Presentación
YACHASQAYKITA WILLAYKUWAY...
CUÉNTAME LO QUE SABES...)
Cuentos en quechua de los niños de la Comunidad Campesina de Pampallacta
(Provincia de Calca, Departamento de Cusco, Perú)
Los cuentos en quechua que a continuación presentamos son la obra de varios niños
de la Escuela Estatal n.º 50187, situada en la comunidad campesina de Pampallacta (Provincia
de Calca, Departamento de Cusco). Estos jóvenes autores, de tercer, cuarto y quinto grado,
tienen entre 10 y 14 años y se llaman Patricia Quispe Quispe, Eulalia Condori Melo, María
Tito Conza, Julián Quispe Quispe, Carlos Puma Huaraya, Jesús Quispe Cruz, Juan-Francisco
Condori Merma, Juan Puma Condori, Mauricio Pari Cruz, Juan de Dios Quispe Melo.
Esta recopilación ha sido el resultado de un proyecto educativo piloto llevado a cabo
por la antropóloga Valérie Robin en colaboración con la profesora Angélica Núñez
Fernández, entre octubre-diciembre de 1998 y abril-agosto de 1999. El propósito ha sido
aplicar un método de aprendizaje de la lectoescritura en quechua por medio de los cuentos
provenientes de la comunidad, y de su traducción al castellano. Fue un trabajo
complementario al programa de primaria, en relación con la reciente aplicación en este centro
de la Educación Bilingüe e Intercultural (E. B. I.) del Ministerio de Educación Peruano.
La utilización exclusiva del castellano en la escuela primaria reflejó una política de
integración nacional de las poblaciones quechuahablantes. Sin embargo, existía un desfase
entre los programas curriculares educativos elaborados en la capital del Perú y la realidad
socio-cultural de las comunidades de la sierra surperuana, monolingües quechua hablantes.
Esto tuvo consecuencias negativas. Se observa que el nivel escolar en las comunidades es
muy bajo. A menudo la enseñanza se imparte en forma multigrado, es decir, con un solo
docente para varios grados al mismo tiempo. La tasa de analfabetismo entre los alumnos es
muy elevada a pesar de su asistencia a la escuela por varios años. Esta tasa también puede ser
el fruto de un rápido abandono de la escuela frente a la ineficacia del sistema educativo,
demasiado desconectado de su realidad cotidiana.
Es el caso de la comunidad campesina de Pampallacta. Los niños que pasan al tercer grado,
casi en su totalidad, no saben leer ni escribir, sea en su lengua materna o en castellano.
Además, están mezclados alumnos de los grados tercero, cuarto y quinto en un mismo salón
con una sola profesora, lo que dificulta que se dé una enseñanza adecuada y completa para
todos los niños. Sin embargo, la motivación principal de los padres en el envío de sus hijos a
la escuela es justamente permitirles adquirir el conocimiento y el uso de la lectura y escritura.
Así, se puede decir que existe una verdadera demanda interna en la comunidad en cuanto al
acceso a estos conocimientos considerados como la puerta abierta a una ascensión económica
y social.
Antes de realizarse este proyecto y de que se aplicara la E. B. I. en Pampallacta, se
constató la fascinación de los niños frente a una versión dactilografiada del quechua que no
pensaban que se podía escribir. Los alumnos más adelantados comprobaron incluso que eran
capaces de leerlo en parte. El interés que mostraron por trabajar los cuentos en quechua fue lo
que incentivó a dar forma al proyecto. De esta experiencia se concluyó que, en un primer
momento, la transcripción inicial de su idioma materno permitiría evitar que los niños se
inhiban, en el aprendizaje escolar, por la imposición, desde su entrada a la escuela, de un
idioma que deben aprender cuando no solamente no lo dominan sino que, muy a menudo, ni
siquiera lo conocen mínimamente.
Una vez por semana el programa se consagró a la aplicación del proyecto. Se trabajó con
alumnos de tercero, cuarto y quinto grado, es decir niños que ya tienen un cierto
conocimiento básico -aunque para algunos muy limitado en lo que concierne a alumnos de
tercer grado- de la lectoescritura, tanto en castellano como en quechua.
1- Para que sea eficaz el trabajo se contó con la participación activa e interesada de los
alumnos, sin la cual esta labor hubiese sido de poco valor e injustificada. Por ello, su función
primera fue recolectar cuentos narrados por sus padres y abuelos, como tarea para las sesiones
siguientes.
2- La segunda etapa consistió en que uno de los alumnos pasara adelante, en forma
voluntaria, para contar el relato recogido frente a sus compañeros. Mientras tanto, se procedía
a su simultánea grabación, lo que motivó a muchos de los demás niños a buscar más cuentos,
por el aspecto lúdico e innovador de la tarea.
