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Un poeta en ferrocarril(1) El poeta regresa de su tierra a la residencia de la capital. Viene en ferrocarril. Montó en Guadalajara a la hora del anochecer y cuando lleva ya algún tiempo rodando, gusta de quedarse en pie, en el pasillo del vagón, frente a una ventanilla, la espalda ligeramente apoyala, la diestra en un bolsillo y la mano izquierda caléntandose con la pipa de artista que, dirigida hacia ese lado, de cuando en cuando lanza su humo como nubes de juguete El poeta tuvo hace dos noches la idea de un poema y le parece oportuno en esta paz --sólo algunos viajeros o empleados le hacen encoger el vientre cuando van a pasar--; le parece oportuno en esta paz meditar sobre la bella forma de construir el verso. Dirá: "La flor en el rosal de tu palabra..." Y el tren: "Traca-trá, traca-trá, traca-trá..." ¡Qué lástima! El ritmo del ferrocarril no le ayuda; o va más de prisa, o más despacio. Parece que lo hiciera a propósito. Veamos ahora: "La flor en el rosal de tu palabra... que siembra en el espacio de... la..." Y el tren: "Traca-trá, traca-trá, traca-trá..." Pasa el tiempo; ya está apagada la pipa; ha sido vaciada a golpes, sin atender apenas a la acción; sólo al contratiempo molesto de aquella desigualdad del ritmo que hiere tenaz al hombre sensible. La noche va quedando atrás, medido su largo por los kilómetros veloces. Quizá el poema pudiera comenzar así: "La flor en el rosal de tu palabra... que en el espacio canta tus... (no)... que en el espacio dice lo que calla..." ¡No, no, no! ¡Qué molesto está el tren! ¡Qué empeño en apartarle del ritmo de la poesía! ¡Qué incómodo "traca-trá", tan constante en su marcha prosaica...! El poeta se corre unos pasos hacia allá, pensativo, soplando por la pipa vacía que tapa y destapa rápidamente con los dedos --en la inconsciencia--, para que el airecillo salga y no salga, alternando un ligero sonido. ¿A ver?... Ahora parece que el "traca-trá" marcha suave. ¡Hay que aprovecharlo!... "La flor en el rosal de tu palabra... que en el espacio levanta en armonías... juega a la margarita que..." ¡Mala suerte! Ya está cambiando el ferrocarril su ritmo, rebajándolo con holgazán decaimiento, quizá por la proximidad de una estación. No hay más remedio que esperar a que se reanude la marcha; porque el trajín de viajeros, empleados y equipajes resulta excesivamente agrio y desigual... Ya arranca... Si, pero ¡cuánto tarda en normalizarse!.. ¿A ver ahora...? "La flor en el rosal de tu palabra... que se abrió ...(no)... que abrió el capullo en..." ¡Nada, nada! ¡No hay manera! ¡No he oído jamas un "traca-trá" más fuera de la emoción poética! ¡Qué terco! ¡Qué desabrido y seco! ¡Qué vil! ¡Parece que lo hiciera con intención...! 1. 1"Columpio 1", En ¡Zig Zás! (106 columpios). México D. F.: Excelsior, 1961.
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