Introducción histórica
Jaime Molina Vidal
(Universidad de Alicante)
La caída de los palacios y el declive
de la talasocracia cretenses ha de relacionarse con un cambio en el contexto
histórico del Mediterráneo oriental. En la Grecia continental
se habían o producido lentos y progresivos procesos migratorios centroeuropeos
(aqueos) a lo largo de la primera mitad del II milenio a.C.
que no alteraron significativamente las estructuras sociales existentes. Pero
entre 1700 y 1500 a.C. se detectan cambios
que se relacionan con un supuesto «despertar aqueo»: cambian las
sepulturas; se desarrollan armas de bronce; aparecen carros de guerra; aparecen
los reinos; se fortifican los núcleos protourbanos transformándose
en palacios-fortalezas, y se establecen fronteras estables, fruto de la creación
de las primeras estructuras estatales. Dichos cambios se relacionan con el auge
de aristocracias bélicas aqueas que desarrollan las «ciudades-fortaleza»
y la cultura micénicas (1500-1200 a.C.).
Las fortalezas micénicas actúan
como centros económicos, que administran los excedentes de la sociedad,
y políticos de carácter aristocrático, la creación
de un sistema de escritura como el Lineal B responde a dichas necesidades administrativas.
Los palacios-fortaleza se sitúan en colinas cercanas a la costa, bien
comunicadas por mar y tierra. Presentan un marcado carácter defensivo,
estando rodeadas de murallas ciclópeas de hasta 6 metros de espesor,
con escaso desarrollo urbano, puesto que apenas hallamos calles, casi todo el
espacio construido es el palacio y sus almacenes. Obviamente el palacio-fortaleza
no es el núcleo habitativo principal, pues la población se encuentra
dispersa por el territorio u organizada en poblados formados en las cercanías
de las fortalezas. El núcleo principal del centro administrativo es de
reducidas dimensiones y se estructura en torno al palacio ubicado en la parte
alta de la acrópolis, ocupando aproximadamente la mitad del espacio intramuros.
El Megaron es el núcleo principal del
palacio y actúa como salón del trono y hogar central, núcleo
de referencia de la corte. El Wanax es el rey,
la culminación de un complejo sistema administrativo que constaba de
altos funcionarios de la corte (TE-RE-TA, LA-WA-QUE-TA, E-QUE-TA) y funcionarios
territoriales (KO-RE-TE, PRO-KO-RE-TE), que controlan una rica economía
basada en la agricultura y el comercio marítimo.
El enterramiento aristocrático propio del
mundo micénico con los Tholoi, grandes
tumbas colectivas de cámara que se desarrollan de forma paralela a la
formación de los núcleos micénicos a partir del 1500 a.C.
Los Tholoi están formados por un dromos
(pasillo de acceso), stomion, (entrada) y la
cámara, que es el verdadero recinto funerario en el que se depositaban
suntuosos ajuares, mostrando su carácter aristocrático o real.
Las ciudades-fortaleza entran en crisis en torno
al 1200 a.C.; destrucción de palacios-fortaleza;
desaparición del Lineal B; abandono de áreas rurales, y signos
de acoso militar en el conjunto de los territorios micénicos. Las causas
de ese declive se mantienen en el terreno de la hipótesis, como las luchas
entre sociedades micénicas, los conflictos sociales, la crisis de saturación
del territorio o variaciones climáticas. Precisamente en este ambiente
de declive y desestructuración de las sociedades micénicas habría
que encuadrar la leyenda de la caída de la mítica Troya.
La caída del mundo micénico se ha
relacionado tradicionalmente con un fenómeno que ha sido interpretado
reiteradamente de forma interesada: las invasiones dorias. La tesis tradicional
hunde sus raíces en la propia memoria legendaria de la Grecia Antigua
según la cual los dorios, protagonistas del mítico «Retorno
de los Heraclidas», procedentes del centro de Europa, habrían llegado
como fuerzas invasoras produciendo la caída del mundo micénico
e importantes transformaciones que abrieron la llamada época oscura y
las bases de la cultura griega. Estas invasiones habrían alterado importantes
elementos de la esfera cultural, social, económica y material: desarrollo
del dialecto dórico; llegada del hierro; difusión de la incineración
de cadáveres y tumbas individuales; decoración geométrica
de vasos; producción de la cerámica «Barbarian
Ware», o la proliferación de la planta absidiada de
los núcleos domésticos. Pero ninguno de estos elementos parece
estar directamente relacionado con la llegada de los dorios: el dialecto dorio
no es anterior al resto de dialectos griegos y algunas de sus formas ya estaban
presentes en el lineal B, anterior a la supuesta llegada de dorios; el hierro
aparece antes en Chipre y el Mediterráneo oriental y su utilización
no parece depender de importaciones, al ser un metal fácil de encontrar;
la difusión de la incineración de cadáveres y tumbas individuales
encuentra sus precedentes en las inhumaciones individuales en cista del 1700
a.C. y además su desarrollo no coincide
con las cronologías de la difusión del dialecto dorio; la decoración
geométrica de vasos no aparece de forma contemporánea en todas
las regiones, por lo que no se puede relacionar directamente con la llegada
de los dorios; la difusión de la cerámica «Barbarian
Ware» encuentra sus precedentes en las cerámicas hechas
a mano y bruñidas anteriores a la época micénica; además
también se ha descubierto este tipo de cerámica en algunos palacios-fortaleza,
y la difusión de planta absidiada tiene sus precedentes en el Bronce
Medio, se abandona en la época micénica y se retoma en el Bronce
tardío. Finalmente la adscripción de estos cambios a las invasiones
dorias no concuerda con las grandes diferencias regionales que se detectan en
Grecia, y no sólo entre el norte y el sur. Además de que los cambios
no siempre aparecen ni todos juntos, ni de forma contemporánea. En conclusión,
como ha apuntado Snodgrass, no tenemos pruebas arqueológicas de que las
invasiones dorias causasen la caída del mundo micénico. Es más,
parece posible apuntar la continuidad durante todo el II milenio y principios
del I milenio a.C., a excepción
del periodo micénico que sería un paréntesis o excepción,
por lo que la época oscura no sería un retroceso sino una vuelta
a la norma.
La cuestión de los dorios hay que encuadrarla
en un contexto general de migraciones, conflictos sociales y movimientos de
pueblos que afectan en esta época no sólo a Grecia, sino al conjunto
de regiones del Mediterráneo oriental, asimilables a los llamados «Movimientos
de los Pueblos del Mar». Desde 1250 a.C.
las fuentes escritas y materiales hacen referencia a movimientos de poblaciones
(los Ahhiyawa mencionados por los hititas o los piratas y mercenarios griegos
que llegan a Egipto, por ejemplo) que parecen impulsados por un «efecto
dominó» en el que unas poblaciones empujan y desplazan a otras.
Estas convulsiones poblacionales parecen ser un factor importante, aunque no
el único, para explicar una serie de fenómenos constatados de
forma contemporánea en distintas partes del Mediterráneo oriental:
caída del imperio hitita (Hattusa 1200 a.C.),
del mundo micénico (1200 a.C.) y
Ugarit (1180 a.C.); las invasiones en Egipto
(desde 1220 a.C.), o la presión
greco-filistea en Siria y Palestina, con la consiguiente aparición de
nuevos estados (arameos, neohititas, fenicios, estados neobabilónicos,
hebreos desplazados desde Egipto).