Introducción histórica
Jaime Molina Vidal
(Universidad de Alicante)
Tras la caída del mundo micénico
y los «Movimientos de los Pueblos del Mar», Grecia ofrece un panorama
de empobrecimiento generalizado, posible vuelta a las condiciones socioeconómicas
anteriores a la cultura micénica, que nos ha legado escasos documentos
y elementos de estudio, abriendo lo que la tradición historiográfica
ha denominado la Época Oscura (1200-800 a.C.).
Esta división académica y ampliamente discutida de los periodos
de la Historia destaca la época Arcaica (desde la aparición de
la polis a mediados del siglo IX a.C. –
Guerras Médicas a principios del siglo V a.C.)
por la formación de lo que entendemos como estados griegos. Sin embargo,
ha de valorarse en su justa medida la época oscura como el verdadero
período de formación de lo que entendemos por cultura, comunidad
política o entidades estatales griegas.
La desaparición de las estructuras protoestatales
micénicas y el consecuentemente empobrecimiento económico de la
Grecia continental ofrece un nuevo panorama sociopolítico: desaparición
de los núcleos micénicos; descenso de población y núcleos
habitados; discontinuidad de poblamiento; dispersión población;
colapso político y fin de la mano de obra controlada por los poderes
centrales, y regionalización e inestabilidad geográfica. Esta
situación de empobrecimiento socioeconómico generalizado, de la
que apenas se salvan regiones como Ática y sobre todo Eubea, provocó
la necesidad de emprender un proceso migratorio desde la Grecia continental
a las regiones costeras de Anatolia, conocido como la «Primera Colonización
Griega» (1140-1050 a. C). Este proceso migratorio aprovechaba el vacío
dejado por la caída del imperio hitita que le permitía crear núcleos
de población griega en Asia Menor, que serán el origen de los
ámbitos culturales eolio, jonio y dorio, germen de las futuras ligas.
A principios del I milenio a. C. el imperio neohitita vuelve a generar una gran
presión sobre las poblaciones griegas de Anatolia que se concentrarán
y aumentarán su densidad creando las condiciones adecuadas para crear
algunos de los elementos fundamentales de la cultura griega antigua: la lengua
griega; el panteón y las teogonías; el paso del mito
al logos; los fundamentos del arte griego y, sobre todo, la formación
de la polis, como principal prototipo de estructura estatal griega.
La polis es una comunidad jurídicamente
autónoma y soberana de carácter agrario, dotada de un lugar central
que actúa como núcleo económico, político, social,
administrativo y religioso. Su origen se encuentra en Anatolia (Esmirna 850
a.C.) y pronto se difunde por el resto
del Egeo y, tras la Gran Colonización Griega de parte del Mediterráneo,
conformará la base de otros modelos estatales semejantes, como la propia
civitas romana. La polis está
formada por el asty (núcleo central amurallado dotado de urbanismo
funcional en el que encontramos la plaza pública, ágora, y la
acrópolis, templos urbanos) y la chora
(el territorio dependiente articulado administrativamente a través de
los santuarios periféricos). La polis, como centro de acumulación
de poder y excedente, debe su formación a la aristocracia que desde sus
inicios controlará de forma absoluta todos los mecanismos políticos,
sociales, legales y religiosos del estado. Esta situación inicial y la
progresiva saturación de los pobres territorios griegos, fruto del crecimiento
demográfico, agudizarán las diferencias sociales generando un
conflicto social casi endémico, la stasis.
En cualquier caso, habríamos de recordar que la evolución política
de las distintas ciudades-estado griegas será muy dispar, al tratarse
de entidades territoriales diferentes. Sólo algunos elementos de carácter
sociocultural dan algo de coherencia a los pueblos helénicos: la lengua
común, el oráculo de Delfos, los juegos olímpicos (1.ª
Olimpiada 776 a.C.) y, con el tiempo, el
enemigo común: los persas.
La stasis se vio
agudizada cuando los grupos desfavorecidos de la sociedad pasaron a tener un
nuevo instrumento de presión, su presencia en los ejércitos hoplíticos,
la nueva estructura militar que se extiende en Grecia, al menos, desde el siglo
VII a.C., y que depende de la participación
masiva de soldados de infantería. Ante la creciente saturación
poblacional y la stasis, las aristocracias de
muchas ciudades-estado derivaron a parte de sus excedentes poblacionales al
exterior, configurando la Gran Colonización Griega. La primera fase a
partir del siglo VIII a.C. se dirigió
hacia occidente (Magna Grecia en Italia y Sicilia, 1.ª colonia: Pitecusa
775 a.C.), y después, a partir de
la segunda mitad del siglo VII a.C., a
otras regiones del Mediterráneo desde Ampurias, en la península
Ibérica, hasta el Mar Negro. Pero este proceso también tuvo importantes
motivaciones comerciales. De hecho, la colonización, basada en la fundación
de nuevas ciudades (apoikia) también
generó otras formas de contacto comercial complementarias basado en la
difusión de los emporia, puertos de comercio generadores de
intensas transacciones económicas y culturales.
