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ANTONIO ROBLES: "El día en que todo el mundo aprenda a perdonar, ya no habrá que perdonar a nadie". Mª Montserrat Sarto(1) * Ve siempre en el niño una semilla del mundo. * Ha modificado la mayor parte de los cuentos tradicionales que conocen los niños para evitar crueldades. * No importa que en los cuentos hable el lobo o hable un tejedor: los niños no creen en estas mentiras. * La pistola no sirve más que para pensar en matar a personas. * Todo el pensamiento de Antonio Robles sobre la literatura infantil está expresado en Rompetacones y cien cuentos más. Don Antonio Robles Soler está de nuevo en España, después de una etapa larga en Méjico. Actualmente vive en San Lorenzo de El Escorial, pueblo que considera suyo, porque a él le llevaron cuanto tenía once meses, procedente de Robledo de Chavela, en donde nació en 1897. Tan hondo es su cariño a Es Escorial que se considera "gurriato", y en uno de sus libros leemos esta dedicatoria: "Este libro va dedicado a ese muchachito. ¿A cuál? A uno que no recuerdo se es negro, chinito, blanco, humilde o acaudalado, pero que le vi un día pasear por la Lonja, en San Lorenzo de El Escorial". Quizá para muchos lectores de Ya no sea fácil unir este nombre con aquel familiar Antoniorrobles de los cuentos que leyeron los niños de los años treinta, con el del escritor poeta que ganó el Concurso Nacional de Literatura en 1932-33, por Hermanos monigotes, y con el profesor de literatura infantil de la Escuela de Magisterio de Méjico. Antonio Robles, de espíritu franciscano por su hondo amor a los animales, fue el que, a la vez que Elena Fortún y Bartolozzi, inició otro estilo de literatura para niños, rompiendo los moldes que existían en la tercera década de este siglo. No obstante, su labor no ha quedado en mera tarea de poeta y escritor. También ha dedicado la mayor parte de su vida a explicar -- a través de conferencias y en lecciones a los alumnos de magisterio-- sus puntos de vista sobre la literatura infantil y los aspectos válidos o no para el niño. Si bien ha dicho que "los ángulos desde los que se debe mirar la literatura infantil son infinitos, en consecuencia, creer que uno ha acertado con el ángulo preciso sería digno de vanidad", sí podemos afirmar que varias generaciones de maestros en Méjico y algunos estudiosos de la literatura infantil en España se ha sentido identificados y aun orientados por ese "ángulo" que él expone en sus libros. Con motivo de su regreso a España se reeditarán algunos de sus cuentos. En todos ellos se ve al poeta bueno que ha dedicado intencionalmente su pluma y su imaginación a los niños. K-Hito le animó --Don Antonio, usted, en Madrid ¿qué había hecho antes de salir para Méjico? Había ganado ya el Concurso Nacional de Literatura... --Yo no había hecho más que libros y artículos; no había hecho otra cosa. Ni trabajar marcadamente en un periódico, ni, naturalmente, ninguna labor con maestros. --Y los artículos, ¿dónde los había publicado usted? --Los había publicado, más que nada, en La Esfera y Nuevo Mundo. Pero publiqué también algunas cosas en ABC y en Blanco y Negro y... empecé en La Tribuna, me acuerdo. Y luego trabajaba mucho en Gutiérrez, el periódico humorístico de K-Hito. Este fue el que me metió en la literatura infantil, porque, como hacía las cosas de imaginación, dijo: "Pues, Antonio Robles, ¿por qué no puede hacer cosas infantiles?". Yo no había leído cuentos infantiles. Cuando fui a Méjico y me dijeron que diera clases de literatura infantil, tuve que enterarme de lo que era Caperucita y esas cosas, que no las conocía yo..., porque no las había leído. ¡Por fortuna! Porque así mi criterio inmediatamente se formó de una manera que considero más noble. Yo veo siempre en el niño una semilla del mundo. Que vaya haciéndose hombrecillo, pero no olvidemos que es niño y no olvidemos que va a ser hombre. En los cuentos, mi criterio de siempre: no importa que haya mentiras, que hable el lobo, o que hable un tenedor, o que hable lo que sea. No me importa, porque a los niños no se les engaña, o los niños no se lo creen. Y, sin embargo, esto puede sujetarles un poco la atención. Lo importante es que no tenga crueldades. Pero las mentiras no me importan absolutamente, porque sé que el niño no las va a creer. Y del castigo a los malos, como problema de un cuento, tampoco soy partidario, porque me parece que a los niños les entretiene el castigo. Prefiero que se le lleve al final a una actitud de perdón, que él vaya concediendo. Yo tengo siempre una frase que considero mía, como auténtica: "El día que todo el mundo aprenda a perdonar, ya no habrá que perdonar a nadie". Cuando todos sepamos perdonar, ¡ya no habrá que perdonar a nadie! Y ése es mi criterio, como esencia, para las cosas de mi