Jaime Luis Huenún
Discurso por el Premio de Poesía Pablo Neruda 2003
Estimados Amigos :
Quien ante ustedes está debe primero presentarse, hablar de su familia, nombrar como conjuro los eslabones de su progenie mestiza.
Jaime Luis Huenún Villa, hijo de
María Luisa y de René, nieto de Matilde
Huenún, de Marina Gonzalez y de Arsenio
Villa, bisnieto de Francisca Huenún y
de José María Huaiquipán, sobrino nieto
de Albino Aguas y de José Antonio
Llanquilef.
Nacido el diecisiete de diciembre de 1967, en el hospital John Kennedy de la terremoteada ciudad de Valdivia.
Hijastro de la Alianza para el Progreso.
Respiró las alzadas aguas y los turbios ventarrones del Calle Calle desde la población Corvi durante casi tres meses. Después, su padre huilliche y su madre pálida lo aposentaron en Osorno, en casa de su abuela paterna.
Vivió a cuatro metros de la vía del ferrocarril donde, al menos una vez por mes, el tren atropellaba ebrios, perros o vacunos.
Cuando ocurría esto último, hordas de pobladores destazaban al animal con cuchillos, hachas y serruchos.
Muchas veces comió de esa carne violenta, oscurecida con la gruesa sangre que mana del azar y del hambre.
Recuerda a un vecino que solía matar gallos en la puerta de su casa, enseñándole a los niños del sector, las técnicas del estrangulamiento y el desplume.
Al poco tiempo vio pasar una caravana de camiones y jeeps con conscriptos abrazados a unas metralletas brillantes. Iban hacia el norte, hacia los campos y colinas que solía contemplar desde la copa de un cerezo corazón de paloma.
Su padre, después del golpe, recibió un terreno producto de una toma y allí construyó una mediagua.
La gente bautizó aquel lugar como "Población Nueva Esperanza".
Allí creció y comenzó a descifrar las opacas escrituras.
Sólo puedo leer tu cara, huenún jaime luis,
sietemesino feo, sólo
puedo leer tu mitad hijo,
tu mitad hueso y calavera encarnada,
tu débil número negativo
hecho de cuarteada eternidad y
carne.
Sólo puedo leer tu mitad padre, hermano, aquel
que diariamente sale a conseguir
una mísera ración de estrellas, exiguo alimento
de palabras que no saben todavía ni siquiera balbucear.
Sólo puedo leerte al lado de Otro,
sólo junto a los conjuntos rotos de tu madre,
sólo solitario pero nunca solo,
mal ladrón de la blancura de las Páginas.
Sólo puedo leerte juntando las letras
de tu vuelo de mosca reventado
al pie de un título de un poema de Tu Fu.
Sólo puedo leer tu raíz falsa,
huenún jaime luis, hombre
o duende porfiado o malo de la cabeza,
sólo puedo leer la mitad
del aire que te hace viejo,
la otra mitad la ganas
con el sudor de tus ojos y aquello
no tiene explicación en mi
alfabeto.
Mapuche en castellano, chileno en mapuzungun, los linajes de mi sangre se entrelazan y extravían en las oscuras y torrenciales tierras del sur, en los ríos, tembladerales y campamentos valdivianos y en los bosques y las montañas huilliches de la Cordillera de la Costa osornina.
Trumao,
Cofalmo,
Cantiamo,
Trinidad.
Recuerdo en voz alta los nombres
de los sitios que habitaron mis abuelos:
el Molino de Oro camino a Hueyusca,
el Salto de las Tres Tazas
donde la piedra hace florecer
un delgado estero silencioso.
He de ir, me digo, he de oler
las hierbas de los puertos del Rahue.
Veré saltar las carpas en el río Bueno
y escucharé, a medianoche, la música
del barco de luz que vuela hacia el mar.
Llevaré flores a las tumbas de esos hombres.
Mañana, me digo, mañana
cuando amanezca en el sol.
Huilliche hispanohablante como soy - insisto en decir- nacido y criado en los dominios de la sociedad chilena, perdida ya la inocencia de la raza y de la infancia, he debido tomar las ramas de la poesía para cobijarme bajo el árbol desmedrado de mi origen.
La poesía, esa vieja y desesperada paciencia, no duda en empujarme hacia los montes y los esteros del che dungun, la perdida lengua huilliche, hermana del mapuzungun que aún resiste en las estrechas y azotadas reducciones de La Frontera.
"E fablan lingüa bárbara,
vuesa merced,
como cogida del rayo,
torcida reciamente
al modo de las frondas
en tierras de espesuras.
Non caigo en el sentido
desta idioma de árboles,
áspera como pellejo
de merino soleado.
¿Será de faz montuna o
dirá piedad e amor?
Non creo sea fácil
darlos al catecismo
sin convertirlos antes
al acento espaniol.
Verbigracia, excelencia:
los niños parturientos
ploran como entre nos,
mas los indios mayiores
al tiempo de penar
gimen, claman sus dioses
con voces de graznar.
