).
No hice mal.
No comencé el día recibiendo una comisión de parte de
las gentes que debían trabajar para mí y mi nombre no llegó
a las funciones de un jefe de esclavos.
No blasfemé contra dios.
No empobrecí a un pobre en sus bienes.
No hice lo que era abominable a los dioses.
No perjudiqué a un esclavo ante su amo.
No fui causa de aflicción.
No hice padecer hambre.
No hice llorar.
No maté.
No dí orden de matar.
No causé dolor a nadie.
No disminuí las ofrendas alimentarias de los templos.
No mancillé los panes de los dioses.
No robé las tortas de los bienaventurados.
No fui pederasta.
No forniqué en los santos lugares del dios de mi ciudad.
No robé con la medida de áridos.
No disminuí la arura.
No hice trampa con las tierras.
No añadí (peso) al peso de la balanza.
No arrebaté la leche de la boca de los niños.
No privé al ganado de sus pastos.
No cacé pájaros en el coto de los dioses.
No pesqué peces en sus lagunas.
No retuve el agua en su estación.
No opuse al agua corriente ningún dique.
No apagué nunca un fuego en su quema.
No pasé por alto los días de las ofrendas de carne.
No quité ganado (destinado) a la comida del dios.
No me opuse a (ningún) dios en sus salidas procesionales.
¡Soy puro, soy puro, soy puro, soy puro!. Mi pureza es la pureza del
gran fénix que está en Heracleópolis, porque soy la nariz
misma del Señor de los vientos que hace que todos los hombres vivan
en el día de la Plenitud del Ojo en Heliópolis, el último
día del segundo mes del invierno en presencia del Señor del
país (y) soy uno de los que han visto la Plenitud del Ojo en Heliópolis.
No me alcanzará (ningún) mal en este país, en esta sala
de las Dos Maat, porque conozco el nombre de los dioses que están allí.
Versión de José María Blázquez y Federico Lara
Peinado, El Libro de los muertos, Ed.
Editora Nacional, Madrid, 1984, pp. 228-230.
Durante el reinado de Tutmosis III (1479-1425 a.C. Dinastía XVIII. Imperio
Nuevo), Egipto comenzó una etapa de política exterior más
agresiva, en la que se realizaron numerosas campañas militares, encaminadas
a conseguir el control de la franja sirio-palestina. Estas hazañas se
relataron en los "Anales de Tutmosis", grabados en el templo de Karnak.
Entre estos episodios cabe destacar la toma de Meggido, por la extensión
y dramatización del relato, en el que se presenta al soberano como el
artífice de la victoria, bajo la protección de Amón-Re
. (Pilar González-Conde).
Año vigésimo tercero, primer [mes] de la estación shemu,
día 21, el día exacto de la fiesta de la Luna Nueva. El rey
se levanta al despuntar el alba. Se dan órdenes a todo el ejército
de desplegarse (...). Su Majestad avanza, sobre su carro de electro,
tocado con sus ornamentos de combate, como Horus, el del brazo poderoso, Señor
del poder, como Montu el tebano, mientras su padre Amón fortalece sus
brazos. El ala meridional de su ejército alcanza la colina del sur
[del riachuelo] de Kyna (...), mientras que el ala septentrional está
al noroeste de Megiddo; Su Majestad está en el centro, Amón
le asegura la protección mágica de su cuerpo <en> el combate
y la fuerza de <Seth recorre> sus miembros.
Mientras, Su Majestad se apodera de sus enemigos, a la cabeza de su ejército;
y cuando aquellos ven a Su Majestad asegurar su empresa sobre ellos, huyen
<hacia> Megiddo, tropézando y cayendo de cabeza, con rostros
aterrorizados; abandonan sus caballos, sus carros de oro y plata. Se les saca
izándoles por sus trajes sobre [las murallas] de esta ciudad, porque
la población había cerrado [las puertas]; en ocasiones dejan
caer sus ropas para ser izados [más deprisa] a lo alto [de los muros]
de la ciudad. ¡Ah, si el ejército de Su Majestad no se hubiese
lanzado al pillaje, habría <tomado> Megiddo al instante! De este
modo fueron izados, con prisas, a fin de hacerles entrar en la ciudad, el
vil enemigo de Kadesh y el vil enemigo de esta ciudad, porque el temor que
Su Majestad inspira había penetrado <sus cuerpos> y sus brazos
estaban sin fuerza. La uraeus se había apoderado de ellos.