literatura infantil. Crueldades, no --Entonces, ¿a usted le molestan las crueldades por ejemplo, de "Barba Azul"? --Claro, totalmente. Yo he modificado el "Alí Babá y los cuarenta ladrones" para que dejen de suceder las crueldades y lleguen a perdones, a suavizar las cosas. Que tiene que haber sucesos de cierta importancia y de cierto peligro, ¡muy bien! Para sujetar la atención, pero sujetarla para después llevar al niño a una situación de bondad. Ese es mi criterio. --¿Usted cree que puede dejarle huella al niño la crueldad de los cuentos del Oeste, por ejemplo? ¿todas esas aventuras en las que hay que perseguir al malo, matar al malo y pistola va y pistola viene...? --No, no soy partidario de eso. Soy enemigo de que se le regale el juguete de la pistola, porque le niño no pueden pensar otras cosa sino que la pistolita sirve para matar a una persona. ¡La pistola no sirve más que para pensar en matar a personas! Hay quien me discute todavía: "No, no; que la pistola sirve..." ¡No, no; no sirve para otra cosa! El día que vea usted por ahí un cazador, un pescador o un torero con pistola, me lo dice usted; pero yo, siempre que veo las pistolas en las tiendas, pienso que la pistola es una cosa para matar. Y los niños sacan las pistolita y se ponen en una esquina haciendo como que matan a sus amigos. ¡No sirve más que para eso! "Don Quijote" no es para el niño. --Don Antonio, ¿usted cree que la literatura de adultos deben o pueden leerla los niños, o cree que el niño necesita su propia literatura? --Yo considero que necesita su literatura. Pero me temo que sean prejuicios egoístas, de hombre que se dedica a eso. Mire; el niño lee "Don Quijote", y no entiende las cosas importantes que puede tener "Don Quijote". ¡Ni "Don Quijote" los escribió Cervantes para el niño! Porque Don Quijote hace deliciosas mentecateces que al niño no le van. Y es que Antonio Robles, que acepta "pasar a la literatura universal lo que bien merece estar en los estantes de sus obras completas", no lo admite para los niños, en todos los casos. --¿Cómo dictó usted esas lecciones de literatura infantil a los maestros mejicanos? --No sé cómo explicarlo. Recuerdo, desde luego, que allí hay esas notas de cero a diez. No creo que puse jamás menos de siete, porque tenía la seguridad de que todos aquellos alumnos o alumnos que yo he tenido, todos, todos en absoluto, sabían mucho más pedagogía que yo. ¡Ni suspendía jamás a nadie! --Ahora de literatura infantil quizá supieran menos --Sí, claro. Les contaba cuentos, esto era lo que hacía. Cuentos ajenos con las modificaciones, para que fueran sintiendo e ir hacia la bondad, de dejar las simplezas, de barbaridades y crímenes. --Los cuarenta cuentos de Antonio Robles publicados en Rompetacones y cien cuentos más, ¿son todos los que tiene? ¿Hay algunos más? --Sí; precisamente en estos días estoy leyendo los que narré por radio. --Cuentos narrados, por radio ¿O sea que usted cree en el valor de la narración de cuentos para niños? --Sí, claro. Y son cuentos en los que están muy exageradas las mentiras. Hablan todos los animales, las cosas... Dice uno de ellos, por ejemplo: "Don Nubarrón quiere vivir quinientos años" Y dice aquí: "Cuentos que se radiará el día veintiuno de febrero de mil novecientos cuarenta y uno". Don Nubarrón es el personaje malo de mis cuentos. Es un señor gordo que tiene un poco de recelo de los niños, que le molesta que los niños estén siempre... Hace falta, eso. --Entonces, ¿usted no quiere la crueldad en los libros infantiles, pero sí el contraste del bien y el mal? --El contraste del bien y el mal, un momento siempre, para llegar después a que el mal vaya cesando y se convierta en bien. Sobre todo en lo referente a la paz. En "Rompetacones y cien cuentos más" hay tres capítulos en donde está todo mi pensamiento sobre la literatura infantil. Autor tan premiado --¿Cuántos premios ha tenido don Antonio Robles? --Yo no lo sé. Le doy a usted mi palabra de caballero que no lo sé. --Me parece que son siete --aclara su mujer. --El de Concurso Nacional de Literatura, en España, ¿fue el primer premio que tuvo usted? --No sé si fue éste o "El mejor libro del mes" --"El mejor libro del mes " por "Cuentos de los juguetes vivos". ¿Alguno más? --Aquí, en España, no recuerdo ninguno más --El cuento "La bruja Doña Paz", ¿qué premio le mereció? --El que dio el Comité Anglo-Americano pro Naciones Unidad, de Méjico. Me dieron unos pesos y además lo editaron. --Aquí leo otro: premio a la Mesa Redonda Panamericana y el premio de la Feria del Libro ¿Hay más? --Tuve otro que me produce disgusto, porque se perdió."El niño de la naranja", una comedia infantil, premio del Instituto Nacional de Bellas Artes. Lo presté a una actriz y lo perdió. "Hermanos monigotes" es el que me premiaron en el Concurso Nacional