3- Una vez grabado, se escuchó de nuevo el texto antes de empezar su transcripción en la
pizarra. El método de transcripción obedeció a las reglas de la grafía oficial. Diferentes
alumnos se sucedieron entonces para escribir las oraciones, escuchando el casete.
Haciéndolos participar a todos, esta etapa permitió volverlos protagonistas en la transferencia
entre oralidad y escritura, acostumbrándolos a escribir en quechua. Al mismo tiempo, los
demás alumnos escribían el relato en sus cuadernos.
4- Una vez acabada la transcripción, los alumnos pasaron a leer el cuento por partes. Eso les
facilitó no solamente la comprensión del texto, por la utilización de su lengua materna, sino
que también les proporcionó más confianza en sí mismos, en comparación con las lecturas de
textos en castellano, que, a menudo, casi no son entendibles para ellos, hasta para los mayores
de quinto grado. Es decir, que no solamente hay analfabetismo (desconocimiento parcial o
total de la lectoescritura) sino también iletrismo (incomprensión parcial o total del sentido de
lo que se lee y se habla). Este constituye el problema más importante puesto que los alumnos
logran, de manera mecánica, escribir y leer en castellano, pero sin entender el contenido del
texto.
5- La semana siguiente, el texto dactilografiado y fotocopiado se repartió a cada alumno. La
primera parte de la sesión se dedicó a enriquecer el texto por medio de preguntas escritas,
elaboradas para poder agregar oraciones al relato y volverlo así más completo e inteligible.
Todos los alumnos participaron de esta manera en la reelaboración del relato grabado. Cada
uno tuvo que contestar en su cuaderno, según sus conocimientos y/o expresando en forma
imaginativa y creativa, las ideas que asociaba al relato. De todas las respuestas que proponían
los alumnos, se escogió, de acuerdo con ellos, las más apropiadas.
6- Una vez lograda y dactilografiada la versión final del cuento, se procedió a la formulación
de preguntas en quechua para una mejor familiarización del texto. Estas fueron contestadas
por escrito en los cuadernos para verificar el grado de comprensión de los alumnos.
7- Después, se les entregó el relato traducido al castellano para que ellos lo leyeran y
entendieran, con la ayuda del texto en quechua que tenían. De esta manera se ejercitaban con
el castellano mediante el cuento que ya conocían. Se procedió entonces a la práctica de la
escritura de ciertas palabras sueltas extraídas del texto en castellano con el fin de que lo
traduzcan al quechua. Luego, se les presentó pequeñas oraciones también para que sean
traducidas. Tarea que se vio facilitada por el buen conocimiento y previo trabajo del cuento
en quechua.
8- Finalmente, el ejercicio más difícil en relación al mismo relato fue el trabajo
inverso a lo anteriormente mencionado. Es decir, la traducción del quechua al castellano,
primero de palabras sueltas y luego de oraciones extraídas del texto en quechua.
Al cabo de varios meses, se logró reunir un compendio de doce textos, en versión
bilingüe quechua y castellano, que presentamos adelante, los cuales demuestran la gran
capacidad de recreación literaria de los niños de Pampallacta. Por ello, este método apuntó,
no solamente a facilitarles el acceso a la lectoescritura en quechua y en castellano, sino que
contribuyó también a un aprendizaje más amplio y a una revalorización por parte de los
alumnos sobre su patrimonio cultural y su historia local. Esta búsqueda de los cuentos por los
niños permitió también restablecer procesos de transmisión intergeneracionales que ya no
constituyen un medio de difusión de los conocimientos como antes. Hoy en día, narrar los
cuentos sólo es facultad de los ancianos de la comunidad y la literatura oral está amenazada a
mediano plazo con desaparecer. En ese sentido, estos relatos contados y escritos por los niños
pueden servir de archivo de tradición oral que conserve la memoria de esta comunidad. Tal
vez contribuyan a incentivar y revalorar por medio de la escritura este tipo de creación
literaria.
Enseñar a leer y escribir en quechua constituyó una etapa imprescindible hacia una mejor
adquisición de esa práctica en castellano, cuyo conocimiento también es fundamental para
estos niños campesinos en su convivencia con el resto de la sociedad nacional. Las
comunidades campesinas no pueden estar apartadas y necesitan del uso del castellano, así
como de la posibilidad de difundir sus propias producciones lingüísticas y culturales. Sobre
todo en esta época de globalización masiva en la que los intercambios comerciales, culturales
y comunicativos se van intensificando.
Esperamos que este trabajo realizado en Pampallacta así como los cuentos aquí
recopilados puedan servir como una experiencia para seguir trabajando y mejorando la
educación bilingüe en el Perú.
Cuzco, el 20 de agosto de 1999.
Valérie Robin
Angélica Núñez Fernández.