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Luis Eduardo Aute

Luis Eduardo Aute: mago del Alma y la Palabra

  La poesía es palabra
  que vela despierta.
  La poesía es palabra
  que toma conciencia.
  La poesía es palabra
  que mueve las piedras.
  La poesía es palabra
  que debe alumbrar.

  Si la poesía es palabra que mueve al hombre, la poesía de Luis Eduardo Aute es voz mágica que penetra en las piedras. En estos tiempos de muros alzados con mortales silencios, hoy tendremos el privilegio de volar por universos donde la lluvia no alcance. Seguro que todos hemos columbrado alguna vez un mínimo reflejo de ese mundo, o tal vez sólo lo hayamos deseado, que también la añoranza da al deseo entidad de existencia. Como dijo Dulce Mª Loynaz: "poesía que deja al hombre donde está ya no es poesía". Yo les aseguro que hoy la poesía de Aute no pasará inadvertida.

  Les invito a gozar de una poesía que es tránsito para dar el salto de la realidad visible a la invisible. Les invito a un viaje fantástico a través de los sentidos, la Palabra, de la que es gran conocedor y por eso la entraña y desentraña, la Palabra limitadora y escasa para la Poesía se ha convertido en los últimos años en su obsesión y en uno de sus más apasionantes divertimentos. Después de transitar por pitagóricos teoremas de espejos y litúrgicos desórdenes penetraremos en Templos de carnes inciensadas por el Sagrado perfume que destilan las Almas después de haber saciado como animales su sed de Hombre antes de regresar al "agua".

  A pesar de las advertencias de los surrealistas -tan presentes en la obra de Aute- sobre los peligros de "asomarse al interior", él bucea incansable y curioso en el ser humano, es el médium espiritual para llegar al interior de nosotros mismos y, lo más prodigioso, suscitar el deseo de quedarnos allí... por un instante, o una eternidad, que el tiempo deja de existir... Y es entonces, instalados en nuestros abismos, cuando nos descubrimos narcisistas complacidos del espejismo enamorado que sólo revela nuestro mejor "yo"... Es la mágica reflexión más puramente "autista"... Nacemos así Narcisos con alas.

  Nos encontramos ante una obra impregnada de subjetividad y emoción pero sin desbordamientos románticos. Es poesía de sugerencias esenciales, de instantes contenidos, de juegos conceptuales que se convierte en testimonio humano donde el "yo-íntimo" alcanza su plenitud estética y, a la vez, la inmortalidad... Es el milagro de la intimidad comunicativa al que nos somete Aute con una poesía que más parece una confesión susurrada exclusivamente "a ti, a mí". Es lo que llamo la ilusión del "secreto lírico". Esta complicidad entre poeta-receptor crea el espejismo de que nadie más es partícipe de esta hermosa rareza de "privacidad pública". Éste es uno de sus principales encantos: que nos hace imprescindibles del acto poético, creyéndonos los elegidos de un secreto singular, ni hermético, ni populista, simplemente mágico.

  Aute es también poeta que da fe de su existencia, negándose a claudicar, elevando su oficio con dignidad, huyendo de poses o imposturas, en incesante búsqueda de la Belleza, mito que mantiene viva la tensión entre el yo poético y la circunstancia. Hay momentos en que esgrime una ironía tajante, un doloroso gesto rebelde y esperanzador bien aprendido de Unamuno. A este hombre nunca le abandona la acuciante consciencia de vivir en las tinieblas y le rebulle el deseo de salir de ellas, la terca obsesión reivindicativa de sobrevivir. Sólo un mago es capaz de alentar la fe en el ser humano paradójicamente resaltando sus vilezas. Y así nos imbuimos de fe en nosotros mismos.

  La musicalidad en el verso también ejerce una esencial labor de "en-cantamiento". Una infinita música poética vuela por universos pautados sobre el pentagrama de sus versos, palabra que alumbra. Como dijo Hugo Friedrich al respecto de Mallarmé, la magia del lenguaje de la "poesía pura" reside en la musicalidad entendida por la vibración de los contenidos intelectuales y de sus tensiones abstractas; así es la obra de Aute. Estoy segura de que hoy este hombre tocará la cuerda del alma, sometiéndola a una meticulosa afinación, porque también es músico, sólo que en esta ocasión cambiará su guitarra por el espíritu humano.

  Sus primeros libros respiran aires "novísimos" donde la libertad creativa nunca cae en lo irracional, los elementos artísticos pasados se funden con reflexiones presentes y el poema es testimonio intelectual y moral. Los versos fluyen en continuo vaivén entre la historia personal y la epifanía de un mundo objetivado, concepción calderoniana del "gran nicho dilatado que es el teatro del mundo." Además de las fuentes literarias existe en su obra otra influencia de origen inadvertido pero igualmente rica y fecunda; me refiero a su dominio en el singular arte de conversar, escuchar, observar lo máximo y lo mínimo. En su pupila insomne la vida se transmuta y cristaliza.