de Literatura. --¿Recuerda cuándo escribió el primer cuento para niños? --No lo recuerdo..., pero fue K-Hito el que me dijo que podía dedicarme a los niños. --¿Y en Méjico? --Pues me pidieron cuentos para anuncio y yo publiqué muchos. Su mujer aclara: --Eran como aquellos pequeños de Calleja, y los daban con las cajas de chocolate. Los tiene firmados como León Cigüeña del Toro. --No quise firmarlos con mi nombre. En todos ellos había que poner el anuncio de la casa, y entonces dije "Antoniorrobles no firmo donde diga "los mejores chocolates..." Fíjese: todo esto son cuentos. Antoniorrobles saca fajos de cuentos miniatura a cientos. --¡Y yo le preguntaba si tiene más de cuarenta! ¿No repitió ninguno de todos esos cuentos? --Algunos de los que se van a publicar ahora son los de Rompetacones... Va a salir Azulita y Rompetacones, editado por Aguilar. El libro de los cien cuentos --Don Antonio, ¿por qué esa afición a la aleluya? --Fue una cosa de acercamiento infantil desde el humor. En Un poeta con dos ruedas, ese libro constantemente tiene sus versos. El niño es un poeta "con dos ruedas" por la bicicleta. Y constantemente tiene versos, aleluyas: "¡Qué bello era aquel camino,/ con "Pandero" y con "Tambor"/ con una luna redonda/ y cantando el ruiseñor...". --Son cosas fáciles, porque yo soy un enemigo del estacionismo. A los bueyes, el protagonista les llama "Pandero" y "Tambor"; al burrito de la niña le llama "Cornetín", y a la bicicleta la llama "Ocarina". Mi intención es sujetar a los niños por el sonido. --En medio de esta tranquilidad escurialense, ¿sigue usted escribiendo cuentos? --No. Si acaso aparecerán de pronto cuentos que ya se ha publicado Espíritu franciscano --¿Recuerda usted la fecha de su regreso a España? --En enero de mil novecientos setenta y dos. --¿Está usted contento de estar entre nosotros? --¡Oh, felicísimo! ¡no he dormido en Madrid! Fíjese; vinimos cuatro: nosotros dos, la "Lila" y la "Toñita", una perra chiquitita muy bonita... muy bonita... Chiquitita, jovencita..., que se nos murió a los cinco o seis meses. Nos la habían regalado hacía poco tiempo. Ha sido la única perra que hemos tenido regalada; las demás han sido recogidas -de la calle. La "Lila" es recogida de la calle hace once o doce años y la hemos traído de Méjico en avión, pagando. Hay algunos que se han atrevido a preguntar: "¿Pero como para una perra recogida de la calle te has gastado los miles de pesetas para traerla en avión?". Se les quiere. --Y de todos los animales, ¿cuál le gusta más? --Yo he tenido siempre perros. Un par de ellos... Incluso gatos recogidos de la calle... Recuerdo a "Violín", al que hice un notable "pedigree": Raza: "Street". Tenía todos estos títulos: "Violín María de la Calle", "Pérez Entrañable", "Duque del Riego", "Marqués de la Arboleda"... Murió de cáncer, operado. Se hizo tan famoso "violín" que me pasó una anécdota curiosa. Iba yo por la calle, frente a casa, allí en Méjico, y dije: "Violín; ven aquí violín". Y pasó un señor y me dijo: "¿Ese perro se llama Violín?". Yo le dije: "Sí, señor".Entonces usted se llama Antoniorrobles". Le conocía todo el mundo. ¡Cómo le puedo decir cuál es le animal preferido! Naturalmente que los perros..., pero quiero también mucho a los gatos, y quiero también a los caballos. Me producen emoción porque en Méjico casi no se ven caballos o burros; nada más que en las fiestas. Pero aquí ver trabajar un burrito, al pasar, me produce una emoción, me da una lástima, unas ganas de acariciarlos... Antoniorrobles es así. Ama a los animales y casi nos hace creer que por ellos es famoso, porque no es que todo el mundo conociera a Antoniorrobles, sino que conocían a "Violín". Cuando llegó a Méjico y quiso averiguar las posibilidades que tenía un poeta escritor dedicado s los niños para ganarse el pan de cada día, un amigo con experiencia le dije: "Aquí es posible vivir bien, siempre que se quiera trabajar y no se quiera vivir del cuento". No parecía buena perspectiva para un narrador de cuentos. Claro que esto no contaba en el caso de Antoniorrobles, que, tal como lo anunciara un día K-Hito, y lo inició en España, Antoniorrobles vivió y triunfó con los cuentos que escribió y narró a los niños. En Méjico quedó, además, la siembra de unos criterios indispensables para cualquier seleccionador de lecturas infantiles, ya que, si se quiere intensificar la sensibilidad del niño a través de la creación literaria, hay que "empezar por podar, en las lecturas infantiles, todo lo que ha de ser culpable de que la infancia pase el puente de la pubertad con ese bagaje de insensibilidades a que conduce el familiarizarle con la violencia y con el oído", según dice Antoniorrobles. 1. 1Entrevista publicada en diario Ya, 4 de octubre 1973.
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