Introducción histórica
M.ª Pilar González-Conde Puente
(Universidad de Alicante)
A comienzos del II milenio vivían en el interior
de Anatolia algunas poblaciones indoeuropeas, los Hititas. La región que habitaban
tenía una importancia excepcional en el entramado de rutas comerciales del Próximo
Oriente antiguo, por lo que muy pronto se convirtió en foco de atracción de
comerciantes extranjeros, que llegaban hasta allí con sus caravanas.
A partir del siglo XVIII a.C.,
las ciudades del alto Tigris formaban un gran estado en expansión, con capital
en Assur. De allí partían las caravanas de comerciantes hacia todo el Próximo
Oriente, y muy expecialmente hacia Capadocia, en el corazón de Anatolia, que
se convirtió muy pronto para ellos en destino prioritario.
Los Asirios fundaron allí puntos de comercio (karum),
cercanos a las comunidades hititas pero sin fundirse con ellas. El más importante
karum era el de Kanesh. Desde Assur se controlaban y dirigían las relaciones
que este comercio generaba. Los comerciantes asirios cumplían con sus obligaciones
tributarias en la región, y a cambio recibían la protección que garantizaba
su actividad.
En el siglo XVI a.C.,
el equilibrio de poderes en el norte del Próximo Oriente iba a cambiar. En el
Eúfrates, al norte del río Habur, se inició la formación de una unidad política
(Mitanni) con la aportación de poblaciones indoeuropeas (Hurritas), que actuó
como un freno a la política exterior de las ciudades asirias, que perdieron
el control comercial de Asia Menor. Las poblaciones del país de Hatti (los Hititas)
habían iniciado ya por entonces un proceso de concentración política que culminó
con una monarquía que gobernaba desde Hattusa.
El interés por el control de Siria enfrentó a
Hatti con Mitanni, pero también con los faraones del Imperio Nuevo egipcio,
que intentaron desde entonces el control de las ciudades cananeas de la costa
mediterránea oriental. La toma de Meggido por Tutmosis III (Dinastía XVIII,
siglo XV a.C.), abrió una política de expansión
y control de la región, enfrentandose a los Hititas y firmando alianzas con
Mitanni.
A lo largo del siglo XIV a.C.
comenzó la progresiva descomposición de Mitanni. Desde Egipto, su aliado natural,
no siempre llegaba la ayuda prometida. Durante el reinado de Amenofis IV, el
país del Nilo estaba demasiado ocupado con dificultades internas y olvidó las
obligaciones diplomáticas. En cambio, el estado hitita comenzó un período de
esplendor bajo el reinado de Subbiluliuma, que le llevó a ampliar sus relaciones
exteriores.
El enfrentamiento egipcio-hitita desembocó
en un enfrentamiento con los ejércitos de Ramsés II (Dinastía XIX, 1279-1213
a.C.) en la batalla de Qadesh, junto al
río Orontes, que parece haber consolidado el control hitita de Siria durante
un tiempo más. Unos años después, el cambio de panorama internacional, con el
renacer de las ciudades del alto Tigris, transformó las relaciones entre los
dos enemigos ancestrales. Tebas y Hattusa firmaron una alianza.
Desde
fines del siglo XIII y a lo largo del XII a.C.,
Hatti tuvo una serie de dificultades internas que le obligaron incluso a pedir
ayuda para su abastecimiento. El Mediterráneo oriental sufrió los ataques de
los «Pueblos del Mar», a los que Hattusa no es ajena porque tiene
que enviar su ejército en apoyo de los reinos vasallos del sur de Anatolia.
El estado hitita se descompone.
El panorama de
comienzos del Hierro ha cambiado a comienzos del I milenio la fisonomía política
del próximo oriente. En el sur de Anatolia y norte de Siria, una serie de pequeños
reinos independientes, los reinos neohititas, comienzan su andadura.