  La matemática del espejo y La liturgia del desorden son poemarios aparentemente exentos de alambicamiento, de un lenguaje plurisémico exquisitamente seleccionado y riquísimo en matices que -no sé si por contradictorio o por naturaleza- reafirma sus ideas a través de la duda. La expresión se preña de símbolos, paradojas, antítesis, metáforas. Elige el verso libre como forma de conocimiento. Su desnudez no debe entenderse como obra inconclusa o descuidada, sino todo lo contrario, una concienzuda aprehensión de lírica depurada.

  En su libro Templo de carne domina el tono místico y apocalíptico. El Amor humano renace como tránsito del Amor Divino y el poeta inicia una agónica búsqueda de Eternidad en el Verbo encarnado en la mujer. Se trata de su poesía más confesional. Acordonado al cilicio de sus versos, el poeta increpa a la muerte. La carne del verso expresa el alma, y es fuerza embrionaria esencial, refugio espiritual.

  Entre 1991 y 1994 Luis Eduardo Aute se "enajena" -en el sentido etimológico del término, que también es el que a él más le gusta- en "auté-ntico" Animal: otro espejismo en el ansia de eternidad. Nos descubre un nuevo registro humorístico, metamorfosis de su habitual ironía, sutil, fino, cervantino en un singular collage poético. Las dimensiones literarias vuelan libres en armonía de proporciones, juegos de contrarios, y otros juegos. Encubre sus creaciones con el suave apelativo de "poemigas" para referirse a textos donde subyace lo elegíaco y lo metafísico en un entramado de palabras sencillas y cotidianas fundidas en formas innovadoras de sorprendente sonoridad y calidad versal.

  Si Animal es un libro sacado de la fuerza de la imaginación, Volver al agua lo sacó de la vida: canto de sirena, de eternidad nonata donde arde líquida el ansia atávica de no desear ya nada. Es un regreso a los orígenes, un parto invertido que nos transmuta a una esfera tempoespacial superior. Encontramos el consuelo de la Muerte como un "re-nacimiento" en la entraña original: alegorema de la fuerza matriz, materia de creación, anhelo de pureza adánica.

  Si tuviera que definirlo en tres palabras recurriría a Blas de Otero y diría que Aute es una "Fiera angelicalmente humana"... Hombre enigma, hombre espejo, poeta que muerde con versos de fiera para arrancar dudas y tristezas. Hombre que nos desvela a los desencantados hijos del desencanto el misterio del naufragio a través de la Palabra. Hombre fiel compañero en la inmensa soledad ineludible del ser humano.

  Desde la gelatina amniótica de jeroglíficos espejos emprendamos un caleidoscópico viaje interior de prismas y cismas donde la liturgia del desorden nos abra las puertas a infernales paraísos del Templo de su poesía y así volver primigenios al agua redentora de vida eterna.

  Sin riesgo a equivocarme, sostengo que en la cadena humana, Luis Eduardo Aute es uno de esos excepcionales eslabones nietzscherianos imprescindibles para alentar la fe en la especie. Su obra no deja de turbarnos, nos cautiva y hechiza porque es una invitación a soñar, un delirio alegórico, mágica transmisión del alma creadora. Cada verso delata latidos, tormentos, velos y desvelos de un genio lúcido, sereno, eufórico, atormentado, ensimismado. Por eso, es un privilegio impagable poder contar con él esta noche.

  "Hoy -como decía aquel poema de abuelo que un día compartimos- quise regalarte un bosque y sólo te pude traer estas semillas que son pasiones sedientas de tu voz..." Y como cada vez que "abro una puerta de la sombra sales tú, te doy esta canción" en forma de cadáver exquisito construido con tus versos:

  CADÁVER EXQUISITO Y AUTISTA

  Desde este cadáver de palabras
  profanaré -con voluntad de autorresurrección-,
  la memoria del humo que dejamos,
  latidos de espuma y fiebre derramada,
  honda escocedura de estertores,
  la espuma de la memoria.

  En la fuente de la vida
  me apresura la inaplazable sed
  de una pregunta constante enmudecida.

  Sobre el silencio de un tiempo
  se desnuda e insiste,
  pudiera ser que una mano
  mana de tu anatomía,
  que me acuna con espejos,
  dulcemente asesina.

  Mañana vi las luces programadas,
  esta esencia de palabras
  la belleza del Azar en accidente.

  Iniciada la tibia mansedumbre que sobrevive
  dejarás de convivirte,
  mago onírico fantástico,
  sacando punta a las esferas,
  con la serenidad fatua
  del dolor cumplido.

Luis Eduardo Aute: mago del Alma y la Palabra Ficha catalográfica #14087
/ María José Rodero

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