Luego, [los soldados de Su Majestad] capturaron sus caballos y saquearon los
carros de oro y plata convertidos en fácil <botín>; mataron
a los que estaban tendidos en el suelo, como peces en un sitio cerrado. El
victorioso ejército de Su Majestad contó los bienes de los enemigos;
y saqueó también la tienda, trabajada <en plata>, de ese
vil enemigo (...). El ejército entero lanzó gritos de
alegría, prodigando a Amón aclamaciones, <por la victoria>
que había concedido a sus hijos <en ese día. Los soldados
rindieron homenaje> a Su Majestad, exaltando su victoria; le ofrecieron
el botín que habían traído consigo: manos, prisioneros
vivos, caballos, carros de oro y plata, [objetos] <de gran calidad>.
[La rendición de Megiddo]
<... Entonces Su Majestad> dio órdenes a su ejército,
diciendo: "Apoderaos con destreza <de la ciudad> ¡Apoderaos
con destreza [de la ciudad], oh mis victoriosos soldados! Ved, <todos los
países extranjeros> están reunidos <en esta ciudad, conforme
a la orden de> Re, en este día; de manera que todos los jefes de
los países <del norte> están ahora encerrados en el interior
del lugar —y de esta forma apoderarse de Megiddo es como apoderarse
de mil ciudades. ¡Apoderaos [de la ciudad] valientemente, valientemente!"
(...).
<Se dieron indicaciones > a los <oficiales> de las tropas para
que dieran las órdenes a sus hombres y para permitir que todos <conocieran>
su posición. Midieron la ciudad, que <fue rodeada> por un foso
y cercada por árboles jóvenes pertenecientes a toda clase de
frutas agradables. Su Majestad misma se mantuvo sobre un lugar fortificado
al este del muro de la ciudad, velando sobre ella <día y noche>
(...), [un lugar] rodeado por un grueso muro de construcción
(...) su grosor. Fue llamada con el nombre de "Menkheperre [es]
el que ha cercado a los asiáticos". Se situaron hombres para velar
la tienda de Su Majestad; se les dijo: "¡Que vuestro corazón
sea firme! ¡Que vuestro corazón sea firme! ¡Estad vigilantes!
¡Estad vigilantes! Su Majestad (...)". <No se permitió
a nadie salir> al exterior de ese muro, excepto para ir a <golpear>
en la puerta de su fortaleza.
Todo lo que hizo Su Majestad contra esta ciudad, contra este vil enemigo con
su vil ejército, ha sido eternizado, siguiendo el día, siguiendo
el nombre [de la acción], siguiendo el nombre de la expedición,
el nombre de los oficiales de las tropas (...). Numerosas cosas merecen
permanecer, por medio de la escritura, sobre esta inscripción; se fijaron
también sobre un rollo de cuero [situado] en el templo de Amón,
en este día.
Entonces, los Grandes del país de Retenu cayeron sobre sus vientres
para prosternarse, a causa de la gloria de Su Majestad, implorando el aliento
para sus fosas nasales, a causa de la grandeza de su fuerza, y porque el poder
de <Amón era grande sobre todos los países extranjeros>.
Y todos los jefes que habían atraído la gloria de Su Majestad
iban cargados con sus tributos de plata, de oro, de lapislázuli y de
turquesas, portando también cereales, vino, toros y ganado del desierto
para el ejército de Su Majestad. Un solo grupo entre ellos era portador
de tributos traídos del Sur.
Versión de Federico Lara Peinado, El Egipto faraónico.
Ed. Istmo, Madrid 1991, pp.
119-123.
Hacia el año 1299 a.C. Egipto y Hatti, las dos potencias más
importantes del próximo Oriente, se enfrentaron en una batalla decisiva
por el control de la zona sirio-palestina. Según la versión oficial
egipcia, cuando al mando de sus tropas el propio Ramsés II acudía
en ayuda del estado de Amurru, vasallo rebelde de Hatti, a la altura de la ciudad
siria de Kadesh, en el valle del Orontes, el faraón estuvo a punto de
ser vencido por el ejército hitita de Muwatalli al haberse adelantado
con escasas tropas debido al engaño de los espías hititas capturados.
El resultado final del encuentro fue indeciso, pero lo cierto es que Ramsés
y su ejército volvieron a Egipto, que Amurru continuó dentro de
la esfera de poder hitita y que las fronteras no sufrieron ninguna modificación.
Años más tarde, Ramsés II y Hatussil III de Hatti firmarían
un tratado de paz que supondría el final definitivo de los enfrentamientos.
El texto seleccionado forma parte del extenso relato propagandístico
que de la batalla fue inscrito por orden del faraón en el templo de Karnak.
También figuró en el de Luxor, en el Rameseum, en Abidos, Abu
Simbel y Derr. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín).