Sin embargo, la stasis
seguía cuestionando la continuidad de las comunidades políticas,
por lo que las aristocracias trataron de frenar la conflictividad social con
el nombramiento de legisladores encargados de poner por escrito el derecho consuetudinario.
La actividad de los legisladores (siglo VII a.C.)
pretendía reducir la arbitrariedad de una justicia que, de todas formas,
seguía estando controlada por los propios aristócratas y cuyo
principal asunto era la cruda cuestión de las deudas, que estaba llevando
a gran parte de la población campesina a formas de dependencia («esclavitud
por deudas», hectemorado). Finalmente la dependencia que la polis
tenía de los ejércitos hoplíticos compuestos por los mismos
ciudadanos empobrecidos y sometidos por los aristócratas, que controlaban
la ciudad-estado, provocará el estallido social: las tiranías
(siglos VII-VI a.C.). Los tiranos eran
cabecillas del ejército hoplítico, generalmente aristócratas
segundones, que con el apoyo de los soldados dieron golpes de estado bajo la
promesa de mejorar sus condiciones de vida, solucionar la cuestión de
las deudas y atenuar la presión de la aristocracia. La ulterior evolución
de las tiranías fue muy desigual, aunque en muchas ciudades-estado fue
un factor fundamental para el desarrollo de sistemas políticos democráticos.
Sin duda, Atenas fue el paradigma de las ciudades-estado
que desarrollaron sistemas democráticos. Fruto del proceso sinecista
que integra los territorios y las poblaciones de Eleusis, Ática y Braurón,
surgió la polis de Atenas que desde el siglo VIII a.C.
inició un largo recorrido político que le lleva desde sus orígenes
míticos, relacionados con divinidades como Atenea o Poseidón y
reyes como Erictonio o Teseo, hasta la creación de una plena democracia
en el siglo V a.C. Como muchos otros estados
griegos, Atenas estuvo sometida a fuertes tensiones sociales, ligadas al empobrecimiento
campesino y al desarrollo del hectemorado (poblaciones sometidas por deudas).
La respuesta ateniense a la stasis presenta
peculiaridades ya que después del legislador Dracón (630-625 a.C.)
hemos de destacar la figura de Solón (594 a.C.)
que puso las bases del sistema socioeconómico ateniense de carácter
comercial (producción de vino, aceite y productos artesanales para la
exportación y la obtención de grandes beneficios comerciales que,
en parte, sirven para importar el grano con el que alimentar a la población).
Además Solón acometió la solución, al menos parcial,
del conflicto social: abolió el hectemorado; anuló las deudas
y prohibió el préstamo que llevaran al hectemorado con carácter
retroactivo; fraccionó los latifundios; prohibió exportar productos
agrícolas excepto aceite; introdujo la moneda, y dividió la población
en cuatro grupos en función de su riqueza (pentakosiomedimnoi,
hippies, zeugitai
y thetes), reflejo inequívoco del desarrollo
de los ejércitos políticos en Atenas. No obstante, los rescoldos
de la stasis produjeron la aparición
del tirano Pisísitrato (561-528 a.C.)
que con una ambigua política populista y demagógica mejoró
las condiciones económicas y políticas de Atenas, acometiendo
importantes reformas urbanísticas que dejaron su huella en la ciudad.
Después de graves disputas internas y en un ambiente de gran tensión
política, especialmente alimentada por la aristocracia, destaca la figura
de Clístenes (511 a.C.), que instauró
un sistema isonómico (igualdad social y política), clave del ulterior
desarrollo democrático. Clístenes reorganizó las tribus
(base de la representación sociopolítica de la población)
rompiendo su estructura territorial y aristocrática; creó una
nueva estructura de administración territorial, el demos; despojó
al areópago de las funciones legislativas que concentró en el
nuevo consejo de la Boule y los pritanes; comenzó a utilizar
las penas de ostracismo contra los traidores al estado, y potenció las
funciones de la Ekklesia (asamblea).
La evolución política de Atenas
y del resto de ciudades-estado griegas se vio interrumpida a principios del
siglo V a.C. ante el empuje expansionista
del Imperio Persa. Los ejércitos helénicos hicieron frente a los
persas en la 1.ª Guerra Médica (victoria ateniense en Maratón
490 a.C.) y la definitiva 2.ª Guerra
Médica (480-479 a.C., derrota griega
en las Termópilas y victorias en Salamina y Micala), que ralentizó
el conflicto hasta la definitiva paz de Calías (449/8 a.C.).