Antonio Gracia 
El autor
Antonio Gracia (Bigastro -Alicante-, 1946), además de otros de ensayo y
narrativa, ha publicado los libros de poemas La estatura del ansia,
Palimpsesto y Los ojos de la metáfora, buena parte de ellos recogidos en
Fragmentos de identidad (Aguaclara, 1993). Tras un largo silencio, Hacia la
luz (Aguaclara, 1998) fue un intento de recuperación de la palabra, seguido
de Libro de los anhelos (Aguaclara, 1999) y Reconstrucción de un diario
(Pre-Textos, 2001). Entre otros, ha obtenido el "XXI Premio Fernando Rielo"
por La epopeya interior (Fundación F. Rielo, 2002), el "José Hierro
Alegría" por El himno en la elegía (Algaida, 2002) y el "V Premio Paul
Beckett de la Fundación Valparaíso" con Por una elevada senda (Ediciones
Vitruvio, 2004). Recientemente ha obtenido el "XII Premio de poesía José de
Espronceda" por Devastaciones, sueños, que verá la luz a finales de 2004.
Antonio Gracia asegura que escribir "es buscar la íntima identidad. Creo que puedo dividir mi vida -y mi escritura- en dos tramos: uno autodestructivo, recogido en Fragmentos de identidad, donde amor y muerte son centrípetos y autófagos; otro, reconstructivo, a su vez divisible en una primera fase de cauterización (Hacia la luz, Libro de los anhelos y Reconstrucción de un diario -en el que, por fin, me libero de
una historia personal obsesiva y guadiánica, o, al menos, de la hiperestesia
con que me signaba esa historia) y otra de eglogismo psíquico (El himno en la
elegía, Por una elevada senda)".
El poeta confiesa: "si antes mi escritura no conseguía evitar lo que sentía, ahora me esfuerzo, ya que no consigo callarme, en escribir lo que me gustaría sentir. No es un
autoengaño, sino una divisa: una batalla que se sabe perdida, pero que distrae de la derrota mientras dura el combate".
Sin embargo, Gracia afirma que su último libro, Devastaciones, sueños, "me ha devuelto a la realidad de ese combate contra la muerte que es la vida, aunque quisiera
seguir soñando".
«Pocas veces la poesía se ofrece en toda su
descarnalidad léxica y rítmica, como acto puro de revelación
de un estilo, por encima de cualquier consideración
moralista. Así sucede en esta antología (Fragmentos
de identidad, Aguaclara, 1993) que recoge, junto a un
cuarto, tres poemarios publicados en las dos últimas décadas.
Entre el desgarrón afectivo de Quevedo y las
iluminaciones de Rimbaud, nuestro autor identifica la
lírica con la “autocomunicación”» (José María Barrera).
«Es posible que quienes han bebido en los hontanares
de su poesía más radical se sientan decepcionados. En
Hacia la luz (Aguaclara, 1998) no encontramos la
provocadora desolación y ferocidad de los contenidos y
propuestas existenciales de sus obras anteriores, ni la
destrucción del lenguaje establecido para reemplazarlo
por otro argótico. No aparece el tono iconoclasta, frecuente
en La estatura del ansia, Palimpsesto o Iconografía
del infierno. Se trata de un libro más sereno...» (J.
L. Zerón).
«La franqueza erótica del Libro de los anhelos
(Aguaclara, 1999) es directa y transparente, y no encubre
sus referencias, ni tampoco pretende dotarlas de teatralidad
enfática. En esa carencia natural de pudor, sin
ostentación ni retórica, está su mayor acierto, tanto como
en la convicción y precisión de su lenguaje, en la calidad
musical de sus versos y en la plasticidad de sus imágenes
» (G. C.).
«El segundo tramo en el discurrir poético de Antonio
Gracia se inicia muchos años después de haberse concluido
el primero. Con Hacia la luz, el poeta rompe un
silencio ya muy prolongado, coherente con el estado de
intransitividad comunicativa de Los ojos de la metáfora
(...). Era previsible que un creador tan compulsivo volviera
torrencialmente al discurso poético (...). Libro de
los anhelos reúne todas las vertientes de la sed, esencial
y existencial, personal y cósmica (...). En Reconstrucción
de un diario (Pre-Textos, 2001), el poeta escribe la misma
página doliente y obsesiva de otras veces, aunque
aquí como en los dos libros anteriores haya querido dar
la vuelta a su propia naturaleza» (A. L. Prieto de Paula).