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El niño y el cañón(1) Sucedió en la Ciudadela, alrededor de la estatua de Morelos. Adornan la plaza viejos cañones y esas pilas de balas redondas, símil del que echamos mano para describir los escaparates con quesos de bola de las tiendas de comestibles. La estampa se recoge ahora y abarca soLamente uno de los cañones: un cañón cuyo viejo metal sufrió las virueLas del tiempo, cada una ribeteada con el verde cardenillo de la vejez. Entra en la estampa un niño: sólo uno. Para soñar sus juegos le basta el cañón, y mejor que nada en soledad; porque así puede dialogar con jefes y soldados y hasta disparar cañonazos, sin que nadie se burle del 'cine" de su imaginación Este dramático artefacto... ¿quién sabe?... puede tener su historia íntima; ejemplo: un soldado que sólo lo abandonó al encontrarse con la muerte, pájaro veloz que vino disparado a anidar en su pecho; que es el poema de siempre. O mejor, aquel artillero valiente que, al ser licenciado por el fin de La guerra ~¡aquellas guerras!--, no se conformó con cuadrarse y saludar militarmente, sino que, recordando los peligros que juntos pasaron. se descubrió y besó el bronce... Que también puede ser otro poema El caso es que, en 1952, un niño juega con aquel cañón que conoce los siglos. Eso no importa; el chiquillo, que ve al enemigo, que sueña con muertos alrededor, que da voces de mando --si bien con sordina por la prudencia--, tiene allí una de las más modernas piezas de artillería; ¡y se trata de esta de nuestro cuento! Nosotros nos hemos sentado a leer el diario en un banco, a veinte pasos de la escena; y como la mañana se pierde en pereza, queda el periódico vencido, un codo se apoya en el respaldo del banco, y así, repatingado~, meditamos a sola~; con lo que es. fácil tener "toda" la razón. Pero llega el perezoso desconocido, se sienta al lado, ve la escena del cañón y ve que la vemos... y resulta que es de los que gustan del dialogo espontáneo: --¡Viejo cañón!... Parece que es un viejo soldado al que le entretiene jugar con el "chamaco". Ayer una furiosa pieza de artillería, y hoy jugando... Pero como nosotros somos el solitario escéptico, no hay interés en darle la razón: --¡No señor!.., Maldito cañón que, viejo y todo, y con los siglos a la espalda, está excitando a ese pobre niño: despertándole los malos instintos humanos... 1. 1"Columpio 14", en En ¡Zig Zás! (106 columpios). México D.F.: Excelsior, 1961.
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