Su Majestad había puesto en pie de guerra a su infantería, a
sus carros y a los shardanas capturados en sus victoriosas campañas.
Disponían ya de todo el equipamiento y de las órdenes para el
combate. Su Majestad se puso en marcha hacia el N con su infantería
y sus carros y, tras una salida sin problemas, el noveno día del
segundo mes del verano del año 5, Su Majestad, fuerte como Montu
[dios egipcio de la guerra] cuando avanza, atraviesa la fortaleza de
Silé. Todos los países tiemblan ante él y sus jefes le
rinden tributo, los rebeldes inclinan el espinazo ante el temor al poder de
Su Majestad. Sus tropas marchan por los caminos como si anduvieran por
Egipto (...) El vil hitita llegó [a Kadesh] después de haber
formado una coalición con todos los países hasta el mar. El
país de Hatti acudió en pleno, así como los de
Naharina, Arzawa y los Dárdanos, Keshkech, los de Masa, Pidasa,
Iruna, Karkisa, Lukka, Kizzuwatna, Karkemish, Ugarit, Kedy, todo el
país de Nugués, Mushanet y Kadesh (...) Cubrieron los montes
y los valles como una plaga de saltamontes. Había gastado toda la
plata de su país y se había despojado de todos sus bienes
para dárselos a estos países a fin de que le
acompañaran a la guerra. [El ejército hitita deja de intento
pasar a la división Amón, en que va Ramsés, para
atacar a la división Re mientras el resto estaba impedido por la
travesía de los pantanos de Shabtuna]. Lanzaron entonces un ataque
desde el sur de Kadesh, fustigando de pleno a la división de Re, que
avanzaba confiada y desprevenida. La infantería y los carros de Su
Majestad se replegaron ante ellos. Su Majestad estaba acampado al norte de
la ciudad de Kadesh, en la orilla occidental del Orontes, y cuando se le
dijo lo que sucedía, Su Majestad saltó como su padre Montu:
tomó las armas de guerra y se puso la cota de malla: ¡Era el mismo
Baal en acción! El gran caballo que montaba Su Majestad era La
Victoria De Tebas, de la gran caballeriza de Usir-maat-re, el Elegido de
Re, el Amado de Amón.
Su Majestad espoleó a sus caballos y se lanzó contra las
huestes del vil hitita. Solo, sin ninguna compañía, Su
Majestad avanzó y cuando miró en torno suyo se vio rodeado
por 2.500 carros que confluían contra El y por todos los batidores
del vil hitita y de los numerosos países que le acompañaban.
[Al verse solo, Ramsés II invoca a Amón]
Yo te invoco, Amón, Padre mío, en medio como estoy de una
multitud desconocida. Todos los países extranjeros se han aliado en
mi contra y me hallo solo, sin compañía. Mis numerosos
ejércitos me han dejado, ninguno de mis carros me protege: he
clamado por ellos, pero a ninguno llega mi llamada. Yo sé que
Amón me será de más ayuda que millones de infantes,
que cientos de miles de carros, que diez mil hermanos e hijos unidos en un
solo ímpetu (...) Así oraba yo en el confín de los
países extranjeros: y mi voz fue escuchada al Sur, en
Heliópolis. Me percaté de que Amón respondía a
mi clamor. Me tendió la mano y me reconfortó. Me habló
al oído, como si estuviese a mi lado: "¡Ten valor, Yo estoy contigo!
Yo soy tu Padre y te dotaré de mano fuerte. Yo valgo más que
cien mil hombres. Yo soy el Señor de la Victoria y admiro el valor".
[Ramsés reacciona valientemente, en solitario, y triunfa. A la
mañana siguiente, Muwatali pide la paz:]
Tu humilde servidor proclama a gritos que Tú eres el Hijo de Re, su
hijo biológico, a quien El ha entregado todos los países
reunidos. Quienquiera que sea, del país de Egipto o del país
de Hatti, todos son Tus servidores, se postran a Tus pies y ha sido Tu
Padre, Re, quien Te los ha entregado. ¡No te excedas en Tu poder sobre
nosotros! Cierto que es grande Tu poder y que Tu fuerza pesa sobremanera
sobre el país de Hatti. Pero ¿es bueno que mates a quienes ya son
tus siervos, que les muestres Tu aspecto más terrible y sin piedad?
Atiende: ayer pasaste el día matando a cien mil hombres y hoy has
regresado y no perdonas ni a sus herederos. ¡No apures demasiado Tu
ventaja, Rey victorioso! La paz es mejor que la guerra. ¡Otórganos
la vida!
Versión de Guillermo Fatás Cabeza extraída de http://FyL.unizar.es/HAnt/index.html
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