Quitar habré de cuajo
el cordón desta idioma
y enterraré en sus testas
el Alma y la Verdad."
Chaurakawin, antiguo y enterrado nombre aborigen de la ciudad de Osorno y sus vecindades, pierde su memoria: peces y pájaros, pumas y flores, muertes y sueños. Han pasado ya 446 años desde la llegada de la expedición de García Hurtado de Mendoza a la Butahuillimapu, las Grandes Tierras del Sur de los Huilliche, donde los antiguos levos y kawines del sol y de la luna se levantaban entre los gigantescos y cerrados bosques fríos en lo que hoy la geopolítica chilena denomina Décima Región de Los Lagos.
"Poblé la ciudad de Osorno, que es una de las buenas de toda aquella tierra, por ser villa de más de 80.000 indios y tener 80 vecinos y ser fértil de comida y muy más de oro". Esto escribía el conquistador al rey Felipe II en 1558, sellando con dicha frase el destino de la región y de sus nativos habitantes: 80.000 mil indios disponibles para la explotación de minas y aguas auríferas y para las encomiendas de la Corona Española en el sur del Reyno de Chile.
La historia, desde entonces, se ha escrito parcamente para un pueblo obligado a las restricciones y precariedades de la sobrevivencia física y cultural, un pueblo disgregado y acorralado, aculturado y mestizado a la mala. Hoy, después de la Guerra de Arauco de trescientos años, de la caravana punitiva del capitán Tomás de Figueroa en 1792, del tratado de paz de 1793 frente al río Rahue, de la Pacificación de la Araucanía concluída en 1883, de la Colonización Alemana de 1840, de las usurpaciones y las matanzas en Forrahue, Loncoche, Futrono, Llanquihue y otros tantos territorios durante todo el siglo XX , venid a ver la sangre de la estirpe Loncomilla (Cabeza de Oro) en los barrancos, venid a ver el hambre de la estirpe Huaiquipán (Lanza del Puma) en las barriadas, venid a ver el sueño y el delirio del linaje Huenchuan (Hombres del Sol) bajo los puentes.
"Heredamos la vida lacerada de pueblos que arrastran un castigo de siglos, pueblos los más edénicos, los más puros, los que construyeron con piedras y metales torres milagrosas, alhajas de fulgor deslumbrante, pueblos que de pronto fueron arrasados y enmudecidos por las épocas terribles del colonialismo que aún existe". (Pablo Neruda, Estocolmo1971).
Debajo del cemento y las maquinarias de la industria, debajo de los municipios y las gasolineras, debajo de las grandes lecherías y empastadas, bajo las extensas plantaciones de eucaliptus y pinares ( "Oda a la erosión en la provincia de Malleco") los hombres de la tierra no terminan aún de morir.
Pero nada se oculta en este cielo, hija, nada
y el difunto corazón, podrido y todo,
no olvida bajo tierra:
Francisco Acum, recuérdate - lloraba-
limpiaplata le llevo a tus heridas.
Angela Rauque es una loica encinta
que da a luz entre peumos y tineos.
Ya pues Marinao, no llores muerto,
y vamos a nadar al río Contaco.
María Santos es buena tejedora,
sus mantas valen oro cuando rompe el agua.
Calendaria Colil, huelen tus pechos
a poleo quemado y a chilco con rocío.
Carolina Guimay, aporca, alza porotos
como lanzas florecidas hacia el cielo.
Carmen Llaitul escarba, coge berros
y el estero se llena de salmones.
Antonio Nilian hierve, endulza chicha
con la miel y con los pétalos del ulmo.
Tránsito Quintul tiene visiones
donde arden las hojas del latúe.
Candelaria Panguinao busca nalcas
y varillas de voqui en las quebradas.
Juan Acum sangra, moja juncos
que se doblan sobre el agua del Maicolpi.
(Todos sangran, son sus sangres las que caen
al oleaje de la tarde en Pucatrihue.
Todos sueñan en el monte y la llanura
y en un hilo del alma de sus hijos).
Quiero por último decir que lo indígena mío emerge como un diálogo conflictivo entre sangres y culturas diversas, esto es, como un torrente textual híbrido que pretende hacerse cargo tanto de fragmentos de pulsiones y contradicciones universales contemporáneas, como asimismo de las potencias del sueño, la magia, el mito y la tragedia que sostienen la cotidianidad, los imaginarios y las utopías del pueblo al cual una parte de mi destino y de mi memoria pertenecen.
Son estas, quizás, las razones que han considerado y validado los poetas Raúl Zurita -Premio Nacional de Literatura- , Delia Domínguez - representante de la Academia Chilena de la Lengua- y Mauricio Barrientos - representante de la Sociedad de Escritores de Chile- para otorgarme el Premio de Poesía Pablo Neruda 2003, premio que recibo como un honor proveniente del legado lírico y ético del más universal poeta chileno del siglo XX.
Muchas Gracias.